Novelas y teatro · Unidad 23 de 24
JORNADA CUARTA
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
Tocan al arma con gran priesa, y a este rumor sale CIPIÓN, y IUGURTA, y MARIO, alborotados.
CIP. ¿Qué es esto, capitanes? ¿Quién nos toca Al arma en tal sazón? ¿Es, por ventura, Alguna gente desmandada y loca Que viene a demandar su sepoltura? Mas no sea algún motín el que provoca Tocar al arma en recia coyuntura: Que tan seguro estoy del enemigo, Que tengo más temor al que es amigo.
Sale QUINTO FABIO con el espada desnuda, y dice:
QUIN. Sosiega el pecho, general prudente, Que ya de esta arma la ocación se sabe, Puesto que ha sido a costa de tu gente, De aquel en quien más brío o fuerza cabe. Dos numantinos con soberbia frente, _#Cuyo valor será razón se alabe#_, Saltando el ancho foso y la muralla, Han movido a tu campo cruel batalla. A las primeras guardas envistieron, Y en medio de mil lanzas se arrojaron, Y con tal furia y rabia arremetieron, Que libre paso al campo les dejaron. Las tiendas de Fabricio acometieron, Y allí su fuerza y _su_ valor mostraron De modo, que en un punto seis soldados Fueron de agudas puntas traspasados. Con presta diligencia discurriendo Iban de tienda en tienda, hasta que hallaron Un poco de bizcocho, el cual cogieron; El paso, y no el furor, atrás tornaron. El uno de ellos se escapó huyendo; Al otro mil espadas le acabaron, Por donde infiero que la hambre ha sido Quien les dió atrevimiento tan subido. CIP. Si, estando deshambridos y encerrados, Muestran tan demasiado atrevimiento, ¿Qué hicieran siendo libres y enterados En sus fuerzas primeras y ardimiento? ¡Indómitos! ¡Al fin seréis domados, Porque contra el furor vuestro violento Se tiene de poner la industria nuestra, Que de domar soberbios es maestra!
Vanse todos.
Sale una mujer, armada con una lanza en la mano y un escudo, que significa la GUERRA, y trae consigo la ENFERMEDAD y la HAMBRE: la ENFERMEDAD arrimada a una muleta y rodeada de paños la cabeza, con una máscara amarilla; y la HAMBRE saldrá con un desnudillo de muerte, y encima, una ropa de bocací amarilla y una máscara descolorida.
GUERR. Hambre, Enfermedad, ejecutores De mis terribles mandos y severos, De vidas y salud consumidores, Con quien no vale ruego, mando o fieros, Pues ya de mi intención sois sabidores, No hay para qué de nuevo encareceros De cuánto gusto me será y contento Que luego, luego, hagáis mi mandamiento. La fuerza incontrastable de los hados, Cuyos efectos nunca salen vanos, Me fuerzan que de mí sean ayudados Estos sagaces mílites romanos. Ellos serán un tiempo levantados, Y abatidos también estos hispanos; Pero tiempo vendrá en que yo me mude, Y dañe al alto y al pequeño ayude; Que yo, que soy la poderosa Guerra, De tantas madres desterrada en vano, Aunque quien me maldice a veces yerra, Pues no sabe el valor de esta mi mano, Sé bien que en todo el orbe de la tierra, Seré llevada del valor hispano En la dulce ocasión que estén reinando Un Carlos, y un Filipo, y un Fernando. ENF. Si ya la Hambre, nuestra amiga _querida_. No hubiera tomado con instancia A su cargo de ser fiera homicida De todos cuantos viven en Numancia, Fuera de mí _tu_ voluntad cumplida, De modo que se viera la ganancia Fácil y rica que _el_ romano hubiera, Harto mejor de aquello que se espera. Mas ella, en cuanto su _poder alcanza_, Ya tiene tal el pueblo numantino, Que de esperar alguna buena andanza, Le ha tomado las sendas y el camino; Mas del furor la rigurosa lanza, La influencia del contrario sino, Le trata con tan áspera violencia, Que no es menester hambre ni dolencia. El Furor y la Rabia, tus secuaces, Han tomado en su pecho tal asiento, Que, cual si fuese de romanas haces, Cada cual de esa sangre está sediento. Muertos, incendios, iras son sus paces; En el morir han puesto su contento, Y, por quitar el triunfo a los romanos, Ellos mesmos se matan con sus manos. HAMBR. Volved los ojos, y veréis ardiendo De la ciudad los encumbrados techos. Escuchad los suspiros que saliendo Van de mil tristes, lastimados pechos. Oíd la voz y lamentable estruendo De bellas damas a quien, ya deshechos Los tiernos miembros de ceniza y fuego, No valen padre, amigo, amor ni ruego. Cual salen las ovejas descuidadas, Siendo del fiero lobo acometidas, _Andar aquí y allí descarriadas_, Con temor de perder las simples vidas, Tal niños y mujeres desdichadas, Viendo ya las espadas homicidas, Andan de calle en calle, ¡oh hado insano!, Su cierta muerte dilatando en vano. No hay plaza, no hay rincón, no hay calle o casa Que de sangre y de muertos no esté llena; El hierro mata, el duro fuego abrasa, Y el rigor ferocísimo condena. Presto veréis que por el suelo tasa Hasta la más subida y alta almena, Y las casas y templos más preciados En polvo y en cenizas son tornados. Venid; veréis que _en_ los amados cuellos De tiernos hijos y mujer querida, Teogenes afila agora y prueba en ellos De su espada cruel corte homicida, Y cómo ya, después de muertos ellos, Estima en poco la cansada vida, Buscando de morir un modo extraño, Que causó en el suyo más de un daño. GUERR. Vamos, pues, y ninguno se descuide De ejecutar por eso aquí su fuerza, Y a lo que digo sólo atienda y cuide, Sin que de mi intención un punto tuerza.
Vanse, y sale TEÓGENES con dos espadas desnudas y ensangrentadas las manos.
TEÓG. Sangre de mis entrañas derramada, Pues sois aquella de los hijos míos; Mano, contra _ti_ mesma acelerada, Llena de honrosos y crueles bríos; Fortuna, en daño mío conjurada; Cielos, de justa piedad vacíos: Ofrecedme en tan dura, amarga suerte, Alguna honrosa, aunque cercana muerte. Valientes numantinos, haced cuenta Que yo soy algún pérfido romano, Y vengad en mi pecho vuestra afrenta, Ensangrentando en él espada y mano. Una de estas espadas os presenta Mi airada furia y mi dolor insano; Que, muriendo en batalla, no se siente Tanto el rigor del último accidente.
Vase, y sale CIPIÓN, y IUGURTA, y QUINTO FABIO, y MARIO, y ERMILIO y otros soldados romanos.
CIP. Si no me engaña el pensamiento mío, O salen mentirosas las señales _Que_ habéis visto _en_ Numancia, del estruendo Y lamentable son, y ardiente llama, Sin duda alguna _que_ recelo y temo Que el bárbaro furor del enemigo Contra su propio pecho no se vuelva. _Ya no parece gente en la muralla_, Ni suenan las usadas centinelas; Todo está en calma y en silencio puesto, Como si en paz tranquila y sosegada Estuviesen los fieros numantinos. MAR. Presto podrás salir de aquesa duda, Porque, si tú lo quieres, yo me ofrezco De subir sobre el muro, aunque me ponga Al riguroso trance que se ofrece, Sólo por ver aquello que en Numancia Hacen nuestros soberbios enemigos. CIP. Arrima, pues, ¡_oh_ Mario!, alguna escala A la muralla, y haz lo que prometes. MAR. Id por la escala luego, y vos, Ermilio, Haced que mi rodela se me traiga, Y la celada blanca de las plumas; Que a fe que tengo de perder la vida O sacar de esta duda al campo todo. ERM. Ves aquí la rodela y la celada; La escala vesla allí: la trajo Limpio. MAR. Encomiéndame a Júpiter inmenso, Que yo voy a cumplir lo prometido. IUG. Alza más la rodela, Mario, Encoge el cuerpo, y encubre la cabeza. ¡Animo, que ya llegas a lo alto! ¿Qué ves? MAR. !Oh santos dioses! _Y_ ¿qué es esto? IUG. ¿De qué te admiras? MAR. De mirar de sangre Un rojo lago, y de ver mil cuerpos Tendidos por las calles de Numancia, De mil agudas puntas traspasados. CIP. ¿Qué? ¿No hay ninguno vivo? MAR. ¡Ni por pienso! A lo menos, ninguno se me ofrece En todo cuanto alcanzo con la vista. CIP. Salta, pues, dentro, y mira por tu vida.
Salta MARIO en la ciudad. _Síguele Iugurta y al poco rato_ torna a salir _el primero_ por la muralla, y dice:
MAR. En balde, ilustre general prudente, Han sido nuestras fuerzas ocupadas. En balde te has mostrado diligente, Pues en humo y en viento son tornadas Las ciertas esperanzas de victoria, De tu industria contino aseguradas. En lamentable fin la triste historia De la ciudad invicta de Numancia Merece ser eterna en la memoria; Sacado han de su pérdida ganancia; Quitádote han el triunfo de las manos, Muriendo con magnánima constancia; Nuestros disinios han salido vanos, Pues ha podido más su honroso intento Que toda la potencia de romanos. El fatigado pueblo en fin violento Acaba la miseria de su vida, Dando triste remate al largo cuento. Numancia está en un lago convertida, De roja sangre y de mil cuerpos llena, De quien fué su rigor propio homicida. De la pesada y sin igual cadena Dura de esclavitud se han escapado Con presta audacia, de temor ajena. En medio de la plaza levantado Está un ardiente fuego temeroso, De sus cuerpos y haciendas sustentado. Al tiempo llegué a verlo, que el furioso Teogenes, valiente numantino, De fenecer su vida deseoso, Maldiciendo su corto amargo sino, En medio se arrojaba de la llama, Lleno de temerario desatino, Y al arrojarse dijo: "Clara fama, Ocupa aquí tus lenguas y tus ojos En esta hazaña, que a contar te llama. ¡Venid, romanos, ya por los despojos Desta ciudad, en polvo y humo vueltos, Y sus flores y frutos en abrojos!" De allí, con pies y pensamientos sueltos, Gran parte de la tierra he rodeado, Por las calles y pasos más revueltos, Y un solo numantino no he hallado Que poderte traer vivo siquiera, Para que fueras dél bien informado Por qué ocasión, de qué suerte o manera Acometieron tan grave desvarío, Apresurando la mortal carrera. CIP. ¿Estaba, por ventura, el pecho mío De bárbara arrogancia y muertes lleno, Y de piedad justísima vacío? ¿Es de mi condición, por dicha, ajeno Usar benignidad con el rendido, Como conviene al vencedor que es bueno? #_¡Mal_#, por cierto, tenían conocido El valor en Numancia de mi pecho, Para vencer y perdonar nacido! QUIN. Iugurta te hará más satisfecho, Señor, de aquello que saber deseas, Que vesle vuelve lleno de despecho.
Asómase IUGURTA a la muralla.
IUG. Prudente general, en vano empleas Más aquí tu valor. Vuelve a otra parte La industria singular de que te arreas. No hay en Numancia cosa en que ocuparte. Todos son muertos, y sólo uno #_creo_# Que queda vivo para el trunfo darte, Allí en aquella torre, según veo. Yo vi denantes un muchacho; estaba Turbado en vista y de gentil arreo. CIP. Si eso fuese verdad, eso bastaba Para trunfar en Roma de Numancia, Que es lo que más agora deseaba. Lleguémonos allá, y haced instancia Como el muchacho venga aquestas manos Vivo, que es lo que agora es de importancia.
Dice VARIATO, muchacho, desde la torre:
VAR. ¿Dónde venís, o qué buscáis, romanos? Si en Numancia queréis entrar por fuerte, Haréislo sin contraste, a pasos llanos; Pero mi lengua desde aquí os advierte Que yo las llaves mal guardadas tengo Desta ciudad, de quien trunfó la muerte. CIP. Por ésas, joven, deseoso vengo, Y más de que tú hagas insperiencia, Si en este pecho piedad sostengo. VAR. ¡Tarde, cruel, ofreces tu clemencia, Pues no hay con quien usarla: que yo quiero Pasar por el rigor de la sentencia Que con suceso amargo y lastimero De nuestros padres y patria tan querida Causó el último fin terrible y fiero! QUIN. _#Dime#_: ¿tienes, por suerte, aborrecida, Ciego de un temerario desvarío, Tu floreciente edad y tierna vida? CIP. Tiempla, pequeño joven, templa el brío; Sujeta el valor tuyo, que es pequeño, Al mayor de mi honroso poderío; Que desde aquí te doy la fee y empeño Mi palabra, que solo de ti seas Tú mismo el propio, el conocido dueño; _#Y#_ que de ricas joyas y preseas Vivas lo que vivieres abastado, Como yo podré darte y tú deseas, Si a mí te entregas y te das de grado. VAR. Todo el furor de cuantos ya son muertos En este pueblo y en polvo reducido, Todo _#el huir#_ los pactos y conciertos, Ni el dar a sujeción jamás oído, Sus iras, sus rancores descubiertos, Está en mi pecho solamente unido. Yo heredé de Numancia todo el brío; Ved, si pensáis vencerme, es desvarío. Patria querida, pueblo desdichado, No temas, ni imagines que admire De lo que debo ser de ti engendrado, Ni que promesa o miedo me retire, Ora me falte el suelo, el cielo, el hado, Ora vencerme todo el mundo aspire; Que imposible será que yo _#no#_ haga A tu valor la merecida paga. Que si a esconderme aquí me trujo el miedo De la cercana y espantosa muerte, Ella me sacará con más denuedo, Con el deseo de seguir tu suerte; De vil temor pasado, como puedo, Será la enmienda agora osada y fuerte, Y el temor de mi edad tierna, inocente Pagaré con morir osadamente. Yo os aseguro, ¡oh fuertes ciudadanos!, Que no falte por mí la intención vuestra _#De que no triunfen pérfidos romanos#_, Si ya no fuere de ceniza nuestra. Saldrán conmigo sus intentos vanos, _#Ora#_ levanten contra mí su diestra, O me aseguren con promesa incierta A vida y a regalos ancha puerta. Tened, romanos, sosegad el brío, Y no os canséis _#en#_ asaltar el muro; Con que fuera mayor el poderío Vuestro, de no vencerme estad seguro. Pero muéstrese ya el intento mío, Y si ha sido el amor perfecto y puro Que yo tuve a mi patria tan querida, Asegúrelo luego esta caída.
Arrójase el muchacho de la torre, y dice CIPIÓN:
CIP. ¡Oh! ¡Nunca vi tan memorable hazaña! ¡Niño de anciano y valeroso pecho, Que, no sólo a Numancia, mas a España Has adquirido gloria en este hecho! Con tal vida y virtud heroica, extraña, Queda muerto y perdido mi derecho. Tú con esta caída levantaste Tu fama, y mis victorias derribaste. Que fuera viva y en su ser Numancia, Sólo porque vivieras me holgara; Tú solo me has llevado la ganancia Desta larga contienda, ilustre y rara; Lleva, pues, niño, lleva la ganancia Y la gloria que el cielo te prepara, Por haber, derribándote, vencido Al que, subiendo, queda más caído.
PEDRO DE URDEMALAS