Nuestra América, ensayo de psicología social · Unidad 33 de 208
Unidad 33 · NUESTRA AMÉllICA. 45
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NUESTRA AMÉllICA. 45
equidad científica, o, si se quiere, por justicia divina, puesto que la Ciencia parece ser hoy la Divinidad suprema.
Nadie se ofenda al leerme. Y créase que, si hay alguien ofendido en las páginas de este libro, aquel que ha probado primero su hiél, quizá tonificante en su amargura como la quina, aquel en quien ha producido momentos de desesperanza hasta la muerte, ese . . . es el autor.
Eeconozco, sin duda, las exageraciones de la descripción. Pero son tan sinceras como las de los sermones de Savonarola, o como las de los discursos trascendentales con que Fichte espoleara a Alemania para que despertase del marasmo en que Napoleón la sumiera. Mis bocinas tocan alarma, desde Texas hasta Patagonia, para que nuestra América se levante del desorden en que la dejó el coloniaje. Y, si lejos de parecer enérgico son de bocinas, mi verbo es débil como el silbido de una flautita de caña, no importa: que mis deseos sirvan, aunque impotentes — !y por su misma impotencia! — de ejemplo a los guerreros que poseen el metal del clarín. Imitad, oh ricos, la generosidad del pobre y del ladrón.
Desde los tiempos antiguos se viene diciendo, a modo de aforismo popular, que ''nadie es profeta en su patria". ¿Por qué? ¿No sería más lógico creer, al contrario, que, si alguien puede ser alguna vez profeta, debe serlo para aquellos a quienes mejor conoce, para los propios y no para los extraños? Sin embargo, si tan antiguo es el aforismo, será porque el público ha podido comprobarlo más de una vez a través de la historia . . .
Yo lo creo, sí. Nenio profeta est in patria sua. Y lo creo en virtud de un razonamiento curioso. El pueblo llama '/profetas'* a espíritus selectos que son, por su mentalidad, iniciadores de progreso. Como tales reaccionan contra su medio ambiente, y, para apresurar las mejoras que anhelan, reaccionan con violencia incontrastable; con tanta, que desfiguran los hechos. Para que más adelante todo sía blanco, lo presentan todo negro. En tal sentido, a pesar de su sinceridad, y por sú misma sinceridad, exageran y hasta mienten.
Estos iniciadores, en general, son sólo un exponente, una especie de OMiidataciófi del movimiento reaccionario que propalan. No hacen más que sentir con maj^or intensidad y actualidad lo que el pueblo siente o tiende a sentir. Si le dicen al pueblo: "Eres infamemente inmoral'*, es porque el pueblo se venía preparando a decírselo a sí mivsmo.