Novelas y teatro · Unidad 18 de 24
CAPITULO XI — parte 4
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BERGANZA.--Al cabo de veinte días los #_gitanos_# me quisieron llevar a Murcia. No me pareció bien el viaje que llevaban, y así, determiné soltarme, como lo hice, y saliéndome de Granada di en una huerta de un morisco, que me acogió de buena voluntad, y yo quedé con mejor, pareciéndome que no me querría para más de para guardarle la huerta, oficio, a mi cuenta, de menos trabajo que el de guardar ganado; y como no había allí altercar sobre tanto más cuanto al salario, fué cosa fácil hallar el morisco criado a quien mandar y yo amo a quien servir. Estuve con él más de un mes, no por el gusto de la vida que tenía, sino por el que me daba saber la de mi amo, y por ella la de todos cuantos moriscos viven en España. ¡Oh, cuántas y cuáles cosas te pudiera decir, Cipión amigo, desta morisca canalla, si no temiera no poderlas dar fin en dos semanas! Como mi amo era mezquino, como lo son todos los de su casta, sustentábame con pan de mijo y con algunas sobras de zahinas, común sustento suyo; pero esta miseria me ayudó a llevar el Cielo por un modo tan extraño como el que ahora oirás. Cada mañana, juntamente con el alba, amanecía sentado al pie de un granado, de muchos que en la huerta había, un mancebo, al parecer estudiante, vestido de bayeta, no tan negra ni tan peluda, que no pareciese parda y tundida. Ocupábase en escribir en un cartapacio, y de cuando en cuando se daba palmadas en la frente y se mordía las uñas, estando mirando al cielo; y otras veces se ponía tan imaginativo que no movía pie ni mano, ni aun las pestañas: tal era su embelesamiento. Una vez me llegué junto a él sin que me echase de ver; oíle murmurar entre dientes, y al cabo de un buen espacio dió una gran voz, diciendo: "¡Vive el Señor que es la mejor octava que he hecho en todos los días de mi vida!" Y escribiendo apriesa en su cartapacio, daba muestras de gran contento; todo lo cual me dio a entender que el desdichado era poeta. Hícele mis acostumbradas caricias, por asegurarle de mi mansedumbre; écheme a sus pies, y él, con esta seguridad, prosiguió en sus pensamientos y tornó a rascarse la cabeza y a sus arrobos, y a volver a escribir lo que había pensado. Después de haber escrito algunas coplas de #_una_# comedia, con mucho sosiego y espacio sacó de la faldriquera algunos mendrugos de pan y obra de veinte pasas, que, a mi parecer, entiendo que se las conté, y aun estoy en duda si eran tantas, porque juntamente con ellas hacían bulto ciertas migajas de pan que las acompañaban. Sopló y apartó las migajas, y una a una se comió las pasas y los palillos, porque no le vi arrojar ninguno, ayudándolas con los mendrugos, que, morados con la borra de la faldriquera, parecían mohosos, y eran tan duros de condición, que aunque él procuró enternecerlos paseándolos por la boca una y muchas veces, no fué posible moverlos de su terquedad; todo lo cual redundó en mi provecho, porque me los arrojó, diciendo: "¡To, to! Toma, que buen provecho te hagan." "¡Mirad--dije entre mí--qué néctar o ambrosía me da este poeta, de los que ellos dicen que se mantienen los dioses y su Apolo allá en el cielo!" En fin, por la mayor parte, grande es la miseria de los poetas; pero mayor era mi necesidad, pues me obligó a comer lo que él desechaba. En tanto que duró la composición de su comedia, no dejó de venir a la huerta, ni a mí me faltaron mendrugos, porque los repartía conmigo con mucha liberalidad, y luego nos íbamos a la noria, donde, yo de bruces y él con un canjilón satisfacíamos la sed como unos monarcas. Pero faltó el poeta, y sobró en mí la hambre, tanto, que determiné dejar al morisco y entrarme en la ciudad a buscar ventura, que la halla el que se muda. Al entrar de la ciudad vi que salía del famoso monasterio de San Jerónimo, mi poeta, que, como me vio, se vino a mí con los brazos abiertos, y yo me fuí a él con nuevas muestras de regocijo por haberle hallado. Luego al instante comenzó a desembaular pedazos de pan, más tiernos que los que solía llevar a la huerta, y a entregarlos a mis dientes sin repasarlos por los suyos, merced que con nuevo gusto satisfizo mi hambre. Los tiernos mendrugos y el haber visto salir a mi poeta del monasterio dicho me pusieron en sospecha de que tenía las musas vergonzantes, como otros muchos las tienen. Encaminóse a la ciudad, y yo le seguí, con determinación de tenerle por amo, si él quisiese, imaginando que de las sobras de su castillo se podía mantener mi real. De lance en lance #_vine a parar en casa de un autor de comedías_# y con una compañía llegué a esta ciudad de Valladolid, donde en un entremés me dieron una herida que me llegó casi al fin de la vida; no pude vengarme, por estar enfrenado entonces, y después, a sangre fría, no quise; que la venganza pensada arguye crueldad y mal ánimo. Cansóme aquel ejercicio, no por ser trabajo, sino porque veía en él cosas que juntamente pedían enmienda y castigo; y como a mí estaba más el sentillo que el remediallo, acordé de no verlo, y así, me acogí a sagrado, como hacen aquellos que dejan los vicios cuando no pueden ejercitallos, aunque más vale tarde que nunca. Digo, pues, que viéndote una noche llevar la linterna con el buen cristiano Mahudes, te consideré contento y justa y santamente ocupado; y lleno de buena envidia quise seguir tus pasos, y con esta loable intención me puse delante de Mahudes, que luego me eligió para tu compañero y me trujo a este hospital. ¿Ves cuan larga ha sido mi plática? ¿Ves mis muchos y diversos sucesos? ¿Consideras mis caminos y mis amos tantos? Pues todo lo que has oído es nada, comparado a lo que te pudiera contar.
CIPIÓN.--Y con esto pongamos fin a esta plática; que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.
BERGANZA.--Sea ansí, y mira que acudas a este mismo puesto.
EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS
(_Salen_ CHANFALLA _y la_ CHERINOS.)
CHANFALLA.--No se te pasen de la memoria, Chirinos, mis advertimientos, principalmente los que te he dado para este nuevo embuste.
CHIRINOS.--Chanfalla ilustre, lo que en mí fuere, tenlo como de molde; que tanta memoria tengo como entendimiento, a quien se junta una voluntad de acertar a satisfacerte que excede a las demás potencias.
CHANFALLA.--Chirinos, poco a poco estamos ya en el pueblo, y estos que aquí vienen deben de ser, como lo son sin duda, el Gobernador y los Alcaldes. Salgámosles al encuentro, y date un filo a la lengua en la piedra de la adulación; pero no despuntes de aguda.
(_Salen el_ GOBERNADOR _y_ BENITO REPOLLO, _alcalde_;JUAN _#Tostado#, regidor, y_ PEDRO CAPACHO, _escribano_.)
Beso a vuesas mercedes las manos. ¿Quién de vuesas mercedes es el Gobernador de este pueblo?
GOBERNADOR.--Yo soy el Gobernador; ¿qué es lo que queréis, buen hombre?
CHANFALLA.--A tener yo dos onzas de entendimiento, hubiera echado de ver que esa peripatética y anchurosa presencia no podía ser de otro que del dignísimo Gobernador de este honrado pueblo.
GOBERNADOR.--Y bien, ¿qué es lo que queréis, hombre honrado?
CHIRINOS.--Honrados días viva vuesa merced que así nos honra; en fin, la encina da bellotas, el pero, peras; la parra, uvas, y el honrado, honra, sin poder hacer otra cosa.
BENITO.--Sentencia _ciceronianca_, sin quitar ni poner un punto.
CAPACHO.--_Ciceroniana_ quiso decir el señor alcalde Benito Repollo.
BENITO.--Siempre quiero decir lo que es mejor, sino que las más veces no acierto; en fin, buen hombre, ¿qué queréis?
CHANFALLA.--Yo, señores míos, soy Montiel, el que trae el Retablo de las Maravillas; hanme enviado a llamar de la corte los señores cofrades de los hospitales, porque no hay autor de comedias en ella, y perecen los hospitales; y con mi ida se remediará todo.
GOBERNADOR.--Y ¿qué quiere decir Retablo de las Maravillas?
CHANFALLA.--Por las maravillosas cosas que en él se enseñan y muestran, viene a ser llamado Retablo de las Maravillas; el cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo debajo de tales paralelos, rumbos, astros y estrellas; con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga alguna raza de confeso, o sea _#hijo de padres ladrones#_; y el que fuere contagiado destas dos tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas jamás vistas ni oídas de mi Retablo.
BENITO.--Ahora echo de ver que cada día se ven en el mundo cosas nuevas. Y ¡qué! ¿se llamaba Tontonelo el sabio que el Retablo compuso?
CHERINOS.--Tontonelo se llamaba, nacido en la ciudad de Tontonela; hombre de quien hay fama que le llegaba la barba a la cintura.
BENITO.--Por la mayor parte, los hombres de grandes barbas son sabihondos.
GOBERNADOR.--Señor regidor Juan _#Tostado#_, yo determino, debajo de su buen parecer, que esta noche se despose la señora Teresa _#Tostada#_, su hija, de quien yo soy padrino, y en regocijo de la fiesta, quiero que el señor Montiel muestre en vuestra casa su Retablo.
JUAN.--Eso tengo yo por servir al señor Gobernador, con cuyo parecer me convengo, entablo y arrimo, aunque haya otra cosa en contrario.
CHIRINOS.--La cosa que hay en contrario es, que si no se nos paga primero nuestro trabajo, así verán las figuras como por el cerro de Ubeda. ¿Y vuesas mercedes, señores Justicias, tienen conciencia y alma en esos cuerpos? Bueno sería que entrase esta noche todo el pueblo en casa del señor Juan _#Tostado#_, o como es su gracia, y viese lo contenido en el tal retablo, y mañana, cuando quisiésemos mostralle al pueblo, no hubiese ánima que le viese: no, señores, no, señores; _ante omnia_ nos han de pagar lo que fuere justo.
BENITO.--Señora autora, aquí no os ha de pagar ninguna Antona, ni ningún Antoño; el señor regidor Juan _#Tostado#_ os pagará más que honradamente, y si no el Concejo. ¡Bien conocéis el lugar por cierto! Aquí, hermana, no aguardamos a que ninguna Antona pague por nosotros.
CAPACHO.--¡Pecador de mí, señor Benito Repollo, y qué lejos da del blanco! No dice la señora autora que pague ninguna Antona, sino que le paguen adelantado, y ante todas cosas, que eso quiere decir _ante omnia_.
BENITO.--Mirad, escribano Pedro Capacho; haced vos que me hablen a derechas, que yo entenderé a pie llano; vos, que sois leído y escribido, podéis entender esas algarabías de allende, que yo, no.
JUAN.--Ahora bien, ¿contentarse ha el señor autor con que yo le dé adelantados media docena de ducados? Y más, que se tendrá cuidado que no entre gente del pueblo esta noche en mi casa.
CHANFALLA.--Soy contento; porque yo me fío de la diligencia de vuesa merced y de su buen término.
JUAN.--Pues véngase conmigo, recibirá el dinero y verá mi casa y la comodidad que hay en ella para mostrar ese Retablo.
CHANFALLA.--Vamos, y no se les pase de las mientes las calidades que han de tener los que se atrevieren a mirar el maravilloso Retablo.
BENITO.--A mi cargo queda eso, y séle decir que por mi parte puedo ir seguro a juicio, pues tengo el padre alcalde; cuatro dedos de enjundia de cristiano viejo rancioso tengo sobre los cuatro costados de mi linaje: miren si veré el tal Retablo.
CAPACHO.--Todos le pensarnos ver, señor Benito Repollo.
JUAN.--No nacimos acá en las malvas, señor Pedro Capacho.
GOBERNADOR.--Todo será menester, según voy viendo, señores Alcalde, Regidor y Escribano.
JUAN.--Vamos, autor, y manos a la obra; que Juan _#Tostado#_ me llamo, hijo de Antón _#Tostado#_ y de Juana Macha; y no digo más en abono, y seguro que podré ponerme cara a cara y a pie quedo delante del referido Retablo.
CHERINOS.--Dios lo haga.
(_Entranse_ JUAN _#Tostado# y_ CHANFALLA.)
GOBERNADOR.--Señora autora, ¿qué poetas se usan ahora en la Corte, de fama y rumbo, especialmente de los llamados cómicos?; porque yo tengo mis puntas y collar de poeta, y pícome de la farándula y carátula. Veinte y dos comedias tengo, todas nuevas, que se ven las unas a las otras; y estoy aguardando coyuntura para ir a la Corte y enriquecer con ellas media docena de autores.
CHERINOS.--A lo que vuesa merced, señor Gobernador, me pregunta de los poetas, no le sabré responder; porque hay tantos, que quitan el sol; y todos piensan que son famosos. Los poetas cómicos son los ordinarios y que siempre se usan, y así no hay para qué nombrallos. Pero dígame vuesa merced, por su vida: ¿cómo es su buena gracia? ¿Cómo se llama?
GOBERNADOR.--A mí, señora autora, me llaman el Licenciado Gomecillos.
CHERINOS.--¡Válame Dios! ¿Y que vuesa merced es el señor Licenciado Gomecillos, el que compuso aquellas coplas tan famosas de _Lucifer estaba malo, y tómale mal de fuera_?
GOBERNADOR.--Malas lenguas hubo que me quisieron ahijar esas coplas, y así fueron mías como del Gran Turco. Las que yo compuse, y no lo quiero negar, fueron aquellas que trataron del diluvio de Sevilla; que puesto que los poetas son ladrones unos de otros, nunca me precié de hurtar nada a nadie: con mis versos me ayude Dios, y hurte el que quisiere.
(_Vuelve_ CHANFALLA.)
CHANFALLA.--Señores, vuesas mercedes vengan, que todo está a punto, y no falta más que comenzar.
CHIRINOS.--¿Está ya el dinero _in Corbona_?
CHANFALLA.--Y aun entre las telas del corazón.
CHIRINOS.--Pues doyte por aviso, Chanfalla, que el Gobernador es poeta.
CHANFALLA.--¿Poeta? ¡Cuerpo del mundo! Pues dale por engañado, porque todos los de humor semejante son hechos a la macacona, gente descuidada, crédula y no nada maliciosa.
BENITO.--Vamos, autor, que me saltan los pies por ver esas maravillas.
(_Entranse todos_.)
(_Salen_ JUANA _#Tostada# y_ TERESA REPOLLA, _labradoras; la una como desposada, que es la #Tostada#_.)
TOSTADA.--Aquí te puedes sentar, Teresa Repolla amiga, que tendremos el Retablo enfrente; y pues sabes las condiciones que han de tener los miradores del Retablo, no te descuides, que sería una gran desgracia.
TERESA.--Ya sabes, Juana _#Tostada#_, que soy tu prima, y no digo más. Tan cierto tuviera yo el cielo como tengo cierto ver todo aquello que el Retablo mostrare. Por el siglo de mi madre, que me sacase los mismos ojos de mi cara, si alguna desgracia me aconteciese bonita soy yo para eso.
JUANA _#Tostada#_.--Sosiégate, prima, que toda la gente viene.
(_Entran el_ GOBERNADOR, BENITO REPOLLO, JUAN _#Tostado#_, PEDRO CAPACHO, _el autor y la autora y otra gente del pueblo, y un sobrino de Benito que ha de ser aquel gentilhombre que baila_.)
CHANFALLA.--Siéntense todos; el Retablo ha de estar detrás de este repostero, y la autora también.
GOBERNADOR.--El señor Montiel comience su obra.
BENITO.--Poca balumba trae este autor para tan gran Retablo.
JUAN.--Todo debe de ser de maravillas.
CHANFALLA.--Atención, señores, que comienzo:--¡Oh tú, quienquiera que fuiste, que fabricaste este Retablo con tan maravilloso artificio, que alcanzó renombre _de las Maravillas_! Por la virtud que en él se encierra, te conjuro, apremio y mando que luego incontinente muestres a estos señores algunas de las tus maravillosas maravillas, para que se regocijen y tomen placer, sin escándalo alguno. Ea, que ya veo que has otorgado mi petición, pues por aquella parte asoma la figura del valentísimo Sansón, abrazado con las colunas del templo, para derriballe por el suelo y tomar venganza de sus enemigos. ¡Tente, valeroso caballero, tente, por la gracia de Dios Padre; no hagas tal desaguisado, porque no cojas debajo y hagas tortilla tanto y tan noble gente como aquí se ha juntado!
BENITO.--¡Véngase, cuerpo de tal, conmigo! Bueno sería que, en lugar de habernos venido a holgar, quedásemos aquí hechos plasta. ¡Téngase, señor Sancho, pesia a mis males, que se lo ruegan buenos!
CAPACHO.--¿Veisle vos, _#Tostado#_?
JUAN.--Pues ¿no le había de ver? ¿Tengo yo los ojos en el colodrillo?
CAPACHO [#_aparte_#].--Milagroso caso es éste: así veo yo a Sansón ahora como el Gran Turco. Pues en verdad que me tengo por legítimo y cristiano viejo.
CHIRINOS.--¡Guárdate, hombre, que sale el mesmo toro que mató al ganapán en Salamanca! ¡Échate, hombre; échate, hombre; ¡Dios te libre! ¡Dios te libre!
[Ilustración: ¡Échense todos, échense todos! ...]
CHANFALLA.--¡Échense todos, échense todos! ¡Húchoho! ¡húchoho! ¡húchoho!
(_Echanse todos y alborótanse_.)
BENITO.--El diablo lleva en el cuerpo el torillo; sus partes tiene de hosco y de bragado; si no me tiendo, me lleva de vuelo.
JUAN.--Señor autor, haga, si puede, que no salgan figuras que nos alboroten, y no lo digo por mí, sino por estas mochachas que no les ha quedado gota de sangre en el cuerpo de la ferocidad del toro.
#_Tostada_#.--Y ¡cómo, padre! No pienso volver en mí en tres días; ya me vi en sus cuernos, que los tiene agudos como una lesna.
JUAN.--No fueras tú mi hija y no lo vieras.
GOBERNADOR [#_aparte_#].--Basta que todos ven lo que yo no veo; pero al fin habré de decir que lo veo, por la negra honrilla.
CHIRINOS.--Esa manada de ratones que allá va, deciende por línea recta de aquellos que se criaron en el arca de Noé; dellos son blancos, dellos albarazados, dellos jaspeados, y dellos azules, y finalmente, todos son ratones.
#_Tostada_#.--¡Jesús! ¡Ay de mí! ¡Ténganme que me arrojaré por aquella ventana! ¿Ratones? ¡Desdichada! Amiga, apriétate las faldas y mira no te muerdan; y ¡monta que son pocos! Por el siglo de mi abuela, que pasan de milenta.
REPOLLA.--Yo sí soy la desdichada, porque se me entran sin reparo ninguno; un ratón morenico me tiene asida de una rodilla. ¡Socorro venga del cielo, pues en la tierra me falta!
CHANFALLA.---Esta agua, que con tanta priesa se deja descolgar de las nubes, es de la fuente que da origen y principio al río Jordán; toda mujer a quien tocare en d rostro se le volverá como de plata bruñida, y a los hombres se les volverán las barbas como de oro.
#_Tostada_#.--¿Oyes, amiga? Descubre el rostro, pues ves lo que te importa. ¡Oh, qué licor tan sabroso! Cúbrase, padre, no se moje.
JUAN.--Todos nos cubrimos, hija.
BENITO.--Por las espaldas me ha calado el agua hasta la canal maestra.
CAPACHO [#_aparte_#].--Yo estoy más seco que un esparto.
GOBERNADOR [#_aparte_#].--¿Qué diablos puede ser esto, que aún no me ha tocado una gota, donde todos se ahogan? #_Si empiezo a pensar mal de la honradez de mis padres._#
CAPACHO.--Fresca es el agua del santo río Jordán; y aunque me cubrí lo que pude todavía me alcanzó un poco en los bigotes, y apostaré que los tengo rubios como un oro.
BENITO.--Y aun peor cincuenta veces.
CHERINOS.--Allá van hasta dos docenas de leones rampantes y de osos colmeneros; todo viviente se guarde; que, aunque fantásticos, no dejarán de dar alguna pesadumbre, y aun de hacer las fuerzas de Hércules, con espadas desenvainadas.
JUAN.--Ea, señor autor, ¡cuerpo de nos! ¿Y agora nos quiere llenar la casa de osos y de leones?
BENITO.--¡Mirad qué ruiseñores y calandrias nos envía Tontonelo, sino leones y dragones! Señor autor, y salgan figuras más apacibles, o aquí nos contentamos con las vistas, y Dios le guíe, y no pare más en el pueblo un momento.
#_Tostada_#.--Señor Benito Repollo, deje salir ese oso y leones, siquiera por nosotras, y recebiremos mucho contento.
JUAN.--Pues, hija, de antes te espantabas de los ratones, ¿y agora pides osos y leones?
#_Tostada_#.--Todo lo nuevo aplace, señor padre.
CHIRINOS.--Esa doncella que agora se muestra tan galana y tan compuesta, es la llamada Herodías, cuyo baile alcanzó en premio la cabeza del Precursor de la vida; si hay quien la ayude a bailar verán maravillas.
BENITO.--Esta sí ¡cuerpo del mundo! que es figura hermosa, apacible y reluciente. Sobrino Repollo, tú que sabes de achaque de castañetas, ayúdala y será la fiesta de cuatro capas.
SOBRINO.--Que me place, tío Benito Repollo.
(_Tocan la_ Zarabanda.)