Nuevas direcciones de la lógica · Capítulo real 5 de 7
CAPITULO IV
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO IV
La lógica de las ciencias.
(NOViSIUÁ BSCDBLA ALEM4NA)
II.
—Exposición de las ideas de Sigwart y de Wundt sobre la lógica.
—Examen crítico de las mismas.
Hastiados ya de concepciones idealistas los pensadores alemanes, decidiéronse á buscar en la experiencia horizontes nuevos para las ciencias filosóficas, rompiendo con aquella atmósfera de abstracciones y conceptos desligados de todo contacto con lo sensible- y experimental, que habían creado los sucesores de Kant y sobre todo el hegelianismo y sus partidarios.
Al propio tiempo cultiváronse con entusiasmo las ciencias físicas y naturales, y los admirables descubrimientos que se lograron con la observación y la experiencia llamaron la atención de los espíritus reflexivos sobre esos nuevos procedímientos de la razón humana, y se intentó, quizás
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influidos también por la nueva dirección señalada en la lógica de St Mili, sistematizar los métodos y los artificios de la experimentación y aun señalar la contextura íntima de todas las ciencias.
Con todo lo cual se proponían purificar la lógica tradicional de esquemas y formulismos inútiles para la ciencia é infundirla nueva savia experimental, preparándola para que sirviese de instrumento adecuado á la investigación de la naturaleza.
Mas no se crea que pretendieron por eso destruir ó ridiculizar la lógica tradicional, sino sencillamente darle una nueva organización, ampliando á la vez su contenido. Estudiaron, pues, con mayor cuidado las bases psicológicas en que se apoya el pensamiento lógico y examinaron las diversas aplicaciones de la metodología á cada una de las ciencias. En esta dirección, que tiende á hacer de la lógica una teoría del conocimiento y una metodología, están inspirados los trabajos de Sigwarty de Wundt, á quienes se considera en la actualidad como los más prestigiosos representantes de la ló gica en Alemania.
Aun cuando Sigwart cree imposible el definir con exactitud hasta qué punto nuestros conocimientos son expresión de una realidad que existe fuera é independiente de nosotros, ni acepta como buenas las doctrinas del idealismo kantiano, ni le satisfacen las exageraciones del empirismo. El co-
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nocimiento es indudablemente el producto de dos factores, las leyes del espíritu y los datos de la experiencia; así que para explicar los conceptos de espacio y tiempo adopta Sigwart una posición media entre los empiristas y los idealistas.
La lógica, por consiguiente, no puede aspirar á conocer la verdad real en el sentido estricto de la palabra, sino que «habrá de limitarse á demostrar qué requisitos debe llenar toda proposición para que sea necesaria y universalmente valedera (allgemeingültig ) y á señalar las condiciones y reglas por las cuales de hipótesis dadas se puede concluir de un modo necesario y universal, renunciando á decidir de la universalidad y necesidad de tales hipótesis. El cumplimiento de sus reglas no responde necesariamente de la verdad material de los resultados, sino tan sólo de la exactitud formal del procedimiento. En este sentido es nuestra Técnica una lógica formal» (1).
Mas no se crea que Sigwart, á la manera de Hamilton, se satisface con la mera consecuencia de las ideas; al contrario, reconoce la posibilidad de distinguir el pensamiento objetivamente necesario del no necesario, en virtud de la evidencia que acompaña al primero. Precisamente la convicción de esa evidencia y la creencia en su infalibilidad, por lo mismo que son indemostrables, constituyen el postulado de la lógica.
(1) Logik von Dr, Christoph Sigwart^ Erster Band. Friburgo, 1888,p. 11. '^ '^
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Aun cuando las leyes que propone esta disciplina han de basarse en el estudio de las funciones que pretende dirigir, es una ciencia de carácter esencialmente normativo, y mejor que física habrá de ser Ética del pensamiento.
Sigwart le ha dado un plan y una organización muy originales En primer lugar, la divide en dos secciones: A nalítica y Técnica.
La primera es un análisis de las operaciones lógicas encaminado á averiguar las condiciones que deberá reunir todo conocimiento para que pueda denominarse lógicamente perfecto. En el juicio, punto de partida para dicho análisis, ya que es la función típica del conocer, descubre no sólo los elementos del sujeto y predicado que constituyen la forma lógica del concepto y los caracteres de conclusión, ya inmediata, yfi mediata, con que suelen presentarse nuestros juicios, sino también la demostración de que las cualidades de todo conocimiento lógico son la necesidad, la universalidad y la inmutabilidad. Y la demostración de todo eso es bien sencilla. Basta suponer lo contrario, que la idea, por ejemplo, que empleamos como atributo puede cambiar constantemente do significado, ó que no puede atribuirse á otros sujetos, y se verá claramente la imposibilidad do que ese juicio sirva para la deducción. Lo propio ocurre si suponemos que el asentimiento prestado á un juicio no tiene el carácter de necesidad inquebrantable; en tales condiciones, ni podrá servir de fundamento de la certeza, ni podremos confiar en que
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sea universalmente valedero. Son, pues, la necesidad, la inmutabilidad y la universalidad los caracteres lógicos de la idea, del juicio y de la conclusión; ó en otros términos, para que el juicio sea lógicamente perfecto necesita tener una certeza inquebrantable, acompañada de la convicción de su validez universal (AUgemeingültilgkeit.)
Se logran estas cualidades si el que juzga tiene conciencia del fundamento lógico (1) de su juicio y si los elementos del juicio son pensados con absoluta determinación ó precisión, dándoles un valor y un significado invariable (2).
Para Sigwart todo juicio deriva de alguna hipótesis (Voraussetzung) ó antecedente, y estas hipótesis pueden ser de dos clases. Unas son fenóme-
(1) a) Die Bedingung der MOglichkeit voUkommener UrtheilG ^^durchgnngrge Constanz, vollkommene Bestimmtheit, aílg^^^^^^^ de?vrtT""°? ""' -sweideutige sprachliche B^z fchTun^^ dt ";:.^X'^ ""'' '-'''-'^ bezlehuogswelse a,s SubjeZ
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-Ob. cit, p. 870. ^^''^''^^^'' ^^'^^"^^ ^^^ Begrif fe angegeben wird.
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nos de conciencia, como sensaciones, representaciones, conceptos, de los cuales no se tiene otra noticia que la de estar presentes á la conciencia. Los juicios que se apoyan en esos antecedentes no son juicios necesarios, sino meramente facticios, porque del mismo modo que se presentaron al es piritu esos fenómenos que los determinan, pudieron no presentarse. En cambio esos juicios sirven de antecedente á otros que de ellos se deriv.m por deducción necesaria. Por lo cual un juicio tendrá fundamento lógico cuando se dé en nosotros la convicción del carácter necesario de las leyes con arreglo á las que se ha deducido de otro, y estemos seguros además de la validez de la hijM)- tesis de la cual procede.
Nos enteramos de lo primero por el conocimiento de las leyes de la deducción, cuya fórmula es la conclusión hipotética: «afirmado el principio se afirma la consecuencia, suprimida ésta se suprime también aquél, ó lo que es igual, la consecuencia de la consecuencia es consecuencia del principio» (1).
Más difícil es averiguar la verdad de los juicios inmediatos. Estos son, ó bien juicios meramente explicativos (bloss erklárende Urtheile) cuyo predicado se limita á aclarar lo significado por el su
(1) La fórmula más universal de la deducción de un juicio de
otros, ist der hypothetische Sohluss, der entweder, die einfache
1 Anwendung des Satzes ist, dass mit dem Grundt die Folf/e bejaht,
mit der Folge der Grund aufgthoben ist, oder, auf dem Satzeruht,
daas die Folge der Foige Folge dea Grundea ist Ob. cit , p. 422.
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jeto, ó bien juicios de intuición inmediata (auf unmittelbarer Anschaung ruhenden Urtheile), los cuales enuncian ó atribuyen un predicado á una representación individual.
La verdad de los primeros se funda en el principio de la coincidencia (der üebereinstimmung), ó sea en la invariabüidad ó constancia de las re* presentaciones, y en el de contradicción.
Los segundos ó de intuición inmediata pueden ser juicios que se refieren á nosotros mismos, como yo pienso, veo tal cosa, etc.; ó juicios de percepción externa (Wahrnehmungs Urtheile ueber Aeusseres). Aquéllos se fundan en la certeza del juicio Yo soy, y en la reahdad de la unidad de sustancia y de acción en nosotros. Y si además expresan la idea de tiempo, suponen la necesidad inevitable de representar nuestras acciones como transcurriendo en una serie temporal, enlazando constantemente su origen con cada uno de los mo^ mentes de esa serie (ais in einer Zeitreihe verlaufend, und allgemeingültige Regeln, jedem Moment semen Ort in dieser Zeitreihe anzuweissen, p 391) La correspondencia entre lo representado por os JUICIOS de percepción y el objeto real á que los lelenmos no puede conocerse con absoluta certi. Junibre aun cuando se demostrara la existencia
ir' 7 ? J^'^^^ ^" ^^ ^"^^ ^1 hecho de la percepción había de acompañar la presencia de
o realista, ya que sólo se modifica el senti(|o
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del predicado ser (1). A pesar de estas transaciones con el idealismo, sostiene que no hay ni puede haber inconveniente alguno en admitir «la existencía de algo exterior como un postulado de núes tro natural impulso á saber y á conocer, en cuya verdad creemos á pesar de que no es comprensible por sí mismo» (2).
Cómo y hasta qué punto podremos hallar esa conformidad de nuestros juicios con los objetos exteriores, para que sean universalmente valederos, nos lo dirá la Técnica 6 metodología.
Á esta segunda sección de la lógica corresponde indicar los procedimientos por los cuales se logra con mayor justeza y perfección el fin á que porsii naturaleza está destinada nuestra facultad de pensar, ó sea por qué medios conseguiremos que nuestras ideas sean bien determinadas y piecisas y que nuestros juicios estén perfectamente razonados (voUkommene begründete).
Y como Sigwart, en medio de sus vacilaciones entre el idealismo y el realismo, no quiere en manera alguna que la lógica sea meramente formalista, sino crítica, es decir, que deberá aquilatar el valor de nuestros conocimientos en función de la realidad que contienen, examina desde ese punto de vista los conceptos más generales de número, espacio, tiempo, movimiento, causa, etc., obligándose por ello al estudio de los problemas metafísi-
(1) Nar der Sinn des Prádicats Sein (In empirischen Sinne) wur de modiflciert, p. 400, ob. cit.
(2) Ob. cit p. 418.
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eos que dichas ideas envuelven. Como ya hemos indicado en otro lugar, las soluciones que presenta equidistan del empirismo y de las doctrinas kantianas.
Mayor interés tienen para nosotros sus ideas sobre la inducción, no sólo porque constituye una parte muy importante de la lógica, sino también porque Sigwart la estudia con muchísima amplitud y con muy madurado examen.
Todos los lógicos convienen en que el objetivo principal de la inducción es conocer la naturaleza y explicarla, mas no se da igual uniformidad de pareceres cuando se trata de fijar los medios por los que se logra dicha explicación. Sigwart supone que en nuestro espíritu se dan ciertas leyes connaturales que por su propio impulso aspiran á imponerse á los datos de la experiencia; por ellas podemos reducir á la unidad los elementos múltiples, variados y dispersos del orden sensible y concebirlos en forma sistemática y ordenada, de tal suerte que los unos sean la razón determinante y necesaria de los otros. La unidad y la necesidad son, pues, leyes fundamentales del conocimiento, y se las puede llamar apriorísticas en el sentido deque la experiencia por si sola ni puede revelárnoslas en su universalidad absoluta, ni basta para comprobarlas.
Resulta, por consiguiente, que las relaciones establecidas entre los hechos observados no son otra |H>sa que la aplicación de una ley á aquel caso particular, y que el problema de la inducción será ha-
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llar la ley de que puede deducirse el fenómeno en cuestión. La inducción viene á ser una especie de reducción, porque así como en ésta, dada una proposición, averiguamos las premisas de las cuales se deduce, así también en la inducción, dado un fenómeno, fijamos la ley de la que puede deducir. >e por vía de consecuencia. La ley en este casóos la hipótesis, que habrá de verificarse comparando ios hechos con las consecuencias que de aquélla se derivan.
La inducción puede emplearse en la determinación de los conceptos, estudiando las analogías que pueden tener con otros para su clasificación, coordinación ó subordinación, y analizando las notas ó elementos de que se componen para ver su mayor ó menor importancia. También se emplea la inducción para el descubrimiento de las leyes. / En éstas distingue Sigwart con profunda penetración las leyes verdaderamente causales de las que son meras generalizaciones empíricas. En este grupo deben incluirse todas aquellas proposiciones generales que, sin enlazar un fenómeno con su causa, lo describen ó consignan tan sólo las reíaClones de tiempo y espacio. Cuando las leyes averiguadas por la inducción son de esa índole, es ifiducción meramente generalizadora. Casi todas las inducciones falsas ó sofísticas pertenecen á esta clase.
En la inducción causal el punto de partida es también la observación; pero la observación sólo puede darnos relaciones de coincidencia ó sucesión
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entre dos fenómenos, mas no el principio en quj^ nos apoyamos para afirmar que dicha sucesión ^]9, una relación de causa á efecto. Luego la relaciói^v causal es una hipótesis que deberá comprobvrs^^^; Reconoce Sigwart la utilidad de los métodos d© St. Mili para averiguar cuándo las relaciones d.0 coincidencia ó sucesión podrán ser indicios de causalidad; sin embargo, no acertó el lógico inglés ft exponerlos en forma rigurosamente científica, poir el empeño injustificado de reducir la causalidad ft la mera sucesión invariable de antecedente y consiguiente.
Para descubrir por inducción la ley propiamente dicha y verdadera de un fenómeno es preciso definir bien el significado de las palabras causa y electo. La causa, dice Sigwart, no es algo fenoméni- ( *> y accidental, sino la misma sustancia en cuantp que obra en otra sustancia, determinando en eUa. una modificación. Es, pues, la causa una acción», ejercida por el cuerpo A, y el efecto una modificítción ? producida en un cuerpo B. La ley deberá expresar la necesidad de que A<* determine á ¿P.;
Como los fenómenos de causalidad no se presentan aislados, sino que en ellos se entrecruzan las influencias de varias causas, siendo muy difícil determinar la parte que corresponde á cada una en la serie de efectos producidos, ha doprocurarse con exquisita diligencia que la valoración de la causa y del efecto sea lo más exacta posible. De aquí lá necesidad de formular en leyes distintas todas }jbí& acciones, que combinadas con la acción de A peo-.
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ducen la modificación p de B, Nuestras primeras observaciones habrán de tender á ir eliminando todas las circunstancias que no influyen en la relación Act B^, y luego apreciaremos separadamente la acción de todas aquellas que no son ajenas en absoluto á la producción del fenómeno (1).
Para simplificar la tarea de enumerar con I-, mayor exactitud posible las circunstancias qué pueden modificar la acción de una causa en un fenómeno complicado, propone Sigwart el recurso á las leyes ya conocidas por las que pueden calcularse las circunstancias que influirán en el fenómeno estudiado, y comprobar luego por la experiencia SI se da la reacción calculada.
El principio de la inducción no puede derivar de la experiencia; hay que suponerlo en nosotros mismos, en la propia constitución de nuestra facuitad de pensar. La naturaleza, aun cuando se la examine superficialmente, nos ofrece tantos casos de inconstancia y de desorden, como de regularidad y permanencia; por ello no puede darnos el principio de causalidad; aparte de que aun cuando viésemos experimentalmenteesasrelacionesdecau sa a efecto, comola experiencia está siempre limita-
(1) Sigwart otorga verdadera causalidad á las aon cuando sea distinta de la causandad del agente circunstancias que modiflcan la acción de una causa bio alguno en el instaate en que producen su efecto M aire en el fenómeno de la ebulUoión queda la después de influir sobre el agua; es una especie de nente que se manifiesta cuando se ofrece la ocasión una causa transitoria.
circunstancias, principal. Las no sufren cam- . Así la presión misma antes j causa permade añadirse á
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da por el tiempo y el espacio, no podríamos legítimamente afirmar con certeza que lo comprobado en uno ó varios casos sería igualmente verdadero en todos los tiempos y lugares.
El verdadero principio de la inducción nace déla unidad y necesidad, que, como decíamos, condicionan nuestra vida intelectual; es la hipótesis indispensable para nuestro pensamiento, de que se dan leyes y que éstas son constantes.
Como consecuencia de toda esta doctrina, sostiene Sigwart que el espíritu en su razonamiento procede siempre por deducción, pues, ó bien deducimos la causa que nos proponemos averiguar de una ley ya conocida, ó bien, si ninguna de las leyes conocidas puede suministrarnos la explicación buscada, suponemos una ley nueva de la que puede deducirse lógicamente el fenómeno observado. Toda inducción, pues, se reduce á una deducción ó á una serie de deducciones .
Finalmente, señala los procedimientos que deberán emplearse cuando se aplica la inducción á las demás ciencias, Psicología, Ética, etc.
una dirección análoga en sus líneas generales á la de Sigwart es la seguida por Wundt en sus voluminosos escritos sobre la lógica (1).
Empieza afirmando que la lógica no puede acep-
0) Logik. Erster Band, Erkenntnislehre. Stuttgart, 1898. ^''f^orfen/Mrc.-Zweiter Band. Erster Abtheüüng. Ibid.. 1884. laem id. Zweite Abtheilung. Ibid. 1896.
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tar. la hipótesis de la identidad ni la de la correlación entre las formas del pensamiento y las manífestaciones de la realidad, ya porque esas hipótesis contradicen al principio fundamental de la ciencia: los métodos del conocimiento se regulan por sus objetos, ya porque la lógica aspira á obtener la conformidad de nuestras ideas con los objetos del conocimiento, aspiración que sería inútil si aíii-másemos de antemano la identidad ó correlación. Los mismos métodos científicos no son en definitiva más que precauciones tomadas para que ninstras ideas contengan la expresión verídica de los hechos.
No es una ciencia puramente especulativa, sino de carácter normativo como la Ética, y así romo ésta examina el valor.moral de los sentimientos y voliciones, con el objeto de establecer una norma de conducta que sea como el ideal de nuestra vida práctica, asi también la lógica, de entre los múltiples agregados de representaciones que se dan en nuestro conocimiento, deberá escoger aquellos que por sus condiciones especiales poseen un valor legislativo (gesetzgebende) para el desarrollo de nuestro saber. Mas no podemos aceptar las leyes de la lógica sin haber hallado los fundamentos que las justifiquen y razonen, fundamentos que habrán de buscarse mediante el análisis del conocimiento. Y finalmente, para que la lógica pueda prestar á las demás ciencias aquellos servicios que de ordinario se le piden, habrá de investigar el medio más adecuado de aplicar esas leyes al conociraien-
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to de los hechos, ó sea las formas más perfectas de los métodos de investigación científica. Esta disci-: plina comprende, pues, dos partes: la teoría del conocimiento como base, y la metodología cómo complemento (1); á la primera llama Erkenntnis^ khre y ala segunda Methodenlehre. ^^^
Erkenntnisslehre,—hRS representaciones sensibles y sus agrupaciones forman el primer peldaña en la evolución del pensamiento lógico, puesto que en ellas se dan los signos de los objetos conocidos. Dichas asociaciones pueden ser simultáneas ó sucesivas, según la coexistencia ó sucesión en que sé ofrecen los elementos que. las forman, y se constituyen, bien por la unión de elementos -semejantes, bien por la unión de representaciones contiguas.
Las asociaciones así formadas por influencia de la impresión externa, del sistema nervioso, etó., so prestan á combinaciones distintas, merced á la intervención de un elemento activo que Wundt llama apercepción. Si ésta se limita á escoger aquellas representaciones que le suministra la asocia^ eión, que pudiéramos llamar espontánea, entoncQS la apercepción es pasiva ó no voluntaria (unwillv kürliche); pero si el encadenamiento de las asociaciones obedece á otros motivos, de suerte que hay una verdadera selección, la apercepción^» activa ó voluntaria (willkürliche).
Bien se comprende que las formas de apercep-
(1) I)ie Logik bedarf der Erkenntnisstheorie zu ihrer Begruñdung und der Methodenlehre zu ihrer Vonendung. Ob. cit., I,p. ^.
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ción activa son las que más interesan á la lógica, ya que el pensamiento lógico forma parte del proceso voluntario de la reflexión (willkürlichen gedankenverlauf), y sólo cuando interviene la aper- <5epción puede llamarse lógica la unión de las representaciones.
Las formas generales de conexión de representaciones por influjo de la apercepción activa pueden reducirse á dos. La primera en la serie de la evolución del pensamiento es la correspondiente á la actividad voluntaria de la fantasía (willkürli che Phantasiethátigkeit) y tiene muchas analogías con las asociacionesjporque tiende á formar representaciones individuales. La segunda es propiamente la forma del pensamiento lógico y emplea las relaciones mutuas de las representaciones individuales para formar una nueva representación, en donde se vea la conexión de los objetos reales y la de los elementos que agrupa la imaginación creadora tomándolos de la realidad. Estas agrupaciones de representaciones, por influjo de la apercepción activa, presentan en su desarrollo muchas semejanzas con las agrupaciones por mera asocia ción, siendo la más perfecta desde el punto de vis ta lógico la agmpíición por síntesis. En ésta apa recen unidas varias representaciones que se for marón sucesivamente y dan lugar á una represen tación nueva, habiendo desaparecido aquellas que contribuyeron á formarla. Ejemplo de esta agrupación por síntesis nos lo dan las formas verbales constituidas por aglutinación al convertirse en for-
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mas de flexión; así, las formas verbales del sánscrito «chara-ma-si» ferre-ego-tu (nos-ferimus), que en un principio significaban separadamente las personas yo, tú, se sintetizaron en una sola representación y una sola forma, ferimus (1). Esta forma de agrupación da origen á los conceptos lógicos.
«El concepto, teniendo en cuenta su evolución psicológica, puede definirse: la síntesis de una representación individual predominante acompañada de una serie de representaciones conexas (zuzamengehóriger) verificada por la apercepción activa. Si en una cualquiera de las representaciones de la serie A^, A^, A^,.. se presenta un elemento dominante, concebimos esa serie como conexa , y un elemento cualquiera h A adquiere el valor (Bedeutung) de una representación que sustituye al concepto... ya que éste en sí mismo es irrepresentable» (2).
La diferencia psicológica entre la síntesis que implica todo concepto y las agrupaciones por mera asociación consiste en que la primera está bien delimitada ó definida, así que el proceso do su desarrollo se realiza por descomposición de sus elementos, mientras que las segundas son indeterminadas y permiten la adición de nuevas representaciones.
(1) Ob. cit., I, p. 39. Wundt apela de continuo á observaciones filológicas para justificar sus teorías sobre la evolución del pensamiento.
(2) Ob. cit, vol. I, p. 32.
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142 Gómez Izquierdo,
Y ahondando más en los caracteres del pensamiento lógico, veremos que se distingue de las otras formas mentales por la espontaneidad, evidencia y universalidad (allgemeingültigkeit). Es espontáneo por la intervención que en él tiene la voluntad, como hemos visto. La evidencia de los conceptos no se funda en la intuición, aun cuando ésta sea su causa ocasional (Gelegenheitursache). ¿Gomo podríamos afirmar que A es igual á B^ sien la intuición sensible jamás se nos ofrecen dos cosas completamente idénticas? Sólo la fuerza sintética del pensamiento puede prescindir de las diferencias para comparar las cosas desde un punto dé vista en el que coinciden. Esta fuerza de aproximación es la que produce la evidencia, por más que la intuición le sirva de auxiliar. Finalmente, la universalidad de las leyes lógicas ha de ser no sólo subjetiva, es decir, que las mismas leyes tengan igual valor para todo sujeto pensante, sino que deberán tener valor objetivo y ser aplicables á todo lo que podamos conocer. Para justificar esta última condición no cree necesario Wundt recutór al famoso postulado de la identidad entre las funciones lógicas (1) y las manifestaciones del ser, <5ómo pretenden los idealistas, ni siquiera al paralelismo: «Penetramos en la experiencia, ya interna, ya externa, partiendo de este postulado: todo lo
(1) Die Denkfunctionem sind die Hülfsmittel, mit dcnem wir die realen Bezíehungen der Erkenntnissobjecte auffinden, 8ie «ind nicht diese Bezíehungen selber.— Ob. cit., I, p. 90.
Nuevas direcciones de la lógita. 143
que es objeto de nuestra observación se halla en una relación de dependencia mutua (Zuzammenhang) completamente inteligible. Este postulado de la posibilidad de explicar lo experimentado constituye una tesis fundamental, innegable, de nuestro conocimiento, hasta el punto de que éste sólo puede existir partiendo de esa hipótesis> (I). Desarrollando la idea que anteriormente hemos apuntado de que el pensamiento lógico evoluciona por descomposición de sus elementos, no por adición, considera el juicio como un acto por el cual el pensamiento divide una representación compleja ó un concepto en sus elementos, afirmando una relación entre ellos. Cada uno de esos nuevos elementos, sujeto y predicado, puede, á su vez, descomponerse en otros dos y así sucesivamente, d© manera que por el juicio se somete al concepto á una ley dicotómica. En los juicios primitivos, como yo ando, yo pienso, no han nacido los conceptos *yo y «andar» ó cpensar» independientemente el uno del otro, y luego los hemos unido por el acto de juzgar, sino que ocurre precisamente lo contrario: « Die Verbindung in eine Vorstelluns: ist das Fruhere, die Trennung das spátere (I, p. 156)». Es, pues, el juicio «la división de una representación total en sus elementos» (Eine Zerlegung einer Gesamtvorstellung in ihre Bestandtheile). En rigor no hay en el juicio más que dos elementos, sujeto y atributo; la cópula va incluida en el predicado^
(1) T..p. 89.
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y únicamente se la distingue cuando el predicado. en vez de designar un estado accidental del sujeto. 6 una acción ejecutada ó recibida por el sujeto, representa una clase de objetos; pero ni en este caso puede decirse que constituye un elemento aparte.
Ya hemos indicado que el juicio, además de ser una función analítica que divide una totalidad con ceptual en dos ideas, establece una relación entre «Has. De la naturaleza de esta relación hace depender Wundt las formas del juicio. Dicha relación puede ser de identidad, como en este juicio^ es 1 de subordinación, cuando por el juicio hacemos entrar un objeto cualquiera en un grupo ya conocido; de coordinación cuando se enuncia la división de un concepto en sus elementos constitutivos y la clasificación de estos elementos coordinados bajo un mismo concepto; de dependencia, 6 sea relación de antecedente á consiguiente; y finalmente, relación indeterminada (Beziehung) como la que se da entre dos conceptos de categoría distinta.
El raciocinio es en opinión de Wundt como una ampliación del proceso del juicio (Erweiterung des ürtheilsprocesses), ya que en la conclusión se relacionan dos términos por la presencia de dos juicios que tienen un término común . Es decir, siempre que dos juicios tengan un término común, podrá darse una relación entre los otros dos términos que son distintos, y el enunciado de esa relación es la conclusión.
El principio en que se funda todo raciocinio es el de relación universal (allgemeinen Relationens-
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princip) que formula en estas palabras: « Cuando varios juicios se relacionan entre sí porque hay en ellos un concepto ó término común, hay también una relación entre los términos que no son comunes, relación que puede expresarse en un nuevo juicio» (1).
En armonía con las relaciones que expresan los juicios divide los silogismos en cuatro clases: silogismos de identidad, silogismos de subsumción, silogismo condicional y silogismos de relación indetermidada (Beziehungssyllogismus), en los cuales la conclusión afirma que entre los dos términos hay una relación, pero de naturaleza indeterminada. Estos últimos son de mucha importancia en el terreno experimental; á ellos recurrimos de ordinario en los comienzos de la clasificación para agrupar objetos que coinciden en los caracteres más salientes, ó para distinguir unos de otros, cuando todavía no poseemos datos bastantes para distribuirlos en géneros y especies. Igualmente empleamos esta clase de silogismos para aproximar hechos que concuerdan entre sí, y distinguir los que no concuerdan, preparando por ese medio
(1) Wenn verschiedene Urtheüe durch Begriffe, die ihnem gemeiDsain angehOren, in ein Verháltniss zu einander gesetzt sind, so stehen auch die nicht gemeinsamen Begriffe solcher Urtlieile in einem Verháltniss, velclies in einem neuen Urtheil seinen Aus-
nick flndet. I, p. 317.— Y teniendo en cuenta las varias relaciones que pueden darse en los juicios, ese principio se reduce á tres leyes rundamentales: el principio de identidad, el de contradicción
ye principio de Razón. Leyes que son también del conocimiento y ae la formación de los juicios.
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la determinación de las leyes de sucesión y coexistencia.
Tal es en sus líneas generales la lógica formal de Wundt. Pero como Wundt aspira á que la lógica sea no una ciencia de la idea pura y de la forma abstracta, sino un análisis del proceso real de la razón en sus múltiples manifestaciones, cree necesario completar tod^ esa doctrina sobre el concepto, el juicio y el raciocinio, por un estudio de las ideas, principios y leyes generales que en realidad de verdad manejamos en nuestros razonamientos cuando queremos hacer labor verdaderamente científica.
Así como en la evolución de nuestro conocimiento, desde sus formas más rudimentarias, hemos llegado á descubrir las formas más perfectas, ó sea las operaciones lógicas, así también estima Wundt que por el análisis del proceso real del conocimiento aplicado á los objetos encontraremos la justificación de esas operaciones y la importancia que tienen para la ciencia. Este es el objeto de la última sección do la Erkenntnisslehre, en la cual aplica Wundt su teoría del conocimiento á las ideas metafísicas.
Preocupado como Kant por separar en el conocimiento el influjo de la experiencia y el do lo apriori 6 subjetivo, se inclina del lado do la experiencia, y reemplaza las formas a priori por lo que él llama funciones del pensamiento lógico. Este no ha do concebirse como un conjunto do leyes á las cuales se amolde la experiencia, ni como
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un sistema de formas con las que representamos las impresiones sensibles, sino como una actividad unificadora (eine verknüpfendeTháthigkeit), como la expresión de un cierto número de funciones activas que no llegan á traducirse en leyes sino por el contacto de la experiencia.
Las leyes más generales del pensamiento lógico son el principio de identidad,el de contradicción, el de exclusi tertii y el principio de Razón Este último es el más importante y expresa la energía del pensamiento para poder pasar de una identidad ó igualdad á otra, y afirmar que si A = B y B = C, también ^ = C. De él derivan las leyes generales de la experiencia: el principio de causalidad y el de finalidad. Ninguno de esos principios nace de la experiencia, ni se da en la intuición sensible; sin embargo, necesitan de una y otra porque no se dan sin una representación intuitiva á la cual se refieren y á la cual se aplican.
Las funciones principales del conocimiento respecto de la experiencia son dos: 1.% eliminar las contradicciones que la experiencia pueda presentar con los principios lógicos, por lo mismo que esas contradicciones serán siempre aparentes; 2.» convertir los datos múltiples y variados de la experiencia en un todo perfectamente inteligible, estableciendo entre los fenómenos y aun entre las senes do fenómenos una conexión razonable (be-
dades intuitivas del pensamiento. En esta la4)or interviene de un modo principalísimo el principio
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de Razón, sin afirmar por eso que él es quien crea tales armonías y conexiones, sino que se limita á descubrirlas, y cuando no puede establecerlas de un modo claro y evidente, echa mano de la hipótesis.
Wundt hace aplicación de toda esta doctrina al conocimiento científico de la experiencia, empezando por los conceptos más generales (1), formas de la intuición (2) y concepto de la sustancia, hasta llegar al principio teleológico como explicación suprema de los hechos en el mundo de la naturaleza y del espíritu.
Methodenlehre,— En esta segunda parte de la lógica estudia Wundt los procedimientos experimentales empleados en la investigación científica para plantear y resolver los problemas. Reduce esos métodos de investigación á tres grupos antitéticos: análisis y síntesis, abstracción y determinación, inducción y deducción. íntimamente relncionadas con estos métodos están aquellas formas sistemáticas del pensamiento, como la definición, clasificación y demostración, necesarias para poder llevar adelante las investigacienes con mayor precisión y exponer ordenadamente los resultados obtenidos. En la exposición de estas materias no señala Wundt horizontes nuevos que merezcan señalarse, y es además sobradamente compendioso. En cambio, al tratar de la metodología especial,
(1) Objetos del mundo exterior, objetos espirituales, propieda des, la conexión entre los seres.
(2) Espacio, tiempo, movimiento y número.
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ó sea de la aplicación de los métodos á las ciencias, su labor es amplia y realmente enciclopédica.
Reconociendo como principio fundamental de la ciencia el que los métodos del conocimiento se regulan por sus objetos, antes de exponer los procedimientos que deberán aplicarse á cada ciencia se entretiene en contarnos su origen y sus vicisitudes para fijar su concepto y las materias que debe comprender. Y es muy razonable este plan: difícilmente podrán señalarse de un modo concreto y preciso los métodos especiales de una ciencia si no se sabe previamente su finalidad y contenido. No creemos oportuno el resumir las ideas de Wundt sobre la Metodología especial en un estudio como el presente, limitado al examen de las direcciones capitales de la lógica contemporánea.
Aun cuando hay afinidad grandísima entre las ideas de estos dos filósofos, Sigwart y Wundt, creemos oportuno examinarlas por separado.
La preocupación constante de Sigwart es dar un;i solución al problema crítico sin caer en las exageraciones de idealistas y realistas. Bajo esa preocupación ha escrito su obra, y por ella viene á ser su lógica eminentemente crítica (1). Sin embargo, no creemos acertada su doctrina criteriológica por sus concesiones injustificadas al idealismo. Enumeraremos las más importantes:
1.* No da á la lógica analítica más que un valor puramente formal.
(1) «En ella haj todo un sistema metaffsioo, puesto que analiza losoonoeptos fundamentales de la realidad corpórea y espiritual, y ti demostrar la posibilidad de aplicar el procedimiento inductivo á las ciencias de la naturaleza expone las ideas fundamentales de la Cosmología, de la Psicología y de la Etica. Con razón se ha dicho de él: Ein eigentliches system oder eine Metaphysik hat sigwart nicht veroffentlicht, aber aus seiner Logik ersieht man deutUoh seine metaphysische und zwar teleologische Weltanschaung, so dass wir, etc —Grundris der Qtackichte der Philosopkie. J. Veberweg herausg. y. Dr. Max flírt»2r«. -Berlín, 1902, p. 320
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2.* Cree que para la lógica es indiferente la tesis idealista ó la tesis realista.
3.* Da como postulado supremo de la lógica la evidencia subjetiva que acompaña al pensamiento necesario, afirmación que nos recuerda á Descartes.
4.' Reconoce la existencia de algo exterior al sujeto pensante como un postulado cuya verdad creemos, aun cuando no es comprensible por sí mismo.
5/ Admite la prioridad de los principios absolutos en orden al conocimiento científico respecto de los datos experimentales y, por consiguiente, que la deducción es anterior á la inducción.
En la lógica de Sigwart se declara incognoscible á la verdad objetiva, y por un exceso de criticismo se limitan los alcances de la razón humana hasta el punto de que ésta ha de contentarse con la adquisición de conceptos necesarios y universales, sin saber de un modo positivo y científico si tales conceptos son expresión de la realidad.
Entendido así el problema crítico de la verdad, se nos antoja irrealizable la aspiración de Sigwart, señalar las condiciones para que una preposición sea necesaria y universalmente valedera. Sin duda, para eludir todo compromiso con la solución dogmática del problema crítico, no ha querido señalar como fin primordial de la lógica la adquisición y demostración de la verdad, y le parece bastante con que los conocimientos adquiridos por las operaciones lógicas tengan indiscutible validez.
152 Gómez Izquierdo,
Indudablemente que esta aspiración es muy legítima, aun cuando en materias filosóficas rara vez se ha logrado, y la historia de la filosofía lo demuestra; pero no hay razón para alimentarla cuando se afirma la imposibilidad de conocer los objetos que existen fuera del sujeto pensante, y se reduce el orden ideal á combinaciones creadas exclusivamente por la razón misma. Sólo cuando se admite como norma del pensamiento verdadero un objeto, que la razón descubre, pero que no crea, y que no puede modificarse ni por las astucias de la dialéctica ni por las exigencias del sentimiento, hay motivo suficiente para creer en la posibilidad de que nuestros juicios sean universalmente valederos. Sin esta condición podrá llegarse á forjar construcciones científicas de sorprendente coherencia y encantadora armonía, admirables por el esfuerzo de raciocinio que en ellas se invirtió; pero tan sólo obligará lógicamente su aceptación al que admita como verdaderos los antecedentes de que derivan 6 los fundamentos en que se apoyan. En tal caso, para juzgar del mejor ó peor derecho en el tribunal de la razón que tienen á ser aceptadas dos opiniones contradictorias, no podremos recurrir á contrastarlas con el objeto sobre que versan, sino que habremos de limitarnos á su examen desde el punto de vista de la lógica de la consecuencia. Como ya se indicó aj discutir las teorías de Hamilton, la lógica formal no puede llenar las aspiraciones de la razón.
Sigwart ha tomado como criterio supremo de
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verdad el principio de la incoficevabilité de Spencer y el común sentir del tradicionalismo. No otra cosa significan los caracteres que señala para que el pensamiento pueda denominarse lógico. En este punto no hay más que una diferencia entre Sigwart y el positivista inglés, á saber, que el primero considera la necesidad de los conceptos como una ley del espíritu, mientras que Spencer la hace derivar de la asociación y del hábito trasmitidos por herencia. Así se comprende que el positivista inglés haya convertido la inducción en punto de partida y fórmula general de nuestros razonamientos, y que Sigwart afirme lo contrario, que la deducción es la forma única y primordial del raciocinio.
Á pesar de estos reparos y otros que podrían hacerse á la lógica de Sigwart, la estimamos como uno de los trabajos más originales y mejor pensados que se han escrito sobre la materia.
♦ *
La reforma más trascendental que Wundt introduce en su lógica es el haber aplicado la hipótesis de la evolución al proceso del conocimiento, confiando que por ese camino no sólo se pondrían en claro los requisitos y condiciones que debe reunir toda operación lógica, sino también el fundamento de las leyes con que tales operaciones se justifican.
No nos parece adecuado tal procedimiento. Para que la teoría de la evolución pudiera em-
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1^ Gómez Izquierdo.
plearse convenientemente en la explicación del «onocimiento lógico, sería preciso que la serie de formas derivadas de la inicial tuviesen la misma naturaleza, siendo como una expansión y desarrolio de la primera. Asi pudieron aplicarla los positivistas ingleses, para los cuales las formas más perfectas del conocimiento, sin exceptuar las operaciones lógicas, representaban un caso más del fenómeno de la asociación. Pero si en la mitad de la serie colocamos una forma radicalmente distinta de las anteriores, habremos roto la evolución, y la parte anterior de la serie resultará inútil como medio de explicación. Ahora bien, cabalmente Wundt no sólo reconoce que la idea y el razonamiento son de categoría superior á las representaciones del orden sensible, sino que ni siquiera pueden considerarse, según él, como producto ó resultado de la experiencia. ¿Para qué, pues, empeñarse en trazar la evolución total del conocimiento comenzando por las formas más rudimentarias? La evolución aplicada al estudio de la totalidad del conocimiento ha de resultar forzosamente un método artificial ó inadecuado, para quien admite la diversidad de naturaleza entre el orden sensible y el intelectual.
Pero aun admitido como bueno el método de la evolución, poco habríamos adelantado en el escla recimiento de los principios fundamentales de la lógica.
Las bases de una ciencia no hay que buscarlas en los recovecos y profundidades de otra, pues no
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ocurre con los fundamentos del saber científico lo que con los cimientos de una casa. Éstos, para ser sólidos, necesitan ocultarse en las oscuridades del subsuelo, allá á donde no penetra la mirada del observador; mas el punto en que se apoya una ciencia ha de colocarse en el lugar más visible, y debe ser lo más claro, lo más evidente, lo más universalmente admitido y que nadie puede poner en duda. Es victima de un espejismo quien espera encontrar las bases do la lógica en un análisis profundísimo de la vida psicológica. El análisis psicológico en sus comienzos, cuando no salimos del primer plano de la conciencia, es muy fácil y cualquier observador puede presenciarlo, porque la luz do la conciencia irradia claridad por todas partes; pero aquí no se descubre ni se atisba siquiera el nacimiento psíquico de las operaciones lógicas. Para esto hace falta profundizar más y sorprender el enlace de las representaciones y sus elementos, y averiguar el misterioso mecanismo de la función del conocer; sólo así podríamos rastrear la naturaleza y origen de las operaciones lógicas. Ahora bien, en esa etapa de la vida psíquica se dan interpretaciones más ó menos ingeniosas ó probables, alguna que otra afirmación científicamente comprobada, pero no la evidencia y la claridad que demandamos álos principios fundamentales de una ciencia. Como dice Hoffding al estudiar el análisis psicológico: cNo sabremos jamás con perfecta certidumbre si hemos agotado la explicación y si realmente estamos en presencia de elementos que ya no pueden reducir-
se.. El límite á que llegamos en cada caso es un limite sólo para nosotros. Mas no podemos saber si los progresos del estudio pasarán más adelante v 81 por ventura los límites del conocimiento humano se ensancharán» (1). ¿No será, pues, improcedente el empeño de justificar las leyes de la lócrica con teorías é hipótesis de muy discutible valor v sobre las que no ha recaído todavía la universal aceptación?
No necesitan las leyes primordiales del conocimiento lógico de justificación y aclaración; son evi dentes por sí mismas. Wundt señala como tales los principios de identidad, de contradicción, de Razón, etc., y les asigna un lugar preeminente en la reglón de la certeza y de la evidencia; por consiguiente, ¿qué solidez podrán recibir porque se indiquen sus orígenes y su enlace con el conocimiento sensible? Todavía no se han puesto de acuerdo los filósofos sobre la naturaleza del número y déla cantidad, y sin embargo, las leyes matemáticas que expresan las relaciones entre los números y las cantidades no han sufrido el más pequeño quebran-
(1) Esquiase d'une Psyehologie. París, 1903, p. 27.-Xo queremos poner en duda siquiera el valor de ciertas verdades psicológicas que se demuestran por la apHcación de principios meíafísicosá hechos de conciencia inmediata. Nos referimos al sinnúmero de hipótesis j explicaciones más ó menos ingeniosas, en que tanto abunda la Psicología contemporánea, y que versan sobro hechos que radican en lo subconsciente, 6 que obedecen á la tendencia de apUcar á la vida del espíritu los procedimientos de la quimica, descomponiendo aun aquellos actos que se ofrecen á la coiicienoía como abflolatamente simples.
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to en su validez y universalidad. De igual suerte, las leyes del raciocinio creo yo que pueden y deben colocarse en un terreno á donde no lleguen los vaivenes de la interpretación psicológica.
Y pasemos á aquellas reformas sobre puntos más concretos que nos ofrece la lógica de W undt. De entre esas nos fijaremos en la teoría del juicio y en el principio ó fórmula de la deducción.
Indudablemente que en muchas ocasiones, y sobre todo cuando intentamos desentrañar el contenido de una idea que aparece oscura y compleja, puede ser el juicio, como dice Wundt, la división de una representación total en sus elementos, pero ni es ésa la única forma del juicio, ni mucho menos la forma típica del juicio lógico.
Que no es la única forma del juicio nos lo dice la experiencia. Muchas veces, de intento y de un modo reflexivo, comparamos dos ideas que han surgido en nosotros simultáneamente para ver sus analogías y diferencias. Tan cierto es esto, que la manera corriente de formular las dudas, cuestiones, etc., es la expresión del fenómeno que acabamos de señalar. En toda duda ó cuestión se pregunta, ó bien si una cosa es otra ó posee una cua Hdad ya conocida, ó bien alguna de las múltiples relaciones que pueden concebirse entre las cosas. Y es natural que estas dudas surjan, porque conocemos previamente dos objetos como distintos ó Ignoramos la relación que puede haber entre ellos; para resolverlas no procederemos por mera descomposición de uno de los dos, sino por análisis y
^^ Gámez Izquierdo.
oomparacíón. Según el resultado que esta última nos dé, así podrá ser nuestro juicio afirmativo y de adición de un atributo á un sujeto, ó negativo
Además, la teoría de Wundt no puede aplicarse á los juicios negativos, pues bien se comprende que de la descomposición de una idea no puede resultar un atributo que no le conviene, en lo cual consiste el juicio negativo. Y no hay razón alguna para suprimir tales juicios ó reducirlos á los afirmativos, aunque en definitiva toda negación se apoya en una afirmación.
Tampoco es la división de una idea en sus elementos la forma típica del juicio lógico. Precisamente el raciocinio, asunto principal de la lógica, tiende á poner de manifiesto las varias relaciones que pueden existir entre dos ó más ideas, y claro está que éstas ni son sólo de identidad ni se descubren por el análisis, sino más bien por la comparación. Cuando en el campo visual del entendimiento aparece una representación compleja y oscura, para esclarecerla acudimos al análisis» fijando por este medio los elementos que la forman; pero cuando estamos en posesión do varios conceptos claros y definidos para ordenarlos, clasificarlos y reducirlos al menor número posible echamos mano do la comparación. Estos juicios producto de la reflexión, y por consiguicnto lógicos en el sentido riguroso de la palabra, no se forman por descomposición, sino por comparación. Finalmente, no creemos acertada la sustitución
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del principio aristotélico del silogismo por el principio que Wundt llama de relación. La primera condición que debe reunir el principio del silogismo es el producir en nosotros la evidencia de la legitimidad y validez del proceso silogístico, y seguramente que tal como lo formuló Aristóteles sirve de medio de demostración para todo silogismo. No puede decirse otro tanto del principio de relación, porque éste se limita á expresar en términos generales la marcha de la deducción, de suerte que hay que buscar otro principio por el que se legitime la marcha de la razón humana en el proceso deductivo.