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Unidad 64 · LA CUESTA DEL COCHINO 175

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LA CUESTA DEL COCHINO 175

quín, y la mirada que se cruzó entre él y la Superiora hízome comprender que aquellas dos caritativas almas se entenderían, para mucho bien y provecho de los pobres de Cristo.

— ¿Y no se puede hacer nada por el pobre viejecito? — preguntó Joaquín con la voz no del todo segura. — ¿En nada se puede aliviar su triste suerte?

Encogióse de hombros la Superiora.

— ¿Qué alivio quiere usted darle? — replicó muy lentamente. — Su vida es la de un niño sin uso de razón; y su muerte será la de uno de esos angelitos que se encuentran en el cielo sin saberlo, llenos de alegre sorpresa... ¡En cambio hay tantos... ¡tantos!... tantos otros que sufren en el cuerpo y se pierden en el alma!...

Vimos entonces á Zamama venir á lo lejos por el extremo del claustro, corriendo y tambaleándose, con el rostro radiante de estúpida alegría... Paróse ante la Superiora, conteniendo con particular esfuerzo su temblor continuo, y repitió su lección esta vez sin extremos balbuceos.

— ¿Qué traes Zamama?... Dile á la Madre que cuando Sor Teresa vino á esta casa, el año 47, ya estaba yo aquí hacía mucho tiempo... Dile que recuerdo haberle oído á Sor María Francisca, que murió del cólera grande el año 34, siendo Superiora desde el 25, que en aquella fecha ya

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era yo antiguo en la casa, y que todo eso debeconstar en el Archivo de los Registro

Dicho esto, agitó Zamama ambas manos con el expresivo ademán de quien pondera una dicha muy grande, y sacó la lengua á la Superiora, mostrándole en la punta una pastilla de goma á medio desleír, que sin duda le había regalado la Hermana boticaria.

Hízonos reír aquel epílogo de su discurso, y sacamos en consecuencia, que en aquella fecha, Junio de 1864, llevaba ya el viejecito Zamama en el hospital de X** mucho más de treinta y nueve años.

. II

Invitónos entonces Sor Ventura á ver el hospital, que Joaquín desconocía, y quiso este comenzar la visita por el departamento de las locas, donde muy bien cuidada y asistida á costa suya, hallábase á la sazón una antigua doncella de su madre. Formaba el departamento de las locas un gran pabellón aislado, todo de planta baja, unido al inmenso edificio por una ancha galería de arcos, sostenidos por columnas de mármol. En el centro de la galería, próximamente, veíanse cuatro de aquellos arcos, que daban á un jardinillo, cerrados de arriba abajo con fuertes verjas de hierro.