Nuestra patria: libro de lectura para la educación nacional · Unidad 231 de 236
Unidad 231 · 480 CUADRO.S Y FASES DF. LA VIDA ARGENTINA
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
480 CUADRO.S Y FASES DF. LA VIDA ARGENTINA
Mas no ha de confundirse la gloria con la vanagloria, el patriotismo con la patriotería. Éste es la torpe jactancia de los débiles e incapaces; aquél, el esfuerzo callado y potente de los que trabajan y obran. Lo uno es femenino apego al oropel y ai fausto ; lo otro, fuerza de varón y pujanza de héroe. Cubrios de hierro como los caballeros de los siglos medios, y no de brocados y encajes como las damas. En la palestra de la vida, los fuertes no son espectadores, sino luchadores.
Se dice que el amor a la patria es un sentimiento «lírico », sin valor en la vida práctica del individuo... ¡Nunca error más torpe ! La grandeza de la patria constituye para el individuo la más pura y fecunda fuente de goces, y su derrota, principio de inagotables penas y hasta de físicas penurias. Vivir en tiempos de derrota es vivir en la indigencia, la tristeza, la sombra. En cambio, los triunfos de la patria son la luz y el aire para las almas de los ciudadanos, buenos o malos. ¡Seamos patriotas hasta por egoísmo !
La patria nos devuelve con creces nuestros servicios y homenajes. De su poder y felicidad dependen el poder y felicidad de cada uno. Seamos, pues, como los pámpanos, que cobijan y protegen amorosamente los dulces racimos de la madre vid.
Si el culto de la patria es el culto de lo mejor de nosotros mismos, el amor a la patria se funda en el conocimiento de nuestra historia. Es nuestro pasado lo que nos une para defender nuestro porvenir. Suprimid el recuerdo de nuestras glorias y de nuestros hombres, y la nación se disgregará como las perlas de un collar cuyo, hilo se desata o se corta. Somos grandes por la memoria de lo que juntos hemos hecho, y fuertes, por la esperanza de lo que juntos hemos de hacer.
Amar a la patria es servirla. Y no hay más que un medio de servirla : el trabajo. Para que el trabajo sea armónico y congruente, no hay más que un sistema: que cada
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uno siga su línea, como los soldados cuando marchan en formación hacia el campo de batalla. Si codeamos a nuestro vecino o nos apartamos de nuestro puesto, el ejército perderá su cohesión y el enemigo puede sorprendernos en el desorden.
El trabajo con que sirvamos a la patria no será eficaz si no se respeta la ley. La ley dispone lo necesario para que cada ciudadano pueda realizar sus fines particulares y tiene por objeto la felicidad de todos. Quien falta a la ley, ataca a los demás. Si los ataca, no los ama, y no amar a los conciudadanos implica no amar a la patria.
La República Argentina es un país grande y rico. Pero el pueblo argentino, aunque noble y generoso, es todavía relativamente chico y pobre. Es chico, por su escasa población respecto de su vasto territorio. Es pobre, porque debe muchos millones de deuda externa, y sus empresa^ más lucrativas están explotadas por capitalistas extranjeros. ¡Hay, pues, que poblar el país y que pagar esa deuda externa y rescatar esos capitales! ¿Cómo? Por la dedicación al trabajo y el respeto a la ley.
No olvidemos, ¡ah!, no olvidemos la lección de aquel sabio anciano, padre de siete robustos mancebos, que vivían en la indiferencia y la discordia. No olvidemos que desunidos seremos débiles y miserables, y que unidos seremos fuertes y poderosos. No olvidemos que sólo un sentimiento podrá ligarnos y dar cohesión a nuestros esfuerzos: el patriotismo. Y así en las horas de lucha como en las horas de triunfo, así en los recuerdos como en las esperanzas, así en la vida como en la muerte, elevemos siempre los corazones para clamar todos con una sola voz: «¡Viva la Patria!».