Nuestra América, ensayo de psicología social · Unidad 56 de 208
Unidad 56 · NUESTRA AMÉRICA 83
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NUESTRA AMÉRICA 83
millos, teutones contra latinos'* (1). No obstante, es de recordar que estas tendencias no se presentaron nunca de manera absoluta y regular, pues los visigodos entraron a España ya ligeramente latinizados, y las ''asambleas libres" de los francos no fueron nunca tan típicas y sistemáticas como en loá manuales de historia se las supone.
Tuvo la primera tradición étnica, como principales formas y baluartes : las ingénitas pasiones localistas y libertarias, los parlamentos nacionales, la vieja legislación foral. Y la segunda, dos potentísimos antecedentes: la dominación romana, y, sobre todo, la política católi<?a de la unificación por la fe.,
Las necesidades de la defensa peninsular mantienen en estado latente las dos opuestas tendencias tradicionales. Factores teutónicos y latinos, todos se unen en las grandes luchas de religión: para la cruzada contra los moros cuando Fernando e Isabel, y para las guerras contra los protestantes cuando Carlos y Felipe.
Vencidos moros y protestantes durante el reinado de Carlos, no siendo ya tan premiosa la necesidad de la defensa peninsular, las dos tendencias tanto tiempo artificialmente acalladas y unidas, se desunen y estallan en lucha feroz. Los comuneros parecen representar la prehistórica tradición de las libertades iberas y góticas; Carlos es el cesar romano y católico. Y Carlos derrota a los comuneros; la tendencia latina a la teutónica.
Esta victoria no es, aunque tan sangrienta, deímitiva. Pues el viejo teutonismo, aunque harto debilitado, vuelve a estallar y a luchar de nuevo en la famosa guerra de sucesión de Carlos 11. El partido francés, apoyado por Luis XIV y con simpatías en ambas Castillas, representa la tradición latina; el austríaco, con sus raíces en Aragón y Cataluña, favorecido por la nobleza y aliado a Alemania e Inglaterra, la teutónica. Y otra vez vence aquí, Dios sabe hasta cuándo, en la figura de Felipe V, cuyos sucesores reinan aún en España, el imperialismo romanocatólico.
La simiente arrojada por la blanca mano de la reina Isabel en el fecundo suelo hispánico|y el árbol que regaran loa Austrias con tanta y tanta sangre, germina todavía. Pero, como los manzanos del Mar Rojo, sus pintadas frutas, al ser cortadas, deshácense en ceniza.
(1) HUMB, 023. cxt. páf. 644.