Orígenes de la novela, Tomo III · Sección preliminar

INTRODUCCIÓN

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 76 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

X. La _Celestina_.--Razones para tratar de esta obra dramática en la historia de la novela española.--Cuestiones previas sobre el autor y el texto genuino de la _Tragicomedia de Calisto y Melibea_.--Noticia de sus primeras ediciones y de las diferencias que ofrecen.--Noticias del bachiller Fernando de Rojas.--¿Es autor del primer acto de la _Celestina_?--¿Lo es de las adiciones publicadas en 1502?--Fecha aproximada de la _Celestina_.--Lugar en que pasa la escena.--Fuentes literarias de la _Tragicomedia_: reminiscencias clásicas.--Teatro de Plauto y Terencio.--Comedias elegíacas de la Edad Media, especialmente la de _Vetula_, su imitación por el Arcipreste de Hita.--Comedias humanísticas del siglo XV: el _Paulus_, de Vergerio; la _Poliscena_, atribuída á Leonardo Bruni de Arezzo; la _Chrysis_, de Eneas Silvio (Pío II).--La _Historia de Euríalo y Lucrecia_, del mismo.--Otras reminiscencias de escritores del Renacimiento italiano: Petrarca, Boccaccio.--Literatura española del siglo XV que pudo influir en Rojas: el Arcipreste de Talavera, Juan de Mena, Alonso de Madrigal, la _Cárcel de Amor_.--Análisis de la _Celestina_.--Los caracteres.--La invención y composición de la fábula.--Estilo y lenguaje.--Espíritu y tendencia de la obra.--Censuras morales de que ha sido objeto.--Historia póstuma de la _Celestina_.--Rápidas indicaciones sobre su bibliografía.--Principales traducciones.--Su influjo en las literaturas extranjeras.--Influencia capital de la _Celestina_ en el drama y en la novela española I

XI. Primeras imitaciones de la _Celestina_.--_Égloga_, de D. Pedro Manuel de Urrea.--Su _Penitencia de Amor_.--Farsa de Ortiz de Stúñiga.--Romance anónimo.--Rodrigo de Reinosa y otros autores de pliegos sueltos.--_Celestina_ versificada, de Juan Sedeño.--Comedias _Hipólita_, _Seraphina_ y _Thebayda_, de autor anónimo.--Francisco Delicado y su _Retrato de la Lozana Andaluza_.--Escasa influencia del Aretino en España; refundición del _Coloquio de las Damas_, por Fernán Xuárez.--Continuaciones legítimas de la obra de Fernando de Rojas.--_Segunda Celestina_ ó _Resurrección de Celestina_, de Feliciano de Silva.--_Tercera Celestina_, de Gaspar Gómez de Toledo.--_Tragicomedia de Lisandro y Roselia_, de Sancho Muñón.--La _Celestina_ en Portugal; imitaciones de Jorge Ferreira de Vasconcellos: la comedia _Euphrosina_.--Su traducción, por Ballesteros y Saavedra.--Otras imitaciones castellanas de la _Celestina_.--_Tragedia Policiana_, de Sebastián Fernández.--_Comedia Florinea_, de Juan Rodríguez Florián.--_Comedia Selvagia_, de Alonso de Villegas.--_Comedia Selvaje_, de Joaquín Romero de Cepeda.--_La Doleria del sueño del mundo_, comedia alegórica de Pedro Hurtado de la Vera.--_La Lena_ ó _El Celoso_, del capitán D. Alonso Velázquez de Velasco CLX

TRAGEDIA POLICIANA EN LA QUAL SE TRACTAN LOS MUY DESGRACIADOS AMORES DE POLICIANO E PHILOMENA, EXECUTADOS POR INDUSTRIA DE LA DIABOLICA VIEJA CLAUDINA, MADRE DE PARMENO E MAESTRA DE CELESTINA. 1

ARGUMENTO DEL PRIMERO ACTO.--Policiano, cauallero de illustre sangre, auiendo visto a Philomena, hija de Theophilon e de Florinarda, en vna huerta, e preso de la yerua enamorada de Cupido, viene a su casa dando gemidos por el dolor que la vista de Philomena le ha causado. Llama a Solino su criado, con el qual toma consejo para començar el seguimiento de sus amores. Solino le aconseja que escriua a Philomena vna carta: lo qual ansi acordado, se acaba este primero acto 2

ARGUMENTO DEL SEGUNDO ACTO.--Confuso Solino de se auer offrescido a rescebir la carta de Policiano para Philomena, está hablando consigo quando viene Salucio su compañero; van se a dormir en casa de sus amigas, e por el camino cuenta Solino a Salucio lo que con Policiano ha passado, e llegados a la puerta de sus amigas, las hallan en cierto requiebro con vnos rufianes, e passada la renzilla de los celos se acaba este acto 5

ARGUMENTO DEL TERCERO ACTO.--Salidos Solino y Salucio de casa destas mugeres tornan a la posada de Policiano. Van por el camino hablando de la renzilla pasada, e llegados a casa, Policiano da a Siluanico una carta para Philomena 6

ARGUMENTO DEL QUARTO ACTO.--Salido Policiano de casa, conciertan Solino y Salucio de dar buelta por la calle de sus amigas: encuentran con Parmenia, hija de la Claudina, e van con ella hasta su posada, donde hallan a la vieja, a la qual dan cuenta de los amores de Policiano, etc. 8

ARGUMENTO DEL QUINTO ACTO.--Cornelia e Orosia conciertan de yr a la posada de Palermo e Piçarro, publicos rufianes, e yendo por el camino encuentran con Siluanico, paje de Policiano, con el qual passan sus acostumbradas puterias. Siluanico va adelante e habla con Dorotea, criada de Philomena, e le da la carta que lleua de Policiano, etcétera 10

ARGUMENTO DEL SEXTO ACTO.--Salidos Solino e Salucio de la casa de la Claudina vanse a la posada, donde siendo llegados viene Policiano, al qual dan relacion de lo que con la vieja passaron; viene Siluanico e dize lo que de la carta ha sucedido, etc. 12

ARGUMENTO DEL SEPTIMO ACTO.--Cornelia e Orosia llegan en casa de Palermo, donde hallan a Piçarro su compañero, a los quales se quexan de la injuria que de Solino e Salucio rescibieron, e les piden que entiendan en la vengança, etc. 13

ARGUMENTO DEL OCTAUO ACTO.--Siluanico, viniendo a la posada, viene hablando consigo, donde halla a Policiano, al qual da relacion de lo que con la carta succedio. Viene la Claudina, e auiendo oydo a Policiano, le promete la victoria, etc. 15

ARGUMENTO DEL NONO ACTO.--Claudina sale de casa de Policiano acompañada de Solino e Salucio, con los quales va hablando en los amores de su amo hasta llegar a la posada de la vieja, etc. 17

ARGUMENTO DEL DECIMO ACTO.--Estando Philomena bordando, en su bastidor, pide a Dorotea su criada un libro para leer, donde halla metida la carta de Policiano, e dize alterada muchas palabras en desmostracion de su honestidad, etc. 20

ARGUMENTO DEL ONZENO ACTO.--Venida la mañana, Claudina se leuanta e determina de yr a casa de Philomena, sobre lo qual se tracta con Parmenia de los peligros que se pueden ofrescer; finalmente haze su camino, e habla con Philomena dándola parte de los amores de Policiano, etc. 21

ARGUMENTO DEL DOZENO ACTO.--Palermo [y] Piçarro van a casa de Cornelia y Orosia para traerlas a su estancia; van por el camino temiendo topar con los criados de Policiano; llegados a casa de estas mugeres, las traen consigo, etc. 24

ARGUMENTO DEL XIII ACTO.--Policiano, muy penado del dolor que siempre le aquexa, habla consigo solo e quexase de la dilacion que la vieja pone en su remedio. La Claudina viene, e le cuenta lo que con Philomena ha pasado, etc. 26

ARGUMENTO DEL XIIII ACTO.--Salida la Claudina de casa de Policiano va hablando consigo sola e pasa por la estancia de Palermo e Piçarro, donde están riñendo con Orosia e Cornelia sobre que las quieren poner en el lugar de las mugeres públicas. La Claudina los pone en paz, etc. 28

ARGUMENTO DEL XV ACTO.--Philomena, presa de la yerba diabolica de Cupido, dize palabras compasibles manifestando su pena, de la qual dando parte a Dorotea su criada, manda que vaya a llamar a la Claudina, la qual siendo llamada e prometida su venida se acaba este acto 30

ARGUMENTO DEL XVI ACTO.--Despedida Dorotea de la Claudina, queda la vieja hablando con Parmenia su hija, y en esto llega Siluanico, paje de Policiano, a llamar la, ella le promete su yda con breuedad, etc. 32

ARGUMENTO DEL XVII ACTO.--Claudina e Parmenia hablan en los amores de Siluanico, e despues la vieja sale para yr a casa de Philomena, entra por la posada de Cornelia e Orosia para las traer al número de las otras; va en casa de Philomena, etc. 33

ARGUMENTO DEL XVIII ACTO.--Salida la Claudina de casa de Philomena, va por el camino hablando consigo hasta llegar a casa de Policiano, al qual siendo llegada, da parte de lo acaescido con Philomena e le da su carta 36

ARGUMENTO DEL XIX ACTO.--Claudina sale de casa de Policiano e Solino va con ella hasta su posada, donde seyendo llegados hallan a Dorotea, criada de Philomena, a la qual la Claudina encarga los amores de Siluanico. Yda Dorotea, quedan Parmenia e Libertina, las quales se van con Solino a casa de Policiano, etc. 37

ARGUMENTO DEL XX ACTO.--Venida la media noche, Policiano llama a sus criados e pide de vestir, e por consejo de Solino va solo al concierto que tiene hecho con Philomena; lleua consigo a Siluanico; Solino e Salucio se quedan en casa con Libertina e Parmenia, etc. 39

ARGUMENTO DEL XXI ACTO.--Polidoro e Machorro, hortolanos de Theophilon, estan cauando en la huerta; llega Theophilon y encargales la labor, e dende a poco vienen Philomena e Dorotea a la huerta, donde Philomena dize a Dorotea el concierto que tiene con Policiano, etc. 42

ARGUMENTO DEL XXII ACTO.--Palermo e Piçarro, hallando se solos, acuerdan de yr a casa de la Claudina para pedirle compañia, donde siendo llegados la Claudina vende su hija a Palermo e a Libertina para Piçarro, e hecho el concierto se acaba este acto 44

ARGUMENTO DEL XXIII ACTO.--Theophilon, padre de Philomena, conosciendo en su hija algun nueuo desasosiego, habla palabras muy graues a Florinarda su muger sobre el descuydo que tiene en el castigo de Philomena, e llama a Siluerio e Panphillo sus criados en secreto, a los quales encarga que maten a palos a la vieja Claudina, etc. 46

ARGUMENTO DEL XXIIII ACTO.--Venido el tiempo con Philomena concertado, Policiano llama a sus criados para yr a la huerta de su señora; embia delante a Siluanico, e lleua consigo a Solino e Salucio; llegados a la huerta ponen el escala e Policiano entra, donde halla a Philomena esperando con Dorotea su criada. Los perros de la huerta sienten la gente que anda por ella; finalmente, entrado Policiano e rescebido de Philomena, gozan de los vltimos dones del amor, y entretanto Dorotea passa con Siluanico su requiebro dende las ventanas de la huerta, e despedido Policiano de Philomena, Policiano se torna a su posada e Philomena a su cama, e se acaba este acto 47

ARGUMENTO DEL XXV ACTO.--Claudina, cobdiciosa del logro quotidiano, sale de su casa a visitar sus deuotas. Pasa por casa de Cornelia e Orosia, a las quales promete de dar sendos amigos, y en el camino, tornando a su casa, topa con Libertina su criada, con la qual va por la calle de Theophilon e halla a la puerta a Siluerio, con el qual se embia a encomendar en Philomena, etc. 49

ARGUMENTO DEL XXVI ACTO.--Theophilon e Florinarda hablan en secreto sobre la guarda de Philomena su hija, y acabada su plática, Theophilon va a la huerta e manda a los hortolanos que suelten vn Leon que allí está en vna jaula para que espante las zorras que andan entre los arboles. Despidese de los hortolanos y vase a cenar, y entretanto Pamphilo e Siluerio aguardan a la Claudina que viene por la sortija e la dan tantos palos hasta que piensan dexarla muerta, etc. 51

ARGUMENTO DEL XXVII ACTO.--Palermo e Piçarro van a casa de la Claudina para traer a su estancia a Parmenia e Libertina, e llegados a la puerta de la vieja, la hallan en la calle, que avn pide confession: metenla dentro en su casa, donde manda que llamen a Celestina e la dexa por tutriz de sus hijos e tenedora de sus bienes, lo cual hordenado e por la vieja Celestina aceptado, da el ánima al diablo e dexa el cuerpo a los gusanos 54

ARGUMENTO DEL XXVIII ACTO.--Policiano con sus criados va a gozar de los amores de Philomena. Y entrando en la huerta sale el leon de entre los arboles, e sin que dél se pueda defender, le haze pedaços. Y luego viene Philomena al lugar determinado, donde halla a Policiano muerto. E despues de hazer su llorosa lamentacion, con la espada de Policiano da fin a sus dias 56

ARGUMENTO DEL XXIX ACTO.--Theophilon, muy cuydoso de la liuiandad de Philomena, habla con Pamphilo e Siluerio, los quales le cuentan la muerte de la Claudina, y estando en el regozijo de ver acabada su mala vida, entra Machorro el hortolano a dezirle que Philomena su hija está bañada en su sangre en la huerta, e con el llanto de Theophilon se acaba esta tragedia 58

COMEDIA DE EVFROSINA, TRADUCIDA DE LENGUA PORTVGVESA EN CASTELLANA, POR EL CAPITAN DON FERNANDO DE BALLESTEROS Y SAABEDRA. 60

COMEDIA LLAMADA FLORINEA, QUE TRACTA DE LOS AMORES DEL BUEN DUQUE FLORIANO CON LA LINDA Y MUY CASTA Y GENEROSA BELISEA, NUEUAMENTE HECHA; MUY GRACIOSA Y SENTIDA, Y MUY PROUECHOSA PARA AUISO DE MUCHOS NECIOS, COMPUESTA POR EL BACHILLER IOAN RODRIGUEZ FLORIAN 157

ARGUMENTO DE LA PRIMERA SCENA.--Floriano despues de algunos dias ser passados, que ouo llegado al pueblo donde residia Belisea, descubre a Lydorio su camarero y antiguo criado en su casa la causa por qué dexando su señorio y naturaleza se vino a tan extrañas y lexos tierras, y por qué hizo parada en el pueblo donde a la sazon residia. Y despues de certificarle de estar herido de amores de Belisea, y pedirle fauor para su enfermedad, passadas largas razones entre los dos, y mas terciando Fulminato, embia por su consejo vna carta con Polytes a Belisea 159

ARGUMENTO DE LA SCENA II.--Salidas al jardin Belisea y Justina su donzella, solazando Justina a Belisea, entra Polytes con la carta de Floriano. La qual por fauor de la Justina dexando, se va con buena esperança que le pone Justina. Y Justina lee la carta a Belisea, aunque contra su voluntad 162

ARGUMENTO DE LA SCENA III.--En que Lydorio hace gran sentimiento por la perdicion de Floriano. Fulminato y Felisino se hazen a vna para poder medrar. Tracta de lleuar Fulminato a Felisino en casa de Marcelia. Polytes da a Floriano respuesta de su carta, y dale vn collar de oro para Justina y un jubon de brocado con sus calças al Polytes, y tornale a dar otra carta para su señora Belisea 165

ARGUMENTO DE LA SCENA IIII.--Fulminato lleua a Felisino en casa de Marcelia. Felisino les promete vna cena por amor de la hija de Marcelia llamada Liberia. Felisino no puede vençer a Liberia, aunque haze Fulminato vn entremes para ello. Bueluense los dos a casa de Floriano, quedando ellas en su casa 168

ARGUMENTO DE LA SCENA V.--Floriano y Lydorio passan grandes platicas sobre la fuerça de amor. Y Polytes lleua la carta a Belisea 172

ARGUMENTO DE LA SCENA VI.--Polytes lleua la carta, passa grandes platicas con Justina; dale el collar; lleua respuesta de Belisea a la carta de Floriano. Polytes da cuenta de sus passiones propias a Justina, queda muy en su gracia y danse palabras de casamiento 178

ARGUMENTO DE LA SCENA VII.--Felisino lleua a Fulminato y a Pinel a la cena aplazada, y quedanse a dormir en casa de Marcelia, donde Felisino alcança a Liberia y Pinel a Gracilia, prima suya 182

ARGUMENTO DE LA SCENA VIII.--Esperando Floriano a Polytes con la respuesta de Belisea glosa el Romance que atras por él cantado auia. Dale la carta Polytes de su señora y con ella él se desmaya. Va Polytes por mandado de Lydorio en busca de Fulminato, que busque alguna alcahueta o hechizera 187

ARGUMENTO DE LA SCENA IX.--Despertando todos en casa de Marcelia, yendose Marcelia a la misa del alua que solia, encuentranse ella y Polytes a la puerta de su casa yendo en busca de Fulminato. Passando sus razones, ella se va, y él subiendo llama a Fulminato con los demas, que se van a Palacio 190

ARGUMENTO DE LA SCENA X.--Lydorio halla a Floriano hablando a solas, y queriendo entrar le a ver, sobreuiene Fulminato, y tractan los dos del remedio de Floriano. Entran a él y hacen le leuantar 193

ARGUMENTO DE LA SCENA XI.--Tractando Polytes de yr a ver a Justina, Felisino le lleua a casa de Marcelia, y ansi se le estorua su viaje 196

ARGUMENTO DE LA SCENA XII.--Passando Marcelia consigo y despues con la hija pláticas de la bondad de la hija, el despensero de Lucendo les haze vn banquete de cena. Y sobreuiniendo Fulminato y Pinel, haze Marcelia a Fulminato guisar lo que el otro auia de comer. E sobre cierto achaque Fulminato se va huyendo y viene el despensero 200

ARGUMENTO DE LA SCENA XIII.--Fulminato cuenta a Lydorio el destroço que hizo essa noche, y entran a Floriano. Y encargase Fulminato de buscar alcahueta que remedie a Floriano 203

ARGUMENTO DE LA SCENA XIIII.--Fulminato sale de hablar a Floriano con la carta, y va en casa de Marcelia luego de mañana. Marcelia asconde al despensero en la camara; apazigualo al fin madre y hija. Fulminato da la carta a Marcelia, en que pone ella ciertos poluos 205

ARGUMENTO DE LA SCENA XV.--Marcelia da la carta de Floriano con cierta cautela a Belisea, que yva a Prado. Y finalmente lleua vn anillo de Belisea a Floriano 208

ARGUMENTO DE LA SCENA XVI.--Marcelia yendo a su casa halla la hija acabando de despedir vn galan, y sobre sospecha le pide zelos. Despierta Marcelia a Fulminato; vanse juntos a casa de Floriano, al qual cuenta lo que le auino con Belisea, y dale el anillo, y persuadele que vaya a Prado a uerse con Belisea. Floriano da un anillo rico suyo a Marcelia, con otras mercedes. Y buelta Marcelia a su casa, Floriano se alegra y come, y manda adereçar para yr a Prado 214

ARGUMENTO DE LA SCENA XVII.--Idos Marcelia y Polytes juntos a su casa de la Marcelia, luego va Felisino con el paño, que no quiso que lleuase el paje yendo con ella, y lleuale el otro paje con Felisino la comida que le mandó Floriano. Felisino se combida para la cena con Marcelia. Floriano va a nuestra señora de Prado, donde habla con Belisea, segun se dirá en la scena que se sigue tras esta 218

ARGUMENTO DE LA SCENA XVIII.--Començando a penar Belisea por Floriano, y estando tractando con Justina de su mal, sobreuiene Floriano, y finalmente se hablan, declarando Belisea a Floriano en qué manera le ha de amar, y ansi se diuiden, quedando Polytes y Justina concertados de se hablar despues de media noche 221

ARGUMENTO DE LA SCENA XIX.--Lydorio pregunta a Fulminato lo que passó en Prado. Floriano haze gran lamentacion de su pena y quiere embiar a Fulminato a su señora, el qual escusandose le manda llamar a Marcelia 226

ARGUMENTO DE LA SCENA XX.--Belisea descubre a Justina sus bascas y mal, y entramas platican de dónde proceda el amor en el hombre. Justina descubre a su señora el concierto que entre ella y Polytes auia de hablarse essa noche. Y conciertan de que le hable Belisea al paje porque sepa de Floriauo 228

ARGUMENTO DE LA SCENA XXI.--Oyendo Fulminato lo que Pinel contaua a Felisino de lo que Marcelia pissaua con el despensero, segun se tractó arriba, al fin perdiendo el enojo se van Fulminato y Felisino a casa de Marcelia, donde passan algunos entremeses de risa 230

ARGUMENTO DE LA SCENA XXII.--Polytes va hablar a Justina y Pinel que le acompaña. Belisea sin darse a conoscer le habla. Justina y Polytes passan grandes platicas. Lucendo, padre de Belisea, oye ruydo, y leuanta se a ver a Belisea 232

ARGUMENTO DE LA SCENA XXIII.--Ydo Lucendo de la camara de su hija, entra Justina, y entre Belisea y ella hablan sobre lo que Lucendo tractó con la hija 236

ARGUMENTO DE LA SCENA XXIIII.--Fulminato y Felisino lleuan a Marcelia de su casa al llamado de Floriano, el qual le encarga vna carta que lleue a Belisea, con la qual tambien le bu[e]lue juntamente el anillo que le diera Belisea, con lo que más passan, etc. 238

ARGUMENTO DE LA SCENA XXV.--Ida Marcelia a casa de Lucendo, despues de hauerse visto con el despensero, habla con Justina y con Belisea muchas y buenas razones a su propósito, quedando concertada la visita de Floriano a Belisea para essa noche. Y tratado el cómo y por dónde y la hora, se despide Marcelia, hauiendo dado las cartas a las dos donzellas, ama y criada 241

ARGUMENTO DE LA SCENA XXVI.--Entrando Justina halla a Belisea desmayada y llena de congoxas; y concertando el cómo hablar a Floriano essa noche, entra Lucendo, y tracta con la hija de lo que otras vezes le ha propuesto 247

ARGUMENTO DE LA SCENA XXVII.--Estando Grisindo el paje de cámara de Lucendo con Liberia a solas, entra Marcela de buelta de casa de Belisea, y ella le absconde. Y estando la madre y la hija en sus razones, sobreuiene el despensero. Y estando ansi juntos, sobreuienen Fulminato y Felisino, y sobre cierto entremes se absconde Fulminato de miedo en el establillo 250

ARGUMENTO DE LA SCENA XXVIII.--Llegada Marcelia a casa de Floriano, llegado Fulminato, passan entre ellos y Lydorio grandes platicas de la amicicia 253

ARGUMENTO DE LA SCENA XXIX.--Sabiendo Floriano que Marcelia viene de hablar a su señora Belisea, habla consigo a solas al caso muchas razones. Entra Marcelia, da le relacion de lo que ha hecho y saca le más dadiuas antes que le diga el concierto que trae de que vaya essa noche a hablar a Belisea 256

ARGUMENTO DE LA SCENA XXX.--Estando Marcelia en secreto con Polytes, en contando le en su casa lo que le pidio por el camino, sobreuiene Fulminato que le trae la comida. Va se Polytes. Y Fulminato, pidiendo zelos a Marcelia, vienen a mal reñir 259

ARGUMENTO DE LA SCENA XXXI.--Ido el despensero, concierta con Grisindo de matar a Fulminato. Justina leyendo la carta de Polytes, vee se la Belisea, y tomada sabe sus casamientos. Tractan las dos de la entrada de Floriano. Y Belisea tracta a solas de hazer casar a Justina y Polytes delante de ella y Floriano essa noche, para tomar mejor occasion a sus desseos y mejor color a sus hablas 264

ARGUMENTO DE LA SCENA XXXII.--Venida la hora señalada, aparejado Floriano, se carea con Belisea en el jardin: entre los quales passan razones muy sabrosas. Desposan a Justina con Polytes, Floriano y Belisea, y despues Justina hace a los dos amantes prometer se palabras de matrimonio 266

ARGUMENTO DE LA SCENA XXXIII.--Saliendo Floriano y Polytes por la puerta del jardin, les acometen Felisino y Pinel, pensando ser otros. Van se todos a casa. Floriano tracta con Polytes a solas de lo passado 272

ARGUMENTO DE LA SCENA XXXIIII.--Luego de mañana va Fulminato a Marcelia, y cuenta le lo que le acontescio, haziendo la creer que dexó muerto al Despensero y a Grisindo, y pide la plata que auia dexado el dia antes, lleuando la cena. Va se Fulminato. Viene Felisino y Pinel, de los quales se informa mejor de lo que passó 274

ARGUMENTO DE LA SCENA XXXV.--Belisea se quexa de sí mesma por lo que ha hecho. Marcelia va a visitar a Belisea, por tambien saber del Despensero, al qual encuentra saliendo de ver ya a Belisea. El Despensero y Grisindo dan relacion a Marcelia de lo que se hizo de Fulminato, y conciertan de yr los dos essa noche a cenar en casa de la Marcelia 277

ARGUMENTO DE LA SCENA XXXVI.--Yendo Marcelia, y subiendo sin llamar en su casa, asconde la hija vn estudiante en vna nassa de pluma, y haze a la madre encreyente que tiene allá la criada de Gracilia huyda. Vase Marcelia a reñir a la Gracilia por la criada: entiende lo Gracilia, y dissimula con Marcelia. Vase Marcelia a Floriano con su mensaje de Belisea. Gracilia va a Liberia, y echan el estudiante fuera de mala manera 282

ARGUMENTO DE LA SCENA XXXVII.--Estando Lydorio el camarero tractando con Fulminato de lo que succedio a Floriano, llega la Marcelia, y con ella entra Lydorio a Floriano donde él está 285

ARGUMENTO DE LA SCENA XXXVIII.--Sabiendo Lydorio de Marcelia de lo que a Floriano le ha succedido, entran a Floriano. Marcelia le da un anillo que traya de Belisea, contando de lo que allá auino. Floriano le manda para casar la hija en albricias; con otras cosas que más passan de notar 289

ARGUMENTO DE LA SCENA XXXIX.--Fulminato, hecho el ademan de yr tras el que lleuaua la capa, se va a Marcelia, y passan muchas pláticas. Despartense con la venida de Polytes, Felisino y Pinel 291

ARGUMENTO DE LA SCENA XL.--Hablando Belisea y Justina de sus cosas, sobreuiene Lucendo, y queriendo tractar con la hija de effectuar de casar la, ella se dize estar mala, por dilatar el término de la respuesta de lo que el padre le pide 294

ARGUMENTO DE LA SCENA XLI.--Estando en palacio Fulminato y Felisino y Pinel, tractando de lo que acontescio a Fulminato con Marcelia, sobreueniendo Polytes y Lydorio, tractan de qué cosa sea la fortuna, y despues se desparten para yrse a apercebir para la jornada de la noche 297

ARGUMENTO DE LA SCENA XLII.--Marcelia lleua la carta y mensaje de Floriano a Belisea, con la qual y con Justina passa grandes pláticas sobre los bienes y males que ay entre los casados. Va se Marcelia a su casa, y queda Belisea con Justina, y lee el papel de Floriano. Justina torna a persuadir a Belisea que concluya el matrimonio con Floriano, venida la noche 300

ARGUMENTO DE LA SCENA XLIII.--Venida la hora, va Floriano a ver a Belisea, y lleua consigo a Polytes. Floriano queda de pedir a Belisea por muger a Lucendo, como venga otro dia; y con esto se despiden, y concluye la comedia 306

COMEDIA INTITVLADA DOLERIA, D'EL SUEÑO D'EL MUNDO, CUYO ARGUMENTO VA TRATADO POR VIA DE PHILOSOPHIA MORAL, AORA NUEUAMENTE COMPUESTA POR PEDRO HURTADO DE LA VERA. 312

SCENA 1. DEL PRIMER ACTO.--El Mundo muy entonado y vestido de diversas colores. Morpheo Dios d'el sueño le sale de traues y le hace dormir despues de algunas altercaciones 313

COMIENÇA EL SUEÑO.--Heraclio enamorado comunica con Logistico sus amores, y él le persuade no fiarse de mujeres 315

SCENA 2. DEL PRIMER ACTO.--Astasia con su criada Melania saliendose a vna huerta suya, veen a Heraclio y Logistico embeuescidos en sus razones, y sin ser vistas d'ellos, oyen lo que hablan 316

SCENA 3. DEL PRIMER ACTO.--Astasia queda hablando con Melania sobre los dos amigos y dissimula su afficion 319

SCENA 4. DEL PRIMER ACTO.--Astasia sola lamentandose porque ama; despues habla con Morio que sobreuiene 320

SCENA 5. DEL PRIMER ACTO.--Idona, hija de Astasia, reprehende a Melania de la ociosidad y tratase d'el officio de las Donzellas y otros propositos 321

SCENA 6. DEL PRIMER ACTO.--Melania sola contrapunteando los amores de sus amas; sobreuiene Asosio, su requebrado, que la espia y despues le habla 322

SCENA 7. DEL PRIMER ACTO.--Heraclio va visitar a Astasia y pasa con ella y con Idona muchos requiebros 323

SCENA 8. DEL PRIMER ACTO.--Astasia tienta a su hija de casamiento con Heraclio, y passan sobre ello algunas razones 325

SCENA 9. DEL PRIMER ACTO.--Logistico acaso sin ser visto, halla a Astasia sola haciendo discursos 326

SCENA 10. DEL PRIMER ACTO.--Legistico busca a Heraclio para darle las buenas nueuas, y hallale con Honorio su criado que le buscaua assi 327

SCENA 11. DEL PRIMER ACTO.--Honorio lleua la carta y buelue 328

SCENA 12. DEL PRIMER ACTO.--Heraclio yendo a casa de Astasia, topa Asosio que speraua por Melania, y pasan otras damas con que se requiebra, no le viendo 329

SCENA 1. DEL SEGUNDO ACTO.--Idona a solas hablando en Heraclio y en sus auisos y lamentandose tambien de amor 332

SCENA 2. DEL SEGUNDO ACTO.--Melania sola ayrada contra Asosio y deliberada de burlalle 332

SCENA 3. DEL SEGUNDO ACTO.--Heraclio haze su visita, en la qual ha discursos varios entre él, Astasia y Idona 333

SCENA 4. DEL SEGUNDO ACTO.--Morio aplica su muger al casamiento de la hija con cierto gentil hombre, y hablase en Heraclio a la postre 336

SCENA 5. DEL SEGUNDO ACTO.--Heraclio y Logistico asechan a Asosio que va uender sus pollos y hablan con él 337

SCENA 6. DEL SEGUNDO ACTO.--Entrando en casa de Astasia Asosio, Melania se burla d'el y manifiesta a las damas su disfrace 339

SCENA 7. DEL SEGUNDO ACTO.--Logistico, disfrazado en los habitos de Asosio, engaña a Amertia y ella lo disimula 341

SCENA 8. DEL SEGUNDO ACTO.--Asosio va al concierto, y halla de buelta a Amertia, que se burla dél 341

SCENA 9. DEL SEGUNDO ACTO.--Logistico tornando de su auentura halla Melania y altercan sobre Asosio 342

SCENA 10. DEL SEGUNDO ACTO.--Apio y Metio, seruidores de Astasia en otro tiempo, bueluen al juego y son d'ella muy regalados; Logistico lleua las nueuas de lo que vee 343

SCENA 1. DEL TERCER ACTO.--Asosio, buscando vn Nigromante, halla la grande magica Doleria, que le promete vengalle de Melania y sobreuiene Heraclio 344

SCENA 2. DEL TERCER ACTO.--Logistico, auiendo dado las nueuas a Heraclio de sus competidores, altercan sobre ellos vn buen rato 345

SCENA 3. DEL TERCER ACTO.--Doleria sola tractando de los estados enamorados y llega Melania 346

SCENA 4. DEL TERCER ACTO.--Asosio va en busca de Heraclio y de Logistico para dalles cuenta del concierto y del banquete 347

SCENA 5. DEL TERCER ACTO.--Apio y Metio van al combite de Astasia, y en mascara los tres amigos a la fiesta, y passan entre sí algunos trances 348

SCENA 6. DEL TERCER ACTO.--Quedan los del banquete motejandose de las Egiptianas partidas ellas, y despues se recoge cada vno a su posada 351

SCENA 7. DEL TERCER ACTO.--Asosio va a casa de Doleria en otros hábitos, y ella con cierto vnguento le transfigura, y él va prouar sus aventuras 352

SCENA 8. DEL TERCER ACTO.--Melania va al concierto de su cortesano y effectuase el casamiento 354

SCENA 9. DEL TERCER ACTO.--Heraclio va a casa de Logistico a consultar de sus amores, y alli scrive vna carta a Astasia, que lleua Honorio 355

SCENA 10. DEL TERCER ACTO.--Asosio de retorno de sus bodas encuentra con Logistico y Heraclio, con que se burla un rato en su mascara y buelue Honorio 358

SCENA 1. DEL QUARTO ACTO.--Amertia va a casa de Mania por saber del cortesano; ella la despide porque le speraua 359

SCENA 2. DEL QUARTO ACTO.--Melania buelue a casa muy vfana de su buena ventura y habla con su ama y con Idona 360

SCENA 3. DEL QUARTO ACTO.--Heraclio llamado de parte de Astasia, Logistico le aconseja cómo se ha de auer con ella y va asechalles detras la huerta y oye sus razones 361

SCENA 4. DEL QUARTO ACTO.--Asosio buelue a su figura y busca sus amigos para contalles sus auenturas 363

SCENA 5. DEL QUARTO ACTO.--Astasia sperando sus nueuos seruidores, llega Heraclio y sin ser visto vee lo que entre ellos passa 365

SCENA 6. DEL QUARTO ACTO.--Logistico topa con Heraclio, que desesperado se parte dél, sin querer tomar otro consejo 366

SCENA 7. DEL QUARTO ACTO.--Heraclio trueca los vestidos con su criado Honorio y despedido d'el se encuentra con Asosio, que despues de dissimular con él se los pone de hurto 367

SCENA 8. DEL QUARTO ACTO.--Logistico halla a Asosio con Doleria y deliberan entre sí lo que harán sobre la cura del amigo Heraclio 368

SCENA 9. DEL QUARTO ACTO.--Andronio, cortesano requebrado de Melania, se lamenta della y ella dél estando ambos engañados 369

SCENA 10. DEL QUARTO ACTO.--Heraclio en habitos de hermitaño reposandose en vn prado dan con el Asosio y Doleria hechos peregrinos, a saber Doleria es Dicheo, Asosio es Synesio 371

SCENA 1. DEL QUINTO ACTO.--Logistico halla a Heraclio ya con sus vestidos, y muy alegres ambos van acabar su auentura de Apio y Metio 372

SCENA 2. DEL QUINTO ACTO.--Astasia y Idona se salen a la huerta a sperar sus seruidores, y vienen Dicheo y Synesio, con quien se van, pensando eran ellos 373

SCENA 3. DEL QUINTO ACTO.--Morio sale en busca de su muger y halla Melania que venia de buscar a su marido, y conciertanse los dos, casandose ambos por despecho 374

SCENA 4. DEL QUINTO ACTO.--Andronio busca Melania, y halla Aplotis que llora por su tia y prima, y que va buscar Logistico su seruidor, y despues de trauar amores se conciertan 375

SCENA 5. DEL QUINTO ACTO.--Asosio y Doleria, transfigurados en Astasia y Idona, bueluen a Apio y Metio 376

SCENA 6. DEL QUINTO ACTO.--Astasia y Idona se encuentran con Apio y Metio en el bosque y ay entr'ellos grandes altercaciones 378

SCENA 7. DEL QUINTO ACTO.--Heraclio, Logistico, Asosio y Doleria se van al bosque transfigurados en Astasia, Idona, Apio y Metio, y les hazen creer que son sus sombras y ser aquella la propriedad del bosque 379

SCENA 8. DEL QUINTO ACTO.--Aglaia y Thalia, Gracias del cielo, se quexan de la ingratitud de los hombres; sobreuienen dos Musas, Caliope y Melpomene, como Nimphas del bosque que fingen ser ellas 381

SCENA 9. DEL QUINTO ACTO.--Astasia y su compañia confusos y marauillados de lo que veian, vienen Heraclio y Logistico dar con ellos 383

SCENA 10. DEL QUINTO ACTO.--Caliope y Melpomene bueluen a buscar a Heraclio y a Logistico y les toman por sus esposos 384

SCENA 11. DEL QUINTO ACTO.--Astasia y Idona quedan lamentándose, y vienen los saluajes, a saber, Apio y Metio tornados saluajes 385

SCENA 12. DEL QUINTO ACTO.--Doleria declara a Asosio ser Nemesis, en otra figura embiada a hazer justicia, y le promete la Nimpha Erato 386

SCENA 13. DEL QUINTO ACTO.--Buelue al principio y viene Charon a despertar el Mundo, al qual auia hecho dormir Morpheo despues de sus disputas 387

LA LENA, POR D. A. V. D. V. PINCIANO.

ERRATAS QUE SE HAN NOTADO

PÁGINA LÍNEA DICE LÉASE ------ ------- ------------ ---------- XV 27 el _Zeitschrift_ la _Zeitschrift_ XXVI 35 Londres Londres, 1863 XXIX 10 debieron contribuir debieron de contribuir L 15 esclavos esclavas LII 16 _fructi_ _fruiti_ LXII 17 Eufrosinas Marcelias LXVII 33 _produntor_ _produntur_ LXXXIV 15 el pueblo á él el pueblo á él, no me satisfaze no me satisfaze LXXXVI 27 apariencias apariencia XCIV 45 _ensnaer'd_ _ensnar'd_ C 46 _Meneschmos_ _Menechmos_ CVII 37 _sicerum_ _sincerum_ CXXIV 31 introduction instruction CL 9 tratadista tratadito CLIX 4 _Cuidosa_ _Cuidadosa_ CLXXIX 29 García de Villa García de Villanueva CLXXIX 35 de la de Sevilla la de Sevilla CLXXX 44 _Nouvelle_ _Novelle_ CLXXXIV 22 éxito estilo CXCVII 2 Su valor Su valor estético CCXXXVII 22 peculiariamente peculiarmente

ERRATAS QUE SE HAN NOTADO (continuación)

PÁGINA COLUMNA LÍNEA DICE LÉASE ------ ------- ------- ------------------ ------------------- 2 1.ª 13 _tullit_ _tulit_ 100 1.ª 59 contribucion contricion 113 2.ª 17 transformé transforme 130 2.ª 11 maculas moçuelas 140 1.ª 53 tiene teme 151 1.ª 16 y 17 No digais tal, señor, No digais tal, señor, que es opinion que es opinion gentilica, de los gentilica. De los buenos que estan buenos que estan prosperos. Presumese prosperos presumese que siente, etc. que siente, etc. 165 1.ª 28 le mande mandé 189 1.ª 57 primo proximo 197 1.ª 3 loaran loarán 277 1.ª 17 bueo buen 282 2.ª 54 esta está 318 2.ª 13 si assi quieres, por si assi quieres: por 319 1.ª 43 quiso quise 319 2.ª 29 pareste paresce 325 2.ª 54 Otro dia que Otro dia, que 330 2.ª 9 de proposito, pues de proposito. Pues 359 1.ª 55 salud. salud? 360 2.ª 23 señora, señora? 366 1.ª 20 dexará dexara 387 2.ª 28 lleuará lleuara 388 2.ª 20 Ase d'el Morpheo Ase d'el, Morpheo, 390 2.ª 38 la stima lastima 399 1.ª 15 _linguam_ _lingua_ 421 2.ª 51 los los hijos

X

LA «CELESTINA».--RAZONES PARA TRATAR DE ESTA OBRA DRAMÁTICA EN LA HISTORIA DE LA NOVELA ESPAÑOLA.--CUESTIONES PREVIAS SOBRE EL AUTOR Y EL TEXTO GENUINO DE LA «TRAGICOMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA».--NOTICIA DE SUS PRIMERAS EDICIONES Y DE LAS DIFERENCIAS QUE OFRECEN.--NOTICIAS DEL BACHILLER FERNANDO DE ROJAS.--¿ES AUTOR DEL PRIMER ACTO DE LA «CELESTINA?«--¿LO ES DE LAS ADICIONES PUBLICADAS EN 1502?--¿FECHA APROXIMADA DE LA «CELESTINA»?--LUGAR EN QUE PASA LA ESCENA.--FUENTES LITERARIAS DE LA «TRAGICOMEDIA»: REMINISCENCIAS CLÁSICAS.--TEATRO DE PLAUTO Y TERENCIO.--COMEDIAS ELEGÍACAS DE LA EDAD MEDIA, ESPECIALMENTE LA DE «VETULA»: SU IMITACIÓN POR EL ARCIPRESTE DE HITA.--COMEDIAS HUMANÍSTICAS DEL SIGLO XV: EL «PAULUS», DE VERGERIO; LA «POLISCENA», ATRIBUÍDA Á LEONARDO BRUNI DE AREZZO; LA «CHRYSIS», DE ENEAS SILVIO.--LA «HISTORIA DE EURÍALO Y LUCRECIA», DEL MISMO.--OTRAS REMINISCENCIAS DE ESCRITORES DEL RENACIMIENTO ITALIANO: PETRARCA; BOCCACCIO.--LITERATURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XV QUE PUDO INFLUIR EN ROJAS: EL ARCIPRESTE DE TALAVERA, JUAN DE MENA, ALONSO DE MADRIGAL, LA «CÁRCEL DE AMOR».--ANÁLISIS DE LA «CELESTINA».--LOS CARACTERES.--LA INVENCIÓN Y COMPOSICIÓN DE LA FÁBULA.--ESTILO Y LENGUAJE.--ESPÍRITU Y TENDENCIA DE LA OBRA.--CENSURAS MORALES DE QUE HA SIDO OBJETO.--HISTORIA PÓSTUMA DE LA «CELESTINA».--RÁPIDAS INDICACIONES SOBRE SU BIBLIOGRAFÍA.--PRINCIPALES TRADUCCIONES.--SU INFLUJO EN LAS LITERATURAS EXTRANJERAS.--IMPORTANCIA CAPITAL DE LA «CELESTINA» EN EL DRAMA Y EN LA NOVELA ESPAÑOLA.

Al incluir la _Celestina_ y sus más directas imitaciones en esta historia de los orígenes de la novela española, y ofrecer en este tomo algunas muestras del género, no pretendo sostener que estas obras, y menos que ninguna la primitiva, sean esencialmente novelescas. En trabajos anteriores[1] he manifestado siempre parecer contrario, y no encuentro motivo para separarme de él después de atento examen. La _Celestina_[2], llamada por su verdadero nombre _Comedia de Melibea_ en la primera edición, _Tragicomedia de Calisto y Melibea_ en la refundición de 1502, es un poema dramático, que su autor dió por tal, aunque no soñase nunca con verlo representado.

Por mucho que se adelante su fecha, hay que conceder que fué escrita en el último decenio del siglo XV, y es probablemente anterior á las más viejas églogas de Juan del Enzina, á lo sumo coetánea de algunas de ellas[3]. ¿Qué relación podía tener aquel escenario infantil con el arte suyo, tan reflexivo, tan maduro, tan intenso y humano? El autor escribió para ser leído[4], y por eso dió tan amplio desarrollo á su obra, y no se detuvo en escrúpulos ante la libertad de algunas escenas, que en un teatro material hubieran sido intolerables para los menos delicados y timoratos. Pero escribía con los ojos puestos en un ideal dramático, del cual tenía entera conciencia. Le era familiar la comedia latina, no sólo la de Plauto y Terencio, sino la de sus imitadores del primer Renacimiento. Este tipo de fábula escénica es el que procura, no imitar, sino ensanchar y superar, aprovechando sus elementos y fundiéndolos en una concepción nueva del amor, de la vida y del arte.

Todo esto lo consigue con medios, situaciones y caracteres que son constantemente dramáticos, y con aquella lógica peculiar que la dramaturgia impone á la acción y á los personajes, con aquel ritmo interno y graduado que ningún crítico digno de este nombre puede confundir con los procedimientos de la novela. La _Celestina_ no es un mero diálogo ni una serie de diálogos satíricos como los de Luciano, imitados tan sabrosamente por los humanistas del siglo décimosexto. Concebida como una grandiosa tragicomedia, no podía tener más forma que el diálogo del teatro, representación viva de los coloquios humanos, en que lo cómico y lo trágico alternan hasta la catástrofe con brío creciente. Fuera de algunos pasajes en que la declamación moral predomina, el instrumento está perfectamente adecuado á su fin. La creación de una forma de diálogo enteramente nueva en las literaturas modernas es uno de los méritos más singulares de este libro soberano. En nuestra lengua nadie ha llegado á más alto punto; pero compárese esa prosa con la de Cervantes, y se verá cuánto distan el estilo del teatro y el de la novela, aunque tanto influyan el uno en el otro.

El título de _novela dramática_ que algunos han querido dar á la obra del bachiller Rojas nos parece inexacto y contradictorio en los términos. Si es drama, no es novela.

Si es novela, no es drama. El fondo de la novela y del drama es uno mismo, la representación estética de la vida humana; pero la novela la representa en forma de _narración_, el drama en forma de _acción_. Y todo es activo, y nada es narrativo en la _Celestina_.

Pero ¿cómo prescindir de ella en una historia de la novela española? Así como la antigüedad encontraba en los poemas de Homero las semillas de todos los géneros literarios posteriores y aun de toda la cultura helénica, así de la _Tragicomedia_ castellana (salvando lo que pueda tener de excesivo la comparación) brotaron á un tiempo dos raudales para fecundar el campo del teatro y el de la novela[5]. Y si extensa y duradera fué la acción de aquel modelo sobre la parte que podemos llamar profana ó secular de nuestra escena, no fué menos decisiva la que ejerció en la mente de nuestros novelistas, dándoles el primer ejemplo de observación directa de la vida; el primero, decimos, porque las pinturas de los moralistas y de los satíricos apenas pasan de rasguños, aun en las animadas páginas del Arcipreste de Talavera, uno de los pocos precursores indudables de Fernando de Rojas. La corriente del arte realista fué única en su origen, y á ella deben remontarse así el historiador de la dramaturgia como el que indague los orígenes de la novela. Y aun puede añadirse que en el teatro esa dirección fué contrastada desde el principio por una poesía romántica y caballeresca muy poderosa, que acabó por triunfar y dió su último fruto con el idealismo calderoniano; al paso que en la novela, vencidos definitivamente los libros de caballerías y relegados á modesta oscuridad los pastoriles y sentimentales, imperó victoriosa la fórmula naturalista, primero en la novela picaresca y luego en la grandiosa síntesis de Cervantes, que llamaba, aunque con salvedades morales, _libro divino_ á la inmortal _Tragicomedia_.

Estas razones justifican, á mi ver, la inclusión de la _Celestina_ en el cuadro que venimos bosquejando. Y admitida ella, que es sin duda la más dramática, no puede prescindirse de sus imitaciones, que lo son mucho menos, á excepción de la _Selvagia_, la _Lena_ y alguna otra. Aun estas mismas fueron escritas sin contar para nada con la escena; y no lo digo solamente por las situaciones pecaminosas, pues iguales, ya que no peores, las hay en varias comedias italianas que positivamente fueron representadas, sino porque en todas esas imitaciones falta aquella chispa de genio dramático que inflama la creación del bachiller Rojas y la hace bullir y moverse ante nuestros ojos en un escenario ideal. En las _Celestinas_ secundarias, el diálogo, aunque constantemente puro y rico de idiotismos y gracias de lenguaje, camina lento y monótono, se pierde en divagaciones hinchadas y pedantescas ó se revuelca en los más viles lodazales. Sus autores calcan servilmente los tipos ya creados, pero rara vez aciertan á hacerles hablar su propio y adecuado lenguaje. Del drama sólo conservan la exterior corteza, la división en actos ó escenas, pero introducen largas narraciones, se enredan en episodios inconexos y usan procedimientos muy afines á los de la novela. Algunas hasta carecen de verdadera acción. _La Lozana Andaluza_, por ejemplo, no es comedia ni novela, sino una serie de diálogos escandalosos, del mismo corte y jaez que los _Ragionamenti_ del Aretino. Pero de los caracteres que distinguen á algunos de estos libros y les dan peculiar fisonomía se hablará en el capítulo que sigue. Ahora debemos atender sólo á la obra primitiva, que por ningún concepto debe mezclarse con su equívoca y harto dilatada parentela.

Trabajos muy importantes de estos últimos años han puesto en claro la primitiva historia tipográfica de la _Celestina_; nos han revelado que el libro pasó por dos formas distintas, y han levantado una punta del velo que cubría la misteriosa figura del que yo tengo por único autor y refundidor de la _Tragicomedia_, aunque personas muy doctas conserven todavía alguna duda sobre el particular.

Algo de bibliografía es aquí indispensable, pero la abreviaremos todo lo posible. La primera edición de la _Celestina_ conocida hasta ahora es la de Burgos 1499[6]. ¿Existió otra anterior? Me guardaré de negarlo, pero no encuentro fundada la sospecha. Lo único que puede abonarla son estas palabras del prólogo de la edición refundida de 1502: «que avn _los impressores han dado sus punturas, poniendo rúbricas ó sumarios al principio de cada aucto_, narrando en breue lo que dentro contenía: vna cosa bien escusada, segun lo que los antiguos scriptores vsaron». Es así que estas rúbricas ó sumarios aparecen ya en la edición de Burgos, luego tuvo que haber otra anterior en que no estuviesen. El argumento no me convence[7]. Pudo el primer impresor hacer esta adición en el texto manuscrito, y no enterarse de ello el autor hasta verlo impreso, puesto que no tenemos indicio alguno de que asistiera personalmente á la corrección de su libro.

Dejando aparte esta cuestión, que por el momento es ociosa é insoluble, conviene fijarnos en el inestimable y solitario ejemplar de la edición de Burgos, que nos ha conservado el texto primitivo de la _Comedia de Melibea_. Y en verdad que se ha salvado casi de milagro, pues no sólo ha tenido que luchar con todas las causas de destrucción que amagan á los libros únicos, sino con el ignorante desdén de aficionados imbéciles, que le rechazaban por estar _falto_, y hasta llegaron á dudar de su autenticidad[8].

Carece, en efecto, de la primera hoja, empezando por la signatura A--II (_Argumento del primer auto desta comedia_). Es un tomo en 4.º pequeño, de letra gótica, con diez y siete grabados en madera, que convendría reproducir. En el folio 91 se halla el escudo del impresor con la siguiente leyenda: «_Nihil sine causa. 1499. F. A. de Basilea_». Lo cual quiere decir que el libro salió de las prensas de _Fadrique Alemán de Basilea_, que estampó en Burgos muchos y buenos libros desde 1485 hasta 1517.

Pero este último pliego es contrahecho, según testimonio unánime de los que han tenido la fortuna de ver el precioso incunable[9]. Quedaba, pues la duda de si ese final fué copiado de otro ejemplar auténtico, ó si el escudo y la fecha eran una completa falsificación. Pero tal duda no es posible después del magistral estudio del doctor Conrado Haebler, bibliotecario de Dresde, cuya pericia y autoridad en materia de incunables españoles es reconocida y acatada por todo el mundo. Haebler deja fuera de duda que los caracteres con que está impreso el libro son los bien conocidos de Fadrique Alemán de Basilea, usados por él en casi todas las ediciones que hizo en 1499 y 1500, é idéntico el escudo del impresor al que aparece en otros productos de sus prensas[10].

Aparte de esta demostración tipográfica, bastaba haber examinado el libro por dentro (lo cual no creo que hiciese nadie antes de D. Pascual Gayangos, por quien fué redactada la interesante nota del Catálogo de Quaritch) para convencerse de que la edición era original y auténtica y anterior de fijo á la de 1502, que nos da ya el texto definitivo de la _Celestina_ en veintiún actos. Los trece primeros se corresponden sustancialmente en las dos versiones, pero á la mitad del décimocuarto comienza una grande interpolación que dura hasta el décimonono; el vigésimo corresponde al décimoquinto de la edición primitiva, y el vigésimoprimero al décimosexto. Se interpolan, pues, cinco actos seguidos, además de numerosos aumentos parciales, que unidos á las variantes equivalen á una refundición total.

Como el ejemplar de 1499 está falto de la primera hoja, no podemos saber cuáles eran sus preliminares; pero en tan corto espacio no se comprende que cupiera más que el título de la obra en el anverso, y á la vuelta el argumento general de la obra. En cuanto á la carta de _El autor a un su amigo_, sólo podemos decir con seguridad que consta ya en la edición de Sevilla de 1501, tenida generalmente por segunda, y única que conserva la división en diez y seis actos.

Pero ¿puede negarse de plano que haya existido una edición de Salamanca, de 1500? En las coplas de Alfonso de Proaza[11], que van al fin de la edición de Valencia, de 1514, una de ellas, la postrera, «describe el tiempo y lugar en que la obra _primeramente se imprimió acabada_:

El carro Phebeo despues de aver dado _Mil e quinientas_ bueltas en rueda, Ambos entonces los hijos de Leda A Phebo en su casa teníen possentado, Quando este muy dulce y breue tratado Despues de revisto e bien corregido, Con gran vigilancia puntado e leydo, Fue en _Salamanca_ impresso acabado».

La reproducción de estos versos en la edición valenciana de 1514 no implica, en concepto de Haebler ni en el mío, que ésta sea copia de la salmantina de 1500, ni nos autoriza para creer que llevase el título de _Tragicomedia_, ni que contuviese los veintiún actos y el prólogo. Pudo tomarse el texto de otro ejemplar posterior, que acaso estaría incompleto, y añadirle los versos del de Salamanca. Tampoco es materialmente imposible que, después de publicada la refundición, prefiriese el impresor de Sevilla el texto de la _Comedia_ al de la _Tragicomedia_, por ser más de su gusto ó por tenerle más á mano. En bibliografía hay bastantes ejemplos de primeras ediciones que no han sido arrinconadas ni sustituídas por las segundas; que han coexistido con ellas, y que á veces han llegado á triunfar del texto enmendado por los propios autores. No fué éste ciertamente el caso de la _Celestina_, puesto que desde 1502 todas las ediciones tienen veintiún actos; pero ¿es tan irracional creer que el impresor de Sevilla pudo ignorar la edición de Salamanca? Hasta la circunstancia de haber omitido una de las octavas de Proaza induce á sospechar que no las tomó de allí. Hubo acaso otras ediciones de que no ha quedado memoria: recuérdese que las nueve más antiguas que conocemos han llegado á nosotros en ejemplares únicos, como restos de un gran naufragio. Tres de ellas son de un mismo año, 1502, lo cual atestigua la inmensa popularidad de la obra. ¡Quién sabe las sorpresas que todavía nos guarda el tiempo!

Absteniéndonos de conjeturas y cavilaciones sobre un punto imposible de resolver por ahora, la que hoy hace veces de segunda edición es la de Sevilla, 1501, ejemplar completo é inestimable que posee la Biblioteca Nacional de París y ha publicado también el Sr. Foulché-Delbosc con todo el primor que pone en sus reproducciones tipográficas[12].

El título es _Comedia de Calisto z Melibea con sus argumentos nueuamente añadidos la qual contiene, demas de su agradable y dulce estilo, muchas sentencias filosofales y avisos muy necessarios para mancebos, mostrandoles los engaños que estan encerrados en siruientes y alcahuetas_[13].

A continuación se lee una carta de _El Autor a vn su amigo_, en que le manifiesta que «viendo la muchedumbre de galanes y enamorados mancebos que nuestra comun patria posee», y en particular la misma persona de su amigo, «cuya juventud de amor ser presa se me representa aver visto, y dél cruelmente lastimada, a causa de le faltar defensivas armas para resistir sus fuegos», las halló esculpidas en estos papeles, «no fabricadas en las grandes herrerias de Milan, mas en los claros ingenios de doctos varones castellanos formadas; y como mirase su primor, sotil artificio, su fuerte y claro metal, su modo y manera de labor, su estilo elegante, _jamas en nuestra castellana lengua visto ni oydo_, leylo tres o quatro veces, y tantas quantas más lo leya, tanta más necessidad me ponia de releerlo, y tanto más me agradava, y en su proceso nuevas sentencias sentia. Vi no sólo ser dulce en su principal hystoria, o ficion toda junta; pero avn de algunas sus particularidades salian delectables fontezicas de filosofia, de otras agradables donayres, de otras avisos y consejos contra lisonjeros y malos siruientes y falsas mugeres hechizeras. _Vi que no tenia la firma del auctor, y era la causa que estaua por acabar_; pero quien quiera que fuesse es digno de recordable memoria por la sotil invencion, por la gran copia de sentencias entretexidas, que so color de donayres tiene. ¡Gran filósofo era! Y pues él con temor de detractores y nocibles lenguas, más aparejadas a reprehender que a saber inventar, _celó su nombre, no me culpeys si en el fin baxo que lo pongo no expressare el mio, mayormente que siendo jurista yo_, aunque obra discreta, es agena de mi _facultad_; y quien lo supiesse diria que no por recreacion de _mi principal estudio_, del qual yo más me precio, como es la verdad, lo hiziesse; antes distraydo de los _derechos_, en esta _nueva labor_ me entremetiesse... Assimessmo pensarian, que no _quinze dias de unas vacaciones, mientras mis socios en sus tierras, en acabarlo me detuiesse, como es lo cierto_; pero avn mas tiempo y menos acepto. Para desculpa de lo cual todo, no sólo a vos, pero a quantos lo leyeren, ofrezco los siguientes metros. _Y porque conozcays dónde comiençan mis mal doladas razones y acaban las del antiguo autor, en la margen hallareys una cruz, y es el fin de la primera cena»._

Los metros son once coplas de arte mayor, en que _el autor_ insiste sobre sus propósitos morales y afirma de nuevo que ha proseguido y acabado una obra ajena:

_Yo vi en Salamanca la obra presente_; Mouime á acabarla por estas razones: Es la primera que _estó en vacaciones_; La otra que oy[14] _su inventor ser sciente_, Y es la final, ver ya la más gente Buelta y mezclada en vicios de amor...

A primera vista estas octavas no tienen misterio, pero otras de Alonso do Proaza, _corrector de la impresión_, que cierran el libro con pomposo elogio, declaran un secreto que el autor _encubrió en los metros que puso al principio_:

No quiere mi pluma ni manda raçon Que quede la fama de aqueste gran hombre, Ni su digna gloria, ni su claro nombre Cubierto de oluido por nuestra ocasion; Por ende, _juntemos de cada renglon De sus onze_ coplas la letra primera, _Las quales descubren por sabia manera Su nombre, su patria, su clara nacion_.

Y en efecto, juntando las letras iniciales de los versos resulta este acróstico: «_El bachiller Fernando de Royas_ (sic) _acabo la comedia de Calysto y Melybea, y fue nascido en la Puebla de Montalvan»_.

Quién fuese este bachiller Rojas, vamos á verlo en seguida. Pero desde luego conviene notar la contradicción en que incurren Rojas y su panegirista. El primero se da por continuador, al paso que Alonso de Proaza no reconoce más autor que uno.

Un año después, en 1502, aparecieron en Salamanca, en Sevilla y en Toledo tres ediciones cuyo orden de prioridad no se ha fijado todavía. Las tres llevan el título de _Tragicomedia de Calisto y Melibea_ y constan de veintiún actos. Las variantes do pormenor son innumerables. Todo ha sido refundido, hasta el prólogo y los versos acrósticos. En el primero, después de las palabras «_vi que no tenía su firma del autor_», se han intercalado estas otras, «_el qual, segun algunos dizen, Juan de Mena_, e segun otros Rodrigo Cota, _pero quien quiera que fuese, es digno de recordable memoria_. En los acrósticos se decía al principio:

No hizo Dedalo en su officio y saber Alguna más prima entretalladura, Si fin diera en esta su propia escriptura Corta, un gran hombre y de mucho valer.

En la _Tragicomedia_ se estampó:

Si fin diera en esta su propia escriptura _Cota_ ó _Mena_ con su gran saber.

Tienen estas ediciones un nuevo prólogo lleno de autoridades y sentencias[15], en que el autor nos informa de las varias opiniones que hubo sobre su comedia y de los motivos que tuvo para refundirla. «Vnos dezian que era prolixa, otros breve, otros agradable, otros escura; de manera que cortarla a medida de tantas e tan differentes condiciones, a solo Dios pertenesce... Los niños con los juegos, los moços con las letras, los mancebos con los deleytes, los viejos con mil especies de enfermedades pelean, y estos papeles con todas las edades. La primera los borra e rompe; la segunda no los sabe bien leer; la tercera, que es la alegre juventud e mancebía, discorda. Vnos les roen los huessos que no tienen virtud, que es la hystoria toda junta, no aprovechandose de las particularidades, haziendola cuento de camino; otros pican los donayres y refranes comunes, loandolos con toda atencion, dexando passar por alto lo que haze más al caso e utilidad suya. Pero aquellos cuyo verdadero plazer es todo, desechan el cuento de la hystoria para contar, coligen la suma para su provecho, rien lo donoso, las sentencias e dichos de philosophos guardan en su memoria para trasponer en lugares convenibles a sus autos e proposites. Assi que quando diez personas _se juntaren a oyr esta comedia_, en quien quepa esta differencia de condiciones, como suele acaescer, ¿quién negará que aya contienda en cosa que de tantas maneras se entiende?... Otros han litigado sobre el nombre, _diziendo que no se avia de llamar comedia, pues acabaua en tristeza, sino que se llamare tragedia. El primer auctor quiso darle denominacion del principio, que fue plazer, e llamola tragicomedia._ Assi que viendo estas conquistas[16], estos dissonos e varios juyzios, miré a donde la mayor parte acostava, _e hallé que querian que se alargasse en el processo de su deleyte destos amantes, sobre lo qual fuy muy importunado_; de manera que acordé, avnque contra mi voluntad, _meter segunda vez la pluma en tan estraña lavor e tan agena de mi facultad, hurtando algunos ratos a mi principal estudio, con otras horas destinadas para recreacion, puesto que no han de faltar nueuos detractores a la nueua adicion_.»

Tales son los datos externos que nos suministran las primeras ediciones de la _Celestina_. Hemos subrayado intencionadamente todas aquellas frases que más importancia pueden tener en este proceso de indagación crítica. Lo primero que nos interesa es la persona del bachiller Fernando de Rojas, autor de la mayor parte de la obra por confesión propia, autor único según Alonso de Proaza.

No ha faltado en estos últimos años quien pusiese en tela de juicio la existencia del bachiller Rojas, ó á lo menos su identificación con el autor de la _Celestina_. El erudito que con más tesón y agudeza, y también (justo es decirlo) con menos caridad para sus predecesores, ha examinado las cuestiones _celestinescas_, preguntaba en 1900: «¿Quién es ese Fernando de Rojas, nacido en Montalbán? ¿Dónde ha vivido, qué ha hecho, qué ha escrito y cuándo ha muerto?» Y se reía á todo su sabor de los eruditos españoles que habían dado por buena la atribución á Rojas, aconsejando nominalmente á uno de ellos «que no fuese tan de prisa, porque este género de investigaciones exigen menos precipitación y menos credulidad»[17]. El consejo era ciertamente sano, y el aludido tomó de él la parte que le convenía, quedando agradecido á quien se lo daba. Pero siguió opinando que en materias de crítica, tan peligrosa es la incredulidad sistemática como la ciega credulidad, y que era aventurarse mucho el sostener, «hasta que hubiese pruebas de lo contrario, que Fernando de Rojas era un personaje inventado por el autor de la carta y de los versos acrósticos, y propuesto por él á la admiración de sus contemporáneos y de la crédula posteridad».

La prueba en contrario vino dos años después, y pareció perentoria á todos los que no tenían opinión cerrada sobre el asunto. El Sr. D. Manuel Serrano y Sanz, empleado de la Biblioteca Nacional entonces, y ahora dignísimo catedrático de Historia en la Universidad de Zaragoza, tropezó, entre otros procesos de la Inquisición de Toledo (que hoy se guardan en el Archivo Histórico Nacional), con uno formado en 1525 contra Alvaro de Montalbán, el cual declara bajo juramento tener una hija llamada Leonor Alvarez, _muger del Bachiller Rojas, que compuso á Melibea, vecino de Talavera_. Y cuando los inquisidores autorizaron al Montalbán para nombrar defensor, «dixo que nombraba por su letrado al _Bachiller Fernando de Rojas, su yerno, vecino de Talavera, que es converso_».

Justamente satisfecho el Sr. Serrano con tan importante hallazgo, publicó íntegro el proceso, acompañado de otros documentos que dan nueva luz sobre la familia de Rojas[18]. La identificación del personaje no podía ser más completa. La celebridad de su libro era tal, que iba unida á su nombre, y su suegro le invocaba como un título de honor: «el bachiller Rojas, que compuso á _Melibea_».

Tampoco ocultaba su condición de judio converso, que parece recaer sobre su propia persona y no meramente sobre su familia, pues entonces se hubiera dicho que venía «de linaje de conversos», según la formula usual. Conjetura el Sr. Serrano que su madre pudo ser cristiana vieja, y que de ella tomaría su apellido, que en la Puebla de Montalbán, en Talavera y en otras partes del reino de Toledo era de gente hidalga, al paso que no figura en los padrones conocidos hasta ahora de los judíos de aquella tierra. Pero con la anarquía que entonces reinaba en materia de apellidos y la frecuente mezcla de sangre entre gentes de ambas estirpes, poca seguridad puede haber en esto. Lo único que resulta averiguado es que el nombre del autor de la _Celestina_ debe añadirse desde ahora á la rica serie de nombres preclaros con que la raza hebrea ilustró los anales literarios y científicos de nuestra Península[19].

Resulta del proceso que Leonor Alvarez, mujer del bachiller Rojas, contaba en aquella fecha treinta y cinco años. No consta la edad de su marido, pero siendo ya autor de la _Celestina_ en 1499, y viviendo todavía en 1538 según datos que parecen fidedignos, puede conjeturarse que tenía bastante más edad que su mujer, y por mi parte no encuentro inverisímil la de cincuenta años ó poco más, en que se fija el Sr. Serrano[20]. A esto se objeta que una obra maestra como la _Celestina_, que arguye tan profunda experiencia de la vida, no puede atribuirse á un joven recién salido de las aulas, por precoz que se le suponga. Pero el autor de la _Celestina_ era positivamente un genio, y con el genio no rigen las reglas comunes. La intuición puede suplir á la experiencia en tales hombres. No hablemos de los grandes poetas líricos muertos en la flor de sus años, porque la poesía lírica tiene algo de juvenil en su esencia. No es preciso recordar tampoco los portentos de precocidad de Pascal, porque el espíritu geométrico se desenvuelve en condiciones que nada tienen que ver con las experiencias de la vida. Pero buscando en nuestra propia literatura, y muy cerca de nosotros, ejemplo bien adecuado, ¿quién no sabe que toda la obra crítica y satírica de Larra, no superada en nuestra lengua durante el siglo XIX, y á la cual nadie negará amarga y honda penetración social, fué escrita antes de los veintinueve años?

¿Qué inconveniente puede haber para admitir que la _Celestina_ sea obra de un estudiante? Nada hay en ella que él no hubiese podido observar directamente: no hay un solo personaje, ni el gentil mancebo Calisto, ni su enamorada Melibea, ni Celestina y sus alumnas, ni los criados de Calisto, ni el rufián Centurio, que salga de los límites del mundo en que él vivía. Tipos como aquéllos debían de encontrarse á cualquier hora en Toledo y en Salamanca. Además, el ambiente de la _Celestina_ tiene algo de universitario. La obra de Rojas, á pesar de su originalidad potente, es una comedia _humanística_, cuyos lances recuerdan los de las comedias latinas compuestas por los eruditos italianos del siglo décimoquinto: filiación que procuraré poner en claro más adelante. Estas obras se leían en nuestras universidades, y alguna de ellas logró los honores de la reimpresión para uso de nuestros escolares[21]. El medio, pues, era perfectamente adecuado para la elaboración de la _Celestina_, á la cual prestó sus elementos la realidad castellana, y sus formas la tradición clásica en consorcio con la Edad Media.

No es un desatino, aunque lo den á entender doctos filólogos, que llegan á tachar de «inverisímil ignorancia» á los que opinamos lo contrario, el decir que las expresiones «mi facultad», «mi principal estudio», pueden aplicarse lo mismo á un estudiante que «á un hombre provisto de un empleo ó que ejerce una profesión»[22]. A la facultad de Derecho pertenece lo mismo el que la aprende que el que la enseña ó la practica: todos ellos pueden decir con igual razón «mi facultad», «mi principal estudio». _Jurista_, según el diccionario vigente, es «el que _estudia_ ó profesa la ciencia de las leyes». Estudiante _jurista_ se dijo siempre en nuestras aulas, para distinguirle del estudiante teólogo ó de cualquier otra clase de estudiantes.

Además, aquellas _vacaciones_ en que dice haber acabado su obra, ¿qué pueden ser sino vacaciones universitarias? Entonces no había vacaciones de tribunales, y aun éstos apenas comenzaban á organizarse, ni consta que Rojas ejerciese más oficio público que el de alcalde mayor de Talavera en sus últimos años. Los _socios_ que «estaban en sus tierras» serían otros estudiantes ó bachilleres como él. Quizá una detenida exploración en el archivo de la Universidad de Salamanca podría resolver definitivamente este punto, en que bien podían ejercitarse los eruditos de aquella ciudad, que por no sé qué siniestro influjo empieza á olvidar demasiado la investigación de su gloriosa historia.

En Salamanca digo, porque es para mí casi seguro que estudió allí, y allí se graduó de bachiller en Jurisprudencia, en fecha ignorada, pero anterior de fijo á 1501, cuando ya usa ese título en los versos acrósticos. No había más que dos Estudios de Leyes en todo el territorio de la corona de Castilla, y el de Valladolid estaba más lejos de Talavera ó de la Puebla que el de Salamanca y tenía menos nombradía que él[23].

Esta sospecha raya poco menos que en certidumbre cuando se repara en aquellos tres versos:

Yo vi en _Salamanca_ la obra presente: Movíme á _acabarla_ por estas razones: Es la primera que estó en _vacaciones_...

No por eso creemos que deba localizarse en aquella ciudad la escena de la _Tragicomedia_. Pero dejando en suspenso este y otros puntos relativos á la composición de la obra, continuemos recogiendo los pocos vestigios que de su paso por el mundo dejó el bachiller Fernando de Rojas. No da mucha luz la causa inquisitorial de su suegro Alvaro de Montalbán. Es uno de tantos procesos contra judaizantes, en que pueden adivinarse de antemano las acusaciones y los descargos. La familia había dado un regular contingente á los registros del Santo Oficio, que había desenterrado y quemado los restos del escribano Fernando Alvarez de Montalbán y de su mujer Mari Alvarez, padres del procesado Alvaro. El cual declara tener setenta años, antes más que menos, y haber sido ya _reconciliado_ hacía más de cuarenta, por comer el _pan cenceño_[24] y entrar en las _cabañuelas_[25] y hacer otras ceremonias judaicas. El promotor fiscal le acusa de hereje y apóstata, no sólo por los actos dichos, sino por haber sembrado proposiciones de mala doctrina, dudando, como los saduceos, de la inmortalidad del alma: «Item, que despues acá, con poco temor de Dios y en menosprecio de la religion cristiana, hablando ciertas personas cómo los plazeres deste mundo eran todos burla, e que lo bueno era ganar para la vida eterna, el dicho Alvaro de Montalvan, creyendo que no ay otra vida despues desta, dixo e afirmó que acá toviese el bien, que en la otra vida no sabia sy avia nada». Un Iñigo de Monzón, vecino de Madrid, que había conocido á Alvaro en casa de su hija Constanza Núñez, mujer de Pedro de Montalván, _aposentador de Sus Magestades_, no sólo fué testigo de este cargo, sino que añadió otros bastante graves para la ortodoxia del procesado: «Preguntado en qué posesion es avido e tenido el dicho Alvaro de Montalvan en esta dicha villa e en los otros lugares donde dél se tiene noticia, dixo que en vezes ha estado en esta dicha villa, en la perrochia de san Gines, en casa del dicho su yerno, más de dos años, y el uno a la contina puede aver tres años, e que en el dicho tiempo que aqui estovo nunca le veya en misa los domingos ni fiestas, sino es alguna vez que yva con su hija, y que en entrando en la yglesia se sentava en un poyo cabizbaxo, y que asy se estava sin sentarse de rodillas ni quitarse el bonete; e no se acuerda ni parava mientes si adorava el Santo Sacramento, pero acuerdase que murmuravan muchas mugeres en la yglesia de verle asy syn devocion y syn verle rezar ni menear los labrios; e que otras vezes se metia en una capilla, donde estava hasta que se acabase el ofiçio, sentado; y que en el dicho tiempo tampoco le vió comulgar ni confesarse, e que preguntandole este testigo con sospecha al dicho cura, le dixo que con él no se habia confesado ni comulgado». El cura de San Ginés atenuó algo los términos de esta delación; y no se pasó adelante en la prueba testifical, sin duda porque en la Puebla (como dijo el mismo cura) apenas había persona que no tuviese nota de _reconciliada_. Las confesiones del reo, que prometió vivir de allí adelante como buen cristiano, y sin duda también su avanzada edad, mitigaron algo el rigor de la sentencia, que se redujo finalmente á asignarle su casa por cárcel, con obligación de traer el sambenito sobre todas sus vestiduras, y las demás penitencias en tales casos acostumbradas.

El bachiller Fernando de Rojas no vuelve á ser mencionado en el proceso de su suegro más que una vez sola, cuando le designó como abogado. Los inquisidores dijeron que no había lugar y que nombrase _persona sin sospecha_, y él nombró al licenciado del Bonillo.

Ya en 1517 había figurado _el bachiller Fernando de Rojas_ entre los testigos de abono y descargo en otro proceso inquisitorial contra Diego de Oropesa, vecino de Talavera, acusado también de judaizante. Ni el triste percance de su suegro, ni los buenos oficios que generosamente prestaba á los de su raza, parecen haberle hecho personalmente sospechoso, si hemos de dar crédito á las noticias que en el primer tercio del siglo XVII recogió en su _Historia de Talavera_, inédita aún[26], el Licenciado Cosme Gómez Tejada de los Reyes, escritor juicioso y fidedigno en las tradiciones locales que conserva, y mucho más próximo á Rojas que nosotros, aunque no fuese coetáneo suyo. Este pasaje, descubierto por Gallardo y dado á conocer por Cañete con una errata substancial[27], dice así en su integridad:

«Fernando de Rojas, autor de la _Celestina_, fábula de Calixto y Melibea, nació en la Puebla de Montalban, como él lo dize al principio de su libro en unos versos de arte mayor acrósticos; pero hizo asiento en Talavera: aquí vivió y murió y está enterrado en la iglesia del convento de monjas de la Madre de Dios. Fué abogado docto, y aun hizo algunos años en Talavera oficio de Alcalde mayor. Naturalizóse en esta villa y dejó hijos en ella. Bien muestra la agudeza de su ingenio en aquella breve obra llena de donaires y graves sentencias, espejo en que se pueden mejor mirar los ciegos amantes que en los christalinos adonde tantas horas gastan riçando sus feminiles guedejas. Cumplió bien sus obligaciones en aquel género de escrevir, con que pueden entender tantos autores modernos de libros de entretenimiento y de otros, que no consiste la arte y gallardía de decir en afectadas _culturas_, todo ruido de palabras que atruenan el viento y lisonjean el oido, mas no hieren el alma porque les falta solida municion: vano estudio, indecente, infructuoso, que solamente á ingenios semejantes deleita, y a ninguno enseña ni mueve[28]. Vienen medidos a Fernando de Rojas respecto de otros autores aquellos dos versos de Marcial, hablando de Persio comparado a Marso:

_Saepius in libro memoratur Persius uno Quam levis in tota Marsus Amazonide_;

y lo que admira es que siendo el primer auto de otro autor (entiéndese que Juan de Mena o Rodrigo de Cota) no sólo parece que formó todos los actos vn ingenio, sino que es _individuo_[29]. El mismo ejemplo tenemos en nuestro tiempo en los dos hermanos Argensolas, Lupercio y Bartolomé, insignes poetas, dos padres de un solo hijo, que sus metros más dicen unidad que similitud».

Prescindiendo del elogio de la _Celestina_, que es uno de los más curiosos de un tiempo en que ya comenzaba á olvidársela, nada hay en la sencilla noticia de Tejada que pueda infundir sospechas al más escéptico, ni que esté en contradicción con los pocos documentos originales que poseemos. Es cosa sabida (por declaración del mismo Rojas y por testimonio de su suegro), que era abogado, y sin gran temeridad se le ha podido llamar _docto_, pues no hemos de suponer ignorante y cerril en su _principal estudio_ á quien era capaz de componer por mera recreación la _Celestina_. Que se naturalizó en Talavera está confirmado por todos los documentos, pues ya aparece como vecino de aquella ciudad en 1517, y á ella se refieren todas las noticias posteriores de su vida, que alcanzan hasta 1538. Consta que aquel año ejerció en Talavera desde el 15 de febrero al 21 de marzo el cargo de alcalde mayor, sustituyendo al Dr. Núñez de Durango[30]. Si Cosme Gómez escribía de memoria, pudo equivocarse en cuanto á la duración del cargo, pero esta no es variante de transcendencia. Lo del enterramiento en la iglesia del convento de monjas de la Madre de Dios era caso de notoriedad pública y no podía inventarse. Finalmente, es ciertísimo que Fernando de Rojas dejó descendencia. El testamento de su cuñada Constanza Núñez, descubierto por el benemérito y malogrado D. Cristóbal Pérez Pastor en el archivo de protocolos de Madrid, nos ha dado á conocer el nombre de una hija del poeta, Catalina de Rojas, casada con su primo Luis Hurtado, hijo de Pedro de Montalbán[31]. Y probablemente no fué única: en el archivo de la parroquia del Salvador, de Talavera, que está próxima al convento de la Madre de Dios, se encuentran partidas bautismales de 1544, 1550 y 1552, referentes á varios hijos de _Alvaro de Rojas_ y de _Francisco de Rojas_, casado este último con Catalina _Alvarez_, patronímico que llevaba también la mujer de nuestro autor. La razón de los tiempos y el no conocerse por entonces otros Rojas en Talavera, puede inducir á sospechar que el _Alvaro_ y el _Francisco_ eran hijos del bachiller; lo que no parece dudoso es que pertenecían á su familia.

No es únicamente el testimonio de Cosme Gómez el que afirma la atribución de la _Celestina_ á Fernando de Rojas. Hay otro más antiguo y que estaba ya indicado años antes del hallazgo de los procesos de Toledo. Al tomar posesión de su plaza de número en la Academia de la Historia, leyó el inolvidable D. Fermín Caballero, en 1867, un precioso discurso sobre las _Relaciones geográficas_ que los pueblos de Castilla dieron á Felipe II desde 1574 en adelante, contestando al interrogatorio redactado por Ambrosio de Morales. No se olvida D. Fermín de consignar que «del bachiller Fernando de Rojas, _coautor_ de la famosa _Tragicomedia_, hace referencia la respuesta de su lugar natal, la Puebla de Montalbán»[32]. Y así es, en efecto, salvo lo de _coautor_, que no es frase del documento, sino gratuita afirmación del ilustre académico, que en eso seguía la opinión más corriente en su tiempo. Para los naturales de la Puebla, como para Álvaro de Montalbán, Rojas era único autor de la _Tragicomedia_. Mandaba el capítulo 37 del interrogatorio que se especificasen «las personas señaladas en letras, armas y en otras cosas que haya en el dicho pueblo, ó que hayan nacido ó salido de él, con lo que se supiere de sus hechos y dichos señalados». El bachiller Ramírez Orejón, clérigo, que fué, en compañía de Juan Martínez, ponente (como hoy diríamos) de esta Relación, contesta que «_de la dicha villa fué natural bachiller Rojas, que compuso a Celestina_»[33].

Aclarado ya, aunque no tanto como nuestra curiosidad desearía, el enigma personal del Bachiller, que por tanto tiempo ha fatigado en inútiles disquisiciones á la crítica[34], entremos en las cuestiones verdaderamente graves y difíciles que se refieren á la composición del libro. Estas cuestiones se han complicado con la aparición de los ejemplares en diez y seis actos. Antes no se disputaba más que sobre el acto primero. Ahora no basta preguntar: el bachiller Rojas, ¿es autor único de la _Celestina_? sino que la interrogación debe formularse así: el bachiller Rojas, ¿es único autor de los diez y seis actos que conocemos por las ediciones de Burgos y de Sevilla? ¿Se le deben atribuir también los cinco actos interpolados en las ediciones de 1502, y conocidos con el nombre de _Tractado de Centurio_? ¿Le pertenecen asimismo las variantes y adiciones que se introdujeron en los demás actos del texto refundido?

En absoluto rigor crítico la cuestión del primer acto es insoluble, y á quien se atenga estrictamente á las palabras del bachiller ha de ser muy difícil refutarle[35]. Él afirmó siempre en la carta «á vn su amigo», en los versos acrósticos y en el prólogo, que no había hecho más que continuar una labor ajena. Los elogios que hace del primer autor son tan enfáticos que superan á todo lo que han dicho los más exaltados panegiristas de la _Celestina_:

Jamas yo no vide en lengua romana, Despues que me acuerdo, ni nadie la vido, Obra de estilo tan alto e sobido, En tusca, ni griega, ni en castellana. No trae sentencia, de donde no mana Loable á su auctor y eterna memoria...

Él no ha hecho más que _dorar con oro de lata_

El más fino tíbar que vieron sus ojos, Y encima de rosas sembrar mil abrojos.

Afecta desdeñar los quince actos por él escritos: «el fin baxo que le pongo»; obra, al fin, de _quince días_ de vacaciones, en que anduvo algo «distraído de los derechos». Sus _mal doladas razones_ irán distinguidas de las del antiguo autor con una cruz en la margen al fin de la primera _cena_. Ha de advertirse que ni en la edición de Burgos ni en la de Sevilla (1501) aparece tal cruz, ni el texto está dividido en _cenas_ ó escenas, sino en _auctos_, como en todas las restantes. Un humanista como Rojas, que da tan seguras pruebas de conocer el teatro de Plauto y Terencio, no podía ignorar que tanto en la comedia latina como en la moderna son cosa muy diferente actos y escenas. En la _Celestina_ misma algunos actos pueden dividirse en escenas, atendiendo á las mutaciones de lugar y á las entradas y salidas de los personajes[36]. Pero es lo cierto que el bachiller, por inexperiencia acaso del vocabulario teatral, usaba promiscuamente las dos palabras, puesto que en las ediciones de 1502 la carta termina de este modo: «acordé que todo lo del antiguo auctor fuesse sin diuision en vn _aucto o cena_, incluso hasta el segundo _aucto_, donde dize: Hermanos míos...». No hay duda, pues, que la primera _cena_ coincidía exactamente con el primer acto, y es la parte que Rojas da por ajena.

Este acto es ciertamente más largo que ningún otro de la _Tragicomedia_, aunque no con la desproporción que se ha dicho. En la edición más reciente ocupa treinta y ocho páginas, pero no es corto el _aucto dozeno_, que pasa de veinticuatro. Quizá cuando el autor comenzó á escribir no pensaba en dar á su obra el desarrollo que luego tuvo, y creyó poder encerrar toda la materia en un solo acto. Lo que sí llama la atención, y lo consigno lealmente por lo mismo que soy partidario acérrimo de la unidad de autor en la _Celestina_, es que el primer acto fué el único que se salvó de adiciones y retoques en la refundición de 1502, como si Rojas hubiera tenido escrúpulo de poner la mano en obra que no le pertenecía. Hay algunas variantes, pero son puramente verbales. Hubiera sido demasiado candor en Rojas dar con su propio texto armas contra la supuesta existencia de otro autor. Inventada ya la fábula, tenía que sostenerla con algún color de verisimilitud.

Pero ¿qué autor era ése á quien tanto admiraba? En la primera redacción de la _Carta á un su amigo_ no nombra á nadie, ni hace conjetura alguna: se limita á decir que la obra llegó anónima á sus manos. En la segunda es más explícito y consigna la atribución por unos á Juan de Mena y por otros á Rodrigo Cota.

Nadie ha tomado en serio la primera, á excepción del editor barcelonés de 1842, que tuvo el capricho de estampar en la portada los nombres de Mena y Cota, ligándolos con la conjunción _y_, como si hubiesen sido colaboradores en la tragicomedia[37]. Juan de Mena fué un poeta superior dentro de su género y escuela, y en cierto modo el mayor poeta del siglo XV, pero su prosa es francamente detestable, llena de pedanterías, inversiones y latinismos horribles, que le hacen digno émulo de D. Enrique de Villena, cuyas huellas procuró seguir. Basta haber leído una página cualquiera del _Omero romanzado_ ó de la _Glosa_ que hizo á su propio poema de la _Coronación_, para comprender que era incapaz de escribir ni una línea de la _Celestina_. De esa _Glosa_ decía el Brocense que, «allende de ser muy prolija, tiene malísimo romance y no pocas boberias (que ansi se han de llamar): más valdría que nunca pareciesen en el mundo, porque parece imposible que tan buenas coplas fuesen hechas por tan avieso entendimiento»[38].

Esta incapacidad de Juan de Mena para usar otro lenguaje que el métrico debía de ocultársele menos que á nadie á Fernando de Rojas, verdadero progenitor de nuestra prosa clásica, á quien no llega ningún escritor del siglo XV y superaron muy pocos del siguiente. ¿Cómo hubiera podido creer ni por un momento que era obra de Juan de Mena la que dice haber tenido entre manos? Este rasgo es uno de los que hacen dudar de su absoluta sinceridad. Puso á bulto el nombre del poeta cordobés, porque era una grande autoridad literaria en su tiempo y se le citaba para todo, y el mismo Rojas estaba empapado en sus escritos, como lo declaran de un modo palmario algunos pensamientos é imitaciones de detalle que en la _Celestina_ se encuentran, como veremos después.

La cuestión de Rodrigo Cota es diversa y merece más atento examen. Rodrigo Cota de Maguaque, llamado comúnmente _el Tío_ ó _el Viejo_, para distinguirle de un deudo suyo á quien llamaron _el Mozo_, era un judío converso de Toledo, que afectó, como otros muchos, odio ciego y feroz contra sus antiguos correligionarios, y recibió por ello dura lección de otro poeta judío, Antón de Montoro[39]. Á Cota han sido atribuídas con leve fundamento diversas producciones anónimas del siglo XV, tales como las _Coplas de la Panadera_, el escandaloso y sucio libelo titulado _Coplas del Provincial_ y la célebre sátira política _Coplas de Mingo Revulgo_. Pero aun suponiendo que fuera suya esta alegórica y revesada composición, que para los mismos contemporáneos tuvo necesidad de comento, más perdía que ganaba en títulos para ser considerado como autor de la _Celestina_, obra sencilla y humana, y por eso eternamente viva, la cual nada tiene que ver con una sátira política del momento, ingeniosa sin duda, pero todavía más afectada que ingeniosa, especialmente en la imitación del lenguaje rústico. La verdadera joya poética que debemos á Rodrigo Cota es el _Diálogo entre el Amor y un Viejo_, inserto en el _Cancionero General_ de 1511. Fuera de las _Coplas_ de Jorge Manrique, no hay composición que venza á ésta en toda la balumba de los cancioneros del siglo XV. Y no vale sólo por su espléndida ejecución, por sus bellezas líricas, por la elegancia y el brío de muchos de sus versos, sino también por su contenido, que es intensamente dramático. No se trata de un mero contraste ó debate, de los que tanto abundan en las escuelas de trovadores, sino de una verdadera acción, de un drama en miniatura, con tema filosófico y muy humano: el vencimiento del Viejo por el Amor y el desengaño que sufre después de su mentida transformación. Quien imaginó este coloquio en verso, anterior sin duda á las églogas de Juan del Enzina, no era indigno de haber escrito algunas páginas de la _Celestina_, pero no sabemos siquiera que cultivase la prosa. Nos falta todo punto de comparación, y hay mucha distancia entre un sencillo diálogo de dos personajes alegóricos y una visión del mundo tan serena y objetiva como la que admiramos en la inmortal _Tragicomedia_.

Cota y Rojas fueron contemporáneos, aunque no de la misma generación; los dos procedían de estirpe hebrea; los dos nacieron y vivieron en el reino de Toledo: el uno en la Puebla de Montalbán, el otro en la capital misma, de la cual sólo dista cinco leguas aquella villa. En 1495 debía de haber muerto ya, puesto que su nombre no consta en la _Lista de los inhábiles de Toledo_ (es decir, de los conversos) _y cantidades que cada uno pagó por su rehabilitación_, pero su apellido se repite mucho: María _Cota_, mujer de Pero Rodriguez de Ocaña; Inés y Sancho _Cota_, hijos del doctor _Cota_, Rodrigo _Cota_, joyero[40]. En la misma lista están el suegro de Rojas, Alvaro de _Montalbán_, y otros conversos de su apellido. ¿Cómo no suponer relaciones entre personas de la misma raza y que habían corrido los mismos peligros y sufrido las mismas exacciones pecuniarias? ¿Tan difícil le hubiera sido á Rojas poner en claro esa atribución á un antiguo correligionario suyo, á quien pudo muy bien conocer y tratar, puesto que hay versos de Cota posteriores á 1472?

La tradición de Cota prosperó más que la de Juan de Mena, y son varios los escritores del siglo XVI y principios del XVII que la repiten, especialmente los toledanos, que encontraban motivo de orgullo en tal compatriota. Así Alonso de Villegas, en los metros que sirven de dedicatoria á su _Comedia Selvagia_, impresa en 1554:

Sabemos de _Cota_ que pudo empeçar, Obrando su ciencia, la gran _Celestina_; Labróse por Rojas su fin con muy fina Ambrosia, que nunca se puede estimar.

D. Tomás Tamayo de Vargas, que nació en Madrid, pero puede considerarse como hijo adoptivo de la imperial ciudad, consigna en su inédita bibliografía _Junta de libros, la mayor que España ha visto en su lengua hasta el año de 1624_[41], una curiosa tradición local, que valga lo que valiere merece recogerse, por ser tan pocos los testimonios antiguos sobre la _Celestina_: «Rodrigo Cota, llamado _el Tío_, de Toledo, _escribió estando en Torrijos debaxo de unas higueras, en la casa de Tapia_, el acto primero de _Scelestina_, Tragicomedia de Calisto e Melibea, libro que ha merecido el aplauso de todas las lenguas. Alguno ha querido que sea parto del ingenio de Juan de Mena, pero con engaño, que fácilmente prueba la lengua en que está escripto mejor que la del tiempo de Juan de Mena».

La indicación no puede ser más precisa, pero por lo mismo infunde recelo. Tamayo de Vargas era un erudito al uso de su tiempo, novelero y algo falsario, ó por lo menos patrocinador de falsos cronicones y antiguallas supuestas. Pudo hacerse eco de un rumor vulgar, que acaso se refería á Rojas y no á Rodrigo de Cota; pudo inventarlo él mismo en obsequio y lisonja á los toledanos ó á los vecinos de Torrijos. Con escritores tales es menester gran cautela. Sin duda por eso D. Nicolás Antonio, que los conocía á fondo, y que manejó la _Junta de libros_, ingiriéndola casi entera en su _Bibliotheca Nova_, se guardó mucho de copiar esta y otras especies.

Con la única excepción acaso de Lorenzo Palmyreno en sus _Hypotiposes clarissimorum virorum_[42], todo el siglo XVI creyó en la veracidad de las palabras de Rojas y aceptó la _Celestina_ como obra de dos autores. El voto más importante es el del autor del _Diálogo de la lengua_: «_Celestina, me contenta el ingenio del autor que la començo, y no tanto el del que la acabó._ El juicio de todos me satisfaze mucho, porque sprimieron, á mi ver muy bien y con mucha destreza, las naturales condiciones de las personas que introduxeron en su tragicomedia, _guardando el decoro d'ellas desde el principio hasta el fin_»[43].

Precisamente por haber guardado ese _decoro_ ó consecuencia de los caracteres desde el principio al fin, que señala con fina crítica Juan de Valdés, parece difícil admitir en el plan y composición de la _Celestina_ más mente ni más ingenio que uno solo.

Tal es el sentir unánime de la crítica moderna, con una sola excepción que yo recuerde, muy respetable por cierto[44], y apoyada en ingeniosos argumentos, que no han logrado convencerme. En este punto sigo opinando como opinaba en 1888, cuando la tesis del autor único de la tragicomedia distaba mucho de ser tan corriente como ahora.

Prescindamos de la divergencia entre los dos textos de la _carta_ al amigo y atengámonos sólo al segundo. La misma incertidumbre con que el bachiller Rojas se explica, diciendo que unos pensaban ser el autor Juan de Mena y otros Rodrigo de Cota, si no basta para invalidar su testimonio, le hace por lo menos muy sospechoso, puesto que en cosa tan cercana á su tiempo no parece verisímil tal discrepancia de pareceres. Toda la narración tiene visos de amañada. ¿Quién puede creer, por muy buena voluntad que tenga, que _quince_ actos de la _Celestina_ primitiva, es decir, más de las dos terceras partes de la obra, hayan sido escritas ni por un estudiante, ni por un letrado, ni por nadie, en _quince días_ de vacaciones, cuando hasta por la extensión material parece imposible, y lo parece mucho más si se atiende á la perfección artística, á la madurez y reflexión con que todo está concebido y ejecutado, sin la menor huella de improvisación, ligereza ni atolondramiento. ¿Qué especie de sér maravilloso era el bachiller Fernando de Rojas, si hemos de suponerle capaz de semejante prodigio, inaudito en la historia de las letras?

Porque aquí no se trata de aquellas atropelladas fábulas que Lope de Vega se jactaba de haber lanzado al mundo _en horas veinticuatro_. Esto en Lope mismo tenía que ser la excepción y no la regla. Él no habla de todas, sino de algunas: «más de ciento», modo de decir hiperbólico sin duda (como hipérbole debe de haber también en lo de las horas), pero que, aun tomado á la letra, no sería la mayor sino la menor parte de un repertorio que contaba ya en la fecha en que el _Arte Nuevo_ se imprimió (1609) «cuatrocientas y ochenta y tres comedias». Poseyó Lope en mayor grado que ningún otro poeta el genio de la improvisación escrita; pero sin recelo puede afirmarse que ninguna de sus buenas comedias fué compuesta de ese modo. Harto se distinguen unas de otras, aunque en las mejores hay tremendas caídas y en las más endebles algún destello de aquel sol de poesía que nunca llega á velarse del todo por las nubes del mal gusto. Y además, Lope era un artista dramático, un hombre de teatro, á quien el aplauso popular estimulaba á la producción sin tasa, y con quien colaboraba inconscientemente todo el mundo. ¡Cuán diversa la posición de Rojas, que no veía delante de sí modelos, ni público en torno suyo, ni podía entrever más que en sueños lo que era la dramaturgia representada, ni podía sacar su arte más que de las entrañas de la vida y de su propio solitario pensamiento; empresa mucho más difícil que hilvanar comedias con vidas de santos ó con retazos de crónicas, como solía hacer Lope en los malos días en que la inspiración le flaqueaba.

Grandes poetas románticos, que pertenecen en algún modo á la familia de Lope, se han gloriado también de esos alardes de fuerza. Sabido es de qué manera explicaba Zorrilla el origen de _El Puñal del Godo_, escrito en dos días; pero su relato es tan descabellado, que apenas se le puede dar crédito[45]. Víctor Hugo afirmó que había compuesto el _Bug-Jargal_ en quince días; pero su maligno comentador Biré, que le ha ido siguiendo paso á paso en toda su carrera literaria, prueba de un modo irrefutable que ese _Bug-Jargal_ no era la novela que conocemos ahora, sino un esbozo de ella, un cuento muy breve (de 47 páginas), publicado en un periódico (_Le Conservateur Littéraire_), y que pudo ser cómodamente escrito por su joven autor en quince días, y aun en menos, sin que haya en ello nada de extraordinario[46].

Y además, la _Celestina_ no es el _Bug-Jargal_, ni _El Puñal del Godo_, ni una de las comedias que Lope olvidaba después de escritas. Pertenece á una categoría superior de arte, en que todo está firme y sólidamente construído; en que nada queda al azar de la improvisación; en que todo se razona y justifica como interno desenvolvimiento de una ley orgánica; en que los mismos episodios refuerzan la acción en vez de perturbarla[47]. No es la perfección del estilo la maravilla mayor de la _Celestina_, con serlo tanto, sino el carácter _clásico_ é imperecedero de la obra, su sabia y magistral contextura, que puede servir de modelo al más experto dramaturgo de cualquier tiempo. La locución es tan abundante, fluye con tan rica vena, que no parece haber costado al autor grandes sudores. Su corrección es la del genio que adivina y crea su lengua: no es la corrección enteca y valetudinaria del estilo académico, sino la expansión generosa de un temperamento artístico, la plétora sanguínea de los grandes escritores del Renacimiento, cuando todavía la secta de la _difícil facilidad_ no había venido á encubrir muchas impotencias. Pero ni ese estilo, ni mucho menos la concepción á que sirvió de instrumento, son compatibles con la leyenda de los quince días, que á mis ojos es una inocente broma literaria, un rasgo que hoy llamaríamos humorístico. Los _quince días_ fueron sugeridos por los _quince auctos_, ni más ni menos.

Á nuestro juicio, todas las dificultades del preámbulo tienen una solución muy á la mano. El bachiller Fernando de Rojas es único autor y creador de la _Celestina_, la cual él compuso íntegramente, no en quince días, sino en muchos días y meses, con toda conciencia, tranquilidad y reposo, tomándose luego el ímprobo trabajo de refundirla y adicionarla, con mejor ó peor fortuna, que esto lo veremos luego. Y la razón que tuviese para inventar el cuento del primer acto encontrado en Salamanca no parece que pudo ser otra que el escrúpulo, bastante natural, de no cargar él solo con la paternidad de una obra impropia de sus estudios de legista, y más digna de admiración como pieza de literatura que recomendable por el buen ejemplo ético, salvas las intenciones de su autor, que tampoco están muy claras[48]. Este mismo recelo ó escrúpulo le movió acaso á envolver su nombre en el laberinto de los acrósticos y á llenar de sentencias _filosofales_ el diálogo de la comedia, queriendo con esto curarse en salud y prevenir todo escándalo. Si no se acepta esta explicación, que acaso no cuadra con la gran libertad de ideas y de lenguaje que reinaba en Castilla á fines del siglo XV, y no queremos suponer al bachiller Rojas más tímido de lo que realmente era, dígase que la invención del primer acto fué un capricho análogo al que solían tener los autores de libros de caballerías, que rara vez declaran sus nombres verdaderos, y en cambio fingen traducir sus obras del griego, del hebreo, del caldeo, del armenio, del húngaro y de otros idiomas peregrinos[49].

La igualdad, diremos mejor, la identidad de estilo entre todas las partes de la _Celestina_, así en lo serio como en lo jocoso, es tal, que á pesar de la respetable opinión de Juan de Valdés, repetida por muchos sin comprobarla, no ha podido ocultarse á los ojos de la crítica, desde que ésta comenzó á ejercitarse directamente sobre los textos y á desconfiar de los argumentos de autoridad. Moratín declara en sus _Orígenes del teatro español_ que «quien examine con el debido estudio el primer acto y los veinte añadidos, no hallará diferencia notable entre ellos, y que si nos faltase la noticia que dió acerca de esto Fernando de Rojas, leeríamos aquel libro como producción de una sola pluma»[50].

D. José María Blanco (White) afirmó resueltamente, en un discreto artículo de las _Variedades ó Mensajero de Londres_, que «toda la _Celestina_ era paño de la misma tela», y que «ni en lenguaje, ni en sentimientos, ni en nada de cuanto distingue á un escritor de otro, se halla la menor variación»[51]. ¿Sería esto posible, aun suponiendo que entre la composición del primer acto y de los restantes no mediaran más que veinte ó treinta años, cuando precisamente estos treinta años fueron de total renovación para la prosa castellana, en términos tales que un libro del tiempo de los Reyes Católicos se parece más á uno de fines del siglo XVI que á otro del reinado de D. Juan II, con la sola excepción del _Corbacho_? Rojas está á medio camino de Cervantes, y sin embargo una centuria entera separa sus dos producciones inmortales.

Ni Fernando Wolf[52], ni Lemcke[53], ni Carolina Michaëlis[54], ni otros eminentes hispanistas de los que más á fondo han tratado de la historia de nuestras letras, admiten que el primer acto de la _Celestina_ sea de distinta mano que los restantes. La impresión general de los lectores está de acuerdo con ellos. Por mi parte no temo repetir lo que escribí hace veinte años: «El bachiller Rojas se mueve dentro de la fábula de la _Celestina_, no como quien continúa obra ajena, sino como quien dispone libremente de su labor propia. Sería el más extraordinario de los prodigios literarios y aun psicológicos el que un continuador llegase á penetrar de tal modo en la concepción ajena y á identificarse de tal suerte con el espíritu del primitivo autor y con los tipos primarios que él había creado. No conocemos composición alguna donde tal prodigio se verifique; cualquiera que sea el ingenio del que intenta soldar su invención con la ajena, siempre queda visible el punto de la soldadura; siempre en manos del continuador pierden los tipos algo de su valor y pureza primitivos, y resultan ó lánguidos y descoloridos, ó recargados y caricaturescos. Tal acontece con el falso _Quijote_, de Avellaneda; tal con el segundo _Guzmán de Alfarache_, de Mateo Luján de Sayavedra; tal con las dos continuaciones del _Lazarillo de Tormes_. Pero ¿quién será capaz de notar diferencia alguna entre el Calisto, la Celestina, el Sempronio ó el Pármeno del primer acto y los personajes que con iguales nombres figuran en los actos siguientes? ¿Dónde se ve la menor huella de afectación ó de esfuerzo para sostenerlos ni para recargarlos. En el primer acto está en germen toda la tragicomedia, y los siguientes son el único desarrollo natural y legítimo de las premisas sentadas en el primero».

Claro es que este se escribió cuando no se conocían más que _Celestinas_ en veintiún actos. El Sr. Foulché-Delbosc, que está enteramente de acuerdo conmigo en lo que toca á la cuestión del primer acto y de los quince siguientes[55], ha planteado con mucho tino un nuevo y más interesante problema, que afecta á la integridad de la _Celestina_, aunque por diverso modo. ¿Pertenecen al autor primitivo las adiciones introducidas en 1502 (acaso antes)? ¿Pueden atribuírsele los cinco actos nuevos ó sea el _Tractado de Centurio_? El Sr. Foulché-Delbosc sostiene resueltamente que no. Su argumentación es brillante y especiosa; pero en materias de gusto tales alegatos nunca pueden convencer á todos, por mucho que sea el ingenio y la sutileza del abogado. La crítica literaria nada tiene de ciencia exacta, y siempre tendrá mucho de impresión personal.

Para mí las adiciones son de Rojas, aunque muchas de ellas empeoren el texto. Prescindamos de la inverisimilitud de que nadie, en vida del autor, se hubiese atrevido á alterar tan radicalmente su obra, sin que él de alguna manera protestase; porque esta razón, que sería de mucha fuerza para la literatura moderna, pierde valor tratándose de los primeros años del siglo XVI y aun de épocas muy posteriores. Todavía en la centuria siguiente las obras dramáticas eran objeto de la más desenfrenada piratería: Lope, Tirso, Alarcón, Calderón vieron impresas muchas de sus comedias en forma tal que no acertaban á reconocerlas. Cualquier librero que compraba á histriones hambrientos unas cuantas copias de teatro, llenas de gazafatones y desatinos, formaba con ellos una parte _extravagante_, y la echaba al mundo atribuyendo las comedias á quien se le antojaba. Si esto sucedía en tiempo de Felipe IV, imagínese lo que podía pasar en tiempo de Rojas, cuando apenas comenzaba á existir la salvaguardia del _privilegio_.

Pero las interpolaciones de 1502 tienen tal carácter, que cuesta trabajo ver en ellas una mano intrusa. Afortunadas ó desgraciadas, son enmiendas de autor, que se propone mejorar su libro y condescender con el gusto común de los que le importunaban para que «se alargasse en el proceso de su deleyte destos amantes».

Líbreme Dios de negar las ventajas de la corrección y de la lima. Rodrigo Caro volvió tres veces al yunque la _Canción de Itálica_ antes de encontrar la forma definitiva y perfecta de aquella oda clásica. Moratín, cuyo gusto era tan severo, y en quien llegó á ser monomanía el furor de las correcciones, mejoraba comúnmente sus obras; pero no siempre el último texto de sus comedias aventaja en todo y por todo á los anteriores. Hartzenbusch escribió tres veces _Los Amantes de Teruel_, y la última versión supera notablemente á la primitiva, aunque algo ha perdido de su juvenil frescura. Pero, ¿cuántos ejemplos grandes y chicos presenta la historia literaria de obras estropeadas por sus propios autores, con retoques que la posteridad ha desdeñado, ateniéndose á la lección primera? ¿Quién se acuerda hoy de la _Gerusalemme Conquistata_ del Tasso? Para nadie que no sea erudito de profesión existe más _Gerusalemme_ que la _Liberata_. ¿Quién no se duele de ver estropeados los mejores versos de Meléndez en la edición póstuma, que había preparado él mismo? ¿Quién no aplica la misma censura á la última colección que de sus versos líricos y dramáticos hizo doña Gertrudis Avellaneda? Más cerca de nosotros, Tamayo, digan lo que quieran sus panegiristas, sacrificó muy bellos rasgos de su _Virginia_ en aras de una corrección fría y seca, de que en sus últimos años se había prendado.

Siendo tan frecuentes estos ejemplos, no hay motivo para creer que las intercalaciones de Rojas dejen de ser auténticas por ser desacertadas. Luego veremos que no siempre lo son, y que perderíamos mucho con perder algunas de ellas.

Estas alteraciones pueden estudiarse sin trabajo alguno, ya en el importante estudio del Sr. Foulché-Delbosc, que las ha recogido y clasificado antes que nadie, ya en la reciente y muy cómoda edición de la _Celestina_, en que el Sr. D. Cayo Ortega ha distinguido, poniéndolas entre corchetes, todas las frases añadidas en el texto de veintiún actos.

Supresiones hay muy pocas é insignificantes. Todas ellas juntas suman treinta y cinco líneas, según el cálculo del Sr. Foulché.

Las adiciones son de dos clases: unas recaen sobre el texto antiguo, otras constituyen actos nuevos. De las primeras, que llegan á 439 líneas, hay poco que decir, porque casi todas obedecen al mismo sistema.

Una de las mayores novedades de la _Celestina_ (aunque tuviese algún precursor), y una de las que más debieron contribuir á su éxito, fué el empleo feliz y discreto de los refranes, proverbios y dichos populares. Ya el primitivo diálogo estaba sembrado de ellos, pero en la refundición hay abuso: tiene razón el Sr. Foulché. Parece que el autor ha querido darnos un índice paremiológico ó verter todo el del Marqués de Santillana. Generalmente son repeticiones excusadas de lo que ya estaba bien dicho. «Señor (dice Sempronio en el acto VIII), no es todo blanco aquello que de negro no tiene semejanza». «_Ni es todo oro quanto amarillo reluze_», se añade en el texto de 1502. Decía Celestina en sus diabólicos consejos á Areusa: «Una ánima sola ni canta ni llora; un frayle solo pocas veces le encontrarás por la calle; una perdiz sola por maravilla vuela». Y en la edición refundida continúa así: «_un manjar solo presto pone hastío; una golondrina no hace verano; un testigo solo no es entera fe; quien sola una ropa tiene presto la envejece_» (Acto VII).

Claro que esta retahila no puede aplaudirse, y menos tomada como procedimiento habitual, pero ¿por ventura era infalible el gusto de Rojas? ¿Es intachable el texto de diez y seis actos? ¿Por qué no hemos de suponer que dormitó alguna vez, á pesar de su maravilloso instinto, un hombre que no había nacido en la edad de la crítica ni tenía más consejero que su propio discernimiento? ¿No era fácil que cayese en la tentación de recargar lo que un artista de tiempos más cultos, aunque de menos lozanía, hubiese probablemente cercenado como vicioso?

La repetición de los refranes en formas diversas ofende más, porque casi siempre es superflua. Pero en las sentencias añadidas hay cosas muy notables, que sólo el primitivo autor ó alguno que valiese tanto como él era capaz de escribir.

Sirvan de ejemplo estas enseñanzas morales del acto IV, que nada pierden de su valor por estar puestas en boca de la _madre_ Celestina: «Aquél es rico que está bien con Dios; más segura cosa es ser menospreciado que temido; mejor sueño duerme el pobre que no el que tiene de guardar con solicitud lo que con trabajo ganó y con dolor ha de dexar. Mi amigo no será simulado y el del rico sí; yo soy querida por mi persona, el rico por su hacienda; nunca oye verdad, todos le hablan lisonjas a sabor de su paladar; todos le han envidia; apenas hallarás un rico que no confiese que le seria mejor estar en mediano estado ó en honesta pobreza. Las riquezas no hazen rico, mas ocupado; no hazen señor, mas mayordomo; más son los poseidos de las riquezas que los que las poseen; a muchos traxeron la muerte, a todos quitan el placer y a las buenas costumbres ninguna cosa es más contraria. ¿No oiste dezir: durmieron su sueño los varones de las riquezas, y ninguna cosa hallaron en sus manos?»

El que haya leído en las ediciones vulgares éste y otros trozos no dejará de echarlos de menos en la de diez y seis actos. Y todavía le sorprenderá más que se tache de intercalación apócrifa este donoso pasaje del acto IX, en que la mala pécora de Areusa se duele de la triste suerte de las criadas: «Nunca tratan con parientes, con yguales a quien pueden hablar tú por tú, con quien digan: ¿qué cenaste? ¿estás preñada? ¿cuántas gallinas crias? llevame a merendar a tu casa; muestrame tu enamorado; ¿quánto ha que no te vido? ¿cómo te va con él? ¿quién son tus vecinas? e otras cosas de igualdad semejantes. ¡O tia, y qué duro nombre, e qué grave e sobervio es _señora_ contino en la boca!»[56]. Ese diálogo intercalado, tan vivo y tan sabroso, ¿no vale más que el texto, aquí muy seco, de la primera edición? «Assi goce de mí, que es verdad; que éstas que sirven a señoras ni gozan deleyte ni conocen los dulces premios de amor».

Tales excepciones, y hay otras, prueban, á mi juicio, que no siempre anduvo torpe la mano del refundidor. Se le acusa de hacer impertinente y pedantesco alarde de erudición histórica y mitológica; pero este cargo, que es muy justo, debe recaer sobre toda la _Celestina_, no sobre una parte de ella tan solo. Ya en el primer acto, Sempronio, criado con puntas de rufián, pregunta á su amo, después de compararle con _Nembrot_ y _Alexandre_: «¿No has leydo de _Pasifae_ con el toro, de _Minerva_ con el can?» Y más adelante, tratando de los peligros del amor y de las malas artes de las mujeres, tiende el paño del púlpito como si fuera un moralista de profesión: «Lee los historiales, estudia los philosofos, mira los poetas, llenos están los libros de sus viles y malos exemplos e de las caydas que levaron los que en algo, como tú, las reputaron. Oye a Salomon do dize que las mujeres y el vino hazen a los hombres renegar. Conséjate con Séneca e verás en qué las tiene. Escucha al _Aristoteles_, mira a _Bernardo_. Gentiles, judíos, cristianos e moros, todos en esta concordia están». En el acto VIII el mismo Sempronio cita á «Antipater Sidonio» y «al gran poeta Ovidio».

El conjuro archilatinizado de Celestina (en el acto III), más propio de la maga Ericto de Tesalia que de una bruja castellana del siglo XV, y bien diverso de los verdaderos conjuros que los procesos inquisitoriales nos revelan, estaba ya en la primera versión, y sólo se le añadieron en la segunda las pocas líneas que van en bastardilla y que no alteran su carácter aunque le refuercen con nuevas pedanterías: «Conjúrote, triste Pluton, señor de la profundidad infernal, emperador de la Corte dañada, capitan sobervio de los condenados angeles, señor de los sulfureos fuegos que los hirvientes ethnicos montes manan, governador e veedor de los tormentos e atormentadores de las pecadoras ánimas (_regidor de las tres furias Tesifone, Megera e Aleto, administrador de todas las cosas negras del reyno de Stigie e Dite, con todas sus lagunas e sombras infernales e litigioso caos, mantenedor de las bolantes arpias, con toda la otra compañia de espantables e pavorosas ydras_); yo, Celestina, tu más conocida clientula, te conjuro, por la virtud e fuerza destas bermejas letras; por la sangre de aquella nocturna ave con que estan escritas; por la gravedad de aquellos nombres e signos que en este papel se contienen; por la áspera ponçoña de las bivoras de que este aceyte fue hecho, con el qual vnto está hilado, vengas sin tardança a obedescer mi voluntad...»

No es este el lenguaje habitual de Celestina, pero en lo restante de la pieza se muestra tan leída en las historias antiguas como el que más. Ponderando en el acto IV las buenas partes de Calisto, no se olvida de las fábulas ovidianas y acota como si le fueran muy familiares los versillos de Adriano _Animula_, _vagula_, _blandula_, que seguramente lo serían para el escolar ó bachiller que puso en sus labios tan donosa cita: «Por fe tengo que no era tan hermoso aquel gentil Narciso que se enamoró de su propia figura, cuando se vido en las aguas de la fuente...[57]. Tañe tantas canciones e tan lastimeras, que no creo que fueran otras _las que compuso aquel Emperador e gran musico Adriano de la partida del ánima, por suffrir sin desmayo la ya vezina muerte_... Si acaso canta, de mejor gana paran las aves a le oir, que no aquel antico, de quien se dize que movia los arboles e piedras con su canto. Siendo éste nacido, no alabaran a Orfeo».

En este género de erudición, todos los personajes rayan á la misma altura. Si los criados y las alcahuetas saben tanto y hablan tan bien, no han de quedar inferiores los que se criaron en mejores paños, los mancebos de noble estirpe, las ilustres doncellas, los viejos venerables y sentenciosos. Calisto poseía á fondo la _Eneida_, y saca de ella un cumplimiento para Celestina, que no le hubiera entendido á no estar versada también en el poema virgiliano: «De cierto creo, si nuestra edad alcançara aquellos passados Eneas e Dido, no trabajara tanto Venus para atraer a su hijo el amor de Elisa, haciendo tomar a Cupido _Ascánica forma_ para la engañar; antes por evitar prolixidad pusiera a ti por medianera».

La lamentación del padre de Melibea, Pleberio, que llena el acto XXI, contiene reminiscencias clásicas tan oportunas como éstas[58]: «Yo fuy lastimado sin aver ygual compañero de semejante dolor, aunque más en mi fatigada memoria rebuelvo presentes e passados. Que si aquella severidad e paciencia de _Paulo Emilio_ me viniere a consolar con pérdida de dos hijos muertos en siete dias, ... no me satisfaze, que otros dos le quedaban dados en adopcion. ¿Qué compañia me ternan en su dolor aquel _Pericles_, capitan atheniense, ni el fuerte _Xenofon_, pues sus pérdidas fueron de hijos absentes de sus tierras... Pues menos podrás decir, mundo lleno de males, que fuimos semejantes en pérdida aquel _Anaxágoras_ e yo», etc., etc.

No negamos que en la parte añadida el abuso de citas llega al colmo y estropea algunas situaciones que antes estaban libres de este vicio. Pero ¿por eso hemos de suponer un autor nuevo? Más natural es creer que Rojas, al refundirse, extremase sus defectos, lo mismo la verbosidad declamatoria que el pedantismo infantil del Renacimiento. Grima da leer en el soliloquio de Melibea, próxima á arrojarse de la torre, aquella absurda enumeración de todos los grandes parricidas: Bursia, rey de Bitinia, que _sin ninguna razón mató á su propio padre_; Tolomeo, rey de Egipto, que exterminó á toda su familia por gozar de una manceba; Orestes, matador de Clitemnestra; Nerón, de Agripina; Filipo, rey de Macedonia; Herodes, Constantino; Laodice, reina de Capadocia; Medea, la _nigromantesa_, y finalmente «aquella gran crueldad de Phraates, rey de los Partos, que porque no quedase sucesor después de él mató á Orote (Orontes), su viejo padre, e á su único hijo, e treynta hermanos suyos».

Todo este catálogo falta, es cierto, en la edición de diez y seis actos; pero ¿no era muy capaz de escribirlo el que había puesto en boca de Melibea, dirigiéndose á su padre en el momento crítico de consumar el suicidio, una pedantería mayor que todas esas, aunque no esté recargada de nombres propios? «Algunas consolatorias palabras te diría antes de mi agradable fin, _collegidas e sacadas de aquellos antiguos libros que por más aclarar mi ingenio me mandavas leer_, sino que la dañada memoria con la gran turbación me las ha perdido».

Falta examinar el valor de los cinco actos nuevos, ó sea del _Tractado de Centurio_. Para ello hay que tener á la vista algunos antecedentes sobre el plan de la _Celestina_, que nos ahorrarán luego otras explicaciones. ¿Y qué palabras serán más breves para declararlo que las mismas palabras del _argumento de la obra_?

«Calisto fue de noble linaje, de claro ingenio, de gentil disposicion, de linda criança, dotado de muchas gracias, de estado mediano. Fue preso en el amor de Melibea, muger moça, muy generosa, de alta y serenissima sangre, sublimada en próspero estado, una sola heredera a su padre Pleberio y de su madre Alisa muy amada. Por solicitud del pungido Calisto, vencido el casto proposito de ella, entreveniendo Celestina, mala y astuta muger, con dos servientes del vencido Calisto, engañados e por ésta tornados desleales, presa su fidelidad con anzuelo de codicia y de deleyte, vinieron los amantes e los que les ministraron en amargo y desastrado fin. Para comienço de lo qual dispuso el adversa fortuna lugar oportuno, donde a la presencia de Calisto se presentó la desseada Melibea».

Cómo empezó á cumplirse este proceso amoroso lo declara el _argumento_ del primer _aucto_, que también íntegramente transcribimos: «Entrando Calisto en una huerta en seguimiento de un falcon suyo, halló allí a Melibea, de cuyo amor preso, començole de hablar. De la cual rigurosamente despedido fue para su casa muy angustiado. Habló con un criado suyo llamado Sempronio, el qual despues de muchas raçones le endereçó a una vieja llamada Celestina, en cuya casa tenia el mismo criado una enamorada llamada Elicia...»

La fábula, aunque muy sencilla, está perfectamente construída. Desde que Celestina entra en escena, ella la domina y rige con su maestría infernal, convirtiendo en auxiliares suyos á los criados de Calisto y Melibea, seduciendo á Pármeno con el cebo del deleite de Areusa, prima de Elicia; á Sempronio con la esperanza de participar del botín; á Lucrecia, otra prima de Elicia, que no desmiente la parentela aunque criada de casa grande, con recetas de polvos de olor y de lejías para enrubiar los cabellos. Pero estos son pequeños medios para sus grandes y diabólicos fines. Necesita introducirse en casa de Melibea, adormecer la vigilancia de los padres, despertar en el inocente corazón de la joven un fuego devorador nunca sentido, hacerla esclava del amor, ciega, fatalmente, sin redención posible. Esta obra de iniquidad se consuma con la intervención de las potencias del abismo, requeridas y obligadas por Celestina con enérgicos conjuros, aunque el lector queda persuadido de que Celestina sería capaz de dar lecciones al diablo mismo. La verdadera magia que pone en ejercicio es la sugestión moral del fuerte sobre el débil, el conocimiento de los más tortuosos senderos del alma, la depravada experiencia de la vida luchando con la ignorancia virginal, condenada por su mismo candor á ser víctima de la pasión triunfante y arrolladora. Toda la dialéctica del genio del mal se esconde en las blandas razones y _filosofales sentencias_ de aquella perversa mujer.

Pero tanto ella como sus viles cómplices sucumben antes que Melibea (vencida moralmente en el auto X y concertada ya con su amante en el XII) acabe de caer en brazos de Calisto. Riñen Sempronio y Pármeno con la desalmada vieja, que les niega su parte en la ganancia de la cadena de oro entregada por Calisto. Encréspase la pendencia y acaban por darla de puñaladas y saltar por una ventana, quedando muy mal heridos. La justicia los prende y al día siguiente son degollados en público cadalso, con celeridad inaudita.

Con tan siniestros agüeros llega Calisto á su primera y aquí única cita de amor con Melibea (aucto XIV). La escena es rápida y no puede calificarse de lúbrica. Triunfa el enamorado mancebo de la honesta aunque harto débil resistencia de la doncella; pero la fatalidad que se cierne sobre sus amores le hiere alevosamente cuando se creía más dichoso, al salir del huerto que había ocultado con sus sombras los regalados favores de Melibea. Ella misma lo cuenta admirablemente en su discurso postrero: «Como las paredes eran altas, la noche escura, la escala delgada, los sirvientes que traía no diestros en aquel género de servicio, no vido bien los pasos, puso el pie en vazio e cayó, e de la triste cayda sus más escondidos sesos quedaron repartidos por las piedras e paredes. Cortaron las hadas sus hilos, cortaronle sin confession su vida; cortaron mi esperança, cortaron mi compañía».

Los dos últimos actos, equivalentes al XX y XXI de la edición actual, no contienen más que el suicidio de Melibea y el llanto de sus padres. No hay duda que en esta primera forma la _Celestina_ tiene más unidad y desarrollo más lógico; pero ¿la intercalación de los cinco actos es tan absurda como se pretende? ¿nada perderíamos con perderlos? ¿Son tales que puedan atribuirse á un falsario más ó menos experto?

Por mi parte, no puedo menos de responder negativamente á estas preguntas. La tesis que pretende despojar á Rojas del _Tractado de Centurio_ me parece tan dura y difícil de admitir como la del que pretendiera ser apócrifas todas las aventuras y episodios que añadió el Ariosto á su gran poema en la edición de 1532, y se empeñase en preferir la de 1516. Claro que un poema novelesco de plan tan libre como el _Orlando_ se prestaba mejor á las intercalaciones; pero ¿es seguro que todas las que hizo el Ariosto sean igualmente felices? Bellísimos son sin duda el episodio de Olimpia y Bireno y el de Ulania y Bradamante en el castillo de Tristán; pero no todos dirán lo mismo de la historia de León de Grecia, de la expedición de Rugero á Oriente y de otras cosas que alargan sin fruto el poema.

Mucho más peligro corre el interpolador de una obra dramática, y obra tan sencilla como la _Celestina_. Acaso Rojas no debió condescender nunca con los que mucho le instaban para que «se alargasse en el processo de su deleyte destos amantes», exigencia muy propia de lectores vulgares y mal inclinados á la _carnal grosería_. Pero ya que «contra su voluntad» entró en la empresa (lo cual no creemos más que á medias) y determinó retardar la catástrofe, haciendo que «el deleytoso yerro de amor» durase «quasi un mes», no había para qué recurrir á una intriga episódica é inútil, que no conduce á ninguna parte ni modifica en nada el desenlace. Si la venganza que Areusa y Elicia quieren tomar de Calisto y Melibea por haber sido sus amores ocasión de las muertes de Pármeno y Sempronio llegara á cumplirse, y Calisto pereciera á manos de asesinos y no por el accidente fortuito de la caída de la escala, aun pudiera tener disculpa este largo rodeo, que haría la muerte del amante más verisímil desde el punto de vista material, y más interesante como cuadro escénico. Pero como el rufián Centurio, buscado por las dos mozas para el caso, no hace más que proferir fieros y baladronadas, y el otro rufián, llamado Traso el Cojo, y sus dos compañeros, no pasan de dar cuatro voces y trabar una pendencia de embeleco con los pajes de Calisto, claro es que tres por lo menos de los actos intercalados huelgan por completo, aunque á nadie le pesará leerlos, pues allí fué trazado la primera vez con indelebles rasgos uno de los tipos que más larga vida habían de tener en nuestra literatura dramática y novelesca, la figura del _bravo_ de profesión, del baladrón cobarde. Centurio es uno de los personajes cómicos más vivos y mejor plantados de la obra. Ninguna de sus innumerables copias ha llegado á oscurecerle.

Pero hay en la parte añadida bellezas de otro orden, que pertenecen á la más alta esfera de la poesía; que nadie, seguramente nadie, más que el bachiller Fernando de Rojas, era capaz de escribir en España en 1502, cuando ni siquiera habían comenzado su carrera dramática Gil Vicente y Bartolomé de Torres Naharro. Son dos adivinaciones de genio, que conviene reivindicar de la injusta nota que se ha querido poner á esta continuación.

Uno de estos aciertos, salvo pedanterías accidentales, que pueden borrarse mentalmente, es el acto XVI de la segunda versión, en que los padres de Melibea razonan sobre las bodas que proyectan para su hija y ella á escondidas oye su conversación. ¡Qué tormenta de afectos se desata en su alma bravía y apasionada! ¡qué delirio amoroso en sus palabras, tan ardientes como las de Safo y Heloisa! «¿Quién es el que me ha de quitar mi gloria? ¿Quién apartarme mis placeres? Calisto es mi ánima, mi vida, mi señor, en quien yo tengo toda mi sperança; conozco dél que no vivo engañada. Pues él me ama, ¿con qué otra cosa le puedo pagar?... El amor no admite sino sólo amor por paga. En pensar en él me alegro; en verlo me gozo; en oyrlo me glorifico. Haga e ordene de mí a su voluntad. Si passar quissiere la mar, con él yré; si rodear el mundo, lléveme consigo; si venderme en tierra de enemigos, no rehuyré su querer. Dexenme mis padres goçar dél, si ellos quieren goçar de mí; no piensen en estas vanidades, ni en estos casamientos, que más vale ser buena amiga que mala casada».

Pero esta mujer furiosamente enamorada y cuya pasión llega hasta la impiedad, no es una impúdica bacante, sierva vil de los sentidos, sino una castellana altiva y noble, en quien el yerro de amor deja intacta la dignidad patricia. El autor lo ha expresado con un rasgo delicadísimo. Oye Melibea decir á su madre, falsamente persuadida de la virtud de su hija: «¿Piensas que su virginidad simple le acarrea torpe deseo de lo que no conosce ni ha entendido jamás? ¿Piensas que sabe errar aun con el pensamiento? No lo creas, señor Pleberio; que si alto ó baxo de sangre, ó feo ó gentil de gesto le mandáremos tomar, aquello será su placer, aquello habrá por bueno; que yo sé bien lo que tengo criado en mi guardada hija». Al escuchar eso, Melibea, enemiga de toda simulación y mentira, siente oprimido el corazón por el engaño en que viven sus padres, y exclama dirigiéndose á su criada: «Lucrecia, Lucrecia, corre, presto, entra por el postigo en la sala, y estorvales su hablar, interrumpeles sus alabanças con algun fingido mensaje, si no quieres que vaya yo dando vozes como loca, segun estoy enojada del concepto engañoso que tienen de mi ignorancia».

«Este rasgo de carácter (dice muy bien Blanco-White), este dolor intenso causado por alabanzas indebidas, pinta á la infeliz Melibea del modo más interesante, y aumenta el efecto lastimoso de la catástrofe».

¿Y habremos de declarar apócrifo todo esto? ¿Lo será también la segunda escena del jardín, que á tantos ha hecho recordar los grandes nombres de Goethe y de Shakespeare? ¿Quién sino un poeta de primer orden, al cual en este caso habría que declarar más eminente que el inventor original, pudo imaginar aquel contraste de voluptuosidad y muerte, asociando á él los misterios de la noche, las armonías de la naturaleza, el prestigio del canto lírico, en versos que conservan perenne juventud, como dictados por el Amor mismo, y que se parecen tan poco á los que solían hacerse en el siglo XV? Cierto es que algunas groserías deslucen este acto. Hay en él cierta embriaguez sensual, que es sin duda de mal gusto y de mal ejemplo. Pero en el trozo bellísimo que vamos á citar no hay una sola palabra que pueda suprimirse ni por razón de arte ni por razón de decoro. La cita será algo larga, pero no la creo inútil, porque, á pesar de las apariencias, son muchos los españoles cultos que no conocen la _Celestina_ más que de nombre, y los que la leen no suelen fijarse en la perfección de los detalles.

CALISTO

Poned, mozos, la escala, e callad, que me parece que está hablando mi señora de dentro. Sobire encima de la pared y en ella estare escuchando, por ver si oyre alguna buena señal de mi amor en absencia.

MELIBEA

Canta más, por mi vida, Lucrecia, que me huelgo en oyrte, mientra viene aquel señor; e muy passo entre estas verduricas, que no nos oyan los que passaren.

LUCRECIA

¡O quién fuesse la ortelana De aquestas viciosas flores, Por prender cada mañana Al partir á tus amores! Vistanse nuevas colores Los lirios y el açuçena; Derramen frescos olores, Cuando entre por estrena.

MELIBEA

¡O quán dulce me es oyrte! De gozo me deshago; no cesses, por mi amor.

LUCRECIA

Alegre es la fuente clara A quien con gran sed la vea; Mas muy más dulce es la cara De Calisto a Melibea.

Pues aunque más noche sea, Con su vista goçará. ¡O quando saltar le vea Qué de abrazos le dará! Saltos de gozo infinitos, Da el lobo viendo ganado; Con las tetas los cabritos, Melibea con su amado. Nunca fue más desseado Amador de su amiga, Ni puerto más visitado, Ni noche más sin fatiga.

MELIBEA

Quanto dizes, amiga Lucrecia, se me representa delante; todo me parece que lo veo con mis ojos. Procede, que a muy buen son lo dizes, e ayudarte he yo.

LUCRECIA Y MELIBEA

Dulces árboles sombrosos, Humillaos cuando veays Aquellos ojos graciosos Del que tanto deseeays. Estrellas que relumbrays, Norte e lucero del dia, ¿Por qué no le despertays Si düerme mi alegria?

MELIBEA

Oyeme tú, por mi vida, que yo quiero cantar sola.

Papagayos, ruyseñores, Que cantays al alvorada, Llevad nueva a mis amores, Cómo espero aqui asentada. La media noche es passada, E no viene. Sabedme si hay otra amada Quél detiene[59].

CALISTO

Vencido me tiene el dulçor de tu suave canto; no puedo más suffrir tu penado esperar. ¡O mi señora e mi bien todo! ¿Quál muger podia aver nascida, que desprivase tu gran merescimiento? ¡O salteada melodia! ¡O gozoso rato! ¡O coraçon mio!...

MELIBEA

¡O sabrosa traycion! ¡O dulce sobresalto! ¿Es mi señor de mi alma? ¿Es él? No lo puedo creer. ¿Dónde estavas, luziente sol? ¿Dónde me tenias tu claridad escondida? ¿Avia rato que escuchavas? ¿Por qué me dexavas echar palabras sin seso al ayre, con mi ronca voz de cisne? Todo se goza este huerto con tu venida. Mira la luna quán clara se nos muestra; mira las nuves cómo huyen. Oye la corriente agua de esta fontecica, ¡quanto más suave murmurio e ruido lleva por entre las frescas yervas! Escucha los altos cipreses, ¡cómo se dan paz unos ramos con otros por intercession de un templadico viento que los menea! Mira sus quietas sombras, ¡quán escuras están e aparejadas para encobrir nuestro deleyte!...

En resumen, la _Celestina_ de diez y seis actos y la _Celestina_ de veintiuno pertenecen á un mismo autor, que por todas las razones expuestas no creemos que pueda ser otro que el bachiller Fernando de Rojas, el cual unas veces refundió con acierto y otras con desgracia lo que de primera intención había escrito: percance en que suelen tropezar los más discretos. Por lo demás, es imposible desconocer su mano, tanto en la creación de las nuevas figuras como en la manera de sostener las antiguas. De los reparos que se han hecho á esto hablaremos más de propósito al tratar de los personajes que intervienen en la _Tragicomedia_. La identidad del estilo no ha sido negada por nadie y viene á reforzar todas las pruebas alegadas. Felicitémonos, pues, de poseer dos versiones de una obra maestra, que tanta luz dan, cotejadas entre sí, sobre los procedimientos del autor, pero no sacrifiquemos la una á la otra y reimprimámoslas siempre juntas. No amengüemos por mera cavilosidad nuestros goces estéticos: también la hipercrítica tiene sus peligros; acordémonos, no ya del P. Harduino, sino de lo que modernamente hizo el holandés Hofman Peerlkamp con el texto de las obras de Horacio[60].

Aún no hemos agotado las cuestiones previas al estudio de la _Celestina_. ¿Cuándo fué escrita aproximadamente? ¿En qué lugar de España quiso poner el autor la acción del drama?

La primera cuestión es insoluble hasta ahora. El único pasaje que puede dar alguna luz sobre ella se encuentra en el _auto_ tercero, y ha sido interpretado de tan varios modos, que unos infieren de él que la _comedia de Calisto_ es posterior al año 1492, otros que debió de ser escrita en 1483 y otros que no puede fijarse con precisión fecha alguna. Veamos de qué se trata: «El mal y el bien, la prosperidad y adversidad, la gloria y pena, todo pierde con el tiempo la fuerça de su acelerado principio. Pues los casos de admiración venidos con gran desseo, tan presto como passados, olvidados. Cada dia vemos novedades, y las oymos, y las passamos y dexamos atrás: disminuyelas el tiempo, fazelas contingibles. ¿Qué tanto te maravillarias, si dixesen: la tierra tembló, o otra semejante cosa, que no olvidasses luego? Assi como: elado está el rio, el ciego vee ya, muerto es tu padre, un rayo cayó, _ganada es Granada_, el rey entra oy, el turco es vencido, eclipse hay mañana, la puente es llevada, aquel es ya obispo, a Pedro robaron, Ines se ahorcó. ¿Qué me dirás sino que a tres dias passados o a la segunda vista, no hay quien dello se maraville? Todo es assi, todo passa desta manera, todo se olvida, todo queda atrás».

El sentido general de estas palabras de Sempronio no puede ser más claro. Todas las cosas, por admirables que parezcan al principio, dejan de causar maravilla con el tiempo y con el hábito. Pero los ejemplos que se traen para probarlo ¿son de cosas pasadas ó futuras? Evidentemente lo segundo, cuando se trata de hechos concretos como la conquista de Granada, el vencimiento del turco, la entrada del rey; no de cosas genéricas y que en todo tiempo acontecen, como «muerto es tu padre[61], un rayo cayó, aquél es ya obispo, á Pedro robaron, Ines se ahorcó». No creo que _ganada es Granada_ sea una frase proverbial, que lo mismo pudo emplearse antes que después de la conquista, y que sólo alude á la dificultad de la empresa. No es regla segura tampoco el que la acción de una obra ficticia haya de coincidir con los datos de la cronología histórica, pero el señor Foulché nota con razón que esta coincidencia es general en las obras antiguas.

Entendido el pasaje de esta manera, sólo nos autoriza para decir que la _Celestina_ fué escrita antes de la rendición de Granada (2 de enero de 1492) y cuando todavía se consideraba ésta como un acontecimiento remoto. La guerra había comenzado en 1482. Su término venturoso no pudo presagiarse con claridad antes de la toma de Málaga en 1487, Ó más bien hasta la rendición del rey Zagal en Baza (1489). La resistencia de la capital se prolongó todavía dos años.

El Sr. Foulché-Delbosc, que por su tesis contra Rojas propende á exagerar la antigüedad de la _Celestina_, la hace remontar hasta 1483, conjeturando que la alusión al vencimiento del turco es una reminiscencia del sitio de Rodas en 1480; que «la puente es llevada» debe de referirse al hundimiento de uno de los arcos del puente de Alcántara en Toledo, que fué reparado en 1484; que el eclipse de sol puede ser el de 17 de mayo de 1482, y finalmente, que la frase «aquél ya es obispo» hace pensar en don Pedro González de Mendoza, que comenzó á ser arzobispo de Toledo en 1482. La tal frase es de lo más vago y genérico que puede darse, y á nadie cuadra menos que al gran Cardenal de España, que ya en 1452 era obispo de Calahorra y la Calzada, que en 1468 lo fué de Sigüenza y en 1473 arzobispo de Sevilla. ¿Qué podía tener de insólito, ni qué estupor había de causar á nadie el que llegase á ocupar la silla primada un varón de extraordinarios merecimientos, tan poderoso además por su linaje, riqueza y sabiduría política, que llegó á ser llamado en su tiempo el tercer Rey de España?

Además estos argumentos son contraproducentes ó se quiebran de sutiles. Si alude Sempronio á hechos pasados, hay que contar entre ellos la toma de Granada, es decir, todo lo contrario de lo que se pretende demostrar. Por consiguiente, no hay prueba alguna, ni indicio siquiera, de que la _Celestina_ fuese compuesta entre los años 1482 y 1484. Más natural es creerla del último decenio del siglo, y este parecer es conciliable con cualquier interpretación que se dé á las palabras de Sempronio, y con lo que podemos conjeturar acerca de la edad de Rojas.

Es tal la ilusión de realidad que la _Tragicomedia_ produce, que ha hecho pensar á algunos que puede estar fundada en un suceso verdadero, y ser históricas las principales figuras. Sin llegar á tanto, sospechamos que hay algunas alusiones incidentales á cosas que el tiempo ha borrado. Aquellas horribles palabras de Sempronio á Calisto en el aucto I: «Lo de tu abuela con el ximio, ¿hablilla fué? testigo es el cuchillo de tu abuelo», ocultan probablemente alguna monstruosa y nefanda historia en que no conviene insistir más. Acaso la venganza del judío converso se cebó en la difamación de la _limpia sangre_ de algún mancebo de claro linaje, parecido á Calisto. También tiene visos de cosa no inventada (y sobre este pasaje me llamó la atención el Sr. Foulché-Delbosc) aquella _venida del embaxador francés_, á quien engañó dándole gato por liebre la pícara Celestina del modo que Pármeno lo cuenta en su famosa descripción de la vida y hazañas de su madrina (acto I).

Desde antiguo se supuso personaje real á la famosa hechicera y se enlazó su recuerdo con tradiciones locales de Salamanca, donde suponían muchos que pasaba la acción del drama. Ya se consigna esta especie en uno de los escritos médicos del famoso _Amato Lusitano_ (Juan Rodríguez de Castelo Branco), que terminó sus estudios en aquella Universidad el año 1529. Habla en su comentario á Dioscórides de una fábrica de cola animal que había en Salamanca, junto al puente del Tormes y no lejos de la casa de Celestina, mujer famosa de quien se hace mención en la comedia de Calisto y Melibea: «_non procul a domo Celestinae mulieris famosissimae et de quale agitur in comoedia Calisti et Melibeae_»[62]. Sancho de Muñón, que era natural de Salamanca y puso en la Atenas castellana el teatro de su _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_ (1542), da á entender que Celestina la barbuda vivió allí y también su discípula y heredera Elicia[63]. El doncel de Xérica, Bartolomé de Villalba y Estaña, en _El Peregrino Curioso_, obra terminada en 1577, cuenta que unos estudiantes le mostraron la casa de Celestina. «Y ansi baxaron por la puente que es larguísima, y de ahí dieron en las _Tenerías_, donde con gran chacota dixo uno de ellos al Pelegrino: «veis aquí la segunda estacion; esta dicen ser _la casa de nuestra madre Celestina_, tan escuchada de los doctos y tan acepta, de los mozos tan loada». A lo cual riendo respondió nuestro Pelegrino:

«Reverenciar se debe la morada De quien el mundo tiene tal noticia, Mujer que es tan heroyca y encumbrada ¿Qué discreto no quiere su amicicia? De todos los estados es loada, Y más de los cursados en milicia: Filosofo dichoso y bien andante Quien retrató una madre ansí elegante[64]».

Nueve años después, la casa estaba arruinada, al decir de Bernardo González de Bovadilla, estudiante de aquella insigne Universidad, en su libro _Ninfas y Pastores de Henares_[65], pero en cambio se enseñaba la torre de Melibea. «Se fueron (los pastores) a pasear y a mostrar a Florino las cosas memorables que hay en la famosa Salamanca; conviene á saber: los insignes teatros de donde salen los eminentes varones para gobernar el mundo y tener a la republica en pacífico estado, los reales y innumerables colegios de doctos y letrados hombres, la cueva cegada donde dicen haberse leido la nigromancia, _la nombrada y poco vistosa torre de Melibea y la derribada casa de la vieja Celestina_, los pasatiempos y recreaciones del humilde Tejares, etc.»[66].

Una tradición tan vieja y constante algún respeto merece; pero examinada atentamente la _Celestina_, nada se ve en ella que convenga á Salamanca más que este pasaje, que puede haber sido el único fundamento de una localización caprichosa: «Tiene esta buena dueña al cabo de la ciudad, _allá cerca de las tenerías, en la cuesta del río_, una casa apartada, medio cayda, poco compuesta e menos abastada». Tenerías cerca del río había en otras partes, y lo que nunca ha podido verse en el Tormes son los _navíos_ de que habla Melibea: «Subamos, señor, al açotea alta, porque desde allí goze de la deleytosa vista de los navios» (Aucto XX). Si de lo material se pasa á lo moral, parece muy raro que en una comedia salmantina no se hable ni una sola vez de la Universidad y que ninguno de los personajes sea estudiante. Véase, por el contrario, cuánto los hace intervenir en la suya Sancho de Muñón. No me contradigo al decir esto, y afirmar en otra parte que la _Celestina_ es una obra _humanística_ y de ambiente universitario, porque esto recae sobre los procedimientos literarios y sobre el fondo de la comedia, no sobre la circunstancia material del lugar de la escena. Calisto, Pármeno y Sempronio no son estudiantes, pero hablan y piensan como tales: la indigesta pedantería de Melibea y la extraña y abigarrada ciencia de que hace alarde Celestina son más verisímiles en una ciudad literaria que en otra parte. Creo que en Salamanca recogió Rojas los principales documentos humanos para su obra, pero si hubiese querido dar á entender que la acción pasaba allí no habría dotado á la ciudad de un río navegable, ni hubiese dejado de hacer alguna alusión á sus escuelas.

La única ciudad de la Corona castellana desde cuyas azoteas pudiera disfrutarse de la vista de un gran río y de embarcaciones de alto bordo era Sevilla, y por esta sola razón sostuvo el canónigo Blanco que la _Celestina_ pasaba en su tierra[67]. Pero bien leída la _Celestina_, nadie encontrará en ella indicios de que su autor conociese la región meridional de España y el habla de sus moradores, ni se hubiese fijado en las costumbres andaluzas, todavía más pintorescas entonces que ahora y tan distintas de las que él había visto en el reino de Toledo y en las aulas de Salamanca. Compárese á Rojas con Cervantes en este punto, y se palpará la diferencia. Pintores eminentemente realistas uno y otro, no difieren mucho en la factura, y, sin embargo, los mejores cuadros de Cervantes, hasta cuando pinta las arideces de la llanura manchega, tienen algún reflejo de la luz de Sevilla, al paso que el bachiller Rojas permaneció cruda y netamente castellano, con cierta sequedad y amargura muy ajena del tono blando y misericordioso de la sátira de Cervantes.

Queda una tercera hipótesis, la del Sr. Foulché-Delbosc, que fija en Toledo el escenario de la _Celestina_. Pero aquí nos encontramos también con la dificultad del río navegable. Nunca desde una azotea de Toledo han podido verse navíos, ni esto puede pasar como una licencia poética. La tentativa grandiosa, pero desgraciadamente efímera, de navegación del Tajo hasta su desembocadura en Lisboa pertenece al reinado de Felipe II. Hubo, sin duda, proyectos anteriores, alguno del tiempo de los Reyes Católicos, pero no autorizaban á un escritor para dar por cumplido lo que no llegó á ser ni intentado siquiera.

Si se prescinde de los _navíos_, resulta que en Toledo concurren casi todos los pormenores topográficos citados por Rojas: las tenerías junto al río; los nombres de las parroquias de San Miguel y la Magdalena y de alguna calle como la del Arcediano, si es que realmente se la puede identificar con una antigua plaza del mismo nombre. De la calle del Vicario Gordo, mencionada también en la obra, nadie da razón hasta ahora. Pármeno refiere haber servido nueve años en el monasterio de Guadalupe, que pertenece á la diócesis de Toledo, aunque situado en Extremadura.

Pero es el caso que algunas de estas cosas no son peculiares de Toledo: tenerías junto al río había también en Salamanca (como hemos visto), é iglesias de San Miguel y de la Magdalena allí y en Sevilla, aunque creo, por las razones expuestas, que Rojas no pudo pensar más que en una ciudad castellana. ¿Y por qué en una ciudad determinada? ¿No pudo crear, como suelen hacer los novelistas, una ciudad ideal, con reminiscencias de las que tenía más presentes, es decir, Salamanca y Toledo? El haber puesto una circunstancia que es imposible en ambas mueve á creer que no quiso concretar demasiado el lugar de la acción, para lo cual tendría muy buenas razones; que no es el cuento de Calisto y Melibea de los que pueden achacarse á personas particulares, moradoras de cierto pueblo, sin que padezca no leve mengua su buena fama y la de su apellido.

Poco nos importa todo esto. La _Celestina_ no es obra local, sino de interés permanente y humano. Los datos sencillísimos de su fábula: una pasión juvenil, una tercería amorosa, una doble catástrofe trágica, han podido reproducirse infinitas veces. En esta parte Rojas no inventó ni quiso inventar nada, porque su arte, antítesis radical de los libros de caballerías, no estribaba en quiméricas combinaciones de temas incoherentes. Tomó del natural todos sus elementos y extrajo el jugo y la quinta esencia de la vida.

Pero aunque su obra sea directamente naturalista y deba tenerse por un original dechado de pasmosa verdad y observación encarnizada y fría, no puede desconocerse que la armazón ó el esqueleto de la fábula, y aun la mayor parte de los personajes, y por de contado las sentencias y máximas que pronuncian, tienen abolengo próximo ó remoto en la literatura clásica, y en sus imitadores de la Edad Media y del Renacimiento, y en algunas obras también de nuestra propia literatura. La investigación de las que en este sentido pueden llamarse fuentes de la _Celestina_ daría materia para un libro entero, del cual ya existe un excelente capítulo, el relativo á los «antecedentes del tipo celestinesco en la literatura latina»[68]. Aquí nos limitaremos á lo más esencial, insistiendo en lo menos sabido.

La influencia clásica fué reconocida, aunque en términos vagos, por Aribau. «Sin parecerse la _Celestina_ á ninguna de las obras de la antigüedad, en toda ella trasciende un olor suavísimo de lectura y meditación sobre los mejores modelos»[69]. No se parece, en efecto, á ninguna; pero tiene rasgos sueltos de muchas, y algo, capital á mi juicio, que procede de fuente conocida.

No doy grande importancia á los nombres históricos, geográficos y mitológicos; pedantería harto fácil y común á todos los autores de aquel tiempo, pero merecen más atención las citas positivas de varios clásicos que hay esparcidas por el libro y la traducción ocasional de alguna frase ó sentencia. Desde las primeras líneas del prólogo nos encontramos con el filósofo Heráclito y la exposición bastante clara de un principio capital de su sistema físico: «Todas las cosas ser criadas á manera de contienda ó batalla, dize aquel gran sabio Eráclito en este modo: _Omnia secundum litem fiunt_».

Más adelante nos da noticias del pez _echeneis_, que parecen tomadas de Aristóteles, Plinio y Lucano, pero que realmente lo han sido del Comendador Hernán Núñez en su glosa á Juan de Mena: «Aristótiles y Plinio cuentan maravillas de un pequeño pece llamado Echeneis... Especialmente tiene una, que si llega á una nao ó carraca, la detiene que no puede menear, aunque vaya muy rezio por las aguas; de lo cual haze Lucano mencion diciendo:

_Non puppim retinens, Euro tendente rudentes, In mediis Echeneis aquis_...

«No falta allí el pece dicho _Echeneis_, que detiene las fustas cuando el viento Euro estiende las cuerdas en medio de la mar»[70].

Del texto de la _Tragicomedia_ sólo recordaré unos cuantos lugares, dejando lo demás para quien emprenda el comentario perpetuo que tal obra merece. La madre Celestina, en el aucto IV, cita con precisión un verso de Horacio, sin nombrarle: «¿No has leydo que dizen: _verná el dia que en el espejo no te conozcas_». El lírico latino había escrito (Od. IV, carm. X, v. 6.):

_Dices, heu! quoties te in speculo videris alterum_...

Sempronio nos advierte (aucto VIII) que «las yras de los amigos suelen ser reintegracion de amor». Es sentencia muy sabida de Terencio en la _Andria_ (v. 556): «_Amantium irae, amoris integratio est_». Pármeno, tan leído como su compañero, traduce, embebiéndolos en el diálogo, cuatro versos del prólogo de las sátiras de Persio (8-11):

_Quis expedivit psittaco suum Xαῗρε Picasque docuit verba nostra conari? Magister artis ingenîque largitor Venter, negatas artifex sequi voces._

«La necessidad e pobreza; la hambre, que no ay mejor maestra en el mundo, no ay mejor despertadora e abivadora de ingenios. ¿Quién mostró á las picaças e papagayos ymiten nuestra propia habla con sus _harpadas lenguas_[71], nuestro órgano e boz, sino esta?» (Aucto IX).

En boca de Pleberio (aucto XX) encontramos el «_degeneres animos timor arguit_» de Virgilio (_Æn._, IV, 13): «á los flacos coraçones el dolor los arguye». Y en su lamentación repite el «_Cantabit vacuus coram latrone viator_» de Juvenal (Sat. X, 22): «como caminante pobre que sin temor de los crueles salteadores va cantando en alta boz».

Éstos y otros pasajes[72], que sin esfuerzo notará cualquier humanista, pertenecen á lo más sabido y vulgar de las letras clásicas, y por lo mismo parecen indicar reminiscencias escolares muy frescas. Horacio, Virgilio, Terencio, Juvenal y Persio eran de los autores que se leían más en las aulas. Acaso las frecuentaba todavía el autor ó había salido de ellas poco antes.

Pero entremos en otro género de imitaciones más dignas de consideración. El primer esbozo del carácter de la tercera de ilícitos amoríos (con puntas y collares de hechicera) puede encontrarse en la vieja Dipsas, que figura en una de las elegías de los _Amores_ del lascivo poeta de Sulmona (Lib. I, eleg. VIII):

_Est quaedam, quicumque volet cognoscere lenam, Audiat, est quaedam, nomine Dipsas, anus_...[73]

Dipsas tiene rasgos comunes con Celestina. El primero es la intemperancia báquica (_Lacrimosaque vino lumina_), de la cual procede su nombre (_ex re nomen habet_), y por la cual el poeta, en sus maldiciones, la desea perpetua sed:

_Dî tibi dent nullosque lares, inopemque senectam; Et longas hiemes, perpetuamque sitim._

(v. 113-114).

Otro, y más característico, es la pericia en las artes mágicas, el poder de la hechicería, que no se limita aquí á la preparación de filtros amorosos ni al conocimiento de las virtudes arcanas de ciertas yerbas, sino que domeña la naturaleza con infernal señorío, torciendo el curso de las aguas, disponiendo á su arbitrio de la tempestad y de la calma, enrojeciendo la faz de la Luna y haciendo que derramen sangre las estrellas[74]. No falta, por supuesto, el vuelo nocturno y la evocación de los muertos:

_Evocat antiquis proavos atavosque sepulchris, Et solidam longo carmine findit humum._

Por robusta que fuese la credulidad de los contemporáneos de Fernando de Rojas, no era fácil que á una bruja castellana pudieran atribuirse tales portentos. Sólo de la _necromancia_ ha quedado algún rastro en la relación que Celestina hace de las diabólicas artes de la madre de Pármeno[75]. En todo esto puede verse también el recuerdo de las Canidias y Saganas de Horacio y del libro de Apuleyo, que está expresamente citado en la _Tragicomedia_ (aucto VIII): «En tal hora comiesses el diacitron, como _Apuleyo el veneno que le convirtió en asno_».

Pero no son la embriaguez ni la hechicería las notas capitales de la Celestina española; en lo que emula y supera á la Dipsas ovidiana es en el oficio que ambas ejercen de concertadoras de ilícitos tratos, y en la pérfida astucia de sus blandas palabras y viles consejos:

_Haec sibi proposuit thalamos temerare pudicos; Nec tamen eloquio lingua nocente caret._

(v. 19-20).

De esta _elocuencia_ da muestra Dipsas queriendo sobornar á la amada del poeta en un razonamiento que recuerda mucho los coloquios de Celestina con Areusa y aun con la misma Melibea:

_Scis, hera, te, mea lux, juveni placuisse beato: Haesit, et in vultu constitit usque tuo_... .......................................................... _Ludite, formosae: casta est, quam nemo rogavit, Aut, si rusticitas non velat, ipsa rogat._ .......................................................... _Labitur occulte, fallitque volubilis aetas; Ut celer admissis labitur amnis aquis._

(v. 23-24; 43-44; 48-49).

Tal es el tipo de la _Lena_ romana, ligeramente bosquejado por Ovidio y Propercio.

En el teatro clásico tiene otros precedentes de más consideracion la fábula española. No los disimula Alonso de Proaza en sus octavas encomiásticas:

No debuxó la cómica mano De Nevio ni _Plauto_, varones prudentes, Tan bien _los engaños de falsos siruientes Y malas mugeres_ en metro romano. Cratino y Menandro y Magnes anciano Esta materia supieron apenas Pintar en estilo primero de Athenas Como este poeta en su castellano.

Claro es que Magnes y Cratino, poetas de la antigua comedia ateniense, eran meros nombres para Rojas y su panegirista. Poco menos debía de pasarles con Menandro, cuyos fragmentos no fueron impresos hasta 1553, y de quien sólo en años muy recientes nos han revelado los papiros egipcios algunas comedias más ó menos incompletas[76]. Pero Menandro, á quien toda la antigüedad consideró como el más exquisito poeta de la comedia nueva[77], vivía indirectamente en sus imitadores latinos, especialmente en Terencio. Tanto él como Plauto eran familiares al bachiller Rojas, según puede colegirse por varios indicios. Ya Aribau se fijó en los nombres de algunos personajes, que evidentemente están tomados de las comedias latinas, donde desempeñan papeles análogos. _Pármeno_[78] (que se interpreta _manens et aditans domino_) aparece en el _Eunuco_, en los _Adelfos_ y en la _Hecyra_. En esta misma comedia y en la _Andria_ interviene _Sosia_, todavía más conocido por la parte chistosísima que desempeña en el _Anfitrión_ de Plauto. El nombre de _Crito_ se repite tres veces en el teatro de Terencio (_Andria_, _Heautontimorumenos y Phormio_). _Traso_ es el soldado fanfarrón rival del joven Fedria en el _Eunuco_, y probablemente la idea de llamar _Centurio_ á un rufián ha sido sugerida por la misma comedia (v. 775), en que se pregunta por un _centurión_ llamado Sanga: «Vbi _centurio_ est Sanga, _manipulus furum_?» La madre de Melibea (acto IV) dice que va á visitar á la mujer de _Cremes_. Tres viejos de Terencio (_Andria_, _Heautontimorumenos_, _Phormio_) y un adolescente (_Eunuchus_) tienen el nombre de _Chremes_. Otros nombres de la _Tragicomedia_ parecen forjados á similitud de éstos[79].

Si en la imposición de los nombres lleva Terencio la ventaja, en otras cosas de la _Celestina_ se revela más el estudio de Plauto. Á él hay que referir probablemente el título definitivo de la obra que primeramente había llamado su autor _comedia_. La voz _tragicomedia_ (más bien _tragicocomedia_) es una invención jocosa del poeta latino en el prólogo de su _Anfitrión_. Mercurio, que le pronuncia, dice á los espectadores:

«Voy á exponeros el argumento de esta tragedia. ¿Por qué arrugais la frente? ¿Porque os dije que iba á ser tragedia? Soy un dios, y puedo, si quereis, transformarla en comedia, sin cambiar ninguno de los versos. ¿Quereis que lo haga así ó no? Pero, necio de mí, que siendo un dios no puedo menos de saber lo que pensais sobre esta materia! Haré, pues, que sea una obra mixta, á la cual llamaré _tragico-comedia_, porque no me parece bien calificar siempre de comedia aquella en que intervienen reyes y dioses, ni de tragedia á la que admite personajes de siervos. Será, pues, como os he dicho, una _tragicocomedia_».

_Post, argumentum hujus eloquar tragoediae. Quid contraxistis frontem? quia tragoediam Dixi futuram hanc? Deus sum; conmutavero Eandem hanc, si voltis; faciam ex tragoedia Comoedia ut sit, omnibus eisdem versibus. Vtrum sit, an non, voltis? Sed ego stultior Quasi nesciam vos velle, qui divos siem: Teneo quid animi vostri super hac re siet. Faciam ut commixta sit tragicocomoedia, Nam me perpetuo facere ut sit comoedia, Reges quo veniant et di, non par arbitror. Quid igitur? quoniam heic servos quoque parteis habet Faciam sit, proinde ut dixi, tragicocomoedia._

Sin duda que este pasaje no puede tomarse en serio como determinación de un nuevo género poético, porque Plauto se chancea con el público, pero también es cierto que ninguna obra de su teatro se asemeja al _Anfitrión_, que no es parodia trágica ni tampoco verdadera comedia. El infortunio conyugal del jefe tebano, víctima de un poder tan absurdo como incontrastable, no produce risa sino indignación en el lector ó espectador moderno, y acaso también en el antiguo, ni hay en los caracteres de Anfitrión y Alcumena nada que no sea decoroso y digno de personas trágicas. Lo cómico se refugia en figuras secundarias. Y como en los diez y nueve siglos que transcurrieron entre Plauto y el bachiller Fernando de Rojas, una sola obra que sepamos volvió á llamarse _tragicomedia_[80], nos inclinamos á admitir la derivación plautina. Pero conviene notar que el poeta romano justifica la novedad del título con la mezcla de personajes trágicos y cómicos, y el autor castellano con la mezcla de placer y dolor, lo cual es mucho más racional y filosófico: «Otros han litigado sobre el nombre, diziendo que no se avia de llamar comedia, pues acabava en tristeza, sino que se llamase tragedia. El primer autor quiso darle denominación del principio, que fue plazer, e llamóla comedia. Yo, viendo estas discordias entre estos extremos, partí agora por medio la porfia, e llaméla _tragicomedia_».

El nombre quedó en la literatura española del siglo XVI, y fué aplicado á obras de muy vario argumento. Gil Vicente, que en tantas cosas fué tributario de la _Celestina_, llamó _tragicomedias_ á una sección entera de sus obras, en que se mezclan piezas alegóricas, como el _Triumpho do inverno_ y la _Serra da Estrella_, con dramas caballerescos, como _Don Duardos_ y _Amadís de Gaula_. _Tragicomedia alegórica del Paraíso y del Infierno_ se rotula la excelente refundición castellana de una de las _Barcas_ del mismo Gil Vicente, impresa en Burgos, en 1539. Una de las piezas de la _Turiana_, atribuídas á Juan de Timoneda, lleva el título de _Tragicomedia Filomena_. En la numerosa serie de las _Celestinas_, sólo una, la de Sancho Muñón, conserva el dictado de _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_.

Ninguna de las comedias de Plauto y Terencio presenta una acción análoga á la de la _Celestina_, pero hay en casi todas rasgos de parentesco y semejanza que las hacen hasta cierto punto de la misma familia dramática[81]. Rojas se asimiló muchos de los elementos de la comedia latina. La continua intervención de los siervos en las intrigas amorosas de sus amos hacen al Líbano de la _Asinaria_, al Toxilo y al Sagaristión de _El Persa_, al redomado _Pseudolo_ que da título á una comedia, al _Epidico_ protagonista de otra, al Crisalo de _Las dos Báquides_, precursores remotos de Sempronio y Pármeno. Lo mismo puede decirse del Davo de la _Andria_, del Siro del _Heautontimorumenos_, del Geta del _Formion_, del Pármeno del _Eunuco_, que ni siquiera ha tenido que cambiar de nombre.

Abundan también en el teatro latino los rufianes propiamente dichos (_lenones_), que trafican con la venta de mujeres, como el Capadocio del _Curculio_, el Labrax del _Rudens_, el Dordalo de _El Persa_, el Sannion de los _Adelfos_ y otros varios, casi todos escarnecidos y burlados en su torpe lucro por las estratagemas de los siervos. Cuando desapareció la esclavitud en la forma en que la conocieron los pueblos clásicos, tuvieron que resultar exóticas en cualquier teatro moderno las intrigas á que dan lugar los raptos de doncellas, su exposición en público mercado y los reconocimientos ó _anagnorises_ que las hacen pasar súbitamente de la condición servil á la ingenua. Nuestro autor se abstuvo cuerdamente de imitarlas, al revés de lo que hicieron los poetas cómicos de Italia en el siglo XVI con monotonía servil y fatigosa.

Pero había otra figura cómica en el teatro latino, que podía trasplantarse á la escena moderna: el soldado fanfarrón, el _miles gloriosus_, bravo en palabras y corto en hechos, que al pasar á las imitaciones adquiere algunos de los caracteres del _leno_. No es ya mercader de esclavos, pero vive cínicamente con el tráfico vil de sus protegidas. Tal es el rufián Centurio, llamado así irónicamente, no por ser capitán de cien hombres, sino por rufián de cien mujeres. El abolengo de estos _milites_, que en los siglos XVI y XVII inundan nuestra escena y la italiana, se remonta á aquellos otros figurones que en el repertorio de Plauto llevan los retumbantes nombres de _Therapontigono_ (en el _Curculio_), de _Pyrgopolinices_ (en el _Miles gloriosus_), de _Stratophanes_ (en el _Truculentus_). Todos ellos tienen por nota característica la fanfarronada: todos se jactan sin cesar de sus imaginarias proezas; todo el mundo se burla de ellos y de sus ridículos amoríos; son víctimas de los parásitos y de las rameras, y á todos cuadra la descripción que Palestrio hace de su amo:

..._gloriosus, inpudens, Stercoreus, plenus perjuri atque adulteri: Ait sese ultro omneis mulieres sectarier. Is deridiculu'st, quaqua incedit, omnibus._

(_M. G._, Acto II, scena I, v. 11-14).

Apenas hay comedia latina sin meretrices, porque los hábitos de la antigua escena rara vez toleraban intrigas amorosas con mujeres de condición libre, sino con esclavas y libertas. Pero entre estas cortesanas hay muchos grados. Las de Terencio suelen ser enamoradas sentimentales, que desmienten con la delicadeza de sus afectos el oprobio unido á su nombre y oficio. La honestidad de su lenguaje es tal, que los más severos educadores cristianos no han tenido reparo en poner el volumen de las comedias terencianas, con muy ligera expurgación, en manos de sus alumnos[82]. Las heroínas de Plauto, por el contrario, suelen pertenecer al mismo mundo que Elicia y Areusa, y aun peor. Rasgos hay de ternura, por ejemplo, en la escena de la separación de Argiripo y Filenia en la _Asinaria_ (acto III, scena III), pero ¿á quién no repugnan las bajas complacencias de Filenia con el padre y el hijo simultáneamente?

Las comedias de Plauto donde más de propósito se pintan costumbres meretricias son las _Bacchides_, la _Cistellaria_ y el _Truculentus_. En todo esto no se ve ninguna imitación directa. Más importante es la galería de las _lenas_, no sólo porque desempeñan el mismo oficio que Celestina, sino porque se muestran como ella razonadoras y sentenciosas y dan verdaderas lecciones de perversidad á sus educandas. Así Cleereta en la _Asinaria_, Scafa en la _Mostellaria_, y más especialmente otra _lena_ anónima que adoctrina en la _Cistellaria_ á Silenia y á Gimnasia (acto I, scena I). Añádase el rasgo común de la embriaguez consuetudinaria y parlante. «_Multiloqua et multibiba_» es la «_anus_» de la _Cistellaria_. «_Multibiba_» y «_merobiba_» son epítetos que se aplican á la del _Curculio_,

_Quasi tu lagenas dicas, ubi vinum solet Chium esse._

(Acto I, scena I, v. 78-79).

Las palabras con que celebra el vino tienen el mismo entusiasmo ditirámbico que las de Celestina en el aucto IX de la _Tragicomedia_:

_Salve anime mi, Liberi lepos: ut veteris vetusti cupida sum! Nam omnium unguentum odor prae tuo nautea 'st. Tu mihi stacte, tu cinnamomum, tu rosa, Tu crocinum et casia es, tu bdellium: nam ubi Tu profusus, ibi ego me pervelim sepultam_...

(Acto I, scena II, v. 3-8).

Rojas, que tan versado se muestra en las letras latinas, ¿tendría algún conocimiento de las griegas? No sería inverisímil el caso, porque ya en su tiempo las enseñaban en Salamanca Nebrija y Arias Barbosa, pero no tengo ningún motivo para afirmarlo. Lo que me parece seguro es que conoció, á lo menos en la versión latina de Marcos Musuro, que estaba impresa antes de 1494, el poema de Museo sobre los amores de _Hero y Leandro_[83], de donde manifiestamente está imitada la catástrofe de Melibea.

Sólo aquel texto clásico pudo sugerirle la idea, tan poco española, del suicidio, porque es idéntica la situación de ambas heroínas ó idéntico también el modo que eligen de darse muerte, precipitándose ambas de una torre:

Παρὰ κρηπῖδα δὲ πύργου θρυπτόμενον σπιλάδεσσιν ὅτ' ἔδρακε νεκρὸν ἀκοίτην δαιδαλέον ῥήξασα περὶ στήθεσσι χιτῶνα, ῥοιζηδὸν προκάρηνος ἀπ' ἠλιβάτου πέσε πύργου. Κὰδ' Ἡρὼ τέθνηκεν ἐπ' ὀλλυμένῳ παρακοίτῃ, ἀλλῄλων δ' ἀπόναντο καὶ ἐν πυμάτῳ περ' ὀλέθρῳ.

_...Apud fundamentum vero turris Dilaniatum scopulis ut vidit mortuum maritum, Artificiosam disrumpens circa pectore tunicam Violenter praeceps ab excelsa cecidit turri. At Hero periit super mortuo marito, Se-invicem vero fructi-sunt etiam in ultima pernicie_[84].

Versos que tradujo con valentía, especialmente el final, nuestro orientalista D. José Antonio Conde:

Desde los pechos rasga el rico manto, Y al mar se lanza desde la alta torre; Así murió por su difunto esposo, Y hasta en la misma muerte se gozaron[85].

Esta apoteosis del Amor triunfante de la Muerte es una de las cosas más notables de la _Celestina_, y no creo que pueda referirse á otra fuente literaria que la indicada. El delirio amoroso de los poemas del ciclo bretón es cosa muy diferente, y el lento y torpe suicidio del Leriano de la _Carcel de Amor_, que se extingue de hambre bebiendo en una copa de agua los pedazos de las cartas de su amada, por ningún concepto anuncia la arrogante y desesperada resolución de Melibea.

Pero no basta con los estudios clásicos puros para explicar la elaboración de la _Celestina_. Tuvo el drama antiguo una continuación erudita que nunca faltó del todo aun en los siglos más oscuros de la Edad Media, aunque llegara á perderse el genuino sentido de las voces _tragedia_ y _comedia_ y no quedase rastro alguno de representaciones en público teatro. Ya no fué destinada para él (aunque sí para cierta escena privada y aristocrática) la única obra cómica del tiempo del Imperio que nos ha quedado: la ingeniosa y elegante comedia _Querolus_ ó _Querulus_, que puede estimarse como una continuación de la _Aulularia_ de Plauto, cuyo puesto y título usurpó durante los siglos bárbaros. Esta pieza, de autor ignoto, compuesta al parecer en la Galia Meridional á principios del siglo V y dedicada á un Rutilio, que bien puede ser Rutilio Namaciano el autor del _Itinerarium_, tuvo por auditorio á los comensales del mismo Rutilio, según se infiere de la dedicatoria: «Nos hunc fabellis atque _mensis_ librum scripsimus». Es lo que hoy diríamos una «comedia de gabinete», fruto tardío, aunque sabroso, de un gramático de la decadencia. En su primitiva forma esta comedia seguía las tradiciones métricas del teatro latino, pero fué prosificada en la Edad Media, como lo fueron también las fábulas de Fedro. Varios eruditos han trabajado en restituirla á su lección primitiva, entre ellos Klinkhamer (1825) y más recientemente L. Havet, que al parecer ha salido triunfante de la empresa. De su delicado y minucioso análisis resulta que el _Querolus_ fué escrito no en un _pes clodus_ como el que Bücheler ha notado en las inscripciones de África, sino en tetrámetros trocaicos catalécticos y tetrámetros yámbicos acatalectos, y con arreglo á este principio logra restaurar gran número de versos[86].

Cinco siglos nada menos, y una transformación total del mundo, separan el _Querolus_ de las seis comedias que en el siglo X compuso la monja alemana Rosvita (_Hrotsvitha_) bella y simpática figura en el renacimiento literario de la corte de los Otones. Estas seis piezas, que forman la segunda parte de sus obras (_liber dramatica serie contextus_), no llevan la menor indicación de haber sido representadas, ni nadie sostiene ya que lo fuesen, aunque Magnín lo defendió con deslumbradores argumentos[87] y sobre ellos fantaseó libremente la crítica romántica. Por su argumento son leyendas religiosas, que sólo en estar dialogadas se diferencian de otras varias que Rosvita trató en narración épica. Por su forma ó estilo quieren ser imitaciones de Terencio, y al mismo tiempo una especie de antídoto contra el veneno de las ilícitas pasiones que representó en sus versos aquel poeta[88]. Nada á primera vista menos terenciano que las comedias de Rosvita, que ni siquiera tienen división de actos y escenas; que no están en verso, sino en prosa; que sólo presentan triunfos de la castidad y de la fe, conversiones de pecadores, luchas heroicas de santos mártires, y que en su latinidad, cuyo mérito se ha exagerado, aunque es notable para su tiempo, poco ó nada conservan de aquella flor de aticismo y gracia urbana que es el mayor encanto de Terencio. Pero reparando algo se advierte que la religiosa de Gandersheim debe á la asidua lectura del poeta cómico romano, no sólo la relativa pureza de su lenguaje y ciertos giros marcadamente imitados de su modelo, sino la soltura y facilidad con que llegó á manejar el diálogo y hasta algunos atisbos de psicología sentimental y amatoria, de que ella misma parece ruborizarse en su _prefacio_, escrito con cierta coquetería mística que no carece de encanto[89]. Terencio, aunque sea el más casto de los poetas antiguos, es al fin un poeta del amor. Queriendo Rosvita imitarle á lo divino para borrar el efecto de sus pinturas, no retrocedió ante los coloquios amatorios, ni temió penetrar con los ermitaños Abraham y Pafnucio en los pecaminosos lugares de donde redimen aquellos santos varones á María y á Tais[90]. Sólo en las páginas de Terencio pudo adivinar algo de aquel mundo de las meretrices, que la inspira tan candorosas observaciones: «Hoc meretricibus _antiquitus_ fuit in more, ut alieno delectarentur in amore».

Las obras de Rosvita poco importan en la evolución del teatro religioso y profano de la Edad Media, pero son un anillo en la historia de la comedia clásica, y bastarían para probar, si no fuese tan notorio el hecho, que Terencio es de los raros autores que tuvieron el privilegio de atravesar incólumes la Edad Media, sin que fuese preciso desenterrarlos en los grandes días del Renacimiento.

Rosvita parece condenada á servir de blanco á críticos excéntricos ó imaginativos. En 1867, José Aschbach llegó á sostener, en una Memoria de la Academia Imperial de Viena (_Roswitha und Conrad Celtes_), que sus obras eran apócrifas y habían sido forjadas por Celtes y otros humanistas del siglo XVI. De esta opinión dió buena cuenta Waitz (_Goëtting. gelehrte Anzeigen_, 1867, pp. 1261 y ss.) y no ha sido tomada en cuenta por nadie.

No acontece lo mismo con Plauto. De este padre de los donaires cómicos sólo se conocieron antes del siglo XV ocho piezas, y aun éstas se leían muy poco (_Amphitruo_, _Asinaria_, _Aulularia_, _Captivi_, _Curculio_, _Casina_, _Cistellaria_, _Epydicus_). Hay, sin embargo, en la literatura de los siglos XII y XIII un género curiosísimo de _comedias_ (así las llamaban sus autores), en que á vueltas de otros argumentos aparecen dos ó tres de Plauto, pero tan extrañamente modificados que es imposible ver en ellos imitación directa de las piezas originales. Proceden, á no dudarlo, de otras refundiciones más antiguas[91].

Todas estas comedias tienen el mismo metro, que es el más antidramático que puede darse: el dístico de hexámetros y pentámetros, á imitación de Ovidio. Se las designa, por eso, con el calificativo de _comedias elegíacas_. Algunas, como la _de Vetula_, están completamente dialogadas; otras, y son las más, mezclan el diálogo con la narración, y realmente no son tales comedias, sino cuentos en verso, que por lo cínicos y desaforados corren parejas con los más licenciosos _fabliaux_ compuestos en lengua vulgar.

Las dos muestras más antiguas y más _plautinas_ de la comedia elegíaca pertenecen á un mismo autor, Vital de Blois (_Vitalis Blessensis_). Á lo menos, él creía imitar á Plauto, y se escuda con su nombre:

_Qui releget Plautum, mirabitur altera forsan Nomina personis quam mea scripta notent._ .......................................................... _Absolvar culpâ; Plautum sequor..._ .......................................................... _Haec mea vel Plauti comoedia, nomen ab ollâ Traxit, sed Plauti quae fuit, illa mea est... Curtari Plautum; Plautum haec jactura beabit, Ut placeat Plautus, scripta Vitalis emunt. Amphytrion nuper, nunc Aulularia tandem Senserunt senio pressa Vitalis opem._

En realidad, no conocía ni por asomos al verdadero Plauto. La _Aulularia_, que refundió y abrevió, era el _Querolus_. El _Anfitrion_, disfrazado con el nombre de _Comedia de Geta_, tampoco procede del genuino _Anfitrion_ plautino, sino de una imitación más moderna, probablemente contemporánea del _Querolus_, puesto que á mediados del siglo V alude á ella Sedulio en los primeros versos de su _Carmen Paschale_:

_Quum sua gentiles studeant figmenta poetae Grandisonis pompare modis, tragicoque boatu, «Ridiculove Geta», seu qualibet arte canendi, Saeva nefandarum renovent contagia rerum[92]._

En el poema de Vital de Blois, la fábula de Júpiter y Alcumena queda muy en segundo término, y todo el interés se concentra en dos figuras de esclavos, Geta y Birria. El primero, que sustituye al _Sosia_ de Plauto, es la caricatura de un fámulo escolástico de la Edad Media, cargado de libros y de presunción pedantesca. Hace contraste á su figura la del otro siervo, Birria, grosero, lerdo é ignorante, que triunfa de la vana dialéctica de su compañero por no haberse depravado y entontecido en las escuelas como él. Este dato, que no carece de ingenio, contribuyó mucho á la popularidad de esta comedia, de la cual se encuentran rastros en todas las literaturas medioevales.

Imitación de Plauto[93] pudiera juzgarse también por el título la _Comedia de milite glorioso_, atribuída á Mateo de Vendôme[94], pero de la obra antigua apenas ha quedado más que el título. Los lances son enteramente diversos y pertenecen al fondo más escandaloso de la novelística popular[95]. Lo mismo puede decirse de la _Comedia Milonis_, cuyo autor, que es el mismo Mateo, declara su nombre en el verso final:

_Debile «Mathaei Vindocinensis» opus._

Esta pieza es de origen oriental, y se deriva remotamente de un episodio del _Sendebar_. El héroe se llama Milón de Constantinopla, y la pieza misma se da como imitación de las fábulas griegas (_ludicra graeca_). Y efectivamente, por la Grecia bizantina pasaron todas estas historias antes de incorporarse á la cultura europea[96].

La _Comedia Lydia_, también de Mateo de Vendôme, es un largo _fabliau_, cuyo principal interés consiste en ser fuente de la novela 9.ª, jornada 7.ª del _Decameron_, es decir, de la historia del peral encantado[97]. Pero la más cínica y brutal de estas composiciones es la _Alda_, atribuída á Guillermo de Blois. Quienquiera que fuese el poeta, se da por imitador nada menos que de Menandro:

_Venerat in linguam nuper peregrina latinam Haec de Menandri fabula rapta sinu..._

Su argumento recuerda mucho el del _Eunuco_, de Terencio, salvo que el seductor no se hace pasar por eunuco, sino por mujer: tema común de muchos cuentos libidinosos desde la aventura de Aquiles y Deidamia. La comedia de Terencio era una imitación del _Phasma_ de Menandro, como en su prólogo se declara, y es muy verisímil que en alguna refundición del Bajo Imperio se hubiese sustituído el nombre del poeta griego al del imitador latino, con lo cual tendríamos un caso análogo al _Querolus_ y al _Amphitrion_[98].

Completan la breve serie de las comedias elegíacas, la de _Baucis_, la de _Babio_, la de _Affra et Flavius_ y alguna otra de menos cuenta. De intento hemos reservado para el fin las dos que nos interesan para este estudio: la comedia _de Vetula_ y el _Libellus de Paulino et Polla_.

No he visto en España códice alguno de comedias elegíacas, pero consta de un modo indudable que fueron conocidas é imitadas algunas de ellas. La de _Geta y Birria_ está aludida tres veces en el _Cancionero de Baena_ (n. 115, 116, 117). Dice Alfonso Álvarez de Villasandino, en su profecía contra el cardenal de España D. Pedro Fernández de Frías, escrita hacia 1405:

Cuenten de _Byrra_ toda su peresa, E las falsedades de Cadyna e Dyna...

Y en otra poesía del mismo autor y del mismo tiempo:

Atyendan vengança del muy falso Breta, Qual ovo de _Birra_ su compañero (¿compadre?) _Geta_.

En otros versos, muy oscuros por cierto y revesados, de un Maestro Frey Lopes, alusivos también á la caída del cardenal:

Ya _Byrra_ floresció (¿floresce?) por su condicion: Del que por peresça de vida discreta, Pierde su facienda por el torpe _Geta_, Non ha este mundo nin la salvacion[99].

¿Estos versos se refieren al poema latino ó á alguna versión castellana que hubiese de él? No es temerario conjeturarlo, puesto que medio siglo antes había pasado ya á nuestro romance, mejorada en tercio y quinto, la obra más curiosa de este género, _Pamphilus de amore_, llamada también _Comedia de Vetula_. Intercalada en el libro multiforme del Arcipreste de Hita, forma casi la quinta parte de él, y eso que ha llegado á nosotros con lamentables mutilaciones aun en el manuscrito más completo, en el que fué del Colegio Viejo de Salamanca[100].

Habiendo discurrido largamente acerca del _Pamphilus_ en el tomo primero de estos _Orígenes_, doy por sabido todo lo que allí expuse[101] sobre la fecha probable de esta comedia, sobre su especial carácter y sobre la transformación genial y luminosa que de ella hizo el Arcipreste de Hita, convirtiendo en un cuadro de costumbres lleno de vida y lozanía lo que en el original no es más que una árida y fastidiosa rapsodia, un centón de hemistiquios de Ovidio, una mala paráfrasis de algunas de sus lecciones eróticas. Claro que en el fondo el _Pamphilus_ es el _esquema_, no sólo del episodio del Arcipreste, sino de la propia _Celestina_, pero lo es de un modo tan simple, tan pueril, tan adocenado, que casi da pena acordarse de él cuando se trata de tales obras[102].

No está probado, á pesar de la rotunda afirmación de Schack[103], que Fernando de Rojas conociera el _Pamphilus_ en su forma original, aunque precisamente en su tiempo menudearon las ediciones de esta comedia, que llegó á ser tan rara y olvidada después; y algún uso debía de hacerse de ella en las escuelas, como lo indica el _comento familiar_ del humanista Juan Prot. Pero realmente no necesitaba haberla leído, porque todo lo que de ella pudo sacar había pasado á la obra del Arcipreste, que es sin duda uno de sus indisputables predecesores.

Este gran poeta no estaba olvidado en el siglo XV, aunque por su estilo y su métrica se le considerase como arcaico. El marqués de Santillana le nombra en su famosa _Carta al Condestable de Portugal_, y el Arcipreste de Talavera, Alfonso Martínez, no sólo le cita dos veces, sino que le recuerda cuanto es posible, dada la diferencia de géneros que cultivaron. De los tres manuscritos que nos han conservado la obra poética del primer Arcipreste, uno procede del más antiguo de los colegios mayores de Salamanca, otro de la catedral de Toledo, ciudades una y otra tan familiares á Rojas.

Pero la evidencia interna se saca no sólo de la comparación de algunos pasajes de la _Celestina_ con otros de Juan Ruiz, en que están manifiestamente inspirados, sino del estudio de la fábula misma y de los cambios que en ella introdujo el Arcipreste, alongándose mucho trecho de la _comedia de Pánfilo_ y preparando el advenimiento de la _comedia de Calisto_.

Aunque la _Vetula_, como todas las demás elegías dramáticas, no tiene en los manuscritos división de actos ni de escenas, tanto el antiguo comentador Juan Prot como el moderno editor Baudouin reconocen en ella cinco actos breves. La forma es enteramente dialogada, sin mezcla de relato alguno, y podría ser representable si no lo estorbasen su insulsez y la escena lúbrica del final. El Arcipreste de Hita tuvo que acomodarla á la índole autobiográfica de su libro, y puso en relato parte de la historia, dándose al principio como protagonista de ella, aunque luego confiesa lisa y llanamente su origen literario:

Sy vyllania he dicho aya de vos _perdon_, Que lo feo de estoria dis _Panfilo e Nason_.

(Copla 891).

Entyende byen mi estoria de la fija _del endrino_, Díxela por te dar enxiemplo, non porque _a mi avino_.

(Copla 909).

Comienza el acto primero con un monólogo del protagonista Pánfilo, cuyo nombre parece tomado de Terencio en la _Andria_ ó en la _Hecyra_. El Arcipreste ha embebido este soliloquio en el diálogo del amante con Venus, que corresponde á la escena segunda del texto latino:

So ferido e llagado, de un dardo so perdido, En el coraçon lo trayo _ençerrado e escondido_.

(Copla 388).

_Vulneror el clausum porto sub pectore telum, Crescit et assidue plaga dolorque mihi._

Toda la escena está fielmente traducida, pero largamente amplificada.

Señora doña Venus, muger de don Amor, Noble dueña, omíllome yo vuestro servidor; De todas cosas sodes vos e el Amor señor, Todos vos obedescen commo a su façedor. Reyes, duques e condes e toda criatura Vos temen e vos serven commo a vuestra fechura.

(Coplas 385-6).

_Unica spes vite notre, Venus inclita, salve, Que facis imperio cuncta subire tuo, Quam timet alta Ducum servitque potentia Regum._

(V. 25-27)[104].

Todos los tipos salen de la fría, y sosa abstracción ética en que el anónimo autor de la comedia latina los había dejado. En vez de la sombra de Pánfilo, que sólo acierta á decir de su amada Galatea:

_Est michi vicina (vellem non esse) puella..._ .......................................................... _Fertur vicinis formosior omnibus illa, Aut me fallit amor, omnibus haud superest._ .......................................................... _Dicitur (et fateor) me nobilioribus orta_

(V. 33-39-40-47).

tenemos aquí las españolizadas figuras de D. Melón de la Huerta, «mancebillo guisado que en nuestro barrio mora», y de doña Endrina, la viuda de Calatayud, de quien se hace este lindo retrato:

De talle muy apuesto, de gestos amorosa, Donegil, muy loçana, plasentera e fermosa, Cortés e mesurada, falaguera, donosa, Graciosa e risuenna, amor de toda cosa... Fija de algo en todo e de alto linaje.

(Coplas 381-383).

El ser la heroína viuda y no doncella es nota peculiar de la imitación del Arcipreste, que no pasa á Rojas. Pudiera sospecharse que la concordancia que en esto guardan el _Pamphilus_ y la _Celestina_ arguye parentesco directo entre estas dos piezas. Pero no es necesario admitirlo, porque el proceso de la seducción es más natural, y también más dramático, tratándose de una virgen que de una mujer en quien ha de suponerse alguna experiencia de la vida. Para el efecto artístico tal combinación es la preferible, y creo que á Rojas se le hubiera ocurrido aun sin tener presentes el _Pamphilus_ ni la _Poliscena_. Nadie se imagina á D. Juan conquistando viudas.

De los consejos de doña Venus no hay que hablar: proceden del _Pamphilus_ gallardamente traducido. También está allí, aunque sólo en germen, el primer coloquio de los dos amantes:

_Quam formosa, Deus! nudis venit illa capillis!_ ..........................................................

(V. 133).

Pero aquí es donde más se palpa la enorme superioridad del imitador. La escena del primer encuentro de doña Endrina con D. Melón en los soportales de la plaza está escrita con tal cortesanía, discreción y gentileza, que los primeros versos han hecho recordar á algún crítico nada menos que el incomparable soneto de Dante, _Tanto gentile e tanto onesta pare_:

¡Ay Dios! E quán fermosa vyene doña Endrina por la plaça! ¡Qué talle, qué donayre, qué alto cuello de garça! ¡Qué cabellos, qué boquilla, qué color, qué buen andança! Con saetas de amor fyere quando los sus ojos alça. Pero tal lugar no era para fablar en amores: A mí luego me venieron muchos miedos e temblores, Los mis pies e las mis manos non eran de sí sennores. Perdi seso, perdi fuerça, mudaron se mis colores. Unas palabras tenia pensadas por le desir, El miedo de las compañas me facian ál departir, Apenas me conoscia nin sabia por do yr, Con mi voluntat mis dichos non se podian seguir. .......................................................... Paso a paso doña Endrina so el portal es entrada, Bien loçana e orgullosa, bien mansa e sosegada; Los ojos baxó por tierra en el poyo asentada, Yo torné en la mi fabla que tenia comenzada. .......................................................... En el mundo non es cosa que yo ame a par de vos; Tiempo es ya pasado de los años más de dos Que por vuestro amor me pena: _amo vos más que a Dios_...

(Coplas 653, 54, 55, 661).

Tenemos aquí el equivalente de la primera escena de la tragicomedia de Melibea, sin que falte siquiera la sacrílega expresión de «amo vos más que á Dios», que recuerda otras no menos impías de Calisto: «Por cierto los gloriosos santos que se deleytan en la vision divina no gozan más que yo agora en el acatamiento tuyo». «Si Dios me diesse en el cielo la silla sobre sus santos, no lo ternia por tanta felicidad». Hipérboles amorosas no menos desaforadas que éstas se encuentran en los trovadores cortesanos del siglo XV, en D. Álvaro de Luna, en Álvarez Gato, pero no hay rastro de ellas en el _Pamphilus_, que dice con mucha moderación:

_Gratior in mundo te michi nulla manet, Et te dilexi, jam ter praeteriit annus_...

(V. 180-87).

En el primer acto de la _Celestina_, Melibea rechaza con ásperas palabras á Calisto. En el diálogo del Arcipreste, doña Endrina comienza por mostrarse esquiva y zahareña:

Ella dixo: «vuestros dichos non los prescio dos piñones». Bien assi engañan muchos a otras muchas Endrinas; El ome tan engañoso asi engaña a sus vesinas; Non cuydedes que so loca por oyr vuestras parlillas, Buscat a quien engañedes con vuestras falsas espinas.

(Coplas 664-668).

Lo cual equivale á estos versos del _Pamphilus_:

_Sic multi multas multo tentamine fallunt, Et multas fallit ingeniosus amor. Infatuare tuo sermone vel arte putasti Quam falli vestro non decet ingenio! Quere tuis alias infestis moribus aptas, Quas tua falsa fides et dolus infatuent._

(V. 178-192).

Pero luego se ablanda, y llega á otorgar grandes concesiones, que Melibea no hace antes del acto XII, porque no lo toleraba el progreso lento y sabio de la obra de Rojas:

Esto yo non vos otorgo salvo la fabla de mano, Mi madre verná de misa, quiero me yr de aqui temprano, No sospeche contra mí que ando con seso vano; Tiempo verná en que podremos fablar nos, vos e yo este verano.

(Copla 686).

Por eso Pánfilo y D. Melón de la Huerta pueden exclamar mucho antes que Calisto:

Desque yo fué naçido nunca vy mejor dia, Solaz tan plazentero e tan grande alegria, Quiso me Dios bien guiar y la ventura mia.

(Copla 687).

En el segundo acto del _Pamphilus_ aparece el _Deus ex machina_ de la tramoya, una vieja (_anus_), de la cual sólo sabemos que es sutil, ingeniosa y hábil medianera para los tratos amorosos:

_Hic prope degit anus subtilis et ingeniosa, Artibus et Veneris apta ministra satis._

(V. 281-282).

Ni el ingenio ni la habilidad resaltan en las palabras de la tal _anus_ ó _vetula_. Es un espantajo que no hace más que proferir lugares comunes. La _Trotaconventos_, cuyo verdadero nombre es Urraca[105], es una creación propia del Arcipreste, y ella y no la _Dipsas_ de los _Amores_ de Ovidio, ni mucho menos la vieja de _Pánfilo_, debe ser tenida por abuela de la Madre Celestina, con toda su innumerable descendencia de Elicias, Claudinas, Dolosinas, Lenas y Eufrosinas. El Arcipreste se recrea en esta hija de su fantasía; no sólo la hace intervenir en el episodio de D. Melón, sino que la asocia después á sus propias aventuras, la sigue hasta su muerte, _fase su planto_, la promete el Paraíso y escribe su epitafio:

¡Ay mi _trota conventos_, mi leal verdadera! Muchos te seguían biva, muerta yases señera. ¿A do te me han levado? non es cosa certera; Nunca torna con nuevas quien anda esta carrera. .......................................................... A Dios merced le pido que te dé la su gloria, Que más leal trotera nunca fué en memoria; Faserte he un epitafio escripto con estoria. .......................................................... Daré por ty lymosna e faré oracion, Faré cantar misas e daré oblacion; La mi trota conventos, ¡Dios te dé rredençion! El que salvó el mundo, él te dé salvaçion. .......................................................... Dueñas, ¡non me rrebtedes nin me digades moçuelo! Que si a vos syrviera vos avriades della duelo, Llorariedes por ella, por su sotil ansuelo Que quantas siguia todas yvan por el suelo. Alta muger nin baxa, encerrada nin escondida, Non se le detenia do fasia debatida; Non sé omen nin duenna que tal oviese perdida Que non formase tristesa e pesar syn medida. Ffícele un epitafio pequeño con dolor, La tristesa me fiso ser rrudo trobador, Todos lo que lo oyeren, por Dios nuestro Señor, La oracion fagades por la vieja de amor.

(Coplas 1569, 1571, 1572, 1573, 1574, 1575).

Con esta libre é irreverente socarronería, que no se detiene ante la profanación, fueron celebradas las exequias poéticas de la primera Celestina en el extraño libro del genial humorista castellano de los siglos medios.

Las artes y maestrías de Trotaconventos son las mismas que las de Celestina: como ella gusta de entreverar en su conversación proloquios, sentencias y refranes, y no sólo ésto, sino _enxienplos_ y fábulas; como ella se introduce en las casas á título de buhonera y corredora de joyas, y con el mismo arte diabólico que ella va tendiendo sus lazos á la vanidad femenil:

Si parienta non tienes atal, toma viejas, Que andan las iglesias e saben las callejas, Grandes cuentas al cuello, saben muchas consejas, Con lagrimas de Moysen escantan las orejas. Son grandes maestras aquestas panjotas, Andan por todo el mundo, por plaças e cotas. A Dios alçan las cuentas, querellando sus coytas; ¡Ay! quánto mal saben estas viejas arlotas. Toma de unas viejas que se fasen _erveras_, Andan de casa en casa e llamanse parteras, _Con polvos e afeites, e con alcoholeras_, Echan la moça en ojo e çiegan bien de veras.

(Coplas 438 á 441).

Á una de estas viejas buscó el Arcipreste, que aquí distingue claramente su persona de la de Pánfilo:

Fallé una vieja qual avia menester, Artera e maestra e de mucho saber; Doña Venus por Panfilo no pudo más faser De quanto fiso aquesta por me faser plaser.

Era vieja buhona destas que venden joyas; Estas _echan el laço_, estas cavan las foyas; Non ay tales maestras commo estas viejas troyas... .......................................................... Como lo han uso estas tales buhonas, _Andar de casa en casa vendiendo muchas donas_, Non sse rreguardan dellas, estan con las personas, Fasen con el mucho viento andar las atahonas.

(Coplas 698 á 700).

También Celestina andaba de casa en casa so pretexto de vender baratijas: «Aquí llevo un poco de hilado en esta mi faltriquera, con otros aparejos que conmigo siempre traygo, para tener causa de entrar donde mucho no só conoscida... assí como gorgueras, garvines, franjas, rodeos, tenazuelas, _alcohol_, _albayalde e soliman_, agujas e alfileres, que tal ay, que tal quiere? porque donde me tomara la voz, me halle apercebida para les _echar cebo_, o requerir de la primer vista» (acto III).

La _anus_ del comediógrafo elegíaco no se vale de ningún género de encantamientos. Celestina, sí, y también Urraca, y es una de las notas características que nunca pierde este tipo en la literatura española:

Dixo: «yo yre a su casa de esta vuestra vesina, _E le fare tal escanto_ e le dare tal atalvina Porque esta vuestra llaga sane por mi melesina; Desid me quien es la dueña.--Yo le dixe: «doña Endrina». ..........................................................

(Copla 709).

Ssi me dieredes ayuda de que passe algun poquillo, A esta dueña e a otras moçetas de cuello alvillo, Yo fare _con mi escanto_ que se vengan paso a pasillo; En aqueste mi harnero las traere al sarçillo.

(Copla 718).

Començo su _escanto_ la vieja coytral...

(Copla 756).

La sortija que puso á doña Endrina debía de tener virtud mágica. Y á mayor abundancia leemos en otro lugar:

Ssy la _ensychó_ o sy le dio atyncar[106], O sy le dio raynela[107] o sy le dyo mohalinar[108]. O sy le dyo ponçoña o algud (¿algund?) adamar, Mucho ayna la supo de su seso sacar.

(Copla 941).

La escena capital de la seducción de Melibea en el aucto cuarto de la _Tragicomedia_ es un portento de lógica dramática y de progresión hábil. No podía esperarse tanto del Arcipreste, que escribía en la infancia del arte; pero baste para su gloria haber trazado el primer rasguño de ella, con las inevitables diferencias que nacen del dato de la viudez de doña Endrina:

La buhona con farnero va tanniendo cascabeles, Meneando de sus joyas, sortijas e alfileres; Desia por falsalejos: «comprad aquestos manteles»; Vydola doña Endrina, dixo: «entrad, non reçeledes». Entró la vieja en casa, dixole: «señora fija, Para esa mano bendicha quered esta sortija»... .......................................................... Ffija, siempre estades en casa ençerrada, Sola envejeçedes, quered alguna vegada Salyr, andar en la plaça con vuestra beldat loada, Entre aquestas paredes non vos prestará nada. En aquesta villa mora muy fermosa mançebia, Mançebillos apostados e de mucha loçania, En todas buenas costumbres creçen de cada dia, .......................................................... Muy bien me rresçiben todos con aquesta pobledat, El mejor et el más noble de lynaje e de beldat Es don Melon de la Verta, mançebillo de verdat, A todos los otros sobra en fermosura e bondat... .......................................................... Creed me, fija señora, que quantos vos demandaron, A par deste mançebillo ningunos non llegaron; El dia que vos nasçistes fadas alvas vos fadaron, Que para ese buen donayre atal cosa vos guardaron. Dixo doña Endrina: «Callad ese predicar, Que ya este parlero me coydó engañar; Muchas otras vegadas me vyno a retentar, Mas de mí él nin vos non vos podredes alabar»...

(Coplas 724-27, 730-740)

Cuando esto se lee acuden involuntariamente á la memoria aquellas graves y sosegadas razones de Celestina: «Donzella graciosa é de alto linaje, tu suave habla e alegre gesto, junto con el aparejo de liberalidad que muestras con esta pobre vieja, me dan osadia a te lo dezir. Yo dexo un enfermo a la muerte, que con sola palabra de tu noble boca salida, que lleve metida en mi seno, tiene por fe que sanará, segun la mucha devocion tiene en tu gentileza... Bien ternás, señora, noticia en esta cibdad de un cavallero mancebo gentil hombre, de clara sangre, que llaman Calisto.

«_Melib._--Ya, ya, buena vieja, no me digas más, no passes adelante. ¿Este es el doliente por quien has hecho tantas promessas en tu demanda?».

La psicología del amor, ruda y toscamente esbozada en el _Pamphilus_[109], tiene en el Archipreste toques tan delicados que no serían indignos de la experta mano del bachiller Fernando de Rojas:

«Amigo--dis la vieja,--en la dueña lo veo, Que vos quiere e vos ama e tiene de vos desseo; Cuando de vos le fablo e a ella oteo, Todo se le demuda el color e el desseo. «Yo a las de vegadas mucho cansado callo, Ella me dis que fable e non quiere dexallo; Fago que non me acuerdo, ella va començallo, Oye me dulçemente, muchas señales fallo. «En el mi cuello echa los sus blaços entramos, Ansy una grand pieça en uno nos estamos, Siempre dél vos desimos, en ál nunca fablamos, Quando alguno vyene otra raçon mudamos. «Los labrios de la boca tyenbranle un poquillo, El color se le muda bermejo e amarillo, El coraçon le falta ansy a menudillo, Aprieta me mis dedos en sus manos quedillo. «Cada que vuestro nonbre yo le estó desiendo Oteame e sospira e está comediendo, Avyva más el ojo e está toda bulliendo, Paresçe que con vusco non se estaria dormiendo. «En otras cosas muchas entyendo esta trama, Ella non me lo niega, antes dis que vos ama; Sy por vos non menguare, abaxar se ha la rrama, E verna doña Endrina sy la vieja la llama.»

(Coplas 801-812).

La intervención del _Pamphilus_ en la historia de los orígenes de la _Celestina_ es muy secundaria, pero la del Archipreste es de primer orden, quizá la más profunda de todas, y por eso nos hemos detenido en ella todo lo que exige su importancia[110].

Las _comedias elegíacas_, que otros llaman _épicas_ por la monstruosa mezcla de la narración y del diálogo, pertenecen todavía al seudoclasicismo de la Edad Media, en que se había perdido la verdadera noción del drama latino y de su métrica. Ya cuando se escribió el curioso diálogo anónimo entre Terencio y un empresario de teatros (_Terentius et delusor_), que Magnin atribuyó al siglo VII, aunque el códice en que se ha conservado es del siglo XII, no se sabía á punto fijo si las comedias antiguas estaban en prosa ó en verso:

_An sit prosaicum nescio an metricum_[111].

La combinación esencialmente antidramática del hexámetro y pentámetro bastaría para probar que tales obras fueron escritas sin ninguna intención escénica; pero á mayor abundamiento tenemos un texto positivo y terminante de Juan de Salisbury, el espíritu más culto de la primera Edad Media, un precursor del Renacimiento, el cual confirma la absoluta desaparición de todo género de actores trágicos y cómicos en fecha ya remota del tiempo en que él escribía su _Policraticus_, dedicado en 1159 al santo arzobispo de Cantorbery Tomás Becket[112].

El verdadero renacimiento del arte dramático de Plauto y Terencio se verificó en Italia, á fines del siglo XIV y durante todo el transcurso del XV, en una serie de piezas latinas que se designan con el título genérico de _comedias humanísticas_, importante y rara manifestación que apenas había sido estudiada en conjunto, hasta que Creizenach, en su excelente _Historia del drama moderno_, escribió sobre ella algunas páginas doctas y juiciosas como suyas[113]. Pero estas indicaciones, que para un libro general son suficientes, distan mucho de agotar la riqueza del tema, y así lo ha estimado el ilustre profesor de Roma, Ireneo Sanesi, que actualmente tiene en prensa una historia de la comedia en Italia, á la cual auguramos un éxito tan venturoso como lo merecen la ciencia, conciencia y fina crítica de su autor, que ha tenido la rara generosidad de comunicarnos las primicias de su trabajo, en prensa todavía. El capítulo segundo de esta obra, consagrado á las comedias humanísticas, es una magistral monografía que, dándome á conocer con suma precisión algunos textos inaccesibles en España y completando mis indagaciones sobre otros, me ha puesto en camino de rastrear algunas semejanzas dignas de notarse entre este género literario y nuestra _Celestina_. Ya en 1900 hice una ligera indicación, que no he visto recogida por nadie, acerca de la comedia _Poliscene_[114]. Y me consta que mi buen amigo el eruditísimo Arturo Farinelli ha trabajado también sobre este punto, que ilustrará sin duda con su especial competencia, como ha ilustrado tantos otros de literatura comparativa.

El iniciador del teatro humanístico, como de casi todas las formas literarias del Renacimiento, fué el Petrarca, que siempre se deleitó en la lectura de Terencio («Terentius noster»), y que seguramente le leía con otros ojos que los de Rosvita. En su edad madura revisó y anotó el elegantísimo texto del siervo africano. En su primera mocedad había compuesto una comedia llamada _Philologia_, y según Boccaccio otra, el _Philostratus_, si es que ambas no eran una misma con diverso título, lo cual no parece probable. Hoy no existe ninguna de ellas, acaso porque su autor mismo las destruyó como ensayos demasiado imperfectos. Del _Philostratus_, por lo menos, consta que era imitación de Terencio.

La más antigua comedia humanística que ha llegado á nuestros tiempos, y la única que pertenece al siglo XIV, es el _Paulus_ de Pedro Pablo Vergerio, natural de Capodistria, á quien no debe confundirse con otro de su mismo nombre y apellido que figura entre los protestantes italianos del siglo XVI. El Vergerio _senior_ es importante como historiador, humanista y pedagogo. Su libro _De ingenuis moribus_ se leía todavía en las escuelas en tiempo de Paulo Jovio. Una rarísima edición barcelonesa de 1481 prueba que también había penetrado en España[115]. No sería maravilla que fuesen conocidos también otros escritos suyos, pero me parece inverisímil que entre ellos se contase su comedia juvenil, que hasta estos últimos años ha dormido inédita en la Biblioteca Ambrosiana de Milán y en la del Vaticano[116]. Y, sin embargo, esta obra presenta algún punto común con la _Celestina_, empezando por las promesas de moralidad que el título encierra. Vergerio pone á su obra el rótulo de _Paulus comoedia ad iuvenum mores coercendos_, y se propone, entre otras cosas, mostrar cómo los malos siervos y las mujeres perdidas estragan los más pingües patrimonios: «ad diluendas opes». El autor de la _Celestina_ nos dice desde la portada que su libro contiene «avisos muy necesarios para mancebos, mostrándoles los engaños que están encerrados en sirvientes e alcahuetas». Los medios empleados son de tan dudosa eficacia moral en una comedia como en otra.

El protagonista de la comedia, Paulo, es un estudiante haragán y desaplicado, á quien su siervo _Herotes_ arrastra por el camino del vicio. Á esta perversa influencia se contrapone la de otro siervo, bueno y leal, _Stichus_, que advierte lealmente á su señor de los peligros que corre y procura apartarle de la vida disipada que lleva en compañía de otros estudiantes tan corrompidos como él y de rufianes y meretrices. La intriga se reduce á una odiosa tercería, en que la inmunda vieja Nicolosa cede por dinero á Paulo su propia hija, Ursula, que Herotes se encarga de hacer pasar por virgen después de haberla desflorado.

Como se ve, la semejanza con la _Celestina_ es muy vaga y genérica. Los dos criados de Paulo traen á la mente los de Calisto, pero son diversos sus caracteres. _Stichus_ resulta constantemente bueno en la comedia latina. Pármeno, que al principio da sanos consejos á su amo, se pervierte con el trato de su compañero y los regalos amorosos de Areusa, y llega á hacerse cómplice del asesinato de Celestina. Sempronio, en la obra española, es un gentil racimo de horca, un rufián ó poco menos, que acaba por dar de puñaladas á una vieja para robarla una joya. Pero su perversidad no iguala de ningún modo á las negras maquinaciones de Herotes, que se complace y encarniza en el mal con tanto deleite como Yago, y hace alarde y reseña de sus propios crímenes, jactándose de haber arrastrado á la pobreza y á la infamia á muchos mancebos ilustres. Tampoco la _madre_ Celestina, aunque pertenece á la familia de Nicolosa, parece capaz del horrendo parricidio moral que á ésta se atribuye: á lo menos en la _Tragicomedia_ no lo comete, ni artísticamente podía cometerlo.

Por otra parte, hasta la forma exterior, que no es la prosa, como en la mayor parte de las comedias humanísticas, sino el trímetro yámbico acataléctico ó senario, muy incorrectamente manejado, aísla de sus congéneres esta pieza, en que por primera vez reaparecen los nombres clásicos de _prótasis_, _epítasis_ y _catástrofe_. De nada de esto hay vestigio en la _Celestina_. Lo que tienen de común ambas piezas es el ambiente escolar en que se desarrollan: «Paulo es un estudiante universitario (dice el señor Sanesi); sus procederes, sus palabras, y las de todos los que le rodean, nos descubren un rincón de la vida estudiantil de aquel siglo tan remoto de nosotros. Ni la ávida Nicolosa, ni la diestra Úrsula tienen mucho de común con las mujeres del teatro latino; son, por el contrario, figuras copiadas del natural, ofrecidas directamente por la realidad, y pertenecen á aquella clase de mujeres de que no es difícil á un joven, ni habrá sido difícil á Vergerio cuando frecuentaba los cursos de las universidades de Padua, de Florencia ó de Bolonia, hacer conocimiento personal ó adquirir experiencia inmediata».

Los mismos tipos pudo encontrar, y seguramente encontró, en Salamanca el bachiller Fernando de Rojas, sin necesidad de conocer el _Paulus_. La exacta observación del crítico italiano da nueva fuerza á la opinión de los que hemos sostenido que la _Celestina_ puede muy bien ser obra de un estudiante, y si no lo es, ciertamente lo parece. Los escolares del Renacimiento solían ser muy hombres cuando frecuentaban las escuelas, y eso que no se había llegado tadavía á los felices tiempos en que, para disfrutar de los privilegios del fuero académico y acogerse á la blanda jurisdicción del Rector, solían matricularse personas que pasaban de treinta años, y hasta verdaderos vigardos y malhechores, de lo cual en la biografía, todavía inédita, de un dramaturgo español del siglo XVII hay un curioso ejemplo.

Comedias universitarias son en su mayor número las comedias latinas escritas en Italia durante el siglo XV, y lo son, ya porque reflejan costumbres meramente académicas, como la comedia anónima que Sanesi llama _electoral_, y es obra, al parecer, de algún alemán concurrente á la escuela de Padua; ya porque son estudiantes algunos de los interlocutores; ya porque consta haber sido escritas y representadas por escolares, como lo fué en el estudio de Pavía la horrible y obscenísima comedia _Janus sacerdos_, en 1427, imitada por Mercurio Roncio de Vercelli en la suya, no menos feroz, _De falso ypocrita et tristi_, que se representó diez años después en la misma universidad lombarda. Una y otra permanecen afortunadamente inéditas, y el mero hecho de su existencia arguye la profunda depravación intelectual y moral de la sociedad en que nacieron. Apenas se concibe que en tiempo alguno hayan podido ser materia de chistes, pronunciados en público teatro, en solemnidad académica, por jóvenes cultos, estudiosos, ilustres, los vicios y torpezas más hediondas, que ni nombrarse deben entre cristianos, y que por su enormidad misma requieren el cauterio de la ley penal, no el de la sátira, y son incompatibles con la representación festiva.

Por fortuna estas dos comedias, y alguna otra, como la _Conquestio uxoris Canichioli_, son excepciones en la rica galería del teatro humanístico, que rara vez es casto y morigerado en la dicción, pero no ultraja, por lo menos, los fueros de la naturaleza. Su materia es varia: hay piezas que pueden considerarse como cuentos dialogados, unos de origen clásico, por ejemplo, la comedia _Bile_[117], otros derivados de Boccaccio ó de tradiciones populares, que ya habían recibido diversas formas, incluso la dramática, en lengua vulgar francesa ó italiana.

Por la singularidad de su forma alegórica, por el prestigio del nombre de su autor, memorable en todos los órdenes de la cultura artística y científica, varón de muchas almas, como sólo el Renacimiento los produjo, debe mencionarse la comedia _Philodoxus_ ó _Philodoxeos_, que el florentino León Bautista Alberti compuso (según las investigaciones del señor Sanesi) antes de la segunda mitad de 1426, cuando la enfermedad y la dura pobreza le hicieron suspender los estudios de Derecho que había comenzado en la universidad de Bolonia. Esta comedia, bastante confusa, que su propio autor procuró aclarar con un comentario, tuvo en el tiempo de su aparición maravilloso éxito, á causa de que Alberti la hizo pasar por obra de un antiguo poeta llamado Lépido, encontrada en un vetustísimo códice[118]. Nadie sospechó el engaño; pero cuando fué declarado por su propio autor, la pieza perdió algo de su crédito, suerte común de las falsificaciones más hábiles. Todavía el _Philodoxos_ se leía y comentaba en las escuelas á principio del siglo XVI. Precisamente en 1501, dos años después de la primera edición de la _Celestina_, salía de las prensas de Salamanca la comedia latina de Alberti, para estudio y recreo de los discípulos de un cierto bachiller Quirós, que explicaba en aquella Universidad los poetas clásicos[119].

El bachiller Quirós afirma, y no podemos menos de darle crédito, que el _opus pulcherrimum_ de León Bautista Alberti era enteramente desconocido en Salamanca hasta su tiempo. Es de creer, pues, que tampoco le conociese el bachiller Rojas antes de esa fecha. Pero nada importa averiguarlo, porque el _Philodoxus_ no se parece en nada á la _Celestina_, ni en la fábula, ni en los caracteres, ni mucho menos en la interpretación alegórica que su autor quiso darle. Hay, sí, un joven ateniense llamado Filodoxo, enamorado de la romana Doxa, y que se vale para conseguir sus fines de un amigo suyo llamado Fronesio. Otro pretendiente de la misma joven, hombre rico y brutal, llamado Fortunio, cansado de perseguirla con inútiles ruegos, se decide por el rapto, entrando á viva fuerza en su casa; pero en vez de Doxa se lleva por equivocación á su hermana Femia. Al fin todo se compone merced á la oportuna intervención de una especie de comisario de barrio, jefe de los centinelas ó vigilantes nocturnos (_Chronos, excubiarum magister_), el cual decide que Fortunio se quede con la doncella raptada y Filodoxo se case con su amada Doxa. Pero esta es la corteza del drama; en el fondo hay una idea simbólica, á la cual responden exactamente los nombres de los personajes. _Filodoxo_, el amante de la gloria (_Doxa_), llega á desposarse con ella. _Fortunio_, el favorecido por la fortuna, cree conquistar la Gloria y se queda con la Fama (_Femia_), que es cosa no despreciable, pero de calidad inferior. _Chronos_ es una personificación del tiempo, y á este tenor todos los personajes. La moralidad es fácil de inferir: sólo la sabiduría y la prudencia pueden conquistar la verdadera gloria; la fortuna y la riqueza tienen que contentarse con la fama. La comedia de Alberti está en prosa y consta de doce escenas. En la larga serie de las _Celestinas_ sólo encontramos una y muy tardía, la _Doleria del Sueño del mundo_, que tenga el carácter alegórico de la obra de Alberti. Una y otra son lánguidas y fastidiosas, aunque de intachable honestidad.

Las comedias humanísticas que verdaderamente pudieron influir en la _Celestina_ se reducen á tres: la _Philogenia_, de Ugolino Pisani; la _Poliscena_, atribuída á Leonardo de Arezzo, y la _Chrysis_, de Eneas Silvio Piccolomini. Daré á conocer rápidamente estas obras en lo que tienen relación con la nuestra. Son tres historias de amor, pero tratadas de muy diversa manera. He aquí cómo expresa Sanesi el argumento de las primeras escenas de la _Philogenia_, únicas que á nuestro asunto interesan: «Epifebo, que ama á Filogenia y desea violentamente poseerla, va de noche bajo sus ventanas y tiene con la doncella un largo y apasionado coloquio. La joven, en quien luchan el amor y el deseo con el freno del pudor y de la educación, se muestra al principio indiferente é incrédula. Pero Epifebo habla con tanta dulzura, suplica con tanto calor, invoca la muerte con tanta angustia, manifiesta los propios tormentos con tanta viveza y sinceridad de palabra y emplea tanto arte en disipar sus temores y sus dudas, que finalmente la doncella cede al destino y abandona ocultamente la casa paterna. El joven, acogiéndola entre sus brazos, la conduce sin dilación á su propia casa, donde (como él dice) _pasarán todos los días al modo de los epicúreos_»[120].

Los sucesivos lances de la comedia, que ya pueden inferirse por tal principio, pertenecen enteramente al género de Boccaccio y recuerdan la historia de la hija del Rey del Algarbe, tan traída y llevada por diversos amadores. Epifebo, perseguido por los parientes de Filogenia, acaba por casarla con un rústico, tan codicioso como crédulo y necio.

Sólo en el coloquio de la ventana, en la intervención episódica de las dos cortesanas Servia é Irzia, y en el noble carácter de los padres de Filogenia (Cliofa y Calisto), que un tanto recuerdan á Pleberio y Alisa, cuando se despiertan sobresaltados al sentir ruido en la cámara de su hija, puede verse algo que se parezca á la _Celestina_. Tengo por muy dudosa esta fuente.

No así la _Poliscena_, atribuída generalmente (acaso con error) al célebre humanista Leonardo de Arezzo, á quien, por no confundirle con su infame homónimo del siglo XVI, no llamaremos Aretino. Esta comedia, que se conoce también con los nombres de _Calphurnia_ y _Gurgulio_, corrió impresa desde 1478 y tuvo la honra de ser explicada en cursos universitarios, hasta en la remota Polonia[121]. Es de suponer que llegase á España antes que el _Philodoxus_, y todo el que atentamente la lea notará sus semejanzas y diferencias con la _Celestina_. Creizenach advirtió ya que el contenido de la _Poliscena_ se parecía mucho al del _Pamphilus_. En pocas líneas, pero muy exactas, da idea Gaspary, en su excelente _Historia de la literatura italiana_[122], del argumento de esta comedia: «Un joven, llamado Graco, encuentra á la joven Poliscena que volvía con su madre Calfurnia de oir un sermón en la iglesia de los frailes menores. Enamórase súbitamente de la doncella, y ésta de él. Graco se vale de la mediación de su esclavo _Gurgulio_ (nombre tomado de una comedia de Plauto) y Poliscena acude á su esclava Tharatántara, hábil en todo género de tercerías. El parásito, después de haber tentado inútilmente á la madre con promesas y ofrecimientos, va una mañana á ver á Poliscena, mientras Calfurnia está en la iglesia, y con bellas palabras, y pintando muy al vivo los tormentos de su amador, induce á la joven á concederle una entrevista. Graco se vale de la ocasión sin ningún escrúpulo; sobreviene la madre, enfurecida, y amenaza con citarle á juicio; pero el padre de Graco, Macario, pone remedio á todo permitiendo que su hijo se case con Poliscena».

Tal es el asunto de esta pieza, brutal y refinada á un tiempo, pues, aunque escrita en prosa, remeda con suma habilidad la lengua de los poetas cómicos latinos. Si en la comedia humanística hay algún prototipo innegable de la fábula de Rojas, éste es sin duda alguna. La semejanza consiste, no sólo en la acción, sino en los tipos del siervo _Gurgulio_ y de la vieja _Tharatántara_. Esta última, sobre todo, parece abuela de Celestina. Como ella se lamenta de los males de la vejez y recuerda los perdidos goces juveniles: «_Memini ego me quondam a multis amari, memini etiam me multis egregie saepius illudere ac fune quasi ligatos trahere. Verum heu! me jam effaetam manent fata ultricia, non ita ut pridem ambior, nec ullis artibus pristinum vigorem possum reparare_». Como ella tiene fama de hechicera: «_Non verentur etiam me veneficam nuncupare ac blanditiis fallacibus me palpare ipsos incusant, ac magico carmine vitam auferre conati_». Y el mismo Graco, después de hacer un horrible retrato de la vieja, añade como último improperio: «_Suspecta etiam admodum es veneficii nomine_».

El diálogo de Tharatántara con Poliscena tiene también rasgos celestinescos, especialmente en lo que toca á la recomendación de las prendas del amante y al encarecimiento de los extremos de su pasión: «_Ita me juvet Jesus, posteaquam te amare coepit, nunquam vidi ipsum hilarem, placidum nemini, satago obsonia ac pulpamenta quae scio omnia, demulceo verbis quantum possum, at nequit esse, inquit, neque potare, noctes ducit insomnes, ingemiscit perpetuo_...». La semejanza continúa en el acto ó escena en que Tharatántara da cuenta á Graco del desempeño de su comisión[123]. Pero en la _Poliscena_ todo marcha por la posta, sin rastro de estudio psicológico y sin recato ni comedimiento alguno. Poliscena otorga una cita á las primeras de cambio, aprovechando la ausencia de su madre, que está en la iglesia, y el nudo se desata por los procedimientos más brutales y menos complicados. Si de esa comedia, así como del _Pamphilus_, pudo aprovechar algo Fernando de Rojas, nunca con tan humildes materiales se levantó edificio tan grandioso y espléndido[124].

Si la _Poliscena_ fué la primera imitación consciente y deliberada de la dramaturgia plautina, la _Chrysis_, compuesta en 1444 por el futuro Pío II (Eneas Silvio Piccolomini) cuando asistía á la dieta de Nuremberg, es la primera tentativa formal de reproducir el metro propio de la comedia, el senario yámbico de los latinos, abandonando la prosa en que habían escrito todos sus predecesores, con la única excepción de Vergerio. En la _Chrysis_ no hay verdadera acción, sino una serie de escenas que pintan muy al vivo las costumbres de las meretrices y de los jóvenes disolutos. Hay coincidencias con la _Celestina_, pero todas ellas se refieren á pasajes que están antes en Plauto: «Ningún amante (dice Casina á Crisis) me agrada por más de un mes; siempre las nuevas calendas me traen amores nuevos». Y Crisis la replica: «Tu constancia es excesiva, porque conviene celebrar también con nuevos amores las nonas y las idus, ó, como hago yo, procurarme á cada nuevo sol nuevos amantes». La misma doctrina inculca Celestina á Areusa en el acto VII: «Nunca uno me agradó, nunca en uno puse toda mi afficion. No hay cosa más perdida, hoy, que el mur que no sabe sino un horado; si aquel le tapan, no avrá dónde se esconda del gato; quien no tiene sino un ojo, mira a quánto peligro anda... ¿Qué quieres, hija, deste número de uno? más inconvenientes te diré dél que años tengo acuestas; ten siquiera dos, que es compañia loable... E si más quisieres, mejor te yrá, que mientra más moros más ganancia».

En uno y otro pasaje se ve la imitación de los consejos que Scapha dirige á Philematium en la _Mostellaria_ de Plauto (v. 188-90):

_Tu ecastor erras, quae quidem expectes unum atque illi Morem praecipue sic geras atque alios aspernere. Matronae, non meretricium est, unum inservire amantem._

Hay también en la _Chrysis_ una _lena_ llamada con toda propiedad _Canthara_ por su insaciable amor á la bebida. Eneas Silvio, que lleva muchas veces la imitación hasta el plagio, pone literalmente en su boca el mismo ditirambo que pronuncia la vieja del _Curculio_.

Puede tenerse por cierto que Rojas desconocía la existencia de la _Chrysis_, obra que todavía está inédita á estas horas, y que su sabio autor, cuando llegó á las altas dignidades eclesiásticas, y por fin á la cátedra de San Pedro, procuró destruir con suma eficacia, lo mismo que otros escritos suyos, no enteramente juveniles[125], pero compuestos cuando hacía vida secular y profana. Era el principal entre ellos la célebre _Historia duorum amantium_, de la cual ya hemos dicho algo en el primer tomo de estos _Orígenes_[126], por haber sido muy bien traducida á nuestra lengua en el siglo XV y haber influído grandemente en la _Cárcel de Amor_ y en otras ficciones sentimentales.

Traducida ú original, la había leído de seguro Fernando de Rojas, y no fué de los libros que menos huella dejaron en su espíritu y en su estilo. La novela del futuro pontífice es, como la tragicomedia española, una historia de amor y muerte de dos jóvenes amantes. En una y otra se mezcla el placer con las lágrimas, y una siniestra fatalidad surge en el seno mismo del deleite. Pero es diversa la condición de las personas, puesto que Eurialo y Lucrecia son amantes adúlteros, y diversa también la catástrofe, que en la obra de Eneas Silvio pertenece al orden moral, y se cumple, no por ningún medio exterior, sino por el fuego de la pasión, que consume y aniquila á la mísera enamorada. «Esta nuestra, como vido a Eurialo partir de su vista, cayda en tierra, la lleuaron a la cama sus sieruas hasta que tornasse el espíritu. La qual como en sí tornó, las vestiduras de brocado, de púrpura y todos los atavios de fiesta y alegría encerró y de su vista apartó, y de camarsos y otras vestiduras viles se vistió. Y de alli adelante nunca fue vista reyr ni cantar como solia. Con ningunos plazeres, donayres ni juegos jamas pudo ser en alegría tornada, e algunos dias en esto perseverando, en gran enfermedad cayó, de la qual por ningun beneficio de medicina pudo ser curada. Y porque su coraçon estaua de su cuerpo ausente y ninguna consolacion se podia dar a su ánima, entre los braços de su llorosa madre y de los parientes que en balde la consolaban, la indignante ánima del anxioso y trabaxoso cuerpo salió fuera»[127].

En lo que la historia de Eurialo y Lucrecia pudo servir de modelo á la _Celestina_ fué en la elocuencia patética de algunos trozos y en aquella especie de psicología afectiva y profunda que el culto, gentil y delicado espíritu de Eneas Silvio adivinó quizá el primero entre los modernos. Porque aquí no se trata del amor místico, dantesco ó petrarquista, que toma las perfecciones de la criatura como medio para ascender á otra perfección más alta; ni tampoco del amor cortesano, que es mero devaneo en la lírica de Provenza y en sus imitadores; ni tampoco de la pasión desenfrenada y furiosa, pero declamatoria, que se exhala en las quejas delirantes de Fiammetta, sino de un género de pasión más apacible y humano, ni enteramente sensual, ni reducido á lánguidas contemplaciones. Este amor, finamente estudiado con una penetración que honraría al más experto y sagaz moralista de cualquier tiempo, constituye el mérito principal de las epístolas que contiene el tratado de Eneas Silvio, que, al revés de tantas otras composiciones artificiales, no es más que la interpretación estética de un suceso real acaecido en Siena cuando entró en ella triunfante el emperador Segismundo.

Hay pasajes de la _Celestina_ que inmediatamente traen á la memoria otros del _Eurialo_. La descripción de la hermosura de ambas heroínas se parece mucho[128].

Eurialo envía á Lucrecia su primera carta por medio de una vieja tercera, y las palabras con que la recibe son tan ásperas como las de Melibea en el principio de sus amores:

«Como la alcahueta recibió la carta de Eurialo, luego a mas andar se fue para Lucrecia, y fallandola sola le dixo: «El más noble y principal de toda la corte del César te envia esta carta, y que ayas dél compasion te suplica».

«Era esta mujer conocida por muy pública alcahueta: Lucrecia bien lo sabía; mucho pesar ovo que muger tan infame con mensaje le fuesse embiada, y con cara turbada le dixo: «Qué osadía, muy malvada henbra, te traxo a mi casa? Qué locura en mi presencia te aconsejó venir? Tú en las casas de los nobles osas entrar y á las castas dueñas tentar, y los legitimos matrimonios turbar? Apenas me puedo refrenar de te arrastrar por essos cabellos y la cara despedaçar. Tú tienes atrevimiento de me traer carta? Tú me fablas? Tú me miras? Si no oviesse de considerar lo que a mi estado cumple más que lo que a ti conviene, yo te facía tal juego, que nunca de cartas de amores fueses mensajera»...

«Mucho temor oviera otra qualquiera; mas ésta que sabía las costumbres de las dueñas, como aquella que en semejantes afrentas muchas vezes se avia visto, dezia consigo: «Agoras quieres que muestras no querer», y allegando más a ella dixo: «Perdóname, señora; yo pensaba no errar y tú aver desto plazer. Si otra cosa es, da perdon a mi ynocencia. Si no quieres que buelva, hecho he el principio, en lo ál yo te obedeceré. Mas mira qué amante menosprecias».

No prolongaré este cotejo haciendo notar otras semejanzas de detalle que en las entrevistas de los amantes pueden encontrarse. Lo principal es el ambiente novelesco análogo, la suave y callada influencia que en la concepción de Rojas ejerció un escritor digno de inspirarle.

Volviendo sobre nuestros pasos, creemos inútil mencionar otras comedias _humanísticas_, ya por ser de fecha algo posterior á la _Celestina_, ya por no tener con ella más que conexiones remotas. Por lo tocante á la comedia italiana del Renacimiento, las fechas dicen bien claro que no pudo influir en la _Celestina_, la cual es anterior á todas las obras de Maquiavelo, Ariosto y Bibbiena[129].

Nació la _Celestina_ en pleno clasicismo, cuando el teatro de Plauto, que no constaba ya de ocho comedias, sino de veinte, había surgido del vetusto códice descubierto en Alemania por el cardenal de Cusa, y embelesaba y regocijaba la fantasía de los humanistas, que no se limitaban á transcribirle y comentarle y á añadirle escenas y suplementos, sino que le hacían objeto de públicas representaciones en su lengua original. Los actores solían ser escolares, pero estas fiestas del arte antiguo no eran meramente universitarias. Se celebraban con gran pompa y magnificencia en los palacios de príncipes y cardenales, ante el auditorio más aristocrático y selecto. Así en Roma aquel Pomponio Leto, tan sospechoso de paganismo, hizo representar en fecha ignorada la _Aulularia_ bajo los auspicios del cardenal Riario, sobrino de Sixto IV; en 1499, algunos actos de la _Mostellaria_, en casa del cardenal Colonna; en 1502, los _Menechmi_, en presencia de Alejandro VI, para festejar las bodas de su hija Lucrecia con Alfonso de Este.

Otras representaciones, algunas muy anteriores, hubo en Florencia, en Mantua, en Ferrara, en Pavía, en todos los grandes centros de la vida intelectual y cortesana del Renacimiento. Si alguna noticia de éstas llegó á oídos de Fernando de Rojas, ¡cómo debió agrandarse en su mente la visión del teatro y soñar con otro igual para su patria, y encenderse en el anhelo de superar, no ya los pobres remedos de la comedia latina que tenía delante, sino al mismo Terencio y al mismo Plauto, que habían sabido menos que él de la vida y del corazón humano!

¿Se compusieron ó representaron en España comedias _humanísticas_ durante el siglo XV? No podemos afirmarlo ni negarlo. Hasta ahora el género parece exclusivamente italiano. Sólo en tiempo de Carlos V, cuando la comedia latina empezaba á decaer en Italia, cediendo su puesto al teatro vulgar, la vemos aparecer en nuestras escuelas con los mismos caracteres y á veces con la misma pompa de representación que en su patria[130]. Y durante todo el curso del siglo XVI la encontramos más ó menos ingeniosamente cultivada: en Alcalá por Juan Petreyo (Pérez), que puso en latín tres comedias del Ariosto; en Salamanca y Burgos por Juan Maldonado, cuya _Hispaniola_ no figuraría mal en la serie de las _Celestinas_[131]; en Sevilla por Juan de Mal-Lara; en Valencia por Lorenzo Palmireno; en Barcelona por Juan Cassador y Jaime Cassá, y hasta en la isla de Mallorca por Jaime Romanyá, autor del _Gastrimargus_, que se representó en la plaza pública ante un concurso de más de ocho mil espectadores[132]. Por fin, este género, cada vez más abatido y escuálido, cayó en manos de los jesuítas, que le morigeraron, convirtiéndole en comedia de colegio. Así nació y murió el teatro humanístico en España, con poco brillo siempre y con poca influencia en el drama nacional.

¿Pudo encontrar Rojas en la dramaturgia vulgar de su tiempo, en el infantil teatro de la Edad Media, algún punto de apoyo para su creación? Difícil es responder categóricamente á esta pregunta. De los _juegos de escarnio_, que llegaron á penetrar en la iglesia y á ser representados por clérigos, apenas sabemos más que lo que dice una ley de Partida. De la Corona de Aragón tenemos un documento aislado, pero muy curioso, sobre el cual llamó la atención D. José María Quadrado[133]. Es la queja presentada en 1442 á los Jurados de Mallorca contra los abusos introducidos en las representaciones que solían hacerse en las fiestas del primer domingo después de Pascua y el lunes inmediato, las cuales no versaban ya, como al principio, sobre materias devotas y honestas, sino sobre amores y alcahueterías.

«E en qual manera per solemnitat e honorificentia de la dita festa se acostumavan en temps passat fer en semblant dia diverses entremeses e representacions per las parroquias, devotas e honestas, e tals que trahien lo poble a devoció; mes empero d'algun temps ensá quasi tots anys se fen per los _caritaters_ (encargados de las fiestas de la Caridad) de las parroquias, qui los demés son jovens, _entremeses de enamoraments, alcavotarias e altres actes desonests e reprobats_, majorment en tal dia en lo qual va lo clero ab processons e creu levada portans diverses reliquies de sants, de que lo poble pren mal exempli e roman scandalizat».

Yo no me atreveré á decir, con mi inolvidable amigo Quadrado, que «aquí tenemos ya el drama secularizado en Mallorca medio siglo antes de la aparición de la _Celestina_; los temas devotos sustituídos por los profanos; el _auto_ suplantado por la _comedia_». Sería preciso que la casualidad nos descubriese algún fragmento ó muestra de tales representaciones para que pudiéramos inducir su carácter. De todos modos, el documento es singular, pero en Castilla tenemos otro muy análogo: los decretos del Concilio de Aranda, que en 1473 mandó celebrar el arzobispo de Toledo D. Alfonso Carrillo. Uno de ellos da testimonio del escandaloso abuso de las representaciones profanas dentro del templo en las fiestas de la Navidad, de San Esteban, de San Juan y de los Inocentes, y en las solemnidades de misas nuevas: «_Ludi theatrales, larvae, monstra, spectacula, necnon quam plurima inhonesta et diversa figmenta in ecclesiis intro lucuntur, tumultuationes quoque et «turpia carmina» et «derisorii sermones» dicuntur»_. Pero dudamos mucho que esta inculta y bárbara manifestación dramática hubiera podido influir en un espíritu tan culto como el de Fernando de Rojas.

Los orígenes de la _Celestina_ no son populares, sino literarios, y de la más selecta literatura de su tiempo. Aún no hemos apurado el catálogo de sus reminiscencias. Leía mucho su autor, como todos los hombres estudiosos de su generación, á los dos grandes maestros del primer Renacimiento italiano, Francisco Petrarca y Juan Boccaccio. Las obras latinas del primero le eran tan familiares, que desde las primeras líneas del prólogo encuentra ocasión de citarle, para probar que «todas las cosas son creadas á «manera de contienda y batalla». «Hallé (dice) esta sentencia corroborada por _aquel gran orador é poeta laureado, Francisco Petrarca, dixiendo: Sine lite atque offensione nihil genuit natura parens_: sin lid e offension ninguna cosa engendra la natura, madre de todo. Dize más adelante: _Sic est enim, et sic propemodum universa iestantur: rapido stellae obviant firmamento; contraria invicem elementa confligunt, terrae tremunt; maria fluctuant; aer quatitur; crepant flammae; bellum immortale venti gerunt; tempora temporibus concertant; secum singula, nobiscum omnia_, que quiere dezir: «En verdad assi es, é assi todas las cosas desto dan testimonio; las estrellas se encuentran en el arrebatado firmamento del cielo; los adversos elementos unos con otros rompen pelea; tremen las tierras; ondean los mares; el ayre se sacude; suenan las llamas; los vientos entre sí traen perpetua guerra; los tiempos contienden é ligan entre sí, uno a uno é todos contra nosotros»[134].

El pasaje que Rojas alega está en el prefacio del libro 2.º _De Remediis utriusque fortunæ_; pero lo que nadie ha advertido hasta ahora, que yo sepa, es que continúa traduciendo sin decirlo; de suerte que todo el segundo prólogo es un puro plagio, como puede verse por el texto latino que pongo al pie, subrayando las frases que más literalmente copió Rojas[135]. ¿Qué explicación puede tener un procedimiento tan extraño, mucho más si se recuerda que el _De Remediis_ andaba en manos de todas las personas letradas, y existía ya una traducción castellana anterior á la de Francisco de Madrid, tantas veces impresa desde 1510? ¿Á quién podía engañar Rojas, apropiándose con tanta frescura la doctrina y las palabras ajenas, que además venían traídas por los cabellos al propósito de su libro? ¿Para qué necesitaba un escritor de su talla ajeno auxilio en la redacción de un sencillo prólogo? Quizá por eso mismo. Recuérdese el caso bastante análogo, aunque en menores proporciones, de la dedicatoria de la primera parte del _Quijote_, tejida en parte con frases de otra dedicatoria de Herrera en sus _Anotaciones á Garcilaso_, y del maestro Francisco de Medina, en el hermoso prólogo que llevan. Á los grandes escritores suele resistírseles más la correspondencia familiar ó la redacción de un documento de oficio que la composición de un libro entero. Uno de esos apuros debió de pasar el bachiller Fernando de Rojas, y para salir de él apeló al extravagante recurso de echar mano del primer libro que sobre la mesa tenía y traducir de él unas cuantas páginas, que lo mismo podían servir de introducción á cualquier otro libro que á la _Celestina_. Cervantes todavía necesitó menos para zurcir cuatro frases de cortesía.

Más interés tiene este plagio directo que las vagas reflexiones morales sobre la próspera ó adversa fortuna que hay en varios pasos de la _Tragicomedia_, registrados ya por Arturo Farinelli: «O fortuna (exclama Calisto en el aucto XIII) quánto e por quántas partes me has combatido! Pues por más que siguas mi morada, e seas contraria a mi persona, las adversidades con ygual ánimo se han de sufrir, e en ellas se prueua el coraçon rezio o flaco». Y antes había dicho Celestina (aucto XI) convirtiéndose en eco de las palabras del Petrarca: «Siempre lo oí dezir, que es más diffícil de suffrir la próspera fortuna que la adversa; que la vna no tiene sossiego, e la otra tiene consuelo». Aunque hoy nos parezca tan vulgar el contraste entre una y otra fortuna, su filiación petrarquista no puede ocultarse á quien esté versado en la literatura de nuestro siglo XV, que había convertido en una especie de breviario moral la obra _De Remediis_, y aplicaba á todos los momentos de la vida sus poco originales sentencias diluídas en un mar de palabrería ociosa[136].

Pero no es sólo en el libro de los _Remedios_, sino en otros varios del Petrarca, donde hay que buscar el origen y la explicación de algunos lugares de la _Celestina_. Dice Calisto á la vieja en el aucto VI: «Qué más hazia aquella tusca Adeleta, cuya fama, siendo tú viva, se perdiera? la qual tres dias ante su fin prenunció la muerte de su viejo marido e de dos hijos que tenia». Esta alusión, á primera vista oscura, se descifra con una advertencia de la edición de Salamanca del año 1570, hecha por Matías Gast, en la cual sospecho que anduvo la mano del Brocense por el género de las enmiendas: «Atrevíme con consejo de algunos doctos a mudar algunas palabras que algunos indoctos correctores pervirtieron... En el acto sexto corregí _Adelecta_. Fue esta Adelecta (como cuenta Petrarca) una noble mujer toscana, grandísima astróloga y mágica. Dixo muchas cosas á su marido e hijos, Eternio y Albricio. Pero principalmente estando á la muerte, en tres versículos, anunció a sus hijos lo que les había de acaecer, especialmente a Eternio, que se guardase de Cassano, lugar de Padua. Siendo al fin de sesenta años vino a Milan, adonde por sus obras era muy aborrecido de los longobardos: fué de ellos cercado, y pasando un puente con gran fatiga, supo que aquel lugar se nombraba Cassano. Luego da espuelas al caballo, y lánzase en el rio diciendo a grandes voces: Oh hado inevitable! Oh maternales presagios! Oh secreto Cassano! Al fin salió a tierra; mas los enemigos, que la puente y entrambas riberas tenían tomadas, allí le acabaron».

Lo que se le olvidó advertir al corrector salmantino fué el lugar de las obras del Petrarca en que se encontraba la mención de _Adelecta_, y como en el índice de la edición de Basilea no se consigna tal nombre, tuve que internarme con verdadero empeño en la lectura del primer tomo, hasta que di en el libro 4.º, _Rerum Memorandarum_, cap. V, _De Vaticiniis_, con la historia de Adelheida ó Adelaida de Romano, madre del célebre tirano Ezzelino (no Eternio) y de Albricio, que es la _tusca Adeleta_ de nuestro poeta, la _fatídica de Hetruria_, que no pudo explicar su comentador Gaspar Barth[137]. Y allí muy cerca encontramos otra anécdota de Alcíbiades, que también está repetida fielmente por Calisto en el mismo acto de la _Celestina_: «Entre sueños la veo tantas noches, que temo que me acontezca como a Alcíbiades, que soñó que se veya embuelto en el manto de su amiga, e otro dia matáronlo, e no ouo quien lo alçase de la calle, sino ella con su manto»[138].

Fuente indudable, aunque secundaria, de la Celestina son también las _Epístolas familiares_ del Petrarca. Hay dos, sobre todo, que por cierto están inmediatas, tanto en las ediciones antiguas como en la moderna de Fracasseti (la 1.ª y 2.ª del libro 2.º), de donde está tomada punto por punto toda aquella impertinente erudición que estropea el desconsolado razonamiento de Pleberio. También aquí puede hacerse la comparación con el texto latino que pongo en nota: «Que si aquella seueridad e paciencia de Paulo Emilio me viniere a consolar con pérdida de dos hijos muertos en siete dias, diziendo que su animosidad obró que consolasse él al pueblo romano, e no el pueblo a él no me satisfaze, que otros dos le quedauan dados en adopcion. ¿Qué compañia me ternán en mi dolor aquel Pericles, capitan atheniense, ni el fuerte Xenofon, pues sus pérdidas fueron de hijos absentes de sus tierras? Ni fue mucho no mudar su frente e tenerla serena, y el otro responder al mensajero que las tristes albricias de la muerte de su hijo le venia a pedir, que no rescibiesse él pena, que él no sentía pesar... Pues menos podrás decir, mundo lleno de males, que fuimos semejantes en pérdida aquel Anaxágoras e yo, que seamos yguales en sentir, e que responda yo, muerta mi amada hija, lo que él a su único hijo que dixo: como yo fuesse mortal, sabía que avia de morir el que yo engendraua...

«Ninguno perdió lo que yo el dia de oy, aunque algo conforme parescía la fuerte animosidad de Lambas de Auria, duque de los athenienses (_ginoveses_ corrigió la edición de Zaragoza de 1507, y está bien), que a su hijo herido con sus braços desde la nao echó en la mar...»[139].

Por los trozos transcritos se ve claro que la lectura del Petrarca no sirvió al bachiller Rojas para nada bueno, sino para alardear de un saber pedantesco; pero valga lo que valiere esta influencia, es de las que pueden documentarse de un modo más auténtico é irrefragable.

Boccaccio, lo mismo que el Petrarca, influye en Rojas, como en todos los españoles del siglo XV, más como humanista y erudito que como poeta y novelista, más por sus obras latinas que por las vulgares. Contra todo lo que pudiera esperarse, no es el _Decameron_, ni siquiera el _Corbaccio_, sino el libro _De casibus Principum_ (lectura favorita de nuestros moralistas, desde el tiempo del Canciller Ayala) la obra de Boccaccio que ha dejado positiva é innegable huella en la _Celestina_. Alusión muy clara á ella son estas palabras de Sempronio en el aucto I: «Lee los historiales, estudia los philosophos, mira los poetas; llenos están los libros de sus viles y malos exemplos e de las _caydas_ que levaron los que en algo, como tú, las reputaron». _Las Caydas de Príncipes_ y el _Valerio Máximo_ estaban sin duda entre aquellos «antiguos libros» que «por más aclarar su ingenio» mandaba su padre leer á Melibea, y que ojalá no hubiesen leído nunca ni ella ni el poeta que la inventó.

Nada he encontrado en la _Celestina_ que indique conocimiento de las _Cien novelas_.

En realidad, Boccaccio y Rojas no son ingenios del mismo temple, aun cuando parece que describen escenas análogas. Hay en Boccaccio una alegría sensual, un pagano contentamiento de la vida que contrasta con el arte profundo, y doloroso á veces, de Rojas. El _Surgit amari aliquid_ de Lucrecio nos asalta involuntariamente en muchas de sus páginas. Todas las catástrofes trágicas, que no faltan en el _Decameron_, no son suficientes para quitar al libro su carácter risueño y jovial. Las visiones lúgubres pasan tan rápidas, que no pueden entristecer á nadie, y la sátira misma es más amena que sangrienta: _circum praecordia ludit_.

Tampoco discierno imitaciones del _Corbaccio_ italiano. Si alguna hay, habrá pasado por intermedio del Arcipreste de Talavera[140]. Pero es imposible dejar de reconocer en la retórica sentimental de la obra, en los apóstrofes y exclamaciones patéticas, al lector asiduo de la _Fiammetta_, que fué el tipo de todas las novelas amatorias de nuestro siglo XV. La _Fiammetta_ es un tejido de declamaciones y pedanterías; pero aquel interminable monólogo trajo al arte moderno una novedad psicológica, la revelación de un alma de mujer furiosamente enamorada. La lección no fué perdida para Rojas, y aunque en general prefirió el arte de suaves matices y el fino proceso psicológico de Eneas Silvio, se inclinó más bien en las últimas escenas á la manera vehemente y ampulosa de la _Fiammetta_[141].

Deudas tiene también el autor de _Melibea_ con la literatura castellana anterior á su tiempo. Ya hemos hecho mención de la más importante de todas, la del Arcipreste de Hita, que se completa y refuerza con la del Arcipreste de Talavera, Alfonso Martínez. Hay entre estos tres ingenios, nacidos en el antiguo reino de Toledo, un hilo misterioso, pero innegable, mediante el cual se transmite del siglo XIV al XVI la corriente naturalista. El Arcipreste de Hita la recoge en un poema multiforme, que es á la vez sátira, descripción de costumbres, autobiografía, novela picaresca y expansión libre y caprichosa del numen lírico. El de Talavera la deja correr por las páginas, en apariencias graves, de un tratado didáctico; le sazona de picante humorismo, como quien se entretiene en sus propios escarceos y lozanías más que en la enseñanza moral que pretende difundir; transcribe por primera vez en forma literaria la lengua pintoresca y cruda del pueblo; sorprende la vida con enérgica inspiración; siembra un tesoro de modismos y proverbios; forja el gran instrumento de la prosa familiar y satírica.

Esta fué su verdadera creación, y por esto más que por nada es el más inmediato precursor de Rojas, á quien estaba reservada la gloria de fijar esa prosa en su momento clásico, de dramatizarla, de reducirla á un cauce más estrecho y profundo, represando aquella abundancia generosa, pero despilfarrada, en que la ardiente imaginación del arcipreste talaverano se complace sin freno ni medida.

Pero además de esta relación general entre la _Reprobación del amor mundano_ y la _Celestina_, que fácilmente percibirá quien pase de un libro á otro y se fije en la copia de refranes y de modos de decir sentenciosos y castizos que en ambos libros reaparecen, hay imitaciones de pormenor, que la crítica ha señalado varias veces y que comienzan desde el acto primero[142]. Los ejemplos y doctrinas de que Sempronio se vale para prevenir á su amo están sacados del arsenal del _Corbacho_, nombre con que generalmente es conocida la _Reprobación_. «E non pienses en este paso fallarás tú más fermeza que los sabios antyguos fallaron, expertos en tal sçiencia o locura mejor dicho. Lee bien cómo fué Adan, Sanson, Davyd, Golyas, Salamon, Virgilio, Aristotiles e otros dignos de memoria en saber e natural juyzio» (Cap. V). Compárese también el capítulo XVII, «cómo los letrados pierden el saber por amar», donde están las donosas historias de los amores de Aristóteles y de Virgilio[143].

Aquellas enumeraciones sonoras y pintorescas del _Corbacho_, tan intemperantes como las de Rabelais, sólo una que otra vez se encuentran en la _Celestina_. Recuérdese la descripción que Pármeno hace del laboratorio en que la vieja prepara los untos y drogas para sus parroquianas: «En su casa hazía perfumes, falsaua estoraques, menjuy, animes, ambar, algalia, polvillos, almizcles, mosquetes. Tenía vna cámara llena de alambiques, de redomillas, de barrilejos de vidrio, de corambre, de estaño, hechos de mil faciones; hazía soliman, afeyte cozido, argentadas, bujelladas, cerillas, lanillas, unturillas, lustres, lucentores, clarimientes, alualinos; e otras aguas de rostro, de rasuras, de gamones, de corteza de espantalobos, de teraguncia, de hieles, de agraz, de modo destillados e açucarados. Adelgazaua los cueros con çumos de limones, con turuino, con tuétano de corço e de garça, e otras confaciones. Sacaua agua para oler, de rosas, de azahar, de jazmin, de trébol, de madreselua e clauellinas mosquatadas e almizcladas, poluorizadas con vino; hazía lexias para enruuiar, de sarmientos, de carrasca, de centeno, de marruuios, con salitres, con alumbre e millifolia, e otras diversas cosas. E los vntos e mantecas que tenía, es hastio de dezir: de vaca, de osso, de cauallos e de camellos, de culebra e de conejo, de vallena, de garça, de alcarauan e de gamo, e de gato montés, e de texon, de harda, de herizo, de nutria. Aparejos para baños, esto es, una maravilla; de las yervas e rayces que tenía en el techo de su casa colgadas: mançanilla e romero, maluaviscos, culantrillo, coronillas, flor de sauco y de mostaza, spliego e laurel blanco, tortarosa e gramonilla, flor salvaje e higueruela, pico de oro e hoja tinta. Los azeytes que sacaua para el rostro, no es cosa de creer: de storaque e de jazmin, de limon, de pepitas, de violetas, de menjuy, de alfócigos, de piñones, de granillo, de açofeytos, de neguilla, de altramuces, de aruejas y de carillas, e de yerva paxarera...». (Aucto I).

Esta curiosa página de perfumería y farmacia cosmética está evidentemente calcada sobre otra que hay en el libro del Arcipreste (Parte 2.ª, cap. III): «Pero despues de todo esto comiençan a entrar por los ungüentos, ampolletas, potecillos, salseruelas, donde tienen las aguas para afeytar; unas para estirar el cuero, otras destiladas para relumbrar, tuétanos de çiervo e de vaca e de carnero, e non son peores estas que diablos, que con las reñonadas del ciervo fazen ellas xabon?... Mesclan en ello almisque e algalia e clavos de girofre remojados dos dias en agua de azahar, o flor de azahar, con ella mezclado, para untar las manos, que se tornan blancas como seda. Aguas tienen destiladas para estirar el cuero de los pechos e manos, a las que se les fazen rugas... Fazen más agua de blanco de huevos cochos estilada, con mirra, canfora, angelores, trementina, con tres aguas purificada e bien lauada, que torna como la nieue blanca. Rayzes de lirios blancos, borax fino; de todo esto fazen agua destilada con que reluzen como espada, e de las yemas cochas de los huevos azeyte para las manos e la cara ablandar e purificar...»[144].

El tipo celestinesco está muy secamente delineado en el _Corbacho_ (2.ª parte, capítulo XIII): «Desto son causa unas viejas matronas, malditas de Dios e de sus santos, enemigas de la Virgen Santa Maria, que desque ellas non son para el mundo... e ya ninguno non las desea nin las quiere, entonçe toman ofiçio de alcagüetas, fechiceras e adevinadoras, por fazer perder las otras como ellas. ...Empero, dime: estas viejas falsas paviotas, ¡quántos matan e enloqueçen con sus _maldades_ de _byenquerencias_! ¡Quántas divysiones ponen entre maridos e mugeres, e quántas cosas fazen e desfazen con sus fechizos e maldiciones! Fazen a los casados dexar sus mugeres e yr a las extrañas; esso mesmo la muger, dexado su marido, yrse con otro; las fijas do los buenos fazen malas; non se les escapa moça, nin biuda, nin casada que non enloquecen. Asy van las bestias de ombres e mugeres a estas viejas por estos fechizos como a pendon ferido»[145].

Sin exagerar la influencia que un libro doctrinal y satírico, en que no hay acción dramática ni desarrollo novelesco, pudo ejercer en una obra de arte puro como la _Celestina_, es imposible desconocer el parentesco estrecho que liga al Arcipreste y á Rojas en la historia de la lengua y en la pintura de costumbres.

De otros tres autores del siglo XV se advierten reminiscencias, puramente formales, en la inmortal _tragicomedia_. Juan de Mena, cuyo temperamento artístico se asemeja tan poco al del bachiller Rojas, era sin embargo uno de sus poetas predilectos. Son varios los pasajes en que le imita. El muy docto filólogo americano D. Rufino J. Cuervo ha advertido que la idea y aun la forma de estas palabras: «No quiero marido, no quiero ensuciar los ñudos de matrimonio, ni las maritales pisadas de ageno hombre repisar», se encuentran en el poema de _Los siete pecados mortales_:

Tú te bruñes y te aluzias, Tú fazes con los tus males Que las manos mucho suzias Traten limpios corporales. _Muchos lechos maritales De ajenas pisadas huellas_, Y sienbras grandes querellas En deudos tan principales.

El Sr. Foulché-Delbosc, por su parte, ha hecho notar la semejanza del conjuro de Celestina con el de la hechicera de Valladolid, en un célebre episodio del _Laberinto_, que está imitado principalmente de Lucano. Hay coincidencias verbales: «Heriré con luz tus carceres tristes y escuras» (_Celestina_).

E con mis palabras tus fondas cavernas De luz sempiterna te las feriré.

(Juan de Mena).

En las octavas acrósticas del principio hay versos copiados del _Laberinto_, v. gr.:

A otro que amores dad vuestros cuidados[146].

Puede añadirse otra reminiscencia evidente del aucto I: «Mucho seguro es la mansa pobreza».

No ha sido reparada hasta hoy, aunque me parece obvia é innegable, la imitación de cierto tratadillo _del amor_ que compuso, siendo estudiante, el famoso Alfonso Tostado de Madrigal, bien conocido después como fecundo autor de obras de muy diverso linaje[147]. Ni aun en ésta que parece tan liviana prescinde enteramente el método escolástico. Dos son las conclusiones que propugna el Tostado: Primera, «ser necesario los omes amar a las mujeres». Segunda, «que es necesario al que ama que alguna vez se turbe», es decir, se trastorne y salga de seso. El autor habla por propia experiencia y dirigiéndose á un condiscípulo: «Hermano, reprehendiste me porque amor de muger me turbó ó poco menos desterró de los términos de la razon, de que te maravillas como de nueva cosa... E por cierto non me pesa porque amé, aunque dende non me vino bien, si non que me certifiqué de cosa que me era dubdosa, é acrecenté en saber por verdadera espirencia. E por esto me pena en mayor grado el amor, que es á mí nueva disciplina, como acaesce á los que son criados libres é delicadamente, é despues vienen a servidumbre». Los argumentos son vulgarísimos, y están confirmados con muchas historias: Sansón, David, Salomón, Tereo, Tiestes, Píramo y Tisbe, Scila, Medea, Tamar, Fedra, Deyanira y otras varias; erudición muy semejante á la que gastan los personajes de la _Celestina_. Toda la doctrina del _Tractado_ puede decirse que está compendiada en estas palabras del acto primero: «Has de saber, Pármeno, que Calisto anda de amor quexoso; e no le juzgues por esso por flaco, que el amor _impervio_ todas las cosas vence; e sabe, si no sabes, que _dos conclusiones son verdaderas. La primera, que es forçoso el hombre amar a la muger, e la muger al hombre. La segunda, que el que verdaderamente ama, es necessario que se turbe con la dulçura del soberano deleyte que por el hazedor de las cosas fue puesto porque el linaje de los hombres se perpetuase, sin lo qual peresceria_».

Aquí están literalmente transcritas las dos conclusiones del Tostado y uno de sus principales argumentos: «E ciertamente, para sustentacion del _humanal linaje_, este amor es nescesario por esto que diré. _Cierto es que el mundo perescería_ si ayuntamiento entre el ome y la muger non oviese, e pues este ayuntamiento non puede aver efecto sin amor de amos, siguesse que necesario es que amen». Se ve que la _madre_ Celestina era tan puntual en sus citas como un erudito profesional: nunca pensaría el Abulense en tener tan rara casta de discípulos y lectores.

Fernando de Rojas, como otros grandes ingenios, se asimilaba rápida y fácilmente todo lo que leía. La lamentación de Pleberio después de la muerte de Melibea tiene su indudable modelo en el llanto de la madre de Leriano con que termina la _Cárcel de Amor_. La situación es casi idéntica, pero no era menester que lo fuesen tanto las palabras. En la novela de Diego de San Pedro leemos: «¡O muerte, cruel enemiga, que ni perdonas los culpados ni asuelves los inocentes... _Más razon avia para que conservases los veynte años del hijo moço, que para que dexases los sesenta de la vieja madre._ Por qué volviste el derecho al revés? Yo estava harta de estar viua y él en edad de beuir...»[148]. Y en la _Celestina_: «O mi hija e mi bien todo! Crueldad sería que biua yo sobre ti. _Más dignos eran mis sesenta años de la sepultura que tus veynte._ Turbóse la orden del morir con la tristeza que te aquexava. O mis canas, salidas para aver pesar! Mejor gozara de vosotras la tierra que de aquellos ruvios cabellos que presentes veo». Apresurémonos á advertir que cada una de las dos lamentaciones tiene sus bellezas propias: la de la madre de Leriano es más sobria; más concentrada, más clásica, y emplea con fortuna el elemento sobrenatural de los agüeros y presagios. La de Pleberio, cercenadas las pedanterías que la deslucen por culpa del Petrarca, tiene todavía más fuerza patética y llega á lo sublime del sentimiento en dos ó tres rasgos.

No faltará quien tache de vano alarde de investigación todo lo que voy escribiendo sobre los orígenes de la _Celestina_. El método histórico comparativo, lento y minucioso de suyo, tiene pocos prosélitos en España. Por no someterse á su rígida disciplina, que requiere como auxiliares otras muchas si ha de convertirse en hábito constante del espíritu, suelen perderse los esfuerzos de nuestra crítica en vagas consideraciones de estética superficial ó de psicología recreativa. Y sin embargo, ¿puede haber cosa más interesante que seguir paso á paso la elaboración de una obra de genio en la mente de su autor; asistir si es posible á la creación de sus figuras; deslindar los elementos que por sabia combinación ó por genial y súbita reminiscencia se concertaron para formar un nuevo tipo estético? Y si se trata de un personaje como el bachiller Fernando de Rojas, que no ha dejado detrás de sí más que su nombre y el eco de su voz, todos los medios de indagación parecen pocos para descifrar el enigma de su genio. Bien lejos estoy yo ni de intentarlo siquiera, pero abriré camino á los que vengan después, sin temor á las detracciones de los críticos amenos, ni de los impresionistas, ni de los transcendentales.

Ni la naturaleza ni el arte proceden por saltos. Todo se une, todo se encadena en la historia literaria; no hay antecedente pequeño ni despreciable; no hay obra maestra que no esté precedida por informes ensayos, y no sugiera, á quien sabe leer, un mundo de relaciones cada vez más complejas y sutiles. Los más grandes ingenios son los que han imitado á todo el mundo: Shakespeare, Lope de Vega, Molière, deben á sus predecesores la primera materia de sus obras, y algo más que la primera materia. No hay producción humana sobresaliente y dominadora que no sea la resultante de fuerzas que han trabajado en la oscuridad durante siglos. Ni Dante, ni el Ariosto, ni Cervantes, ni Goethe, se eximen de esta ley. Su grandeza procede de la misma amplitud, vasta y luminosa, de su genio, que da hospitalaria acogida á todas las manifestaciones precedentes en su raza, en su pueblo, en su siglo, en la humanidad entera.

No podríamos, sin nota de exageración, aplicar tales conceptos al bachiller Fernando de Rojas, que ni por la elevación ni por la fecundidad de su obra está á la altura de los colosos citados. Pero en su obra solitaria, concebida y escrita antes de la madurez del arte, demostró tales condiciones, que nadie en el siglo XV mereció en tanto grado como él la calificación de grande artista literario. La _Celestina_ no es un libro peculiarmente español: es un libro europeo, cuya honda eficacia se siente aún, porque transformó la pintura de costumbres y trajo una nueva concepción de la vida y del amor.

Bellamente lo dijo Gervinus en su _Historia de la poesía alemana_: «Esta obra marca propiamente la hora natal del drama en los pueblos modernos. No es, en verdad, un drama perfecto en la forma, sino una novela dramática en veintiún diálogos; pero si prescindimos de la forma exterior, es una acción dramática admirablemente trazada y desenvuelta, con reflexiva conciencia de la verdad poética, y con tal maestría para caracterizar á todos los personajes, que en vano se buscará nada que se le parezca antes de Shakespeare. Mucho del contenido de _Romeo y Julieta_ se halla en esta obra, y el espíritu según el cual está concebida y expresada la pasión es el mismo»[149].

Profunda verdad encierran las palabras de Gervinus. _Calisto y Melibea_ es el drama del amor juvenil, casi infantil, menos casto que el de _Romeo y Julieta_ en palabras y situaciones, pero no menos apasionado y candoroso que el de los inmortales amantes de Verona[150]. No es la _Celestina_ obra picaresca, ni quién tal pensó, sino _tragicomedia_, como su título definitivo lo dice con entera verdad; poema de amor y de exaltación y desesperación; mezcla eminentemente trágica de afectos ingenuos y poco más que instintivos, y de casos fatales que vienen á torcer ó á interrumpir el desatado curso de la pasión humana y envuelven á los dos amantes en una catástrofe que no se sabe si es expiación moral ó triunfante apoteosis.

¡Poder inmenso el de la sinceridad artística! Las bellezas de esta obra soberbia son de las que parecen más nuevas y frescas á medida que pasan los años. El don supremo de crear caracteres, triunfo el más alto á que puede aspirar un poeta dramático, fué concedido á su autor en grado tal, que no parece irreverente la comparación con el arte de Shakespeare. Figuras de toda especie, aunque en corto número, trágicas y cómicas, nobles y plebeyas, elevadas y ruines; pero todas ellas sabia y enérgicamente dibujadas, con tal plenitud de vida que nos parece tenerlas presentes. El autor, aunque pretenda en sus prólogos y afecte en su desenlace cumplir un propósito de justicia moral, procede en la ejecución con absoluta objetividad artística, se mantiene fuera de su obra; y así como no hay tipo vicioso que le arredre, tampoco hay ninguno que en sus manos no adquiera cierto grado de idealismo y de nobleza estética. Escrita en aquella prosa de oro, hasta las escenas de lupanar resultan tolerables. El arte de la ejecución vela la impureza, ó más bien impide fijarse en ella.

La misma profusión de sentencias, aforismos y citas clásicas; aquella especie de filosofía práctica difundida por todo el diálogo; aquella _buena salud_ intelectual que el autor seguramente disfrutaba, y de la cual, en mayor ó menor grado, hace disfrutar á sus personajes más abyectos, salvan los escollos de las situaciones más difíciles, y no consienten que ni por un solo momento se confunda esta joya con otros libros torpes y licenciosos, que son pestilencia del alma y del cuerpo. Digno será de lástima el espíritu hipócrita ó depravado que no comprenda esta distinción.

Y en la parte seria de la obra, poco estudiada y considerada hasta nuestro tiempo, ¡con qué poesía trató el autor lo que de suyo es puro y delicado! Para encontrar algo semejante á la tibia atmósfera de noche de estío que se respira en la segunda escena del jardín hay que recordar _el canto de la alondra_ de Shakespeare ó las escenas de la seducción de Margarita en el primer _Fausto_. Hasta los versos que en ese acto de la _Celestina_ se intercalan:

¡Oh, quién fuera la hortelana De aquestas viciosas flores!...

tienen un encanto y un misterio líricos, muy raros en la poesía de los cancioneros del siglo XV.

Tres cosas hay que considerar principalmente en la _Celestina_: los caracteres, la invención y composición de la fábula y, finalmente, el estilo y lenguaje. Algo diremos sobre cada uno de estos puntos, sin someternos á un orden rigurosamente escolástico.

Sobre todos los personajes descuella la vieja _Celestina_, hasta el punto de haber impuesto nuevo título á la tragicomedia, contra la voluntad de su autor, y haber convertido su nombre de propio en apelativo, dando una nueva palabra á nuestro idioma. La excelencia del tipo fué reconocida ya por el autor del _Diálogo de la lengua_:

«_Martio._--¿Quáles personas os parecen que stan mejor exprimidas?

«_Valdés._--La de Celestina, sta, á mi ver, perfetísima en todo quanto pertenece a una fina alcahueta»[151].

Este juicio de la crítica antigua es atinado, pero insuficiente. Celestina no es una alcahueta vulgar como la Acanthis de Propercio ó la Dipsas de Ovidio. Tipos de _lenas_ finamente representados hay en la comedia latina y en muchas obras cómicas y novelescas del siglo XVI italiano. En Francia es célebre la _Macette_ de una de las sátiras de Regnier. Y de nuestra casa no hablemos, porque las hijas, sobrinas y herederas de Celestina fueron tantas que por sí solas forman una literatura en que hay cosas muy dignas de alabanza bajo el aspecto formal. Todas esas copias son muy fieles al modelo, y, sin embargo, ninguna de ellas es Celestina, ninguna tiene su diabólico poder ni su satánica grandeza. Porque Celestina es el genio del mal encarnado en una criatura baja y plebeya, pero inteligentísima y astuta, que muestra, en una intriga vulgar, tan redomada y sutil filatería, tanto caudal de experiencia mundana, tan perversa y ejecutiva y dominante voluntad, que parece nacida para corromper el mundo y arrastrarle, encadenado y sumiso, por la senda lúbrica y tortuosa del placer. «A las duras peñas promoverá e provocará a luxuria si quiere», dice Sempronio.

En lo que pudiéramos llamar _infierno estético_, entre los tipos de absoluta perversidad que el arte ha creado, no hay ninguno que iguale al de Celestina, ni siquiera el de Yago. Ambos profesan y practican la ciencia del mal por el mal; ambos dominan con su siniestro prestigio á cuantos les rodean, y los convierten en instrumentos dóciles de sus abominables tramas. Pero hay demasiado artificio teatral en los crímenes que acumula Yago, y ni siquiera su odio al género humano está suficientemente explicado por los leves motivos que él supone para su venganza. En Celestina todo es sólido, racional y consistente. Nació en el más bajo fondo social, se crió á los pechos de la dura pobreza, conoció la infamia y la deshonra antes que el amor, estragó torpemente su juventud y las ajenas, gozó del mundo como quien se venga de él, y al verse vieja y abandonada de sus galanes vendió su alma al diablo, cerrándose las puertas del arrepentimiento.

Y no se tengan por pura metáfora estas últimas expresiones. Hay en Celestina un positivo satanismo, que también apunta en el Yago de Shakespeare[152]. No importa que el bachiller Rojas creyese ó no en él. Basta que lo haya expresado con eficacia poética. Es cierto que por boca de Pármeno se burla del ajuar y laboratorio de la hechicera: «Tenía huessos de coraçon de cieruo, lengua de bíuora, cabeças de codornizes, sesos de asno, tela de cauallo, mantillo de niño, haua morisca, guija marina, soga de ahorcado, flor de yedra, spina de erizo, pie de texon, granos de helecho, la piedra del nido del aguila, e otras mill cosas. Venian a ella muchos hombres e mugeres; e a unos demandaua el pan do mordian; a otros de su ropa; a otros de sus cabellos; a otros pintaua en la palma letras con azafran; a otros, con bermellon; a otros daua unos coraçones de cera llenos de agujas quebradas, e otras cosas en barro o en plomo fechas, muy espantables al ver. Pintaua figuras, dezia palabras en tierra; ¿quién te podra dezir lo que esta vieja hazia? e todo era burla e mentira».

Puede creerse también que la misma Celestina habla en burlas cuando hace aquél donoso panegírico de las _virtudes_ de la madre de Pármeno: «O qué graciosa era! o qué desembuelta, limpia, varonil! tan sin pena ni temor se andaua a media noche de cimenterio en cimenterio, buscando aparejos para nuestro officio, como de dia; ni dexaua cristianos, ni moros, ni judios, cuyos enterramientos no visitaua; de dia los acechaua, de noche los desenterraua. Assi se holgaua con la noche escura, como con el dia claro; dezia que aquella era capa de pecadores... Pues _entrar en un cerco mejor que yo e con mas esfuerzo_? aunque yo tenia harta buena fama, más que agora, que por mis pecados todo se oluidó con su muerte; ¿qué más quieres, sino que los mesmos diablos le auian miedo? atemorizados y espantados los tenía con las crudas bozes que les daua; assi era dellos conocida como tú en tu casa; tumbando venian unos sobre otros a su llamado; no le osauan dezir mentiras, segun la fuerça con que los apremiaua; despues que la perdí, jamás les oy verdad» (Aucto VII).

Podía Celestina, para deslumbrar á los imbéciles y acrecentar los medros y ganancias de su oficio, fingir un poder sobrenatural que no poseía. Pero hay pasajes en que no cabe esta interpretación, porque son monólogos y apartes de la misma Celestina, que revelan con sinceridad sus más escondidos pensamientos: «Todos los agüeros se adereçan favorables, o yo no sé nada desta arte (va diciendo al acercarse á casa de Melibea)... La primera palabra que oy por la calle fue de achaque de amores; nunca he tropeçado como otras vezes. Las piedras parece que se apartan e me fazen lugar que passe; ni me estoruan las faldas, ni siento cansancio en andar; todos me saludan; ni perro me ha ladrado, ni aue negra he visto, tordo ni cueruo, ni otras noturnas» (Aucto IV).

Y aún es más singular lo que pasa en la conversación con la pobre doncella. De vez en cuando, Celestina, para cobrar ánimos, invoca por lo bajo la asistencia del demonio: «Por aqui anda el diablo, aparejando oportunidad, arreziando el mal a la otra. Ea, buen amigo, tener rezio; agora es mi tiempo o nunca; no la dexes, lleuamela de aqui a quien digo»... «En hora mala acá vine, si me falta mi conjuro; ea, pues, bien sé a quien digo; ce, hermano, que se va todo a perder». ¿Y puede darse más efusiva acción de gracias al enemigo malo que el soliloquio con que principia el aucto V? «O diablo a quien yo conjuré! cómo cumpliste tu palabra en todo lo que te pedí! en cargo te soy; assi amansaste la cruel hembra con tu poder, e diste tan oportuno lugar a mi habla quanto quise, con la absencia de su madre... O serpentino azeyte! o blanco hilado! cómo os aparejastes todos en mi fauor! o yo rompiera todos mis atamientos hechos e por hazer, ni creyera en yeruas, ni piedras, ni en palabras».

Estos pasajes son terminantes: el autor quiso que Celestina fuese una hechicera de verdad y no una embaucadora. Ciertos rasgos que en la _Tragicomedia_ sorprenden y pueden parecer falta de arte, sobre todo la rápida y súbita conversión del ánimo de Melibea, que hasta entonces no ha manifestado la menor inclinación á Calisto y que tanto se enfurece cuando la vieja pronuncia por primera vez su nombre, sólo pueden legitimarse admitiendo que Melibea, al caer en las redes de la pasión como fascinado pajarillo, obedece á una sugestión diabólica. Ciertamente que nada de esto era necesario: todo lo que pasa en la _Tragicomedia_ pudo llegar á término sin más agente que el amor mismo, y quizá hubiera ganado este gran drama realista con enlazarse y desenlazarse en plena realidad. Pero el bachiller Rojas, aunque tan libre y desenfadado en otras cosas, era un hombre del siglo XV y escribía para sus coetáneos. Y en aquella edad todo el mundo creía en agüeros, sortilegios y todo género de supersticiones, lo mismo los cristianos viejos que los antiguos correligionarios de Rojas, como en el monstruoso proceso del Santo Niño de la Guardia puede verse. La parte sobrenatural de la _Celestina_ es grave y trágica: nada tiene de comedia de magia. Prepara el horror sombrío de la catástrofe é ilumina el negro fondo de una conciencia depravada, que pone á su servicio hasta las potestades del Averno. «La figura demoníaca y gigantesca de Celestina, verdadera y propia heroína del libro (ha dicho el traductor alemán E. de Bülow) no tiene, á lo que recuerdo, término de comparación en toda la moderna literatura, y bastaría por sí sola para marcar á su creador con el sello de los grandes poetas»[153].

Estas representaciones del mal llevado al último límite, que llaman los estéticos «sublime de mala voluntad», ofrecen para el artista no menores escollos que la representación de la pura santidad, aunque por opuesto estilo. Nadie los ha vencido tan gallardamente como Rojas, en cuya obra Celestina es constantemente odiosa, sin que llegue á ser nunca repugnante. Es un abismo de perversidad, pero algo humano queda en el fondo, y en esto á lo menos lleva gran ventaja á Yago. La lucidez de su inteligencia es pasmosa, y la convierte á veces en el más singular de los diablos predicadores. Si sus intenciones son abominables, sus palabras suelen ser sabias, y no siempre miente su lengua al proferirlas. De sus dañadas entrañas nacen los pérfidos consejos, las insinuaciones libidinosas, la torpe doctrina que Ovidio quiso reducir á arte y que ella predica á Pármeno y á Areusa con cínicas palabras[154]. Pero no es esa la noción del amor, que con suavidad y gota á gota va infiltrando en el tierno corazón de Melibea:

«_Melibea._--Cómo dizes que llaman este mi dolor, que assi se ha enseñoreado en lo mejor de mi cuerpo?

«_Celestina._--Amor dulce.

«_Melib._--Eso me declara qué es, que en solo oyrlo me alegro.

«_Celest._--Es un fuego escondido, una agradable llaga, un sabroso veneno, una dulce amargura, una delectable dolencia, un alegre tormento, una dulce e fiera herida, una blanda muerte».

De un modo habla á las nobles y castas y retraídas doncellas; de otro á las cortesanas atentas al cebo de la ganancia. Su ingenio, despierto y sagaz como ninguno, la hace adaptarse á las más varias condiciones sociales y penetrar en los recintos más vigilados y traspasar los muros más espesos. El sinnúmero de oficios menudos que ejerce, no ilícitos todos, la dan entrada franca hasta en hogares tan severos como el de Pleberio, á ella, vieja maestra de tercerías y lenocinios, encorozada y puesta en la picota por hechicera.

El poder de Celestina sobre cuantos la rodean consiste en que es un espíritu reflexivo y horriblemente sereno, en quien ninguna pasión hace mella, salvo la codicia sórdida, que es precisamente la causa de su ruina. Es la inteligencia sin corazón aplicada al mal con tan insistente brío que resultaría peligrosa su representación, si no apareciese templada por la propia indignidad de la persona (que la aleja de todo contacto con el lector honrado) y por los aspectos cómicos de su figura, que son fuente de inofensivo placer estético. No sabemos si el público la resistiría en escena: nos inclinamos á creer que no; pero en el libro es tan deseada su presencia como lo eran sus visitas por Calisto, y casi nos indignamos con la barbarie de Sempronio y su compañero, que atajaron en tan mala hora aquel raudal de castizos donaires y de elegantes y pulidas razones. Los discursos de Celestina contienen en sentenciosa forma una filosofía agridulce de la vida, en que no todo es falso y pecaminoso. Porque no sólo de amores es maestra Celestina, sino que con gran ingenio discurre sobre los males de la vejez, sobre los inconvenientes de la riqueza, sobre el ganar amigos y conservarlos, sobre las vanas promesas de los señores, sobre la tranquilidad del ánimo, sobre la inconstancia de la fortuna, y otros temas de buena lección y aprovechamiento, que no por salir de tales labios pueden menospreciarse. Claro es que la socarronería de la perversa vieja quita mucho de su gravedad y magisterio á estos aforismos; pero de aquí se engendra un humorístico contraste, y no es éste el menor de los méritos en la creación de este singular Séneca ó Plutarco con haldas luengas, que parece una caricatura de los moralistas profesionales.

Elicia y Areusa son figuras perfectamente dibujadas, aunque episódicas en la _Tragicomedia_. Sirven para completar el estupendo retrato de Celestina, mostrando los frutos de su enseñanza. Ni ellas ni su maestra pertenecen al mundo triste y feo de la prostitución oficial y reglamentada, de las públicas mancebías, sobre las cuales guardan nuestros archivos concejiles tan peregrina cuanto lamentable documentación. Elicia y Areusa no son mozas del partido, sino «mujeres enamoradas», como por eufemismo se decía; que viven en su casa y guardan relativa constancia á sus dos amigos y los lloran con sincero duelo y procuran vengar su muerte. No tienen el sentimentalismo de las rameras de Terencio ni el ansia y la sed de ganancia que distingue á las de Plauto. Más verisímiles que las primeras, son menos abyectas que las segundas. No han pasado por la dura esclavitud, y en el arranque y la fiereza con que tratan á sus rufianes y en los rasgos de generosidad instintiva bien se muestran mujeres libres y españolas. Pero el autor no ha querido idealizarlas por ningún concepto. Son menos perversas que Celestina, porque son más jóvenes y están haciendo el aprendizaje del vicio. No llegarán nunca á su grandeza satánica, pero cuando la flor de su juventud se marchite, ellas heredarán los trebejos de la hechicera y conservarán la casilla de la cuesta del río, que «jamás perderá el nombre de Celestina». Porque Celestina es un símbolo, y Elicia y Areusa y Claudina nunca serán más que reflejos suyos, aunque alguna se atreva á usurpar su nombre.

Los dos criados de Calisto tienen particular importancia en la historia de la comedia moderna, porque en ellos acaba la tradición de los Davos y los Siros, y penetra en el arte el tipo del fámulo libre, consejero y confidente de su señor, no sólo para estafar á un padre avaro dinero con que adquirir una hermosa esclava, sino para acompañar á su dueño en todos los actos y situaciones de la vida, alternando con él como camarada, regocijándole con sus ocurrencias, entremetiéndose á cada momento en sus negocios, adulando ó contrariando sus vicios y locuras, haciendo, en suma, todo lo que hacen nuestros _graciosos_ y sus similares italianos y franceses, derivados á veces de los nuestros[155].

Pero esta representación, que con el tiempo llegó á ser tan convencional, es en Rojas tan verídica como todo lo demás, si se tienen en cuenta las costumbres de su siglo y la intimidad en que vivían los grandes señores, no sólo con sus criados (palabra que tenía entonces más noble significación que ahora), sino con truhanes, juglares y hombres de pasatiempo.

Rojas, gran adivinador de las combinaciones escénicas, ha presentado por primera vez el paralelismo entre los amores de amos y criados, repetido luego hasta la saciedad en nuestras comedias _de capa y espada_. El apetito groseramente carnal de Pármeno y Areusa hace resaltar por el contraste la pasión, no ciertamente inmaculada ni casta, pero sí vehemente y tierna, de los protagonistas, que no sólo es impura llama de los sentidos, sino también amor de las almas y frenesí y delirio romántico, en que carne y espíritu padecen y gozan juntamente.

No hay personaje alguno de la _Celestina_, aunque rara vez aparezca, que no muestre propia é inconfundible fisonomía. La tienen hasta Sosia y Tristanico, los pajes que acompañan á Calisto en su última é infausta visita al jardín de Melibea, muertos Pármeno y Sempronio. Nada digamos del rufián Centurio, que es el personaje más plautino de la pieza. Compárese con Pyrgopolinices, que le ha servido de original, y el personaje más antiguo parecerá una débil caricatura del más moderno. Y no porque le falte gracejo de muy buena ley. Las sales de Plauto no se reducen, como algunos piensan, á amontonar palabras sexquipedales y rimbombantes, que sólo pueden hacer reir á la inculta plebe:

_Quemne ego servavi in campis Gurgustidoniis, Ubi Bombomachides Cluninstaridysarchides Erat imperator summus, Neptuni nepos?_

(V. 13-15).

Es de buen efecto cómico que el vanaglorioso capitán se haga referir sus soñadas proezas por su taimado siervo Artotrogo; pero en el desarrollo de esta idea se traspasan todos los límites de la verisimilitud. Citaré algo de la primera escena, aprovechando la ocasión para dar una breve muestra de la elegante traducción castellana de esta comedia, publicada en Amberes por autor anónimo en 1555:

«_Pyrgopolinices._--Moços, poned diligencia en que mi coselete esté más claro y limpio que suelen estar los rayos del sol, quando es muy sereno, porque siendo necesario entrar en el campo, la mucha claridad y resplandor del acero quite la vista al enemigo, porque yo harto terné que hazer en consolar esta mi espada, que no se quexe y desespere, porque ha tantos dias que la hago holgar, y que no saqué fruto de mis enemigos; pero ¿dónde está Artotrogo?

«_Artotrogo._--Aquí estoy, señor, cerca de vn varón fuerte y bien afortunado, y de una disposicion real, con el qual Marte, dios de las batallas, no osara competir ni comparar sus virtudes.

«_Pyrg._--¿Cómo fue aquello del que salvé la vida en los campos Cutincalidonios, adonde era capitan general el gran nieto de Neptuno?

«_Art._--Muy bien me acuerdo; dizes lo, señor, por aquel de las armas de oro, cuyas batallas tú desbarataste con solo tu soplo, como vn gran viento desbarata las ojas secas.

«_Pyrg._--Pues todo eso no es nada.

«_Art._ (_aparte_).--No por cierto en comparacion de otras cosas que yo podria dezir que tú nunca heziste. Si uviere en el mundo quien aya visto otro más perjuro ni más lleno de vanaglorias que este hombre, téngame por esclavo perpetuo suyo.

«_Pyrg._--Oyes, ¿dónde estás?

«_Art._--Aqui estoy, señor, acordandome cómo en la India de una puñada quebraste un braço a vn elefante.

«_Pyrg._--¿Qué dizes braço?

«_Art._--No sé qué dezir, señor, sino la espalda, y avn osaria jurar que si pusieras vna poca de más fuerça pasaras el braço al elefante por el cuero y por las entrañas, y se lo sacaras por la boca. .......................................................... «_Pyrg._--¿Tienes ay libro de memoria?

«_Art._--¿Quieres me preguntar algo? Sí tengo, y la punta para escrevir en él.

«_Pyrg._--¡Qué graciosamente sabes aplicar tu ánimo á mi voluntad!

«_Art._--Conviene me tener muy conocidas todas tus costumbres, y que no ayas bien pensado la cosa quando ya yo esté contigo.

«_Pyrg._--Pues dime, ¿no te acuerdas?

«_Art._--Muy bien, señor, tengo en la memoria que en vn solo dia mataste en Cilicia cient salteadores, y ciento y cincuenta en Sicilia, y treynta en Cerdeña y sessenta en Macedonia.

«_Pyrg._--¿Qué número de hombres será ese?

«_Art._--Siete mil.

«_Pyrg._--Tantos han de ser, muy buen cuenta tienes.

«_Art._--Pues no los escreví, pero acuerdo me muy bien dello.

«_Pyrg._--Por los dioses, que tienes excelente memoria.

«_Art._--El mantenimiento me la haze tener.

«_Pyrg._--Mientras hizieres lo que hasta aqui, nunca te faltará de comer ni yo te negaré mi mesa.

«_Art._--Pues quán mejor fue, señor, aquello de Capadocia, donde si no tuvieras bota la espada, de un solo golpe mataras quinientos, y la gente de pie si viniera fuera para ti poca presa. Pero para qué tengo de gastar tiempo en contar aquello que es tan notorio en el mundo, y que saben todos, que viue Pyrgopolinice en la tierra, varon excelentisimo en virtud, y gesto y hazañas. Todas las mugeres te aman, y con mucha razon, pues te ven tan fermoso. ¡O qué dezian aquellas que ayer me tirauan de la capa!

«_Pyrg._--¿Qué te dixeron ayer, por mi vida?

«_Art._--Preguntauan me: ¿es este Achilles? Respondía yo: no, sino su hermano. Entonces la una dellas dixo: Por cierto muy fermoso me parece y muy bien dispuesto; mirad cómo le asientan bien los cabellos y la barba. ¡O quán venturosas son las que alcançaren su amor!

»_Pyrg._--¿Mas de veras que assí lo dezian?

«_Art._--Antes entrambas me rogaron que tuviesse forma cómo passases oy por su calle.

«_Pyrg._--Tambien es gran pesadumbre ser vno demasiadamente gentil hombre»[156].

Enfrente de este figurón graciosamente descrito, pero imposible, pongamos algunas bravatas de nuestro Centurio, auténtico temerón y jayán del siglo XV, rebosando de aquella vida y fuerza cómica que al capitán del rey Seleuco le falta:

«_Cent._--Mándame, tú, señora, cosa que yo sepa hazer, cosa que sea de mi officio; vn desafio con tres juntos, e si más vinieren, que no huya por tu amor; matar vn hombre, cortar una pierna o braço; harpar el gesto de alguna que se aya ygualado contigo, estas tales cosas antes serán hechas que encomendadas. No me pidas que ande camino, ni que te dé dinero, que bien sabes que no dura conmigo, que tres saltos daré sin que me se cayga blanca... Las alhajas que tengo es el axuar de la frontera: vn jarro desbocado, vn assador sin punta; la cama en que me acuesto está armada sobre aros de broqueles; un rimero de malla rota por colchones; una talega de dados por almohada; que avnque quiero dar collacion, no tengo qué empeñar, sino esta capa harpada que traygo a cuestas...

«Si mi espada dixesse lo que haze, tiempo le faltaria para hablar. ¿Quién sino ella puebla los más cimenterios? ¿quién haze ricos los cirujanos desta tierra? ¿quién da contino que hazer a los armeros? ¿quién destroça la malla muy fina? ¿quién haze riça de los broqueles de Barcelona? ¿quién reuana los capacetes de Calatayud sino ella? que los caxquetes de Almazan assi los corta como si fuessen fechos de melon... Veynte años ha que me da de comer; por ella soy temido de hombres e querido de mugeres, sino de ti; por ella le dieron Centurio por nombre a mi abuelo, e Centurio se llamó mi padre, e Centurio me llamo yo.

«_Elicia._--Pues ¿qué hizo el espada por que ganó tu abuelo ese nombre? Dime, ¿por ventura fue por ella capitan de cient hombres?

«_Cent._--No, pero fue rufian de cient mugeres.

«_Areusa._--No curemos de linage ni hazañas viejas; si has de hazer lo que te digo, sin dilacion determina, porque nos queremos yr.

«_Cent._--Más desseo yo la noche, por tenerte contenta, que tú por verte vengada, e porque más se haga todo a tu voluntad, escoge qué muerte quieres que le dé; allí te mostraré un reportorio en que ay sietecientas e setenta species de muertes, verás quál más te agradare.

«_Elicia._--Areusa, por mi amor, que no se ponga este fecho en manos de tan fiero hombre; más vale que se quede por hazer, que no escandalizar la ciudad, por donde nos venga más daño de lo passado.

«_Areusa._--Calla, hermana; diganos alguna que no sea de mucho bullicio.

«_Cent._--Las que agora estos dias yo vso e más traygo entre manos son espaldarazos sin sangre, o porradas de pomo de espada, o revés mañoso; a otros agujero como harnero a puñaladas, tajo largo, estocada temerosa, tiro mortal. Algun dia doy palos por dexar holgar mi espada» (Aucto XVIII).

Este solo ejemplo mostrará cómo transforma Rojas sus originales hasta cuando más de cerca imita.

Si admirables son los personajes secundarios y cómicos de la _Celestina_, ¿qué diremos de la pareja enamorada, que en la historia de la poesía humana precede y anuncia á la de Verona? Nunca el lenguaje del amor salió tan férvido y sincero de pluma española como no fuese la de Lope de Vega en sus más felices momentos. Nunca antes de la época romántica fueron adivinadas de un modo tan hondo las crisis de la pasión impetuosa y aguda, los súbitos encendimientos y desmayos, la lucha del pudor con el deseo, la misteriosa llama que prende en el pecho de la incauta virgen, el lánguido abandono de las caricias matadoras, la brava arrogancia con que el alma enamorada se pone sola en medio del tumulto de la vida y reduce á su amor el universo, y sucumbe gozosa, herida por las flechas del omnipotente Eros. Toda la psicología del más universal de los sentimientos humanos puede extraerse de la _tragicomedia_ de Rojas si se la lee con la atención que tal monumento merece. Por mucho que apreciemos el idealismo cortesano y caballeresco de D. Pedro Calderón, ¡qué fríos y qué artificiosos y amanerados parecen los galanes y damas de sus comedias, al lado del sencillo Calisto y de la ingenua Melibea, que tienen el vicio de la pedantería escolar, pero que nunca falsifican el sentimiento! También Shakespeare pagó tributo al _eufuismo_, y en _Romeo and Juliet_ muy particularmente; versos hay allí de innegable mal gusto, y alguno habremos de citar, pero ¿quién se acuerda de ellos, cuando la tormenta de la pasión estalla?

Retórica hay también en los personajes de Rojas; pero no toda retórica debe proscribirse en estos casos, porque el amor es retórico de suyo y se complace en devanear largamente sobre nonadas. No seré yo quien tache de afectación los cándidos extremos que hace Calisto cuando recibe el cordón de Melibea (aucto VI): «¡O mi gloria e ceñidero de aquella angélica cintura; yo te veo e no lo creo! ¡O cordon, cordon! ¿fuésteme tú enemigo? Dilo cierto... Conjúrote me respondas, por la virtud del gran poder que aquella señora sobre mí tiene... ¡O mezquino de mí! que assaz bien me fuera del cielo otorgado, que de mis braços fueras hecho e texido, e no de seda como eres, porque ellos gozaran cada día de rodear e ceñir con deuida reuerencia aquellos miembros que tú, sin sentir ni gozar de la gloria, siempre tienes abraçados...»

Involuntariamente se recuerda que también Romeo, en la escena del jardín, envidiaba el guante de su amada, porque podía tocar su mejilla[157]. Otras expresiones de ambos mancebos se parecen de un modo extraordinario:

«_Sempronio._--¿Tú no eres christiano?

«_Calisto._--¿Yo? Melibeo so, y a Melibea adoro, y en Melibea creo, e a Melibea amo». .......................................................... «_Romeo._--¡Que me bauticen de nuevo; desde ahora no quiero ser Romeo!»[158].

Romeo, como envuelto en una intriga más complicada, es carácter más rico de matices, es también más lírico, romántico y soñador. Su lenguaje, constantemente figurado y poético, eleva el pensamiento á una esfera superior á la del puro realismo. Pero su amor carece de la virginidad del de Calisto, para el cual ni antes ni después de la posesión existe otra mujer que Melibea. Las primicias del alma de Romeo no pertenecen á Julieta, porque antes de ella ha amado á Rosalina con los mismos extremos y prodigando en honor suyo las mismas hipérboles. «¿Puede haber alguna más hermosa que mi amor? Ni aun el sol que lo ve todo ha visto otra igual desde que alumbra al mundo»[159]. Pero un momento después, en la escena del baile, Julieta borra instantáneamente el recuerdo de Rosalina: «Esta sí que puede enseñar á las antorchas á arder. Resplandece sobre el oscuro rostro de la noche como rica joya en la oreja de un etiope. ¡Belleza demasiado rica para ser poseída, demasiado excelente para la tierra! Parece entre las otras damas como nívea paloma entre grajos. ¿Por ventura mi corazon ha amado hasta ahora? Negadlo con juramento, ojos míos, porque no he contemplado belleza verdadera hasta esta noche»[160].

En el alma de Romeo, ardientemente apasionada como es, hay un germen de ligereza é inconstancia. Sin las nupcias sepulcrales sabe Dios cuál hubiera sido su fidelidad á Julieta, mientras de Calisto no podemos dudar que nació para servir á Melibea y ser suyo en vida y en muerte. Calisto no hubiera merecido nunca que Fr. Lorenzo le llamase, como llama á Romeo, «débil mujer con aspecto varonil, irracional furia de bestia»[161]. En cambio Melibea y Julieta parecen de la misma familia: audaces, impulsivas las dos, cándidas en el desbordamiento de su pasión y marcadas por el sello de la fatalidad trágica desde el primer instante. En Julieta, el enamoramiento es todavía más súbito que en Melibea, y no necesita intervención de Celestinas, puesto que no puede calificarse de tal á su nodriza, que honradamente la presta lícitos aunque poco prudentes servicios. Basta que por primera vez se encuentren sus ojos con los de Romeo, á quien todavía no conoce ni de nombre, para que exclame: «Si es casado, el sepulcro será mi lecho de bodas»[162]. Y cuando sabe que es un vástago del linaje de los Montescos, tan odiado por los suyos, parece que con terrible imprecación quiere atraer sobre sí los manes de la venganza: «¡Mi sólo amor, nacido de mi único odio! ¡Harto tarde te he conocido! Quiere mi negra suerte que consagre mi amor al único hombre á quien debo aborrecer»[163].

Tanto en _Romeo y Julieta_ como en la _Celestina_ son dos las entrevistas amorosas, y hasta en el pormenor de la escala aplicada al muro se mantiene el paralelismo de las situaciones, en medio de la profunda diversidad moral con que Shakespeare y Rojas las interpretan[164]. La doncella italiana pone su amor de acuerdo con la ley moral y canónica; la tempestuosa enamorada castellana procede como si ignorase tales leyes ó se hubiese olvidado de su existencia. La primera es sin duda más ejemplar, y la emoción trágica que su fin produce no va mezclada con ningún pensamiento de torpeza ó rebeldía, pues hasta del suicidio es casi irresponsable[165]. Melibea, por el contrario, muere desesperada é impenitente: «¿Oyes lo que aquellos moços van hablando? ¿Oyes sus tristes cantares? rezando lleuan con responso mi bien todo; muerta lleuan mi alegria. No es tiempo de yo biuir» (Aucto XIX). «De todos soy dexada; bien se ha adereçado la manera de mi morir; algun aliuio siento en ver que tan presto seremos juntos yo e aquel mi querido e amado Calisto. Quiero cerrar la puerta, porque ninguno suba a me estoruar mi muerte; no me impidan la partida; no me atajen el camino, por el qual en breue tiempo podré visitar en este dia al que me visitó la passada noche. Todo se ha hecho a mi voluntad; buen tiempo terné para contar a Pleberio, mi señor, la causa de mi ya acordado fin. Gran sinrazon hago a sus canas, gran offensa a su vejez; gran fatiga le acarreo con mi falta; en gran soledad le dexo, pero no es más en mi mano.

Tú, Señor, que de mi fabla eres testigo, vees mi poco poder; vees quán cativa tengo mi libertad; quán presos mis sentidos de tan poderoso amor del muerto cauallero, que priua al amor con los biuos padres...» (Aucto XX).

Melibea no intenta justificar con sofismas su pasión culpable y desordenada; al contrario, acumula sobre su cabeza todos los males que resultaron de la muerte de Calisto y se ofrece como víctima expiatoria de todos ellos: «Bien vees e oyes este triste e doloroso sentimiento que toda la ciudad haze; bien oyes este clamor de campanas, este alarido de gentes, este aullido de canes, este strépito de armas; de todo esto fuy yo causa. Yo cobrí de luto e xergas en este dia quasi la mayor parte de la ciudadana caualleria; yo dexé muchos siruientes descubiertos de señor; yo quité muchas raciones e limosnas a pobres e enuergonçantes; yo fuy ocasion en que los muertos toviessen compañia del más acabado hombre que en gracias nascio; yo quité a los biuos el dechado de gentileza, de inuenciones galanas, de atauios e bordaduras, de habla, de andar, de cortesia, de virtud; yo fuy causa que la tierra goze sin tiempo el más noble cuerpo e más fresca juuentud que al mundo era en nuestra edad criada».

El desenlace, pues, aunque éticamente condenable, es el único que podía tener el drama, so pena de degenerar en una aventura ridícula. ¿Quién concibe á Melibea sobreviviendo á Calisto? Estas grandes enamoradas no tienen más razón de existir que el amor mismo; llevan enclavado el dardo ponzoñoso de la venganza de Afrodita: «Su muerte conbida a la mia; conbidame e fuerça que sea presto, sin dilacion... E assi contentarte he en la muerte, pues no toue tiempo en la vida... ¡O padre mio muy amado! Ruégote, si amor en esta pasada e penosa vida me has tenido, que sean juntas nuestras sepulturas, juntas nos fagan nuestras obsequias». (Aucto XX).

Grave reparo puso al carácter de Melibea Juan de Valdés, y por ser suyo no debe pasarse en silencio. Dice que la persona de Melibea pudiera estar mejor, porque «se dexa muy presto vencer, no solamente a amar pero a gozar del deshonesto fruto del amor»[166]. Y ciertamente que es así, pero no sin circunstancias, unas muy humanas y otras diabólicas, que aceleren su caída y la expliquen dentro de la verisimilitud dramática. La misma Melibea ha contestado anticipadamente á su crítico: «Mi amor fue con justa causa: requerida e rogada, cativada de su merescimiento, aquejada por tan astuta maestra como Celestina, seruida de muy peligrosas visitaciones, antes que concediesse por entero en su amor». Mucho más rápido procede el enamoramiento de Julieta, aunque no sea deshonesto el fruto de su amor ni trabajen por él los espíritus del Averno.

El Sr. Foulché-Delbosc, que niega la autenticidad de las adiciones de 1502, opina que en manos del adicionador «han perdido los tipos algo de su valor y pureza primitivos» é insiste principalmente en el de Melibea. En la primitiva forma son recatados é irreprensibles sus discursos á Calisto; en toda la escena del jardín (acto XIV) no se encuentra ni una palabra equívoca. Compárese con la Melibea del acto XIX: ¡qué metamorfosis en un mes!

Podían ser, con efecto, más honestas algunas expresiones de este acto, y nada hubieran perdido el arte y la moral con ello; pero la segunda Melibea, que tan desaforada parece al erudito francés, no es una falsificación, sino un desarrollo naturalísimo de la primera. Basta con un mes, y bastaría con menos tiempo para producir este cambio psicológico, porque entre el acto XIV y el XIX median nada menos que la desenvoltura de Calisto y el goce reiterado de varias noches. Melibea no puede hablar lo mismo en la segunda escena del jardín que en la primera. Antes era la virgen tímida y enamorada que cede á la brutal sorpresa de los sentidos; después la mujer ebria de amor y enajenada de su albedrío. La _madre_ Celestina, muy ducha en la materia, nos explicará esta metamorfosis: «No te sabré dezir lo mucho que obra en ellas aquel dulçor que les queda de los primeros besos de quien aman; son enemigas del medio; contino están posadas en los extremos».

¿Cómo negar que en la primera Melibea está el germen de la segunda, cuando la oímos exclamar en un monólogo del aucto X: «¡O género femenino, encogido y frágile! ¿Por qué no fue tambien a las hembras concedido poder descobrir su congoxoso e ardiente amor, como a los varones?» O cuando dice tan enérgicamente á Celestina: «¡Madre mia, que comen este coraçon serpientes dentro de mi cuerpo!... ¡O mi madre e mi señora! haz de manera como luego le pueda ver, si mi vida quieres». ¿Son por ventura muy ajustadas á la modestia virginal estas palabras del aucto XII?: «Las puertas impiden nuestro gozo, las quales yo maldigo, e sus fuertes cerrojos e mis flacas fuerças, que ni tú estarias quexoso ni yo descontenta». ¿Y no es formal entrega de cuerpo y alma la que termina el aucto XIV en su forma primitiva? «Señor, por Dios, pues ya todo queda por ti, pues ya soy tu dueña, pues ya no puedes negar mi amor, no me niegues tu vista, de dia passando por mi puerta, de noche donde tú ordenares». Pero basta ya sobre este punto, que en realidad es secundario.

Si por la perfección de los caracteres está la _Celestina_ á la altura de las obras más clásicas de cualquier tiempo, no puede decirse lo mismo respecto del arte de composición, en que el poeta no pudo menos de pagar tributo á la época primitiva en que escribía. No era posible á fines del siglo XV construir una fábula tan ingeniosa y hábilmente combinada como la de _Romeo y Julieta_; pero Shakespeare no era sólo un genio dramático, sino un hombre de teatro, un _profesional_ de la escena, y además iba siguiendo paso á paso las peripecias del cuento italiano, que le daba la armazón de su drama[167]. En tiempo de Rojas no había escenario ni apenas materia dramática preexistente, fuera de la que podían suministrarle algunos libros de la antigüedad y algunas novelas de la Edad Media.

No se crea por eso que Rojas, en medio de su inexperiencia y de la soledad en que escribía, dejase de adivinar con pasmosa intuición las grandes leyes de la composición dramática y se sujetara á ellas en todo lo esencial. El plan sencillo, claro y elegante de la _Celestina_ merecería todo elogio si el autor no hubiese escrito su obra en dos veces, lo cual le llevó á intercalar un episodio parásito. Aparte de este lunar, la _Tragicomedia_ castellana corrobora la profunda doctrina de Lessing en su _Dramaturgia_: «El genio gusta de la sencillez, el ingenio gusta de las complicaciones... El genio no puede interesarse más que por aventuras que tienen su fundamento unas en otras, que se encadenan como causas y efectos. La obra del genio consiste en referir los efectos á las causas, en proporcionar las causas á los efectos, en ordenar los acontecimientos de tal manera que no puedan haber sucedido de otra». Toda la enmarañada selva de las comedias de capa y espada de Calderón y sus secuaces[168] no vale tanto como esta única pieza, que es también una intriga de amor, con criados confidentes, con escenas nocturnas y coloquios á la puerta ó á la reja, pero sin disfraces, ni empeños del acaso, ni damas duendes, ni galanes fantasmas, ni confusiones en la oscuridad de un jardín y hasta sin la duplicación forzosa del galán y la dama, y el no menos indispensable arbitrio del rival celoso y del padre ó hermano guardador de la honra de su casa, que por diversos caminos se oponen al logro de la felicidad de los dos amantes. Todo esto es sumamente entretenido y demuestra gran poder de invención en los que crearon este género de fábulas y las impusieron á Europa; pero es sin duda arte inferior al que, ahondando en las entrañas de la vida y en la conciencia de los hombres, logra sin ninguna complicación escénica darnos la ilusión de la existencia actual y hacer de cada personaje un tipo imperecedero. Todas esas lindas comedias llegan á confundirse entre sí: la _Celestina_ no se confunde con nada de lo que se ha escrito en el mundo. «Hay en la _Celestina_ (dice D. Juan Valera) cierto misterioso encanto que se apodera del alma de quien la lee, embelesándola y moviéndola á la admiración más involuntaria».

El gran maestro cuyas son estas palabras suscitó una importante cuestión que atañe al fondo de la _Celestina_, y es ética y estética á un tiempo. Á primera vista encuentra inverisímiles, hasta rayar en lo absurdo, algunos casos de la tragicomedia: «Melibea y Calisto son ambos de igual condición elevada, así por el nacimiento como por los bienes de fortuna. Entre la familia de ambos no se sabe que haya enemistad, como la hubo, pongamos por caso, entre las familias de Julieta y de Romeo. Ni diferencia de clase, ni de religión, ni de patria los divide. ¿Por qué, pues, no buscó Calisto á una persona honrada qué intercediese por él y venciese el desvío de Melibea, y por qué no la pidió luego á sus padres y se casó con ella en paz y en gracia de Dios? Buscar Calisto para tercera de sus amores á una empecatada bruja zurcidora de voluntades y maestra de mujeres de mal vivir, tiene algo de monstruoso, que ni en el siglo XV ni en ningún siglo se comprende, no siendo Calisto vicioso y perverso y sintiéndose muy tierna y poéticamente enamorado»[169].

Admirablemente dicho está esto, y á primera vista convence. Alguien dirá que si Calisto hubiese tomado el camino recto y seguro en casos tales, no habría comedia ni menos tragedia, sino uno de los lances más frecuentes de la vida cuotidiana entre personas honestas y morigeradas. Así es la verdad; pero esta respuesta no absuelve al artista, que pudo trazar su plan de otra manera ó escoger medios más adecuados á sus fines. Los que crean en la sinceridad del fin moral que afecta Rojas podrán añadir que le extravió su propósito docente, llevándole á poner en contacto dos distintas esferas de la vida. Pero el talento agudísimo de D. Juan busca una explicación más honda, y resuelve la antinomia que en la _Celestina_ existe, considerándola como una obra altamente idealista, en que «Fernando de Rojas hace abstracción de todo menos del amor, á fin de que el amor se manifieste con toda su fuerza y resplandezca en toda su gloria. Y no es el amor de las almas, ni tampoco el amor de los sentidos, cautivo de la material hermosura, sino tan apretada é íntima combinación de ambos amores, que no hay análisis que separe sus elementos, apareciendo tan complicado amor con la irreductible sencillez del oro más acendrado y puro».

El espíritu helénico y serenamente optimista de mi glorioso maestro llega á calificar de triunfante apoteosis la muerte trágica de los dos amantes y á no ver en ella nada de tétrico y sombrío. El razonamiento del insigne literato no me ha convencido del todo, á pesar de mi natural tendencia á adherirme á los dictámenes de quien tanto me quiso y tanto me enseñó. No es la _Celestina_ libro tan alegre como podría inferirse por las palabras de D. Juan Valera. Á pesar del gracejo crudo y vigoroso de la parte cómica, la impresión final que la obra deja, á lo menos en mi ánimo, es más bien de tristeza y pesimismo. La suerte de los dos amantes no puede ser más infausta, ni más espantosa la soledad en que Pleberio y Alisa quedan: «¡O duro coraçon de padre! ¿Cómo no te quiebras de dolor, que ya quedas sin tu amada heredera? ¿Para quién edifiqué torres? ¿Para quién adquirí honrras? ¿Para quién planté árboles? ¿Para quién fabriqué navíos? ¡O tierra dura! ¿Cómo me sostienes? ¿Adónde hallará abrigo mi desconsolada vejez?... ¿Qué faré quando entre en tu cámara e retraymiento e la halle sola? ¿Qué haré de que no me respondas si te llamo? ¿Quién me podrá cobrir la gran falta que tú me hazes?».

Si la tragedia terminase con las últimas palabras de Melibea y con arrojarse de la torre, podría creerse que el poeta había querido envolver en luz de gloria á los dos infortunados amantes, haciendo lo que hoy diríase la apoteosis del amor libre. Ni puede rechazarse tal idea por impropia de la literatura de aquel tiempo, puesto que, mezclada con impulsos de dudoso misticismo, late en el fondo de los poemas del ciclo bretón cuya materia épica, transformada en prosa, era tan familiar á Rojas como á todos sus contemporáneos. Verdadera y triunfante apoteosis del amor adúltero son la muerte y las exequias de Tristán é Iseo, y es imposible evitar aquí su recuerdo: «E desque vuo dicho estas palabras (D. Tristan), luego besó a la reyna, y estando abraçados boca con boca, le salió el ánima del cuerpo, e la reyna, quando lo vió assí muerto en sus braços, de gran dolor que vuo le rebentó el coraçon en el cuerpo, y murió alli en los braços de Don Tristan; y assi murieron los dos amados, e aquellos que los veyan assi estar, creyan que estauan amortescidos, y como los cataron, fallaronlos muertos ambos a dos.

«E quando el rey Mares[170] vio muertos a Don Tristan y a la reyna, en poco estuuo que no murio por el gran dolor que ouo de su muerte, y començo a dezir: «¡Ay mezquino, y qué gran pérdida he yo auido, que he perdido aquellas cosas que más en el mundo amaua, y nunca fue rey que tan gran pérdida oviesse en vn dia como yo he avido, e mucho más valdria que yo fuesse muerto que no ellos!» Luego se començo a fazer gran llanto a marauilla por todo el castillo, y tan grande fue, que ninguno lo podria creer, y luego vinieron todos los grandes hombres y los caualleros de Cornualla y de todo el reyno, e todos començaron a fazer mucho duelo a marauilla, e a dezir entre sí mesmos: «¡Ay rey Mares! fueras tú muerto antes que no Don Tristan, el mejor cauallero del mundo...». Y quando en toda Cornualla se supo que Don Tristan y la reyna Yseo eran muertos, fueron muy tristes, e marauillauanse mucho y dezian: «Todo el mundo fablará de su amor tan sublimado». Y quando todos los caualleros fueron allegados, e muchos perlados e clerigos, e frayles, alli donde estaua Don Tristan e la reyna muertos, el rey fizo poner sus cuerpos, que estauan abraçados, ambos en unas andas muy ricamente, con paños de oro, e fizolos lleuar muy honrradamente, rezando toda la clerezia con muchas cruces y hachas encendidas, a Tintoyl. E quando entraron por la ciudad, los llantos fueron muy grandes a marauilla de grandes e de pequeños, e pusieronlos en vna cama que las dueñas auian hecho, y fueron sepultados en vna rica sepultura, en la qual escriuieron letras que dezian: «Este el premio que el amor da a sus seruidores»[171].

Así acaba el libro de _Tristán de Leonis_, y es muy poético y gentil acabamiento, salvo la triste figura que hace el pobre rey Mares de Cornualla á los ojos de todo el mundo y á los suyos propios, que es lo más lamentable. Pero no acaba así la _Celestina_, porque el concepto del amor es radicalmente diverso en ambos libros, sin que por eso sea más ortodoxo en uno que en otro. Para Rojas el amor es una deidad misteriosa y terrible, cuyo maléfico influjo emponzoña y corrompe la vida humana y venga en los hijos los pecados de los padres. Se alimenta del llanto y de la sangre de cien generaciones, trituradas entre las ruedas de su carro. No es sólo el exceso de la desesperación ni el flujo retórico, sino una convicción arraigada la que dicta las últimas palabras del venerable Pleberio, que contienen, á mi juicio, la filosofia del drama: «¡O amor, amor! ¡Que no pensé que tenias fuerça ni poder de matar á tus subjectos! Herida fue de ti mi juuentud; por medio de tus brasas pasé: ¿cómo me soltaste, para me dar la paga de la huyda en mi vejez? Bien pensé que de tus laços me avia librado, quando los quarenta años toqué; quando fuy contento con mi conyugal compañera; quando me vi con el fruto que me cortaste el dia de hoy. No pensé que tomauas en los hijos la venganza de los padres... ¿Quién te dió tanto poder? ¿Quién te puso nombre que no te conuiene? Si amor fuesses, amarias a tus siruientes; si los amasses, no les darias pena; si alegres biuiessen, no se matarian, como agora mi amada hija. ¿En qué pararon tus siruientes e tus ministros? La falsa alcahueta Celestina murió a manos de los más fieles compañeros que ella para su seruicio emponçoñado jamás halló. Ellos murieron degollados; Calisto despeñado; mi triste hija quiso matar la misma muerte por seguirle; esto todo causas; dulce nombre te dieron; amargos hechos hazes. No das yguales galardones; iniqua es la ley que a todos ygual no es. Alegra tu sonido, entristece tu trato. Bienauenturados los que no conociste, o de los que no te curaste. Dios te llamaron otros, no sé con que error de su sentido traydos. Cata que Dios mata los que crió: tú matas los que te siguen. Enemigo de toda razon, a los que menos te siruen das mayores dones, hasta tenerlos metidos en tu congoxosa dança. Enemigo de amigos, amigo de enemigos, ¿por qué te riges sin orden ni concierto? Ciego te pintan, pobre e moço; pónente un arco en la mano, con que tires a tiento; más ciegos son tus ministros, que jamás sienten ni veen el desabrido galardon que se saca de tu seruicio. Tu fuego es de ardiente rayo, que jamás haze señal do llega. La leña que gasta tu llama son almas e vidas de humanas criaturas» (Aucto XXI).

Y no es sólo el anciano Pleberio quien prorrumpe en tan doloridos acentos. Es el mismo Calisto, en quien las primeras caricias de Melibea no llegan á borrar el sentimiento de la muerte afrentosa de sus criados y de su propia deshonra y vilipendio. ¡Qué triste lenguaje en quien acaba de salir de los brazos de su amada!: «¡O mezquino yo! quánto me es agradable de mi natural la solitud e silencio e escuridad. No sé si lo causa que me vino a la memoria la traycion que fize en me despartir de aquella señora que tanto amo, hasta que más fuera de dia, o el dolor de mi deshonrra. ¡Ay, ay! que esto es; esta herida es la que siento agora que se ha resfriado; agora que está elada la sangre que ayer heruia, agora que _veo la mengua de mi casa, la perdicion de mi patrimonio, la infamia que a mi persona de la muerte de mis criados se ha seguido_... ¡o mísera suauidad desta breuissima vida! ¿quién es de ti tan cobdicioso, que no quiera más morir luego que gozar un año de vida denostado e prorrogarle con deshonrra corrompiendo la buena fama de los passados? mayormente que no ay hora cierta ni limitada, ni avn un solo momento. Deudores somos sin tiempo, contino estamos obligados a pagar luego» (Aucto XIV).

El sentido de las últimas frases no puede ser más cristiano; pero en las primeras, ¿cómo no ver un reflejo de la amarga y terrible doctrina del libro IV de Lucrecio? (v. 1113 y ss.):

Adde quod absumunt vires pereuntque labore; Adde quod alterius sub nutu degitur aetas, _Labitur interea res_, et vadimonia fiunt; _Languent officia, atque aegrotat fama vacillans_. .......................................................... Nequidquam; quoniam medio de fonte leporum Surgit amari aliquid, quod in ipsis floribus angat; _Aut cum conscius ipse animus se forte remordet, Desidiose agere aetatem, lustrisque perire_. ..........................................................

No sólo en el concepto general sino en las palabras encuentro analogía. Y que Rojas conociese el poema de Lucrecio parece seguro, puesto que en los versos acrósticos imita aquella famosa comparación del principio del libro IV (v. 11 y ss.):

Nam veluti pueris absinthia tetra medentes Cum dare conantur, prius oras, pocula circum, Contingunt mellis dulci flavoque liquore. .......................................................... Como el doliente que píldora amarga O la recela, ó no puede tragar Métela dentro de dulce manjar: Engáñase el gusto, la salud se alarga...

Claro es que en la juvenil inexperiencia de Calisto y en la pasión que absorbe todo su sér no pueden ser muy continuas las reflexiones melancólicas á que se entrega el gran poeta epicúreo. Acaso sin la catástrofe de sus criados no se le hubiera ocurrido exclamar: «¡Oh, mi gozo, cómo te vas disminuyendo!» (Aucto XIII). Pero este desfallecimiento es pasajero, y acaso de los sentidos más que de la voluntad. El grito de la pasión vuelve á levantarse cada vez más impetuoso y enérgico: «No quiero otra honrra ni otra gloria; no otras riquezas, no otro padre ni madre, no otros deudos ni parientes; de dia estaré en mi cámara, de noche en aquel parayso dulce, en aquel alegre vergel, entre aquellas suaues plantas e fresca verdura». (Aucto XIV). Pero basta que tales ráfagas pasen por su cabeza, para convencernos de que la _Celestina_ no es libro de alegre frivolidad, sino de profunda y triste filosofía, y que su autor tuvo ciertamente un propósito moral al escribirle. Singular parecerá esto á quien sólo de oídas ó por algún fragmento conozca la renombrada _tragicomedia_, pero no lo parecerá tanto á quien la haya estudiado con sosiego crítico. No han sido hombres de laxa moral sus más fervientes panegiristas, aun sin acudir al místico Clarus (Guillermo Volk), amigo y prosélito del gran José de Görres[172]. Fernando Wolf, que no era sólo eminente erudito, sino varón muy respetable y de severas costumbres, se indignaba contra los que achacan á la _Celestina_ tendencias inmorales y sentido vulgar. Aun las escenas que hoy nos parecen libres y desenvueltas tenían á su juicio menos peligro que la ambigüedad y la velada concupiscencia de los modernos. No dejaba por eso de convenir en que no es obra muy adecuada para los colegios de señoritas[173].

Puede haber algo de candor germánico en esto, y las consecuencias nos llevarían demasiado lejos. Pero en el fondo tiene razón Wolf. Dada la libertad (él la llama _ingenuidad_) con que la literatura de la Edad Media representaba las relaciones sexuales, la _Celestina_ parece menos escandalosa que otras muchas obras. No llega á los torpes lenocinios y á la impura sugestión de los cuentos de Boccaccio. Las escenas libidinosas no son el objeto principal ni están detalladas con morosa delectación, sino que nacen del argumento y eran inevitables dentro de él. Las conveniencias sociales y el decoro de las palabras cambian según los tiempos, y no hay que hacer un capítulo de culpas al bachiller Rojas por haber estampado en su libro frases y conceptos que hoy nos parecen indecorosos ó de baja ralea, pero que entonces usaba sin escrúpulo todo el mundo. Á un hombre tan severo como Zurita le parecía la _Celestina_ libro escrito con honestidad.

Pero, aun concedido todo esto, la _Celestina_ puede tener sus peligros para quien no esté muy seguro de contemplar las obras de arte con amor desinteresado. Cuanto más vigorosa y animada sea la representación de la vida, más participará de los peligros inherentes á la vida misma. Rojas, observador vigoroso, grave y lúcido[174], no pensó ni podía pensar en la emoción personal de cada lector; pero esta emoción no en todos puede ser sana, por razones de edad, sexo y temperamento. Es claro que los tales no deben abrir la _Celestina_, y tengo por un grave error hacer ediciones populares de ella. La _Celestina_ no puede ser nunca un libro popular, porque la misma perfección y hermosura de su forma, los largos discursos y la sintaxis arcaica ahuyentan á los lectores vulgares y á los mozalbetes distraídos. Por otra parte, á tal grado de desenfreno ha llegado la novela moderna, y de tal modo han viciado el gusto y el corazón sus abominables producciones, que obras como la _Celestina_ parecen ya sosas, cándidas y primitivas á los que se regodean con la pintura de las más innobles aberraciones de la carne.

Pero, en suma, la _Celestina_ no es irreprensible ni mucho menos en sus detalles. No lo es siquiera en su concepto general, por lo mismo que se presta á varias interpretaciones. Aun admitida la que yo propongo, es cierto que se cumple, exteriormente al menos, la ley de expiación; pero lo que se halla en el fondo es un pesimismo epicúreo[175] poco velado, una ironía transcendental y amarga. La inconsciencia moral de los protagonistas es sorprendente. Viven dentro de una sociedad cristiana, practican la devoción exterior, pero hablan y proceden como gentiles, sin noción del pecado ni del remordimiento. Calisto y Melibea van atraídos el uno al otro por irresistible impulso. Ni una sola vez hablan del matrimonio en sus coloquios. Para ellos no existe, ó le consideran, según la errada casuística provenzal y bretona, como una institución por todo extremo inferior á la libre y delirante unión de sus almas y de sus cuerpos. Pero al mismo tiempo hacen una monstruosa confusión de lo humano y lo divino. Véase, por ejemplo, lo que dice Calisto en el aucto XII: «¡O mi señora e mi bien todo! ¿Por qué llamas yerro a aquello que por los santos de Dios me fue concedido? Rezando oy ante el altar de la Magdalena me vino con tu mensaje alegre aquella solícita muger». No son menos sorprendentes estas palabras del mismo Calisto cuando Sempronio va á llamar por primera vez á Celestina: «¡O todo poderoso, perdurable Dios! tú que guias los perdidos e los reyes orientales por el estrella precedente a Belén truxiste y en su patria los reduxiste, humildemente te ruego que guies a mi Sempronio en manera que convierta mi pena e tristeza en gozo, e yo indigno merezca venir en el desseado fin» (Aucto I).

No sabemos si este trastorno de ideas puede atribuirse al escepticismo religioso y moral en que solían parar las conversiones forzadas ó interesadas de los judíos; pero tales profanaciones y blasfemias se explican, aun sin eso, por la espantosa anarquía de ideas y costumbres en que vivió Castilla durante el reinado de Enrique IV, que el bachiller Rojas refleja fielmente en su obra.

Su condición de converso debía hacerle más cauto que á otros en la pintura de tal libertinaje cuando recaía en gentes de iglesia, y, sin embargo, la sátira anticlerical es frecuente y muy cáustica en la _Celestina_. Sólo Gil Vicente y Torres Naharro, cristianos viejos los dos, dicho sea de pasada, le superan en esto. No quiero insistir en citas poco edificantes, aunque necesarias para mostrar este aspecto importante de la tragicomedia, y me limito á poner en nota un pasaje, que es por cierto de los mejor escritos que salieron de la pluma de Rojas[176]. El que haya leído los cánones del Concilio de Aranda (para citar un documento solo) no se escandalizará de la libertad de la pintura, ni la tendrá por calumniosa, dentro de los ensanches hiperbólicos de la poesía satírica.

Téngase en cuenta, además, que es una corrompida y abominable mujer la que habla, y que se refiere á sus años juveniles, cuando el Santo Oficio no había comenzado todavía su obra de depuración por el hierro y el fuego, ni Cisneros había acometido la reforma de los claustrales, ni el espíritu profundamente religioso de la Reina Católica había impuesto su sello al gran siglo que alboreaba.

Éticamente considerada la _Celestina_, se comprende muy bien que fuese mirada como libro de mal ejemplo por los graves moralistas de aquella centuria, que no eran por cierto frailes oscuros muchos de ellos. Sabido es el anatema de nuestro gran pensador Luis Vives en el cap. V, lib. I, de su tratado _De institutione christianae feminae_, que contiene una especie de catálogo de las novelas más leídas en su tiempo (1520). Allí juntamente con el _Amadís_, el _Esplandián_, el _Don Florisando_, el _Tirante_, el _Tristán_, el _Lanzarote_, _Páris y Viana_, _Pierres y Maguelona_, _Melusina_, _Flores y Blanca Flor_, _Curial y Floreta_, _Leonela y Canamor_, y en general toda la literatura caballeresca, figuran como en tabla censoria las _Cien novelas_ de Boccaccio, el _Eurialo y Lucrecia_, las _Facecias_, realmente indecentísimas, de Poggio, la _Cárcel de Amor_ y la _Celestina_, «_Celestina lena, nequitiarum parens_». Todos estos libros quiere que sean cuidadosamente apartados de manos de la mujer cristiana, y á nadie parecerá excesivo rigor respecto de algunos, aunque otros hay bien inocentes. Lo que resulta injusto y durísimo es calificar, en montón, de hombres ociosos, mal ocupados, ignorantes y encenagados en los vicios (_homines otiosi_, _male feriati_, _imperiti_, _vitiis ac spurciciae dediti_) á los que tales libros compusieron, como si no figurasen entre ellos los insignes humanistas Boccaccio y Eneas Silvio[177].

Pero ¡cosa singular y poco advertida! El filósofo valenciano, que en 1529 incluía la _Celestina_ en su edicto de proscripción, la celebraba en 1531 como obra más sabiamente compuesta que las fábulas de los poetas cómicos de la antigüedad, sobre todo por lo ejemplar del desenlace que pone al goce de los amantes acerbo y trágico fin, y no festivo y alegre como en el teatro greco-latino[178]. En esta observación, que no es sólo de literato, sino de moralista, ¿hemos de ver una retractación del juicio anterior? De ninguna manera. Luis Vives pudo seguir creyendo, como toda persona sensata, que la _Celestina_, con su fin moral y todo, no es libro para andar en manos de doncellas. En el _De institutione feminae_ consignó su criterio pedagógico. En el _De causis corruptarum artium_ habló como crítico, puesta la atención en la _Tragicomedia_ y no en la clase de lectores que podía tener. No veo incompatibilidad alguna entre ambos textos.

Inútil es citar otros de autores menos famosos que reprueban las livianas escenas de la _Celestina_ ó _Scelestina_, como la llamaba el maestro Alejo de Venegas, para dar á entender que todo género de perversidad se encerraba en ella[179]. Pero el gusto nacional triunfó de todo, y la _Celestina_, considerada desde su aparición como una obra clásica, disfrutó de aquella especie de franquicia que á los clásicos de Grecia y Roma otorgan los más severos censores _propter elegantiam sermonis_. En el notabilísimo dictamen sobre prohibición de libros que redactó como consultor del Santo Oficio el sabio y austero historiador Jerónimo Zurita, después de dejar á salvo toda la literatura antigua y las mismas novelas de Boccaccio en su original italiano, aplica la misma indulgencia á la _Celestina_, distinguiéndola cuidadosamente de sus imitaciones: «Ay tambien algunos tratados que, aunque _escritos con honestidad_, el subjecto son cosas de amores, como _Celestina_, _Carcel de Amor_, _Question de Amor_ y algunos desta forma, _hechos por hombres sabios_; algunos, quiriendo imitar éstos, han escrito semejantes obras con menos recato y honestidad, como la _Comedia Florinea_, _La Thebayda_, _La Resurrection de Celestina_ y _Tercera y Quarta_, que la continuaron; estos segundos todos se deben vedar, porque dizen las cosas sin arte y con tantos gazafatones, que ningunas orejas honestas los deben sufrir. _De los primeros destos digo lo mismo que de los de latin_». Y lo que había dicho de los latinos pocos renglones antes era lo siguiente: «Paréceles a algunos hombres pios que estos autores se veden, lo qual hasta aora ningun hombre docto ha dicho, a lo menos para quitarlos de las manos de todos, pues _aun a los niños se puede hoy muy bien leer Plauto y las más comedias de Terencio; para los prouectos no puede aver cosa más consideradamente escrita_... Y pues estas materias no las han de dexar los moços, mejor es que tengan estos buenos auctores, donde ceuandose en la elegancia y virtudes de la poesia dellos se resfrien para otras... _Resoluiendome, digo, que ninguno de los sobredichos autores latinos se debe vedar_»[180].

Antes y después de este prudente consejo del príncipe de nuestros analistas, la Inquisición dejó correr libremente la _Tragicomedia_, que se imprimió en España treinta y cuatro veces por lo menos en todo el curso del siglo XVI y primer tercio del siguiente, sin contar con las numerosas ediciones hechas fuera[181]. Sólo en la centuria siguiente se decidió á expurgarla, castigando con cierto rigor las alusiones satíricas á las costumbres de los eclesiásticos y las hipérboles amorosas que frisaban con la blasfemia. Todo lo demás quedó intacto. La _Celestina_ fué respetada como texto de lengua, y nuestra censura se hubo mucho más benignamente con ella que la italiana con el _Decamerón_. En realidad, no hay más edición expurgada que la de Madrid de 1632. Sus variantes son de poquísimo momento, y no afectan á nada sustancial; después se hicieron algunas más, especialmente en el Expurgatorio de 1747. Sólo á fines del siglo XVIII y á principios del XIX, cuando se iban perdiendo todas las tradiciones castizas, los jansenistas hazañeros y mojigatos, que eran entonces dueños del moribundo _Santo Oficio_, prohibieron totalmente el libro, por edicto de 1.º de febrero de 1793, reproducido en el último índice de 1805[182]. Por lo visto, los Arces, Llorentes y Villanuevas eran más fáciles de escandalizar y tenían los oídos más pudibundos que los Valdeses, los Quirogas, los Sandovales, los Pachecos y demás famosos inquisidores de la época clásica.

De la excelencia de la _Celestina_ como obra de arte y tipo y modelo de prosa castellana, toda alabanza parece pequeña[183]. El moralista no puede menos de hacer muchas salvedades; el crítico apenas tiene que hacer ninguna:

dijo Cervantes por boca del _donoso poeta entreverado_[184]. Y el mismo severísimo Moratín, á pesar de su criterio rígido y estrictamente clásico, ó quizá por la fuerza de este criterio mismo, habló de la famosa _Tragicomedia_ en términos de entusiasmo que muy rara vez se escapan de su pluma: «Como la tragicomedia griega se compuso de los relieves de la mesa de Homero, la comedia española debió sus primeras formas á la _Celestina_. Esta novela dramática, escrita en excelente prosa castellana, con una fábula regular, variada por medio de situaciones verosímiles é interesantes, animada con la expresión de caracteres y afectos, la fiel pintura de costumbres nacionales y un diálogo abundante en donaires cómicos, fué objeto del estudio de cuantos en el siglo XVI compusieron para el teatro. Tiene defectos que un hombre inteligente haría desaparecer, sin añadir por su parte una sílaba al texto, y entonces, conservando todas sus bellezas, pudiéramos considerarla como una de las obras más clásicas de la literatura española»[185].

Y aun sin eso ¿quién ha de negarle semejante título? ¿Ni qué obra de la literatura española habrá que le merezca, si de buen grado no se otorga á la _Tragicomedia_ del bachiller Fernando de Rojas? La meticulosidad académica del gusto de Moratín le hizo dar excesiva importancia á esos defectos de la _Celestina_, que, por lo mismo que son tan obvios y pueden borrarse de una plumada, poco significan para la apreciación del libro. Aun las pedanterías y citas absurdas sembradas en el diálogo, lejos de desagradarnos hoy, contribuyen al efecto cómico de ciertas escenas y al delicioso carácter de época que tiene todo el cuadro, mostrándonos cuáles podían ser los estudios y preocupaciones habituales de un bachiller aventajadísimo de las aulas salmantinas á fines del siglo XV, y cómo se fundían armoniosamente en su ingenio la observación directa de la vida contemporánea y el prestigio de la antigüedad clásica, que entonces parecía resurgir con segunda vida. Tales defectos son de los que, andando el tiempo, llegan á convertirse en excelencias, á lo menos para el curioso historiador de las vicisitudes de la cultura.

Si Cervantes no hubiera existido, la _Celestina_ ocuparía el primer lugar entre las obras de imaginación compuestas en España. El juez más abonado del siglo XVI, el primer maestro de la prosa castellana en tiempo de Carlos V, declaró con fallo inapelable que «ningún libro hay escrito en castellano adonde la lengua esté más natural, más propia ni más elegante»[186].

El estilo y la lengua de la _Celestina_ no son para tratados incidentalmente. Hoy la Estilística no es una dependencia de la Retórica, sino parte integrante y la más ardua y superior de la Filología. Para estudiar formalmente el estilo de un autor es preciso conocer á fondo el material lingüístico que emplea y haber agotado previamente todas las cuestiones de fonética, morfología y sintaxis que su obra sugiere. Nada de esto ó casi nada se ha intentado respecto de la _Celestina_, cuya gramática y vocabulario exigen un libro especial. Sólo cuando la historia de nuestra lengua esté hecha por el único que puede y debe hacerla, por el que nos ha dado, con aplauso de propios y extraños, el primer manual de Gramática histórica, tendremos base firme para un estudio de tal naturaleza. Ni mi vocación ni mis particulares circunstancias me permiten emprenderlo, y así tendrá que ser vago y sucinto lo que en esta parte diga.

La prosa no tiene orígenes populares como la poesía, á lo menos en las literaturas derivadas. Nace á veces de la poesía épica, y es su transcripción degenerada (nuestros _cantares de gesta_ convertidos en fragmentos de crónicas). Pero con más frecuencia se amolda á un tipo literario preexistente en la lengua madre ó en alguna otra que sostenga sus primeros y vacilantes pasos. Así nació la prosa castellana, con un visible dualismo entre el elemento oriental, muy influyente al principio, casi nulo después, y el elemento latino-eclesiástico, educador común de todos los pueblos de Occidente. En la gran labor de traducciones y compilaciones que nos legó la corte literaria de Alfonso el Sabio, no importan menos los libros del _saber de Astronomía_, el _Calila y Dina_ y los _Engannos de mugeres_, los libros de proverbios y consejos, traducidos del árabe, que las _Partidas_ y las dos _Estorias_, cuyas principales fuentes son latinas, sin duda alguna. Y como las versiones solían hacerse muy literales, y el organismo gramatical del árabe y del latín difieren tanto, no es maravilla que el tránsito del uno al otro, que á veces puede estudiarse en una obra misma, resulte violento y desmañado. Con todo eso se percibe ya en esta variadísima literatura _alfonsina_ cierto conato de unidad, la aspiración á un tipo de lengua culta y cortesana. No en vano se preciaba el mismo rey de «endereszar él por sí» el estilo de sus colaboradores.

Este tipo persistió en sus rasgos fundamentales durante los siglos XIII y XIV, no sin recibir también notable influjo de la lengua francesa, mediante la cual se nos comunicaron obras de tanta importancia como la _Gran Conquista de Ultramar_, el _Tesoro_ de Brunetto Latini y la _Crónica Troyana_. En medio de este período de tanteo y aprendizaje surge como por encanto la figura del primer prosista español digno de este nombre, del primero que estampó su individualidad en la prosa. No fué verdadero innovador D. Juan Manuel: la lengua que habla es la de su tiempo, pero la habla mejor que nadie, con cierto gusto personal é inconfundible, con talento de narrador ameno y fácil, con elegante y cándida malicia. La construcción lenta y embarazosa de sus antecesores parece que se aligera en él y que va á romper las trabas conjuntivas. Faltó á don Juan Manuel la educación de humanista que tuvo su contemporáneo Boccaccio, y no pudo dar ambiente á su estilo ni amplitud á su dicción, ni mucho menos adivinar el ritmo del período prosaico, tal como le habían forjado los latinos y comenzaba á imitarse en Italia. Pero esta imitación tenía mucho de viciosa y pedantesca, y por haberse librado de ella D. Juan Manuel conservan sus escritos una sabrosa llaneza y dulce naturalidad, que suelen echarse de menos en las redundantes cláusulas del novelista de Certaldo.

La orientación propiamente clásica tuvo un precursor en el canciller Ayala, no sólo en lo que toca á la materia y forma de la historia, sino en el estilo mismo, que denuncia á veces al asiduo lector de las _Décadas_ de Tito Livio, aunque no pudiese disfrutarlas en su lengua original. Las traducciones hechas bajo los auspicios de aquel magnate abren una larguísima serie de ellas, que se dilata durante todo el siglo XV, derivadas unas del latín, otras del toscano y aun del catalán, útiles todas como instrumento de vulgarización, pero ninguna como ejemplar de estilo. Con ellas cambia la faz de nuestra prosa, invadida y perturbada por el hipérbaton latino, de que hacen grosero y servil calco los alumnos de la detestable escuela de D. Enrique de Villena, al mismo paso que inundan sus escritos de pedantescos neologismos, so pretexto «de non fallar equivalentes vocablos en la romancial texedura, en el rudo y desierto romance, para esprimir los angélicos concebimientos virgilianos». Sigue tan extraviada dirección Juan de Mena, que considerado como prosista es de lo peor de su tiempo, pero que por el prestigio de sus obras poéticas contribuyó á autorizar la obra de los latinizantes. Y no se puede negar que ésta trasciende más ó menos á todos los escritores de entonces, pero con diferencias muy esenciales, nacidas del ingenio de cada cual y de las diversas materias en que ejercitaron su pluma. D. Alonso de Cartagena, que con el trato de los humanistas de Italia se había acercado más que ninguno de sus compatriotas á la recta comprensión del ideal clásico, muestra un latinismo inteligente y mitigado, sobre todo en sus versiones de Séneca, de quien supo decir con mucha lindeza que, «puso tan menudas y juntas las reglas de la virtud, en estilo elocuente, como si bordara una ropa de argentería, bien obrada de ciencia, en el muy lindo paño de la elocuencia». Noblemente se inspiró en la literatura filosófica de la antigüedad el bachiller Alfonso de la Torre en su _Visión Delectable_, donde hay facundia y armonía y número más que en ninguna prosa de su tiempo. Juan de Lucena, en la _Vita Beata_, imitando, ó más bien traduciendo á Bartolomé Fazio, pero con entera libertad de estilo, ensayó una nueva manera, muy viva, rápida y animada, desmenuzando la oración en frases concisas y agudas.

Pasada la crudeza del primer momento, no fué estéril, sino muy fecundo, el impulso latinista. La vía era larga y fragosa pero segura, y la torpeza de los operarios que comenzaron á abrirla no podía comprometer el éxito de la empresa. Si en los moralistas y didácticos, que suelen ser meros repetidores de lugares comunes, prevalecía la construcción afectada é hiperbática, en los historiadores, que trabajaban sobre materia viva y presente, la realidad actual penetraba dentro del molde antiguo y creaba páginas imperecederas, como algunas de la _Crónica de D. Alvaro de Luna_, y sobre todo las estupendas _Semblanzas_ de Fernán Pérez de Guzmán, llenas de pasión y de brío.

Pero toda nuestra prosa anterior al Arcipreste de Talavera, sean cuales fueren los orígenes y fuentes de cada libro, es prosa erudita. La lengua popular no había sido escrita hasta entonces más que en versos de gesta y en la epopeya cómica del Arcipreste de Hita. Era necesario transfundir esta sangre fresca y juvenil en las venas de la prosa, para que adquiriese definitivamente carácter nacional y reflejase el tumulto de la vida. Tal fué la empresa del autor del _Corbacho_, y no insistiremos en ella, puesto que ya en páginas anteriores procuramos caracterizar su estilo, cuya influencia sobre el de Rojas es tan notoria. Pero como antecedente necesario de la evolución lingüística que Alfonso Martínez de Toledo realizó con instinto genial, es imposible omitir aquella compilación que el Marqués de Santillana formó de los _Refranes que dicen las viejas tras el fuego_. Si ese libro no hubiese existido, acaso ni el _Corbacho_ ni la _Celestina_ tendrían el carácter _paremiológico_ que de tan singular modo los avalora. Aquellas reliquias del saber vulgar, aquellos aforismos de ignorados y prácticos filósofos, que por raro capricho recogió el poeta más aristocrático y culto del siglo XV, el más desdeñoso con la poesía del pueblo, vinieron á incrustarse en las más egregias obras del ingenio castellano, desde la _Comedia de Calisto_ hasta el _Quijote_ y la _Dorotea_. Pero no se niegue al Marqués de Santillana la gloria de haberse fijado antes que nadie en estas silvestres florecillas, ni al Arcipreste talaverano la adivinación del valor artístico que podían tener entretejidas en la maraña gentil de su prosa.

Lo que había sido en la corte de D. Juan II preparación y ensayo, llegó en tiempo de los Reyes Católicos á adquirir la clásica firmeza de un verdadero Renacimiento, preparado por la disciplina gramatical de los humanistas italianos y españoles y engrandecido por la maravillosa expansión de la vida nacional. No es definitiva casi nunca la lengua de los escritores de entonces, pero contiene en germen todas las buenas cualidades que han de llegar á su punto más alto en la edad que, por excelencia, llamamos de oro. Y lo que la falta acaso de perfección técnica lo compensa con cierta gracia primaveral, que no suele darse más que una vez en las literaturas. Rojas es el mayor escritor de su siglo, y la _Celestina_ tiene algo de grandioso y aislado; pero al mismo período corresponden otros monumentos de nuestra prosa: los _Claros Varones_ y las _Letras_ de Hernando del Pulgar, la _Cárcel de Amor_ de Diego de San Pedro, en que á veces la expresión sentimental raya muy alto, y el _Amadís de Gaula_, que para la posteridad sólo existe en la forma que le dió el regidor Montalvo.

No se escribía ya por mero instinto ó por imitación servil como en épocas anteriores. La lengua castellana, al fenecer el siglo XV, contaba ya con un código gramatical que no poseía ninguna otra de las vulgares, incluso el italiano. Claro es que los escritores de genio se crean su propia gramática, y la _Celestina_ estaba escrita muy probablemente antes de 1492, en que apareció el _Arte de la lengua castellana_ del Maestro Nebrija; pero la enseñanza oral de aquel gran varón, á quien Rojas conocería de seguro en el estudio salmantino, había empezado en 1474, y su método filológico, aplicado al latín, al griego y al castellano, no podía ser indiferente á persona tan culta como nuestro poeta. En todo el libro se percibe el deliberado propósito de escribir bien y con la mayor corrección posible. Pero esta corrección no es la de los tiquismiquis retóricos que pueden aprenderse por receta, sino la corrección fuerte y viril de quien es dueño de su estilo, porque domina la materia en que le emplea, no deformándola arbitrariamente, sino ajustándole á ella como se ajusta el vestido á los contornos de una estatua. Porque el estilo de la _Celestina_, con ser tan trabajado, no tiene trazas de afectación más que en los discursos y razonamientos; en el diálogo fluye natural y espontáneo, y aunque nos parezca un asombro que todos los personajes hablen tan bien, no por eso somos tentados á creer que pudiesen hablar de otro modo. No diremos que hablan como el autor, porque el autor es para nosotros un enigma. Hablan cada cual según su carácter, con la expresión exacta, precisa, impecable; pero todos propenden á la amplificación, que era el gusto de aquel tiempo y quizá el tono habitual de las conversaciones. El Renacimiento no fué un período de sobriedad académica, sino una fermentación tumultuosa, una fiesta pródiga y despilfarrada de la inteligencia y de los sentidos. Ninguno de los grandes escritores de aquella edad es sobrio ni podía serlo. Rojas lo parece por la prudente parsimonia con que enfrena y rige el corcel de su fantasía, por el tejido compacto de su dicción, por lo cortante de las réplicas y el hábil tiroteo de sentencias y donaires, por el uso continuo de frases cortas y desligadas que dan la ilusión del estilo conciso. Pero en realidad amplifica y repite á cada momento: toda idea recibe en él cuatro, cinco ó más formas, que no siempre mejoran la primera. Esta superabundancia verbal se agrava considerablemente en la segunda forma de la tragicomedia, pero existía ya en la primitiva. Pondré un ejemplo tomado del aucto X: «Más presto se curan las tiernas enfermedades en sus principios, que quando han hecho curso en la perseueracion de su officio; mejor se doman los animales en su primera edad, que cuando es su cuero endurecido para venir mansos a la melena; mejor crecen las plantas que tiernas e nueuas se trasponen, que las que fructificando ya se mudan; muy mejor se despide el nueuo pecado, que aquel que por costumbre antigua cometemos cada día».

Los símiles son elegantes y apropiados, pero tanta repetición de una misma idea enerva el diálogo dramático. Juan de Valdés, que cifraba gran parte de su estilística en esta máxima: «que digais lo que querais con las menos palabras que pudieredes, de tal manera, que splicando bien el conceto de vuestro ánimo y dando a entender lo que quereis dezir, de las palabras que pusieredes en una clausula o razon, no se pueda quitar ninguna sin ofender o a la sentencia della o al encarecimiento o a la elegancia»[187], conoció que este era el punto vulnerable de la _Celestina_, «el amontonar de vocablos algunas veces fuera de proposito». El otro defecto que señala no es tan frecuente: «Pone algunos vocablos tan latinos que no se entienden en el castellano, y en partes adonde podría poner propios castellanos que los hay». Estas eran las dos cosas que él hubiera querido corregir en la _Celestina_ para dejarla perfecta, y uno de los interlocutores del diálogo aconsejaba que lo hiciese[188], idea que tuvo también Moratín, como queda dicho. Pero, con perdón de tan severos jueces, los latinismos no son tantos que empalaguen. Cualquier autor de aquel tiempo tiene más que Rojas. Los que éste usa están generalmente puestos en trozos y discursos de aparato, cuando los personajes quieren levantar el estilo, como el conjuro de Celestina y los últimos razonamientos de Melibea y de su padre. Entonces es cuando aparecen el _pungido Calisto_, la _cliéntula_, el _incogitado dolor_, la _menstrua luna_, copiada de Juan de Mena, la fortuna _flutuosa_, el verbo _incusar_ varias veces repetido, la _castimonia de Penélope_, las _palabras fictas_, la _asueta_ casa y otras pedanterías, si bien las tres últimas no deben achacarse al autor, sino al que redactó las rúbricas ó sumarios que van al principio de cada aucto.

Otros leves defectos tiene también esta prosa, nacidos, no de incuria, sino de inexperiencia, y acaso de un error técnico. El oído del bachiller Rojas estaba tan avezado á la cadencia de los versos de arte mayor de su predilecto poeta Juan de Mena y al octonario doble de los romances viejos, que á cada paso reaparecen estas dos medidas en su prosa. De ambas daremos algunos ejemplos:

Pone su estudio--con odio cruel... Pasos oigo; acá desciende--haz, Sempronio, que no lo oyes... Tener con quien puedan--sus cuytas llorar... Ensañada está mi madre--duda tengo en su consejo... La dádiva pobre... De aquel que con ella--la vida te ofrece... E arrepentirse del don prometido...

Todo esto sin salir del acto primero. En cualquiera de los otros puede hacerse la misma experiencia. En cambio son rarísimos los endecasílabos, y éstos no á la manera italiana, sino con la acentuación que tienen los del _Laberinto_, que tanto han hecho cavilar á la crítica:

Todo se rige con un freno ygual, Todo se prueva con igual espuela.

(Aucto XIV)

Estos versos ocasionales pueden ser involuntarios, porque no están libres de ellos los prosistas más atildados y académicos. Pero lo que seguramente es intencionado en Rojas, y lo afecta como gala, es el aconsonantar la prosa en algunos trozos:

«_Melibea._--Por Dios, sin más dilatar, me digas quien es esse _doliente_, que de mal tan perplexo se _siente_, que--su passion e remedio--salen de una misma _fuente_» (Aucto IV).

«_Areusa._--Assi que esperan _galardón_, sacan _baldón_; esperan salir _casadas_, salen _amenguadas_; esperan vestidos e joyas de boda, salen desnudas e _denostadas_... Obliganse a darles _marido_, quítanles el _vestido_» (Aucto IX).

La influencia de los refranes, y sobre todo la del Arcipreste de Talavera, que se perecía por la prosa rimada, explican la afición de Rojas á este ornamento, que en el primer ejemplo es de mal gusto y en el segundo se tolera y aun hace gracia por estar en un diálogo cómico.

Á despecho de esos leves lunares, que sólo por curiosidad notamos, la _Celestina_, en su estilo y lenguaje, tiene un valor no relativo é histórico, sino clásico y permanente. Bastantes trozos de todos géneros hemos tenido ocasión de citar para que se forme idea de sus innumerables bellezas. Es el dechado eterno de la comedia española en prosa, y ni Lope de Rueda en el siglo XVI, ni el gran poeta que compuso la _Dorotea_ en el XVII, ni Moratín en el XVIII, ni mucho menos los dramaturgos modernos (incluyendo al celebrado autor del _Drama Nuevo_), han llegado á mejorarle. Para todos guarda aún ejemplos y enseñanzas, que hoy más que nunca son necesarias si queremos impedir que bárbaras traducciones y adaptaciones perviertan el gusto de los autores originales y den al traste con nuestra prosa dramática, que, por raro privilegio, fué perfecta desde su cuna.

Si el autor de la _Celestina_ pagó tributo alguna vez al gusto de su tiempo, enamorado todavía de lo crespo y ampuloso, esto es accidental y exterior en él: no imprime carácter. Él mismo se burla donosamente de tales retóricas á renglón seguido de incurrir en ellas. El buen sentido del criado corrige las extravagancias del amo.

«_Calisto._--Ni comere hasta entonces, avnque primero sean los cauallos de Febo apascentados en aquellos verdes prados que suelen, quando han dado fin á su jornada.

«_Sempronio._--Dexa, señor, essos rodeos, dexa essas poesias, que no es habla conveniente la que a todos no es comun, la que todos no participan, la que pocos entienden. Di: «aunque se ponga el sol», e sabran todos lo que dizes; e come alguna conserva, con que tanto espacio de tiempo te sostengas». (Aucto VII).

Cuando se leen tales palabras y se recuerdan otras del _Diálogo de la lengua_, se comprende que Juan de Valdés, á pesar de su ascetismo, fuese tan _amigo de Celestina_. Allí está adivinada y practicada en parte, aunque con una exuberancia que él condena, su propia teoría del estilo. «El que tengo me es natural, y sin afetazion ninguna escrivo como hablo; solamente tengo cuidado de usar de vocablos que sinifiquen bien lo que quiero dezir, y dígolo quanto mas llanamente me es possible, porque a mi parecer en ninguna lengua sta bien el afetacion»[189]. Afectación hay en los personajes de Rojas cuando declaman ó moralizan, como la hay en los episodios sentimentales del _Quijote_ y en muchos alambicados conceptos de Shakespeare; pero en todo lo demás es sincero y verídico intérprete de la naturaleza y sabe encontrar muchas veces la expresión adecuada y única.

Parte interesante en el estudio de toda obra maestra es su bibliografía, porque nos da á conocer el grado de su difusión é influjo en el mundo. Pero la de la _Celestina_ es tan vasta y compleja, que por sí sola reclama un libro, como el que prepara el señor Foulché-Delbosc hace años. Entretanto sólo muy imperfectamente pueden suplir su falta el _Catálogo_ de Salvá y el del malogrado Krapf, que es más completo y noticioso y comprende las traducciones extranjeras, omitidas por su predecesor. Aquí me limitaré á recordar algunos textos, que no sólo por su rareza sino por alguna curiosidad literaria ó tipográfica son dignos de especial mención.

Hasta ochenta ediciones en lengua castellana ha catalogado el Sr. Krapf, á cuya lista habría que añadir algunas de que no tuvo noticia y cercenar otras que no existen ó son muy dudosas, pero no creo que la cifra total pueda cambiar mucho. De estas ediciones, 62 corresponden al siglo XVI: número enorme y muy superior á las que tuvo el _Quijote_ en la centuria de su aparición, pues sólo llegan á 27 las catalogadas por Rius.

Largamente hemos tratado, en el presente estudio, de las primitivas ediciones de 1499, 1501 y 1502, que son las que tienen verdadero interés para fijar las dos formas del texto. No hemos conseguido ver la de Zaragoza, 1507, de la cual se dice copia (y no dudamos que lo sea, aunque descuidada y modernizada en la ortografía) la reimpresión barcelonesa de Gorchs (1842). La más antigua de las que nuestra Biblioteca Nacional posee es la de Valencia, 1514, por Juan Joffre: ejemplar único, procedente de la librería de Salvá, y que reproduce, como es sabido, el colofón del hipotético volumen de Salamanca de 1500.

Grupo muy curioso forman las tres ediciones de Toledo, 1526; Medina del Campo, sin año, y Toledo, 1538, porque en ellas la _Celestina_ tiene veintidós actos, según se anuncia desde la portada: «con el tratado de Centurio y _Auto de Traso_». Este auto, aunque no mal escrito, es cosa pegadiza é impertinente, en que para nada intervino Fernando de Rojas. El nombre de su verdadero autor se declara en el _argumento_ de dicho _auto_, que en esas ediciones tiene el número XIX: «Entre Centurio e Traso, publicos rufianes, se concierta una leuada por satisfacer a Areusa e a Elicia, yendo Centurio a ver a su amiga Elicia. Traso pasa palabras con Tiburcia, su amiga, y entreviniendo Terencia, tia de Tiburcia, mala e sagaz muger, entrellos trayciones e falsedades de una parte e otra se inuentan, como parece en el proceso de este auto: _El qual fue sacado de la comedia que ordenó Sanabria_». No sabemos quién fuese este Sanabria, ni se ha descubierto hasta ahora su comedia, que á juzgar por este _auto_ debía de ser una imitación bastante servil de la _Celestina_, escrita en prosa como su modelo.

Hasta 1531 no encontramos fuera de España ediciones de la _Celestina_, á no ser que fuese estampada en Venecia, como por todo género de indicios tipográficos parece, la que lleva el colofón de Sevilla, 1523, notable, entre otras cosas, por haberse suprimido, ignoramos con qué fin, la quinta octava de Alonso de Proaza que indica el modo de encontrar el nombre del autor. Las ediciones incuestionablemente venecianas, que fueron cuatro por lo menos, empiezan con la de 1531, en que hizo oficio de corrector el clérigo Francisco Delicado, famoso autor de la _Lozana Andaluza_. Él mismo nos declara su patria, aunque no su nombre, en el colofón, sobremanera curioso, de la citada _Celestina_: «El libro presente, agradable a todas las estrañas naciones, fue en esta ínclita ciudad de Venecia reimpreso por miscer Juan Batista Pedrezano, mercader de libros, que tiene por enseña la Tore (_sic_): iunto al puente de Rialto, donde está su tienda o botica de diversas obras y libros, a peticion y ruego de muy muchos magnificos señores desta prudentissima señoria. Y de otros munchos forasteros, los quales como el su muy delicado y polido estilo les agrade y munchos mucho la tal comedia amen, maxime en _la nuestra lengua Romance Castellana que ellos llaman española_, que cassi pocos la ygnoran; y porque en latin[190] ni en lengua Italiana no tiene ni puede tener aquel impresso sentido que le dio su sapientissimo autor; y tambien por gozar de su encubierta doctrina encerada (_sic_) debaxo de su grande y marauilloso ingenio; assi que auiendo le hecho coregir (_sic_) de munchas letras que trastrocadas estauan (ya de otros estampadores), lo acabó este año del Señor de 1531, a dias 14 de Otobre. Reinando el inclito y serenissimo Principe miscer Andrea Griti Duque clarissimo. El corrector, que es de la Peña de Martos, solamente corrigio las letras que malestauan». Parece que tomó por texto la edición de Sevilla, 1502, cuyo colofón métrico conserva. No es cierto que introdujese variantes caprichosas ni en esta edición ni en la de 1534, «reimpresa por maestro Estephano da Sabio imprressor d' libros griegos, latinos y españoles muy corregidos». Lo que hizo en la segunda fué añadir, dando ya su nombre, unos rudimentos de ortología para uso de los italianos: «Introduccion que muestra el Delicado a pronunciar la lengua española».

Las ediciones de Delicado son todavía de letra de tortis, y llevan grabados en madera tan toscos y sin expresión como los españoles que les sirvieron de modelo. Las dos de Giolito de' Ferrari (1553 y 1556) carecen de ellos y están impresas en lindo carácter cursivo, con la novedad de haber sacado al margen los nombres de los interlocutores y poner en versalitas algunos de los refranes. Cuidó de ambas ediciones, que en rigor son una misma, el español Alfonso de Ulloa, traductor ambidextro y fecundo editor de libros castellanos é italianos. Es singular que en el prólogo hable únicamente de Juan de Mena y Rodrigo Cota y no mencione para nada á Rojas, á pesar de reimprimir el acróstico y las octavas de Proaza. Pondera demasiado su propio trabajo, que no pasó de enmendar algunas erratas[191]. En el prólogo anuncia pomposamente «una Gramática y un Vocabulario en Hespañol, y en Italiano, para más introduction de los que studian la lengua». Pero lo que llama _gramatica_ son las reglas de pronunciación de Delicado, á quien plagia sin nombrarle. Lo que sí le pertenece, y es trabajo curioso que da realce á esta edición, es «un vocabulario, o exposition Thoscana de muchos vocablos Castellanos contenidos casi todos en la Tragicomedia de Calisto y Melibea», de la cual dice que «es en nuestro idioma lo que las novellas de Juan Boccaccio en el Thoscano».

Así como el mercado de Venecia surtía á Italia de _Celestinas_, el de Amberes las difundía por el centro de Europa. Se conocen, por lo menos, ocho de aquella ciudad flamenca, siendo la más antigua la de 1539, que sigue el texto de las de Delicado. Las restantes, impresas en casa de Nucio ó de Plantino, forman una familia distinta, que se prolonga hasta 1599 por lo menos, y que tuvo el mérito de conservar el texto íntegro cuando ya en España comenzaba á expurgarse. Son de elegante aspecto, pero tienen bastantes erratas.

Sevilla y Salamanca son las ciudades españolas donde más veces se imprimió la _Celestina_; once por lo menos en la primera, ocho en la segunda. Siguen Barcelona y Alcalá de Henares con cinco respectivamente, Valencia, Toledo y Zaragoza con cuatro, Burgos con tres, Medina del Campo con dos, Cuenca, Tarragona y Lisboa con una sola.

Todas, sin excepción, son raras y deben guardarse con aprecio. Las posteriores á 1563 se dicen «corregidas y emendadas de muchos errores», pero es muy poco lo que enmiendan, salvo la de Matías Gast (Salamanca, 1570), que parece hecha con algún cuidado[192].

Esta profusión de ediciones en el siglo XVI contrasta con la pobreza del siguiente, que sólo nos ofrece siete, tres de ellas extranjeras: una de Amberes, una de Milán[193] y otra bilingüe de Ruán, acompañada de traducción francesa (1633). La que se dice de Pamplona, por Carlos Labayen, es esta misma con falso pie de imprenta para introducirla en España. Quedan como únicas ediciones positivamente españolas, la de Zaragoza, 1607, y tres de Madrid, en 1601, 1619 y 1632. Esta última tiene dos circunstancias dignas de repararse: la de haber sido formalmente expurgada _conforme al Expurgatorio nueuo de 1632_, y la de consignar en la portada el nombre del bachiller Fernando de Rojas, ejemplo que siguió inmediatamente el editor de Ruán.

En todo lo restante de aquel siglo no volvió á imprimirse la _Celestina_, fenómeno que puede atribuirse á varias causas. Algo pudo influir en ello la Inquisición, pues aunque dejaba correr con leve expurgo las ediciones del siglo XVI, quizá se hubiera opuesto á que siguieran multiplicándose. Pero la principal razón hubo de ser el cambio del gusto, la exuberancia de la producción dramática y novelesca, que había llevado al ingenio español por otros rumbos y ofrecía á los hombres del siglo XVII alimento más adecuado á sus inclinaciones. La _Celestina_ era todavía compatible con el arte de Cervantes, de Quevedo, de Lope, de Tirso, puesto que le contenía en germen, pero no era compatible con los Góngoras, Calderones y Gracianes. Cuando triunfaron los cultos, los discretos y sutiles, y se prefirió el estilo almidonado á la ejecución franca y vigorosa, pocos paladares pudieron gustar con deleite aquel fruto sabrosamente agrio del árbol nacional[194].

Y menos todavía en el siglo XVIII, cuya labor científica es tan respetable, pero que en literatura produjo poco bueno, y eso en sus postrimerías. Los eruditos preceptistas y críticos que más nombre tuvieron en aquella centuria, Luzán[195], Nasarre[196], Mayans[197], Velázquez[198], el mismo Jovellanos[199], tuvieron palabras de justo aprecio para la _Tragicomedia_, aunque deplorando el daño que podía producir su lectura. Las ideas que entonces generalmente dominaban sobre preceptiva dramática eran más conciliables con la _Celestina_ que con la comedia llamada por excelencia española; pero nadie antes de Moratín fijó con precisión el carácter de aquella fábula inmortal ni su puesto único en la historia del teatro. Prescindiendo de estas simpatías literarias[200], no hay duda que la _Celestina_ había dejado de ser un libro popular. Los ejemplares de las antiguas ediciones, con haber sido tan numerosas, escaseaban mucho, y sabemos por algún testimonio contemporáneo que no faltaban beatos imbéciles que se dedicasen á destruirlos[201]. La libertad de su lenguaje contrastaba con la blanda mojigatería reinante que, sin fuerza para impedir la invasión de las malas ideas, tenía la suficiente para llenar la vida de molestias pueriles. El Expurgatorio de 1747 acrecentó el rigor de los anteriores, y así paso á paso se llegó á la absoluta prohibición del edicto de 1793, reproducida en el Índice de 1805.

Pero á la Inquisición le quedaban pocos días de vida, y sus edictos, cada día menos acatados, sólo servían para despertar la codicia del fruto prohibido. Así fué que en el segundo período constitucional, á la sombra de la omnímoda libertad de imprenta, resurgió la _madre_ Celestina después de un enterramiento de siglo y medio. La edición de 1822, impresa por D. León Amarita, fué meritoria para entonces, y algún tacto crítico revela en la elección de las variantes, pero son pocos los textos antiguos que se tuvieron presentes y no los mejores, siguiendo por lo general el de Salamanca, 1570, por Matías Gast. Fué autor del prólogo, y dirigió la parte literaria de la publicación, no el impresor Amarita, como generalmente se cree, sino el famoso traductor de Horacio D. Francisco Javier de Burgos, según me aseguró D. Aureliano Fernández-Guerra habérselo oído al mismo Burgos en Granada.

Esta edición, que con más ó menos precauciones siguió vendiéndose durante el reinado de Fernando VII, fué reimpresa por el mismo Amarita en 1835 y copiada servilmente en el tomo tercero de la _Biblioteca_ de Rivadeneyra, 1846, de la cual se derivan otras varias que es inútil citar. Más apreciable que este texto ecléctico es el de Barcelona, 1841, por D. Tomás Gorchs[202], que al parecer nos da, aunque con ortografía modernizada, la lección de uno de los ejemplares más antiguos, el de Zaragoza, 1507, que poseyó D. Manuel Bofarull. El prólogo y las notas fueron escritos por el literato tortosino D. Jaime Tió[203]. En 1899, para festejar el centenario de la aparición de la _Celestina_, reimprimió lujosamente en Vigo el malogrado editor suizo D. Eugenio Krapf la edición valenciana de 1514, con aparato de variantes, copiosa bibliografía y apéndices útiles. En 1900 exhumó el señor Foulché-Delbosc la edición de 1501, y en 1902 la de 1499. Cuando esté reimpreso con la misma exactitud el texto de 1502, tendrá base enteramente sólida la reconstrucción de la _Celestina_, y podrá hacerse de ella una edición crítica y filológica.

Las traducciones que en varias lenguas se hicieron de este drama inmortal, ya en los siglos XVI y XVII, ya en tiempos modernos, tienen grande interés, no sólo como testimonio del universal aprecio del libro, sino por ser algunas de ellas insignes monumentos de sus respectivas literaturas. La _Celestina_ ejerció, por medio de ellas, positiva influencia en los orígenes del teatro y de la novela, y convirtió en clásicos á algunos de sus intérpretes, como Wirsung y Mabbe.

La más antigua de estas traducciones, y fuente de varias otras, es la italiana del español Alfonso Ordóñez, familiar del papa Julio II, hecha por invitación de la _Illustrissima Madonna Gentile Feltria de Campo Fregoso_. Fué acabada de imprimir en Roma, á 29 de enero de 1506, y compite en rareza con las más peregrinas ediciones españolas[204]. Aunque su título diga «de lingua casteliana in italiana nouamente traducta», no basta para que podamos inferir que hubiese otra traducción ó edición anterior, porque el _novamente_ puede tener aquí, como en otros casos, el sentido de _nuper_ (poco ha, recientemente). Tampoco es argumento para probar que hubiese una edición de 1505 la última octava del traductor, con que termina la de 1506:

_Nel mille cinquecento cinque appunto Despagnolo in idioman italiano E stato questo opuscul trasunto Dame Alphonso de Hordognez nato hispano._ Aistanzia di colei cha in se rasunto Ogni bel modo et ornamento humano Gentil feltria fregosa honesta e degna In cui vera virtu triumpha e regna.

Estos versos sólo dicen que Alfonso Ordóñez hizo la traducción en 1505, y seguramente en aquel mismo año comenzaría á imprimirse, aunque se acabara en los primeros días del siguiente. La versión de Ordóñez, notable por su fidelidad, se ajusta, con leves diferencias, al texto de las ediciones de 1502, en veintiún actos, sin que por ningún motivo pueda afirmarse que el intérprete conociera la forma primitiva de la tragicomedia, ni mucho menos aprovechase sus variantes.

El haber aparecido esta traducción bajo los auspicios de una ilustre señora, que expresamente encargó de ella á un familiar del Papa[205], indica que la _Celestina_ no había de encontrar obstáculos para su difusión en la Italia del Renacimiento, que mal podía escandalizarse de nada. Hasta once veces fué reproducida en aquel siglo por las prensas de Venecia y Milán[206]. Su estudio hubiera podido ser muy útil á los dramaturgos del _Cinquecento_, pero los italianos de aquel siglo desdeñaban las literaturas vulgares y no reconocían más modelos que Terencio y Plauto, á los cuales sacrificaron su originalidad, que sólo conservan en los detalles de costumbres[207]. Ni siquiera puede sostenerse con probabilidad que el admirable rufián Centurio y las innumerables copias que hay de él en todas las imitaciones de la _Celestina_ influyesen directamente en la creación del tipo grotesco del capitán fanfarrón y matamoros que invadió la escena italiana, si bien tengan algunas semejanzas, derivadas de su común origen, que ha de buscarse en los Pyrgopolinices y Trasones de la antigüedad. Además, ni Centurio, ni Galterio, ni Pandulfo, ni Brumandilón, ni Escalión son capitanes, ni sus bravezas, fieros y rebatos tienen que ver con la honrada profesión militar, sino con la torpe vida lupanaria. La verdadera pintura de las costumbres del campamento está en la _Comedia Soldadesca_, de Torres Naharro, que precisamente fué escrita y representada en Italia. El tipo italiano, que degeneró muy pronto en caricatura grotesca del soldado español, el más temido y más odiado en aquella península, se explica por sí mismo y por las circunstancias históricas en que nació. Generalmente habla en castellano, y lleva nombres archirretumbantes, como «el capitán Cardona Matamoros, Rajabroqueles, Sangre y Fuego». Era, en suma, un género equivalente á las _Rodomontadas_ españolas, tan gratas á los franceses[208]. Algunos de los que componían estas farsas habían leído la _Celestina_ y plagian frases de Centurio. Así, por ejemplo, el cómico napolitano Fabricio de Fornaris, en su _Angélica_, representada en París el año 1584, hace hablar así al capitán Cocodrilo, ponderando las virtudes de su espada: «Quién puebla más los cimiterios d' esta tierra sino ella? Quién ha hecho ricos los cyrugianos del mundo?

Quién da de contino que hazer á los armeros? Quién destroza la mala y fina?» (_sic_, por malla fina), etc., etc.[209].

De la traducción italiana procede la muy famosa alemana de Máximo Wirsung, publicada en Augsburgo en 1520 y reimpresa con algunos cambios en 1533; ediciones rarísimas entrambas y cuyo precio se acrecienta por los artísticos grabados en madera de Hans Burgkmair, célebre colaborador de Alberto Durero[210]. Es bajo todos aspectos un hermoso libro del Renacimiento, del cual España carecería, probablemente, si algún antiguo jesuita alemán no hubiese traído el ejemplar que se conserva en la Biblioteca de los Estudios de San Isidro[211]. Tenía Max Wirsung veintiún años cuando publicó su traducción, que dice hecha del «lombardo» (_lumbardisch welsch_), lo cual indica que trabajó sobre una de las dos ediciones de Milán, 1514 ó 1515, á no ser que considerase como parte de Lombardía á Venecia, donde declara haber pasado algunos años y adquirido el conocimiento de la lengua. En la dedicatoria á su primo Ernesto Mateo Langen de Wellenburg, que termina recomendándose á la benevolencia del Cardenal arzobispo de Salzburgo, repite con otras palabras las prevenciones de Rojas sobre el fin moral del libro y sobre su carácter mixto de trágico y cómico: «Tragedia, como tú sabes, es un género que tiene alegre comienzo y término triste. Tal es el presente libro. También se le puede llamar comedia, porque nos muestra, entre burlas y veras, unos amores de dos jóvenes que se valen de sus criados y doncellas; y describe, en especial, la perversa seducción de rufianes y alcahuetas, y otros diferentes lances y negocios de los hombres... Te envío esta tragedia, querido primo, como un presente muy adecuado á tu florida edad y á la mía, pues aquí podemos aprender lo que por experiencia no sabemos todavía, y librarnos del peligroso mar de las sirenas y desconfiar de las malas mañas de los falsos servidores y de las engañosas palabras de las viejas hechiceras, que quieren arrastrarnos á la relajación y hacernos perder la flor de la juventud, que nunca se recobra, y enajenarnos de la voluntad propia y convertirnos en siervos de la ajena»[212].

La traducción está hecha con el mismo candor del prólogo, y con gran viveza y frescura, según declaran los críticos alemanes. No podía ser enteramente fiel no siendo directa, pero la versión italiana que le sirvió de norma es poco más que un calco. Wirsung procede con libertad de artista, y según el genio de la lengua en que escribe, añade ó modifica algunos pasajes, pero ninguno es de verdadera importancia, más que las pocas palabras puestas como conclusión del acto XXI y de toda la obra. Sabido es que en el original se cierra con la lamentación de Pleberio y el _in hac lachrimarum valle_, que falta, por cierto, en las ediciones de 1499 y 1501. Wirsung da más animación dramática al final y hace intervenir en el diálogo á la madre de Melibea[213].

A pesar de su excelencia literaria, esta traducción cayó muy pronto en olvido, puesto que sólo una vez fué reimpresa[214]. Es enteramente inverisímil que Goethe la conociera. Si Marta hace pensar en Celestina, y las escenas de la seducción de Margarita evocan las del jardín de Melibea, es por una coincidencia remota y casual. El romanticismo alemán fué el que desenterró la obra de Wirsung, diciendo de ella, por boca de Clemente Brentano, en una de sus cartas á Tieck: «Es tan original, tan llena de vida, tan propia en el lenguaje, que jamás he visto cosa igual; hacer una traducción mejor, es completamente imposible»[215].

No debió de pensarlo así Eduardo de Bulow, quien en 1843 publicó una nueva _Celestina_ traducida del original, que Wolf declara estar hecha con la mayor precisión y elegancia posibles, aunque el mismo traductor reconoce que, por acomodarse al gusto de su nación, tuvo que hacer una «seca atenuación germánica» de ciertos discursos y expresiones demasiado libres.

No puedo asegurar, por no haber tenido ocasión de verla nunca, si la primera y rarísima traducción francesa de 1527, reimpresa en 1529 y 1532, procede del original ó de la italiana de Ordóñez, pero no cabe duda que á ésta se atiene el segundo traductor Jacques de Lavardin, Señor de Plessis Bourrot, en Turena, á quien su padre confió el encargo de ponerla en su lengua para «beneficio singular» de sus hermanos, por ser un claro espejo y virtuosa doctrina que enseña á gobernarse bien en los casos de la vida»[216]. Como se ve, la ejemplaridad de la tragicomedia tenía muchos partidarios y las declaraciones de Rojas se tomaban al pie de la letra. Wirsung, Gaspar Barth y Salas Barbadillo dicen en sustancia lo mismo, pero ninguno de ellos era padre de familia como el viejo caballero de Turena, lo cual da más peso á su testimonio, que hoy nos parece tan extraordinario[217].

Esta versión hecha en la sabrosa lengua del siglo XVI tuvo tres ediciones, la primera de París en 1578 y las dos siguientes de Ruán en 1598 y 1599. La interpretación francesa que acompaña al texto castellano en la edición, también de Ruán, de 1633, está hecha directamente del castellano, pero vale poco. A todas las antiguas supera, y es sin duda una de las mejores traducciones de la _Celestina_, la que Germond de Lavigne publicó en 1841 y reimprimió con algunas enmiendas en 1873[218]. El _ensayo histórico_ que la precede contiene graves errores, lo mismo que las notas; pero tiene Germond de Lavigne el mérito de haber sido uno de los primeros que reconocieron la unidad de la obra y la atribuyeron totalmente á Fernando de Rojas. Sus conocimientos en historia literaria eran superficiales y confusos, pero entendió y tradujo bien ciertas obras, sobre todo la _Celestina_, que admiraba con franqueza.

No ha tenido la _Celestina_ acción directa sobre la literatura de nuestros vecinos, pero se encuentra mencionada en varios autores del siglo XVI, el más antiguo Clemente Marot:

Or ça, le livre de Flammete, _Formosum Pastor_, «Celestine», Tout cela est bonne doctrine Et n'y a rien de deffendu[219]

Buenaventura Desperiers, en el cuento décimosexto de sus _Nouvelles Récréations et Joyeux Devis_, la cuenta entre las lecturas favoritas de los elegantes de París: «_Et avec cela il avoit leu Bocace et Celestine_»[220].

Cuando se lee la famosa _Macette_ de Maturino Regnier, que Sainte Beuve llamaba «nieta de _Patelin_ y abuela de _Tartuffe_», nos sentimos inclinados á emparentarla con la _madre_ Celestina. En el fondo, la sátira del poeta francés no es más que una imitación de la elegía de Ovidio sobre _Dipsas_, cuyos principales rasgos conserva y traduce libremente. Pero suprime uno, el de la magia, y añade otro, el de la hipocresía. Creo que éste ha sido tomado de las costumbres de su tiempo, sin ningún intermedio literario. Celestina conviene con _Macette_ en lo que una y otra tienen de _Dipsas_ y de _Acanthis_, pero _Macette_ es muy poca persona al lado de Celestina. _Macette_ es gazmoña y beata, afecta una devoción fingida para encubrir sus malas artes. También Celestina tiene sus devociones, y de ellas se vale para sus añagazas; pero escarbando en el fondo de su alma se encuentra, no una ruin y apocada mojigatería ó _tartufismo_, sino una cínica y monstruosa confusión de lo religioso y lo diabólico. La hipocresía de _Macette_ es epidérmica; á la de Celestina ni aun el nombre de hipocresía le cuadra, porque se trata de algo mucho más tenebroso y espantable.

De todos modos, la sátira de Regnier prueba, aunque por otro camino, la influencia española en Francia:

Elle lit Saint Bernard, la _Guide des Pecheurs_, Les _Meditations_ de la Mère Thérese...[221].

Fué la _Celestina_ el primer libro español traducido al inglés, aunque en detestables condiciones. Se trata de una adaptación en pésimos versos, publicada por los años de 1530, y atribuída por algunos á Juan Rastell, del cual sólo consta que la hizo imprimir. Comprende únicamente los cuatro primeros actos y está hecha sobre la versión italiana de Ordóñez[222]. Consta también que en 5 de octubre de 1598, un cierto William Aspley solicitó y obtuvo privilegio para imprimir una obra titulada _The Tragicke Comedye of Celestina_, pero no queda de ella más noticia[223].

Apareció, por fin, en 1631, _The Spanish Bawd_, de James Mabbe, «el mejor traductor que ha tenido la lengua inglesa, á excepción de Eduardo Fitz-Gerald», según el parecer de Fitzmaurice-Kelly. Mabbe, que no sólo tradujo la _Celestina_, sino _El Pícaro Guzmán de Alfarache_, algunas de las novelas de Cervantes y un tomo de sermones del padre Cristóbal Fonseca, era un conocedor eminente de nuestra lengua y un prosista clásico en la suya. Desde 1611 á 1613 había vivido en Madrid, como secretario del embajador Sir John Digby, después Conde de Bristol, y á su vuelta á Inglaterra prosiguió cultivando sus aficiones hispánicas, en que le estimulaba y acompañaba su amigo el profesor de Oxford, Leonardo Digges, excelente traductor de _El Español Gerardo_.

La versión de la _Celestina_ se publicó anónima, pero la dedicatoria va firmada por _Don Diego Puede-ser_, juego de palabras con que Mabbe quiso disimular su nombre ligeramente alterado: _James May-be_. Á diferencia de otros traductores confiesa ingenuamente que la _Celestina_ es un libro _non sine scelere_, pero que puede tener utilidad: _non sine utilitate_. «La heroína es mala, pero sus preceptos son hermosos; sus ejemplos son perversos, pero su doctrina es buena; su traje es roto y andrajoso, pero su mente está enriquecida con muchas sentencias de oro»[224]. Y prosigue haciendo en estilo ligeramente _eufuístico_ una gran ponderación de los méritos de la obra: «Aquí encontraréis sentencias dignas de ser escritas, no en frágil papel, sino en cedro ó en perenne ciprés; no con pluma de ánsar, sino con la del Fénix; no con tinta, sino con bálsamo; no con letras negras, sino con caracteres de oro y azul; sentencias dignas de ser leídas, no sólo por el lascivo Clodio ó el afeminado Sardanápalo, sino por los más graves Catones ó severos estoicos». «No se me oculta (añade) que este libro tendrá algunos detractores, que como perros que ladran por costumbre, condenarán toda la obra, solamente porque alguna frase de ella es más obscena que lo que tolera el estilo culto y urbano; lo cual yo no he de negar, aunque esos pasajes están escritos para reprender el vicio, no para insinuarle. No veo razón para que se abstengan de leer una gran cantidad de cosas buenas porque tengan que entresacarlas de las malas. Que no se ha de desdeñar la perla, aunque se pesque en agua turbia, ni el oro, aunque se arranque de una mina infecta...»

Después de haber comparado á los tales detractores con el escarabajo de la fábula, dice que cuantos sabios han podido leer la _Celestina_ en su lengua la han estimado como «el oro entre los metales, como el carbunclo entre las piedras preciosas, como la palma entre los árboles, como el águila entre los pájaros y como el Sol entre las luminarias inferiores; en suma, como lo más escogido y lo más excelente. Pero así como la luz del gran Planeta ofende á los ojos enfermos y conforta á los sanos, así la _Celestina_ puede ser un veneno para los que tienen el corazón dañado y profano, pero para los ánimos castos y honestos es un preservativo contra tantos escándalos como ocurren en el mundo»[225].

Mabbe, que nunca fué puritano, defiende en este notable prólogo la legitimidad de las representaciones del mal, así en Pintura como en Poesía: «_Non laudare rem sed artem_: no se aplaude la materia de la imitación, sino la pericia y destreza del artista que ha representado tan al vivo el objeto que se proponía. De parecido modo, cuando leemos las viles acciones de rameras y rufianes y su bestial modo de vivir, no las aprobamos por buenas ni las aceptamos por honestas, pero admiramos el juicio de los autores que han desarrollado su argumento de un modo tan propio y adecuado á los caracteres»[226].

Recuerda el ejemplo de los lacedemonios, que emborrachaban á sus esclavos para hacer aborrecible la embriaguez, y aconseja al lector de la _Celestina_ que imite «al generoso corcel que se solaza donde hay dulce y saludable pasto, y no al perro hambriento, que agarra y despedaza sin elección todo lo que encuentra en su camino». En suma, recomienda la _Celestina_, pero no sin distinción á toda clase de personas.

Su traducción es clásica y magistral, á juicio de los críticos ingleses, y en nada adolece del conceptismo y culteranismo que campean en sus prólogos. El docto hispanista Fitzmaurice-Kelly, que ha hecho de ella una lindísima reimpresión[227], dice en su prólogo que «mucho del vigor, de la pasión y del fuego de Rojas, y mucho también de aquella _gravitas et probitas_ que en él reconocía Barth, han pasado á la copia, y si sus colores no son siempre los mismos del original, ostentan sin embargo no común brillantez y belleza». «La fina sencillez, el ritmo y la música de esta versión, la amplitud y la urbanidad del estilo, llevan el sello de la edad heroica de la prosa inglesa. Ningún escritor de su tiempo le aventajó en la descripción directa, ninguno tuvo mejor oído para la cadencia de la frase».

Solamente de la fidelidad podemos juzgar los españoles, y hay que reconocérsela en el conjunto, aunque no tanto como á Ordóñez y á Wirsung, precisamente porque Mabbe hizo una traducción más literaria. Su propio gusto y el de su tiempo le llevaba á la amplificación, y pareciéndole sobria la _Celestina_, aunque sólo en apariencia lo sea[228], la llenó de redundancias y pleonasmos. Pero sus adiciones son meramente verbales, y en cambio no suprime nada ó casi nada, cumpliendo lealmente sus obligaciones de traductor, salvo en un punto muy curioso. Por escrúpulos protestantes evita todas las alusiones al culto católico, sustituyéndolas con disparatadas reminiscencias clásicas. Así en vez de «estaciones, procesiones de noche, misas del gallo, misas del alma y otras secretas devociones», habla intrépidamente de «los misterios de Vesta y de la Buena Diosa». En lugar de la iglesia de Santa María Magdalena cita la «arboleda de los mirtos»... Un abad se convierte en un _flamen_, las monjas en _Vestales_ y todo lo demás á este tenor. Pero estos son ligeros é imperceptibles lunares en una obra maestra que honra por igual á las literaturas inglesa y española.

Shakespeare había muerto catorce años antes de publicarse esta versión, y ningún provecho hubiera podido sacar de la antigua en verso, que sólo comprende cuatro actos. Pero aun admitiendo, lo cual dista mucho de estar probado, que no supiese el castellano, pudo leer la _Celestina_, y es muy verisímil que la leyera, en la versión italiana, tan difundida, de Ordóñez, ó en alguna de las francesas. De este modo tendrían fácil explicación las semejanzas con _Romeo y Julieta_, notadas desde antiguo por la crítica alemana y admitidas á lo menos como posibles por los hispanistas ingleses[229].

Sólo por mera referencia bibliográfica nos es dado citar las cuatro ediciones en holandés ó flamenco que salieron de las prensas de Amberes en 1550, 1574, 1580 y 1616, y pertenecen, al parecer, á dos distintas traducciones, cuyo origen no podemos fijar. Acaso haya otras en lenguas vulgares, que no han llegado á nuestra noticia.

Faltaba á la _Celestina_ la consagración suprema que un libro del Renacimiento podía tener: el ser traducido á la lengua sabia, y comentado y puesto en manos de los doctos como un autor de la clásica antigüedad. Tal fué la empresa que acometió y llevó á término el célebre humanista de Brandeburgo Gaspar Barth (_Barthius_), tan famoso por su ciencia como por sus extravagancias, aunque no fuese ni con mucho el prototipo del Licenciado Vidriera, como han supuesto ineptamente algunos cervantistas. Gaspar Barth, que había viajado por España después de 1618, era el más ferviente admirador de nuestra lengua y de nuestra literatura que puede darse. No sólo tradujo y publicó en latín la _Celestina_, la _Diana Enamorada_ de Gil Polo y la refundición española que Fernán Xuarez había hecho de uno de los _Coloquios_ del Aretino, sino que dejó inéditas otras novelas latinizadas, una de ellas la _Diana_ de Montemayor y más de _treinta_ volúmenes de fábulas milesias, tomadas de varios idiomas[230], entre las cuales sabemos que figuraban los _Cuentos de la Reina de Navarra_ y las _Noches de Invierno_ de Antonio de Eslava[231]. Todo ello estaba traducido antes de 1624, en que salió de las prensas de Francfort el _Pornoboscodidascalus Latinus_, pedantesco título que dió Barth á su traducción de la _Celestina_, calificándola desde el frontispicio de _Liber plane divinus_[232].

Son tantas y tan curiosas las especies que en los prolegómenos y en las _animadversiones_ ó notas de Gaspar Barth se consignan, y tan singular la versión en sí misma, que no puedo menos de detenerme algo en ella, aunque todavía merecen más amplio estudio esta y las demás traducciones latinas que en el siglo XVII hicieron de nuestras novelas y libros de pasatiempos algunos humanistas germánicos. Ellos fueron á su modo los primeros _hispanizantes_ de su nación.

Precede al libro una larga _Dissertatio_, que contiene uno de los más interesantes juicios que se han escrito sobre la _Celestina_. Después de tratar en general de la utilidad de las fábulas dramáticas y novelescas, que considera más instructivas y verdaderas que la Historia misma, y de la razón que el mismo Barth tuvo para dedicarse al moderno hispanismo (_ad Hispanismum hodiernum_), buscando en él novedades que no podían ofrecer ya las obras de griegos y latinos, tan familiares á todos los eruditos, trata en particular del libro que quiso precediese á todos, porque la juventud puede encontrar en él los documentos más necesarios para la cautela y prudencia de la vida. «Son tantas (prosigue) y tan oportunas y capitales las sentencias sacadas del mismo fondo de las cosas, que quien las fije en su ánimo como reglas para dirigir la vida y asiduamente las practique, tendrá bastante con ellas solas para merecer no vulgar opinión de sabiduría entre todos los buenos jueces. Añádase la excelencia del estilo, que en su lengua original es tan elegante, pulido, exacto, numeroso, _grave y venerable_, que según confesión unánime de los españoles, pocos pueden encontrarse iguales en todo el campo de la literatura. Nada diré de aquel genio particular que tuvo este escritor para caracterizar las personas y hacerlas hablar adecuadamente, en lo cual es cierto que supera á todos los monumentos que nos han quedado de la antigüedad griega y latina. Sus sentencias, que hieren y penetran con admirable energía en los espíritus más vulgares, como si para ellos solos fuesen escritos, son materia de meditación para los sabios de más profunda doctrina»[233].

El humanista alemán reconoce finamente, aunque en los términos de la crítica de su tiempo, aquella especie de objetividad serena, que es uno de los encantos de la _Celestina_: «Su autor tiene conciencia de la verdadera filosofía, pero no afecta indignación alguna contra los vicios, conserva en todas las situaciones la tranquilidad de su alma, va al fondo de las cosas, y con cierta suavidad divina cumple entre tanto su papel de castigador»[234].

Gaspar Barth, á pesar de ser humanista de profesión y haber comentado á innumerables autores clásicos, estaba por los modernos contra los antiguos. El siglo en que había nacido le parecía mucho más fecundo en ingenios que todos los anteriores, y las lenguas modernas mucho más ricas en obras de amenidad. Pero entre todas descollaba á sus ojos la lengua española, cuya «gravedad y propiedad» se habían manifestado en numerosas ficciones, tan útiles como deleitables, que cada día salían á luz. Y si en otras lenguas, principalmente en la francesa, se encontraba este género de libros, eran trasunto en gran parte de las invenciones ó ilustraciones de los españoles[235].

Entre todas estas invenciones el autor da la palma á la _Celestina_, sin hacer ninguna alusión al _Quijote_, lo cual es verdaderamente extraordinario, porque desde 1615 había podido leerle completo él que andaba siempre á caza de novelas españolas.

Es muy curioso, aunque demasiado largo para transcribirse aquí, lo que Barth observa sobre cada uno de los personajes de la _Celestina_, «tan divinamente inventados (dice), que parece que el autor los conoció vivos y los llamó á su tribunal». Analiza muy bien el coloquio de Celestina con Melibea, haciendo notar que eran superfluos los encantamientos, pues apenas ninguna doncella hubiera podido resistir á tales asaltos[236]. Toda esta página es de una crítica enteramente moderna, á pesar de la exótica vestidura que á su autor plugo darle. Barth había estudiado profundamente la _Celestina_, y este análisis psicológico de los caracteres lo prueba. Su entusiasmo era grande, pero se fundaba en razones técnicas que arguyen rara penetración para un crítico del siglo XVII.

Barth, como otros muchos, supone que la _Celestina_ es un libro de utilidad moral, pero entiende esta utilidad de un modo asaz extravagante. No se trata de los puros preceptos de la Ética, sino de cierta sabiduría práctica y mundana, llevada á tan alto punto, que quien posea á fondo este libro no podrá ser engañado por nadie, triunfará de todos sus adversarios, ganará amigos y los conservará; todo el mundo le será adicto por amor ó por temor, y tendrá siempre próspera fortuna en sus negocios. En suma, una verdadera ganga, lograda sin más trabajo que la frecuente lectura de un libro tan chico y tan ameno. Y todo esto no lo dice de oídas el grave humanista, sino que procura corroborarlo con el caso de un amigo suyo, muy astuto y sagaz, que labró su fortuna en el mundo aplicando, con oportunidad, á todos los lances de la vida, ya una ya otra de las sentencias de la tragicomedia que tenía recogidas y clasificadas en su memoria[237]. Cuando se lee tan extraño pasaje, no puede menos de darse algún crédito á la antigua leyenda de la locura que temporalmente afligió á Gaspar Barth.

Pero su traducción hízola sin duda en un intervalo de plena lucidez, y no de la manera extemporánea é improvisada que él da á entender, queriendo imitar aun en esto al autor primitivo. Dos semanas de trabajo dice que le costó: afirmación poco menos increíble que la de Rojas[238]. Gaspar Barth tenía una asombrosa facilidad de trabajo, y sus particulares aficiones le habían familiarizado con la lengua de los poetas cómicos Terencio y Plauto y de los novelistas Petronio y Apuleyo, lo cual le proporcionó grandes recursos para interpretar la _Celestina_ con el sabor clásico que en su original tiene, restituyendo de este modo á la lengua madre lo que remotamente procedía de ella. Pero aunque la obra de Rojas tenga mucho de comedia humanística, tiene todavía más de indígena y castizo, lo cual dificulta su versión, sobre todo en una lengua muerta. El latinista alemán, que tenía plena conciencia de sus deberes de traductor, hizo cuanto humanamente era dable para vencer esta dificultad, ciñéndose al texto lo más cerca posible, sin permitirse apenas amplificación alguna, pues no llegan á diez, según su cálculo, los lugares en que añadió algo _studio delectationis_ ó por amor á la claridad de la locución, que quiso que fuese tanto ó más perspicua que en el original. La mayor dificultad consistía en los proverbios, y ésta la sorteó como pudo, dejándolos sin traducir unas veces y dando otras el sentido, aunque no en forma paremiológica. Trasladarlos palabra por palabra hubiera sido absurdo, pero no era tan difícil encontrar equivalentes de muchos de ellos, aun sin salir de los _Adagios_ de Erasmo, ya que no existía entonces la socorrida colección hispánica del Dr. Caro y Cejudo[239].

No esquivó la traducción de los versos, honrándose con ser el primero que había adaptado á los metros antiguos la poética de nuestra lengua. Véase alguna muestra de estos peregrinos ensayos, en que predomina la estrofa sáfica. Canta Lucrecia en la escena del jardin:

Laetus est fontis lepor, unda vivens: Grata torrenti site macerato: Gratior vultus tamen est Callisti, Mi Melibaee. .......................................................... Gaudio exultant tenerae capellae, Matris advisae gravidas papillas, Sponsi in adventum Melibaea toto Pectore laeta est. Nemo tam charae fuit umquam amicae Gratus adventor; neque visitata est Ulla nox umquam simile lepore Inter amantes[240].

El contraste del metro horaciano con el ritmo corto y gracioso de los versos originales no puede menos de parecer violento, tanto en esta canción como en la de Melibea, excepto en los eptasílabos finales, que remedan bastante bien el rápido giro de la copla de pie quebrado:

Iam noctis it meridies, Differt adesse Adoneus! An ille vinctus alterâ Amasiam hanc fastidiet.

Aunque Barth no pasaba de mediocre poeta, tenía tal flujo de versificar, que después de haber traducido en prosa el razonamiento de Melibea antes de suicidarse, volvió á ponerle en versos hexámetros, que se leen por apéndice en su libro[241].

Su prosa es abundante y ecléctica, no muy limada, pero exenta de las fastidiosas afectaciones ciceronianas del siglo anterior, no menos que de aquel refinado culteranismo que en el siglo XVII tuvo por principal representante á Juan Barclay, célebre autor de las dos novelas _Argenis_ y _Euphormio_. La _gravedad_ y _probidad_ del estilo de la _Celestina_, que Barth tanto encomia, le ha salvado de los dulces vicios y vana frondosidad del humanismo decadente, á los cuales no deja de propender en otras obras.

En cuanto á fidelidad tiene pocas tachas. Raras veces equivoca el sentido, y sólo en dos ó tres casos se permite expurgar levemente un texto que miraba con veneración supersticiosa. Estas supresiones no recaen, ni en lo que se dice de las gentes de iglesia, puesto que Barth era protestante; ni en las blasfemias amatorias de Calisto, que la Inquisición mandó tachar en el _Pornoboscodidascalus_, lo mismo que en el original; ni mucho menos en las escenas de amores, sino en la enumeración de algunas de las drogas, ungüentos y confecciones de que se valía Celestina para sus dañadas artes, y que al traductor no le parecían materia propia para ser divulgada, aun siendo vanas en sí mismas.

Como ligera muestra del brío y la elegante soltura con que en general está hecha esta versión, copio en nota un breve pasaje del acto XIX (segunda escena del jardín), que el lector puede cotejar fácilmente con el texto castellano citado pocas páginas más atrás[242].

Acompañan al _Pornoboscodidascalus_, con el título de _Animadversiones tralatiae_, cerca de doscientas páginas de notas, que son hasta la hora presente el único comentario de la _Celestina_, ya que no puede calificarse de tal un centón inédito de reflexiones morales, escrito en España hacia mediados del siglo XVI, y que no conceptuamos digno de salir del olvido en que yace, puesto que ninguna luz proporciona para la inteligencia de la tragicomedia, á lo menos en la parte hasta donde ha alcanzado nuestra paciencia[243]. Cosa muy distinta son las notas de Barth, doctas y prolijas al modo de las que solían ponerse á los clásicos de la antigüedad. No puede negarse que hay en ellas mucha erudición impertinente y falta á veces la necesaria. Basta que en el prólogo de Rojas se nombre á Heráclito para que el traductor se crea obligado á darnos un extenso artículo sobre la vida y opiniones de dicho filósofo. Sobre el basilisco, sobre la víbora, sobre el pez equino y el ave _Ruch_ ó _Roc_ nos regala sendas disertaciones, llenas de citas y testimonios que prueban su enorme é indigesta lectura. Pero de este fárrago pueden entresacarse curiosos rasgos críticos que completan el juicio expresado en el preámbulo; observaciones sobre algunos lugares difíciles del texto y sobre su propia traducción; curiosas noticias literarias, incluso algunos versos castellanos de autor desconocido. En cambio confiesa su ignorancia en cosas tan sabidas como la historia de Macías, y muy rara vez indica la fuente de alguna sentencia ó expresión. De todos modos, no perderá el tiempo quien repase con algún cuidado estas notas, olvidadas en un libro rarísimo. ¡Tiene tan pocos aficionados la latinidad moderna!

Tal fué el triunfal camino que por Europa recorrió la _Celestina_, dejando en todas partes alguna huella de su paso. Pero su influencia más directa y profunda se ejerció, desde el momento de su aparición, en nuestras letras nacionales. Ora se la califique de novela, ora de drama, ora se diga con Wolf, y es acaso el parecer más cierto, que la cuestión de nombre es ociosa, puesto que la obra de Rojas nació en un tiempo en que los géneros literarios apenas comenzaban á deslindarse y la dramática moderna no existía más que en germen[244], es tan rica la materia estética de la _Celestina_, tan amplia su objetividad, tan humano su argumento, tan viva y minuciosa la pintura de costumbres, tan espléndida la lengua y tan vigoroso el diálogo, que no pudo menos de acelerar el desarrollo de las dos grandes formas representativas de la vida nacional, y aun puede decirse que en el teatro obró antes y con más eficacia que en la novela[245].

Cuando apareció la inmortal tragicomedia, apenas comenzaba á secularizarse nuestra poesía dramática en algunas sencillas églogas de Juan del Enzina, impresas en su _Cancionero_ de 1496 y que apenas pasan de diálogos sin acción. Pero esta su primera manera aparece profundamente modificada en las piezas que compuso durante su larga residencia en Roma, no precisamente por la influencia de modelos italianos, que hasta ahora no podemos afirmar ni negar, sino por el estudio asiduo de dos libros castellanos en prosa: la _Cárcel de Amor_ y la _Celestina_. De uno y otro se asimiló algunos elementos y los incorporó bien ó mal en su naciente dramaturgia. La pasión de Melibea le sirvió de modelo para las ardientes imprecaciones que pone en labios de la celosa y desesperada _Plácida_. Tanto la Égloga que lleva su nombre unido con el de _Vitoriano_, como la de _Fileno y Zambardo_, terminan con un suicidio que tiene visos de apoteosis gentílica en la primera y de canonización cristiana en la segunda: tal era entonces la licencia y relajación de las ideas[246]. Pero en general el vate salmantino no acertó á remedar sino la parte ínfima de la tragicomedia, las escenas lupanarias de bajo cómico, que por su grosería misma habían de ser las que tentasen más á los lectores vulgares y á los imitadores de corto vuelo. Los chistes más que deshonestos de Eritea y Fulgencia en la ya citada _Égloga de Plácida y Vitoriano_[247] bastan para caracterizar esta triste manera de imitación, que alcanza monstruoso desarrollo en el curso del siglo XVI. Prescindiendo de este falso rumbo que llenó de torpezas nuestra literatura, lo que Enzina hubiera debido aprender principalmente de Rojas era el artificio de una fábula más complicada, el estudio de los caracteres, la viveza y nervio de la expresión. Pero en todo esto adelantó muy poco el patriarca de nuestro drama, porque sus fuerzas no eran para tanto, aun asistidas por tal modelo.

Mucho más lo hubieran sido las del gran poeta portugués, que es la mayor figura de nuestro primitivo teatro. También Gil Vicente debe á la _Celestina_ escenas de las más picantes, y sobre todo el tipo de la alcahueta Brígida Vaz, que tan desvergonzadamente pregona sus baratijas en la _Barca do Inferno_, pieza que (dicho sea entre paréntesis) fué representada en la cámara regia «para consolación de la muy católica y sancta reina Doña María, estando enferma del mal de que falleció»[248]. Sin llegar á la imitación directa, como en este caso, hay en el teatro de Gil Vicente, sobre todo en las farsas, muchos elementos celestinescos, y aun verdaderas celestinas; verbigracia, Branca Gil en _O Velho da Horta_[249], la bruja Ginebra Pereira en el _Auto das Fadas_[250], la Ana Dias en _O Juiz da Beira_[251]. Pero la genialidad lírica del autor le lleva á la creación de un arte diverso, en que la observación realista no es lo esencial, sino lo secundario. En la riqueza de lenguaje popular, en la curiosidad con que recoge lo que hoy llamaríamos material _folklórico_, y especialmente las creencias supersticiosas, los ensalmos y conjuros, las prácticas misteriosas y vitandas, el autor de la _Comedia Rubena_ y del _Auto das Fadas_ es un continuador de la _Celestina_, pero en todo ello se mezcla un elemento poético fantástico que nos recuerda á veces la comedia aristofánica.

Inferior á Gil Vicente como poeta, pero superior en la técnica dramática, el extremeño Bartolomé de Torres Naharro fué el primero que llevó al teatro la parte sentimental y amorosa de la _Celestina_. D. Alberto Lista, cuyos trabajos sobre el antiguo teatro español, aunque pobres de erudición no son tan anticuados é inútiles como creen algunos, advirtió, á mi juicio con razón[252], que Naharro había tenido muy presente la _Celestina_, con la cual coincide, tanto en la pasión de la enamorada Febea como en las astucias de que se valen los criados de Himeneo para ocultar su cobardía, cuando acompañan á su señor á la calle de su dama. Basta, en efecto, cotejar estos pasajes para advertir la semejanza. Y limitándonos á las quejas que pronuncia Febea en la quinta jornada, cuando su hermano la persigue con la espada desnuda y va á ejecutar en ella la venganza de su honor, que supone mancillado, no hay sino leer las dolorosas razones que profiere Melibea antes de arrojarse de la torre, para ver que Torres Naharro, como todos nuestros dramáticos del siglo XVI sin excepción, bebió en aquella fuente de verdad humana, y se aprovechó de sus aguas, más saludables que turbias. Dice Febea:

Hablemos cómo mi suerte Me ha traido en este punto Do yo y mi bien todo junto Moriremos d' una muerte. Mas primero Quiero contar cómo muero. Yo muero por un amor Que por su mucho querer Fue mi querido y amado, Gentil y noble señor, Tal que por su merescer Es mi mal bien empleado. No me queda otro pesar De la triste vida mia, Sino que cuando podia, Nunca fui para gozar, Ni gocé Lo que tanto deseé; Muero con este deseo, Y el corazon me revienta Con el dolor amoroso; Mas si creyera a Himeneo, No moriera descontenta Ni le dejara quejoso... ¡Guay de mí, Que muero ansi como ansi! .................................. No me quejo de que muero, Mas de la muerte traidora; Que si viniera primero Que conosciera á Himeneo, Viniera mucho en buen hora.

Mas veniendo d' esta suerte, Ya sin razon á mi ver, ¿Cuál será el hombre o mujer Que no le doldrá mi muerte?... Yo nunca hice traicion: Si maté, yo no sé á quién; Si robé, no lo he sabido; Mi querer fue con razon; Y si quise, hice bien En querer a mi marido.

Cuanto más que las doncellas, Mientras que tiempo tuvieren, Harán mal si no murieren Por los que mueren por ellas... Pues, muerte, ven cuando quiera, Que yo te quiero atender Con rostro alegre y jocundo; Qu'el morir de esta manera A mí me debe plazer Y pesar a todo el mundo...[253]

No pondré estos apasionados versos al lado de la prosa de Melibea. Diversa es la situación de ambas heroínas: culpable la una y arrastrada por la fatalidad de su ciega pasión al suicidio; víctima inocente la otra del furor de su hermano, pero tan enamorada, que con menos vigilancia, y á no intervenir tan oportunamente el sacro vínculo, hubiera podido decir, como su antecesora: «Su muerte convida a la mía; convídame, y es fuerza que sea presto sin dilacion... Y así contentarte he en la muerte, pues no tuve tiempo en la vida».

Nadie puede negar la evidente semejanza entre los principales pasos de la _Comedia Himenea_ y los de la comedia de amor é intriga del siglo XVII, que adquirió bajo la pluma de Calderón su última y más convencional forma. Un caballero que ronda la casa de su amada con acompañamiento de criados é instrumentos; una noble doncella ingenuamente apasionada, no menos que briosa y decidida, que á pocos lances franquea con honesto fin la puerta de su casa; un hermano, celoso guardador de la honra de su casa, algo colérico y repentino, pero que acaba por perdonar á los novios; dos criados habladores y cobardes; músicas y escondites, pendencias nocturnas y diálogos por la ventana. Pero todo esto, ó casi todo, si bien se repara, estaba en la _Celestina_, salvo el tipo del hermano, que parece creación de Torres Naharro. Pármeno y Eliso son Calisto y Sempronio, la criada Doresta es Lucrecia, todos un poco adecentados. Porque es muy singular que autor tan liviano y despreocupado como suele ser en su estilo el autor de la _Propalladia_, se haya creído obligado á tanta circunspección en esta obra excepcional, y haya tenido la habilidad de transportar al teatro la parte de la _Celestina_ que en su género podemos llamar ideal y romántica, prescindiendo de la picaresca y lupanaria. De este modo consiguió borrar las huellas de origen, y ha podido pasar por inventor de un género de que no fué realmente más que continuador feliz, con gran inteligencia de las condiciones del teatro y del arte del diálogo, que llega á la perfección en varios pasajes de esta comedia.

En mi monografía sobre aquel poeta, de la cual he transcrito las reflexiones anteriores, hago constar que durante la primera mitad del siglo XVI coexistieron dos escuelas dramáticas. Una, la más comúnmente seguida, la más fecunda, aunque no por cierto la más original é interesante, se deriva de Juan del Enzina, considerado no sólo como dramaturgo religioso, sino también como dramaturgo profano, y está representada por los autores de églogas, farsas, representaciones y autos, que debieron de ser muy numerosos, á juzgar por las reliquias que todavía nos quedan y por las noticias que cada día se van allegando. La otra dirección dramática, que produjo menos número de obras, pero todas muy dignas de consideración, porque se aproximan más á la forma definitiva que entre nosotros logró el drama profano, nace del estudio combinado de la _Celestina_ y de las comedias de Torres Naharro, sin que por eso se niegue el influjo secundario del teatro latino, ya en su original, ya en las traducciones que comenzaban á hacer los humanistas, y el de las comedias italianas, cada vez más conocidas en España, particularmente las del Ariosto, que llegaron á ser representadas en su propia lengua con ocasión de fiestas regias.

Si el título no nos engaña, la más antigua imitación dramática de la _Celestina_ fué la _Comedia llamada Clariana, nuevamente compuesta, en que se refieren por heroico estilo los amores de un cavallero moço llamado Clareo con una dama noble de Valencia, dicha Clariana_. El autor anónimo, que era «un vecino de Toledo», dedicó al duque de Gandía su obra, impresa en Valencia por Juan Jofre, en 1522. Los traductores de Ticknor, que la mencionan, nada dicen acerca de su actual paradero, ni dan más noticia de ella sino que está escrita en prosa, mezclada de versos. Juan Pastor, natural de la villa de Morata, declara al fin de su _Farsa ó Tragedia de la castidad de Lucrecia_ haber compuesto otras dos llamadas _Grimaltina_ y _Clariana_, pero no nos atrevemos á afirmar que la última sea esta misma.

De Naharro y la _Celestina_ combinados proceden las dos desaliñadas comedias del aragonés Jaime de Huete, _Tesorina_ y _Vidriana_, impresas hacia 1525[254]. La división en cinco jornadas y la versificación en coplas de pie quebrado las entroncan con la _Propaladia_, de la cual imita Huete otras cosas, entre ellas el tipo grotesco de _Fr. Vejecio_, que dió motivo, sin duda, á la prohibición de la _Tesorina_ en el _Indice_ de 1559. La intriga de amor, en ambas farsas, especialmente en la _Vidriana_, es celestinesca, pero sin intervención de ninguna Celestina: todo pasa por manos de criados, y las dos terminan en boda. Vidriano y Tesorino, Leridana y Lucina son pálidas copias de Calisto y Melibea; los criados Pinedo, Secreto y Carmento cumplen el mismo oficio que los mozos de Calisto; la doncella Lucrecia está repetida en la Oripesta de la _Vidriana_; Citeria en la _Tesorina_ tiene algún rasgo de Areusa; los padres de Melibea resucitan en Lepidano y Modesta, padres de Leridana, y tienen las mismas pláticas sobre su casamiento. Todo ello calco servil y sin ingenio de ninguna clase. El lenguaje es tosco y abunda en curiosos provincialismos. Al mismo género pertenece la _Comedia Radiana_, de Agustín Ortiz[255], otra pequeña _Celestina_ sin Celestina y con casamiento en el jardín. Nada puedo decir de la _Comedia Rosabella_, de Martín de Santander, impresa en 1550, porque no he llegado á verla, pero su portada indica que tenía un argumento muy análogo[256].

Del mismo año (si es que no hay edición anterior, como puede sospecharse) es la _Comedia llamada Tidea, compuesta por Francisco de las Natas: beneficiado en la yglesia perrochial_ (sic) _de la villa Cuevas rubias, en yglesia de Santa Cruz de Rebilla cabriada. En la qual se introduze un gentil hombre cavallero llamado don Tideo y dos criados suyos, el vno Prudente, el otro Fileno, y una vieja alcahueta llamada Beroe, y una doncella noble llamada Faustina, con vna su criada Justina. Dos pastores, el vno llamado Damon, el otro Menalcas. Vn alguazil con sus criados. El padre y madre de la donzella, el padre Riffeo, madre Trecia. Tratanse los amores de don Tideo con la donzella, y cómo la alcançó por interposicion de aquella vieja alcagueta; y en fin por bien de paz fueron en uno casados. Es obra muy graciosa y apacible, 1550_[257]. Salvo la inoportuna aparición de los pastores, que pertenecen al repertorio de Juan del Enzina, el beneficiado de Covarrubias no hizo más que poner en malas coplas el argumento de la _Celestina_, á la cual dió placentero desenlace, según era costumbre en estas farsas representables, que rara vez son trágicas. En la versificación y número de jornadas sigue á Naharro.

No en cinco, sino en tres jornadas (novedad que á fines del siglo XVI se atribuyeron Virués y Cervantes); está compuesto el _Auto llamado de Clarindo, sacado de las obras del Captivo (?) por Antonio Diez, librero sordo, y en partes añadido y emendado; es obra muy sentida y graciosa para se representar_, pieza rarísima, que por meros indicios se supone impresa en Toledo hacia 1535[258]. Clarindo y Clarisa son una nueva repetición de Calisto y Melibea, pero esta intriga de amor está cruzada por otra entre Felecín y Florinda. Los padres de las dos doncellas las encierran en un monasterio de que era abadesa una tía suya, pero logran fugarse de él gracias á la diabólica intervención de una bruja que hechizándolas á entrambas las hace cautivas de la voluntad de sus enamorados.

Más interesante como pintura de costumbres es la _Farsa llamada Salamantina_, compuesta por Bartolomé Palau, estudiante de Burbáguena (1552), de la cual debemos una excelente reimpresión al señor Morel-Fatio[259]. Este largo entremés es «obra que passa entre los estudiantes en Salamanca», como se anuncia desde el frontis; y el _introyto_ tampoco nos deja duda de que fué representada por estudiantes y ante un auditorio universitario. El escolar perdido y buscón, que es héroe de la pieza, atestigua la popularidad de la _Celestina_, único libro que afirma poseer, juntamente con un tratadito de derecho:

Libros? pues vos lo veed: Una _Celestina_ vieja y un _Phelipo_ de ayer (¿de alquiler?).

Las escenas bajamente cómicas del bachiller Palau están tomadas de la realidad misma, con franco y brutal naturalismo, sin ningún género de selección artística. Sería injusto considerarlas como imitación de la obra de Rojas, pero todavía son prole suya, aunque bastarda y degenerada.

La influencia del gran modelo no se manifiesta sólo en estos adocenados y torpes ensayos, sino en obras de más elevado fin, de intención moral y de asunto que á primitiva vista nada tiene de celestinesco[260]. Tal es el de la excelente _Comedia Pródiga_ del extremeño Luis de Miranda, impresa en Sevilla en 1554[261]. Esta obra es una dramatización, á la verdad bastante profana, de la parábola evangélica del Hijo Pródigo (San Lucas, cap. XV, v. 11-32), pero la portada misma es un plagio intencionado de la _Celestina_, sin duda para atraer lectores á la obra nueva:

«_Comedia Pródiga... compuesta y moralizada por Luis de Miranda, placentino, en la qual se contiene (demas de su agradable y dulce estilo) muchas sentencias y avisos muy necesarios para mancebos que van por el mundo, mostrando los engaños y burlas que están encubiertos en fingidos amigos, malas mujeres y traidores sirvientes_».

D. Leandro Fernández de Moratín, que en sus _Orígenes_ fué el primero en llamar la atención sobre esta rara pieza, hace de ella extraordinario encarecimiento, mucho más digno de notarse dada la habitual acrimonia de sus juicios: «Está muy bien desempeñado el fin moral de esta fábula, que es, sin duda, una de las mejores del antiguo teatro español: bien pintados los caracteres, bien escritas algunas de sus escenas; las situaciones se suceden unas á otras, aunque no con particular artificio dramático, siempre con verisimilitud y rapidez».

Lástima que á todos estos méritos y al grandísimo de la verdad humana en los diálogos y en las situaciones no pueda añadirse el de la cabal originalidad, puesto que la comedia de Luis de Miranda es sobre todo una imitación libre y muy bien hecha de la _Commedia d'il figliuol prodigo_ del florentino Juan María Cecchi, transportada de las costumbres italianas á las españolas, y hábilmente combinada con los datos de la _Celestina_. Á estas dos fuentes hay que referir las andanzas del Pródigo, que sigue como soldado aventurero al capitán que pasa por su pueblo levantando bandera, y corre por ferias y mesones malbaratando su dinero entre rufianes y mozas del partido. Olivenza, el baladrón cobarde, las dos rameras Alfenisa y Grimana, la criada Florina y sobre todo la vieja alcahueta Briana, son tipos que no desmienten su origen.

Cambió el gusto en la segunda mitad del siglo XVI: triunfó la comedia italiana, nacionalizada por Lope de Rueda, Timoneda, Sepúlveda y Alonso de la Vega; triunfó la prosa en el teatro, y con ella la imitación formal de la _Celestina_, que hasta entonces sólo por su materia y argumento, personajes y situaciones, había influído en las obras representables.

Lope de Rueda, en quien esta imitación tomó propio y adecuado carácter, no era, á pesar de su humilde condición y errante vida, un poeta primitivo, como el vulgo imagina, ni era posible que lo fuese después de una elaboración dramática tan larga. Hábil imitador de los italianos, á quienes saqueó sin escrúpulo para los argumentos y trazas de sus comedias y coloquios[262], fué maestro de la lengua y del diálogo cómico, no por ruda espontaneidad, sino por arte refinado. La fábula en sus obras es lo de menos, ni tiene una sola que pueda llamarse propia. Pero triunfa en la representación de costumbres populares y en el manejo siempre hábil de ciertas figuras escénicas, que repite con fruición, ya en sus pasos ó entremeses, ya episódicamente en sus obras de más empeño. Entre estos tipos hay uno conocidamente tomado de la _Celestina_ y de sus imitaciones, el rufián Centurio, que es el lacayo Vallejo de la comedia _Eufemia_, el _Gargullo_ de la comedia _Medora_, el _Madrigalejo_ y el _Sigüenza_ de dos de los pasos del _Registro de Representantes_. Era uno de los papeles en que como actor sobresalía Lope de Rueda, según atestigua Cervantes en el prólogo de sus comedias: «Aderezábanlas y dilatábanlas con dos ó tres entremeses, ya de negro, ya de _rufián_, ya de bobo y ya de vizcaíno; que todas estas cuatro figuras y otras muchas hacía el tal Lope con la mayor excelencia y propiedad que pudiera imaginarse... Sucedió á Lope de Rueda, Navarro, natural de Toledo, el cual fué famoso en hacer la figura de un _rufián cobarde_».

Pero no es esta imitación parcial y directa lo que hace de Lope de Rueda un discípulo del autor de la _Celestina_. Lo es también por su sentido realista de la comedia, que se abre paso á través de los argumentos más inverisímiles y extravagantes, por sus dotes de observador de costumbres, aunque aplicadas en pequeña escala y sin aquel aspecto de grandeza que á la obra de Rojas caracteriza. Lo es por la viva y natural expresión de los afectos, cuando obedece á su buen instinto y no se pierde en enfáticos discursos y afectaciones de falsa poesía pastoril, como en los _Coloquios_. Lo es sobre todo por el jugo sabrosísimo de su prosa, que es un venero de sales castizas inimitables. La lengua de Lope de Rueda, á quien tanto admiraba Cervantes, no es más que la lengua de la _Celestina_ descargada de su exuberante y viciosa frondosidad y transportada á las tablas por un hombre de verdadero talento dramático, que la hizo más rápida, animada y ligera, no sin que perdiese algo, quizá mucho, de su fuerza poética y honda energía.

¿Fué Lope de Rueda el primero que escribió en prosa comedias representables y representadas? Hay algún motivo para dudarlo y aun para negarlo. Juan de Timoneda, en el prólogo de las tres comedias que hizo imprimir en 1559, se atribuye categóricamente la innovación: «Quán aplazible sea el estilo comico para leer puesto en prosa, y quán propio para pintar los vicios y las virtudes... bien lo supo _el que compuso los amores d' Calisto y Melibea y el otro que hizo la Tebaida. Pero faltauales a estas obras para ser consumadas poderse representar como las que hizo Baltasar d'Torres y otros en metro. Considerando yo esto quise hazer Comedias en prosa, de tal manera que fuessen breues y representables; y hechas, como paresciessen muy bien assi a los representantes como a los auditores, rogaronme muy encarecidamente que las imprimiesse_, porque todos gozassen de obras tan sentenciosas, dulces y regocijadas»[263].

Sólo la extraordinaria rareza del libro de las _Tres Comedias_ ha podido hacer que no se fijase la atención en este pasaje, que, si Timoneda dice verdad, como creemos, algo cambia de la relación que generalmente se establece entre el librero de Valencia y el batihoja de Sevilla, considerando al primero como simple discípulo y editor del segundo. Pero con ser excelente la prosa en las comedias de Timoneda, y mucho más racional y bien urdida la fábula, nunca fueron tan populares como las de su amigo, sin duda porque hay en ellas menos sabor indígena. Dos son imitaciones de Plauto y otra del Ariosto, y siguen la corriente del teatro italiano más bien que la de la _Celestina_ y la _Tebaida_, aunque él mismo las cita y confiesa su influjo.

Pero aquella escuela dramática tuvo muy corta vida. La comedia en verso volvió á imponerse y fué en adelante la única forma del drama nacional. Virués, Juan de la Cueva, Rey de Artieda y otros ingenios de menos cuenta hicieron triunfar en el último tercio de aquel siglo una especie de tragicomedia lírica, medio clásica, medio romántica, en la cual se incorporaron elementos históricos y tradicionales, cuya vitalidad fué tanta que, unida al genio de un inmenso poeta, hizo surgir del caos fecundo de la antigua dramaturgia la forma definitiva de la comedia española. Pero aun en las obras novelescas y extravagantes del período de transición se nota de vez en cuando la influencia siempre provechosa de la _Celestina_, contrastando con las aberraciones de los nuevos autores. Sirva de ejemplo la _Comedia de El Infamador_, una de las más interesantes de Juan de la Cueva, hasta por la supuesta semejanza que algunos han querido encontrar entre su protagonista Leucino y D. Juan Tenorio. En esta pieza monstruosa, conjunto de escenas mitológicas y de lances familiares, el tipo de la alcahueta Teodora, que es el único medianamente trazado, pertenece al género celestinesco, y la relación que hace del mal recibimiento que tuvo en casa de la doncella Eliodora está calcada punto por punto en el acto IV de la tragicomedia. Pero en Juan de la Cueva la heroína es de una virtud inexpugnable. Teodora, como todas sus congéneres en materia de tercerías, practica la magia y evoca á los espíritus del Erebo en elegantes versos clásicos imitados de Virgilio é indirectamente de Teócrito[264].

Lope de Vega tributó á la _Celestina_ el más alto homenaje, imitándola con magistral pericia en aquella «acción en prosa», que era una de sus obras predilectas (_por ventura de mí la más querida_). Su fecha (1632) saca de nuestro cuadro actual esta confesión autobiográfica de juveniles extravíos, hoy descifrada por la crítica sagaz é ingeniosa de un malogrado erudito, que vino á confirmar en parte las adivinaciones de Fauriel[265]. Hay mucho de personal en la _Dorotea_, y por eso interesa profundamente y se aparta del trillado camino de las Celestinas, pero intencionalmente las recuerda, sobre todo á la de Rojas, no sólo por el cuño de su admirable prosa, sino por la creación del tipo de «Gerarda», único que puede medirse sin gran desventaja con la primitiva Celestina, aunque la intriga de amor en que interviene tenga distinto proceso. Los rencores personales del poeta, vivos todavía á pesar de los años, se combinaron aquí con la imitación literaria y dieron á la figura una pujanza y un relieve que no habían logrado ni Feliciano de Silva, ni Sancho Muñón, ni el autor de la _Selvagia_, ni otro alguno de los imitadores que examinaremos en el capítulo siguiente.

Lope adopta todos los procedimientos de la _Celestina_, incluso la afluencia de sentencias y proverbios, los largos y á veces impertinentes discursos, la afectación de citas pedantescas, que llega al colmo; pero su Gerarda no es ya el tipo convencional de la alcahueta que mecánicamente repiten los otros. Es Celestina, que vuelve al mundo con su antigua y persuasiva elocuencia y su caudal de tercerías y malas artes: es una genial _resurrección_, bien distinta de aquella otra que toscamente inventó el autor de la historia de _Felides y Polandria_. Los demás personajes de la pieza no están sacados de la tragicomedia antigua: son el mismo Lope, sus amigos, sus rivales, sus dos enamoradas Dorotea y Marfisa (preciosos retratos entrambas); todo un mundo de pasión loca, de mundana alegría y de acerbo, aunque mal aprovechado, desengaño.

No se escribió la _Dorotea_ para ser representada, ni en su integridad podía serlo, aunque no ha faltado algún curioso ensayo para llevarla á las tablas, muy en compendio[266]. Pero es poema intensamente dramático, que en la historia del teatro, más bien que en la de la novela, debe ser considerado. No es la única muestra tampoco del profundo estudio que Lope había hecho de la obra del más grande de sus precursores. Muchas son las comedias de su inmenso repertorio que presentan caracteres, situaciones y diálogos celestinescos. Basta recordar _El Anzuelo de Fenisa_ (aunque el argumento esté tomado de un cuento de Boccaccio), _El Arenal de Sevilla_, _El Rufián Castrucho_, cuadro naturalista de los más entonados y vigorosos; _El Caballero de Olmedo_, que su autor llamó _tragicomedia_, y es, con efecto, deliciosa comedia de costumbres del siglo XV en los dos primeros actos, admirable tragedia, llena de terror y sublime prestigio, en el tercero. Hay en esta pieza, una de las mejores del teatro de Lope, muchas imitaciones felices y deliberadas de la _Celestina_, y lo es, sobre todo, en sus obras y palabras, la hechicera Fabia, gran maestra en tercerías[267].

El arte de Lope y de Tirso[268] se complace todavía en la imitación de la _Celestina_, aunque beba en otras innumerables fuentes que no le hacen perder su sabor realista. Pero conforme avanza el siglo XVII y surge otra generación de dramaturgos, menos populares que cortesanos, los fulgores de aquel astro van apagándose, y la estrella de Calderón, «el más grande de los poetas amanerados», se levanta triunfante sobre el horizonte. Consta, sin embargo, que aquel preclaro ingenio había compuesto una comedia con el título de la _Celestina_, que se ha perdido como algunas otras[269]. ¿Quién sabe si algún vestigio de ella habrá quedado en la ingeniosa y amena pieza de un discípulo suyo, el doctor D. Agustín de Salazar y Torres, terminada y sacada á luz por otro discípulo, biógrafo y editor de Calderón, D. Juan de Vera Tassis, con el rótulo de _El encanto es la hermosura y el hechizo sin hechizo_, pero mucho más conocida por _La segunda Celestina_?[270]. Hay, prescindiendo de esta hipotética relación, otras dos piezas de nuestro antiguo teatro, _El Astrólogo fingido_ del mismo Calderón y _El familiar sin demonio_ de Gaspar de Ávila, cuyo pensamiento, aunque muy diversamente tratado, tiene alguna analogía con el de esta comedia, que es una discreta y sazonada burla de la supersticiosa creencia en brujas y hechiceras:

Y no que tengan te asombres Con los necios opinión; Porque los brujos lo son Porque son tontos los hombres.

El enredo hábil y entretenido de esta comedia honra á su autor, no menos que la sal y agudeza de los diálogos y la limpieza general del estilo, salvo algún resabio culterano, de que nadie podía librarse entonces. Pero lo más curioso es el tipo de la nueva Celestina, que conserva muchos rasgos de la antigua, y es una especie de adaptación morigerada, para los cosquillosos oídos del tiempo de Carlos II:

Hay en Triana una mujer, Que puede ser que ahora viva Donde yo la conocí, Que es hija de Ceslestina Y heredera de sus obras; Esta, no hay dama en Sevilla Que no conozca, porque, Con las más introducida, Está, por su habilidad; Pues vendiendo bujerías, Como abanicos, color, Alfileres, barcos, cintas, Guantes y valonas y otras Semejantes baratijas, Se introduce, y con aquesto Por el ojo de una tía Meterá un papel, y hará Con tan rara y peregrina Maña un embuste, que muchos, Siendo así que eso es mentira, La tienen por hechicera. .......................................................... Celestina, entre las raras Mañas con que se introduce, Es la que más se le luce Ser remendona de caras... Pule cejas y pestañas, Y ella introdujo el estilo De pegar la tez con hilo Y dél hacer sus marañas. Friega un rostro de manera, Con una y otra invención, Que una cara de Alcorcón La vuelve de Talavera... Hace tan raro jabón Con el sebo y con la hiel, Que hará mano de papel Una mano de tejón. Es del amor mandadera, Mas su mayor interés Sólo se funda en que es Tan grandísima hechicera Que á un hombre, desde Carmona Le puso en el Preste Juan, Y otro trajo de Tetuán Como pudiera una mona. Pero entre una y otra tacha Tiene, hablando la verdad, Una buena habilidad, Que es grandísima borracha; Pues en esta historia breve Que mi ingenio te describe, Si es asombro como vive, Es un pasmo como bebe. Y en fin, aquesta embustera Tiene en amor tal poder, Que si quiere, ha de querer Uno, que quiera ó no quiera...

Esta comedia conservó su popularidad hasta tiempos relativamente modernos, y todavía en los últimos años de Fernando VII se representaba con aplauso, según testifica algún viajero[271]. De ella procede aquel dicho tantas veces citado, y atribuído caprichosamente á otros autores:

Es esto de las estrellas El más seguro mentir, Pues ninguno puede ir A preguntárselo á ellas.

Total fué el eclipse de la _Celestina_ durante el siglo XVIII. Ni siquiera en los sainetes, que son la única forma viva del teatro de entonces, es apreciable su influjo. El que la había estudiado profundamente, como espejo de la vida humana y como dechado de lengua, era aquel reflexivo y terenciano ingenio, maestro intachable de la técnica severa, que restauró á fines de aquella centuria la olvidada comedia de costumbres, vistiendo (según su dicho) á la Musa de Moliére de «basquiña y mantilla». Ya hemos visto cómo juzgó la obra de Rojas en sus _Orígenes del teatro_. Pero además alude á ella en aquel esbozo de poética dramática que encabeza como prólogo la edición definitiva de sus obras: «La comedia pinta á los hombres como son, imita las costumbres nacionales y existentes, los vicios y errores comunes, los incidentes de la vida doméstica... Imitando, pues, tan de cerca á la naturaleza, no es de admirar que hablen en prosa los personajes cómicos; pero no se crea que esto puede añadir facilidades á la composición. _Difficile est proprie communia dicere._ No es fácil hablar en prosa como hablaron _Melibea_ y _Areusa_, el Lazarillo, el pícaro Guzmán, Monipodio, Dorotea, la Trifaldi, Teresa y Sancho. No es fácil embellecer sin exageración el diálogo familiar, cuando se han de expresar en él ideas y pasiones comunes; ni variarle, acomodándole á las diferentes personas que se introducen; ni evitar que degenere en trivial é insípido, por acercarle demasiado á la verdad que imita»[272]. La prosa dramática de Moratín, cuyo primor es incontestable, aun para los que no hacen la debida justicia á su ingenio cómico, se formó con el estudio de los castizos modelos que indica, á los cuales hubiera podido añadir los personajes de Lope de Rueda, que también le eran familiares.

Todo esto debió á la _Celestina_ el teatro español, aun en sus postreras evoluciones[273]. Y no es menor la deuda que con el numen de Fernando de Rojas contrajo nuestra novela. Aparte de las imitaciones directas, en cuyo estudio vamos á entrar y que por su número y su valor son una de las más curiosas y ricas manifestaciones de la literatura del siglo XVI, no hay obra alguna fundada en el estudio del natural que no tenga en Rojas su ascendencia, aunque sea remota é invisible. Pero no conviene exagerar esta tesis, porque nunca es uno solo, son muchos los hilos de que se teje la historia literaria, muchas las acciones y reacciones que toda obra de arte implica, muy profunda, á veces la diferencia entre cosas que á primera vista parecen análogas. Sólo en el sentido vago y general que hemos indicado puede admitirse el parentesco entre la _Celestina_ y las novelas picarescas. Puede haber, y hay, analogía entre ciertos tipos cómicos; la hay más segura en la crudeza franca y brutal del procedimiento, en la objetividad impasible, en la falta de misericordia con que está presentado el espectáculo de la vida, en aquella especie de pesimismo desengañado y sereno que se cierne sobre la miseria social y en cierto modo la idealiza. Pero aquí paran las semejanzas, porque el mundo de la novela picaresca, aunque confina con el del drama lupanario, no se confunde jamás con él. La novela picaresca nunca fué novela de amor, ni siquiera de lujuria; al contrario, uno de sus caracteres es la poca importancia que concede á las relaciones sexuales. Es un género esencialmente _misogino_, en que la expresión es á veces cínica, pero el pensamiento rara vez puede tacharse de licencioso. Hubo en el siglo XVII novelas picarescas de mujeres como _La Pícara Justina_[274], _Teresa de Manzanares_, _La Garduña de Sevilla_, pero más bien que rameras y alcahuetas son estafadoras y ladronas; lo que importa al autor y lo que con fruición describe son sus hurtos, no sus deshonestidades, que sólo sirven de anzuelo ó cebo para pescar incautos. La novela picaresca, no ya en estos productos degenerados de arte compuesto, sino en sus primeras y enérgicas personificaciones, en Lazarillo, en Guzmán de Alfarache, en el Buscón D. Pablos, es la epopeya cómica de la astucia y del hambre, la expresión de un feroz individualismo que no carece de cierta grandeza humorística. Para tales héroes, estoicos de nuevo cuño, los deleites carnales no pasan de un apetito grosero, tan pronto satisfecho como olvidado; en su vida holgazana y errante, cuajada de aventuras que siempre tienen una base _económica_, la áspera y viril pobreza los hace relativamente castos, no por virtud, sino por falta de sensualidad. Los livianos y fugitivos lances de amor nada pesan en su destino ni en su carácter. Si la mancebía se columbra, es bajo su aspecto más odioso y nada festivo.

Pero dejando aparte este género, del cual trataremos ampliamente en su día, basta para la gloria del autor de la _Celestina_ haber inspirado más de una vez á Cervantes. No me refiero á _La Tía Fingida_, pues cada vez me persuado más de que esta excelente novela no salió de su pluma, á pesar de los eruditos alegatos que hemos leído en estos últimos años. Doña Clara de Astudillo y Quiñones es una copia fiel de la _madre_ Celestina, pero tan fiel que resulta servil, y no es este el menor de los indicios contra la supuesta paternidad de la obra. Cervantes no imitaba de esa manera que se confunde con el calco. Un autor de talento, pero de segundo orden, bastaba para hacerlo. Quizá el tiempo nos revele su nombre, acaso oscuro y modesto, cuando no desconocido del todo; que estas sorpresas suele proporcionar la historia literaria, y no hay para qué vincular en unos pocos nombres famosos los frutos de una generación literaria tan fecunda como la de principios del siglo XVII.

Pero hay en las novelas auténticas de Cervantes, y más todavía en sus entremeses, tantos vestigios del libro que él llamaba _divino_, que sin recelo de contradicción podemos afirmar que de todas las obras compuestas en nuestra lengua, ninguna influyó tanto en el arte y estilo de Miguel Cervantes como ésta. _Rinconete y Cortadillo_, _El Celoso Extremeño_, _El Casamiento Engañoso_ y el _Coloquio de los Perros_ acreditan por varios modos esta influencia, que no es necesario puntualizar, puesto que está á la vista de cualquier persona medianamente versada en nuestras letras. Todavía percibo más sabor celestinesco en algunos entremeses, tales como _El Viejo Celoso_, _La Cueva de Salamanca_, _El Rufián Viudo_, _La Guarda Cuidosa_ y _El Vizcaíno Fingido_, obrillas de picante y sabroso donaire, que por la alegre desenvoltura con que se escribieron recuerdan la manera libre y desenfadada de principios del siglo XVI más bien que el estilo habitual de Cervantes.

Contra lo quo pudiera esperarse, no abundan en D. Francisco de Quevedo las referencias á la _Celestina_. Sólo recuerdo ésta en el prólogo que puso á la _Eufrosina_ castellana, traducida por su amigo D. Fernando de Ballesteros y Saavedra, que va reimpresa en este tomo: «Pocas comedias hay en prosa de nuestra lengua, si bien lo fueron todas las de Lope de Rueda; mas para leídas tenemos la _Selvagia_, y con superior estimación la _Celestina_, que tanto aplauso ha tenido en todas las naciones». La manera profundamente original, pero artificiosa y violenta, del gran satírico, contrasta con el apacible y llano decir de la antigua tragicomedia; pero hay una obra de su juventud, escrita en diverso estilo, donde se encuentran palpables reminiscencias de fondo y forma. Casi todo lo que el Buscón D. Pablos nos cuenta de su madre en el capítulo primero de su historia, y lo que se contiene en la estupenda carta de su tío el verdugo de Segovia, Alonso Ramplón, trae á las mientes algunas páginas de la _Comedia de Calisto_:

«Hijo (dice Celestina á Pármeno)... prendieron quatro veces a tu madre, que Dios aya... e avn la vna le levantaron que era bruxa, porque la hallaron de noche con vnas candelillas cojiendo tierra de una encruzijada, e la tovieron medio dia en vna escalera en la plaça puesta, vno como rocadero pintado en la cabeça; pero no fue nada: algo han de suffrir los hombres en este triste mundo para sustentar sus vidas e honrras... _En todo tenia gracia: que en Dios y en mi consciencia, avn en aquella escalera estava e parescia que a todos los debaxo no tenia en vna blanca, segun su meneo e presencia_... Todo lo tuvo en nada; que mil vezes le oya dezir: si me quebré el pie, fue por mi bien, porque soy más conocida que antes» (Aucto VII). Quevedo retoca el cuadro con feroz humorismo, pero no hace olvidar la intensa socarronería del bachiller toledano.

Entre los autores del siglo XVII ninguno admiraba tanto la _Celestina_, y nadie, salvo Lope de Vega, llegó á imitarla con tanta perfección como Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo. Pero este peregrino ingenio y agudo moralista, cuyo nombre renace en nuestros días más por codicia bibliománica que por afición sincera, merece atento y particular estudio, que pensamos dedicarle cuando el orden cronológico le traiga á esta galería de novelistas. Ahora sólo le citamos para recordar el notable elogio que en la dedicatoria de _El Sagaz Estacio_ (1620) hizo de la _Celestina_, mostrando por cierto singular ignorancia respecto de sus continuaciones: «En Castilla no tenemos mas que una (comedia en prosa), que es la _Celestina_, bien que esta, aunque vnica, es de tanto valor, que entre todos los hombres, doctos y graues, aunque sean los de mas recatada virtud, se ha hecho lugar, adquiriendo cada dia venerable estimacion, porque entre aquellas burlas, al parecer livianas, enseña vna doctrina moral y católica, amenazando con el mal fin de los interlocutores a los que les imitaren en los vicios»[275].

De las imitaciones directas de la _Celestina_ trataremos ampliamente en el capítulo que sigue.

NOTAS:

[1] Véase el estudio crítico que precede á la edición de Vigo, 1899, tipografía de Eugenio Krapf. De aquel trabajo sólo conservo en el presente algunas frases, que por razones particulares no he querido modificar. Todo lo restante ha sido escrito de nuevo, conforme á los descubrimientos é investigaciones de estos últimos años y al minucioso estudio que he hecho de la _Tragicomedia_ y de la copiosa literatura que con ella se relaciona.

[2] Ninguna de las ediciones españolas que hoy se conocen anteriores á la de Alcalá de Henares, 1569, lleva este título, pero sí todas las reimpresiones de la traducción italiana de Alfonso Ordóñez desde la de Venecia, 1519, en adelante. Y así debía designársela en el uso común, puesto que Luis Vives la cita dos veces con tal nombre en 1529 y en 1531, y también Fr. Antonio de Guevara en los preliminares de su _Aviso de privados y doctrina de cortesanos_ (Valladolid, 1539).

[3] La primera edición del Cancionero de Juan del Enzina, en que están sus más antiguos ensayos dramáticos, es de 1496, anterior tres años no más á la _Comedia de Melibea_.

[4] Hay un pasaje del prólogo que parece indicar lo contrario: _quando diez personas se juntaren a oyr esta Comedia_. Pero, á mi ver, no se trata aquí de verdadera representación, sino de lectura entre amigos, y en tal interpretación me confirma una de las octavas de Alonso de Proaza.

«Dize el modo que se ha de tener _leyendo_ esta tragicomedia:

Si amas y quieres a mucha atencion, _Leyendo á Calisto, mouer los oyentes_, Cumple que sepas hablar entre dientes, A vezes con gozo, esperança y passion; A vezes ayrado con gran turbacion. Finge _leyendo_ mil artes y modos, Pregunta y responde _por boca de todos_, Llorando y riyendo en tiempo y sazon.»

Son verdaderas reglas de declamación, pero no para un actor, sino para un lector que habla por boca de todos los personajes de la pieza. No recuerdo que nadie después de Wolf (_Studien_, pág. 280) y antes de Creizenach (_Geschichte des neueren Dramas_, I, 34) se haya fijado en este curioso pasaje. Es probable que las comedias elegíacas de la Edad Media se recitasen así, y antes de ellas lo había sido el _Querolus_, según todas las trazas.

El carácter de _drama ideal_ que la _Celestina_ tiene fué perfectamente comprendido en el siglo XVII por su traductor latino Gaspar Barth, y aun por eso aplaudía que su autor la hubiese escrito en prosa contra el uso de los antiguos y el de su propio tiempo. «Hic vero Ludus nulli Theatro affixus erit, nec diludiis factus unius ant alterius Reipublicae, Civitatisve: sed generatim totum Orbem Christianum ad lectionem vocat et velut spectaculum.»

[5] Fernando Wolf la consideraba como un poema épico-dramático, lo cual es decir en sustancia lo mismo: «Seine Form ist in der That eine episch-dramatische. In ihr zeigt sich das Drama zwar noch in den weiten, faltenreichen epischen Gewanden, aber schon in Begriffe dieser hemmenden Hüllen sich zu entledigen, um in freierer Bewegung rascheren Schrittes die Bühne zu besteigen. In der Wahl, Anlage und Gliederung der Fabel, in der composition der _Celestina_ im Ganzen waltet allerdings noch das Epische vor; es ist darin noch das breite Sichgehenlassen, die Redseligkeit des Erzählers, das Zerfahren der Handlung und Hemmung ihres rascheren, dramatischeren Verlaufs durch Episoden, das Vorwalten der Situation, die minutiöse Ausmalung, kurz die Epische Breite und Behaglichkeit. Dennoch hat diese _Tragicomedia_ schon dramatischen Grundton, dramatisches Leben und-abgesehen von der mehr äusserlichen Form des durchgehenden Dialogs und der Eintheilung in (21) Acte, nicht nur Acte, sondern auch Action, dramatische Handlung und vor allen in der und durch die Handlung drastisch dargestellte Charaktere; ja gerade durch die meisterhafte Zeichnung, consequente Entwickelung und den kuntsvollen Conflict der Charaktere, durch die darin bedingte tragische Katastrophe zeichnet sie sich so sehr aus, dass sie Prototyp und classisches Muster des sogenannten _género novelesco_ des spanischen Nationaldramas geworden und hierin von wenigen späteren, wenn auch dramatisch ausgebildeteren Stücken der Art erreicht, von keinem übertroffen worden ist». (_Studien zur geschichte der Spanischen und Porgiesischen Nationalliteratur von Ferdinand Wolf_, Berlin, A. Asher, 1859, pág. 280).

[6] Aribau, en la introducción del tomo de _Novelistas anteriores á Cervantes_, citó una edición de Medina del Campo de 1499, que nadie ha visto. Acaso se atribuyó á Medina la edición incunable, que no consigna realmente el punto de impresión. Pero no consta que Fadrique Alemán imprimiese más que en Burgos. En Medina no se encuentra impresor alguno antes de 1511, en que Nicolás de Piemonte estampó el _Valerio de las historias_. Vid. _La Imprenta en Medina del Campo_, por D. Cristóbal Pérez Pastor (Madrid, 1895), p. IX.

[7] Tampoco ha convencido al erudito italiano Mario Schiff (_Studi di filologia romanza pubblicati da E. Monaci e C. de Lollis_, Turin, 1892, fasc. 24, pág. 172).

La edición de Sevilla, 1501, anuncia que los argumentos están _nueuamente añadidos_, lo cual si se entiende como suena es una falsedad, puesto que la edición de 1499 tiene los mismos _argumentos_. Lo que quiere decir, á mi juicio, es que los argumentos habían sido añadidos al primitivo texto poco antes, nuevamente (_nuperrime_).

[8] No carece de curiosidad la historia de los precios que en ventas públicas ha obtenido. Apareció por primera vez en Londres en la subasta de la biblioteca de Ricardo Heber (1836), y fué tal la insensatez ó ligereza de los bibliófilos (desencantados quizá por la circunstancia del pliego falso) que fué vendido en la irrisoria cantidad de _dos libras y dos chelines_. El afortunado comprador fué Mr. de Soleinne, y en la venta de su riquísima colección dramática (1844) alcanzó ya esta _Celestina_ el precio de 409 francos, que pagó el Barón Taylor. Procedente de la biblioteca del Barón Seillière, fué subastada nuevamente en París (1890), llegando al precio de 2.700 francos. No sabemos si en aquella ocasión la adquirió el librero Quaritch, de Londres, que en su catálogo de 1895 la anunció en _145 libras esterlinas_. El bibliófilo inglés Mr. Alfredo W. Pollard es el actual poseedor de esta joya, que afortunadamente podemos disfrutar todos en la lindísima reimpresión que de ella ha hecho el Sr. Foulché-Delbosc, á quien se deben los mayores progresos que el estudio de la _Celestina_ ha logrado en estos últimos años. _Comedia de Calisto ᘔ Melibea_ (Burgos, 1499). _Reimpresión publicada por R. Foulché-Delbosc, 1902_ (_Macon, Protat hermanos, impresores_). En la _Revue Hispanique_, tomo IX, págs. 185-190, está minuciosamente descrito por el Sr. Foulché el incunable de Burgos.

[9] Brunet, en la quinta edición de su _Manuel du Libraire_ (1860), dice que la filigrana del papel en la última hoja deja leer la fecha de 1795. Pero en su estado actual no tiene tal fecha ni señal alguna, según asegura el Sr. Foulché-Delbosc, que le ha examinado más despacio que nadie.

[10] _Bemerkungen zur Celestina_ (_Revue Hispanique_, 1902, págs. 139-170).

[11] Siendo Alfonso de Proaza personaje de bastante importancia á principios del siglo XVI, especialmente como propagandista de la filosofía luliana, y habiendo sonado tanto su nombre en las controversias sobre la _Celestina_, parece natural que le dediquemos algunas líneas, en que procuraremos recoger, siguiendo el orden cronológico, las noticias que de él andan esparcidas en varios libros.

Su apellido indica que era natural ú oriundo de Asturias, aunque D. Nicolás Antonio le llama, y él propio se llamaba, _Asturicensis_, lo cual, en rigor, quiere decir natural de Astorga. Pero debe de ser una falta de latinidad, como observó bien el autor de la _Biblioteca Asturiana_, publicada por Gallardo (_Ensayo_, I, art. 457). Este manuscrito, fechado en 1782 y remitido al conde de Campomanes, no es más que el primer bosquejo de las _Memorias históricas del Principado de Asturias y Obispado de Oviedo_, que empezó á publicar en Tarragona, 1794, el canónigo D. Carlos González de Posada, no pasando desgraciadamente del primer tomo. Es fácil cerciorarse del común origen de ambos libros, sin más que cotejarlos. En su primer artículo, González Posada apenas había hecho más que traducir las breves líneas que Nicolás Antonio dedica á Proaza en la _Bibliotheca Nova_; pero en el segundo habló con mejores datos, que le proporcionó el erudito valenciano D. Francisco Borrull(A).

(Nota A: _Memorias Históricas del Principado de Asturias y Obispado de Oviedo. Juntábalas el Dr. D. Carlos González de Posada, canónigo de Tarragona, de la Real Academia de la Historia_... Tarragona, por Pedro Canals, 1794, pp. 120-124).

El nombre de Alfonso de Proaza suena por primera vez en sus coplas encomiásticas de la _Celestina_, ora se pusiesen en la hipotética edición de Salamanca, 1500, ora en la de Sevilla, 1501.

«Consta de los libros de Ayuntamiento de la ciudad de Valencia, llamados _Manuales_, que en 21 de octubre de 1504 fué nombrado por dicha ciudad catedrático de Retórica Alfonso de Proaza; que en 7 de mayo de 1505 se le reeligió para el año siguiente; que en 8 de septiembre del mismo año la ciudad loó y aprobó la obra que hizo en alabanza de la misma el reverendo Alfonso de Proaza, bachiller en Artes y familiar del obispo de Tarazona, D. Guillén Ramón de Moncada, y mandó que ninguno pudiera imprimir dicha obra sino la persona que quisiese el mismo Proaza...; que en 8 de enero de 1506 proveyó la ciudad que se le diera y colara el primer beneficio que vacare en la misma al reverendo Mosén Alfonso de Proaza, presbytero, etc.; que en 30 de mayo del mismo año fué reelegido catedrático de Retórica». (Nota comunicada por Borrull á González Posada.)

D. Francisco Ortí y Figuerola, en sus _Memorias históricas de la fundacion y progressos de la insigne Universidad de Valencia_ (Madrid, 1730), pág. 143 y siguientes, añade que «fué secretario del obispo de Tarazona, D. Gislenio (Guillén) Ramón de Moncada, y uno de los más fuertes defensores de la doctrina de Raymundo Lulio, que entonces se leía públicamente en la Universidad, y había en ella cátedra instituída para su lección con el honorario correspondiente, la cual duraba aun después de la mitad del siglo XVII, como lo escribe el Regente D. Lorenzo Mateu... El Maestro Proaza promovió esta doctrina con el mayor esfuerzo, haciendo varias ediciones de muchas obras de Raymundo Lulio, entre las quales imprimió la disputa que tuvo con Homar Sarraceno, y en su conclusión añadió unas actas del examen de la doctrina del mismo Raymundo. Hizo también el catálogo de sus obras, del qual, y del que formó después el juicioso Wadingo..., se valió D. Nicolás Antonio, añadiendo varias noticias que adquirió... Diferentes de estas ediciones dedicó el Maestro Proaza al Venerable Arzobispo Cardenal... Cisneros, y la última que hallamos dirigida por su cuydado es del año de 1519. Por esta fecha, y porque dice Escolano que leía Retórica en Valencia cerca del año de 1517, supongo que estuvo en esta enseñanza hasta el de 1517, en que entró _Alonso Ordóñez_, tal vez á instancia y proposición suya, y por haber sido substituto suyo en los años antecedentes, pues las ocupaciones de Proaza eran muchas y graves».

Hasta aquí Figuerola, el cual añade en otra parte que Alfonso Ordóñez fué reelegido para la cátedra de Retórica en 20 de mayo de 1518 y en el mismo mes de los años 1520 y 1521. Siendo tan vulgares el nombre y el patronímico, no hay que reparar mucho en su coincidencia con los del primer traductor italiano de la _Celestina_, pues nada tiene de verisímil (aunque no sea imposible) que quien en 1506 era familiar del papa Julio II fuera diez años después á desempeñar una cátedra de Retórica en el Estudio de Valencia.

Como meros apuntamientos cronológicos, citaré aquí las publicaciones que conozco de Alfonso de Proaza:

1505. _Oratio luculenta de laudibus Valentiae_... (Colofón: _In eadem inclyta urbe Valentia. Per Leonardum Hutz alemanum... anno messie incarnati MCCCCCV quarto idus novembris_). (Vid. Serrano Morales, _Diccionario de impresores valencianos_, p. 224). Entre las papeletas inéditas todavía de D. Bartolomé Gallardo, con las cuales ha de formarse el quinto tomo del _Ensayo_, hay una descripción muy detallada de este rarísimo opúsculo con algunos extractos. Contiene, además de la _Oratio_, algunas poesías latinas de Proaza (_Alphonsi de proaza ad divos Valentinae vrbis patronos Vincentium martyren invictissimum: et Vincentium Ferrer confessorem, Carmina saphica adonica atque dimetra iambica_); otras, también latinas, de un Gonzalo Ximenez, cordobés, bachiller en ambos derechos, y del balear Miguel Cossi; y finalmente, el _Romance heroico del mesmo Alonso de Proaza en lengua castellana sacado de la ya dicha latina oracion_, que es el mismo que luego se imprimió en el _Cancionero General_. Al fin del volumen se hallan unas estancias de arte mayor, de las cuales sólo transcribiremos la última, por la gran similitud que tiene con otra de las que puso en la _Celestina_:

DESCRIPCIÓN DEL TIEMPO EN QUE SE ACABÓ

En tiempo que el padre del triste Feton Por nuestro horizonte muy raudo pasaba, Y en frígido albergue hospicio le daba El Tésalo arquero, Centauro Quiron, Y retrogradando por otra region Mil y quinientas jornadas hiziera Con cinco despues que Cristo naciera, Fraguose el no bien fraguado sermon.

En el privilegio se llama á Alonso de Proaza «Bagiller en Arts, familiar del molt Reuerent don Guillem Ramon de Moncada, bisbe de Taraçona». Gaspar de Escolano, en su _Historia de Valencia_, tomo I, lib. V, cap. 29.º, col. 1117 y ss. de la primera edición (Valencia, 1610), pone traducidos varios trozos de este panegírico, pero equivocando el apellido y, al parecer, la patria del autor, á quien llama «Alfonso _Peraza_, Cathedratico de Retorica, _de nación Andaluz_». Acaso procederá la equivocación de haber un Luis de Peraza, historiador de Sevilla; pero tampoco tendría nada de extraño que Alonso de Proaza, asturiano de origen, hubiese nacido en Andalucía.

1510. _Disputatio Raymundi Lulli et Homerii Saraceni, primo habita inter eos in urbe Bugiae Sermone Arabico, postea translata in Latinum ab eodem Lullo... Valentiae, per Ioannem Gofredum_ (Juan Jofre). Cuidó de esta edición Alonso de Proaza, y escribió la epístola dedicatoria al noble genovés Bartolomeo Gentili (el Bertomeu Gentil del _Cancionero General_). Contiene además este raro libro otros dos tratados lulianos, el _De Demonstratione per aequiparantiam_ y la _Disputatio quinque hominum sapientum_.

A este mismo año de 1510 corresponde la más antigua de las ediciones hasta ahora conocidas de las _Sergas de Esplandián_, famoso libro de Caballerías, del regidor Montalvo. Esta edición, acabada de imprimir en Sevilla por maestre Jacobo Cromberger á 31 de julio de 1510, está descrita con el núm. 3331 en el _Registrum_ de D. Fernando Colón. Por esta descripción sabemos que el libro tenía al fin, como todas las ediciones posteriores, unas coplas de Alonso de Proaza, que comienzan «Los claros ingenios...». Estas coplas son seis octavas de arte mayor, análogas en todo á las que puso en la _Celestina_:

Aquí se demuestran, la pluma en la mano, Los grandes primores del alto decir, Las lindas maneras del bien escrebir, La cumbre del nuestro vulgar castellano; Al claro orador y cónsul romano Agora mandara su gloria callar, Aquí la gran fama pudiera cesar Del nuestro retórico Quintilïano.

También en este caso se titula Alonso de Proaza «corrector de la impresión»; pero ¿qué edición del _Esplandián_ es la que corrigió verdaderamente? No creo que fuese la sevillana de 1510, sino otra más antigua, porque él en ese tiempo residía en Valencia.

1511. En el _Cancionero General_ de Hernando del Castillo, impreso en Valencia por Cristóbal Hofman, hay seis poesías del bachiller Alonso de Proaza, que tienen los núms. 25, 35, 477, 778, 791 y 793 en la reimpresión de los Bibliófilos Españoles. La más curiosa es el _Romance en loor de la ciudad de Valencia_, que reprodujo Durán en su _Romancero General_, tomo II (núm. 1369). Es un resumen de su oración latina, con la cual fué impreso. El colector Castillo, que dirige á Proaza dos preguntas rimadas, da testimonio de la reputación científica de que gozaba entre sus contemporáneos:

A vos que soys prima de los inuentores Y todo saber en vos resplandesce: A vos a quien grandes, medianos, menores, Vienen pidiendo de vuestros fauores, Y lleuan cumplido lo que les fallesce... .......................................................... Discreto, prudente en metros y prosa, A quien s'endereçan mis simples razones, A vos qu'en el texto desnudo sin glosa, Sin que se pueda sentir otra cosa, Moueys grandes dubdas y altas quistiones.

1512. Publicó en Valencia, imprenta de Jorge Castilla, el _Liber correlativorum innatorum_ de Raimundo Lulio (Vid. N. Antonio, _Bibliotheca Vetus_, tomo II, lib. IX, cap. III, párrafo 89).

1513. Se hace mención de Alonso de Proaza en una carta interesantísima del Cardenal Cisneros á los Jurados de la Ciudad y Reino de Mallorca: «El _Secretario_ Alonso de Proaza me embió su carta, y el traslado de los títulos y privilegios de aquella doctrina del Maestro Ramon Lull, Doctor Iluminadissimo, y he avido mui grande plazer de verlos, y de todo lo que sobre esto me escriven; porque de verdad yo tengo mucha aficion á todas sus obras, porque son de mucha dotrina y provecho; y assi crean, que en todo quanto yo pudiere las tengo de favorecer y trabajar cómo se publique y se lea por todos los Estudios... Y porque _al bachiller Proaza escrivo más largo sobre todo_, no digo aqui más de remitirme a lo que él de mi parte les escriviera: yo les ruego que le den entera fé. De Alcalá, á 8 de octubre de 1513».

Esta epístola, sacada del libro de _Cartas Missivas_ del Archivo municipal de Mallorca y registrada en el proceso de beatificación de 1612, fué publicada por el P. Custurer en sus _Disertaciones históricas del Beato Raymundo Lulio_ (Mallorca, 1700, pág. 364). Además de lo que importa para la historia del lulismo, nos presenta á Alonso de Proaza como hombre de confianza del gran Cardenal, que sostenía con él correspondencia directa.

1514. En la segunda edición del _Cancionero General_, hecha en Valencia por Jorge Costilla, se añade una poesía de Alonso de Proaza en loor de la bienaventurada Sta. Catalina (núm. 25 en el apéndice de la edición de los Bibliófilos).

1515. _Ars inventiva veritatis. Tabula generalis. Commentum in easdem ipsius Raymundi... Prima impressio per Didacum de Gumiel in inclyta civitate Valentia die XII mēsis Februarii. Anno vero christianae salutis decimo quinto supra millesimum._

Estos tres libros lulianos, de los cuales el tercero se conoce también con el título de _Ars expositiva, seu lectura super artem inventivam et tabulam generalem_, fueron publicados por Alonso de Proaza en un solo volumen, en folio, á dos columnas, de 219 hojas numeradas y 7 de preliminares. Está dedicado al Cardenal Cisneros, bajo cuyos auspicios se hizo la edición. Alonso de Proaza tradujo al latín la _Lectura_, y añadió un catálogo metódico y por materias de las obras de Lulio. (Cf. Littré, tomo 29 de la _Histoire Littéraire de la France_, pp. 182-183, 196-197.)

1519. A este año pertenecen, según D. Nicolás Antonio, otras dos ediciones lulianas, impresas en Valencia por Jorge Costilla, el _Liber de ascensu et descensu intellectus_ y la _Logica Nova_. Pero el P. Custurer (_Disertaciones_, p. 603), á quien como especialista en la materia hemos de suponer más enterado, las atribuye al año 1512, y cita un ejemplar existente en la Biblioteca de Montesión (hoy Provincial de Mallorca). Pudiera tratarse de ediciones distintas, pero no parece creíble, porque en 1518 Jorge Costilla había trasladado sus prensas á Murcia, y no volvió á establecerse en Valencia hasta el año de 1520.

Alfonso de Proaza fué también autor dramático.

En el _Registrum_ de D. Fernando Colón figura con el número 12.987 _Alfonsi de Proaza, Farsa, en coplas S._ (¿Sevilla?). Empezaba:

O qué valles tan lucidos. O qué chapados pradales...

De esta pieza, como de tantas otras, no queda más memoria que el apuntamiento de Colón (véase la magnífica edición en facsímile del _Registrum_ publicada por el benemérito hispanista Mr. Archer M. Huntington). Los dos primeros versos de la _farsa_ de Proaza corresponden exactamente á los de otra farsa de Alonso de Salaya, que afortunadamente existe, y de la cual tenemos copia. ¿Serían ambas obrillas una misma, atribuida á dos autores?

Estos datos, con ser tan exiguos, aclaran un poco la fisonomía del personaje. En su juventud, como otros humanistas trashumantes, tuvo que ganarse la vida corrigiendo pruebas de imprenta. Más adelante, su cátedra de Retórica, el oficio de secretario del obispo de Tarazona, su ferviente lulismo, que no pudo menos de hacerle grato á los mallorquines, y sobre todo la protección de Cisneros, mejoraron sin duda su condición, pero no le harían perder sus antiguas aficiones. Sin nota de temeridad puede sospecharse que no fué ajeno á la edición valenciana de la _Celestina_, salida en las prensas de Juan Jofre (utilizadas por él mismo para alguna de sus tareas), y que no sólo consintió, sino que probablemente sugirió la idea de reproducir el colofón de Salamanca, donde se «descriue el tiempo y lugar en que la obra _primeramente se imprimió acabada_». Todo esto me parece natural y sin visos de superchería.

[12] _Comedia de Calisto y Melibea_ (_Unico texto auténtico de la «Celestina»_). Macon, Protat hermanos, impresores, 1900. Forma parte de la _Bibliotheca Hispanica_.

[13] Después de los versos acrósticos hay un segundo título, que no sabemos si es anterior ó posterior al primero: «Siguese la comedia de Calisto y Melibea, compuesta en reprehension de los locos enamorados, que vencidos de su desordenado apetito a sus amigos llaman z dizen ser su dios. Assi mesmo fecha en auiso de los engaños de las alcahuetas ᘔ malos ᘔ lisonjeros siruientes».

[14] Entiéndase _oí_.

[15] El origen de este prólogo se dirá cuando tratemos de las fuentes de la _Celestina_.

[16] En vez de _conquistas_ es probable que el autor escribiese «_conquestas_» (disputas).

[17] _Revue Hispanique_, 1900, pág. 42.

[18] _Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos_, tercera época, tomo VI. Enero á junio de 1902, páginas 245-299. _Noticias biográficas de Fernando de Rojas, autor de la Celestina, y del impresor Juan de Lucena._ Con un facsímile de la declaración de Alvaro de Montalbán, y un calco de la firma autógrafa de Catalina de Rojas.

[19] Hombre de temple debió de ser el bachiller Rojas, y que no se recataba de manifestar sus convicciones. En la misma _Tragicomedia_ (aucto VII) alude con intensa ironía á los procedimientos inquisitoriales y manifiesta su predilección por la justicia ordinaria. Después de contar Celestina cómo salió á la vergüenza castigada por bruja su amiga Claudina, la madre de Pármeno, la interrumpe éste: «Verdad es lo que dizes, pero _esso no fue por justicia_», y Celestina le replica. «Calla, bouo; _poco sabes de achaque de iglesia, e quánto es mejor por mano de justicia que de otra manera_; sabialo mejor el cura, que Dios aya, que viniendola a consolar, dixo que la sancta Escriptura tenia que bienaventurados eran los que padescian persecucion por la justicia, e que aquéllos poseerian el reyno de los cielos. Mira si es mucho passar algo en este mundo por gozar de la gloria del otro; e mas que, segun todos dezian, _a tuerto e sin razon, e con falsos testigos e recios tormentos, la hizieron aquella vez confesar lo que no era_... Asi que, todo esto passó tu buena madre acá, deuemos creer que le daria Dios buen pago allá, si es verdad lo que nuestro cura nos dixo».

Esta genial y desenfadada libertad no es incompatible con la más exquisita prudencia, y á Rojas, que como escritor es tan vigoroso y tan sereno á un tiempo, no podían faltarle en la vida las mismas condiciones que tuvo en el arte. Gracias á ellas pudo esquivar, aunque no _sin sospecha_, la persecución de los de su raza.

[20] Acaso no está puesta sin misterio la edad de Calisto en el _aucto IV_: «Podra ser, señora, de _veynte e tres años_, que aquí está Celestina que le vido nacer y le tomó á los pies de su madre».

[21] Véase lo que más adelante decimos de la _Comedia Philodoxos_.

[22] Vid. A. Morel-Fatio (_Romanía_, 1897, págs. 324 á 326), con ocasión de dar cuenta de un artículo de C. A. Eggert (_Zur Frage der Urheberschaft der Celestina_ en el _Zeitschrift für romanische Philologie_).

[23] Son raras en la _Celestina_ las alusiones á costumbres jurídicas, pero he notado dos ó tres bastante curiosas.

«Es necesario (dice la misma Celestina) que el buen procurador ponga de su casa algun trabaxo, algunas fingidas razones, algunos sofísticos actos; yr e venir a juyzio, avnque resciba malas palabras del juez, siquiera por los presentes que lo vieren, no digan que se gana holgando el salario.» (_Aucto III._)

El monólogo de Calisto en el _aucto XIV_ contra el juez que mandó tan ejecutivamente descabezar á sus criados, testifica en su primera parte el desprecio de la justicia que hacían en los días anárquicos de Enrique IV los hombres poderosos y turbulentos, convirtiéndola en función doméstica de viles paniaguados suyos; en la segunda, el autor, como hombre de ley, restablece la verdadera noción de las cosas y da la razón al juez, por boca del mismo irritado mancebo: «O cruel juez, e qué mal pago me has dado _del pan que de mi padre comiste! Yo pensaua que pudiera con tu fauor matar mill hombres sin temor de castigo_, iniquo falsario, perseguidor de verdad, _hombre de baxo suelo_. Bien diran de ti, que te hizo alcalde mengua de hombres buenos. _Miraras que tú e los que matastes, en servir a mis passados e a mí, erades compañeros_; mas quando el vil está rico no tiene pariente ni amigo. ¿Quién pensara que tú me auias de destruyr?... Tú eres público delincuente e mataste a los que son priuados...

«Pero qué digo? Con quién hablo? Estoy en mi seso? Qué es esto, Calisto?... Con quién lo has? Torna en ti; mira que nunca los absentes se hallaron justos; oye entrambas partes para sentenciar. _No vees que por executar la justicia no auia de mirar amistad, ni deudo, ni criança? No miras que la ley tiene de ser ygual a todos?_ Mira que Rómulo, el primer cimentador de Roma, mató a su propio hermano porque la ordenada ley traspassó. Mira á Torcato, romano, cómo mató á su hijo porque excedió la tribunicia constitucion; otros muchos hizieron lo mismo».

Quizá este monólogo es inoportuno en la situación en que Calisto se encuentra, pero no lo es para el conocimiento de las ideas de su autor, y aun las mismas citas clásicas delatan al alumno ó profesor de jurisprudencia romana. Este trozo es de los añadidos en 1502.

[24] Esto es, pan ázimo, sin levadura.

[25] Fiesta de los tabernáculos.

[26] _Historia de Talavera, antigua Elbora de los Carpetanos, póstuma: escribióla en borrador el Lic. Cosme Gomez de Tejada de los Reyes. Sacóla en limpio Fr. Alonso de Ajofrin, profeso del Monasterio de Sta. Catalina, orden de S. Gerónimo_ (Ms. 2039 de la Biblioteca Nacional).

[27] _Salamanca_ en vez de _Talavera_, lo cual ha extraviado á los investigadores por no encontrarse en Salamanca ningún alcalde mayor que llevase el nombre de Fernando de Rojas. Vid. Cañete, en su prólogo á las _Farsas_ y _Églogas de Lucas Fernández_ (Madrid, 1867), pp. VIII y IX. El error de copia procede de Gallardo, según he comprobado en sus papeletas autógrafas.

[28] Alusión evidente á los prosélitos del culteranismo, á quienes satirizó el mismo Tejada en su _León Prodigioso_ (1636).

[29] Indivisible.

[30] Noticia comunicada al Sr. Serrano por D. Luis Jiménez de la Llave, correspondiente de la Academia de la Historia en Talavera, y fundada probablemente en documentos del Archivo Municipal.

[31] _Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos_, 3.ª época, tomo VI, pp. 295-299.

[32] _Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia, en la recepción pública del Excelentísimo Sr. D. Fermín Caballero._ Madrid, Imp. del Colegio de Sordo-Mudos, 1866, pág. 30.

[33] Ha tenido la bondad de enviarme la transcripción de este pasaje el R. P. Fr. Guillermo Antolín, O. S. A., dignísimo bibliotecario del Escorial, donde existe el códice original de las _Relaciones_, del cual tenemos copia en la Academia de la Historia.

[34] Algunos le han confundido con un _Fernando de Rojas, vecino de Toledo_, que se encuentra entre los exceptuados de la amnistía ó lista de perdón que dió Carlos V en 28 de octubre de 1522. Puede verse dicho documento en los apéndices de la traducción que D. José Quevedo, bibliotecario del Escorial, publicó en 1840 de los diálogos _De Motu Hispaniae_ de Juan Maldonado, pág. 346. El nombre de _Fernando de Rojas_ está á continuación del de otro Rojas (Francisco), vecino de Toledo. Nuestro Rojas era ya vecino de Talavera en 1517, y continuaba siéndolo en 1525. Aunque no es materialmente imposible colocar entre ambas fechas el episodio revolucionario, todo induce á creer que se trata de distinta persona.

Nada podemos decir de un _Fernando de Rojas_, autor de una insignificante poesía contenida en un códice de la Biblioteca del Real Palacio (publicada en la _Revue Hispanique_, IX, p. 172).

[35] Aún en el siglo XVI reinaba tal incertidumbre sobre esto, que el primer acto de la _Celestina_ y aun toda ella fueron atribuídos caprichosamente á diversas personas. El portugués Juan de Barros dice en su _Espelho de Casados_ (1540, p. 12): «Ho que fez a _Celestina, qualquer que foy, ora fosse nosso mestre Loarte, ora outro_, nam foy outro seu fim senam dezer mal das molheres». (Nota comunicada por doña Carolina Michaëlis de Vasconcellos).

Del _encubierto aragonés_ de Gracián hablaré más adelante.

[36] Así lo ha hecho el Sr. D. Cayo Ortega Mayor en su reciente edición, aunque sin dar título á esas subdivisiones (_Biblioteca Clásica_, tomo 216, 1907).

[37] Ya D. Nicolás Antonio había dicho con muy buen sentido, en su _Bibliotheca Nova_ (artículo de Rodrigo de Cota): «Qui enim Ioanni de Mena Cordubensi... hanc (Comoediam) tribuunt, parum animadvertunt Menae stilum, _imo illius saeculi_, quo Mena floruit, ab hoc poematis nostri toto coelo diversum».

[38] _Epistolario Español_, de la _Biblioteca_ de Rivadeneyra, II, p. 33.

[39] Vid. el tomo 6.º de mi _Antología de poetas líricos castellanos_ (pp. 376-382). Una poesía muy curiosa de Rodrigo Cota publicó el Sr. Foulché-Delbosc en el número primero de la _Revue Hispanique_ (marzo de 1894). Son unas coplas contra el contador mayor de los Reyes Católicos, Diego Arias de Ávila, con motivo de haber casado un hijo ó sobrino suyo con una parienta del gran Cardenal Mendoza, y haber convidado á la boda, que se celebró en Segovia, á todos sus deudos, excepto á Rodrigo Cota, que se vengó con este burlesco epitalamio, _leyendo el cual la Reyna Isabel dijo que bien parescia ladrón de casa_. Esta composición es de 1472 ó poco después, según de su contexto se infiere.

En sus _Anales de Literatura española_ (1904), preciosa miscelánea que deseamos vivamente ver continuada, publicó D. Adolfo Bonilla en facsímile una nota autógrafa de un doctor Cota, puesta en la última hoja de una de las obras jurídicas de Bartolo (ejemplar de la Biblioteca Nacional), donde el susodicho Dr. Cota declara haber comprado aquel libro en Toledo á 15 días de abril de 1485. No parece que este Dr. Cota sea el autor del _Diálogo entre el Amor y un Viejo_. Se trata, según toda probabilidad, de un Dr. Alonso Cota, que tuvo, por cierto, al año siguiente, muy desventurado fin. «Miércoles 26 dias de Agosto del dicho año de 86 (1486) quemaron (los primeros inquisidores de Toledo) 25 personas, 20 hombres y 5 mujeres: entre las quales _quemaron al Dr. Alonso Cota, vecino de Toledo_, e a un Regidor de esta cibdad, e a un Fiscal, e a un Comendador de la Orden de Santiago e a otras personas que fueron en honra». (Biblioteca Nacional, ms. Aa--105, fol. 88. _Varias cosas curiosas manuscritas, por el Lic. Sebastián de Horozco_). En la _lista de los inhábiles de Toledo y cantidades que cada uno pagó por su rehabilitación_ (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, leg. 120, núm. 92), figuran Inés Cota y Sancho Cota, hijos del _Dr. Cota_ y de Margarita de Arroyal.

En el mismo número de la _Revue Hispanique_ (pp. 85-87) imprimió el Sr. Foulché-Delbosc dos cartas inéditas de la Reina Católica, tomadas de la colección del P. Burriel (Dd--59 de la Biblioteca Nacional). Estas cartas, fechadas en 1472, dan alguna luz sobre la familia de los Cotas, pero no es seguro que el Rodrigo Cota, hijo del jurado de Toledo Sancho Cota, y hermano del Bachiller Alfonso de la Cuadra, alcalde de Ávila, sea la misma persona que el poeta.

Véase también el _Cancionero de Antón de Montoro_, reunido, ordenado y anotado por D. Emilio Cotarelo y Mori (Madrid, 1900), pp. 344-347.

[40] Vid. _Revista de Archivos_, 3.ª época, tomo VI, pág. 248.

[41] Manuscrita en la Biblioteca Nacional (Ff. 23 y 24).

[42] La frase de Palmyreno es ambigua, é indica que dudaba entre la atribución del primer acto á Juan de Mena ó de toda la tragicomedia á Rojas. «Finge que oyes este thema: En todas partes es conoscida esta mala vieja. El que essa proposición oye, bien entiende lo que le dizes; pero no se le mueuen los affectos a aborescerla o á apartarse della. Mira la _Hipotyposis del excelente Joan de Mena o del Bachiller Rojas de Montaluan_... (_Phrases Ciceronis, Hypotyposes clariss. virorum, Oratio Palmyreni post reditum, eiusdem fabella Ænaria. Valentiae, ex officina Pet. a Huete, 1574_), pág. 24 vta.».

[43] Sigo la edición de Eduardo Boehmer, que es la más correcta (_Romanische Studien... Sechster Band. Bonn, Eduard Weber's Verlag_..., 1895, pág. 415).

[44] Aludo á D. Adolfo Bonilla y San Martín, á quien pudiera llamar, con menos autoridad que el Maestro López de Hoyos, pero con la misma efusión, «mi caro y amado discípulo». Véase el estudio que con el modesto título de _Algunas consideraciones acerca de la Celestina_ campea al frente de sus _Anales de la Literatura Española_, Madrid, Imp. de Tello, 1904, pp. 7-24.

[45] _Recuerdos del tiempo viejo_, Barcelona, 1880, tomo I, pág. 90 y ss.

[46] _Victor Hugo avant 1830_, par Edmond Biré. París, 1883, pp. 389-394.

[47] Hay una sola excepción: el episodio, evidentemente ocioso, de la venganza de Elicia y Areusa encomendada al rufián Centurio. Pero este no formaba parte de la obra primitiva, y fué intercalado á última hora. Más adelante nos haremos cargo de él.

[48] ¿Cómo pudo creer Ticknor que Fernando de Rojas se abstuvo quizá de dar su nombre á toda la _Celestina_ por respetos á su _posición eclesiástica_? ¿Qué tendrá que ver un bachiller en leyes con un eclesiástico? Esta peregrina ocurrencia subsiste aún en las últimas ediciones de su obra: «It is that the different portions attributed to the two authors are so similar in style and finish, as to have led to the conjecture that, after all, the whole might have been the work of Rojas, who, for _reasons, perhaps, arising out of his eclessiastical position in society_, was unwilling to take the responsibility of being the sole author of his» (_History of Spanish Literature, by George Ticknor_, Londres, Trübner, tomo I, pág. 237). Un erudito como Ticknor no debió haberse fiado del prologuista de la edición de Amarita, que fué el primero en consignar este disparate: «no le parecía la obra ocupación propia de un _eclesiástico_».

[49] Pudo ser también un rasgo de timidez literaria, propia de un escritor novel. Al principio dió el libro como anónimo. La edición de 1499, en su estado actual, no tiene los versos acrósticos, ni pudo tenerlos nunca porque no hubiesen cabido en la hoja primera que falta, y además sin la clave difícilmente se habrían fijado los lectores en su artificio. No es creíble tampoco que esa hoja que hacía veces de frontis contuviese ningún otro indicio para reconocer al autor, porque hubiera pasado á alguna de las ediciones posteriores. Alentado Rojas por el buen éxito de su obra, se descubrió á medias en el acróstico de 1500 ó de 1501, en connivencia con Alonso de Proaza, que dió la clave para descifrarle.

[50] _Obras de D. Leandro Fernández de Moratín_, edición de la Real Academia de la Historia, 1830, tomo I, pág. 88.

[51] _Periódico trimestral, intitulado Variedades ó Mensagero de Londres. Lo publica R. Ackermann, núm. 101, Strand, Londres._ Tomo I, núm. 3.º (abril de 1824, p. 228).

[52] _Studien zur Geschichte der Spanischen und Portugiesischen Nationalliteratur_... p. 296.

[53] _Handbuch der Spanischen Literatur... von Ludwig Lemcke._ Leipzig, Fr. Fleischer, 1855.

P. 150: «Denn zwischen dem angeblich von Cota oder Mena herrührenden ersten Akt und den folgenden ist so ganz und gar keine Verschiedenheit des Styls sichtbar, der im ersten Akte angelegte Plan is so consequent durchgeführt, das Ganze überhaupt so aus einem Gusse gearbeitet, dass es rein undenkbar ist, _ein Fortsetzer habe sich in diessem Grade in die Intention seines Vorgängers hineindenken und seine Manier in so vollkommenem Maase nachahmen können_. Die neue Kritik hat sich daher fast allgemein dafür entschieden, _die Celestina für das Werk eines einzigen verfassers zu halten, nämlich des obengenannten Fernando de Rojas_».

[54] Véanse los dos artículos acerca de las ediciones de Krapf y Foulché-Delbosc, en el _Literaturblatt für germanische und romanische Philologie_ (tomo XXII, 1901). En el segundo dice: «Ein einziger Verfasser aller 21 Akte, wie Menendez y Pelayo und wie ich selber annehme». Tal sufragio vale por muchos. Verdad es que la insigne romanista deja en duda si tal autor fué Fernando de Rojas ú otro, pero ha de tenerse en cuenta que cuando escribió su artículo no se conocían todavía los documentos que prueban indisputablemente la existencia de Rojas y le declaran autor de la _Celestina_.

[55] _Revue Hispanique_, VII, p 57.

[56] He aquí uno de los lugares en que la prosa de la _Celestina_ recuerda más la del _Corbacho_.

[57] Involuntariamente se recuerdan los versos de Fernán Pérez de Guzmán, que acaso estarían presentes á la memoria de Rojas:

El gentil niño Narciso En una fuente gayado, De si mismo enamorado Muy esquiva muerte priso...

[58] Más adelante veremos de dónde están tomadas.

[59] _Que lo detiene_, dicen la edición de Valencia, 1514, y otras muchas. Por evidente razón métrica prefiero el texto de Gorchs, tomado, al parecer, del de Zaragoza, 1507.

Creo enteramente casual la coincidencia entre los últimos versos que canta Melibea con el célebre fragmento de Safo:

Δέδυκε μὲν ἁ σελάννα Καὶ Πληΐαδες, μέσαι δὲ Vύκτες, παρὰ δ' ἔρχεθ' ὥρα, Ἔγω δὲ μόνα χαθεύδω.

(_Poetae Lyrici Graeci_, ed. Bergk, Leipzig, 1843, pág. 612.)

La semejanza de la situación ha inspirado la misma frase al bachiller Rojas y á la poetisa de Lesbos, pero la imitación hubiera sido imposible, puesto que antes de 1550 no fueron coleccionados los fragmentos de Safo, y antes de 1526 no fué impreso el texto del gramático Hefestión, que nos ha conservado esos cuatro versos, débil pero fielmente traducidos por nuestro Castillo y Ayensa:

Ya sumergióse la luna, Ya las Pléyadas cayeron, Ya es media noche, ya es hora, ¡Triste! y yo sola en mi lecho!

(_Poesías de Anacreonte, Safo y Tirteo_... Madrid, Imp. Real, 1832, pág. 192).

[60] La paradoja del erudito director de la _Revue Hispanique_ ha hecho pocos prosélitos. Entre los críticos que disienten de ella debemos mencionar (además de nuestro Bonilla) á doña Carolina Michaëlis de Vasconcellos (_Literaturblatt für germanische und romanische Philologie_, n.º 1.º, 1901) y á Mr. E. Martinenche (_Bulletin hispanique_, tomo IV, 1902, pp. 95-103), _Quelques mote sur la Célestine_. «Je dois ajouter (dice Martinenche) que, s'il a vraiment existé, cet _adicionador_ est en tout cas fort loin d'être l'écrivain maladroit que suppose M. Foulché-Delbosc. Il est, en effet, dans la _Célestine_, une scène qui a fait songer à Shakespeare, et qui mérite cet honneur. Cet immortel duo d'amour, ce n'est pas celui de l'acte XIV, c'est celui de l'acte XIX. J'ai presque autaut de peine à refuser à Pierre Corneille la seconde entrevue de Rodrigue et de Chimène».

[61] Aunque las palabras de Sempronio van dirigidas á Celestina, sería ridículo entenderlas del padre de ésta, que debía estar enterrado hacía muchos años.

[62] _In Dioscoridis Anazarbei de materia medica libros quinque enarrationes eruditissimi Doctoris Amati Lusitani. Venetiis, apud Gualterum Scotum_, 1553, lib. III, en. 99, pág. 1907.

Llamó por primera vez la atención sobre este texto el Dr. Pedro Dias, _Archivos da historia da medicina portugueza_, 1895, pág. 6.

Véanse la preciosa monografía del Dr. D. Maximiano Lemos, ilustre historiador de la Medicina en Portugal, _Amato Lusitano. A sua vida e a sua obra_ (Porto, 1907), pp. 35-38, y el erudito folleto del Dr. D. Ricardo Jorge, _La Celestina en Amato Lusitano, contribución al estudio de la famosa comedia_, traducido para la revista _Nuestro Tiempo_ por el Dr. D. Federico Montaldo (Madrid, 1908).

[63] «¿Qué más claro lo quieres? No tienes ya por qué dubdar; y _si vas a San Laurencio, junto á la pila de baptizar hallarás sobre su sepultura este epitafio_:

Las mientes empedernidas De las muy castas doncellas, Aunque más altas y bellas, De mí fueron combatidas; Y ablandadas y vencidas Con mis sabrosas razones, Pusieron sus corazones En mis manos ya rendidas...

(Siguen otras dos estrofas).

Claro es que ni la sepultura de Celestina en San Lorenzo, ni su epitafio, pueden tomarse en serio, pero son un nuevo documento de la tradición salmantina. (Vid. _Tragicomedia de Lisandro_..., tomo III de _Libros Raros ó Curiosos_, p 35.)

[64] _El Pelegrino Curioso_ y _Grandezas de España... Publícalo la Sociedad de Bibliófilos Españoles_. Tomo I. Madrid, 1886, pág. 310.

[65] Tanto este pasaje como el de _El Pelegrino_ fueron ya acotados por el Sr. Foulché-Delbosc.

[66] _Primera Parte de las Nimphas y Pastores de Henares. Diuidida en seys libros. Compuesta por Bernardo Gonçalez de Bouadilla, Estudiante en la insigne Universidad de Salamãca... Impressa en Alcalá de Henares, por Iuan Gracian, Año de M.D.LXXXVII_, fol. 178.

[67] En el ya citado articulo de las _Variedades ó Mensajero de Londres_, p. 246.

[68] Vid. el artículo de D. Adolfo Bonilla y San Martín, en la _Revue Hispanique_, tomo XV (1906), pp. 372-386.

[69] _Discurso preliminar sobre la novela española_ (en el tomo III de la colección de Rivadeneyra), p. XIV.

[70] Comentando un verso de la copla 252 del _Laberinto_

Allí es mesclada gran parte de echino...

había citado el Comendador los mismos textos de Plinio, Aristóteles y Lucano, traduciendo este último en los mismos literales términos que Rojas: «No falta ally el pez dicho echeneis, que detiene las fustas en mitad del mar quando el viento euro estiende las cuerdas». El plagio no puede ser más completo, aunque nadie se había fijado en él antes del Sr. Foulché-Delbosc. La _Glosa_ del Comendador se imprimió en 1499, el mismo año que la _Celestina_, pero sabido es que su prólogo no aparece hasta 1502 en las ediciones refundidas. De la fuente general de este prólogo se tratará más adelante.

[71] Estas _harpadas lenguas_ pasaron á Cervantes.

[72] No he podido encontrar en las obras de Séneca la sentencia que Celestina le atribuye en el _aucto_ I: «Que, como Séneca dice, los peregrinos tienen muchas posadas e pocas amistades, porque en breue tiempo con ninguno pueden firmar amistad, y el que está en muchos cabos, está en ninguno»; aunque el filósofo cordobés dice cosas muy análogas en el segundo capítulo del libro _De Tranquillitate animi_. Tampoco la encontró Gaspar Barth, que en las _Animadversiones_ que acompañan á su versión latina de nuestra _Tragicomedia_ (p. 351) dice: «Loca Senecae non pauca memini vituperantia peregrinationem propter animi motus institutam, et laudantia Socraticum illud; quid juvat te mutare loca, cum te ubi ibis circumferas? Hoc tamen dictum non occurrit; puto sententiolam aliquam esse Publii, aut alterius Poetae quales olim plurimae Senecae titulo commendatae fuerunt».

[73] Es anterior, sin duda, y sirvió de modelo á Ovidio, el _Carmen_ V del libro 4.º de Propercio, _Lena Acanthis_, que es una serie de imprecaciones contra el túmulo de una alcahueta.

_Terra tuum spinis obducat, lena, sepulcrum, Et tua, quod non vis, sentiat umbra sitim_...

Pero dudo que el bachiller Rojas la tuviese presente, porque en su tiempo se leía muy poco á Propercio. El tipo de Acanthis conviene en muchas cosas con el de Dipsas, especialmente en la magia:

_Illa velit, poterit magnes non ducere ferrum... Audax cantatae leges imponere lunae, Et sua nocturno fallere terga lupo... Consuluitque striges nostro de sanguine et in me Hippomanes foetae semina legit equae_,

(v. 9, 13-14, 17-18).

Acanthis procura seducir á la querida (_puella_) de Propercio y le da los mismos consejos que Dipsas á la de Ovidio.

[74]

_Illa magas artes, Æaeaque carmina novit. Inque caput rapidas arte recurvat aquas. Scit bene quid gramen, quid torto concita rhombo Licia, quid valeat virus amantis equae. Quum voluit, toto glomerantur nubila caelo; Quum voluit, puro fulget in orbe dies. Sanguine, si qua fides, stillantia sidera vidi: Purpureus Lunae sanguine vultus erat._

(v. 5-14.)

[75] «O qué graciosa era! o qué desenvuelta, limpia, varonil! tan sin pena ni temor se andaua a media noche de cimenterio en cimenterio, buscando aparejos para nuestro officio, como de dia; ni dexaua cristianos, ni moros, ni judios, cuyos enterramientos no visitaua; de dia los acechaua, de noche los desenterraua. Assi se holgaua con la noche escura como tú con el dia claro; dezia que aquella era capa de pecadores. ¿Pues maña no tenia, con todos las otras gracias? Vna cosa te diré, porque veas qué madre perdiste, aunque era para callar; pero contigo todo passa: siete dientes quitó a un ahorcado con unas tenazicas de pelar cejas, mientras yo le descalcé los çapatos. Pues entrar en un cerco mejor que yo e con más esfuerço, avnque yo tenía harta buena fama, más que agora, que por mis pecados todo se oluidó con su muerte; qué más quieres sino que los mesmos diablos le auian miedo? atemorizados y espantados los tenía con las crudas bozes que les daua; assi era dellos conocida, como tú en tu casa; tumbando venian vnos sobre otros a su llamado; no le osarian dezir mentira, segun la fuerça con que los apremiaua; despues que la perdi, jamas les oy verdad». (Aucto VII)

[76] El más importante de estos descubrimientos ha sido hecho en 1906, cerca de la antigua Afroditopolis, por Gustavo Lefebvre. El papiro descubierto y publicado por él contiene los restos de cuatro piezas, tres de las cuales han podido ser reconstruidas conjeturalmente, aunque con grandes lagunas. (_Fragments d'un manuscrit de Ménandre, découverts et publiés por M. Gustave Lefebvre, inspecteur en chef du service des Antiquités de l'Egypte._ Impreso en el Cairo, 1907.)

Lo que hoy poseemos de Menandro, además de los simples fragmentos, son partes más ó menos extensas de seis comedias (_El Labrador_, _El Adulador_, _El Héroe_, _El Juicio de Albedrío_, _La Sannia_, _La Mujer Pelona_).

[77] Los versos con que Ovidio caracteriza el teatro de Menandro (_Amorum_, I, XV, 17) incluyen tres de los principales tipos de la _Celestina_:

Dum _fallax servus_, durus pater, _improba lena_ Vivent, dum _meretrix blanda_, Menandros erit.

[78] Tal es la legítima acentuación de este nombre, confirmada en cuanto al castellano por estos versos de un soneto de Bartolomé Leonardo de Argensola contra el esgrimidor Pacheco de Narváez:

Cuando los aires, _Pármeno_, divides Con el estoque negro, no te acuso...

Como este nombre llegó á nosotros por via erudita, se conservó el nominativo latino y se dijo _Pármeno_ en vez de _Parmenón_, contraviniendo á la ley general. Lo mismo se observa en _Crito_ y _Traso_ que son también nominativos grecolatinos; _Critón_ y _Trasón_ hubieran sido las formas naturales en nuestra lengua.

[79] No es imposible que _Celestina_ tuviese ya en la mente del autor el sentido de _Scelestina_ que le dieron algunos de sus censores morales. Pero pudo ser sugerido también por el _Libro del esforzado caballero D. Tristán de Leonis_, como ha notado el Sr. Bonilla en el tomo I, pág. 410 de su colección de _Libros de Caballerías_. En el capítulo LII de _Don Tristán_ se lee: «Dize la historia que quando Lançarote fue partido de la doncella, ella se aparejó con mucha gente, y _fuese con ella su tia Celestina_». El nombre de _Lucrecia_ parece inspirado, más que por el recuerdo de la matrona romana, por la reciente lectura del libro de Eneas Silvio. _Tristán_, no hay que decirlo, se deriva del ciclo bretón. _Alisa_ nos trae á la memoria cierta fábula de la ninfa _Cardiama_ convertida en fuente por amores del gentil _Aliso_, que trae Juan Rodríguez del Padrón en el _Triunfo de las donas_. El nombre de _Sempronio_ (eterno compañero de Ticio) no puede ser más natural en un bachiller legista. El _Melibeo_ de las églogas virgilianas pasó a nuestra tragicomedia cambiando el sexo. Nada hay que advertir en cuanto á Calisto (no Calixto, como muchas veces se ha impreso), derivado del superlativo griego κάλλιστος (hermosísimo).

En algunos de los nombres, no en todos, se ajustó el autor de la _Tragicomedia_ á la práctica de los cómicos latinos, según la explica el gramático Donato comentando los primeros versos de los _Adelfos_ de Terencio: «Nomina personarum, in comoediis duntaxat, habere debent rationem et etymologiam. Etenim absurdum est, comicum aperte argumentum confingere: vel nomen personae incongruum dare, vel officium quod sit a nomine diversum (Lessing, en el número 90 de la _Dramaturgia_, propone que se lea _et nomen_, y no _vel nomen_, para que resulte más clara la frase). _Hinc servus fidelis Parmeno_: infidelis vel Syrus vel Geta: miles _Thraso_, vel Pole non: _juvenis Pamphilus_: matrona Myrrina, et puer ab odore Storax: vel a ludo et gesticulatione Circus, et item similia». (En el _Terencio_ de la colección de Valpy, pág. 1392).

De antiguo viene reparándose en la intención con que están aplicados los nombres de la _Celestina_. Covarrubias en su _Tesoro de la lengua castellana_ (2.ª ed. 1674, p. 184) dice á este propósito: «_Çelestina_, nombre de una mala vieja que le dió á la tragicomedia Española tan celebrada, Dixose assi _quasi scelestina a scelere_, por ser malvada alcahueta embustidora; y todas las demás personas de aquella comedia tienen nombre apropiado á sus calidades. _Calixto_ es nombre griego, _pulcherrimus_; Melibea vale tanto como dulçura de miel, _mel et vita_», etc.

[80] Esta excepción, muy curiosa por tratarse de una pieza fundada en argumento histórico español y contemporáneo (el frustrado regicidio de Fernando el Católico en Barcelona, 7 de diciembre de 1492), es el _Fernandus Servatus_ de Marcelino Verardo de Cesena, sobrino de Carlos Verardo, camarero y secretario de Breves durante los pontificados de Paulo II, Sixto IV, Inocencio VIII y Alejandro VI, y autor de la _Historia Baetica seu de expugnatione Granatae_, drama en prosa latina, excepto el argumento y el prólogo, que están en versos yámbicos.

El _Fernandus Servatus_ está en versos hexámetros, y en rigor los versos son lo único que pertenece á Marcelino, puesto que el plan fué de Carlos, que es el que escribe la dedicatoria al Cardenal Mendoza: «Materiam ipsam Marcellino nepoti et alumno meo, qui Poesi mirifice delectatur, versu describendam, poeticisque coloribus salua rerum dignitate ac veritate pingendam exornandamque tradidi».

Tanto la _Historia Baetica_ (cuyo asunto es la conquista de Granada) como el _Fernandus Servatus_ son curiosas muestras de la tragedia humanística, y una y otra fueron representadas con gran pompa. La primera en el palacio del Cardenal Riario y en fecha conocida: «Acta ludis Romanis, Innocentio VIII in solio Petri sedente, anno a Nat. Salvatoris MCCCCXCII, undecimo Kalendas Maii». Del _Fernandus Servatus_ sólo sabemos, por la dedicatoria de Verardo, que patrocinaron la representación los prelados españoles D. Bernardo de Carvajal, obispo de Badajoz, y D. Juan de Medina, obispo de Astorga, y que fué oída con gran aplauso por el Papa, muchos cardenales y obispos y otra porción de egregias personas: «Tanto autem fauore et attentione ab ipso Pontifice Maximo, pluribusque Cardinalibus ac praesulibus (ut inferiores taceam...)».

En este prólogo es donde Verardo aplica á su obra el dictado de _tragicomedia_, olvidado desde Plauto. Y la llama así por tener triste el principio (la herida del Rey) y alegre el desenlace, en que se le ve restituido á la salud: «_Potest enim haec nostra, ut Amphitruonem suum Plautus appellat, Tragicocomoedia nuncupari, quia personarum dignitas et Regiae maiestatis impia illa violatio ad Tragoediam, iucundus vero exitus rerum ad Comoediam pertinere videantur_».

Ambas tragedias fueron impresas en Roma, con otras poesías latinas de ambos Verardos, en 1493, _per Magistrum Eucharium Silber alias Franck_. Hay otras varias ediciones de la _Historia Baetica_, entre ellas la famosísima de Basilea, 1494, que contiene la carta de Colón «_de insulis in mari Indico nuper inventis_». Del _Fernandus Servatus_ no conozco más reimpresión que la de Strasburgo de 1513, unida á otros opúsculos latinos de varios autores (_Argentorati, Ex officina Matthiae Schurerii Selestensis Mense Aprili Anno M. D. XIII_).

Me parece fuera de duda que Fernando de Rojas conocía la obra de Verardo, que por su asunto debió de divulgarse bastante en España, y quizá la lectura de su prólogo le sugirió la idea de cambiar el título de _Comedia_ que había dado á la _Celestina_ en _tragicomedia_. Obsérvese también que la explicación que da del nombre conviene con la de Verardo y no con la de Plauto. Pero puede admitirse la influencia simultánea de los dos textos. Tengo por seguro que la _Celestina_ estaba escrita antes del _Fernandus Servatus_, pero en su primitiva forma no se llamaba _tragicomedia_, sino _comedia_.

[81] La derivación terenciana está indicada ya por el más antiguo imitador de la _Celestina_, don Pedro Manuel de Urrea, en el prólogo de su _Penitencia de amor_ (1514). «Esta arte de amores está ya muy vsada en esta manera por cartas y _por çenas que dize el Terencio, y naturalmente es estylo del Terencio_ lo que hablan en ayuntamiento». (Pág. 3 de la reimpresión de Foulché-Delbosc).

[82] Bien conocido es el pasaje de Bossuet en su carta al Papa Inocencio XI sobre los estudios del Delfín de Francia: «Quid memorem, ut Delphinus in Terentio suaviter atque utiliter luserit: quantaque se hîc rerum humanarum exempla praebuerint, _intuenti fallaces voluptatum ac muliercularum illecebras, adolescentulorum impotentes et caecos impetus; lubricam aetatem «servorum» ministeriis atque adulatione per devia praecipitatam, tum suis exagitatam erroribus, atque amoribus cruciatam_, nec nisi miraculo expeditam, vix tandem conquiescentem ubi ad officium redierit. Hic morum, hic aetatum, hic cupiditatum naturam a summo artifice expressam; ad haec personarum formam ac lineamenta, verosque sermones, denique venustum illud aut decens, quo artis opera commendetur. Neque interim jucundissimo poetae, si quae licentius scripserit, parcimus: sed e nostris plurimos intemperantius quoque lusisse, mirati, horum lasciviam exitiosam moribus, severis imperiis coercemus». (En el _Terencio_ de Lemaire, I, p. CLXVIII.)

La ejemplaridad moral que Bossuet encuentra en las comedias de Terencio es por el estilo de la que afectaba el bachiller Rojas y celebran sus panegiristas. Las palabras subrayadas convienen extraordinariamente con el encabezamiento de la _Celestina_. En realidad, Terencio no es ningún severo moralista, pero, aunque gentil, es muy casto y morigerado en la expresión, y por eso, y sin duda también por el prestigio de la antigüedad, le otorgó Bossuet la indulgencia que negaba á Molière, tan castigado por sus episcopales anatemas. A la fortuna de Terencio en las escuelas cristianas puede aplicarse aquel dístico de Ovidio (_Trist._ II, I, 369):

Fabula jucundi nulla est sine amore Menandri, Et solet hic pueris virginibusque legi.

[83] Véase lo que sobre este particular digo en mi reciente libro acerca de Boscán (p. 344). El poemita de Museo es uno de los dos primeros libros griegos impresos en España (Alcalá de Henares, ¿1514?); fecha, como se ve, muy posterior á la _Celestina_; pero su autor pudo conocer las ediciones de Venecia y Florencia, que se remontan á 1494 ó 1495.

[84] Ed. de Dübner en la colección Didot, pág. 9.

[85] _Poesías de Safo, Meleagro y Museo, traducidas del griego_... Madrid, 1797, pág. 133.

[86] _Le Querolus, comédie latine anonyme. Texte en vers restitué d'après un principe nouveau..._ París, Vieweg, 1880.

[87] _Théâtre de Hrotsvitha, religieuse allemande du X^{eme} siècle..._ París, 1845, págs. VI y XLI de la introducción y en varios lugares de las notas. Esta insostenible paradoja, aventurada primero por Villemain y monstruosamente exagerada por Philarète Chasles, fué victoriosamente impugnada por Du Méril en sus _Origenes latines du théâtre moderne_ (pp. 16-19) y por otros críticos posteriores, entre los cuales no debe omitirse á nuestro Fernández Espino, autor de un extenso y juicioso trabajo sobre Rosvita, inserto en sus _Estudios de literatura y de crítica_ (Sevilla, 1862, pp. 181-266). Hoy todo el mundo admite que los dramas de Rosvita fueron escritos únicamente para la lectura. Vid. especialmente Köpk, Hrotsuit von Gandersheim. _Zur Literaturgeschichte des 10. Jahrhundert_, Berlín, 1869, y A. Ebert, _Historia General de la Literatura de la Edad Media en Occidente_ (traducción francesa de Aymeric y Condamin, tomo III, 1889, pp. 310-357). Posteriores á la edición de Magnin hay dos por lo menos, la de Benedixen, que se contrae á la parte dramática (_Hrosvithae Gandershemensis Comoedias VI ad fidem codicis Emmeramensis typis expressas edidit..._ Lübeck, 1857), y la de Barack, que se extiende á todas las obras (_Die Werke der Hrotswitha_, Nuremberg, 1858).

[88] «Plures inveniuntur catholici, cujus nos penitus expurgare nequimus facti, qui pro cultioris facundia sermonis, gentilium vanitatem librorum utilitati praeferunt sacrarum Scripturarum. Sunt etiam alii sacris inherentes paginis, qui licet alia gentilium spernant, Terentii tamen figmenta frequentius lectitant, et, dum dulcedine sermonis delectantur, nefandarum rerum notitia maculantur. Unde ego, _clamor validus gandershemensis_, non recusavi illum imitari dictando, dum alii colunt legendo; quo, _eodem dictationis genere, quo turpia lascivarum incesta feminarum recitabantur_, laudabilis sacrarum castimonia virginum, juxta mei facultatem ingenioli, celebraretur». (P. 6 de la ed. de Magnin.)

[89] «Hoc tamen facit non raro verecundari gravique robore perfundi, quod, hujus modi specie dictationis cogente, detestabilem inlicite amantium dementiam et male dulcia colloquia eorum, quae nec nostro auditui permittuntur, accomodari dictando mente tractavi et stili officio designavi.» (Pág. 5.).

[90] «_Amicus._--In domo cujusdam lenonis habitationem elegit, qui tenello amore illam colit; nec frustra: nam omni die non modica illi pecunia ab ejus amatoribus adducitur.

«_Abraham._--A Mariae amatoribus?

«_Amicus._--Ab ipsis.

«_Abraham._--Qui sunt ejus amatores?

«_Amicus._--Perplures». (_Abrahamus_, sc. IV.) .......................................................... «_Stabularius._--Fortunata Maria, laetare, quia non solum ut hactenus tui coaevi, sed etiam senio jam confecti te adeunt, te ad amandum confluunt.

«_Maria._--Quicumque me diligunt aequalem amoris vicem a me recipiunt.

«_Abraham._--Accede, María, et da mihi osculum.

«_Maria._--Non solum dulcia oscula libabo sed etiam crebris senile collum amplexibus mulcebo». (Ib., sc. VI.) .......................................................... «_Maria._--Ecce triclinium ad inhabitandum nobis aptum; ecce lectus haud vilibus stramentis compositus. Sede ut tibi detraham calciamenta, ne tu ipse fatigeris discalciando...». (_Abrahamus_, sc. VII.) .......................................................... «_Paphnutius._--Tu isthaec intro, Thais, quam quaero?

«_Thais._--Quis hic qui loquitur ignotus?

«_Paphn._--Amator tuus.

«_Thais._--Quicumque me amore colit, aequam vicem amoris a me recipit.

«_Paphn._--O Thais, Thais, quanta gravissimi itineris currebam spatia, quo mihi daretur copia tecum fandi, tuique faciem contemplandi.

«_Thais._--Nec aspectum subtraho, nec colloquium denego.

«_Paphn._--Secretum nostrae confabulationis desiderat solitudinem loci secretioris.

«_Thais._--Ecce cubile bene stratum et delectabile ad inhabitandum». (_Paphnutius_, sc. III.)

No deja de ser una de las curiosas ironías que suele ofrecer la historia el que las primeras escenas lupanarias del teatro moderno hayan sido trazadas por la pluma castísima de una religiosa que en su mismo atrevimiento revela la pureza de su alma y la rectitud de su intención.

[91] Aun á riesgo de incurrir en digresión, me extiendo algo sobre las comedias _elegíacas_ y las comedias _humanísticas_, por ser géneros poco conocidos en España.

[92] _Caelii Sedvlii Opera Omnia..._ (ed. del P. Faustino Arévalo), _Romae, 1794, apud Antonium Fulgonium_, p. 155.

Du Méril fué el primero que llamó la atención sobre estos versos en sus _Origines Latines du Théâtre Moderne_, p. 15.

[93] Vid. _Histoire Littéraire de la France_, tomo XV, pp. 428-434, y tomo XXII, pp. 39-50 (artículo de Victor Le Clerc); Bozon, _De Vituli Blesensi_ (_Rothomagi_, 1880); Müllenbach, _Comoediae elegiacae_ (Bonn, 1885).

[94] Publicada por Edelestand Du Méril, _Origines Latines du Théâtre Moderne_, París, 1849, pp. 285-297. Sobre Mateo de Vendôme vid. _Histoire Littéraire_, tomo XV, pp. 420-428, y tomo XXII, pp. 55-64.

[95] Victor Le Clerc notó la semejanza del desenlace con la fábula 4.ª de la Noche 4.ª de Straparola.

[96] El _Milo_ fué publicado por Mauricio Haupt en sus _Exempla poeseos latinae medii aevi_ (Viena, 1834).

[97] La _Comoedia Lydiae_ fué publicada por Du Méril en la tercera serie de su colección de textos latinos de la Edad Media (_Poésies Inédites du Moyen Age, precedées d'une histoire de la fable ésopique_, París, 1854, pp. 359-373).

La atribución de la _Lydia_ y del _Miles gloriosus_ á Mateo de Vendôme ha sido impugnada por críticos más modernos, que sólo atribuyen á Mateo el _Milo_ y consideran las otras dos comedias como de autor desconocido, aunque uno mismo, según se infiere de los primeros versos de la _Lydia_:

Postquam prima _Equitis_ ludentis tempora risit, Mox acuit mentem musa secunda meam; Ut nova _Lidiades_ veteres imitata placeret, Finxi femineis quoque notanda dolis.

Vid. Cloetta, _Beiträge zur Literaturgeschichte des Mittelalters und der Renaissance. I. Komödie und Tragödie im Mittelalter..._ Halle, 1890, p. 79.

[98] Publicada por Tomás Wright para la _Percy Society_ (1842) en tirada de cortísimo número de ejemplares; después por Du Méril en el citado tomo de _Poésies Inédites du Moyen Age_, pp. 421-422, y últimamente por E. Lohmeyer, _Guilelmi Blessensis Alda_, Leipzig, 1892. Sobre Guillermo de Blois, vid. _Histoire Littéraire_, tomo XXII, pp 51-55.

[99] _El Cancionero de Juan Alfonso de Baena..._ Madrid, 1851, pp. 115, 116 y 118.

[100] El episodio comienza en la copla 580 (ed. de Ducamin). Al códice de Salamanca le faltan, después de la cuarteta 659, seis hojas, que debían contener treinta y dos cuartetas, las cuales se suplen con el manuscrito llamado de Gayoso (hoy de la Academia Española), exceptuando los dos primeros versos de la 660. Pero lo que desgraciadamente no puede suplirse de ninguna manera es la pérdida total de otros dos folios, LVIII á LXI, que fueron sin duda intencionalmente arrancados _pudoris causa_, y contenían gran parte del desenlace de la historia: _De cómo doña Endrina fue a casa de la vieja e el arcipreste acabo lo que quiso_.

Citaré constantemente el texto del Arcipreste por la edición paleográfica de Juan Ducamin, única que hoy debe manejarse (_Juan Ruiz Arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor, texte du XIV^e siècle, publié pour la première fois avec les leçons des trois manuscrits connus..._ Tolosa de Francia, ed. Privat, 1901).

[101] _Orígenes de la novela_, tomo I, pp. XCVII-C.

En 1900 reimprimí el _Pamphilus_ con una advertencia, en el tomo II de la _Celestina_, de Vigo, conforme al texto de Adolfo Baudouin (París, 1874), que es el de la edición parisiense de 1499.

[102] El primer erudito que señaló la _Comoedia de Vetula_ como fuente del Arcipreste de Hita fué D. Juan Antonio Pellicer en la curiosa nota que comunicó a D. Tomás Antonio Sánchez, y publicó éste en el tomo IV de su _Colección de Poesías Castellanas anteriores al siglo XV_, Madrid, 1790, pp. XXIII á XXIX. Después se han hecho cargo de esta imitación casi todos los que han escrito sobre el gran poeta castellano del siglo XIV. Véase, como último estudio importante, el de D. Julio Puyol y Alonso, uno de los jóvenes de más sólida cultura que tiene España (_El Arcipreste de Hita_, Madrid, 1906, pp. 266-279).

[103] _Geschichte der dramatischen Literatur und Kunst in Spanien. Von Adolf Friedrich von Schack_, 2.ª edición, Francfort, 1854, tomo 1.º, pág. 157. Cf. la traducción castellana de D. Eduardo de Mier (Madrid, 1885), tomo 1.º, p. 275.

[104] Conservo en los diptongos y en todo lo demás la ortografía del original.

[105] Como apelativo está usado en la copla 441:

E busca mensajera de unas negras pecas(A), Que vsan mucho frayres, monjas e beatas; Son mucho andariegas e merescen las çapatas; Estas _trota-conventos_ fasen muchas baratas...

(Nota A: Verso sin rima y evidentemente estragado, pero no nos atrevemos á corregirle. ¿Acaso _picazas_, por el mucho hablar?).

Pero las rúbricas de los manuscritos del libro del Arcipreste prueban que el apelativo se convirtió muy pronto en nombre propio, puesto que nunca lleva artículo en ellas, aunque se remontan al siglo XIV.

El nombre de Urraca consta en el epitafio:

_Urraca_ so que yago so esta sepultura...

(Copla 1576).

Reaparece la palabra _trotaconventos_ en el Arcipreste de Talavera, al parecer como nombre propio: «Llámame á _Trotaconventos_, la vieja de mi prima, que vaya de casa en casa» (_Reprobación del Amor mundano_, parte 2.ª, capítulo I, pág. 120 de la edición de los Bibliófilos Españoles), y luego en la _Celestina_ (aucto II), donde dice Pármeno: «e lo que más dello siento es venir a manos de aquella _trotaconuentos_, despues de tres veces emplumada». No recuerdo ningún texto intermedio.

[106] _Atincar_, goma de un árbol índico llamado comúnmente _borraj_. Es voz para nosotros de origen arábigo, transmitida al árabe por el persa y oriunda del sánscrito (Vid. Eguilaz (D. Leopoldo), _Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental_, p. 307). Dozy la confundió con la crysocolla, pero ya desde el siglo XVI el Dr. Andrés Laguna, en sus anotaciones á Dioscórides, había notado la diferencia entre ambas drogas: «Todos aquellos se engañan que toman por la tal chrisocolla el _Atincar_, llamado borax en las boticas».

[107] Ignoro qué especie de hechizo sea la _raynela_, aunque el nombre indica que se trata de alguna raíz.

[108] Aunque _mohalinar_ parece nombre árabe, no consta en los glosarios de Engelmann, Dozy y Eguilaz. Sánchez salió fácilmente del paso diciendo que era «cierto hechizo». Urge un vocabulario completo y razonado de la lengua del Arcipreste. Ningún autor de la Edad Media lo necesita tanto.

[109] Véanse los versos del _Pamphilus_ que corresponden á los del Arcipreste, y se juzgará de la diferencia:

Dum loquor ejus adest michi mens animusque loquenti, Dulciter omne meum suscipit eloquium, Curvat et ipsa suos circum mea colla lacertos, A te missa sibi dicere verba rogat. Dumque tuum nomen rationis nominat ordo, Nominis ammonitu fit stupefacta tui. Dum fruitur verbis pallet rubetque frequenter, Fessaque si taceo, me monet ipsa loqui. His aliisque modis cognoscimus ejus amorem: Non negat ipsa michi quin sit amica tibi.

(V. 507-516).

[110] Otra comedia elegíaca existe, de la cual creemos que tuvieron conocimiento nuestros dos autores, aunque no la utilizaron en nada esencial, sino en meros detalles. Se trata del _Libellus de Paulino et Polla_, gracioso poemita bastante bien versificado, y de una latinidad muy elegante para su tiempo, que fué el del emperador Federico II (1212-1250). Su autor fué el italiano Ricardo, juez de Venosa (_Venusium_), la antigua patria de Horacio. El argumento son los cómicos amores de dos viejos, Paulino y Pola, y sus ridículas bodas efectuadas por mediación del casamentero Fulco:

_Materiam nostri, quisquis vis, nosce libelli; Haec est: Paulino nubere Polla petit. Ambo senes; tractat horum sponsalia Fulco: Cujus adit tremulo corpore Polla domum_(A).

(Nota A: Edición de Du-Méril, en el tercer tomo de las _Poésies inédites du Moyen Age_ (pp. 374-416)).

En la obra de Rojas hemos notado una que nos parece reminiscencia de esta comedia. Dice la _madre Celestina_ en el _aucto_ IV: «Las riquezas no hazen rico, mas ocupado;--no hazen señor, mas mayordomo;--más son los perseguidos de las riquezas que no los que las poseen». El _Libellus_ expresa idénticos conceptos:

_Hi non sunt domini, sed servi divitiarum, Illas prodesset non habuisse magis._ .......................................................... _Hi dum divitiis retinendis, non potiendis Intendunt, servi constituuntur opum._

La idea es tan vulgar que ha podido ocurrirse á los dos autores con independencia, pero el giro de la frase es idéntico. Acaso tengan una fuente común.

La imitación del Archipreste puede estar, si no me engaño, en el célebre pasaje sobre _la propiedad que el dinero ha_ (cop. 490 y ss.), á cuyo espíritu corresponden bastante exactamente algunos versos del _Paulinus_:

_Denario castella simul produntor et urbes, Denario falli saepe puella solet... Denario sedes maculatur pontificalis Cum non ex meritis, sed magis aere datur._

Pero son tantos los lugares comunes que en la Edad Media se escribieron sobre este argumento, que no afirmo, ni mucho menos, que esta sea la fuente, y de seguro no es la única.

[111] Este diálogo fué publicado por Magnin en la _Bibliothèque de l'École des Chartes_ (t. I, p. 524).

[112] «Et quidem histriones erant, qui gestu corporis arteque verborum, et modulatione vocis, factas aut fictas historias, sub aspectu publico referebant, quos apud Plautum invenis et Menandrum, et quibus ars nostri Terentii innotescit. Porro comicis et tragicis abeuntibus, cum omnia levitas occupaverit, clientes eorum videlicet et tragoedi, exterminati sunt».

(_Johannis Sarisberienses Policraticus sive de nugis Curialium et vestigiis Philosophorum libri octo..._ Amsterdam, 1664, p. 32, cap. VIII del libro I).

[113] _Geschichte des Neueren Dramas von Wilhelm Creizenach... Erster Band. Mittelalter und Frührenaissance._ Halle, Niemeyer editor. 1893. _Abtes Buch. Die ersten dramatischen Versuche der Humanisten_, pp. 529-578. Véanse además el libro de Chassang, _Des essais dramatiques imités de l'antiquité au 14.^{me} et 15.^{me} siècle_ (París, 1852), y los trabajos de Cloetta, _Beiträge zur Literaturgeschichte des Mittelalters und der Renaissance_. I. _Komödie und Tragödie im Mittelalter._ II. _Die Anfänge der Renaissancetragödie_ (Halle, 1890-92).

[114] En el segundo tomo de su obra, publicado en 1903, Creizenach afirma en términos demasiado generales el parentesco de la _Celestina_ con las comedias humanísticas: «Es ist ein Lesedrama in der Art der lateinischen Frührenaissancekomödien» (_Geschichte des Neueren Dramas_, II. _Renaissance und Reformation_, pp. 153-157).

[115] De este libro, impreso en Barcelona por Pedro Posa y Pedro Brun, y terminado en 3 de septiembre de 1481, no se conoce más que un ejemplar en la Biblioteca Municipal de Tolosa de Francia (Vid. Haebler, _Bibliografía Ibérica del siglo XV_. La Haya, Nijhof editor, pág. 326).

[116] La publicó K. Müllner en los _Wiener Studien_, a. XXII, pp. 236 y ss., valiéndose para establecer el texto del códice Ambrosiano C. 12 sup. y del Vaticano Lat. 6878, que afirma ser el mejor.

[117] Es una _facecia_ que se encuentra en Ateneo y otros antiguos, y también en el _Fabulario_ de nuestro Sebastián Mey, en los _Cuentos de Garibay_ y en la _Floresta Española_ de Santa Cruz, como puede verse en el tomo II de estos _Orígenes de la Novela_, pp. CIX y CX.

[118] Todavía lleva su nombre en la edición de Luca de 1588, descrita por Brunet: _Lepidi comici veteris Philodoxios fabula, ex antiquitate eruta ab Aldo Manucio_. El texto impreso por Amico Bonucci (_Opere vulgari di Leon Battista Alberti..._ Florencia, 1843-1849, tomo I, pág. CXX) difiere bastante de éste.

[119] Gallardo (_Ensayo_, tomo III, núm. 3.559) es el único bibliógrafo que ha descrito esta edición, de la cual posee un ejemplar la Biblioteca de la Universidad de Salamanca, y creo que otro la de Oviedo. He creído oportuno, tratándose de pieza tan rara y curiosa, hacer una descripción más detallada, en la cual pongo íntegros el prólogo del Bachiller Quirós, el argumento de la comedia y la lista de los personajes:

_Comedia Philodoxeos leonis baptiste._ (A la vuelta): _Bachalarius quirosius Alfonso ticio titulos assecuto et Salmanticensis academie grammatico atque praeceptori suo. S._--Quum diebus superioribus, praeceptor suavissime: nonnullis ex auditoribus meis quibus publica lectione Vergilium enarro, quibusque privatim et Iuvenalis Satyras et Lucani pharsaliam interpretor: philodoxeos fabulam: quam Baptista albertus singularis ingenii: summa cum elegantia ac venustate composuit: ostendissem: quamprimum a me efflagitare caeperunt: ne tam pulcherrimum opus _et hic omnibus incognitum_ apud nos amplius latere permitterem: quorum ego etsi honestissimis studiis tamdiu abnuendum esse existimavi quo [ad] tibi ipsi qui id mihi mandaveras morem gerere fuit necesse: tuo itaque ductu et auspicio comoediam ipsam imprimi curavimus: quod tamen illi et dignitatem allaturum puto et auctoritatem. In qua re si gratum tibi laborem nostrum fuisse sensero: forsitan tecum maioribus agam: id autem una potissimum re iudicabo: si dabis operam: ut apud scholasticos ipsos quam gratiosum me tua commendatione factum esse cognoscam. Vale longissimis praeceptor annis: et hunc tibi mancipatum discipulum amare non desinas. Iterum vale.

«_Incipit Philodoxeos. Leo. Bap._ Philodoxus atheniensis adolescens doxiam romanam civem amat perdite. Atqui habet fide optima et singulari amicitia coniunctum Phronisim, qui cum sua consilia conferat. Dat operam Phronisis amici causa: ut Ditonum libertum convicinum amate benivolentia sibi advinciat. Homo fidem praestat rebus defuturum se nunquam. At interim Fortunius civis insolens adolescens, dynastis suasu hanc ipsam Doxiam cupere occipiens lepidissima Phronisis astutia depulsus est: quo adamans non nihil sese verbis commendatum fecit mulieribus. Denique irrisus Fortunius adolescens per vim edes ingreditur, Simiam sororem Doxie rapit. Tandem Mnimia ancilla, cum virum suum Phronisim comperisset atque Tichia Fortunii mater precibus exorarunt ut Cronos excubiarum magister omnia componeret. Ex quo hic raptam tenuit, is vero amatam duxit. Explicit argumentum».

Personajes de la comedia:

_Philodoxus_, adolescens. _Phronisis_, amicus Philodoxeos. _Ditonus_, libertus. _Dynastes_, senex, libertus. _Fortunius_, adolescens. _Doxa_, puella. _Phymia_, soror Doxae. _Mnimia_, ancilla. _Alithya_, ancilla. _Cronos_, excubiarum magister. _Thychia_, mater Fortunii.

--Io. Francisci Poggii Florentini ad Alexandrum VI. Pont. Maxim. in expeditione contra Turcas Episto'a.

--In Turcos Porcia Declamatio (precedida de una dedicatoria á Alejandro VI).

(Colofón): «Hieronymi Porcii Patricii Romani Bas. Prin. Ap. Canonici Rote primarii Auditoris. Hundrensis Episcopi in Turcos Christiani Federis Compilatio lubente Alexandro Borgia Sexto Pontifice Maximo: totius sacri Senatu Reuerendissimis Cardinalibus ac Regum et Principum Oratoribus adstantibus universis inter divina publicate foeliciter.

_«Impressum Salmanticae per Ioannem Gysser Alemanum de Silgenstat Anno domini M.CCCCCI, die vero XX decembris_».

Todos estos opúsculos forman un solo volumen con signaturas seguidas (_a.d._ IV). La comedia llega hasta la _c._ VII.

[120] «Della _Philogenia_ del Pisani ricorda due antiche edizioni il Bahlmann in _Centralblatt für Bibliothekswesen_, a. XI, fasc. 4, pag. 175. Ma a me rimasero inaccesibili; e io mi valsi, per l'esame della commedia, del cod. Laurenziano Ashb. 188». (Nota que me ha comunicado el Sr. Sanesi.)

[121] Tanta boga tuvieron en su tiempo algunas comedias humanísticas, que se insertaron fragmentos de ellas, al lado de los de Plauto y Terencio, en una célebre compilación retórica, formada en Alemania, la _Margarita Poética_, de Alberto de Eyb (Nuremberg, 1472), de la cual hemos manejado en nuestra Biblioteca Nacional las siguientes ediciones:

_a_) _Margarita poetica de arte dictandi ac practicandi epistolarum opus clarissimum incipit._

Incunable, sin año ni lugar. 4.º

_b_) _Oratorum omnium Poetarum: Hystoricorum: ac Philosophorum eleganter dicta: per clarissimum virum Albertum de Eiib in unum collecta faeliciter incipiunt._

(Colofón): _Summa Oratorum omnium: Poetarum: Historicorum: ac Philosophorum Autoritates in unum collectae per clarissimum virum Albertum de Eyb Vtriusque doctorum eximum: quae Margarita poetica dicitur: faeliciter finem adepta est. M.CCCC.LXXXXIII. Kalen. Ianuarii._

Fol.

_c_) _Margarita Poetica._

(Colofón): _Explicit opus excellentissimum in se continens omnium fere Oratorum Poetarum Historicorum ac Philosophorum Autoritates: collectum p. Clarissimum vir. Albertum de Eyb utriusque Iuris doctorem, quod Margaritam poeticam inscripsit: Impressum Basileae per magistrum Ioannem de Amerbach. Anno domini. M.CCCC.XCV._

_d_) _Margarita poetica de arte dictandi ac practicandi epistolarum opus clarissimum feliciter incipit._ Incunable, en 4.º, sin año ni lugar.

_e_) Edición en folio de 1503.

(Colofón): _Explicit opus excellentissimum in se continens omnium fere Oratorum: Poetarum: Historicorum ac Philosophorum Auctoritates: collectum p. Clarissimum virum Albertum de Eyb utriusque Iuris doctorem. quod Margaritam poeticam inscripsit: Impressum Basileae p. magistrum Ioannem de Amorbach Ioannem petri et Ioannem froben, consocios Anno domini. M.CCCCC.III._

_Secundae Partis: tractatus I._ Cap. XVI.

Nunc vero aliquas extraordinarias item Comoedias: et quidem numero tres prosequendas ex ordine duxi. Et imprimis Philodoxios: quae est Caroli Aretini: sese fert Comoedia admodum iucundissima.

_De auctoritatibus ac sententiis ex Comoedia philodoxios Caroli Aretini collectis._ Cap. XV.

_De auctoritatibus ac sententiis sumptis ex Comoedia de falso Hypocrita et tristi: Mercurii Roncii Vercellensis._ Cap. XVI.

_De auctoritatibus ac sententiis receptis ex Comoedia Philogenia Ugolini Parmensis._ Cap. XVII.

[122] _Storia della letteratura italiana di Adolfo Gaspary, tradotta dal tedesco da Vittorio Rossi._ Turin, Loescher, 1891, tomo II, pág. 196.

[123] «_Gracchus._--Nisi me fallit spes bona, bonum refert modo nuncium Tharatantara, nam aedepol venit hilarior, seque ocius movet ac solet... Triumpho hercule si quid jussi impetravit, eb obviam, heus, heus, Tharatantara, quae nova, quae nova?

«_Tharatantara._--Bona, bona.

«_Gracch._--Non sum apud me, successit oportune? »_Tharat._--Laetare, laetare inquam Grache, omnis res in vado est, nihil me fefellit, quod in mentem venerat. .......................................................... «_Gracch._--Si defessa es, mea mater, sede modo, atque enarra sedulo prout sese res habuere, primum cave ne me in gaudium conjicias frustra. .......................................................... «_Tharat._--Sede propius ne quis audiat nos.

«_Gracch._--Sedeo.

«_Tharat._--Principio ubi pulso foros aperitur illico, postea quae poscit omnium rogat Poliscena quid rei est secum.

«_Gracch._--Timeo.

«_Tharat._--Dico illam verbis tuis alloqui si lubet, stupe, squalor nascitur faciei, primum utor circuitione, laudibus extollo virginis formam, subridet ubi te nomino, rubet faciem...»

[124] Hay de la _Poliscene_ varias ediciones, todas de suma rareza. La más antigua, con el título de _Calphurnia et Gurgulio_, es de 1478, y probablemente sería la que leyese el bachiller Rojas, puesto que las demás que Brunet y otros bibliógrafos citan son posteriores á la impresión de la _Celestina_ (Leipzig, 1500, y otras cinco tiradas más hasta 1515; Krakau, 1509; Viena, 1516; todas con el título de _Comedia Poliscene per Leonardum Aretinum congesta_). No habiendo podido encontrar en España ninguna de ellas, he tenido que valerme de la reproducción incompleta que por casualidad hallé en un curioso librillo cuya portada dice así:

«_Equitis Franci et Adolescentulae Mulieris Italae Practica Artis Amandi, insigni et jucundissima historia ostensa. Cui praeterea, quae ex variis autoribus antehac annexa sunt, alia quaedam huic materiae non inconvenientia jam primum accesserunt, eaque singularia; et ad Praxim hujus saeculi potissimum accommodata. Auctore Hilario Drudone Poëseos studioso. Amstelodami, apud Georgium Trigg. 1651_».

Comienza con la novela de Eneas Silvio, pero contiene otras muchas piezas, en prosa y verso, de varios autores, algunas de ellas muy singulares y difíciles de hallar.

Las escenas de la comedia _Poliscene_ no llevan nombre de autor y sólo este caprichoso título: _Idea clandestinarum desponsationum, quae fiunt mediantibus mulieribus vetulis_ (págs. 147 á 158).

[125] No se conoce más que un manuscrito de esta comedia, el códice 462 de la biblioteca del Príncipe Lobkowitz, de Praga. Tanto la _Chrysis_ como la _Historia de Eurialo y Lucrecia_ fueron escritos en 1444, cuando Eneas Silvio contaba treinta y ocho años. Había nacido en 1405. En 1447 fué Obispo de Trieste; en 1450, de Siena; en 1456 entró en el Colegio de Cardenales, y fué electo Papa en el Cónclave de 1458. Tuvo corto pontificado puesto que falleció en 1464: La obra, muy extensa y erudita, pero no siempre imparcial, de Voigt (_Enea Silvio de Piccolomini als Papst Pius der Zweite und sein Zeitalter_, Berlin, 1856-1858) da cuantas noticias puedan desearse acerca de este Papa, una de las más dulces y simpáticas figuras del Renacimiento (Cf. Pastor, _Historia de los Papas_, tomo III de la traducción francesa, 1892).

[126] (Pág. CCCIII). Á lo que allí se dice sobre la bibliografía de esta novela debe añadirse que la edición segunda, mencionada por Nicolás Antonio y Gallardo como de Sevilla, 1533, acaso sea la de 1530, de que he visto un ejemplar en la biblioteca del Duque de T'Serclaes:

_Hystoria muy verdadera de dos amantes Eurialo Franco y Lucrecia Senesa que acaecio en la ciudad de Sena en el año de Mil y CCCC y XXXiij años en presencia del emperador Fadrique. Fecha por Eneas Silvio, que despues fue elegido papa llamado Pio Segundo._

(Al fin): _Fin del presente tractado de los dos Amantes Eurialo Franco y Lucrecia Senesa. Fué impreso en la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla por Juan Cromberger. Año de Mil y quinientos y treynta._

El Sr. Foulché Delbosc ha hecho una lindísima reimpresión de este librito, tomando por texto la edición de Sevilla, 1512, de la cual existen dos ejemplares, uno en la Biblioteca Nacional de Madrid, otro en el Museo Británico.

[127] PP. 57 y 58 de la edición de Foulché.

En las últimas palabras se habrá notado la imitación del último verso de la _Eneida_:

_Vitaque cum gemitu fugit indignata sub umbras_.

[128] «Era la estatura de Lucrecia algo más que de sus compañeras; su cabelladura roxa en abundancia; la frente alta y espaciosa, sin ruga alguna; las cejas en arco tendidas, delgadas, con espacio conueniente en medio; sus ojos tanto resplandecientes que, a la manera del sol, la vista de quien los mirasse embotauan, con aquellos a su plazer podia prender, herir, matar y dar la vida; la nariz, en proporcion afilada; las coloradas mexillas, con ygual medida della apartadas; ninguna cosa más de dessear ni más deleytable a la vista podia ser, la qual como reya, en cada vna de aquellas vn hoyo hendia, muy desseoso de besar de quien lo viesse; su boca, pequeña en lo conuenible; los beços como corales asaz codiciosos para morder; los dientes, pequeños y en orden puestos, semejauan de cristal, entre los quales la lengua discurriendo, no palabras mas suaue armonia parecia mouer. Qué dire de la blancura de la garganta? Ninguna cosa era en aquel cuerpo que no fuese mucho de loar...». (Pág. 4).

Cf. la descripción que Calisto hace de su amada en el _aucto_ primero: «Los ojos verdes, rasgados; las pestañas luengas, las cejas _delgadas_ e alçadas, la nariz mediana; la boca _pequeña_, los dientes _menvdos_ e blancos, los labios _colorados_ e grossezuelos; el torno del rostro poco más luengo que redondo; el pecho alto.»

Pero una y otra descripción quedan eclipsadas por la pintura que se hace de la reina Iseo en el último capítulo de _Don Tristan de Leonis_, justamente elogiada por el señor Bonilla (_Libros de Caballerías_, tomo I, pág. 456). No dudo que también la tuvo presente el autor de la _Celestina_, porque coinciden en algunas frases: «Otrosí tenia muy amorosa e graciosa y muy _pequeñita boca_, cuyos _labrios_, delgados quanto cumplian, eran _colorados_, que parescian de color de la resplandesciente mañana quando el sol encomienza a salir. Los quales labrios, segund su apostura, bien parescia no rehusar los dulces besos... La guarda e cobertura de los cuales tenian los muy _menudos dientes_, que parescian ser de fino marfil, puestos en orden no más uno que otro, puestos affirmados en las muy coloradas enzias, que parescian ser de color de rosa...».

El gracioso rasgo de Rodrigo de Reinosa ó quien quiera que sea el autor del romance de «La gentil dama y el rústico pastor»;

Las teticas agudicas--que el brial quieren romper,

está tomado de este lindísimo retrato de Iseo: «Tenia otrosí muy espacioso e blanco pecho, en que eran dos tetillas a manera de dos mançanas, eran _agudas que parescian romper sus vestiduras_».

[129] _La Cassaria_ y _Gli Suppositi_, primeras comedias del Ariosto, son de 1508 y 1509. La _Amicizia_, del Nardi, fué escrita entre 1509 y 1512. La _Calandria_, del cardenal Bibbiena, fué representada por primera vez en la Corte de Urbino en 6 de febrero de 1513. No se sabe la fecha precisa de la _Mandragola_, pero sí que no pudo ser anterior á 1512; fechas todas muy tardías comparadas con la de la _Celestina_, que ya estaba traducida al italiano en 1505. No hay para qué hablar del _Orfeo_, de Poliziano (1471), ni del _Timon_, de Boyardo (¿1480?), porque no tienen la menor relación con el género de la Celestina ni son tampoco verdaderas comedias.

Vid. Arturo Graf, _Studi drammatici_ (Turín, ed. Loescher, 1878), pp. 281, 282.

[130] En los Estatutos de la Universidad de Salamanca (1538), título 61, «de los Colegios de Gramática», se dispone que «en cada Colegio cada año se representará una comedia de Plauto ó Terencio ó _tragicomedia_, la primera el primero domingo de las octavas de Corpus Christi, y las otras en los domingos siguientes; y el regente que mejor hiziere y representare las dichas comedias ó tragedias se le den seis ducados del arca del estudio, y sean juezes para dar este premio el rector y maestre escuela».

(_Memoria histórica de la Universidad de Salamanca..._ por D. Alejandro Vidal y Díaz. Salamanca, 1869, pág. 94.)

[131] _Ioannis Maldonati Hispaniola (Comedia) nunc denique per ipsum autorem restituta atque detersa; scholiisque locis aliquot illustrata_, 1535. (Al fin): _Burgis in officina Ioannis Iuntae mense octobri anno M.D.XXXV_ (Biblioteca Nacional).

Esta edición, única que he visto, es probablemente la última. El autor, según nos informa en el prólogo, había escrito esta comedia en 1519. Corrieron copias de ella, se representó en Portugal ante la reina de Francia D.ª Leonor, y fué impresa dos veces (una de ellas en Valladolid) sin anuencia suya. También habla de una representación en Burgos _in aula Principis_. La comedia tiene cinco actos en prosa, y está dedicada al Corregidor de Córdoba D. Diego de Osorio. La fábula es original y poco ingeniosa, pero en el estilo quiere remedar á Plauto: «Rapuit me tunc feriatum a bonis studiis, Plautus suis deliciis ac jocis; et extra vitae institutum longe prolusit. Commentus sum novum argumentum; sed nostris annis magis accommodum; nam in hoc nihil mihi juvavit Plautus; coeterum inter meditandum, sales et joci Plautini circumsonabant aures meas».

Maldonado da á entender que ya iba pasando en Italia la moda de las comedias humanísticas: «Videbantur auditores et spectatores admirari; et frontem corrugare _quod esset in Hispania qui Comoedias componeret, cum Italia jamdudum Comicos non producat_».

Sobre la _Hispaniola_ vid. Gallardo, tomo 3.º, núm. 2.878, y Bonilla, en una nota á su traducción castellana del _Manual de Literatura Española_ de Fitzmaurice-Kelly (p. 230).

[132] «En 1562 se representó en la plaza pública una comedia latina sobre el rico epulón, titulada _Gastrimargus_, miserable parodia de las de Terencio, con sus criados locuaces, sus desvergonzadas rameras y sus máximas morales, pero sin numen, sin agudeza y casi sin versificación. Asistían á ella dos Obispos, el virrey, multitud de autoridades, teólogos y caballeros, y un concurso de ocho mil personas...»

(Artículo de D. José María Quadrado en _La Palma_ (1840), pág. 232. Ignoro el paradero actual del manuscrito del _Gastrimargus_ que poseía Bover y leyó Quadrado.)

[133] Artículo publicado en _La Unidad Católica_, periódico de Palma de Mallorca, 1871, y reimpreso en el tomo VI de las _Obras Completas de D. Manuel Milá y Fontanals_ (Barcelona, 1895), página 323.

[134] Vid. _Francisci Petrarchae Florentini, Philosophi, Oratoris et Poetae clarissimi... Opera quae extant omnia... Basileae excudebat Henrichus Petri_ (1554), tomo I, pág. 121.

«Ex omnibus quae mihi lecta placuerint vel audita, nihil penè vel insedit altius, vel tenacius inhaesit, vel crebrius ad memoriam redit, quam illud Heracliti: Omnia secundum litem fieri, et sic esse propemodum universa testantur. Rapido Stellae obuiant firmamento, etc.»

Sigue el pasaje copiado por Rojas.

[135] «_Ver humidum, aestas arida, mollis autumnus, hyems hispida, et quae vicissitudo dicitur pugna est. Haec ipsa igitur quibus insistimus, quibus cirumfouemur et vivimus, quae tot illecebris blandiuntur, quamque si irasci ceperint sint horrenda, indicant terraemotus et concitatissimi turbines, indicant naufragia atque incendia seu coelo seu terris saevientia, quis insultus grandinis, quaenam illi vis imbrium, qui fremitus tonitruum, qui fulminis impetus_, quae rabies procellarum, qui feruor, qui mugitus pelagi, qui torrentium fragor, qui fluminum excursus, _qui nubium cursus et recursus et concursus_? Mare ipsum praeter apertam ac rapidam vim ventorum, atque abditos fluctuum tumores, incertis vicibus alternantes, certos statutosque fluxus ac refluxus habet... _quae res dum manifesti motus latens causa quaeritur, non minorem Philosophorum in scholis, quam fluctuum ipso in pelago litem movit. Quid quod nullum animal bello uacat? pisces, ferae, volucres, serpentes, homines, una species aliam exagitat, nulli omnium quies data, leo lupum, lupus canem, canis leporem insequitur... Basiliscus angues reliquos sibilo, adventu, visu perimit_... Qui et littoreae volucres, aquaticaeque quadrupedes, aequor, stagna, lacus et flumina rimantur, exhauriunt, et infestant, ut mihi omnium inquietissima pars rerum aqua videatur, et suis motibus et incolarum perpetuis acta tumultibus, quippe quae nouorum animantium ac monstrorum feracissima esse non ambigitur, usque adeo, ut vulgi opinionem, ne docti quidem respuant, _omnes prope quas terra vel aër animantium formas habet, esse in aquis, cum imnumerabiles ibi sint_, quas et aër et terra non habet...

«_Maris caput sua quadam naturali sed effrenata dulcedine, in os viperae insertum, illa praecipiti feruore libidinis amputat, inde iam praegnans vidua, cum pariendi tempus advenerit, foetu multiplici praegravante, et velut in ultionem patris uno quoque quamprimum erumpere festinante, discerpitur, Ita duo animantium prima vota, proles et coitus, huic generi infausta penitusque mortifera deprehenduntur_, dum marem coitus, matrem partus interimit.

«_Echineis semipedalis pisciculus navim quamvis immensam, ventis, undis, remis, velis actam, retinet._» (Aquí Rojas añade de su cosecha ó de la del Comendador Griego las citas de Aristóteles, Plinio y Lucano.)

«_Esse circa mare Indicum inauditae magnitudinis auem quandam quam «Rochum» nostri vocant quae non modo singulos homines, sed tota insuper rostro praehensa navigia secum tollat in nubila, et pendentes in aëre miseros navigantes, advolatu ipso terribilem mortem ferat_...

«_Homo ipse terrestrium dux et rector animantium_, qui rationis gubernaculo solus hoc iter vitae, et hoc mare tumidum turbidumque tranquillè agere possi videretur, quam continua lite agitur, non modò cum aliis sed secum... _Quid de communi vita deque actibus mortalium loquar? vix duos in magna urbe concordes, cum multa tum maxima aedificiorum habituumque uarietas arguit... Iam quae infantium bella cum lapsibus, quae puerorum rixae cum literis... quaenam insuper adolescentium lis cum voluptatibus dicam verius, immo quanta secum lis affectuumque collisio._»

_F. Petrarchae Operum_, ed. de Basilea, pp. 121-124.

[136] Vid. A. Farinelli, _Sulla fortuna del Petrarca in Ispagna nel Quattrocento_, Turin, Loescher, 1904 (Extracto del _Giornale storico della letteratura italiana_, tomo 44, pp. 297-350).

[137] _Adelheidis de Romano_.

«Fama est et quidam scriptores asserunt Ezzelinum de Romano, et Albricum fratres, cruentos et immanes homines, matrem habuisse Adelheidam ex nobili Tuscorum sanguine foeminam, alti ingenii consiliique et tam astrorum coelique studio, quam magicis arcibus supra fidem venturi praesciam. Haec cum saepe multa tam viro quam natis, turn praecipue euidens unum, circa diem suae mortis, oraculi more tribus versiculis pronunciasse dicitur. In quibus quidem et filiorum potentiam, et exitum, _et utrique_ suae mortis locum ita cecinit, ut ipsis euentibus nihil et vaticinio demeretur, quia etiam ut Albricum sileam, cum Ezzelinus ipse monitus Cassanum canere, ignobilis vici nescius, Cassanum castrum in Paduanorum ac Hetruscorum situm finibus fatale ratus... omni semper studio vitasset, tandem post septuagesimum aetatis annum, dum summa vi Mediolanum petit, ab omnibus ferme Longobardis, quibus trux et insolens spiritus, odiosum illum fecerat, circumventus est, iam pontem adhuc fluminis transiverat, illic in extremis sese casibus videns, loci nomen sciscitatus, ubi Cassanum audivit, confusionem nominum recognoscens, adacto calcaribus equo, in oppositum sese flumen injecit. Heu fatum inevitabile, heu materna praesagia, heu arcanum Cassanum horrendo murmure vociferans, ac vix terrae redditus adversae, ab innumerabili hostium exercitu, qui iam pontem et utranque ripam occupaverat opprimitur».

_F. Petrarchae Opera_, ed. de Basilea, tomo I, pág. 536.

Sabido es que Ezzelino y su madre son personajes capitales en uno de los más antiguos ensayos trágicos de Europa, la _Eccerinis_ del paduano Albertino Mussato, contemporáneo del Petrarca.

[138] Alcibiades paulo prius quam e rebus humanis repelleretur, se amicae suae veste contectum somniaverat, alias fortassis sperare licuit illecebras amanti, sed enim brevi post occisus, et nullo miserante insepultus iacens, amicae obvolutus amiculo est».

_F. Petrarchae Opera_, I, p. 532.

[139] Dice el Petrarca consolando á un amigo suyo en la muerte de su hermano:

«Et tamen, ut intelligas quorum ego te numeris adscribo, tantoque fretus comitatu haereas in incepto, quantum memoria complecti potuero... aliquot nobiliora exempla et omni copia vetustatis interseram. _Æmilius Paulus_, vir amplissimus et suae aetatis ac patriae summum decus, ex quatuor filiis praeclarissimae indolis, _duos, extra familiam in adoptionem aliis dando, ipse sibi abstulit: duos reliquos intra septem dierum spatium mors rapuit_». (Aquí Rojas trastrocó el sentido, pues lo que el Petrarca dice no es que á Paulo Emilio le quedasen dos hijos dados en adopción, sino al contrario, que los perdió para su familia por habérselos dado en adopción á extraños). «Ipse tamen orbitatem suam tam excelso animo pertulit, ut prodiret in publicum, ubi, audiente populo Romano, _casum suum tam magnifice consolatus est, ut magis metuere ne quem dolor ille fregisset, quam ipse fractus esse, videretur... Pericles, Atheniensis dux_, inter quatuor dies duobus filiis orbitus non solum non ingemuit, sed nec priorem frontis habitum mutavit... _Xenophon_, filii morte nuntiata, sacrificium cui tunc intererat, non omisit... _Anaxagoras mortem filii nuncianti: Nihil_ inquit, _novum aut inaxpectatum audio: ego enim, cum sim mortalis, sciebam ex me genitum esse mortalem_.»

(_Liber secundus. Epistola I. Philippo Episcopo Carallicensi._)

El caso de Lambas de Auria está referido en la carta siguiente á persona desconocida sobre el tema «Facilem sapienti iacturam esse sepulchri»:

«Unum de multis exemplum illustre non sileo. _Lambas de Auria_, vir acerrimus atque fortissimus, _dux Januensium_ fuisse narratur eo maritimo praelio quod primum cum Venetis habuerunt, omnium memorabili, quae patrum nostrorum temporibus gesta sunt... Cumque in eo congressu filius illi unicus, florentissimus adolescens, qui paternae navis proram obtinebat, sagitta traiectus, primus omnium corruisset, ac circa iacentem luctus horrendus sublatus esset, accurrit pater, et _Non gemendi_, inquit, _sed pugnandi tempus est_. Deinde versus ad filium, postquam in eo nullam vitae spem videt: _Tu vero_, inquit, _fili, nunquam tam pulchras habuisses sepulturam, si defunctus esses in patria_. Haec dicens, armatus armatum tepentemque complexus, proiecit in medios fluctus, ipsa, ut mihi quidem videtur, calamitate felicissimus.»

(Libro II, epist. II, _Ad ignotum_.)

_Francisci Petrarcae, Epistolae de rebus familiaribus et variae... studio et cura Josephi Fracasseti. Florentiae, typis Le Monnier, 1859._

(Tomo I, págs. 81, 82 y 85.)

[140] Vid. A. Farinelli, _Note sulla fortuna del «Corbaccio» nella Spagna Medievale_, en la _Miscellanea Mussafia_, Halle, 1905, pág. 43. «Non dipende invece, a mio giudizio, del _Corbaccio_ la tirata contro le donne che Sempronio regala a Calisto nella _Celestina_ (I.º atto) per guarire la sua struggente passione d'amore. E suggerita dalla _Reprobación_ dell Arciprete, come intendo dimostrare altrove trattando delle fonti della _Celestina_». Si esta promesa se hubiese cumplido, me hubiera ahorrado mucho trabajo.

En otro eruditísimo estudio suyo (_Note sul Boccaccio in Ispagna nell' Età media_, publicado en el _Archiv für das Studium der neueren Sprachen und Literaturen_, de L. Herrigs, Braunschweig, 1906) recuerda Farinelli que «la povera Melibea... negli estremi frangenti apre il libro delle _Caydas_ per leggervi i fatti di Nembrot, del «magno Alexandre», di Pasifae, di Minerva, di Mirra, di Semiramide e d'altri illustri» (Pág. 33).

[141] Léase, sobre todo, el capítulo VIII: «Nel quale madonna Fiammetta le pene sue con quelle di molte antiche donne commensurando, le sue maggiori che alcune altre essere dimostra, e poi, finalmente a suoi lamenti conchiude» (_Opere Volgari di Giovanni Boccaccio_... Florencia, ed. Moutier, 1829, tomo VI, pág. 181 y siguientes).

[142] Vid., entre otros, el elegante libro del Conde de Puymaigre, uno de los más simpáticos cultivadores que han tenido en Francia los estudios hispánicos, _La Cour Littéraire de Don Juan II_, París, 1873, tomo I, pág. 166.

[143] «Verás quién fue Virgilio e qué tanto supo; mas ya avrás oydo cómo estuvo en un cesto colgado de una torre, mirandolo todo Roma; pero por esso no dexó de ser honrado, ni perdió el nombre de Virgilio». (_Celestina_, aucto VII.)

«¿Quién vido Vergilio, un hombre de tanta acucia e ciencia, cual nunca de mágica arte nin ciencia otro cualquier o tal se sopo nin se vido nin falló, _segund por sus fechos podrás leer, oyr e ver_, que estuvo en Roma colgado de una torre a una ventana, a vista de todo el pueblo romano, sólo por dezir e porfiar que su saber era tan grande que mujer en el mundo no le podia engañar». (_Arcipreste de Talavera_, ed. de la Sociedad de Bibliófilos Españoles, 1901, pág. 49.)

Me parece que el Arcipreste en las palabras subrayadas alude al libro popular _Les faits merveilleux de Virgile_, del cual existen traducciones en inglés, en alemán, en holandés y hasta en islandés, y es muy verisímil que la hubiera en castellano (Vid. Comparetti, _Virgilio nel Medio Evo_, Liorna, 1872, tomo II, pág. 151 y ss.).

[144] Páginas 130-131.

[145] Páginas 181-182.

[146] _Revue Hispanique_, IX, p. 297.

[147] Ha sido publicado por D. Antonio Paz y Melia en un tomo de _Opúsculos Literarios de los siglos_ XIV _á_ XVI, que forma parte de la colección de los Bibliófilos Españoles (Madrid, 1892).

Pgs. 219-244: «Tractado que fizo el muy excelente é elevado Maestro en Santa Teología e en Artes, D. Alfonso, Obispo que fué de Avila, que llamaban el Tostado, estando en el Estudio, por el qual se prueba por la Santa Escriptura cómo al ome es nescesario amar».

[148] Vid. la _Cárcel de Amor_, en el tomo II de estos _Orígenes_, pág. 28.

[149] _Geschichte der deutschen Dichtung_, 4.ª edición, Leipzig, 1853. Reproduzco la elegante traducción que ocasionalmente hizo de este pasaje D. Juan Valera (_Disertaciones y juicios literarios_, 1878, pág. 320).

[150] La comparación con Shakespeare ha llegado á ser un lugar común en la crítica alemana sobre la _Celestina_. Ya Clarus había escrito en 1846: «Der Contrast zwischen Liebesglück und Liebesleid ist auf eine so bewundernswürdige Art benutzt, dass man in der Gallerie der Tragödien der Liebe die Melibea dreist in der Nähe von Romeo und Julia aufstellen darf. Diese Tragödie ähnelt in vielen Zügen dem 150 Jahre ältern Werke des Spaniers, in welchem sich überhaupt, wie ich näher belegen werde, vielfach eine Anlage zu einem pyrenäischen Shakspeare hervorthut, an dessen Kraftmanier so mancher Witz, so manches Bild und so manche Empfindungsform erinnert. Ich glaube wohl, dass der im oben angeführten Titel ausgedrückte didaktische Zweck dem Verfasser mehr gegolten hat, als die unvergleichliche Darstellung von der Liebe Lust und Leid, welche sich selbst als den Kern des Stückes bleibend geltend zu machen gewusst hat».

(_Darstellung der Spanischen Literatur in Mittelalter von Ludwig Clarus. Mit einer Vorrede von Joseph v. Görres. Zweiter Band, Mainz_ (Maguncia), 1846, tomo II, pág. 358.)

Con este magnífico elogio concuerdan el de Lemcke (_Handbuch_, I, 152) y el de Fernando Wolf (_Studien_, p. 287), que no se fija sólo en _Romeo y Julieta_, sino que declara shakespirianos otros rasgos, como el de Melibea, cuando oye á sus padres ponderar su inocencia, ó la escena en que el rufián Centurio, cuyo humor compara con el de Falstaff, promete á Elicia y Areusa darles cumplida venganza de la muerte de su _madre_.

Finalmente Klein, de cuyo enorme trabajo, tan interesante, aunque tan desordenado y de tan raro estilo, no se hace el debido aprecio, desarrolla más extensamente que nadie el paralelo entre _Romeo y Julieta_ y _Calisto y Melibea_, y se inclina á admitir que Shakespeare conoció la _Celestina_ de cualquier manera que fuese, original ó traducida:

«Wenn Shakespeare dem Italïenischen Drama Motive für die äussere Structur seines Fabel absah, wenn er einzelge Züge italienischer Charactertypen in seine Figuren aufnahm: so war die «Celestina» von der wir nun künhlich annehmen dürfen, dass er sie gekannt, für ihn eine Studie psychologischer Charaktervertiefung und Leidenschaftsentwickelung, eine Studie des tragikomischen Kunstyls, und er musste eine innere Verwandtschaft seiner Compositionsweise, seiner Ausdrucksfärbung und seines Kunsthumors...»

(_Geschichte der Drama's von J. L._ Klein, VIII. _Das Spanische Drama_, Erster Band. Leipzig. T. O. Weigel, 1871, p. 927.)

[151] Edición de Eduardo Boehmer en los _Romanische Studien_ (_Heft XXII, sechsten bandes viertes heft_). Bonn, 1895, p. 415.

[152]

OTHELLO

_I look down towards his feet--but that's a fable-- If that thou be'st a devil, I cannot kill thee_ .......................................................... Will you, I pray, demand _that demidevil_, Why he hath thus ensnaer'd my _soul and body_?

(Ac. V. sc. II).

[153] Citado por Wolf en sus _Studien_, pp. 287-288. Traducción de D. Miguel de Unamuno con el impropio título (debido meramente al editor) de _Historia de las literaturas castellana y portuguesa_, tomo I, pág. 318.

[154] «Por Dios, pecado ganas en no dar parte destas gracias a todos los que bien te quieren; que no te las dió Dios para que passasen en balde por el frescor de tu juventud, debaxo de seys doblezes de paño e lienço. Cata que no seas auarienta de lo que poco te costó; no atesores tu gentileza, pues es de su natura tan comunicable como el dinero; no seas como el perro del ortolano... Mira que es pecado fatigar e dar pena a los hombres, pudiéndolos remediar»... (Aucto VII).

Cf. _Artis Amatoriae_, lib. III:

Venturae memores jam nunc estote senectae: Sic nullum vobis tempus abibit iners. Dum licet, et veros etiam nunc editis annos, Ludite: eunt anni more fluentis aquae. .......................................................... Nostra sine auxilio fugiunt bona: carpite florem; Qui, nisi carptus erit, turpiter ipse cadet.

(V. 59-63, 79-80).

[155] Dice Sempronio á Calisto en el aucto II: «O de muerto o loco no podrás escapar, si siempre no te acompaña quien te allegue plazeres, diga donayres, tenga canciones alegres, cante romances, cuente hystorias, pinte motes, finja cuentos, juege a naypes, arme motes; finalmente, que sepa buscar todo género de dulce passatiempo para no dexar trasponer tu pensamiento en aquellos crueles desvios que recebiste de aquella señora en el primer trance de tus amores».

En sus amoríos con Elicia quiere remedar chistosamente la gentileza y gala de su señor, y habla en su mismo lenguaje, jactándose de haber hecho proezas y festejos caballerescos, seguramente imaginarios: «Señora, en todo concedo con tu razon; que aqui está quien me causó algun tiempo andar fecho otro Calisto, perdido el sentido, cansado el cuerpo, la cabeça vana, los dias mal dormiendo, los noches todas velando, dando aluoradas, haziendo _momos_, saltando paredes, poniendo cada dia la vida al tablero, esperando toros, corriendo cauallos, tirando barra, echando lança, cansando amigos, quebrando espadas, haziendo escalas, vistiendo armas e otros mill autos de enamorado, haziendo coplas, pintando motes, sacando inuenciones» (Aucto IX).

Á pesar de tan fanfarrón lenguaje, la cobardía es una de sus notas características, y no la disimulan ni él ni Pármeno cuando acompañan, á razonable distancia, á su amo en el aucto XII. Allí está la célebre frase: «Apercibete, a la primera boz que oyeres, _tomar calças de Villadiego_». Hasta en esto son precursores de los lacayos y graciosos de las comedias del siglo XVII.

El profesor de la Sorbona, E. Martinenche, en su tesis latina, que es uno de los juicios más razonados que se han escrito sobre la tragicomedia de Rojas, ve también en los mozos de Calisto el primer tipo de criados del teatro moderno:

«Illi famuli industriosi simul et solertes et quibus nihil sancti erat, cum in Italiam devecti fuisent, solertiores dolorum et comicarum machinarum artifices paulo post facti sunt, saporemque rusticum quem apud Hispanos habuerant exuere. Mox in Galliam penetravere, ibique sub variis seu Scapini seu Mascarilli nominibus praeclaras vel potius in primas partes, in his comoediis quas exemplaria Italorum secuti nostri poetae ediderunt. Attamen vera eorum proles intra fines Hispaniae permansit non solum in fabulis ad scenam accommodatis, sed etiam in his ubi legentibus seu ignobilium, seu nequam hominum facta narrantur... Ex illa prosapia evadunt illi apud populum notissimi quibus inclytum nomen _Gil Blas_ et _Figaro_ indictum est. Ad _Celestinam_ igitur, si quis verum originem illorum recentiorum famulorum... respicere necesse est».

(_Quatenus Tragicomoedia de Calisto y Melibea vulgo Celestina dicta ad informandum Hispaniense Theatrum valuerit. Thesim Facultati Litterarum in Parisiensi Universitate proponebat._ Nimes, 1900, pp. 55-56).

En las últimas palabras del distinguido crítico hay algo de exageración. Tanto los héroes de nuestras novelas picarescas como Gil Blas y Fígaro tienen una psicología mucho más complicada que la de los sirvientes de Calisto. Tampoco encuentro en éstos ninguna clase de sabor rústico, lo cual más bien cuadra al _bobo_, que es figura casi obligada en nuestro teatro popular del siglo XVI. Sempronio y Pármeno son evidentemente criados de ciudad.

Cronológicamente preceden á los de la comedia italiana del siglo XVI; pero ésta se formó sobre la imitación de Plauto y Terencio, sin intervención de la _Celestina_. Se ha de tener en cuenta, además, que ya en algunas comedias humanísticas, por ejemplo el _Paulus_, aparece el fámulo ó doméstico moderno emancipado de la condición servil.

[156] _La Comedia de Plauto, intitulada Milite glorioso, traducida en lengua Castellana. En Anvers. En casa de Martin Nucio. M.D.LV._ (En el mismo tomito, y con paginación seguida, aunque con distinta portada, está la versión de los _Meneschmos_). Fol. 5 vto. á 8.

[157]

_O, that I were a glove upon that hand, That I might touch that cheek_...

(Act. II. sc. II).

[158]

_Call me but love, and I'll be new baptized; Henceforth I never will be Romeo._

(Id. íd).

[159]

_One fairer than my love! the all-seeing sun Ne' er saw her match, since first the world begun._

(Act. I. sc. II).

[160]

_O, she doth teach the torches to burn It seems she hangs upon the cheek of night Like a rich jewel in an Æthiop's ear: Beauty too rich for use, for earth too dear! So shows a snowy dove trooping with crows, As yonder lady o' er her fellows shows._ .......................................................... _Did my heart love till now? forswear it, sight! For I n'er saw true beauty till this night._

(Act. I. sc. V).

[161]

_Art thou a man? thy form cries out, thou art: Thy tears are womanish! thy wild acts denote The unreasonable fury of a beast._

(Act. III, sc. III).

[162]

_Go, ask his name:--if he be married, My grave is like to be my wedding-bed._

(Ac. I, sc. V).

[163]

_My, only love sprung from my only hate! Too early seen unknown, and known too late! Prodigious birth of love is it to me, That I must love a loathed enemy._

(Act. I, sc. V).

[164] El origen del segundo y bellísimo dúo shakespiriano (Act. III, sc. V):

_Wilt thou be gone? it is not yet near day_...

se encuentra, según recientes investigadores, en el poema de Chaucer _Troylus and Cryseide_ (Vid. E. Koeppel, _Juliet Capulet and Chaucer's Troylus_, en el _Jahrbuch der Shakesp. Gesellschaft_, 1902, pp. 238 y ss.). Pero este poema, á su vez, está imitado del _Filostrato_ de Boccaccio y de la _Crónica Troyana_ (Vid. G. C. Hamilton, _The indebtedness of Chaucer's «Troilus and Criseyde» to Guido delle Colonne's «Historia Troyana»_, New York, 1903). Ambas obras eran seguramente familiares á Rojas, y pueden explicar algunas semejanzas entre él y Shakespeare.

En el _Bursario_, traducción de las _Heroidas_ de Ovidio, atribuída, creo que con fundamento, á Juan Rodríguez del Padrón, se encuentran algunas epístolas añadidas por el traductor, y entre ellas dos muy notables de _Troylo y Bresayda_ (_sic_, por _Criseyda_). En la primera se lee este pasaje, verdaderamente poético, que coincide en gran manera con los de Chaucer y Shakespeare: «Miémbrate agora de la postrimera noche que tú e yo manimos en uno, é entravan los rayos de la claridat de la luna por la finiestra de la nuestra cámara, y quexávaste tú pensando que era la mañana, y decias con falsa lengua, como en manera de querella: «Oh fuegos de la claridat del radiante divino, los quales haziendo vuestro ordenado curso, vos mostrades y venides en pos de la conturbal hora de las tinieblas! Muevan vos agora a piedat los grandes gemidos y dolorosos sospiros de la mezquina Breçaida, y cesat de mostrar tan ayna la fuerza del vuestro gran poder, dando logar a Bresayda que repose algun tanto con Troylos, su leal amigo!» E dezias tú, Bresayda: «Oh quánto me ternia por bienaventurada si agora yo supiese la arte mágica, que es la alta sciencia de los mágicos, por la qual han poder de hazer del dia noche y de la noche dia por sus sabias palabras y maravillosos sacrificios!... ¿E por qué no es a mí posible de tirar la fuerza al dia?» E yo, movido a piedat por las quexas que tú mostrabas, levantéme y sallí de la cámara, y vi que era la hora de la media noche, quando el mayor sueño tenía amansadas todas las criaturas, y vi el ayre acallantado, y vi ruciadas las fojas de los arboles de la huerta del alcazar del rey mi padre, llamado Ilion, y quedas, que no se movian, de guisa que cosa alguna no obraban de su virtut. E torné a ti, y dixete «Breçaida, no te quexes, que no es el dia como tú piensas». E fueste tú muy alegre con las nuevas que te yo dixe...». (_Obras de Juan Rodríguez del Padrón_, publicadas por la Sociedad de Bibliófilos Españoles, Madrid, 1884, pp. 303-304).

Palabra por palabra se encuentran repetidas algunas frases de este trozo en el _Tirant lo Blanch_ (ed. de Aguiló, tomo II, p. 365, _Resposta feta per lo Conestable a la letra de Stephania_... «Recordam aquella darrera nit que tu e yo erem en lo llit, e tu pensant fos lo dia, deyes en manera de querella... E mes deyes: O quant me tendria yo per benaventurada si yo sabes lart magica que es lalta sciencia dels magichs en la qual han poder de fer tornar del dia nit»).

¿Existirían también en catalán estas epístolas ó las traduciría del castellano Juan Martorell? De todos modos, resulta oscuro para mí el origen de estas cartas, que no se explican sólo con el canto ó parte quinta del _Filostrato_. Mucho más se parece el segundo capítulo de la _Fiammetta_, pero las principales bellezas tampoco están allí. Otro, con más datos que yo, resolverá este punto, que aquí es incidental.

[165] Se ha de advertir, aunque la _Celestina_ pasa por obra impura y _Romeo y Julieta_ por un poema de amor casto é inocente, que en las escenas culminantes de pasión el lenguaje de las dos heroínas se parece mucho. Recuérdese el ardiente soliloquio de Julieta en el acto tercero:

Spread thy close curtain, love-performing night, That runaways' eyes may wink, and Romeo Leap to these arms, untalk'd of and unseen. Lovers can see to do their amorous rites By their own beauties; or, if love be blind, It best agrees with night. Come, civil night, Thou sober-suited matron, all in black, _And learn me how to lose a winning match, Play'd for a pair of stainless maidenhoods_.

(Act. III, sc. II).

[166] _Diálogo de la lengua_, ed. Boehmer, pág. 415.

[167] Así y todo, no le falta razón á Klein cuando escribe (_Geschichte des Drama's_, VIII. _Das Spanische drama_, erster Band, pág. 914): «Wir wären zu glauben geneigt, dass die, einige Decennien nach der «Celestina» von Luigi da Porto zuerst (1524) und dann von Bandello verfasste Julia--und Romeo--Novelle, einen Widerstrich dem analogen Motive in der Celestina bieten dasselbe zu dem Zwecke veredeln sollte, um das Geschick der baiden Liebenden für christliche Herzen mitleidwürdiger als abschreckend erscheinen zu lassen».

[168] Claro es que aquí no pretendo caracterizar el riquísimo y variado teatro cómico de Lope, Tirso y Alarcón, ni tampoco el de Rojas y Moreto, sino únicamente el de Calderón, y en una parte sola, que no es la más importante. Hay que guardarse de la exageración realista, ya que hemos pasado de la exageración romántica. Algo lejos va en este camino de reacción el señor Martinenche en su tesis latina ya citada: «Quod exemplum (_el de Rojas_) si Lope de Vega ejusque discipuli assecuti essent, multum fortasse profecissent. Sexto enim decimo in saeculo nescio quem sicerum poetae saporem fundunt quo multo magis delectamur quam fucatis horum odoribus qui ab illis profecti sunt. Secundum naturam sermonem tum scriptores enuntiant qui, velut Rojas noster, simplicem atque in promptu positum dicendi modum ad vividissimas res ingenue exprimendas adhibent. Qui contra septimo decimo in saeculo ingenium jactant, dum fictis et veritatem excedentibus fabulis inserviunt, arcessitis utuntur sententiis et jam deflorescentem et deminutam hispaniensis theatri speciem ante oculos nostros obversant». (Pág. 111).

[169] _El Superhombre y otras novedades, artículos críticos sobre producciones literarias de fines del siglo_ XIX _y principios del_ XX. Madrid, 1893, pág. 228 (artículo escrito con ocasión de la _Celestina_ de Vigo).

Algo semejante había indicado D. Alberto Lista en sus _Lecciones de Literatura Española_.

[170] El marido de la reina Iseo.

[171] _Libros de Caballerías_ (primera parte), publicados por D. Adolfo Bonilla (tomo VI de la presente _Biblioteca_), pág. 455.

[172] Fué de los primeros que en Alemania hicieron plena justicia á la _Celestina_, dedicándola un extenso análisis con traducción de varias escenas, y una característica muy interesante, en su Manual, que traducido á tiempo hubiera evitado muchos tropiezos á los historiadores de nuestras letras.

_Darstellung der Spanischen Literatur im Mittelalter von Ludwig Clarus. Mit einer Vorrede von Joseph v. Görres._ Mainz (Maguncia), 1846. PP. 357-406.

[173] «Es ist wahr, dass ein Werk, worin eine Kupplerin die Hauptrolle spielt, worin mehrere scenen ihren Verkehr mit liederlichen Dirnen schildern, sich nicht für ein Mädchenpensionat schickt. Wenn man aber bedenkt, mit welcher Naivetät das Mittelalter überhaupt geschlechtliche Verhältnisse darstellt, wie bei den Südländern insbesondere noch jetzt selbst ehrbare Frauen keinen Anstoss nehmen, in dieser Beziehung _pan_, _pan_ und _vino_ _vino_ zu nennen, so wird selbst durch einzelne stellen und scenen, die darin nach unseren jetzigen Ansichten allzu frei und allzu nackt wären, ein wahrhaft sittliches gefühl sich minder beleidigt fühlen, als durch die sanctionierten Zweideutigkeiten und die verhüllte Lüsternheit der Modernen». (_Studien_, p. 288).

[174] Palabras con que perfectamente le caracteriza el señor Fitzmaurice-Kelly en su bello prólogo á la _Celestina_ inglesa de Mabbe: «The work is the product of a mind vigorous, grave, lucid, shackled by few prejudices or opinions, alert to impressions, stored with a large experience of life and men, their occasions, foibles, and pitfalls.... Richly dowered with the sense of the romance, the mystery, and the passions of existence, Rojas stands apart from the buoyant hope of youth and from the ecstasy of love: he describes and analyses from without» (PP. 25-26). En lo que va un poco lejos es en suponer que Rojas era un artista puro, que no se proponía ningún fin moral: «he is an artist, not a moralist», comparándole con algunos modernos como Flaubert y Guy de Maupassant. No es fácil concebir un artista de este género á fines del siglo XV, ni siquiera en Italia. Bueno ó malo, tiene su fin moral la _Celestina_, y el autor no pierde ocasión de inculcarlo.

[175] Junto de intento esas dos palabras, porque la filosofía de Epicuro, de la cual suele hablarse de oídas, es profundamente triste, sobre todo en los versos de su gran intérprete romano, que es uno de los precursores más legítimos de la melancolía romántica.

[176] «_Lucrecia._--Trabajo ternias, madre, con tantas moças, que es ganado muy penoso de guardar.

«_Celest._--¿Trabajo, mi amor? Antes descanso e aliuio; todas me obedescian, todas me honrrauan, de todas era acatada, ninguna salía de mi querer; lo que yo dezia era lo bueno, a cada qual daua cobro... Mio era el prouecho, suyo el afan. Pues seruidores, ¿no tenia por su causa dellas? caualleros viejos e moços, abades, de todas dignidades, desde obispos hasta sacristanes. En entrando por la Iglesia via derrocar bonetes en mi honor, como si yo fuera vna duquesa: el que menos auia de negociar conmigo, por mas ruyn se tenia. De media legua que me viessen, dexauan las Horas; vno a vno, dos á dos, venian a donde yo estaua, a ver si mandaua algo, a preguntarme cada vno por la suya. En viendome entrar se turbauan, que no hazian ni dezian cosas a derechas. Vnos me llamauan señora, otros tia, otros enamorada, otros vieja honrrada...

«_Sempronio._--Espantados nos tienes con tales cosas como nos cuentas de essa religiosa gente e benditas coronas. Si que no serian todos.

«_Celest._--No, hijo; ni Dios lo mande que yo tal cosa leuante: que muchos viejos deuotos auia con quien yo poco medraua, e avn que no me podian ver; pero creo que de embidia de los otros que me fablauan. Como la clerezia era grande, hauia de todos, vnos muy castos, otros que tenian cargo de mantener a las de mi officio; e avn todavia creo que no faltan. Y embiauan sus escuderos e moços a que me acompañassen, e apenas era llegada a mi casa, quando entraban por mi puerta muchos pollos e gallinas, ansarones, anadones, perdizes, tórtolas, perniles de tocino, tortas de trigo, lechones; cada qual como recebia de aquellos diezmos de Dios, ansi le venia luego a registrar, para que comiesse yo e aquellas sus deuotas. Pues vino, ¿no me sobraua de lo mejor que se beuia en la ciudad, venido de diuersas partes: de Muruiedro, de Luque, de Toro, de Madrigal, de Sant Martin, e de otros muchos lugares? e tanto, que avnque tengo la diferencia de los gustos e sabor en la boca, no tengo la diuersidad de sus tierras en la memoria, que harto es que vna vieja como yo, en oliendo qualquiera vino, diga de donde es. Pues otros curas sin renta; no era ofrecido el bodigo, quando en besando el feligrés la estola, era del primer boleo en mi casa. Espessos como piedras a tablado entrauan muchachos cargados de prouisiones por mi puerta». (Aucto IX).

La Inquisición dejó intacto este trozo aun en las ediciones expurgadas del siglo XVII, por lo menos en la de Madrid, 1619, que es la penúltima de las antiguas hechas en España.

[177] _Joanis Ludovici Vivis Valentini Opera Omnia_, tomo IV de la edición de Valencia, 1783, pág. 87. He transcrito el pasaje en el primer tomo de estos _Orígenes_, pp. 151 y 182.

[178] «Venit in scenam poesis, populo ad spectandum congregato, et ibi sicut pictor tabulam proponit multitudini spectandam, ita poeta imaginem quandam vitae; ut merito Plutarchus de his dixerit, «Poëma esse picturam loquentem, et picturam poëma tacens», ita magister est populi, et pictor, et poeta: corrupta est enim haec ars, quod ab insectatione flagitiorum et scelerum transiit ad obsequium pravae affectionis, ut quaecunque odisset poëta, in eum linguae ac stili intemperantia abuteretur: cui injuriae atque insolentiae itum est obviam, primum a divitibus potentia sua, et opibus, hinc legibus, quibus cavebatur ne quis in alium noxium carmen pangeret: tum involucris coepit tegi fabula; paullatim res tota ad ludicra et in vulgum plausibilia, est traducta, ad amores, ad fraudes meretricum, ad perjuria lenonis, ad militis ferociam et glorias; quae quum dicerentur cuneis refertis puerorum, puellarum, mulierum, turba opificum hominum et radium, mirum quam vitiabantur mores civitatis admonitione illa, et quasi incitatione ad flagitia, praesertim quum comici semper catastrophen laetam adderent amoribus, et impudicitiae; nam si quando addidissent tristes exitus, deterruissent ab iis actibus spectatores, quibus eventus esset paratus acerbissimus. _In quo sapientior fuit qui nostra lingua scripsit Celestinam tragicomoediam; nam progressui amorum, et illis gaudiis voluptatis, exitum annexuit amarissimum, nempe amatorum, lenae, lenonum casus et neces violentas: neque vero ignorarunt olim fabularum scriptores turpia esse quae scriberent, et moribus juventutis damnosa_».

(_De Causis Corruptarum Artium liber secundus_).

_J. L. Vivis Opera_, ed. de Valencia, 99.

[179] Por ser de los más antiguos no debe omitirse el de Fr. Antonio de Guevara en el argumento de su _Aviso de Privados y Doctrina de Cortesanos_ (Valladolid, por Juan Villaquirán, 1539), hoja 7ª sin foliar.

«Vemos que ya no se ocupan los hombres sino en leer libros, que es afrenta nombrarlos, como son «Amadis de Gaula», «Tristán de Leonis», «Primaleon», «Carcel de amor» y _Celestina_, á los quales y á otros muchos con ellos se debria mandar por justicia que no se imprimiesen ni menos se vendiesen, porque su doctrina incita la sensualidad á pecar y relaxa el espiritu a bien vivir».

[180] _Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos_, tercera época, tomo VIII, 1903, págs. 219-220.

[181] La _Celestina_ no figura ni en el Índice de Valdés (1559), ni en el de Quiroga (1583). Sólo la Inquisición de Portugal, que procedía con más rigor que la nuestra en estas materias, puso en su Índice de 1581 todas las Celestinas, «assi a de Calisto e Melibea, como a Resurreiçāo ou Segunda Comedia». Sin duda por eso no se conoce más edición hecha en aquel reino que la de Lisboa, 1540. Vid. la reimpresión de los antiguos Índices, con que ha prestado gran servicio á la bibliografía la Sociedad Literaria de Sttutgart (tomo 176), _Die Indices Librorum Prohibitorum des sechzehnten Jahrhunderts gesammelt und herausgegeben von Fr. Heinrich Reusch_, Tübingen, 1886, pág. 358.

[182] _Suplemento al Índice Expurgatorio del año de 1790, que contiene los libros prohibidos y mandados expurgar en todos los Reynos y Señoríos del Católico Rey de España el Sr. D. Carlos IV, desde el edicto de 13 de Diciembre del año 1789 hasta el 25 de Agosto de 1805, Madrid, en la Imprenta Real, año de 1805._

P. 9. «Calisto y Melibea (tragicomedia), impresa en Madrid en 1601, sin nombre de autor.»

Adelantados estaban los inquisidores en la bibliografía de la _Celestina_. No se equivocaban más que un siglo justo en cuanto á la fecha de su aparición.

[183] Es sabida, aunque poco segura, la anécdota de D. Diego Hurtado de Mendoza, que cuando fué de embajador á Roma no llevaba en su portamanteo más libros que el _Amadís_ y la _Celestina_. Vid. tomo I de estos _Orígenes de la Novela_, pág. 237.

[184] Sobre la inmoralidad de la _Celestina_ se han escrito verdaderos desatinos, aun en libros de crítica literaria que han gozado de cierta nombradía. Adolfo de Puibusque, en su _Histoire comparée des Littératures Espagnole et Française_ (París, 1843), premiada por la Academia Francesa, y que fué en su tiempo el Manual del hispanista á la violeta, llega á decir que la obra de Rojas «es una amalgama de _comedias_ y _tragedias_ de un cinismo repugnante», que «ninguna pluma, por hábil que fuese, podría honestamente analizar las escenas subalternas», y, en suma, que el libro es «una _enciclopedia del libertinaje_». Cualquiera creería que se trataba de las obras del Marqués de Sade ó de la _Aloisia_ de Nicolás Chorier. Asegura Puibusque, muy formal, que, á pesar de eso, hay _dos mil_ sentencias morales sepultadas en este monstruoso drama, y que el autor mismo las había contado, por lo cual no puede dudarse de sus buenas intenciones. «Pero el escándalo fué tan espantoso que _los rayos de la Iglesia estallaron en seguida_. Algunas impresiones _clandestinas_ (!) burlaron la vigilancia de la censura religiosa, pero por mucho tiempo _no pudo verificarse ninguna representación en público_». No dice claro si de la _Celestina_ ó de cualquier otra pieza (Tomo I, págs. 195 y 201).

De este modo se escribía en Francia sobre nuestras cosas hace medio siglo. ¡Cuánto camino se ha andado desde entonces y cuántos hispanistas de verdad han surgido!

[185] _Obras de D. Leandro Fernández de Moratín_, edición de la Academia de la Historia, 1830, tomo I, pág. 88.

[186] Juan de Valdés, _Diálogo de la Lengua_, ed. Boehmer, pág. 415.

[187] _Diálogo de la lengua_, ed. Boehmer, pág. 405.

[188] «_Martio._--¿Por qué vos no tomais un poco de trabajo y hazeis esso?

_Valdés._--Demas estava.

[189] _Dialogo de la lengua_, ed. Boehmer, pag. 402.

[190] De este pasaje puede inferirse que existió una versión latina anterior en un siglo á la de Gaspar Barth, pero no encuentro ningún otro dato que compruebe el dicho de Francisco Delicado.

[191] «Y al cabo de hauerla visto y notado bien, hallé que ni en Hespaña, ni en Flandes, ni en otras partes no la hauian dado al mundo como conuenia. Porque la vi oppressa de dos faltas muy principales: la una mal corregida, y sin ninguna ortographia (que es por cierto falta muy grande en un libro), y la otra, siendo comedia como lo es, que la hayan impreso, no como comedia, sino como historia, o otra cosa semejante; prosiguiendo siempre desde el principio del Aucto hasta el fin, sin poner en la margen los interlocutores, que de passo en passo uan hablando: que a mi uer es un importante error en el tal libro, y se le ha hecho gran sin razon; pues veemos que las comedias de Terencio y de Plauto y d'otros han sido y están impressas con muy gentil orden, es a saber, que cada persona que en la comedia va hablando, tiene su nombre puesto en la margen, y donde acaba el uno, no prosigue alli luego el otro, sino que comiença nueuo renglon con el nombre a fuera (dado que aquellas sean Latinas y que por sus auctores hayan sido escriptas en verso), y esto mesmo han usado y usan los Italianos en las suyas... Por lo qual, ya que nadie no ha mirado en esto, o si lo ha, no ha puesto remedio, me atrevi yo a tomar la mano, y ser el primiero (_sic_) que en tal guissa la hiziesse imprimir, creyendo (como creo) hazer grato seruicio a mi nacion, y assi hallandome en Venecia la corregi en todo lo que convenia, no digo que le haya mudado ningun uocablo antiguo, que todos se los he dexado como los compuso el auctor, juzgando ser temeridad haziendo al contrario, sino que la he emendado de los errores de la stampa, y con summa diligencia hecho imprimir a manera de comedia, a fin que de todos fuesse bien lehida y entendida como conuiene».

[192] Algunas enmiendas de nombres clásicos son felices, porque el corrector tomó el buen camino de recurrir á las fuentes. Así, en el acto primero, en vez de _Eras e Crato_, médicos, que dicen las primeras ediciones, ó de _Crato y Galieno_, como se enmendó caprichosamente en algunas de las sucesivas, puso _Erasistrato_, y en vez de _piedad de Silencio_, _piedad de Seleuco_, «porque allí toca la historia del Rey Seleuco, que por industria del médico Erasistrato concedió por paternal piedad su propia mujer al unico hijo que por amores della casi al punto de la muerte habia llegado. Cuéntalo largamente Luciano en su _Dea Syria_, y tócalo Valerio Máximo, lib. V, cap. VII».

Amarita hizo mucho uso de esta edición para la suya.

[193] Es de 1622, «á costa de Juan Baptista Bidelo». Tiene una curiosa dedicatoria del editor italiano, en que se nota la influencia de la Celestina en la novela picaresca: «Aunque muchas vezes oy alabar de grandes y letrados varones a la Tragicomedia de Calisto y Melibea, y por esso yo touiesse inclinacion muy de veras a la imprimir, con todo esso estoruauame mucho ser ella escrita en habla extrangera, que acarreaua algunas dificultades... y verdaderamente es este libro el abundante fuente de que se derramaron aquellos limpios arroyos de la vida del Picaro Guzman, la Picara Montañesa y la Hija de Celestina; luego si ellos tanto agradan a todos los que entienden essa lengua, y tienen doctrina, cómo no mucho más agradará esse tan lleno de moral filosofia y dichos tan sentenciosos y sabios?»

[194] Pobremente apreció la _Celestina_ Baltasar Gracián, aunque no deja de colocarla en el _Museo del Discreto_ (crisis IV, parte 2.ª de _El Criticón_): «De la _Celestina_ y otros tales, aunque ingeniosos, comparó sus hojas á las del perejil, para poder pasar sin asco la carnal grosería». En el discurso 56 de la _Agudeza y Arte de ingenio_ vuelve á citar «la ingeniosísima Tragicomedia de Calisto y Melibea», llamando á su autor con evidente despropósito «el encubierto aragonés». ¿Le confundiría acaso con su primer imitador D. Pedro Manuel de Urrea, cuya _Égloga_ pudo leer en su _Cancionero_, imaginando que era uno mismo el autor de los dos textos en verso y en prosa? De todos modos, Gracián demuestra muy poca familiaridad con la _Celestina_, cuando la menciona en compañía de libros tan heterogéneos como los _Raguallos del Parnaso_, de Boccalini, y las _Carrozas de las Heroidas_, de don Álvaro de Luna, que supongo que será el _Libro de las claras y virtuosas mujeres_, confundido en la memoria del jesuita aragonés con el _Carro de las donas_, de Eximeniz.

Aunque en términos tan extravagantes, Gracián es acaso el último crítico del siglo XVII que habla de la _Celestina_, olvidada por completo en la _República Literaria_ de Saavedra Fajardo (donde también se hace caso omiso del Quijote), y lo que es más singular, en el _Hospital das lettras_ de don Francisco Manuel de Melo, la más copiosa revista bibliográfica que de aquella época conocemos.

[195] Manifiesta conocer, además de la primitiva, la _Segunda Celestina_, de Feliciano de Silva, la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_, la _Policiana_, la _Florinea_ y la _Selvagia_. «La _Celestina_ (añade) se imprimió muchas veces dentro y fuera del Reyno, y sin embargo es rara; las demás, que se han impreso menos veces ó una sola, rarísimas: y conviene lo sean todas, porque su misma _pureza de estilo, facilidad del diálogo y expresión demasiado viva de las pasiones de los enamorados, y de las artes de rufianes y alcahuetas_, hacen sumamente peligrosa su lectura».

(_La Poética ó Reglas de la Poesía en general y de sus principales especies..._ 2.ª edición, imprenta de Sancha, 1789, tomo II, pág. 43).

[196] En la extraña _Disertación_ que antecede á las _Comedias de Cervantes_, reimpresas en Madrid, 1749, por Antonio Marín, escribió Nasarre lo siguiente: «Los hombres de juicio, que leían y observaban la naturaleza y los primores de los autores Griegos y Romanos, conocieron quán apartados estaban del buen gusto y de la cordura, y detestaron del abuso que se hacia del Diálogo para corromper el corazon y el juicio. Por esso escribieron Diálogos que llamaron Comedias, pero muy largos é incapaces de representarse. Los portugueses se aplicaron mucho á esta composicion(A), pero no nos faltan Comedias de este jaez, de las cuales se pueden sacar pinturas y retratos al natural: caracteres y pinturas puestas á todas luces para reprehender agradablemente lo vicioso y ridículo de los hombres, y apartarlos assi del mal camino, enseñando la moral buena é introduciéndola suavemente; avergonzando al vicio, que se pinta en otros, y tal vez es el mismo retrato de quien lo rie. Las comedias _Florinea_, _La Selvagia_, _La Celestina_, _La Eufrosina_, son admirables en esta clase, y pudieran tener buen uso si se enmendassen algunos passages de ellas demasiadamente lascivos y malignos, en los quales se muestra la deshonestidad del todo desnuda, con el pretexto de azotarla».

(Nota A: No sé que nadie la cultivase más que Jorge Ferreira de Vasconcellos, puesto que las comedias en prosa de Sá de Miranda y Antonio Ferreira son meras imitaciones de las italianas).

[197] «Las mejores comedias que tenemos en español, que son _La Celestina i Eufrosina_, están escritas en prosa (_Vida de Miguel Cervantes Saavedra_, 5.ª impresión. Madrid, 1750, pág. 185).

Es singular que en su _Retórica_ no cite Mayans la _Celestina_, aunque sí la _Eufrosina_ y la _Ulisipo_ de Jorge Ferreira, y _El Celoso_, de Velázquez de Velasco, á quien llama D. Alonso de Uz(!).

[198] «Tal es la famosa _Celestina_ ó tragicomedia de Calisto y Melibea, en que hay descripciones tan vivas, imágenes y pinturas tan al natural y caracteres tan propios, que por eso mismo serían de malísimo exemplo si se sacasen al teatro».

(_Orígenes de la Poesía Castellana_, por D. Luis Josef Velázquez... Segunda edición, Málaga. Por los Herederos de D. Francisco Martínez de Aguilar. Año de 1797, p. 83).

Sabido es que el insignificante librillo de Velázquez fué enteramente refundido por su traductor alemán Juan Andrés Dieze, profesor y bibliotecario de la Universidad de Gottinga, que hizo en sus notas la mejor historia de la literatura española que entonces podía escribirse. Sobre la _Celestina_ tiene una nota muy interesante (fué, según creo, el primero que citó la edición de 1501). Da razón también de las primeras continuaciones, por lo cual tendremos que volver á mencionarle.

(_Don Luis Joseph Velazquez Geschichte der Spanischen Dichtkunst. Aus dem Spanischen übersetzt. Von Johann Andreas Dieze. Göttingen_, 1769, pp. 306-312).

[199] «Bástenos decir que á los fines de aquel siglo (el XV) teníamos ya en la _Celestina_ un drama, aunque incompleto, que presenta no pocas bellezas de invención y de estilo, dignas del aprecio, si no de la imitación de nuestra edad» (_Memoria sobre los espectáculos y diversiones públicas de España_, en el tomo I de las _Obras de Jovellanos_, ed. Rivadeneyra, p. 488).

[200] No las encontramos sólo en Moratín, sino en algunos escritores de la escuela sevillana que representaban á principios del siglo XIX la más sensata y adelantada crítica española. Además del artículo de Blanco (White), impreso en 1823, aunque pensado seguramente mucho antes, merece algún recuerdo la 4.ª de las _Lecciones de Literatura Española_ de D. Alberto Lista (Madrid, 1836, tomo I, pp. 49-62). Estas primeras tentativas de la crítica indígena no son para desdeñadas como algunos suponen. Menos disculpa tienen los eruditos posteriores, que cuando ya existían los brillantes juicios de Clarus, de Wolf, de Schack, de Lemcke, se limitaban á decir por todo elogio de la _Celestina_, que «estaba bien hablada» ó que «tenía virtudes nada vulgares de estilo y lenguaje», lo cual puede decirse de tantos libros adocenados.

[201] En una carta del poeta salmantino Iglesias á Forner, publicada por D. Leopoldo Augusto de Cueto (_Poetas líricos del siglo XVIII_, tomo I, pág CXV), leemos el siguiente rasgo de un poetastro llamado D. Ramón Caseda, hombre fanático y estrafalario: «Prestó un tal Villafranca un libro á Caseda, éste á Meléndez, y Meléndez hízose prenda de él, _porque Caseda le destruyó una Celestina, que tampoco era de Meléndez, sino del Maestro Alba_. Caseda desafió á Meléndez porque no le daba el libro, y Meléndez por fin se lo dió á Caseda».

El Maestro Alba, dueño de la _Celestina_ destruida por Caseda, era un religioso agustino «muy apreciado por su grande instrucción, su gusto delicado y su ática urbanidad», según dice Quintana en la biografía de Meléndez.

[202] Hay ejemplares que llevan la fecha de 1842 y la indicación de la librería de Manuel Sauri, pero es una mera variante comercial.

[203] El prólogo contiene algunas ideas críticas que tenían novedad entonces, como la comparación de Celestina con Yago: «En la _Celestina_, que no es más que un pensamiento, un boceto delineado en quince días por una mano inexperta, y el primer crepúsculo de un sol que se deja morir en su oriente, vemos un carácter como el de Iago en la perversa tercera que se presenta á Melibea, virgen que pierde su pureza por Celestina, como Otelo pierde por Iago á Desdémona. Ambos caracteres pertenecen á un mismo género, y ambos están sostenidos con tanto acierto, que no sabríamos á quién dar la preferencia si la composición de Rojas no llevase más de dos siglos y medio de antigüedad sobre la del poeta inglés» (Pág. VIII).

[204] Poseo un ejemplar falto de la portada y de la cuarta hoja. El del Museo Británico está completo.

[205] Así se consigna en la dedicatoria: «V. S. quale mossa da virtuoso desiderio non per miei meriti ma per sua vista se degnata uolerme pregare douesse io tradure la presente tragicocomedia intitulata di Calisto & Melibea de lingua castigliana in italiano idioma acio che V. S. insieme con questa degna patria doue questa opera non e diulgata se possa allegrare di tante e cosi degne sententie & auisi che sotto colore di piaceuolezze ui sonno. Io adunque, uedendo che legitima obligazione di ubidire suoi preghi mi constringe: quali a me sonno stati acceptabili commandamenti: e per satisfare in parte al desiderio che di seruir quella continouamente mi sprona: meritamente me hanno obligato a la executione di questa impresa: quantunque sia tenuto manifestare ogni opera virtuosa maggiormente che per il presente tractato a quelli che lo leggeranno retenendo per se le sententie necessarie & le lasciue lassando grande utile ne uenga: e como gia sia considerata mia insufficientia e le curiali e familiari occupationi».

[206] La de Milán, 1514, se dice: «nouamente revista e correcta e a piu lucida venustate reducta per _Hyeronymo Claricio, Immolese_». La de 1515. también de Milán, que por cierto fué hecha á expensas de un eclesiástico «impensis venerabilis presbyteri Nicolai de Gorgonzola» nos declara el nombre de otro corrector: «nouamente reuista e correcta per _Vicentio Minutiano_, con quanta magiore diligentia se la metterai a parangone con l'altre editioni senza dubio el conoscerai». No he cotejado ni ésta ni las demás que llevan anuncios no menos pomposos, pero dados los hábitos de los editores de aquellos tiempos, puede sospecharse que esas correcciones tendrán tan poca importancia como las de Delicado y Ulloa. La última _Celestina_ italiana es de 1543.

[207] Son muy raras las alusiones á la _Celestina_ en los eruditos y humanistas de Italia, pero un curioso pasaje de Giraldi Cinthio parece indicar que tuvo imitadores: «In questo errore mi pare che trascorresse l' autore della _Celestina_ spagnuola, mentre volle ella imitare la comedia _archea_, già sbandita come biasimevole da tutti i teatri; ne pure incorse in questo errore, ma in molti altri, non solo nell' arte ma nel decoro ancora, degni da essere fuggiti da chi lodevolmente scrive, ancora _che non vi siano mancati di quelli che la si hanno proposta per esempio_, intendendo più a quei giuochi spagnoli, che alla convenevolezza della favola».

El error que achacaba Giraldi Cinthio al autor de la _Celestina_ era que dejaba demasiado patente el artificio dramático: «portando negli occhi e nelle orecchie degli ascoltanti l'artificio, il quale vuole essere celato sotto il naturale, che altrimenti diviene egli tedioso e spiacevole».

_Scritti Estetici di Giambattista Giraldi Cinthio_ (Milán, 1864, en la _Biblioteca Rara_ de Daelli), tomo II, _Discorso ovvero Lettera... intorno al comporre delle Comedie e delle Tragedie_ (escrito en 1543), pág. 99.

En otro lugar de la misma disertación, desgraciadamente mutilado por la cuchilla del encuadernador en el ejemplar de la Biblioteca de Ferrara que ha servido de texto para ésta (pág. 31), vuelve á insistir Giraldi Cinthio en la peregrina idea de considerar como imitador de la antigua comedia ateniense (que es la que llama _comedia archea_) á Fernando de Rojas, que seguramente no conocía á Aristófanes ni tiene con él ningún punto de contacto: «delle quali convenienze è stato imitatore sovra tutti gli altri l' autore della Celestina...».

[208] _Orígenes de la novela_, tomo II, pp. LXXXV y LXXXVI.

[209] _Angelica, Comedia di Fabritio de Fornaris napoletano, detto il Capitano Coccodrillo, Comico confidente. In Parigi, appresso Abel l' Angelier_, 1585.

Sobre el tipo del capitán español en la comedia italiana, y sobre la Celestina en Italia, deben leerse las dos memorias presentadas á la Academia Pontaniana por el ilustre napolitano B. Croce (_Ricerche Ispano-Italiane_, I y II. Nápoles, 1899) y el erudito artículo de A. Farinelli, _Salle Ricerche di Benedetto Croce_ (en la _Rassegna Bibliografica della Letteratura Italiana_. Pisa, año 7.º, 1899).

[210] Estas ilustraciones, apenas conocidas en España, y que son realmente de Hans Burgkmair, _Senior_ (1473-1532), y no de su hijo, artista muy inferior á él, pueden verse en la obra de Jorge Horth, _Les Grands Illustrateurs_ (I, N.^{os} 8-25), y en la _Zeitschrift für Bildende Kunst_, de Lützkow, 1881, vol. XIX, pág. 392.

[211] Está perfectamente descrito y estudiado á fondo en un artículo de D. Lorenzo González Agejas publicado en _La España Moderna_, julio de 1894, pp. 78-103.

[212] Abrevio este prólogo, que puede leerse íntegro en los _Studien_ de Wolf (pág. 300) ó en la traducción que de ellos ha hecho el Sr. Unamuno (tomo I, pág. 330).

[213] Véase este trozo, traducido por el Sr. Agejas, remedando el hipérbaton antiguo:

«_Pleberio._--Corre, oh Lucrecia, corre y trae presto agua con que reviva el aletargado espíritu de esta mujer mia! ¡oh Alisa, da á ti algun consuelo á fin de que mi lastimada vida conserve; causa no des á que mi alma tan infeliz prontamente de mí salga!

«_Alisa._--¡Ay, ay, desconsolada mujer! ¡Ah! ¿qué mi muerte desvia ó qué mi espíritu retiene en este cuerpo lleno de todo dolor? ¡Oh, tú ha poco eras mi hija! ¡Mísera yo, que para tan gran pesar nuestro la vida te diera, para ver agora esta tu lamentable muerte!

«_Pleberio._--Levántamela, Lucrecia, y ayúdame, que de aquí la aparte y la lleve a nuestra cámara, donde ambos angustiado el corazon esperemos nuestro fin contemplando á nuestra hija, mientras consideramos lo que hacerse haya de su noble cuerpo».

[214] Tanto la primera edición, de 1520, como la segunda, de 1533, también de Ausburgo (únicas que hasta ahora se conocen), eran ya rarísimas en el siglo XVIII. No quiere esto decir que las ignorasen algunos curiosos eruditos. En una obra reciente, de gran trabajo y erudición, donde es lástima que investigaciones nuevas y sólidas estén mezcladas con acerbas notas de agresión personal contra hispanistas muy beneméritos (_Contributions à l'étude de l'Hispanisme de G. E. Lessing_, p. Camilo Pitollet, París, Alcan, 1909, pp. 221-224), se menciona un artículo sobre la _Celestina_ de Wirsung, incluído por el famoso preceptista clásico Gottsched en su _Nothiger Vorrath zur Geschichte der deutschen dramatischen dichtkunst_ (Leipzig, 1757, pp. 52 y ss.), y citas de menos importancia en otros compiladores, como Löven.

[215] _Briefe an Ludwig Tieck, ausgewählt und herausgegeben von Karl von Holtei_, Breslau, 1864, tomo I, pág. 106-107, sexta carta de Brentano á Tieck, sin fecha.

Sobre la traducción de Wirsung véanse especialmente la tesis de Guillermo Fehse: _Cristof Wirsung deutsche Celestinaübersetzungen_ (Hallische Inaug. Dissertation. Halle, 1902), y la recensión de Arturo Farinelli en la _Deutsche Literaturzeitung_ de 1.º de noviembre del mismo año, sin olvidar otra del mismo Farinelli sobre el libro de Adam Schneider _Spaniens Anteil an der Deutschen Literatur des 16 und 17 Jahrhunderts_ (Strasburgo, 1898), publicada en la _Zeitschrift für vergleichende Literaturgeschichte_ de Koch (febrero de 1900).

Schneider habla poco y mal de la _Celestina_ (p. 277) y da por desconocido el nombre del traductor alemán.

[216] «Depuis quelques mois que ie me suis trouué l' esprit libre, et de repos, après l' heureuse fin des troubles et miseres communes de ce Royaume (_escribía en 1578_) qui durant le cours de tant de tristes années m' avoyent à mon tres grand regret desrobbé l'esperance de plus frequenter ces bonnes lettres: ie m'estois vn jour mis en opinion de visiter encore les muses de mon cabinet, comme y estans de retour apres un si long et ennuyeux exil. Et à cet effet remuant mes livres encore tous noiriz, de bonne rencontre m'en tomba un entre mains, intitulé _Tragicomedie de Celestine, traduicte pièce de langue castillane en Italien_. Lequel soudain par moy recogneu, pour autrefois m'auoir esté donné par deffunct monsieur nostre pere (que Dieu absoluë) a mon premier retour d' Italie, notë de sa main, és endroits plus memorables (comme il estait l'un des plus practics gentils hommes de son temps esdictes langues, et de non moindre iugement, pour le continuel maniement des grands affaires, ou il a esté employé jusques à son extreme vieillesse) me remist en memoire la recommandation que ce bon et prudent pere m'en avait faicte; m'enjognant par expres de la communiquer en nostre langue à vous tous aussi ses enfans, pour uotre bien singulier. Car c'est à la verité, un clair mirouër et vertueuse doctrine à se bien gouuerner... où ie recontray en son gentil subiect, tel contentement, quoy que fort mal correct, faute de la impression, que ie ne me peu contenir de le relire plusieurs fois...»

El libro está dedicado á Juan de Lavardin, Abad de L' Estoile, y Antonio de Lavardin, Señor de Rennay y Boessoy, hermano del traductor.

[217] Lavardin dice en el prefacio de su versión «qu' il l' a repurgée de plusieurs endroits scandaleux qui pouvaient offenser les religieuses oreilles». Pero ninguno de los trozos realmente escandalosos de la _Celestina_ ha sido expurgado por el traductor. Todo se reduce á haber puesto _officier_ en vez de «fraile», _gros officier_ en vez de «canónigo» y otras cosas por el estilo.

[218] Sobre esta segunda edición véase un artículo del conde de Puymaigre en la _Revue Critique d'Histoire et de Littérature_ (n.º 19, 9 de mayo de 1874).

[219] En la poesía titulada _Du coq à l' asne. A Lyon Jamet_ (1535).

Vid. _Œuvres complètes de Clément Marot_ (ed. Jannet), tomo I, pág. 224.

[220] _Nouvelles Récreations et Joyeux Devis de B. des Periers_, ed. Jouaust. Paris, 1874, pág. 85. «Et puis il avoit reduict en memoire et par escript les ruses plus singulieres que les femmes inventent pour avoir leur plaisir. Il sçavoit comme les femmes font les malades, comme elles vont en vendanges, comme parlent à leurs amis qui viennent en masque, comme elles s' entrefont faveur soubz ombre de parentage. Et avec cela il avoit leu Bocace et Celestine».

[221] _Oeuvres de Math. Regnier_, ed. Delarue, pág. 121.

[222] _A new comedy in English in manner of an interlude right elegant and full of craft of rhetoric: wherein is shewed and described as well the beauty and good properties of women, as their vices and evil conditions with a moral conclusion and exhortation to virtue. John Rastell me imprimi fecit. Cum privilegio regali_ (Folio, let. got.).

El único ejemplar conocido de esta obra pertenece á la Biblioteca Bodleyana de la Universidad de Oxford. Está reimpresa en «_A Select Collection of Old English Plays, originally published by Robert Dodsley in the year 1744_, reimpresa por cuarta vez en Londres, 1872, tomo I, pp. 53-92.

[223] Garrett Underhill (John), _Spanish Literature in the England of the Tudors_, New York, 1899, página 402.

[224] «Her life is foule, but her Precepts faire; her example naught, but her Doctrine good; her coate ragged, but her mind inriched with many a golden sentence» (P. 3 de la reimpresión).

[225] «Yet they that are learned in her language, have esteemed it (in comparison of others) as Gold amongst metalls, as the Carbuncle amongst stones; as the Rose amongst flowers; as the Palme amongst trees; as the Eagle amongst Birds; and as the Sunne amongst Lights; In a word, as the choicest and chiefest. But as the light of the great Planete doth hurt sore eies, and comfort those that are sound of sight: So the reading of Celestina, to those that are prophane, is a poyson to their hearts; but to the chaste, and honeste minde, a preservative against such inconveniences as occurre in the world» (P. 7).

[226] «And for mine owne part, I am of opinion that Writers may as well be borne withall, as Painters, who now and then paint those actions that are absurd. As Timomachus painted Medea killing her children; Orestes, murthering his mother Theo, and Parrasius; Ulyses counterfeited madnes, and Cherephanes, the immodest imbracements of women wit men which the spectators beholding, doe not _laudare rem, sed artem_; not commend the matter which is exprest in imitation, but the Art and skill of the workeman, wich hath so lively represented wat is proposed. In like sort, when we reade the filthy actions of whores, their wicked conditions, and beastly behaviour, we are neither to approve them as good, nor to imbrace them as honest, but to commend the Authors judgement in expressing his Argument so fit and pat to their dispositions» (Pág. 7).

[227] En la colección de Henley _The Tudor Translations_ (t. VI).

_Celestina or the tragicke-comedy of Calisto and Melibea englished from the spanis of Fernando de Rojas by James Mabbe anno 1631 with an Introduction by Iames Fitzmaurice-Kelly. London, published by David Nutt..._ 1894.

El prólogo (en 36 páginas) es una de las mejores apreciaciones críticas que conocemos de la _Celestina_. El Sr. Fitzmaurice-Kelly ha tratado con predilección de esta obra maestra, no sólo en estas páginas, escritas con mente artística y fino gusto, sino en las varias ediciones de su _Manual de Literatura Española_ (1.ª ed. inglesa en 1898, traducción castellana de Bonilla en 1902, traducción francesa de Davray en 1904), y en un interesante artículo bibliográfico en la _Revista Crítica de Historia y Literatura Españolas_ (febrero de 1896), con ocasión del insignificante libro de don J. de Soravilla (_Rodrigo Cota y Fernando Rojas, La Celestina... Juicio crítico de la obra._ Madrid, 1895).

[228] «Our Author is but short, yet pithy: not so full of words as sense; each other line, being a Sentence; unlike to many of your other Writers, who either with the luxury of their phrases or superfluity of figures, or superabundance of ornaments, or other affected guildings of Rhetorick, like indiscreet Cookes, make their meats either too sweet, or too tarte, too salt, or too full of pepper» (P. 4).

[229] «In any case it is scarce an exaggeration to say that, after the creation of Calisto and Melibea, the appearance of Romeo and Juliet was but a question of time. Where in the Plautine and Terentian comedy there was appetite, where in their late derivatives there was rank lubricity, where in the writers who immediately preceded Rojas there were symbolism and mystical transport, the _Celestina_ strikes the note of rapture, passion, the love of love...». (Fitzmaurice-Kelly, en el prólogo ya citado, p. XVIII).

«If we did not know of the Italian origin of _Romeo and Julieta_, we might think that Shakespeare had been inspired by _Celestina_; and, indeed, it is likely that he knew of Mabbe's translation of it in manuscript from Mabbe's friend Ben Jonson». (Martin Hume, _Spanish influence on English Literature..._ Londres, 1905, pág. 126).

[230] «Non alia itidem ratione paris genii opus, Georgii de Monte-Maiore, Pastoralia, translata sunt proximis his diebus. Eâdem inductus insignia _Milesiarum plus quac Triginta Volumina ex omnium, Idiomatum selectis fabulis et Historiis, summa, qua fieri potuit sermonis aequabilitate et hilaritate, composui_». (En la _Dissertatio_ que precede á la _Celestina_, pliego 5, hoja 4 sin foliar).

En su furor de traducirlo todo al latín, pensaba hacer la misma operación con la _Segunda Celestina_ de Feliciano de Silva, aun sin haberla visto más que de paso, según dice en sus _Animadversiones_ (p. 321): «Indicare hic lectori volo _secundam_ interea dum haec universi litterati orbis plausibus excipitur, _Celestinae partem_ in Hispaniâ fabricatam esse, quam exinde delatam tum recens vidi in manibus egregii viri Sebastiani Mederi Brisgovii, Illustrisimo tum Principi Badensi a Consiliis, nunc vero non habeo in potestate; ubi indeptus fuero non dubitabo et illam Latino Orbi proponere».

[231] «Hujus autem generis fabulae sunt apud Antonium Eslavam in libro Hispanico qui _Noches de Invierno_ inscribitur, quarum nos quasdam etiam indidem in Milesiarum nostrarum Narrationes retulimus» (P. 317).

[232] «_Pornoboscodidascalus Latinus. De lenonum, lenarum, conciliatricum, servitiorum, dolis, veneficiis, machinis plusquam diabolicis, de miseriis iuvenum incautorum qui florem aetatis Amoribus inconcessis addicunt; de miserabili singulorum periculo et omnium interitu. Liber plane divinus, lingua Hispanica ab incerto avctore instar ludi conscriptus Celestinae titulo. Tot vitae instruendae sententiis, tot exemplis, figuris, monitis plenus, ut par aliquid nulla fere lingua habeat, Gaspar Barthius inter exercitia linguae Castellanae, cujus ferè princeps stilo et sapientia hic Ludus habetur. Latio transcribebat. Accedunt Dissertatio eiusdem ad Lectorem cum Animadversionum Commentariolo. Item, Leandris ejusdem, et Musaeus recensiti. Francofurti, apud Danielem et Davidem Aubrios et Clementem Schleichium. Anno M.DC.XXIV_».

Una interesante noticia bibliográfica de este libro puede verse en los _Anales de la literatura Española_ del Sr. Bonilla (p. 167-172).

El _Pornoboscodidascalus_ es muy raro, á lo menos en España. La Biblioteca Nacional no le poseía hasta que adquirió los libros de Gayangos. Mi ejemplar procede de la colección de D. Valentín Carderera.

[233] «Maluimus autem primo istum, quem alium quemlibet interpretari, quoniam et materia ei talis est, ut Iuventus nostra, praecipue in hanc voluptatum partem peccans hinc vel maxime necessaria documenta haurire, vitae caute instituendae, possit, et tot interspersae huic brevi scripto, tam ex mediis rebus petitae, tamque capitales, insint sententiæ, ut qui vel solas has animo fixerit, et velut regulas dirigendae (praecipue peregre vivens) vitae, edidicerit, usuque adhibuerit, non vulgarem sapientiae opinionem apud omnes boni iudicii adepturus certò videatur. Accedit, quod et dicendi genus tam comtum, politum, exactum, numerosum, grave atque venerabile est in suo, huic libello, idiomate, ut pares per universa ejus spatia paucos inveniri consensus ipsorum Hispanorum fateatur. Taceo nunc peculiarem quemdam Genium, affingendis Personis, quibuslibet moribus, et ex his sermonibus, huic scriptori datum; a quo certè longè abest quicquid Graecorum aut Latinorum monumentorum ad nos pervenit... Et sententiarum quidem ea est comitas et eruditio, ut vulgarium hominum animos non minus, atque si ipsis solis scriptae forent, mirificè penetrent, et opinione melioris doctrinae, ipso quasi ictu percellant... Eruditorum autem vel principes penitissimae Sapientiae et Antiquitatis profundae hic monita percipient...». (Pliego 5, hoja 2, sin foliar).

[234] «Hoc vult verae doctrinae sibi conscium pectus, nil indignationis in ipsa etiam vitia sibi permitiere sed tranquillitate animi per omnia stabili servatâ, ire in medias res, et suavitate illa divina, undique relucente, parteis tamen interim castigatoris agere».

[235] «Quoquò regionum aut locorum te vertes omnibus hodiernis Idiomatis linguarum hoc genus scriptorum excellere videbis. Ut autem Hispanicae seu Castellanae Linguae gravitas et proprietas, hodie caeteris ferè amplior est, ita et in hac licet plures auctores id genus observare, qui iuncta utilitati venustate, fictionum in publicum prodesse connitantur; adeo quidem ut si qua in caeteris, Gallica praecipue, delectabilia simul et utilia talia scripta prodeant, pleraque vel inventionibus Hispanorum vel illustrationibus debeamus».

[236] «Ipsa verò, artifex Lena, quamquam toto opere nimium quam pulchrè personae suae indolem efferat, nullo tamen loco omnia sua artificia melius exercet, quam ubi cum Melibaea colloquium habet. Illic videas, mulierem malarum artium doctissimam, omnis experientiae suae technas accersere, ut miseram nobilitati, opibus, Amori Parentum, suo denique ipsius honore, et existimatione, in foedum Amorem excutiat. Minimum sanè hic incantationes egerunt, quamquam et hnius sceleris crimini anum veneficam illigarunt; quibus etiam demtis, vix quaequam puella caeteris talibus assultibus restiterit. Norat nimirum, tot annorum Lena, ex tempore omnia consilia, atque ad animum cuiusvis puellae expugnandum, ex re ipsa vertere...»

[237] «Quod si exemplo res et clarior facienda erit, dicam novisse me hominem astutissimum, capitalem emolumentorum suorum artificem, nequaquam ullis simulationibus decipi valentem, ipsum astutâ quadam urbanitate et comitate, cum patientia et pertinacia coniuncta, nihil non ferè a quovis impetrantem. Huius ego, etiamnum adolescentibus annis, cum vitam impense semper mirarer, observarem negotia, dissimularem noticiam, ad extremum, multorum mensium usu et conversatione, eò inductus sum, ut cum primis hominem perspicacem atque astutum, prudentemque arbitrarer tum, et nunc quoque putem. Non iam disputo utrum bene ille semper suo ingenio, et acumine sensuum, et spirituum vivacitate, usus fuerit, hoc potius affirmare velim, tam accuratâ cautione, omnes adversarios et amicos suos vicisse, ut et diligeretur, et caveretur ab omnibus: nemo vero auderet ferè illi quippiam secus atque res erat, credendum proponere. Diu multumque mores hominis observans, nihil non illum huic libro tribuere, multa licet cura, tandem percepi. Nullus in hoc aspexerat, nulla sententiae vestigia quae non in numerato haberet, et utilitati suae accomodare nosset, quae cum mirificam homini sagacitatem et prudentiam conciliassent, hoc unum illi non cesserant, ut a commodis, seu lucris potius, suis, aliorum incommoda desecare posset, quin etiam, cum detrimentis nonnunquam amicorum, rem suam augere velle videretur. Hoc demto cetera ingeniosissimum nemo non dixisset. Neque diffitebatur sanè ipse, cum alioquin mihi innotuisse videret, maximam partem sese huic libro prudentiae debere; certè cum vellet, nulli non rei, nulli non loco sententiam hinc accommodatam reipsa ostendebat, vel cavendi vel aggrediendi negotii consilium utile praebere...».

[238] «Ad hujus autem Celestinae meae interpretationem nescio quo fato meo raptus fui, tanta certè celeritate totum descripsi, ut nec _integris duabus dierum hebdomadis integram absolverim_...».

[239] «_Refranes y Modos de hablar Castellanos con Latinos, que les corresponden, juntamente con la glosa y explicacion de los que tienen necesidad de ella... Compuesto por el Licenciado Geronimo Martin Caro y Cejudo, Maestro de Latinidad y Eloquencia en la villa de Valdepeñas de Calatrava su Patria, con titulo del Consejo Supremo de Castilla_...». En Madrid, por Iulian Izquierdo, año de 1675 (Hay una reimpresión de 1792).

[240] PP. 266 y 267.

[241] P. 295. «Vltima verba Melibaeae ad parentem Pleberium priusquam, post casu mortuum amasium suum Callistonem, se turri praecipitaret. Ex Hispanico Ludo, Celestinâ.»

[242] «Superavit me dulcedo suavissimi cantus: non est mihi ultra tolerabilis amantis animi tui expectatio. O Domina mea unica, o omnis spes et omnis felicitas mea! Quae mulier nata talibus sit Gratiis, ut tua merita non omnes illas ultro confutet? O improvisa auribus meis cantionis suavitas! O tempus deliciis uberans! O anima mea, o pectus, o corculum meum! Et quomodo non potuisti ulterius aliquid temporis insumere isti suavissimae vocis tuae suavitati, cur non porro etiam amborum desideriis canendo satisfacere.

«_Melib._--O exoptatissima deprehensio, o insidiae spectatissimae, o suavissima superventio! Es tu hîc mei animi Domine, anima ipsa et corculum meum? Es tu ipsemet? non possum credere. Ubi absconsus eras, lucidissime Sol? Quo recondideras claritatem illam immensam tuam? Quamdiu factum est quod ausculstasti nos? Cur me raucam et absurdam meâ instar Cygni voce frustrà aerem verberare passus es? cur exsensis verbis instrepentem audire sustinuisti? Totus hic hortus noster adventu tuo novâ laetitiâ inducitur. Vide Lunam inter innumerabilia sidera prolucentem; etiam suaviorem suam lucem coelo exserere videtur. Vide nubes illae quam per coeli spatium diffugere properant; audi decurrentem hanc aquam de fontis hujus meditullio, quam longè suaviori nunc murmure per viridarium hoc florescentium herbarum properat? Attende celsas istas cyparissos quo pacto rami invicem sibi abblandiuntur, alius alium arridet et alloquitur velut interprete compositissimo illo vento, qui summa temperie omnia permulcens voces mutuas foliorum perferre hinc inde occupatus est. Vide omnium arborum placidissimas istas umbras, quam obscuritates suas condensare laborant, ut furtivis nostris voluptatibus gratissimum tegmen inducant» (pp. 268-269).

[243] N.º 674. _Celestina Comentada._

«Comentario á la _Tragicomedia de Calisto y Melibea_, por un escritor anónimo de mediados del siglo XVI.

«Comienza por el folio 14, está falto de los folios 18 á 21 é incompleta por el fin, terminando en el fol. 221.»

(Vid. _Catálogo de los Manuscritos que pertenecieron á D. Pascual Gayangos, existentes hoy en la Biblioteca Nacional, redactado por D. Pedro Roca._ Madrid, 1904. Publicado por la «Revista de Archivos», pág. 231.)

[244] «Daher scheint der streit müssig, ob man sie zur Gattung der Novelle oder des Dramas rechnen soll; sie entstand ja eben in einer Zeit, who sich die Dichtungsgattungen erst schärfer zu sondern begannen, who eben aus den übrigen das Drama sich entwickelte». (_Studien_, p. 281).

[245] La influencia de la _Celestina_ en el drama español es el principal asunto de la excelente y poco conocida tesis latina del Sr. E. Martinenche, _Quatenus Tragicomedia de Calisto y Melibea, vulgo «Celestina», dicta ad informandum hispanense theatrum valuerit_, que ya en otra ocasión hemos recomendado.

[246]

ZAMBARDO

No rueguen por él, Cardonio, que es sancto, Y asi lo debemos nos de tener. Pues vamos llamar los dos sin carcoma Al muy santo crego que lo canonice; Aquel que en vulgar romance se dice Allá entre groseros el Papa de Roma. .......................................................... GIL

¿Qué es lo que queréis, oh nobres pastores?

ZAMBARDO

Queremos rogar querais entonar Un triste requiem que diga de amores.

Así se encuentran estos versos en la rarísima edición suelta en letra de Tortis. Fueron suprimidos en el _Cancionero_ de Juan del Enzina, ed. de 1509, única que incluye esta égloga.

(Vid. _Teatro completo de Juan del Encina_ (ed. de la Academia Española), Madrid, 1903, página 226.)

[247] _Teatro de Juan del Encina_, pp. 286-292. Esta desvergonzada escena sólo tiene par en algunas de _La Lozana Andaluza_.

[248] _Obras de Gil Vicente, correctas e emendadas pelo cuidado e diligencia de J. V. Barreto Feio e J. G. Monteiro._ Hamburgo, _na officina typographica de Langhoff, 1834_, tomo I, p. 232.

Eu sou Brizida a preciosa, Que dava as moças ós mólhos; A que criava as meninas Pera os conegos da Sé. Passae-me por vossa fé, Meu amor, minhas boninas, Olhos de perlinhas finas: Que eu sou apostolada, Angelada, e martelada, E fiz obras mui divinas. Sancta Ursula não converteo Tantas cachopas, como eu; Todas salvas polo meu, Que nenhūa se perdeo...

Tanto este pasaje como otros muchos aparecen mejorados en la refundición castellana de este auto, que lleva el título de _Tragicomedia alegórica d'el Paraiso y d'el Infierno. Moral representacion del diverso camino que hazen las animas partiendo de esta presente vida, figurada en los dos navios que aqui parescen: el uno d'el Cielo y el otro del Infierno. Cuya subtil invencion y materia en el argumento de la obra se puede ver._ (Al fin) _Fue impresa en Burgos en casa de Juan de Junta, a 25 dias del mes de Enero, año de 1539._ (Ejemplar de la Biblioteca Nacional, procedente de la de Campo-Alanje). El de la Biblioteca de Munich, descrito por Wolf, es de otra edición sin año ni lugar. Hay extractos de esta refundición en el _Ensayo_ de Gallardo (tomo I, n.º 1012) y en las notas de Aribau á los _Orígenes_ de Moratín (p. 194).

[249] «A seguinte farça he o seu argumento, que hum homem honrado e muito rico, ja velho, tinha hūa horta; e andando hūa manhan por ella espairecendo, sendo o seu hortelão fóra, veio hūa moça de muito bom parecer buscar hortaliça, e o velho em tanta maneira se namorou della, que por via de hūa alcoviteira gastou toda sua fazenda. A alcoviteira foi açotada, e a moça casou honradamente». (_Obras de Gil Vicente..._ tomo III, pp. 63-90).

[250] _Obras de Gil Vicente..._ tomo III, pp. 91-120.

Eu sam Genebra Pereira, Que moro alli á Pedreira, Vezinha de João de Tara, Solteira, ja velha amara, Sem marido, e sem nobreza; Fui criada en gentileza Dentro nas tripas do Paço, E por feitiços qu' eu faço, Dizem que sam feiticeira.

Porém Genebra Pereira Nunca fez mal a ninguem; Mas antes por querer bem Ando nas encruzilhadas Ás horas que as bem fadadas Dormen somno repousado; E estou com hum enforcado Papeando-lhe a orella: Esto provará esta velha Moito melhor do que os diz.

[251] _Obras de Gil Vicente..._ tomo III, p. 172.

Vase la vieja al molino, Entra muy disimulada, Muy honesta cobijada, Como quien sabe el camino. Tanto escarva, tanto atiza Por tal arte y por tal modo, Que hace un cielo ceniza Hasta ponella de lodo.

[252] _Lecciones de Literatura Española..._ tomo I, pág. 51.

[253] _Propaladia de Bartolomé de Torres Naharro_ (edición de los _Libros de Antaño_), tomo II, pp. 60-63.

[254] _Comedia intitulada Thesorina, la materia de la qual es unos amores de vn penado por una señora, y otras personas adherentes. Hecha nueuamente por Jayme de Guete. Pero si por ser su natural lengua Aragonesa no fuere por muy cendrados terminos quanto a esto merece perdon._

_Comedia llamada Uidriana, compuesta por Jayme de Gueta_ (sic) _agora nueuamente; en la qual se recitan los amores de vn cauallero y de vna señora de Aragon a cuya peticion por serles muy sieruo se ocupó en la obra presente: el sucesso y fin de cuyos amores va metaphoricamente tocado justa el processo y execucion de aquellos._

Los ejemplares que la Biblioteca Nacional posee de estas dos rarísimas farsas proceden de la biblioteca de Salvá y están descritos en su _Catálogo_ (tomo I, núms. 1279 y 1280).

[255] _Comedia intitulada Radiana: compuesta por Agustin Ortiz; en la qual se introduzen las personas siguientes. Primeramente un cauallero anciano llamado Lireo z su criado Ricreto, z una hija deste cauallero llamada Radiana z su criada Marpina z vn cauallero llamado Cleriano z su criado llamado Turpino, z tres pastores Lirado z Pinto z Juanillo, z un Sacerdote. Reparte se en cinco jornadas breues e graciosas e de muchos exemplos._

El ejemplar, al parecer único, de Salvá (Cf. _Catálogo_, I, 1337) pasó también á la Biblioteca Nacional.

[256] _Comedia llamada Rosabella. Nueuamente compuesta por martin de Santander. En la qual se introduzen un cauallero llamado Jasminio, y dos criados: es vno un Vizcaino, y es otro un Negro, y vna dama llamada Rosabella y su padre de la dama llamado Libeo, vn hijo suyo y vn alguacil con sus criados, y vn pastor llamado Pabro. En la qual tracta de como el cauallero por amores se desposo con ella, y la saco de casa de su padre. Es muy graciosa y apazible._ 1550.

(N.º 4495 del _Ensayo_ de Gallardo, nota comunicada por D. Pascual de Gayangos). Un ejemplar de esta obra salió á la venta en Roma en enero de 1884. Ignoro quién le adquirió.

[257] El único ejemplar conocido de esta farsa pertenece á la Biblioteca de Munich, y fué dado á conocer por Fernando Wolf en 1852, en los _Sitzungberichte_ de la Academia de Viena (clase filosófica histórica, tomo VIII). De esta memoria sobre varias piezas dramáticas, á cual más peregrinas hay traducción hecha por D. Julián Sanz del Rio, en el tomo XXII de la colección de _Documentos Inéditos para la Historia de España_, 1853.

Tanto la _Tidea_ como la _Thesorina_ figuran en los índices del Santo Oficio desde 1559.

[258] Dieron la primera noticia de él los traductores de Ticknor en 1851 (tomo III de la _Historia de la Literatura Española_, pp. 525 á 527). Tengo copia entre los manuscritos de Cañete.

[259] _Bulletin Hispanique_, octubre á diciembre de 1900.

[260] Aun en la notabilísima _Tragedia Josefina_, de Miguel de Carvajal, con ser bíblico el argumento, la verdad humana, la expresión viva y enérgica de los afectos, hacen pensar en la _Celestina_ más que en ningún otro modelo. El monólogo de Zenobia, la mujer de Putifar, en el acto II, bastaría para comprobarlo. Es curiosa la advertencia que hace el _Faraute_ sobre estas escenas: «El auctor, como es tosco y grosero y sabe poco de amor, en esta segunda parte, á algunas personas socorridas, quiero decir hábiles en estos acaecidos y venéreos casos, se encomendó: vuestras mercedes lo tomen como cosa de prestado».

_Tragedia llamada Josefina, sacada de la profundidad de la Sagrada Escritura y trobada por Micael de Carvajal, de la ciudad de Placencia_ (ed. de la Sociedad de Bibliófilos Españoles), con una erudita y brillante introducción de D. Manuel Cañete (Madrid, 1870), pág. 71.

[261] Reimpreso en Sevilla, por la Sociedad de Bibliófilos Españoles, 1868.

[262] Vid. especialmente el trabajo de A. L. Stiefel, _Lope de Rueda und das italianische Lustspiel_ en la _Zeitschrift für Romanische Philologie_, tomo XV, 1891, pp. 182 y 318.

[263] _Las tres Comedias del facundissimo Poeta Juan Timoneda, dedicadas al Illustre Señor don Ximen Perez de Calatayū y Villaragut._ Año 1559 (En la epístola de _El autor a los lectores_).

Los dos únicos ejemplares conocidos de este rarísimo libro pertenecen á la Biblioteca Nacional. Tengo reimpreso, y publicaré en breve, todo el teatro profano de Timoneda como primer tomo de sus _Obras_, que saca á luz la Sociedad de Bibliófilos Valencianos.

[264] Es rarísima la _Primera_ (y única) _Parte de las Comedias de Ioan de la Cueua dirigidas a Momo_ (_Sevilla, en casa de Ioan de Leon, 1580_), y urgente la necesidad de su reimpresión, honor que han logrado tantos libros baladíes, cuando éste de tanta curiosidad en la historia de nuestra literatura dramática es de tan difícil adquisición. Sólo he manejado dos ó tres ejemplares, incluso el de la Biblioteca Nacional.

La _Comedia del Infamador_ puede leerse en el tomo I del _Tesoro del Teatro Español_, de Ochoa (Baudry, 1838), pp. 265-285.

En la jornada primera leemos:

Bien negoció la _nueva Celestina_...

En la jornada tercera encontramos una alusión á la madre de Pármeno:

¿No estuviste agora aquí Con las dos _viejas Claudinas_?

Hay también un curioso pasaje sobre el Arcipreste de Talavera y Cristóbal del Castillejo:

PORCERO

¿En qué te has entretenido En su ausencia estos tres días?

ELIODORA

En cien mil melancolías, Con dos libros que he leído.

PORCERO

¿Tan grande letora eres?

ELIODORA

Sí, mas éstos me han cansado, Porque todo su cuidado Fué decir mal de mujeres.

PORCERO

Suplícote que me nombres Los nombres de esos autores Que ofenden vuestros loores.

ELIODORA

Son dos celebrados hombres.

PORCERO

¿Qué hay que celebrar en ellos Si ofenden vuestra bondad? Mas, dime, con brevedad, ¿Quién son? para conocellos.

ELIODORA

El uno es el arcipreste Que dicen de Talavera.

PORCERO

Nunca tal preste naciera, Si no dió más fruto que éste.

ELIODORA

El otro es el secretario Cristóbal del Castillejo; Hombre es de sano consejo, Aunque á mujeres contrario.

PORCERO

Cuánto mejor le estuviera Al reverendo arcipreste, Que componer esta peste, Doctrinar á Talavera; Y al secretario hacer Su oficio, pues dél se precia, Que con libertad tan necia Las mujeres ofender.

ELIODORA

Cierto que tienes razón, Y en eso muestras quién eres; Que decir mal de mugeres Ni es saber, ni es discreción.

[265] Aludo al interesante libro de D. Cristóbal Pérez Pastor, _Proceso de Lope de Vega por libelos contra unos cómicos_. Madrid, 1901. Allí está la clave de la _Dorotea_, pero todavía quedan puntos oscuros y difíciles, que acaso con el hallazgo de nuevos documentos puedan resolverse.

[266] _La Dorotea, comedia original en tres actos, por D. F. E. Castrillon, representada en el Teatro de los Caños del Peral el día 13 de Junio de 1804. Madrid, en la imprenta de Repullés. Año 1804._

Aunque la pieza se titula «original», y en cierto sentido no puede negarse que lo es, el autor pone al reverso de la portada la siguiente advertencia: «El argumento de esta Comedia está tomado de la _Dorotea_ de Lope de Vega; pues como el fin de su autor era imitar la versificación de aquel excelente ingenio, quiso seguir sus huellas en cuanto al plan de la obra». Esta imitación es á veces feliz.

[267]

La fruta fresca, hijas mías, Es gran cosa, y no aguardar Á que la venga á arrugar La brevedad de los dias... .......................................................... ¿Veisme aquí? Pues yo os prometo Que fué tiempo en que tenía Mi hermosura y bizarría Más de algún galán sujeto. ¿Quién no alababa mi brío? ¡Dichoso á quien yo miraba! Pues ¿qué seda no arrastraba? ¡Qué gasto, qué plato el mío! Andaba en palmas, en andas, Pues ¡ay Dios! si yo quería, ¡Qué regalos no tenía Desta gente de hopalandas! Pasó aquella primavera, No entra un hombre por mi casa; Que como el tiempo se pasa, Pasa también la hermosura.

(Jornada primera.)

Cf. _Celestina_, aucto IX.

Véase mi estudio sobre _El Caballero de Olmedo_ en el tomo X de las _Obras de Lope de Vega_, publicadas por la Academia Española, pp. LXXV-XCVIII.

[268] Este gran poeta es el que, no sólo por el picante desenfado de su lenguaje, sino por la franca objetividad, por el nervio dramático, por el poder característico, sugiere más el recuerdo de la _Celestina_, y alguna vez parece que la imita. En _Por el sótano y el torno_, comedia de corte bastante clásico, donde está refundida una parte de la intriga del _Miles Gloriosus_ de Plauto, el gracioso Santarén, para servir las intrigas amorosas de su amo, se introduce en casa de doña Bernarda y doña Jusepa fingiéndose buhonero, y pregonando su mercancía en términos análogos á los de Celestina cuando se vale del mismo recurso para penetrar en casa de los padres de Melibea.

[269] La cita él mismo en la lista de sus comedias que envió al Duque de Veragua, y publicó don Gaspar Agustín de Lara en el prólogo de su _Obelisco Fúnebre, Pirámide funesta á la inmortal memoria de D. Pedro Calderón de la Barca_ (Madrid, 1684).

[270] Con el primer título está en la Segunda Parte de la _Cythara de Apolo_, colección general de las obras dramáticas y líricas de Salazar y Torres, publicada por su amigo Vera Tassis (Madrid, 1694). Con el de _La Segunda Celestina_ corre en ediciones sueltas, en que la segunda mitad del tercer acto difiere por completo. Creemos que ni una ni otra conclusión pertenecen á Salazar, que dejó incompleta su comedia, escrita para festejar los días de doña Mariana de Austria, terminándola, cada cual por su parte, D. Juan de Vera y un poeta anónimo. En la colección de _Dramáticos posteriores á Lope de Vega_ de la Biblioteca de Rivadeneyra, tomo II, p. 240 y ss., se ha seguido el texto de Vera Tassis. Pero el mérito de la comedia justificaría una nueva edición con las variantes de ambos.

[271] _L'Espagne sous Ferdinand VII, par le Marquis de Custine._ Bruxelles, 1838. Tomo I página 232. La carta á que corresponde este trozo lleva la fecha de 25 de abril de 1831.

[272] _Obras dramáticas y líricas de D. Leandro Fernández de Moratín, entre los Arcades de Roma, Inarco Celenio._ París, imprenta de Augusto Bobeé, 1825, tomo I, pág. XXIII.

[273] No han faltado en estos últimos años algunas curiosas tentativas para refundir la _Celestina_ en forma representable. Impreso corre el libreto de una ópera del maestro catalán D. Felipe Pedrell no cantada hasta ahora: _La Celestina, tragicomedia lírica de Calisto y Melibea_ (Barcelona, 1903, tipografía de Salvat). Y al tiempo mismo de corregir estas pruebas ha sido representado en el _Teatro Español_ de Madrid un _arreglo_ dramático de la _Celestina_, debido á la pluma del juicioso y elegante crítico D. F. Fernández de Villegas. Enemigo, como soy, de toda clase de refundiciones, no puedo aprobar estos ensayos, pero sí el loable entusiasmo y la buena conciencia artística de sus autores.

[274] Fr. Andrés Pérez, ó quienquiera que sea el autor de este curiosísimo libro publicado bajo el nombre del licenciado Francisco López de Ubeda, marca perfectamente su carácter en el _Prólogo al lector_: «No es mi intencion, ni hallarás que he pretendido contar amores al tono del libro de _Celestina_; antes, si bien lo miras, he huydo de esso totalmente, porque siempre que de esso trato, voy á la ligera, no contando lo que pertenece á la materia de deshonestidad, sino lo que pertenece a los hurtos ardidosos de Justina; porque en esto he querido persuadir y amonestar que ya en estos tiempos las mugeres perdidas no cesan sus gustos para satisfacer a su sensualidad, que esto fuera menos mal, sino que hacen desto trato, ordenandolo a una insaciable codicia de dinero. De modo que más parecen mercaderas, tratantes de sus desventurados apetitos, que engañadas de sus sensuales gustos. Y no solo lo parece assi, pero lo es; demas que a un hombre cuerdo y honesto, aunque no le entretuvieran lecturas de amores deshonestos, pero enredos de hurtillos graciosos le dan gusto, sin dispendio de su gravedad, en especial con el aditamento de la resumption y moralidad... Y deste modo de escriuir no soy yo el primer Autor, pues la lengua latina, entre aquellas a quien era materna, tiene estampado mucho de esto, como se verá en Terencio, Marcial y otros, a quien han dado benebolo oido muchos hombres cuerdos, sabios y honestos». (_Libro de Entretenimiento de la Picara Iustina, en el qaal debaxo de graciosos discursos se encierran prouechosos auisos...). Impreso en Medina del Campo, por Chritoual Lasso Vaca. Año M.DC.V._ Hoja 2 del prólogo.

Á pesar de eso, en otro prólogo sumario, cuenta la _Celestina_ entre sus modelos: «no hay enredo en _Celestina_, chistes en _Momo_, simpleças en _Lázaro_, elegancia en _Guevara_, chistes en _Eufrosina_, enredos en _Patrañuelo_, cuentos en _Asno de oro_, y generalmente no hay cosa buena en romancero, comedia ni poeta español, cuya nata aqui no tenga, cuya quinta esencia no saque».

En la lámina alegórica que va al frente de esta primera y rara edición, la _madre_ Celestina navega en el mismo barco que el Pícaro Guzmán de Alfarache; Lazarillo, en un barquichuelo.

[275] _El Sagaz Estacio marido examinado... Autor Alonso Geronimo de Salas Barbadillo. Año 1620... En Madrid, por Iuan de la Cuesta_, hoja 11 de los preliminares, sin foliar.

XI

PRIMERAS IMITACIONES DE LA «CELESTINA».--«ÉGLOGA», DE D. PEDRO MANUEL DE URREA.--SU «PENITENCIA DE AMOR».--FARSA DE ORTIZ DE STÚÑIGA.--ROMANCE ANÓNIMO.--RODRIGO DE REINOSA Y OTROS AUTORES DE PLIEGOS SUELTOS.--«CELESTINA» VERSIFICADA, DE JUAN SEDEÑO.--COMEDIAS «HIPÓLITA», «SERAPHINA» Y «THEBAYDA», DE AUTOR ANÓNIMO.--FRANCISCO DELICADO Y SU «RETRATO DE LA LOZANA ANDALUZA».--ESCASA INFLUENCIA DEL ARETINO EN ESPAÑA: REFUNDICIÓN DEL «COLOQUIO DE LAS DAMAS», POR FERNÁN XUÁREZ.--CONTINUACIONES LEGÍTIMAS DE LA OBRA DE FERNANDO DE ROJAS.--«SEGUNDA CELESTINA» Ó «RESURRECCIÓN DE CELESTINA», DE FELICIANO DE SILVA.--«TERCERA CELESTINA», DE GASPAR GÓMEZ DE TOLEDO.--«TRAGICOMEDIA DE LISANDRO Y ROSELIA», DE SANCHO MUÑÓN.--LA «CELESTINA» EN PORTUGAL; IMITACIONES DE JORGE FERREIRA DE VASCONCELLOS: LA COMEDIA «EUPHROSINA».--SU TRADUCCIÓN, POR BALLESTEROS Y SAAVEDRA.--OTRAS IMITACIONES CASTELLANAS DE LA «CELESTINA».--«TRAGEDIA POLICIANA», DE SEBASTIÁN FERNÁNDEZ.--«COMEDIA FLORINEA», DE JUAN RODRÍGUEZ FLORIÁN.--«COMEDIA SELVAGIA», DE ALONSO DE VILLEGAS.--«COMEDIA SELVAJE», DE JOAQUÍN ROMERO DE CEPEDA.--«LA DOLERIA DEL SUEÑO DEL MUNDO», COMEDIA ALEGÓRICA DE PEDRO HURTADO DE LA VERA.--«LA LENA» Ó «EL CELOSO», DEL CAPITÁN D. ALONSO VELÁZQUEZ DE VELASCO.

El más antiguo de los imitadores de _La Celestina_ fué el prócer aragonés D. Pedro Manuel de Urrea, hijo segundo de los condes de Aranda y autor de un notabilísimo _Cancionero_ impreso en Logroño en 1513[276], que sale mucho de la monotonía de los libros de su clase, y anuncia, á lo menos en esperanza, un poeta sincero y humano. Ya en otra ocasión[277] hemos procurado trazar los rasgos característicos de su simpática fisonomía, que dan tanto precio á algunos de sus _villancicos_ y á sus composiciones de índole personal y doméstica. Aquí sólo nos incumbe tratar de las dos obras (desconocida una de ellas hasta nuestros días) en que ensayó la imitación de la famosa _Tragicomedia_, catorce ó quince años después de publicada.

La primera de estas imitaciones se halla al fin de su Cancionero con el encabezamiento siguiente:

_Égloga de la Tragicomedia de Calisto y Melibea, de prosa trobada en metro, por Don Pedro de Urrea, dirigida á la condesa de Aranda, su madre._

Es muy probable que este fragmento se representase en alguna fiesta de familia; á lo menos el autor le tenía por representable, según las prevenciones que hace en el _Argumento_:

«Esta egloga ha de ser hecha en dos vezes: primeramente entra Melibea, y luego despues Calisto, y pasan ally las raçones que aquí parescen, y al cabo despide Melibea a Calisto con enojo y salese el primero; y despues luego se va Melibea, y torna presto Calisto muy desesperado a buscar a Sempronio, su criado, y los dos quedan hablando, hasta que Sempronio va a buscar a Celestina para dar remedio a su amo Calisto. Está trovado esto hasta que queda solo Calisto, y ally acaua; y por no quedar mal vanse cantando el villancico que está al cabo».

El título de _égloga_ y la forma metrificada han sido sugeridas, á no dudarlo, por el ejemplo de Juan del Enzina. Urrea mismo indica la división en dos escenas cortas que contienen menos de una cuarta parte del texto original del primer acto[278]. No puede creerse de ningún modo que este solo le fuese conocido, ni que trabajase sobre un manuscrito, puesto que en 1513 existían ya siete ú ocho ediciones castellanas de la _Celestina_, unas con el texto en diez y seis actos y otras con el definitivo de veintiuno. Si levantó Urrea la mano del trabajo, bien excusado, de versificarla, sería por cansancio ó por haber encontrado más dificultades que al principio, ó sencillamente porque creyó que bastaba con aquella pequeñísima parte para construir una sencilla fábula ó más bien un diálogo semidramático, sin acción, nudo ni desenlace, como los que entonces se estilaban.

Entendemos que á Urrea alude, y no á otro, el P. Baltasar Gracián cuando atribuye toda la _Celestina_ á un _encubierto aragonés_: desatino de marca, pero que puede tener explicación. Gracián, que era hombre de mucha y varia lectura, pero no erudito de profesión, conocía probablemente el _Cancionero_ de Urrea, y al encontrarse allí con un fragmento de la _Celestina_ en verso, en que nada se dice del autor primitivo, pudo pensar que el hijo de la condesa de Aranda había versificado su propia prosa. En los versos acrósticos no se fijó, ó no les dió valor, y acaso su ejemplar careciese de ellos, como carecen algunas _Celestinas_ tardías. Por lo demás, con decir que Urrea, nacido probablemente en 1486, tendría á lo sumo doce ó trece años cuando se publicó por primera vez la _Celestina_, queda demostrada la imposibilidad física de tan extravagante atribución[279].

Lo que prueba su _Égloga_, que no creemos muy anterior á la fecha del _Cancionero_[280], es la inmensa popularidad de que ya gozaba la obra original de Fernando de Rojas y el carácter dramático que todos la atribuían. Y prueba también la facilidad y soltura de rimador que tenía Urrea, puesto que en sus coplas octosilábicas se ciñe de tal suerte al texto de Rojas, que más bien le calca que le traduce, con cierto desaliño sin duda, pero mostrando verdadero instinto del diálogo escénico. Véase la primera escena de la _Égloga_, y cotéjese con el texto de la _Celestina_ que va al pie[281]:

CALISTO

Veo en esto, Melibea, La _gran grandeza de Dios_.

MELIBEA

¿En qué, Calisto, veys vos Cosa que tan alta sea?

CALISTO

En dar poder á natura Que de perfeta hermosura, Acabada, te dotase, Y a mí que verte alcançasse Sin merecer tal ventura. Y en lugar donde me viese Gozar de tanto fauor, Que mi secreto dolor Manifestar te pudiesse. Sin duda tal galardon Es mayor en deuocion Que obras de sacrificio, Aunque por tal exercicio Espero yo saluacion. ¿Quién vió nunca en esta vida Un cuerpo glorificado Como el myo, que ha mirado Vna cosa tan sentida? Por cierto, todos los santos, Donde gozan de sus cantos Mirando a nuestro señor, No tienen gloria mayor Que yo en ver plazeres tantos. Somos en esto apartados: Que la gloria que poseen Por muy perpetua la veen, Sin ser de alli derribados: Mas yo me veo alegrar Con recelo de dexar Tu vista y acatamiento, Recelando el gran tormento Que en absentia he de pasar.

MELIBEA

¿Por gran premio, por tu fe, Tienes aqueste, Calisto?

(Nota _a_: _Mísero_ leen desatinadamente muchas ediciones. Las primitivas dicen _mixto_ ó _misto_, y así debe de ser, puesto que Calisto compara sacrílegamente su estado, en que se mezclan la bienaventuranza y el recelo, con el _puro_ estado beatífico).

CALISTO

Por tanto, en esto que he visto, Como agora te diré: Que si Dios me diesse arriba A esta mi alma catiua La gloria del alto cielo, No tendría más consuelo Que con esto que me aviua.

MELIBEA

Pues avn más galardón Te daré si perseueras.

CALISTO

Mis orejas placenteras Bien aventuradas son, Que indignamente an oydo Palabra de gran sonido.

MELIBEA

Mas serán desventuradas Tus orejas bien aosadas, Despues de averme entendido... Vete ya, torpe, de ahí Cual onbre mucho liuiano, Que en un coraçon humano No cabe servir a my. Que no tomo con paciencia Que, en absencia ni en presencia, Un muy ylícito amor Piense ningun amador Comigo alcanzar de eçencia...

_Agora se va Calisto, y sálese Melibea, y luego vuelve buscando sus criados._

No faltan en esta versión métrica ripios é incorrecciones graves, palabras impropias y algunos barbarismos, ó si se quiere formas dialectales, en la conjugación:

Y las caydas que _daron_ Los que como tú amaron... _Pusiéndome_ inconvenientes.

Urrea era un improvisador y no se paraba en barras, pero el efecto general de sus versos es agradable[282].

Mucho menos vale su prosa en la única muestra que conocemos de ella, y que también se enlaza con la _Celestina_ por derivación muy inmediata. Esta pieza rarísima, indicada por Brunet, que por cierto equivoca dos veces el apellido de su autor[283], es la _Penitencia de Amor_, estampada en Burgos por Fadrique Alemán de Basilea, en 1514[284].

El antiguo impresor de la _Comedia de Calisto_ conservó en el frontispicio de la _Penitencia_, cambiando los nombres de los personajes, uno de los grabados de la obra que Urrea imitaba, fácil, en efecto, de transportar de una composición á otra, puesto que Finoya y Darino, en la novelita del ingenio aragonés, corresponden á Melibea y Calisto, y los criados Renedo y Angis á Sempronio y Pármeno. Faltan Areusa, Elicia, Lucrecia y sobre todo Celestina, es decir, la salsa del pescado de la tragicomedia, que sin intervención de la vieja barbuda será insípida siempre. La parte cómica se reduce á unas octavas de arte menor que el poeta llama «pullas honestas», y son un pugilato de groseras desvergüenzas cambiadas entre dos lacayos. Todo lo restante está en prosa. El fin de la obra quiere ser ejemplar, aunque por distinto rumbo que el de la _Celestina_, para lo cual se altera el desenlace de la manera que veremos; pero hay, no sólo detalles licenciosos, sino una escena de brutalidad sin ejemplo, esmaltada con sentencias como ésta: «El mayor plazer es pecar mortalmente; los que no gozan desto no tienen descanso». Ninguna de las blasfemias de Calisto llega á ésta[285].

¡Extraños tiempos aquellos en que un caballero tan distinguido como Urrea, que en varias poesías de su _Cancionero_ muestra haber sido capaz de las más sanas inspiraciones y de los más delicados sentimientos, osaba hacer presente de tal farsa como la _Penitencia_ á su madre la condesa de Aranda, con la leve salvedad de decir en el prólogo: «Esta obrezilla, por ser toda su calidad cosa de amores, parece que se aparta de la condicion y virtud de vuestra señoria; pero porque todo lo que yo hiziere no puede ni deve yr dirigido a otri, embio tambien esto como lo otro que de mí tiene vuestra señoria».

Esta dedicatoria ofrece otros puntos curiosos. El autor no hace profesión de originalidad, sino todo lo contrario. «Ya no va nadie a infierno syno por lo que otros an ydo; ninguno puede hazer ni dezir cosa que no paresca a lo dicho y hecho; nadie puede trobar sino por el estilo de otros, porque ya todo lo que es a sido». Se remonta á Terencio como padre del género en que ejercita su pluma. «Esta arte de amores está ya muy vsada en esta manera por cartas y por çenas (escenas) que dize el Terencio, y naturalmente es estylo del Terencio lo que hablan en ayuntamiento; mas esta es cosa quel estylo no se puede quitar ni vedar, pues que las mismas razones no sean.»

Pero en verdad no fué Terencio su modelo, ni era posible que lo fuese. Urrea, aristocrático aficionado, que á ratos aparentaba desdeñar la «trabajosa vanagloria de la pluma, pues ay otras cosas en que mas cavalerosamente se puede exercitar el entendimiento con otros passatiempos seguros de reprensiones», no tenía más que leve tintura de estudios clásicos, á pesar del alarde que hace de sembrar por su diálogo sentencias de Séneca tomadas de alguno de los florilegios morales que entonces se manejaban tanto[286]. En lo que estaba positivamente versado era en la poesía italiana, sobre todo en la del Petrarca[287], y en la literatura española de su tiempo. Dos libros se hallaban entonces en el momento culminante de su éxito: la _Celestina_ y la _Cárcel de Amor_. Urrea, sin hacerse cargo de la radical oposición del sentido artístico de ambos libros, ni de la profunda desemejanza de su plan y estilo, intentó fundirlos en uno solo, no olvidando tampoco sus hábitos de poeta cortesano. Resultó de aquí una producción híbrida, de la cual puede formarse idea por el _argumento_ con que el mismo autor la encabeza:

«Hubo vn cauallero llamado Darino, hijo de Galmaux y de Volisa, el qual andando vn dia solo a cauallo, paseando, llegó a vn castillo y casa fuerte en muy gentil acatamiento puesto. Vió a la ventana a Finoya, muy gentil dama, hija de Nertano y de Solona, donde con mucho contentamiento y turbacion llegó a hablar con ella, y acabadas sus razones partióse della muy cativado de su amor, y sin reposo voluiendo á su posada procuró con dos criados de los suyos de quien él mas fiaua (al vno llamauan Renedo y al otro Angis) para que con todas sus fuerças y mañas hiziesen que Finoya recebiese vna carta de Darino. Fue tal la diligencia y astucia de sus criados, que alcançó Darino al principio reçebir cartas de Finoya y al cabo goçar de su persona; y aunque las cosas que algun tiempo duran de continuo son sabidas y descubiertas, esto en breue tiempo fue sabido; por donde Nertano, padre de Finoya, sabiendo esto, aguardó a Darino y tomóle. La segunda vez que entró en su casa halló a los dos juntos tomando sus retraydos deleytes, el cual metió en vna torre a Finoya con sus doncellas, y en otra a Darino con sus criados, y todos hicieron penitencia allí en aquellas torres hasta el cabo de sus dias.»

La obrita de Urrea no es enteramente dramática, ni tampoco novelesca. Ninguna parte de ella está en narración, sino toda en razonamientos y cartas. En los primeros imita algunas veces á Fernando de Rojas[288]; pero el tipo de Diego de San Pedro es el que predomina, no sólo en la parte epistolar, sino en la retórica culta y alambicada del estilo. La acción, que es de suma pobreza, está desarrollada con simétrica monotonía. A cada una de las cartas de Darino á Finoya y viceversa se agrega un presente simbólico, que por lo común es una joya de oro labrado, acompañada de un mote en verso. Algunos son ingeniosos, y del mismo gusto galante y amanerado que otros que se leen en el _Cancionero general_. Envía Finoya á Darino una vihuela sin cuerdas, y dice la letra:

No tienes más esperança De alcançar lo que concuerdas, Que esa de tañer syn cuerdas.

Envía Darino á Finoya unos ruiseñores y dice la letra:

Cantarán éstos de amores; Yo, avnque callo, Lloro por los desamores Que en ty hallo.

En el desenlace, sugerido indudablemente por la _Cárcel de Amor_, se nota la misma falta de originalidad y brío. «En la torre de mano derecha (dice Nertano) estareys vos, Finoya, con vuestras doncellas... y vos, Darino, estareys en la torre de mano izquierda, y vosotros tendreys cargo de la manera que se a de regir. No he querido daros muerte a vos, hija, porque el coraçon no lo ha çufrido; y a vos, Darino, no he querido mataros, porque peneys mas. La fama que se pondrá a de ser que Finoya mi hija es muerta, y assi le haremos las onrras; y de Darino se dirá que se a ydo al cabo del mundo: vnos creeran que por veer tierras, otros que de desesperado se a ydo por la muerte de mi hija, que ya sabian que la queria. Vamos, que ello será tan secreto quanto él fue traidor». Aquí vemos apuntar ya la máxima de _A secreto agravio_...

Algunos trozos de la _Penitencia_ están bien escritos en su género sentimental y retórico[289], pero otros son mortalmente fastidiosos y el conjunto revela una pluma inexperta en el difícil arte de la prosa, á pesar del gran modelo que tenía á la vista. La locución claudica á veces por el sentido incierto de las palabras[290], y el vocabulario no es ni muy selecto ni muy rico[291].

Á pesar de su medianía, la _Penitencia de Amor_, que en España fue completamente olvidada hasta que en nuestros días la exhumó el Sr. Foulché-Delbosc de una biblioteca particular que no expresa, tuvo en el siglo XVI los honores de una traducción francesa ó más bien de un verdadero plagio.

El supuesto autor original de _La Penitence Damour_, Renato Bertaud, señor de la Grise, secretario del cardenal arzobispo de Tolosa Gabriel de Gramond Navarre, cambia los nombres de los personajes, llamando _Lanzarote_ al caballero, _Lucrecia_ á la dama y _Themot_ y _Michellet_ á los criados. Traslada íntegro el texto de Urrea, pero le añade un final de su cosecha, en el cual, pasados siete años del cautiverio de los amantes, consiente el padre de Lucrecia en darles libertad y celebrar sus bodas. Todo es al principio regocijo y fiestas, justas y torneos, pero la dama muere al poco tiempo y su marido determina hacer penitencia durante el resto de su vida junto al sepulcro de la mujer á quien se lamenta de haber seducido y en cuya temprana muerte ve un castigo de la justicia divina[292].

No fué Urrea el único poeta que intentó llevar al naciente teatro español una parte del argumento de la _Celestina_. Poco posterior á su _Égloga_ hubo de ser otra de Lope Ortiz de Stúñiga, de la cual no conocemos hasta ahora más que su título y encabezamiento en el núm. 15,139 del _Registrum_ de D. Fernando Colón: «_Farsa en coplas sobre la comedia de Calisto y Melibea. Inc._

Hi de san y qué floresta Y qué floridos pradales, Qué compaña...

En el mismo _Registrum_ (núm. 4.083) se citan otras producciones poéticas de Lope Ortiz (suponemos que sea la misma persona), adquiridas por el hijo de Cristóbal Colón en Medina del Campo, á 25 de noviembre de 1524[293], lo cual puede servir para conjeturar aproximadamente la fecha de la _Farsa_, sobre cuya procedencia y coste nada se indica.

En un pliego gótico, de dos hojas en folio, á cuatro columnas, que acaso es ejemplar único, encuadernado con otros igualmente rarísimos del primer tercio del siglo XVI, poseo un compendio en verso de la _Celestina_, cuyo título dice de esta suerte: _Romance nueuamente hecho de Calisto y Melibea que trata de todos sus amores y de las desastradas muertes suyas y de la muerte de sus criados Sempronio y Parmeno y de la muerte de aquella desastrada mujer Celestina intercesora en sus amores_[294]. Habiendo reproducido esta curiosa pieza en mis adiciones á la _Primavera_ de Wolf[295], no creo necesario insistir sobre su carácter juglaresco y sobre la habilidad con que su incógnito autor va fundiendo en el molde narrativo las principales situaciones de la tragicomedia, conservando en todo lo que puede las mismas palabras del original:

Un caso muy señalado--quiero, señores, contar, Como se iba Calisto--para la caza cazar. En huertas de Melibea--una garza vido estar, Echado le habia el falcon--que la oviese de tomar, El falcon con gran codicia--no se cura de tornar: Saltó dentro el buen Calisto--para habello de buscar, Vido estar a Melibea--en el medio de un rosal, Ella está cogiendo rosas--y su donzella arrayan...

En el mismo apacible estilo prosigue todo el romance, que demuestra en el poeta que le compuso verdadero sentido de las bellezas de la obra que imitaba.

Urrea había metrificado, aunque no íntegramente, el primer acto de la _Celestina_: el romancerista abarcó todo el cuadro, reduciéndole á mínima escala. Tarea mucho más ardua, y tan prolija como impertinente, emprendió Juan Sedeño, natural y vecino de la villa de Arévalo, trasladando toda la _Celestina_ en desaliñadas coplas de arte menor, que sólo sirven para enaltecer por el contraste la divina prosa de Rojas. Este esfuerzo de paciencia y de mal gusto cayó muy pronto en el justo olvido que merecía, y no ha vuelto á ser impreso después de la rarísima edición de Salamanca, 1540[296]. Juan Sedeño es principalmente conocido por autor ó compilador de un diccionario biográfico que tituló _Summa de varones ilustres_[297], obra de corto mérito y ninguna originalidad; pero merece serlo con más razón por sus elegantes _Coloquios de amores y bienaventuranza_[298], los cuales, dicho sea de pasada, nada tienen que ver con la historia del teatro, como da á entender un moderno académico[299], ni pueden calificarse de desconocidos, puesto que en libro tan corriente como el Manual de Ticknor se da exacta idea de ellos, colocándolos en el grupo á que realmente pertenecen, es decir entre los diálogos filosóficos y morales de Hernán Pérez de Oliva, Francisco Cervantes de Salazar y otros prosistas didácticos de la centuria décimasexta[300]. Tampoco se ha de confundir á Juan Sedeño, como hizo Nicolás Antonio, con un homónimo, y probablemente deudo suyo, que fué alcaide ó castellano de Alessandria della Paglia, y publicó en 1587 la primera traducción española de la _Jerusalem_ del Tasso.

Antes de llegar á las imitaciones propiamente dichas de la _Celestina_, no podemos menos de hacer notar el influjo que la parte picaresca de la tragicomedia ejerció en los poetas semipopulares de la primera mitad del siglo XVI, cuyas composiciones se registran en pliegos sueltos góticos de extraordinaria rareza. El principal representante de este género, que llegó á los últimos límites del cinismo, es Rodrigo de Reinosa, émulo de los más licenciosos poetas del _Cancionero de Burlas_[301]. A propósito de sus _Coplas de las comadres_ escribió Gallardo: «Es una pintura al fresco, viva y colorada, de las costumbres de aquel tiempo. Pocas poesías se leerán impresas en España más libres y licenciosas que estas coplas. Son además graciosísimas». En lo primero no hay duda, porque las _Coplas_ son verdaderamente desaforadas; pero lo segundo dista mucho de ser cierto, porque son groseras, toscas y llenas de incorrecciones métricas. Citaremos algunos versos de los menos malos, en que saltan á la vista las reminiscencias de la _Celestina_:

Allá cerca de los muros, Casi en cabo de la villa, Cosas haz de marauilla Vna vieja con conjuros, Porque tengamos seguros Los plazeres cadal dia, Llámase Mari Garcia, Sabe encantaderos duros. Una casa pobre tiene, Vende hueuos en cestilla, No ay quien tenga amor en villa Que luego a ella no viene... Está en missa y processiones, Nunca las pierde contino, Missas dalva yo esmagino Son las más sus deuociones; Jamas pierde los sermones, Bisperas, nona, completas, Sabe cosas muy secretas Para mudar coraçones... Ciertas agujas quebradas Lança en ciertos coraçones, Con muchas encantaciones De palabras endiabladas, Rayces de cardo sacadas; Y a todas las que a ella van Escriue con açafran En las palmas ciertas fadas[302].

A Rodrigo de Reinosa atribuye, con bastante probabilidad, Gallardo otra composición mucho más escandalosa que ésta, pero mejor escrita y de carácter netamente dramático, pues salvo algunas palabras de introducción narrativa, puede considerarse como una pequeña farsa lupanaria ó rufianesca, en coplas de arte mayor[303]. Tanto en ella como en el _Coloquio entre la Torres-Altas_ y _el rufián Corta-Viento_[304], hizo alarde Rodrigo de Reinosa de emplear la jerigonza llamada _germanía_, nombre que por primera vez aparece en sus obras, y es por tanto más antiguo de lo que generalmente se cree[305].

El desenfreno que tales composiciones arguyen es un signo de los tiempos, que importa al historiador registrar y considerar maduramente. La disolución social de las postrimerías de la Edad Media, contenida por la férrea mano y el alto pensamiento de los Reyes Católicos, fermentó tumultuosa durante el efímero reinado de Felipe _el Hermoso_ y el nominal de su infeliz consorte; y no llegó á ser vencida y domada hasta que el César Carlos V, que no era ya el inexperto y mal aconsejado joven de su primer viaje á España, entró en la plenitud de su misión histórica. Anarquía fué ésta de la cual participaron nobles y plebeyos, eclesiásticos y legos, seculares y regulares; anarquía de palabras, de ideas y de costumbres, que si no hizo vacilar los fundamentos de la creencia tradicional, dió calor á la secta indígena de los iluminados místicos, favoreció los progresos del libre pensar erasmista, que llegó á nacionalizarse en alto grado, y abrió en parte los caminos de la Reforma, aunque por otro lado fuese su antítesis. Y de la misma suerte, en el orden político produjo á un tiempo tardías reivindicaciones aristocráticas; generosos aunque mal concertados esfuerzos por la libertad municipal, corona de las ciudades castellanas; insurrecciones que, sin perder el carácter de los antiguos bandos y hermandades, parecían agitadas por un soplo revolucionario más ardiente é impetuoso; y hasta en algunos espíritus turbulentos, sueños de repúblicas al modo de Génova y Venecia, y en la masa popular de aquellas tierras donde la industria y el comercio habían madrugado más, una agitación hondamente socialista, de que los agermanados de Valencia y Mallorca fueron terribles definidores é intérpretes.

La libertad ó más bien la licencia de la imprenta no tuvo cortapisa en aquellos años. La Inquisición, atenta sólo á la persecución de los judaizantes, que había sido el primordial objeto de su introducción en Castilla, no se cuidó hasta mucho más tarde de intervenir en la censura de libros, y aun el primer Indice no se hizo en España, sino en la Facultad teológica de Lovaina, como es notorio. Bajo este aspecto puede decirse, habida consideración á los tiempos, que la literatura del reinado de Carlos V (es decir, de casi toda la primera mitad del siglo XVI) se desarrolló con pocas trabas, lo cual explica su libertad y audacia, su desordenada y juvenil lozanía que tanto contrasta con el tono grave, reflexivo y maduro que todas las cosas fueron tomando en tiempo de Felipe II.

Dejando aparte lo que toca al desarrollo general de las ideas y al fondo de la literatura didáctica y polémica del Renacimiento, materia no bien tratada aún y en que conviene hacer muchas distinciones, el genio poético de aquel principio de siglo habló mordaz y cáustico por boca de los grandes satíricos Torres Naharro, Gil Vicente, Cristóbal de Castillejo, en quienes la valentía del pensamiento se junta con la gracia de la dicción. La sátira lo invadió todo, desde las farsas teatrales hasta la acicalada prosa de los hermanos Valdeses y la pintoresca y sabrosísima del médico Villalobos. La corriente naturalista derivada de la _Celestina_ fué engrosando sus aguas, cada vez más turbias, al pasar por el bajo fondo social, y paró en representaciones monstruosas, con que ingenios mediocres halagaban una profunda depravación social.

Esta depravación, que en el centro de España era más bárbara que refinada hasta que por los puertos secos se comunicó á Castilla el contagio, tenía su principal asiento en las ciudades marítimas y populosas, enriquecidas por la navegación y el tráfico, especialmente en las del Mediterráneo, abiertas de antiguo á la influencia italiana, que juntamente con los primores de sus artes les comunicaba aquel género de viciosa elegancia que suele ser fatal é inevitable cortejo de la opulencia y del lujo. En esta parte ninguna ciudad tuvo tan extraña reputación como Valencia, por lo mismo que ninguna del litoral la aventajaba en el arreo y gala de sus moradores, en la belleza de sus mujeres, en las comodidades y deleites de la vida y en la alegría y pompa de sus fiestas y regocijos populares. Del estado de las costumbres en el siglo XV tenemos peregrinos datos en los sermones todavía inéditos que en su nativa lengua predicaba San Vicente Ferrer[306]. Si se comparan con las pinturas que en su famoso libro satírico trazó Jayme Roig[307], el orador sagrado y el poeta se completan mutuamente, y el testimonio del uno y del otro puede corroborarse con documentos legales y notariales, libres de toda sospecha de hipérbole.

Á principios del siglo XVI Valencia estaba considerada como la ciudad de la galantería, la metrópoli del placer:

Os jardins de Valença de Aragāo Em que o amor vive e reina, onde florece, Por onde tantas rebuçadas vāo.

decía el poeta portugués Sá de Miranda[308]. _Jardín de placeres_ la llamaba en 1505 Alfonso de Proaza.

De damas lindas hermosas En el mundo muy loada... Rico templo, donde Amor Siempre haze su morada[309].

Esta equívoca nombradía traspasaba los aledaños hispánicos, y en verdad que pasma encontrar acusaciones de afeminada molicie bajo la pluma de escritores italianos que no tenían grande autoridad para mostrarse muy severos. _Plerique Valentini cives tum senes tum iuvenes, amoribus dediti ac delitiis_, dice el gran humanista Pontano, gloria de la honestísima Nápoles[310], con ocasión de mencionar á un Rodrigo Carrasco (¿Carroz?) que á los ochenta años había caído en la inofensiva chochez de tocar la flauta ó él pífano y de ir cantando su amor por las calles: «_e media scilicet Valentia delatum hoc est_»[311]. Pontano tenía el buen gusto de no alborotar la calle con músicas y cánticos, pero en cambio confiesa que daba malos ratos á su mujer con los amores de cierta _puella gaditanula_[312]. De los conventos de monjas de Valencia escribió horrores; la relajación era evidente[313], pero no mayor que la que podía ver en su tierra.

Dos veces aparece en el _Orlando Furioso_ el nombre de nuestra ciudad levantina, y siempre con el mismo concepto tradicional y en gran parte injusto que de ella se tenía.

Pinta el Ariosto á Rugero encantado y sumergido en las delicias del jardín de Alcina:

Umide avea l'inanellate chiome De' piú _soavi odor_ che sieno in prezzo: Tutto ne' gesti era amoroso, come _Fosse in Valenza a servir donne avvezzo_.

(Canto VII, est. 55).

La heroína del pícaro cuento de Giocondo y del rey Astolfo era también valenciana, según el maligno poeta de Ferrara:

Una figliuola d' uno ostiero ispano, Che tenea albergo al porto di Valenza, Bella di modi e bella di presenza.

(Canto XXVIII, est. 52).

Lo de los _soavi odori_ requiere alguna explicación. Ya en el siglo XV eran buscados en Italia con predilección los objetos de perfumería procedentes de Valencia. De ello da testimonio uno de los cantos de Carnaval del tiempo de Lorenzo _el Magnífico_, titulado en algunas colecciones _La canzone dei galanti_ y en otras _Canto dei profumieri_:

Siam galanti di Valenza Qui per paggi capitati, D'amor già presi e legati Delle dame di Fiorenza... Secondo i nostri costumi Useremo anchor con voi; Usseletti, olii e profumi, Donne belle, abbiam con noi...[314]

Los guantes de España, pero muy especialmente de Valencia, eran los más estimados, y en agosto de 1506 hacía especial encargo de ellos la elegante y sabia princesa Isabel de Este, recomendando que los viese antes algún español, «porque son los que mejor entienden de la bondad de estas cosas»[315].

Tales industrias, sin ser pecaminosas en sí mismas[316], requieren para desarrollarse un ambiente epicúreo y sibarítico, como era el de Valencia al decir de los viajeros de aquel tiempo, que la pintan como una nueva Capua, aunque no hayan de tomarse al pie de la letra todos sus dichos, que pueden nacer de observación superficial ó son manifiestas calumnias. Desde el tudesco Nicolás de Popplau, que viajó por España en 1484 y 85, y el flamenco Antonio de Lalaing, señor de Montigny, que acompañó á Felipe _el Hermoso_ en 1501, hasta el libro tan grave y estimado de las _Relaciones universales del mundo_, de Juan Botero (1596), para no hablar de otros posteriores, persiste esta mala nota de la gentilísima ciudad que fué en todos tiempos emporio de riqueza y de cultura[317]. En los italianos llega á ser un tipo convencional _il signor Lindezza de Valenza_, aludido en _La Cortigiana_ del Aretino[318]. «No hay más lasciva y amorosa ciudad en toda Cataluña», dice Bandello al comenzar una de sus más trágicas é interesantes novelas[319]. Y á este tenor pudieran acumularse otras citas, si ya no nos hubieran precedido en recogerlas los eruditos Croce, Farinelli y Mele[320]. Las alusiones á la mancebía de Valencia abundan en todas las _Celestinas_ secundarias, sin excluir _La Lozana Andaluza_, compuesta en Italia[321].

La corrupción había llegado á su punto máximo en los años que precedieron á las Germanías[322] y en los inmediatamente posteriores á aquellos tumultos. No es mera coincidencia que en 1519 y en 1521 saliesen de las prensas valencianas los dos libros más deshonestos de la literatura española: el _Cancionero de obras de burlas provocantes á risa_, que estampó Juan Viñao[323], y las tres comedias _Thebayda_, _Hipólita_ y _Seraphina_, impresas por Jorge Costilla[324].

Esta publicación no se hizo á sombra de tejado, sino con todas las circunstancias de la ley, consignando el impresor su nombre y el día en que terminó su trabajo y el privilegio de la Cesárea Majestad, que por diez años le aseguraba la propiedad de la obra en los reinos de Castilla y Aragón. Y un magnate de tan elevada alcurnia como el duque de Gandía, D. Juan de Borja y Llansol, padre del tercer general de la Compañía de Jesús, que hoy veneramos en los altares con el nombre de San Francisco de Borja, fué la persona escogida por el desvergonzado autor de la _Thebayda_ para Mecenas de su obra, en que como él dice «había sacado de madre la cómica prosa».

En ninguna parte del libro se dice claramente que las tres comedias sean de la misma mano, pero la hermandad de la _Thebayda_ y de la _Seraphina_ parece innegable, aunque la segunda tenga más chiste y mejores proporciones que la primera.

De la _Comedia llamada Hipólita nuevamente compuesta en metro_ fácilmente podemos descartarnos, pues aunque plagia servilmente la fábula de la _Celestina_, salvo el personaje principal y el desenlace, que no es trágico sino festivo y placentero y por consiguiente inmoralísimo, su corta extensión, que no es mayor que la de las farsas de Jaime de Huete y Agustín Ortiz, su versificación en coplas de pie quebrado á estilo de Torres Naharro y todas sus condiciones externas, en suma, hacen de ella una pieza dramática y de ningún modo novelesca. Para darla á conocer basta copiar su _argumento_:

«Hipólito, caballero mancebo de ilustre y antigua generación de la Celtiberia (que al presente se llama Aragón), se enamoró en demasiada manera de una doncella llamada Florinda, huérfana de padre, natural de la provincia antiguamente nombrada Bética (que al presente llaman Andalucía); y poniendo Hipólito por intercesor á un paje suyo llamado Solento, estorbaba cuanto podía porque Florinda no cumpliese la voluntad de Hipólito; pero ella, compelida de la gran fuerza de amor que á la continua le atormentaba, concedió en lo que Hipólito con tanto ahinco la importunaba, y así ovieron cumplido efecto sus enamorados deseos, intercediendo ansimesmo en el proceso Solisico, paje de Florinda y discreto más que su tierna edad requería, y Jacinto, criado de Hipólito, malino de condición, repunó siempre; y Carpento, criado ansimesmo de Hipólito (hombre arrofianado), por complacer á Hipólito, no solamente le parecían bien los amores, pero devotó que el negocio se pusiese á las manos; é así todas las cosas ovieron alegres fines, vistiendo Hipólito á todos sus criados de brocado y sedas, por el placer que tenía en así haber Florinda (doncella nacida de ilustre familia) concedido en su voluntad, seyendo la más discreta y hermosa y dotada en todo género de virtud que ninguna doncella de su tiempo.»

Tanto esta comedia como las otras dos no está dividida en actos, sino en escenas, que aquí son cinco. Es pieza muy endeble, y sobre ella hay que estar al juicio de Moratín, casi siempre inapelable en las cosas que estudió por sí mismo. «La acción es lánguida y la entorpecen impertinentes discursos, tendencias pedantescas y rasgos de erudición histórica puestos en boca de los criados de Hipólito y en la de Florinda, que, estimulada de indomable apetito, habla de Popilia, Medea, Penélope, Sansón, Electra, David, Clodio, Salomón, Lamec, Masinisa y el rey D. Rodrigo, todo para venir á parar en abrir aquella noche la puerta á su amante. Esta indecente farsa está escrita con muy mal lenguaje y muchos defectos de consonancia y medida en los versos»[325].

La _Seraphina_ (que no ha de confundirse con las piezas del mismo título, pero de muy diverso asunto, compuestas por Torres Naharro y Alonso de la Vega) es ferozmente obscena, pero mucho más ingeniosa que la _Hipólita_ y la _Thebayda_. Ni siquiera puede considerarse como imitación de la _Celestina_, con la cual no tiene más parentesco que el de su prosa, que sería excelente si no la deslustrasen tantas afectaciones y pedanterías en la parte seria, tantas citas impertinentes de filósofos y Santos Padres, Aristóteles, Platón, Séneca, San Jerónimo, San Bernardo... puestas indistintamente en boca de todas personas, y que contrastan de un modo grotesco con los lances y situaciones de la comedia. Moratín incluyó su título en el catálogo que acompaña á sus _Orígenes del teatro_, fundándose en las palabras con que termina: «Quedad y holgaos entre esta gente de palacio, é regocijaos bien, que yo, Pinardo, acabo de _representar_ la comedia _Seraphina_ llamada». Pero basta leer la comedia para convencerse de que se trata de una pura fórmula y que el autor no pudo pensar seriamente en que tal monstruosidad se representase.

Su tema, que lo ha sido de innumerables cuentos verdes, desde las colecciones orientales hasta la novela afrentosamente célebre del convencional Louvet de Couvray, es el mismo que en la antigüedad sugirió la fábula de Aquiles y Deidamia y en los tiempos modernos un episodio del canto 6.º del _Don Juan_ de lord Byron: las aventuras amorosas de un hombre disfrazado de mujer[326]. La _Comoedia Alda_ de los tiempos medios, que ya hemos tenido ocasión de mencionar, nos ofrece una variante semidramática del mismo argumento, y no es inverisímil que el autor le tomase de fuente italiana, aunque eran pocos los _novellieri_ impresos (Boccaccio, Sabadino degli Arienti, Massuccio y pocos más)[327].

El enredo de la _Seraphina_ apenas puede exponerse en términos honestos. Un caballero portugués, Evandro, se enamora en Castilla de una dama principal llamada Serafina, mujer de Filipo, «el qual era de natura frío». Y como el mucho recogimiento de la dama y la guarda cuidadosa de su suegra hacían muy difícil toda conversación con ella, un paje llamado Pinardo, disfrazado en hábito de mujer, se ofrece á penetrar en casa de Filipo; logra la mayor intimidad y favor con la vieja Artemia, dueña de malas costumbres, y con la desenvuelta Violante, doncella de Serafina, y persuade á ésta á condescender con la voluntad de Evandro, interviniendo en tan abominable tercería todos los personajes de la pieza, y muy señaladamente la perversa Artemia, que arrastrada por su senil lascivia se presta sin reparo á la deshonra de su hijo.

Si por un momento pudiera vencerse el disgusto y repugnancia que tales escenas infunden, si realmente pertenecieran á la literatura obras como ésta, en que el autor convierte el noble arte de la palabra en instrumento de vil sugestión, la _Seraphina_ sería una de las rarísimas producciones de su género que pudiera salvarse del desprecio que todas ellas merecen. Pero el innegable talento de escritor que muestra quien la compuso agrava el crimen social que cometió y el daño que todavía puede causar su lectura, porque la _Seraphina_ está, no sólo perfectamente escrita, salvo en aquellos pasajes en que los interlocutores declaman ó profieren sentencias, sino conducida con más arte y habilidad que la mayor parte de nuestras comedias primitivas. Y aun siendo tan inmoral y lúbrica como es, nunca apela su autor al grosero recurso de estampar los _verba erotica_, como hicieron Francisco Delicado y los poetas tabernarios del _Cancionero de Burlas_.

Una riqueza grande de proverbios y de idiotismos familiares; una locución constantemente pura, aunque no muy aliñada; un sabroso y natural gracejo, que se manifiesta en mil expresiones rápidas y felices, son prendas que nadie puede negar á la _Seraphina_, y que duele ver tan torpemente empleadas. Algunos versos contiene sobremanera inferiores á la prosa, todos de la antigua escuela trovadoresca y llenos de tiquismiquis amatorios:

El qual siente lo que siento, Y siente qu'el mi sentir Ya no siente, Y siente qu'el sentimiento Del sentido y consentir Bien consiente...

(Pág. 316).

El poeta estaba tan satisfecho de esta ridícula jerigonza, que no se cansa de admirarse á sí mismo por boca de sus personajes: «Oh alto y maravilloso fabricador de las cosas criadas, y qué gran manera de metrificar: por cierto los[328] _Sonetos del Serafino Toscano_ no se igualaron, con harta parte, en la sentencia ni en la gentileza; menos se pueden equiparar los metros del galano Petrarca».

Engañado vivía el anónimo de Valencia en cuanto á los quilates de su ingenio, que nada tenía de lírico. Su verdadera fuerza estaba en la observación realista, en la pintura de costumbres, aunque fuesen malas y abominables. Cuando quiere levantar el tono y «trastornar con circunloquios las filosóficas cartas», no dice más que desatinos y se pierde en un galimatías ampuloso. Todos los defectos de impertinente erudición que la _Celestina_ tiene están subidos de punto en esta comedia, donde Evandro se pone muy de propósito á relatar á sus criados la historia del ateniense Foción (_cena_ 2.ª). Pero cuando la vena abundante y fácil del estilo va empujada por la corriente del diálogo ó se explaya en largas enumeraciones, que son como alarde y muestra de un pintoresco vocabulario, muchas de las excelentes cualidades de la prosa de Fernando de Rojas reaparecen en su imitador. Véase un corto pasaje, que algo interesa á la historia del arte culinario en la España de Carlos V, y es de los pocos que pueden citarse sin reparo. Trátase de los regalos que hacía el vejestorio de Artemia («estantigua y fantasma de la noche») á sus interesados galanes: «Pues los presentes que envía por año ¿quién los podría contar? Las cargas de ansarones enteros, de pollos, de anadones, de lechones, de capones, de palominos, de gallinas, las cestas de huevos frescos, la docena de las perdices, el par de los carneros, la media docena de los cabritos, la ternera entera, las ubres de puerca en adobo, las piernas de venado en cecina, los jamones de dos y de tres años, las cargas de vino tinto, blanco, aloque, clareas, _vin grec_, otros qu'ella hace hacer adobados en casa con mil aromatizados olores. Pues las frutas que les envía, á cada uno en su estado, ya es cosa de locura: codoñate, calabazate, citronate, costras de poncil, nueces moscadas, limones en conserva, pastas de confaciones de cien mil maneras, priscos, peras, membrillos de diversas maneras confacionados y cocidos en el azúcar, y á las vueltas muchas frutas de sarten de mil cuentos de maneras, trayendo las mujeres de en cabo la ciudad diestras en aquellos menesteres»[329].

Muy inferior á la _Seraphina_, aunque parece del mismo autor[330], es la _Comedia llamada Thebayda_, libro de prolija y fastidiosa lectura, que en la reimpresión moderna ocupa la friolera de 544 páginas de letra bastante menuda. Muy tentados de la risa debían de ser nuestros progenitores cuando no les encocoraban tales libros, por muy licenciosos que fuesen. La acción, aunque diluída en largos razonamientos y alargada con episodios parásitos, se reduce en el fondo á muy poca cosa. Véase el argumento que el mismo autor antepuso á su fábula:

«Don Berintho, caballero mancebo y dotado de toda disciplina, así militar como literaria, fué hijo del duque de Thebas, y conmovido de exercitar la fuerza de sus varoniles miembros y la fortaleza de su ánimo y la prudencia de que estaba asaz instruto, así de su natural como adquisita mediante la doctrina de preceptores, vino en las Españas con propósito de servir al rey que al presente la monarquía del mundo gobierna, después de haber andado peregrinando por otros reinos de diversas naciones; y en el reino de Castilla fué tocado y encendido más de lo que á su grandeza de ánimo convenía del amor de una doncella, huérfana de padres, llamada Cantaflua, dotada de extremada hermosura y de incomparable honestidad y virtud, muy rica de posesiones, nacida de ilustre generacion y acompañada de muchos parientes y nobles. La cual, asimismo presa en el amor de Berintho, sufrió grandes trabajos, competida de las fuerzas de su honestidad, á cuya causa el proceso de sus amores se prorrogó más de tres años. Y al fin, sin consejo de sus parientes, intercediendo Franquila, mujer de un mercader y persona discreta, concedió en la voluntad de Berintho, otorgándole su amor, y se desposaron secretamente, estando Cantaflua en una ermita teniendo novenas. Lo cual sabido por los parientes se aprobó, y así todas las cosas de su historia y lo á ella concerniente tuvieron prósperos y alegres fines, como de la escritura parece.»

Este plan se desarrolla en quince interminables escenas. Las ridículas lamentaciones de Berintho, interpoladas con medianos versos que los demás interlocutores ponen en las nubes[331]; el desenfrenado apetito de Cantaflua, que se manifiesta en los términos más indecorosos y grotescos; las proezas eróticas del pajecillo Aminthas con Franquila, la esposa del mercader, con la muchacha Sergia, con Claudia, la doncella de Cantaflua, y con cuanta mujer encuentra en su camino; los fieros, baladronadas, embelecos y fingidas pendencias del rufián Galterio y de su amigote «el padre de la mancebía», son los principales ingredientes de esta bárbara composición. Como libro obsceno no es sinónimo de libro ameno, la _Thebayda_, que es en alto grado lo primero, poco ó nada tiene de lo segundo. A no ser por el interés filológico que realmente ofrece, sería imposible acabar la lectura de su pesadísimo texto. La procacidad de las palabras corre parejas con la inverecundia de las acciones, y el desatino llega á veces hasta la blasfemia y el sacrilegio. Las vinosas y desvergonzadas lenguas de los rufianes profanan á cada paso las advocaciones más santas, jurando por «Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza», por «la Verónica de Jaen», por «los Corporales de Daroca», por «las reliquias de San Juan de Letrán», por «la Vera Cruz de Caravaca», por «el cuerpo de San Ildefonso que está en Zamora», por «el Crucifijo de Burgos», por «la Casa Santa de Jerusalén», etc., ejemplo que luego siguieron Feliciano de Silva y otros, no por verdadera impiedad, según creo, sino por una absurda mezcolanza de lo más profano con lo que sólo debe inspirar acatamiento y reverencia. Cuando Galterio sugiere á Berintho la idea de valerse de Franquila como tercera en sus amores, exclama asombrado el protagonista de la obra: «Este consejo no ha procedido de Galterio, pero sin duda de la inmensa Trinidad fué guiado, y espíritu de profecía inspiró en él, y alumbrado de la Divina Justicia, con la primera flecha que dió en el blanco». (Pág. 54). «Que el Señor que guió en Belen los tres Reyes de Oriente te guíe» dice Claudia á Aminthas después de una noche de amores (pág. 464). A este tenor hay otros pasajes increíbles, que me guardaré muy bien de indicar, porque causarían más escándalo que provecho.

La deshonestidad y la pedantería son las notas características de la _Thebayda_, sin que se pueda decir cuál predomina. En la primera no hay que insistir, pues tanto á esta comedia como á la _Seraphina_ (y aún más á la _Thebayda_, por ser cinco ó seis veces más larga) les cuadra lo que desgarradamente escribió Gallardo en una de sus notas bibliográficas: «Es toda ella un continuo _fornicio_ á ciencia y paciencia del público espectador». El autor creyó componerlo todo con un matrimonio final, que, lejos de destruir, agranda, dejándolos impunes, el mal ejemplo de tantas situaciones y discursos indecentes. ¡Qué lejos estamos de la lección grave y pesimista que en el fondo entraña la _Celestina_, donde la ley moral, violada un momento, se restablece vengadora por el conflicto trágico!

El éxito de la _Thebayda_, que en las escenas bajamente cómicas tiene fuerza y naturalidad, es ridículamente enfático en la parte que quiere ser oratoria y sentimental. A cada paso se tropieza con párrafos de este jaez, puestos sin distinción en boca de todo género de personas:

«_Galterio._--¿No miras que la corona del hijo de Latona ya no resplandece, y también en la octava esfera, en el sublunar mundo está dividiendo la luz de las tinieblas, y Vulturno con el aliento de la húmeda noche anda corrusco?...». (Pág. 50).

«_Aminthas._--Ya el arrebatado Boreas con el poco temor por el ocaso de los atentos(?) del basis procedentes, y con las fuerzas nuevamente en él infusas, á causa de la lumbre del primer planeta está predominante, anda despojando los árboles de sus frondas, y á los dulces campos de la apostura de sus hermosos cabellos». (Pág. 451).

«_Claudia._--No pienses, mi verdadero amigo Aminthas, que descanso hallándome falta de ti, que eres mi verdadero bien; ni pienses... que los rayos piramidales procedentes del lucido Febo resplandecen más en el sublunar mundo, ni pienses que la hermosa cara de Apolo es tan grata á toda potencia vejetativa, cuanto más agradable a mí la vista de tu graciosa persona; ni la festividad de las mieses es tan delectable al ministro de la agricultura; ni la sombra del frondoso árbol en el estío es más conveniente al que viene cansado; ni fuente ni arroyo del agua que va saltando es más apacible al que quiere matar la sed, que á mí es dulce tu conversa y los razonamientos de tan gentiles y graciosas sentencias, que de la elegancia de tu lengua y claro y maravilloso entendimiento proceden...». (Pág. 408).

Berintho y Cantaflua se enamoran en párrafos astrológicos y metafísicos, de dos ó tres páginas de andadura, que darían envidia á cualquiera de los más gárrulos oradores modernos:

«_Ber._--¡Oh mi señora! ¡Oh mi verdadera felicidad! Ni la luciente cara de Apolo resplandece tanto en el hemisferio, cuando con los rutilantes y encendidos rayos fuga la congregacion de los globos (¿lóbregos?) vapores; ni el rostro de la fermosa Diana se muestra más claro en el signo de Libra ó Acuario, cuando su vista y clarífico rostro resplandece en mi entendimiento, enseñándole las verdaderas líneas de tu tan inmensa excelencia y de tu tan incomparable poderío, con el cual, acompañándole la beldad sin comparacion que tanto florece en tu persona, pusieron en prision mi cautiva libertad, dándole leyes de perpétua servidumbre, de la cual, más áspera que la causada por la culpa del postrimero rey de los israelitas, fuera imposible tener esperanza de libertad, si no fuera con el mando de la misma primera causa, de donde procedió la privacion de los sentidos corporales juntamente con el del libre albedrío; pero este tan primario y supremo poder, acompañado de su demasiada clemencia, usaron de tanta benevolencia, de tanta mesura, de tanta piedad, que certificadas las potencias de la razon, ya tan privadas de las sus obras, y certificado el ya tan apasionado entendimiento del remedio que de la su alta bondad les venía, en un instante, en un improviso se verificaron y unieron de tal manera, que la mucha y grande esperanza y tan entera noticia y notoria _certeriorizacion_ que venían á _obtemperar_ y á gozar en especulacion de su clarífica vista, dieron ocasion que cobraran de nuevo aliento, para que las partes y potencias de menor dignidad, ejerciendo el fin de su composicion, trujesen en su presencia á este tu verdadero súbdito, tu fiel servidor, tu tan aherrojado cautivo; pero gran mudanza, gran novedad se les representa, en haber tan de súbito perdido la vista, con la tan demasiada lumbre que sienten proceder de los clarores de tu seráfica y alta mesura» (pp. 354 y 355).

Además de este detestable gusto, entre retórico y escolástico, que hace al incógnito comediógrafo un precursor de las peores extravagancias del siglo XVII, como el Aretino lo es de muchos de los vicios del _secentismo_ italiano, hay que notar en la _Thebayda_ un gran número de latinismos inútiles, de los cuales ya hemos visto algunos; á los cuales pueden añadirse _permisa_ por «permitida», _vaco_ por «vacío», _blandicias_ por «halagos ó caricias», _proditor_ por «traidor», _demulcir_ por «ablandar», _solercia_ por «discreción ó prudencia», _currículo_ por «curso de estudios» y otros que es inútil citar. De mitología é historia no se hable. Todos los personajes han leído á Quinto Curcio y á Valerio Máximo y saben al dedillo las _Genealogías de los Dioses_ de Boccaccio. Menedemo dice á su señor que oirá el cuento de sus amores «con más atención que el Tarquino Prisco los tres libros de la prudente sibila». (Pág. 29). Franquila, que es una Celestina de corto vuelo, dice á su rufián: «Siéntate, Galterio, y tu venida sea con tanta prosperidad y tan en buen hora como fué la de Furio Camilo á los romanos, cuando, elegido dictador, alzado su destierro, vino á remediar el Capitolio». (Pág. 71).

Nada tenía de ingenio lego el que compuso la _Thebayda_; más bien pecaba de erudición farraginosa é impertinente. No sólo abusa de las citas de autores clásicos, especialmente de Séneca, Cicerón, Virgilio, Ovidio, Persio y Juvenal, sino que se complace todavía más en las de los Santos Padres y doctores de la Iglesia, cuya doctrina aplica al redropelo, formando extraño contraste con la profunda inmoralidad de la obra. Hay verdaderas disertaciones teológicas sobre el sumo bien, sobre las excelencias de la virtud y el corto número de los elegidos, sobre el pecado original, sobre el sacramento de la penitencia. Menedemo, criado grave y sentencioso de Berintho, cierra la última escena con un largo y edificante sermón, en que recopila toda la historia sagrada desde la creación del mundo hasta la venida del Antecristo y el Juicio Final. Y adviértase que en todo esto hay propiedad de lenguaje y suma ortodoxia en los conceptos. Sólo á la pluma de algún estudiante de Teología puede atribuirse tan híbrido y escandaloso maridaje de lo más profano con lo más sagrado.

Los personajes de la _Thebayda_, sin ser verdaderos caracteres literarios, viven con cierta vida brutal y fisiológica. El mejor trazado es, sin duda, el rufián Galterio, que conserva todos los rasgos esenciales del admirable Centurio de la _Celestina_, pero abultados monstruosamente hasta la caricatura, y añade otros nuevos, muy curiosos para la historia de las costumbres. En la _Thebayda_ se aprende la intimidad en que este género de facinerosos vivía con los ministros de justicia, alguaciles y porquerones, que entraban á la parte en sus robos, denuncias y estafas[332]; la especie de barato que cobraban en los _hostales_ y tablajerías; la protección vergonzosa que les daban los grandes señores, asalariándolos como _bravos_ de profesión ó como activos corredores de sus vicios. El repugnante tipo del «padre de la mancebía», el _rey Arlot_ de los tiempos medios[333], viene á dar los últimos toques á este horrible cuadro.

La _Thebayda_, como todos los libros de su género, es un rico depósito de lenguaje popular, y abunda en proverbios é idiotismos, especialmente cuando habla Galterio. Allí se repite el célebre refrán «topado ha Sancho con su rocín». (Pág. 247), que ya había recogido el marqués de Santillana en esta forma: «fallado ha Sancho el su rocín»[334]. Reminiscencia probablemente de algún cuento y gérmen de una creación inmortal.

Las tres comedias que acabamos de analizar fueron no sólo impresas sino compuestas en Valencia, de cuyo lenguaje conservan algún rastro en ciertas palabras, tales como _gañivetes_ por cuchillos, _tastar_ la fruta nueva por catarla ó probarla, _codoñate_ por carne de membrillo ó mermelada, _citronate_ por cidra confitada, _rondallas_ por cuentos, _hostal_ en el sentido de mancebía, y en algunas alusiones locales, v. gr. «ir al tálamo virgen «como el _portal de Cuarte_»[335]. Pero no puede admitirse sin otra prueba que el autor fuese valenciano, porque no había en Valencia á principios del siglo XVI ningún escritor indígena que dominase la lengua castellana hasta el punto de poder escribir la prosa abundante y lozanísima de la _Seraphina_ y la _Thebayda_. Aunque el influjo del castellano hubiese ido penetrando en los géneros poéticos desde fines del siglo XV, en la prosa, que es un instrumento mucho más difícil de manejar, apenas se mostraba todavía. Los más insignes escritores valencianos del tiempo de Carlos V escribieron en latín; algunos continuaron escribiendo en catalán. Hasta fines de aquella centuria no hubo en Valencia prosistas castellanos dignos de competir con los de la España central y Andalucía, aunque hubiese ya muchos excelentes poetas líricos y dramáticos. Algunos cronistas, como Viciana y Beuter, se habían traducido á sí mismos, pero lo hicieron con suma tosquedad y rudeza. Un vocabulario tan rico, una sintaxis tan gallarda y libre como la de la _Thebayda_ presuponen un autor que había mamado con la leche la pureza de la lengua castellana.

Avanzando más, puede tenerse por seguro que el tal autor era andaluz. Á cada paso habla de cosas propias de aquella región. En la _Seraphina_ (pág. 379) se menciona «el lienzo sevillano y el lino de Guadalcanal, que cuesta á moneda de oro la vara». En tierra andaluza había hecho su aprendizaje el Galterio de la _Thebayda_: «Yo he sido prioste de juego de esgrima, y en San Lúcar de Barrameda serví un hostal por el mismo señor de la casa, y en Carmona tuve casa de trato, y en algunas partes, como ya te es notorio, he sido _padre_». (Pág. 64). Una de estas partes había sido Lucena (pág. 48): «Seyendo mancebo y hijo de vecino en Ecija, me afrentó la justicia» (pág. 81). _Afrentar_ está tomado aquí en el sentido de azotar. «Estábamos en Cabra, en la posada de Pedro Agujetero». (Pág. 92). El mismo Galterio hace el panegírico de su invencible espada en estos términos: «De treinta años á esta parte no se ha hecho desafío en toda la Andalucía donde ella no se haya hallado, porque de Córdoba, de Cádiz, de Jerez, de Málaga y de otras muchas y diversas partes, donde suceden algunos desafíos entre los amigos, luego me envían por ella, y con ésta fué con la que mataron al tablajero de Sant Lúcar, y con ésta cortaron entrambos los muslos á Navarrico, el soldado del duque, y con ésta Rabanal hizo las grandes cosas en Toledo, y al tiempo que Solisico mató el vizcaíno en Alcázar de Consuegra, no fué otra cosa la causa salvo tener esta espada». (Págs. 132-133). El Potro de Córdoba había sido teatro de sus proezas: «Por cierto fué gran osadía la mía, que estando en el Potro, Francisco Guantero hizo muestra que iba á hacer mano contra mí, y no se hubo acabado de desenvolver, cuando ya le tenía con su mismo puñal cortada la mano derecha clavada encima del bodegón de Gaytanejo; pero ni por eso perdí la tierra ni dejé de pasearme». (Pág. 176). El vino que los protagonistas beben no es el de Murviedro, tan grato á Celestina, y que debía de ser el que principalmente se consumiese en Valencia, sino de la vega de Martos, de Luque ó de Lucena (págs. 326-27). La «tabernilla del Alcázar, el Caño quebrado» y otros sitios que en el libro se mencionan, pertenecen á la topografía de Córdoba, según el decir de los expertos en ella; pero no creemos que eso sea suficiente motivo para tener á su autor por cordobés. Lo mismo podría suponérsele hijo del reino de Jaén ó de los Puertos, puesto que de todas partes tiene recuerdos picarescos: «¿No me has oído decir de cuándo fuí al desafío, que maté á Francisco Cordonero en Arjona?... Pues ese fué mi padrino, y el tiempo que en Moguer nos quisimos embarcar, cuando doce por doce tuvimos la cuestion, de cuatro que quedamos vivos ese es el uno, y el otro el ventero de la Guarda Cabrilla y el otro el que agora es Padre en Estepa». (Págs. 424-425). Pudieran añadirse otros pasajes, pero no hacen falta para comprobar lo que salta á la vista de cualquier lector un poco atento.

El mejor de los prosistas castellanos que por aquellos años escribía en Valencia es el bachiller Juan de Molina, aunque no nos haya dejado más que traducciones, tan notables algunas como la de los _Triumphos de Apiano_, encabezada con una narración de la guerra de las Germanías (1522); la _Crónica de Aragón_ de Marineo Sículo (1523) y la muy excelente de las _Epístolas de San Jerónimo_, cuya primera edición es de 1520, dedicada á doña María Enriquez de Borja, duquesa de Gandía, un año antes de que su marido recibiese la dedicatoria de las tres empecatadas comedias. Pero Juan de Molina no era andaluz, sino manchego, de Ciudad Real, según dice Nicolás Antonio; y además el género de literatura en que principalmente se ejercitó, interpretando, además de las obras citadas, el _Homiliario_ de Alcuino, el _Confesonario_ de Gerson, el _Gamaliel_ catalán atribuído á San Pedro Pascual y otros textos análogos, parecen excluir la sospecha de que manchase nunca su pluma en composiciones tales como la _Thebayda_ y la _Seraphina_, que sería temerario atribuir por livianas conjeturas á un hombre honrado.

En su tiempo y aun algo después no debieron de escandalizar tanto como ahora. No sólo fueron reimpresas en 1546, sino que Juan de Timoneda, en el prólogo de sus _Comedias_, que son de 1559, citaba sin ambajes la _Thebayda_, poniéndola al nivel de la _Celestina_, como obra de «muy apacible estilo cómico, propio para pintar los vicios y las virtudes». La Inquisición, que tratándose de este género de libros solía padecer extraños olvidos, no la prohibió nunca, á pesar del dictamen de Zurita, que opinaba lo contrario[336].

Pero aún cabía descender más en pendiente tan resbaladiza y escandalosa. La corrupción española, agravada y complicada con la italiana, produjo un singular documento que lleva la siniestra y trágica fecha del saco de Roma. Uno de los fugitivos de aquella catástrofe, refugiado en Venecia, hizo estampar allí en 1528 un libro, con todas las trazas de clandestino, cuyo rótulo, á la letra, dice así: «_Retrato de la loçana Andaluza: en lengua española muy clarissima. Compuesto en Roma. El qual Retrato demuestra lo que en Roma passaua y contiene munchas_ (sic) _mas cosas que la Celestina_». Un solo ejemplar de la Biblioteca Imperial de Viena nos ha conservado esta obra[337], y Fernando Wolf dió la primera noticia de él en 1845[338].

La _Lozana_ estaba escrita desde 1524[339], según al folio tercero se declara: «Comiença la historia o Retrato sacado del Jure cevil natural, de la Señora Lozana: compuesto el año mill y quinientos y veinte e quatro; a treynta dias del mes de junio; en Roma, alma cibdad, y como auia de ser partido en capítulos va por mamotretos, porque en semejante obra mejor conviene». _Mamotreto_ quiere decir, según el autor, «libro que contiene diversas razones ó copilaciones ayuntadas», y el número de estos mamotretos llega á sesenta y seis.

Aunque por todo el libro dejó sembradas bastantes noticias de su persona, en ninguna parte declara su nombre, para lo cual no le faltaban buenas razones: «Si me decís por qué en todo este Retrato no puse mi nombre, digo que mi oficio me hizo noble siendo de los mínimos de mis conterráneos, y por esto callé mi nombre, por no vituperar el oficio escribiendo vanidades con menos culpa que otros que compusieron y no vieron como yo; por tanto ruego al prudente lector, juntamente con quien este retrato viere, no me culpe, máxime que sin venir á Roma verá lo que el vicio della causa; ansimismo por este Retrato sabrán muchas cosas que deseaban ver y oir, estándose cada uno en su patria, que cierto es una grande felicidad no estimada» (página 334).

Pero algunos años después no tuvo reparo en descifrar el enigma en la introducción que puso al _tercer_ libro del _Primaleón_, corregido por él para la edición de Venecia de 1534: «Como lo fuí yo quando compuse la _Loçana_ en el comun hablar de la polida Andalucía». Al fin del volumen se expresa que los tres libros de _Primaleón_ «fueron corregidos y emendados de las letras que trastrocadas eran por el vicario del valle de Cabezuela _Francisco Delicado_, natural de la Peña de Martos».

A D. Pascual de Gayangos se debe este descubrimiento, con el cual se aclaran y fijan todas las noticias sueltas que hay en la _Lozana_ y en otras publicaciones de Delicado, aunque no sea hacedero trazar de él una completa biografía.

No había nacido en la villa de Martos, aunque la consideraba como su patria por las razones que alega en el mamotreto 47.

«_Loz._--Señor Silvano, ¿qué quiere decir que el Auctor de mi retrato no se llama Cordovés, pues su padre lo fué y él nació en la diócesis?»

«_Silv._--Porque su castísima madre y su cuna fué en Martos, y como dicen, no donde naces, sino con quien paces». (Pág. 239).

Cordobesa hizo á su heroína: «La señora Lozana fué natural compatriota de Séneca» (pág. 5). Y del mercado de aquella ciudad se acuerda ella misma con cierta melancolía, repitiendo el viejo cantar de los Comendadores:

«En Córdoba se hace los jueves, si bien me recuerdo:

Jueves era, jueves, Dia de mercado, Convidó Hernando Los Comendadores.

¡Oh, si me muriera cuando esta endecha oí». (Pág. 72).

De la Peña de Martos, que nunca perteneció á la diócesis de Córdoba, sino á la de Jaén, hace una curiosísima disertación, consignando algunas leyendas locales: «Los atautes de plomo y marmóreos escritos de letras gódicas é de egipciacas»; «la fuente con cinco pilares á la puerta de la villa, edificada por arte mágica en tanto espacio cuanto cantó un gallo»; la fuente, todavía más salutífera, de Santa Marta, donde «la noche de San Juan sale la cabelluda, que quiere decir que allí muchas veces apareció la Madalena, y más arriba está la peña de la Sierpe, donde se ha visto Santa Marta defensora, la cual allí miraculosamente mató un ferocísimo serpiente, el cual devoraba los habitantes de la cibdad de Marte, y ésta fué la principal causa de su despoblación» (pág. 237).

Todo este capítulo, perdido entre los horrores de la _Lozana_, hace el efecto de un idilio que sosiega apaciblemente el ánimo, y algo dice en pro de su autor. No debía de ser enteramente malo y corrompido el hombre que en medio de su vida loca y desenfrenada sentía la nostalgia del «alamillo que está delante de la iglesia de Martos», y á quien el espectáculo de la perversión de Roma y Venecia traía á la memoria por contraste la honestidad y devoción de las mujeres de su tierra. «Y si en aquel lugar, de poco acá, reina alguna envidia ó malicia, es por causa de tantos forasteros que corren allí por dos cosas: la una porque abundan los _torculares_ (lagares) y los copiosos graneros, juntamente con todos los otros géneros de vituallas, porque tiene cuarenta millas de términos, que no le falta, salvo tener el mar á torno; la segunda, que en todo el mundo no hay tanta caridad, hospitalidad y amor proximal cuanto en aquel lugar, y cáusalo la caritativa huéspeda de Christo (Santa Marta)». Indudablemente algún jugo de alma conservaba el que escribió estas cosas: válganle en atenuación de tantas otras.

En el prólogo de su edición del _Amadís_ se precia de haber sido discípulo de Antonio de Nebrija, á quien también menciona en la _Lozana_: «Eso que está escrito, no creo que lo leyese ningún poeta, sino vos, que sabéis lo que está en las honduras, y _Lebrixa_ lo que en las alturas, excepto lo que estaba escrito en la fuerte peña de Martos, y no alcanzó á saber el nombre de la cibdad, sacrificando el dios Marte, y de allí le quedó el nombre Martos á Marte fortísimo». (Pág. 264).

Pero no creo que se aprovechase mucho de la doctrina de tan excelente maestro, ni que llegase á ser nunca un verdadero humanista. Su arqueología es popular y del gusto de la Edad Media[340]; su estilo, el de la conversación, no el de los libros: rara vez cita autores clásicos. Quizá su relativa incultura le libró de pedanterías y afectaciones, que en su tiempo eran frecuentes, pero en cambio rebajó su ideal artístico hasta un punto que apenas pertenece á la literatura.

Durante el pontificado de Julio II[341], probablemente siendo ya clérigo, pasó como tantos otros á Roma en busca de algún beneficio, y allí debió de obtener ese vicariato del valle de Cabezuela, que según la relajada disciplina de aquel tiempo sería nominal y no le privaría de la residencia «_in curia_». De sus ocupaciones en Roma, del género de sociedad que frecuentaba y de los achaques que su vida pecadora le produjo, hay largos y nada edificantes detalles en la _Lozana_, donde el autor interviene á cada momento como grande amigo y confidente de la heroína. El vicio tenía entonces su castigo inmediato y terrible en aquella nueva peste que apareció con horrendo estrago á fines del siglo XV, cebándose en los ejércitos franceses y españoles que lidiaban en el reino de Nápoles. Sobre esta dolencia hay en la _Lozana_ algunos detalles que pueden interesar á la historia médica[342]. Su autor adoleció, como tantos otros, de las _pestíferas bubas_ (ni eran para otra cosa los pasos en que andaba), y para entretener ó consolar la _pasión melancólica_ que su enfermedad le produjo, compuso un tratado _de consolatione infirmorum_, que al parecer fué impreso, pero del cual sólo conocemos el título[343]. Y habiendo logrado cierto alivio con el cocimiento del _guayaco_ ó palo santo de las Indias, que, introducido en España en 1508 y en Italia en 1517, había suplantado en la terapéutica al mercurio, desacreditado por el brutal empirismo con que se administró en los primeros momentos, determinó convertir en beneficio de sus prójimos y juntamente de su bolsa aquella preparación farmacéutica, y compuso un cierto electuario, que vendía como un específico, aunque la Lozana no tenía mucha fe en su eficacia. «Di que sanarás el mal francés, y te judicarán por loco del todo, que esta es la mejor locura que uno puede decir, salvo que el legno es salutífero» (página 280).

El rarísimo opúsculo, escrito en italiano, en que Delicado expuso su plan curativo, reservándose el secreto de su composición, se ocultó á la diligencia de Nicolás Antonio, pero no á la del erudito médico de Montpellier Astruc, famoso especialista en esta materia, ni á los historiadores de nuestra Medicina, Morejón y Chinchilla[344], que parecen haber tomado de él sus noticias. Uno y otro llaman al autor Francisco _Delgado_, y así le denomina también el privilegio que le concedió Clemente VII para la impresión de su libro en 4 de diciembre de 1526. Acaso fuese éste su verdadero apellido, ligeramente alterado por él para acomodarle á los oídos italianos; pero es lo cierto que en todas sus publicaciones usó constantemente el de Delicado.

Graves y tremendos sucesos impidieron que el tratadillo sobre _il mal franceso_ fuese publicado por entonces. No se imprimió hasta 1529, en Venecia, un año después de la _Lozana_, sin duda para que el segundo libro sirviese como de preservativo ó antídoto del primero[345]. La entrada del ejército imperial en Roma, con todas las atrocidades que acompañaron á su estancia de diez meses, le pareció providencial castigo de anteriores abominaciones, y repitió, como Alfonso de Valdés y tantos otros, el _vae tibi civitas meretrix_. «¿Quién jamás pudo pensar, oh Roma, oh Babilonia, que tanta confusión pusiesen en ti estos tramontanos occidentales y de Aquilon, castigadores de tu error?... ¿Pensólo nadie jamás tan alto y secreto juicio como nos vino este año á los _habitatores_ que ofendíamos á su majestad?... ¡Oh cuánta pena mereció tu libertad, y el no templarte, Roma, moderando tu ingratitud á tantos beneficios recibidos, pues eres cabeza de santidad y llave del cielo, y colegio de doctrina, y cámara de sacerdotes y patria común!... ¡Oh vosotros que vernés tras los castigados, mirá este retrato de Roma, y nadie ó ninguno sea causa que se haga otro!...» (páginas 337-338).

Las últimas páginas que sirven de apéndice á la _Lozana_ están escritas bajo la impresión de aquella catástrofe y tienen un vigor que recuerda á veces el _Diálogo_ de _Lactancio_: «Sucedió en Roma que entraron y nos castigaron y atormentaron y saquearon catorce mill teutónicos bárbaros, siete mill españoles sin armas, sin zapatos, con hambre y sed, italianos mill y quinientos, napolitanos _reamistas_ dos mill, todos estos infantes; hombres darmas seiscientos, estandartes de jinetes treinta y cinco, y más los gastadores, que casi lo fueron todos, que si del todo no es destruida Roma, es por el devoto femenino sexo, y por las limosnas y el refugio que á los peregrinos se hacía: agora á todo se ha puesto entredicho, porque entraron lunes á dias seis de mayo de mill e quinientos e veinte e siete, que fué el escuro dia y la tenebrosa noche para quien se halló dentro, de cualquier nacion ó condicion que fuesen, por el poco respecto que á ninguno tuvieron, máxime á los perlados, sacerdotes, religiosos... Profanaron sin duda cuanto pudiera profanar el gran Sofí si se hallara presente...». (Págs. 344-45). «¡Oh gran juicio de Dios! venir un tanto ejército _sub nube_ y sin temor de las maldiciones sacerdotales, porque Dios les hacía lumbre la noche y sombra el día para castigar los _habitatores_ romanos, y por probar sus siervos, los cuales somos muncho contentísimos de su castigo, corrigiendo nuestro malo y vicioso vivir, que si el Señor no nos amara no nos castigara por nuestro bien; ¡mas guay por quien viene el escándalo!» (pág. 346).

Con esta inesperada lección acaba un libro de tan frívolas apariencias y vergonzoso contenido. Las ideas que en estos párrafos se apuntan no eran peculiares del grupo llamado _erasmista_, aunque lograsen bajo la pluma del elegante secretario de Carlos V su expresión más atrevida. Otros españoles de no sospechosa ortodoxia abundaban en el mismo sentir. «Es la cosa más misteriosa que jamás se vió... (decía el abad de Nájera, comisario del ejército del duque de Borbón). Es sentencia de Dios: plega á él que no se _desdeñe_ (italianismo por _indigne_) contra los que lo hacen». En otra relación anónima y dirigida también al Emperador leemos: «Esta cosa podemos bien creer que no es venida por acaecimiento, sino por divino juicio, que muchas señales ha habido... En Roma se usaban todos los géneros de pecados muy descubiertamente, y hales tomado Dios la cuenta toda junta»[346].

Delicado salió de Roma con el ejército español á diez días de febrero de 1528, «por no esperar las crueldades vindicativas de los naturales», y desde entonces parece haber fijado su domicilio en Venecia. Los _mamotretos_ que había llevado consigo fueron su tabla de salvación en aquel naufragio. Entonces publicó la _Lozana_ y el tratado del _leño de la India_. «Esta necesidad me compelió á dar este retrato á un estampador por remediar mi no tener ni poder, el cual retrato me valió más que otros cartapacios que yo tenía por mis legítimas obras, y éste, que no era legítimo, por ser cosas _ridiculosas_, me valió á tiempo, que de otra manera no lo publicara hasta despues de mis dias, y hasta que otrie que más supiera lo enmendara». (Pág. 347).

En Venecia vivió dedicado principalmente á la corrección de libros españoles, que entonces tenían muchos aficionados en Italia. Son conocidas y gozan de grande estimación bibliográfica sus ediciones del _Amadís de Gaula_ (1533) y del _Primaleón y Polendos_ (1534). Hizo también dos de la _Celestina_ en 1531 y 1534, y creo por varios indicios que se le puede atribuir también una rarísima de la _Cárcel de Amor_[347]. Acaso con el tiempo se descubran otras.

Previas estas noticias, muy incompletas sin duda, pero que nos permiten columbrar la extraña psicología de Francisco Delicado, digamos algo de la _Lozana Andaluza_, sin entrar, por supuesto, en su análisis, que no es tarea para ningún crítico decente. La _Lozana_, en la mayor parte de sus capítulos, es un libro inmundo y feo, aunque menos peligroso que otros, por lo mismo que el vicio se presenta allí sin disfraz que le haga parecer amable. Es un caso fulminante de naturalismo fotográfico, con todas las consecuencias inherentes á este modo de representación elemental y grosero, en que la realidad se exhibe sin ningún género de selección artística y hasta sin plan de composición ni enlace orgánico. Con saber que llegan á ciento veinticinco los personajes de esta fábula, si tal nombre merece, puede formarse idea del barullo y confusión que en ella reina. No es comedia, ni novela tampoco, sino un retablo ó más bien un cinematógrafo de figurillas obscenas, que pasan haciendo muecas y cabriolas, en diálogos incoherentes. En rigor puede decirse que la _Lozana_ no está escrita, sino hablada, y esto es lo que da tan singular color á su estilo y constituye su verdadera originalidad.

Aunque muy admirador de la _Celestina_, que cita desde la portada y vuelve á mencionar en otras partes[348], Delicado no pertenece á la escuela de Fernando de Rojas, ni era capaz de comprender siquiera el arte tan profundo y humano de la tragicomedia de Calisto y Melibea. Sólo podía asimilarse los elementos picarescos de aquella creación, y ni aun esto hizo, porque las costumbres que describe son más italianas que españolas, y él mismo era un español italianizado. El tipo de la protagonista Aldonza carece de la grandeza y de la perversidad transcendental del de Celestina. Una sola seducción y tercería de ésta significa más que todas las acciones indignas y vituperables que comete la Lozana y todos los disparates que pronuncia su cínica lengua. La «parienta del Ropero, conterránea de Séneca, Lucano, Marcial y Averroes» (página 184), no pasa de ser una moza desenvuelta y atolondrada, de mala vida y buen humor, de natural despejo y fácil labia, que trabaja por cuenta propia y ajena en aventuras escandalosas, pero que se guarda mucho de corromper la virtud de las doncellas ni de inquietar con mensajes y tercerías á las mujeres honradas. Su conciencia moral está atrofiada por la vileza de su oficio, pero su índole nativa no parece tan abominable como sus costumbres.

Se ha supuesto que Delicado pudo tener otros modelos, ya en la literatura clásica, ya en la italiana de su tiempo, para la forma de coloquios desligados que dió á su obra. Los _diálogos meretricios_ (ἑταιρικοι διαλογοι) de Luciano ofrecen una serie de escenas que, salvo dos ó tres verdaderamente monstruosas, tienen una gracia ática digna del elegantísimo sofista de Samosata. Pero dudamos mucho que hubiesen llegado á noticia del autor de la _Lozana_. Francisco Delicado, lo mismo que Pedro Aretino, con quien algunos le han comparado, pertenece al Renacimiento, no por su cultura, sino por sus vicios. El Aretino escasamente sabía latín, cosa que apenas se concibe en un literato italiano del siglo XVI. Y aunque de nuestro Delicado, que se preciaba de discípulo del Nebrisense, no pueda decirse otro tanto, su libro no indica familiaridad alguna con las letras clásicas, salvo con el _Asno de Oro_ de Apuleyo, que parece haber manejado mucho, ya en el original, ya en la elegante versión del arcediano de Sevilla, Diego López de Cortegana[349].

Otros han supuesto que la _Lozana_ era una imitación de los _Ragionamenti_ del Aretino, á los cuales se parece, en efecto, de una manera extraordinaria[350]. Pero hay una razón cronológica que impide admitir esta imitación. La _Lozana_ estaba escrita desde 1524 y fué impresa en 1528. Todas las obras del Aretino análogas á la novela española son posteriores á esa fecha. El _Ragionamento della Nanna e della Antonia_ es de 1533; el _Dialogo della Nanna e della Pippa sua figliola_ es de 1536; el _Ragionamento del Zoppino fatto frate... dove contiensi la vita e genealogia di tutte le cortegiane di Roma_, que algunos han señalado como modelo de la _Lozana_[351], no se publicó hasta 1539. Si imitación hubo, sería, pues, del Aretino y no á la inversa, y así lo han conjeturado algunos críticos italianos tan competentes como Arturo Graf[352]. Pero no creo en semejante imitación, que por otra parte ningún honor haría á nuestra literatura. El Aretino no necesitaba recibir lecciones de nadie en semejante materia, y menos del autor oscurísimo de la _Lozana_, á quien nadie cita ni en Italia ni en España durante aquella centuria[353]. Las semejanzas que entre los dos autores existen nacen de la materia misma y de los procedimientos de vulgar realismo que uno y otro emplean.

En rigor, la _Lozana_ no tiene antecedentes literarios. Nació de la vida y no de los libros: fué un producto mórbido de la corrupción romana. Su valor es nulo, pero su importancia como documento histórico es grande, con ser tantos los que existen sobre la prostitución en el siglo del Renacimiento. Extraño y singular mundo aquel en que nos hace penetrar la _Lozana_. No es el de aquellas cortesanas cultas y literatas como Tulia de Aragón y Verónica Franco, en quienes renació hasta cierto punto el tipo de las _heteras_ griegas[354], sino el mundo abigarrado y confuso, en gran parte de importación extranjera, que llenaba los prostíbulos de Roma y que ya en 1490 alcanzaba, según el _Diario_ de Esteban Infessura, la formidable cifra de 6.800 mujeres, «exceptis illis quae in concubinatu sunt et illis quae non sunt publice sed secreto»[355]; cifra inferior, sin embargo, á la de Venecia, donde al comenzar el siglo eran, según Marino Sanudo, 11.654 en una población de 300.000 habitantes[356]. Toda casta de gentes y naciones se mezclaba en este ejército del pecado, y el autor de la _Lozana_ hace una curiosa enumeración geográfica de ellas[357], aparte de otras clasificaciones y distinciones en que no hay para qué entrar. Á veces nombra á meretrices opulentas y pomposas, como la célebre Imperia la aviñonesa[358] y _madona Clarina, la favorida_; pero principalmente habla de sus paisanas, que parece haber tratado más de cerca y de cuyas andanzas estaba mejor informado: «la de los Ríos, que fué aquí en Roma peor que Celestina y manaba en oro». (Pág. 160); «la Xerezana, la Garza Montesina, la galan portuguesa, que mandaba en la mar y la tierra, y señoreó á Nápoles, tiempo del gran Capitán, y tuvo dineros más que no quiso, y verla allí asentada demandando limosna á los que pasan!». (Pág. 248).

Todos estos nombres tienen traza de ser históricos: acaso lo es también la heroína Aldonza; á lo menos su carácter tiene grandísimo parecido con aquella Isabel de Luna de quien en las ingeniosas y desenvueltas novelas del obispo dominico Bandello queda tanta memoria[359]. Así como la _Lozana_ había peregrinado no solamente por España, Francia é Italia, sino por todas las escalas de Levante, haciendo estancia con su amigo Diomedes «en Alexandría, en Damasco, en Damieta, en Barut, en parte de la Siria, en Chipre, en el Cairo, en Constantinopoli, en Corinto, en Tesalia, en Boxia, en Candía» (pág. 15), también Isabel de Luna había corrido medio mundo, había estado en Túnez y la Goleta, había seguido la corte del Emperador en Alemania y Flandes, y pasaba en Roma por la más astuta é ingeniosa mujer que podía encontrarse, la de más entretenida conversación y dichos agudos, prontísima en las réplicas mordaces y en tomar desquite de quien la ofendía. Pero tanto Isabel de Luna como otras cortesanas españolas de que la literatura italiana guarda memoria, la Beatriz, que cuando tuvo que cortarse la hermosa cabellera fué consolada en elegantes versos latinos por el Molza, su amante y su víctima; otra Beatricica, de quien habla el Aretino; la Ortega predilecta de abogados y procuradores, parecen haber _florecido_ en años posteriores á la composición de la _Lozana_.

No es sólo el mundo lupanario el que Delicado retrata ó _retrae_ (como él dice), aunque sea el centro de su obra. Otros bajos fondos de la sociedad romana tenía igualmente conocidos y explorados: las «camiseras castellanas» que moraban en Pozoblanco, las napolitanas que tenían por oficio «hacer solimán, y blanduras, y afeites, y cerillas, y quitar cejas, afeitar novias, y hacer mudas de azúcar candi y agua de azofeifas» (pág. 21), aunque todavía las aventajaban en el arte cosmética sus maestras las judías, como Mira la de Murcia, Engracia, Perla, Jamila, Rosa, Cufra, Cintia y Alfarutia: un tropel de ensalmadores y curanderos, charlatanes y sacamuelas y de otros mil extravagantes oficios que invadían el _Campo de Fiore_. Sobre la situación de los judíos en Roma tiene algunos pasajes interesantes: «Esta es sinoga de catalanes, y allí son tudescos, y la otra franceses, y ésta de romanos é italianos, que son los más necios judíos que todas las otras naciones, que tiran al gentílico y no saben su ley; más saben los nuestros españoles que todos, porque hay entre ellos letrados y ricos, y son muy resabidos». (Pág. 76).

Gran parte del interés de este libro consiste en los elementos _folklóricos_ que encierra, y los hay de todas especies. Abundan los relativos á _abusiones_ y supersticiones, que el autor reprueba severamente, pero que la Lozana practicaba sin escrúpulos, comerciando con la necedad ajena: «Yo sé ensalmar, y encomendar y santiguar, cuando alguno está aojado, que vieja me vezó, que era saludadora y buena como yo; sé quitar ahitos, sé para las lombrices, sé encantar la terciana... Sé sanar la sordera y sé ensolver sueños, sé conocer en la frente la phisionomía, y la chiromancia en la mano, y prenosticar». (Pág. 216). El _ensalmo del mal francorum_, puesto en boca de Rampin «el pretérito criado de la Lozana», es una parodia de los supersticiosos conjuros populares:

Eran tres cortesanas, Y tenian tres amigos Pajes de Franquilano...

(Pág. 88).

La relativa antigüedad de la _Lozana_ da importancia á las menciones que en ella se hacen de varios tipos tradicionales, como _Pedro de Urdemalas_, _Juan de Espera en Dios_ (nombre español del judío errante) y principalmente _Lazarillo_ (pág. 180), que según se deduce de este texto era ya protagonista de algún cuento oral antes que un grande ingenio anónimo le hiciese inmortal en nuestra literatura.

La lengua de la _Lozana_ es tan singular como su argumento y estilo. Aunque ridículamente haya sido calificada en nuestros días de «joya de la literatura española» y su autor del «mejor hablista de su tiempo», no hay libro del siglo XVI cuya prosa sea más impura ni más llena de solecismos y barbarismos. Pero su misma incorrección la hace muy curiosa. Lejos de estar escrita en «lengua castellana muy clarísima», como anuncia el frontis, lo está en aquella lengua franca ó jerigonza italo-hispana usada en Roma por los españoles de baja estofa que llevaban mucho tiempo de residir allí, y que, sin haber aprendido verdaderamente la lengua ajena, enturbiaban con todo género de italianismos la propia: pícaros y galopines de cocina, rufianes, alcahuetas y rameras, valentones de la hampa, soldados mercenarios y otra chusma por el estilo. Ya Bartolomé de Torres Naharro, ingenio más decoroso y de otro fuste que Delicado, había plagado intencionadamente de voces exóticas algunas escenas de sus comedias _Soldadesca_ y _Tinelaria_. Pero en él fué capricho pasajero, nacido de la ocasión y lugar en que se representaron sus comedias para un auditorio principalmente italiano[360]. Por el contrario, la jerga mestiza y tabernaria en que está escrito el _Retrato de la Lozana_ es constante y sistemática, como trasunto de lo que el autor oía por las calles. El mismo Delicado lo confiesa: «y si quisieren reprender que por qué no van munchas palabras en perfeta lengua castellana, digo que siendo andaluz y no letrado, y escribiendo para darme solacio y pasar mi fortuna, que en este tiempo el Señor me había dado, conformaba mi hablar al sonido de mis orejas, que es la lengua materna y el común hablar entre mujeres, y si dicen por qué puse algunas palabras en italiano, púdelo hacer escribiendo en Italia, pues Tulio escribió en latín y dixo muchos vocablos griegos y con letras griegas; si me dicen que por qué no fui más elegante, digo que soy iñorante». (Pág. 333). Pero las innovaciones de Delicado no eran del género de las de Marco Tulio. No sólo algunas palabras, sino más de un centenar de ellas jamás oídas en Castilla, y lo que es peor formas estropeadas de la conjugación, y una sintaxis flotante y anárquica, que no es ni española ni italiana, impiden que tal libro pueda ser considerado como texto de lengua. No me refiero, claro es, á las frases correctamente italianas que Delicado pone en boca de personajes de aquella nación para mejor caracterizarlos: recurso permitido á todos los dramaturgos y novelistas. Trato sólo del lenguaje que usan todos los interlocutores de la pieza, comenzando por el autor mismo. A cada paso se tropieza con locuciones como éstas: «_parentado_» (por parentela), «_es estada mundaria_», «_sois estada_ en Levante», «quizá que trae _guadaño_» (por ganancia), «_canavario_ ó _bostiller_ de un señor», «cuando comen parece que _mamillan_», _chambelas_ por pasteles, _mancha_ por aguinaldo ó propina, _famillos_ por criados, _patrones_ por señores ó dueños, _fantescas_ por criadas, _forcel_ (de _forziere_) por arca ó cofre, _buturo_ por manteca, _romeaje_ por romería, _contenteza_ por contento, _no os amaleis_ por no os enferméis, _locanda_ por casa de posada, _travestidos_ por disfrazados, _judicar_ por juzgar, _tal vuelta_ (_tal volta_) por á veces, _refuta_ por remendada, _escátula_ por caja, _grávida_ por preñada y á mayor abundamiento el verbo _engravidarse_, _estaferos_ por palafreneros y otras innumerables que sería prolijo relatar, algunas de las cuales sólo se encuentran en este libro y allí pueden quedarse.

A pesar de este vocabulario de acarreo tiene la _Lozana_ un fondo castizo, por las reminiscencias que el autor conservaba del «común hablar de la polida Andalucía». Véase, por ejemplo, el trozo siguiente, en que Aldonza enumera los primores de cocina y repostería en que era maestra conforme al gusto de su tierra, que no era precisamente el de Ruperto de Nola y otros tratadistas clásicos. Es materia en que Delicado insiste con gran riqueza de palabras y cierta sensual delectación: «Por amor de mi agüela me llamaron á mí Aldonza, y si esta mi agüela viviera, sabría yo más que no sé, que ella me mostró guisar, que en su poder deprendí hacer fideos, empanadillas, alcuscuzu con garbanzos, arroz entero, seco, graso, albondiguillas redondas y apretadas con culantro verde, que se conocían las que yo hacía entre ciento... ¡Y qué miel! pensá, señora, que la teníamos de Adamuz y zafrán de Peñafiel, y lo mejor de la Andalucía venía en casa de esta mi agüela. Sabía hacer hojuelas, pestiños, rosquillas de alfaxor, textones de cañamones y de ajonjolí, nuégados, xopaipas, hojaldres, hormigos torcidos con aceite, talvinas, zahinas y nabos sin tocino y con comino, col murciana con alcarabea, y olla resposada no la comía tal ninguna barba. Pues boronía ¿no sabía hacer? por maravilla, y cazuela de berengenas moxies en perficion; cazuela con su ajico y cominico, y saborcico de vinagre, ésta hacía yo sin eme me la vezasen. Rellenos, cuajarejos de cabritos, pepitorias y cabrito apedreado con limon ceuti, y cazuelas de pescado cecial con oruga, y cazuelas moriscas por maravilla, y de otros pescados que sería luengo de contar. Letuarios de arrope para en casa, y con miel para presentar, como eran de membrillos, de cantueso, de uvas, de berengenas, de nueces y de la flor del nogal, para tiempo de peste; de orégano y hierba buena, para quien pierde el apetito; pues ¿ollas en tiempo de ayuno? éstas y las otras ponía yo tanta hemencia en ellas, que sobrepujaba á Platina, _De voluptatibus_, y Apicio Romano, _De re coquinaria_». (Págs. 8-9).

Además de las curiosidades de lengua y extraños detalles de costumbres que un lector serio puede entresacar de la _Lozana_, tiene para la historia de la novelística el interés de algunos cuentos, en general muy conocidos, como el del tributo pagado por los médicos á Gonella, famoso truhán del duque de Ferrara[361], y el del asno de Micer Porfirio, á quien la Lozana enseñó á _leer_ poniéndole cebada entre las hojas de un libro, con lo cual pudo sin obstáculo graduarse de bachiller ó _bacalario_. Esta vieja _facecia_ se encuentra en el _Esopo_ de Waldis, en el libro alemán _Eulenspiegel_, en las _Nouvelles Recreations et joyeux devis_ de Buenaventura des Periers, en el _Fabulario_ de nuestro Sebastián Mey y en otras colecciones[362]. Pero en la _Lozana_ tiene más gracia, porque está puesto, no en narración, sino en acción[363].

Quizá nos hemos detenido más de lo justo en dar razón de este libro, por lo mismo que su lectura no puede recomendarse á nadie. Es de los que, como decía D. Manuel Milá, «no deben salir nunca de lo más recóndito de la necrópolis científica». Las tres reimpresiones modernamente hechas hubieran podido excusarse, y el ejemplar de Viena bastaba para satisfacer la curiosidad de los filólogos, que ya hubieran sabido encontrarlo y á quienes su misma profesión acoraza contra el contenido bueno ó malo de las obras cuyo vocabulario y gramática examinan.

Por lo demás, el _Retrato de la Lozana_ es una producción aislada, que ninguna influencia ejerció en nuestra literatura ni en la italiana, aunque se haya pretendido lo contrario. Nadie la cita en el siglo XVI. Ni siquiera consta su título en el _Registrum_ de D. Fernando Colón, que con amplio eclecticismo bibliográfico recogió toda la literatura de su tiempo, desde la más mística á la más licenciosa.

Por otra parte, el género á que pertenecía, y que de ningún modo ha de confundirse con las _Celestinas_, era exótico para nosotros, y se comprende que no tuviera imitadores. La _Thebayda_ y la _Seraphina_ son obras desenfrenadas, pero no contienen un doctrinal teórico y práctico del libertinaje como la _Lozana_. Por la misma razón nunca fueron populares aquí el nombre ni los escritos de Pedro Aretino. Sus mismas comedias, que valen más que su fama, no fueron imitadas por nadie, y es caso muy raro verlas mencionadas con elogio. Sólo recuerdo este pasaje del prólogo de la _Comedia de Sepúlveda_, fechada en 1547: «¿Y qué diremos de Pietro Aretino, á quien por la excelencia de su juicio tienen por epíteto en su nombre _el Divino_? Pues notorio es que lo principal de sus obras son las comedias que hizo»[364].

De los _Ragionamenti_ sólo se tradujo uno, el que forma la tercera _giornata_ de la primera parte[365] y aun este sumamente expurgado. Hizo la versión ó arreglo el beneficiado Fernan Xuarez, vecino y natural de Sevilla, dándole el título celestinesco de «_Coloquio de las damas, en el qual se descubren las falsedades, tratos, engaños y hechizerías de que usan las mujeres enamoradas para engañar á los simples, y aun á los muy avisados hombres que de ellas se enamoran_». La primera edición, sin nota de lugar, es de 1548; la segunda lleva el pie de imprenta de Medina del Campo y la fecha de 1549[366]. El traductor tomó todo género de precauciones para hacer pasar aquel diálogo, que él mismo empieza por calificar de «abominable cieno corrompedor de toda salud de la casta limpieza». Pero la misma insistencia y extravagancia de sus excusas hace dudar de la pureza de su intención, porque los libros de historias profanas, como las de Amadis y Tristán, de que habla en uno de sus prefacios, nada tienen que ver con la literatura á que pertenece el _Coloquio_. Lo que no puede negarse es que le adecentó bastante[367], quitándole algunas obscenidades, aunque todavía quedaron las suficientes para que fuese con mucha razón prohibido en los Indices del Santo Oficio[368]. Otras cosas alteró, procurando españolizar el libro. La traducción no es de las peores que por entonces se hacían del toscano, pero es apelmazada y carece de la viveza y gracia del original. Sin embargo, de ella se valió, con preferencia al texto italiano, el erudito y extravagante humanista Gaspar Barthio, cuando tradujo al latín este _Coloquio_ con el nombre de _Pornodidascalus_[369].

Todas las obras citadas hasta aquí, excepto las paráfrasis en verso, tienen con la _Celestina_ una relación indirecta y genérica. Las tres que, por orden cronológico, se ofrecen ahora á nuestra consideración, no sólo imitan deliberadamente la tragicomedia de Rojas, sino que continúan su argumento y vuelven á sacar á la escena á algunos de sus personajes. Hubo, pues, segunda, tercera y cuarta parte de la _Celestina_. Sus autores, de muy desigual mérito, son Feliciano de Silva, Gaspar Gómez de Toledo y Sancho de Muñón.

Feliciano de Silva es aquel caballero de Ciudad Rodrigo, fecundísimo productor de libros caballerescos, que la sátira de Cervantes ha inmortalizado. _La segunda comedia de Celestina, en la qual se trata de los amores de un caballero llamado Felides y de una doncella de clara sangre llamada Polandria_, impresa en 1534[370], es la única de sus obras que merece sobrevivirle, aunque no sea una obra maestra. Tal como es, sería grande injusticia medirla con la misma vara censoria que al _D. Florisel de Niquea_ ó al _D. Rogel de Grecia_.

Singular parece á primera vista la idea de continuar la _Celestina_ donde casi todos los personajes sucumben al final: Celestina á manos de los criados de Calisto, éstos degollados en la plaza pública, Calisto rodando de la escala y Melibea arrojándose de la torre. Pero tal obstáculo no era para detener á Feliciano de Silva, que tenía una brava imaginación de novelista de folletín. Si Celestina estaba muerta, ¿había más que resucitarla?

Bastante le había importado á él que el bachiller Juan Díaz, en su segundo _Lisuarte_ (1526), diese por muerto á Amadis de Gaula y celebrase sus exequias.

La farsa de la resurrección de Celestina está presentada con bastante habilidad é interés y tiene el mérito de que no se descifra hasta la última escena con estas palabras de Felides: «Pues sabed, que una persona honrada y quien á Celestina es en gran cargo la tuvo escondida todo el tiempo que se dijo que era muerta, y ella con sus hechizos hizo parescer todo lo pasado para se vengar de los criados de Calisto, porque le querían tomar lo que su amo le había dado; y hizo con sus encantamientos parescer que era muerta, y agora fingió haber resucitado... Y sea en gran secreto, porque el Arcediano viejo me lo dijo, que con esto le quiso pagar muchas deudas de cuando era mozo que desta buena mujer había rescibido». (Pág. 514).

El arte de excitar la curiosidad con situaciones sorprendentes no podía faltar á un novelista tan ducho como Feliciano. La reaparición de Celestina en la séptima _cena_ ó escena de la obra; el tumulto y algazara con que la acompaña el pueblo, formando un verdadero coro; el asombro y pasmo con que la reciben sus discípulas Elicia y Areusa, están presentados con mucha amenidad y chiste:

«_Celest._--Válame Dios, y ¡qué de gente paresce y viene á mí, como si fuese lechuza ó buho que camina de día! Quiérome meter presto en mi casa, si no aquí me sacarán los ojos.

_Pueblo._--Vala el diablo! á aquella Celestina, la que mataron los criados de Calisto paresce, ¿ó es alguna vision? por cierto non es otra; y qué priesa que lleva que paresce que va á ganar beneficio. ¡Oh, gran misterio, que ella es!

_Cel._--¡Válalos el diablo, y qué mirar que tienen! Hora, sus, yo digo que la puerta de mi casa está abierta; bien paresce á osadas el poco cuidado que con mi absencia hay. Acá están Elicia y Areusa, espántanse de verme, santiguándose están; quiéroles hablar, que dan gritos y se abrazan la una con la otra, pensando que soy fantasma. Oh, las mis hijas y los mis amores, no hayais miedo, que yo soy vuestra madre, que ha placido á Venus tornarme al siglo...

_Elicia._--¡Ay hermana mía, que mi madre Celestina paresce! ¡Ay válame la Virgen María, y no sea alguna fantasma que nos quiera matar!...». (Pág. 75).

La peregrina intervención del coro, única, á lo que creo, en libros de esta clase, da carácter muy dramático á algunos pasos de la _segunda Celestina_, y es profundamente cómico, aunque toca en irreverencia, lo que la vieja cuenta de su estancia en el otro mundo y el alarde de fingida devoción y arrepentimiento con que logra embaucar al mismo pueblo que había sido testigo de su licenciosa y diabólica vida[371]. Este matiz de la hipocresía en ella y de la credulidad y ligereza en los otros está muy bien marcado al principio, pero luego el autor se contradice, no saca partido de un dato tan ingenioso y estropea su más feliz creación á fuerza de chafarrinazos. Feliciano de Silva era un improvisador con relámpagos de talento, pero le faltaban cultura y gusto y le sobraba una facilidad superficial, que es el mayor obstáculo para la perfección en nada.

Dos finos estimadores de los antiguos libros españoles han dado á la _Segunda Celestina_ más encomios que los que merece. Uno fué D. Bartolomé José Gallardo, que en los apuntamientos bibliográficos que hacía al correr de la pluma exclama entusiasmado: «En esta comedia, ó llamémosla novela dramática, brilla un profundo conocimiento del corazón humano y de las costumbres del siglo. Contiene escenas y caracteres trazados de mano maestra. Celestina es un personaje sublime, que no desmiente en nada el carácter creado por Rodrigo Cota (?) y sostenido por el bachiller Rojas, de Montalbán»[372]. El voto de Gallardo puede ser sospechoso, porque sabido es que para aquel insaciable catador de literatura añeja no había libro malo en siendo raro ni libro bueno en siendo moderno. Pero su opinión se refuerza aquí con la de D. Serafín Estébanez Calderón, que no era sólo erudito, sino hombre de gusto y artista de estilo. _El Solitario_, pues, en un delicioso artículo, que viene á ser una _Celestina_ en miniatura, imitación feliz del lenguaje de las antiguas, comienza aseverando que «Feliciano de Silva, para llevar á buen cabo los amores del caballero Felides y de la hermosa Polandria, supo resucitar y tornar al mundo, con más caudal de astucias, con mayor raudal de razones dulces y con número más crecido de trazas y ardides, á la famosa Celestina»[373].

Nada de esto puede admitirse. No hay más Celestina _sublime_ que la primera, cuya negra profundidad no acierta á comprender ni por asomos el imitador. Así y todo, es la figura mejor trazada del libro, y á veces el remedo es tan fiel y ajustado al modelo de Rojas, que puede producir la pasajera ilusión de que Celestina ha resucitado. Pero pronto se ve que es inconsistente toda esta tramoya. Celestina no vive más que con vida ficticia y prestada. Ni siquiera es el centro de la comedia. Sin ella hubieran podido llegar á feliz término los lícitos amores de Felides y Polandria, que nada tienen de la impetuosa pasión de Calisto y Melibea, y acaban desposándose en secreto por una razón de conveniencia que expone así la discreta doncella Poncia: «aunque él es tan rico y de muy buen linaje, ya sabes que tu mayorazgo no puedes heredallo casándote fuera de tu linaje». (Pág. 303).

La obra de Feliciano de Silva es, pues, una _Celestina_ muy morigerada en lo que toca á su fábula principal, aunque muy desenfrenada en los episodios. No faltan en ella afectos nobles, pero expresados casi siempre de un modo enfático y ampuloso por los dos amantes. Hay verdadera delicadeza moral en el tipo de la criada y confidente Poncia, alegre y chancera, honestamente jovial, virtuosa sin afectación, llena de buen sentido no exento de cálculo. Ella salva á su ama de muchos peligros, la precave contra las imprudencias de su propio corazón, la alecciona en las situaciones difíciles, se defiende ella misma contra los arrebatos amorosos del paje Sigeril y ella es, y no Celestina, quien verdaderamente prepara el desenlace, en que la moral queda á salvo, y todavía más íntegramente respetada por la doncella que por la señora. Esta ligera y graciosa creación recuerda algunas heroínas shakespirianas, como la Porcia de _El mercader de Venecia_, pero no conviene abusar de los grandes nombres tratándose de obras medianas[374].

La parte cómica de la _Segunda Celestina_ está monstruosamente recargada. Lo accesorio ahoga á lo principal y la cizaña no deja medrar el trigo. Las escenas de la germanía[375] y de la hampa, en que Feliciano parece más experto y curtido que lo que pudiera esperarse de un cronista de caballeros andantes, que «vivió encantado diez y ocho años en la torre del Universo» (según la zumbona frase de D. Diego de Mendoza), son de una prolijidad espantable y de un _verismo_ tosco y brutal. El rufián Pandulfo es un plagio servil del Galterio de la _Thebayda_, con la misma mezcla de cobardía y fanfarronada, con las mismas bravezas y desgarros, con las mismas interjecciones y juramentos: «por las reliquias de Roma», «por el _Corpus damni_» (corruptela de _Corpus Domini_); «por nuestra dueña del Antigua» (aludiendo á la iglesia de este nombre en Valladolid), y á este tenor otros infinitos disparates. Este figurón insoportable, que tanto se precia de haber «corrido á ceca y á meca y á los olivares de Santander»[376] (pág. 174), y de poseer á fondo la «retórica del burdel». (Pág. 125), sólo tiene un momento original y curioso, el de su fingida conversión por excusarse del peligro de acompañar á su amo Felides en una ronda nocturna. La escena en que aparece trocado en ermitaño, rezando con cuentas de agallones, es una fina sátira de la hipocresía[377], contra la cual hay punzantes dardos en todo el libro[378]. También Molière prestó veleidades de hipócrita á su D. Juan; pero lo que es natural y hace reir en un baladrón cobarde como Pandulfo, es indigno del burlador de Sevilla y contradice radicalmente su carácter.

Dignos compañeros de Pandulfo en bellaquerías y truhanadas, y en vil y descocado lenguaje, son los dos pajes de Felides; Corniel, el mozo de espuelas; Barañón, el mozo de caballos; el rufián Crito, amante de Elicia; su rival Barradas, el despensero Grajales, Albacín el paje del infante (D. Fernando de Austria, hermano de Carlos V), mancebo de rubios cabellos y poquísima vergüenza; y descendiendo todavía más, el tabernero _Montón de oro_, los rufianes _Tripa en brazo_ y Traso el cojo, el viejo primo de Celestina Barbanteso, y la inmunda ramera Palana, daifa de Pandulfo. Toda esta canalla está tomada visiblemente del natural: no son tipos convencionales como el de Pandulfo. Tienen en sus hechos y dichos una animación endiablada. Constituyen, por decirlo así, el bloque informe y tosco del cual por magia del arte surgirá en su día el grupo clásico del patio de Monipodio.

Atento Feliciano de Silva, como novelista de oficio que era, á dar variedad á su libro con todo género de salsas é ingredientes, introdujo el ridículo episodio pastoril de Acays y Filinides, que es una de las primeras apariciones del bucolismo en la novela castellana[379], y remedó la media lengua de los negros de Guinea en los coloquios de dos esclavos, Zambrán y Boruca. Esta segunda novedad tuvo más éxito que la primera y fué imitada por muchos. No faltan, por supuesto, en este centón (que de tal puede calificarse la _Segunda Celestina_) bastantes versos menos que medianos, y varios cuentos, de los que sólo merece recordarse por su interés _folklórico_ la siguiente versión de una de las parábolas más conocidas del _Barlaam y Josafat_[380]: «Pues has de saber que un rey mandó á un sabio que enseñara á un hijo suyo dende que nasció adonde no viese más que al sabio, y despues que ya hombre llevólo adonde pasaban muchas cosas, y pasando unos y otros y el hijo del rey preguntando cada cosa qué era y el sabio diciéndoselo, pasaron unas mujeres muy hermosas, y preguntó el hijo del rey qué cosa era aquello, y el sabio dijo que diablos, pues tales hacían á los hombres; y respondió el hijo del rey: si éstos son diablos, yo quiero que me lleven á mí. Y así, señora, me lleva tú á mí si eres diablo, que yo por ángel te tengo». (Pág. 373).

El estilo de esta _comedia_ es muy desigual, como en todas las obras de Feliciano de Silva. Excelente á veces, sobre todo en las reposadas pláticas de Celestina con el arcediano viejo y cou su ama Zenarra; pintoresco y expresivo, pero arrufianado y soez, en las escenas de mancebía y taberna, es alambicado, sutil, ridículamente hinchado y á ratos ininteligible cuando el autor quiere remontar su rastrera pluma á las etéreas regiones, para él vedadas, de la poesía y del sentimiento. Ya desde el primer folio nos encontramos con aquellas _entrincadas_ razones, que parecían de perlas á D. Quijote. Dice así el enamorado Felides: «Oh amor, que no hay razon en que tu sinrazon no tenga mayor razon en sus contrarios! Y pues tú me niegas, con tus sinrazones, lo que en razon de tus leyes prometes, con la razon que yo tengo para amar á mi señora Polandria, para ponerte á ti y casarte con la razón que en ti contino falta, el consejo que tú niegas en mi mal quiero pedir á mi sabio y fiel criado Sigeril». (Pág. 8). De este modo suelen expresar el amor los personajes de la pieza cuando quieren hablar por lo fino.

Dice Gallardo[381] que «leyendo esta obra salta continuamente á la memoria el nombre de Cervantes, unas veces por expresiones que él usa mucho y aquí estaban ya usadas á menudo: _para mi santiguada, andaos á decir donaires, entendérsele á alguno de alguna cosa ó de achaque de alguna cosa_, ya por tal cual peloteo de palabras al símil de la _razón de la sinrazón_». Esto último no se puede negar, pero burlarse del estilo de un autor es precisamente lo contrario de imitarle. En cuanto á las demás expresiones que se citan, pertenecen al vocabulario común del siglo XVI y no al particular de nadie. Tenemos, pues, por quimérica esta influencia lingüística de Feliciano de Silva en Cervantes, escarmentados como estamos por la facilidad con que Gallardo y otros eruditos de su escuela descubrían _á tiro de ballesta_ cervantismos en todos los libros que topaban[382].

Tampoco creemos que tuviese razón el insigne erudito en suponer que la escena de la _Segunda Celestina_ pasa en Salamanca. Cuando él, tan conocedor de aquella ciudad, donde había hecho sus estudios, no acertó á encontrar más alusión local que la _Horca del Teso_, que según él corresponde «á un altillo que en el día llaman el Teso de la Feria» (como si la voz _teso_, en el sentido de cima de un cerro ó collado, no fuese genérica y usada en todas partes), poca fuerza podemos dar á esta conjetura, que se aviene muy mal con los varios pasajes en que se hace referencia al mar como presente ó muy vecino. Dice Celestina á Felides en la vigésimaoctava _cena_: «Que tú vayas esta noche allá á la una, y por una escala puedes entrar _á la parte que la mar bate en el jardín_, y él está tan apartado, que sin que se pueda oir, puedes cabe las rejas de dentro hacer las señas tañendo y cantando para hacer parar las aguas y venir las piedras con las aves, junto con el corazón de Polandria, á te oir». (Pág. 328). Va en efecto Felides á la cita amorosa, y dice á uno de sus criados: «Llega, Corniel, y pon aquí el escala _cabe la mar_». (Pág. 355). Luego canta un romance que principia así:

La luna resplandecía, El cielo estaba estrellado, Los árboles se bullían Con el aire delicado, _Con golpes de los riberas Del sordo mar concertado_...

«_Polandria._--Oh válame Dios, qué suavidad de voz y qué garganta; y _con el son del ruido de las ondas del mar_ y el regocijo delicado de los aires en los cipreses, como él dice, no parece sino cosa divina». (Págs. 356-357).

«_Polandria._--Hermosa noche hace, y gloria es estar debajo de la sombra de estos cipreses, á _los frescos aires que vienen regocijando las aguas marinas por encima de los poderosos mares_». (Pág. 498).

Parece que nada de esto puede aplicarse al Tormes. Sin duda Feliciano de Silva, aunque nacido tan cerca de sus riberas, se acordaba más bien de Sevilla y de Sanlúcar, donde pasó su juventud como paje de los condes de Niebla. Ciertos personajes picarescos, y aun la especie de germanía que usan, pueden ser indicio de esto.

La _Segunda Celestina_ debió de ser bastante leída en su tiempo, puesto que tuvo dos ediciones en España (1533 y 1536); otra en Venecia, corregida por Domingo de Gaztelu, secretario de D. Lope de Soria, embajador de Carlos V, y otra en Amberes, sin nota de año, pero que no parece posterior á 1550. La tendencia anticlerical, que ya apunta en algunos lugares de la _Tragicomedia de Calisto y Melibea_, llega á ser insolente y agresiva en el libro de Feliciano, en que no faltan proposiciones que frisan con la heterodoxia y que pueden ofender al lector menos timorato. Y aunque en libros de pasatiempo se disimulaba todo, no es maravilla que el Santo Oficio, cumpliendo por esta vez con su obligación, tomase cartas en el asunto prohibiendo la _Resurrection de Celestina_ en el Índice de 1559, de donde pasó la prohibición al de 1583 y á todos los posteriores[383].

Aunque la _Segunda Celestina_ no deja ningún cabo suelto, no debió de parecérselo así á un oscuro escritor toledano, llamado Gaspar Gómez, que escudándose con el nombre de Feliciano de Silva, y dedicándole su obra, aunque dudamos que fuese con su anuencia, estampó en 1536 una _Tercera Parte de la tragicomedia de Celestina_[384], que es la más rara de esta serie de libros, aunque á esta rareza se reduce todo su mérito. Como los pocos bibliógrafos que han llegado á verla se han limitado á copiar su portada, me ha parecido curioso dar algunas noticias más, poniendo íntegras en nota la dedicatoria y la tabla de los _cincuenta_ actos en que se divide[385], con lo cual puede excusarse la lectura, enteramente inútil, de tan necia y soporífera composición, que termina con las bodas de Felides y Polandria y con la muerte de Celestina, la cual corriendo á lograr las albricias que esperaba de los novios, tropieza y se cae de los corredores de su casa, haciéndose pedazos en la caída. La fábula es insulsa y deslavazada, el estilo confuso, incorrecto y á veces bárbaro. Todos los personajes é incidentes de la obra de Feliciano de Silva reaparecen en la de su imitador, que apenas pone nada de su cosecha. Apuntaré sólo algunas curiosidades.

El acto tercero, en que interviene un hortelano, es el precedente seguro de las escenas del mismo género que luego hemos de encontrar en la _Tragedia Policiana_.

«_Penuncio._--A fe que hallo muy garridas estas albahequeras, y estos claveles con el rocio desta madrugada: que no parescen estas goticas de agua sino perlas: loado sea el que lo riega con tan buen orden...».

Aunque los detalles de costumbres no son muchos ni de gran novedad, merece recordarse la descripción que el paje Corniel hace de los trajes y atavíos preparados para la boda de Felides: «Las colores de nuestra librea son sayetes hechos a la tudesca de grana colorada, que dello a carmesi no ay differencia: con vnas faxas de terciopelo verde de tres pelos tan anchos como cuatro dedos, con vnas pestañas angostas de damasco blanco y las mangas izquierdas son de terciopelo verde con dos subtiles coraçones en cada manga de carmesi, que casi estan juntos con vna saeta que entra por el vno y sale por el otro. Las calças son de grana con vna luzida guarnicion en los muslos, del mismo terciopelo verde y con sus taffetanes de la misma color, que salen por las cuchilladas. Los jubones son de raso carmesi: los çapatos de vn enuessado blanco asaz picados. Las gorras de terciopelo verde con sus plumas coloradas y con alguna argenteria. Las capas de grana con las faxas y guarnicion de los sayetes. Los pages de la misma arte: excepto que los sayos son cumplidos y no lleuan cosa de paño mas de las capas». (Aucto IV.)

Son varias las jerigonzas usadas en esta pieza. Además de la negra _Boruga_, que ya estaba en Feliciano de Silva, hay un vizcaíno, Perucho, mozo de caballos de Felides, que habla siempre en castellano chapurrado y entona una canción que al parecer está en vascuence, y cuyo estribillo recuerda el del famoso _Canto de Lelo_, que antes de la falsificación erudita del escribano Ibargüen fué acaso un canto de cuna. Entregamos á la sagacidad de los expertos en aquella lengua la canción de Juancho, que quizá no ofrezca ningún sentido, y de seguro estará mal transcrita por el escritor toledano que la recogió á oído.

«O Perucho, Perucho, quan mala vida hallada te tienes: linage hidalgo tu cauallo limpias: no falta d'comer un pedaço _oguia_ sin que trabajo tanto le tengas, iuras á mi siempre cauallo a suzio mi amo le haze: y Perucho almohaçando, él nada le pena por carreras hazer en amores que tienes: entre tanto busco otro, aderezar le tengo si pide, y cantarle empiezo biscuença».

Lelo lirelo çarayleroba Yaçoe guia ninçan Aurten erua Ay joat ganiraya Astor vsua Lelo lirelo çarayleroba. Ayt joat ganiraya Aztobicarra Esso amorari Gajona chala Y penas naçala Fator que dala, Lelo lirelo çarayleroba.

«_Sig._--Precioso borrico es este, que se quexa de la vida que passa y dize estar desesperado y pone se a cantar: y tal le dé Dios la salud como yo le entiendo: aunque no dexaré de responder a algunos vocablos comunes que en bizcueuçe dice...». (Aucto decimosexto.)

El tedio que la insípida rapsodia de Gaspar Gómez infunde se disipa como por encanto con la sabrosa lectura de la _Tragicomedia de Lysandro y Roselia_[386], que es la mejor hablada de todas las _Celestinas_ después de la primitiva, de cuyo aliento genial carece, pero á la cual supera en elegancia y atildamiento de dicción, como nacida en un período más clásico de la prosa castellana.

El autor de esta joya literaria procuró ocultar su nombre con más complicado artificio que sus predecesores, y aun afectó ó simuló que el libro se imprimía sin su consentimiento, lo cual se explica bien por las particulares circunstancias de su persona. Al fin del colofón van tres cartas y unas octavas de arte mayor que contienen su nombre como en cifra.

La primera carta es de un amigo del autor, que le pide perdón porque hizo imprimir la obra sin su licencia. «No fué pequeña merced para mí la que recebí de su liberalidad con inviarme aquella obra que llama _Elicia y cuarta parte de Celestina_, que con sutil juicio compuso, porque por ella veo ser verdadera la estimacion que de su entendimiento siempre tuve, pareciéndome que pues _en una materia tan fuera de su experiencia_ tanto se aventajó sobre todos los que han escripto, no es de maravillar que en las cosas de peso todos se queden muy atrás de su saber. Gran consuelo recibí leyéndola, y gran edificacion para el ánimo notando la manera de su proceder, y con cuánto ingenio y sotil elocuencia pinta las cosas que más á pecar nos atraen, y los engaños de las vanas gentes, y las adulaciones de los servidores, y la hipocresia de los esforzados... Pero como mi voluntad sea de la condicion del fuego, que nunca dice bástame, no me contento con la merced recebida sin pedir otra mayor, la cual será tan provechosa á todos los hombres cuanto señalada para mí. Esto es pedirle perdon del atrevimiento tan osado que tuve en hacer imprimir sin su licencia esta obra, pareciéndome que con _su gravedad_ no podria acabar que con su licencia se hiciera, y tambien que emprimiéndola, todos quedarian muy aprovechados, y yo glorioso con haber alcanzado que esta merced, por mi atrevida diligencia, á todos se les comunicase, y para esto le suplico mire ser dicho de la Suma Verdad, que ninguno encienda la candela y la ponga debaxo del celemin, pero sobre el candelero, para que todos vean la luz...». Esta carta anónima está fechada en Madrid á 22 de noviembre de 1542.

De la respuesta del autor a su amigo se deduce que habían sido condiscípulos desde los primeros estudios hasta los de Teología, cursándola juntos bajo el magisterio de un insigne varón, que por el tiempo y la nombradía pudo muy bien ser Francisco de Vitoria, el más célebre de los teólogos de la época de Carlos V. «Si la estrecha y antigua amistad que entre vuestra merced y mí hay desde los primeros principios de gramatica, donde con gran exercicio de las artes liberales aprendidas de unos mesmos maestros y preceptores, venimos despues juntos a estudiar _aquella tan alta sabiduria y tan escondida a los entendimiento humanos, cuan bien enseñada de un tan famoso varon, lux de las Españas_, no terciara entre nosotros, bien creo que vuestra merced habia dado no pequeña ocasion de enemistad, pues quiso que los varios juicios de los hombres, de hoy mas, discanten en mí al son de la liviandad que hace imprimir mucho a mi pesar. Nadie mirará que cuando me ocupé en esa niñeria estaba yo ocupado de una muy trabajosa terciana, la cual no me dejaba emplear en mis principales estudios; y asi fue necesario tomar alguna recreacion en cosas de pasatiempo y no fatigar mi ingenio, pues mi cuerpo estaba tan cansado de frío y de calentura.»

Para vengarse de algún modo determinó entregar al impresor de Salamanca Juan de Junta un poema que su amigo le había confiado, y del cual hace los más pomposos encomios. «Yo leí el libro de las espantosas hazañas que el esforzado Hector hizo camino de Panonia, que vuestra merced con tan sobrada elocuencia compuso, y me hizo merced de inviar con el mesmo mensajero que recibió mis borradores... Y mientras más lo leia, más necesidad me ponia de lo tornar a pasar; la majestad de las palabras, la grandeza de los hechos de un tan animoso varon, las sotiles imaginaciones, la artificiosa invencion, las sentidas canciones derramadas por esos cuatro libros con tan subida trova y alto estilo, me ponian admiracion, aunque, a la verdad, siempre esperaba de su más divino que humano entendimiento que saldrian obras tan primas como esa, pues tal era la forma y el dechado de donde salian las labores. Asi que, por vengarme del atrevimiento que vuestra merced tuvo en sacar a luz esos borradores sin mi licencia, he entregado a Juan de Junta los libros de Hector, en lugar de inviallos a vuestra merced, para que los impriman, que bien creo que como el sol con su luz escurece la claridad de la luna, asi estas obras de vuestra lumbre escurecerán esa _enojosa recua de libros de caballerias_, y no lo tenga vuestra merced a mal, pues la mesma razon me guia á mí para vengarme que a él para atreverse».

En una segunda carta, pedantesca por extremo, donde en pocas líneas se trae á colación á Aristóteles, á San Agustín, á San Pedro, á Lactancio Fimiano, á Plinio el Naturalista, á Salustio, á San Jerónimo, á Valerio Máximo, á Tito Livio, á Dionisio Areopagita, el amigo se resigna con su suerte, y da por bien empleado que sus libros de las hazañas de Héctor se divulguen á trueque de que salga á ver la luz del mundo la _tragicomedia de Lisandro_.

Nadie ha visto los tales _libros de Héctor_, y toda la correspondencia tiene visos de amañada. Las cartas del amigo están fechadas en Madrid, y como la _Tragicomedia_ no consigna punto de impresión, han supuesto algunos que allí pudo cometer su inocente abuso de confianza. Pero tal suposición es inadmisible, porque está probado que en Madrid no hubo imprenta hasta 1566[387]. Además el libro tiene todas las trazas de estar impreso en Salamanca por Juan de Junta, cuya cifra ó monograma, compuesto de las letras _J. A._ primorosamente enlazadas, campea á la vuelta de la portada, y es idéntico al que usó en otros libros como el _Tractatus perutilis Martini de Frias_ (Salamanca, 1550) y el _Remedio de jugadores_ de Fr. Pedro de Cobarrubias (1543).

En la última de las octavas de arte mayor se da la clave para descubrir al enmascarado poeta:

Si el nombre glorioso quisierdes saber Del que esto compuso, tomad el trabajo Cual suele tomar el escarabajo Cuando su casa quiere proveer. Del quinto renglon debeis proceder, Donde notamos los hechos ufanos De aquel que por nombre entre los humanos Vengador de la tierra pudo tener.

Á la sagacidad de D. Juan Eugenio Hartzenbusch estaba reservada la solución de este acertijo. El texto dice claramente que se ha de partir del quinto renglón de una copla donde se alude á las hazañas de un héroe, que por ellas mereció que se le llamase _vengador de la tierra_. Son varios los textos de Ovidio y Séneca el trágico en que Hércules, por otro nombre Alcides, es calificado de _vindex terrae_. Hércules está mencionado en el verso 7.º de la 4.ª octava:

Alcides al mundo con hechos gloriosos...

Contando, pues, desde el verso quinto de dicha copla hacia atrás, ó cuesta arriba á semejanza del escarabajo, y tomando las primeras letras de cada verso (una, dos ó tres), resulta la siguiente cláusula: «Esta obra conpuso _Sancho de Munino_, natural de Salamanca»[388].

Pero siendo tan exótico el apellido de _Munino_, y no encontrándose noticia de ningún sujeto que por aquellos tiempos le llevara, ocurrió á los modernos editores de la _Tragicomedia_ (Fuensanta del Valle y Sancho Rayón) que sin violentar el acróstico pudiera leerse el nombre de otro modo, y en efecto también se lee _Muñón_, juntando las primeras letras de los tres versos en que está el apellido, de la manera siguiente: _Mu-n-non_ dando á la _n_ doble el valor de _ñ_.

Completado de esta manera el descubrimiento, pudo comprobarse la personalidad, de un _Maestro Sancho de Muñón, teólogo_, del cual hay noticias en la colección de Estatutos de la Universidad Salmantina impresos en 1549 por Andrés de Portonariis. Allí consta que Sancho de Muñón asistió en 31 de agosto de 1549 á un solemne claustro pleno, presidido por el rector D. Diego Ramírez de Fuenleal, con objeto de formar ciertas constituciones relativas al entierro de los señores Rector, Maestreescuela, Doctores y Maestros de dicha Universidad. En 9 de octubre del mismo año concurrió á otro para resolver que no se diesen tratados _in scriptis_ bajo ciertas penas, y finalmente, en 9 de noviembre se le cita nada menos que en compañía de Melchor Cano como uno de los asistentes al claustro en que se formaron nuevos estatutos sobre el examen de los estudiantes artistas antes que pasasen á cursar Medicina y Teología[389].

Después de esta fecha no se ha encontrado en España dato alguno de Sancho de Muñón, pero todo induce á creer que es la misma persona que un Dr. D. Sancho Sánchez de Muñón que en 26 de abril de 1560 tomó posesión de la plaza de Maestrescuela de la Catedral de México, ejerciendo en tal concepto el cargo de Cancelario de aquella naciente Universidad, donde recibió ó incorporó el grado de Doctor en Teología en 28 de julio de dicho año. En 1570 hizo un viaje á la Península como solicitador de las iglesias de Nueva España. En 1579 visitó por comisión del Arzobispo de México, D. Pedro Moya de Contreras, las escuelas de niños, y notando algún descuido en la enseñanza religiosa, compuso é hizo imprimir una _Doctrina Cristiana_, de la cual se conoce un solo ejemplar falto de portada[390]. Las noticias de su vida alcanzan hasta 1601. El último cabildo eclesiástico á que asistió fué el de 31 de octubre de 1600. La identidad de este personaje con el Sancho Muñón de Salamanca parece segura, aunque nada dice de ella el eruditísimo García Icazbalceta, á quien debemos estos peregrinos datos.

Natural es que un eclesiástico de respetable carácter y autoridad como el Maestro Sancho de Muñón tuviese algún reparo en confesarse autor de una obra de tan liviana apariencia y desenfadado lenguaje como la _Elicia_. Pero no se arrepentía de haberla compuesto, por estar «llena de avisos y buenas enseñanzas de virtud sacadas de muchos autores santos y profanos, con celo de la utilidad pública». (Pág. XVI). «Dicen que la mandrágora tiene tal virtud, que si nasce cerca de las vides hace que se ablande la fuerza que el vino habia de tener para embriagar; asi la poesia toma de la philosophia la doctrina, y juntándola con la mandrágora del cuento fabuloso, hácela más blanda y facil para ser percibida». (Pág. XI). En su prólogo esboza una teoría del arte docente, y en la dedicatoria á D. Diego de Acevedo y Fonseca justifica la materia misma de su libro, aunque vuelve á declarar que le escribió á manera de pasatiempo: «Y como ya los años pasados tuviese vacacion de graves y penosos estudios, en que he gastado los tiempos de mi mocedad... compuse esta obrecilla que trata de amores, propia materia de mancebos. Cuando digo de amores no digo cosa torpe ni vergonzosa, sino la más excelente y divina que hay en la naturaleza. Dejo los loores que del amor dice Platon en su _Simposio_, dejo lo que en la _Theogonia_ escribe Hesiodo, que el amor es el más antiguo Dios entre todos los dioses; dejo lo de Ovidio, que el amor tiene dominio universal y reina sobre los dioses y sobre los hombres, y dejo otras infinitas auctoridades que hablan en esta materia, porque sería nunca acabar. Sólo quiero decir que si alguno pareciere no ser la obra digna de mi profesion y estudios, se acuerde que casi no hubo illustre escriptor que no comenzase por obras bajas, y de burlas y chufas, tomadas de en medio de la hez popular». (Pág. 1).

Para evitar todo peligro de mala inteligencia, la _Tragicomedia_ está sembrada de reflexiones morales, y aun de verdaderos sermones, muy bien escritos, como todo lo demás, pero prolijos é impertinentes. El papel de personaje predicador le desempeña á maravilla Eubulo, «hombre de honestas costumbres», criado de Lisandro, que constantemente está dando consejos á su amo y procura apartarle de su perdición. La segunda _cena_ del cuarto acto es una disputa entre ambos, defendiendo Eubulo contra su señor que el sumo bien no consiste en el deleite. En la cuarta del mismo acto le da diez remedios contra el amor, tomados en parte de Ovidio, pero mucho más de la filosofía cristiana. Cuando se consuma la catástrofe del malogrado mancebo, el piadoso ayo cierra la pieza con una declamación contra el amor, atestada de lugares comunes y de una pedantería escolástica que supera á la de Pleberio, á la de Melibea y á todo lo creíble: apenas hay nombre de la antigüedad que no figure en aquella enumeración descabellada. Pero hay, en medio de este fárrago, trozos que tienen verdadera elocuencia sentimental: «Oh mi señor y mi bien! ¿eres tú aquel que yo llevé recien nacido a la ama que te criase? ¿Eres tú al que volví niño destetado a casa de tu padre? ¿Eres tú el que empuse en buenas doctrinas y crianza, que parecias un ángel cuando chico? ¿Eres tú el que enseñé a los doce años a correr caballos y otros muchos exercicios, asi de letras como de armas? ¿Eres tú el que hasta los veinte y un años fue muy dado á la virtud, amigo de religion, enemigo del vicio, amador del culto divino? ¡Ay, ay, que nuestros pecados quisieron que te juntases con caballeros viciosos y distraídos y te acompañases con ellos, y de esta manera se te pegasen sus malas y perversas costumbres!» (pág. 269).

Eubulo no es sólo un moralista profesional que alecciona á la juventud contra los peligros del loco amor. Sancho de Muñón le hace intérprete de su propio pensamiento en materias mucho más graves y pone en su boca las más audaces ideas del grupo llamado _erasmista_, al cual indudablemente pertenecía como casi todos los humanistas españoles y no pocos teólogos del tiempo de Carlos V. Véase, por ejemplo, esta valiente invectiva, que parece un compendio del terrible _Diálogo de Mercurio y Carón_: «¡Cuán muchos se condenan, y cuán pocos se salvan, y cuán abierta está de día y de noche aquella puerta del triste Pluton; cuán ancho, cuán pasajero y cuán real camino es el que guia a la muerte eterna! Por él se van espaciando los reyes, los duques, los condes, los caballeros, los hidalgos, los oficiales y pastores. Por ahí se pasean los pontífices, los cardenales, los arzobispos y obispos, los beneficiados y sacristanes, con un descuido, como si nunca hubiesen de llegar allí donde los halagos de la vida, los regalos del cuerpo, las honras, las riquezas, los favores y todos sus pasatiempos se volvieran en lamentaciones y lloros perpetuos. Ahi serán atormentados muy cruelmente los papas que dieron largas indulgencias y dispensaciones sin causa, y proveyeron las dignidades de la Iglesia a personas que no las merecian, permitiendo mil pensiones y simonías. Ahi los obispos y arcedianos que proveen mal los beneficios, teniendo respecto a sus parientes y criados, y no a los doctos y suficientes. Ahi los eclesiásticos profanos y amancebados. Ahi los reyes que tiránicamente gobernaron sus reinos, y los que no dieron los oficios y cargos, que suelen proveer, a personas de merecimiento. Ahi los duques y condes, y los grandes señores que a sus tierras y vasallos con muchos tributos molestaban. Ahi los caballeros enamorados. Ahi los letrados que no juzgaron conforme a derecho y verdad, y no obraron segun sus letras les enseñan. Ahi los logreros y usureros, los oficiales, los mercaderes y tratantes que llevan más del justo precio por la cosa que venden, y con juramentos falsos cambian sus haciendas. Ahi los criados lisonjeros que con lisonjas quieren ganar las voluntades de sus amos, conformándose con ellos en bueno y en malo. ¡Oh terrible descuido en los hombres! ¡Oh desvario loco! como si no hubiese otro mundo, y no hubiesen de fenecer todas las cosas dél, asi hacemos hincapie en lo que presto habrá fin» (pp. 245-247).

Esta libertad y energía de lenguaje iba á perderse muy pronto en España, pero todavía el gran Quevedo supo conservarla dentro del siglo XVII. La sátira clerical es tan libre y desnuda en la _Tragicomedia de Lisandro_ como en las _Celestinas_ anteriores, pero de seguro mejor intencionada. Hay rasgos que sacan sangre, como lo que dice Elicia de la amiga del cura Bermejo (pág. 42). Pero en el fondo Sancho de Muñón es un teólogo severo, que tiene la conciencia, y aun pudiéramos decir el orgullo de su profesión, y mira con sumo desdén á los canonistas que «saben poco en casos de conciencia» (pág. 141) y «andan atados a las glosas como asno a estaca». (Pág. 139). Según él, todo obispo debe ser teólogo, porque «a su oficio compete predicar la doctrina evangélica al pueblo; que el púlpito agora está usurpado de frailes... Y para esto les es necesario saber la Sagrada Escriptura y Santa Teologia, donde se aprenden tambien los textos de cánones que tocan a la salud de las ánimas, cuanto más que los cánones fueron fundados de varones teologos como conclusiones sacadas del manantial de las letras divinas». (Pág. 141). A lo cual le objeta maliciosamente el Provisor: «Dexaos, por mi vida, de eso, señor doctor, que nunca hareis mayorazgo si os ateneis mucho a los teologos». Lo cierto es que no obispó nunca, y tuvo que ir a morir de Maestrescuelas en México. Todo el donosísimo episodio del pleito en que el Provisor absuelve al estudiante Sancías de la demanda que por Angelina le fué puesta sobre caso de ser su esposo y marido (_cena_ quinta del segundo acto) es una parodia desembozada del estilo y modo de razonar de los letrados, en la curia eclesiástica.

La acción de esta tragicomedia pasa indisputablemente en Salamanca, y por cierto que Sancho de Muñón no anda muy galante con sus paisanas: «Ya sabes que en Salamanca pocas hermosas hay, y esas se pueden señalar con el dedo». (Pág. 92). Calventa, émula de Elicia, tenía su principal clientela entre los cursantes de la Universidad, que en su casa empeñaban los libros: «Si no traen dineros, que dexen prendas... ¿No miraste la rima que tenia llena de Decretos y Baldos, y de Scotos y Avicenas y otros libros?». (Pág. 41). Hay también alusiones á costumbres estudiantiles, algunas de ellas tan peregrinas como la fiesta de Panza, que acaso no fué ajena al nombre que dió Cervantes á su escudero, como tampoco lo fué el antiguo proverbio de Sancho y su rocino. Sobre esta fiesta platican así dos mozos de espuelas, Siro y Geta:

«_Geta._--Panza es un sancto que celebran los estudiantes en la fiesta de Santantruejo, que le llaman sancto de hartura.

«_Sir._--¿Dónde aprendiste tanto?

«_Get._--En el general de Phisica, cuando llevaba el libro a un popilo, oí al bedel de las escuelas echar _la fiesta de Panza_». (Pág. 24).

El gusto que domina en la obra es el de las antiguas comedias humanísticas, y de él proceden sus principales defectos, que se reducen á uno solo, el alarde de erudición fácil y extemporáneo. No necesitaba alegar á cada momento aforismos y centones de poetas y filósofos antiguos quien se mostraba tan de veras clásico, no sólo en el estilo jugoso y en la locución pulquérrima, sino en la composición sencilla, lógica y perfectamente graduada. El buen gusto con que borra ó aminora muchos defectos de las _Celestinas_ precedentes, y el manso y regalado són que sus palabras hacen como gotas cristalinas cayendo en copa de oro, bastarían para indicar la fuente nada escondida donde él y los hombres de su generación habían encontrado el secreto de la belleza. Tal libro, por el primor con que está compuesto, es digno del más glorioso período de la escuela salmantina, en que salió á luz. Pero algo le perjudica el haber sido concebido y madurado en un ambiente erudito y universitario y no en la libre atmósfera en que andando el tiempo había de desarrollarse el genio de Cervantes. La prosa de la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_, perfecta á veces, revela demasiado el artificio retórico, y no está inmune de afectación. Su autor escribía demasiado bien, en el sentido de que era un prosista de los que _se escuchan_ y se complacen ellos mismos con la suavidad y galanura de sus palabras y con la pompa y armonía de sus cláusulas. Dice Lisandro en la primera escena del cuarto acto: «¿No me pusistes las escalas de arriba para descender al jardin do mi señora baxó? ¿No la besé ahi con mil retozos entre unos floridos jazmines y unas hermosas clavellinas? Los lirios, las alegrias, los tréboles y alegres alhelises, las frescas azucenas, las olorosas albahacas, los toronjiles y artemisas, las rosas y violetas, ¿no fueron testigos de aquel azucarado rato? ¿No nos paseamos despues asidas las manos junto a una fontecica con una dulcísima plática? ¿Y cabe unos camuesos no nos despedimos con dos reverencias y sendos besos, cuando los paxaritos mensajeros de la alborada comenzaban a cantar con un suavisimo ruido, cuando la mañanica con sus arreboles lo sombrio de los cipreses ilustraba y esclarecia y las hierbecicas de rocío bordaba?». (Pág. 206). Cuando se abusa de este estilo es fácil empalagar á los que no gustan de tanta dulcedumbre.

Hay lujo y alarde de palabras en todo el libro. Para hacer una sola comparación, apura Celestina todos los términos de cetrería: «¿Qué girifaltes, qué sacres, qué neblíes, qué esmerejones, qué primas, qué tagarotes, qué baharíes, qué alfaneques, qué azores, qué alcotanes, qué gavilanes, qué águilas tan subidas en alto vuelo bastarán á abatir en tierra con sus uñas la páxara escondida en las nubes, como yo, sabia Celestina, con mis palabras cautelosas abati a mi peticion al muy encerrado proposito de Roselia?». (Pág. 103). Poco después hace una larga enumeración de los pájaros cantores, otra de los instrumentos músicos, «sacabuches, chirimias, atambores, trompetas, rabeles, flautas, dulcemeles, guitarras, vihuelas, arpas, laudes, clarines, dulzainas, añafiles, órganos, monacordias, clavecinbanos, clavicordios y salterios». (Pág. 104). Esta intemperancia de vocabulario divierte á veces, como divierte en Rabelais, pero es un procedimiento vicioso y en suma bastante fácil.

En las situaciones culminantes, en los monólogos de la hechicera, en los coloquios de Celestina y Roselia, hay cosas dignas de ponerse al lado de lo mejor de la _Celestina_ antigua, aunque con la desventaja de haber sido escritas medio siglo después. Lástima que el talento del maestro salmantino no se hubiese ejercitado en un argumento de pura invención suya, que siempre le hubiese dado más gloria que una labor de imitación, por primorosa que sea. Pero le fascinó el prestigio de un gran modelo, y renunció á su originalidad ó por excesiva modestia ó por la presunción de igualarle.

Aunque en la primera carta del amigo se da á la tragicomedia el título de _Elicia_ y _cuarta parte de Celestina_, que es el número que realmente la corresponde en esta serie de libros, en la portada se califica de _quarta obra_ y _tercera Celestina_, sin duda porque Sancho de Muñón desdeñaba profundamente la obra de Gaspar Gómez de Toledo, á la cual no hace ninguna alusión. Tampoco se propuso continuar á Feliciano de Silva, pero tomó algunos rasgos felices de su Pandulfo para acomodarlos al rufián Brumandilón. La idea de resucitar á Celestina, el embuste de su muerte supuesta, le parecían invenciones ridículas, que condena por boca de sus personajes, especialmente de Eubulo, á quien «no parecía esta segunda Celestina tan sabia como la primera». Celestina había muerto verdaderamente á manos de los criados de Calisto, y la que intervino en los amores de Felides y Polandria «no era la barbuda, sino una muy amiga y compañera desta, que tomó el apellido de su comadre». (Pág. 37). Otro tanto había hecho su sobrina Elicia, á quien generalmente se llama Celestina en el libro de Sancho de Muñón. Pero Elicia pica más alto que la vulgar comadre de la _resurrección_, y no quiere que nadie la confunda con ella:

«_Drionea._--¿Qué respuesta daré á Sigiril, escudero de Felides, si te buscare, que ayer vino acá y no te halló?

_Celest._--Dile que vaya con Dios ó con el diablo, que no soy yo casamentera, ni menos es ese mi oficio; allá a la amiga de mi tia vaya él con esas embaxadas, o a los parientes de Polandria, que concierten el casamiento, que para ese caso no es menester el estudio de mis artes, ni mucho menos que mi tia resucitara o apareciese como holgaron de mentir». (Pág. 80).

Al revés de la _Segunda Celestina_, tan informe y mal compaginada, tiene la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_ un plan sencillo y claro, imitado en parte del de Fernando de Rojas, pero con un desenlace nuevo, que basta para dar alta idea del talento dramático de quien le concibió.

La fábula de los amores de Lisandro y Roselia, que son los de Calisto y Melibea trocados los nombres, podía recibir tres soluciones. Es la primera la que dió el bachiller Rojas, con sentido hondamente pesimista, envolviendo á todos los personajes en una catástrofe trágica, determinada principalmente por el caso fortuito de haber caído de la escala Calisto al salir de las delicias del jardín de Melibea. Es el segundo la pedestre solución matrimonial, que parece casi una burla sacrílega en la _Comedia Thebayda_, y que presentaron con más decoro, aunque no con mucha eficacia artística ni gran escrúpulo en los medios, Feliciano de Silva, el autor de la comedia _Florinea_ y otros varios. Quedaba todavía otro desenlace eminentemente teatral, que Bartolomé de Torres Naharro había apuntado ligeramente en su _comedia Himenea_, donde aparece el tipo de un hermano vengador de la honra de su casa, aunque tal venganza no llega á consumarse en la desvalida Febea, que logra el honesto fin de sus amores, parando todo en regocijo y boda.

En esta solución se fijó el Maestro Sancho de Muñón, pero dándola su verdadero carácter trágico y vindicativo. No es un accidente casual el que lleva á la muerte, desde el seno del placer que apenas comenzaban á gustar, á Lisandro y Roselia, sino la fiera ley del pundonor familiar, que ordena contra secreto agravio secreta venganza, y arma las ballestas de Beliseno y sus escuderos para asaetear á los dos amantes y á cuantos habían sido cómplices en la deshonra de su hermana. La escena es verdaderamente terrible, y su efecto se acrecienta con las supersticiosas invocaciones de los asesinos pagados.

«_Rebollo._--Yo tengo aqui en el seno una nomina que me dió mi abuela la habacera, que quien la traxere consigo, no podra morir a cuchillo.

«_Dromo._--Tambien mi tia, la Luminaria, me rezó unas palabras, que en cualquier tiempo que las dixere les caerán luego de las manos las espadas de los que se estuvieren acuchillando.

«_Rebollo._--Es verdad. Otra oración muy aprobada me enseñó la hortelana amiga de mi madre, para que donde hobiere ruido, si se rezare, no se saque sangre...». (Pág. 252).

Nadie antes de Sancho de Muñón había empuñado con tanto brío el puñal de Melpómene, y no puede negarse que en su obra está adivinada y practicada por primera vez la que fué luego solución casi única de los conflictos de honra y amor en nuestro drama romántico del siglo XVII; singularidad en que no se ha parado hasta ahora la atención de la crítica.

Menos original que en el desenlace se mostró el autor de la tragicomedia en la pintura de los caracteres, donde parece que su único empeño fué beber los alientos al autor de la _Celestina_, hasta confundirse con él. Roselia es una linda repetición de Melibea, pero sin la llama del genio que hace inmortales los ardores de aquélla:

_Vivuntque commissi calores Æoliae fidibus puellae._

Lisandro es una figura más apagada. Sus criados tienen carácter y fisonomía propia, que impide confundirlos con Sempronio y Pármeno. Eubulo, el hombre de buena voluntad ó de buen consejo, es una verdadera creación, que no se desmiente en obras ni en palabras, y que encarnando el sentido moral y aun ascético de la pieza, es el único que se salva de la universal desolación, y cumple probablemente la resolución de hacerse fraile, que más de una vez insinúa.

Las mejores figuras del libro son sin disputa Elicia y su protector el rufián Brumandilón. Elicia no es Celestina, aunque haya usurpado su nombre, pero es una sobrina digna de su tía y la más legítima heredera de todo el caudal de sus malas artes. «Y muchos extrangeros que no conocieron á Celestina, la vieja, sino de oídas, piensan que esta es aquella antigua madre, porque vive en la mesma vecindad, y tienen razon de creello, ca ninguna remedó tan bien las pisadas y exemplos, la vida y costumbres de la vieja, como ésta, que en la cuna se mostraba á parlar las palabras de que ella usaba para sus oficios; de manera que con la leche mamó lo que sabe». (Página 34). El reposado y sentencioso hablar de Celestina, su ciencia diabólica y secreta[391], su astucia refinada y cautelosa, su aparejo de trapacerías y maldades no se desmienten en su alumna, cuya psicología está seriamente estudiada.

Brumandilón es un tipo más en la galería inaugurada por la efigie clásica de Centurio, á la cual no llega ciertamente, pero supera en mucho á las bárbaras copias de Galterio y Pandulfo. Sancho de Muñón, como delicado humanista que era, le ha conservado el sabor plautino del original, y pone en su boca chistes de muy buena ley. Se habla de las hazañas de Diego García de Paredes, y replica muy satisfecho: «Aquí está Brumandilón, que siendo maestro de esgrima en Milan, le enseñó a jugar de todas armas, de espada sola, espada y capa, de espada y broquel, de dos espadas, de espada y rodela, de daga y broquel grande, de daga sola con guante aferrador, de puñal contra puñal, de montante, de espada de mano y media, de lanzon, de pica, de partesana, de baston, de floreo y de otros muchos exercicios de armas; y él viendo mi esfuerzo en los golpes, mi osado atrevimiento para acometer seis armados, rebanar brazos, cortar piernas, harpar gestos, hender cabezas y otros miembros, con mi exemplo salió tan diestro y animoso como veis». (Pág. 102). En otra parte exclama: «La diversidad y gran variedad de las hazañas que por mí han pasado por diversos reinos y ciudades, me privan de memoria a que no me acuerde de los casos particulares que tengo hechos por todo el mundo». (Pág. 163).

Pero demos paz á la pluma, porque para copiar todo lo bueno que hay en la _tragicomedia de Lisandro y Roselia_ necesitaríamos de mucho espacio. D. Juan Eugenio Hartzenbusch la calificó perfectamente en estos términos: «El libro es de lo mejor que en su tiempo se escribió en castellano. El autor se muestra doctísimo en todo género de letras, conocedor profundo del corazón humano, hábil pintor de costumbres y personaje por muchos títulos distinguido».

La caprichosa injusticia de la suerte sepultó en olvido su obra apenas nacida.

Un solo contemporáneo alude á ella: Alonso de Villegas en su _Comedia Selvagia_. Y ya en el siglo XVII debía de ser rara, puesto que D. Nicolás Antonio sólo cita un ejemplar que guardaba entre sus libros D. Lorenzo Ramírez de Prado, sin duda como cosa peregrina. Hartzenbusch supone que Maximiliano Calvi tuvo muy presente esta tragicomedia cuando escribió su _Tractado de la hermosura y el amor_ (1576). «Trozos hay en él (dice) con los mismos pensamientos, con el propio lenguaje casi que otros de la tragicomedia». Así será cuando tal maestro lo afirma; pero aunque tengo muy manejado el curiosísimo infolio de Calvi, que es la más completa enciclopedia de cuanto especularon sobre la filosofía del amor y de la belleza los neoplatónicos del Renacimiento, no he podido encontrar esas coincidencias verbales, aunque sí algunas ideas comunes, que por serlo tanto en las escuelas de entonces no necesitaba Calvi tomar directamente de la tragicomedia[392].

Mientras estas «_Celestinas_» se publicaban en Castilla, un ingenio portugués digno de mayor nombradía que la que logra en su patria y fuera de ella, componía tres largas comedias en su lengua nativa, tomando por modelo en todas ellas, y especialmente en la primera, el libro incomparable de Fernando de Rojas, pero sin calcarle tan servilmente como otros. Las comedias _Euphrosina_, _Ulyssipo_ y _Aulegraphia_, de Jorge Ferreira de Vasconcellos, atestiguan, á la vez que el talento original de su autor, la influencia profunda que ejerció en Portugal la tragicomedia castellana desde el momento de su aparición. Ya hemos visto hasta qué punto penetró en el teatro de Gil Vicente. Es inútil hablar de poetas menores. «Raras son las comedias portuguesas (dice Teófilo Braga) que no aluden á esta comedia, que se tornó proverbial en la lengua de nuestro pueblo. Aun en las islas Azores se habla de las _artes de la madre Celestina encantadora_, sin saber á qué gran fenómeno literario se refieren»[393]. En vano fué que severos moralistas como Juan de Barros protestasen contra ella y hasta considerasen como un timbre de la lengua portuguesa el ser tan honesta y casta que «parece no consentir en sí una tal obra como _Celestina_»[394]. Ya Gil Vicente había demostrado, contra monjiles escrúpulos, que la lengua portuguesa lo toleraba todo, como las demás lenguas del mundo, cuando diestramente se las maneja.

Dos testimonios muy singulares, cada cual en su línea, tenemos de la enorme popularidad, no ya literaria, sino social, que alcanzaba la _Celestina_ entre los portugueses á principios del siglo XVI. El primero, cuya indicación debemos á nuestra sabia y generosa amiga doña Carolina Michaëlis de Vasconcellos, prueba que antes de 1521 el drama de Rojas había dado asunto para trabajos de orfebrería. En el ajuar de la infanta doña Beatriz, que en dicho año se casó con el duque de Saboya, había _una taza de plata con la historia de Celestina_[395].

Precisamente en el mismo año Francisco de Moraes, futuro autor del _Palmerín de Inglaterra_, fué testigo en Braganza, su patria, de la inaudita profanación de un Diego López, herrero, que en viernes de Dolores estaba en la iglesia de San Francisco, ante el Sagrario, leyendo á un corro de mujeres la _Celestina_, «y paréceme que era en el auto que habla de Centurio»[396].

A tiempos poco menos remotos que éstos han querido referir algunos la composición de la primera comedia de Jorge Ferreira, sin razón á mi juicio, y hasta con evidente imposibilidad cronológica. Hubo un Jorge de Vasconcellos (á quien también se llama Jorge de Vasco Gonçelos), insignificante trovador del _Cancionero de Resende_[397], el cual frecuentaba ya la corte de D. Manuel en 1498, y está citado en 1519 por Gil Vicente[398]. Para admitir que este poeta cortesano fuese la misma persona que el autor de la _Eufrosina_, como pretende Teófilo Braga, habría que rechazar la fecha hasta hoy tenida por cierta de la muerte de Jorge Ferreira de Vasconcellos en 1585 ó suponer que vivió más de cien años, pues hemos de creer que tendría por lo menos diez y seis cuando poetizaba en los saraos de palacio.

Aun prescindiendo de esta confusión de dos personas, que pueden ser fácilmente deslindadas, quedan grandes oscuridades en la biografía de nuestro autor. Ni siquiera consta con seguridad la tierra en que nació, que unos quieren que fuese Coimbra, otros Montemor o Velho, sin que falte quien le suponga hijo de Lisboa[399]. Ninguno de los antiguos biógrafos se fijó en el dato capital de haber sido Jorge Ferreira de Vasconcellos mozo de cámara del infante D. Duarte, hijo de D. Manuel, á cuyo servicio estaba en 1540, fecha de la muerte de aquel príncipe, nacido en 1515. De aquí dedujo con excelente crítica doña Carolina Michaëlis que debía de ser joven entonces, no de mayor edad que Francisco de Moraes, el cual también figura en la lista de los servidores del infante[400]. No se sabe á punto fijo si Ferreira siguió formando parte de la casa de la viuda y del hijo póstumo de D. Duarte, ó pasó á la de D. Juan III, como indica su yerno en el prólogo de la _Ulyssipo_[401]. En este caso sería destinado al servicio del príncipe D. Juan, heredero de la corona, puesto que á él dedicó las primicias de su ingenio: la comedia _Eufrosina_ y el _Sagramor_, entre 1550 y 1554 probablemente. Muerto el infante en 1564, siguió al servicio del que fué luego rey D. Sebastián. El único puesto oficial que consta de un modo positivo haber logrado es el de «escribano del Tesoro», con _quince mil reis_ de sueldo al año (!!). Tal destino no era ciertamente para enriquecer á nadie, y es posible que espontáneamente le renunciase, puesto que por un albalá de 10 de julio de 1563 tomó posesión de él un Luis Vicente (hijo acaso del gran poeta), mozo de cámara del rey D. Sebastián, en los mismos términos en que le había tenido Jorge Ferreira, que debía de estar vivo, puesto que no se usa respecto de él la frase sacramental «_que Deus perdoe_»[402]. Además, el prólogo con que en 1567 apareció el _Sagramor_ tiene todas las trazas de estar escrito en aquel mismo año. Tampoco debe negarse crédito á Barbosa Machado, cuando afirma que Ferreira falleció en 1585 y fué enterrado con su consorte doña Ana de Sousa en el crucero del convento de la Santísima Trinidad de Lisboa. Escribiendo Barbosa en 1747 es muy probable que tomase esta fecha del epitafio que existiría en dicho convento, destruído, como tantos otros, por el terremoto de 1755[403].

Otras noticias que el mismo Barbosa da tienen igualmente sello de verisimilitud y no han sido hasta ahora contradichas por ningún documento, aunque tampoco hay ninguno que las confirme. Le llama caballero profeso de la orden de Cristo y uno de los más distinguidos criados de la casa de Aveyro[404] y afirma que fué «tesorero de la casa de la India». De su matrimonio con la ya referida doña Ana de Sousa tuvo dos hijos, Pablo Ferreira, que en edad juvenil perdió la vida en la jornada de África con el rey D. Sebastián, y doña Briolanja de Vasconcellos, que se casó con Antonio de Noronha.

No sólo fué hombre de ingenio agudo y gracia nativa, dotes que en sus composiciones resplandecen, sino verdadero y culto humanista. La _Eufrosina_ parece documento irrecusable de haber hecho sus estudios en Coimbra, lo cual no pudo ser antes de 1537, fecha de la traslación de la Universidad desde las orillas del Tajo á las del Mondego[405].

Parece singular que con tales condiciones y con el positivo mérito de sus escritos, un solo contemporáneo suyo le mencione, Diego de Teive en un elegante epigrama latino[406], que en parte nos da la clave del enigma, pues hace notar que Ferreira jamás ponía su nombre en las obras que compuso:

_Non tua subscribis, sed latitare cupis._

Este amor á la oscuridad y al anónimo, y quizá todavía más la circunstancia de no haberse prestado al cambio de elogios mutuos, puesto que ni se encuentran versos suyos en loor de ningún ingenio de su tiempo, ni sus libros llevan panegíricos de mano ajena, explican su aislamiento respecto de la literatura de su época y el olvido en que cayó muy pronto su nombre, hasta el punto de ser atribuida á otros autores su mejor obra.

Además, sus gustos parecen haber estado en discordancia con esa misma literatura. Era, como Cristóbal de Castillejo, un rezagado de la escuela del siglo XV. Á ella pertenecen todos los poetas que elogia: Macías, Juan Rodríguez del Padrón, Garci Sánchez de Badajoz, el Bachiller de la Torre, Juan de Mena, el Ropero, Jorge Manrique, Juan del Encina, entre los castellanos; D. Juan de Meneses, Gil Vicente, Bernaldim Ribeiro, entre los portugueses[407]. De los poetas de la escuela nueva menciona á Boscán, Garcilaso y Sá de Miranda.

Hasta aquí las noticias biográficas de Jorge Ferreira, que no he tenido ni siquiera el trabajo de recoger, puesto que juntas y depuradas las ha puesto á mi disposición la doctísima escritora doña Carolina Michaëlis, ornamento al par de la erudición germánica y de las letras peninsulares, á quien me complazco en dar este público testimonio de gratitud por su admirable compañerismo literario.

No todas las producciones del ingenio de Jorge Ferreira han llegado á nuestros días. El conde da Ericeira, al dar cuenta en 1724 á la Academia Real Portuguesa de los manuscritos que contenía la biblioteca del Conde de Vimieiro, cita con el núm. 79 unas _Obras Moraes_ de Jorge Ferreira de Vasconcellos compuestas en 1550 para la educación del rey D. Sebastián. La primera de ellas era un _Diálogo das grandeças de Salomāo_, y la otra un coloquio sobre el psalmo 50. La librería de Vimieiro fué de las que perecieron en el terremoto. Barbosa Machado, que escribió antes de aquella catástrofe, menciona, no sólo el _Diálogo de las grandezas de Salomón_, dedicado al rey D. Sebastián en su infancia, sino también el _Peregrino_, «libro curioso escrito en el estilo de la _Eufrosina_ (lo cual hace creer que se trataba de una nueva comedia en prosa), y los _Colloquios sobre Parvos_ (coloquios sobre los tontos), en respuesta á una pregunta que le hizo una prima suya religiosa, «_que cosa era parvoisse_». De ninguno de estos manuscritos queda, al parecer, rastro.

Como obras impresas tenemos las tres comedias, y un libro de caballerías, del cual existen dos redacciones, al parecer distintas. La primera, que con el título de _Triunfos_ _de Sagramor_, fué impresa en 1554[408], se enlaza artificialmente con el ciclo del rey Artús y de la Tabla Redonda, pero su principal objeto fué describir las fiestas ó torneo de Xabregas con ocasión de haber sido armado caballero el príncipe D. Juan, á quien servía, mozo estudioso y protector de las Musas, ensalzado como tal por todos los poetas de su tiempo, incluso Luis de Camoens (en la égloga 1.ª). Más ó menos refundida esta obra con el título de _Memorial das proezas da segunda Tavola redonda_, y dedicada al rey D. Sebastián, volvió á imprimirse en 1567[409]. El editor de la _Aulegraphia_ en 1619 habla de una segunda parte inédita, que al parecer se ha perdido. Los versos que el _Memorial_ contiene no desmienten las aficiones arcaicas y enteramente hispanistas de Jorge Ferreira. Son casi todos romances, algunos de ellos de asunto clásico, como la guerra de Troya, los amores de Sofonisba y la batalla de Farsalia; otros enlazados con la acción de la novela, y algunos de tema histórico portugués, como la muerte del príncipe D. Alfonso, hijo de D. Juan II, y la del mismo príncipe D. Juan, mecenas del autor[410].

No puede negarse que Jorge Ferreira, sin dejar de ser ingenio genuinamente portugués, y el que después de Gil Vicente nos ha dejado más fieles pinturas de la sociedad de su tiempo, tenía puestos los ojos en nuestra literatura del siglo anterior, y especialmente en la obra insigne que glorificó las postrimerías de aquella centuria. Sus comedias lo comprueban, sin que el autor trate de ocultarlo, y no pueden confundirse de ningún modo con _Os Estrangeiros_ y _Os Vilhalpandos_ de Sá de Miranda, con _Bristo_ y _O Cioso_ de Antonio Ferreira, que son también comedias en prosa, pero de pura imitación latino-itálica, de moderada extensión y de forma representable. Ferreira de Vasconcellos, por el contrario, es un imitador deliberado de la _Celestina_, y sus comedias son extensos libros, destinados á la lectura únicamente[411].

La más antigua de estas obras, y la que principalmente nos interesa, es la _Eufrosina_. En el proemio al príncipe D. Juan, el autor la llama _primicias de meu rustico engenho, primeiro fructo, que delle colhi inda ben tenro_. Y en el prólogo, puesto en boca de _João de Espera em Deus_, la anuncia como _cousa nova, invenção nova nesta terra_. Tenemos, pues, en ella, no sólo las primicias del ingenio de su autor, sino las primicias de un género: «o novo autor em nova inuençāō».

La acción pasa en Coimbra, y hay continuas alusiones á las costumbres de los estudiantes, aunque no lo son los dos principales personajes[412]. En el prólogo de _Juan espera en Dios_ se declara expresamente que allí fué compuesta: «Na antiga Coimbra, coroa destes Reynos, á sombra dos verdes sincerais de Mondego, nasceo a portugueza Eufrosina». ¿Pero en qué tiempo? No es posible admitir la fecha de 1527, propuesta por Teófilo Braga. Su único apoyo está en una carta fechada en Goa á 28 de diciembre de 1526, que se lee en la escena quinta del acto segundo de la obra. Pero en esta fecha tiene que haber error tipográfico, puesto que en la misma carta se alude á la fortaleza de Diu, no construída hasta 1535. La verdadera fecha de la comedia debe rebajarse, por consiguiente, en diez años, y esta fecha cuadra perfectamente con todo lo que sabemos de la vida del autor.

La _Eufrosina_ corrió mucho tiempo manuscrita, estragándose en las copias, hasta que el autor, doliéndose de verla andar _por muitas māōs deuassa é falsa_, determinó colocarla bajo el real amparo del Príncipe D. Juan, heredero de la corona. Si se la dedicó impresa, como parece muy creíble, esta primera edición es desconocida hasta ahora. Pero existen otras dos del siglo XVI, ambas sin nombre de autor, únicas que nos dan el primitivo y auténtico texto de la comedia. Una es de Coimbra, 1560; otra de Évora, de 1561[413]. Sus ejemplares son de extraordinaria rareza. A ello contribuiría sin duda la prohibición inquisitorial, que aparece por primera vez en el Índice portugués de 1581[414], pero que no pasó al castellano de 1583.

Como á pesar de la censura, ó quizá por virtud de ella, seguía leyéndose con aprecio la _Eufrosina_, un buen ingenio de principios del siglo XVII, poeta y novelista, Francisco Rodríguez Lobo, determinó obsequiar con una reimpresión de ella á su mecenas D. Gastón Coutinho, que había mostrado deseo de leerla, entre otras razones porque todas las cosas prohibidas obligan á la voluntad á procurarlas, más que otras á que no pone precio la dificultad, y siempre nuestro deseo se esfuerza á lo que le prohiben». Y doliéndose él, por su parte, de que una obra tan digna de loor por la excelencia de sus palabras, la galantería de sus conceptos, la verdad de sus sentencias, la agudeza y sal de sus gracias, estuviese fuera del uso común y no pudiese ser leída libremente, se determinó á quitar «algunos descuidos y yerros que en ella había», y es de creer que fuesen alusiones satíricas sobre las costumbres de clérigos y frailes, que nunca faltan en esta casta de libros.

Corregida de esta manera por Rodríguez Lobo, la _Eufrosina_ volvió á ser impresa en 1616 con permiso del Santo Oficio, que autorizó esta edición sola en el Indice de 1624, continuando la prohibición de las anteriores: _Euphrosina impressa antes de 1616; Author Jorje Ferreira de Vasconcellos_. Los inquisidores sabían el nombre del autor, pero Lobo no le consigna, y la tradición fué perdiéndose, hasta el punto de decir Faria y Sousa en su _Europa Portuguesa_[415]: «El primer libro que se escrivio con la mira de ensartar refranes y dichos graciosos fue (con admirable acierto) el que llaman _Eufrosina_, malissimamente traducido en castellano: _no se le sabe autor_; diole ultimamente a luz Francisco Rodriguez Lobo, muy diminuto». Por su parte, D. Francisco Manuel de Mello, en el _Hospital das Lettras_[416], habla dubitativamente de la paternidad de la _Eufrosina_, aunque no de las otras dos comedias: «O illustre Jorje Ferreira, auctor da _Ulysipo, Aulegraphia e dizem que Eufrosina_. Nuestro D. Nicolás Antonio escribió con mejores informes, catalogando la _Eufrosina_ á nombre de Jorge Ferreira y dando á Lobo por mero editor[417].

Como anónima se había presentado en la traducción castellana del capitán D. Fernando de Ballesteros y Saavedra, regidor de Villanueva de los Infantes (1631), que en la dedicatoria al infante D. Carlos, hermano de Felipe IV, dice textualmente: «Bien pudo la modestia del autor desta comedia ser hazañosa en quitarse la gloria que de averla escrito le resultará en los siglos». D. Francisco de Quevedo, que apadrinó esta traducción con una curiosa advertencia, conocía, no sólo la edición de 1616, sino las antiguas, pues hace notar que «su original no cercenado por Lobo es difícil por los idiotismos de la lengua y los Proverbios antiguos y que ya son remotos a la habla moderna». Pero ignoraba por completo quién fuese el autor primitivo. «Esta comedia _Eufrosina_, que escrita en Portugues se lee sin nombre de autor, es tan elegante, tan docta, tan exemplar, que haze lisonja la duda que la atribuye a cualquier de los más doctos escritores de aquella nación. Muestra igualmente el talento y la modestia del que la compuso, pues se calló tanta gloria que oy apenas la conjetura halla sujeto capaz a quien poder atribuirla».

El juicio que aquel grande escritor formó de la _Eufrosina_ no puede ser más honroso para las intenciones morales de su autor: «Mañosamente debaxo el nombre de comedia enseña a vivir bien, moral y políticamente, acreditando las virtudes y disfamando los vicios con tanto deleyte como vtilidad, entreteniendo igualmente al que reprehende y al que alienta; extraña habilidad de pluma, que sabe sin escandalo ser apacible, y provechosa condicion que deuen tener estas composiciones». Iguales elogios repiten los aprobantes. Así el maestro José de Valdivielso: «La fabula es sentenciosa y exemplar: despierta avisos y avisa escarmientos; deberá al traductor Castilla estos divertimientos y Portugal estos honores». Y Bartolomé Ximénez Patón: «Aunque fábula, es de muy delicada corteza, con substancia y copia de sentencias y consejos». En efecto, el carácter doctrinal y sentencioso está marcado en la _Eufrosina_ más que en ningún otro libro de su clase, y no es el menor de los defectos que hacen cansada su lectura, no obstante la agudeza de muchas de sus reflexiones morales.

La traducción de Ballesteros, que va reimpresa en el presente volumen á título de curiosidad literaria, difícil de hallar, no sólo en la edición príncipe de 1631, á cuyo texto nos ajustamos[418], sino en la reimpresión de 1735, que dirigió D. Blas Nasarre, oculto con el seudónimo de D. Domingo Terruño Quexilloso[419], dista mucho de ser tan mala como Faria y Sousa da á entender. Está, sí, algo abreviada, y en algunos puntos el traductor no penetra bien el sentido de los proverbios portugueses, pero generalmente es fiel, está escrita con soltura y da idea bastante aproximada de los méritos y defectos del original. Hacer la comparación de ambos textos es tarea que peculiarmente incumbe á los eruditos portugueses, así como otra más importante, la de reimprimir críticamente la primitiva _Eufrosina_ de las ediciones del siglo XVI, para que sepamos á ciencia cierta cuáles son las variantes que en ella introdujo Lobo.

Mucho antes de salir á luz la edición expurgada de 1616 era conocida y celebrada entre nosotros la obra de Jorge Ferreira, que en Castilla no estuvo prohibida nunca. Prueba irrecusable de su popularidad nos ofrece _La Pícara Justina_, novela impresa, como es notorio, en 1605. Su autor enumera en el prólogo las principales obras de entretenimiento, y allí están citados los chistes de la _Eufrosina_, al lado de _El Asno de Oro_, la _Celestina_ y el _Lazarillo de Tormes_. Tratando Justina en el primer libro, capítulo tercero, «de la vida del mesón», empieza por decir que nadie había escrito sobre ella, pero luego se retracta: «Dígolo por un librillo intitulado _La Eufrosina_, que leí siendo doncella, que se refiere de un _discrépito_ poeta, que para alabar el meson dijo que Abraham se preció en vida de ventero de ángeles, y en muerte de mesonero de los peregrinos y pasajeros del limbo, los cuales tuvieron posada en su seno. Pero este escritor _monobiblio_ no advirtió dos cosas: lo uno, que es necedad traer tales personas en materias tales, y lo otro, porque Abraham dió de comer á su costa en su casa á los vivos y á los del limbo no llevó blanca de posada, lo cual no habla con los mesoneros de este mundo, ni tal milagro acaeció en casa de mi padre. Demás que yo no me quiero meter en historias divinas, no porque las ignoro, sino porque las adoro». El pasaje á que se alude debió de ser por lo irreverente uno de los cercenados en la refundición de Lobo.

Un género de interés, para nosotros secundario, tiene la _Eufrosina_, y es su gran valor _paremiológico_. En todas las _Celestinas_, desde la de Rojas hasta la _Dorotea_ de Lope, abundan los proverbios y los idiotismos familiares; pero en la _Eufrosina_ se encuentran en tal copia, que muchos trozos y aun escenas enteras son un tejido de refranes y de frases hechas. En este sentido fué el modelo primero, aunque indirecto (porque no creo que nadie la imitase de propósito) de las _Cartas en refranes_ de Blasco de Garay, del _Entremés de refranes_ de autor anónimo, de _El Perro y la Calentura_ de Pedro de Espinosa, del _Cuento de Cuentos_ de Quevedo, de la _Historia de Historias_ de D. Diego de Torres, y de las dos _Rondallas_ valenciana y mallorquina de Fr. Luis Galiana y de D. Tomás Aguiló; obras de ingeniosa taracea en que puede aplaudirse el mérito de la dificultad vencida, pero que principalmente valen como repertorios de frases, no como diálogos ó cuentos.

Sería injusto decir lo mismo de la _Eufrosina_, á pesar de lo artificial del procedimiento, que por otra parte no es tan sistemático como en las obras citadas. En la comedia portuguesa lo esencial es el argumento de la comedia, aunque importen mucho los proverbios y sentencias de que el diálogo está materialmente tejido, con menoscabo de la naturalidad, primera condición de toda obra que afecta formas dramáticas. Los interlocutores casi nunca usan la expresión directa y sencilla; todos ellos presumen de ingeniosos, agudos y sutiles: mezclan la pedantería de las escuelas con el tono galante y amanerado de las conversaciones de palacio; son cultos y conceptistas en profecía, y hasta cuando remedan el habla popular lo hacen con dejos y resabios cortesanos. Hay una continua afectación en el estilo, afectación que no siempre desagrada, porque se ve que es trasunto del buen tono de una época gloriosa y de una sociedad elegante, como lo fué la portuguesa de los reinados de D. Manuel y don Juan III. Pero tanta metáfora rebuscada, tanta alusión fría é impertinente, tanta mitología pueril, tantas reminiscencias de los poetas clásicos, especialmente de Ovidio, tanto _doctrinaje_ insípido, vicios que más ó menos afean todas estas comedias y tragicomedias, no van compensados aquí, como en otros casos hemos visto, con la verdad plástica del detalle, con la representación franca y enérgica, aunque á veces brutal, de la realidad. Todo es pálido y atenuado en la _Eufrosina_: los tipos tienen algo de abstracto, y la obra entera se resiente de cierta frialdad seudoclásica.

Pero en esto mismo consiste su relativa originalidad. Un vago sentimentalismo, que no hemos visto hasta ahora, penetra calladamente en algunas escenas, y modifica el concepto del amor, llevándole por rumbos idealistas y en cierto modo platónicos. La psicología del autor no es profunda, genial y avasalladora como la de Fernando de Rojas: no llega á producir criaturas inmortales. Pero es ingeniosa, delicada y de suaves matices, como cuadra á una acción familiar y honesta, en que no hay grandes conflictos de pasión y llegan todas las cosas á un término sereno y apacible. El seso y la gravedad campean en esta producción juvenil, con cierto elevado y noble sentido de la vida, que hace simpático al hombre y al moralista.

El mérito principal de la _Eufrosina_ estriba en el contraste entre los dos jóvenes _Zelotipo_ y _Cariofilo_, representante el primero del amor exclusivo, caballeresco y respetuoso, que hace un ídolo de la persona amada, y el segundo del apetito sensual, frívolo, ligero y veleidoso. Uno y otro logran su condigna recompensa, obteniendo Zelotipo por premio de la pureza y constancia de su afecto la mano de la noble y rica Eufrosina, única hija y heredera de D. Carlos, señor de las Povoas, y viéndose Cariofilo, de resultas de una de sus vulgares aventuras, obligado á casarse por fuerza con la hija de un platero, á quien había dado, como á otras varias, promesa de matrimonio. Los contrapuestos caracteres de los dos amigos se reflejan fielmente en sus palabras: «Quando segui amores que no estimé dexar (dice Zelotipo), a todo me aventuraua; aora que tengo hecho empleo del alma, no ay cosa que no tema, y esto juzgo por lo mejor, porque me lo enseña vn puro y verdadero amor, que es propio maestro de virtudes, y quien muda la mala condicion en buena, el escaso en liberal, el ignorante en discreto, el inconsiderado en prudente, el cobarde en osado». (Pág. 69 de la presente edición). «Las almas contemplativas tienen los gustos muy diferentes de la otra gente... No ay contento general que valga la sombra de una tristeza particular. De mí os sé dezir que no trocaria el estar triste dos horas por quantos placeres ay en la vida, porque estas viuo para mí y las otras para el mundo. De donde se sigue que me enfadan las fiestas públicas y es a mi propósito el pasatiempo solitario, y no me conformo, antes aborrezco los amigos de regocijos públicos y que son comunes con todos en holgarse» (pág. 92).

Antítesis de este contemplativo personaje es Cariofilo, que, sin la grandeza trágica del burlador de Sevilla, profesa una filosofía del amor muy parecida á la suya, y responde á los sanos consejos de su amigo con frases análogas al _Tan largo me lo fiais_: «Atengome á sacudillas y dexallas, que assi hazian los dioses de la gentilidad; lo demas es burla, porque es tan mala ralea la de mugeres, que ya ninguna quiere bien si no es por el interés, y en quanto ay que darles; yo conózcolas por el diente, y en tanto, lo que la loba haze al lobo le place, y a vn ruin ruin y medio. Amor enseña mil caminos de engañar; prometiendo con franqueza, de promessas las hago ricas; al tiempo de la paga no faltan escapatorias...». (Pág. 98). «Quando alcanço fauor de una muger de calidad, que me es de gusto y provecho, en teniendola rendida y señalada de mi señal, por no aficionarme mucho y venir a ser esclauo de mi gusto, procuro diuertirlo, por no criar cuerbo que me saque el ojo, y ocúpome en hazer empleo en otra y en otras. Desta manera juego con cartas dobladas, y no puedo perder, y aseguro mi mercaduria por no estar pendiente de la cortesia de la fortuna, y en esto me escuso grandes disgustos». (Pág. 99).

Pero todavía es más _donjuanesco_ el diálogo siguiente, que no quiero abreviar por su importancia, desatendida hasta ahora:

«_Cariofilo._--Sabeis lo que os digo, amigo mio? O tuerto ó derecho, mi casa hasta el techo; aun no estoy _a porta inferi_; allá vendran los aborrecidos ochenta años; dexadme aora lograr mis años floridos, en quanto tengo tiempo; despues no faltará la merced de Dios y la misericordia, de que la tierra está llena. En poco espacio se saluó el buen ladron.

«_Zelotipo._--Essa es una gentil cuenta. Por qué cédula teneis vos assegurado esse momento y esa condicion que basta para merecer en él? Pues cómo os acogeis á la misericordia, considerando que anda de compañia con la justicia, la cual no se dobla como la del mundo?

«_Cariofilo._--Aunque dezis verdad y os lo concedo, yo vine al mundo para lograr mi vida, pues tengo tan cierta la muerte, que no es pequeña pena y descuento éste; y si aora no la logro, quando la edad lo pide y permite, el tiempo se me va huyendo, y yo no querria que me dexasse a buenas noches, sin dexar fruto ni señal de la jornada con la congoxa de quién tal pensara. Si yo tuuiera vida de nouecientos años, como los antiguos, anduvierame regalando? Todo era dos dias más o menos, porque avia paño para cortar y desperdiciar; mas vida de quatro negros dias, y estos inciertos y alternados en mal y bien, y que los passe llorando, mala Pascua a quien tal hiziere, y no fuere moço quando moço para ser viejo cuando viejo.

«_Zelotipo._--Essa es vna mala conclusion. Essos esfuerços juveniles y essas quentas vanas tienen muy cierto el castigo; guárdeos Dios de pecador obstinado; las más vezes se ven desdichados fines á tales distraymientos. El hombre discreto ninguna cosa ha de temer tanto como á su gusto; nunca os precieis de culpas, porque desmerecereis el perdon; hazed siempre la cuenta de cerca, y no perdereis de vista el arrepentimiento... Mirad por vos, que quien se guardó no erró, y el Señor mandó velar a los suyos por la incertidumbre de la hora; y yo tengo sin duda que a excesos sensuales no dilata Dios la paga para el otro mundo, y assi se han visto muy grandes castigos.

«_Cariof._--No me canseis aora; mirad vos vuestra alma y no tengays cuidado de la mia; yo dare cuenta de mí quando llamen a mi puerta, y no me faltará vn texto para hazerle a vna ley que venga a mi proposito y me ponga en salvo. Y Monseñor Ouidio dize que se rie Jupiter de los amantes perjuros...

«_Zelot._--... Ninguno presuma que engaña, porque siempre él queda engañado; y por amor de mi, que nunca hagais essos juramentos, porque son segun la intencion de quien los oye. En quanto Dios, estais obligado á essa moça en todo lo que le prometistes; mirad lo que aueis hecho, no engañeis vuestra alma...

«_Cariof._--... Yo os digo que las enredo y las sé burlar; ellas tratan siempre engaños, yo nunca les digo verdad ni tengo ley con ellas; ellas interessadas, yo escaso; ellas mudables en el amor, yo desamorado; ellas libres, yo raposo; assi nos damos en los broqueles, mas yo quedo siempre en pie como gato» (pp. 100-101).

Este tipo del libertino, que lo es más por atolondramiento y ligereza que por perversidad, es uno de los mejores aciertos de la _Eufrosina_. El autor le castiga blandamente y con catástrofe que tiene más de cómica que de trágica, porque en el fondo se trata de un tonto, cuyas ridículas empresas sirven de diversión á las mozas de cántaro y á todas las _raparigas_ del Mondego. Pero si se prescinde de sus actos y se atiende sólo á su cínica profesión de inmoralidad amatoria, ningún personaje se hallará en nuestra primitiva literatura dramática y novelesca que en este punto concuerde tanto con las máximas y palabras de D. Juan.

En los amoríos de Cariofilo interviene, como era natural, una Celestina de bajo vuelo, Filtria, mucho menos chistosa que sus comadres castellanas. Pero en los de Zelotipo prescinde el autor cuerdamente de tan vil sujeto, y quien sirve de medianera es una prima del mismo enamorado, Silvia de Sosa, amiga y confidente de Eufrosina, aunque constituída en cierto género de dependencia familiar respecto de ella. La figura de Silvia tiene finos toques y recuerda algo la doncella Poncia de la _Segunda Celestina_, aunque es menos razonadora que ella. Por su intervención se efectúan los secretos desposorios de Zelotipo y Eufrosina, aprovechando una ausencia del señor de las Povoas, que tiene que resignarse al fin con los hechos consumados, á pesar de la indignación que manifiesta en los primeros momentos y de su graciosa consulta con el doctor Carrasco.

Aunque Jorge Ferreira brilla más en lo serio que en lo cómico, es de gran mérito esta escena como pintura de costumbres universitarias, y recuerda el pleito del estudiante en la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_. Así como Sancho de Muñón, que era teólogo, tenía entre ojos á los canonistas y se burlaba de ellos á su sabor, Jorge Ferreira, que era humanista y hombre de mundo y de corte, profesaba especial aversión á los letrados y profesores de Derecho civil, á su erudición farragosa, á su pragmatismo huero. «Si no son prudentes (dice), las letras en ellos son peores que lepra, porque _quieren medir por las leyes de Iustiniano, que ha mil y tantos años que se hizieron, las costumbres de aora, y no consideran que el tiempo lo hace todo de su color_» (pág. 143). Palabras verdaderamente notables para escritas á principios del siglo XVI por un poeta que no hacía profesión de reformador de los estudios jurídicos.

Otras dos comedias en prosa compuso Jorge Ferreira, que generalmente pasan por inferiores á la _Eufrosina_, aunque la verdad es que apenas han sido estudiadas hasta ahora. La comedia _Ulyssipo_ fué escrita en 1547 ó poco después, según las alusiones que en ella se contienen á la campaña de Mazagán, atacada en aquel año por los moros. Rápidamente, pero con acierto, caracteriza esta obra Teófilo Braga: «La _Ulyssipo_ es un cuadro de las costumbres portuguesas en el siglo XVI: locuciones familiares, más de 386 refranes que todavía andan en la tradición oral, juramentos, juegos, diversiones, todo se encuentra reproducido allí. Es un tesoro de lenguaje. La acción no tiene condiciones escénicas, por las grandes é infinitas mutaciones y la falta de rapidez de los diálogos, que están diluídos en consideraciones morales atestadas de proverbios. Actos extensos que tardarían dos días en representarse, flaca intriga bajo grandes y poco interesantes accesorios, hacen de la _Ulyssipo_ una obra secundaria. Crece su mérito, no obstante, si tenemos en cuenta que es una de aquellas comedias que se escriben solamente para ser leídas. En los saraos de palacio la leería Jorge de Vasconcellos delante de D. Juan III á su hijo y heredero el príncipe D. Juan, apasionado por el arte dramático, como lo fueron todos sus tíos y su abuelo. Mirada de esta suerte, no carece de vida la _Ulyssipo_. Los caracteres acentuadamente delineados, las situaciones bastante cómicas y la filosofía del sentido común, son cualidades que revelan un grande artista, que si hizo una comedia defectuosa fué por no haberla escrito intencionadamente para la escena».

Ni Barbosa Machado, ni Inocencio de Silva, ni ningún otro de los bibliógrafos portugueses que he visto, indican el año ni el lugar en que fué impresa por primera vez la _Ulyssipo_. Pero consta la existencia de una edición del siglo XVI, no sólo por el Indice inquisitorial de 1581, donde aparece prohibida, sino por los preliminares de la edición corregida y expurgada de 1618[420]. La principal enmienda que mandó hacer el Santo Oficio fué quitar el hábito de beata á la viuda Constanza d'Ornelhas, personaje celestinesco.

La última comedia de Jorge Ferreira, titulada _Aulegrafia_, no fué impresa en vida suya, ni siquiera dentro del siglo XVI, «por un disgusto general de este reino», según indica su yerno D. Antonio de Noronha[421]. Algunos suponen que este disgusto fué la muerte del príncipe D. Juan, pero más natural parece que se aluda al desastre de Alcazarquivir en 1578, en que pereció el único hijo varón de Jorge Ferreira, si son exactas las noticias de Barbosa. La pérdida del príncipe en 1554 no pudo influir para nada en las publicaciones de Ferreira, puesto que de 1560 y 1561 hay ediciones de la _Eufrosina_, y en 1567 dedicó á D. Sebastián el _Memorial de la Tabla Redonda_.

No existe de la _Aulegrafia_ más que la edición póstuma publicada por D. Antonio de Noronha, yerno del autor, en 1619, treinta y tres años después de su fallecimiento[422]. De las tres comedias de Ferreira es la más rara y la que más precio ha tenido siempre en el mercado bibliográfico. A pesar de eso, nadie se ha decidido á reimprimirla, ni siquiera en la forma ruin y mezquina con que lo fueron la _Eufrosina_ y la _Vlyssippo_ en el siglo XVIII. Tan ingratos y olvidadizos han sido los portugueses con un escritor de tanto ingenio y cultura, de tan rica y sabrosa locución y tan útil para la historia de las costumbres peninsulares.

La _Aulegrafia_, que consta de cinco actos como las otras dos comedias, y no de cuatro como dice Barbosa, es, según indica su título, una pintura de la vida de la corte y especialmente de los amores de palacio. En este sentido puede ofrecer curioso tema de comparación con el _Cortesano_ de Castiglione, con el de Luis Milán, con el _Arte de galantería_ de D. Francisco de Portugal y otros libros análogos. Uno de los personajes de la _Aulegrafia_, el aventurero Agrimonte, habla siempre en castellano.

Pero tanto la _Vlyssipo_ como la _Aulegrafia_, sobre todo esta última, tienen con la _Celestina_ una relación no directa y específica, sino genérica. Atendiendo á esto, y también á la circunstancia de no haber ejercido influencia alguna en nuestra literatura, dejemos intacto su estudio para los críticos del reino vecino. Hora es ya de volver á las _Celestinas_ castellanas, aunque tengamos que acelerar el paso para poner fin á este larguísimo tratado.

En 1547 salió de las prensas de Toledo la _Tragedia Policiana_[423], cuyo autor declara su nombre en cuatro estancias de arte mayor dirigidas «a los enamorados». Las iniciales de los versos, leídos de arriba abajo, dicen: «El bachiller Sebastián Fernández». Es cierto que en una segunda edición, también toledana, de 1548, descubierta por Fernando Wolf en la Biblioteca Imperial de Viena[424], hay otras estancias de «Luis Hurtado al Lector», de las cuales dedujo aquel insigne erudito que este era el verdadero autor de la _Tragedia_:

Lector desseoso de claras sentencias, Aquí debuxa la madre Claudina Debaxo de gracias sabrosa dotrina, Para guardar del mal las conciencias: Verás los auisos de mil excelencias Que a los virtuosos son claro dechado; Y si su autor se haze callado, Es por el vulgo, tan falto de ciencias. .......................................................... Y si algun error hallares mirando, Supla mi falta tu gran discrecion, Pues yerra la mano y no el coraçon, Que aqueste lo bueno va siempre buscando.

A mi ver, Luis Hurtado no habla aquí como autor, sino como mero corrector de imprenta, que era al parecer su oficio en los años juveniles. En la primera octava elogia al autor como persona distinta, y dice de él que «se haze callado», es decir, que oculta ó disimula su nombre; lo cual no puede entenderse de Hurtado, que estampa el suyo con todas sus letras al principio de los versos. Los errores ó faltas por las cuales pide perdón son sin duda las erratas tipográficas. En el mismo sentido deben entenderse las octavas acrósticas que puso en el _Palmerín de Inglaterra_ impreso en el mismo año y en la misma oficina, pues ni le pertenece la obra original, que es del portugués Francisco de Moraes, ni la traducción castellana, que reclama por suya el mercader de libros Miguel Ferrer[425]. No faltó entre sus contemporáneos quien formulara contra Luis Hurtado acusaciones de plagio. Pedro de Cáceres y Espinosa, en su biografía de Gregorio Silvestre, acusa al poeta toledano de haberse apropiado el _Hospital de Amor_ del licenciado Jiménez[426]. En todas sus obras anda mezclado lo ajeno con lo propio, y no siempre pueden discernirse bien. Dotado de más estilo que inventiva, gustaba mucho de continuar y remendar obras ajenas, como hizo con las _Cortes de la Muerte_ de Miguel de Carvajal y con la _Comedia Tibalda_, de Perálvarez de Ayllón. Pero ni siquiera esta parte de refundidor pudo tener en la _Policiana_, puesto que el texto de la segunda edición es idéntico al de la primera, que la antecedió en un año, cuando Luis Hurtado sólo contaba diez y ocho[427].

Creemos, por las razones expuestas, que el bachiller Sebastián Fernández fué único autor de la _Tragedia Policiana_, pero ninguna noticia podemos dar de su persona. El famoso libro de caballeros _D. Belianis de Grecia_, impreso precisamente en 1547, el mismo año que la _Policiana_, se dice «sacado de la lengua griega, en la cual le escribió el famoso sabio Friston, por _un hijo del virtuoso varón Toribio Fernández_»; pero siendo tan vulgar el patronímico, ninguna relación nos atrevemos á establecer entre ambas obras.

El autor de la _Tragedia Policiana_ no aspiraba ciertamente al lauro de la originalidad. Desde el título mismo declara la estrecha dependencia en que su obra se halla respecto de la tragicomedia de Rojas, mediante la introducción de un personaje episódico en aquélla, que pasa á ser capital en la obra del bachiller Sebastián Fernández: «la diabólica vieja Claudina, madre de Pármeno y maestra de Celestina». La _Policiana_ no se presenta, pues, como continuación, sino más bien como preámbulo de la _Celestina_; pero es lo cierto que la sigue al pie de la letra, con personajes idénticos, con la misma intriga y á veces con los mismos razonamientos y sentencias. Policiano y Philomena corresponden exactamente á Calisto y Melibea; Theophilon y Florinarda á Pleberio y Alisa; Solino y Silvanico á Sempronio y Pármeno; Parmenia á Areusa; Dorotea á Lucrecia, y á este tenor casi todos los restantes. Los rufianes son dos, Palermo y Pizarro, uno y otro copias de Centurio, recargadas con presencia de la _Segunda Celestina_, de Feliciano de Silva, donde también se encuentra el germen de las escenas de hortelanos, que son una de las partes más curiosas de la _Tragedia Policiana_.

Según costumbre de los autores de este género de libros, el bachiller Fernández hace grandes protestas de la pureza de sus intenciones y de su «voluntad virtuosa».

«En el processo de mi escriptura no solamente he huydo toda palabra torpe, pero avn he euitado las razones que puedan engendrar desonesta ymaginacion, porque ni mi condicion jamas se agradó de colloquios suzios ni avn mi profession de tratos dissolutos... E si algo paresciere que a los oydos del honesto e casto Lector haga offensa, crea de mí que no lo digo con ánimo desonesto, sino porque el phrasis y decor de la obra no se pervierta».

No puede negarse que el _phrasis_ y _decor_ de la obra, entendidos por el autor con aquella especie de bárbaro realismo que entonces predominaba, le han llevado muchas veces, especialmente en los coloquios de rufianes y rameras, á una licencia de expresión desapacible para oídos modernos. Pero esta licencia es relativa, y de seguro menor que la que se encuentra en ninguna de las _Celestinas_ anteriores. Las escenas de amor están tratadas con cierto recato y miramiento. Y aun en la parte lupanaria y bajamente cómica hay más grosería de palabras que deshonestidad de conceptos. La blasfemia y el sacrilegio ó desaparecen del todo ó están muy velados. Los reniegos y porvidas de Palermo y Pizarro son extravagancias inofensivas si se los compara con los de Galterio, Pandulfo y Brumandilón: «¡Por los huesos de Aphrodisia madre!», «Voto al pinar de Segovia», «Descreo del puerto de Jafa», «Reniego de las barbas de Barrabás», «Despecho del galeón del Rey de Francia», «Descreo del memorable Golías», «Juramento hago á las calendas de Grecia», «Pese á las barbas de Júpiter», «Descreo de Placida e Vitoriano», y otros no menos estrafalarios.

Fuera de algunas leves variantes que apuntaré después, la _Policiana_ es la primitiva _Celestina_ vuelta á escribir. Este servilismo de imitación la reduce á un lugar muy secundario, pero no la quita sus positivos méritos de rico lenguaje y fácil y elegante composición. Es la obra de un estudiante muy aprovechado, aunque incapaz de volar con alas propias. La contemplación de un gran modelo embarga su ánimo y no le deja libre para ningún género de invención personal. Se limita á calcar, pero no desfigura los tipos, y si la tragicomedia de Calisto se hubiese perdido, ésta sería de todas sus imitaciones la que nos diese una idea más fiel y aproximada de ella, aunque nunca pudiese sustituirla. Las obras de genio no se escriben dos veces, y su pesadumbre anonada las frágiles construcciones que quieren levantarse á su sombra y remedan en pequeño su traza exterior.

Pero aun este género de reproducción tiene su mérito cuando es inteligente y no mecánica tan sólo. El autor de la _Policiana_ comprendía lo que imitaba y se esfuerza por conseguir algo de la rica plasticidad, del franco y sabroso diálogo y aun de la intensa virtud poética del drama de Rojas. Un eco de la apasionada elocuencia y del rendimiento amoroso de Melibea resuena, aunque muy atenuado, en las palabras de Philomena: «Cauallero, ya no es razon que se dissimule y passe en secreto lo que mis apassionados desseos tan á la clara publican; porque si las tinieblas de la noche no impidieran tu vista, en mis señales públicas conoscieras mis congoxas secretas. Algunos dias han passado despues que tus cartas e amorosos mensages recibi, en que mis captivas fuerças han rescebido muy rezios golpes e yo varonilmente contra ellos he peleado. Pero al fin, si como tengo el coraçon de carne le tuuiera de un rezio diamante, no dexara de caer de mi voluntad en la tuya: tal ha seydo el combate que en mi coraçon he sentido. Finalmente, estoy rendida a tu querer, porque eres quien en mis ojos más meresces de los nascidos. Ordena, Señor mio, como nuestros apassionados desseos ayan aquel effecto que dessean, porque hasta esto ningun momento passará que para mí no sean mil años de infernal tormento. Las fuertes rexas de estas ventanas impiden el remate de nuestros sabrosos amores. La mañana paresce que comiença a embiar sus candidos resplandores por despidientes mensajeros de nuestro gozo. Toma, señor mio, la possession de mi voluntad, e della e de mí ordena de manera que mi passion se afloxe y la tuya se acabe, e si te paresciere, para la noche venidera se quede el concierto por las cercas de esta nuestra huerta, por la parte donde el rio bate en ellas[428], que es lugar más sin sospecha e donde yo estaré esperando tu venida no menos que mi desseada libertad» (Acto XX).

En las escenas del jardín, la musa lírica contribuye, como en Rojas, á idealizar el cuadro misterioso y poético de la entrevista nocturna. Es muy feliz, sobre todo, la evocación del romance viejo de _Fontefrida_, que canta el paje Silvanico, y al cual se alude en otro pasaje de la tragedia: «Veemos que entre los animales que de entendimiento carescen, este amor matrimonial está esculpido, pues las tortolicas passan su vida contentas con una sola compañia. E si aquélla muere, la que queda no beue más agua clara, ni se pone en ramo verde, ni canta ni haze señal de alegria, señalando la cuitadica quán dura cosa es perder su dulce compañia» (Acto XI).

Poco hay que advertir en cuanto á los caracteres. Claudina no merece el título de maestra, sino de humilde discípula de Celestina. Tiene un grado más de perversidad, puesto que hace infame tráfico con su propia hija Parmenia, y parece más rica, puesto que alardea de sus «sábanas randadas», de sus «manteles de Alemania», de sus «tapices de Flandes». En las artes diabólicas es fiel trasunto de su amiga. Tiene como ella un demonio familiar á quien invoca con horrendos conjuros y pavorosos sacrificios: «Ora, hijo Siluano, es menester que me traygas, para hazer vn conjuro, una gallina prieta de color de cueruo, e vn pedaço de la pierna de un puerco blanco, e tres cabellos suyos cortados martes de mañana antes que el sol salga, e la primera vez que cabe ella te veas, despues que los cabellos la ayas quitado, pondras tu pie derecho sobre su pie izquierdo, e con tu mano derecha la toca la parte del coraçon, e miranla en hito sin menear las pestañas la diras muy passo estas palabras: Con dos que te miro con cinco te escanto, la sangre te beuo y el coraçon te parto[429]. E echo esto, pierde cuydado, que luego verás marauillas» (Acto XVI).

Hay un personaje de la tragicomedia antigua que está presentado con cierta novedad en la _Policiana_. Es Theophilón, el padre de Philomena. No se duerme en la ciega confianza de Pleberio, sino que se muestra desde el principio receloso guardador de la honra de su casa, y muy sobre aviso de los peligros que puede correr la virtud de su hija: «Hija mía, lumbre de mis ojos, báculo de mi cansada vejez, más noble es preservar al hombre para que no cayga que ayudarle a levantar despues de caydo. No permita Dios, hija de mi coraçon, que en tus costumbres yo aya conoscido alguna falta que de castigo sea digna, pero no te deue dar pena si yo como padre y viejo y experto en los trabajos que el tiempo cada día descubre, te dé auiso como sepas defenderte de ellos, sin lesion del ánima _y de la fama que tus pasados cobraron_» (Acto X).

El sentimiento del honor, que es el alma de tantas creaciones de nuestros poetas dramáticos del siglo XVII, tiene en Theophilón uno de sus primeros intérpretes. Sentencia suya es que «la mácula de las illustres doncellas todo un reino deja manchado de infamia» (Acto X).

En el notable diálogo que tiene con su mujer (acto XXIII) habla como un personaje calderoniano: «El crimen de liuiandad en la mujer no se ha de castigar sino con la muerte, e qualquier castigo que éste no sea no es sino una licencia para que sea mala con la facilidad de la pena».

Los sobresaltos de su honra tienen á veces muy enérgica expresión: «Oh canas ya caducas! Oh años desdichados! Oh pobre viejo, para que veniste al mundo?... Qué haré? Si descubro lo que siento y lo quiero castigar, poco castigo es que esta ciudad se abrase. Pero si lo dissimulo por quitar los paresceres del vulgo, vendrá en términos mi honrra que se acabe con mi vida. Oh mis fieles criados, dezid me qué haga o tomad este puñal e dad con él fin a mis dias!» (Acto XXVI).

D. Gutierre Alfonso de Solís y D. Lope de Almeida se encierran en impenetrable monólogo y no dan parte de tales cuitas á sus criados, pero el fondo de su alma es idéntico, salvo la diferencia que va del padre al marido. «Qué bien tiene quien de honrra caresce? pues qué honrra tiene quien liuiana hija ha criado? pues un hombre deshonrrado como biuirá sossegado?».

Theophilón interesa en su calidad de padre vengador, pero la catástrofe es disparatadísima. El buen viejo tenía enjaulado un león, como pudiera tener un perro, y sus hortelanos le sueltan por la noche «para que espante las zorras que andan entre los árboles». Acude Policiano á la segunda cita con su amada, y el león le hace pedazos. Cuando Philomena encuentra muerto á su amante, hace una prolija lamentación sobre su cadáver y se mata con la propia espada de Policiano.

Todo este pasaje es una mala imitación de la fábula de Píramo y Tisbe, tal como se lee en el libro IV de las _Metamorphoses_ de Ovidio (v. 55-165). El bachiller Fernández, que debía de estar recién salido de las aulas con la leche de la retórica en los labios, creyó que esta historia trágica cuadraba á maravilla para final de la suya, y sin vacilar transportó á Toledo la leona de los campos de Babilonia, cuyas huellas cerca de la tumba de Nino indujeron á fatal error á los dos enamorados jóvenes prez de Oriente:

Venit ecce recenti Caede leaena boum spumantes oblita rictus, Depositura sitim vicini fontis in unda.

(V. 96-99).

La imitación es visible, sobre todo en las últimas palabras de Philomena comparadas con las de Tisbe:

Pyrame, clamavit, quis te mihi casus ademit? Pyrame, responde: tua te carissima Thisbe Nominat: exaudi, vultusque attolle iacentes. .......................................................... Quae postquam vestemque suam cognovit, et ense Vidit ebur vacuum; Tua te manus, inquit amorque Perdidit infelix. Est et mihi fortis in unum Hoc manus: est et amor, dabit hic in vulnera vires. Persequar extinctum: letique miserrima dicar Causa comesque tui: quique a me morte revelli Heu sola poteras, poteris nec morte revelli. Hoc tamen amborum verbis estote rogati, O multum miserique mei illiusque parentes, Ut quos certus amor, quos hora novissima iunxit, Componi tumulo non invideatis eodem.

(V. 142-157).

Los versos de Ovidio son bellísimos y tienen una concisión rara en él. A su lado hace pobre figura la prosa del imitador, pero su filiación no puede negarse[430].

Otra de las curiosidades de la _Tragedia Policiana_ es la introducción de dos hortelanos, Machorro y Polidoro, que hablan en lenguaje rústico, con extraños modismos y formas villanescas, que creemos dignas de la atención del filólogo; como también el vocabulario agrícola que ellos y su amo Theophilón usan, y que habrá de confrontarse con el de Gabriel Alfonso de Herrera y demás autores clásicos en esta materia. Reimpresa en el presente volumen la _Policiana_, que era punto menos que inaccesible, podrán hacerse sobre ella los estudios analíticos que cada uno de estos libros requiere, y que de ningún modo caben en el estrecho marco de una introducción.

Un solo año, el de 1554, vió aparecer dos nuevas _Celestinas_, una en Medina del Campo, otra en Toledo. Titúlase la primera _Comedia Florinea_, y fué su autor el _Bachiller Joan Rodriguez Florián_, según declara la portada de algunos ejemplares, y la dedicatoria de todos, aunque suprimido el _Florián_: «El Bachiller Ioan Rodriguez endereçando la comedia llamada Florinea a vn especial amigo suyo, confamiliar en el estudio, absente»[431]. Tarea predilecta de bachilleres parecía la de componer _Celestinas_, sin duda por asemejarse á Fernando de Rojas en el empleo de sus vacaciones. Pero no bastaba el grado universitario para comunicarles la virtud poética de aquel bachiller primero y único, y fué Rodríguez Florián de los que menos se acercaron al insuperable modelo. Su labor, toda de imitación y taracea, revela un talento muy adocenado y es de una prolijidad insoportable. Nada menos que cuarenta y tres actos ó escenas larguísimas tiene, y todavía promete una segunda parte, que afortunadamente no llegó á escribir ó á publicar.

Las bodas del buen Floriano esperando Para otro año de más vacacion, Adonde la historia tendrá conclusion, A Dios dando gracias, allá nos llegando.

De la primitiva _Celestina_ aprovechó menos que otros, salvo los datos capitales de la fábula y algunos rasgos en el carácter de la alcahueta Marcelia[432]. Todo lo demás procede ó de la _Comedia Thebayda_ ó de la _Segunda Celestina_ de Feliciano de Silva, aunque sin la brutalidad de la primera ni el interés novelesco de la segunda. El don Berintho, duque de Thebas, se encuentra puntualmente reproducido en el caballero Floriano, duque también y poderoso señor de vasallos, venido de lejanas tierras, que tiene á su servicio «catorce mozos de espuelas y quince escuderos, y otros tres tantos continos y otros tres tantos oficiales y una chusma de pajes»[433], personaje, como se ve, de más categoría que Calisto. Enamorado románticamente de la doncella Belisea por la fama de su hermosura y por un retrato que en secreto manda sacar de ella, cae en una extraña pasión de ánimo, busca en la soledad y en la música alivio á sus melancolías, y retraído continuamente en su aposento, cierra los oídos á las advertencias y consejos de su viejo criado Lydorio, que es el personaje predicador de la pieza, como el insoportable Menedemo de la _Thebayda_, puesto que sería demasiado favor compararle con el sabio y prudente Eubulo de la _Tragicomedia de Lisandro_. Floriano tiene á sueldo, por de contado, varios rufianes de lengua soez, manos cortas y pies de liebre, entre los cuales sobresalen dos, llamados Felisino y Fulminato, copias serviles de Galterio y Pandulfo, sin más originalidad que algunos juramentos y bravatas nuevas[434]. Manceba de Fortunato es cierta viuda depravada é hipócrita[435], la cual viene á representar en la nueva fábula un papel más semejante al de la Franquila imaginada por el anónimo de Valencia que al de Celestina, harto machucha para ser heroína de amorosos tratos y no solamente medianera en ellos[436]. Marcelia, que tal es el nombre de la equívoca tercera, con visos de primera en ocasiones, toma por su cuenta los amores de Floriano y encamina la intriga por los mismos pasos que hemos visto hasta la saciedad en este género de comedias novelescas. La romería de Nuestra Señora de Prado recuerda inmediatamente una situación análoga de la _Thebayda_. Pero el bachiller Florián procede con mucho más decoro y pulcritud. La noble Belisea, cauta y reflexiva, se defiende bien en las dos entrevistas del jardín, mostrando menos pasión que deseo de un casamiento ventajoso[437]. Su doncella Justina, pizpireta y desenvuelta, procede con menos recato en sus coloquios con el paje Polites, pero todo tiene feliz y apacible término con los matrimonios clandestinos de ama y criada, por lo cual la pieza se intitula _comedia_ y no _tragicomedia_, al revés de los libros de Rojas, Sancho Muñón y Sebastián Fernández.

El carácter mejor trazado de la obra es sin disputa el de Lucendo, padre de Belisea. Así como el Theophilón de la _Policiana_ representa la desconfianza, el punto de honra vindicativo y celoso del honor doméstico, así Lucendo, no menos honrado y respetable que él, fía ciegamente en la virtud de su hija, y el amor paternal se sobrepone en él, de un modo tierno y simpático, á todo interés, á toda sospecha, á todo recelo (escenas XXII y XXVI).

Los aciertos en la parte seria de la _Florinea_ no son raros, aunque tengan poco de originales. Como todas estas comedias de estudiantes y bachilleres, abunda en temas retóricos, desarrollados con pueril alarde, pero no llega á las horribles pedanterías de la _Thebayda_. Ya en la escena quinta encontramos «grandes pláticas» sobre la fuerza del amor y sobre los vicios y virtudes de las mujeres. En la escena XXVIII hay un largo razonamiento sobre la _amicicia_ en estilo que recuerda mucho el de Fr. Antonio de Guevara[438]. Entre Belisea, Justina y Marcelia pasan largos razonamientos «sobre los bienes y males que ay entre los casados» (escena XLII). Y á este tenor otras digresiones, que se leen sin fastidio por el buen sabor de la lengua, pero que son una sarta de lugares comunes. Algunos pasajes, como aquel en que Lydorio se queja de la triste condición de los servidores de los grandes y del mal pago que sus amos les dan (escena XXXVII), pueden tener, sin embargo, algún interés histórico[439].

Las cartas de amor que la _Florinea_ contiene son afectadas y declamatorias, como casi todas las que se hallan en nuestras novelas antiguas. Quizá el gusto de la _Cárcel de Amor_ influía en esto. El diálogo es mejor, pero comienzan á notarse síntomas de flojedad y cansancio, sobre todo en la parte cómica, que es pesada, insípida y fríamente indecorosa. Los chistes son forzados, las situaciones vulgarísimas, y el ánimo menos severo acaba por empalagarse de tanta prostitución y bajeza. Si la _Florinea_ no contuviese más que las repugnantes aventuras de Marcelia, de su hija Liberia y su sobrina Gracilia, de los dos rufianes, del despensero de Floriano, de los pajes Grisindo y Pinel y del estudiante escondido en la nasa, por ningún concepto podría disculparse su exhumación. Pero no todo es de tan depravado gusto. La fábula principal, aunque de endeble contextura, está presentada con cierto arte, y las escenas entre los dos amantes respiran cortesía y gentileza. Rasgos hay en la salida matinal de Belisea al campo que recuerdan _El Acero de Madrid_ y otras comedias análogas de Lope[440], de cuyo teatro es digna también la bizarra escena en que Floriano mata un toro á vista de su amada[441].

Hay en la _Florinea_ algunos versos líricos, bastante mejores que los de la _Thebayda_, pero del mismo género y estilo, que es el de las antiguas coplas castellanas, sin mezcla de endecasílabos. Figuran entre ellos romances, letras y motes con sus glosas, una _lamentación_ en coplas de pie quebrado á manera de las de Garci Sánchez de Badajoz (pág. 203) y una _contemplación de Floriano en absencia de su señora_ trovada en quintillas dobles con mucha soltura:

Vos, dama, soys mi esperança, Vos mi muerte, vida y gloria, Vos mi bienauenturança, Vos de mis males bonança, Vos pinzel de mi memoria. Yo sin vos soy el perdido, Yo sin vos el que más muero, Yo sin vos el mesmo olvido, Yo sin vos el mal nascido, Yo sin vos quien mal me quiero.

Vos sin mí de más valer, Vos sin mí más sublimada, Vos sin mí soys de querer. Vos sin mí soys de temer, Vos sin mí soys adorada. Yo por vos soy muy dichoso, Yo por vos quien resuscita, Yo por vos vanaglorioso, Yo por vos el más gozoso Que en casa de amor habita...

Pero la más notable de estas poesías, bajo el aspecto métrico y musical, es una danza ó _pavana_ que Floriano compone y tañe á la vihuela en celebridad de sus bodas. La estrofa, que suponemos inventada por el bachiller Rodríguez, es anterior en diez años á las tentativas de rimas provenzales y francesas de Gil Polo. Consta de cuatro versos de doce sílabas, dos de seis y uno de nueve. Véase este curioso _specimen_ de ritmo _modernista_:

Vos soys, Belisea, mi gloria cumplida, Mi bien todo entero, mi nueva esperanza; Por veros ya muero con tanta tardança, Por ver que la hora aun no es ya venida; Al tiempo maldigo, Pues vsa conmigo Con su tardança de enemigo.

Ay, quándo podré yo verme en la gloria De aquel parayso de vuestro vergel! Dichosas las plantas que vos veys en él, Mas yo más que todos en vuestra memoria, Mas ay, que hora veo Que muy poco creo Del bien que en vos halla mi desseo.

Vos sola soys gloria por vos merescida, Pues otro ninguno no ay que os merezca; Vos soys de las damas la más escogida, Dichoso el amante que por vos padezca; Mas ay, si yo fuese Quien solo os siruiesse Y solo quien por vos muriesse.

Vos soys el retracto del summo poder, Que Dios ha mostrado en las criaturas; Angélica imagen que acá en las baxuras Ensalçais a Dios en tal os hazer; Soys solo una A quien fortuna Obedece desde la cuna.

Vos soys mi prision y mi libertad; Yo vuestro captiuo, y tan venturoso, Que es tanta mi gloria, que hablarla no oso Porque es offendida vuestra majestad; Ansí yo callo El bien que hallo En ser vuestro libre vasallo.

Vos soys paradero de mis pensamientos; Vos soys el pinzel con que mi memoria Esculpe en mi alma tal contentamiento, Que en vos halle objecto de su mayor gloria, Pues con gran razon El mi coraçon Descansa en tal contemplacion.

(Pág. 307).

El autor de la _Florinea_ era valisoletano, ó por lo menos en Valladolid residía cuando compuso esta obra dramático-novelesca, cuya acción se desarrolla en aquella ciudad, con gran copia de alusiones locales: á la Puerta del Campo, á la Cal Nueva, á San Benito, San Pablo, Nuestra Señora del Prado, San Julián, la Trinidad y otras iglesias. También se habla de «la estatua de Don Pero Añiago (ó Miago), del hospitalejo de Sanct Esteuan». (Pág. 261), curiosa antigualla folklórica que sirvió de tema á una comedia de Luis Vélez de Guevara, atribuída por error á D. Francisco de Rojas. Aun en el lenguaje se nota algún modismo propio del habla familiar de aquella parte de Castilla la Vieja, como el uso transitivo del verbo _quedar_[442].

El estilo de la _Florinea_ es terso y puro, pero carece de vigor y animación, no sólo comparado con la _Celestina_ primitiva, como ya observó Ticknor, sino con la mayor parte de las secundarias. No iguala á la _Selvagia_, ni siquiera á la _Policiana_. La prosa del bachiller Florián es demasiado fácil, redundante y desaliñada. Pero la riqueza de su lenguaje familiar y el desenfado de su sintaxis la hacen digna de salir del olvido, y en tal concepto la hemos reimpreso, no como libro de amena recreación (que ciertamente no lo es), sino como pieza de estudio para gramáticos y lexicógrafos, que encontrarán en ella un caudal no despreciable de idiotismos.

Mucho más vale la _Selvagia_[443], y de seguro la hubiéramos preferido á no existir ya una reimpresión moderna, bastante correcta y fácil de adquirir[444]. El estudiante toledano que á los veinte años la compuso era escritor de raza, y ya en este ensayo juvenil y algo liviano manifiesta las excelentes dotes que habían de darle muy señalado lugar entre los prosistas del mejor tiempo de nuestra lengua. Llamábase el tal Alonso de Villegas Selvago, siendo quizá el Selvago un sobrenombre meramente poético, pues no volvió á usarle en las obras de su edad madura, y coincide además con el del protagonista de su comedia, en quien manifiestamente quiso representarse á sí propio, como á su amada en la heroína, á la cual ni siquiera cambió el nombre. Ya en la portada estampa el suyo, acompañado de la calificación de «estudiante». Seríalo probablemente en la modesta Universidad de Toledo, algo oscurecida por el radiante foco de la vecina Alcalá, aunque tuvo sus días de esplendor con preceptores tan doctos como los Cedillos y Venegas, y más adelante con los Scotos y Narbonas. En unos versos acrósticos puestos al principio del libro, según la costumbre de sus predecesores, constan la edad, la patria y otras circunstancias de nuestro autor: «Alonso de Villegas Salvago compuso la _Comedia Selvagia_ en servicio de su señora Isabel de Barrionuevo, siendo de edad de veinte años, en Toledo, su patria». Habría nacido, por consiguiente, en 1534, y al mismo resultado nos conducen otras fechas que fué consignando en sus obras posteriores, como luego veremos.

Aunque el autor de la _Selvagia_ imita muy de propósito á Fernando de Rojas[445], también paga largo tributo al «magnífico caballero Feliciano de Silva, radiante luz y maravilloso exemplar de la española policía», cuya influencia se siente ya en las disparatadas coplas preliminares:

Gozando sus gozos te muestra gozoso, Y goza los gozos que goza su parte, Adonde gozando por gozo tal arte, En gozo te goza con gozo sabroso.

Cuanto hay de malo en el estilo de la _Selvagia_ puede atribuirse al contagio de la prosa de Feliciano, cándidamente admirado por el joven escolar. Pero le sirvió de saludable antídoto la lectura reflexiva del admirable original primero, y el ejemplo más reciente de la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_, en la cual él solo parece haber fijado la atención[446]. El rufián Escalión de la _Selvagia_ se declara hijo de Brumandilón (pág. 237) y lo parece tanto en sus hechos como en sus palabras. También se alude á la muerte de Elicia (pág. 236).

Titúlase la _Selvagia_ comedia, y no tragicomedia, lo cual tratándose de este género de obras, quiere decir tan sólo que tiene el final no trágico ni lastimero, sino matrimonial y festivo. Pero con más razón que otras pudo llamarse _comedia_, porque es más dramática que ninguna de las _Celestinas_, á excepción de la primitiva, y precisamente en serlo se cifra su mayor mérito y su relativa novedad. Alonso de Villegas imaginó una fábula propia del teatro, la dió ingenioso principio é inopinado desenlace, la exornó con agradables peripecias y en desarrollar su plan se mostró más hábil que sus contemporáneos Sepúlveda, Lope de Rueda, Timoneda y los demás autores de comedias en prosa influidas por el arte italiano. Puede decirse que adivinó mejor que ninguno de ellos lo que había de ser la futura comedia de capa y espada. La _Selvagia_, que es una de las _Celestinas_ más breves, pues consta sólo de cinco actos, divididos en corto número de escenas, hubiera podido sin gran esfuerzo reducirse al marco teatral, y su autor la creía representable, como se infiere de las últimas palabras que pronuncia el enano Risdeño: «Yo, Risdeño, hombre de bien aunque chiquillo de cuerpo, amigo de todos aquellos que mi bien desean y mi provecho procuran, pidiendo por las faltas cometidas el debido perdón, acabo de representar la comedia llamada _Selvagia_» (página 291).

El _argumento de la comedia_ dice de esta suerte:

«Un caballero llamado Flerinardo, generoso y de abundante patrimonio, vino de la Nueva España en esta ciudad, donde un dia por ella ruando, como acaso pasase por casa de un caballero anciano llamado Polibio, de una fenestra della vido una fermosa doncella, de la qual excesivamente fué enamorado. Pues como le fue dicho el tal Polibio tener una muy apuesta hija, cuyo nombre era Isabela, y la tal fenestra fuese de su aposento, creyendo ser la mesma Isabela la que visto habia, por caballero de su amor se intitulaba. Donde, dando parte a un gran amigo suyo, caballero de ilustre prosapia, llamado Selvago, de su crescida pena, sucedió que el mesmo Selvago, teniendo deseo de ver quién á su amigo tan subjeto y captivo le tenia, cumpliendo un dia su propósito y viéndola, no pudiendo su libertad someter á lo que á la verdadera amistad de Flerinardo debia, grandes culpas y mortales deseos á su causa padesce, tanto que fue puesto en grave enfermedad. Pues veniendo su gran amigo Flerinardo en presencia de su hermana Rosiana llamada, á visitarle, conoció que la tal Rosiana era la que en la fenestra de Polibio habia visto, y no Isabela, como se pensaba, porque acaso, como hubiese amistad entre las dos doncellas, aquel dia se habian juntas recreado; lo cual como á Selvago fuese dicho, con excesivo placer, porque abiertamente osaria amar á Isabela, de su tan grave enfermedad fue sano, donde poniendo en el negocio una vieja astuta, cuyo nombre era Dolosina, cumplieron enteramente sus deseos, siendo primero desposados por palabras de futuro, lo que de á poco, con licencia de sus padres, se puso por obra, pasando lo mesmo de Flerinardo con Rosiana. Pues estando el dia que las bodas se solenizaban con gran regocijo, vino un maestro de la Nueva España, que habia sido de Flerinardo, el cual declaró cómo el mesmo Flerinardo era hijo único de Polibio, padre tambien de Isabela, que de chico, con un tio suyo, en aquellas tierras se habia partido; con las quales nuevas todos muy gozosos, quedando dos hermanos con dos hermanas juntos en matrimonio, se dará fin á la comedia».

Tenemos aquí, como se ve, los principales incidentes de una comedia de amor é intriga del siglo XVII, que si por la crudeza de algún detalle no cuadraría bien á la severa musa de Calderón, pudiera figurar sin violencia en el repertorio de Tirso de Molina, donde abundan los desposorios clandestinos y los matrimonios consumados entre bastidores. Dos parejas enamoradas, confusión de una dama con otras, galantes coloquios por la ventana, historias novelescas de hijos perdidos y encontrados, intervención de personas que han estado en el Nuevo Mundo. La combinación de estos recursos con los que ofrecía la tradición celestinesca remoza un tanto el viejo y ya gastado tema. El reconocimiento ó _anagnorisis_ final procede del teatro de Plauto ó de las comedias italianas del Renacimiento.

No puede negarse, sin embargo, que la mayor parte de las escenas de la _Selvagia_ son copia diestra y bien entendida, pero copia al fin, de la tragicomedia de Calisto. En los caracteres es poco lo que se añade ó modifica, salvo la duplicación del caballero y de la dama y la aparición de dos figuras secundarias trazadas con bastante acierto, Valera, el ama de leche de Isabela, y el enano Risdeño.

El ama Valera, que se parece poco á la nodriza de Julieta, salvo en su locuacidad impertinente, es una embaucadora que explota á la enamorada doncella, sacándola muchas y ricas joyas so pretexto de un fingido conjuro. Pero su papel es muy secundario al lado de la famosa hechicera Dolosina, hija de Parmenia y nieta de Claudina, por donde esta pieza viene á enlazarse con la _Policiana_. Para dar alguna novedad á este tipo obligado, el autor, que relata su historia por boca del rufián Escalión, la hace viajar por diversas partes y regiones «hasta que teniendo su asiento en Milán, la buena vieja (Parmenia) dió fin á sus días, quedando la hija huérfana y en extraña tierra, aunque no por eso perdió la realeza de su ánimo, que con lo que al presente de hacienda tenía, dió consigo en París, abriendo su tienda y mostrando sus mercaderías á la Corte francesa. Tomando, pues, allí conocimiento con cierto nigromántico, su arte muy por entero la enseñó, saliendo en él tan famosa maestra quanto el delicado entendimiento de una mujer es bastante. No contenta mucho con tal nacion, en España pretende tornar, y visitando las principales ciudades della, aquí en su propia tierra fué tornada; donde habiendo salido muy niña y fermosa, vieja y disforme volvió. Fué, pues, desde poco aquí casada con un fanfarron llamado Hetorino, mi amigo especial, con quien agora bien contenta y gozosa vive. Tienen allí cerca el rio una casa con dos puertas y dos moradas, donde él enseña á esgrimir algunos gentiles-hombres en la una, y ella á labrar mozas en la otra, ordenándose, entre las dos casas de discípulos, no pocos (antes muchos y muy grandes) malos recaudos entre dia. Es asimesmo la vieja la más subtil y taimada alcahueta hechicera que en nuestros tiempos, ni aun creo que en los pasados, se hallará; pero no sólo con sus palabras y conjuros ablanda los muy duros corazones, mas aun con su meneo y visaje os hace venir las manos atadas á conceder en su propósito y voluntad. Muchas veces, como su marido me ha dicho, con el arte de nigromancia que aprendió, delante dellos se torna invisible, y desde algun tiempo da señas verdaderas de lo que pasa en muy diversas tierras; tiene tambien poder de convertirse en animales y aves, con que no sólo hace sus hechos, mas aun se defiende de quien su mal procura, porque, como dicen, ó _demo_ á los suyos quiere. Es fama que tiene muy gran tesoro, aunque el lugar está celado, mas por ello la insaciable hambre de la codicia nunca olvida, antes siempre, confesándose por pobre, por una moneda de plata hará, como dicen, ciribones (?). Tiene á la continua en su casa dos mozas de buen parecer para alivio de cuitados que sus aventuras buscan, que tan bien amaestradas la dueña honrada las tiene, aunque de pocos dias, que al triste que en sus manos cae, no solo con sus fingidos halagos lo que encima tiene le da, mas aun la palabra por prenda de más les dexa empeñada. Esta, pues, de quien, señores, habeis oido, es la dueña por quien me habeis preguntado, de quien con razon se podría decir que lo que en la leche mamó, en la mortaja mostrará» (pp. 115-116).

El tipo, como se ve, está gallardamente trazado, mezclando reminiscencias del _Asno de oro_ con otras de la _Celestina_. Pero en el desarrollo de la intriga para nada se aprovecha la idea de las transmutaciones mágicas. El conjuro es tan pedantesco y tan remoto de las auténticas supersticiones populares, como todos los que hemos visto en obras anteriores, exceptuando la _Lozana_, que en este punto, como en todos, tiene la exactitud material de la fotografía. La _Dolosina_ de Alonso de Villegas se atiene á la farmacopea tradicional en las de su oficio, desde la maga Erichto de Lucano: «el olio infernal, las candelas del cerco, el ídolo de arambre juntamente con la bujeta del ungüento serpentino, la lengua del ahorcado, los ojos del lobo cerval, la espina del pez rémora, los testículos del animal castor, el pedazo de carne momia, y las taleguillas de las hierbas del monte Olimpo que truxiste el dia de Mayo». (Pág. 151). ¡Buen aparato para una bruja toledana del siglo XVI! Fernando de Rojas había pecado en esto, y sus discípulos se creyeron obligados á seguirle al pie de la letra, aunque padeciese la verisimilitud material y moral que casi siempre observan en la pintura de costumbres.

El enano Risdeño es creación bastante donosa, que parece sugerida por análogos personajes del _Amadís de Gaula_ y otros libros de caballerías, aunque á veces no tengan más carácter cómico que el que nace de la pequeñez de su estatura en contraposición con los gigantes, endriagos y vestiglos que en tales narraciones pululan. La figura poética y aérea de Risdeño; su jovialidad fresca y viva; su infantil afectación de valor[447], más positivo, sin embargo, que el del rufián Escalión; la sutileza de ingenio con que hace la apología de los de su talla y enumera metódicamente sus excelencias[448], prestan cierto encanto humorístico á las escenas donde interviene, que son las mejores de la obra.

D. Bartolomé Gallardo, demasiado severo en esta ocasión, tacha de afectada y relamida la prosa de la _Selvagia_, y Ticknor dice que el diálogo abunda en ridículas pedanterías. Esto último es innegable, y se explica bien por los pocos años del autor, por su condición de estudiante ávido de ostentar su corta ciencia y por el ejemplo de las _Celestinas_ anteriores, todas más ó menos contaminadas de pedantismo. Desde la primera _cena_ encontramos citadas la _Ulixea_, la _Eneida_ y los _Metamorfoseos_, y además á Platón, á Valerio Máximo, al Petrarca y á Boccaccio. Pero el autor predilecto es Ovidio, de cuyos _Remedia Amoris_ se presenta un extracto[449], añadiendo un remedio más, tomado de la _Silva_ de Pero Mexia. El rufián Escalión jura «por la metafísica de Aristóteles» (pág. 31) y se jacta de haber dado muerte á dos contrarios suyos «con dos heridas terribles, que Héctor, ni aun su hijo Astianax, el que Ulixes despeñó de una torre, no las hicieran». (Pág. 50). Apéase Selvago en el zaguán de la casa de su amigo Flerinardo, y éste exclama: «Tan saludable sea para mí su venida como la de Cincinato al afligido pueblo». (Pág. 56). La doncella Isabela discurre sobre los cuatro elementos y sobre la creación del _soma_ ó cuerpo humano (pág. 66).

En esto no cabe excusa, pero puede haberla en cuanto á la prosa, que si es enfática y amanerada en los trozos de aparato, como razonamientos y cartas, es viva, natural y sabrosa en la mayor parte del diálogo, sobre todo en boca de los personajes secundarios. Es cierto que hay páginas enteras donde un hipérbaton violento y risible, acompañado de estúpidos juegos de palabras y metáforas incoherentes, enmaraña la sintaxis de Alonso de Villegas y le hace en sus declamaciones digno émulo de Feliciano de Silva. ¿Quién esperaría nada bueno de un libro que comienza así?:

«Resuenen ya mis enormes y rabiosas querellas, rompiendo el velo del sufrimiento con que hasta hoy han sido detenidas. Penetren los encumbrados cielos mis fuertes y congojosos clamores, forzando su fuerza sin ella por haber sido forzada con acaescimiento tan desastrado y fuerte. Maticen los delicados aires mis muchas y dolorosas lágrimas, de miserables y profundos suspiros esmaltadas. Descúbranse los furibundos alaridos, quebrantando los claustros y encerramientos que tanto tiempo han tenido; esparzan con su ligero ímpetu las delicadas exhalaciones de que el no domable corazón solie ser cercado... Dolor, angustia y pena procuren de hoy más mi compañía; quieran con querer lo que mi contraria ventura no queriendo quiso. Apercíbase mi pequeña fortaleza para tan horrenda batalla como comenzar quiere; descubra sus insignias y estandartes de clemencia, poniéndose los soldados de servicios en alarde de rompimiento. Resuenen los roncos atambores con querellosos zumbidos; los tiros mensajeros penetren con fuertes dislates los túrbidos vientos y municiones de majestad contraria; los ligeros dardos y tajantes espadas con desvíos consuman los míseros combatientes; inquira el fuerte caudillo del ingenio nuevas y exquisitas maneras de combates, para que pueda venir en algún próspero suceso su fluctuoso partido» (pp. 1 á 3).

La primera carta de amor de Selvago á Isabela consta sólo de dos cláusulas: la primera tiene treinta líneas. «Así como los pequeños hijos de la caudalosa real ave, puestos á los radiantes rayos del lúcido Febo, para que verdaderamente sean tenidos por legítimos y propios hijos de la tal madre, con grande admiración ocupan la vista en aquella prefulgente luminaria, sin tener parte para de allí ser apartados por el crecido amor mezclado de grande admiración, que tan fijo en ella pusieron, de la mesma manera, excelente señora, mi flaco y débil entendimiento puesto delante tu claro y lúcido aspecto, para que su sér claramente demostrase que parte de humano en sí tenía, de temeroso y crecido temor ocupado, los líquidos y delicados aires con profundos alaridos esmalta, sin que las continuas suasiones de su madre, la Razón, de tal espectáculo apartarlo puedan, no dexo de sentir, como humano, seráfica dea, la cruda y muy temerosa contienda que dentro de mí siento encrudelecerse, despues que mis ojos fueron con tu divina vista clarificados, etc., etc.».

Si toda la _Selvagia_ estuviese escrita en semejante estilo, sería por cierto una rapsodia abominable, aunque curiosa para demostrar que las peores aberraciones del culteranismo tenían antecedentes en la literatura del siglo anterior. Afortunadamente, no todo es de este gusto. A renglón seguido de la lectura de la carta entra en escena el ama Valera, hablando en el puro y castizo romance de Toledo:

«Enhorabuena vea yo la cara de oro y perlas preciosas, fresca como las flores de Mayo. Hija Isabela, en Dios y en mi conciencia, que de cada dia más te vas tornando una emperatriz en fermosura. Santa Pascua fué en domingo si no me pareces una Verónica y retrato de San Miguel, el ángel que está en mi perrochia en unas andas de oro». (Pág. 75).

¡Con qué suave maña sonsaca á la enamorada Isabela lo que necesita para el supuesto conjuro!: «Lo primero son necesarias dos palomas de color de ñeve para sacarles la hiel, que es cosa en esto muy aprobada; ansimesmo un cabrito tierno y de buen tamaño; dos gallinas prietas cresticoloradas; dos quesos de Mallorca ó de los de Pinto; dos docenas de huevos de ánsar con algunas madrecillas; dos cangiloncillos de hasta cuatro ó seis azumbres de lo de San Martin ó Monviedre, y ansí finalmente, dos monedillas de oro bermejo; que si tú desto me provees, verás maravillas». (Pág. 87).

Los personajes nobles, como Polibio y Senesta, padres de Isabela, y la madre y la hermana de Selvago, expresan sus afectos con la grave dignidad propia de la antigua familia castellana:

«_Funebra._--Hijo mío, descanso de mi atribulada vejez, ¿qué sentis? ¿qué mal es el vuestro, que mi ánima, despues de lo saber, ningun descanso ha tenido? Por vuestra vida, mi amor, que me lo digais, que si vos en el cuerpo lo sentís, yo en el ánima lo padezco, por causa de ser vos en quien mi vida, despues de la muerte de vuestro padre, está pendiente...

«_Ros._--Señor hermano, si por ser yo la persona que más en esta vida con razon os ama, la causa de vuestra poca salud me descubriésedes, no sería pequeña la merced que de vos recebiría, porque no sólo tendríades en mí quien en igual grado que vos vuestro mal sintiese, mas en ello hasta la muerte trabajaría, buscando la medicina en vuestra pena más conveniente». (Pág. 103).

Tal es el estilo habitual de la _Selvagia_, y por él debe juzgársela. Todo lo demás son _arias de bravura_ que se repiten mecánicamente. A tales altibajos hay que acostumbrarse en nuestros libros antiguos, y quien no vea el anverso y el reverso de la medalla no llegará á estimarlos rectamente. Alonso de Villegas, sazonado y picante en las burlas, discreto y á veces afectuoso y tierno en las veras, muestra una madurez de juicio muy superior á su corta edad, pero no podía tener formado su gusto. Lo que hay de bueno en la _Selvagia_ honra su ingenio; lo demás es culpa del artificio retórico estudiado en pésimas fuentes.

Los versos que intercala en su comedia son pocos y malos. En esto tiene razón Gallardo. Sólo merece indulto de la condenación general un romance alegórico-amatorio á estilo de trovadores, con algunas reminiscencias de los viejos y populares:

A los montes de Parnaso A caza va mi cuidado, Vestido de ropas verdes Que la esperanza le ha dado, De canes, que son servicios, Viene todo rodeado; Los monteros pensamientos Vienen cerca de su lado; En una cueva metida, Lugar solo y apartado, Descubierto han una cierva; Tras ella todos han dado; Las cornetas de gemidos Fuertemente han resonado; El cuidado y un montero Los primeros han llegado; La cierva, sin tener miedo, Muy contenta se ha mostrado; Los perros se parten della Que tocalla no han osado, Porque con sola su vista Los ha muy mal espantado. Ellos estando en aquesto, Un caballero ha llegado, Armado de ricas armas, Con señales de morado; En la mano trae blandiendo Un dardo bien afilado, Que, como al cuidado vido, Con soberbia le ha hablado: «Por tu muy gran osadía De mí serás maltratado». Diciendo estas palabras El venablo le ha tirado, Por medio del corazon De parte á parte ha pasado; No contando con aquesto, A la cueva le ha llevado, Echale fuertes prisiones Do le dexa encarcelado.

(Pág. 139).

Desde 1554, fecha de la _Selvagia_, hasta 1578 hay una gran laguna en las noticias biográficas de Alonso de Villegas. Es probable que los amores del joven estudiante con «su señora Isabel de Barrionuevo» no tuviesen tan dichoso fin como él en su poética fantasía imaginaba, adelantándose á los acontecimientos en el desenlace de su comedia. Lo cierto es que veintidós años después le encontramos convertido en respetable eclesiástico y capellán de los mozárabes de Toledo. Acaso para borrar recuerdos profanos prescindía del apellido _Selvago_, si es que en realidad le tuvo, y añadía á su nombre el calificativo de _licenciado_, probablemente en Sagrada Teología. Su persona había experimentado la misma transformación que su siglo, pasando desde la bulliciosa y franca alegría de los tiempos del Emperador á la austera disciplina del reinado de Felipe II. Un nuevo período se abría á su actividad literaria, y durante el resto de su vida, que fué bastante larga, ejercitó sin cesar su fácil y castiza pluma en argumentos religiosos y propios de la gravedad de su estado. Por este camino llegó á ser uno de los escritores más populares, especialmente en materia hagiográfica. Los cinco abultados volúmenes de su _Flos Sanctorum_, compilados de las obras de Lipomano y Surio, con muchas adiciones de santos españoles, vinieron muy oportunamente á sustituir á las viejas y rudas traducciones de la _Legenda Aurea_. Y aunque nuestro Villegas, como casi todos los que trataron de vidas de Santos antes de la grande obra de los Bolandistas, adolece de nimia credulidad y falta de crítica, es tan fervorosa la piedad con que escribe, tan patente su celo por el provecho de las almas y tan notoria su buena fe, que se le pueden perdonar sus defectos, casi inevitables, en gracia de la pureza y sencillez de su estilo, que parece reflejo de la ingenuidad de su corazón. El crédito persistente de sus libros, muchas veces reimpresos y traducidos al italiano y á otras lenguas, no cesó del todo aun después de la aparición del _Flos Sanctorum_ del P. Rivadeneyra, escritor toledano como Villegas, pero muy superior á él en corrección y gusto. Ambas obras compartieron durante el siglo XVII el favor de las gentes inclinadas á la piedad, y fué gran lástima que en el XVIII, en que todas las cosas, hasta la devoción, se afrancesaron en España, fuesen arrinconadas tan elegantes páginas, usurpando su puesto el _Año Cristiano_ del P. Croisset, que llegó á ser lectura predilecta de las familias. En la prolija tarea de traducirle invirtió el P. Isla mucho tiempo y trabajo, que hubieran estado mejor empleados en composiciones originales, y aunque la versión resultó menos galicana que otras, el mérito del texto no compensaba ni con mucho el sacrificio que voluntariamente se impuso uno de los últimos ingenios que con entera propiedad merecieron el nombre de españoles. En vano quiso hacer la competencia á la obra del jesuita extranjero el erudito valenciano D. Joaquín Lorenzo Villanueva con su _Año Cristiano Español_, digno de aprecio por su crítica en general sana y aun por el estilo, que es bastante limado, pero seco y pobre. Las sospechas de jansenismo que pesaban sobre el canónigo Villanueva perjudicaron, bien injustamente, á la difusión de su obra, y resultó casi estéril su tentativa hagiográfica, que apenas ha tenido continuadores.

Pero de la saludable reacción en favor de las lecturas castizas dan testimonio las varias reimpresiones totales ó parciales del _Flos Sanctorum_ del P. Rivadeneyra hechas durante la centuria pasada. Alonso de Villegas no ha tenido tanta fortuna. Sus infolios son de difícil adquisición y rara vez se encuentran juntos.

Apareció el primero en 1580, y en él, como en varios de los siguientes, hizo constar el autor la fecha en que los iba terminando. «En el qual puse postrera mano Domingo seys dias de Enero, en que la Iglesia Católica celebra fiesta de los Reyes, del año del nascimiento de Christo de mil y quinientos y setenta y siete: teniendo la silla de Sant Pedro Gregorio decimotercio, y reynando en España el catholico Rey don Phelippe, segundo deste nombre»[450].

De la _segunda parte_, que comienza con la Vida de la Virgen, no conozco edición anterior á la de 1588, que se presenta ya adicionada y corregida. Villegas se titula en la portada, además de capellán de mozárabes, beneficiado de San Marcos[451].

Del mismo año es la _tercera parte_, que contiene las vidas de «santos extravagantes» (es decir, que están fuera del rezo común) ó de personas virtuosas no canonizadas. Villegas, que ningún tropiezo había tenido con el Santo Oficio cuando imprimió la _Selvagia_, le encontró mucho más riguroso con sus historias de Santos. La _adición_ relativa á los varones ilustres en virtud se mandó quitar del libro, conforme á las sabias prescripciones de la Iglesia, que prohiben calificar de beatos por mera creencia pía á los que ella no ha declarado tales[452].

También en las dos primeras partes se mandaron borrar «algunas cosas apócrifas é inciertas», según se advierte en la edición toledana de 1591, obligando al autor á hacer una especie de refundición de su obra, en la cual salió muy mejorada. Puso la última mano á este trabajo á treinta días de mayo de 1595[453].

En el intervalo se había publicado en Madrid, 1589, la _cuarta parte_, que contiene discursos y sermones sobre los Evangelios de todas las Dominicas del año, ferias de Cuaresma y Santos principales[454].

Cuéntase como _quinta parte_ del _Flos Sanctorum_, aunque en rigor no lo sea, el _Fructus Sanctorum_, del cual sólo conocemos la edición de Cuenca, 1594[455]. Es, sin disputa, la más rara de todas las obras de Alonso de Villegas, y la más útil para el estudio de las leyendas y tradiciones piadosas. Contiene una selva numerosa de ejemplos morales, á la manera del _Prado Espiritual_ de Santoro y otras colecciones análogas para uso de los predicadores y edificación de los fieles.

El tomo sexto de las obras de nuestro autor es la _Vitoria y Triunfo de Iesu Christo_, terminado en 1.º de marzo de 1600, «siendo de edad de sesenta y seis años», é impreso en Madrid en 1603[456].

En varios tiempos publicó otros escritos más breves, todos de análoga materia. En 1592 dedicó á la villa de Madrid una _Vida de San Isidro labrador_[457], que viene á ser la misma incluida en el _Flos Sanctorum_. En 1595 publicó en Toledo la _Vida de San Tirso_, acompañada de una carta al corregidor D. Alonso de Cárcamo sobre ciertas antiguallas descubiertas en la imperial ciudad, á las cuales presta ciega fe, lo mismo que á la supuesta carta del rey Silo, cayendo incautamente, como tantos otros, en las redes del gran falsario Román de la Higuera[458]. En 1600 tradujo un libro ascético de D. Florencio Harleman, monje cartujo de Lovaina; pero este trabajo, que dedicó á doña María de Zúñiga, monja en San Clemente de Toledo, permanece manuscrito[459]. Entre los «_sermones predicados en la beatificación de la B. M. Teresa de Jesús Virgen..._» (Madrid, 1615) hay uno que Alonso de Villegas pronunció en la catedral de Toledo. Es la última noticia que tenemos de su persona.

D. Nicolás Antonio le atribuye equivocadamente dos libros más: el tratado de los _Favores que hace á sus devotos la Virgen nuestra Señora_ (Valencia, 1635) y _Soliloquios Divinos_ (Madrid, 1637). Uno y otro pertenecen al ilustre ascético jesuita Bernardino de Villegas, natural de Oropesa.

En un cuadro del toledano Blas de Prado, existente en nuestro gran Museo Nacional, que representa á la Virgen con el niño Jesús y varios santos, está representado Alonso de Villegas[460], cuya efigie nos han conservado, por otra parte, varias ediciones del _Flos Sanctorum_.

Es tradición consignada por D. Tomás Tamayo de Vargas en su _Junta de libros_[461], y repetida por D. Nicolás Antonio[462], que Alonso de Villegas, arrepentido de haber compuesto la _Selvagia_, hizo los mayores esfuerzos para recogerla y destruirla. Nada de particular tiene que un eclesiástico tan grave, entregado á ejercicios de piedad y á la composición de obras espirituales, mirase con ceño aquella producción algo liviana de su primera juventud. Pero no hemos de extremar las cosas hasta el punto de creer que se _horrorizase_ de ella, como dice el erudito librero D. Pedro Salvá, movido en parte por sus prejuicios anticlericales, y todavía más por el deseo de acrecentar el valor de su mercancía, exagerando la rareza de la _Selvagia_[463]. El caso no merece tantas alharacas.

La _Selvagia_ es una de las _Celestinas_ menos desenvueltas en su lenguaje y menos escandalosas en sus lances. Y aun siendo rarísima, no es de las más raras, puesto que hemos visto de ella cinco ejemplares[464] sin salir de España. De todos modos, á los escrúpulos quizá nimios de Alonso de Villegas se debió que quedase inédito, y probablemente se perdiera, un libro suyo de _cuentos varios_, que serían apreciables de fijo, dadas las condiciones narrativas que el autor mostró en bien diversa materia.

No debe confundirse con la _Selvagia_ otra obra de parecido título, impresa treinta años después, y que también pertenece á la galería celestinesca, la _Comedia Salvaje_ de Joaquín Romero de Cepeda, vecino de Badajoz, inserta en el rarísimo tomo de sus _Obras_ (Sevilla, 1582)[465]. Fué Romero de Cepeda mediano poeta, más feliz en los metros cortos que en los de importación italiana; imitador á veces hábil de Castillejo y Gregorio Silvestre, pero no un ingenio de relevante personalidad ni mucho menos. Así lo testifican su poema _El infelice robo de Helena_, su colección de romances sobre _La antigua, memorable y sangrienta destruyción de Troya_ (Toledo, 1583), su _Conserva Espiritual_ (Medina del Campo, 1588), su traducción de las _Fábulas de Esopo_ y otros (Sevilla, 1590) y un libro de caballerías, que fué de los últimos de su género, no descrito aún por los bibliógrafos.

La comedia _Salvaje_ (no _Selvaje_, como han escrito algunos) no pertenece al género novelesco, sino al dramático. Es perfectamente representable, y puede darse por seguro que fué representada. Consta de cuatro jornadas muy breves, escritas en redondillas dobles, y se asemeja del todo en su sencilla traza y artificio á las imitaciones de Torres Naharro que hicieron Jaime de Huete, Agustín Ortiz y otros, más bien que á las fábulas complicadas y aparatosas de Juan de la Cueva, que debían de estar en su mayor auge cuando Joaquín Romero de Cepeda ofreció al público sevillano las suyas.

La relación muy estrecha en que la _Salvaje_ está respecto de la _Celestina_ puede colegirse por su mismo título, que es casi un plagio, cometido también por Luis de Miranda: «_Comedia Salvaje, en la qual, por muy delicado estilo y artificio, se descubre lo que de las alcahuetas a las honestas doncellas se les sigue, en el proceso de lo qual se fallarán muchos procesos y sentencias_».

Todavía es más explícito el _argumento_: «Anacreo[466], caballero mancebo de mediano estado, enamórase de Lucrecia, hija de Arnaldo y Albina, única heredera de sus padres, muy rica y hermosa, la qual por medio de Gabrina, famosa alcahueta, viene a condescender a los ruegos de Anacreo; descúbrese el hecho, prenden a Gabrina, ahorcan a Rosio, criado de Anacreo. Huye Lucrecia; van sus padres en su busca; a Arnaldo matan salteadores, y a ellos Anacreo, que va en busca de Lucrecia. Roban a Albina dos salvajes, defiéndela Anacreo, sale Lucrecia al ruido en hábito de pastora, mata los salvajes, dase a conocer, perdónalos Albina, despósanse Anacreo y Lucrecia».

Dos partes hay que distinguir en esta composición. La primera, que comprende las dos primeras jornadas y parte de la tercera, es una imitación ó más bien una _versificación_ de la _Celestina_, tan servil que puede ponerse al lado de las traducciones literales de Urrea y Sedeño. Pero los versos son fáciles y no desnudos de elegancia, como ya advirtió Moratín. Júzguese por este soliloquio de Gabrina, cuando va á casa de Lucrecia (jornada segunda):

La madre que me parió Haya mal fin y quebranto, Que á hija que quiso tanto Tan mal oficio mostró. De contino el manto á cuestas, Con las haldas arrastrando, Por callejas rodeando Y otras partes deshonestas. Contino por monesterios, Por ermitas, por cantones; De noche como ladrones Cercando los cimenterios, Por sepulcros de finados. Y por lugares desiertos, Buscando huesos de muertos Y narices de ahorcados. Y á la fin muy bien pagado Al cabo de mis afanes! Por servir á estos galanes Dos veces me han emplumado; Pues agora una coroza O algun jubon sin costura. Triste de tu hermosura, Gabrina, cuando eras moza! Ora en fin yo quiero ir, Por demas es este lloro, Que esta cadena de oro Me hará a veces reir. Llevo perfumes y olores, Tocas de lienzo delgado, Seis madejas de hilado Y otras yerbas para amores. La carta quiero guardar, Porque el ir no me sea en vano, Que en tomándola en su mano Le haré a Anacreo amar. Quiero ir, que ya me espera De Lucrecia el hermosura. ¡Que buen principio y ventura Que sus padres salen fuera! Conjúrote, gran Pluton, Emperador de dañados, Rey de los atormentados Y de la infernal region; Señor del sulfúreo fuego, Capitan del rio Leteo, Molestador de Fineo Y veedor del reino ciego. De las infernales furias, Hidras, harpias volantes, De las ánimas penantes, Señor de las tristes curias; Yo, Gabrina, antes que parta, Te conjuro, pido y ruego Que con tu sulfúreo fuego Te encierres en esta carta. Y cumpliendo mi deseo, Que tanto tu nombre precia, Hagas que muera Lucrecia Por amores de Anacreo; Y siempre te serviré Con fe muy firme y constante, Y sino con luz radiante Tus cárceres heriré.

El resto de la pieza es un purísimo desatino, en que se amalgaman confusamente incidentes del drama novelesco y del pastoril. Moratín hizo de mano maestra su análisis, con aquella especial habilidad que él tenía para contar los argumentos de las comedias ridículas.

«Lucrecia, acompañada de la vieja alcahueta Gabrina, abandona la casa de sus padres y se va á la de Anacreo su amante: los padres de Lucrecia, echándola menos, van á casa de Gabrina con la justicia, y de allí á la de Anacreo; pero éste y Lucrecia han huído descolgándose por una ventana. Presos Gabrina y el criado Rosio, los llevan á la plaza: allí aparece la horca á vista del auditorio; suben al reo y le cuelgan; á Gabrina la empluman, le ponen una coroza, y sentándola en la escalera del suplicio queda abandonada á merced de los muchachos, que á porfía le tiran brevas, berenjenas y tomates, le remesan los pelos y le dan puñadas; hecho esto dice el juez:

Quiten luego á esa muger, Y entierren al ahorcado.

«En la cuarta jornada sale por un monte Lucrecia con arco y saetas y llora la mala ventura de sus amores; luego que se retira, sale por otro lado Anacreo lamentándose igualmente de la desdicha en que se ve. Salen después Albina y Arnaldo, padres de Lucrecia, vestidos de peregrinos, en busca de su hija; descansan un rato de la fatiga del camino, y al querer proseguirle los sorprenden dos ladrones llamados Tarisio y Troco; el viejo Arnaldo quiere defenderse y muere á sus manos; sobreviene al ruido Anacreo y mata á Tarisio; su compañero Troco se va huyendo; sigue el reconocimiento de Anacreo y Albina, y cuando tratan de enterrar el cadáver de Arnaldo, vienen dos salvajes, entre los cuales se ve Anacreo en mucho peligro de perder la vida; pero Lucrecia, que se aparece muy oportunamente, dispara una flecha y cae muerto uno de los salvajes. Anacreo en tanto consigue matar al segundo; la madre y el amante, sin reconocer á Lucrecia, le agradecen el socorro que les ha dado; ella al fin se descubre, y con el regocijo de los tres acaba la fábula».

Sólo por tener forma de comedia en prosa é intervenir en ella una hechicera puede contarse entre las _Celestinas_ la _Doleria del Sueño del Mundo_, que pertenece en realidad al género alegórico-fantástico, más cultivado en el siglo XVII que en el XVI, á cuyas postrimerías corresponde esta obra, tan singular por su título como por su desarrollo. Fué su autor Pedro Hurtado de la Vera, cuyo apellido indica origen extremeño, al paso que ciertas rarezas de su lenguaje puedan hacer sospechar que fuera nacido ó criado en Portugal. ¿Sería por ventura algún judío portugués cuyos ascendientes hubieran pasado de Extremadura al reino vecino? De su persona nada más podemos decir sino que en 1573 publicó traducida del italiano, una de las más tardías versiones del _Sendebar_, conocida con el nombre de _Erasto_[467]. Algo de influjo italiano se columbra también en la _Doleria_[468], que recuerda, hasta cierto punto, la _Circe_ de Juan Bautista Gelli y otros diálogos satíricos, sin ser positiva imitación de ninguno de ellos. El autor se muestra versado en todo género de literatura, especialmente en los libros de caballerías y en los poemas de Boyardo y del Ariosto[469]. Cita con frecuencia y oportunidad trozos de romances viejos[470], como antes de él lo había hecho Jorge Ferreira, á quien se parece también en lo cortado y sentencioso del estilo. En el pensamiento de su obra y en algunas de las alegorías de que se vale percíbese la acción eficaz de los moralistas y satíricos antiguos, sobre todo de Luciano, tan imitado en España durante nuestro siglo de oro[471].

La _Doleria del sueño del Mundo_ es una invención francamente alegórica. Todos los personajes tienen una doble representación real y simbólica; pero la primera es muy tenue y borrosa y queda casi enteramente anulada por la segunda, lo cual comunica extraordinaria frialdad al diálogo y reduce á mínimo valor la intriga, tan confusa y enmarañada que á duras penas se entiende en la primera lectura. Todos representan alguna virtud ó vicio, pero no siempre los actos que en la tragicomedia se les asignan van de acuerdo con lo que sus nombres griegos anuncian. Hay en esta parte notables incongruencias y falta de solidez en los caracteres, si tal nombre merecen.

El autor amonesta que se lea su _Comedia_ «como cosa moral y traslado de la vida humana. Amor es el argumento d' ella, por ser en el mundo Amor la causa de todo mal y bien. Duerme _el Mundo_ y sueña ser _Heraclio_ amor de virtud y fama, con el contrapeso de vanagloria, que es _Honorio_ su criado. _Logistico_, la Razón que manda sobre ella, la cual cae alguna vez para levantarse con más fuerça como Antheo y reconoscer la fuerça soberana. _Astasia_ es la sensualidad y hipocresia en habitos de virtud. El deleyte, _Idona_, hermosa de cara, de obras fea. _Melania_, la malicia, cuyo fruto es el trabajo, que la color d' el negro significa, y a la postre queda subjecta á _Morio_, que es la ignorancia, y con él casada. _Asosio_, la carne vagabunda, pero al spirito reduzida con el castigo y experiencia. Las Egypcianas son las tentaciones, que procuran de ajuntar los buenos a los malos. _Andronio_, la ciuil costumbre que declina de la malicia a _Aplotis_, la simplicidad. _Apio_, _Metio_, _Amercia_, _Mania_ son los vicios. _Doleria_, la casamentera d' ellos, engaño y castigo juntamente. El bosque de las sombras, la vanidad de las cosas d' esta vida. _Aglaia_, _Thalia_, _Caliope_, _Melpomene_, las sciencias y virtudes que voluntariamente se presentan a sus amadores. Los Salvages, penitencia y contino remordimiento de la conciencia. _Nemesis_, la justicia que yguala todo y manifiesta lo que hizo dissimuladamente y disfraçada con _Asosio_, tomando despues por instrumento de castigar los malos a los malos, de remunerar los buenos a los buenos. Es _Charon_ la Muerte, que despierta al Mundo y da principio de vida a unos, de muerte a otros. Si el argumento o estilo no te contenta, hagalo el desseo, que es de contentar los auisados; si no, casate con la hermana de Melania, mujer de Morio, y sereys cuñados»[472].

Estas últimas palabras de Hurtado de la Vera, que con tanta llaneza declara tonto de solemnidad al que no guste del artificio de la _Doleria_, indican lo satisfecho que hubo de quedar de este alarde de su ingenio. Pero algo había de temerario en su presunción, no justificada por las medianas dotes de su inventiva y estilo. El pensamiento de la obra era ingenioso, aunque no muy original, y, desarrollado con eficacia artística, hubiera podido ser el germen de una gran concepción fantástica. Hacer dormir al Mundo durante seis mil años y desarrollar en las visiones de un sueño el espectáculo de la vida humana, con sus ilusiones y sus desengaños, para destruir luego esta aérea fábrica al son de los remos de la barca de Carón, era empresa digna de un gran poeta, y debe contarse entre los precedentes de obras análogas, como las de Grillparzer y el Duque de Rivas. No puede negarse tampoco á Hurtado de la Vera cierto talento agudo y sutil, que de puro sutil se quiebra, en algunas de sus alegorías, como el banquete en casa de Astasia y el diálogo de las fingidas gitanas (escena 5.ª del tercer acto); la transfiguración de Asosio por las mágicas artes de Doleria en la persona de un cortesano llamado Andronio, y las equivocaciones y lances cómicos (un tanto análogos á los del _Anfitrión_ de Plauto) que esta transformación ocasiona (escenas 7.ª y 8.ª del mismo acto; 1.ª, 2.ª, 4.ª y 9.ª del acto cuarto); los engaños del bosque encantado, donde las sombras se hacen cuerpos y los cuerpos sombras, y toda persona se duplica y llega á perder la conciencia de sí misma (escenas 6.ª y 7.ª del acto quinto); la aparición de las Gracias, de las Musas y de la justiciera Némesis, que ahuyentan con serena luz clásica las visiones de aquella _noche de Walpurgis_ (escena 8.ª del quinto acto).

No era ciertamente pensador vulgar el que _interpretaba_ el mundo diciendo que «de lo bueno no hay en él más que la sombra, y de lo malo todos son cuerpos». (Pág. 383). Pero le faltó aquel extraño poder de dar vida á las abstracciones de la mente, que por tan diversos caminos mostraron, casi á un tiempo, en España el autor del _Criticón_ y en Inglaterra el autor del _Viaje del Peregrino_. En la _Doleria del sueño del Mundo_ se ve una imaginación pobre y apocada, que lucha con un argumento muy superior á sus fuerzas; que no llega, ni por asomo, á convertir en personaje real ninguno de sus fantasmas alegóricos, y se pierde con ellos en un laberinto de disfraces y embrollos pueriles. Obra, en suma, que sólo por curiosidad puede leerse y que no deja en el espíritu ninguna impresión duradera.

El estilo es tan artificioso y revesado como el argumento. Todos los interlocutores hablan por sentencias y alusiones; todos aguzan el pensamiento en forma de epigrama. No faltan rasgos felices, que el fino amador de nuestra lengua debe estimar y recoger; pero el conjunto es de gran monotonía. Hurtado de la Vera, que carecía del genio brillante y á veces hondo de Baltasar Gracián, había adivinado, y aplicaba en su parte peor, medio siglo antes que él, aquella doctrina del estilo que el jesuíta aragonés teorizó en su libro de la _Agudeza_, y llevó al último extremo en _El Héroe_, el _Oráculo Manual_ y _El Discreto_. Hay conceptos en la _Doleria_ que son verdaderos enigmas, y cuando se llega á descifrarlos rara vez compensan el trabajo que cuestan.

Pero obra curiosa lo es, sin duda, hasta por sus particularidades de lenguaje, como el empleo de ciertas formas de la conjugación, ya arcaicas y desusadas á fines del siglo XVI, á no ser que se estimen como netamente portuguesas[473]. Acaso Hurtado de la Vera saldría de la Península muy joven, lo cual puede explicar la persistencia de estas locuciones, aprendidas en la infancia, al paso que su residencia en Flandes pudo dar ocasión á un corto número de galicismos y frases exóticas que de vez en cuando salpican su texto[474]. Todo el libro revela una cultura algo pedantesca. «¿Qué mal hago yo en obseruar las letras de la entrada de la escuela de Platon, no entrando sin Geometria?... Hize prouision, en casa, de un guante lleno de artes liberales». (Pág. 331). En la escena 3.ª del segundo acto se intercala extemporáneamente una disertación sobre los nueve cielos, con todos los errores de la antigua cosmografía.

Dudo mucho que D. Pedro Calderón conociese la _Doleria_, nunca impresa en España; pero el título y el pensamiento general de la comedia alegórica de Hurtado traen á la memoria el título y la idea moral de _La vida es sueño_, si bien no hay en la ejecución ningún punto de contacto. No hemos de entrar en la cuestión, bastante compleja, de los orígenes del drama calderoniano, que muy pronto ha de ser tratada exprofeso por un erudito norteamericano; pero no podemos menos de llamar la atención sobre frases tan significativas como éstas de la _Doleria_: «¿Y a la postre no pára todo en sueño? no hablamos d'ello, o no recordamos d'ello como de sueño?». (Pág. 315).

Muy distinto género de interés nos ofrece _La Lena_ ó _El Celoso_, obra lindísima del valisoletano D. Alfonso Velázquez de Velasco y última de las que se ofrecen á la consideración del lector en el presente tomo. Impresa en 1602, tres años antes que el _Quijote_, marca el punto extremo de nuestro trabajo, no porque el siglo XVII dejara de producir otras _Celestinas_, sino porque la de Velasco pertenece enteramente al gusto del siglo anterior, dentro del cual la suponemos compuesta, aunque fuese algo tardía la impresión. Los pocos datos que tenemos del capitán _pinciano_ (como entonces solían llamarse por error geográfico los hijos de Valladolid) nos inducen á creer que era hombre de madura edad cuando dió á luz esta producción suya tan sabrosa y picante. Y debía de ser persona de consideración en la milicia, puesto que le honraron con su íntima confianza dos de los grandes soldados españoles del tiempo de Felipe II: el coronel Francisco Verdugo, hijo ilustre de Talavera de la Reina, primer sargento mayor de los tercios de Flandes y heroico gobernador de Frisia, donde resistió catorce años á los rebeldes holandeses, y el perínclito D. Bernardino de Mendoza, capitán de caballos ligeros en el ejército del Duque de Alba, imperioso embajador del Rey Católico en Inglaterra y en Francia y árbitro de París durante los tumultos de la Liga, á la cual apoyó con su brazo y su consejo[475].

Fué nuestro D. Alfonso editor, y quizá algo más, del _Commentario_ ó Memorias militares del coronel Verdugo, impresas en Nápoles (1610), si bien cinco años antes corría ya de molde una versión italiana de Jerónimo Frachetta[476]. Preceden y siguen á la edición castellana[477] varios elogios poéticos de Verdugo, que había fallecido en 1597, gobernando las armas de España en el Estado de Luxemburgo, después de haber hecho victoriosa entrada en Francia, llegando hasta las puertas de Sedán. En un prólogo muy bien escrito, como suyo, recopila D. Alfonso una parte de las hazañas de su amigo, y se queja de la envidia que oscureció sus proezas y dejó sin el debido premio tan extraordinarios servicios. Y en la dedicatoria nos da estas noticias del libro que publica: «Confieso haberme pesado de ver este _Commentario_ traducido e impreso en lengua italiana antes que en la natural que lo escribió su autor, el cual, como á su familiar servidor, me le dio de su mano en Bruselas, y asi, estimandole por de no menos sustancia, en su tanto, que cualquiera de los de Julio César, le he traido como un breviario despues acá siempre conmigo... No he querido dexar de sacarle de la tiniebla en que le he tenido, y asi lo comunico ahora a mi patria y nacion en su idioma, sin alterar cosa ninguna d' él, ni añadir las postilas o glosas que suelen notarse en semejantes obras, por saber de cierto que la intencion del coronel no fue señalarse en la pluma (aunque podia) como en las armas, antes decir sucintamente los sucesos de Frisa, sin más afectacion de la que trae la pura verdad consigo, manifestando su integridad y proceder para confusion de sus emulos»[478].

Con ser tan explícitas estas palabras, no faltó en su tiempo persona bien informada de las cosas de Verdugo que atribuyese al capitán Velasco la redacción de sus _Comentarios_. Así, el autor de la biografía anónima descubierta y publicada por D. Antonio Rodríguez Villa: «Lo sucedido en ella (la guerra de Frisia) desde el año de 1581 hasta el de 1593 o 94, anda ya escrito en tantas relaciones y en diferentes lenguas, y últimamente en libro particular que desto ha sacado a luz de poco tiempo a esta parte don Alonso Velazquez de Velasco, que lo imprimio en Napoles... Remito a quien fuere curioso o afortunado al libro referido y a los demas que, aunque cortos, dan luz de lo que pasó en los catorce años que el Coronel gobernó la dicha provincia, y quede a cargo de quien ahora hace esta relacion sacar a vista de todos, con mucha brevedad, todos los sucesos de Frisia, dando razon dellos muy particularmente y comprobandolos con papeles y ordenes de que no so puede recibir duda; porque _aunque es cierto que el dicho don Alonso Velazquez de Velasco escribio el dicho libro imitando a Julio César, fue tan solamente lo que el propio Coronel le comunicó_»[479].

Páginas hay en el _Comentario_ de Verdugo que, como otras muchas de nuestros clásicos militares del siglo XVI, recuerdan la manera de Julio César[480]; pero el Coronel era muy capaz do escribirlas, puesto que, como dice su compañero de armas D. Carlos Coloma, «tuvo este insigne caballero _elocuencia natural grandísima_, y todas las partes que para ser gran soldado y gran gobernador convenían»[481]. Fuera de estos pasajes, que fácilmente se destacan del resto, el estilo del _Comentario_, que más bien debería llamarse memorial ó alegato en causa propia, tiene poco de literario, y á veces es tan desaliñado y confuso, que por ningún concepto puede atribuirse á la elegante pluma del autor de la _Lena_. Cuando prestó á su antiguo jefe el gran servicio póstumo de divulgar su triunfante vindicación, respetó, sin duda, el manuscrito que tenía entre manos, creyendo muy bien que cualquier enmienda ó retoque alteraría el carácter personalísimo de aquellas Memorias y haría sospechosa su veracidad.

También D. Bernardino de Mendoza confió á Diego Alfonso Velázquez de Velasco un ensayo poético suyo, que Velázquez publicó juntamente con sus propios versos. Trátase de una oda _sobre la conversión del pecador_, compuesta con fervorosa unción en liras bastante fáciles, aunque poco limadas. Velasco encabezó con ella otras que él tenía escritas á imitación de los siete salmos penitenciales, y formó con todo ello un breve y elegante volumen, estampado por las famosas prensas Plantinianas, en 1593, bajo los auspicios del gran Conde de Fuentes, D. Pedro Enriquez[482]. En la dedicatoria dice Velasco: «El Señor don Bernardino de Mendoza, siendo Embajador en Francia, me envió de Paris a Napoles las _Odas_ que al principio de las mias he puesto; por haberme incitado, como todas las demas cosas de su divino ingenio, a seguirle en la imitacion de estos _Salmos_, a los cuales me incliné, por continuar la materia de conversion, y tener en particular tantos devotos de nuestra nacion que ordinariamente los dicen. Y puestos ya en la forma de más facil inteligencia que con humilde entendimiento he podido alcanzar, con poco más de mi caudal que decirlo en mi lengua; sin apartarme de la luz de algunos recibidos Interpretes, confiriendolos con personas doctas, persuadido, o cuasi forzado de los mismos, he resuelto imprimirlos.»

Las imitaciones de Velasco van tan ceñidas al sagrado texto, que casi pueden calificarse de traducciones parafrásticas, aunque desmayadas y sin brío. Tanto él como Mendoza procuran imitar á Fray Luis de León, no sólo en el metro, sino en el estilo; pero lo que es sabrosa y poética llaneza en el primero, es indigencia, falta de color y prosaísmo en las odas de los dos capitanes, que parecen haber atendido únicamente á la edificación de los devotos.

Pasar desde estos ejercicios espirituales á la composición de una comedia tan desenvuelta y libre como la _Lena_, parecería extraño en nuestros días; pero en el siglo XVI á nadie podía sorprender ni escandalizar. Nuestros grandes ingenios ofrecen á cada paso estos contrastes, siendo igualmente sinceros en las veras y en las burlas, sin rastro de los hipócritas melindres y afectada gravedad que hoy se estilan. El caso de D. Francisco de Quevedo se ha repetido con mucha frecuencia, y puede tomarse como típico y normal de la sociedad en que vivía. No sabemos cuándo escribió su comedia D. Alfonso Velázquez; pero es tan literaria y pulida, demuestra un gusto tan formado é indica tanta experiencia y conocimiento de la vida, que de ningún modo podemos creer que fuese una improvisación juvenil, sino el fruto muy maduro de los viajes, campañas, devaneos y aventuras de su autor. Impresos los _Salmos_ en 1593 y la _Lena_ en 1602, parece seguro que la obra devota antecedió á la picaresca, al revés del caso de Alonso de Villegas y de lo que parece más natural y lógico en el proceso de la vida humana.

Tuvieron ambas obras el mismo Mecenas en el insigne capitán D. Pedro Enríquez de Acevedo, conde de Fuentes, gobernador de Lombardía, á cuyas órdenes estaba Velázquez cuando publicó en Milán su comedia[483]. Pero algo singular debió de ocurrir, puesto que del mismo año y del mismo impresor encontramos otra edición, con el título cambiado, que aquí no es _La Lena_, sino _El Celoso_, con dedicatoria á distinta persona y con algunas variantes de palabras que en general mejoran el texto[484]. La modificación del título pudo tener por objeto alejar la infundada sospecha de que la comedia española fuese una imitación de la _Lena_ del Ariosto, con la cual nada tiene de común más que el nombre y la remota analogía de encerrarse un amante en un arca, así como en la pieza del poeta ferrarés le ocultan en una cuba ó tonel[485]. Tampoco es inverisímil que Velázquez cayese en la flaqueza de lisonjear simultáneamente á dos magnates, dedicándoles una misma obra con dos títulos, aunque el procedimiento no dejaba de ser peligroso tratándose de persona tan culta y literata como el Condestable de Castilla, bien conocido por la controversia que sostuvo con Hernando de Herrera titulándose el _Prete Jacopin_ y por otros papeles satíricos, de uno de los cuales hay reminiscencias en la _Lena_[486]. Acaso buscó su sombra nuestro autor por no haber encontrado en el conde de Fuentes el galardón que esperaba.

Sea de esto lo que fuere, y quizá el tiempo lo aclare, la _Lena_ no tiene trazas de ser fábula de pura invención, sino pintura de algún caso de la vida real, poco edificante por cierto. La misma Lena dice en el _Prólogo_, contando sus andanzas: «De lance en lance fui a dar conmigo en Napoles... y al cabo de pocos dias me resolui de tomar casa de por mí, y puse tienda abierta de cortesana... _El que estuvo alli en tiempo del buen Duque de Osuna se acordará de la Buiza, que asi me llamauan entonces_» (pág. 391).

La figura del marido celoso, en la cual se encarniza nuestro D. Alfonso con vindicativo ensañamiento, también parece tomada del natural, y él mismo lo indica hablando con el conde de Fuentes y con los lectores: «El jocoso concepto que en mi ocio he formado, _rompiendo lanzas_ en un frenético y desesperado celoso...». «Hallando en mi ociosidad empeñada la melancolia en diuersos pensamientos _de los graciosos tiros que muchas mugeres del tiempo viejo hizieron_, y en la consideracion d' el ardiente furor de aquel triste que siente el mortal veneno de una celosa desconfianza (_de cuyos rauiosos desconciertos me ha tocado gran parte_), me puse por mi pasatiempo, _como en vengança del daño recebido_, a componer esta ridiculosa comedia, en que algunos ratos he refrescado los espiritus de cierta seca tristeza mia». (Pág. 389).

Este pasaje es importante para mostrar la verdadera filiación de _El Celoso_, que, siendo una de las más perfectas imitaciones de la prosa dramática de la _Celestina_, es al mismo tiempo una de las más originales ó independientes en su traza, argumento, caracteres y estilo. No hay que tomar al pie de la letra lo que el autor dice: «consideren que hablo en el papel como al primero que encuentro en la calle». Esto era lo que había hecho Francisco Delicado, pero un ingenio tan culto y fino como el de Velasco no podía satisfacerse con tan vulgar procedimiento. Fué realista, pues, de la grande escuela española, como lo había sido el autor de la _Celestina_, como iba á serlo Cervantes, de quien parece, no inmediato predecesor, sino imitador y discípulo á veces: tan grande es la fuerza de la semejanza.

Pero con ser la _Lena_ tan castiza en el fondo, tiene mucho de comedia italiana en su técnica. Aunque escrita para la lectura y no para la representación, está concebida en forma de comedia y no de novela: es un poema esencialmente _activo_, en que conocemos á los personajes, no sólo por sus palabras, sino por sus hechos. Hasta cuatro intrigas se cruzan en él, ingeniosamente combinadas, sin daño de la claridad ni perjuicio del desenlace. En el artificio dramático, en la solidez de la construcción, en el vigor de los caracteres, vence con mucho á todas las comedias, bastante informes, que habían compuesto Timoneda, Lope de Rueda, Sepúlveda, Alonso de la Vega; y en las gracias del diálogo no cede á ninguna, con la ventaja de ser su humorismo de calidad más honda. Es pieza larga, pero no de tales dimensiones que la hagan irrepresentable, pues apenas llega á la tercera parte de la _Celestina_ primitiva y no excede á la de varias fábulas que positivamente fueron representadas en Italia. En suma, la _Lena_ es la mejor comedia en prosa que autor español compuso á fines del siglo XVI.

Pero ¿será enteramente original? Hasta ahora no he encontrado motivo para dudarlo. Pertenece á una escuela conocida: los medios y recursos que emplea recuerdan de un modo genérico los procedimientos del teatro italiano, y quizá más las astucias y estratagemas de amor que tanto repiten los _novellieri_ ó cuentistas. El mismo Velasco nos llama la atención sobre esto: «No puede dexar de ser ésta de las más solenes burlas _que se hallan escritas en el Bocacio_». (Pág. 418). Pero entre las historias de maridos burlados, que abundan en el _Decameron_, ninguna concuerda exactamente con el principal enredo de la _Lena_, es decir, el entenderse los amantes por medio del canto ó recitación de ciertos versos, ardid que vemos repetido con alguna frecuencia en nuestros dramaturgos del siglo XVII, especialmente en Tirso, Calderón y Moreto. Del lance del arca ya hemos indicado que trae á la memoria otro del Ariosto, y algo semejante hay en la _Calandra_ del cardenal Bibbienna; pero se trata de un tópico vulgarísimo, que lo es también de varias novelas italianas y españolas, como la del _médico de Cádiz_ que insertó en su _Teatro Popular_ D. Francisco de Lugo y Dávila[487]. El tipo del dómine Inocencio, si bien tratado con deliciosa novedad, pertenece á la familia de los _pedantes_ de la comedia italiana (recuérdese, por ejemplo, _Il Candelajo_ de Giordano Bruno). Otras semejanzas podrá reconocer, sin duda, la erudición de algún especialista, como el doctísimo Stiefel. Natural parece que un hombre tan leído como D. Alfonso Velázquez, que no hacía alarde de originalidad, puesto que adoptó por divisa aquella sentencia de Terencio: _Nullum est iam dictum, quod dictum non sit prius_; que se complace en citas textuales de los autores clásicos, especialmente de Propercio y Ovidio[488]; que repite fábulas y cuentos de origen conocido[489], aprovechara en la rica mies del arte toscano lo que le pareciese útil, con el mismo desenfado que tenía en explotar á sus propios contemporáneos españoles, hasta el punto de haber prosificado parte de una escena y un coro de la _Nise lastimosa_ de Fr. Jerónimo Bermúdez, traducción libre, como es sabido, de la _Castro_, tragedia portuguesa de Antonio Ferreira[490]. Por tan extraños y tortuosos senderos camina á veces la imitación literaria, y tan raras sorpresas suele proporcionar la comparación de libros de materia y estilo muy diversos. Pero estas imitaciones ocasionales, aunque fuesen más, poco importarían en el conjunto de una obra escrita con tanto ingenio y tanta bizarría como la _Lena_.

Lo que en ella parece más italiano es el espíritu. No pudo menos Velasco de contagiarse del ambiente que por tantos años había respirado en Milán y en Nápoles. Si la _Lena_ no fuese obra de puro pasatiempo y burla, comedia _ridiculosa_, como su autor la llama, habría que calificarla de inmoral en alto grado, puesto que en ella queda triunfante el adulterio y vilipendiado y escarnecido el honor conyugal. Ninguno de los autores de _Celestinas_ se había atrevido á tanto, salvo el anónimo de la _Seraphina_, que escribía en época de desenfrenada licencia. Su comedia es monstruosa en las situaciones y en el lenguaje, y de ningún modo puede compararse su grosera lubricidad con el arte refinado y la intensa malicia de la _Lena_, donde es mucho más lo que se sobrentiende que lo que realmente se expresa: obra, en suma, más bien picante que lasciva, pero de un cinismo cómico, que convierte en materia de risa las más aflictivas flaquezas y desventuras matrimoniales. Hasta los nombres de los interlocutores corresponden, casi todos, á la _maldita y descomulgada región de Cornualla_ (pág. 422). Uno se llama Aries, otro Morueco, el de más allá Cornelio, el protagonista Cervino, una dama doña Violante de Cabrera, un paje Bezerrica, un barbero Ramiro Cornato. Y en el curso de la pieza se habla del médico doctor Cornejo; del licenciado Cervera, letrado; del licenciado Bicornis, juez; del trompeta Juan Cornier, y del auditor Monseñor Cornaro, á quien piensa acudir el Sr. Aries en el pleito de divorcio de su impotente yerno. La astuta y redomada Lena da las señas de su casa al simple de Inocencio diciéndole que vive «pared en medio de un oficial de tinteros, peines, calzadores, mangos, lanternas, peonzas y macetas de sellos». (Pág. 404). Ni Quevedo apuró tanto la letra en esta materia. La _lira de Medellin_, pulsada por la diestra mano de Velasco, _sonaba siempre á cuerno_, como en su tiempo la del festivo Iglesias.

Claro es que no faltan en el libro protestas de moral, aunque ligeras y poco sentidas. El autor quiere que su comedia sirva «no sólo de entretenimiento, sino tambien de util consejo y exemplo, para excusar la terrible pasion de los celos, que consume en su propio fuego al insensato a quien toca». (Pág. 398). Y ciertamente que alguna moralidad puede sacarse de ella, aunque no sea muy sublime, sino practica y mundana, mostrando en acción el viejo aforismo «no puede ser guardar una mujer», tema que desde Lope y Moreto hasta Molière, Beaumarchais y Moratín ha sido fuente inextinguible de donaires cómicos, no siempre bien avenidos con la autoridad familiar y el sosiego doméstico. Los celos, por detestables y ridículos que sean, nacen de un sentimiento extraviado de amor ó de honor, y suelen ser menos peligrosos en sus consecuencias sociales que la indiferencia ó laxitud contraria. Pero ya hemos visto que nuestro don Alfonso no escribía para moralizar en ningún sentido, sino para burlarse á sus anchas de un celoso con quien tenía particulares motivos de resentimiento: «Ahora acabo d'entender ser los celos de las más violentas y bestiales passiones que pueden tocar a un hombre, porque si una vez se assientan en la cabeça d'el que se consume y seca intentando vna tan escura verificacion, le haze cometer tan ridiculossos desatinos. Bien dixo aquel qu'el celoso es loco de arte mayor, pues como tal, tiene miedo hasta de su mesma sombra, y de cosas nunca vistas, oydas ni pensadas; mirandolas como en espejo de alinde, que se las representa muy mayores de lo que son». (Pág. 434).

Toda la comedia es irónica en grado superlativo; pero donde el autor remacha el clavo es en el pregón del faraute Cornelio con que el último acto termina: «De parte del señor Ceruino, guarda mayor de los montes, se hace saber a todo el insigne auditorio que los que no se fiaren de sus consortes estarán tan seguros como de no caer las ojas d' el arbol en fin de otoño. Porque los celos son contra el natural ingenio de las mugeres: cosolete de araña para los arcabuzazos; la curiosidad en todas partes viciosa, y en esta más perniciosa. Y assi (movido de piedad y celo fraterno) amonesta que ninguno (de qualquiera calidad que sea) los tenga, dentro ni fuera de casa, so pena de que no le podrá faltar mala ventura. Antes, que todo el mundo se arme de la quieta y mansa paciencia. Porque la esperiencia le ha hecho tocar con la mano que todas las sutilezas y vigilancia de los espantados Lépidos (que no quieren dexar hacer su curso a la Natura) son açadones con que los cuitados sacan de los centros de sus sospechas las inuisibles cornetas de la Fama. Y aduierte que se burlan mas d' el que se fatiga en poner remedio que d' el pacífico que lo dissimula o ignora, y qu' es menester gran ingenio para evitar tan inutil y enojosso conocimiento. Por lo qual aconseja (sobre su conciencia) que cada vno renueue en su casa la costumbre de los prudentissimos Romanos (a quien deue imitar), que quando bolvian a las suyas lo embiaban delante a auissar a sus mugeres para no cogerlas de sobresalto, descuidadas y mal compuestas». (Pág. 435).

Claro que no ha de tomarse al pie de la letra tan desvergonzada exhortación á la mansedumbre conyugal, sino entenderse del revés y como legítima sátira; pero el tono escéptico y maleante de Velasco es un síntoma de ligereza moral, que no encontramos, por ejemplo, en la primera _Celestina_, cuyo fondo es grave y amargo.

Todo es, por el contrario, vivo, jovial y risueño en la _Lena_, aunque no sea fruto primaveral sino muy tardío del Renacimiento italiano. Un buen humor constante; una profunda socarronería, que se divierte en la invención de lances grotescos y de personajes estrafalarios; un chiste no verbal ni epidérmico, sino nacido de los caracteres y de las costumbres; una frescura excesiva y desahogada, pero que no llega á los límites de lo torpe, prestan singular encanto á este ameno librillo. El diálogo, aunque muy recargado de picantes especias y frases de doble sentido, es tan pintoresco como dramático, lleno de brío y fuerza cómica y de ocurrencias felices. La locución es purísima y correcta, á pesar de haber residido el autor tantos años en extranjeras tierras. Entre los excelentes prosistas que dió Valladolid en nuestro siglo de oro ninguno aventaja á D. Alfonso Velázquez en la propiedad de las palabras y en la elegancia de la construcción. El doctor Suárez de Figueroa, comparado con él, parece redicho y almidonado, á pesar de sus admirables dotes. Velasco tiene la espontaneidad de los grandes escritores, sin que le falte el aliño de las letras humanas, que comunica al estilo cierta distinción aristocrática. El inconfundible matiz de su ironía, si por una parte nos hace pensar en Italia, por otra nos recuerda el gracejo fuerte y sabroso de León y Castilla la Vieja; modalidad muy digna de tenerse en cuenta en el rico museo del humorismo peninsular, aunque sea distinta de la gracia andaluza.

Españoles son ó parecen todos los personajes. La acción pasa en Valladolid, y no faltan toques de color local muy oportunamente dados. Se habla de los abogados de la Chancillería. Inocencio va á decir sus devociones al _Cementerio de la Magdalena_ (pág. 399). Lena lava _por su devoción_ paños del _hospital de Esgueva_ (pág. 403). El barbero Ramiro anda por _la acera de San Francisco_, buscando nuevas que contar á sus clientes (pág. 404). Vigamón compara la dureza y estrechez de su cama con la del _guardián del Abroxo_ (pág. 412). Marcia y Casandra fingen ir á vísperas _en las Huelgas_ (pág. 419). También se mencionan la romería de Nuestra Señora de Prado y la de Cerveros, la renta de Toro y la de Boezillo (pág. 421), la plazuela de San Llorente, la casa de Orates y el paseo del Espolón. Cervino, «acompañado de diez ó doce escapados de la horca», asalta á los hijos de doña Violante «en aquel passo estrecho que va de la Boheriza al Rio, entre las casas del duque de Bexar y la Rondilla». (Pág. 427). Hay alusiones nominales, como en el teatro aristofánico, á personas conocidas de aquella ciudad: «¿Era por ventura vuestro pariente Corcuera, Maestresala del Conde de la Gomera, que vino á ser Tesorero del de Oñate y murió Contador del Marqués de Falces?». (Pág. 400).

Todas las _Celestinas_ abundan en datos de _folk-lore_, y no hace la _Lena_ excepción en este punto. Algunos son por extremo peregrinos. Allí encontramos á los de la tierra de Babia, «que siegan el trigo con escaleras»[491] (pág. 394); á «los soldados de Trencha, que eran treinta y seis a arrancar un nabo». (Pág. 415), y á los habitantes de «la gran ciudad de Cestiérnega, fundada al pie d' el alto monte de San Cristoual, media leguecita de aqui (Valladolid), que no tiene alcalde, alguazil, porqueron, escriuano, medico, boticario, cura ni sacristan (falta para biuir en paz y con salud mil años), abundantissima de quixones y turmas de tierras, que son bonissimas para los avogados y mejores para los novios». (Pág. 429). Frisa en lo rabelesiano esta última fábula, y bien pudiera ser invención de nuestro desenfadado autor.

Aunque tenga la _Lena_ tanto detalle español y aun regional; aunque la Valladolid alegre, pródiga y viciosa que nos presenta sea la misma que nos dan á conocer los poetas, novelistas, viajeros y autores de relaciones que la describieron durante el breve período en que llegó á ser transitoria corte de la monarquía española[492], la _Lena_ es comedia de interés humano y sus caracteres tienen algo de universal. Quizá el mayor mérito del autor estriba en eso. Gracias á él desaparecieron los tipos parásitos y convencionales, que habían llegado á ser el _caput mortuum_ de las _Celestinas_ secundarias: el insoportable rufián baladrón y perdonavidas, y las palomas torcaces de la casa llana. Desembarazado el teatro de tales figuras, sólo quedaba del cuadro antiguo Celestina, es decir, la Lena, tratada con la posible novedad, sin el intento temerario de competir con el inaccesible modelo, sin el plagio inocente que tantos cometieron queriendo arrancar á Hércules su clava. Todo el maleficio sobrenatural que envuelve la creación de Rojas ha desaparecido. La _corredora_ Lena Corcuera de Cienfuegos no es más que una vieja hipócrita y taimada, que á costa de la simplicidad del bachiller Inocencio, y sin tener que zurcir voluntades ajenas, puesto que cuenta desde el principio con la complicidad de Marcia y de su hijastra, conduce á su fin dos intrigas escandalosas, y acaba por contraer grotesco matrimonio con el barbero Ramiro: última bufonada de la obra. No hay seducción de ningún género, ni podía haberla, porque las dos damas rinden desde el primer momento la fortaleza de su honor, y sólo se trata de burlar la vigilancia del celoso. «Ya murió Calisto, y nuestra Melibea se da tanta priessa a sacarnos de pena, que la mercancia vendra a salir poco más que de balde», dice Cornelio (pág. 411), marcando con esto sólo la diferencia entre ambas obras.

Pero aun siendo tan subalterno el papel de la Lena, que aquí no ejerce ninguna sugestión psicológica, son tantos los donaires que el autor pone en sus labios, especialmente cuando habla con el Bachiller, y tanta la viveza y gracia de sus réplicas, que bien mereció dar su nombre á esta comedia, con más justicia que el Celoso, cuya semblanza, trazada por la mano del rencor, tiene mucho de caricatura. Cervino es una especie de bestia, sin ningún rastro de sentimientos generosos, y aunque las necias precauciones de que se vale recuerdan algo las del _Celoso Extremeño_[493], no hay en la licenciosa farsa del poeta _pinciano_ nada que remotamente pueda compararse con la honda y severa tristeza que infunden las últimas páginas de la historia de Felipe de Carrizales. Este ejemplo bastaría para probar cuánto va del genio al ingenio, por muy despierto y hábil que éste sea. Las sales de la _Lena_ son de las que no sólo en la mesa de Plauto sino en la de Miguel de Cervantes pudieran servirse. Si el portentoso novelador tuvo conocimiento, como es muy probable, de una obra que en Valladolid debía de ser muy leída cuando él residió allí, pudo aprovecharla ciertamente para el estilo, porque aquella prosa está muy vecina á la suya, pero nada hallaría que aprender de lo que es más humano y profundo en su arte.

Todos los caracteres secundarios de la _Lena_ están presentados con mucho garbo y viveza. El viejo enamorado Aries, la honesta dueña doña Violante, que con toda su severidad esconde bajo las tocas y el monjil una juventud todavía fresca y la codicia de nuevos amores; los dos hermanos Damasio y Macías, enamoradizos, pendencieros y díscolos, como hijos de viuda rica, criados con toda libertad y regalo; el barbero Ramiro, charlatán entremetido, con sus puntas y collares de alcahuete; su hija Policena, tipo de precoz y salaz desenvoltura, que recuerda un poco ciertas heroínas de los _Entremeses_ de Cervantes... todos son lo que deben ser en el conjunto de la fábula, y todos hablan en el estilo más adecuado á sus respectivas condiciones.

Pero entre tantos personajes felices, ninguno llega al bachiller Inocencio, que es la gran creación cómica de Velasco y uno de los más graciosos pedantes que en el teatro ó en la novela pueden encontrarse. Lo de menos es la copia de latines que ensarta y la disparatada aplicación que les da. Lo fundamental es su carácter bonachón y simple, que no ve mal en nada, que se resiste á la evidencia más palmaria, que cree á pies juntillas cuanto embuste le dicen, y colabora cándidamente en la deshonra de la casa de Cervino, que tal vigilante había buscado para su mujer. Chistosísima es, bajo este aspecto, la escena en que se descubre el engaño del arca por una infantil travesura del paje Bezerrica:

«_Inocencio._--¿Qué maldad puede cometer un hombre encerrado en un arca? tuviessemos assi todos los malos y podriamos dormir a sueño suelto, sin temor de ladrones.

Quanto más que son cosas de mozos, y auran querido hazer alguna burla al barbero y a su hija...

«_Cervino._--¡Mirá a quién he yo encomendado mi honra!

«_Inocencio._--No está mal guardada quando el que la podría quitar viene debaxo de llaue.

«_Cervino._--Quitaosme de delante, insensato, no me hagais...

«_Inocencio._--Mire V. md. que se deue tener respeto a un hombre graduado como yo, porque d' este palo nascen los Oydores y Presidentes que mandan el mundo. Si, que yo no soy zahori para ver lo que está en las arcas cerradas; por qué no lo adevinó V. md. quando la hizo descargar en casa? _Auctor horum malorum praeter te nemo fuit_» (pp. 424-425).

Las cándidas distracciones del Bachiller Inocencio sugieren á Ticknor el recuerdo de aquel incomparable dómine Sámsom que pinta Walter-Scott en su novela _Guy Mannering ó El Astrólogo_; pero la semejanza es aparente y exterior, porque Inocencio es tonto de capirote, aunque simpático por su misma bobería, y el dómine Sámsom, rico de otra bondad más alta, sólo hace reir por lo torpe y desmañado.

Tal es esta comedia magistral, aunque frívola y liviana, que, si no fué la última de las _Celestinas_, por haberse publicado todavía durante el siglo XVII algunas muy notables, señala el término de la primera serie y anuncia la transformación del género, libertándole de la servidumbre de los lugares comunes en que había caído, restituyéndole el nervio dramático y trayendo nuevos elementos á la pintura de costumbres. Por esta senda caminaron otros ingenios, especialmente Salas Barbadillo en _La Sabia Flora_ y en _El Sagaz Estacio_, obras en que me parece evidente el influjo de la _Lena_ juntamente con el de la comedia italiana. Pero de esto se hablará en otro lugar.

Por ahora aquí termina el estudio analítico y minucioso que nos hemos impuesto de una de las más singulares manifestaciones de nuestro arte dramático y novelesco, pues á los dos se extiende su influjo y sirve de puente entre los dos géneros. La especial índole de estos libros exige todo género de precauciones en su exposición, pero creo haberla realizado con decoro literario y sin hipocresía, persuadido como estoy de que la ciencia purifica todo lo que toca y tiene derecho á invocar todo género de testimonios, interpretándolos con desinterés absoluto. Consecuencias muy importantes, no sólo de historia literaria, sino de historia social, se deducen de estos libros, que son además un tesoro de lengua castellana; y no me arrepiento, por tanto, de la tarea nada leve que este volumen me ha costado, ni juzgo que desdiga de mis años y de la severidad de los estudios que profeso.

Á continuación de este prólogo van reimpresas cinco obras del género _celestinesco_: la _Tragedia Policiana_, la _Comedia Florinea_, la _Eufrosina_, la _Doleria del Sueño del Mundo_ y la _Lena_. Las dos primeras son de la más extraordinaria rareza; la _Doleria_ lo es mucho menos, pero sólo podía leerse en las ediciones primitivas. La _Eufrosina_ castellana escasea bastante, aun en la reimpresión del siglo XVIII. De la _Lena_ hay edición relativamente moderna, pero poco satisfactoria, y el valor literario de la obra es tal, que por ningún concepto puede faltar en una Biblioteca do Autores Españoles.

No he reproducido la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_ y la _Comedia Selvagia_ (aunque lo merecían) por estar ya incluídas en la colección de _Libros Raros y Curiosos_, donde figura también la _Segunda Celestina_ de Feliciano de Silva. En la misma colección se hallan la _Thebayda_, la _Seraphina_ y la _Lozana_, que bajo ningún pretexto hubieran debido exhumarse.

Con esta colección y la nuestra queda casi completa la serie de las _Celestinas_, pues apenas falta otra que la de Gaspar Gómez de Toledo, tan absurda y mal escrita que nadie ha de pensar en sacarla del olvido.

En todos los textos seguimos fielmente las ediciones originales (salvo la puntuación) y conservamos la antigua ortografía, no sólo por razones filológicas, sino por la conveniencia de cercar con una especie de vallado ó seto espinoso estas producciones, alejando de ellas al profano vulgo. Las obras que este tomo encierra son ciertamente de las menos libres y más morigeradas de su clase: lo son hasta en cotejo con la tragicomedia primitiva; pero así y todo no deben correr indistintamente en todas manos. El precio relativamente elevado de esta colección, el aspecto arcaico del texto, el aparato crítico y bibliográfico que le acompaña, bastarán, según creemos, para conjurar todo peligro.

Una deuda de gratitud me resta cumplir con mi sabio y cariñoso amigo el eminente literato D. Francisco Rodríguez Marín, que con su bondad acostumbrada y su pasmoso conocimiento de la lengua del siglo XVI me ha ayudado en la corrección de pruebas de estas comedias, cuya recta lección ofrece no pocas dificultades. Aun con tal auxilio no me lisonjeo de haberlas vencido todas, pero seguramente habré disminuído el número de las erratas, y las que queden sólo á mi descuido deben achacarse.

En el cuarto y último tomo de estos _Orígenes de la novela_ trataré especialmente del género picaresco, y también de otras formas novelísticas ó análogas á la novela, como los coloquios y diálogos satíricos[494].

NOTAS:

[276] _Cancionero de las obras de D. Pedro Manuel de Urrea._

Fol. Let. got. de XLIX hojas foliadas y dos más sin foliatura, una al principio con la Tabla y otra al fin con el colofón: «Fue la presente obra emprentada en la muy noble y muy leal ciudad de Logroño a costa y espensas de Arnao Guillen de Brocar, maestro de la emprenta en la dicha ciudad. E se acabo en alabança de la Santisima trinidad a siete di-as del mes de Julio. Año del nascimiento de nuestro Señor Jesucristo mil y quinientos y trece años». El texto está impreso á dos y tres columnas.

Es una de las impresiones más elegantes y primorosas de aquel tiempo, como cuadraba á la condición aristocrática del poeta. La _Égloga_ empieza al dorso del folio XLIV y llega hasta el XLIX.

Hay una reimpresión moderna en la _Biblioteca de escritores aragoneses_ costeada por la Diputación Provincial de Zaragoza. (_Cancionero de D. Pedro Manuel Ximenez de Urrea..._ Zaragoza, imprenta del Hospicio Provincial, 1878). Escribió el prólogo D. Martín Villar, antiguo profesor de la Universidad cesaraugustana. PP. 453-479 está la _Égloga_.

[277] _Antología de poetas líricos castellanos_, tomo VII, pp. CCLIV-CCLXXX.

[278] En la primera reproducción hecha por Foulché-Delbosc de la _Comedia de Calisto y Melibea_ (1900) este acto ocupa desde la pág. 6 á la 37. El trabajo versificatorio de Urrea no alcanza más que hasta la pág. 17.

[279] Consta por sus propios versos que Urrea se casó á los diez y nueve años. Sus capitulaciones matrimoniales llevan la fecha de 1505.

[280] La Tabla lleva este encabezamiento: «Tabla de las obras que hay en este Cancionero, trobadas por D. Pedro Manuel de Urrea, _acabado todo lo que en él se contiene hasta XXV años_».

[281] _Calisto._--En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

_Melibea._--En qué, Calisto?

_Calisto._--En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotasse, y fazer a mí inmerito tanta merced que verte alcançase, y en tan conueniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiesse. Sin duda incomparablemente es mayor tal galardon que el seruicio, sacrificio, deuocion y obras pias que por este lugar alcançar tengo yo a Dios offrecido, ni otro poder mi voluntad humana puede complir. Quién vido en esta vida cuerpo glorificado de ningun hombre como agora el mio? Por cierto los gloriosos santos que se deleitan en la vision diuina, no gozan más que yo agora en el acatamiento tuyo. Mas, o triste! que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienauenturanza, y yo mixto (_A_) me alegro con recelo del esquiuo tormento que su absencia me ha de causar.

_Melibea._--Por gran premio tienes esto, Calisto?

_Calisto._--Téngolo por tanto en verdad, que si me diesse en el cielo la silla sobre sus santos, no lo ternia por tanta felicidad.

_Melibea._--Pues aun más ygual galardon te daré yo, si perseueras.

_Calisto._--O bienauenturadas orejas mias que indignamente tan gran palabra aueis oydo!

_Melibea._--... Vete, vete de ay, torpe, que no puede mi paciencia tolerar que aya subido en coraçon humano comigo el ylicito amor comunicar su deleyte...

[282] El villancico con que termina la _Égloga_ es de los más endebles de su autor, que los compuso primorosos, pero se inserta aquí por ser lo único original que Urrea puso en su imitación:

Téngase siempre alegría Do puede auer esperança, Que todo hace mudanza. La rueda de la ventura Siempre anda en su mouer, En vna mano el plazer Y en la otra la tristura. No desmaye la cordura Do puede auer esperança, Que todo haze mudança. Do el descanso haze asiento El pesar hace morada, Que ventura está fundada, En sus hechos, sobre viento. Muy poco dura el tormento Do puede auer confiança, Que todo haze mudança.

_Fin._

Y así que nunca el consuelo Se tarda ni durará, Que lo que en ventura está Todo se pasa de vuelo. Pues no tengamos recelo Do puede auer esperança, Que todo haze mudança.

[283] En el tomo IV del _Manuel du libraire_, p. 478, le llama _Vebra_; en el V, p. 1146, _Verrea_.

[284] _Penitencia de amor_ compuesta por don pedro manuel de Vrrea.

(Colofon): «Fue la presente obra emprentada en la muy noble y muy leal ciudad de Burgos a costas y espensas de Fadrique, aleman de Basilea, maestro de la emprenta en la dicha ciudad. E se acabo en alabança de la sanctissima trinidad a Viij dias del mes de Junio. Año del nascimiento de nuestro Señor jesuchristo de Mil y quinientos y quatorze años».

Á la _Penitencia_ siguen poesías de Urrea, que ninguna relación tienen con ella, y pueden considerarse como un pequeño suplemento de su _Cancionero_.

No conozco este rarísimo opúsculo más que en la reproducción de la _Biblioteca Hispánica_ (tomo X). _Penitencia de Amor_ (Burgos, 1514). _Reimpresión publicada por R. Foulché-Delbosc_ (Barcelona, tipografía «L'Avenç», 1902).

Vid. además _Revue Hispanique_, 1902, pp. 200-215.

[285] Su efecto no se destruye ni con el inmediato castigo de los amantes, ni mucho menos con una piadosa oración que pronuncia Darino, porque ésta se halla al principio de la obra (pág. 8) y la escena de la violación de Finoya al fin (pág. 66), después de los chistes de cuerpo de guardia con que se obsequian Renedo y Santoyo.

Por lo demás, no puede dudarse de la ortodoxia de Urrea, y aun del recelo que le inspiraba las especulaciones filosóficas. Así lo indica este curioso pasaje:

«_Darino._--Dexa de hablar en la filosofia natural: todos los filosofos se perdieron; Dios es sobre natura. Como harás tú creer a un filosofo, que cree las cosas naturales, que Dios esté en la ostia que es carne suya y el vino sangre? No creen lo que Dios manda, syno lo que ellos pueden comprender. Saben la fisica y no saben en lo de Dios; el mayor filosofo dixo que el mundo nunca tuvo principio ni tendria fin: mira qué grande eregia! No hables de filosofos falsos, que materia tenemos entre manos de qué hablar». (Pág. 58).

[286] Hasta siete veces, salvo error, está alegado Séneca. De Ovidio hay una cita (_Art. Amat._, I, 3-5): «Que, como dice Ouidio; por arte de los remos y velas van las fustas por la mar, por arte son ligeros los carros y carretas y por arte se a de regir el amor». De Juvenal otra que parece corresponder á la sátira décima (328-329): «Y Juvenal dize: las mugeres o aman ardiendo o aborrecen mortalmente.»

[287] No sólo le imita á menudo en sus versos, sino que le cita en la _Penitencia_ (pág. 9): «Bien dize Petrarcha quel morir es un salir de presion, y que no es triste syno para los que tienen puestos los vanos cuydados en el lodo deste mundo.»

También alude á Seraphino Aquilano (pág. 58): «No sabes lo que dize Serafino, poeta aquilano? que aunque sean dos ombres de vna condicion no son de vna ventura, syno que pueden ser muy diferentes. De vn mismo arbol, de la vna rama hazen un crucifixo que todo el mundo lo adora, y del otro hazen vna horca o lo hechan en el tajo; y en un mismo campo sembrada vna misma simiente, la metad della comen los ganados y del otro se haze una ostia y viene Dios a estar en ella.»

[288] Esta imitación es á veces casi literal en el concepto y en la frase: «Salamon, que fue tan sabio, no se enamoró de vna de las gentiles, y ella le hizo ydolatrar? y Virgilio no estuuo colgado en vn cesto que lo puso su amiga vn dia que passó por allí una _procession_? Todos los papas, emperadores y reyes, gente de yglesia y del mundo, an peccado en esto más que en otro». (Pág. 55).

[289] Véanse dos ejemplos breves:

«_Darino._--Yo te beso, carta, que traes razones pensadas del gentil entendimiento de aquella que no tiene comparacion, o palabras escriptas por aquella mano blanca y delicada, o papel guardado en aquella arquilla donde tiene aquella dama el espejo y atauios sin los quales ella puede pareçer donde quiere y ninguna delante della...». (Pág. 23).

«_Angis._--O, quánto me pareçen mejor las trompetas en el campo que las músicas en la calle! mucho mejor las armas que los brocados, los quales se gastan más cauallerosamente en los campos batallando que en los destrados diziendo donayres. No han de ser los ombres todos en burlas, que se avezan a çufrir injurias, mas las más veces vestidos de fieltro y de cuero, y morir en el campo y no en la cama, lleuar la barba creçida, porque en todas las cosas que el ombre se puede apartar de parecer muger es razon que lo haga...». (Pág. 37).

[290] «Ya trayo _aconuerto_ de muerte: en la hora que acordé venir aqui, dexé todo quanto tenia sin esperança». (Pág. 14).

«Mi _aconuerto_ va luchando con mi peligro: no me puede venir cosa que ya no la tenga ensoñada» (pág. 40).

«Suele venir el _aconuerto_ de cosa que no hay alegria». (pág. 66).

«Todas tus palabras son para aconfortarme, mas no me dan _aconuerto_ quando pienso el desamor de Finoya y mi poca ventura». (Pág. 55).

«Ya trayo mis _aconuertos_ hechos. Dios nos guie: a él encomiendo esto, y venga lo que viniere» (pág. 51).

Sólo en el cuarto de estos ejemplos está usada la palabra _aconuerto_ en el sentido de «consuelo» ó «alivio», que es el que cuadra á su derivación del verbo _aconhortar_.

[291] No faltan insulsos juegos de palabras que anuncian á Feliciano de Silva, v. gr. «Porque vea más de cerca tu gentil _figura_ que me tiene _desfigurado_». (Pág. 48). «Yo contra ti no puedo ganar, porque no me queda con qué _aventurar_, y no aprouecharia ser _auenturero_, pues que soy _desuenturado_» (pág. 35).

La lengua no ofrece particularidad notable. Los aragonesismos son raros. Sólo he notado un _por tú sola_ (pág. 52).

[292] _La Penitēce Damour, en laquelle sont plusieurs Permasiōs et respōces tresutilles et prouffitables, Pour la recreatiō des Esperitz qui veullēt tascher a hōneste conuersation auec les Dames. Et les occasions que les Dames doibuēt fuyr de cōplaire par trop aux pourchatz des Hommes, et importunitez qui leur sont faictes soubz couleur de Seruice, dont elles se trouuent ou trompees, ou infames de leur Honneur, R. B._

(Al fin): Cy fine la Penitence Damour nouuellement Imprimee. Mil. D. XXXVII. En 16.º.

El único ejemplar conocido de este libro pertenece hoy á la Biblioteca Nacional de París, y procede de la de Mr. Méon, conocido colector de los _Fabliaux_ de la Edad Media.

(Vid. Foulché-Delbosc, _Revue Hispanique_, 1902, pp. 203-205).

[293] Coplas sobre la toma de Fuenterrabía, hechas por Lope Ortiz. It. «Hágase mucha alegria». D. «Á la contina os va mal». It. un villancico. It. «Pues no quereis tener paz». It. se siguen unas coplas del mismo á una señora, porque trovó una glosa sobre _Maldito sea Mahoma_. It. «Señora muy noblecida». D. «tan ligera me vencí». It. un Codicillo de amores del mismo. It. «Sepan los enamorados». D. «Y por amansar su pena». Es en 4.º Costó en Medina del Campo 3 blancas, á 23 de Noviembre de 1524.

[294] A este romance sigue un _villancico_:

Amor, quien de tus plazeres Y deleites se enamora, Á la fin cuytado llora...

y un _Romance que fizo un galan alabando a su amiga_, del cual se conoce otra lección publicada por Wolf (_Sammlung_, 276), tomada de un pliego suelto de la Biblioteca de Praga.

[295] Tomo IX de la _Antología de poetas líricos castellanos_, pp. 339-350.

El ejemplar que Salvá (_Catálogo_, t. I, p. 394) ocasionalmente describe, es, según toda probabilidad, el mismo que hoy pertenece á mi colección, y que el bibliófilo valenciano vería en Inglaterra, en la de Mr. Samuel Turner, cuyo _ex libris_ conserva.

[296] _Síguese la tragicomedia de Calisto y Melibea, nueuamente trobada y sacada de prosa en metro castellano, por Juan Sedeño, vezino y natural de Areualo..._ 4.º let. gót. 114 pp.

(Colofón): «Acabose la tragicomedia de Calisto y Melibea: impressa en Salamanca, a quinze dias del mes de deciembre, por Pedro de Castro impresor de libros. Año de mil y quinientos y quarenta años».

El ejemplar de la Biblioteca Nacional, que no es por cierto el bellísimo que perteneció á D. Agustín Durán, carece de portada y está expurgado por Fr. Alonso Cano, calificador del Santo Oficio, en Madrid 28 de julio de 1639.

En el _prólogo al lector_ se leen algunas especies curiosas, de las cuales pudiera inferirse que algo había descendido la popularidad de la _Celestina_ en 1540, si no tuviésemos tantas pruebas de lo contrario. Es probable que Sedeño exagerase las cosas para justificar de algún modo su inútil trabajo de refundición.

«Escudriñando y buscando en qué mi grosera pluma exercitar pudiese, ocurriome a la memoria la no menos sutil y artificiosa que util y provechosa tragicomedia de Calisto y Melibea. La cual como algunas veces fuese por mí leida, siempre me hallaba nuevo en ella, hallando cada vez cosas dignas de ser vistas y notadas; consideraba el gran provecho que a los que (no parando en la corteza) sacan y toman el meollo de ella se sigue. Vi asi mismo que siendo un compendio tan fructuoso, como todas las novedades aplazen más; a causa _de algunas nuevas cosas que en depravacion de las antiguas, de poco tiempo acá son salidas; de esta ya como raída y apartada de la memoria por olvido de la gente, están las públicas tiendas de los mercaderes y libreros tan solas como las secretas librerías de los sabios desamparadas; y que nadie cura de leerla_ para sacar de ella la utilidad que lícitamente podía conseguir... Muchos toman gusto en las cosas nuevas, y pocos (aunque algunos) toman sabor en las cosas antiguas; y al fin cada uno de diverso modo, y por esto, viendo que _este breve libro por su antigüedad que entre las modernas cosas tenía, a muchos era odioso y cuasi a ningun favor acepto; quise dalle favor con alguna novedad en que los lectores se deleitasen, y esto no quise que fuese adicion de algun auto como algunos han hecho..._(a). Y como esta obra estuviese del todo cumplida, y de ninguna cosa falta, no me pareció justo añadir en ella cosa alguna. Mudar la orden de su proceder, era en agravio de sus primeros autores, a quien tanta reverencia se debe. Pues considerando que todas las cosas que en metro son puestas traen a sus autores dos grandes provechos. Lo uno ser así a los oyentes como a los lectores más aceptas, y lo otro que más facilmente a la memoria de las gentes son encomendadas: aunque con trabajo de mucho tiempo me dispuse a lo hacer con determinada voluntad de no adicionar ni disminuir las sentencias y famosos dichos. I por tanto al discreto lector (a cuya correccion me someto) suplico si coplas o versos de esta mi obrilla el debido sonido no tuvieren, no por eso me culpe, pues no se sufria menos, para que la sentencia del verso de la prosa no discrepase; principalmente en obra de tanta fatiga y trabajo; antes su elocuencia emiende aquello que emienda requiere, y lo demas ampare con las alas de su prudencia y discrecion».

(a): Alude sin duda al de Traso.

Como muestra del trabajo de Sedeño, copio los primeros versos del acto primero, para que se comparen con los de Urrea:

CAL. En esto veo, Melibea, la grandeza de mi Dios cuán sublime y grande sea.

MEL. Decid, porque yo lo vea, Calisto, en qué lo veis vos.

CAL. En dar poder á natura que tan linda te hiciese y dotasse tu figura de tan alta hermosur que ninguna igual te fuese. Y a mí quisiese hacer, indigno, merced tamaña, que te alcanzase yo a ver en lugar do mi querer descubra mi pena estraña. Y para mi gran pasion juzgo yo, señora mía, ser mayor tal galardon que toda mi devocion ni cualquiera otra obra pia. Dime, si en ello has mirado, señora de mi alvedrio, quién ovo jamás hallado un cuerpo glorificado de la suerte que está el mio. Por cierto los muy gloriosos ante la viva existencia no se hallan tan graciosos, tan contentos ni gozosos como yo con tu presencia. Mas hay esta diferencia de su gloria a mi placer: que ellos gozan la apariencia de la divina excelencia sin temor de la perder; yo me alegro con recelo del tormento tan esquivo que tu ausencia y mi gran duelo dan a mí gran desconsuelo en grado muy escesivo.

MEL. Tienes este galardon por muy grande y muy crecido?

CAL. Júzgale mi corazon por tan alto y claro don cual otro jamás ha sido. Si en la gloria Dios me diese, y esto te digo en verdad, una silla en que estuviese, no pienso que lo tuviese por tanta felicidad.

[297] _Svmma de varones ilustres: en la qual se contienen muchos dichos, sentencias y grandes hazañas y cosas memorables, de Docientos y veynte y quatro famosos, ansi Emperadores, como Reyes y Capitanes, que ha auido de todas las naciones desde el principio del mundo hasta quasi en nuestros tiempos por el orden de A. B. C. y las fundaciones de muchos Reynos y Prouincias... La qual recopiló Johan Sedeño, vezino de la villa de Areualo. Año de 1551..._ En Medina del Campo, por Diego Fernandez de Cordoba. Hay otra edición de Toledo, 1590.

[298] _Siguense dos coloquios de amores y otro de bienauenturança en el qual se trata en qué consiste la bienauenturança de esta vida, nueuamente compuestos por Juan de Sedeño, vezino de Areualo. M. D. XXXVI._ Sin lugar de impresión. 16 páginas en 4.º. [299] _Catálogo de obras dramáticas impresas pero no conocidas hasta el presente... Por Don Emilio Cotarelo y Mori_, 1902, pág. 30. [300] «Juan de Sedeño published, in 1536, two prose dialogues on Love and one on Happiness. The former in a more philosophical spirit and with more terseness of manner, than belonged to the age» (t. II de la ed. de 1863, pág. 10).

[301] No existe ningún estudio especial acerca de este fecundo y desvergonzado versificador. En Usoz (_Cancionero de obras de Burlas_, pp. 237-241), en el _Romancero General_ de Durán (ns. 285, 1252, 1845), en el _Catálogo_ de Salvá (tomo I, pp. 14 y 15) y sobre todo en el tomo IV del _Ensayo_ de Gallardo (pp. 42 á 59, 1406 á 1422), se encuentran varias piezas poéticas suyas y noticias bibliográficas de otras. Dos de sus pliegos góticos fueron reproducidos en facsímile por D. José Sancho Rayón.

[302] _Aquí comiençan vnas coplas de las comadres. Fechas a ciertas comadres no tocando en las buenas: saluo de las malas y d' sus lenguas y hablas malas, y de sus afeytes y sus azeytes y blanduras; z de sus trajes z otros sus tratos, Fechas por Rodrigo de Reynosa_ (Facsímile de Sancho Rayón). El original que sirvió para ella pertenece á la inestimable colección de pliegos góticos que posee la Biblioteca Nacional, procedentes de la de Campo Alanje.

[303] _Gracioso razonamiento, en que se introducen dos rufianes, el vno preguntando, el otro respondiendo en germanía, de sus vidas z arte de vivir: quando viene vn alguacil; los quales como le vieron, fueron huyendo, z no pararon fasta el burdel a casa de sus amigas: la vna de las quales estaua riñendo con vn pastor, sobre quel se quexaua que le auia hurtado los dineros de la bolsa. Y viendo ella su rufian hazese muerta, y el se haze fieros, y dize al pastor que se confiese, el qual haziendo asi, acaua._ Reproduje este _Razonamiento_ en el _Ensayo_ de Gallardo (t. IV, cols. 1418-1422), excepto las seis últimas estrofas (_confesión del pastor_), que no me atreví á incluir por estar llena de horribles obscenidades.

[304] _Comiença vn razonamiento por coplas, en que se cōtrahace la germanía z fieros de los rufianes z las mugeres del partido, z de vn rufian llamado Cortauiento y ella Catalina torres altas, con otras dos maneras de romance y la Chinigala. Fechas por Rodrigo de Reinosa_ (n.º 4487 de Gallardo). Otras composiciones de muy diverso estilo tiene Rodrigo de Reinosa, feliz imitador de Juan del Enzina en la poesía pastoril y aun en la lírica popular de asunto religioso. Pero no me incumbe tratar de ellas aquí, reservando para otro lugar el estudio de este peregrino poeta, que acaso fué oriundo de la villa montañesa de su apellido, pues no hay otro pueblo homónimo en España.

[305] Incidentalmente fué imitada la _Celestina_ en otros pliegos sueltos que relatan fierezas y desgarros de jaques y rufianes, pero tienen menos curiosidad que los de Rodrigo de Reinosa. Un solo rasgo de la tragicomedia, el ditirambo que pronuncia Celestina en el acto IX, escandecida por el mosto de Luque ó de Munviedro, fué origen de una serie de _Villancicos muy graciosos de unas comadres muy amigas del vino_. Tienen verdadera gracia, y en Gallardo (t. I, n.º 1272) pueden leerse. Uno de ellos tiene por tema inicial una frase de la vieja dipsómana:

La letra dice que beban Tres veces a la comida; Mas debe estar corrompida...

«_Pármeno._--Madre, pues tres vezes dizen que es bueno e honesto todos los que escriuieron.

«_Celest._--Hijos, estará corrupta la letra, por treze tres.»

[306] Véase el interesante estudio, con extractos copiosos, que de estos sermones, los cuales se conservan manuscritos en la Biblioteca de la Catedral de Valencia, ha publicado su digno archivero D. Roque Chabás en la _Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos_, tercera serie, tomos VI, VII, VIII y IX (1902 y 1903). Conviene advertir que muchas de las cosas que San Vicente dice sobre los vicios y escándalos que afligieron á la cristiandad durante el largo cisma de Occidente son de aplicación general y no circunscrita á Valencia, pero otras tienen un carácter local muy marcado.

[307] _Spill o Libre de les Dones. Per Mestre Jacme Roig. Edición crítica con las variantes de todas las publicadas y las del Ms. de la Vaticana, prólogo, estudios y comentarios por D. Roque Chabás._ Barcelona y Madrid, 1905. (Forma parte de la _Biblioteca Hispánica_).

[308] _Poesías de Francisco de Sá de Miranda_ (ed. de D.^a Carolina Michaëlis), Halle, Niemeyer, 1885, pág. 250.

[309] En el _romance heroico_ que acompaña á su _Oratio luculenta de laudibus Valentiae_, recogido luego en el _Cancionero General_.

[310] _De Sermone_, lib. III, pág. 1651 de las obras de Pontano en la edición de Basilea.

[311] «_Senex praeterit, octogenarius, cantitans amore insaniens..._» (En el diálogo _Antonius_, fol. 36 vto. del tercer tomo de la edición de Florencia por los herederos de Felipe Iunta, 1520). Sospechamos que se trata de la misma persona que en el pasaje anterior.

[312] En el mismo diálogo _Antonius_ (fol. 65 vto.) hace decir Pontano á su mujer: «_Maritus meus amat ancillulas si quas facie liberali vidit, sectatur ingenuas puellas. Anno superiore Tarenti cum esset, congnovit non unam, anno ante in Hetruria cum Gaditanula deprehensus fuit. Iocatur etiam domi cum Æthiopissis, nec pati possum eius intemperantiam_». Tales costumbres no autorizan á nadie para convertirse en censor de las ajenas, pero Pontano, aunque fiel servidor de la dinastía aragonesa, había dado en la manía de atribuir todos los males del reino á su trato con los catalanes y demás españoles: el uso del puñal, las blasfemias y juramentos, la prostitución y todo género de horrores. Así lo dice en el mismo diálogo _Antonius_ (p. 33): «_Ideoque innocentissimus olim populus dum à Catalonia reliquaque Hispania comportandis gaudet mercibus, dum gentis eius mores admiratur ac probat, factus est inquinatissimus_».

[313] _Valentine in Hispania citeriore aedes quaedam sacrae, Vestaliamque monasterio ita quidem patent amatoribus, ut instar lupanariorum sint._ (En el tratado _De immanitate_, tomo II de la referida edición florentina, fol. 217 vto.) Esta escandalosa noticia puede ponerse en cuarentena respecto de la época en que escribía Pontano, pero de tiempos anteriores hay documentos que, desgraciadamente, la confirman. Véase una carta de los Jurados de Valencia á 5 de septiembre de 1414 sobre el monasterio de San Julián extramuros, que estaba fet _spluga e niu de vicis e peccats_ (Carboneres, _La Mancebía en Valencia_, 1876, pág. 57). Cf. Danvila (D. Francisco). _El robo de la judería de Valencia en 1391_, tomo VIII del _Boletín de la Academia de la Historia_, pp. 370 y 387. En una visita eclesiástica del monasterio de Bernardas de la Zaidia de Valencia del año 1440 (Archivo Histórico Nacional) se manda por el Visitador que ninguna religiosa lleve «_manteta, mantonet, paternostres daur ni de coral... que no s'pelen las celles, los polsos, ni vajen pintades, ço est, de blanquet, argent e color e di ferse luors en la cara_ (_Revista de Archivos_, 3.ª época, tomo VIII, página 293).

[314] _Trionfi, carri, mascherate o canti carnacialeschi_, Florencia, 1559. En esta rarísima colección formada por Lasca se atribuye el Canto de los perfumistas á Messer Jacopo da Bientina Cf. _Canti carnacialeschi_, ed. Guerrini, Milán, 1883, pp. 116-17.

[315] «_Ma il vorressimo in tutta bontà, e di quelli de Valenza che sono ben zaldi de dentro e se vedono pigati col reverso de fori. Pregamovi ad volere ben examinarli et farli vedere a qualche altra persona, et maximae a spagnoli che se ne intendono et cognoscono la bontà loro et come voleno essere per uso de donna._» (Luzio Renier, _Il lusso d' Isabella d' Este_, en la _Nuova Antologia_ de 1896).

[316] «El traer olores y el preciarse de ungüentos preciosos, aunque no es gran pecado, es a lo menos sobrado regalo, y aun vicio bien excusado; porque el caballero mancebo y generoso como vos, más honesto le es preciarse de la sangre que derramó en la guerra de Africa, que no de la algalia y almizcle que compró en Medina». Así escribía fr. Antonio de Guevara en 1529 á su amigo Micer Perepollastre (_Epístolas familiares_, 2.ª parte, XX). Esta donosa letra, _en la cual se toca cuan infame cosa es andar los hombres cargados de olores y pomas ricas_, confirma el exceso que en esto había. Los guantes adobados se vendían á seis y á diez ducados.

[317] _Viajes de extrangeros por España y Portugal en los siglos XV, XVI y XVII_, colección de Javier Liske (año de 1878), traducida y anotada por F. R. (Félix Rozanski). Viaje de Nicolás de Popielovo, pp. 54-57. La costumbre, sin duda de origen francés, de besar á las damas, que llamó la atención del viajero alemán, es una de las que San Vicente Ferrer reprueba en uno de sus sermones inéditos: «Si aliqua est mulier juvenis quae osculetur juvenes, dicent et laudabunt eam tanquam bonam, et «dico ego quod est putana talis» (Ms. del colegio del Patriarca, fol. 209, sermón predicado en Villarreal. Apud. Chabás, _Revista de Archivos_, VIII, 293). «Au regard des dames, elles sont les plus belles et plus gorgiases et mignongnes que on sçace, car le drap d'or et le satin brochié et le velour cramoisy leur est aussy commun que velour noir et satin en nostre pays» (_Voyage de Philippe le Beau en Espagne en 1501, por Antoine de Lalaing, Sr. de Montigny_, en el tomo I de la _Collection des voyages des souverains des Pays-Bas_, publicada por Gachard (Bruselas, 1876, p. 211). El mismo Lalaing hace una detallada descripción «de l' admirable bourdeau dudit Valence» (pp. 213-214). Al año 1571 pertenece el viaje de Venturino da Fabriano, que acompañó al Cardenal Alejandrino legado de San Pío V en España. De este viaje, todavía inédito en la Biblioteca de Dresde, publicó algunos extractos E. Nunziante, _Un viaggio in Europa nel secolo XVI_, y de ellos copia E. Mele (_Revista crítica_, III, p. 288) un pasaje muy curioso relativo á Valencia: «Le donne di Valenza sono più belle dell' altre sinora viste in Spagna, e più invernisate o lisciate e liberissime nella vita loro. Vanno a spasso con cavalieri a piedi, in groppa alle mule, in cocchio, con troppa licenza... Li cavalieri similmente... vestono con ogni sorta di lindezza e ornamento, ben spesso piuttosto muliebre che virile, e le donne con tutta la lascivia, con abito como quello di Barcellona, e de più si coprono il volto, forse per andar più libere, col mantello o con la ventarola, che tutte portano; usano pianelle dette _chiappines_, altissime, nella foggia di zoccoli d'Italia; sono variamente dorate e dipinte». Omito otras citas de viajeros, que nada añaden, como no sea alguna insolencia, y termino con la frase, seguramente hiperbólica, de Juan Botero, que por lo menos debiera haberse acordado de Venecia antes de escribirla: «Non é città in Europa, oue le donne di mal' affare siano più stimate; cosa ueramente indegna, conciosia che quiui e d' habitazione, e di uestito, e di servitù la libidine avanza l' onestà» (_Le Relazioni Vniversali di Giovanni Botero_, Venecia, 1599, pág. 6).

[318] Act. I, sc. X. «Ho letto il cartello, che manda Don Cirimonia di Moncada al Signor Lindezza de Valenza».

[319] Novela 42 de la Primera Parte. _Il signor Didaco Centiglia sposa una giovane, e poi non la vuole e da lei è ammazzato._ «Valenza, quella dico di Spagna, è tenuta una gentile e nobilissima città, dove, siccome più volte io ho da mercadanti Genovesi udito dire, sono bellisime e vaghe donne; le quali si leggiadramente sanno invescar gli uomini, che in tutta Catalogna non é la più lasciva ed amorosa città: e se per avventura ci capita qualche giovine non troppo esperto, elle di modo lo radono, che le Siciliane non sono di loro migliori ne più scaltrite barbiere...». (_Novelle di Matteo Bandello_, Milán, 1813, tomo III, pág. 124).

[320] Croce (B.), _Ricerche Ispano-Italiane, II. Noterelle lette all' Accademia Pontaniana._ (Nápoles, 1898, pp. 1-4). Farinelli (Arturo). _Sulle Ricerche Ispano-Italiane di Benedetto Croce_ (En la _Rassegna Bibliografica della Letteratura Italiana_, Pisa, tomo VII, 1899, pág. 284). Mele (Eugenio). Sobre las _Ricerche_ de Croce, en la _Revista Critica de Historia y Literatura_ de Altamira, tomo III, 1898, pp. 280, 292.

[321] «Más ganaba yo (dice Divicia) que p... que fuese en aquel tiempo, que por excellencia me llevaron al _publique de Valencia_, y allí combatieron por mí cuatro rufianes». (Pág. 260).

[322] «Desde el fallecimiento de la Reina Católica había ido agravándose la dolencia moral que afligía al pueblo valenciano. Los asesinatos, impunes muchas veces; las violencias, los cohechos de los jueces y oficiales de justicia, las infidencias de los depositarios de la fe pública, los raptos de mujeres, los amancebamientos de los clérigos, la creciente apertura de tabernas, el próspero estado de la mancebía; la multitud de _enamorados_, rufianes, vagamundos, paseantes (_picatons_), pendencieros y mendigos que inundaba la ciudad; la infame y repugnante asociación de libertinos, cuyo título y objeto no permite el decoro que se recuerden, y otros muchos justificados hechos que es innecesario consignar, trazan gráficamente el sombrío cuadro de aquella sociedad desquiciada y revuelta. Las crónicas, manuscritos coetáneos, disposiciones de los Jurados y Consejo General, registros de los establecimientos piadosos, procesos de la Inquisición y de los Justiciazgos civil y criminal, las homilias y otros muchos documentos públicos y privados, lo atestiguan de una manera irrefutable». Danvila y Collado (D. Manuel), _La Germanía de Valencia_, pág. 31. Escolano (_Historia de Valencia_, tomo II, lib. X, col. 1449) atribuye el desbordamiento de las malas costumbres á «personas estrangeras de allende, que a ocasion de mercadear, la moravan».

[323] Sabido es que este libro inmundo y soez, cuyo único ejemplar conocido existe en el Museo Británico, fué reimpreso en Londres, 1841, por D. Luis de Usoz y Rio, con el extravagante propósito de mostrar la educación que el clero había dado á la sociedad española. Para Usoz, fanático protestante, era cosa fuera de duda que todas las indecencias del _Cancionero_ habían sido escritas por clérigos y frailes. Tesis igualmente disparatada que la de los que suponen á tontas y á locas que toda nuestra literatura de los siglos XVI y XVII está informada por el espíritu católico y es una escuela práctica de virtudes cristianas. La composición más extensa y brutal del _Cancionero de burlas_, es decir, la parodia de las _Trescientas_ de Juan de Mena con su glosa, tiene algún interés para ilustrar las Celestinas secundarias y la historia anecdótica de la prostitución á principios del siglo XVI. Todos los nombres que en ella se citan tienen traza de ser reales. Fué escrita, ó á lo menos terminada en Valencia, á la cual se refieren las últimas glosas; pero el autor debía de ser castellano por la soltura y desenfado con que maneja nuestra prosa y por las muchas noticias que trae de Salamanca, Valladolid, Guadalajara y otros pueblos del interior de España.

[324] Esta rarísima edición existe en el Museo Británico, procedente de la Biblioteca Grenviliana. Salvá (_Catálogo_, I, 517) la describe en estos términos: «El frontis tiene una ancha orla por sus cuatro lados, y dentro hay un grande escudo de armas del Duque de Gandía. En la parte superior de la portada se lee: _Con preuilegio_, y debajo del escudo: _Síguese la Comedia llamada Thebayda, nueuamēte compuesta, dirigida al illustre y muy magnifico señor él Señor Duque de Gandia..._ Al dorso se halla la dedicatoria titulada _Prefaction_, y en el fol. II otra dedicatoria en verso, después de la cual viene el argumento de _La Thebayda_. Esta comedia en prosa principia en el folio III y concluye al fin del XLV. En el blanco del XLVI se lee: _Síguese la comedia llamada Ypolita nueuamente compuesta en metro._ Esta termina en el fol. LII vto. Siguen después foliación y signaturas nuevas para la _Comedia nueuamente compuesta llamada Seraphina, en que se introducen nueue personas. Las quales en estilo comienço_ (sic. por _cómico_) _y á vezes en metro van razonando hasta dar fin á la comedia_. Finaliza ésta en el reverso del fol. XIII, marcado por errata como si fuera el XII. Después leemos: _Aunque_ (_¿Nunque?_) compuesto por el mismo autor. Sigue á esta especie de epígrafe una colección de sentencias en pareados de ocho sílabas, las que principian á la vuelta de la penúltima hoja y ocupan casi todo el blanco de la última, dejando solamente lugar para lo que copio á continuación: _Fue impresa la presente obra en la insigne Cibdad de Valencia por matre_ (sic) _George Costilla, impresor de libros; acabose a XV del mes d' febrero del año mil y D. XXj_ (1521). _Otorgo su cesarea magestad al presēte libro gracia y Priuilegio que ninguno lo pueda imprimir en todos los reynos de Castilla ni aragon ni traer de otra imprimido por tiempo de diez años so las penas en él contenidas._ Fol y vo. 4.º como dice el Catálogo de la _Biblioteca Grenv._ Letra gótica con unas figuritas al principio de cada escena de los interlocutores de ella. Tiene foliación que se renueva al principio de la _Seraphina_, y las signs. A-Iiiij. Viene luego Aj hasta Cij. Cada cuaderno es de seis hojas». Hasta aquí el bibliógrafo valenciano. Ignoro si este ejemplar, único de que tengo noticia, es el mismo que poseyó Moratín, y al cual se refiere varias veces en sus cartas familiares. En 9 de junio de 1817 escribía desde Barcelona á D. José Antonio Conde: «Ha parecido en Lutecia un librote que me enviarán sin falta, y cuando venga no trueco mi opulencia por la de Midas el de las _aures asininas_. Es nada menos que las tres citadas, y vueltas á citar y nunca vistas, comedias _La Thebayda_, la _Tolomea_ y la _Serafina_, impresos en Valencia en el año de 1521, esto es, cuando Lope de Rueda jugaba á la rayuela y al salta tú con otros chicos como él en el arenal de Sevilla. Con esta nueva adquisición tengo ya material para unos ocho tomos de piezas dramáticas del primer siglo del teatro español, comenzando en Juan de la Enzina y acabando por Juan de la Cueva». (_Obras Póstumas de don Leandro Fernández de Moratín_, tomo II, 1867, pp. 284-285). Moratín, por distracción sin duda, puso en vez de la _Hipólita_ la _Tolomea_, que es una de las tres comedias de Alonso de la Vega, impresas en 1566. Las otras dos son la _Serafina_ y _la Duquesa de la Rosa_. En carta al mismo Conde (9 de agosto de 1817) añade: «Hoy mismo tendré en mis manos pecadoras el libro que contiene aquellas comedias antiguas de que hablé á Vd., y él me consolará por algunos días de los desabrimientos que continuamente me molestan». (Pág. 288). La compra se hizo por medio del abate D. Juan Antonio Melón, á quien escribía Moratín desde Montpellier, en 10 de septiembre de 1817: «Me han acompañado en mi viaje aquellas tres rancias comedias que me adquiriste, de las cuales aún no he podido leer más que la mitad de la primera. Es una novela en diálogo, imitación de la _Celestina_ y muy inferior á aquel excelente original» (pág. 960). Antes que Moratín diese breve cuenta de estas piezas en sus _Orígenes del teatro español_, sólo se encontraba la escueta noticia de sus títulos y del año y lugar de impresión en Nicolás Antonio (_Biblioteca Hispana Nova_, tomo II, pág. 338), que duda por cierto si el autor es uno solo: «sive unum sive plures». Velázquez, en sus _Orígenes de la poesía castellana_ (traducción alemana de Dieze, p. 310), copió la indicación bibliográfica de Nicolás Antonio, que repitieron luego García de Villa (_Origen, épocas y progresos del teatro español_, p. 251), Pellicer (_Tratado Histórico de la Comedia y del Histrionismo_, I, pág. 16) y otros autores, ninguno de los cuales da el menor indicio de haber visto tales comedias. Es muy dudosa la existencia de las dos ediciones que algunos bibliógrafos suponen hechas en Valencia por el mismo Jorge Costilla en 1524 y 1532. Nadie las ha descrito, y puede haber error en los guarismos. La única reimpresión positiva y auténtica es de la de Sevilla, 1546, de la cual se conocen tres ejemplares más ó menos completos. Ninguno de ellos contiene la _Hipólita_, sino solas la _Thebaida_ y la _Seraphina_. Nuestra Biblioteca Nacional posee el magnífico ejemplar que fué de Salvá y le sirvió para el cínico análisis inserto en el tomo II de su _Catálogo_. Brunet describe el de la Biblioteca Nacional de París, que está falto de las últimas hojas, y Wolf (_Studien_, pág. 290) cita el de la Biblioteca Imperial de Viena. Esta edición de Sevilla no es en folio, sino en 4.º Lleva en la portada y al principio de las escenas figuritas que supongo que serán las mismas de la edición príncipe. Carece de foliatura y tiene las signaturas a-r, todas de ocho hojas. Al fin dice: _Fue impressa la presente obra, llamada Thebayda, en Seuilla en casa de Andrés de Burgos. Acabose a diez de Mayo. Año de mil y quinientos y quarenta y seys años._ La extremada rareza de estas comedias hizo que algunos eruditos sacasen copias de ellas para su estudio. En el departamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional existen la _Thebayda_ y la _Seraphina_ copiadas del ejemplar de Viena por Böhl de Faber, y la _Hipólita_, transcrita de la edición de 1521 por D. Agustín Durán.

[325] _Obras de Moratín_, ed. de la Academia de la Historia, I, pág. 152.

[326] En la introducción que Du Méril puso á su edición de la comedia _Alda_ (_Poésies inédites du Moyen Age_, 3.ª sección, París, 1854, pág. 423) dice que este asunto se encuentra con algunas diferencias en el _Mischle Sandabar_, colección de cuentos hebreos, traducida por Carmoly, y con identidad completa en un poema francés inédito del siglo XIII, _Floris y Lyriope_, y en el _fabliau_ de Trubert, colección de Méon, tomo I, pág. 192.

[327] En dos de las _Settanta Nouvelle Porretane_ del boloñés Sabadino (fols. XII y Liiii de la edición de 1510) intervienen hombres disfrazados de mujeres. Ambas novelas son muy licenciosas pero nada tienen que ver con el argumento de la _Seraphina_. Más se parece el de la novela XII de Masuccio Salernitano (_Il Novellino_, ed. Setembrini, Nápoles, 1874, pp. 150 á 162).

[328] Trátase de Serafino Aquilano, célebre músico y poeta napolitano (1466-1500), muy dado á sutilezas y conceptos, por lo cual se le considera como uno de los precursores del _seicentismo_. En España debía de alcanzar mucho crédito á principios del siglo XVI, pues ya hemos visto que también Urrea le cita con elogio.

[329] Pág. 379-380. Cito por la reimpresión que los señores Marqués de la Fuensanta del Valle y D. José Sancho Rayón hicieron en el tomo V de su _Colección de libros españoles raros ó curiosos_ (Madrid, 1873) que comienza con la _Comedia Selvagia_. De la _Seraphina_ se tiraron también algunos ejemplares aparte.

[330] «Estilo, frases, traza, todo es idéntico», dice Gallardo (_Ensayo_, I, col. 1184). Algo habría que objetar á esto, pero en realidad prevalecen las semejanzas.

[331] «_Menedemo._--En verdad te digo, si hubieses visto las cosas que en prosa y en metro tiene compuestas, te pondría espanto». (pág. 41). «_Franquila._--¿A quién en el mundo visteis vosotros hablar ni trobar por tan alto y limado estilo? ¿E adónde se hallará su abundancia de vocablos, e la facundia que tiene en la lengua?». (pág. 104). «_Franquila._--¿Y en el arte de la oratoria, parécete que se queda atrás? «_Menedemo._--Muy mejor escribe en prosa que en metro». (pág. 108). «_Galterio._--Oh cancion digna de estar escrita con letras de oro! y cierto aquel Florentino Petrarca, en su galana toscana lengua, no declaró su pasion con sentencia ni metros tan altos, ni pudo por tal estilo, aunque mucho se trabajaba, representar en público lo que en el alma sentía, en el tiempo que él, como muchas veces afirma, más fuego tuvo encerrado en el pecho; ¡oh quién la tornase á oir otra vez! ¿Qué me dices, Menedemo, que te veo helado? «_Menedemo._--Por la Sagrada Escritura te juro que daría mi caballo con el jaez por tener la cancion escrita, porque pienso que cosa semejante á ésta nadie hasta hoy la compuso». (pág. 137). «_Menedemo._--¡O santo Dios! qué maravillosa manera de metrificar, e qué medida en los pies, y qué sentencia tan comprehensible en su propósito». (pág. 258). Como no es de suponer que el autor de los versos sea uno y el de la prosa otro, habrá que convenir en que ningún poeta ha llegado á la frescura de este anónimo en lo de elogiarse á sí mismo. Todas sus composiciones son á estilo de los cancioneros del siglo XV. Las más curiosas son dos glosas de romances, _Rosa Fresca y Por el mes era de Mayo_.

[332] «_Galterio._--Mi principal intencion es, como ya sabes, ser amigo de todos los ministros de la justicia, porque éstos contentos, puede hombre desollar caras en medio de la ciudad como cada día ves que se hace; y esto con poco trabajo se alcanza, porque con dar... algunos avisos de hombres facinerosos, y de algunos que juegan juegos devedados, y de algunas mancebas de casados, ó frailes ó clérigos pobres, que de los demás otro norte se sigue, como luego y tambien acostumbro acompañar algunas noches al corregidor ó teniente, y con llevalle alguna vez un presentillo liviano de cualquier par de perdices, y con otros servicios de pelillo semejantes á éstos puedes á banderas desplegadas matar moros...». «Esto dejado, tambien procuro de tener contentos los caballeros de la ciudad, en algunas cosas como en acompañallos de que hombre los encuentra en la calle, que es cosa de que ellos mucho se honran; y tambien loar sus cosas á persona que se lo hayan de decir el mismo día, como á criados y familiares de su casa... Otra forma no pensada tengo tambien para con los señores de la Iglesia, etcétera» (pp. 180-183).

[333] D. Pedro IV de Aragón mandó extinguir este _oficio_, por carta real dada en Valencia á 6 de marzo de 1337 (vid. _Aureum Opus regalium privilegiorum_, p. CIII. _De revocatione officii regis Arloti_, VIII, citado por Carboneres en sus curiosos apuntes históricos sobre _La mancebía en Valencia_, Valencia, 1876).

[334] _Obras del marqués de Santillana_, ed. de Amador de los Rios, pág. 513.

[335] Vid. sobre estos valencianismos de la _Seraphina_ (que son mucho más raros en la _Thebayda_) una indicación de D. Cayetano Vidal de Valenciano en _Lo Gay Saber_, segunda época, año IV, 15 de mayo de 1881.

[336] La _Thebayda_ fué reimpresa por el marqués de la Fuensanta del Valle en el tomo XXII de la _Colección de libros españoles raros ó curiosos_ (Madrid, 1894). Esta edición es incorrectísima; se hizo por una mala copia del ejemplar de la Biblioteca Nacional, y se ve que no fué cotejada ni corregida por nadie. Hay erratas monstruosas, que hacen á veces impenetrable el sentido. Á ella nos referimos, sin embargo, por ser la única accesible á la mayor parte de los lectores.

[337] Es un tomo en 4.º, sin lugar ni año, 54 folios, signaturas Aij-Niij, con grabados en madera. Hay tres reimpresiones modernas de la _Lozana_, una en el tomo primero de la _Colección de libros españoles raros ó curiosos_, de Sancho Rayón y Fuensanta del Valle (Madrid, 1871); otra de París, 1888, en que acompaña al texto castellano una traducción francesa de Alcides Bonneau, y la última de Madrid, en la _Colección de libros picarescos_ del difunto editor Rodríguez Serra (1899). Todas estas ediciones, que en rigor se reducen á una sola, proceden de una copia que Gayangos hizo sacar del libro de Viena, y que nadie se ha tomado el trabajo de cotejar.

[338] En su artículo sobre la _Celestina_ reimpreso en sus _Studien_ (pág. 290).

[339] El autor indudablemente la retocó antes de imprimirla, añadiendo algunas cosas de fecha posterior, porque no hemos de atribuirle don de profecía. «_Rampin._--Los cardenales son aquí como los mamelucos. «_Lozana._--Aquellos se hacen adorar. «_Ramp._--Y éstos tambien. «_Loz._--Gran soberbia llevan. «_Ramp._--El _año de veinte y siete_ me lo dirán. «_Loz._--Por ellos padeceremos todos». (Pág. 45 de la ed. de _Libros raros_). «_Lozana._--¿Qué predica aquél? Vamos allá. «_Ramp._--Predica cómo se tiene de perder Roma, destruirse el ano del XXVII, mas dícelo burlando» (pág. 73). «_Anctar._--Pues año de veinte é siete dexa á Roma y vete. «_Comp._--¿Por qué? «_Anct._--Porque será confusion y castigo de lo pasado. «_Comp._--A huir quien más pudiere. «_Anct._--Pensá que llorarán los barbudos, y mendicarán los ricos, y padescerán los _susurrones_, y quemarán los públicos y aprobados ó canonizados ladrones. «_Comp._--¿Cuáles son? «_Anct._--Los registros del Jure Cevil» (pp. 131-132).

[340] Véase una muestra: «_Lozana._--Mira, no te ahogues, que este Tiber es carnicero como Tormes, y paréceme que tiene este más razon que no el otro. «_Sagüeso._--¿Por qué éste más que los otros? «_Loz._--Has de saber que esta agua que viene por aquí era partida en munchas partes, y el emperador Temperio quiso juntarla y que viniese toda junta, y por más excelencia quiso hacer que jamás no se perdiese ni faltase tan excelente agua á tan magnífica cibdad, y hizo hacer un canal de piedras y plomo debaxo á modo de artesa, y hizo que de milla á milla pusiesen una piedra y escrito de letras de oro su nombre, Temperio, y {andaban dos mil hombres en la labor cada día; y como los arquimaestros fueron á la fin que llegaban á Ostia Tiberiana, antes que acabasen vinieron que querían ser pagados. El Emperador mandó que trabajasen sin entrar en la mar; ellos no querían, porque si acababan, dubitaban lo que les vino, y demandaron que les diese su hijo primogénito, llamado Tiberio, de edad de diez y ocho años, porque de otra manera no les parecía estar seguros; el Emperador se lo dió, y por otra parte mandó saltar las aguas, y ansí el agua con su ímpetu los ahogó á maestros y laborantes y al hijo, y por eso dicen que es y tiene razon de ser carnicero Tiber á Tiberio» (pp. 262-263).

Ignoro el origen de esta leyenda, que no encuentro en el precioso libro de Graf, _Roma nella memoria e nelle inmaginazioni del Medio Evo_.

Otros rasgos de esta arqueología infantil hay en la _Lozana_: «Os puedo mostrar al _Rodriguillo español de bronce_; hecha fué estátua en Campidolio, que se saca una espina del pie y está desnudo» (pág. 48).

«_Lozana._--¿or dó hemos de ir?

«_Rampin._--Por aquí, por plaza Redonda, y vereis el templo de Panteon, y la sepultura de Lucrecia Romana, y el aguja de piedra que tiene la ceniza de Rómulo y Rémulo, y la coluna labrada, cosa maravillosa». (Pág. 69).

[341] «_Auctor._--Y á vos no conocí yo _en tiempo de Julio segundo_ en plaza Nagona, quando sirviedes al señor canónigo?». (Pág. 84).

La acción de la _Lozana_ pasa en 1513, puesto que se menciona la coronación de León X:

«_Loz._--Yo venía cansada, que me dixeron que el Santo Padre iba á encoronarse. Yo, por verlo, no me curé de comer.

«_La Sevillana._--¿Y vístelo por mi vida?

«_Loz._--Tan lindo es, y bien se llama Leon décimo, que así tiene la cara». (pág. 23).

De las cosas del tiempo de Alejandro VI se habla en la _Lozana_ como de oídas: «Ya es muerto el duque Valentin, que mantenía los haraganes y vagamundos». (Pág. 254).

[342] «_Loz._--Dime Divicia, ¿dónde comenzó ó fué el principio del mal francés?

«_Divicia._--En Rapolo, una villa de Génova, y es puerto de mar; porque allí mataron los pobres de San Lázaro, y dieron á saco los soldados del rey Carlo Cristianísimo de Francia aquella tierra y las casas de San Lázaro... y luego incontinenti se sentían los dolores acerbísimos y lunáticos, que yo me hallé allí y lo vi, que por eso dicen el Señor te guarde su ira, que es esta plaga que el sexto ángel derramó sobre casi la metad de la tierra.

«_Loz._--¿Y las plagas?

«_Div._--En Nápoles comenzaron, porque tambien me hallé allí cuando dicían que habían enfecionado los vinos y las aguas; los que las bebían luego se _aplagaban_, porque habían echado la sangre de los perros y de los leprosos en las cisternas y en las cubas, y fueron tan comunes y tan invisibles, que nadie pudo pensar de dónde procedían. Muchos murieron, y como allí se declaró y se pegó, la gente que despues vino de España llamábanlo mal de Nápoles, y éste fué su principio, y _este año de veinte y cuatro son treinta é seis años que comenzó_. Ya comienza á aplacarse con el legno de las Indias Occidentales, cuando sean sesenta años que comenzó, al hora cesará» (pp. 273 y 274).

[343] «Y si por ventura os veniere por las manos un otro tratado _de Consolatione infirmorum_, podeis ver en él mis pasiones, para consolar á los que la fortuna hizo apasionados como á mí; y en el tratado que hice del leño del India, sabreis el remedio mediante el cual me fué contribuida la sanidad, y conocereis el Auctor no haber perdido todo el tiempo, porque como vi coger los ramos del árbor de la vanidad á tantos, yo, que soy de chica estatura, no alcancé más alto, asenteme el píe hasta pasar, como pasé, mi enfermedad». (Pág. 334).

[344] _Historia bibliográfica de la Medicina EspaÃ} {±ola, obra póstuma de D. Antonio Hernández Morejón_, tomo II, Madrid, 1843, pág. 219.

_Anales Históricos de la Medicina en general, y biográfico-bibliográficos de la española en particular, por D. Anastasio Chinchilla. Historia de la Medicina Española_, tomo I, Valencia, 1841, página 186.

Las donosísimas coplas de Cristóbal de Castillejo «en alabanza del palo de las Indias, estando en la cura del», cuya fecha es lástima no conocer, prueban el entusiasmo y avidez con que fué recibido el nuevo remedio.

[345] _Il modo de adoperare el legno de India occidentale, salutifero remedio a ogni piaga et mal incurable, et si guarisca il mal Franceso; operina de misser prete Francisco Delicado._ (Al fin): _Impressum Venetiis sumptibus vener. presbiteri Francisci Delicati Hispani de Oppido Martos, die 10 Februarii 1529._ 4.º, ocho folios de letra gótica.

[346] Vid. el tomo II de mi _Historia de los Heterodoxos Españoles_, pág. 113.

[347] Está descrita con el número 4568 en las adiciones al _Ensayo_ de Gallardo (t. IV, cols. 1563-64). Las palabras con que termina este volumen son exactamente las mismas que Delicado solía usar, aunque no se expresa su nombre. «Estampado en la ynclita ciudad de Venecia; hizo lo estampar miser Juan Batista Pedrezano, mercader de libros: por importunacion de muy munchos señores a quien la obra y estilo y lengua Romance Castellana muy muncho plaze. Correcto de las letra que trastrocadas estavan: se acabo año del Señor 1531. A dias 20 Novembris. Reinando el inclito serenissimo príncipe miser Andrea Griti, Duque clarissimo. Cum gracia y privilegio del inclito prudentissimo Senado; a la libreria o botecha que tiene por enseña la Torre junta al puente del Rialto».

[348] En el prólogo habla del «arte de aquella mujer que fué en Salamanca en tiempo de Celestino segundo». Claro que es broma lo de la época de Celestino II, cuyo breve pontificado pertenece al siglo XII (1143-1144), pero la indicación de Salamanca es uno de los más antiguos testimonios que pueden encontrarse en favor de la tradición que pone allí el teatro de la tragicomedia de Rojas. Ya que me olvidé de citarlo en su lugar propio, subsano aquí la falta.

Pág. 187: «Monseñor, esta es _Cárcel de Amor_, aquí idolatró Calisto, aquí no se estima Melibea, aqui poco vale Celestina».

Pág. 255: «Dicen que no es nacida ni nacerá quien se la pueda comparar á la Celidonia, porque Celestina la sacó de pila».

La Lozana se hacía leer por los amigos, entre otras composiciones literarias, la _Celestina_: «Quiero que me leais, vos que teneis gracia, las coplas de Fajardo y la comedia Tinelaria y á Celestina, que huelgo de oir leer estas cosas mucho.

«_Silvano._--¿Tiénela vuestra merced en casa?

«_Loz._--Señor, vedla aquí, mas no me la leen á mi modo, como hareis vos». (Pág. 239).

La _Comedia Tinelaria_ es de Bartolomé de Torres Naharro. Las coplas de Fajardo no deben de ser otra cosa que la bestial _C... comedia del Cancionero de Burlas_, dedicada, como en ella se dice, al «noble caballero Diego Faxardo, que en nuestros tiempos en gran luxuria floreció en la ciudad de Guadalaxara».

[349] «_Lozana._--Andate ahí, p... _de Tesalia_, con tus palabras y hechizos, que más sé yo que no tú ni cuantas nacieren, porque he visto moras, judías, zíngaras, griegas y cecilianas, que éstas son las que más se perdieron en estas cosas, y vi yo hacer munchas cosas de palabras y hechizos, y nunca vi cosa ninguna salir verdad, y todas mentiras fingidas, y yo he querido saber y ver y probar como Apuleyo, y en fin hallé que todo era vanidad, y cogí poco fruto, y ansí hacen todas las que se pierden en semejantes fantasías». (Pág. 267).

«_Loz._--Como dixo _Apuleyo_, bestias letrados». (Pág. 303).

«_Porfirio._--¡Oh Dios mío y mi Señor! como Balán hizo hablar á su asna ¿no haría Porfirio leer á su Robusto, que solamente la paciencia que tuve cuando le corté las orejas me hace tenelle amor? pues vestida la veste talar, y asentado y bello, como tiene las patas como _el asno de oro de Apuleyo_, es para que le diesen beneficios, cuanto más graduallo bacalario». (Pág. 324).

El mismo Porfirio dice de su asno que «no sabe leer, no porque le falte ingenio, mas porque no lo puede expremir por los mismos impedimentos que _Lucio Apuleyo, cuando, siendo asno, retuvo siempre el intelecto_ de hombre racional». (Pág. 324).

[350] Esta semejanza fué advertida primeramente por los señores Fuensanta del Valle y Sancho Rayón en la advertencia preliminar de su edición de la _Lozana_, pág. 7.

[351] Th. Braga, en un artículo muy interesante de la _Bibliographia Critica_, de F. Adolpho Coelho, tomo I (y único). Porto, 1875, pág. 99.

Es cierto que en la _Lozana_ se cita más de una vez á _Zopin_, pero no como personaje literario, sino como tipo popular, como uno de los rufianes más conocidos en Roma (pág. 203). La _Lozana_ se indigna de que la comparen con él.

[352] _Giornale Storico della letteratura italiana._ Turín, 1880, tomo XIII, pág. 317. Ya el traductor francés Alcides Bonneau había notado la prioridad cronológica de la obra de Delicado sobre los _Ragionamenti_ del Aretino.

[353] «E discutibile e discutibilissimo che l'Aretino abbia foggiati i _Ragionamenti_ e la _Puttana errante_ sul tipo della sfrontata ed accorta _Lozana Andaluza_ di Francesco Delgado, come pare inclini ad ammetere il Graf. Nella vita licenciosa delle cortigiane e femmine di postribolo l'Aretino, esperto di tutto, ne sapeva un punto di piú del Delgado... nè a me consta che la _Lozana_, benchè composta a Roma, godesse grande diffusione a'tempi dell'Aretino.»

(A. Farinelli. En la _Rassegna Bibliografica della letteratura Italiana_, tomo VII, pág. 281. Pisa, 1900).

[354] Vid. el precioso estudio de A. Graf, _Una cortigiana fra mille: Veronica Franco_, en su libro _Attraverso il Cinquecento_ (Turín, 1888, pp. 217-355).

[355] Apud Eccard, _Corpus historicorum medii aevi_, tomo II, pág. 1997. Apud Graf, pág. 284.

[356] _Diarii_, tomo VIII, col. 414. Apud Graf, pág. 286.

[357] «Hay de todas naciones; hay españolas castellanas, vizcaínas, montañesas, galicianas, asturianas, toledanas, andaluzas, granadinas, portuguesas, navarras, catalanas y valencianas, aragonesas, mallorquinas, sardas, corsas, sicilianas, napolitanas, brucesas, pullesas, calabresas, romanescas, aquilanas, senesas, florentinas, pisanas, luquesas, boloñesas, venecianas, milanesas, lombardas, ferraresas, modonesas, brecianas, mantuanas, raveñanas, pesauranas, urbinesas, paduanas, veronesas, vicentinas, perusinas, novaresas, cremonesas, alexandrinas, vercelesas, bergamascas, trevijanas, piedemontesas, saboyanas, provenzanas, bretonas, gasconas, francesas, borgoñonas, inglesas, flamencas, tudescas, esclavonas y albanesas, candiotas, bohemias, húngaras, polacas, tramontanas y griegas.

«_Lozana._--Ginovesas os olvidais.

«_Bolijero._--Esas, señora, sonlo en su tierra, que aquí son esclavas ó vestidas á la ginovesa por cualque respeto» (pp. 107-108).

[358] La Imperia Romana, manceba del célebre banquero Agustín Chigi, murió en 1511, según lo publicaba su insolente epitafio en la capilla de Santa Gregoria. «Imperia Cortisana Romana quae digna tanto nomine, rarae inter mortales formae specimen dedit. Vixit a. XXVII, d. XII. Obiit MDXI, die XV Augusti».

La Imperia Aviñonesa que aparece en el _Retrato de la Lozana_ (mamotretos 60-62) debe de ser una cortesana posterior, que tomó el nombre de la primera, según acostumbraban las de su oficio: «Y como vienen, luego se mudan los nombres con cognombres altivos y de gran sonido, como son: la Esquivela, la Cesarina, la Imperia, la Delfina, la Flaminia, la Borbona, la Lutreca, la Franquilana, la Pantasilea, la Mayorana, la Tabordana, la Pandolfa, la Dorotea, la Oropesa, la Semi-dama, y doña tal, y doña Adriana, y así discurren, mostrando por sus apellidos el precio de su labor» (pág. 109).

[359] Vid. especialmente la novela 51 de la 2.ª parte: _Isabella da Luna, spagnuola, fa una solenne burla a chi pensava di burlar lei_.

«Fra l'altre che a Roma sono, ce n'e una; detta Isabela da Luna, Spagnuola, la quale ha cercato mezzo il mondo. Ella andò alla Goletta e a Tunisi; per dar soccorso ai bisognosi soldati, e non gli lasciar morir di fame. Ha anco un templo seguitata la Corte dell' Imperadore per la Lamagna e la Fiandra e in diversi altri luoghi... Se n' è ultimamente ritornata a Roma, dov' è tenuta, da chi la conosce, per la più avveduta e scaltrita femmina che stata ci sia già mai. Ella è di grandissimo intertenimento in una compagnia, siano gli uomini di che grado si vogliano, perciocchè con tutti si sa accomodare e dar la sua a ciascuno. E' piacevolissima, affabile, arguta, e in dare à tempi suoi le risposte a ciò che si ragiona prontissima. Parla molto bene Italiano; e se è punta, non crediate che si sgomonti, e che le manchino parole a punger chi la tocca; perchè è mordace di lingua, e non guarda in viso a nessuno, ma dà con la sue pungenti parole mazzate da orbo. E' poi tanto sfacciata e presuntuosa, che fa professione di far arrossire tutti quelli che vuole, senza che ella si cangi di colore». (_Novelle di Matteo Bandello_, Milán, 1814, tomo VI, pp. 518-519).

Todas las señas de este retrato convendrían perfectamente á la Lozana, si la cronología lo permitiese. Pero no siempre fueron afortunadas las andanzas de Isabel de Luna en Italia. Véase la novela 17 de la parte IV del mismo Bandello, _Castigo dato a Isabella Luna meretrice, per la innobedienza ai comandamenti del Governatore di Roma_. (tomo IX, pp. 283-290).

[360] Vid. el estudio crítico sobre aquel poeta, que publiqué al principio del segundo tomo de la _Propaladia_ (Madrid, 1900, en la colección de los _Libros de antaño_).

Torres Naharro tiene algunas afinidades con Delicado, especialmente en una composición bastante licenciosa que no se atrevió á incluir en la _Propaladia: Concilio de los Galanes y cortesanas de Roma invocado por Cupido_ (pliego suelto de la Biblioteca de Oporto). De su contexto parece inferirse que fué compuesto en 1515.

En el _prohemio_ de la _Propaladia_ dice Torres Naharro: «Ansí mesmo hallarán en parte de la obra algunos vocablos italianos, especialmente en las comedias, de los cuales convino usar, habiendo respecto al lugar y á las personas á quien se recitaron. Algunos dellos he quitado, otros he dejado andar, que no son para menoscabar nuestra lengua castellana, antes la hacen más copiosa» (pp. 10-11 de la edición moderna).

[361] «Demandó Gonela al Duque que los médicos de su tierra le diesen dos carlines al año. El Duque, como vido que no avia en toda la tierra arriba de diez, fué contento. El Gonela ¿qué hizo? atóse un paño al pie y otro al brazo, y fuese por la tierra. Cada uno le decía ¿qué tienes? y él le respondía: tengo hinchado esto, e luego le decían: va, toma la tal hierba y tal cosa y póntela y sanarás; despues escrevía el nombre de cuantos le decían el remedio, y fuese al Duque, y mostróle cuantos médicos habia hallado en su tierra, y el Duque decía: ¿Has tú dicho la tal medicina á Gonela? El otro respondía: señor, sí; pues pagá dos carlines, porque sois médico nuevo en Ferrara» (pág. 272).

Esta anécdota, ú otra muy análoga, se repite en varias colecciones de _facecias_ italianas y españolas. Es el primero de los _Doce cuentos_ de Juan Aragonés, que acompañan al _Alivio de caminantes_, de Juan de Timoneda, en algunas ediciones.

[362] Vid. el tomo II de estos _Orígenes de la novela_, pág 110.

[363] «_Lozana._--Micer Porfirio, estad de buena gana, que yo os lo vezaré á leer, y os daré órden que despachés presto para que os volvais á vuestra tierra; id mañana, y haced un libro grande de pergamino, y traédmelo, y lo vezaré á leer, é yo hablaré á uno que si le untais las manos será notorio, y os dará la carta del grado, y hacé vos con vuestros amigos que os busquen un caballerizo que sea pobre y jóven... y desta manera venceremos el pleito, y no dubdeis que de este modo se hacen sus pares bacalarios. Mirá, no le deis á comer al Robusto dos dias, y cuando quisiere comer, metelde la cebada entre las hojas, y ansí lo enseñaremos á buscar los granos y á boltar las hojas, que bastará, y diremos que está turbado, y ansí el notario dará fe de lo que viere, y de lo que cantando oyere. Y así _omnia per pecuniam facta sunt_, porque creo que basta harto que lleveis la fe, que no os demandarán si lee en letras escritas con tinta ó con olio ó iluminadas con oro...». (Páginas 324-325).

[364] _Comedia de Sepúlveda_ (edición de D. Emilio Cotarelo), Madrid, 1901, pág. 15.

[365] _La Prima Parte de Ragionamenti di M. Pietro Aretino, cognominato il Flagello de Prencipi, il veritiero, e'l divino, divisa in tre giornate_, MDLXXXIIII (1584).

PP. 141-219: «Comincia la terza et ultima giornata de capricciosi ragionamenti de l'Aretino, ne la quale la Nanna racconta a l'Antonia la vita de le Puttane».

[366] _Coloquio de las Damas, agora nueuamēte corregido y emendado M. D. XL. VIII._

8.º, letra itálica, 94 hs. foliadas, inclusas las preliminares, y una sin foliar y otra blanca. El bello ejemplar que tengo á la vista perteneció á la biblioteca de Ternaux Compans.

Edición seguramente clandestina, que algunos suponen hecha en Salamanca, por Juan de Junta. Pero el género de las erratas, y hasta el tipo de letra, muy parecido al de los _Diálogos_ de Luciano, estampados en Lyon, 1550, por la imprenta del Grypho, hacen sospechar que salió de esta ú otra oficina extranjera.

La edición de 1549, descrita por Brunet, tiene la portada de rojo y negro: _Coloquio de las damas. Nueuamente impreso año de 1547._ Es de letra gótica, y lleva el siguiente colofón: _Fue impreso el presente tratado intitulado: Coloquio de las damas, en la noble villa de Medina del Campo, por Pedro de Castro, impresor. Acabóse á q[=r]o dias del mes de Enero. Año d' mil y quinientos y quarenta y nueue años._

La omite D. Cristóbal Pérez Pastor en su excelente monografía sobre _La Imprenta en Medina del Campo_, acaso por considerar apócrifa la subscripción final, aunque no lo parece.

--_Coloquio de las Damas, Agora nueuamente corregido y emendado. 1607._ 8.º, 141 pp. de letra redonda.

Una nueva y bien excusada reimpresión hizo en Madrid, 1900, el difunto editor Rodríguez Serra en el segundo tomo de la que llamó _Colección de libros picarescos_.

[367] «Si por ventura alguno, más furioso de lo que conviene, murmurando acusase al tradutor deste Coloquio, diziendo no averlo romançado al pie de la letra de como está en Toscano, quitando en algunos cabos partes, y en otros renglones, e assi mesmo mudando nombres y alguna sentencia y en algun otro lugar diziendo lo mesmo que el autor, aunque por otros modos: A esto respondo, que en diversos lugares deste Coloquio fallé muchos vocablos, que con la libertad que hay en el hablar y en el escrivir donde él se imprimio se sufren, que en nuestra España no se permitirian en ninguna impresion, por la desonestidad dellos. De cuya causa en su lugar acordé de poner otros más honestos, procurando en todo no desviarme de la sentencia, aunque por diferentes vocablos, excepto en algunas partes donde totalmente convino huyr della: por ser de poco fructo, y de mucho escándalo y murmuracion». (Fol. XI de la primera edición).

[368] Consta ya la prohibición en el Indice de Valdés, 1559. (Vid. la reimpresión de Reusch, _Die Indices librorum prohibitorum des Sechzehnten Jahrhundertes..._ Tubinga, 1886, tomo 176 de la Sociedad Literaria de Stuttgart, pág. 233).

[369] _Pornodidascalus, sev Colloquium Muliebre Petri Aretini ingeniosissimi et ferè incomparabilis virtutum et vitiorum demonstratoris: De astu nefario horrendisque dolis, quibus impudicae mulleres juventuti incautae insidiantur, Dialogus. Ex italico in hispanicum sermonem versus à Ferdinando Xuaresio Seviliensi. De Hispanico in latinum traducebat, ut juventus Germana pestes illas diabolicas apud exteros, utinam non et intra limites, obvias cavere possit cautius, Gaspar Barthius... Francofurti. Typis Wechelianis, sumptibus Danielis ac Davidis Aubriorum, et Clementis Schleichii. Anno M. DC. XXIII._

8.º, 124 pp. y tres de erratas sin foliar. Fué reimpreso una ó dos veces.

[370] Hay quien cita una edición de 1530, pero hasta ahora no se conoce ejemplar alguno ni es verisímil su existencia.

--_Segunda comedia de Celestina: en lo_ (sic) _que se trata de los amores de vn cauallero llamado Felides, y de vna donzella de clara sangre llamada Polandria. Donde pueden salir para los que lieren muchos y grandes auisos que della se pueden tomar. Dirigida y endreçada al muy excelente e ilustrissimo señor don Francisco de Çuniga Guzman, y de Soto mayor: Duque de Bejar: Marques d'Ayamonte, y de Gibraleon. Conde de Belalcaçar, y de Bañares. Señor de la puebla de Alcocer con todo su vizcondado y d' las villas de Lepe: Burguillos, y Capilla, y justicia mayor d' Castilla. La qual comedia fue corregida y emendada: por el muy noble cauallero Pedro d' Mercado: vezino y morador en la nobla_ (sic) _uilla de Medina del Campo. M. D. xxxiiij_.

(Al fin): «Acabose la presente obra en la muy noble villa de Medina del Campo. En casa de Pedro touans (_Tovans_), en el coral (sic por _corral_) de boeys. Año de M. D. xxxiii (1534) a XXX de Octobre».

4.º, let. gót. Sin foliatura, signaturas _a q._ Cada una de ocho hojas. La orla de la portada es la misma que llevan las _Coplas de las comadres_, de Rodrigo de Reinosa.

Esta primera edición era enteramente desconocida hasta que la describió Salvá (n.º 1.414 de su _Catálogo_).

Pedro de Mercado declara al principio el nombre del autor en la penúltima de las coplas de arte mayor que escribe en loor de la obra:

Aqueste excelente tan buen Caballero A quien de su casta s'esmalta el saber, La sciencia es esmalte de tal rosicler, La casta el fino oro ques el verdadero: De casa y linaje de Silva heredero, Felice en sus obras, pues es Feliciano, Al cual yo suplico que mi torpe mano Perdone guiada por seso grosero.

--_Segunda comedia de Celestina._ (Al fin): «Salamanca, por Pedro de Castro... Año de M. D. XXXVI a doze dias del mes de Junio». 4.º, let. gótica, signaturas _a-o_, con grabados en madera. Citada por Brunet. No la he visto.

--_Segunda comedia de la famosa Celestina, en la qual se trata de la Resurrection de la dicha Celestina, y de los amores de Felides y Polandria, corregida y emendada por Domingo de Gaztelu, Secretario del Illustrissime_ (sic) _Señor don Lope de Soria, embaxador Cesareo acerca la Illustrissima Señoria de Venecia. Año 1536 en el mes de Junio._

(Al fin): «El libro presente, agradable a todas las extrañas naciones, fue en esta inclita ciudad de Venecia reimpreso por maestro Estephano de Savio, impresor de libros griegos, latinos y españoles, muy corregidos con otras diversas obras y libros. Lo acabó este año del Señor del 1536, a dias diez de Zunio (sic)». Hace juego con las dos ediciones de la primera _Celestina_ corregidas por Delicado. Let. gót. Viñetas en madera, sin foliatura y con las signaturas A-X, de ocho hojas cada una.

--_Segunda comedia de Celestina... Agora nueuamente impresa y corregida... Vendese la presente obra en la ciudad de Anvers, a la enseña de la polla grassa, y en paris a la enseña cabe sant benito._ Sin ano (¿hacia 1550?) En 16.º, 228 hs. sin foliar. Esta edición, de muy lindo aspecto, es la menos rara de las antiguas, pero la más incorrecta.

--_Segunda Comedia de Celestina, por Feliciano de Silva_, Madrid, imp. de Ginesta, 1874. Es el tomo noveno de la _Colección de libros españoles raros ó curiosos_. Cuidó de esta edición, que está bastante limpia, D. José Antonio de Balenchana, tomando por texto la de Venecia, pero sin hacer uso de la primitiva de Medina del Campo, que no llegó á ver hasta después de impreso el volumen.

[371] «_Pueblo._--Oh madre Celestina, ¿qué maravilla tan grande ha sido esta de tu resurreccion?

«_Celest._--Hijos, los secretos de Dios no es lícito sabellos á todos, sino á quien él los quiere revelar, porque ya sabeis que lo que encubre á los sabios descubre á los pequeñuelos como yo. Sabed, hijos míos, que no vengo á descubrir los sucesos de allá, sino á enmendar la vida de acá, para con las obras dar el ejemplo, con aviso de lo que allí pasa; pues la misericordia de Dios fué de volverme al siglo á hacer penitencia. Y esto baste, hijos, para que todos os enmendeis, como en la predicacion de Jonás, porque no perescais; que las cosas de la otra vida no bastan lenguas á decillas, y por tanto todos vivamos bien, para que no acabemos mal...

«_Pueblo._--Madre Celestina, tú seas muy bien venida, y Dios quede contigo. Parécenos que la vieja viene escarmentada. Trato le deben haber dado por donde quiere mudar el natural, que no se dirá agora que mudó la piel la raposa, mas su natural no despoja; pues con mudar la piel, viene mudadas las obras. No de valde se dice que el loco por la pena es cuerdo. Aquí podremos con razon decir, que de los escarmentados se hacen los arteros. Por cierto, caso de predestinacion paresce, pues la quiso Dios sacar de los infiernos para tornalla á hacer penitencia de sus pecados» (pp. 89-91 de la ed. de _Libros raros y curiosos_).

[372] _Ensayo_, tomo IV, col. 614.

[373] _Escenas Andaluzas_ por _El Solitario_. Madrid, Imp. de D. B. González, 1847, pp. 131-149. _La Celestina._ Este artículo se había publicado antes en _Los Españoles pintados por sí mismos_.

[374] Es curioso, sin embargo, notar ciertas coincidencias.

En la escena del jardín, con que la obra termina, hallamos este diálogo entre Polandria y su criada:

«_Pol._--Hermosa noche hace, y gloria es estar debajo de las sombras de estos cipreses, á los frescos aires que vienen regocijando las aguas marinas por encima de los poderosos mares.

_Poncia._--Señora, ¿cuál te paresce mejor, esta música que dizes destos airezicos en las hojas de los árboles ó la de la voz y cantar de Felides?

_Pol._--Ay, Poncia, la de Felides; tanto cuanto va y no menos de la mezcla de la razon que con las consonancias viene mezclada, al regocijo que estos aires naturalmente hacen, sin ornamento de más razon de aquella que ellos guardan en su naturaleza; porque esta música pone descanso al cuerpo y la otra al ánima, porque goza el entendimiento en las palabras que en los oídos suenan». (pp. 498-99).

Involuntariamente se recuerdan las palabras de Lorenzo á Jéssica sobre el prestigio de la música en el acto V de _El Mercader de Venecia_:

How sweet the moonlight sleeps upon this bank! Here will we sit, and let the sounds of music Creep in our ears: soft stillness, and the night, Become the touches of sweet harmony. Sit, Jessica: look, how the floor of heaven Is thick inlaid with patines of bright gold: There's not the smallest orb which thou behold'st, But in his motion like an angel sings, Still quiring to the young-ey'd cherubins: Such harmony is in immortal souls; But whilst the muddy vesture of decay Doth grossly close it in, we cannot hear it.

[375] Feliciano de Silva es, después de Rodrigo de Reinosa, el primer autor en quien encuentro esta palabra en el sentido de lengua rufianesca.

«Calla ya, mal aventurado, con tus _girmanías_». (Pág. 41).

«Yo querría, par Dios, antes topar á Pandulfo para reir... y irnos mano á mano á un bodegon donde bebiésemos el alboroque y hablásemos algarabía como aquel que bien la sabe, _germanía_ digo» (pág. 270).

«Así que, hermano Albazin, aun agora bisoño eres en este colegio, y poco experimentado en esta guerra; y pues no la sabes, aprende de tal doctor como yo los misterios de la santa _germanía_» (pág. 446). En el mismo lugar habla de _las leyes de la santa gualteria_, con probable alusión al Galterio ó Gualterio de la _Comedia Thebayda_.

El rufián Centurio, que sólo en el nombre recuerda al de Rojas, nos da algún _specimen_ de esta jerigonza: «Desto no me quejo, que no sé tan poco de las tramas destas tales, que no sepa yo _enchilar las canillas_ y aun tiramar los _liñuelos_ sin quebrar los hilos, y hacerme bobo, y pasar en el alarde el _gayon_ por _primo_, y haciendo que creo del cielo cebolla y que no hay otro sino yo. Que viejas son para mí todas roncerías, que bien sé aguardar los tiempos de la iza y cuáles son, como sé los de la _guadra_ y del _rodancho_». (Pág. 445).

[376] Estos _olivares_ están citados otra vez en la _Segunda Celestina_, cuando la vieja proyecta el casamiento de su sobrina Elicia:

«_Pandulfo._--Ha, ha, ha. ¿Agora la quiere casar, despues de haber corrido á ceca y á meca y á los _olivares de Santander_?». (Pág. 192).

También en la _Tragicomedia de Lisandro y Roselia_ (pág. 55) se encuentra la misma frase: «Descreo de tal... que haya yo corrido la casa de ceca y meca, y los _cañaverales y los olivares de Santander_, y pasan ya de cien mujeres las que me han sustentado en mi estado y honra en públicos burdeles, y todas me han tenido acatamiento con obediencia, y que esta hechicera al cabo de mi vejez, despues de traídos treinta años los atabales acuestas, burle de mí con menosprecio!».

Trátase casi seguramente de la mancebía de la villa, que, á pesar de su escaso vecindario en tiempo de Carlos V, es muy probable que la tuviera como puerto muy frecuentado por marineros gascones, ingleses, flamencos y de todo el Norte de Europa. Pero á fines del siglo XVI había desaparecido del mapa picaresco de España. Cervantes no la cuenta entre las diversas partes del mundo por donde había buscado aventuras el ventero. También debió de haberla en Bilbao, y de ella guardaba recuerdo el rufián Palermo de la _Tragedia Policiana_: «Medio ojo me arrebataron en Bilbao, y este rascuño me dieron en Jerez de la Frontera». (Pág. 44).

[377] «_Sigeril._--Pues si lo vieses, señor, cuál anda con unos agallones, que no parece sino ermitaño rezando toda esta mañana...

«_Pandulfo._--Señor, ¿qué es lo que demandas?

«_Felides._--¿Qué santidad es esta tan súpita, Pandulfo?

«_Pand._--Señor, el espíritu donde quiere espira. Quien convirtió a Sant Pablo y a Sant Agustin y a María Magdalena, es mucho que dé gracia á un hombre pecador como yo he sido?

«_Felid._--Por cierto que la gracia no sé si te la dió, mas es gracia la que veo en verte con esas cuentas.

«_Pand._--Señor, las cuentas como á sólo Dios se han de dar, no me pena que te parezcan gracia; porque á solo Dios se ha de satisfacer, que los hombres de nada se satisfacen; y ándeme yo caliente en su servicio y ríase la gente cuanto quisiere, pues sabes que bienaventurados sereis cuando los hombres dijeren mal de vosotros mintiendo por mí.

«_Felid._--En fin, que ya no son tus misas cosas de armas ni de afrentas como hasta aqui?

«_Pand._--Señor, no soy tan necio que no entiendo algaravía, como aquel que bien la sabe; mas sabé que en cosas justas que ninguno me echará el pié adelante, ni en cosas injustas quedará más atrás que yo.

«_Felid._--Bendito sea Dios que tan presto te mudó. ¿Mas qué llamas cosas justas, para que sepamos lo que te hemos de encomendar?

«_Pand._--Guerra contra infieles; tomar armas en defension de tu persona.

«_Felid._--¿Pues cómo anoche no las quisiste tomar para ir en defension de mi persona?

«_Pand._--Porque ibas en ofensa de tu persona y ánima, y no tenemos los servidores de Dios tanta licencia! que si á ti te viniesen á matar, estonces yo tomaría las armas.

«_Felid._--Mas estonces no las llevarías para estar más suelto; que el peso de las armas empide mucho» (pp. 384-386).

[378] «_Celestina._--Más me precio, hija, de dar consejos que de tales vencejos; de un rosario, digo, hija, y sus misterios, de una oracion del Conde ó de la Emparedada: esto te podré yo amostrar, mi amor, si lo quieres aprender». (Pág. 218).

Estas dos oraciones supersticiosas _del Conde y de la Emparedada, en romance_, fueron prohibidas en el Indice del inquisidor general Valdés (pág. 237 de la reimpresión de Reusch) y en el de Quiroga de 1583 (pág. 438).

De las irreverencias y profanaciones que en el templo se cometían da idea lo que Polandria cuenta de Felides: «Al tiempo que llegué á tomar el agua bendita, hizo él que tomaba la agua, y apretóme un dedo; y despues en la misa toda ponía las manos hácia mí como que pedía piedad, cuando vía que no miraba naide; estando alzando el fraile, hacía él señas que no adoraba la hostia, sino á mí; y desto no pude estar que no me sonriese de su necedad y herejía» (pp. 151-152).

[379] Vid. el tomo primero de estos _Orígenes de la novela_, pp. 431-432.

[380] De algunas versiones de este cuento hemos tratado también en los _Orígenes_, pág. XXXII, nota.

[381] _Ensayo_, tomo IV, col. 614.

[382] Más fundamento tiene esta otra observación del insigne erudito:

«Aquel donoso pasaje de _El Celoso Extremeño_, en que antes de llegar Loaisa á verse con la incauta Leonora le exigen tan solemnes juramentos, está sin duda imitado de la escena XXVI, al fin, donde entre las prevenciones que hace _Polandria_ á _Celestina_ como requisitos para haber de recibir á su amante al concierto á que se presta, la dice:

«_Polandria._--Madre, mira que le tomes muchos juramentos, y que mire de quién se fía; porque si mi señora (madre) algo barrunta, todo irá borrado.

«_Celestina._--¡Ay hija! ¡angelito, angelito! En Dios y en mi ánima ¿qué, no te queda más en el estómago? ¿Y á Celestina avisas tu de secreto? ¡Dolor de mí, que este es el primer secreto que en este mundo yo he sabido encubrir! Calla, señora, que eres boba; ¡nora mala! que así te lo quiero decir, y perdóname.

«Antes ya hay otros juramentos graciosos sobre que no cuenten á Felides cómo Polandria ha leído un billete suyo.

«_Quincia._--¡Guárdeme Dios, señora! ¿y de decirlo había?

_Polandria._--Pues poné aquí la mano en la cruz, y tú también, Poncia. Y agora oid: señora mía, tu merecer y mi atrevimiento te darán á conocer...»

El pasaje á que Gallardo alude es aquel en que Loaisa jura por «la intemerata eficacia donde más santa y largamente se contiene, y por las entradas y salidas del Santo Líbano monte, y por todo aquello que en su proemio encierra la verdadera historia de Carlomagno, con la muerte del gigante Fierabrás, de no salir ni pasar del juramento hecho y del mandamiento de la más mínima de vuesas mercedes...»

En el primitivo borrador de la novela juraba además por «el espejo de la Magdalena» y por «las barbas de Pilato» (ed. crítica de Rodríguez Marín, pp. 72 y 73). Estos juramentos son análogos á los que usan los rufianes en la obra de Feliciano de Silva, y generalmente en todas las _Celestinas_.

[383] Vid. los índices de Valdés y Quiroga en la edición de Reusch (pp. 238 y 439).

[384] No he visto la primera edición que cita Brunet copiando á Panzer:

_Tercera parte de la tragicomedia de Celestina... agora nueuamente compuesta por Gaspar Gomez._ (Al fin): «Acabose la presente obra en la muy noble villa de Medina del Campo. A seys días del mes de Julio. Año de mil y quinientos y treinta y seis». 4.º letra gótica.

Sólo conozco la de 1539, cuyos ejemplares son rarísimos. El que tuvo Salvá (n.º 1269 de su Catálogo) pertenece hoy á nuestra Biblioteca Nacional. Existe también en el Museo Británico y en la Universidad de Leyden.

_Tercera parte de la tragicomedia de Celestina: ua prosiguiendo en los amores de Felides y Poladria: concluyense sus desseados desposorios y la muerte y desdichado fin que ella uvo: es obra de la qual se pueden sacar dichos sutilissimos_ (sic) _sentencias admirables: por muy elegante estilo dichas: agora nueuamente compuesta por Gaspar Gomez natural de la muy insigne cibdad de Toledo: dirigida al magnifico cauallero Feliciano de Silva. Impreso. Año de M. D. XXXIX._

(Al fin): _Acabose la presente obra en la muy noble e Imperial ciubdad d'Toledo. A veynte dias del mes de Nouiembre. En casa de Hernando de Santa Catalina. Año de nuestro Señor Jesu christo: de mil quinientos y treynta nueve años._

4.º let. gót. Sin foliación. Signaturas A-2, todas de ocho hojas, menos la última que tiene seis.

[385] _Prologo del autor. Al noble cauallero Feliciano de Silua al qual va dirigida la obra._

«Noble y muy magnifico señor: Como en los tiempos antiguos no era digno de memoria: sino el que exercitando su vida en algun notable exercicio despues de sus dias la dexaua: quise forçar a mis fuerças: a que siendo fauorecidas con el fauor que de v[=r]a. merced espero: tomassen ocupacion en se ocupar algunos ratos en poner en obra a hacer esta obrezilla: la qual va tan tosca en sus dichos quan sutil es en sus sentencias subtilissimas la pasada que es la de donde ésta depende. E presuponiendo que la mar provee a los rios que della salen: acordé esta como mínimo arroyo pedir socorro a quien socorrer la puede: e yo como su _administrador_ y muy cierto sieruo de v[=r]a. merced en su nombre pido ayuda a vuestra merced como a persona que tiene poder de poder la dar, e si se marauillare del sobrado atreuimiento que me conmovio atrever pidiendo mercedes a quien jamas hize seruicios: A la verdad no sera tanta la admiracion quanta la causa que tuve y tengo para se lo suplicar: porque como yo fue informado de la veniuolencia que v[=r]a. merced tiene con los que esffuerçan a pedir esffuerço a vuestra merced, pareciome que no dexaria de ser comigo veniuolo: como lo es con los demas. E si acaso algunas partezicas en esta obra se hallaren que de notar sean: las quales sin auer conuersado con v[=r]a. merced tengan los lectores por imposible auerlas notado: siendo el autor tan friuolo e inhauil, puede se responder que assi como el que está de hito mirando al sol su gran resplandor le ciega: por el consiguiente si mi torpe lengua con la subtil y elegante de v[=r]a. merced vuiera conuersado: hallo por muy cierto que vuiera enmudecido de arte: que no digo escriuir lo escrito, mas pensar de pensarlo no osara. Pues qué medio an tenido mis sentidos para poder sentir cosa que tanto sentimiento de necesario se requeria para effectuarlo? Creera vuestra merced que sus calidisimos rayos dieron vigor a mi tibia inteligencia porque entendiesse en se ocupar al presente con la esperança futura de vuestra merced a se oponer a lo otro mas abil era licito. E ansi vuestra merced puede iuzgar que ni las razones que entre Felides y Polandria por razon avian de ser primas no van con el primor que se requiere: ni el fundamento de los dichos de los demas tan fundados: ni las sentencias de Celestina tan sentidas. En conclusion, que no lleua otra cosa vtil sino la vtilidad que de vuestra merced como de señor a quien va dirigida cobrare. E como no aya quien conociendo mejor los hierros (_sic_) los ponga con buen concierto más concertados: quise suplicar al querer de vuestra merced lo acepte, y no mirando la osadía affirme la voluntad muy recta que de seruirle tiene este su verdadero criado: la qual se empleará en lo que vuestra merced le mandare: agora no me falta despues de tener la merced concedida de vuestra merced, sino rogar al lector que esto leyere lea primero la segunda que es antes desta: porque avn que yo me condeno en esto, que cotejar la vna con la otra se verá la diferencia que ay, gano mas fama con ser trobada de historia tan subtil que infamia con hallar en ella las palabras toscas e inusitables que hallarán. E ansí porque el vulgo note la historia de donde procede, Suplico a v[=r]a. merced se lo encargue».

«Primer auto. Felides recuerda y empieça a razonar como que halla ser impossible auer estado la noche passada con su señora Polandria y afirmandolo por sueño llama a Sigeril para que le diga la certenidad de aquella duda que tiene. En lo qual passan muchas razones. E Sigeril declara por muy ciertas señales como auia estado con ella. Y Felides por mas se satisfacer determina de emviar le a la posada de Polandria. E introduzense.

«Auto segundo. Sigeril como sale de con Felides para yr a casa de Polandria: va consigo razonando: y en el camino topa a Pandulfo con el qual pasa diversas platicas: y como se despida dél acuerda no yr a casa de Polandria: y con esta determinacion se buelue a su posada a do dexó a su amo...

«Acto III. El hortelano de Paltrana llamado Penuncio anda por el vergel escardando la hortaliza: y platicando consigo de ver por allí pisadas halla entre las yeruas un tocado de Polandria: y pareciendo le mal determina mostrarle a Paltrana. Y él estando en este acuerdo entra Poncia a cojer unas rosas: y pasan entre los dos diuersas razones sobre el mismo caso, en que al fin da el tocado a Poncia e pierde el enojo...

«Aucto quarto. Sigeril como se despidió de Pandulfo, viene consigo razonando: y vee a la puerta de su posada a Corniel paje de Felides: y como an hablado entrambos, entra a dezir a su amo que viene de casa de Polandria: y que habló con Poncia, en que acuerdan que vayan a dar una musica en la noche: y por este plazer Felides le manda para quando se casare trezientos ducados...

«Aucto quinto. Polandria llama a Poncia para que le dé las rosas que trae del vergel: y ella le cuenta todo lo que con el Hortelano allá passó, y estando en estas pláticas las dos entra Borruga la negra que las a estado escuchando: y amenaza a Polandria con su señora: en conclusion que Poncia la acalla con dalle una cofia...

«Aucto sexto. Sigeril viendo que es hora de yr a dar la música habla con Felides: y luego van al concierto lleuando consigo a Canarin: y dicha vna cancion, como quieren poner la escala, Polandria se pone a la ventana y escucha (_sic_) la subida donde causa para ello inconvenientes: y ansí se despide Felides della y Sigeril de Poncia muy tristes...

«Aucto VII. Quincia se quexa de su ventura por se auer salido con Pandulfo: y estando en esto entra él y dize la que se apareje para se partir: porque ha comprado una azemila: y para pagarle le pide una faldila, en que sobre este caso allegan a reñir: y passa por allí Rodancho rufian, el qual es compañero de Pandulfo: y los pone en paz, con que haze de arte que ella le da vn manto, y otras cosas: todos tres comen en plazer: y queda acordado entre Pandulfo y Rodancho de castigar a Celestina por los diez ducados que no le prestó...

«Aucto VIII. Felides estando solo, entra Sigeril a dezirle: que ponga medio en hablar a Polandria: el qual le manda que llame a Celestina para que lo negocie: y Sigeril le aconseja que embie vna carta primero: y que la dara a Poncia, y segun Polandria respondiere ansí hará: y con este acuerdo lleva Sigeril la carta...

«Aucto nueue. Como Polandria viene a reposar á la noche, halla en su aposento a Poncia, la qual la da la carta de Felides: y como la ha leydo, pasan las dos algunas pláticas sobre ello: en conclusion que queda acordado de le responder...

«Aucto X. Sigeril buelue a dezir a su amo lo que negoció con Poncia, y Felides le torna a embiar por la respuesta de la carta: el qual va, y Polandria misma se la da...

«Aucto XI. Felides manda a Corniel que salga a ver si viene Sigeril: y estando en esto Sigeril entra y cuenta a su amo lo que con Polandria passó: y como los dos leen la carta quedan con acuerdo que Celestina provea en ello. Y Sigeril determina que la llame...

«Aucto XII. Pandulfo dice a Rodancho que pongan en effecto su determinacion: que es castigar a Celestina, y él dice que es contento. Y como lo van a cumplir topanla con un jarro de vino: y en la misma calle se vengan muy bien della. E ansí la dexan llorando y se van...

«Aucto XIII. Areusa viene a ver a Elicia: y despues que an passado algunas pláticas: Areusa la pregunta por Celestina. E como Elicia la dize que es yda por vino: viendo cómo tarda la van las dos a buscar: a la cual hallan tendida del arte que la dexaron Pandulfo y Rodancho: y lleuanla con grandes lastimas á su casa...

«Aucto XIIII. Sigeril como va a casa de Celestina oye a la puerta a Elicia y Areusa platicar con Celestina sobre su desuentura: y marauillado se de tal caso entra por se informar d'llo: e dize la embaxada que de Felides trae. Y avnque Celestina se escusa de yr concluyen en que le trayga en que vaya y que irá...

«Aucto XV. Felides espantandose de Sigeril como tarda tanto llama a Caluerino su moço d'espuelas, el qual finge de rufian algunas vezes: y los dos salen a passear: y en el camino topan con Sigeril: y como él cuenta a Felides lo que dexa acordado, despidese con yr a lleuar lo necessario para traer a Celestina...

«Aucto XVI. Perucho vizcayno, que es moço de cauallos de Felides está alimpiando un cuartago d' su amo: y quexasse de la vida que tiene. Y como empieça a cantar por despedir su enojo, entra Sigeril y los dos van por Celestina. Y despues de auer reydo con ellos Areusa y Elicia la traen...

«Aucto XVII. Castaño alguazil va platicando con Falerdo su porqueron que andan a rondar: y topan con Celestina como la lleuan Sigeril y Perucho: y por ser la hora vedada y por verla yr en mula la quisieran lleuar a la carcel. Perucho como lo vee huye: y estando en esto passa Martinez racionero: y despues de dar ciertos auisos del guardar de la justicia a Castaño la dexa yr por su intercession...

«Aucto XVIII. Felides dize a Eruion su escudero que le dé un libro de leales amadores para sobrelleuar la pena entre tanto que Sigeril trae a Celestina: estando los dos en diuersas platicas tocantes al mismo caso llega Sigeril con la vieja: y Felides le dize lo que ha de hazer: aunque á los principios se escusa ella despidese con yr a negociarlo con Paltrana el dia siguiente...

«Aucto XIX. Albazin que es amigo de Elicia dize que la quiere yr a ver: a la qual halla sola: estando los dos holgando viene Areusa: y pasean entre todos diuersas platicas: en que Elicia le dize otras cosas: todos tres comen en plazer: y queda acordado entre Pandulfo y Rodancho de castigar a Celestina por los diez ducados que no le prestó...

«Aucto VIII. Felides estando solo, entra Sigeril a dezirle: que ponga medio en hablar a Polandria: el qual le manda que llame a Celestina para que lo negocie: y Sigeril le aconseja que embie vna carta primero: y que la dara a Poncia, y segun Polandria respondiere ansí hará: y con este acuerdo lleva Sigeril la carta...

«Aucto nueue. Como Polandria viene a reposar á la noche, halla en su aposento a Poncia, la qual la da la carta de Felides: y como la ha leydo, pasan las dos algunas pláticas sobre ello: en conclusion que queda acordado de le responder...

«Aucto X. Sigeril buelue a dezir a su amo lo que negoció con Poncia, y Felides le torna a embiar por la respuesta de la carta: el qual va, y Polandria misma se la da...

«Aucto XI. Felides manda a Corniel que salga a ver si viene Sigeril: y estando en esto Sigeril entra y cuenta a su amo lo que con Polandria passó: y como los dos leen la carta quedan con acuerdo que Celestina provea en ello. Y Sigeril determina que la llame...

«Aucto XII. Pandulfo dice a Rodancho que pongan en effecto su determinacion: que es castigar a Celestina, y él dice que es contento. Y como lo van a cumplir topanla con un jarro de vino: y en la misma calle se vengan muy bien della. E ansí la dexan llorando y se van...

«Aucto XIII. Areusa viene a ver a Elicia: y despues que an passado algunas pláticas: Areusa la pregunta por Celestina. E como Elicia la dize que es yda por vino: viendo cómo tarda la van las dos a buscar: a la cual hallan tendida del arte que la dexaron Pandulfo y Rodancho: y lleuanla con grandes lastimas á su casa...

«Aucto XIIII. Sigeril como va a casa de Celestina oye a la puerta a Elicia y Areusa platicar con Celestina sobre su desuentura: y marauillado se de tal caso entra por se informar d'llo: e dize la embaxada que de Felides trae. Y avnque Celestina se escusa de yr concluyen en que le trayga en que vaya y que irá...

«Aucto XV. Felides espantandose de Sigeril como tarda tanto llama a Caluerino su moço d'espuelas, el qual finge de rufian algunas vezes: y los dos salen a passear: y en el camino topan con Sigeril: y como él cuenta a Felides lo que dexa acordado, despidese con yr a lleuar lo necessario para traer a Celestina...

«Aucto XVI. Perucho vizcayno, que es moço de cauallos de Felides está alimpiando un cuartago d' su amo: y quexasse de la vida que tiene. Y como empieça a cantar por despedir su enojo, entra Sigeril y los dos van por Celestina. Y despues de auer reydo con ellos Areusa y Elicia la traen...

«Aucto XVII. Castaño alguazil va platicando con Falerdo su porqueron que andan a rondar: y topan con Celestina como la lleuan Sigeril y Perucho: y por ser la hora vedada y por verla yr en mula la quisieran lleuar a la carcel. Perucho como lo vee huye: y estando en esto passa Martinez racionero: y despues de dar ciertos auisos del guardar de la justicia a Castaño la dexa yr por su intercession...

«Aucto XVIII. Felides dize a Eruion su escudero que le dé un libro de leales amadores para sobrelleuar la pena entre tanto que Sigeril trae a Celestina: estando los dos en diuersas platicas tocantes al mismo caso llega Sigeril con la vieja: y Felides le dize lo que ha de hazer: aunque á los principios se escusa ella despidese con yr a negociarlo con Paltrana el dia siguiente...

«Aucto XIX. Albazin que es amigo de Elicia dize que la quiere yr a ver: a la qual halla sola: estando los dos holgando viene Areusa: y pasean entre todos diuersas platicas: en que Elicia le dize cómo Celestina la mandó que no entre en su casa: y él como lo oye se despide dellas jurando que la vieja se lo ha de pagar...

«Aucto XX. Perucho vizcayno entra muy de priessa en casa de su amo Felides: y pregunta a Sigeril por Celestina: y despues de contarle él lo que les passó entra a dezir a su señor como aya (_sic_ por «avía») venido. Y Felides le manda entrar: y como ha reydo con él sobre la deligencia que puso en defender la vida del Alguazil le embia a la posada de Celestina a que le acuerde que vaya a do está concertado...

«Aucto XXI. Celestina dize a Elicia que mire quién llama a la puerta. Y ella como ve que es Perucho le baxa abrir: con el qual rien escarneciendo le sobre el caso passado: y Areusa de sus amores: en que se detiene vn rato: y él por se d'spedir dize a la vieja a lo que fue su venida. Y luego ella como él se va dexa la casa encargada a Areusa y a Elicia: y pone por obra d'yr a hablar a Paltrana...

«Aucto XXII. Poncia estando a la ventana vee a Celestina venir coxeando: la qual le pregunta por Paltrana: y la ruega que le haga saber como está allí, que viene a pedir unos vntos para curar su pierna: y Ponzia lo dize a Paltrana: y la manda entrar: en conclusion, que despues que la buena vieja la cuenta sus duelos: declara la por cifras lo que Felides le encomendó acerca de los casamientos de Polandria: y oye la respuesta muy fuera de su proposito: y ansi se despide. Y Poncia se entra a dezir a su señora lo que ha oydo...

«Aucto XXIII. Polandria llama a Poncia y la pregunta si ha oydo las platicas que passaron entre Celestina y su señora Polandria: la qual como dize la summa de todo, Polandria la manda que dé una carta a la vieja para Felides, sino es yda. Y ella la hace entrar en el apossento de su señora: y dassela Polandria mesma...

«Aucto XXIIII. Celestina viene hablando consigo del despacho que trae a Felides: y topale en camino ya Sigeril con él: al qual despues de contarle lo que passó con Paltrana le da la carta de Polandria: y es (¿el?) con sobrada alegria, aunque con la primer nueua tuvo tristeza, da a la vieja honrrada cincuenta ducados...

«Aucto XXV. Elicia estando a la ventana ve a Albacin que passa por su puerta: y ella le habla de arte que él sube: y como estan retoçando, Barrada llama y dize que viene a hablar a Celestina: y Elicia responde que no está en casa: y oyendo que Albacin está con ella se va jurando de hazer vn buen castigo a la vieja y cobrar sus quatro ducados: Albacin riñe con Elicia por celos de Barrada y entroduzense.

«Aucto XXVI. Celestina sale de con Felides muy contenta razonando de los cincuenta ducados que le dió: y topa con Barrada: el qual la hace vn estremado castigo: y queriendo la sacar de la bolsa sus quatro ducados la halla los cincuenta, y se los toma: y ella queda llorando y pidiendo justicia...

«Aucto XXVII. Grajales yendo a ver a su amiga Areusa topa a un rufian llamado Brauonel que es compañero suyo. Y como van los dos hablando veen a Celestina de la manera que la dexó Barrada. A la qual lleuan a su casa iurando que la an de vengar: y hallan a Elicia y Areusa allá. Y despidiendo se Brauonel, Grajales queda a holgar con Areusa...

«Aucto XXVIII. Felides llama a Sigeril para que se apareje que quiere yr a hablar a Polandria. Y ansi van los dos: hallando un postigo abierto entran en el vergel a do está Polandria esperando sola. Y Felides haze venir allí a Poncia que con su señora no auia salido: y la da cien ducados para ropas. Y de esta manera acaba con ella que Sigeril cumpla su voluntad. Y despues de auer holgado amo y criado con sus señoras se despiden muy alegres...

«Aucto XXIX. Brauonel como se enamoró de Areusa quando fue con Grajales a lleuar a Celestina propone de la yr a hablar: y con esta determinacion va a la posada de Celestina a do la halla: y hablando sobre el caso a la vieja: dala ciertos dineros: por los quales concierta con Areusa que le dé la palabra de lo hazer: y ella avnque se escusa le promete que lo hará...

«Aucto XXX. Poncia dice a Polandria que se prouea en como se negociarán los casamientos: y su señora responde que no ay otra sufficiente que lo haga sino Celestina. Y con este acuerdo Poncia dize que dirá a Sigeril que la diga que buelua a hablar a Paltrana.

«Aucto XXXI. Sigeril passando por la puerta de Paltrana vee a Poncia que está en una ventana. Y despues de aver passado entre los dos diuersas platicas ella le declaró que tenian acordado que Celestina tornase a entender en los casamientos. Y el dice que lo dira a Felides para que lo ponga por la obra...

«Aucto XXXII. Felides pregunta a Canarin su paje por Sigeril. El qual le responde que no sabe dél: y que le vee andar pensatiuo. Y sobre esto como estan riendo entra Sigeril: y despues (que) ha reñido con Canarin, dice a su amo lo que Poncia le dixo. Y Felides le embia luego a casa de Celestina con vn buen presente...

«Aucto XXXIII. Elicia dize a Celestina que trayga de comer: y ella le responde que no tiene blanca. Y estando en estas platicas llega Sigeril con el presente que Felides embia a la vieja: y dize la que luego vaya allá, y ella se lo promete: y haze con él que coma con ellas antes que se vaya...

«Aucto XXXIIII. Celestina pregunta a Poncia por Paltrana, la qual despues de rogar la que negocie bien los casamientos la dize que entre, que desocupada está. Y la vieja entra con son de pedir la vnos paños para su herida: y trasmuda la voluntad a Paltrana que antes tenia con sus razones, para que (_sic_) diziendo la lo que toca a Felides en los casamientos, y oye la respuesta y de confiança (_sic_)...

«Aucto XXXV. Brauonel yendo a cumplir su concierto con Areusa topa con Celestina que viene d'hablar a Paltrana: y vasse con ella platicando hasta su casa, do halla a Areusa con Elicia. Y como Brauonel está con él holgando, allega Recaxo a buscar a Grajales que es su amigo: y oyendo a Brauonel allá dentro buelue sin llamar, iurando que él podra poco o serán castigados los amores.

«Aucto XXXVI. Sigeril va a saber de Celestina lo que negoció con Paltrana: la qual no se lo quiere dezir por ganar de su amo las albricias, y los dos van juntos, y como lo cuenta a Felides él se las da de gran valor...

«Aucto XXXVII. Albacin yendo a vengar se de Celestina la vee estar llamando a su puerta, y alli la da una cuchillada por el rostro: la qual da tales bozes que se llegan las vezinas. Y él con el ruydo buelue disfraçado: y saca a Elicia d'entre la gente: y ansi se la lleua...

«Aucto XXXVIII. Paltrana embia a llamar a Dardano con Guzmanico su page: el qual venido ella le ruega que vaya a estar con Felides: y le hable en lo de los casamientos: de manera que no se desconcierte: y Dardano se despide para yr a negociarlo...

«Aucto XXXIX. Felides dize a Sigeril que saque unas pieças de brocado y de seda de las armas para cortar ropas, y ellos estando las mirando entra Canarin a dezir cómo está alli vn cauallero: y sabiendo Felides que es Dardano tio de Polandria, sale a hazerle entrar: y despues de se auer hecho los recebimientos pertenecientes a quien son, Dardano le declara su intento: y Felides avn que al presente le rehusa diziendo como le traen a la otra, concluye con que antes que diga el sí quiere saber la voluntad de Polandria...

«Aucto XL. Recuajo yendo consigo razonando en la vellaqueria de Areusa en tener a Brauonel topa con Grajales, al qual se lo cuenta todo. E los dos van a casa de Celestina a vengar aquel hecho: y hallan allá a Brauonel con Areusa: y allí dan el fin a ella, y él se escapa muy mal herido...

«Aucto XLI. El corregidor passando por casa de Celestina oye la barahunda que ay con la muerte de Areusa: y como entra y haze la pesquisa manda luego a Galantes alguazil que viene con él que llame al Pregonero para hazer justicia de la vieja encubridora: y ansi desde su posada la sacan açotar juntamente com emplumarla, a donde burlan della los mochachos hasta que la quitan de la escalera.

«Aucto XLII. Paltrana estando sola entra Dardano y cuenta le lo que negoció con Felides: y como quedó la cosa en que diga Polandria de sí: con las quales nueuas Paltrana huelga mucho. Y embia a llamar a su hija con Frunces page al iardin para concertarlo...

«Aucto XLIII. Polandria estando en el jardín platicando con Poncia sobre los casamientos: allega Frunces a llamar la de partes de su madre y de su tio Dardano. Y ella va: y como la hablan para que conceda en recebir a Felides rehusa mucho de lo hazer: dando causas sufficientes para sus dissimulaciones: en conclusion, que viendo cómo Paltrana y Dardano la dizen que en todo caso lo ha de hazer otorga en ello.

«Aucto XLIIII. Brauonel va a casa de vna muger que tiene a ganar, con el braço cortado de la manera que huyó de casa de Celestina; y despues d' la auer pedido cuēta la da de coces: porque ella no le da una perdiz. Y estando riñendo entra Solarcia, compañera de Ancona: que es del mismo officio: y pone los en paz.

«Aucto XLV. Antenor arcidiano que es sobrino de Paltrana, yendo a saber de su tia lo que se hace en los casamientos, topa a Dardano que va a casa de Felides a lleuarle la respuesta de lo que negoció, y como lo cuenta a su sobrino van los dos a estar con Felides: y despues de se lo auer dicho él da las manos a Dardano por cosa hecha: y Antenor las da por Polandria: y ansí se despiden dexandole con Sigeril platicando...

«Aucto XLVI. Sigeril como va a casa de Polandria vee a Poncia a la ventana: y despues de la contar las nueuas con sobrada alegria llama ella a su señora Polandria: la qual le da muy buenas albricias. Y Sigeril se despide d'ellas lleuando a cargo que rogará a Felides declare sus desposorios secretos...

«Aucto XLVII. Felides pregunta a Sigeril si estan las libreas apareiadas, y como le dize sí, va con doze pajes y otros tantos moços de espuelas a besar las manos de Paltrana y a recebir a su señora Polandria: a donde despues passar diuersas platicas con ellas declara él los conciertos d' Sigeril y Poncia a la que como es llamada da Felides dozientos ducados para su dote...

«Aucto XLVIII. Antenor arcediano dize a su tia Paltrana que ora es de hazer los desposorios: y los dos entran en la sala a do hallan a Felides con Dardano, y a Poncia con Polandria, y luego lleuan a Sigeril, y como los desposa Antenor, entran los menistriles y tocando los instrumentos canta Canarin...

«Aucto XLIX. Celestina como sabe que los desposorios son hechos, dize que no perderá las albricias. E yendo muy apriessa a las pedir con el sobrado gozo no mirando cómo va cae de los corredores de su casa abaxo y allí fenecen sus tristes dias. Y entrando los vezinos a socorrerla por los gritos que dió la hallan hecha pedazos. Y ansí se van a contar a Felides aquella muerte de la desdichada...

«Aucto L. Felides como le an informado de la muerte de Celestina llama a Sigeril: y con gran pena le cuenta lo que passó: y le da veynte ducados para que honradamente la entierren y hagan sus obsequias: y Sigeril lo lleua a cargo y lo va a hazer: y con este ultimo aucto se acaba la obra...».

[386] _Tragicomedia de Lisandro y Roselia llamada Elicia y por otro nombre quarta obra y tercera Celestina._ 1542 (Al reverso de la portada el escudo del impresor Junta, y una figurilla de la Muerte con la hoz al cuello y un ataúd debajo del brazo). La dedicatoria, el prólogo al lector y el texto de la tragicomedia ocupan los 89 primeros folios. En el que debía ser 90, numerado por equivocación 100, se halla el colofón:

«Aquí se acaba la tragicomedia de Lysandro y Roselia... nueuamente impressa. Acabose a veynte dias d'l mes de deziembre. Año del nascimiento de nuestro Saluador Jesu christo de mil y quinientos y quarenta y dos años».

Los folios siguientes hasta el CVI contienen las dos cartas y las octavas de arte mayor.

4.º let. gót. con viñetas. Es libro de la más extraordinaria rareza.

Por una esmerada copia que había pertenecido á D. Serafín Estébanez Calderón le reimprimieron los señores Fuensanta del Valle y Sancho Rayón, y es el tercer tomo de la linda _Colección de libros raros y curiosos_ (Madrid, Rivadeneyra, 1872).

[387] Vid. Pérez Pastor (D. Cristóbal), _Bibliografía madrileña del siglo XVI_ (Madrid, 1891), pág. 1.

[388] Carta á los editores de la _Colección de libros Españoles raros ó curiosos_ en los preliminares del tomo cuarto que contiene el _Cancionero de Stúñiga_ (pp. XXXIII á XLII).

[389] Carta de Sancho Rayón y Fuensanta del Valle á Hartzenbusch, en los preliminares del tomo quinto de _Libros raros ó curiosos_, que contiene la _Comedia Selvagia_ (pp. XIII á XVI).

[390] _Bibliografía Mexicana del siglo XVI_, por D. Joaquín García Icazbalceta. México, 1886, páginas 232-233.

En la dedicatoria al arzobispo dice el Dr. Muñón que esta doctrina «se ha cogido de las fuentes de algunos escritores graves, que á mi parecer en esta materia hablaron bien, en especial de una Doctrina Cristiana que se trató de hacer por la memoria y papeles de Pío V de gloriosa memoria». Hay también un prólogo «A los muy reverendos Padres Curas del Arzobispado de México», en que les recomienda la enseñanza de la doctrina.

[391] A la infernal botica de Celestina había añadido Elicia «otras cosas muchas que con mi buen trabajo y propio sudor y mayor esperiencia he yo adquirido, conviene a saber: hieles de perro negro macho y de cuervo, tripas de alacran y cangrejo, testículos de comadreja, meollos de raposa del pie izquierdo, pelos priapicos del cabron, sangre de murcíelago, estiércol de lagartijas, huevos de hormigas, pellejos de culebras, pestañas de lobo, tuétanos de garza, entrañuelas de torcecuello, rasuras de ara, _ciertas gotas de olio y crisma que me dio el cura_, zumos de peonía, de celidonia, de sarcocola, de tryaca, de hipericon, de recimillos y una poca de hierba del pito que hobe por mi buen lance; tengo tambien _la oracion del cerco_ que no tenía mi tia que Dios haya, que es esta: _avis_, _gravis_, _seps_, _dipa_, _unus_, _infans_, _virgo_, _coronat_; y si todo lo de mi tienda acabase de contar, sería cosa para nunca acabar... Este oficio me bastaba, éste mantiene mi casa, sustenta mi honra, y me hace ser temida y acatada de todos, y afama mi nombre por la ciudad, que nadie hay que me vea que no me llame: madre acá, madre acullá, el uno me dexa, el otro me toma, el vicario me convida, el arcediano me llama, que ningun señor de la iglesia me ve que no quiera ganar por la mano cuál me llevará primero á su casa» (pp. 74-75).

Ciertamente que los que fuesen entonces vicario y arcediano de Salamanca quedarían muy agradecidos al Maestro Muñón por el modo de señalar.

[392] _Tractado de la Hermosura y del Amor compuesto por Maximiliano Calvi. En Milán... Por Paulo Gotardo Poncio, el Año MDLXXVI._

Cada uno de los tres libros en que la obra se divide forma un volumen con paginación diversa.

[393] _Historia do Theatro Portuguez_, II, _A comedia classica e as tragicomedias_ (Porto, 1870), p. 29-30.

[394] _Grammatica_ (1536), pág. 73 de la edición de 1785. «Verdade he ser (a lingua portugueza) em si t[-ao] honesta e casta que parece nā consentir em sy h[~u]a tal obra como Celestina».

[395] _Historia Genealogica da Casa Real portugueza, por D. Antonio Caetano de Sousa... Lisboa Occidental_, 1738. Provas. II, pág.

[396] «Em sexta feira de Endoenças do anno de 1521 vi no mosteiro de Sam Francisco en bragança un Diogo Lopes, ferreiro, vestido em manto bérneo e touca foteada, estar ante o Sacramento en roda de mulheres lendo por _Celestina_, e parece-me que era no auto que falla do Centurio». (Ms, tal vez autógrafo, que poseía el conde de Azevedo, y hoy debe de estar en la Biblioteca de Oporto.)

Vid. C. Castello Branco, _Narcoticos_, I, Porto, 1882, pág. 66.

[397] Tomo III de la ed. de Stuttgart, pp. 114, 120, 129, 215 y 222 En la pág. 632 hay unos versos de García de Resende á Jorge de Vasconcellos «porque nam querya escreuer humas trovas suas».

[398] En la tragicomedia de _Las Cortes de Júpiter_ (_Obras de Gil Vicente_, tomo II de la ed. de Hamburgo, pág. 404).

[399] Jose Joaquim da Costa e Sá, editor de la traducción de Terencio de Leonel da Costa en 1788, dice haber visto un ejemplar de la _Eufrosina_ de 1561, que tenía en el reverso del pergamino las siguientes palabras de letra antigua: «O Autor d'este livro foi Jorge Ferreira de Vasconcellos, natural de Lisboa, tamben Author da Tavola Redonda e d'outras obras (Tomo I, pág. XXI, nota 9).

[400] En la _Vida de D. Duarte_, escrita en 1565 por Andrés Resende, que había sido su maestro de latinidad, se hace mención de Francisco de Moraes, pero no de Jorge Ferreira de Vasconcellos. Tampoco en el testamento del Infante, publicado en las _Provas_ de la _Historia Genealogica_. Pero está citado en el _Rol dos Moradores do Infante_, redactado poco después de su fallecimiento. (Vid. Caetano de Sousa, _Hist. Geneal. Provas_, II, 615.)

[401] «Das comedias que Jorge Ferreira de Vasconcellos compos, foy esta _Vlysippo_ a segunda estando ja no seruiço del Rey nesta cidade».

[402] Vid. Brito Rebello, _Ementas Historicas_, II, _Gil Vicente_, pág. 114.

El título exacto del cargo era «escrivão da receita e despesa do tesoureiro da casa real».

[403] Barbosa Machado, _Bibliotheca Lusitana..._ Lisboa, 1747. Tomo II, pp. 805-807.

[404] Acaso en este punto haya confusión con el Dr. Antonio Ferreira, autor de la _Castro_. El ducado de Aveiro fué creado en 1547 para D. Juan de Lencastre, nieto de D. Juan II.

[405] Vid. Teophilo Braga, _Historia da universidade de Coimbra..._ Tomo I, Lisboa, 1892, cap. V, pp. 449 y ss.

[406] Estos dísticos se encuentran en la comedia _Aulegrafia_, pero no al fin, como dice Barbosa, sino al principio, antes del folio primero é inmediatamente después de la dedicatoria:

Inscribunt alii morituris nomina chartis Cumque illis cernunt nomina obire sua. .......................................................... Tu, bone Ferreri, victuris nomina chartis, Non tua subscribis, sed latitare cupis. Est tibi sat saeclis prodesse aliquando futuris Quamvis nulla tui nominis aura sonet. Nil agis, insequitur fugientem fama, sequentem Aufugit, ad superos et volat alta polos.

Siendo tan raros los elogios antiguos de Jorge Ferreira, no debemos omitir el de Juan Soares de Brito (_Theatr. Lusit. Lit._, let. G.), citado por Barbosa: «Vir ingenio promptissimo et lepidissimo».

[407] Las coplas de Jorge Manrique le eran tan familiares que desde la primera escena de la _Eufrosina_ intercala varios versos en el diálogo: «Dexemos a los troyanos que sus males no los vimos». «Recuerde el alma dormida». Y á continuación dos pedazos de romances que él mismo califica de antiguallas: «Por aquel postigo, viejo», «Buen Conde Fernán González». Dos veces está citado Macías en la misma escena, y poco antes el «Huid que rabio» de Juan Rodríguez del Padrón, páginas 63, 64 y 65 de la presente edición). Nueva reminiscencia de Jorge Manrique en la escena 2.ª: «Todo tiempo pasado fué mejor». (Pág. 71). De los _elevamientos de Garci Sánchez_ se habla en el acto 3.º, escena 2.ª (pág. 105).

De la popularidad de los pliegos sueltos que contenían romances es buena prueba lo que dice Cariofilo á Zelotipo en la segunda jornada del acto tercero: «Partios a Castilla y dexad a Portugal a los castellanos, pues les va tan bien en ella. Poned tienda en Medina del Campo y ganaréis de comer con glosar romances viejos, que son apacibles, y poneldes por título «obra nueva sobre mal huvistes los franceses la caza de Roncesvalles»; mas temo que ande ya allá el trato tan dañado como acá, donde lo censuran todo estos críticos, que no medran ya chocarreros». (Pág. 106).

En el mismo acto hay tres canciones castellanas, puestas en boca de Zelotipo. El traductor sólo ha conservado la tercera: «Aora quiero os dezir unas coplas que hize poco ha en castellano, por ser más recebido y menos glosado». Las otras dos tienen los siguientes principios, que bastarán para mostrar su directa filiación de la poesía de los Cancioneros:

De grado en grado ha sobido La pena a la fortaleza, Del ansia y mayor tristeza Que ay en el mundo. Cayó se me hasta el profundo Con dolor el pensamiento, Del más subido cimiento De la esperanza... En mal punto fue nacido Un corazon desdichado, Qual el mio[A], que ha querido Ser más vuestro desdeñado Que de otra favorescido...

(Nota A: _El niño_ dice la incorrectísima edición de Sousa Farinha, 1786, pág. 172).

Tiene en portugués otras composiciones del mismo gusto. La mejor es un villancico que canta Silvia de Sousa en la escena 1.ª del acto 4.º:

Aquelle cavaleiro, Que d' amores me falla, Querolhe bem na alma...

(Pág. 229 de la ed. de 1786).

El capitán Ballesteros traduce estos versos, pero omite ó mutila arbitrariamente otros, así castellanos como portugueses, en todo el curso de la obra. No tiene disculpa, por ejemplo, la supresión de esta linda cantiga que entona Eufrosina en el acto 4.º, escena 5.ª:

Castigado me ha mi madre Por vos, gentil cauallero, Mandame que no os hable: No lo haré, que mucho os quiero. Fuerça me por vos amor, Venceme vuestro deseo: Cuanto me riñen, si os veo, Se me olvida, y el temor. Defiende me lo mi madre, Que no os vea, cavallero, Mandame que no os hable, Y yo por hablar os muero. ¿Qué valen consejos sanos, Quando está mal sana el alma? Si el amor lleua la palma, Vencen los cuidados vanos. Que me mate la mi madre Por vos, gentil cavallero, No quitará que no os hable, Pues sin vos vida no quiero.

(Pág. 248 de la misma edición).

El nombre de Jorge Ferreira debe añadirse al _Catálogo de los autores portugueses que escribieron en castellano_ formado con tanta erudición y diligencia por mi difunto é inolvidable amigo el Dr. García Peres, no sólo por estas y otras piezas poéticas, sino por una parte del diálogo de la comedia _Aulegrafia_.

No encuentro citadas en la _Eufrosina_ más obras en prosa que el _Clarimundo_, libro de caballerías de Juan de Barros (pág. 110 del presente volumen), la novela de Diego de San Pedro y el _Marco Aurelio_ del obispo Guevara: «En esta materia pocos aciertan y todos reprehenden y no dexan de aferrarse con _Carcel de Amor_ en lugar solitario, y tienen por tanto convertillo en portugues como si fuese Homero; mas pues llegamos a tratar de antiguedades, qué malo sería hablar por _Marco Aurelio_, que tiene gran copia en el dezir?». (Pág. 111).

De Petrarca y aun de Dante hay indudables reminiscencias: «De la señora Eufrosina no se puede hablar como de cosa deste mundo, sino como de _una muestra que Dios nos quiso dar de su poder_» (p. 137). «_La mayor congoja en estas adversidades es acordarme que fui algun tiempo venturoso_» (p. 140).

En la _Vlysippo_ (fol. 149 vuelto de la ed. de 1618) se encuentra un soneto, único tributo que pagó á la métrica italiana. No sabemos si puede tomarse por expresión de su propio pensamiento ó meramente de la persona que habla, el siguiente pasaje de la _Aulegrafia_ (act. II, sc. 10, fol. 78 vuelto). En el primer caso habría que creer que cambió de rumbo en sus últimos años, como lo hizo también Gregorio Silvestre: «Eu, senhor, tenho minha poesia nova e faço minha viagem _por fora da rota de João de Lenzina_, e terzo-me da vitola dos antigos como de espirro: porque são musicas le fantasia sem arte, e não alcançam o bem d' agora, que tem furtado o corpo a idolatrias contemplativas quando lhe dizia: _En tus manos la my vida encomiendo condenado_, etc., e então logo morrem e vinhan os _Testamentos, os Infernos do amor, e tudo era ayre_».

Poco antes se había quejado del abandono de la lengua portuguesa y del predominio de la nuestra: «Somos tāō incrinados á lingua castelhana, que nos descontenta a nossa, sendo dina de maior estima, e nāō ha antre nós quem perdoe a hua trova portugueza, que muytas vezes é de vantagem das Castelhanas, que se tem aforado comnosco, e tomado posse do nosso ouvido, que nenhumas lhe soan melhor: emtanto que fica em tacha anichilarmos sempre o nosso, por estimarmos o alheyo» (fol. 66 vuelto).

[408] Inocencio da Silva no llegó á ver los _Triunfos de Sagramor_, y se limita á copiar la escueta noticia de Barbosa:

_Triunfos de Sagramor, em que se tratão os feitos dos Cavalleiros da segunda Tavola Redonda. Dirigido al Principe D. Juan. Coimbra, por Juan Alvares. impresor del Rey._ 1554. fol.

D.ª Carolina Michaëlis me escribe: «Infelizmente nunca vi o _Sagramor_. Nem vive quem o visse! Apenas ha boatos vagos sobre un exemplar guardado na Torre do Tombo. Creio que o _Memorial_ é 2.ª ed. do _Sagramor_, apenas com o titulo mudado por improprio. O melhor teria sido _Memorial das Proezas dos Cavaleyros da (Segunda) Tavola Redonda do Rei Sagramor_. No prologo ha no fim a oraçāō seguinte: «nāō me disculpo dos erros e atrevimentos de que nesta tresladaçāō do _Triumpho del Rey Sagramor_ posso ser reprendido, nem os nego». No cap. 26 diz que «Foroneus... nāō foy sua tençāō tratar de hum soo cavaleyro... antes pretende fazer huma viva memoria de tudo o que alcançou saber dos da Tavola Redonda del Rey Sagramor».

[409] _Memorial das proezos da segunda Tauola redonda. A o muyto alto e muyto poderoso Rey dō Sebastiāō primeyro deste nome em Portugal, nosso senhor. Con licença. Em Coimbra. Em casa de João de Barreyra, 1567._ 4.º 240 hs. dobles.

Barbosa cita otra del mismo año en folio, pero debe de ser la misma.

De esta edición rarísima sólo se conocen dos ejemplares en Portugal (según Inocencio): el de la Biblioteca Nacional de Lisboa, procedente de la librería de D. Francisco de Mello Manuel, y el de la biblioteca de Braga. En el _Suplemento_ de Brito Aranha se cita otro que perteneció al conde de Azevedo.

Hay una edición moderna del _Memorial_, dirigida por Manuel Bernardes Branco (Lisboa, na tip. do «_Panorama_», 8.º grande).

Vid. _Diccionario bibliographico portuguez, estudos de Innocencio Francisco da Silva applicaveis a Portugal e ao Brasil_. Tomo IV Lisboa, na Imprensa Nacional. 1860, pp. 167-171. Y el _Suplemento_ de Brito Aranha (tomo XII del Diccionario, 1884).

[410] Vid. Th. Braga, _Floresta de varios romances_, Porto, 1868, pp. 36-53.

[411] Basta leer la _Eufrosina_ para convencerse de que no pudo ser representada á lo menos en su forma actual; pero algunas frases del prólogo de _Juan de Espera en Dios_ parecen indicar que su autor la destinó á alguna recitación ó lectura pública, como creemos que lo fué también la _Celestina_. En este caso los oyentes serían estudiantes ó profesores de Coimbra, y á ellos aludirá la frase _neste anfitrioneo convento_.

[412] Por cierto que Jorge Ferreira no se muestra nada blando con ellos, especialmente con los legistas: «Estos son gente sin ley ni Rey, todo su cuydado es buscar recreacion; la ciencia está en los libros; el estudiar, ir y venir á su tierra, y despues de largo tiempo mal gastado: bachiller soy, bien votado ó mal votado, y dan sentencias de golpe, como palo de ciego, que lleua el pelo y el pellejo, y el mal es para quien les cae en las manos». (Pág. 88).

«El enfado del estudio no se puede sufrir si no es a fuerza de necesidad... Rico es mi padre, lograrme quiero con su trabajo... quanto más que yo podré graduarme por suficiencia, y con estar dos dias en Sena ó en Bolonia, espantaré toda esta tierra, y con dos sentencias que traiga de la Rota pensará mi padre que vengo hecho un oráculo». (Pág 89).

[413] Debajo de una viñeta con tres figuras que representan á Zelotipo, Eufrosina y Silvia de Sousa, se lee este título:

_Comedia Eufrosina. De nouo reuista & em partes acrecētada. Impressa em Coimbra. Por Ioāō de Barreyra, Impresor da Universidade; Aos dez de mayo M. D. LX._

(Colofon): «Foy impressa a presente obra, em a muy noble & sempre Real cidade de Coimbra, por Ioāō de Barreyra empressor da Universidade. Com privilegio Real que nenhūa pessoa a possa imprimir, nem vender, nem trayer doutra parte impressa, sob as penas conteudas no Privilegio. Acabouse aos dez dias do mes de mayo. De M. D. LX».

8.º, 347 pp. Láminas en madera. Letra redonda, excepto la lista de las figuras de la Comedia, que va en letra gótica.

Las palabras «revista e em partes acrecentada» apenas dejan duda de la existencia de una edición anterior.

Esta de 1560 es rarísima. El ejemplar que poseyó Salvá y describe en su _Catálogo_ (núm. 1254) pertenece hoy al Museo Británico. Allí mismo hay un ejemplar incompleto de otra edición, que parece ser la siguiente:

_Comedia Eufrosina. De nouo reuista, z em partes acrecentada. Agora nouamente impressa. Dirigida ao muito alto z poderoso principe dom Joam de Portugal._

(Colofon): «Foy im[-p]ssa em Euora en casa de Andree de Burgos, im[-p]ssor e cavaleiro da casa do Cardeal Iffante. No fin dabril de 1561». 8.º let. gót.

«Había un ejemplar excelentemente conservado en la librería del hospicio de la Tierra Santa, el cual pasó después al Archivo Nacional de la Torre do Tombo» (Inocencio da Silva). Otro existe en la librería que fué de D. Fernando Palha (núm. 1.206 de su _Catálogo_).

D. Blas Nasarre, que reimprimió en 1735 la _Eufrosina_ castellana, dice en la advertencia «al que leyere», tratando del original portugués: «Imprimióse este libro la primera vez en Evora el año 1566 por Andrés de Burgos, impresor y cavallero de la Casa del Cardenal Infante». Pero como esta edición no parece por ninguna parte, puede sospecharse que el 1566 sea errata por 1561.

--_Comedia Eufrosina. Nouamente impressa e emendada. Por Francisco Roiz Lobo. Em Lisboa, Antonio Aluares, 1616._ 8.º 4 hs. prls, y 223 fols.

--_Comedia Eufrosina. De Iorge Ferreira de Vasconcellos, nouamente impressa, e emendada por Francisco Roiz Lobo. Terceira ediçam fielmente copiada por Bento Ioze de Sousa Farinha, professor regio de Filozofia, e Socio da Academia Real das Sciencias de Lisboa. Lisboa, na off. da Academia Real das Sciencias, anno MDCCLXXXVI. Con licença da Real Mesa Censoria._

Es pésima edición, lo mismo literaria que tipográficamente considerada.

[414] Pág. 359 de la reimpresión de Reusch.

[415] Tomo III, part. 4ª, cap. VIII, núm. 67, pág. 372 (2.ª ed, Lisboa, 1680).

[416] Pág. 30 de la edición de Mendes dos Remedios. El _Hospital_ fué escrito en 1657.

[417] «Georgius Ferreira de Vasconzelos, Lusitanus, Conimbricensis, urbanitate vir ac disertis salibus suo tempore in pretio habitus, scripsit comoedias tres prosaicas, quae magni aestimantur a civibus ejus, et omnibus his qui lusitanae linguae suavitate ac delitiis delectantur, nempe: _Comedia Euphrosina_; quae ut prima exiit ab auctoris ingenio, ita aliis quae sequutae sunt, excellentiae palmam praeripuit. Edita est saepius in Portugallia, et tandem recognita a Francisco Rodriguez Lobo &» (_Biblioth. Hisp. Nova_, I, pág. 538).

[418] _Comedia de Eufrosina traducida de lengua portvgvesa en castellana. Por el Capitan D. Fernando de Ballesteros y Saavedra. Al serenissimo Señor Infante don Carlos. Con Privilegio. En Madrid en la Imprenta del Reyno. Año de 1631. A costa de Domingo Gonçalez._ 8.º De la forma que Gallardo llamaba de _Astetes viejos_. 12 hs. prls. sin foliar y 251 pp. dobles.

[419] _Comedia Eufrosina. Traducida de lengua portuguesa en castellana por el Capitán D. Fernando de Ballesteros y Saavedra. Con licencia. En Madrid, en la oficina de Antonio Marin, año de 1735._ 8.º 12 hs. prls. y 422.

Dedicatoria «á la Señora Doña Sophrosina Pacheco, mi señora», firmada por _D. Domingo Terruño Quexilloso_. «Dedico una comedia en prosa; pero poetica, y con sus primores y harmonia; libro raro, y de exquisito gusto, de invencion dichosa, de composicion elegante, y que pinta con vivos colores las personas que representa, poniéndolas sobre el Theatro al natural, y con decencia, y enseñando con ellas los principios y progressos de la galanteria, que no son fáciles de conocer ni por los mismos que se hallan presos de sus lazos. Enseña las señales y symptomas del suave veneno, casi incurable despues de aver ganado el corazon».

[420] _Comedia Vlysippo de Iorge Ferreira de Vasconcellos. Nesta segunda impressão apurada e correcta de algãs erros da primeira, con todas as licenças necessarias. Lisboa, Pedro Craesbeck, 1618, con Privilegio Real._ 8.º 4 hs. prls. 278 foliadas y dos blancas al fin.

Hay una reimpresión de Lisboa, 1787, hecha por Benito de Sousa Farinha, tan poco apreciable como la de la _Eufrosina_.

[421] En la _advertencia ao Leitor_ que precede á la comedia _Vlysipo_, y que seguramente salió de su pluma, aunque no lleva su nombre:

«Das Comedias que Jorje Ferreira de Vasconcellos compos foy esta _Vlysipo_ a segunda, estando ja no serviço del Rey nesta cidade...

«E a derradeira a sua _Aulegrafia_ cortesam em que cantando _cygnea voce_, como dizem, melhor que nunca, a nāō imprimio por hum _desgosto geral deste Reyno_, que nella se contará[a], se no bom trato que a esta se fizer, quizerdes mostrar o gosto que tereis destoutra sair, que está da pena do seu autor, e assi aprovado ja e com todas as licenças pera logo se poder imprimir... A outra comedia (es decir la _Aulegrafia_) nāō tratando da _Eufrosina_, como _a primeira parte da Tavola Redonda que pera a 3.ª impresão emendou o autor em sua vida, de sorte que do meyo em diante em tudo ficou differente. E assi mais a 2.ª Parte da mesma historia podeis começar a esperar muito em breve_, que quiza ordenou o Ceo differirselhe a impressāō para este tempo, pera com ella se tornar a ouvir nelle a boa memoria deste Portuguez...».

(Nota A: Claro es que no en el texto de la comedia, sino en el prólogo ó advertencia de ella. Pero al imprimir la _Aulegrafia_ nada se dijo de esto).

Nada de lo que aquí se promete, excepto la _Aulegraphia_, llegó á publicarse.

[422] _Comedia Aulegrafia, feita por Jorje Ferreira de Vasconcellos. Agora novamente impressa a costa de D. Antonio de Noronha. Dirigida ao Marquez de Alemquer, Duque de Francavilla, do Conselho de Estado. Lisboa, por Pedro Craesbeck, 1619._ 4.º IV 186 hs.

Desde la 179 hasta el fin del volumen se inserta una _carta que se achou entre os papeis de Jorje Ferreira de Vasconcellos_, composición de 344 versos en redondillas octosilábicas.

[423] (Portada en rojo y negro, con un grabadito que representa á un caballero ofreciendo una flor á una dama).

_Tragedia Policiana. En la qual se tractan los muy desdichados amores de Policiano z Philomena Executados por industria de la diabolica vieja Claudina Madre de Parmeno, z maestra de Celestina._

(Al fin): _Acabose esta Tragedia Policiana a XX dias del mes de Nouiēbre a costa de Diego Lopez librero, vezino de Toledo. Año de n[=r]a. Redēpcion de mil z quinientos z quarenta y siete. Nihil in humanis rebus perfectum._

4.º let. got., 80 hojas foliadas.

Á cada uno de los 29 actos precede una viñeta con las figuras de los interlocutores.

El ejemplar de la Biblioteca Nacional (fondo antiguo) es el que nos ha servido para esta reimpresión.

Los traductores castellanos de Ticknor (Madrid, 1851, tomo I, págs. 525-528) dieron un resumen del argumento de la _Policiana_.

[424] Esta edición es de Toledo «en casa de Fernando de Santa Cathalina» y se acabó «al primero día del mes de Março, año de 1548».

Véase lo que de ella dijo Wolf en su opúsculo sobre _La Danza de la Muerte_ (Viena, 1852), traducido al castellano por D. Julián Sanz del Río en el tomo XXII de la _Colección de documentos inéditos para la Historia de España_ (Madrid, 1853), págs. 522-524.

[425] Vid. _Orígenes de la Novela_, tomo I, pág. 280.

[426] «El licenciado Jiménez hizo el _Hospital de Amor_, que imprimió por suyo Luis Hurtado» (_Discurso sobre la vida de Gregorio Silvestre._)

Se refiere sin duda á «El hospital de galanes enamorados, con el remedio y cura para nueve enfermos que en él están», y á «El hospital de damas de amor heridas, donde son curadas otras nueve enfermas de amorosa pasion», insertos en las _Cortes de casto amor_ de Luis Hurtado.

[427] Se deduce esta fecha de su poema de las _Trecientas_, acabado en 1582, donde declara haber cumplido cincuenta años.

[428] La acción de la _Policiana_ pasa en Toledo, según todos los indicios.

[429] Sobre esta invocación de la perversa bruja me comunica mi querido amigo el admirable escritor D. Francisco Rodríguez Marín las curiosísimas noticias que van á leerse, y que son pequeña muestra de lo mucho que ha descubierto su tenaz investigación en el campo de las supersticiones populares.

«La fórmula de conjuro:

Con dos que te miro...

que Sebastián Fernández insertó en el acto XVI de la _Tragedia Policiana_, parece tomada, más bien que de la tradición oral inmediatamente, de una de las _Epístolas familiares_ de Fr. Antonio de Guevara, de la IV de la segunda parte de su colección, único lugar en donde encuentro tal fórmula con el que del verso primero y con el verbo _escantar_ del segundo. Este conjuro era comunísimo entre las hechiceras, y así, aparece citado con frecuencia en los procesos inquisitoriales, unas veces como fórmula completa y otras como fragmento de otras de mayor extensión.

«En la causa seguida en 1600 contra Alonso Berlanga (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Valencia, legajo 28, núm. 1), figura entre los papeles que se hallaron en la casa de su manceba, uno en que los versillos en cuestión se dirigen á la valeriana, como remate de un conjuro hecho á esta hierba:

Valeriana hermana, Yo te conjuro con Dios y con Santa María; Valeriana, Yo te conjuro con la luz del alba; Valeriana, Yo te conjuro con la claridat del dia; Con el libro misal Y con el cirio pascual...

«Y termina de esta manera:

Con tres te miro (_sic_), Con cinco te ato, Con sangre de leon tu vertut te pido, Que seas en mi favor de contino.

«Esta última parte de la fórmula se empleaba no sólo para hacerse querer, sino también, y cerca andaba lo uno de lo otro, para hacer mansos y sufridos á los hombres. Así, entre los cargos que se enumeran en la sentencia contra Isabel Bautista, año de 1638 (Inquisición de Toledo, legajo 82, núm. 28), figura el siguiente: «Y enseñó esta oración á dichas personas, que quando viniese su marido ó su galán, dixesen:

Con dos te miro, Con tres te tiro, Con cinco te arrebato, Calla, bobo, que te ato.

«Y dándose una puñada en la rodilla, dixesen:

Tan humilde vengas á mí Como la suela de mi çapato,

y que con esto quedarían desenojados y como un borrego». Y en otra causa, seguida en 1645 contra Francisca Rodríguez, por el mismo tribunal toledano del Santo Oficio (legajo 94, núm. 230), dice acusando el Fiscal: «En otra ocasión dixo á cierta muger que si quería que un conjunto suyo callase aunque la viese hacer qualquier cosa, que lo haría; y quiriendo la dicha muger ir á consultar á otras hechizeras, esta rea (_sic_) la advirtió dello y la enseñó el conjuro siguiente:

Con dos te miro, Con una te hablo, Con las pares de tu madre La boca te tapo. Señor San Silvestre, encántalo.

con que el conjunto se amansaba». Á idéntico fin, Bautista Hernández, procesada en 1723 por la Inquisición de Valencia (legajo 25, núm. 14), hacía tres nudos en una cinta, diciendo:

Con dos te miro, Con tres te sigo, Con cuatro te ato, De tu sangre bebo, El corazón te parto, Con las parias (_sic_) de tu madre La boca te tapo.

«Más interesante que todas las lecciones transcritas es otra para _ligar_ á las personas, conservada asimismo en un proceso seguido en la Inquisición de Valencia por los años de 1639 (legajo 28, núm. 3). Entre los papeles que se recogieron en la casa de la procesada Juana Ana Pérez y que están unidos á los autos, hay uno que dice así:

Con dos te miro, Con cinco te ato, Tu sangre bebo, Tu corazón te arrebato, Con las pares de tu madre y mía La boca te tapo. La garfia del fiero león Que te ligue y te ate el corazón. Asno, mira que te ligo Y te ato y te reato y te vuelvo á reatar, Que no puedas comer ni beber, Ni armar ni desarmar, Ni en campo verde estar, Ni en campo seco pasear, Ni en casa de nenguna mujer entrar, Ni con ella holgar, Ni en viuda ni en casada Ni en doncella ni en soltera á efeto llegar, De aquí delante de mis ojos vengas atado, Hechizado, conjurado, Á quererme, [á] amarme; Todos tus dineros vengas á darme. Que vengas, que vengas, que vengas; Que hombre ni mujer te me detenga.

[430] También el autor de la primitiva _Celestina_ se había acordado de este pasaje, aunque se me olvidó notarlo en su lugar oportuno (pág. 105): «E assi contentarte he en la muerte (dice Melibea), pues no toue tiempo en la vida... ¡O padre mio muy amado! Ruégote, si amor en esta pasada e penosa vida me has tenido, que sean juntas nuestras sepulturas, juntas nuestras obsequias» (Acto XX). Es el mismo sentido de los últimos versos de Ovidio. Véase cuán antiguo y clásico abolengo tiene el grito _que los entierren juntos_ de nuestros días.

[431] _Comedia llamada Florinea: que tracta de los amores del buen duque Floriano, con la linda y muy casta y generosa Belisea, nueuamente hecha: muy graciosa y sentida, y muy prouechosa para auiso de muchos necios. Vista y examinada, y con licencia impressa._ (Escudo del impresor.) _Vendese en Medina del Campo en casa de Adrian Ghemart, 1554._ (Título en rojo y negro.)

(Al fin): _Acaba la comedia no menos util que graciosa y compendiosa: llamada Florinea nueuamente compuesta. Impressa en Medina del Campo en casa de Guillermo de Millis, tras la iglesia mayor. Año de 1554._

4.º, 4 hs. pres. sin foliar, y CLVI folios, let. gót.

El escudo del impresor Adrián Ghemart tiene la conocida divisa del halcón, con el mote _post tenebras spero lucem_, que algunos estrambóticos comentadores del _Quijote_ han creído inventada por Cervantes para la primera edición de _El Ingenioso Hidalgo_, en 1605.

Hay algunos ejemplares que difieren de los restantes en llevar impresas con tinta negra, después de la palabra _necios_, estas otras: _Compuesta por el bachiller Ioan Rodriguez Florian_. Uno con esta portada tuvo D. José Sancho Rayón, y para hoy, según creo, en la biblioteca de la _Hispanic Society_, de Nueva York. También uno de los dos ejemplares que posee nuestra Biblioteca Nacional, y nos ha servido para la presente reimpresión, pertenece á esta clase.

En el que describen los adicionadores de Gallardo (_Ensayo_, IV, núm. 3656) estaba manuscrito, al final, de letra antigua, el siguiente soneto, que sólo á título de curiosidad bibliográfica reproducimos:

Hermanos, Floriano i Belisea, Grandes burros os hiço la natura, Al vno en no goçar la coniuntura I al otro en dilatar lo que dessea. Ausente, la beata cacarea, Rabia, muere, apetece i se apresura, I quando amor le muestra su uentura Se engroña, se desdeña i lo arrodea. Polites i Justina me contentan, Que á la segunda cuenta remataron, I de durables poco se atormentan; Estotros, matracones, no gustaron. A Lucendo por árbitro presentan: Dios sabe si despues se concertaron.

De la _Florinea_ habla breve pero atinadamente Ticknor, que también la poseía (tomo I de la traducción castellana, pág. 220). Antes de él había fijado su atención en esta pieza el malogrado erudito sevillano D. Juan Colom y Colom en sus _Noticias del teatro español anterior á Lope de Vega_ (_Semanario Pintoresco Español_, Madrid, segunda serie, tomo II, año 1840, pp. 163-166).

En el inventario de los libros que á su fallecimiento dejó en su tienda Juan de Timoneda (Valencia, 26 de octubre de 1583) figura la siguiente partida:

«Item cinquanta comedies intitulades _Floranteas_ a cinch plech tenen una ma».

(Vid. Serrano Morales, _La Imprenta en Valencia_, 1899, pág. 553).

Estas _Floranteas_, que sólo tenían cinco pliegos, no pueden confundirse en modo alguno con la _Florinea_, que es muy voluminosa. Trátase, pues, de otra comedia desconocida hasta ahora.

[432] A veces, sin embargo, cae en el plagio literal, por ejemplo (escena quinta), cuando Lydorio habla mal de las mujeres, repitiendo los mismos conceptos y ejemplos de Sempronio: «Y porque no me digas que hablo de coro y que las infamo por mi cabeça, no acotando qué digan los que las conoscieron y qué vieron de ellas los que las trataron, mira en lo primero al sabio Salomon, que tanto las amó y tanto daño le vino por ellas, lo que de ellas dize en sus escrituras, quando se le offresce hablar de mugeres. Lee al Mantuano en una egloga, mira al Petrarcha, escucha al Ouidio y atiende al Juuenal, e finalmente quantos sabios Gentiles, Judios, Christianos, Moros, Paganos, offreciendoseles en sus escritos materia en que hablar de mugeres, afanan y se desvelan en como avisar á los leyentes que se guarden en sus conuersaciones». (Pág. 175).

[433] Pág. 306 de la presente edición.

[434] En todos ellos, lo mismo que en los de la _Policiana_, se nota menos irreverencia que en las _Celestinas_ más antiguas, ó está velada con eufemismos, porque los tiempos eran otros y la censura comenzaba á mostrarse más rigurosa. Véase alguna muestra de los disparatados fieros y bravatas de Fulminato: «Descreo del agareno y de toda la ley del Alcoran», «Descreo de los adoradores del becerro», «De Saturno ayuso reniego», «Descreo de los adoradores de Mars», «Descreo del inventor de la idolatria», «De todos los Talmudistas reniego», «Descreo de quantos adoran el sol», «Reniego de los Jebuseos», «Por el santo cerrojo de Burgos», «O, pesar de los Moabitas», «O, descreo de Jason y aun de Medea», «O, pesar de la casa santa de Mecha», «Descreo de los quiciales de la puerta del cielo», «Reniego del sepulcro de Absalon y del sceptro de Roboan», «Reniego del hijo de Latona», «Voto al santo Calendario Romano». Una sola vez jura «por las reliquias de San Salvador de Oviedo», otra por «la espada de Sant George y aun por la escriuania de Sant Lucas», y usa la expresión malsonante «descreo de la vida de los condenados». (Pág. 166).

[435] «Tú sabrás cómo la fortuna, que favorece á los osados, me dio ventura en ganar trauacuenta con una viuda de hasta treynta y quatro, que en aspecto está como de diez y ocho. Esta no tiene en casa padre ni madre, ni can que la ladre, más de sola vna hija bonita y harto muchacha, de diez y siete para menos: ésta le sirue en casa de moça, y fuera de hija y authorizada doncella» (pág. 169).

[436] El rasgo de la hipocresía está finamente acentuado en Marcelia más que en ninguna otra de las Celestinas secundarias, incluso la de Feliciano de Silva. Véase singularmente la escena nona:

«_Gracilia._--Pues dónde con manto y sombrero tan de mañana?

«_Marcelia._--Á Nuestra Señora de los Remedios; luego en oyendo la missa primera soy de buelta...

«_Liberia._--Gran cosa es ésta, que no ha de faltar mi madre esta missa. Pero haze bien, que siempre trae su par de panecillos, y algo para ayuda de costa.

«_Grac._--Ya ves, prima, por tal señora lo haze. Pero no en balde dize ella tanto bien del sacristan, y agora veo que tiene razon...»

En el camino se encuentra con el paje Polytes, que no quiere creer que ella vaya á la misa del alba:

«_Polytes._--Ni aun soy tan bouo como esso, que agora passé por junto á la Trinidad, y no ay sueño de abrir puerta.

«_Marc._--Y aun esto quiero.

«_Polyt._--Peor es de entender una muger que un Concejo. Pero atento que vas a missa donde no ay puerta abierta, las que como tú he topado disfraçadas, cruzando callejuelas, dime, van contigo a representar autos de comedias en cas de los abades o van por las llaues para abrirte la puerta donde tú vas?...

«_Marc._--Calla ya, no apures tanto las cosas, que con algo se han de mantener en honra las que se defienden de la pobreza, de lo que a mí cabe gran parte por mis pecados.

«_Polyt._--Y aun creo yo que tú y las otras andays estos passos en busca de los tales pecados.

«_Marc._--Ay, qué dizes? alguna malicia, asuadas.

«_Polyt._--La mesma. Pero digo que me agradas en darme a entender que andays estas andolencias a partir con los encerrados las quentas del rezar, y las obladas con los sacristanes, y las raciones y capellanias y los beneficios con los clérigos». (Pág. 192).

En la escena XV se vale de su fingida devocion para hacer llegar á manos de Belisea una carta de Floriano: «Por mi vida, pues que no hay una criatura en la yglesia, que quiero auenturarme a poner esta carta en la grada del altar de la Madre de Dios; porque si ellas son, no dexará Belisea de llegar la primera a hazer su oracion». (Pág. 208).

En cambio, la parte de hechicerias es insignificante en esta pieza. «Quiero echar unos polvillos del cabron en esta carta, que ya los he hallado aprobados», dice Marcelia poco antes. No hay rastro de evocaciones ni de conjuros ni de fórmulas supersticiosas.

[437] «Pero mira, Floriano, que si tú como hombre buscas tu desatinado descanso, yo como donzella mamparo mi delicada honra. Y si tú buscas la consecucion de tu infectionada voluntad, yo defiendo mi libertad. E si tú quieres guiar tras tus venenosos y no limpios desseos, con tu amor desamador de mi honestidad, yo tengo de cerrar la puerta a todo lo que ni a mi ánimo trayga limpieza ni a mi spiritu reposada castidad. Por tanto como a hermano en tal amor te ruego me ames, y me quieras bien para mi bien, y no de suerte que queriendo me, quieras mal para ti y peor para mí. E con hazer tú esto, podras ganar en mí un amor que como a bien queriente de mi honra te tendre. De otra guisa, desamarte he como a enemigo de virtud, y perseguidor de mi honra, y menoscabador de mi limpieza, y matador de mi innocencia, y derramador de mi fama, y destruydor de mi reposo, y asolador de la casa de mi padre, y ensuciador de mi alta sangre. E si te han mentido de mí otra cosa, desapega la de tu imaginacion» (pág. 224).

«Agora que te hallo buen obediente, determino, para hazer más por ti, mandar te lo segundo, y es que en este cenadero, al sonido destas fuentezitas, te sientes en este poyo, y luego, porque vaya cumpliendo mi palabra de hacer algo por ti, me quiero yo sentar en el mesmo poyo par de ti. Pero mira que al ver me sentar tan cerca de ti pienses que es más para mejor oyr te y responder te sin sonido de voz, que para despertar en ti algun atrevimiento de los que soleys tener los hombres en semejantes trances puestos que agora tú». (Pág. 269).

Belisea, aunque inferior en prosapia al duque Floriano, era de muy noble linaje: «Y quiero que sepas que Lucendo, el padre della, con ser cauallero de tanta estima y casta y poder en el reyno, y con ser uno de los más sabios que oy tienen ditado en España, quiere y tiene en tanto a la hija, que no pensará que errará en cosa que haga; y hecho, qualquier cosa la perdonará ligeramente» (pág. 289).

[438] En la escena 2.ª alude expresamente á un célebre capítulo del _Marco Aurelio_: «Mira lo que Faustina hizo por la llave...». (Pág. 163).

[439] «De Floriano, pues, yo tengo lástima a su honra y gravedad y hazienda y alma. Lo primero, porque le comiençan a cobrar en opinion de poco assentado y mal concertado en sí y en su casa. Lo segundo, porque da parte de las flaquezas y tracta y comunica un duque Floriano, y en ojos de corte imperial, con vn paje y unos moços de espuelas. Lo tercero, he lástima a su hacienda, que la veo andar baylando en manos de amigos públicos de ella y enemigos secretos dél. Y veo le yr tras chismosos, tras rufianes, tras p..., tras alcahuetas, y con gente que con sus dones se honran, y de la honra dél despedacen camino de los burdeles, do se gaste mal la hacienda del que la heredó bien, y la posee bien, y la dispensa y gouierna mal... Y vereys que no dará audiencia ni crédito a vn criado antiguo, leal, seruicial, amador de su honra, defensor de su persona, augmentador de la gloria de su estado, y aun lo que peor y más peligroso es, que os cobrará enemiga porque le retraeys de los vicios, le desseays la salud, y le procurays por la hacienda, y le tractays de ensalçar su orden. Y esto es el porqué ay oy en dia pocos criados antiguos fieles bien medrados en las casas de los señores... Y aquellos por fieles van se con quitarles la racion porque no asisten, y darles a más librar (más por verguença que compelle al señor que por voluntad que le combide) el medio acostamiento, porque se van como buenos, y lleuanle doblado los livianos que asisten, porque se pican de andar más galanes que graues... y ansi se han tornado los palacios acorro de viciosos, porque se despueblan de viejos y se acompañan de moços, y porque ay poca audiencia de verdades y gran gula de mentiras... Y por esto con poca autoridad de los palacios, los seruientes de pelillo, los mentirosos, chismosos, malsines, truhanes, decidores maliciosos, chocarreros, como hallan audiencia en el Señor, ansí los tornan de su talle, si Dios y la buena condicion no los defiende de enviciarse» (pág. 211).

[440] Vid. escena XV (pág. 211).

[441] Vid. escena XVIII (pp. 223 y 224).

[442] Abundan los ejemplos de esto: «Y en lugar del anillo _te quedo mi coraçon_ en este abraço» (pág. 182). «Bien dices; ve luego y buelve, que _me quedas sola_». (Pág. 201). «Ay mezquina yo, ¿quién _quedó abierta la puerta_?» (ibid). «Y como Fulminato _os quedó solos_». (Pág. 277).

[443] _Comedia llamada Seluagia. En que se introduze los amores d'un cauallero llamado Seluago, con vna ylustre dama dicha Isabela: efetuados por Dolosina, alcahueta famosa. Cōpuesta por Alōso de Villegas Seluago, Estudiante._

(Al fin): _Fue impressa la presente obra en la Imperial Ciudad de Toledo: en casa de Joan Ferrer. Acabose a diez y seys dias del mes de Mayo. Año de mill y D.L.iiij._

(Esta portada tiene un grabado en madera, que representa una de las escenas de la tragicomedia).

4.º let. gót. 76 hojas foliadas.

[444] Está en el tomo quinto de la colección de _Libros raros ó curiosos_ (Madrid, Rivadeneyra, 1873), el mismo que contiene la _Seraphina_.

[445]

Osado se puede sin duda llamar, Miradas sus faltas y pocos primores, Pues quiere sin fuerzas con otros mejores Valer, siendo pobre de baxo lugar: Sabemos de Cota que pudo empeçar Obrando su ciencia la gran Celestina; Labróse por Rojas su fin con muy fina Ambrosia, que nunca se pudo estimar.

Sin duda por haber puntuado mal estos versos, creyó Ticknor que la frase «pobre de baxo lugar» aludía á Cota, cuando por el contexto es visible que se refiere al autor mismo.

[446] Gran parte de lo que en la primera cena dicen Flerinardo y Selvago en loor y en vituperio del Amor está servilmente copiado de la obra de Sancho de Muñón, con los mismos ejemplos históricos.

[447] «_Risdeño._--Sabed que con vos tengo de ir, y lo que de vos fuere será de mí; ni quiero que penseis que aunque el cuerpo no es muy aventajado, que me faltará corazon para cualquier caso de afrenta, especialmente en vuestro servicio...

«_Flerinardo._--Por mi fe, Risdeño, si fueras del tamaño de San Cristóbal y tuvieras esfuerzo conforme al que con ese pequeño cuerpo demuestras, que tú solo tuvieras más aventajada fortaleza que todo el mundo.

«_Risd._--¿Cómo, señor, y tan á pocas hablas en mi gran valentía? Pues yo os aseguro que sin que San Cristóbal me prestase su cuerpo, osase entrar en campo sobre un caso de honra con quatro tales como vuestro criado Escalion, y aun pensaria de les llevar los despojos.

«_Flerin._--Por mi vida, Risdeño, que si fueras en tiempo de los epimeos, á quien tú pareces, que dellos fueras en rey elegido, porque los defendieras de las grullas, que con ellos tienen batalla» (pp. 210 á 211).

[448] Este elogio de los enanos (pp. 261 á 263), que al parecer se funda en otro más antiguo compuesto en verso («En metro os las podria decir, porque así me las enseñaron á mí»), recuerda enteramente el gracejo de las _Epístolas familiares_ del obispo Guevara.

[449] PP. 16 á 19. Expuesta la _doctrina de Nasón_, continúa: «Otro remedio cuenta para el amor el magnifico caballero Pero Mexia en su _Silva_, con el cual sanó Faustina, mujer de Marco Aurelio; la cual como excesivamente amase á un esgrimidor de los que hacían los regocijos públicos, y viéndose en peligro de muerte, por esta causa los médicos mandaron matar y quemar al esgrimidor, y los polvos bebidos por Faustina fué libre de su amor inhonesto».

[450] _Primera parte de Flos Sanctorum nueuo: hecho por el Licenciado Alonso de Villegas, capellan en la Capilla de los Moçaraues de la Sancta Iglesia de Toledo. Toledo, por Diego de Ayala, en treze dias de Mayo, de mil y quinientos y setenta y ocho años._

[451] _Flos Sanctorum, segunda parte y Historia general en que se escriue la vida de la Virgen Sacratissima madre de Dios, y señora nuestra; y las de los Santos antiguos que fueron antes de la venida de nuestro Saluador al mundo: collegidas assi de la diuina escriptura, como de lo que escriuen acerca desto los sagrados doctores, y otros autores graues y fidedignos. Ponese al fin de cada vida alguna doctrina moral, al proposito de lo contenido en ella con diuersos exemplos. Tratase de las seys edades del mundo, y en ellas los hechos más dignos de memoria que en él sucedieron. Puesto en estilo graue y compendioso... Por el Maestro Alonso Villegas, Capellan en la Capilla Moçarabe de la Santa yglesia de Toledo, beneficiado de San Marcos, y puesto otra vez en mejor estilo por el mismo Autor... Toledo, por Juan Rodríguez, 1588._

[452] _Flos Sanctorum. Tercera parte. Y Historia general en que se escriuen las vidas de Sanctos estrauagantes y de varones ilustres en virtud: de los guales, los unos por hauer padecido martirio por Iesu Christo ó auer viuido vida Sanctissima, los tiene ya la Iglesia Catholica puestos en el Catalogo de los Sanctos. Los otros que aun no estan canonizados, porque fueron sus obras de grande exemplo, piadosamente se cree que estan gozando de Dios en compañía de sus bienauenturados... Toledo, por Juan y Pedro Rodriguez, hermanos, impressores y mercaderes de libros, 1588._

Ejemplar de la Biblioteca Provincial de Toledo, descrito por Pérez Pastor, núm. 386. Este eminente investigador publicó en otro libro suyo (_Bibliografía Madrileña_, parte tercera, 1907, pp. 516 y 517) el curioso documento que sigue:

«Recibimos la de V. S. de XIII del pasado á los 27 del mismo, en que V. S. manda se recoja la tercera parte del _Flos Sanctorum_, ordenado por el maestro Villegas, impreso en Toledo año de 1588, y en cumplimiento della se leyó aquí ayer domingo edicto para recoxerla, y han comenzado hoy a traer algunos libros destos, ansi de los impresos en el dicho año de 1588 y en los deste año de 1589, y porque en entrambas impresiones está el principio y fin de las razones que V. S. manda borrar, y en los deste año de 89 falta lo de la monja de Portugal, dudamos si faltando esto en otra impresion, se ha de quitar lo demas de las llagas de San Francisco y otras cosas a este propósito, y hasta tener respuesta de V. S. de lo que en esto se haga, habemos suspendido el enviar por el districto. Suplicamos a V. S. nos mande avisar de su voluntad, porque habiéndose de quitar lo uno y lo otro, es necesario poner otros edictos que exiban los de entrambas impresiones... En Toledo, XII de Junio de 1589». (Archivo Histórico Nacional. Inquisición de Toledo. Cartas para el Consejo, fol. 211.)

Como se ve, uno de los motivos que tuvo la Suprema para recoger este tomo tercero fué lo que en él había estampado el cándido Villegas sobre las llagas y demás embelecos de la célebre monja portuguesa Sor María de la Visitación. Si los falsos milagros de aquella embaucadora llegaron á sorprender por un momento la mente angelical de Fr. Luis de Granada, ¿qué mucho que también tropezase el hagiógrafo toledano? Pero la Inquisición, en este caso como en otros análogos, desempeñó un papel contrario al que vulgarmente se le atribuye, castigando con rígida mano la impostura y oponiéndose á su divulgación.

[453] _Flos Sanctorum y Historia general de la vida y hechos de Iesu Christo, Dios y Señor Nuestro, y de todos los Santos de que reza y haze fiesta la Iglesia Católica, conforme al Breuiario Romano, reformado por el decreto del Santo Concilio Tridentino; junto con las vidas de los Santos proprios de España y de otros extrauagantes. Quitadas algunas cosas apocrifas e inciertas. Y añadidas muchas figuras y autoridades de la Sagrada Escritura, traydas a proposito de las historias de los Santos. Y muchas anotaciones curiosas, y consideraciones prouechosas. Colegido todo de autores graues y aprouados... En esta vltima impression van añadidas algunas cosas, y puestas otras en mejor estilo, por el mismo autor... Toledo, por la viuda de Juan Rodriguez, 1591._

--_Flos Sanctorum. Segunda parte. Toledo, por Iuan Iaure, a costa de los herederos del dotor Francisco Vazquez. Año de 1594._

(Al fin): «Yo el Maestro Alonso de Villegas, emende esta segunda parte del _Flos Sanctorum_ de muchas erratas y palabras trocadas que tenia: especialmente en las cotas marginales que estauan muy deprauadas. Y assi seruira de original para que por él se hagan otras impressiones. Y en testimonio de verdad la firmé de mi nombre.»

En 18 de julio del mismo año de 1594 puso Alonso de Villegas una nota marginal en el códice que poseyó de la _Coronyca de las antigüedades de España_ de Fr. Juan de Rihuerga, y existe hoy en la Biblioteca Nacional. Villegas declara que le acabó de leer siendo de edad de sesenta años.

[454] _Flos Sanctorum. Quarta y ultima Parte. Y Discursos, Sermones sobre los Evangelios de todas las Dominicas del año, ferias de Quaresma y de santos principales: en que se contienen exposiciones literales, doctrinas morales, documentos espirituales, auisos y exemplos prouechosos para todos estados. Dirigida al Principe de España don Felipe segundo deste nombre. Por el Maestro Alonso de Villegas, sacerdote Teologo y predicador, capellan en la capilla moçarabe de la Santa Iglesia de Toledo y beneficiado de San Marcos, natural de la misma ciudad de Toledo... Madrid, en casa de Pedro Madrigal: MDLXXXIX._

Lleva un retrato del autor con esta inscripción, que naturalmente no se refiere á la edad que tenía Villegas al tiempo de hacerse esa edición, sino que está tomada de otra anterior: «Alfonsus de Villegas Tolet. Theol. Vitarum Sanctorum Scriptor. Annos agens 49».

[455] No la menciona D. Fermín Caballero en su opúsculo _La Imprenta en Cuenca_ (Cuenca, 1869), pero sí la _Cuarta_ parte impresa allí mismo, en casa de Juan Masselin, á costa de Cristiano Bernabé, mercader de libros, en 1592. Así en el colofón; pero en el frontis se puso, por una superchería ó convenio editorial, la indicación de Madrid, en casa de Pedro Madrigal, 1593.

Sería impertinente aquí apurar la extensa y algo complicada bibliografía del _Flos Sanctorum_ de Alonso de Villegas. La última edición de las muchas que la Biblioteca Nacional posee es la de Madrid, 1721 á 1724.

[456] «_Vitoria y triunfo de Iesu Christo, y libro en que se escriuen los Hechos y milagros que hizo en el mundo este Señor y Dios nuestro, doctrina que predicó, preceptos y consejos que dio: conforme a como lo refieren sus Evangelistas y declaran diversos Doctores. Ponense conceptos y pensamientos graues, exemplos y sucessos marauillosos, consideraciones y contemplaciones piadosas: de lo qual con el diuino fauor los Letores pueden sacar importante prouecho. De modo que, a imitacion del mismo Iesu Christo, alcancen Vitoria de los demonios y vicios que les hazen continua guerra; y assi adornados de virtudes y obras meritorias, subiran triunfando al gozo de los bienes eternos de la Gloria... Por el Maestro Alonso de Villegas... Es sexta parte de sus obras. En Madrid, por Luis Sanchez, 1603_».

[457] _Vida de Isidro Labrador, cuyo cuerpo está en la Iglesia Parroquial de San Andrés de Madrid; escrita por el Maestro Alonso de Villegas, toledano. Dirigida a la muy insigne villa de Madrid. Madrid, por Luis Sanchez, 1592._ 27 hs.

[458] _Traslado de la carta y relacion que embió a su Magestad el señor don Alonso de Cárcamo, corregidor de la imperial ciudad de Toledo. Relacion que hizo a su magestad Esteban de Garibay su coronista. Dificultades i obiecciones cerca de la opinion que el bienauenturado martyr San Thyrso fué natural de Toledo. Apologia en que se responde a algunas obiecciones y dubdas puestas asi contra la carta del Rey Silo, como contra la verdadera declaracion del hymno gothico de San Thyrso, embiada al rey nuestro señor, por don Alonso de Cárcamo, su corregidor en Toledo. Planta y alzados de las ruinas descubiertas. A don Alonso de Cárcamo, corregidor de Toledo, el maestro Alonso de Villegas. Vida de San Thyrso martir, colegida de diversos autores por el maestro Alonso de Villegas. En Toledo, por Pedro Rodriguez, 1595._ Fol. 38 hs.

[459] _Via Vitae. Libro que contiene instituciones y exercitaciones espirituales para el christiano, en que se enseña de qué manera ha de comenzar y proseguir el camino de las virtudes hasta llegar a ser perfecto, hecho por Don Florencio Harlemano, monje cartuxo en Lovaina. Traduxole de la lengua teutónica en latin Tacito Nicolao Zegero, del orden de los menores, y en español el maestro Alonso de Villegas, toledano._ Ms. al parecer autógrafo, que poseyó D. José Sancho Rayón.

Esta versión es un nuevo dato para apreciar la influencia que pudieron tener los místicos alemanes en los nuestros.

[460] _Catálogo Descriptivo é Histórico de los Cuadros del Museo del Prado de Madrid, por D. Pedro de Madrazo, Parte primera_, pág. 519.

[461] «_Selvagia_, comedia al modo de _Celestina_, para remedio de los estudiantes mundanos, que después, y aplicado á cosas sagradas solamente, procuró recoger con gran diligencia. He leido de su mano un _libro de cuentos varios_.»

[462] «_Selvagia_ Comedia: ad _Celestinae_ imitationem olim confecerat, quam tamen supprimere maxime voluit curavitque jam maior annis totusque studio pietatis deditus. Prodiit haec Toleti.

«_Libros_ (sic) _de qüentos varios_, quem Ms. se vidisse refert D. Thomas Tamajus in magna _Collectione librorum Hispanorum_» (_Bibliotheca Hispana Nova_, tomo I, pág. 55).

[463] _Catálogo de la Biblioteca de Salvá_, I, núm. 1497. «Horrorizado sin duda Alonso de Villegas de su primera producción, procuró recoger y destruir cuantos ejemplares le vinieron á las manos, y á esto se debe indudablemente el que sea una de las comedias más raras de nuestro antiguo teatro.»

[464] El que poseyó el mismo Salvá, el que fué de D. Pascual Gayangos y hoy pertenece á la Biblioteca Nacional, el del Marqués de Pidal, el de D. Isidoro Urzaiz y algún otro.

[465] _Obras de Ioachim Romero de Cepeda, vezino de Badajoz. Dirigidas al muy ilustre señor don Luys de Molina Barrientos, del Consejo de su Magestad en la Real Audiencia de Seuilla. Com_ (sic) _preuilegio. En Seuilla. Por Andrea Pescioni. Año de 1582. A costa de Francisco Rodríguez, mercader de Libros._

4.º, 140 hojas, contando las tres primeras de preliminares.

La _Comedia Salvaje_ ocupa los folios 118 á 138. Al fin de cada jornada se pone la lista de las personas de ella.

Va en el mismo tomo otra pieza dramática de Romero de Cepeda, la _Comedia Metamorfosea_ (folios 130 á 137). Pertenece al género pastoril, y consta de tres jornadas muy breves. Moratín, que caprichosamente la asigna la fecha de 1578, la da como anónima en sus _Orígenes del Teatro_ (número 131), refiriéndose á un ejemplar que existía en la biblioteca del Convento de dominicos de Santa Catalina de Barcelona. Acaso sería una edición suelta ó la comedia estaría desglosada del tomo de las _Obras_. El mismo autor (núm. 156) cita una edición de la _Salvaje_ (_Selvaje_ dice) de Sevilla, 1582, que alcanzó á ver en la misma biblioteca barcelonesa y sobre la cual nos cabe la misma duda.

El tomo completo de las _Obras_ de Joaquín Romero de Cepeda es muy raro. Nuestra Biblioteca Nacional posee el ejemplar que fué de D. Agustín Durán. Existe también en la Escurialense y en la Nacional de París.

Tanto la _Salvaje_ como la _Metamorfosea_ fueron reimpresas con bastante desaliño por D. Eugenio de Ochoa en el tomo primero del _Tesoro del Teatro Español_ que publicó el editor Baudry (París, 1838), págs. 286-308. Y muy recientemente lo han sido en el _Archivo Extremeño_, erudita revista que se publica en Badajoz.

[466] El poeta escribe unas veces _Anacreo_ y otras _Anacreon_, según cuadra á la medida de sus versos.

[467] _Historia lastimera d' el Principe Erasto, hijo del Emperador en la qual se contienen muchos ejemplos notables y discursos no menos recreativos que provechosos y necessarios, truduzida de Italiano en Español, por Pedro Hurtado de la Vera. En Anvers, en casa de la Biuda y herederos de Iuan Stelsio, 1573._

8.º 113 pp. dobles.

El original italiano se titula, en la edición que tengo á la vista: _Erasto dopo molti secoli ritornato al fine in luce. Et con somma diligenza dal Greco fedelmente tradotto in italiano. In Vinegia apresso Agostino Bindoni l' anno M. D. LI_ (1551). La 1.ª edición es también de Venecia: _Li compassionevoli auuenimenti d' Erasto, opera dotta et morale di greco tradotta in volgare_ (1542).

[468] _Comedia intitulada Doleria d' el Sueño d' el Mundo, cuyo Argumento va tratado por via de Philosophia Moral: aora nuevamente compuesta por Pedro Hurtado de la Vera_ (Escudo del Mecenas). _En Anvers. En casa de la Biuda y herederos de Iuan Stelsio. Año de M. D. LXXII. Con gracia y priuilegio._

(Al fin): _En casa de Daniel Veruliet, año 1572_.

12.º 2 hojas sin foliar, de portada y principios, y 142 páginas dobles.

--_En Ambéres, en casa de Guslenio Iansens, al Gallo vigilante, 1595. Con gracia y privilegio._ Edición idéntica en todo á la anterior.

--_La Doleria del sueño del Mundo. Comedia tratada por via de Philosophia Moral. Iuntamente van aqui: Los Proverbios morales. Hechos por Alonso Guajardo Fajardo. París. Ivan Foüet, M D. C. XIIII._

12.º 6 hs. prls. y 193 folios para la comedia. Los proverbios tienen paginación diversa, que llega hasta el folio 47, numerado 46 por errata.

Estos _Proverbios_ son doscientos ochenta. César Oudin reprodujo en su colección 49 acompañados de versión francesa.

No podemos adivinar por qué motivo se suprimió en esta edición de la _Doleria_ el nombre de Hurtado de la Vera, y se añadió un escrito ajeno y muy anterior á él, como son los _Proverbios_. La primera edición de esta obrita moral se había publicado en Córdoba.

_Proverbios morales. Hechos por vn cauallero de Cordoua, llamado Alonso Guajardo Fajardo. Dirigido al excellentísimo Señor don Gonçalo Fernandez de Cordoua, Duque de Sessa y de Vaena, Conde de Cabra, Governador y Capitan General de Milan y estados de Lombardía. Con Priuilegio. En Cordoua. Por Gabriel Ramos Bejarano, 1586_ (al fin, 1587).

8.º 51 hs. y una blanca al fin. Precede al texto una «Carta de Sebastian de Leon, vecino de Cordoua, clérigo, al Sr. Pedro Guajardo de Aguilar, hijo mayor del autor, y uno de los veinticuatros del Regimiento de Cordoua».

«Illustre Señor. De muchas cosas que el señor Alonso Guajardo, padre de V. merced y señor mio, escriuio, así _en lengua Latina y Griega como en la Toscana y Española y aun Francesa, porque en todas tuuo general erudicion_, los Proverbios Morales son los que mas se frequentan y andan en el vso, y se estiman de todo género de gente por la doctrina y christianos auisos de que tratan. Y como por los _traslados de diversas manos que dellos ay_, se ha perdido y venido en corrubcion la primera verdad en que fueron escritos, que _ha mas tiempo de sesenta años, pues el de mil y quinientos y veynte y quatro, en la ciudad da Palermo en Sicilia, siendo el Señor Alonso Guajardo Capitán y Alguacil mayor de la sancta inquisicion de todo aquel reyno y yslas adjacentes, parece por el borrador antiguo que los escrivió_, hize muchas veces con su merced, para preuenir los yerros venideros, la instancia que bastaron mis fuerças, suplicandole los mandase o consintiese imprimir, y no lo pudiendo acabar, ni otras personas muy graues que como yo deseauan su seruicio, lo bolví a intentar en la _ausencia que hizo desta ciudad siendo Corregidor en la de Huescar_, pareciéndome menor daño que el de mi castigo quando se supiesse, aunque fuesse grande, el que se seguiria de oscurecer y perderse obra tan universalmente buena, y tan dina de memoria larga; pero esto no pudo ser tan secreto que no llegase antes a su noticia, y con correo a diligencia agradeciendo mi voluntad, me mandó que en contradicion de la suya no prosiguiese mi intento, fundando esta defensa en que _el excellentísimo Duque de Sessa don Gonçalo Fernandez de Cordoua, a quien los dedicó_, no pudo acabar con él que sacase a plaça con titulo de su nombre obra tan corta, y de tan pocos renglones, y asi paró mi denuedo, hasta que con su fin y muerte le he cobrado de nuevo, y a mis solas he ganado licencia para hazer imprimir un traslado que vino a mi poder, que más que todos los otros parece fiel. Suplico a vuestra merced no se desirva de ello, y tenga por bien que a esta ciudad de Cordoua, a quien tanta parte toca de la honra de tal hijo, se comuniquen impresos precetos tan dinos de ser sabidos, y hechos de un tan christiano y discreto cauallero que siempre puso por obra la virtud que aconsejó...».

Vid. Valdenebro y Cisneros (D. José María), _La Imprenta en Córdoba_, obra premiada por la Biblioteca Nacional. Madrid, 1900, pp. 19 á 21.

En 1623 D. Carlos Guajardo Fajardo obtuvo licencia del Consejo para reimprimir estos _Proverbios_ por tiempo de cuatros años, pero esta reimpresión no llegó á efectuarse.

Hay una moderna lindísima, de cien ejemplares, publicada en Sevilla, 1888, por el bibliófilo D. Agustín Guajardo Fajardo de Torres, descendiente del autor.

He aquí el primero y el último de los _Proverbios_ de Guajardo, manifiestamente imitados de Gómez Manrique y otros poetas del siglo XV:

Por el agosto la nieue Parece contra razon, Viene el agua sin razon Quando en el estio llueue. .......................................................... Guarnezcala de alto muro Virtudes en derredor, Y morará el fundador De toda virtud siguro.

En este género de poesía _paremiológica_, Alonso Guajardo supera á Alonso de Barros y á Cristóbal Perez de Herrera, más conocidos que él, pero es inferior al catalan Setantí, autor de los _Avisos de amigo_.

Las dos ediciones que poseemos de la _Doleria_ (Amberes, 1572, y París, 1614) son incorrectísimas, como impresas en país extranjero; pero como no tienen exactamente las mismas erratas, sirven á veces para corregirse la una á la otra. Con ambas va cotejado el texto de la presente reimpresión.

[469] «Por tener compañía al gran Rugiero». (Pág. 318). «Mejor sería hallar las fuentes de Merlin de amor y desamor para poner la vna al opposito de la otra y hazer morir Angélica por Reynaldos, y él que huyese de ella como del diablo». (Pág. 345). «No sea ella la de Ferraguto viuo, que llevaua a Ferraguto muerto». (Pág. 379). «Esto es lo bueno para entrar y salir, como hazia Malgessi ayudando sus doze pares». (Pág. 379). «Deues hauer soñado con _Carcel de Amor_ ó _Guarino Mezquino_» (pág. 331). «Estava en la _gloria de Niquea_, con los amores de Amadis». (Pág. 332, alusión á Feliciano de Silva). «Y encantar más tierras que el sabio Alquife». (Pág. 354), «Y no podrias darme mejor fiesta por discantar a mi plazer los ademanes de Zirfea, Reina de Cartas, esclava de Argenes» (pág. 361). «Mal año para don Galaor o cualquiera de los doze Pares». (Pág. 363). «Nuestro primo Heraclio... nos mete en trabajo aora de buscar Astolpho de Inglaterra con su hypogrifo, que le vaya por el meollo al cielo como hizo al de Orlando». (Pág. 369). «Quise tanto a vna que passara _el arco de los leales amadores_, pensando ser no menos querido della; mas a la postre, porque no me reyesse de los otros, uve de descender al _infierno de Anastarax_». (Pág. 372). Todavía hay otras alusiones á la literatura caballeresca italiana y española, común recreo de entonces.

[470] Pág. 331. «Por la calzada va el moro,--por la calzada adelante». (Pág. 356). «Y tu merced _no sabe quándo es de dia, ni quándo las noches sone_, como dezia el prisionero». (Pág. 364). «Y dile _recibí cartas que Alfama era tomada_». (Pág. 372). «Madre y hija son entrambas,--y esta noche se nos _vone_: palabras que yban diziendo--monedas de oro _sone_, que se mataron por dos,--que no valen medio _none_». (Pág. 339, parece contrahecho de burlas á imitación de los antiguos). «Yerros hechos por amores--dignos son de perdonare» (id.). «Parildo, infanta, parildo,--que assi hizo mi madre a my». (Pág. 351). «Vuelta, vuelta, los franceses--con corazon a la lid». Cita tambien las coplas de Jorge Manrique (pág. 345), y algún cantarcillo popular: Vuélvete á tu majada, pastor,--toma tu zurron,--que no hay más dongolondron (pág. 364).

Los pocos versos que hay en la _Doleria_ son casi todos de la antigua escuela, salvo algún pésimo soneto. En los versos cortos tiene más soltura y gracia:

Damas, si soys tristes, Vos lo merescistes. De ser muy risueños Lloran vuestros ojos, Tengan sus enojos Como vos los sueños. Damas, mal dormistes, Pues tan mal soñastes, Si assi recordastes, Bien lo merecistes (pág. 386).

[471] Ya en la dedicatoria al Duque de Medinaceli alega Pedro Hurtado ciertas palabras de Alcibíades en el _Simposio_ platónico: «V. Excellencia la defienda (esta comedia), y tome, no por liuiana o sensual como paresce, sino por los Sylenos que dizen de Alcibiades (eran estos Sylenos ciertas caxuelas pintadas por de fuera, con figuras de Satyros y otros animales desprezibles (sic) y ridiculos, mas lo de dentro no tenía precio)». (Pág. 312).

Del _Enchiridion_ de Epicteto procede este pasaje:

«_Astasia._--Conviene representar tu parte d' esta comedia con los habitos que el maestro lo ordenare.

«_Idona._--No lo entiendo.

«_Astasia._--Yo te lo declararé; este mundo es el Theatro, nosotros las figuras, Dios el que ordena la comedia; en ser Rey en ella, Monarcha, o capitan, no está la gloria, sino en representar bien su figura cada vno, o sea de loco, de cozinero, labrador, pastor o moço de cauallos. Es menester obedescer al hado y no extrañar lance ninguno, porque viene de alta mano». (Pág. 326).

Las escenas en que intervienen Morpheo y Charon parecen sugeridas por los diálogos de Luciano, que está nominalmente citado más de una vez: «Llamaríamos a _Luciano_ en nuestra ayuda o a _Charon_, que es el verdugo d' estas burlerias». (Pág. 329).

Hay también algunas reminiscencias del _Asno de Oro_, leído en la traducción de Cortegana, como lo prueba la sustitución del nombre de la criada de la hechicera (_Photis_ en el original latino) por el de _Andria_.

«_Asosio._--Hablas como reyna; esa es la más cierta experiencia. Pero no sea éste el de _Apuleyo_, y tú _Andria_ para mí? No amala acá, vernia a ser asno toda mi vida.

«_Doleria._--No ves que estamos en el mes de mayo, y que terniamos a la ora rosas?

«_Asosio._--O pese al mundo, en mayo fue lo otro; pero el asno primero huvo ciertos palos, y seruió mil amos con cien mil lazerias.

«_Doleria._--Sí, mas ya estamos aduertidos, y esso fue en Thesalia.

«_Asosio._--Doyle al diablo, que en cualquiera parte se hallan ya Milones y ladrones». (Pág. 352).

[472] Pág. 313 del tomo presente.

[473] Pág. 336: «Todavia quiero que me prometas trabajar de contentarte y _creresme_». Pág. 339: «Hasta _la teneres_ en la mano». Pág. 353: «Para _acabares_ a las dos». Pág. 357: «_Dexareste_ engañar». Pág. 363: «En qué te offendí para _me offenderes_? en qué te burlé para _me burlares_?». Pág. 369: «Es una salsa para _comereste_ los dedos de sabrosa». Pág. 370: «_Burlareste_ de mí y _hazeresme_ morir con tus descuydos?».

[474] «_Bandida_ de sí la carne» por «desterrada». (Pág. 328). «Pero no hazes _que_ irme a la mano rústicamente» (pág. 357). «Los officiales haziendo el _reporte_ de lo que por las manos passa» (p. 382). «No hay en él _que_ la sombra». (Pág. 383).

También se nota algún italianismo, como _escabello_ (pág. 350), _estriega_ por bruja (pág. 375), y bastantes latinismos, entre ellos _colligantia_ (pág. 371) y _parentes_ en vez de parientes (pág. 336). Algunas voces, como _tristoño_ (pág. 360) y _amadiosa_ (pág. 361), que tienen visos de portuguesas, pueden ser extremeñísmos ó leonesismos. La primera se encuentra en las farsas pastoriles compuestas en tierra de Salamanca á principios del siglo XVI.

[475] La vida militar y política de Mendoza merece un libro que no ha sido escrito aún, y cuya base debe ser su riquísima correspondencia diplomática, aprovechada ya, aunque no completamente, por los historiadores franceses. Dos preciosos artículos del Sr. Morel-Fatio, publicados en el _Bulletin Hispanique_ de 1906 (_Don Bernardino de Mendoza. I, La Vie. II, Les Œuvres_), son, hasta ahora, la más cabal biografía del autor de los primeros _Comentarios de los guerras de los Paises Baxos_.

[476] _Li Commentari di Francesco Verdugo delle cose sucese in Frisia nel tempo che egli fu Gobernatore e Capitan Generale in quella provincia. Non mai prima messi in luce et tradotti della lingua Spagnuola nell'Italiana. Con la vita del medesimo Verdugo. Dedicati da Girolamo Frachetta all Illustris. et Eccellentis. Sig. Don Giovan Alfonso Pimentelo d'Herrera, Conte di Benevento, Vicerè & Capitan Generale del Regno di Napoli. In Napoli, nella Stamperia di Felice Stigliola, à Porta Reale. M. DCV_ (1605).

[477] _Comentario del coronel Francisco Verdugo, De la guerra de Frisa: en XIIII Años que fue Gouernador y Capitan general de aquel Estado, y Exército, por el Rey D Phelippe II. N. S. Sacado a luz por D. Alfonso Velazquez de Velasco. Dedicada a D. Francisco Ivan de Torres, Comendador de Museros, de la Orden de Santiago; Alcayde perpetuo de la Casa Real de Valencia, del Consejo Colateral de S. M. &. En Napoles. Por Iuan Domingo Roncallolo, 1610. Con licencia de los superiores._

8.º 18 hs.

Reimpreso por los Sres. Fuensanta del Valle y Sancho Rayón en su _Colección de libros españoles raros ó curiosos_, tomo II (Madrid, 1872).

[478] PP. 1-2 de la reimpresión.

[479] _Curiosidades de la Historia de España. Tomo III. El Coronel Francisco Verdugo (1537-1595). Nuevos datos biográficos_ (Madrid, Rivadeneyra, 1890), pp. 39 y 40.

[480] Véase, como muestra, el principio de una de las narraciones más felices: «El invierno entraba áspero, y nuestra gente, por lo que habia padecido en el sitio y la extrema necesidad que pasaba, estaba muy descontenta, por lo cual invié á llamar á Tassis para que recogiendo el trigo que se pudiese hallar en la Tuvent, lo llevase dentro de la villa. Y considerando que habia mucho tiempo que no llovia, y que ordinariamente hácia la fin del otoño, como no llueva, el Rin está más baxo que en todo el año, y por consiguiente los demás brazos dél, y más con los vientos orientales; venido, le ordené que buscase vado, no dudando de que le hallaria (por tener alguna experiencia de aquel rio, del tiempo del Duque de Alba, el cual me invió de guarnicion á Deventer con el coronel Mondragon), y hallándole, que pasase y tentase si por detras podria ganar los fuertes que el enemigo habia dexado, y en caso que no, se entrase por la Velluva adelante a executar las contribuciones que habian prometido y no pagado y para este efecto le proveí de más gente de la que él tenia. Avisóme que habia hallado el vado, y que pasaba y seguia la orden que yo le habia dado. Hubo dificultad en el pasar, porque por el rio venian ya los hielos grandes, por los cuales se perdieron algunos de nuestra caballeria; la infanteria pasaba en barcas y a ancas de caballos, muy poco a poco y con mucho trabajo. Hacía una niebla tan espesa, que impedia que los de los fuertes del enemigo no los viesen, mas oyendo algun ruido, inviaron cuarenta o cincuenta soldados a reconocer, y hallaron que los primeros de nuestra infanteria habian pasado, y que, hecho fuego, se estaban calentando alrededor de él, y por la escuridad de la niebla estuvieron muy cerca unos de otros antes de verse. Nuestros soldados desesperadamente cerraron con ellos, sin capitanes, porque todos estaban de la otra parte del rio ocupados con Tassis en hacer pasar la gente, fuéronlos siguiendo hasta hacerlos meter en su fuerte, y con el mesmo ánimo cerraron con él, y ayudandose los unos a los otros con las picas y alabardas lo mejor que pudieron, le entraron y degollaron más de cien hombres». (Pág. 83).

[481] Pág. 106 de la ed. de Rivadeneyra (_Historiadores de sucesos particulares_, tomo II).

[482] _Odas a imitacion de los siete salmos penitenciales del Real Propheta David, por Diego Alfonso Velazquez de Velasco. Al Ilmo. y Excmo. Señor D. Pedro Enriquez, Conde de Fuentes, d' el Consejo d' Estado d' el Rey Catolico nuestro Señor. En Amveres. En la Emprenta Plantiniana. Año M. D. XCIII._

8.º 67 pp. inclusos los preliminares, un soneto con que termina y dos hojas más con un _Preuilegio_ y tres aprobaciones. Lleva dos escudos de armas, el del impresor Plantino y el del Mecenas, y una lámina del rey David, todo ello grabado en cobre.

Fueron reimpresas estas odas por D. Francisco Cerdá y Rico, en el curioso volumen titulado: _Poesías Espirituales escritas por el P. M. Fr. Luis de Leon, del Orden de S. Agustin; Diego Alfonso Velazquez de Velasco; Fr. Paulino de la Estrella, del Orden de S. Francisco; Fr. Pedro de Padilla, del de N. S. del Carmen, y Frey Lope Felix de Vega Carpio... En Madrid: en la Imprenta de Andrés de Sotos. Año de M. DCC. LXXIX_ (1779).

8.º pp. 61-120.

[483] La identidad entre el autor de las _Odas_ y el de la _Lena_, admitida por Barrera, Salvá y otros bibliógrafos, no creo que esté sujeta á contradicción alguna, aunque nunca falta quien arme caramillos sobre fútiles temas. En la dedicatoria de la segunda obra parece que se alude con bastante claridad á la primera: «Con fin de aliviar á V. S. algun rato en la vacacion de sus graues ocupaciones, _renouando_ el reconocimiento de su seruicio»... «sus heroicas virtudes... llaman a celebrarlas al _humilde talento que antes de ahora he dedicado a V. E._» Y, en efecto, la _Lena_ era la segunda obra que Velázquez dedicaba al conde de Fuentes.

Las iniciales _D. A. V. D. V._ que campean en la portada lo mismo pueden interpretarse _Diego Alfonso Velázquez de Velasco_ (forma usada en las _Odas_) que _Don Alfonso Velázquez de Velasco_. La dedicatoria nos deja en la misma perplejidad, pues aunque está firmada con los apellidos enteros, los hace preceder de la inicial _D_.

Son verdaderamente extrañas las transformaciones que ha sufrido el nombre de este autor. Don Luis José Velázquez, en sus _Orígenes de la poesía castellana_ (2.ª edición, pág. 99), le convierte en D. Alfonso _Uz_ de Velasco, y lo mismo Mayans en su _Rhetorica_. Otros le han llamado eclécticamente _Uz_, _Vaz_ ó _Velázquez de Velasco_. ¡Tanta confusión puede nacer de una sencillísima abreviatura!

[484] _La Lena por D. A. V. D. V. Pinciano. Ilustriss. y Excellentiss. S. D. Pedro Enriquez de Azebedo, Conde de Fuentes, d' el Consejo d' Estado, Gouernador del de Milan y Capitan General en Italia, por el Rey Católico N. S._ (Escudo del impresor). _En Milan. Por los herederos del quon (quondam) Pacifico Poncio et Iuan Bautista Picalia, compañeros, 1602. Con licencia de los Superiores._

16.º 5 hs. prls. y 276 páginas.

La dedicatoria está firmada en Milán á 1 de abril de 1602.

--_El Celoso, por D. Alfonso Vz. de Velasco. A D. Iuan Fernandez de Velasco, condestable de Castilla y Leon, duque de Frias &., del Consejo d' Estado, y presidente d' el de Italia por el rey nuestro señor. En Milan, por los herederos del q. (quondam) Pacifico Poncio y I. Baptista Piccalia, compañeros, año 1602. Con licencia de los Superiores._

8.º 278 páginas. La nueva dedicatoria al Condestable está firmada á 15 de septiembre de 1602, en Milán.

--_El Celoso, por D. Alfonso Vz. de Velasco. Barcelona, por Sebastian Cormellas, 1613._

12.º 14 hs. prls. y 134 foliadas.

La aprobación de Fr. Tomás Roca es del 20 de noviembre del mismo año.

_El Celoso_ fué reimpreso por D. Eugenio de Ochoa, siguiendo, al parecer, la edición de Barcelona, en el tomo I del _Tesoro del Teatro Español_ de la colección de Baudry (París, 1838).

Al reproducir nuevamente la _Lena_ con su primitivo título hemos tomado como texto el de la primera edición de Milán, anotando las variantes de _El Celoso_.

[485]

PACÍFICO

Or mi torna in memoria C'ho in casa una gran botte, che prestatami Quest' anno al tempo fu della vendemmia Da un mio parente, acciocchè adoperandola Per tino, le facessi l'odor perdere Ch' avea di secco: egli di poi lasciata me L' ha fin adesso. Io vô lo vo nascondere Tanto che questi che verran con Fazio, Cercato a lor bell'agio ogni cosa abbiano.

CORBOLO

Vi capirâ egli dentro?

PACIFICO

Ed a suo comodo.

(_La Lena_, a. III, sc. VII).

_Opere Minori in verso e in prosa di Lodovico Ariosto, ordinate e annotate per cura di F. L. Polidori._ Tomo II. Florencia, ed. Le Monnier, 1857. (Pág. 320).

[486] «_Ramiro._--Vea yo á Vs. ms. señores de dos grandes ciudades.

«_Macias._--Qué tan grandes, por vida mía?

«_Ramiro._--Por lo menos, como la de Sumtien de la China, que (si no miente el que lo escriue) ha menester un hombre, para atrauessarla de puerta a puerta, caminar con buen cauallo todo vn dia sin pararse (esto sin los arrabales, que son otro tanto), y es de tanta gente, que en media hora pueden juntar doscientos mil combatientes, los cien mil a cauallo». (Pág. 429).

Parece clara la alusión satírica á la _Historia de la China_ del P. Mendoza, y á la carta del _Soldado de Cáceres_, que contra ella escribió el Condestable.

[487] _Teatro popular. Novelas Morales para mostrar los géneros de vidas del pueblo y afectos, costumbres y passiones del animo cō aprouechamiento para todas personas... Por D. Francisco de Lugo y Dávila. En Madrid. Por la viuda de Fernando Correa Montenegro. Año M. D. C. XXII. A costa de Alonso Perez._

(Reimpreso por D. Emilio Cotarelo en su _Colección Selecta de Antiguas novelas españolas_, Madrid, 1906, t. I.)

La novela del médico de Cádiz es la sexta de las incluídas en el tomo.

[488] Vid. pp. 392, 396 y 407: «No soñaua el que pintó niño á Cupido, porque propiamente el amar es de los moços...».

Quicumque ille fuit, puerum qui pinxit Amorem, Nonne putas miras hunc habuisse manus...

(Propert., Lib. II, eleg. IX).

[489] Como la siguiente, que es de origen esópico y también está en los _Cento Novelle Antiche_:

«Acuerdome ahora de qu'estando un malhechor en la escalera, le presentaron vna moza perdida coxa, para librarle si se quisiesse casar con ella; y al punto que la vio, boluiendo al verdugo, dixo: Hazé presto, hermano, vuestro oficio, que renquea». (Pág. 408).

[490] Compárese el monólogo de Macías (pág. 393) con el final del primer acto de la _Nise lastimosa_:

«Con quánta fuerça, o Amor, arrojas las inuisibles flechas, cuyas heridas se sienten en medio del coraçon, donde con ser ciego tan incierto aciertas, derramando por las venas el oculto veneno, con que enciendes la pureza de los más elados. Qué cetro ay que te pueda hazer resistencia, teniendolos todos a tu dominio sujetos? Quién puso a Troya en tanta ruina y desuentura, que d'ella no dexó casi cenizas? Quién afeminó el robusto y fuerte braço de Hercules, y puso en sus vengadoras manos, en lugar de la pesada maça, vna ligera rueca? Si no tú, que escudriñando los más escondidos senos del mar, en su profundo abismo a los mudos peces enciendes, a las aues en la region del aire no perdonas; ni menos a los brutos animales, a quien traes en continua guerra. _Qué braueza muestran los feroces leones, los crueles tigres, los fuertes toros y los ligeros cieruos, quando se sienten heridos de su flecha! Al fin, todo este mundo, y el que no vemos, no es otra cosa sino una vnion y suaue liga con que todas estan trauadas; tú las crias, conseruas y entretienes; por ti respiran y no se acaban; serian los hombres peores que las fieras si tú no fuesses el cebo y alimento de sus coraçones_». (Pág. 393).

¡Oh con cuánta crueza y osadía Sus flechas contra todo el mundo arroja! .......................................................... En el medio del alma siempre acierta, Este joven cruel, cruel y ciego, De alli derrama por las altas venas, Su tósigo mortal, su fuego vivo... ...Todos á su yugo Están sujetos, sabios, altos, fuertes, Del poderoso rey el ceptro rico... .......................................................... O Troya, Troya, ¿quién te puso fuego, Y no dejó de ti ni aun las cenizas? .......................................................... Y tú, de Alchimena hijo valeroso, ¿Por qué la piel dejaste leonina? ¿Por qué la fuerte maza, las saetas? .......................................................... ¿Por qué aviltaste con mujeril traje Aquel robusto cuerpo, y ocupaste con huso y rueca aquellas crudas manos? ..........................................................

CORO

Tambien el mar sagrado Se abrasa en este fuego... Tambien las ninfas suelen, En el húmido abismo De sus cristales frios, Arder en estas llamas; Tambien las voladoras Y las músicas aves, Y aquella sobre todas De Júpiter amiga... ¡Qué guerras, qué batallas Por sus amores hacen Los toros; qué braveza Los mansos ciervos muestran! Pues los leones bravos Y los crueles tigres, Heridos desta flecha, ¡Cuán mansos que parecen! ¿Qué cosa hay en el mundo Que del amor se libre? Antes el mundo todo, Visible, y que no vemos, No es otra cosa en suma, Si bien se considera, Que un spirito inmenso, Una armonía dulce, Un fuerte y ciego nudo, Una suave liga De amor, con que las cosas Están trabadas todas. Amor puro las cría, Amor puro las guarda, En puro amor respiran, En puro amor acaban!... Seriamos peores Los hombres que las fieras Si Amor no fuese el cebo De nuestros corazones...

El origen remoto de este pasaje está en Virgilio (_Georg._, III, v. 242 y ss.):

Omne adeo genus in terris hominumque, ferarumque Et genus aequoreum, pecudes, pictaeque volucres, In furias, ignemque ruunt. Amor omnibus idem...

Pero el desarrollo pertenece á Antonio Ferreira, y de su imitador Bermúdez le tomó Velázquez de Velasco, como lo prueban las frases que he subrayado.

[491] Vid. Milá y Fontanela, _Obras Completas_, tomo V, pág. 322:

«Se ve que los habitantes de Babia (en Asturias) pasaban por hombres de pocos alcances y que se les atribuían costumbres ridículas, como de los de otros pueblos se cuenta que quisieron secar velas al horno ó pescar la luna reflejada en un charco, etc. La circunstancia de ser Babia país en todo ó en parte montuoso conviene con tan extraña siega y con la errada opinión de los habitantes de tierras llanas que miran como lerdos á los montañeses... _La Crónica_ ó _Estoria general_ atribuída á D. Alfonso el Sabio, al explicar el origen del nombre del famoso caballo Babieca, habla, como de cosa sabida, de la significación despectiva que ya se daba á la misma palabra».

[492] Véase el precioso folleto de D. Narciso Alonso Cortés, _Noticias de una corte literaria_ (Valladolid, 1906), que en breve espacio contiene gran suma de datos nuevos, expuestos con notable discreción y amenidad.

[493] «_Lena._--Este es el más sospechoso animal que sabemos, y al presente está tocado de tan rauiosos celos, que se le comen biuo. Ha sido casado dos vezes, y de primera muger tiene vna hija llamada Casandra, de diez y seis a diez y siete años, encerrada en vn aposento como vna muda, tan oscuro que a medio dia se la pueden dar buenas noches, sin consentir que trate con nadie; diziendo que la donzella es como flor cubierta de rocio, que por poco que la toquen se marchita... No quiere que coma bocado de carne fresca, porque halla que solicita y despierta el apetito de la salada; y de la miseria que la embia para sustentarse haze antes anotomia, temiendo no aya dentro alguna contraseña. Si meten alguna cesta de paños o de otra cosa, lo rebuelue de abaxo arriba; porque vna Reyna de Escocia (dize) s'enamoró de su enano, y que dentro de vna canasta se le metieron en su cámara. Quiere que los criados hablen como por señas, porque no los oyan las mugeres, guardandolas como si fuesen yeguas del relincho y salto del cauallo«(pág. 391).

Hay también una remota analogía con _El Celoso Extremeño_, en lo que cuenta Vigamón, criado del avaro Aries: «De manera, hermano, que soy medio biuo, sin más conversacion que la de _vn negro boçal_ que cura el cauallo, con quien passo mis ratos, hartandonos ambos de _zinguerrear en una guitarra_ más destemplada que discante de ramera». (Pág. 413).

[494] Aunque en la página LVII digo que no he visto en España ningún códice de _comedias elegíacas_, existe por lo menos uno que contiene la _de Vetala_. Es el CCLXXXVIII de la biblioteca del Cabildo de Toledo, manuscrito en vitela, del siglo XIII, procedente de la librería del Cardenal Zelada. Empieza con los libros _de Ponto y de Remedio Amorís_, de Ovidio, y prosigue desde el folio 63 al 73 con el _Pamphilus de Amore_.

Vid. _Catálogo de la librería del Cabildo Toledano, por D. José María Octavio de Toledo. 1.ª Parte. Manuscritos_, pág. 141. (Publicado por la _Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos_).

Advertiré finalmente, ya que esta sola nota me queda para hacerlo, que la cuestión relativa á la parte que pudo tener D. Alfonso Velázquez de Velasco en la redacción de los _Comentarios_ del Coronel Verdugo parece resuelta, después de la excelente edición crítica que de este libro ha publicado el profesor Enrique Lonchay, bajo los auspicios de la Comisión Real de Historia de Bélgica (_Comentario del Coronel Francisco Verdugo... publié par Henry Lonchay_, Bruselas, 1899). El inteligente editor restaura el verdadero texto de la obra, tomando por base la edición de 1610, cotejada con un manuscrito de la Biblioteca Nacional de París, que contiene importantes pasajes suprimidos en el texto impreso, como ya hizo notar el Sr. Morel-Fatio (_Catalogue des manuscrits espagnols de la Bibliothèque Nationale de París_, pág. 79, núm. 187, París, 1892). Además de estas supresiones, que recaen principalmente sobre los lugares en que Verdugo se queja de Alejandro Farnesio, pueden atribuirse á Velázquez muchas correcciones de estilo, si es que el mismo coronel no las había hecho ya en el original que le entregó en Bruselas, y que debemos suponer mejor que ninguna de las copias. La de París, única que hoy se conoce, es mala é incompleta.

M. MENÉNDEZ Y PELAYO.

TRAGEDIA POLICIANA

EN LA QUAL SE TRACTAN LOS MUY DESGRACIADOS AMORES DE POLICIANO E PHILOMENA, EXECUTADOS POR INDUSTRIA DE LA DIABOLICA VIEJA CLAUDINA, MADRE DE PARMENO E MAESTRA DE CELESTINA

EL AUCTOR[495] A VN AMIGO SUYO

Si la soledad de mi vida, muy noble señor, no ouiera faborescido a vuestro desseo, dandome tanta copia de oçiosidad en este desierto, ni yo cumpliera con esta obra aunque començada, ni vos señor gozarades desto que con tanta insticia[496] (_sic_) tantas vezes me aueys pedido. Porque despues que los dias passados puse en ella la primera pluma he tenido tantos desaguaderos para no acabarla, que solamente el desseo de satisfazeros me hizo tornar a la primera ymaginacion, la qual infinitas vezes tuue condenada al fuego. Pero, ocasion de gastar el tiempo, de quitarme de guardar los cantones, e de hazer mi persona vagabunda, junto con daros a vos este plazer, ha seydo parte para que ella se acabe: rescebirla heys con mi voluntad, quitando de las sobras de vna para cumplir las faltas de la otra.

A LOS ENAMORADOS[497]

El falso Cupido, por quien padescemos Litigios y enojos que no sé dezillos, Burlando, burlando nos echa[498] sus grillos, Adonde metidos salir no podemos. Captiuos, subjectos, sus graues extremos Humillan, e baten el seso e razon, E quando amor finge soltar la prision, La pena es tan dulce, que más la queremos. Los casos fallaçes que amor vrde e trama Estando el amante ya puesto en cadena, Rebueltas que causa, passiones que ordena, Sospechas, recelos que pone en la dama, Eclipsan la vida y enturbian la fama, Borrando lo illustre con vicios muy feos. Abaten y allanan los altos desseos. Si amor da vn descanso, mil cuentos derrama. Tan gran negligencia, tan cierta locura, Juzgad si meresce castigo menor. Andando el mundano siguiendo al amor, Ni espera sossiego ni avn hora segura. Fallesce en la casa de amor la cordura. Está transformada memoria en oluido. Razon no paresce y ausenta el sentido. Notad, amadores, qué es vuestra holgura. Andays tras vn viento de amor acossados, Ni el alma descanssa ni el cuerpo reposa, Dezís que es amor y es muerte rauiosa. Estays ya mortales con gustos dañados. Zelosos del cielo, dexad los pecados Y en solo buscarle poned la memoria. Porque si aueys del mundo victoria, De gloria e honor sereys coronados. Amen.

EL ACTOR AL LECTOR

Doctrina es del apostol sant Pablo, y escriuelo a Timoteo, que vendra vn tiempo en que no se esperará el consejo sano, e será estimado el maestro que halagare a las orejas de los malos, e que apartados los oydos de la doctrina de verdad se conuertiran los hombres a oyr las fabulas e fictiones. Considerando yo que esta prophecia apostolica del todo en nuestros tiempos con nuestras maldades se va cumpliendo, e que a causa de la malicia tan encastillada en el mundo, la caridad está muy resfriada, acordé, no tanto por faborescer la opinion[499] de los malos quanto por seguir el exercicio de algunos escriptores buenos, ocuparme en componer esta escriptura: con la qual, aunque debaxo de algun color ridiculo, tomen auiso los malos mançebos de los desastres que el amor encubre con el çeuo del deleyte mundano. Verdad es que todo lo que en este caso yo puedo dezir, está tan dicho e por tan graues varones tan repetido, que paresce demasiado y aun malgastado el tiempo en que yo me he desuelado buscando nueuas inuenciones de auisar. Pero si mi principal intento caresciesse de buen fructo, a lo menos conseguire lo segundo, que será gozar de algun tiempo recogido e libertarme del nombre de ocioso. Agradóme esta manera de escreuir, ansi porque conozco estar açepta en el vulgo, como por estar alabada por antiguos Poetas e oradores, e por Horatio en su arte de poesia no menos autorizada por estas palabras: _Omne tullit punctum qui miscuit vtile dulci. Lectorem delectando pariterque monendo_. Las quales palabras tienen esta sentencia: aquel dió en el blanco e lleuó el nombre de bien escreuir e de tal manera mezcló lo prouechoso con lo dulce que juntamente dió auiso e deleytó las orejas del oyente. Pues aunque en esta mi obra no falten palabras graciosas, e apazibles donayres, tampoco la hallarán tan desnuda de erudicion que si para mientes el auisado Lector no halle tocados en ella los sobresaltos, las angustias, las affrentas, los sinsabores, las poquedades, los abatimientos, los gastos e prodigalidades, e finalmente el total perdimiento de los professores del amor. Los quales con su caliginosa enfermedad biuen tan çiegos, que todo el mundo los escarnesce, e los murmura, e los engaña e finalmente anda con ellos en assechanças, e nunca los malauenturados llegan a ver su abatimiento hasta que como çiegos sin guia dan de ojos en el hoyo de vergonçosa pobreza[500] en esta vida y en el lago de eterna condenacion en la otra. Quál de los hombres si no está desanimado, no teme aquel Diabolico embeuescimiento, e aquel no comer de dia, e velar de noche, e aquel esperar de ventana con aquel si sale, no sale, cata que assoma, escondete que viene su padre, o su marido, daca el manto para la alcahueta y el dote para su hija, aquel poco concierto en la casa, e menos cuenta con la conciencia; aquel no poderse arrepentir de su afficion, e aquel continuo mentir en confession. De lo qual se viene a hazer en el hombre vn habito tan endurescido, que viene el tiempo de la vejez, y avn el dia de la no esperada muerte, e ansi como acá fueron martyres del diablo, por justa sentencia seran coronados de eterno fuego en el infierno. Pues si en alguna manera para alumbrar a los amadores del mundo de vna çeguedad tan notable esta mi obra fuesse prouechosa, paresce me que antes se deue tener por saludable pildora embuelta y engastada en oro apazible, que por çaraça mortifera con pan blanco dissimulada. E si alguno con su parescer, mi obra quisiesse condenar por sospechosa, a lo menos no me puede negar ser mi voluntad virtuosa. Pues en el processo de mi escriptura no solamente he huydo toda palabra torpe, pero avn he euitado las razones que puedan engendrar desonesta ymaginacion, porque ni mi condicion jamas se agradó de colloquios suzios ni avn mi profession de tractos dissolutos. Si alguna cosa aqui se hallare digna de algun mundano loor, suplico al discreto Lector no lo atribuya a mi, que soy tal que de mi cosecha no tengo sino todo mal, saluo aquel que es la fuente manantial de todo el bien. E si algo paresciere que a los oydos del honesto e casto Lector haga offensa, crea de mí que no lo digo con animo desonesto, sino porque el phrasis e decor de la obra no se peruierta. Vale.

NOTAS:

[495] _Alctor_, en el original.

[496] _Sic_, por _iusticia_.

[497] Las iniciales de estos versos dan el nombre del autor, _El Bachiller Sebastián Fernández_.

[498] En el original, _no echa_.

[499] Suplida la _i_ primera de esta voz.

[500] _Popreza_, en el original.

ARGUMENTO DEL PRIMERO ACTO

Policiano, cauallero de illustre sangre, auiendo visto a Philomena, hija de Theophilon e de Florinarda, en vna huerta, e preso de la yerua enamorada de Cupido, viene a su casa dando gemidos por el dolor que la vista de Philomena le ha causado. Llama a Solino su criado, con el qual toma consejo para començar el seguimiento de sus amores. Solino le aconseja que escriua a Philomena vna carta: lo qual ansi acordado, se acaba este primero acto.

INTRODUZENSE EN ESTA TRAGEDIA[501]

POLICIANO, SOLINO _e_ SALUCIO _sus criados e_ SILUANICO _su paje_. CORNELIA _e_ OROSIA, _rameras_. PALERMO _e_ PIÇARRO, _rufianes_. CLAUDINA, _alcahueta, e_ PARMENIA _su hija, e_ LIBERTINA _su criada_. THEOPHILON _e_ FLORINARDA, _e_ PHILOMENA, _e_ DOROTEA _su criada_. MACHORRO _e_ POLIDORO, _hortalanos_. PAMPHILO _e_ SILUERIO, _criados de Theophilon, y_ CELESTINA.

POLICIANO. SOLINO[502].

[_Pol._]--Despues que mis ojos temerariamente miraron aquella diana figura, ante quien no eran dignos de parescer, ay de mí, que siento en lo secreto de mis entrañas continua guerra, sin rostro de ninguna paz. O desdichado de ti Policiano; ¿qué es de ti, adónde pusiste tu libertad? Es possible[503] mitigarse con los diluuios de mis lagrimas el fuego que mi corazon abrasa.

O amor, insanable enfermedad, o seuero e cruel cupido, pues con tanta crueza hieres a quien te sirue, qué será de aquel que te enojare? O infelix nocturno dia en que mis ojos te miraron, Philomena, pues me succedio junto mirarte y el perdimiento de mi libertad. O eclipsado de mí, a quién boluere mis ojos en absencia de Philomena que es la lumbre dellos? Con quién me consolaré, pues me mata todo género de consuelo? Quién dara rastro de vida á quien biue con tan dulce muerte? O Philomena, Philomena, si supiesses mi dolor imposible es que mouida con piedad no dixesses: cuytado de ti Policiano. Pues si de mí tienes compassion en la muerte, para qué quiero yo de oy más[504] la vida? pues cuytado yo, si muero, que sé yo si tú mi señora te sirues o te desplaze? por fe tengo que el subjecto e fuerças que me ha dado naturaleza, no son para más que padescer por ti mi señora. Pues bienauenturada passion que tan alto tiene el objecto. Moços, moços.

_Sol._--Señor.

_Pol._--Ven acá, amigo Solino, ayudame a sentir mi mal.

_Sol._--Y qué mal tan grande tienes que a solas no le puedas passar?

_Pol._--O loco insensible, pues en las piedras haria sentimiento lo que mi solo coraçon padesce.

_Sol._--Mas de veras, señor, qué mal es el que tanto te duele? dimelo, que si es dolor affable, no puede faltarle remedio. Ha te mirado algun basilisco? o aojote alguna hechizera?

_Pol._--Quien tiene poder en la vista para sanar la enfermedad de la muerte puso los ojos en mí y ha puesto en cuentos mi vida.

_Sol._--Pues al hombre dichoso la puerca le pare perros. Yo juro al sancto martilojo que has topado con alguna putilla.

_Pol._--Qué es esso que dizes?

_Sol._--Ya es dicho, señor. Por la fe en que creo, que estás dessemejado. Dime tu mal, si a ti te paresce que tiene remedio y no me tengas suspenso con tu callar.

_Pol._--Qué remedio puede tener dolencia que sana con la muerte?

_Sol._--Arriedro vaya tan mala cura, pues si con morir se sana, que será el fin peor de tu enfermedad.

_Pol._--Lo más malo que ay en mi mal es quedar con la vida que yo biuo.

_Sol._--Y lo mejor?

_Pol._--Morir en seruicio del amor.

_Sol._--Y esse amor qué premio da a quien por seruirle pone la vida?

_Pol._--Satisfaze la voluntad del amante, que de penar toma sabor, y al fin corona sus martires de aquella gloria suaue que para ellos tiene aparejada, cuyos fructos son dignos de todo precio.

_Sol._--Ora pues a tu sabor; finalmente quieres dezir, señor, que eres enamorado?

_Pol._--Sí, y con la más alta afficion que en coraçon humano pudo caber.

_Sol._--Saluo el guante.

_Pol._--Cómo es esso?

_Sol._--Digo, señor, que dichoso tan buen amante; y tiene nombre la señora?

_Pol._--Nombre de tanto merescimiento, que no ay hombre digno de traerle en su boca.

_Sol._--Ora pues, señor, hablando con honor de nombre tan reuerendo, me di quién es essa dama, y entendamos en tu remedio, que por los euangelios es lástima uer tu gesto despues que andas en esso enbeuido.

_Pol._--O mi Solino: quánto es mayor mi sentimiento que las señales que en mí parescen; dime, Solino, dueleste de mi mal?

_Sol._--O, pese a la fe de los moros, si me duele me preguntas? más me pesa tu pena que si fuesse propia mia.

_Pol._--O pue[505], y cómo es poco el sentimiento que en ti paresce!

_Sol._--De puro discreto no te doy a entender la pena que rescibo, porque mi sentimiento no enternezca tu dolor. Cuenta me, señor, qué fue el principio de tu mal e mira lo que yo puedo y dexarás todos temores.

_Pol._--O Solino, mi fiel criado, pues ya me determino de poner en tu pecho mi tan profundo e secreto dolor, ruego te por la fidelidad que me deues, no como temeroso criado, sino como muy fiel amigo, que siempre en ti sea tan secreto quanto en mi pecho hasta agora secretamente me ha dado tormento. E mira que oy siendo señor me hago tu esclauo, pues en dar te mi secreto no te doy menos que mi libertad; y debaxo desta confiança has de saber, mi Solino, que ha pocos dias que passando yo a la huerta de los cipresses por mirar la ribera que muy apazible estaua, entre los naranjos y limones, vi acompañada de ciertas donzellas vna que a mi parescer priuaua al Sol de su resplandor phebeo: de cuyo ojos y aspecto inuisiblemente salio vna saeta que trauessó e rompio lo secreto de mis entrañas, e dexó tal mi coraçon, qual mi debilitado aspecto con enfermos indicios publica. He tolerado mi pena con el silencio posible, pero quién tendrá el fuego en su seno sin que se abrase e le duela, y el dolor no le consuma? vn rezio diamante se ouiera quebrantado con los golpes que este mi triste coraçon ha padescido, e no sé si mi mal tiene termino en que se acabe.

_Sol._--Ora, señor, todo amor es vn pleyto ordinario que al fin tiene sentencia: e como sea muger en cuyas manos tu justicia se aya de sentenciar, o viento, o ventura, o dineros, o ruegos, sé cierto la haran torcer la vara, por muy derecha que la tenga.

_Pol._--O mi Solino, que tan firme la hallo en aborrescer, quanto yo me siento en amar.

_Sol._--Esfuerça, señor, no desconfies por semejantes disfabores, que no ay cosa tan facil que de su grado se caya ni tan difficil que con la perseuerancia no descubra alguna facilidad. Mayormente que los fauores del amor estan cubiertos con essos sin sauores, para que los enamorados estimen las dulçuras quando vengan. De manera que nunca amor dio plazer sin çoçobra, ni descanso sin trabajo, ni avn fauor sin azedia. Dime por mi vida, señor, el nombre de la dama, no temas de mi fidelidad.

_Pol._--O coraçon mio!

_Sol._--Grande es la pena que muestras en nombrar a quien tienes por señora. En opinion contraria biues de todos los que bien aman.

_Pol._--Ansi mi dolor enamorado es contrario del que mata a todos.

_Sol._--Cómo ansi?

_Pol._--Quanto es contrario el fuego que me abrasa del agua que a los otros enfria, porque no ay amor sin refrigerios, ni avn trabajo sin esperança de premio, sino este que a mi triste coraçon atormenta.

_Sol._--Señor, pues no me dizes cómo ha nombre tu señora, dime cómo se llama tu pena?

_Pol._--Philomena.

_Sol._--Sancto dios, con buenos ojos la miraste, pues tan bien[506] te parescio.

_Pol._--Qué dizes, asno? paresce que mi afficion cubra algun defecto que en ella aya.

_Sol._--No digo yo tal. Pero más fuerte era Troya, y fue pisada de los Griegos: agora confiesso que tengas razon de tener passion, pero no de estar desconfiado.

_Pol._--Si ay algun rastro de confiança en mi salud, conozco ser yo pusillanimo; di, nescio mal mirado, qué proporcion hallas de mí a Philomena sino la misma que ay de lo finito a lo infinito e de lo soñado a lo verdadero, e de lo biuo a lo que está pintado?

_Sol._--No dara vna sin otra.

_Pol._--Qué dices?

_Sol._--Digo, señor, que a vna muger derribarla con otra.

_Pol._--Cómo es esso? quién ay tan fuerte como Philomena, para que en sus ojos offensiuos pueda poner resistencia?

_Sol._--Mira, señor, la fortaleza feminil. Porque muchas hembras vimos, conoscimos[507] cuyas honestidades de grandes muros e contramuros fueron guarnescidas y torreadas, y del primero o segundo tropel batidas y aportatilladas: lee las escripturas antiguas y hallarás notables cuentos de hembras por amores infamadas cuya honrra[508] dende la cuna començaron a estar guardadas. Mira a la hermosa Helena con Paris, a Dalida con Sanson, a Bersabe con Dauid. Estas todas matronas illustres fueron o tan recatadas y miradas como Philomena, pero heridas de la saeta enerbolada de Cupido mostraron bien su femenil flaqueza. Comiença, señor, a poner artilleria contra el muro que tan fuerte te paresce, y bate con destreza e confiança la torre que más se te deffendiere, que ansi se batio y assolo la fuerte ciudad de los cartaginenses y la famosa Roma fue abrasada, cuyos contrarios y enemigos con sola tu pusilanimidad boluieran las manos en la cabeça.

_Pol._--Mira, nescio, esse Paris, y esse Sanson, y esse Salomon que dizes, acometieron con armas yguales, e sin que de la vna parte ouiesse[509] conoscida ventaja; no auia entre ellos la disparidad tan grande como entre mí e mi señora, pero cuytado yo, qué castigo ay en el mundo con que yo pagasse la temeridad de solo mi loco pensamiento?

_Sol._--O sancto dios, y cuánto tienes abatidas las inclinaciones, despues que el amor te hirio! Si Philomena es illustre, tú no eres Cauallero? si ella hermosa, a ti falto te naturaleza? si copiosa en patrimonio, andas tú de puerta en puerta? o, por Dios, señor: no te confundas con la ymaginacion muy alta, ponla en vna medida razonable para que como varon tengas osadia de acometer, e acometiendo sepamos a quántos estados ay agua.

_Pol._--Dios te consuele, Solino, que tanto me has consolado. Pues dime tu parescer, tú que hablas con libertad. Dame consejo, pues vale mas errar[510] por el tuyo libre, que acertar por mi parescer apassionado.

_Sol._--Señor, el primero acometimiento desta batalla deues hazer con una carta en la qual procura de pintar alguna parte de tu dolor, aunque no tan al natural quanto en el ánima le sientes. Haziendo lo que es possible para que sepa Philomena ser la causa de tu mal. E daremos vn sano remedio, como esta venga a tus manos; y no se diga por ti que eres enamorado y que no lo sabe ella.

_Pol._--O dificultoso remedio. Qué sé yo si mi carta que es la suma de mi secreta passion, andará en manos de quien me cause mayor dolor con infamia que el primero que hizo el amor?

_Sol._--Cómo ansi?

_Pol._--Alterada mi señora con carta mia, vendra mi secreto en el vulgo.

_Sol._--No temas, señor, de caer en semejante peligro. Porque las damas illustres son de naturaleza recatadas, e si Philomena no lo fuesse, por el mismo caso deue ser aborrescida. E siendo ella tal, tendra más auiso de callar, quando más alterada, que tú de no gemir quando te sientas penado. Escriue, señor, que aunque aprouechasse poco hacerlo, menos aprouecharia dexarlo.

_Pol._--Ora yo me determino de te dar auctoridad, viendo que compasion te ha mouido a remediarme. Yo me entro a escreuir, y tú vete a reposar, pues para mí solo se ha quedado el tormento.

NOTAS:

[501] Esta lista de personajes va en el original según aqui se copia, ó sea después del argumento del 1.º acto, orden de colocación no el más lógico, pero que respetamos para que el lector disfrute del texto en su primitiva forma.

[502] En el impreso original que nos sirve para esta reimpresión, hállase á la cabeza de cada uno de sus actos un grabado que representa las figuras que en él entran.

[503] _Possble_, en el original.

[504] En el original se lee un _las_ después del _mas_, que suprimimos por creer sea yerro de la impresión.

[505] _Sic._

[506] En el original, _tambien_.

[507] Así en el original. Quizás deba leerse _vimos e conoscimos_.

[508] _Hanrra_, en el original: ¿cuyas honrras?

[509] _Ouisse_, en el original.

[510] En el original, _herrar_.

ARGUMENTO DEL SEGUNDO ACTO

Confuso Solino de se auer offrescido a rescebir la carta de Policiano para Philomena, está hablando consigo quando viene Salucio su compañero; van se a dormir en casa de sus amigas, e por el camino cuenta Solino a Salucio lo que con Policiano ha passado, e llegados a la puerta de sus amigas, las hallan en cierto requiebro con vnos rufianes, e passada la renzilla de los celos se acaba este acto.

SOLINO. SALUCIO. PALERMO. CORNELIA. OROSIA. PIÇARRO.

[_Sol._]--Agora que mi amo está reposando, e yo en mi libertad para considerar este negocio, paresce me será discrecion mirar bien si de las palabras que le offresci y de las poner en effecto, se me puede recrescer alguna pelazga nueua; porque quien de prissa se determina, muy despacio se arrepiente. Las cosas no consideradas, e con discrecion no preuistas, jamas tuuieron ordenados effectos. Qué sé yo si a esta señora le cayra en tanta desgracia el mensage de Policiano, que antes que de allá saque el pie me hagan dexar la cabeça? no quiero por falta de prouidencia hazer algun desconcierto que por lo menos me cueste la vida. Aqui viene mi compañero Salucio, bien será que lo sepa, y en todo rescebir su consejo, que mas veen dos ojos que vno; todos somos de casa e de fuerça lo entiende todo.

_Sal._--Vamos, Solino hermano, a dar por ay vna gatada, veremos aquellas moças y quiça dormiremos en buena cama.

_Sol._--Comigo estás a fe de hidalgo; molido estoy de dormir en essos poyos; vamos, e por el camino sabras vn secreto que de nuestro amo he sabido.

_Sal._--Di lo que quisieres, que ya viejo es Pedro para cabrero; más sé de essos secretos que pueda contar en diez años; no hay en la ciudad quien no sepa de Policiano hasta el menor de sus pensamientos, y a todos dize que lo cuenta en confession.

_Sol._--Pues a mí, pese a tal, no en confession mas en confusion suya y mia me ha dado parte de su pena, y de la causa della, confiando que yo tengo de ser medianero de sus amores. Teniendo respecto al pan que en su casa he comido, plega a Dios no se pague con setenas, no le pude perder verguença, y me determiné a lleuar vna carta suya a Philomena. Despues que en mi libertad me he hallado, he considerado quién es Philomena; no piense el pobre Solino yr por lana y boluer tresquilado, o apaleado.

_Sal._--Mira, Solino, mi amigo eres y soy obligado a serte fiel y verdadero. Porque es flaca la fe del amigo, que ningun accidente la torna en lisonja ni falsedad. Quando te determinaste a oyrle, auias de yr aparejado para no caer en algun hoyo o barranco de negligencia. Porque viendo primero la piedra no hiere tanto como la que viene de improuiso.

_Sol._--Pues para eso te lo he contado, para que errado[511] me corrijas.

_Sal._--El rapaz de Siluanico me paresce que tiene platica con vna moça de Philomena, por donde creo tendra esse negocio mejor corte.

_Sol._--Descreo de la ley del quaderno si no apunctas como letrado. Dexa me hazer, que yo le hecharé a Siluanico el gato a las barbas, y avn sacaré desta hecha el ascua con mano agena. Oye oye, Salucio, no creo en la fe de Mahoma, si no ay requiebro con las damas.

_Sal._--A la sombra desta pared oygamos lo que passa; conosces a los galanes?

_Sol._--Descreo de tal si no es Palermo el padre de las putas y Piçarro su compañero.

_Sal._--Ora escucha vn poco la plática.

_Pal._--Ola ola, damas, no cesse el fabor al pobre gentil hombre, que descreo de el hijo de la Magdalena, si aya en el Reyno dama más bien seruida que la que por seruidor me tomare; dos estays, y dos estamos, cada vna escoja a sabor de paladar.

_Cor._--Mira, señor Palermo, no te engañe la sombra, cata que somos viejas, y no valemos nada para tu servicio.

_Pal._--Vieja te me hazes, traydora? por el cuerpo sancto de la rehoyada, si aca abaxo te apañasse, yo te embiasse que la madre Bereçinta no te conosciesse.

_Piç._--No es justo, hermosas, que tengays en poco nuestras personas, que despecho del mar e las arenas si no ay damas en la ciudad que se hallassen dichosas de nos tener por amparo, porque si al seruicio de qualquiera cumpliesse hazer campo con diez ó quinze aunque fuessen Diablos, descreo de tal si ay aqui quien les huya la cara.

_Oros._--Gentiles hombres, ya es muy noche y paresce deshonesto estar a tal ora a la ventana; mañana de dia a la ora que mandaredes, mi prima e yo holgaremos que deys por aca la buelta.

_Pal._--O linda gracia de muger, voto a tal. Qué te paresce, señor Piçarro? quién no perdera mil vidas por ganar tan graciosa joya?

_Piç._--Hola, señora Cornelia, mi compañero va perdido por tus amores, e yo no menos por los de la compañera; suplico te, señora, que pues nos vamos me seas buena tercera.

_Cor._--Ve, señor, en buena ora, que mañana ay tiempo para todo.

_Sol._--O vellacos rufianes, e esta es hora de andar rondando?

_Pal._--Huye, huye, Piçarro.

_Sal._--Dales, mueran los ladrones, mueran.

_Piç._--Aliuia, aliuia, que vienen cerca, sancta Maria val me.

_Sol._--Dexalos, dexalos yr a los couardes e tornense por acá de mañana. Qué te paresce, Salucio hermano, del tracto que se traen con nosotros estas damas?

_Sal._--Ansi binen todas; no ay quien más tenga fe con hombre de quanto buelue las espaldas.

_Sol._--Dexa hazer agora: llegarémos a la posada, que tú veras en qué para.

_Sal._--Ora vamos callando, que ya estamos a la puerta. Tha, tha, tha.

_Sol._--Ya dormiran las dueñas. Llama con el pomo del espada. Descreo de tal con las putas. Tha, tha, tha.

_Cor._--Qué porradas da el asno, sea se quien se fuere, quién llama?

_Sol._--Abri, dueña.

_Cor._--Donosa es la venida a la ora de los borrachos.

_Sal._--O, descreo de la çuratica[512] piscina; e hazes del ventero? toma porque os echeys con tiempo.

_Cor._--Justicia, justicia, que me mata este vellaco.

_Sal._--Hablas, mala muger?

_Sol._--Dala, acabala, despecho de la condicion; pues cómo es esto, hermosa? tan cansada os dexó el requiebro que tan presto caystes dormida?

_Oros._--Requiebro o qué? donoso vienes[513] por mi salud: oxala, que he estado todo oy de esta negra madre que he pensado espirar.

_Sol._--Leuantad, leuantad, señora; tiradme de aqui estas botas, que en todo se entendera.

_Oros._--Quita te allá, Solino, descalçate tú o acuestate calçado, essos duelos me faltauan!

_Sol._--Ea, dueña, por vida de la vellaca!

_Oros._--Si por tu vida, el azemilero de tu padre lo soño, mala pasqua le de Dios a quien tal nescedad hiziere[514].

_Sol._[515]--Haz lo ya, señora, no des lugar a más enojo, que boto a los corporales de Daroca que basta vna muger a perder vn reyno entero.

_Sol._--Que no os quereys leuantar? o, descreo de tal con la vellaca.

_Sal._--Da la, da la, acaba ya con ella.

_Oros._--Justicia, justicia, señores, justicia, que me matan.

_Sal._--Salta presto, vamonos antes que se llegue gente.

_Sol._--Corre, toma la puerta, si no aqui somos todos muertos.

_Cor._--Ansi, vellacos, rascamulas, azemileros, que ansi se tratan las mugeres honrradas?

_Oros._--Justicia de Dios descienda sobre mí si yo no me vengare de ti.

_Cor._--Que te paresce, prima? por los huessos de Aphrodisia madre y de la leche que mamé reniego, si no les vrdo vna trama que en ella dexen la vida; andar, pago es de mundo, yo me lo merezco; pero quien no cae no se leuanta.

NOTAS:

[511] En el original, _herrado_, consecuentemente con llamar _hierros_ á los _yerros_ siempre que sale esta palabra.

[512] _Sic._

[513] En el original, _bienes_.

[514] _Hieciere_, en el original.

[515] Debe ser _Salucio_.

ARGUMENTO DEL TERCERO ACTO

Salidos Solino y Salucio de casa destas mugeres tornan a la posada de Policiano. Van por el camino hablando de la renzilla passada, e llegados a casa, Policiano da a Siluanico una carta para Philomena.

SOLINO. SALUCIO. POLICIANO. SILUANICO.

[_Sol._]--Qué te paresce, hermano Salucio, en quántas trapaças nos meten estas señoras?

_Sal._--Hermano Solino, jamás me paresció bien, por grande que fuesse la ocasion, que ningun hombre en la muger pussiese manos. No quiero dezir que agora yo no fui demasiado, pero al fin conozco que fue grande nuestro yerro[516].

_Sol._--Donoso estás para sermonador. Dime por qué las tales no merezcan peor tractamiento?

_Sal._--Yo te lo dire; porque si a la muger le das materia de aborrescimiento, aunque muy poquita sea, tiene qué gastar toda la vida. Quieren ser tractadas como animales ferozes, más con ronces e halagos que con vituperios e palos. Es muy flaco género, e las cosas fragiles muy facilmente se quiebran.

_Sol._--Cree me, hermano Salucio, que todas las cosas naturales tienen su contrario, y el hombre no tiene otro sino a la mala muger.

_Sal._--Nunca oyste dezir a los sabios de nuestro tiempo que es más segura la habitacion con los dragones que con la mala hembra? Sabe, Solino, si no lo sabes, que la muger en todas las cosas tiene extremo. Quiero dezir, que si es buena, es corona de su género, e la que es mala no tiene cosa buena.

_Sol._--Ora yo mal suffrido soy para tolerar vna muger e no sé cómo biuen los hombres que largos años las tractan.

_Sal._--Maldito seas, asno, e no sabes que el amor todas las faltas encubre? e las cosas azedas haze suaues e dulces? En el estado del matrimonio da Dios amor tan abundante que haze de dos coraçones vna voluntad, y como aya vnidad entrellos cessa todo género de discordia. Estas malas mugeres, como de amor verdadero tengan carestia, si el interesse falta no son para bien ninguno.

_Sol._--Ya ya, hecho ha Orosia comigo para quanto biua, puesta lleuo ya la sal en la mollera.

_Sal._--No más en esta plática, que llegamos a la posada.

_Sil._--Es buena hora esta de venir a casa?

_Sol._--Qué te toma el diablo, rapaz vellaco? qué haze nuestro amo? Ha pedido de vestir?

_Sil._--Ay está en esta cama que no haze más ruydo que vn muerto.

_Sal._--No has entrado a ver qué haze?

_Sil._--Casa es de locos esta por la fe en que creo. El amo troba, los moços van a rondar, pues algun dia no ha poder que no sea la mia.

_Sal._--Troba por auentura el triste de Policiano?

_Sil._--Doy al diablo otra cosa haze sino dezir disparates; llora como niño, da bozes como loco, no sé qué se tiene.

_Pol._--Oyes, paje.

_Sil._--Señor.

_Pol._--Es de dia?

_Sil._--E muy gran parte passada.

_Pol._--O desdichado de mi, que despues que mi coraçon se escurescio, no sé qué cosa es ver claridad. Yo no entiendo quándo amanesce, si a caso no es por oydas. Estan ay essos moços?

_Sil._--Sí, señor.

_Pol._--Pues aderescen me vn cauallo con vn jaez negro. Entretanto que en mi pena busco algun rastro de reposo.

_Sol._--Qué dize nuestro amo, paje?

_Sil._--Que se aderesce presto vn cauallo.

_Sal._--Y él pienssa leuantarse oy?

_Sil._--No que pienssa para trobar.

_Sol._--Por tu vida, Siluanico, que escuches si debanea.

_Sil._--Avn me paresce que está trobando.

_Pol._ Bienauenturada pena, e alegre tal padescer, pues de todo quiso ser principio mi Philomena.

_Sil._--Corre, corre, Solino, e oyras las locuras de Policiano.

_Sol._[517].--Passo, passo, rapaz; no le cortes la vena.

_Sil._--Aqui detras de esta antepuerta le oye, que aun no lo ha dexado.

_Pol._ Aunque piensse mi passion combatir mi sufrimiento, de mi más graue tormento nasce mi consolacion: ser tan sabrosa mi pena, tan dulçe mi padescer es la causa el merescer de la linda Philomena.

_Sal._--Juro por los euangelios que disparata concertadamente el desdichado; cata, cata, Solino, no has oydo al asno como blasona del metro? o hideputa, qué Virgilio, o qué Homero, para metrificar de improuiso.

_Sol._--Calla, dexale con su dolor al desdichado, que yo te digo, Salucio, que tiene harto mal.

_Sal._--Cómo? e qué tanto mal pienssas que tiene? Tan mal estómago haze el amor?

_Sol._--No le tuuo tan estragado Apuleyo con el veneno. Poco has estudiado en las escuelas de Cupido, porque si de amor verdaderamente supiesses, verias muy a la clara el desorden de sus accidentes. No ay entre los animales alguno tan insensible como el hombre que está herido de la amorosa flecha de Cupido, porque adormescido con el sueño de aquella sabrosa yerba que en el coraçon[518] del amante se pega, ni siente gusto en lo que come, ni avn sabe responder a quien algo le pregunta. No quiere compañia con el plazer, e quéxase que se muere de tristeza: e por esta variedad que el amor trae de passiones, le llaman los doctores de esta facultad muerte sabrosa, porque de la misma passion nasce siempre vn no sé qué sin nombre, y avn sin subjecto, que da mayor dolor e causa mayor pena al enamorado, quando en el dolor se siente más resfriado.

_Pol._--Moços.

_Sol._--Señor.

_Pol._--Entra acá, descansso mio. No me preguntas por mí? No me dizes cómo me ha succedido en esta noche con mi alegre tristeza?

_Sol._--Señor, avn no he tenido lugar de saber dónde estás? No te marauilles si no te pregunto cómo estás.

_Pol._--O, mal fuego te consuma, vellaco insensible, estoy me yo abrassando y estás tú philosophando? Vete de ay al amalauentura y plega a Dios que vna de mis ardientes centellas te abrase para que sientas parte de mi triste sentimiento: anda, vete con el diablo.

_Sol._--Harto tiene agora que hazer contigo.

_Pol._--O desconsolado de mí. O dia aziago en que tuuo principio mi mal. O atreuidos y desatinados ojos, qué hezistes? De vosotros me quexaré todos mis dias y años, pues otros miran para ver, y vosotros vistes para cegar me. Solino, oyes.

_Sol._--Señor.

_Pol._--Entra acá; para qué me dexas?

_Sol._--Pensé que te dexaua bien acompañado. Aqui estoy.

_Pol._--Dónde está Salucio?

_Sol._--Señor, aqui en esta sala.

_Pol._--Ha sentido algo de mi mal?

_Sol._--Y avn la causa dél mucho mejor que yo.

_Pol._--Cómo es esso, Solino? quién dize que se lo dixo?

_Sol._--Quién, señor? tú, que se lo has contado y avn le has lleuado mil vezes por la calle de Philomena, sino que ya no tienes dello memoria.

_Pol._--No me pidas, Solino, memoria ni entendimiento, que ya con mi dolor todo se conuertió en voluntad: llégate aqui, Solino. Cata aqui vna carta mia que por tu parescer escreui para aquella Reyna de mi vida, en la qual va alguna e la más pequeña parte de mi pena relatada. Pido te por el amor que te tengo, que en ella me pongas aquel recaudo con aquella discrecion e secreto que sientes que ha menester mi passion.

_Sol._--O, señor, descreo de la bruta de Hércules, que soy más conoscido ya por aquel barrio que tauernero en aldea. No quieras, pese a mi pecado, que por falta de prouidencia cayamos en algun yerro[519]. Siluanico me dizen que tiene cierta trabacuenta con vna moçuela de essa dama; mándale, señor, llamar, que en ser mochacho es libre de sospecha, y puede con la rapaza negociar quanto quisiere.

_Pol._--Auisado eres: la vida me has dado con tu buen seso. Llama me acá a Siluanico.

_Sol._--Oyes, paje?

_Sil._--Quién llama?

_Sol._--Entra acá.

_Pol._--Ven acá, hijo Siluano, tú sabes la casa de Philomena mi señora?

_Sil._--Mucho bien, señor.

_Pol._--Y conosces por auentura alguna de sus criadas?

_Sil._--Señor, una criada suya me habla por ser de mi tierra, e me dize que hará lo que yo la encomendare.

_Pol._--O negocio bien acertado. Pues mira, hijo mio, no menos me va que la vida en que tengas manera con essa moça que dé esta carta mia a mi señora Philomena. E si mi voluntad tan alto premio meresciesse, tuuiesse yo con breuedad de aquella angelica mano respuesta, que si en esto, mi Siluano, tú me pones diligencia, yo gratificaré tus pasos y essa doncella será muy bien pagada.

_Sil._--Pues, señor, pierde cuydado.

_Pol._--Esso no, sin que se pierda la vida. Pero tengo confiança que por tus manos tengo de auer el remedio de mis penas. Confio que donde tú vas voy yo, y que en procurar[520] mi salud no hará falta mi presencia. Ve luego, y los ángeles te acompañen. Oyes, Salucio?

_Sal._--Señor.

_Pol._--Saca me vn cauallo á la puerta, e dexa me yr solo, pues tan bien[521] me hallo con la soledad.

NOTAS:

[516] En el original, _hierro_.

[517] _Sil._ en el original; pero sin duda debe leerse _Solino_, como nosotros corregimos.

[518] _Coroçon_, en el original.

[519] En el original, como antes y siempre, _hierro_.

[520] En el original, _emprocurar_.

[521] En el original, _tambien_.

ARGUMENTO DEL QUARTO ACTO

Salido Policiano de casa, conciertan Solino y Salucio de dar buelta por la calle de sus amigas: encuentran con Parmenia, hija de la Claudina, e van con ella hasta su posada, donde hallan á la vieja, a la qual dan cuenta de los amores de Policiano, etc.

SOLINO. SALUCIO. PARMENIA. CLAUDINA.

[_Sol._]--Nuestro amo es ydo, y a nosotros nos sobra el tiempo. Paresce me, Salucio[522] hermano, que demos vna buelta por la calle de aquellas damas e tomaremos viento para saber qué mundo corre.

_Sal._--Vamos donde quisieres, que nuestro amo a missa va, e no lleua pensamiento de tornar con sol a casa, pero antes que de aqui salgamos demos vn golpe en la despenssa; pongamos algo en cobro de lo que Policiano pierde; endure él, que nosotros gastaremos, e avn juro a la casa sancta no ayune él tanto en vn año quanto yo desgarre en vn dia.

_Sol._--De aquel tocino magro, que digo hao.

_Sal._--Ya te entiendo, y avn el mosto que no dize mal de nadie.

_Sol._--Contigo me entierren, hola que digo? andese Policiano en garçonia, que nosotros roçaremos de goderia.

_Sal._--O hi de puta nescio, qué bocadillo se pierde en este jamoncete. Desto que toca al roço, en casa ay buen recaudo, y en nuestro amo maldicta la cuenta; pesame que aquellas pellejas no estan agora en gracia para que lleuaran su parte del despojo.

_Sol._--Digo algo, Salucio? el buen vino haze buena sangre.

_Sal._--E la buena sangre buena condicion.

_Sol._--E la buena condicion haze al hombre virtuoso, y por las virtudes se gana el reyno de Dios.

_Sal._--Ora, hermano Solino, esto basta para vn buen rato; demos por essa ciudad vna gatada, e boluamos con tiempo al rancho. Dame de essa cuerda mi capa y essa espada. E toma la vereda que sea más apazible. Por aqui por la posada del duque, y saldremos por la puerta falsa.

_Sol._--Ojo, ojo. No ves la yça?

_Sal._--Bien se huella la traydora. Descreo de tal si no tiene buena gracia. Vaya en buen ora la fresca.

_Par._--Norabuena vayan los galanes.

_Sol._--Ho, por los euangelios, señora Parmenia, que no te conoscia. Dónde bueno vas que tanta prissa lleuas?

_Par._--Voy por aqui adelante a buscar quien bien me haga.

_Sal._--O perla de oro, cómo eres graciosa. Voto a la Veronica de Olmedo, más te preciara poco ha en la posada que a todo quanto me dexó mi padre. A fe que gozaras de vna tajada de tocino de la lunada, e beuieras vna taça que los angeles cantaran con ello.

_Par._--Esse me paresce el combite del Toledano: si obierades comido, beuierades comigo.

_Sal._--O traydora, cómo dizes tus malicias. Pues por la Cruz de Carauaca que si tú eres seruida no falten dos reales para gastar en tu seruicio.

_Par._--Gran merced[523]: que ya sé yo que de tales galanes no se esperan menores fabores. A mi puerta llegamos, e mi madre nos mira, bien será que deys la buelta, que yo agradezco la compañia.

_Sol._--No, no, señora, voto al pinar de Segouia que auemos de hablar a la madre vieja, que avn nosotros no le somos poco afficionados. Salue y guarde, vieja honrrada.

_Claudina._--Jesu, Jesu, Jesu, hijo de mis entrañas, mejor aya buen fin que yo te conoscia. Entra y abraça me, Solinico. Yesu, e qué aproado estás, e qué hombre hecho e derecho; llegate más á mí, mallogradillo vayas, que no solías tu huyr de mí quando Dios queria.

_Sal._--Paresce, madre señora, que ha dias que le conosces.

_Clau._--Si le conozco me dices, hijo? Aqui está la Claudina que le vido nascer, y en estas manos pecadoras dió los primeros gritos. Ay qué padre tuuo tan honrrado, no paresce sino que agora le veo. Jesu, Solino, más nalgadas te di en este mundo que tengo canas en la mollera.

_Sal._--Por cierto, madre, yo me hallo dichoso en auer te conoscido, porque el conoscimiento de agora será para que muchos dias nos tratemos. E dexado aparte lo que tu honorable vejez representa, el merescimiento de la señora Parmenia es digno de toda gentileza.

_Clan._--Bien te ha parescido la rapaza, landre que te dé, traydor enamoradizo. No me toques en ella, mira que es mi hija.

_Sal._[524]--E aun por esso, madre mia, se le deue todo seruicio. E descreo de la leche de cabras, si no tocara tanto a Solino mi compañero, si yo no la siruiera a pesar de todo el resto.

_Par._--No se vende la moça, por vida de quien sossegare el rostro. Mira por vida mía cómo hablan en mí como en cosa que anda en venta.

_Sol._--Esso voto yo a tal que si vale mi puja, no dé la parte mia por menos que toda tú.

_Clau._--Calla, hijo Solino, que ya que todo el mundo pujasse, como cosa mia se te dara por el tanto. Dexala dezir, que es mochacha e boua.

_Por._--Sí, sancto Dios, bouilla es la moça, metedle el dedo en la boca para ver si paladea.

_Clau._--Mira, hijo Solino, esta casa es tuya, y el mismo derecho tienes a quien en ella mora. Calla y no te fatigues, que todas las cosas tienen su tiempo. Agora, hijo mío, no entendamos en más que en saber de tu vida. Con quién biues? cómo te va? qué ay agora nueuo en que yo aprovechar te pueda?

_Sol._--Madre mía, yo soy criado de vn gentil cauallero que tú bien conosces, que ha nombre Policiano.

_Clau._--Sancta Catalina sagrada, que con esse señor moras? mira si le conozco, landre me dexe si no le conozco, y avn sé de qué pie coxquea. O hi de puta, y cómo es bienenamorado; no sé yo si la dama le ha seydo fauorable, que dias ha grandes que le tengo en mi registro, e avn estoy espantada cómo no ha venido a mis manos. Que, mal pecado, como este sea mi principal officio, ansi me pesa del galan que de mis artes no se aprouecha como al pobre pescador quando a su red no acude el pescado. Porque estas damas çahareñas y estos galanes porfiados hazen a las de mi arte casas nueuas con sobrados.

_Sol._--Señora Claudina, pues se ha mouido esta plática, no dexaré de dezirte lo que ay en este caso, con protestacion del secreto necessario. Tú sabrás, madre, que Policiano mi señor muere de amores de Philomena, y el mayor mal de su enamorada passion es la difficultad que ay en la entrada de su casa, ansi por el recatamiento de Theophilon su padre, como por la clausura[525] y ençerramiento de la dama, e de semejantes inconuenientes ha nascido tanta dubda en el buen fin de estos amores, que Policiano ha venido a desconfiar de qualquier género de remedio. Si tú, señora Claudina, tanto confias de tus astucias, que pienssas poniendo en este negocio la mano salir a buen puerto con esta peligrosa dolencia, demos parte a Policiano de tu voluntad, que yo sé no auer en su casa mejor dia que quando se ofrezca camino para entrar en el remedio de su mal.

_Clau._--Paresce, hijo mío, que tienes más confiança en la cerradura de Philomena que en la ganzua de la vieja Claudina? Donoso eres; pues esto digo para en mi casa, e no quiero que salga de entre nosotros, que si Policiano abre bien la bolsa, yo haga a Philomena que le abra la puerta por bien que la tenga cerrada. Cata, cata, mal conosces a la Claudina. Quién sino yo en el mundo ablanda los duros coraçones de las hembras y avn quebranta las cerraduras de las más honestas moradas? para qué piensas, bouillo, que aprouecha en casa del herrero la lima, y el azeyte serpentino en casa de la Claudina? sino para limar los candados de hierro y enternescer las entrañas desamoradas. Anda ve, Solino hijo, y a tu señor daras noticia de mi abilidad, y avn le diras lo que sientes de mi voluntad, que aunque sea Philomena quien es, yo batire su muro con tan bastante artilleria que a pocos recuentros venga rendida en mis manos. E porque en este caso las obras daran testimonio de lo que yo puedo, ve, hijo mio, con Dios, que yo quedo esperando tu venida con tan buena respuesta, que no me valga menos que diez pares de doblas.

_Sol._--Pues, madre señora, nosotros nos vamos, e con lo que nuestro amo acordare yo soy muy presto de buelta. Señora Parmenia, ten me por tuyo, que yo a fe de hidalgo soy tu cierto seruidor.

_Par._--Tú, señor, puedes mandar, e yo te tengo de seruir.

_Sal._--Gentil dama, los angeles te acompañen a ti y a la madre vieja.

_Clau._--Amen, e con vosotros vaya.

NOTAS:

[522] _Siliceo_, en el original.

[523] _Meced_, por errata, en el original.

[524] En el original, sin duda por yerro, _Soli_. (Solino).

[525] _Clausara_, por errata, en el original.

ARGUMENTO DEL QUINTO ACTO

Cornelia e Orosia conciertan de yr a la posada de Palermo e Piçarro, publicos rufianes, e yendo por el camino encuentran con Siluanico, paje de Policiano, con el qual passan sus acostumbradas puterias. Siluanico va adelante e habla con Dorotea, criada de Philomena, e le da la carta que lleua de Policiano, etc.

CORNELIA. OROSIA. SILUANICO. DOROTEA.

[_Cor._]--Qué te paresce, Orosia hermana, del buen pago que el mundo da a las que en vellacos ponen su voluntad? Pues para ésta que en la cara tengo, don vellaco azemilero, que yo te dé a beuer vn xarope tan amargo que no se te quite el azedia en quantos dias biuieres.

_Oros._--Vayan para vellacos, pues no saben conoscer lo bueno; que para la muerte que deuo a Dios más me cuesta aquel suzio de Solino que valen las diez mejores alhajas que tengo. Cada dia daca la calça, daca dineros para juegos, daca el çapato picado y las camisas vnas mejores[526] que otras. Todo lo passaua como loca, e al fin tengo mi Sant Martin como nescia: no ay en el mundo mayor mal que captiuar la voluntad en poder de hombre nascido; sino con vn poco de cautela hazer a todos buen rostro, e que cada vno piense que él es e otro no, e a buelta de cabeça que aquél sea más amigo que mejor nos lo pagare.

_Cor._--Hablas, amiga, como sabia; que si yo, prima, ouiera tomado tu consejo, no estuuiera yo toda mi vida atada a las mercedes de Salucio, e qué me puede él a mí dar sino el poluo del almohaça? e sobre todo, que vea yo mi rostro señalado de mano de un moço de cauallos? Comida me vea yo de mala rabia si no le hago que le cueste la vida: toma hora tu manto e vamos a la posada del aquel rufianazo de Palermo, que ya viste quánto fue obligado a hazer lo que yo le mandasse y pongamos[527] en sus manos el castigo destos vellacos, que no auemos menester otro más cruel verdugo.

_Oros._--Vamos donde mandares, que otra hallarás más perezosa; reboça te bien el rostro porque no seamos conoscidas.

_Cor._--A punto estoy, guia por donde quisieres.

_Oros._--Por aqui, por la plaça del Conde, que es el camino más corto.

_Cor._--Ce, ce, hora, Orosia: como nasci para la muerte, este paje es de Policiano, dél podemos saber dónde quedan Solino e Salucio. Norabuena vaya el galan.

_Sil._--Salve Dios a las hermosas.

_Cor._--Dónde bueno tan de prissa, Siluano? paresce que vas a ganar beneficio.

_Sil._--Señora, ya que el beneficio no se gane, alomenos merescer le ha el criado que con diligencia siruiere. Yo voy a entender en vn recaudo que de Policiano mi señor lleuo, ved, señoras, en qué os puedo seruir porque no me puedo detener.

_Cor._--Passito, no te apressures por mi vida, señor Siluano, que ansi goze de mí como no tienes tú en esta ciudad quien te sea tan afficionada como yo. Di me, señorito, por vida mia, Solino e Salucio dónde quedan? qué hazen? no sabes tú, mi amor, que somos sus amigas?

_Sil._--Señora, en la posada quedaron con Policiano mi señor, e no tengo yo a mucho que ya anden por acá fuera.

_Oros._--Dime, amor mio, son enamorados? salen de casa de noche? a qué hora buelven a dormir?

_Sil._--Por mi fe, señora, lo que puedo dezir cierto es que ninguna noche duermen en la posada; de la hora a que tornan no te sabré dar razon.

_Cor._--Pues por mi vida, Siluano, me digas la verdad de vna cosa en que tengo dubda. La noche passada salieron a la hora acostumbrada? Porque me dixeron que antes que anocheçiesse los auian visto en cierta parte donde sus personas pueden rescebir peligro, e si ansi es, mi amor, será bien auisarlos que miren dónde entran, no les succeda algun daño de que todos tengamos que llorar.

_Sil._--Por cierto, señora, no estás bien informada, porque ellos no pueden salir de casa hasta que mi señor sea acostado; mira cómo puede alguno dezir con verdad semejantes palabras.

_Cor._--Pues, señor Siluano, yo creo lo que de tu boca he oydo más que lo que me puede dezir ninguno que venga con malicia; por vida mia que no les digas que nos viste, porque vamos mi prima e yo a un negocio de secreto.

_Sil._--Bien pueden, señoras, yr seguras, que yo no les dire cosa que os cause enojo.

_Oros._--Pues, amor mio, Dios te guie, porque vamos de prissa.

_Sil._--Y a vosotras acompañe, que yo no voy muy de espacio: estos nescios de mis compañeros, con estas cantoneras deuen estar hechizados. E piensan dellas que no tuvo tanta castimonia la casta Penelope como ellas les muestran quando les tienen delante. O malauenturada confiança la que de las tales se tiene, y más malauenturado el hombre que de semejantes confia. A buen puncto soy llegado[528]: a Dorotea veo a la puerta de su casa, plega a Dios que me espere y no se me entre huyendo. Salue Dios a la hermosa.

_Dor._--El galan sea bien venido. Cómo es esto, señor Siluano? Dime la causa de absencia tan larga.

_Sil._--Señora mia, ya sabes que quien sirue a otro no tiene para sí libertad. Mi señor Policiano está muy apassionado, e tanto que por huyr el plazer no quiere salir donde rescebirle pueda; pues estando él en casa mira tú, mi reyna, cómo puedo yo visitarte. Suplico te no me culpes[529] ni me trates como ausente, pues siempre e donde quiera te tengo delante de mis ojos.

_Dor._--Di me agora, señor, qué milagro fue este que veniste por estos barrios?

_Sil._--Señora Dorotea, tú sabras que Policiano ha tenido noticia de cómo yo soy tanto tuyo, e me mandó que de su parte y mia te pidiesse que con todo el secreto e discrecion que es menester diesses a Philomena tu señora esta carta, de la qual si fauorable respuesta se ouiesse[530], todos seríamos bien gratificados; yo por cumplir con la obediencia que como a señor le deuo, e teniendo confiança[531] de rescebir de tí estas mercedes, tomé atreuimiento para semejante peticion. Suplico te, mi señora, en esto pongas la diligencia que yo pienso poner en lo que á tu seruicio tocare, porque yo cumpla con la deuda que deuo de criado, e tú con la que me deues de hazerme mercedes como señora.

_Dor._--Ay cuytada de mí, señor de mi coraçon, e quánta dificultad ay en lo que me mandas hazer, porque la honestidad de Philomena mi señora, su graue y estraña condicion, no consienten que yo tenga semejante atreuimiento. Como nasci para morir, si yo llegasse con tal embaxada creo que mis palabras y mi vida fenesciessen en vn punto. Solo vn remedio puedo dar para que tu venida tenga algun fructo, que haré hechadiza essa carta donde forçado venga a sus manos, sin que pueda saber para siempre quién aya sido el mensagero.

_Sil._--Peligroso me paresce esse remedio, e si la carta se pierde ante que a sus manos venga?

_Dor._--En esso seré yo cuydosa e tú puedes yr descuydado.

_Sil._--Ora pues, señora mia, esta es la carta de mi señor; en tus manos la encomiendo, que yo voy tan confiado quanto á mi voluntad se deue. Yo me voy; los angeles queden contigo.

_Dor._--Y contigo vayan, e mira, señor, que no me olvides tanto.

NOTAS:

[526] _Mejoras_, dice el original.

[527] En el original, por errata, _pāgamos_.

[528] _Lledo_, en el original.

[529] _Culpas_, en el original.

[530] _Ouisse_, en el original.

[531] _Confinça_, en el original.

ARGUMENTO DEL SEXTO ACTO

Salidos Solino e Salucio de casa de la Claudina vanse a la posada, donde siendo llegados viene Policiano, al qual dan relacion de lo que con la vieja passaron; viene Siluanico e dize lo que de la carta ha succedido, etc.

SOLINO. SALUCIO. POLICIANO. SILUANICO.

[_Sol._]--El passo tendido, hermano Salucio, porque lleguemos antes que nuestro amo a la posada.

_Sal._--Bien dizes, hermano, por vida de mi amiga; que si sabe nuestra tardança, ni con él acabaremos renzillas ni avn faltarán en casa dolores.

_Sol._--Qué te paresce que se haga en lo que con la buena vieja dexamos concertado?

_Sal._--Venido Policiano, lo primero que haremos sera hazer le entender lo que a nuestro prouecho haze: dezirle que estos negocios de amores más seguros andan en manos de vna muger marcada que en poder de hombres no experimentados; que tenemos noticia de vna vieja astuta, y en esta arte de alcahueta examinada maestra; que procure hablarla y prometerla el premio de su trabajo, y ella pondra la diligencia que nosotros no podemos por mucha que pongamos.

_Sol._--Ello está bien acordado. A nuestro amo veo venir por aquella calle, alarguemos el passo, no nos halle fuera de casa.

_Sal._--Ya no puede, que dentro estamos.

_Pol._--Moços, moços. Dónde estan estos diablos?

_Sal._--Qué prissa trae el diablo, rabiando viene por saber nueuas! Pues mándote yo, que no basta el amo diligente para que el moço pierda su natural negligencia.

_Pol._--Que dizes entre dientes?

_Sol._--Digo, señor, que si supiesses el buen recaudo que tengo en tus amores me darias el jubon que traes vestido.

_Pol._--Buen recaudo dizes? hablas segun tu opinion, e no sientes dónde llega mi desseo. Contentas te con poca agua como no te abrasas en el fuego que yo, porque si sintiesses mi dolor, no llamarias buen recaudo sino a ser me mi señora fauorable, y esto es impossible segun es baxa mi ventura y alta la causa de mi mal, pero dime algo con que mi dolor amansse, y despues comiençe como de primero.

_Sal._--O hi de puta neçio, qué hechizado esta con aquella putilla de Philomena, e juro a los euangelios no ay mayor rabosa en el reyno.

_Pol._--Quién habla alli fuera? estoy yo hablando en mi pena, y no falta quien me impida la medicina?

_Sol._--Señor, Salucio es, que está muy angustiado de verte tal.

_Pol._--Pues por qué no entra? qué haze alla apartado? Salucio?

_Sal._--Señor.

_Pol._--Entra acá, dime qué sientes de mi mal.

_Sal._--Señor, siento que eres enamorado y que tienes razon de ser constante en amor.

_Pol._--Pues no me dices qué hare para hallar camino en mi remedio?

_Sal._--Par Dios, señor, lo que yo con mi poco saber te puedo consejar es que pongas este negocio en manos de vna mujer sagaz e auisada en toda ruindad, porque con las tales, si estas damas del amor están tocadas, muy facilmente descosen su secreto; y pues por éstas se suele dezir que quien las sabe las tañe, a éstas encomienda tus amores e no hagas cuenta de la diligencia que nosotros podemos poner aunque desseosos de seruirte, si no te dispones a esperar con vn barril de lenguados, ciento e veinte de azedias. Por vna uez que la fortuna nos fauorezca como a osados, nos alançará cinco mil por no experimentados. El principio de todas las cosas se requiere cauto, para que lo dependiente succeda firme y estable. E quando el fundamento falta, mal se deue esperar la duracion del hedificio. Todo esto e más que te puedo dezir si el dolor que tanto te aquexa te prestase atencion es justo que mires en los principios de vna cosa tan ardua como esta, para que en la prosecucion della no vengan a nascer desuariados effectos.

_Pol._--Pues qué te paresce a ti que haga yo, amigo Solino? á quién me encomendaré que no sé dónde ay fidelidad?

_Sol._--Señor, ymaginando con cuydado los instrumentos con que esta tu llaga pudiesse cauterizar, entre muchas que el coraçon desseoso de agradarte me ha ofrescido, me truxo a la memoria vna vieja mi conoscida, maestra de hazer perfumes, que vn tiempo fue partera en esta ciudad, que tiene por nombre Claudina, sagacissima en quantas maldades el entendimiento del hombre puede ymaginar y en ellas criada, y no menos encanescida; la mayor hechicera que se ha hallado dende el principio del mundo hasta oy. Tiene tanta abilidad en casos que requieran artificio sobre natural, que a todo el infierno junto trae consigo con sola su boz. E aunque para este negocio no sea menester tanta herramienta, no empeçe al artificio la demasiada astucia del artífice. Procura, señor, de hablarla e poner este negocio en sus manos, e si se las vntas con algun interesse, aunque no muy calificado, puedes confiar en ella, que aunque Philomena fuesse tan dura como vn rezio diamante, con solas sus palabras la prouocará a que su desseo y el tuyo se executen con la breuedad que verás.

_Pol._--O prestantissimo remedio: cómo? que ay tal muger nascida e no la conozca yo? ve Solino e llamala, e dende aqui te doy auctoridad para que la ofrezcas no solamente los bienes que ay en mi casa, pero avn todo mi patrimonio pon en su mano, del qual y de mí hordene a su voluntad. Pues dime la verdad, Solino, que de ueras te paresce a ti ser necessario dar parte a esta muger?

_Sol._--Señor, no cosa más.

_Pol._--Pues en vuestras manos encomiendo este mi spiritu atribulado, tractadle como soys obligados segun verdaderos misericordiosos, que yo quedo tan acompañado de tristeza quanto solo de vuestra compañia, yd e llamadme a essa dueña honrrada e no tardeys si biuo me quereys hallar.

_Sal._--Pues vamos.

_Pol._--E yo quedo.

_Sol._--Allá quedaras con todos los diablos cargado de locuras e vazio de entendimiento; qué te paresce, Salucio, de la perdicion deste perdido?

_Sal._--Enfermedad comun es la suya, e si el dolor le ha llegado a lo secreto del coraçon, más te deues marauillar de su paciencia que de su sentimiento.

_Sol._--O feminil flaqueza, que eres bastante a robar de vn hombre robusto la joya más estimada, que es la libertad. Bien dizen los sabios que deste adamantino dolor escriuieron que tiene la propriedad del azero en la dureza e crueldad. Porque consideradas sus robustas fuerças, e los pechos tan esforçados que amor con sus crudas flechas ha rompido, no amor sino tirano enemigo, mortal offenssor deue ser llamado. Lee las historias Romanas e hallarás estar llenas de los desatinos que este amor ha causado. Aquel emperador africano que hauiendo seydo en el senado tenido por el más victorioso monarca que en el mundo se hauia hallado, el amor de vna pobre labradora de tal manera le puso en baxeza, que no sólo de la gente noble de senadores, pero de la república y gente plebeya fue tenido en tan baxa estimacion quanto su hystoria testifica. Pues en la escriptura sagrada, quién fue causa de aquel notable pecado que el Rey Dauid cometió en la muerte de Urias su capitan, sino ser el mismo Rey tocado del amor de Bersabee? Pues si contarte quisiesse los desastrados acaescimientos de muchos reyes e varones illustres apassionados desta dulce ponçoña, seria començar vn cuento que no tuuiesse fin. Solamente resta que la libertad con ningun thesoro se compra, e si nuestro amo halla sabor en esto en que todos los que algo entienden tanta azedia e amargura an hallado, con su pan se lo coma e mal prouecho le haga. Tengamos auiso sus criados de dezir dende afuera: a saluo está el que repica, e si porfiare diziendo: ve acá, torna acullá, dezirle que bien se está sant Pedro en Roma. Ya me entiendes, no aya alguna trampa donde no penssamos. Y pues él comió los agrazes, no padezcamos nosotros la dentera. Esto que toca a llamar la vieja, cosa es que cumple, en lo demas tengase auiso qué mande y haga, qué digo?

_Sal._--Hao, comigo estás, auisado eres.

_Sol._--Cata, cata, juro al cuerpo de tal, Siluanico viene: regocijado llega. No sé cómo ha negociado.

_Sil._--Ansi, Solino hermano, vnos hazia vn cabo e otros hazia otro, porque no se acueste el mundo.

_Sol._--Cómo vienes, Siluanico? qué nueuas tenemos?

_Sil._--Alla dexo la carta en poder de Dorotea, tomela el diablo e oxala la quemasse.

_Sal._--Ora, Siluanico, ve presto a la posada, que queda solo nuestro amo, e no digas que nos topaste, porque ha gran rato que salimos a llamar a vna vieja hechizera a que nos embió; en siendo venida ella tomará a cargo estos mensages, e quitar nos ha Dios de peligro.

_Sil._--Dios lo haga como no paguemos los que no auemos comido el escote. A casa voy, la Magdalena os guie.

_Sol._--E a ti acompañe hasta la buelta.

ARGUMENTO DEL SÉPTIMO ACTO

Cornelia e Orosia llegan en casa de Palermo, donde hallan a Piçarro su compañero, a los quales se quexan de la injuria que de Solino e Salucio rescibieron e les piden que entiendan en la vengança, etc.

CORNELIA. OROSIA. PALERMO. PIÇARRO.

[_Cor._]--Estan en casa los galanes?

_Pal._--Ce, ce, hermano Piçarro, despecho de la media nata si no ay garulla en la posada; quién anda ay? Ya, ya, señoras, no es menester tanta dissimulacion.

_Piç._--Descúbrete, dama, pese a la ley del quaderno, que para quien bien conosce la nariz le basta.

_Cor._--Y avn a quien tanto vee, la mitad de la vista le sobra.

_Pal._--O galana, cómo eres graciosa, quita te el reboço por mi vida. Muchacho, corre, toma aquel jarro.

_Cor._--No, no, señor Palermo, no venimos de tanto espacio.

_Piç._--O, descreo de la peña de Martos, qué tan pressurosa vienes? Pues no has de salir de la estancia sin que rescibas colacion.

_Oros._--Ay, prima, por mi amor no nos detengamos, que ya sabes lo que tenemos de hazer.

_Pal._--Digo, señora Cornelia, paresce que quiero conoscer a esta dama.

_Cor._--En cargo de mi ánima que tú estás donoso, pues agora sabes que es Orosia mi prima?

_Pal._--O, perdona, hermosa, que por mi vida con el reboço te desconoscia. Que avn por vida del resto, que tienes en casa quien te dessea seruir, sino que no te lo osa dezir por no darte enojo. Hola, señor Piçarro, por qué no hablas a esta dama? Pues que no le eres tú poco afficionado.

_Piç._--Es la señora Orosia? O descreo del puerto de Jafa; perdóname, señora, que voto a tal agora te acabo de conoscer.

_Oros._--Señor Piçarro, agrauio me hazes con tan poco conoscimiento, siendo yo tanto tu seruidora.

_Piç._--O perla de oro, no me culpes que descreo de la leche de Olofernes si con el reboço que traes el mismo diablo no te desconozca; descúbrete por vida mia, corre muchacho, eres venido?

_Oros._--Señor Piçarro, no te pongas en trabajo, que por mi vida venimos muy de priessa, e necessidad de hablar al señor Palermo truxo por acá a Cornelia mi prima, e yo por tenerla compañia acordé venir con ella.

_Pal._--Pues qué es esto, coraçon mio? Ay algun embaraço en que yo pueda poner la vida en tu seruicio?

_Cor._--Pues qué pensauas, señor? que era mi venida a lumbre de pajas? Enojadas venimos mi prima e yo, e con mucha razon, porque de vnos vellacos moços de espuelas auemos seydo afrentadas, e quien bien nos quisiere nuestra injuria ha de tomar por suya, porque mi amigo es otro yo, e ansi deue sentir mis enojos.

_Pal._--O reniego de las barbas de Barrabas, e tal cosa me dizes? Oyes, mochacho, arroja me acá essa cota, dime quién son los que te enojaron, e dexame tomar mi hatillo, que no creo en la fe de los Tartaros si handrajos no te los lleue hechos y la sangre me beua por dexarte más vengada.

_Piç._--Y este embaraço, señora Orosia, es cosa que a ti toca?

_Oros._--Comun ha sido la injuria e tal ha de ser el castigo. Descreo de la leche que mamé si la fe no renegasse por verme vengada. Dos criados de Policiano entraron la otra noche en nuestra posada, e porque con vosotros estauamos hablando nos dieron tantos bofetones en nuestro rostro que los dientes nos dexaron bañados en sangre, y esta afrenta tan grande no se nos hiziera a nosotras si tuuieramos fabor de hombre; triste es la casa donde falta la compañia del varon. Yo me lo merezco, yo tengo mi pago, porque como nescia no tomo yo consejo de quien bien me quiere.

_Piç._--Señora Orosia, no llores ni te acuytes por vna cosa que passada no puede dexar de ser passada; pero da gracias a Dios que tienes por amparo al señor Palermo e a mí, que seremos verdugos de quien tu çapato offendiere, y no digo yo con dos que en fin es meaja en capilla de frayle para lo que mi espada corta; pero si quinze fueran los contrarios, hombre ay en el estancia que no mudara el color para acometerles, y avn reniego de los montes claros si no tengo vna hojuela en la mano que no haze más de los hombres hechos malla que si fuessen hechos de manteca.

_Pal._--Orosia señora, poca noticia tienes del señor Piçarro, mal informada estás del nombre que su espada tiene en el reyno, pues quiero, dama, que sepas que quien más agora floresce en las armas ninguna ventaja le haze, y el dia que no se embuelue en negocios de poner la vida en condicion, no piensa auer hecho hazienda; su tracto es cincuenta mugeres repartidas por las mançebias del reyno, y la que más fama tiene huelga de le tener por amparo. Mas yo te juro al Sepulchro Sancto de la rehoyada, e ansi aya yo uentura con damas, como le vi oy hazer vn hecho que Rebeca en su tiempo no le hiziera.

_Oros._--Ora, señor Palermo, dexemos las alabanças deste gentil hombre para otro[532] dia; nosotras venimos de priessa, e no a más que daros parte de nuestra injuria; si pensays poner en ello la mano, yremos mi prima e yo descuydadas, e si no tan bien nos auisad, que como nasci para la muerte que ay gentiles hombres en la ciudad que no veran otro Dios sino que nosotras les mandemos.

_Pal._--Mirad, damas, reniego de tal si no me corro de la dubda que en mi voluntad se pone, y si no estoy ya desseando el tiempo para que sepays lo que desseo hazer por seruiros. Dexadme el cargo e dormid sin pena, e no me tengays por Palermo, hijo del merino de ronda, si juntos no los embio a çenar con Lucifer. Mira, señora Cornelia, qué tanto desseo su servicio, que juro a los sanctos quatro elementos entre sueños piensso cómo tenerte contenta. Ellos salen de noche?

_Cor._--Cada noche salen despues de acostado su amo.

_Pal._--Pues bien, puedes mañana dezir: perdone los Dios.

_Piç._--Ora descuydad, hermosas, que yo reniego de las que en la cara tengo, si no os dexaremos tan bien satisfechas quanto jamás afrenta se satisfizo.

_Cor._--Señor Piçarro, con tal confiança nos vamos a la posada.

_Piç._--No yrás, por vida de mi amiga, que no puede tardar el moço con la colacion.

_Oros._--Señor, aqui lo damos per rescebido, porque no nos podemos más detener.

_Pal._--Pues, damas, rescibid la voluntad del pobre gentil hombre, que otro dia se abrá la obra.

_Oros._--A Dios, galanes.

_Piç._--Vayan de Dios las pellejas. O pese te tal con las çurraticas adobadas, y esta pelazga nos tienen agora guardada? Escaponos Dios e nuestra diligencia la noche passada, e quieren nos tornar a meter en el garlito? Mira, hermano Palermo, el remedio más sano para que destas pellejas nos defendamos, porque de mí te hago saber que no saldre de casa a negocio[533] de tanto peligro, e auiso te que si a sacar me porfiares, al primer repiquete de broquel no me hallarás en toda la ciudad.

_Pal._--O, pese a la fe de los moros, Piçarro hermano. Que el diablo nos topó con putas tan reboltosas! Dios sabe quánto estoy fuera de asir quistion con nadie; sino que mis pecados me quieren ya lleuar arrastrando al cimenterio. Vn braço tengo más yerto que si fuesse de madera. Yo no traygo espada tanto para reñir, quanto para hazer mamparos mientras me pongo[534] en huyda.

_Piç._--Pues de mí no hagas cuenta, que despecho de la puta que me parió si las carnes no me están ya temblando con sólo el pensamiento; mañana quiero fingir vn camino y estarme encerrado doze o quinze dias, y entre tanto estas borrachas abaxarán vn poco la colera.

_Pal._--Bien has acordado; amanescerá y medraremos. Pero no me paresce mal que andemos sobre el auiso, y si vieremos tiempo en que a nuestro saluo podamos hazer una leuada, que no monte más de vn cumplimiento, bastará para salir de cargo, e si mal nos suscediere, a los pies nos encomendemos, que son aliuio de pecadores.

_Piç._--Ora Dios lo encamine por camino más seguro, que a mí no me paresce que deuemos ponernos en tal peligro. Vayan para vellacas.

_Pal._--Ora reposemos e tomemos consejo con el tiempo.

NOTAS:

[532] En el original, _otra_.

[533] En el original, _negacio_.

[534] _Puogo_, en el original.

ARGUMENTO DEL OCTAUO ACTO

Siluanico, viniendo a la posada, viene hablando consigo, donde halla a Policiano, al qual da relacion de lo que con la carta succedio. Viene la Claudina, e auiendo oydo a Policiano, le promete la victoria, etc.

SILUANICO. POLICIANO. CLAUDINA. SOLINO. SALUCIO.

[_Sil._]--Quien no se auentura no alcança ventura, e quien no acomete meresce nombre de couarde. Yo con la necessidad atreuime á Dorotea, y con mi atrevimiento descubri rastro de victoria. Bueno ua: con vn camino he hecho dos mensajes, puse a recaudo la carta de Policiano, conosci en la moça que no me tiene oluidado. Por esto dizen que barba a barba verguença[535] se cata, e que quien no paresce padesce. A lo menos si a Dorotea yo la digo mi pena sin tercero, ni me engañará la vieja Claudina con sus conjuros, ni Solino e Salucio con sus mentiras. Buen enamorado hago, bien me va con los primeros amores; andar me quiero en estos passos, pues todos en mi casa andan enamoradizos. A la posada llego; aquellos vellacos dexaron la puerta juntada y el perdido de mi amo yo juraré que troba.

_Pol._--Mucho tarda mi remedio, no soy digno de ningun bien, todas las cosas me son contrarias, muy cerca está mi desesperacion, ya mi mal me tiene consumido, no tengo fuerças ni subjecto para padescer, no sé qué haga de mí, toda tristeza me es agradable y toda alegria enojosa, toda soledad apazible y toda compañia tan odiosa como la misma sepultura. A mal va mi partido. Si ay algun moço en esta casa? Moços, mozos!

_Sil._--Señor.

_Pol._--Entra acá, hijo Siluano, cómo me dexas solo? por qué no me dizes cómo te fue con mi carta? Creo que mi desventura te lo ha impedido, porque yo no goze de aquel plazer que tu venida me trae.

_Sil._--Señor mio, esfuerça e ten confianza en el amor, que si el buen fin de tu desseo consiste en aquella carta yo te certifico que esta es la hora que Philomena la tiene en sus manos.

_Pol._--Sancto Dios, mira lo que dizes, cata que yo no soy digno de tan gran merced.

_Sil._--La muy alta consideracion que tienes de Philomena te causa el menosprecio con que tu merescimiento has abatido.

_Pol._--Cómo es esso? paresce que mi afficion aya enturbiado en mí algun quilate de mi razon?

_Sil._--Hi, hi, hi.

_Pol._--De qué te ries, vellaco rapaz?

_Sil._--De cómo eres enamorado, e no sabes los accidentes del amor. Dizen los que dello saben que el amor no es otra cosa sino vn oluido de la razon e vna especie de locura que turba el entendimiento e aparta el ingenio, priua de la memoria, destruye las fuerças, consume la hazienda, estraga la hermosura, quebranta los altos e generosos desseos, y los remontados hace abatir a cosas rastreras e viles; encierra en un subjecto mil contrarios accidentes, ansi como plazer y enojo, tristeza e alegria, guerra continua e tregua enojosa, accidental claridad e essenciales tinieblas, descontento e contentamiento.

_Pol._--Pues, desdichado de mí, el triste coraçon que tantos e tan discordes huespedes tiene, cómo puede medir con libertad de juyzio?

_Sil._--Tú te lo dirás todo.

_Pol._--Qué dizes?

_Sil._--Digo, señor, que, a mi parescer, entre los amantes e los locos sola ay esta diferencia, que los vnos son locos quando aman e los otros quando hazen locuras.

_Pol._--Aunque priuado de seso, bien conozco que dizes más de lo que tu hedad te enseña, pero esta es vna dolencia que se rescibe de grado e con trabajo mortal se despide. Pues entretanto que con el accidente peleo, me di cómo te succedio con aquella breue relacion de mi mal.

_Sil._--Señor, yo di tu carta a vna criada suya que a causa de ser de mi tierra me tiene alguna afficion, e a ésta encargué que con secreto e discrecion la pusiese en manos de Philomena. Dexada aparte la difficultad con que me lo otorgó, queda obligada a poner recaudo en que tu carta venga a manos de tu señora, e si respondiere, darme a mí la respuesta.

_Pol._--Dios te consuele que ansi me has consolado; llama luego vn sastre y corta de aquella grana que para mí se sacó vnas calças e capa.

_Sil._--Beso te las manos por esta merced, e más que de tu magnificencia espero.

_Pol._--Corre, da me aquella harpa e tañeré vna cancion con que mi dolor se encienda.

_Sil._--Señor, si ansi es, para qué quieres tañer?

_Pol._--Para acabar la vida como el cisne con musica lamentable.

_Sil._--Señor, hela aqui.

_Pol._--Cierra me essa puerta, que quiero magnifestar cantando lo que mi ánima siente penando.

Venid, gemidos mortales, con las ansias del morir, pues alli está mi bibir. Venid, ansiosos sospiros, fenesced mi triste suerte e hasta darme la muerte no penseys en despediros; ved que salgo a rescebiros sediento por el morir, pues alli está mi biuir. Ven ya muerte, qué es de tí? que esperando desespero, e porque tanto te quiero te apartas tanto de mí. Ven ya, que te espero aquí, ansioso por el morir, pues alli está mi biuir[536].

_Sil._--Qué es aquello que veo? mal año me dé Dios si Solino e Salucio no vienen con la vieja, que paresce que la traen presa por hechizera. Señor, señor.

_Pol._--Qué es esso, loco mal criado? No te mandé que me dexasses?

_Sil._--Solino e Salucio vienen por aqui, e traen en medio a vna puta vieja.

_Pol._--Soberano Dios. Corre, perezoso maldiziente, abre la puerta, que yo quiero yr a besar la tierra que essa depositaria de mi vida pisare. Corre, no te tardes.

_Clau._--Es esta la posada, hijos mios?

_Sil._--Entra, señora, que, segun eres desseada, a saber cierto tu venida saliera mi amo en procession a rescebirte.

_Clau._--Paz sea en esta casa.

_Pol._--O canas bienauenturadas, o vejez bien fortunada, o thesorera de mi remedio, o mi reuerenda e digna de todo acatamiento Claudina, sólo tu aspecto ha dado vida a mi desseo, tu rostro de misericordia ha enternescido las duras cadenas que mi triste corazon sobre sí tiene; rompe, madre mia, mis carnes para conoscer el dolor que secretamente padezco, porque con la lengua es impossible manifestarle.

_Clau._--O, señor Policiano, qué poco esfuerço es este? qué quexas tan debilitadas e tan sin confiança son las tuyas? en semejantes adversidades se conoscen los animos valerosos. Torna, señor, en ti, qué es esto? pues aunque de todo punto a tu mal faltara medicina, tu sola discrecion, tus varoniles fuerças e tus acostumbradas astucias auian de bastar a rescebir cualquier infortunio por graue que fuesse, mayormente estando yo en medio, que soy maestra vieja e me obligo a darte salud si tú, señor, no te dexas vencer de la sombra. Mira, señor, que es cosa vergonçosa que vn cauallero como tú se confunda con la ymaginacion de vna muger.

_Sol._--Assomate, hermano Salucio, e verás a nuestro amo de rodillas delante de la mayor puta vieja que nascio de las mugeres. O malauenturado de ti, quánta honrra das a tus passados ydolatrando y dando obediencia a las más maldictas canas que jamás salieron al mundo!

_Pol._--Madre mia, esperança mia, la causa de mi mal bien creo te abrá sido relatada por alguno de mis criados que como yo la saben, e ansi confio que la sienten. No pienso será menester que de nueuo sepas en este caso otra cosa, pues no la ay más de lo que ellos de mí han sabido. Por tanto, madre mia, pido te por reuerencia de la tremenda passion que me atormenta, des a mi coraçon la medicina que vieres ser conueniente para que algun poco descanse del continuo fuego que me abrassa.

_Clau._--Por cierto, hijo Policiano, muchos dias ha que el passado conoscimiento de tus padres y tuyo ha sembrado en mi coraçon vn desseo muy grande de gozar de tu noble e graciosa conuersacion, e vn dia por otro lo he dilatado esperando se ofresciesse causa para mostrar me en tu seruicio. Ha sido mala mi dicha, que ya que se cumplio mi deseo, fuesse en tiempo de enfermedad tan penosa, que ni mis palabras se entiendan, ni la voluntad con que se dizen por ellas se pueda conoscer. Porque a la verdad este dolorçillo que agora, hijo mio, sientes no deja potencia que no ocupa, y avn lo primero que arrebata es la atencion del paciente. En conclusion, señor Policiano, yo tengo muy entera noticia de tu enfermedad y aquí soy venida a ponerle medicina. Lo que al presente es necessario te dire. Tú, señor, rescibe vn poco de aliuio entretanto que yo en mi casa aparejo algunos instrumentos que para entender en esta cura son necessarios, lo qual pues yo he rescibido a mi cargo te prometo no apartar della la mano hasta ver el fin, con la victoria que yo e todos tus criados para tu remedio desseamos.

_Pol._--Aquel soberano dador de mercedes te dé, madre mia, lo que en este caso yo no puedo, por ser insufficiente para gratificar tan grande beneficio.

_Sol._--Essas come la otra, a osadas cierra la boca e abre la bolsa.

_Sal._--Escucha, que ya se desembuelue.

_Pol._--E porque conozcas la voluntad que tengo de satisfazer tus passos, toma diez doblas con que al presente me hallo, e confia de mí que seras bien pagada.

_Clau._--En ynfinitos quilates, señor Policiano, excede tu magnificencia la poquedad de mi merescimiento, pero tú heziste como cauallero, e yo quedo obligada a perpetuo seruicio.

_Pol._--Ora, pues, madre mia, contigo lleuas mi coraçon.

_Sal._--E avn las entrañas a bueltas del dinero.

_Pol._--Mira que mi ánima va tras ti e yo quedo en el número de los muertos esperando resuscitar con tu jocunda venida.

_Clau._--Hijo mio, dexa hazer a la Claudina, que mal me andarán las manos ó tú saldras a luz con tus amores.

_Pol._--Con tal confianza biuire si biuo me hallares a la buelta.

_Clau._--A Dios, hijo mio, que es ya noche.

_Pol._--Moços, sacad ay vna hacha, yd con mi madre a su posada, e dexad me aqui solo, pues soy amador de soledad.

NOTAS:

[535] En el original, _vengança_, evidentemente por yerro de la imprenta.

[536] En el original, estos versos, como los otros de páginas atrás, están impresos á renglón tirado, cual si fuesen prosa.

ARGUMENTO DEL NONO ACTO

Claudina sale de casa de Policiano acompañada de Solino o Salucio, con los quales va hablando en los amores de su amo hasta llegar a la posada de la vieja, etc.

SOLINO. SALUCIO. CLAUDINA. PARMENIA. LIBERTINA.

[_Sol._]--Qué sientes, madre mia, de este dolor que á Policiano da pena? Paresce me aver te obligado a dificultoso remedio, cuyo fin yo no osara esperar sin notable peligro de mi persona.

_Clau._--A la he, bouo, a la he, poco sabes de leyenda, mal conosces a la Claudina; poco has tractado mi casa, pues en los negocios altos, donde todos pierden confiança, quiero yo mostrar quánto puedo, que en las cosas de poco subjecto poca abilidad se requiere. Mis redes, bouillo, sabe te que no prenden lagartijas, quanto la cosa es más alta, tanto con mejor ánimo la intento, y jamás acometi donde no ouiesse victoria.

_Sal._--A semejante género de acometer locura la llaman en mi tierra, e no por virtud, sino por vicio la tienen canonizada.

_Clau._--Boçalejo eres, hijo mio, más pense que sabias del mundo. Donde el premio se espera grande, alli se deue el mayor trabajo, e el esperança del galardon diminuye qualquier pena, mayormente que como sea con mugeres moças la mayor parte de mi contienda, no creas, hijo Salucio, que pueden dar herida que de la ropa adentro passe: bien pudiera Policiano poner sus amores en otras manos que o con temor o con poca astucia al primero golpe dieran con todo a mal cabo; porque ay tan pocas que algo sepan deste mi oficio, que a quien más pensays que entiende, la falta más para discipula que tiene de sobra para buena maestra. Sola ay vna deste tracto en la ciudad que en mi arte tiene nombre, y es mi comadre Celestina la de la cuchillada, e lo que sabe poco o mucho aqui está con vosotros quien se lo enseñó. E ansi goze yo desta ánima que ha oy menos de seys años que no sabia hazer vn conjuro, y agora aureys sabido la buena fama que alcança, que si yo agora çerrase el ojo, no quedaua en el reyno otra que fuesse su ygual. Acuerde me Dios a bien hazer, que no lo dexaré de contar, pues ha venido agora en habla, que vna noche escura tuue yo necessidad de quitar a vn ahorcado los dientes, y ella no menos de quitarle los çapatos, porque tal menester se ofresce que tal material demanda, e ansi como llegamos le dio vn temblor de muerte, e se me cayó en el suelo cubierta de vn sudor más frio que la nieve, que ansi goze yo de Parmenico mi hijo como pensé que entre manos se me finara. Finalmente, tornada en sí, entretanto que con vnas tenazicas de pelar çejas le quité yo siete dientes, avn ella no tuuo espacio de quitarle los çapatos.

_Sol._--Grandes cosas me cuentas de tu poder; pero suelen dezir que la feminil astucia en el mal se manifiesta.

_Clau._--Si el mundo no fuesse tan grande, me enojaria de cómo no entiendo sino en doctrinar modorros, e cada dia ay quien diga necedades. Cómo, hijo Solino, por tan grande maleficio tienes remediar a vn cauallero en vna necessidad como esta, que si le dexamos a beneficio de natura no fenezca su mal sino con la muerte? Dime, bouillo, tan grande hierro[537] te paresce remediar vna donzella que por vn desastre dexó de serlo, e hazer de manera que quando se case su marido no lo sienta y acortar enojos durante el matrimonio? Y esto no es obra pia, neçuelo? Poquito sabes del mundo. Pues yo te hago cierto que lo mucho que valgo con este mi oficio, aunque vieja e pobre, e no de la merced de Dios, no se me sabe á mí pagar, que si el Señor quisiera de otra suerte auia yo de ser tractada.

_Sal._--Ya auias de estar emplumada.

_Clau._--Cómo, hijo?

_Sal._--Digo, señora, que persona tan sancta meresce ser canonizada.

_Sol._--Esso estaua agora por proueer. Acuerdo me, madre, del dia que te canonizaron[538] como de lo que oy he hecho, que aquel dia yua yo con el despensero de las monjas, siendo mochacho, a comprar hueuos al mercado, y te vi puesta en la picota con más majestad que vn papa, assentada en el postrero passo de vna muy larga escalera con alta e autorizada mitra en la cabeça, que representauas vna cosa muy venerable. Y acuerdo me que inquiriendo yo la causa de aquella solemnidad, que para mí era cosa nueua, vi vnas letras que a la redonda de aquel como rocadero tenias en la cabeça que dezian por alcahueta e hechizera. Mochachos te fatigauan, vnos con pepinos, otros con verengenas, otros con troncos de verças, que no te dexauan reposar.

_Clau._--Cosas son que acontescen, hijos, por mi vida. Cada dia lo verás si sales al mercado, pero no me aprouecharán tanto los amores de Policiano quanto aquella afrenta me ha dado de prouecho, porque hasta entonces, aunque algunos por secreta noticia que de mí tenian encargauan algun negocio, despues de passado aquel tranquillo ansi venian a mi casa personas necessitadas, como quien va a ganar indulgencia. Vino la cosa en tal estado, que no pudiendo sola dar recaudo a los muchos negocios que se me ofrescian, aunque conosci ser ocasion de desaperrochar mi casa para adelante, procuré de imponer en el oficio a mi comadre Celestina, con tal condicion que durante la prissa partiessemos la ganancia. Y para la muerte que a Dios deuo, que ay está biua e sana que no me dexará mentir, que en vna temporada que estuuo en esta ciudad el embaxador de Francia ella por su parte vendiendo la sangre de vna bonica moça que auia criado tres o quatro vezes, e cada vez por fresca, e yo aprouechandome del mueble de aquella rapaza que oy viste en la posada, aunque entonces no auia cumplido doze años, más ahorramos de cada veinte doblas, y el papo hecho, como a mesa de alemanes. Ansi que, hijos mios, no es malo el oficio que da de comer á su dueño, que por essos fuegos de afrentas auemos de passar para venir despues a gozar del refrigerio. En el tiempo de la moçedad se deue ganar con diligencia el estado e las riquezas, con que a las vezes tenga hombre vida descanssada. Entre los animales, la hormiga es más pequeña de cuerpo, e mayor en la prouidencia, y el hombre que no quiere ser vituperado por negligente en la muerte, a ésta deue imitar en el discurso de la vida. Athesorando los granos del mantenimiento en el verano de la juventud para el tiempo steril de la cansada vejez quando crescen las necessidades e mengua la bolsa del perezoso.

_Sol._--Madre señora, a tu posada llegamos; si nos das licencia entraremos a ver a la señora Parmenia.

_Clau._--Entrad, hijos, en buen hora, vosotros e años buenos, que no es nueuo mi casa estar acompañada de galanes. Hija Parmenia, alumbra vn candil para subir esta escalera.

_Par._--Por mi vida, madre, que tú vienes a buena hora. Mejor fuera quedarte allá esta noche, e tuuieras andado el camino para mañana.

_Sal._--Salue Dios a la hermosa.

_Par._--Bien sea venido el gentil hombre.

_Sal._--Cómo es esto, señora Parmenia, vn dia que a tu casa venimos estás tan mal acondicionada?

_Par._--Tengo razon, señor Salucio, que ha más de seys horas que está aqui vna doncella esperando e quando mi madre sale no pienssa tornar a casa.

_Clau._--E quién es, hija, la que me espera?

_Par._--Libertina, la que lleuaste al racionero.

_Clau._--Llamala e conoscer la he, que por mi vejez no caygo por quién dizes.

_Lib._--Vengas en buen hora, madre de mis entrañas, por cierto que ha gran rato que estoy esperando tu venida.

_Clau._--Hija mia, perdona me por mi amor, que son tantos mis negocios que no sé dónde tengo el sentido. Pues, hija Libertina, cómo te fue con aquel señor? Hizolo bien contigo?

_Lib._--Madre mia, despues sabras mi venida, pues agora ay embaraço en la posada. Yo me quiero yr e boluer me he en la mañana.

_Clau._--Qué miras, putico? parescete bien la moça? Dilo, no ayas verguença, que al moço vergonçoso el diablo le trae a Palacio.

_Sal._--Señora, voto al pinar de Segouia que si la dama fuesse contenta, yo no fuesse perezoso en su seruicio.

_Sol._--Mira, señora Claudina: descreo de tal si no tengo las mañas del lobo, que donde la noche me toma, alli hago manida. Si en casa ay aparejo, manda a estas damas que nos acompañen, y no consientas que tornemos a casa a tal hora. Somos hombres enemistados, e no es cordura andar de noche.

_Clau._--O traydorcito, cómo te lo dizes: mallogradillo vayas. Hija Parmenia, Solino te quiere bien e viene porque le conozcas para delante. Libertina está sola e Salucio ha puesto los ojos en ella: todo viene medido mejor que lo queremos; por mi amor que tú le quieras e tractes bien, pues sabes que es persona con que no se perdera nada; tú, Libertina hija, tracta me bien a este mochacho; mira que le quiero yo mucho y con él no biuiras engañada.

_Par._--Por Dios, madre, que tú vienes agora con donosos mercados.

_Clau._--Pues qué te pensauas, loca? que auia de venir sola a tal hora de la noche?

_Par._--Vinieras tú con tiempo, e no siempre con los murçielagos.

_Clau._--Calla, boua, que no es tan noche como pienssas: avn agora dio las diez el relox.

_Lib._--No sé, señora, por qué: que toda mi vida te conozco comigo de andar con la escuridad.

_Clau._--Calla, loquilla, que como agora biues descuydada de la mocedad, no has tomado sabor en los trabajos de la vejez. Tú llegarás a mis dias, e sabras qué cosa es mantener casa e honrra, e no dessearás tanto la noche para dormir quanto el dia para trabajar, que mal pecado, hijas, la cama que vosotras desseays de viciosas cobdicia la triste vieja de canssada, que quando a casa vengo los huessos me suenan como saco de nuezes, y avn con todo esto me pesa quando Phebo acaua su curso diurno. Anda, ve presto, apareja me aquel aro de cuba, e las candelas que sobraron de la otra noche, e saca me aquella soga de ahorcado que te mandé guardar quando estaua aqui el despensero del Conde; saca de aquel caxon del arca el coraçon de çera que tiene las más agujas, e dexalo todo a punto, e andad todos luego a dormir. Tú, hijo Solino, yrás con essa rapaza, é tú, Salucio, con la señora Libertina, e parad mientes, moças, que no me hagays milagritos, no me hagays yr allá con vn açote.

_Sol._--Ora sus, hermosas, no ocupemos a la madre; toma la mano, señora Parmenia, y vamonos a reposar, que es muy noche.

_Sal._--Hola, Solino hermano, que en la mañana todo el mundo haga pino.

_Sol._--Ora durmamos, que todo tiene su tiempo.

_Clau._--A ti, tenebroso y astuto Satan, principe de la monarchia de los spiritus condenados, eterno sustentador de las tinieblas continuas que en los caliginosos e sombrios chaos infernales abundan; Señor de las tarthareas e dañadas cateruas, morador en las horribles grutas donde los sulphureos vapores incessablemente manan: Regidor e gouernador de las lagunas e hedificios mortales, assistente de la profundidad e obscura region de la muerte: Yo, tu más familiar e compañera Claudina, te conjuro por la grauedad de la palabra que de ti tengo rescebida, e por los resplendecientes fulgores que estas antorchas candidas entre las tinieblas nocturnas produzen, e por la fortaleza con que estas ereas agujas este fingido coraçon penetran, vengas con repentino sonido a obedecer mi mandado, e venido, de tal manera te occultes debaxo de los aureos accidentes deste anillo que en mi dedo anular tengo puesto, que dél no te apartes hasta que Philomena le ponga en su dedo, dende el qual por las secretas venas que dél van al coraçon, se le dexes tan llagado de la cruda saeta de amor, que todo su remedio sea el que esta tu familiar le quisiere dar, y ansi se someta a mi ley e ordenacion que otra cosa no dessee saluo el cumplimiento de mi voluntad. Segunda e tercera vez te conjuro e confiando quedar con migo, me voy a dormir a mi cama.

NOTAS:

[537] _Sic_, por «yerro».

[538] En el original, _cañonizaron_.

ARGUMENTO DEL DECIMO ACTO

Estando Philomena bordando en su bastidor, pide a Dorotea su criada un libro para leer, donde halla metida la carta de Policiano, e dize alterada muchas palabras en demostracion de su honestidad, etc.

PHILOMENA. DOROTEA. THEOPHILON[539].

[_Phil._]--Dorotea, dónde estás?

_Dor._--Aquí estoy, señora.

_Phil._--Mejor estarias en mi compañia que metida por los rincones de casa; toma allá este bastidor, que ya rescibo pena con este contino bordar.

_Dor._--Señora, es verdad que en la vida no ay cosa tan agradable que tomada por officio no canse, ni avn obra tan dessabrida que no tenga algun sabor quando por exercicio se rescibe.

_Phil._--En esto conozco la variedad de las cosas temporales, que aquello que algun tiempo tomaua por deleyte e recreacion ya me da sobrada pesadumbre. Dame un libro y leere vn poco hasta que sea hora de reposar.

_Dor._--Señora, helo aqui.

_Phil._--Jesu, e qué carta es esta?

_Dor._--Carta, señora?

_Phil._--Sí por cierto; quién la metio aqui, Dorotea?

_Dor._--Por mi salud, señora, yo no lo sé.

_Phil._--No saberlo es impossible, quién tiene la llave de mi aposento sino tú? quién entra e sale en mi camara sino tú, Dorotea?

_Dor._--Señora, ya puede ser alguna carta vieja que por señal ayas tú metido en esse libro. Antes que sepas lo que contiene no rescibas alteracion.

_Phil._--Abre la e mira lo que dize, que yo sospechosa estoy de esta carta.

_Dor._--Señora, no tiene firma.

_Phil._--Creolo, que en todo viene llena de sospecha. Ora mira lo que dize.

_Dorotea._

CARTA

Si el dolor que tus ojos me causaron dentro de lo secreto de mi ánima de todo punto fuera mortal no me quedara tan poca vida e tan martyrizada con tan mortales desseos de los quales si la muerte me hiziesse libre, no me puede librar de querer te. O angelica Philomena, si boluiesses tus ojos de misericordia sobre este tu captiuo Policiano, bienauenturado tormento digno de tan ineffable remedio. Solamente te piden mis letras e mis suspiros que tengas memoria que dende la hora que te miré y alçaste tus ojos a mirar me, de tal manera me tienes contigo, que aunque te quiera oluidar no puedo[540] ni con la muerte, la qual estoy esperando si tu natural misericordia no determina que yo biua. Mas biuiendo o muriendo soy tuyo sin esperar que jamas sere mio.

_Phil._--Ya, ya. Dorotea, que me maten si essa carta no es de aquel loco desuariado que el otro dia viéndo me en la huerta de los cipreses se arrimó a vn laurel, e començo a mostrar señales de muy apassionado, boluiendo los ojos a mí quando mi padre se descuydaua. Pues dime, Dorotea, quién puso aqui esta carta sin que tú lo viesses? Este libro no está en tu poder? Cómo pudo ser esto?

_Dor._--Señora, moços ay en casa que ay la pueden auer metido, porque mil vezes descuydadamente me dexo este retraymiento sin llaue, y algun criado de casa la puso en este libro.

_Phil._--Vaya se el desatinado, qué atreuimiento es tan vano penssar alguno que en amor deshonnesto yo ocupe mi entendimiento? si yo agora no temiera el escandalo de la casa de mi padre, yo le hiziera al liuiano que no pagara esta locura con menos que la vida.

_Dor._--Passito, señora, que viene Theophilon mi señor.

_Theo._--Qué hazes, hija mia?

_Phil._--Señor, enojada con este bastidor començaua a leer un poco, pero çessará agora con tu venida.

_Theo._--Siempre, hija mia, trabaja de estar noblemente ocupada porque el demonio, enemigo de naturaleza, no halle entrada en tu coraçon. A todos generos de estados es defendida la ociosidad, e más al flaco linaje de las mugeres, por ser más dispuestas a cayda. Pues si todas deste vicio deuen biuir recatadas, mayormente las illustres donzellas, cuya macula de infamia todo vn reyno dexa manchado.

_Phil._--Padre mio, graue reprehension es la tuya; paresce que hablas sobre penssado.

_Theo._--Hija mia, lumbre de mis ojos, baculo de mi cansada vejez, más noble cosa es preseruar al hombre para que no cayga que ayudarle a leuantar despues de caydo. No permita Dios, hija de mi coraçon, que en tus costumbres yo aya conoscido alguna falta que de castigo sea digna, pero no te deue dar pena si yo como padre y viejo y experto en los trabajos que el tiempo cada dia descubre te dé auiso como sepas defenderte de ellos, sin lesion del ánima y de la fama que tus passados cobraron.

_Phil._--No piensses, padre mío, que con la falta de la hedad me aya faltado el conoscimiento para ver clara e abiertamente a quánto peligro se pone quien sin remos de discrecion se mete en el varco de esta vida miserable, porque o viento de liuianos penssamientos o rrocas de mala conuersacion siempre nos procuran naufragio. Pero tambien conozco que no ay temptacion tan poderosa á quien la municion del hombre racional con discrecion no destruya, mediante el fabor del Cielo; mayormente quando el hombre viene a sentir que tiene los enemigos de sus puertas adentro, e que la más cruda palea[541] tiene consigo mismo, deue aprouecharse de las armas deffensiuas que en el alcaçar de la razon tiene para esto guardadas. Estos e otros muy sanctos auisos, señor mio, he leydo en los libros que dende mi niñez por la nobleza del exercicio literal me has mandado leer, con los quales e mi natural condiçion piensso dar a tu senectud aquel descanso que con mi juuentud has desseado.

_Dor._--Doy al diablo tan largo sermon.

_Theo._--Qué dizes tú, Dorotea?

_Dor._--Digo, señor, que he holgado de tu noble reprehension.

_Theo._--Hija Philomena, anda acá, que ya tu madre querra comer, no la hagamos estar esperando.

_Phil._--Vamos, señor. Dorotea, pon en cobro esse libro: entiendesme?

_Dor._--Mucho bien. Ay te duele? Valale el diablo al viejo e a qué tiempo entró predicando. Por mi salud, el ánima le daua el negocio en que entendiamos. Bien predica la raposa a las gallinas. En mi ánima estos viejos no son sino vn terron de molestia; como veen que se les acaba la candela, acuerdan de dar a Dios las heces de su vida loca, haziendo del perro del hortelano. Pues andate hay con tus sermones, que Dios no come palabras, e si piensas hazer sancta a tu hija Philomena, más vale vna traspuesta que dos assomadas.

NOTAS:

[539] _Thephilon_, dice erradamente el libro original.

[540] En al original, _poede_.

[541] Así en el original, quizás por _pelea_, ó quizás, abreviado, por _palestra_.

ARGUMENTO DEL ONZENO ACTO

Venida la mañana, Claudina se leuanta e determina de yr a casa de Philomena, sobre lo qual se tracta con Parmenia de los peligros que se pueden ofrescer; finalmente haze su camino, e habla con Philomena dándola parte de los amores de Policiano, etc.

CLAUDINA. PARMENIA. LIBERTINA. DOROTEA. FLORINARDA. PHILOMENA. THEOPHILON.

[_Clau._]--Son los rayos del sol los que entran por esta ventana? sancto Dios e cómo he dormido a sabor, despues que tomé la palabra á aquel demonio mi familiar, pero con mucha razon, pues en este negocio no es menor la honrra que el prouecho. Hija Parmenia.

_Par._--Qué mandas, señora?

_Clau._--Qué hora es? fueron se aquellos locos?

_Par._--Agora estauan ay.

_Clau._--Y Libertina, es leuantada?

_Lib._--De mañana en buena fe, tia. Agora tengo por dormir el sueño de la salud.

_Clau._--Bien hazes, gozate, pues agora tienes tiempo, que venida a la senectud, y todo es vna hedad de trabajos. Ya aquellos pica cantones, no dexarian algo para la costa?

_Par._--Mejor landre se los lleue, que estos tales, madre, no quieren sino llamate mio e busca quien te mantenga.

_Clau._--Anda, hija, que de golpe o de recudida, yo les sacaré el escote. Yo me voy a casa de Philomena, a dar la primera puntada en vna labor trabajosa. Mochachas, rogad á Dios que yo salga con ella a luz, que no me acuerdo auer intentado cosa de que tanto aya desconfiado.

_Par._--Madre señora, ya conosceras si desseo tu prouecho como el mio, assi por la ley natural como por mandamiento de Dios; pero tú andas en tales tractos que en ellos no puedes ahorrar sino de las narizes, y aun plega a Dios no dexes alguna vez la vida, porque es ley de Dios que quien ama el peligro peligrosamente muera. Mira, madre, quién es Philomena, e no pienses ganar saya de londres e barates vn jubon de açotes. Mira que donde agora vas lleuas el cuchillo a la garganta, y avn como suelen dezir, la soga arrastrando, porque te hago saber que los viejos padres de essa dama son tan zelosos de su honrra y avn tan cautelosos en guardarla, que si vna vez te sienten, sin que lo entiendas e estando segura te pondran en cuentos la vida. Mira lo que hazes, e ordena tus passos de manera que tu vida e honrra esté segura.

_Clau._--Confusa estoy. No sé en qué me determine: diformes inconuenientes se me ofrescen de tu auiso, e no puedo boluer atras en este camino, porque tengo prometido el acometimiento, e avn dada mi palabra de la victoria. Notable deffecto es la inconstancia, e tanto que se tiene por indicio de locura.

_Lib._--Tia señora, no biuas engañada con vna mala opinion, que tanto es más mala quanto más vsada e guardada. Digo te de verdad que oyendo el otro dia al padre presentado, le oy affirmar que la perseuerancia en el vicio no meresce nombre ni galardon de constancia, e que quien del vicioso camino se buelue, no inconstante, sino firme en virtud deue ser llamado. No tengas la condicion del arroyo, que jamas supo tornar atras.

_Clau._--Quedaos a Dios, hijas mias, que yo voy determinada de morir en esta demanda, e nunca a la osadia vi que fallesciesse fortuna. Yo me voy; si a hora de comer no ouiere dado la buelta a casa, no tengays dubda que me la abran dado por el mercado. Acudireys a la carcel, que alli será el paradero. Agora que voy sola quiero mirar con auiso este discreto temor que a mi Parmenia le queda, porque a la buena speculacion jamas vi carescer de buen fructo. Qué hare? si voy allá, a peligro pongo mi vida; si dexo de cumplir lo prometido, no puedo escapar de muerta ó apaleada, e lo que es más de estimar, el mal nombre que de falsaria puedo cobrar. Pues si el credito pierdo acabada es la grangeria. Ora venga lo que viniere, que aparejado está donde cayga. A casa de Theophilon llego, aqui traygo en la faltriquera no sé quántas franjuelas e cabeçones; en achaque de trama, vamos a hablar a nuestra ama. A Dorotea veo a la ventana, buen aguero hallo para mi venida. Esfuerça, esfuerça, Claudina, que en otros peligros te has visto.

_Dor._--Valala el diablo a esta vieja espanta perros, e qué rezar trae consigo. Quál arroyo la echó por estos barrios? no me medre Dios si tú vienes en buenos passos.

_Clau._--En hora buena y en buen punto vea yo tu cara de oro: qué hazes, hijita mia? desciende acá e abraçame, que me gozo de ver te; ansi goze yo la vejez descansada.

_Dor._--No os digo yo? las palabras de beata e las vñas como gata. Vengas en buena hora, tia de mi coraçon. Quánto ha que no vienes por estos nuestros barrios? Por cierto mi señora Florinarda ha tenido memoria de ti e aun me ha preguntado si te he visto.

_Clau._--Acuerde se Dios de su merced y él le pague la que yo rescibo en que me conozcan por criada vieja de esta casa, porque este es el principal título con que yo me honrro despues de ser muger de Alberto, que Dios aya. Pues por mi salud que aunque yua a otro negocio en que no me yua a mí poco no tengo de passar sin ver a mis señoras vieja e moça. Dilas, hija, que está aqui la Claudina, que si mandan sus mercedes que suba.

_Dor._--Espera vn poquito, madre, que yo boluere corriendo. Señora, la vieja Claudina está aqui, si mandas que suba, que te quiere ver.

_Flo._--Dila que suba; con qué viene agora el diablo?

_Dor._--Sube, tia, si mandas.

_Clau._--Con el pie derecho delante, porque no tropieze a la entrada. Paz sea en esta casa. Señora Florinarda, salue Dios tu venerable presencia.

_Flo._--Vengas en ora buena, madre, qué nouedad es esta que te acordaste desta casa?

_Clau._--Afficion grande, desseo de seruir te, apetito de offrescer me por tu muy fiel criada, para que como a tal me mandes lo que a tu seruicio cumpliere.

_Dor._--Debaxo de la buena palabra está el engaño.

_Flo._--Pues, comadre mía, cómo te va? Vieja te vas haziendo; muy desffigurada estás despues que no te he visto.

_Clau._--E cómo, señora mia, burlando lo dizes? Tal ha passado por mí despues que deste barrio me passé; trabajos he padescido que el menor dellos bastara a acabar tan poca vida como la mia, pues si el principal se considera, la misma muerte no es tan penosa.

_Flo._--Qué mal es el que tanto te duele, madre?

_Clau._--No será mal de amores, mal pecado, que con las muelas le he dexado, sino biudez, señora de mi alma, que no ay dolor que se le yguale: Dios te guarde a aquel Señor, e nunca te veas sin él, amen, que por mi vejez la que buen marido pierde no sé yo por qué no le acompaña so la tierra.

_Flo._--No lo digas burlando, comadre, nunca oyste lo que dicen de los getas? que vn tiempo las mugeres biudas no dubdauan de hazer se matar sobre los cuerpos muertos de sus maridos? y avn porque entre ellos alguno tenia muchas mugeres, aquella era más estimada que con su marido se sepultaua.

_Clau._--Sancto vínculo es el del matrimonio, e como sea vnion intrinseca e espiritual, con lo más biuo del ánima se deue sentir la diuision.

_Flo._--Veemos que entre los animales que de entendimiento carescen, este amor matrimonial está esculpido, pues las tortolicas passan su vida contentas con vna sola compañia. E si aquélla muere, la que queda no beue más agua clara, ni se pone en ramo verde, ni canta ni haze señal de alegria, señalando la cuytadica quán dura cosa es perder su dulce compañia.

_Clau._--Ay, ay, quántos daños acarrea la falta del varon en casa; no los sabe sentir sino la triste que passa por ellos.

_Flo._--Trabajoso dolor deue ser, pero quando el Señor da semejante llaga, tambien prouee de remedio para ella. Trabaje la honrrada biuda de ser honesta de costumbres, e guarde la limpieza que las tales son obligadas, que para sus necessidades Dios es el verdadero marido.

_Clau._--No lo niego yo, mi alma, pero guardete Dios de pobreza con soledad, que esta es muy ruyn tramojo de roer. De alli nascen los cuydosos pensamientos, e avn a vezes no muy sanctos; alli se toma licencia para las dissolutas palabras, e avn para los desonestos tratos, e avn se deprenden los officios deshonrrados. Ay del solo, que quando en tales hoyos cayere no tiene quien le dé la mano.

_Flo._--Verdad es, madre, que mejor se passan las penas quando para lleuarlas ay compañero. E quedaron te hijos de Alberto tu marido?

_Clau._--Sí, mi reyna; e vn varon que ha siete años que salió desta ciudad e no he sabido dél ni biuo ni muerto, e otra donzella que en casa tengo.

_Dor._--Donzellita es el diablo.

_Flo._--Qué dizes?

_Dor._--Digo que es vna muy bonita moça.

_Clau._--Dizes, hija, tu virtud, aunque en ella no lo aya, pero en fin como huérfanos sin castigo de padre, faltos de doctrina e cargados de pobreza. Y a todo esto se obliga la muger aquel triste dia que cobra nombre de viuda. O señora de mi vida, quán pesada carga es de llenar el hijo crescido de cuerpo e menguado de castigo, que en cabo del año pienssa la pobre madre tener buena vejez, e ha criado vn cueruo que le saque el ojo. Pues todo esto es nada en respecto de lo que con hijas se passa, que como, mal pecado sea vn ganadillo tan malo de guardar, a buelta de cabeça, y a vn encierra ojo e abre, hallays la casa a mal recaudo, e la honrra de las moças beuida en gostaduras. No hay cosa oy en el mundo tan fragil e delicada como la honrra de la donzella, que no paresce sino que de vn cabello está colgada. Nunca por buena que sea le faltan ocasiones para ser mala, ni avn por bien que se guarde caresce de murmuradores. Si habla poco es tenida por grossera; si mucho, por liuiana; a los que no saben les paresce nescia, e a los ressabidos, maliciosa; si luego no responde, tienen la fantastiga, e si a todos da respuesta, a peligro de caer; si está assentada con reposo, nunca le falta un nombre de traydora dissimulada; si alça los ojos e mira, luego dizen que allá miran ojos, etc. O señora Florinarda, e quien solo vn juyzio tiene, cómo hará guisados que a tantos haya de contentar?

_Flo._--Poca necessidad tiene la donzella de poner su honrra en tal discrimen; mi hija retrayda ha de estar hasta que quien la merezca se precie de yr delante della.

_Clau._--Jesus, Jesus e pienssas, mi señora, que con nuestra platica no auia oluidado de preguntar por Philomena? No yre de aqui sin ver a su merced, ansi goze yo de mí.

_Flo._--En buena fe, comadre, que esta noche passada se sintio mal dispuesta e no he consentido que se leuante de la cama.

_Clau._--Pues, señora de mis entrañas, da me licencia para que la vea, que avn a mí algo se me entendera de estos dolorcillos.

_Flo._--De muy buena voluntad, por cierto, madre mia. Corre, Dorotea: entra con la madre vieja al aposento de mi hija, e perdona me por mi amor que no voy contigo, que tengo por acá en que entender.

_Clau._--Huelga con salud, señora mia, que yo bien sé ya esta casa más ha de mil dias. Dónde está mi señora?

_Dor._--Entra madre, en este retraymiento.

_Clau._--Gozo bueno vea yo de essa cara de alegria.

_Phil._--Bien seas venida, madre.

_Clau._--Jesu, coraçon mio, e gesto es esse de enferma? Tal sea mi salud e se me torne mi vejez; qué es esto, hija de mi alma? qué sientes? yo juraré que deue ser regalo.

_Phil._--No, madre, que no soy tan regalada, sino que dende anoche he sentido vn dolor en este lado izquierdo, que, ansi goze de mí, no me dexa reposar.

_Clau._--Pues, señora mia, manda salir allá a Dorotea porque quiero tentar el lugar donde te duele, y plazera al Señor que quedes con mejoria.

_Phil._--Dorotea, sal allá fuera.

_Dor._--Todo va bueno; plega a Dios que yo mienta, e que esto sea agua limpia.

_Clau._--Descúbrete, entrañas, veamos la parte del dolor.

_Phil._--Mas arriba lo siento, sobre el coraçon.

_Clau._--Ya, hija mia, lo he visto, y avn conoscido la causa de donde nasce el dolor: que por mis pecados maestra vieja soy de curar estas passiones. Quiero saber, coraçon mio, si antes que este dolor sintiesses resciuiste por auentura alguna alteracion. E mira, señora, que al médico y al confessor se deue dezir la verdad.

_Phil._--Por cierto, madre, es verdad que con essa moça yo rescebi passion, de donde pienso aver se causado mi indisposicion.

_Clau._--Verás por mi vida si conosci yo luego ser tu mal de turbacion. No será nada, hija, yo tengo la mediçina para sanar estos dolores. Aunque por mucho que la passion te aquexe no es de marauillar, hija mia, porque es ley de Dios que quien a hierro mata con hierro pierda la vida.

_Phil._--Burlas, madre, como me ves con dolor?

_Clau._--O angelica ymagen, y qué graciosa eres. Mas dime por mi vida, entrañas, a quántos en esta vida abrás tu sido causa de dolor de coraçon? Pues justicia es que padezcas alguna de las penas que a otros has tú causado; toma, señora, este anillo, que tiene virtud contra todo dolor cordial, e mira, hija mia, que no me le pierdas, que no es más mi vida de quanto comigo le tengo.

_Phil._--En gran cargo me pone tu tan buena voluntad, aqui estoy para hazer todo lo que te cumpliere.

_Clau._--Tal confiança tengo yo de tu graciosa cara, que siempre me has de hazer muy señalados fauores, e para principio dellos te suplico, mi alma, tengas atención a mi breue mensage, el qual, aunque te parezca culpable, te ruego no me hagas cargo de culpa, pues no ay en mí otra sino ser yo la mensagera, y esta ya sabes que es digna de indulgencia. Un cauallero gentilhombre, doctado de toda disciplina, no menos militar que literaria, cuyo nombre sabras a su tiempo, me mandó llamar con vno de sus siruientes, e como yo cumpliesse con la obligacion que a los semejantes deuo, fui a su casa, donde le hallé en vna cama, e tan en el extremo de vna enfermedad del coraçon que a tu causa dize que padesce, que sin dubda yo penssé que hablandome la vida se le acabara. Finalmente, con la mayor fuerça que fingir pudo me dio parte del principio de su mal, e me pidio que le pussiese remedio. Pues como sea mayor virtud consolar al atribulado que substentar al hombre próspero, acordé de tomar a mi cargo su medicina, poniendo me en este peligro, porque tengo por mejor perder obrando virtud que ganar dexandola de hazer.

_Phil._--E quién es esse cauallero que dizes?

_Clau._--Ya te sientes?

_Phil._--Qué rezas entre dientes? qué tengo yo que hazer con las enfermedades agenas? Dime ya quién es el enfermo, que me tienes suspensa, o vete con Dios, que harto tengo que ver en mi mal.

_Clau._--O perla mia, dasme licencia por mi vida?

_Phil._--Di lo ya, no seas pesada, sea quien fuere.

_Clau._--Pues tu rostro de paz me da atreuimiento, no quiero ser couarde en obra tan piadosa. Bien conosceras, mi coraçon, vn cauallero de illustrissima sangre que biue en esta ciudad que se llama Policiano.

_Phil._--Anda, anda, vieja maldicta, con la malauentura, y agradesce a Dios el sufrimiento que el zelo de mi honestidad me pone, que yo te hiziera yr al infierno a pedir las albricias de tu menssage.

_Dor._--Passo, passo, señora, no alborotes la casa, qué cosa es esta? qué has hecho, madre señora?

_Clau._--No hize nada, hija mia, sino que mi mala dicha quiere que por buen seruicio resciba mal galardon.

_Phil._--Avn lloras, vieja ruyn? mala fin ayas tú e tus maldictos passos. Echame de ay a essa vieja, si no quieres que ay la mande matar a palos.

_Flo._--Qué es esto, comadre? qué dizes del mal de Philomena?

_Clau._--No rescibas pena, señora, que vn dolorcillo es causado de tristeza del coraçon. Ay la dexo vn anillo con que vera mejoria muy presto: no consientas, señora, que se le quite del dedo; yo me voy, porque me he mucho detenido. Señora Philomena, si para tu salud yo fuere menester algun dia, bien sabe esta donzella mi posada, no dexes de embiarme a mandar, que yo vendré de voluntad.

_Flo._--Essa se te agradesce por cierto, comadre.

_Clau._--A Dios, a Dios, mis señoras.

_Phil._--Ve en buen hora, madre mia.

ARGUMENTO DEL DOZENO ACTO

Palermo [y] Piçarro van a casa de Cornelia y Orosia para traerlas a su estancia, van por el camino temiendo topar con los criados de Policiano; llegados a casa de estas mugeres, las traen consigo, etc.

PALERMO. PIÇARRO. CORNELIA. OROSIA.

[_Pal._]--Hola, Piçarro hermano, salgamos ya de casa pesar de Lucifer, y vamos a traer aquella gentezilla a la estancia.

_Piç._--A boca de sorna me paresce más seguro, porque si escandalo ouiere podamos tomar calças, ya me entiendes? que despecho del galeon[542] de Francia si me querria asir con nadie. El espada tengo hecha vn assador, vn broquel traygo sin aro, el guante paresce arañuelo; pues el casquete sirve agora de orinal. Blanca para comprar armas, rape el diablo la que yo mando, que por vn real me pueden agora ahorcar.

_Pal._--No me cuentes plagas, descreo de la vida en que biuo sino vamos a casa de aquellas putas, e veamos si por allá ay algun cayro. Sepamos si quiera qué moneda corre. Pese a tal con dayfas tan sin prouecho, e tan amigas de poner a hombre en ruydo. Yo, descreo de la torre mocha, toda mi vida fui más amigo de tomar cuenta a la yça a tercera noche, e abrir el ojo que no eche dado falso, que de buscar pendencias donde se ponga el pellejo en condic[i]on. Mira bien dónde vamos, que si estos moços de Policiano allá nos apañan nos quitaran el puto del cañon sin que aya quien se lo estorue.

_Piç._--Ora las pelosas vayan a punto, porque si por caso valiere huyda no se queden [en] poder de vellacos.

_Pal._--Nunca otra prenda me arrebaten, que por el peligroso passo en que vamos, en toda mi capa no se ate vn quartillo de trigo.

_Piç._--Pues que la mia, por el cuerpo de la tramulla, no vale quatro sueldos.

_Pal._--Ora la Magdalena nos guie. Mira, Piçarro, el passo más sin peligro.

_Piç._--Cerca llegamos, e mira, Palermo hermano, que suelen dezir que los hombres de honra precian más la muerte dichosa que la vida deshonrrada. No te engañe a ti esta opinion de locos, sino da al diablo la honrra e pongamos en cobro la vida.

_Pal._--Pospuesto que auemos de ser más ligeros en los pies que en las manos, tambien es menester que para que estas piltrafas no nos tengan en poco, hagas, hermano, del feroz, e hables de la hermania el espada en la mano, el passo en primera, los ojos en arco, la boca medio torcida e hablemos los acostumbrados desgarros, pues aqui somos tenidos por hombres de seguida. E mira que no me dexes de contar algun contezuelo. Ya me entiendes.

_Piç._--Bien dizes, marcadamente hablas; pues ya que llegamos, lo que se hablare sea cosa de tomo.

_Pal._--Hola, Piçarro, marcha delante, mira si ay dentro quien nos defienda la entrada.

_Piç._--Deffender o qué? O despecho del anima de Berzebuy, escucha, veamos quién suena dentro, e si hombre es biuo mandale confessar.

_Pal._--Quién está en su casa?

_Cor._--Quién es el que llama? Sube, señor Palermo. Tú seas bien venido con la buena compañia.

_Oros._--Jesu, señor Piçarro, y acertaste a venir por esta calle?

_Piç._--Descreo de tal, señora Orosia, si el señor Palermo que está presente no me hiciera fuerça, si yo escampara por aca por toda esta semana. Harto tiene hombre que hazer agora en buscar armas e andar a punto para castigar aquellos garçones, sin embaraçar nos en visitaciones de damas. Pero por agradar al compañero se ha de hazer toda gentileza.

_Pal._--Señora Cornelia, ya sabes quántas vezes te he rogado que tú e la compañera passeys el hato a la estancia, porque en nuestra compañia no se puede perder nada; no te has determinado hasta saber la voluntad de la señora Orosia tu prima: porque ella agora está presente, será bien, dama, que sepas que es mi voluntad que luego te determines a venir comigo a mi estancia, e ayudar me a passar mis trabajos, pues no me dexas solo en mis mayores passatiempos; e si en esto pensares no contentar me, haz cuenta que me perdiste para todos los días que biuieres.

_Oros._--Señor Palermo, aunque mi prima me perdone en tomar la mano a responder en su presencia, despues que ella se ha determinado a hazer contigo esta jornada, yo la he dicho como a amiga e parienta lo que de su yda siento. Pero como ella está penada, ni rescibe mis palabras, ni conosce la voluntad con que se las digo, porque ni los ojos enfermos pueden mirar la luz, ni los animos apassionados la razon. Pero como lo poco que yo sé del mundo me dé a conoscer que mi prima no lo acierta, no puedo dexar importunamente de dezirle lo que siento, porque a ti, señor Palermo, conozco, e avn tu voluntad entiendo mejor que a mí me sé entender; nosotras, como tú sabes, somos vnas mugeres de seguida que substentamos honrra haziendo seruicio a los buenos. De nuestros passados no heredamos otra hazienda, e si esta nos falta, la vida nos sobra. Pues metidas con vn hombre en vn rincon de la Ciudad, perdemos los amigos e no ganamos dineros. Lo que por ti, señor, digo a mi prima que haga es tenerte por amigo para reñir sus quistiones, e quando menester la ouieres que te ayude con dos doblas, acuda a tu estancia, prouea lo que cumpla, pero no soy de parescer que se desaperroche nuestra casa.

_Cor._--Prima, bien conozco tus razones endereçadas en mi prouecho, e ansi las rescibo como Dios resciba esta ánima quando deste mundo vaya. Mas por ver me vengada de aquel moço de espuelas, me yre con vn negro donde llevar me quisiere.

_Pal._--Señora Orosia, de la voluntad que yo tengo a Cornelia tu prima Dios y el señor Piçarro son buenos testigos; y en lo que toca a sus quistiones, quexando se ella a mi, e dando me parte de ellas, no seria yo Palermo, hijo del merino de Ronda, si no pusiesse por ella la vida e todo el resto, porque sin lo que a su persona se deue es ley de gentiles hombres hazer por las mugeres quando rescibieren agrauios e demasias. Yo la pienso poner donde sea conoscida e tenida por quien es.

_Oros._--En la puteria.

_Pal._--No hables entre dientes, señora, que yo lo haré no menos que lo digo: e de vn pan que hombre aya, la mitad no puede mancar; pero si a ti, señora, paresce que cumple otra cosa, hagase como ordenares, que como aya provecho passará hombre su soledad.

_Piç._--Señora Cornelia, bien abrás sentido que yo del tiempo viejo te solia ser amigo, y agora por causa del parentesco que con esta dama tienes, y el amistad que ay entre mí y el señor Palermo, estoy determinado a morir por lo que a tu honrra tocare; y en esto, señor, al tiempo hago testigo. Pero si a tu honor e prouecho impide hazer mudança, ordena como vieres que cumple á los amigos. En casa dexamos la olla hirviendo, e solo al mochacho soplando los tizones; por mi vida, damas, que allá nos vamos a comer.

_Oros._--Essas cosas, amigo, antes seran hechas que mandadas. Prima, toma tu manto, e vamos donde quisieren.

_Cor._--Vamos si quisieres, que yo estoy a punto.

_Pal._--Echate vnos manteles en la manga, que boto a tal no ya[543] en qué nos limpiemos sino es a las barbas.

_Oros._--Ora galanes, andad delante, que nosotras muy presto llegamos.

NOTAS:

[542] En el original, _gaLeon_.

[543] Así en el original, probablemente por _hía_ contracta de _había_.

ARGUMENTO DEL XIII ACTO

Policiano, muy penado del dolor que siempre le aquexa, habla consigo solo e quexasse de la dilacion que la vieja pone en su remedio. La Claudina viene e le cuenta lo que con Philomena ha passado, etc.

POLICIANO. SOLINO. SALUCIO. SILUANICO. CLAUDINA.

[_Pol._]--O ánima mia tan desierta de plazer quanto acompañada de cuydosos pensamientos, qué será de ti? En qué ha de fenescer este triste auiso que has comendado? Cada momento estoy esperando quándo mi carne, canssada de suffrir tantos dolores, ha de apartar la vnion que contigo tiene; mas ay de mí, que biuo, e biuiendo muero, e muriendo no satisfago a aquella cruel e sangrienta lamia, que con su fferidad despedaça sus hijos, con cuya muerte queda contenta, e Philomena no con la mia. O vieja Claudina, qué hazes? En qué te detienes? No te duele a ti donde a mí, si no tú apressurarias los passos. Maldigo tu perezosa solicitud, que para todos tienes obras, e a mí me çeuas con tus palabras. O mi angelica Philomena, si te acuerdas algun tiempo del dia deste tu captiuo Policiano? Dónde estás, mi alma? En qué estás agora ocupada? Por qué no alças tus ojos para embiar algun rayo de claridad sobre este caliginoso coraçon? Moços, moços.

_Sal._--Señor.

_Pol._--Entra aca, qué se suena de mi remedio? En qué estado está el processo que amor contra mi vida haze? Si ha dado ya sentencia contra mí el coraçon de aquella que puede matar me con quererlo, e dar me la vida con querer me?

_Sal._--No temas señor, ser condenado, que quien padre tiene alcalde, seguro va a juicio.

_Pol._--Qué a mí con quien me juzga?

_Sal._--Basta que seas nascido de muger para que confies no morir por feminil consentimiento, mayormente que Philomena es misericordiosa, e la Claudina solícita, e no ay piedra tan dura a quien la instante gotera no penetre.

_Pol._--O Claudina, qué hazes? No sé si tenga tanta quexa de tu tardança quanta de mi poco suffrimiento, pues no rescibo menor agrauio de tardarte tú que de penar me yo. No osaré sospechar que te descuydas por no acabar la vida con ymaginacion dubdosa, pero mal sabor tiene tu tardança o yo tengo dañado el apetito.

_Sal._--Señor no sé si lo causa que delicadamente siento tu pena, pero mayor dolor siento porque padesces que en poner mi vida porque descansses. Qué hare yo, señor, para que tu mal tenga algun refrigerio?

_Pol._--Mira, Salucio, tengo tan abatidos mis cuydosos pensamientos, que sólo mi abatimiento bastaria para causar en vn coraçon libre vergonçosa confusion; pero siento me tan vencido, que aquello que a la voluntad sana suele apocar la fe, a mi coraçon apassionado acrescienta el amor. O Claudina, grauissima prouisora de mis ansiosos cuydados, como creo que tendras más tiempo para arrepentir te por tu negligencia que para remediar me con tu solicitud, porque me siento tal, que si algun fabor Cupido piensa darme, sola mi fe que le meresce tengo biua para sentirle, pero grande quexa lleuaré del amor si se me acaba la vida sin algunas arras de mi gloria.

_Sil._--Señor, la vieja Claudina viene por esta calle del Conde muy passo a passo, e la cabeça baxa sanctiguandose algunas vezes como quien de poder del diablo se ha escapado.

_Pol._--Viene sola?

_Sil._--Sí, señor, que ninguno viene con ella.

_Pol._--Corre, espera la a la puerta, e rescibe la con mucha alegria, porque no enturbie la que yo estoy esperando con ninguna accidental tristeza. Qué haze? No llega?

_Sil._--Señor, no, que está hablando con un despensero.

_Pol._--Ay del triste que la espera, mal fuego semejante al mio los abrase, para que con mi sentimiento no pongan dilacion en mi remedio. Corre, llamala, e dila que aqui la espera vn cauallero, que no se detenga.

_Sil._--Señor, esta vieja es sospechosa, e yo soy algo conoscido, temo no aya sospecha de ver me hablar con ella.

_Pol._--Bien has dicho, pues no fuera más mi vida que derramar mi cuydoso secreto con descuydada negligencia. Dexala venir, e plega a Dios que antes fenezcan mis dias si su respuesta viene vazia de remedio. O negligentes canas, o años caducos, acaba ya, que se me consumen las fuerças con tu espaciosa venida. Assomate, mira si viene.

_Sil._--Señor, el despenssero se va y agora llega vn paje del Duque, e segun la tiene asida de la halda creo que se la lleuará antes que de la mano la dexe. Señor, señor, que se va.

_Pol._--Corre, negligente, perezoso y llamala; finge estar aqui vna dueña que la espera, dila que llegue aqui, que luego puede dar la buelta. Mira no seas sentido de aquel paje.

_Sil._--Señora Claudina, vna dueña me mandó que te llamasse porque a la puerta de mi possada ha gran rato que te espera.

_Clau._--Ya sé, hijo, por quién dizes. Dila a essa señora que luego voy, quanto dé recaudo a este paje, que no con menor necessidad me ha buscado.

_Sil._--Madre mia, no yre sin ti, por esso mira que te espero.

_Clau._--Pues, hijo mio, vete tú en ora buena, e a tu señor diras que su negocio está en buen estado e que aquella dama me dió esse torçal que ponga en el bonete, e que lo demas le dire quando desta dueña me aya apartado. Vamos, hijo Siluano, que aquel Rey de lo alto sabe la pena que me ha dado auer me detenido: tengo muchos negocios, e aurora sobre todo aquel paje del Duque me lleuaua por fuerça. Sancta Maria del cielo, con tantos trabajos como este mi officio me acarrea; Jesu, Jesu, señor Policiano, sino paresce auer passado por ti vn año de enfermedad. Jesús, e qué poco esfuerço el tuyo! Mala dicha fue la mia.

_Pol._--Madre mia, más me consumen tus tibios e descuydados oluidos que las memorias ardientes de mis continuos dolores. Toma, madre mia, este puñal, e en lugar de la vida dulce que con tu venida esperaua, dame la más cruda muerte en que tu ymaginacion pueda caber, porque pues en tu nombre e fama e solicitud faltó para mi ventura, no quiero esperar la en más que en la sepultura. Pero antes que yo muera te suplico oyan mis orejas sola vna palabra de aquella seraphica boca salida, con cuyo dulce sabor mi spiritu fatigado se esfuerçe para el riguroso tránsito que tan vezino espera.

_Clau._--Señor Policiano, aunque tu passion sea muy biua no deues descuydarte en mortificar algun rato la ymaginacion que della tienes, si no quieres que mi venida sea más para llorar tu muerte que para remediar tu vida. Yo tengo tan presentes tus penas, que por sentir las no tengo cuydado de las mias, que son, aunque menores en qualidad, no menos en quantidad, que ansi goze yo de mi vejez y a tí bea yo en braços de quien yo agora digo, como si mi venida he dilatado no ha sido otra la causa sino auerme lleuado el manto por el tercio de la casa, donde por falta de dinero se abrá de quedar por el tanto.

_Pol._--Pues cómo, madre mia, tan poca[544] confiança tienes de mi voluntad e fuerças, que essa necessidad e otra mayor no proueyera yo con hazer melo saber? Oyes, Salucio.

_Sal._--Señor.

_Pol._--Ve luego a casa del mercader e trae para mi madre quatro varas de paño fino, e llama vn sastre y cortenla presto un manto.

_Clau._--Por la liberalidad del don beso, señor, tus manos, que la quantidad e otra mayor se deue a mi voluntad y avn a la obra que no ha faltado en tu servicio, aunque penssé que me costara la poca vida que tengo. Pero ya soy de prueua, no me espantan golpes semejantes. Hijo Policiano, viniendo agora a lo que a nuestro caso haze, el cuydado que en mi pecho lleué de la pena en que te dexé, de tal manera penetró mis entrañas, que negara yo el natural de muger si no pusiera mi vida por tu remedio, e ansi por compasion como por hazer mi officio confiando ser gratificado, fuy a casa de aquella perla de Philomena, donde si con temor entré, no sali muy esforçada a causa de los peligros que allá estuuieron en las manos. Abreuiando razones, yo busqué oportuno tiempo qual conuenia, e puse en su pecho[545] mi mensage y tu congoxa, de la qual, o yo no seria la Claudina muger del que Dios aya, o ella tiene tanta parte de sentimiento como tú.

_Pol._--Sancto Dios estoy yo aqui?

_Sol._--Mira, Salucio, cómo tiembla el desdichado de nuestro amo, e quán atento está oyende las mentiras de aquella tructaconuentos!

_Clau._--No interrumpas, señor mi platica, e manda a estos moços que se aparten allá fuera, si breuemente deseas saber lo que tenemos.

_Pol._--Moços, apartaos allá, mal criados; dexad me solo gozar deste remedio, pues a solas siento el dolor.

_Sal._--Mándote yo que ella te dira más falsedades que tienes cabellos en la cabeça.

_Pol._--Señora mia, coraçon mio, reposo mio.

_Sil._--Corre, corre, Solino, que las manos está besando a la vieja.

_Pol._--Aliuio mio, si no quieres que tu mensaje e mi vida fenezcan en un momento, dame licencia para que por menudo te pregunte los passos de mi vida o muerte, porque no tiene menos fuerça para matar el subito plazer de mi gloria que la repentina pena de mi nueuo daño: qué le dixiste? con qué començaste? con qué rostro te oyó? e finalmente lo que te respondió, e yo propongo de estar a tu razonamiento no menos atento que deuoto, pues sin soberana reuerencia no es virtud oyr tu embaxada.

_Clau._--Para la entrada de su casa no fue menester ocasion sophistica, a causa de la antigua amistad que yo en semejantes casas he procurado, porque si tal necessidad se offresce, no sea yo tractada como extraña. Mi aspecto, mis canas, mi autoridad, mis doradas palabras, quitan todo género de sospecha, mayormente en tales casas donde si me conoscen, no por el tracto que traygo, sino por la grauedad de mis largas tocas e de mi faz arrugada, siempre me hazen venerable tractamiento. De manera que Florinarda su madre, libre de mi fingida necessidad de visitarla[546], me rescibio con alegre semblante porque por mi larga ausencia mi visitacion auia seydo desseada. Passado el deuido preambulo, yo tomé licencia de Florinarda para entrar al aposento de Philomena, donde la hallé indispuesta de vn dolorcillo del coraçon. Yo fingi saber medicinar su dolor, e dixe ser necessario estar á solas, donde tuue lugar para darle muy entera parte de tu continua congoxa, causada de auerla mirado con ojos afficionados. Las cosas que durante mis razones alli passaron ni entonces las acerte a entender, ni agora te las sabre dezir, porque si mil vezes sus ojos me mostraron tu salud, otras tantas en su rostro vi aparejada mi muerte y tu sepultura; vi sus aparencias de muger no libre, e dixome palabras de hembra desamorada. Oyó mis razones con indifferente semblante, e respondio me con muy crudas amenazas de muerte.

_Pol._--O desuenturados oydos que tal oyen.

_Clau._--No me marauillo que te assombres, porque si con ella en tal articulo me consideras, antes te faltarán ymaginaciones para pensar lo que ocasiones para no esperar salud en coraçon tan crudo como el de Philomena; pero si mis reglas no son fallibles, no es mala señal su tan delicado sentimiento. E de aqui resulta, señor Policiano, que no te congoxes ni desconfies por lo que con tu señora he passado, porque a la segunda monicion o ella vendra a obediencia o yo fulminaré[547] contra ella mis çensuras. E rescibe mi palabra en prendas desta victoria. Pero si entretanto tus acidentales dolores te acudieren, grande nombre ganarás si quando más te aquexaren mostrares mayor suffrimiento.

_Pol._--O dilatada muerte, o prolixo tránsito, o negligente fin, qué es de ti? Por no dar me este descanso te tardas? Pues vn plazer entre tantos enojos breuemente es anegado. Ve, Claudina, con Dios, e yo me quedaré con mi mal e sin esperança de salud, pues para mí no la ha guardado el amor.

_Clau._--Señor, suplicote con tu seso esfuerçes lo que tu dolor enflaquesciere, e no te apresures tanto a padescer, que dexes tus huessos para gozar de lo que desseas. Yo me voy con esperança de boluer con tan buenas nueuas que merezcan soberanas albricias.

_Pol._--Vete ya, madre, que ni yo espero bien, ni soy capaz dél.

NOTAS:

[544] En el original, _tampoca_.

[545] En el original _en suspecho_.

[546] En el original, _libre mi de fingida necessidad_. Así no hace sentido, ni aun lo hace bueno y claro como lo enmendamos en el texto.

[547] _Fielminare_, en el original.

ARGUMENTO DEL XIIII ACTO

Salida la Claudina de casa de Policiano va hablando consigo sola e passa por la estancia de Palermo e Piçarro, donde están riñendo con Orosia e Cornelia sobre que las quieren poner en el lugar de las mugeres públicas. La Claudina los pone en paz, etc.

CLAUDINA. CORNELIA. OROSIA. PALERMO. PIÇARRO.

[_Clau._]--O soberano Dios y a quántos trabajos se pone quien con torpe vida quiere ganar de comer, quánto deue biuir recatado quien mala vida biue. Mirad agora quántos desdenes, quántas desgracias e sinsabores he rescebido en esta vida de personas a quien con este mi officio he seruido, e a quántas afrentas publicas e secretas estoy cada dia aparejada, y en vna me vi que jamas se me cayra el nombre de encoroçada, e agora Policiano pienssa que a la primera vista le tengo de traer a su enamorada. O mundo mentiroso y en quán baxa moneda pagas a quien mejor te sirue; pero andar, que por substentar esta negra honrra e por no venir en tiempo de pedir a los amigos prestado, a más que esto me tengo de poner, e si mal hago, para mí es el daño, e si a otros dañare con mi interessal doctrina, cada vno mire por sí, que por esso da Dios libre el aluedrio para reprobar o aprobar. Yo hago mi officio, mire cada qual lo que haze. Conoscida soy, no se quexará nadie de mí que con fingida sanctidad le engañé; tambien me conoscen como yo me conozco; a quien con mi consejo venciere no deuo nada, pues mi público tracto me relieua de todo cargo. Qué bozear es este que estos locos tienen? Si no me engaño, muger es la que da gritos; oyr quiero para entender la materia.

_Cor._--Ansi, don ceuil apocado, y en tan baxa estimacion tienes tú mi persona que por ti me auia yo de poner en tal biuienda? Qué te paresce, prima? A esto nos truxo nuestra ventura?

_Oros._--Pues qué pensauas, Cornelia? Quien a los tales se llega, tal galardon espera. Pues cómo, Piçarro, tal pensamiento tenias quando de casa me sacaste? Yo en el burdel con las mugeres publicas? Que yo auia de vender para ti mi persona? Ay de mi moçedad passada en tanto regalo e de otros a quien tú no meresces descalçar.

_Cor._--Mira, Palermo, no me hables en tal cosa, que por los huessos de aquel padre que so tierra pudre, antes me echasse en vn pozo que tal por mí passasse.

_Pal._--Pues pese a tal con la çurratica piscina, soñólo el vellaco de vuestro agüelo que os auia yo de tener estrado? Descreo de las barbas de Barrabas si no aueys de hazer lo que hombre os mandare o aueys de pitar el roço e tomar luego la puerta.

_Piç._--Dezid, pellejas, pese al burdel de Pamplona, quando al estancia venistes qué penssamiento era el vuestro? Pensauades por auentura que auiades de ensartar aljofar? Aqui no queremos sino muger que ruede por donde la mandaren e gane el gouierno, e tenga la casa abasto.

_Oros._--Ay desdichada, que en mi seso estaua yo en no salir de mi casa! Yo en la mancebia? Yo? Cata que pierdo el seso, cata que me fino en pensarlo. E cómo, Piçarro, faltauan me a mí dos pares de vestidos e dos pieças de oro en mi arca? En tanta lazeria nos hallastes? Tantas necessidades nos cubristes? No lo haré, para el dia sancto que nos cubre.

_Clau._--Quién está en su casa?

_Pal._--Tenga se alla quien viene.

_Clau._--Gente de paz es, no te alteres, hijo Palermo. Jesu de la cruz, hijos mios, e qué gritos son éstos, que teneys alborotada la vezindad?

_Piç._--O, pese a la fe de Tremescen, madre, que estas damas no se criaron sino para biuir en los palacios de Galilea. Pues descreo del memorable Golias si no an de ganar el gouierno, e an de dar cuenta del resto o tomar las haldas en la cabeça, y avn primero an de escotar lo que an roçado en el estancia.

_Cor._--Parescete, ay señora Claudina? Parescete qué pago del mundo? Ay justicia del cielo, pues de la tierra no me vale! Dame mi manto, Palermo, que no comere más bocado en esta casa, si no de mal cancer sea yo comida.

_Oros._--Justicia de Dios venga sobre estos vellacos.

_Clau._--Hijos mios, mal me paresce por mi vejez lo que agora en vosotros conozco tan contrario de lo que yo pensaua, y entre mis yguales auia publicado. Las mugeres han de ser de los hombres amparadas e no mal tractadas. Deueys os, hijos, acordar que de ellas nacistes, para que ninguna por baxa de ley de vosotros sea deshonrrada.

_Pal._--O pese a las barbas de Jupiter con quien tal oye y no haze vn hecho de los que suele! Pues descreo de la ley del quaderno, si no me pensara aprouechar del mueble, si antes no las despernara que ellas supieran mi estancia. Ellas han de hazer lo que hombre les mandare trompicando, e vengan Solino e Salucio en la demanda si dessean ser moços de espuelas de Barrabas.

_Clau._--Que no, hijos, por mi vida, sino pues son mugeres de honrra, y en ella han biuido hasta agora, que vosotros ayudeys a substentarlas en ella, y aun que siempre vayan adelante, pues se llegaron a los buenos.

_Oros._--Toma, prima, tu hato, e daca mi manto e vamonos con la madre, que no aosadas para en quanto viua, nunca más perro a molino.

_Pal._--O pese al gorjal de Nembroth, yr o qué? Juramento hago a las calendas de Grecia, si por las nubes no se me salen, si el mismo[548] Satanas las saque de mi poder hasta que paguen lo comido.

_Cor._--Cómo, que esto ha de passar? Daca mi manto.

_Pal._--Descreo de tal, doña buena muger, sino os doy guantazo que dientes e malla escupays todo junto.

_Oros._--Justicia, señores, que nos roban estos rufianes en tierra del rey.

_Clau._--Por mi bida, hijos, que les deys su hato, e las dexeys yr a su posada, que si alguna costa han hecho, mugeres son para pagarla[549], e quando no lo hizieren, yo me obligo por todo.

_Piç._--Que no estamos en la paga, despecho de la vida mala, sino porque estas dueñas quieren hazer de las marquesas, despues de auer trotado los bancos de Flandes, y el potro de Cordoua y el aduana de Seuilla. Pues descreo de Placida e Vitoriano si no os hago conoscer quién son Palermo e su compañero. Tomad, damas, los mantos e agradesceldo[550] a la madre vieja, que de otra arte se gouernará este embaraço.

_Cor._--Ansi Palermo? Que tal cosa se sufre en la Ciudad? Pues dexa tú hazer a Cornelia, que para la que tengo en la cara yo te la dé a beuer si bibo.

_Clau._--No las escucheys, hijos, que van agora enojadas, e ansi me quiera Dios como ellas a vosotros. Quedaos a Dios, locos.

_Pal._--Vayan de Dios las mohosas.

_Clau._--Sancta Maria del cielo, hijas mias, quál pecado os engañó a tomar contienda con estos rufianejos? Siendo moças, e no tan feas que qualquier hombre no huelgue de vuestra compañia, tomays amistad con hombres de tal arte?

_Cor._--Ora, madre mia, quien no cae no se leuanta. A mi posada llegamos, si tú eres seruida entra e rescebiras colacion.

_Clau._--A Dios, hijas mias, que voy de passo a mi casa.

NOTAS:

[548] _Mismos_, en el original.

[549] _Padarla_, en el original, á causa de haberse trastrocado algunas letras del molde al principio del folio 39 vuelto.

[550] _Agradescedo_, en el original.

ARGUMENTO DEL XV ACTO

Philomena, presa de la yerba diabolica de Cupido, dize palabras compassibles manifestando su pena, de la qual dando parte a Dorotea su criada, manda que vaya a llamar a la Claudina, la qual siendo llamada e prometida su venida se acaba este acto.

PHILOMENA. DOROTEA. CLAUDINA. PARMENIA.

[_Phil._]--Amiga Dorotea, despues de aquel trançe riguroso que con aquella buena vieja passé ningun momento ha dejado mi mal de me poner en el vltimo término de la vida, e cada ora me siento más alcançada de fuerças para resistir vna muy grande que de mi propria guerra rescibo. La discordia que interiormente contra mí se leuanta, la hueste de enemigos que nueuamente siento en mi contrario, no soy yo parte para desecharlas de mí, porque las fuerças de mi discrecion con que antes me defendia hallo robadas, e las memorias de mis passados recatamientos me han faltado. El entendimiento con que los males aborrescia e las virtudes abraçaua[551], hallo destruydo. Tan debilitada me siento en la parte sensitiua de mi coraçon, que ya no puedo resistir al huesped que en él quisiere tomar aposento. Estas entrañas[552] se me abrassan, sin esperança de su primera salud. Ay de mi! Ay corazon mio, que te despedaçan hambrientas biuoras! Ay entrañas mias! Ay ánima mia, quién te puso en poder ageno? Ay mi libertad, qué es de ti? Ay mis fuertes muros e torres de mi castidad, quién os ha batido e puesto en la baxeza de sensual ynclinacion? quién fabricó las escalas que para emprender tan alta empresa fueron bastantes? Ay mi Dorotea! Ay mi fiel thesorera de mis secretos! qué será de mí? que me siento tal, que me es forçado oluidar mi sangre tan illustre, mi copioso patrimonio, la nobleza de mis tan altas costumbres, el temor del cruel castigo de mi padre, y el amor que hallo auer tenido a mi tan amada madre sin auer rescebido ningun momento de engaño. Ay mi coraçon, ay que se me acaba la vida sin esperança de remedio!

_Dor._--Señora mia, la ora en que Policiano te miró maldigo.

_Phil._--No consiento tal.

_Dor._--Por qué?

_Phil._--Porque no sufre mi delicado dolor tan aspera medicina. Si mi salud desseas, no reprueues la triaca de mi ponçoña, pues conosces nascer de vn principio mi mal e su medicina.

_Dor._--Pues si ansi es, mira tú mi señora el horden más conueniente para la consecucion de tu salud, sin detrimento de tu fama, e puesto en mi secreto pecho yo dare tal corte en tu pena, con que se alcançe tu libertad.

_Phil._--Libertad dizes? ni la quiero ni la espero.

_Dor._--Por qué, mi señora? la captiuidad no se remedia con su contrario?

_Phil._--Todas sí, e la mía no, porque en mi prision consiste mi libertad, en mi pena mi descanso y en mi tormento está ençerrado mi remedio. Finalmente, en mi muerte está mi vida dissimulada.

_Dor._--O varia enfermedad, que tanta variedad incluye de acidentes. Y a semejante hiebre, cómoda llaman los medicos en esta tierra?

_Phil._--Diuersos diuersamente la nombraron, pero lo que yo dire por experiencia es que mi mal es vn dolor apazible e vna triste alegria, vna passion amorosa e vna sabrosa muerte.

_Dor._--De manera que esta tu dolencia agradulçe es como granada? Si tan difficultosa es de remediar como de entender, Erato[553] ni Galeno no se obligaran a la cura.

_Phil._--Mi Dorotea, en la mano de vn solo médico está mi salud depositada.

_Dor._--Está muy bien. Y esse tal biue en la tierra?

_Phil._--En la tierra biue y yo muero en ella.

_Dor._--Pues dexa methaphoras aparte, e dime claramente en cuyo poder está el remedio deste tu mal, e mandame como señora, yo obedescere como criada.

_Phil._--Ay mi honestidad.

_Dor._--Essa deffenderas en su tiempo, e de mí que no te la puedo quitar no te recates, porque lo que desseas no resciba dilacion.

_Phil._--Lo que al presente conuiene para que yo recobre mi vida es que con el secreto necessario vayas a casa de la Claudina, e la digas que no dilate su venida, sino que en acabando de comer, al tiempo que mis padres estén reposando, venga por la puerta falsa, e que tú estarás esperando para entrar con ella de manera que en casa no sea sentida, e haz esto con brevedad, que entretanto yo proueere lo que resta para la consecucion deste mi apassionado desseo.

_Dor._--Pues yo voy.

_Phil._--E yo quedo tan triste quanto basta para morir de tristeza.

_Dor._--O juyzios secretos de Dios. Yo creo que la diuina misericordia permite que buenos e malos anden agora juntos en esta vida los hombres, e no quiere que la zizaña se arranque porque el trigo se conserue. Pero a mi parescer esta vieja hechizera tan dañosa entre las donzellas nobles como el lazo del paxarero entre las aves, ni el cielo la hauia de alumbrar ni la tierra substentar. Porque de quantos males en esta ciudad se hazen esta sola es la inuentora, e aun la que incita a que se executen e faboresce los malhechores; quantos stupros se han cometido, quantos inçestos se han intentado, quantos sacrilegios e adulterios se han executado, de todos esta vieja mala ha sido el fundamento. A su puerta llego, e por mi salud que temo de entrar en su casa, porque toda deue ser vn abismo de pecados. Dios sea comigo, tha, tha.

_Clau._--Corre, Parmenia, mira que llaman á la puerta.

_Par._--Ay, desdichada fuy yo, que estoy destocada.

_Clau._--Echate algo sobre la cabeça, e tú, señor Jusquino, mete te presto detras de essa cama.

_Par._--Quién anda ay?

_Dor._--Si anda, madre mia. Tú eres, hermosa? mandame abrir por mi vida.

_Par._--Madre, la criada de Philomena viene, quieres que abra?

_Clau._--Corre y entre, que no vale tanto mi saya como su venida.

_Par._--Nora buena venga la galana, y qué buena venida es ésta, señora Dorotea?

_Dor._--Bueno es esso, hermosa. Es nueuo ser yo afficionada a esta casa? Está en la posada la madre Claudina?

_Par._--Sí, mi rosa, sube que arriba está.

_Clau._--Jesus, Parmenia, quién sube que tanto plazer tengo sin saber de qué?

_Dor._--Quien no te quiere mal, señora madre.

_Clau._--En ora buena y en buen punto, e en mil oras buenas vea yo tu cara de angelito. Jesus, hija Dorotea, si no ha más de media hora que sin penssar tan buena causa estaua regocijada, y en bien se me ha vuelto con tu venida. Pues, hijita mia, cómo estan tus señoras vieja e moça?

_Dor._--Buenas estan, madre, e a lo que mandares.

_Clau._--Tu señora Philomena, cómo está de aquel dolorçillo del otro dia?

_Dor._--Mal dolor te dé, puta vieja.

_Clau._--Cómo dizes, hija?

_Dor._--Digo, madre, que deben ser dolores de vieja.

_Clau._--A osadas mal ora. Tal se me tornasse mi caduca vejez qual es la suya. En mi verdad, hija Dorotea, que yo truxe el otro dia tanta pena de ver aquella cara de alegria con doler, que nunca la he oluidado en mis ymaginaciones, y avn en mis oraciones.

_Dor._--Dios te lo pague, madre, que todo le ha hecho prouecho. Más aliuiada se siente, e mandó me que te dixesse que tiene de ti necessidad, e te ruega vayas allá oy en acabando de comer, y entres por la puerta de abaxo, que yo estaré alli esperando que vayas.

_Clau._--Pues por qué despues de comer, hijita? a osadas por mi vejez que deue ser mi señora Philomena escassita de coraçon; por no dar me vna comida, guay de mi casa.

_Dor._--Todo está a tu seruicio, mas ya sabes que eres sospechosa, e has menester guardar tiempo descuydado.

_Clau._--Burlando lo digo, boua, que ya conozco essa casa más ha de cinquenta nauidades. A mí me plaze, hija, de grado e de voluntad de hacer lo que su merced me manda, e mira si mandas otra cosa, porque está Parmenia destocada e quiere labarse la cabeça.

_Dor._--Pues no quiero estoruar tan buena obra; quedate, madre, con Dios.

_Clau._--E contigo vaya.

_Dor._--O hi de puta e qué casa de contractacion aquélla! Aosadas qual la madre tal la hija. Lauarse quirie la donzella! Con quién hablauan para arrojar dado falso? Los ojos meti hechos candiles, y entrando vi vna espada, e detras de la sarga a su dueño. No me marauillo, que de esto biuen y dello se mantienen, pero maldicto sea el officio que trae el cuerpo canssado y la hacienda empeñada por los bodegones, y el ánima metida en los infiernos. Mi señor Theopilon está a la puerta e temo no sea conoscida. Al aposento de mi señora la vieja paresce que se entra; antes que dé la buelta me quiero entrar en casa; vala me Dios, dónde esta mi señora Philomena?

[_Phil._]--Eres tú, mi Dorotea?

_Dor._--Yo soy, señora. Esfuerça, no te congoxes, que presto viene la Claudina.

_Phil._--Ay mi coraçon.

_Dor._--Señora de mi alma, esta vieja es más diabolica que humana, e quisiera[554] yo más que tu salud tuuiera otro remedio que el desta hechizera. Pero pues tu enfermedad tal instrumento requiere, no te descuydes con ella en el recatamiento de tu bondad, y el mayor auiso que tendras será en dissimular la pena que padesces, porque en saco tan descosido no pongas tu delicado secreto.

_Phil._--Ay coraçon mio, quándo serás contento? Dorotea, amiga mia, auisadamente hablas, ansi lo haré como tú lo has acordado, dexa me agora reposar si mi passion lo consintiere.

NOTAS:

[551] _abrrçaua_, en el original.

[552] En el original, _entraañs_.

[553] Asi está en el original; pero parece que debe decir _Erasistrato_, nombre de un médico famoso de la antigüedad.

[554] _que sera_, en el original.

ARGUMENTO DEL XVI ACTO

Despedida Dorotea de la Claudina, queda la vieja hablando con Parmenia su hija, y en esto llega Siluanico, paje de Policiano, a llamar la, ella le promete su yda con breuedad, etc.

CLAUDINA. PARMENIA. SILUANICO. POLICIANO.

[_Clau._]--Pares ceme, hija Parmenia, que con buen çeuo cierta está la caça en el palomar. Aunque tú burlas e escarnesces de mi officio, e siempre le has tenido enemistad, no te hiziera daño para el tiempo de la uejez. No pienses, Parmenia hija, que siempre has de tener la tez del rostro tan lisa para caçar modorros ni aun te ha de biuir la vieja que te los trayga a la cama, que, mal pecado, corren los dias como cauallo de posta, e quando la senectud se llega qualquier hermosura de cuerpo queda estragada e sin prouecho; no me paresciera mala prouidencia que despues de mis dias en esta arte quedaras enseñada, de donde sacaras mejor dos doblas que de vn guijarro, porque a buena fe, hija, si bien lo sé contar, más me valen los amores de Policiano de veinte doblas, e estan por caer las albricias de la victoria.

_Par._--Mira, madre, buen prouecho te hagan tus ganancias, que yo no las quiero con tus continuos sobresaltos; toda mi vida fui enemiga de este officio, e jamas me supieron bien sus sabores. Moça soy, e cuando envejezca Dios me hará merced como a todo el mundo haze.

_Clau._--Ora pues, anda a tu placer. Ce ce, Parmenia, corre, mira si es este que aqui viene el paje de Policiano.

_Par._--El mismo es, sancto Dios, e qué ay de nueuo?

_Clau._--Rauia e qué putico peynadico viene el paxarito. Biuora que te lo pique, Siluano, e qué bonito vienes. No miras, Parmenia, qué cabello cria este rapaz?

_Par._--Madre, paresce que se te van los ojos a la carne nueua.

_Clau._--Hija, nasci para crescer e cresci para enuejecer, y enuejesci para morir, e morire para renouarme, de manera que por ser ley natural aborrescer hombre su fin, de ay nos nasce a los viejos contentarnos con toda nouedad.

_Par._--Los hijos deste siglo, los amadores del mundo, éstos dessean biuir por no dar fin a su vida mala; pero tú vieja eres, madre, y el mundo te va dexando, dexa el amor del niño para quien tiene la sangre moça.

_Clau._--Vieja te parezco, hija? y avn mala pasqua me dé Dios si debaxo de la çeniza no tengo escondida la brasa. No me deshonrres, Parmenia, que no soy tan vieja como me hazes. Duelos me tienen traspassada, trabajos en criarte y en ponerte en honrra, que no los muchos años. Ay dolor de mí.

_Par._--Madre, no aya más, que sube acá este paje.

_Sil._--Beso te las manos, madre señora.

_Clau._--La gracia de Dios venga contigo, Siluano; ven aca, hijito, abraçame por mi vida. Jesu, Jesu, e cómo me gozo contigo.

_Sil._--Passo, madre, no te me llegues tanto, que eres ya muy vieja para nada de esso.

_Clau._--Ay, pollito encaramado, landrezilla que te dé, e tan vieja te parezco? pues por mi salud que vienes elado. Jesu e qué frio estás, atienta me a mí, verás si soy vieja; más abajo, hijo.

_Sil._--A la mi fe, madre, no sé de qué te precias, que más pliegues tienes que reclamo de codornizes.

_Clau._--En fin, Siluanico, que no te agradan los viejos?

_Sil._--Por cierto sí, mas no las viejas.

_Clau._--Dolorcillo que te dé, mal logradillo vayas. Quién cree que no andas tú requebradito como tu amo, ey? dimelo, no ayas verguença. Rieste, traydorcito? algo es lo que yo digo.

_Par._--Donosa es la dubda, quál es el hombre que la moçedad no passa en amor e la vejez con dolor?

_Sil._--En buena fe, madre, que no ha muchos dias que yo burlaua de ver a mi amo enamorado, e que esta es la hora que pueden burlar de mí.

_Clau._--Ay, angelito, que de verdad lo dizes? pues a quién puedes tú contar tus males que ansi les ponga remedió, bouito?

_Sil._--Si pudiesse procurar mi salud sin medico, ya sabes, madre, que se haze a menos costa y más prouecho.

_Clau._--Escassito eres? en menudencias miras? no moriras de estocada. Qué me daras por que te haga yo aver vna mochacha de tu hedad, bonita como vna clauellina, que me bendigas cada vez que con ella te veas?

_Sil._--Sola vna desseo, pero no ay precio para comprarla.

_Par._--Tan altos pones tus pensamientos, Siluano?

_Sil._--Si tan alta tuuiese la ventura, no ay hombre tan dichoso que donde yo llegasse.

_Clau._--Sancta Trinidad complida, hijo de mi alma, y redes son las mias que no pescarán á essa serena? pues yo te juro, mi coraçon, que si me la pones delante no la pierda de vista sin que la trayga presa o muerta, y al tiempo de la paga veremos en quánto la estimas.

_Sil._--Cumple, madre, tu palabra, que yo hare más de lo que pienssas.

_Par._--Di nos ya quién es la dama que tan soberuio renombre tiene.

_Sil._--Bien conosceras, madre mia, á vna donzella de Philomena.

_Clau._--Yuy, landre me dexe si no está gracioso el pajezito, que essa es cierto?

_Sil._--Pues ay otra en la ciudad que se le yguale?

_Clau._--Pues dexa hazer a la Claudina, para que veas cuánto con las tales puedo.

_Par._--Sabes que veo, madre, que a quien no te quiere para herradura porfias de seruir para clauo?

_Clau._--Harre aca, mi bestia. Tan buena soy para silla como para en cerro; vieja en el consejo, mas no en el aparejo.

_Sil._--Dexemos, señora, estas competencias, é dime qué haremos para ver esta donzella.

_Clau._--Ora, hijo Siluano, es menester que me traygas para hazer vn conjuro vna gallina prieta de color de cueruo, e vn pedaço de la pierna de un puerco blanco, e tres cabellos suyos cortados martes de mañana antes que el sol salga, e la primera vez que cabe ella te veas, despues que los cabellos la ayas quitado, pondras tu pie derecho sobre su pie yzquierdo, e con tu mano derecha la toca la parte del coraçon, e mirandola en hito sin menear las pestañas la diras muy passo estas palabras: Con dos que te miro con cinco te escanto, la sangre te beuo y el coraçon te parto. E hecho esto, pierde cuydado que luego verás marauillas.

_Sil._--Esso se queda a mi cargo, e al tuyo lo que resta. Cada qual haga lo que en sí fuere, e entendamos en mi mensage, no hagamos lo principal acessorio. Mi señor Policiano me mandó que te hiciesse saber su vida desesperada e aparejada para subita muerte, y te pide le pongas tal remedio con que o su passion se mitigue o su vida se acaue.

_Clau._--Hijo Siluanico, este nuestro enamorado al moço del escudero me paresce, o él pienssa que yo tengo a Philomena en el arremango o que ella es alguna muger del partido. Ni Philomena está tan pressa, ni yo tan pagada, para que Policiano pida lo que por derecho no meresce. Solamente le diras que yo he seydo oy llamada con vna criada de Philomena, e creo que su pleyto deue estar ya concluso, e yo tengo acuestas el manto para yr luego a su casa. Que sabido lo que se negocia, yre a visitarle oy en todo el dia.

_Sil._--Pues, madre, de camino, ya me entiendes.

_Clau._--Yaya, hijo, meçer el ojo sobra. Acude te hazia acá e mira, que lo que en la faltriquera cupiere haga mal prouecho a tu amo.

_Sil._--Lo dicho basta por agora. Yo me voy, los angeles te acompañen.

_Clau._--E contigo vayan.

_Sil._--O hi de puta, qué Sodoma abreuiada, qué Gomorra está aqui en dos renglones, qué burdel tan dissimulado. Por los sanctos de Dios que me paresce ympossible salir de semejante conuersacion el hombre libre sino captiuo, el sabio muy nescio y el casto muy vicioso. Y avn creo que a las piedras duras penetra su abominable consejo; pero andar, aliuio es de apassionados, desemboltura de vergonçosos, lengua de enamorados boçales y capa de pecadores. De su officio biue, como otros de amores mueren; con mi amo e otros tales mantiene la vieja[555] el jarro e la moça el çamarro. Gallina me pidio, mas gallinaza comera, o mala vieja llena de falsedades y engaños. Mirad agora quién son hechizeras, considerad sus liuiandades, notad sus supersticiones hereticas, e guardaos desta los que estays apassionados. Sancto Dios, si abrá mi amo acabado de roer los altares? Entrar me quiero por sant Martin, que aqui me dixo que me esperaua. Vala me Dios e qué devoto publicano, los ojos en el retablo y el coraçon en casa del diablo.

_Pol._--O mi Siluanico, qué grande tiempo has tardado. Cómo te ha ydo? Qué dize aquella medicina de mi enamorada dolencia?

_Sil._--Señor, yo creo para mí que este tu negocio anda en buenos terminos, porque si la vieja no miente o dilata la cura, Philomena la ha mandado oy llamar, y ella estaua de camino para yr a su posada, y esto me dio por respuesta, e que con lo que negociare vendra luego por la posada. Esfuerça, señor, no desmayes, qué poco animo[556] es el tuyo; torna en ti, señor, que para gran bien tuyo e descansso de tus criados será este camino. Mira me aca, señor.

_Pol._--O mi coraçon, cómo me dexaste. O ánima mia no te me ausentes hasta que oygan mis orejas esta tan cruda sentencia, e me dexes condenado para la sepultura. Vamos a casa, Siluanico, que no tengo esfuerço para biuir, ni quiero con pública muerte descubrir tan secreta ocasion.

ARGUMENTO DEL XVII ACTO

Claudina e Parmenia hablan en los amores de Siluanico, e despues la vieja sale para yr a casa de Philomena, entra por la posada de Cornelia e Orosia para las traer al número de las otras; va en casa de Philomena, etc.

CLAUDINA. PARMENIA. CORNELIA. OROSIA. DOROTEA. PHILOMENA. TEOPHILON.

[_Clau._]--Paresce te, hija Parmenia, si el pajezito se deja engañar de nadie? no embalde dizen que ni de potro sarnoso, etc.

_Par._--O amor que hazes hermoso lo feo, e lo nescio auisado, lo torpe que de agudo se despunte, e finalmente todas las faltas encubres. Con quánta afficion dezia Siluanico ser su amiga Dorotea vnica en todo el mundo. Ojos hay que de las tales se pagan, y a quien ama feo hermoso le paresce, porque amor e fealdad no caben en subjecto.

_Clau._--Calla tú, embidiosica, que otras ay más dignas de desechar y a quien muchos no pueden alcançar. Dorotea es muy mochacha, es polida, está bien tractada, e bastale ser moça para que no sea fea.

_Par._--Calla ya, madre, en mi ánima verguença es oyrte: si de los atauios haces cuenta, tan hermosa es la tienda de la Valenciana. No me medre Dios si no soy más hermosa que ella, mirad qué negros duelos.

_Clau._--Ea ea, neçuela de banear[557] agora procura tú de ser virtuosa, que sobrada tienes la hermosura. El ánima esté adornada de virtudes, e no hace al caso que al rostro le falten los colores.

_Par._--No lo digo, madre, sino porque dizes que es polida. Estoy me yo todo el año que no salgo donde pueda ser vista por no tener vna saya que me echar ençima, hauiendo tú ganado más gallofas comigo que con cabeça de lobo, e tengo yo de ser polida con vn verdugadillo que aqui tengo en que estoy metida como en arañuelo?

_Clau._--Pues quién tiene de esso la culpa? he te yo comido lo que tú has ganado, Parmenia? por qué no te vistes e te aderescas? lo que yo tengo tú no lo mandas? no deshonrres mis canas, que me yre por esas calles dando gritos como una loca.

_Par._--Buelue, buelue acá, madre, no des bozes en la calle, casa tienes donde te metas; vaste? pues anda en buena ora, que algun dia haré yo de veras lo que tu finges cada rato.

_Clau._--Ansi es menester tractar a estas rapazas, porque no se atreuan a desacatar a sus mayores. Yo la haré morder en el freno, y avn abaxar la colera si biuo.

_Cor._--Ce ce, prima, assomate y verás a la Claudina qué haldear trae por esta calle adelante; segun el passo lleva, paresce que va a dar quexa.

_Oros._--O por mi vida, metamosla acá dentro que ha dias que la desseo. Dale una voz antes que se passe.

_Cor._--Espera, que hablar la quiero. Ha, señora Claudina.

_Clau._--Salue y guarde a la hermosa, piensas que te auia visto? mejor me vea Dios con su piedad.

_Cor._--Sabe, tia, si mandas, e no lleues mucha prissa, que ha mil años que no te vemos.

_Clau._--Esso haré yo de mil amores en buena fe, hijas. Dios bendiga esta casa, la bendicion de Jacob descienda sobre ella. Jesu y qué atavio. Jesu y qué blancura. Jesus e qué asseo. Bien paresce la mocedad dónde haze su morada. Sancta Maria del cielo e quántos años ha que no entré por estas puertas.

_Oros._--Aun este dia passado que en aquel embaraço nos hallaste no fuimos dichosas que entrasses en esta casa, e no sé yo, tia, por qué lo hazes ansi, que de mí te hago cierta que me paresces tan bien que donde oygo tu nombre se consuela mi ánima.

_Clau._--Por mi vejez, mis hijas, que no rescibis engaño, antes es dar vuestra voluntad a logro. Pero yo soy vieja, e mal pecado no muy entremetida. Pensando que os daria enojo no os he tractado hasta agora, aunque siempre he procurado de saber de vosotras, e holgar me de vuestro prouecho, e aun no sé qué me dixeron vn dia destos de cierta desgracia que con unos criados de Policiano tuuistes, de cuya causa os pusistes en poder de Palermo e su compañero; y pesó me por mi vejez, porque el tracto e biuienda de vosotras no es para con los tales, que son vnos rufianes pelados. Bien está hecha la buelta, porque al fin fin, Solino y Salucio son hombres de honra e siruen a un señor que siempre los tendra en ella. Reposad, mis hijas, e no andeys como dizen de aquel en aquel, si quereys tener vida descansada.

_Cor._--Madre señora, cada pieça tiene su jarrete, e aun cada peso su contrapeso.

_Clau._--Ansi es, ansi es, mis hijas, donde quiera ay trabajo. En esta vida no busquemos descanso; de nuestro primero padre heredamos el sudor e cansançio, e de nuestra madre Eua el dolor y el angustia. E pues son tan naturales las penas que por natural herencia nos vienen, hagamos les buen rostro, pues donde fuerça viene, etc. Mala dentadura tienes, acudete hazia casa e dar te he vnos poluos de encarnar que no me oluides.

_Cor._--Yo te beso las manos, señora, e rescibo la merced e la voluntad con que se me haze.

_Oros._--Madre, pues a mí no me ves qué sin color estoy?

_Clau._--Ya lo he mirado, hija, y avn sé la causa dello, alguna faltilla de purgacion deue ser. El torouisco, hija, el marrubio, la yerba buena, la doradilla, algun sahumerio de romero, e avn los tallos dello cozidos en buen vino, todo esto es muy sancta cosa. Pero vete a casa, que yo te dare vna medicina que es mejor que todo.

_Oros._--En buena fe, tia, ansi lo haga.

_Clau._--Pues, hijas, a Dios que me he detenido.

_Cor._--El te guie e te acompañe.

_Clau._--Aun no se ha echado mal lançe en coger estas moças debaxo de mi vandera, porque mientras más déstas, más caudal en mi tienda, e mientras más moros más ganancia. Dexaldas vna vez saber la posada e tomar amor con ella, que no dare mis mangas por doze piezas de oro. Dorotea está a la puerta, yo juraré que ha rato que me espera; biuo anda el fuego, obra haze el anillo.

_Dor._--Ce, madre, por aqui.

_Clau._--Jesu, hija, no te via en mi ánima, qué hazen en casa? puedo entrar segura?

_Dor._--Todos estan reposando, pero quitate los chapines e alça un poco las faldas por que no seas sentida.

_Clau._--Ansi sea como dizes. A dónde está mi señora Philomena?

_Phil._--Passito, madre, llegate aqui, que aqui estoy.

_Clau._--O mi señora é mi descansso. O mi rostro de alegria. Cómo te va, mis entrañas? qué tal te sientes, coraçon mio?

_Phil._--Madre de mi alma, muy angustiada, muy afligida, muy alcançada de fuerzas y muy abundante de tristezas.

_Clau._--Qué sientes, mi señora? qué dolor es el tuyo? adónde sientes la pena? dime lo a mí en secreto, que yo le pondre luego remedio.

_Phil._--Madre mia, este lado yzquierdo paresce que tigres hambrientas me le despedaçan. Angustias mortales siento, que cada vna me acaba la vida; mis ojos estan cansados de velar y çiegos del continuo llorar; todas mis fuerzas tengo enflaquescidas y mis sentidos ocupados. Qué hare, que me fino, madre de mi coraçon?

_Clau._--Hija mia, primero que nada te diga te suplico rescibas en descargo de la pena que con mi menssaje rescebiste la muy grande que yo lleué de ver te tan penada, e mi ynoçente intencion de donde nascio tu sentimiento, porque es mi natural condicion de hazer seruicios antes que de causar enojos. Pues quando aquel cauallero tuvo noticia de tu acelerada respuesta causada de passion repentina, más sintio tu sentimiento que su enamorada congoxa, y avn me dize que el mayor dolor que ay en su mal es aver te alcançado parte de su acidente, é que dessea suffrir por no enojarte, e por no padescer no puede dexar de quexarse. Pido te, señora, por reuerencia del cuchillo que a ambos coraçones atormenta, que si Policiano meresce algun fabor con su fe, no sea tanta mi desdicha que por mi causa lo pierda.

_Phil._--Madre mia, asi como tus razones fueron atreuidas e sin razon, asi no fueron dignas ni capazes de perdon, y si como eres vieja e criada de mis passados fueras estraña e no tan caduca, tu embaxada e tu vida se acabaran en vn tiempo; pero tuue miramiento que si tu osadia merescio cruel castigo, el zelo de mi honestidad me deuia poner suffrimiento, porque si a noticia de mis padres viniera tu demanda, no creyeran que te moviste por la pena que en esse cauallero conosciste, sino por la liuiandad que en mí hallaste. Justo es que se piensse, e digna soy de castigo por el tiempo que en esta platica me detengo contigo, pero mi passion ha sido tan importuna, e la causa della tan secreta, que más te embié a llamar para prouar si con tu consejo tengo algun aliuio que por darle a esse que dizes que está tan desconsolado. Mi padre ha gran rato que duerme, e mi madre creo que está leuantada. Toma esta carta para esse tu cauallero, que en ella sabra las causas que para escreuir le he tenido, e la voluntad que agora tengo para su remedio.

_Dor._--Señora, presto te ve o te esconde por ay, que viene acá Theophilon mi señor.

_Phil._--Ay desdichada de mi, toma presto, madre, esta carta, y vete porque mi padre no te halle comigo en secreto.

_Theo._--Qué venida es esta, buena vieja?

_Clau._--A enssalmar a mi señora Philomena que se siente mala de la cabeça.

_Theo._--Peor siento yo de estos secretos en tiempos e lugares sospechosos. Mira, vieja honrrada, no me vengas más a mi casa si no quieres que te mande matar a palos.

_Clau._--Pidote perdon, señor mio, que yo me voy.

_Theo._--Anda, vete en buen ora. Hija mia, no creo que deues conoscer a esta vieja, pues tan sin cautela te pones a hablar con ella.

_Phil._--Señor, essa moça la vido passar por la puerta, e pusieronse en platicas e entrose nos en casa. Començome a dezir cómo haria vna lexia para los cabellos, e no pensse que oy acabara.

_Theo._--No la des audiencia si otra vez aqui viniere.

_Phil._--No haré, señor, pues no hay para qué.

_Clau._--Hija Dorotea, de prissa voy. E lo mejor se me oluidaua. Contigo tengo un poquito de negocio, que vn tu requebrado me encargó; ansi goze yo de ti, que te llegues a mi casa porque es cosa que te cumple.

_Dor._--A mí plaze, madre, vete presto, que viene mi señor.

NOTAS:

[555] _viejo_, en el original.

[556] _animos_, en el original.

[557] Querrá decir _vanear_ ó _devanear_.

ARGUMENTO DEL XVIII ACTO

Salida la Claudina de casa de Philomena, va por el camino hablando consigo hasta llegar a casa de Policiano, al qual siendo llegada, da parte de lo acaescido con Philomena e le da su carta.

CLAUDINA. POLICIANO. SILUANICO. SOLINO. SALUCIO.

[_Clau._]--O liberal trabajo, o vtil e prouechosa affrenta. O turbacion necessaria, o discreta paciencia. Si en trance tan yracundo y en salto tan peligroso se afloxaran los ñudos de mi sufrimiento e mi discreta respuesta no templara la furia de Theophilon, yo quedaua sin vida, mis hijos sin madre, Policiano sin amiga, los garçones desta ciudad sin amparo, las moças todas sin abrigo, e mi honra por plaças y ayuntamientos destruyda. Aunque Theophilon estuuo corto en las palabras, mostrosse compendioso en el enojo, e aun colerico en sus amenazas. Ladreme el perro y no me muerda. Plega al señor que la sentencia desta carta sea diffinitiva e por nosotros, que de otra manera, auiendo lugar [a] apelacion, seguir tengo el pleyto hasta auer la victoria. Bien pensará la golosita de Philomena gozar de la possession de mi anillo, pues dexeme Dios sacar de haron a Policiano, que yo saldre de quexa y ella de pecado. O carta carta que en ti está oculta la voluntad de aquella princesa, la vida o muerte de Policiano, y el salario de la vieja Claudina y el descanso de Solino e Salucio. Plega a Dios, carta, que si bazia vas de mi prouecho, mal fuego te queme y a Philomena consuma. A casa llego de Policiano, muy çerradas estan las ventanas: o es por plazer de la siesta o por luto de la pena. Llamar quiero, sea lo que fuere. Tha, tha.

_Pol._--Oyes, paje?

_Sil._--Señor.

_Pol._--O, mal fuego de muerte te acabe, mal sueño mortal durmiesses o de arrebatado dolor mueras rauiando. Corre, vellaco perezoso, mira quién llama a essa puerta.

_Sil._--Señor, la Claudina viene.

_Pol._--O torpe negligente, abre las puertas de par en par. Moços, moços.

_Sol._--Señor.

_Pol._--Qué hazeys, dormilones? ven acá, Solino, mete aqui una silla.

_Sol._--Mejor pidieras vna albarda.

_Pol._--O rostro de paz bienauenturada. O aspecto de alegre misericordia. O venerable forma de fortaleza. Abraça me, vieja tan desseada.

_Clau._--Passito, señor Policiano, que estoy vieja e flaca, no me aprietes ni maltractes, si para tu seruicio soy de algun prouecho. Cómo te va, señor mio? Bonito estás e alegre, Dios te bendiga. Amarillito vn poco, mas gentil hombre por mi vejez. Ay si tan cerca tuuieras a aquel angel de Philomena como a este espantajo de vieja, qué tal la pararas?

_Pol._--Madre mia, no enternezcas mi dolor, si bienes desierta de mi remedio? Mi señora Philomena merece ser tractada con venerable acatamiento, e quando más communicable se me diesse, con mayor reuerencia e temor la tractaria. Yo estoy con tu venida indifferente, con tu aspecto e señales regozijado. Dime ya con breuedad tu embaxada, en quien mi vida o mi fin consiste, pues no con menor desseo he desseado tu presencia que el mundo su dichosa reparacion.

_Clau._--Hijo mio, porque de culpa e pena es releuado quien sin juyzio libre a otro haze offensa, no quiero reprehender tus aceleradas priessas, tus pocas confianças, tus violentas presumpciones, y avn tus molestas importunaciones, porque el amor te haze dessear, y el desseo te causa sperança, y el esperança te haze dubdar, y la dubda te causa temor, y el temor sospecha, y ésta siendo continua te puede traer en desesperacion.

_Pol._--O madre mia, pues si el esperança que en ti he tenido me falta, en quién mandas que confie para que mi desastrado principio tenga fin venturoso?

_Clau._--En quién, hijo Policiano? en mis años, en mis cautelas, en mi sagaçidad, en mis astucias y en mi voluntad. Esfuerça, esfuerça, cauallero. Dame albricias e dar te he la sentencia de tus amores escripta de aquella mano e sellada con aquel sello de quien tiene la llaue de tu secreto cuydado.

_Pol._--Sancto Dios. Si tal cosa es verdad, pide, madre Claudina, que no ay precio en el mundo para comprar joya tan bien[558] auenturada. Cata aqui las llaues de mi casa; cata aqui el cofre de mi thesoro, toma, madre mia, la possession de lo que yo tengo, e damela tú de aquello sin lo qual mi vida e mis riquezas son escorias de la fragua.

_Clau._--No tan largo, hijo, que es indicio de quedar corto al tiempo de la obra. Bastame çamarro e saya, e de lo demas te hago gracia.

_Pol._--Saya e çamarro dizes? y todo lo que ay en mi casa está, madre, a tu seruicio, e confia en mí que lo gratificaré como cauallero aunque tú pediste como bien comedida.

_Clau._--Con tal confiança, hijo Policiano, cata aqui vna carta que tu señora Philomena escribio con sus manos eburneas. Y no quiero encarescerte lo mucho que de afrentas e peligro de muerte me ha costado, porque yo ya estoy pagada. Lo que resta es que para que yo goze del fructo de mi trabajo seas servido de leer essa carta en mi presencia para que yo sepa si esta sentencia es interlocutoria o diffinitiua, que en lo que toca al secreto, más guardado estará debaxo de mis tocas viejas que entre las cuchilladas de tu jubon de brocado.

_Pol._--O mensagera de mi remedio, o medicina de mis cuydosos dolores. O papel bienaventurado. O letras escritas por aquella seraphica mano. Plugiera a Dios que con la sangre de mi coraçon fuerades esculpidas, para que al tiempo de cerrar el processo de mi vida o muerte me fuerades fauorables.

_Clau._--Baste ya, señor Policiano, mira que con tus lagrimas de plazer rompes y estragas la carta, e despues sentiras más trabajo en leer la que plazer rescibes en besar la. Lee ya, señor, que me tienes colgada de la lengua.

_Pol._--Ora sea como tú mandares.

CARTA

La noticia de tu passion atreuida llegó a tal tiempo a las puertas de mi coraçon desamorado, que si no se junctaran en tu fabor tu dicha e mi piadosa condicion, más justo fuera ocupar mi saña en tu castigo que mis manos e pluma en tu remedio. Pero con tan lastimada molestia se me notificó tu passion, causada de tu presumpcion enamorada, que he seydo forçada a auer piedad de tus dolores, o a negar la misericordia de illustre doncella; e para que conozcas que te escribo no tanto porque con este fabor estés vfano quanto porque tu pena tenga algun refrigerio, quiero que esta noche despues de la media passada, vengas muy secreto a las ventanas que desta mi huerta salen a la ribera, e alli dare orden contigo para que o tu passion afloxe o tu vida enamorada de todo punto se acabe. No digo más porque me he mucho alargado.

_Clau._--Qué te paresce, hijo Policiano, de lo que deues a la Claudina, cuya vida en tu seruicio mil veces se ha puesto al tablero? y todo por librar te del desamor que Philomena en su pecho tenia escondido. El qual no templado con mi discreta diligencia bastaua para quitarte de la compañia de los biuos, e ponerte como a desdichado amador en la region e sombra de los muertos. No estimo en tanto la satisfacion de mi trabajo quanto la estimacion de mi persona e nombre. Porque quiero, hijo, que sepan tus yguales que yo sola nasci en esta vida para hacer tiernos los coraçones diamantinos, e que de mis manos nunca salieron sino semejantes labores. Tú, hijo mio, quedas alegre e yo voy de tu contentamiento muy contenta. Mira, señor, qué me mandas, porque es hora de acudir a mi posada.

_Pol._--Madre mia, lo mucho de que tus obras te han hecho merescedora merescen mucho más de lo que yo puedo gratificarte; pero si tus obras son de tanto merescimiento que excedan mis flacas fuerças, haziendo yo lo que puedo salgo de toda deuda. Yo estaba triste, e con tu jocunda venida me has alegrado, e me dexas con seguridad de no conoscer jamás tristeza. Estaua captiuo e quasi muerto, y en todo has proueydo como fiel administradora. Cata ay quinientas monedas de oro en señal de lo mucho que te deuo, y lo que demás desto te he mandado embiaré luego con mi paje. Perdona, madre, la poquedad de la obra, que si rescibes en pago mi deseo me quedarás siempre deudora.

_Clau._--Señor Policiano, yo voy muy gratificada con el copioso galardon presente e quedo obligada para seruirte quando en esta arte o en otra de mi tengas necessidad. E porque antes que sea tarde es bien recoger me a casa, yo me voy, e suplico te, señor, que te guardes e mires cómo vas e por dónde, e te proueas de muy fiel compañía e me informes si fueres seruido de lo que en este viaje se te ofresciere.

_Pol._--Todo se hará como dizes, madre; vete, e los angeles te acompañen.

_Clau._--E contigo queden.

_Pol._--Moços, acompañad a mi madre.

_Sol._--Señor, yo voy con ella.

NOTAS:

[558] En el original, _tambien_.

ARGUMENTO DEL XIX ACTO

Claudina sale de casa de Policiano e Solino va con ella hasta su posada, donde seyendo llegados hallan a Dorotea, criada de Philomena, a la cual la Claudina encarga los amores de Siluanico. Yda Dorotea, quedan Parmenia e Libertina, las quales se van con Solino a casa de Policiano, etc.

CLAUDINA. SOLINO. PARMENIA. DOROTEA. LIBERTINA. SALUCIO.

[_Clau._]--Solino hijo, holgado he por mi vejez que este negocio de Policiano tu señor aya auido tan dichosa conclusion, no tanto por mi interesse, porque no ha seydo tan grande, quanto por el bien de vuestro amo y el reposo de vosotros. Mira, Solino hijo, Policiano es cauallero noble, mançebo, liberal, enamorado, sabe le seruir, sabe le agradar, que no está en más la liberalidad del señor que en la diligencia del criado. Entre todas las cosas que como varon virtuoso deues tener, el secreto te recomiendo, que es virtud suprema en dignidad. Cata, hijo Solino, que la vida e la muerte puso naturaleza en las manos de la lengua, e que no ay espada que tanto corte como la lengua desenfrenada. Quiero dezir, hijo Solino, que este caso que Policiano tu señor ha intentado e yo acabado, es de su natural tan peligroso, que la vida de muchos e la honra de todos nosotros consiste en estar secreto, y éste te encomiendo como ves[559] que es necessario. En lo demás, yo he sabido cierto enojuelo que entre vosotros e vuestras amigas ha passado por alguna palabrilla azeda que ellas hablaron como moças; a ellas les ha pesado por mi vejez, e yo lo sé muy de veras. Resciba yo de vosotros tanta gracia que lo passado sea passado sin que dello se tenga más memoria, e que tú, hijo Solino, huelgues de tener a Orosia por amiga, e Salucio tenga amistad con Cornelia, e todos a la vieja Claudina por madre, pues los enojos de los que bien se aman suelen ser mayor vinculo de amistad. Esto aueys de hazer ansi por lo que a mi amor deueys como por lo que aquellas moças merescen, que ansi goze yo de mí que he sentido dellas que por bien que las ameys nunca salgays de su deuda.

_Sol._--Madre señora, despues de tener en mucho tu consejo e la voluntad de donde nasce, huelgo que hayas sabido la renzilla de nosotros e de esas mujeres, para que veas a quánto trabajo se dispone el hombre que a estas tales haze rostro amigable. Estas son vnas malas mugeres escandalosas e sin vergüença y a quien ningun hombre de honrra deue tener amistad, pero con todas sus faltas las auemos sufrido porque somos estranjeros y en esta ciudad no conoscidos. Ya que con ellas auemos desbaratado, no mandes, señora, que tornemos a su amistad, porque tan dañoso es el amigo reconciliado como el manjar dos veces guisado. Lo que por nosotros harás en pago de lo que en tu honrra desseamos, es que nos busques un par de moças de prouecho e con quien no tengamos rebueltas a cada passo, que Orosia e Cornelia no son para nosotros que no queremos quistion con nadie.

_Clau._--Pues si esso desseas, hijo, por qué no te declaras comigo? dexa hazer a la Claudina, que yo dare buelta a mis registros y os dare dos mochachas tan a vuestra condicion, que por peso y medida vengan como las quisiéremos. A mi puerta llegamos, sube, hijo Solino, veras a mi Parmenia, descansarás vn rato y boluer te has a dormir. Vala me la cruz, e cómo está abierta mi puerta a tal hora? quién está en esta casa?

_Par._--Sube ya, madre, que desesperar es esperar tus venidas cada noche.

_Clau._--Nunca Dios te dexe callar, qué tenemos de nueuo?

_Sol._--Paz sea en esta casa. Qué es esto, señora Parmenia? nunca dexas de reñir?

_Par._--Está aquí Dorotea esperando a mi madre más ha de dos horas. Jesus y qué fastio.

_Clau._--Ay mi doncellita de oro, y aca estás, mi coraçon?

_Dor._--Sí, madre, grande rato ha que te estoy esperando. Mandaste me venir de prissa y has me hecho esperar de espacio.

_Clau._--No te marauilles, hija, que tengo muchos negocios, y el que contigo agora se me offresce te quiero dezir en secreto. Desciende te, hija, aqui abaxo, porque te vayas corriendo, que es noche. Hija de mi alma, para contigo no he menester prolixo preambulo, sino que sepas que te quiero como a la luz de mis ojos. Mochacha eres, hermosa estás, sin cuydado biues. Ea loquitas, tengo de subir allá? A quantos te miran dexas perdidos de amores.

_Dor._--Aosadas, madre, mejor me ayude Dios que ay quien de mí se acuerde.

_Clau._--Calla en mal ora, que eres muy niña, e sabes poco del mundo. Pues hago te saber que un gentilhombre, no menos que tú para muger, muere por tus amores. E me ha rogado que te hable no para más que si te hablare le respondas, e si te mirare le mires, e si te siguiere le esperes. Yo le prometi de te lo rogar, e aun ansi, hija, te lo aconsejo. Tu señora Philomena quiere a Policiano; por mi amor, hija Dorotea, quieras a Siluanico, su paje, que es como hecho de oro, pues sabes que tal para qual, que ansi casan en Dueñas.

_Dor._--Madre, por mi vida que de esse paje he sido algunas vezes requestada y aun importunamente seguida.

_Clau._--A, locos, aueys me de echar la camara encima?

_Dor._--Pero como la hedad no me aya dado a conoscer qué cosa es amar de coraçon, hablar me en amores es para mí muy escura algarabia. Bien me ha parescido Siluano, pero no me da pena la demasia del amor.

_Clau._--Pues, hijita mia, preciate de mujer atauiate, enrrubiate, ponte un poquito de color en esse rostro y adelgaza un poco essa çeja. Arreate[560] de ser seruida de galanes e requestada de gentiles hombres, e si mal te fuere con mi consejo, no me tengas por buena maestra. Esse pajezito te quiere agora, aprouechate dél en lo que pudieres, y entretanto dexame el cargo, que yo te daré tu ygual o mal me andarán las manos. Mira, hija, que si Siluanico te hablare le tractes bien y le digas que yo te le encomendé, y le muestres fauor, pues a mí me puso en este ruego.

_Dor._--Yo te lo prometo, madre, e porque es noche da me licencia, que me esperará mi señora e no sabe que estoy fuera de casa. Un poco de lexia me mandaste; mira, madre, que no te lo perdono.

_Clau._--Esso tengo yo muy bueno, quando quisieres puedes venir por ello.

_Dor._--Yo lo seruire todo, los angeles queden en esta casa.

_Clau._--E contigo vayan. Sancta Maria del cielo, e qué diablo trauessito eres, hijo Solino. Jesu, Jesu, e qué tropel aueys traydo, diablos loquitos.

_Sol._--No sabes, madre, qué auemos concertado? que Parmenia e Libertina se vayan esta noche comigo a la posada.

_Clau._--A osadas, yo lo creo que essos conciertos e otros tales hareys vosotros. Landre que te dé, Parmenica, e has me de dexar aqui sola?

_Par._--Por cierto, madre, que es grande marauilla a cabo de cient años salir vna noche de casa.

_Lib._--Anda, madre, dexanos yr, que ansi goze de mí, antes que amanezca estemos a la puerta.

_Clau._--Dime agora, loquito, si tu amo sale fuera esta noche, no has de yr con él a tenerle compañia?

_Sol._--Ansi biua el puto de mi padre, por vida del resto que le hagamos entender que para estos negocios es dañosa la mucha gente, y que se ha de yr solo si algo quisiere hazer. Ay está Siluanico, que yrá con él, e avn sobra.

_Clau._--Ora pues alto, moças, adereçaos e tomad la puerta ante que más noche sea, e en la mañana no venga nadie las manos en el seno.

_Lib._--Suso, Parmenia, que yo a punto estoy.

_Par._--Anda delante, Solino.

_Sol._--Madre, quedate a buenas noches.

_Clau._--Dios os guie, puticos.

_Sol._--Boto a tal, señoras, que he seydo venturoso en atornar a mi casa tan bien acompañado. Qué digo, damas? mientras Policiano anduuiere guardando los cantones descreo de la vida mala si no auemos en casa de guardar bien los colchones.

_Par._--Bao, contigo me entierren, esto ha que entra en sabor e haze buen prouecho, y no andar de noche en garçonerias como gatos en Hebrero.

_Lib._--En cargo de mi alma caros amores son los amores que passan estos escuderotes, e al fin e al cabo por vna haldraposa que tiene más celestres en la cara que el arco del cielo, que ansi goze de mí de asco no hay quien al rostro las ose mirar.

_Sol._--A la posada llegamos. Esperad vn poco, yre delante a llamar a la puerta. Tha, tha.

_Sal._--Quién llama ay?

_Sol._--Abre, hermano Salucio, qué haze nuestro amo?

_Sal._--Gran rato ha que reposa.

_Sol._--Podemos entrar seguros, que traygo comigo vnas moças?

_Sal._--Entren passito, pese al mundo malo, que no hay agora embaraço en casa.

_Sol._--Ce, ola, damas.

_Par._--Salue Dios al gentil hombre.

_Sal._--Vengan en buen ora las frescas. Entrad muy quedo porque estas moças de casa no os sientan.

_Lib._--Adonde mandays, que no seamos sentidas?

_Sal._--Hola, hermano Solino, arriba en la camarilla de las escobas entretanto que nuestro amo recuerda.

_Sol._--Bien dize este nescio, vamos, que leuantado Policiano descreo de tal si no auemos de entrar en su lugar, porque no aya nada bazio en las cosas naturales.

_Par._--Jesus, Salucio, qué es esto, adónde entramos?

_Sol._--No pidas agora essa cuenta, que en la mañana lo sabras.

_Lib._--Calla, hermana, assienta te donde hallares, que no se dize embalde qual el tiempo tal el tiento.

NOTAS:

[559] _e vees_, en el original.

[560] ¿Alégrate?

ARGUMENTO DEL XX ACTO[561]

Venida la media noche, Policiano llama a sus criados, e pide de vestir, e por consejo de Solino va solo al concierto que tiene hecho con Philomena; lleua consigo a Siluanico; Solino e Salucio[562] se quedan en casa con Libertina e Parmenia, etc.

POLICIANO. SOLINO. SALUCIO. LIBERTINA. PARMENIA. SILUANICO. PHILOMENA. DOROTEA.

[_Pol._]--No sé si mi importuno desseo tiene mi ymaginacion temerosa, pero o yo estoy desatinado o más de la media noche es passada. Quiero llamar a mis criados, e sabré si es tiempo para adereçar este bienauenturado camino; pero si es avn temprano para acostar, no es mucho que me incusen de am[a]dor molesto. Ansi lo acostumbro hazer con la pena que me acuçia, que siempre hago mis cosas quándo tarde quándo muy de prissa. Llamaré? Sancto Dios, no sé qué haga. Moços, paje.

_Sil._--Señor.

_Pol._--Qué hora es?

_Sil._--Señor, las doze ha dado el relox.

_Pol._--O qué ora tan a mi voluntad. Llama presto a essos moços, diles que me den de vestir. Aderescen armas y lo necessario para este mi concertado viaje.

_Sil._--Oyes, Solino?

_Sol._--Qué, te toma ya el diablo tan temprano?

_Sil._--Alto de ay, que llama Policiano mi señor.

_Sol._--Aun enoramala madrugaremos a morir mala muerte martes de mañana. Hola, Salucio.

_Sal._--Qué nueuas ay?

_Sol._--Nuestro amo pide de vestir y manda que nos armemos. Segun Dios le hizo de asno, penssará que auemos de yr con él.

_Sal._--Donoso recaudo tiene, en tus manos lo encomiendo, Solino, que por la Trinidad de Gaeta allá no vaya.

_Sol._--Ora dexame tú con él, que yo le embiare solo y avn penssará que va más a rrecaudo.

_Pol._--Moços, teneys adereçado?

_Sol._--Todo está a punto, señor; quién mandas que te acompañe? porque a mi parescer antes deues yr solo que muy acompañado. Mira, señor, que en tales casos como este suele dañar la demasiada compañia, porque ay vezinos que miran por las ventanas e viendo gente de noche a la puerta de vna dama, no dexarán de sospechar algo con que se derrame nuestro secreto.

_Pol._--Creo que no es malo tu auiso. Di a esse paje que tome un montante, y dame a mí mi espada e rodela, e quedaos vosotros en casa para aguardar me a la madrugada.

_Sol._--De muy buena voluntad. Allá yrás con el diablo a hazer conjuros por las encruzijadas. Si amores tienes, buen prouecho te hagan, y malo, porque sepas de todo. Qué te paresce, Salucio? Qué buena maña me he dado para que no le estorue el requiebro la sobra de la compañia.

_Sal._--Descreo de la playa de Valencia si no lo has hecho de capitan; qué digo, moças? Començad a dexar las faldetas, que la cama no estará mal mollida.

_Sol._--Digo, hermano Salucio, en la cama de nuestro amo no me hablas? que descreo del diablo si no la he ganado por mi lança.

_Sal._--Nunca por esso reñiremos, hermano, que en casa llena presto se guisa la cena; todo lo haze sacar quatro colchones, y esta noche que nos cabe hazer cama de canónigos, pese a tal. Prissa, damas, que se passa el tiempo, e lo que se pierde tarde se cobra.

_Par._--Digo, señor Solino, o hi de puta, traydor de Policiano, cómo tiene garrida cama; ansi goze de mí, cada noche quiero ser tu conuidada.

_Sal._--Ora, damas, mientras que nuestro amo vela trabajemos en dormir, porque creo estamos muy cerca del dia.

_Pol._--Siluanico hijo, muy cerca llegamos de la huerta de mi señora, y el silencio grande me haze tener sospecha de ser nuestra venida muy temprana. Llegate a las ventanas, y estaras atento si oyes alguna señal de mi remedio.

_Dor._--Señora, bullicio oygo de esta parte de la huerta. Mira si mandas que me assome para ver qué es lo que passa.

_Phil._--Muy passo por entre las puertas, mira si es mi señor Policiano, e no hables si no te certificas de su venida.

_Sil._--Ce ce, señora, es mi señora Dorotea?

_Dor._--Soy tu muy cierta seruidora. Soy la que por ser tuya no tengo memoria de ser mia.

_Sil._--O mi luzero del alba, no penssé que tan presto amanesciera, siendo el punto de la media noche. Mi señor Policiano está aquí. Manda, señora mia; dezir a Philomena que vea lo que quiere que se haga, y entretanto que ellos estuuieren en su plática, daremos conclusion á la nuestra.

_Dor._--Sea como tú mandares, pues yo voy.

_Sil._--E yo contigo.

_Dor._--Señora, aquel cauallero está esperando, e con vn su paje mandó que supiesses su venida.

_Phil._--Llégate aquí comigo, no me dexes hasta que dél sea despedida.

_Pol._--Es angel dissimulado el que ante mis ojos veo? O es sueño el que padezco para quedar más burlado? Estoy despierto? O no soy yo Policiano? Pues si soy yo, impossible es caber en tan immerito subjecto tantos quilates de gloria.

_Phil._--Passito, señor, no hables tan alto, porque duermen aqui los ortolanos desta huerta, e sería grande mal si a tal hora fuesse hallada en tan sospechoso lugar.

_Pol._--O mi señora e mi bien todo, qué llengua puede callar lo que mi ánima siente de gloria delante de tu bienauenturada presencia? Por cierto yo creo que Paris con la hermosa Elena, ni el desconoscido Jasson con Medea, ni el cruel Turquino con la castissima Lucrescia, ni Eneas con Elisa Dido, no gozaron del bien que yo en tu acatamiento posseo. Agora que mis ojos vieron lo que jamás penssaron merescer, a cualquier tiempo que mi fin viniere no rescibo agrauio con su venida.

_Phil._--Señor Policiano, si creyesses la pena que tus males me han causado quánto ha seydo excessiua a mis fuerças feminiles, esta sola deue ser recompensa de tus trabajos, sin que otra jamás me pidiesses. Y si mayor la quieres porque otra mayor meresce tu firmeza, pide a tu voluntad de mi patrimonio e riquezas sin que pongas lesion en mi honrra tan delicada. Ninguna cosa de la vida me hiziera consentir en tu mal, sino mi bondad sola, a quien más que a tu vida soy obligada. E ansi la natural compassion mia de que te pienssas aprouechar, porque es enemiga de mi fama te auiso que te ha sido muy contraria. Por tu carta e mensagera me certificas de la afficion grande que me tienes; pues si esto es verdad, antes deues dessear tu pena con mi honrra que tu remedio con mi culpa. No me juzgues[563] ser inconstante porque començé a faborescer te y agora te niego el fabor, pues te auisé por mi carta del respecto que tube a tu salud, sin acordar me de cosa que fea paresciesse.

_Pol._--Señora de mi vida, si como fui dichoso en mirarte lo fuera en no auer te mirado, aunque perdiera el mayor bien de esta vida, que es auer te visto, fuera bienauenturado en no ver a quien con dura sentencia me condena a muerte, sin merescerla más que con mi atreuimiento en amar. Acostumbrado estaua ya a biuir triste, tanto que con las tristezas tomaua recreacion, por ser tú la causa dellas; pero agora que de mí las auia desterrado con el descanso que de esta merçed esperaua, agora que en mis debilitadas fuerças auia conualescido con la ymaginacion de esta diurna noche, ni mi mal rescibe consuelo, ni mi pena admite el reposo, ni mi coraçon apassionado consiente ningun sossiego.

_Phil._--Mira, señor, que me matas con tus quexas apassionadas, e no soy parte para amanssarlas, sin que mi infamia comiençe quando tu quexa se acabe. No pongas, señor, con este acidente en peligro tu vida, y en disputa mi honrra, porque si a noticia de mis padres viniesse, no que te hablo, sino que de ti ni de otro tengo memoria, solamente mi fin te quedaria por aliuio de tus trabajos.

_Dor._--Nunca yo medre si más aquí espero; poco a poco se va todo a perder.

_Pol._--No consiento que se piense que el temor entibie lo que amor encendio con su fuego. Manda tú, señora, que yo resista e allane qualquier fuerça, que yo acabaré la vida con quedar en el mundo mi nombre por espejo de fortaleza. Mira, reyna mia, que el valor de tu persona haze osado mi atreuimiento, porque ningun seruicio puedes rescebir que en quilates suba a la alteza de lo que meresces.

_Dor._--Ce, señor Siluano.

_Sil._--O mi señora Dorotea, no sé si meresce perdon el agrauio que esta noche he rescebido, pues creo que de voluntad me has dexado esperar hasta agora. Pero dexadas aparte mis quexas, qué sientes de mi dolor causado de mi afficion?

_Dor._--Señor mio, lo mismo que de mí siento deuo sentir de tu pena, pues con una misma saeta están heridos dos coraçones. Como me amas te amo, como me quieres te quiero. Despues que aquella buena madre Claudina me nombró tu apazible nombre, huyó de mí mi libertad, e no soy parte para querer más de aquello que de mi quisieres ordenar.

_Sil._--O mi señora, que nunca me burló mi confiança. E pues estas redes duras impiden agora nuestro gozo, nuestro final requiebro se dilate hasta que Policiano mi señor acabe con Philomena estos sus prolixos amores. E porque me parece que se despiden, yo me aparto a esperar a Policiano e los angeles queden en tu guarda.

_Dor._--Y a ti acompañen como yo desseo.

_Phil._--Cauallero, ya no es razon se dissimule y passe en secreto lo que mis apassionados desseos tan a la clara publican, porque si las tinieblas de la noche no impidieran tu vista, en mis señales públicas conoscieras mis congoxas secretas. Algunos dias han passado despues que tus cartas e amorosos mensages rescebi, en que mis captiuas fuerças han rescebido muy rezios golpes, e yo varonilmente contra ellos he peleado. Pero al fin, si como tengo el coraçon de carne le tuuiera de un rezio diamante, no dexara de caer de mi voluntad en la tuya: tal ha seydo el combate que en mi coraçon he sentido. Finalmente estoy rendida a tu querer, porque eres quien en mis ojos más meresce de los nascidos. Ordena, señor mio como nuestros apassionados desseos ayan aquel effecto que dessean, porque hasta esto ningun momento passará que para mí no sean mil años de infernal tormento. Las fuertes rexas de estas ventanas impiden el remate de nuestros sabrosos amores. La mañana paresce que comiença a embiar sus candidos resplandores por despidientes mensageros de nuestro gozo. Toma, señor mio, la possession de mi voluntad, e della e de mí ordena de manera que mi passion se afloxe y la tuya se acabe, e si te paresciere, para la noche venidera se quede el concierto por las cercas de esta nuestra huerta, por la parte donde el rio bate en ellas, que es lugar más sin sospecha e donde yo estaré esperando tu venida, no menos que mi desseada libertad.

_Pol._--Pues, señora mia, angel mio, descanso mio, la claridad del dia causa el eclipsi de mi coraçon, con la forçosa partida de tu presencia: yo acepto la merced a la hora e por el lugar por ti determinado. Yo me voy, e la gracia de Dios te acompañe.

_Phil._--E contigo vaya, e te me dexe ver con la breuedad que yo desseo. Muy passito, Dorotea, al passar del retraymiento, porque no seamos sentidas de mi señor Theophilon, pues Dios me ha librado de las manos destos cauadores; qué te paresce que hagamos?

_Dor._--Que aunque no sea para más de dissimular, nos tornemos a la cama hasta que sea la ora en que acostumbras leuantarte.

_Phil._--Bien has dicho, pero cómo reposará quien su reposo tiene en poder ageno? Cómo dormira quien tiene el coraçon captiuo? Ydo mi señor Policiano, mi ánima lleuó consigo. O mi angel, o mi señor, por qué te consenti apartar de mí? Por qué te dexé de la mano al tiempo que te posseya? O rexas, rexas, mal fuego os consuma, que solas vosotras defendistes mi refrigerio e toda mi gloria. Pero si en otra tal me veo, no lloraré mi daño que causare mi negligencia.

NOTAS:

[561] En el original se numera equivocadamente _XXII acto_.

[562] _Saulcio_, en el original.

[563] En el original, _suzgues_.

ARGUMENTO DEL XXI ACTO

Polidoro e Machorro, hortolanos de Theophilon, estan cauando en la huerta; llega Theophilon y encargales la labor, e donde a poco vienen Philomena e Dorotea a la huerta, dende Philomena dize a Dorotea el concierto que tiene con Policiano, etc.

POLIDORO. MACHORRO. THEOPHILON. PHILOMENA. DOROTEA.

[_Polid._]--Hola hola, Machorro, alto, adereça las açadas e almocafre, porque antes que nuestro amo venga el açequia esté limpia, los naranjos descubiertos, e cogeremos el azahar de los çidros, e aun escauaremos vn buen rancho de limones.

_Mach._--Yo tomo de coto aporcar el cardo, regar la verengena, escardar la yerua buena e torongil, trasponer vn tablar de col murçiana. Esto hata que sea hora de la beuedilla, que soncas en ayunas mal se puede her hazienda de mas al jobo.

_Polid._--Dom'a Dios sino me leuanto esta mañana mas laçio que col trasnochada, no se me yergue ell aliento para her hazienda. Para calonigo estó aora bueno.

_Mach._--Prissa prissa, que no engorrará el zagal con ell aparato, y entretanto ell açada ande derecha, que acabada mi tarea te ayudaré a rregar el lechuguino, que ay en ello bien que afanar.

_Polid._--Antañazo trabajé con Teodosio su hermano de nuestro amo, mas algo que de mejor jornal sacaba hombre que no agora.

_Mach._--Ansi me dizen; que da buena soldada a los que andan en su hazienda, e aun par Dios ques m'antojado de coger me con él vna temporada, son por no enojar a Theophilon que es hombre de bien.

_Polid._--No era Dios alboreado quando mos embiaua la bota hata las empulgueras, la cedra llena de hogaça, que auie bien que desbastar; ortaliza no marraua, a la noche olla e quarenta de jornal pagados en somo la tabla.

[_Mach._][564].--Prissa, diziendo e haziendo, como la borracha al jarro, pues aun nuestro amo no paga mal por buena fe: a rreal e olla a medio dia, e pan abasto e ortaliza quanto hombre puede desgarrar, e ver a nuestra ama la moça sobre comida, que vale más que todo.

_Polid._--Esso ha, boto yo al ciego. O hi de puta, e cómo se despeluzan los pelos[565] desque ensoras la veo.

_Mach._--Cata cata, que tambien presumes tú de garçonia como ell otro çanquiuano que la festejea?

_Polid._--Par Dios, amorio la tengo que ensoras me medio fino desque la estoy desmaginando.

_Mach._--Bueno va, e avn para ti como dizen se peyna la otra. Par Dios, vn zagalon anda por alderredor de casa todo este verano que cuydo que deue ser su requebrado, segun que las bueltas da por estas entreçercas.

_Polid._--Ora nuestro amo viene, no hablemos mas en este causo.

_Theoph._--Cómo anda la labor, Machorro? Cómo estan los çidrales despues de aquel nublo de antenoche?

_Mach._--Por Dios, nuestro amo, que se han agastado mucho, y el malhojo que les cae me da mala espina dellos. Estan plantados en tierra arenisca, avn donde no ay acogidas de las luuias, mal caletre tienen, dame en qué pararan.

_Polid._--Vale que estan como en ladera, e los vnos defienden a dellelisco a los otros, que de otra manera no vuiera quedado brusco.

_Theoph._--La ortaliza se cure, que esté bien escardada de yerua y espina e cardo, y esto se haga a tiempo que la tierra tenga humedad e esté bien temporizada.

_Mach._--Bien deue de entender nuestro amo de hancio de agrecoltura, pues a mosotros el cargo, que la huerta estará qual cumple.

_Theoph._--Paresce me que estos laureles estan estragados de sauandijas; soltad los perros algun rato para que un rato con otro las espanten.

_Polid._--Do yo al diabro el barzino si en toda esta noche paró su ladrido, e asmo que se deuen recelar de zorras que en esta huerta se entran por los albollones y estragan lo que hombre afana, mas yos boto a Lucifer que yos les arme alguna noche qualque trampa que tengamos caça maguer que se engorra.

_Theoph._--Pues, Machorro, donde tú andas yo estoy cierto que abrá buen recaudo.

_Mach._--A buena huzia, nuestro amo, ell almuerzo venga, que en lo al pierde cudado. Qué digo, Polidoro hermano, comol suenan acos chamelotes a nuestramo, allentos me toman de emplear el jornal de dos semanas en otra gauardina como aquélla.

_Polid._--Mira, Machorro; par Dios que estoy por dezir que es mejor hato el gauan que aquellos pellejos de gato, al menos si haze ventisco mejor abriga las coradas. Si el sol resprendea en demasia, debaxo del gauan se escapa hombre. Pues si se desmanda el pedrisco, mi capote hara lo que no haze su chamelote.

_Mach._--Mia fe. Polidoro hermano, no les tengo embidia [á] sus mangotes. Quantis que aquestos que enfingen de escoderia no tienen son mucha veleza e poca salud. Yo ha que biuo del afan de estas manos y a la ley de Dios. Estoy contento con mi trabajo, e no hago mal a mi vezino.

_Polid._--O Machorro hermano, no hay tal como ganar hombre el gouierno con el sudor de la cara, la olla podrida, y el gauan no muy roto, y el testamento en la vña. Todo lo al es echar ell alma a los perros.

_Mach._--Aquestos escoderotes, mal pecado, comen de lo que hombre suda, e visten de lo que hombre afana. Estan llenos de dineros, y avn no menguados de cordojos.

_Polid._--Dalo a huego, Machorro, biuamos como Dios manda, que esto mi fe es lo que vale. Coman se ellos sus perdigones e dexen me a mi con mi hogaça e macho, que me sabe como Dios hizo la nieue.

_Mach._--Prissa, que te oluidas el golpe dell açada, y allego yo al cabo del tablar viejo, e a ti no te luze la labor que a cargo tomaste.

_Polid._--Basta que me crezca la gana de beuer, aunque se me acabe la que tengo de cauar. Dios me liembre a bien hazer. Di, Machorro, liembrase te de Collaço, el capataz de Caldorio el viejo?

_Mach._--Y avn de Lamberta su zagala, que más de quatro noches me ha dado malas.

_Polid._--Pues abonda que el sacristan la festejea, y a ella que nol pesa mucho por auer nascido.

_Mach._--Dola ya al diabro, que a la contina fue ganosa de manteles. Tambien antañazo anduuo aqui medio de puntillas con Frontino el cogedor de la humazga: no hará ya aquella moça cosa que buena sea. Prissa, prissa, que sube el sol por el ventanaje, e no está llena ell alberca de los adoquines.

_Polid._--O hi de puta, qué açada esta para reboluer vassura entre estos mançanos nueuos! Tal sea mi uejez qual ella es, si la bota cumpliesse las marras.

_Mach._--Ox, ox, ojo a la puerta, verás a nuestrama la moça qué resplendiente viene de mañana. O hi de puta, y chen la sobase aca pechadura, e le assentase media docena de nalgadas en acas llunadas muertas.

_Polid._--Calla, que viene cerca. Do te al demoño enalbardado.

_Phil._--Dorotea amiga, despues de la passada noche y de aquel açucarado rato con aquel cauallero passado, no he auido oportunidad para te dezir lo que con él tengo concertado.

_Mach._--Alleguese acá, señora nuestrama, tome de la verdura.

_Polid._--En secreticos andas? Cabal anda la cuenta; en tres pies deue de estar la domenica.

_Dor._--Señora, habla passo, que estos villanos son maliciosos.

_Phil._--Amiga mia, mi sola secretaria, aquel cauallero se fue, e consigo llenó mi coraçon e mi alma, y si alguna parte dexó en mi, más fue para amar que para animar. Su fidelidad de amor es tanta e tan fiel, que no bondad sino ingratitud fuera dexarla de conoscer, e con el conoscimiento no gratificarla. Pues como mis fuerças han seydo antes de agora combatidas, e con tan rezios golpes de amor mis entrañas quedassen aportilladas, fue el impetu amoroso que de su vista rescebi tan bastante, que destruyó mi verguença, robó mi honestidad, e finalmente tomó la verbal possession de mi captiuo consentimiento. Dile mi sí de le aguardar la noche que viene en esta huerta de mi padre, y aunque el temor despues acá me ha hecho algun tanto de resistencia, es el amor tan poderoso, y está tan encastillado en mis tan pocas e flacas fuerças, que ningun inconueniente basta para estoruar mi enamorado concepto. Dime, amiga mia, lo que te paresce, con condicion que en caso de impedir mi determinacion no gasto tiempo porque será mal gastado.

_Mach._--Ha, señora nuestra ama, de guis que no chere de la fructa? De a rauia su mecé tanta filosomia con la moça y tome dell albahaca.

_Phil._--Luego, Machorro.

_Polid._--Ea, pues, ata me si ha gana, que está hombre parado por atendella.

_Mach._--Prissa, prissa, que ella se llegará si le pluguiere.

_Dor._--Señora mia, en el coraçon determinado dizen los que algo entienden que mal se rescibe el consejo; pero ya que este mal ha de venir en effecto, bien será que miremos cómo se haga menos mal, e que de dos daños el menos rescibamos por bien. Estos villanos duermen en esta huerta, e tienen el dormitorio en los poyos de aquel jardin, e pues se cree que el cansançio del dia e la çena de la noche los dexará presos del sueño, el tiempo de esta visitacion sea al punto de la media noche y por la parte más secreta de esta huerta. Plego a Dios que los perros no uenteen y acometan a hazer su officio, porque si tal cosa fuesse, todo tu gozo en el pozo, e tu concierto seria desconcierto, e muerte de muchos e infamia de la casa de tu padre.

_Phil._--En mi coraçon estás, e como yo lo siento lo sientes, pues lo que yo temo has apuntado que temes. El concierto está hecho al punto de las doze por la parte de la cerca donde bate el rio en la huerta. En manos de la fortuna encomendemos nuestros apassionados desseos, que donde ésta no fauoresce nunca ay succession venturosa. E porque estos cauadores no sospechen mal de nuestro largo secreto, no se hable más en esta materia.

_Mach._--O gozo bueno vea della la que la pario, quan roçagante fegura trae su meçé.

_Dor._--Di, Machorro, por tu vida, paresce te bien mi señora?

_Mach._--O, pese a quien me hizo el sayo con la parescida, si el rato que la está hombre oteando no me semeja son que los memoriales estan en passamiento.

_Phil._--Miras me con buenos ojos, Machorro, e parezco te más de lo que soy.

_Mach._--Con buenos ojos dizes, señora? Boto a la coronica de Olmedo que me escantas la condicion con sola tu catadura.

_Polid._--O, vala te la maldicion, e qué ensenito enamorado enfinges.

_Mach._--Tome, señora, este ramo de limon con que se espacie, e perdone que se le do con la mano.

_Dor._--Deuias con el pie.

_Phil._--Yo te lo agradezco, Machorro, e queda te a Dios, que nos vamos.

_Mach._--Yda buena vaya con ella.

NOTAS:

[564] Del contexto se deduce fácilmente que este trozo, á guisa de réplica, corresponde á _Machorro_, nombre que suplimos por faltar en el original.

[565] En el original, _palos_.

ARGUMENTO DEL XXII ACTO

Palermo e Piçarro, hallando se solos, acuerdan de yr a casa de la Claudina para pedirle compañía, donde siendo llegados la Claudina vende su hija a Palermo e a Libertina para Piçarro, e hecho el concierto se acaba este acto.

PALERMO. PIÇARRO. CLAUDINA. PARMENIA. LIBERTINA.

[_Pal._]--Descreo de la playa de Valencia y avn de la vida de Barrabas torno a descreer, con tanta soledad como aqui passamos. Vida es esta? no creo en la ley del quaderno, si no me determino de perder la vida que tengo por auer vna yça que me ayude a ganar el roço. Esto ya el diablo se lo quiere, no tengo la vida en tres sueldos, harto estoy ya de comer pan con corteza.

_Piç._--Descreo del tabernaculo viejo si tú no andas tramando algo con que demos ell alma al diablo y el cuerpo á los alanos; demos vna gatada en casa de aquella puta vieja de la Claudina, e hagamos la que nos muestre su martilojo de putas, e si alguna vuiere no muy marcada que tenga razonable gesto e mejor adereço de mueble, echalle hemos la garra y daremos con ella en el estancia, donde descreo de la vida en que biuo si la misma muerte me la desengarrafe de mi poder.

_Pal._--O, reñego de la ribera de Tajo, pues no es afrenta grande uer vn hombre de honrra yr cada dia con su jarro al bodegon? sino que cueste lo que costare, e vna daifa en casa que sirua de ama e moça y avn passe por dueña.

_Piç._--Bien lo has acordado, pues alto; pon los pies en el camino. Oyes, mochacho, mira por la casa, por las paredes digo, que, Dios sea loado, no tropeçará nadie en el axuar.

_Pal._--O ventura. Boto a tal no sé en qué se va: treynte años ha que toco los atambores e hago el son en la puteria, e mas ha de quinze que ando hecho[566] estantigua por los çimenterios e a sombra de tejados, y encomiendo al diablo otra cosa he ahorrado sino desta mano derecha. Medio ojo me arrebataron en Bilbao, y este rascuño me dieron en Xerez de la Frontera. Blanca, si no es en la cabeça, do yo a Lucifer la que yo mando. El vn lado me hiede a çimenterio, y el otro a espital pobre: no es vida esta passadera.

_Piç._--A casa de esta vieja llegamos, procuremos de metella el diablo en el cuerpo, que de grado o de fuerça nos dara qualque putana.

_Pal._--Quién está en su casa?

_Par._--Quién llama ya de mañana? No pudieramos agora passar la siesta sin huespedes?

_Pal._--Ho salue y guarde a la madre vieja y la compaña.

_Piç._--Descreo de tal si no venimos a tiempo que aunque esté comida la pulpa no mancarán vn par de huessos.

_Clau._--Jesu, Jesu, hijos de mi alma, quál nublado os aportó por estos barrios? Llegate, hijo Palermo[567], ay par de essa mochacha, e tú, Piçarro, sientate ay con Libertina, e alcançad sendos bocados.

_Par._--Qué has auido, señor Palermo, vienes con algun embaraço?

_Pal._--O descreo del cuerpo de mi amiga con quien tal pregunta, e quándo suelo yo biuir sin quatro dezenas de tramas, que la menor me cueste la vida? No creo en la fe del soldan si hallasse con quien matarme, si pudiesse auer en casa mejor pasqua.

_Lib._--Jesu, defiende me tú, Señor, de hombre tan arrebatado.

_Clau._--Qué aueys auido, hijos, que tan ganoso viene Palermo de morir? Jesu me libre y me defienda; ten paz, hijo, con todo el mundo e biuiras alegre y moriras bien logrado.

_Piç._--O, pese a tal con la puta vieja, despues de bien puta haze se nos candelera. Danos, descreo de la vida en que biuo, sendas putas que nos siruan, e nos socorran en nuestra pobreza, y el consejo dale por allá a quien más le ha menester.

_Clau._--Andá noramala, hijos, no seays vellacos. No podeys dezirme vuestras necessidades sin amenguar mis tristes canas? Como he dado recaudo a otros a quien menos soy obligada, no os dare a vosotros dos e tres moças, y más quantas por derecho deua?

_Par._--Ce, madre, ya me entiendes, a tiempo vienen.

_Clau._--Ya ya, no mas.

_Pal._--No hables en secreto, madre; si no reniego del pilar de Victoria si no lo encomiendo todo al diablo.

_Clau._--Hijo Palermo, ten seso e paciencia e ganarás comigo dineros. Descendid acá abaxo, locos, que os quiero hablar un poco en secreto.

_Piç._--Vamos, pese a tal, siquiera sea en casa de Barrabas.

_Clau._--Sentaos, hijos, en essa escalera, e hablad passo, no nos entiendan estas rapazas. Mirad, hijos mios, ya sabeys que es mi officio ganar de comer entre los buenos, e que quien fuere mi amigo me ha de acarrear mi prouecho. Yo tengo an[568] casa estas dos moças frescas como vnas rosas e mochachas para todo, e ansi goze yo mi vejez como a mi Parmenica me pid[i]o oy vn cauallero con quien no se perdiera nada si yo dar sela quisiera, y a essotra rapaza me han pedido muchos, sino que por no ver me sola no me he determinado; pero porque conoscays la voluntad y amor que os tengo, yo os las quiero dar por vn cierto tiempo hasta que veamos cómo lo hazeys con ellas, e ha de ser con esta condicion: que mireys por ellas e os tengan por amparo, os siruan la casa, e las tengays por amigas, mas si algun lançe se les offreciere con que ganen dos doblas, de la parte que os cupiere tengo yo de aver la mia, pues que, mal pecado, para esso he criado a la vna y a la otra he aluergado en este rincon para que me ayuden a passar esta vida. Y esto que aqui queda entre nosotros concertado ha de ser tan secreto que la tierra no lo sienta.

_Pal._--Ora, madre señora, gran merced rescebimos con lo que por nosotros hazes. E si ellas van a la estancia, descreo de la tierra de Fez si no les valga más vn dia que ciento de quien más haga por ellas. Ellas procuren de ser las que deuen e no nos rebueluan cada dia nueuas trapaças, e en lo demás en caso de buscar quien les dé diez doblas, hagan lo que quisieren, que aqui las ayudaremos.

_Piç._--Yo las faborescere con mi persona y lo que tuuiere, y aqui el señor Palermo, que es amigo del tiempo viejo, todos las auemos de seruir e poner la vida por lo que a su chapin tocare.

_Clau._--Pues, hijos de mi alma, en esto no se entienda más por agora. Vosotros os podeys yr con la bendicion de Dios, porque yo quiero tocar el pulso a las moças, e no que vosotros esteys delante: mañana en la noche dad por acá la buelta, que ellas estaran a punto y lleuar las heys en buen hora.

_Piç._--Ora, pues, madre Claudina, lo dicho dicho.

_Clau._--Yd, hijos, con Dios, que yo haré lo que digo. Qué hazeys, loquitas? Aora aueys mirado, qué feroces venian aquellos diablos? Qué es esso, Parmenia? Qué ojos son essos que tienes? Qué has auido despues que yo descendi?

_Lib._--Madre, ella ha entendido lo que dexas concertado, y despues que de aqui fuiste no haze sino llorar.

_Clau._--Ea, ea, bonita, lagrimitas agora, qué me agradan! pues qué te pensauas? que toda tu vida te auia de tener a un lado? No me faltauan otros duelos. Muger eres ya hecha y derecha, e bien sabes ya el pan con que te has de hartar. Ya he trabajado con mi vejez e pobreza hasta ponerte en hedad y en estado que sepas ganar de comer. Biue, hija, por tu pico, e no seas niña toda tu vida. Cata aqui a tu compañera Libertina, que no ha seydo toda su vida sino como una martir, donde quiera que la he lleuado, siempre muy conforme con lo que yo la mando; tuerto o çiego, el amigo que la doy esse tiene ella por perlas orientales.

_Lib._--Qué quieres, madre, que haga? Quando a tu casa me llegué yo vine pobre e desnuda, que en mi camisa no ataran blanca de cominos; agora, Dios loado, cayendo e leuantando, no faltan dos reales e vn razonable vestido. Veo que si quiero comer no ay quien me lo estorue, e que duermo descuydada con no faltar la comida; mientras esto durare, ahorquen a todo el mundo.

_Par._--Qué quieres, madre, que sienta? Pues que me veo moça y afligida e con desseo de gozar mi alegre moçedad, e toda mi vida encerrada hecha mesonera de vellacos, y agora que en tu vejez esperaua algun buen pago, has me vendido a un rufian, que no sé lo que de mí querra hazer. Veome sola, e huerfana de padre, e desamparada de ti, que en fin eres mi madre, en quien he puesto mi amor toda mi vida. Si mayor mal quieres, si a muger tan temprano persiguio la fortuna como a mí, tú, madre mia, lo mira, e ansi me pon el remedio.

_Clau._--Mira, Parmenica, haz lo que yo te mando, toma mi consejo, e no te pongas comigo en disputa si hago bien o mal. Más vieja soy que tú, más sé del mundo que tú, e más se me entiende que a ti. Si vas en compañia de Palermo, no vas a tierra de Moros, muestra te a dexar la teta, que ya duro es el alcaçel para çampoñas.

NOTAS:

[566] En el original, _heccho_.

[567] En el original, _Parlermo_.

[568] Así en el original

ARGUMENTO DEL XXIII ACTO

Theophilon, padre de Philomena, conosciendo en su hija algun nueuo desasosiego, habla palabras muy graues a Florinarda su muger sobre el descuydo que tiene en el castigo de Philomena, e llama a Siluerio e Panphilo sus criados en secreto, a los quales encarga que maten a palos a la vieja Claudina, etc.

THEOPHILON. FLORINARDA. SILUERIO. PANPHILO.

[_Theoph._]--Florinarda amiga, muchas uezes he desseado auisarte que como honrrada matrona enmiendes algunos descuydos en la gouernacion de nuestra casa y en la guarda de nuestra honrra, porque con muchas e muy biuas ocasiones a esto soy compelido; pero considerando que la flaqueza feminil no deue ser molestamente tractada, e que las negligencias que no nascen de malicia con facilidad son corregidas, he acordado de callar hasta que veo nuestra honrra dando baybenes y a punto de caer en algun hoyo de immortal infamia. Muy escusado me fuera a mí, que soy padre, desuelarme en el castigo de Philomena mi hija, si como tú eres dueña noble fueras madre cautelosa. Pero semejante[569] exercicio de corregir donzellas, al varon es vergonçoso quanto a la muger más honesto. En confusion tuya, y en demasiada pena mia, te doy auiso que de algunos dias a esta parte conozco en Philomena nuestra hija alguna nueua desemboltura causada de tu muy notable descuydo. He conoscido en ella ser amiga de la ventana, e avn no muy enemiga de ser vista, que es en la donzella vn gusano para su nombre tan delicado. Tambien me dizen que vna mala vieja que dizen la Claudina frequenta mucho nuestra calle, y avn nuestra criada Dorotea no dexa de visitar su casa; en el tiempo que Philomena nuestra hija fue templada en sus palabras, honesta en el aspecto, recatada en su persona, e retrayda en su exercicio noble, ninguna nouedad que yo en ella conosciera causara en mí deshonesta sospecha, porque la muger virtuosa donde quiera es buena hasta que viene a dar señales de mala. No piensses, mi Florinarda, que por lo que en nuestra hija siento de nueuo se me aya entibiado el amor paternal, sino que la experiencia que tengo del mundo me causa cautela, e la cautela temor, y el temor me da pena, e la pena produze en mí semejantes effectos; solamente quiero que sepas, si no lo sabes, que ay en las mugeres tanta fragilidad, que con muchas guardas apenas se guarda vna, e con vn pequeño descuydo pueden venir todas en perdimiento. Nuestra hija es noble, pero es muger; es illustre en sangre, pero muy moça en los dias, y aunque el natural y la nobleza la hagan buena, puede se peruertir con el aparexo de ser mala. Mira, Florinarda, por nuestra hija, e castigala con amor en secreto, porque no venga a tiempo que se digan en público sus maldades.

_Flor._--Theophilon, señor mio, admiracion grande me causa tu plática sospechosa, e la materia della me acaba las fuerças de pena, porque en nuestra vnica e tan amada hija no solamente no he conoscido maldad, pero jamas senti en ella indicio ni aparencia de liuiandad. Si ama estar a la ventana, e yo no se lo defiendo siendo madre, no procede de mi descuydo, sino de la confiança que tengo en su honesta condicion. Bien veo que se alegra con mirar como moça, pero tambien piensso que es tal su honesto recatamiento, que alançara qualquier pensamiento liuiano; ni nuestra hija es tan astuta, ni yo tan descuydada, que ella pueda mirar sin que yo la vea ni hablar sin que yo lo sienta. En todos los actos y exercicios suyos hasta oy no me acuerdo auer visto alguno que merezca algun género de castigo; pero si yo como muger, aunque vieja, no tengo astucia bastante para velar semejante castillo, e tú como uaron e padre conosces que algun descuydo notable he cometido que deba emmendar, manda me con auiso, que yo obedescere con el amor que a ti deuo é a nuestra hija soy obligada.

_Theoph._--Mira, Florinarda, si como eres incauta hembra fueras varon cauteloso, ni me pidieras la causa de mi reprehension ni quisieras otra más para guardar tu hija de conoscer la muger e moça, por lo qual es inclinada a todo linage de vanidad. No te pido que dexas a tu hija que sea mala, sino que puedes con tu descuydo dar la ocasion que no sea buena, porque de ser la madre descuydada viene la hija á ser desvergonçada, e quando tal la conoscieres, o tú deues procurar de perder la con darla la muerte o aparejarte al perdimiento de vida é honrra tan delicada. Qué más ni mayores señales quieres de la nueua liuiandad de Philomena sino verla sin reposo en el bastidor e en su rostro postizo color, amiga de andar en secretos con la moça e muy fácil de visitar la puerta? Grandes señales veo en ella de su perdicion, e ningun remedio para remediarla sino con la sepultura. A mi parecer deuemos tomar por vltimo remedio, porque es el mejor, que tú, pues eres su madre y mas continua compañera, biuas en auisada cautela de aqui en adelante con ella, sin darla a sentir que de su mudança de costumbres auemos tenido nueuo sentimiento; y esto porque el crimen de liuiandad en la muger no se ha de castigar sino con la muerte, e qualquier castigo que este no sea no es sino una licencia para que sea mala con la facilidad[570] de la pena. En esto, amiga mia, te encomiendo seas tan cuydosa quanto hasta agora has sido descuydada, porque no menos se puede adobar nuestra hija e mitigar nuestra pena con el auiso futuro que agora está dañada con el descuydo passado, e porque este negocio e lo que dél tengo secreto, por su grauissima qualidad no requiere tantas palabras quanto poner las manos en el remedio e venir a las obras, tú, amiga, harás de tu parte lo que con tanta pena te tengo encargado, que yo de la mia haré como padre lo que a mi honor soy obligado. Ve, señora, a entender en tu hazienda, que yo me quiero quedar solo a rezar mis acostumbradas deuociones. Solo estoy y apassionado porque la honrra de mi hija, en quien la mia consiste, veo puesta en el postrero remate. Qué haré? con quién me aconsejaré? El coraçon apassionado para ningun negocio arduo tiene saludable consejo. Llamar quiero a Panphilo e Siluerio mis criados para que con su libre entendimiento reparen el mio que está con la pena dañado. Oyes, Siluerio, Pamphilo, dónde estás?

_Sil._--Aqui estamos, señor.

_Theoph._--Entrad acá, e çerrad essa puerta del retraymiento, porque quiero que mi plática sea secreta. Dezidme, vosotros no comeys mi pan? vosotros no estays en mi casa? no mirays mi honrra como criados, pues yo procuro vuestro prouecho como señor? Cómo, no parays mientes que mi honrra e fama anda destruyda? quién entra en mi casa? quién habla con mi hija? quién le da ocasion para ser liuiana? dime, Siluerio, qué sientes de su liuiandad?

_Sil._--Señor, la grauedad de tus palabras e la nouedad de tus reçelos me tienen atonito e sin sentido, y la sospecha que pones en mi fidelidad me tiene de todo punto corrido. Nunca Dios quiera que en Philomena mi señora yo haya conoscido liuiandad, e si la conosciesse, en mí no auria falsedad para encubrir secreto tan delicado. Porque tú eres mi señor, e como tienes obligacion de gratificar mis seruicios, tienes poder para castigar mis deffectos. Verdad es que mi señora Philomena se alegra como donzella moça, pero conozco que se recata como persona illustre.

_Theoph._--Dime, Pamphilo, tú no has visto entrar en casa una vieja falsa que llaman la Claudina?

_Pamph._--Señor, sí algunas vezes.

_Theoph._--E ha hablado en secreto con mi hija Philomena?

_Pamph._--De esto no tengo noticia. Porque siempre que essa vieja ha venido aquí, mi señora Florinarda ha estado en la posada.

_Theoph._--Pues la conclusion de mi platica sea que yo estoy sentido de la nueua conuersacion de aquella vieja con mi muger e hija, e la he mandado que no entre en mi casa so pena de perder la vida. Cumple a la mia y a mi honrra que vosotros como fieles criados y en quien tengo dende vuestra niñez puesto mi amor, mireys cautelosamente los passos de mi hija e andeys en assechança con esta vieja falsificada, e donde quiera que la pudieredes auer, viniendo a mi casa pública o secretamente, le acabeys la vida a palos, que yo gastaré mi patrimonio e pondre mi vida por lo que sobre ello se os offresciere.

_Sil._--Señor, hacer lo hemos como a tu seruicio se deue, aunque yo no quisiera que la primera cosa de afrenta que me mandas fuera poner las manos en una muger e vieja, pero no quiero poner escusa porque no pienses que niego tu mandamiento.

_Pamph._--Ora, señor, a nosotros el cargo, que la embiaremos a çenar al infierno antes que tenga remedio de buscar quien de nuestras manos la defienda.

_Theoph._--Pues, mi Pamphilo, en lo dicho no aya más.

_Sil._--Señor, pierde cuydado, que no lo has dicho a sordos ni descuydados.

NOTAS:

[569] En el original, _por semajante_.

[570] En el original, _faclidad_.

ARGUMENTO DEL XXIIII ACTO

Venido el tiempo con Philomena concertado, Policiano llama a sus criados para yr a la huerta de su señora; embia delante a Siluanico, e lleua consigo a Solino e Salucio; llegados a la huerta ponen el escala e Policiano entra, donde halla a Philomena esperando con Dorotea su criada. Los perros de la huerta sienten la gente que anda por ella; finalmente, entrado Policiano e rescebido de Philomena, gozan de los vltimos dones del amor, y entretanto Dorotea passa con Siluanico su requiebro dende las ventanas de la huerta, e despedido Policiano de Philomena, Policiano se torna a su posada e Philomena a su cama, e se acaba este acto.

POLICIANO. SOLINO. SALUCIO. SILUANICO. PHILOMENA. DOROTEA. POLIDORO. MACHORRO.

[_Pol._]--Moços, moços.

_Sol._--Señor.

_Pol._--Dame mi espada e rodela, e adereçad vuestras personas, si os paresce que es hora de yr este bienauenturado camino. Toma, Siluanico, essa escala de cuerda debaxo de tu capa e vete delante a dar nos auiso de la gente que anda por la calle.

_Sol._--Señor, todo está a punto, vamos quando fueres seruido.

_Pol._--Vamos, y los angeles sean en nuestra guarda.

_Sal._--Oyes, Siluanico, anda delante dissimuladamente hazia la huerta de Theophilon, e si alguna persona vieres de quien podamos ser sentidos harás vna seña para que nos pongamos en cobro; e mira que lo hagas a tiempo, ya me entiendes.

_Sil._--Muy bien. O dichosa venida. O plazer incogitado. O camino deleytoso. O cómo se me haze mejor que a Dios lo pido. O mi señora Dorotea, si como yo te desseo me esperas, bendicto pensamiento tan bien gratificado. Cantar quiero vn cantarçillo para recordar á quien duerme:

Páreste á la ventana, niña en cabello, que otro parayso yo no le tengo.

_Sol._--Oye, oye, señor, cómo canta Siluanico. Por los euangelios que es deleyte de oyrle con el silencio de la noche.

_Pol._--Oye te que canta.

_Sil._ Fonte frida, fonte frida, fonte frida e con frescor, do todas las auezicas tomauan recreacion, sino es la tortolica, que está sola e sin amor, que ni posa en rama verde ni en arbol que tenga flor, ansi biuo yo cuytado por amar vn nueuo amor[571].

_Phil._--No oyes, Dorotea, qué voz tan apazible es la que suena? Conosces algo en aquel cantar?

_Dor._--Sí, señora, mucho conozco: aquel es el paje de Policiano, seña deue ser de su venida.

_Phil._--Los angeles todos le acompañen e libren de mal. Mira, Dorotea, despues que mi señor Policiano aya entrado, dexa me sola gozar dél, no impidas mi gozo tan desseado: no quiero testigos de mi vergonçoso deleyte. Estaras atenta e mira si en el retraymiento de mi padre suena alguna sospecha de mi secreto yerro, e no te descuydes si algo sintieres en dar me auiso con breuedad antes que seamos sentidas.

_Dor._--Está segura, señora, que no ay agora en casa semejante sospecha.

_Pol._--Poned, moços, essa escala por esta parte que dize mi señora que es el lugar más sin peligro, y esperad me en vna parte donde no seays conoscidos e auidos por sospechosos.

_Dor._--Señora, ya sube Policiano, yo me aparto a esta ventana.

_Phil._--Ve, que yo bien acompañada quedo.

_Pol._--Es mi señora Philomena? es la thesorera de mis plazeres? soy yo Policiano? O mi gloria e mi descansso, quanto me hallaria bienauenturado si creyesse que esto no es sueño.

_Mach._--Huera aqui, Manchado, que te toma el diabro a media noche.

_Polid._--Maginado tengo que andan zorras entre estas arboledas segun que esta noche se despepitan estos perros.

_Mach._[572]--Huera aqui, Bardino, avn el diabro cro que ha de auer parte en él esta noche.

_Phil._--Passito, señor mio, que duermen cerca estos hortolanos, e temo que estos perros nos han de impedir este gozo tan desseado. O mi señor e mi solo descansso, o mi bien e mi soberana alegria, toda esta noche me he desuelado con la ymaginacion plazentera desto que contigo posseo, e agora que en mis braços te tengo, dos terribles cuydados enturbian mi mezclado gozo: temor que auemos de ser sentidos e que el alba ha de partir esta vnion enamorada. Tu presencia da luz a mi coraçon, e si de mí te apartas, no menos ecclipsada que la luna, absente de Phebo, quedará esta tu captiua con tu ausencia.

_Mach._--Huera day, Bardino: si arrebato vn garrote.

_Polid._--La rabia tienen esta noche, que no pára su ladrido. Si las paredes fueran baxas no dexara hombre de penssar qualque ruyndá. Torna aqui, Manchado.

_Sol._--Por tu fe, Siluanico, que cantes vn poquito al falsete, que huelgo mucho de oyrte cantar.

_Sil._

Lagrimas de mi consuelo que aueys hecho marauillas e hazeys, salid, salid sin recelo a regar estas mexillas que soleys.

_Sal._--Par Dios, Siluano, graciosamente lo cantas. Di por tu vida otro poco, que me espacia el alma tu suaue melodia.

_Sil._

Mis ojos pues que miraron a quien más que a ssí quisieron, paguen pues lo merescieron[573].

_Sol._--Oye, oye, Siluanico, ojo a la ventana.

_Sil._--Qué te toma el diablo? Antojasete?

_Sal._--Juro a los Euangelios, cata la moça assomada.

_Sil._--Es mi señora Dorotea?

_Dor._--Soy tu muy cierta seruidora.

_Sil._--Con esso haze tan lustrosa noche. Con esso no puede entrar en mis ojos ningun quilate de tiniebla.

_Sol._--O, descreo de la puta que le pario al rapaz. Juro a la casa Sancta, otro çeloso ay en la posada.

_Sal._--Ora oygamos el requiebro hasta el cabo.

_Sil._--O mi señora, cómo me has dexado dezir devaneos con mi boz desatinada? por qué no atajauas mi canto con tu bienauenturada presencia?

_Sol._--Qué te paresce, Salucio, de la plática del mochacho?

_Sal._--Qué diablos[574] quieres que no sepa dezir; estando todo el dia e la noche en la camara de essotro madre de la luxuria, algo auia de deprender.

_Sol._--Ora oye.

_Sil._--Cómo estas, mi reyna? En qué lugar tienes aposentado mi coraçon, señora mia?

_Dor._--Señor mio, la suauidad de tu musica no tuuo menor virtud atractiua que la harpa de Orfeo, pues en mi coraçon insensible hizo tanto sentimiento que me truxo forçada para gozar de tu presencia.

_Sol._--O descreo de la putilla e avn de la madre que la pario, e cómo acierta a dezir philosophia de amor.

_Sal._--Sí, sí, en las escuelas de Ouidio deue de auer estudiado la rapaza. El arte de bien parlar la deuen auer leydo. No me medre Dios si ella sabe tan bien[575] el Credo.

_Dor._--Señor mio, la indisposicion del lugar, junta con la breuedad del tiempo, no me dexan gozar de tu graciosa conuersacion. Creo que tu señor Policiano se va, e mi señora me haze señas que nos vamos. Para la primera noche que Policiano venga a esta tan dichosa visitacion, yo dare orden cómo con más espacio e no menos descanso nos veamos.

_Sol._--No la oyes, hermano? En buenos terminos queda el negocio.

_Sal._--Ya lo veo. De rruyn a ruyn quien acomete vençe. Descreo de la madre que me pario si aunque la moçuela me ha parescido bien, yo he osado dezirla nada. Llegó Siluanico, y ya ues cómo anda. O ventura!

_Dor._--Señor mio, yo me voy. El angel de la paz te acompañe.

_Sil._--Reyna mia, e contigo vaya.

_Phil._--Mi señor e lumbre de mis ojos, pues has tenido por bien de me pribar del don más estimado que rescebi de naturaleza, pues ya del todo has tomado la passion[576] de esta tu sierua, pues te vas e me dexas a mí sin mí por lleuar mi ánima en tu compañia, suplicote, mi coraçon, que no dexes de acordarte, que si en tu ausencia puedo biuir, será en confiança de gozarte con muy continuas visitaciones. Quando ordenares que yo resciba esta merced tan copiosa, por este lugar, aunque peligroso, hallo yo el aparejo más conueniente, atenta la clausura de esta casa.

_Pol._--Reyna mia e mi verdadero descanso.

_Polid._--Ora yos boto a sant Alberto, que el diabro deue de andar esta noche entre estos naranjos. Huera aqui, Manchado.

_Pol._--Coraçon mio, estos hortolanos estan sospechosos, y el temor de este peligro que está muy en las manos acorta por el presente el hilo de mi alegria, y pienso que ha de ser parte para que mi vida se acorte a causa de los males que pienso padescer en tu ausencia. La noche que viene, por este mismo lugar, si tú, mi señora, fueres seruida, será mi venida muy cierta. Yo me voy e me quedo verdaderamente contigo. Angustiado voy con la breuedad de mi gloria, e con mortal angustia estaré hasta tornar me a poner en esta verdadera possession de plazer. Los Angeles sean en tu guarda e te me dexen ver con el descansso que yo desseo.

_Phil._--E a ti, mi señor, acompañen e te tornen a mis braços para que descanse mi coraçon. Dorotea amiga, qué ha seydo de ti? en qué has entendido este tan açucarado rato de mi gloria? has dormido?

_Dor._--Si cierto, dormilona es la moça. A la puerta del retraymiento de mi señor Theophilon me he estado assentada.

_Phil._--Pues muy passo nos entremos a la camara, e dormiremos lo que resta hasta que sea de dia; pero cómo dormirá quien tan triste queda? qué sueño no quebrantara mi soledad? qué coraçon no inquietara mi tan atreuido yerro? O padre mio, si sintiesses mis tan desonestas pisadas, cómo acabarias mi vida, por no gustar de tu desonrra. O hembras hembras, nunca deuiades de nascer, pues soys tan mal inclinadas e tan potentes para effectuar vuestros apassionados desseos.

NOTAS:

[571] Como los de páginas atrás, estos cantares están impresos á renglón tirado, cual si fuesen prosa.

[572] En el original, _Polid._; pero como acaba de hablar, el que habla ahora debe de ser Machorro.

[573] Están impresos estos cantares como si fuesen prosa.

[574] En el original, _diables_.

[575] En el original, _tambien_.

[576] Así en el original, quizás por _posession_.

ARGUMENTO DEL XXV ACTO

Claudina, cobdiciosa del logro quotidiano, sale de su casa a visitar sus deuotas. Passa por casa de Cornelia e Orosia, a las quales promete de dar sendos amigos, y en el camino, tornando a su casa, topa con Libertina su criada, con la qual va por la calle de Theophilon e halla a la puerta a Siluerio, con el qual se embia a encomendar en Philomena, etc.

CLAUDINA. CORNELIA. OROSIA. LIBERTINA. SILUERIO.

[_Clau._]--Agora que voy sola quiero mirar el prouecho que con mi Parmenia tengo, e parar mientes el daño que puedo auer con su ausencia. Lo primero tengo con ella ganancia que monta más moneda que media calongia. Ella lo gana con su persona e yo lo gasto como señora; mi casa está aperrochada de mançebos a su causa, y avn por su buena conuersacion siempre acuden moças de buen fregado con que al cabo del año siempre caen modorros. Con su ausencia, mal pecado, la pérdida es muy cierta y la ganancia dubdosa. Poniendo mi hija en poder de Palermo, en lugar de ganancia puede ser que escotemos lo ganado: no dizen embalde que la cobdicia mala el saco rompe. Si a mi hija saco de mi compañia, para quién quiero mis alhajas? para quién guardo mis sauanas randadas, mis manteles de Alemania, mis tapices de Flandes e mi tinaja de harina? pues de ningun bien la possession es agradable sin compañia. Vna ánima sola ni canta ni llora. Qué tengo yo de hazer entre quatro paredes sola? si me duele la cabeça, quién me pondra medicina? si mi dolencia me acude, a quién boluere mi cara? mal consejo ouiera tomado si de casa la ouiera embiado. Este se, huelgue se, goze de su moçedad, que ansi hize yo de la mia. En mi casa no le faltarán media dozena de amigos ni vna de reales que coma. Mala vejez yo aya si Palermo me la lleuare. A casa de Cornelia llego, quiero entrar a visitarla a ella y a Orosia, que el cañal que no se requiere no da de comer a su dueño. Quiero llamar, si quiera por la criança. Tha, tha.

_Cor._--Quién llama de mañana?

_Clau._--Abre, hijita, que la Claudina es.

_Cor._--Vengas en ora buena tú y los buenos años.

_Oros._--Jesus, madre de mi alma, e qué milagro fué éste que nos tuuiste en memoria?

_Clau._--Andad, loquillas, que agora que he començado a conosceros e visitaros, cada dia me tendreys en esta casa. Cómo estays, mis hijas? Moças e hermosas, ansi sea buena mi vejez.

_Cor._--Aosadas, madre, no sé pues la causa, ansi goze de mí, que nunca me vi tan triste ni tan afligida despues que me conozco.

_Clau._--Mirad, hijas mias, pues estays en hedad alegre, no busqueys ocasiones de tristeza. Mirad que el ánimo triste es vn fuego que consume e acaba la vida.

_Oros._--En buena fe, madre, que auiamos penssado yo e Cornelia mi prima de yrnos vn dia a tu casa y holgarnos contigo e con la señora Parmenia. Darte parte de nuestras penas, pues te tenemos por madre e amiga verdadera.

_Clau._--Sancta Catalina del cielo, hijas de mi alma, e qué passiones son las vuestras que tanto las ayays sentido? Aosadas, por mi vejez que sea buena, que barrunto yo algo de lo que a vosotras duele. Digo algo? Qué dizes, bouita? a perro viejo no cuz cuz. E a quien cueze y amassa no le hurtes[577] hogaça.

_Cor._--Madre de mis entrañas, bien sé que lo entiendes todo e por esto te quiero dar parte de lo que nos da tanta pena. Ya ves, madre, que nuestra hedad ni nuestro estado ni condicion ni coxas[578] que, ninguno por gentil que sea, nos venga a escupir en la cara, e si aquellos vellacos rufianes supieran tractarnos como quien somos, a fe de muger de bien que otro gallo les cantara. Pero no es la miel para la boca del asno, ni el anillo de oro para la nariz del puerco. Finalmente, madre Claudina, que a ti toda la verdad se te deue dezir, aunque tengamos en nuestra arca dos pares de doblas e tres de vestidos, bien vemos que no han de durar para siempre: que el tiempo y el dinero corre[579] como el viento. Nuestro alcohol, nuestras camisas labradas, nuestros aromaticos olores, ya sabes, madre, quántos dias ha que se pagan de vazio. No queremos por necessidad yr a morir al espital. Queremos, madre mia, pagar te muy bien tu trabajo, e que nos pongas en poder de hombres[580] que no solamente sustenten nuestro fausto y honrra, pero que nos saquen de qualquier trabajo que se nos offresciere, porque aunque, loado Dios, no nos faltan modorros que acuden con este pie de altar quotidiano, auemos menester quien tome a cargo la costa ordinaria, porque lo demas son nuestras adahalas e lo que nos ahorramos. Esta heredad sola nos dexaron nuestros padres, y desta, como sabes, nos auemos de mantener.

_Clau._--Mirad, hijas mias, no os quiero consejar como a mugeres honrradas, pues honrra e prouecho no caben en vn saco. Pero bien quisiera yo, ansi goze de mí, que con Solino e Salucio se hiciera algun cumplimiento, aunque fuera como dizen dar a torçer vuestro braço. Son mançebos gentiles hombres e que os tuuieron en honrra el tiempo que os conoscistes, e ya puede ser que tornando a su amistad aya otra nueua vida.

_Oros._--Dalos al diablo, madre, no me los mientes ni oyga yo su nombre, que ellos salieron de aqui para cuanto ellos biuieren.

_Clau._--Pues, hijas de mi alma, yo lleuo a mi cargo buscaros lo que os cumple. Pero mirad que si tal cosa hallare, que quiero que me lo agradezcays; ya me entiendes Cornelia?

_Cor._--Ya ya, madre, a fe [he] de darte un çamarro que condessa no le tenga tal.

_Clau._--Pues a Dios, a Dios, mis hijas.

_Oros._--El vaya contigo.

_Clau._--Andar, vamos adelante. Con este viaje no se ha perdido mucho; para estas dos moças[581] yo buscaré dos moços de espuelas de vn canonigo que acudan con el mollete hurtado, el pedaço del toçino en la manga e avn la ristra de cebollas en la capilla, que estos tales son los que a éstas han menester, e al cabo ellos yran sin pluma e la vieja Claudina sin quexa. Vala me Dios del cielo, es Libertina la que viene por esta calle? Ella es si los ojos no me mienten. Jesus, hija Libertina, e no te dexé yo en casa quando de allá sali?

_Lib._--Pues, madre, ansi es el mundo, ya sabes qué no ay quien en vn estado permanezca.

_Clau._--E de dónde vienes, hija?

_Lib._--De casa del despensero del Conde.

_Clau._--Acabaste ya con él tus cuentas, hijita?

_Lib._--Sí, madre, que por esso dizen que el deudor no se muera.

_Clau._--Huelgo me, hija mia, ansi por tu prouecho como porque mios o agenos aya en casa dineros; vamos por esta calle, y passaremos por la puerta de Philomena, e si paresciesse su criada Dorotea cobraria el anillo de la concordia. No piense aquella señora que me ha de heredar en vida.

_Lib._--Ay desdichada, Siluerio está a la puerta.

_Clau._--Cubre, hija, la cabeça, que no puedo dexar de hablarle vna palabra. Siquiera porque si en su casa alguna vez me hallare me haga buen tratamiento. Esté en ora buena el galan.

_Sil._--O madre mia, perdona que no te conoscia.

_Clau._--El señor Theophilon, hijo mio, cómo está? e señora la vieja e toda su casa?

_Sil._--Todos están buenos para lo que a tu honrra cumpliere.

_Clau._--Guarde Dios a sus mercedes, que en mi verdad a toda esta casa por su nobleza soy muy afficionada. Señora la donzella, hijo? hermosa como siempre?

_Sil._--Sí, madre mia, no es cosa nueua ser mi señora linda dama.

_Clau._--Tal sea mi vejez. Ay qué honestidad. Ay qué mesura. Ay qué cara de oro. No en balde la dotó Dios de tales señales de fuera, sino para manifestar las virtudes de que el ánima está adornada de dentro. Resciba yo tanta gracia, que cuando con ella te veas sea de mi parte saludada, e la digas en secreto que aquella sortijuela que a su merced dexé quando se sintio mal dispuesta que me haga gracia de ella, porque es de un gentil hombre que cada dia me la pide. E perdoname, hijo, el atreuimiento, que el amor que te tengo me haze atreuer a tal demanda. Mas aqui estoy yo, hijo mio, para lo que cumpliere, ya me entiendes? paresce te algo de la moça? cuando algo quisieres, no has menester más de meçer el ojo.

_Sil._--Nora buena, madre, yo lo dire a mi señora Philomena, e bueluete por aqui esta noche en anocheciendo si quieres saber la respuesta. Essotro que dices no es vianda para mi estomago.

_Clau._--A, noramaça, hijo, qué santito te me hazes. Pues avn yo sé algo que te dire algun dia, y a Dios, que nos vamos.

_Sil._--Ansi aya el diablo parte en la puta vieja como yo estoy bien con sus tramas, pues yo te juro, doña hechizera, que si esta noche tornas, e por acá te apañamos, que tú salgas si acertares la puerta. O mala vieja, quién cree que ella no trae sus tractos ciertos y avn secretos conciertos con Philomena mi señora? pues calla, que yo te armaré vna trampa donde des el pellejo a los perros y el alma a los diablos. Dexame hablar a Pamphilo mi compañero, que yo te pescaré o malo andará mi anzuelo.

NOTAS:

[577] En el original, _huertes_.

[578] Así en el original. ¿Querrá decir _son cosas_?

[579] En el original, _corro_.

[580] En el original, _hombre_.

[581] _moços_, en el original.

ARGUMENTO DEL XXVI ACTO

Theophilon e Florinarda hablan en secreto sobre la guarda de Philomena su hija, y acabada su plática, Theophilon va a la huerta e manda a los hortolanos que suelten vn Leon que allí está en vna jaula para que espante las zorras que andan entre los arboles. Despidese de los hortolanos y vase a cenar, y entretanto Pamphilo e Siluerio aguardan a la Claudina que viene por la sortija e la dan tantos palos hasta que piensan dexarla muerta, etc.

FLORINARDA. THEOPHILON. MACHORRO. POLIDORO. SILUERIO. PAMPHILO. CLAUDINA.

[_Flor._]--Theophilon señor mío, despues de nuestro passado razonamiento, en lo que á la honrra e guarda de nuestra hija toca, yo como madre, y a quien a lo biuo de las entrañas llega qualquier macula de su desonor, he inuestigado por diuersas vias si nuestra tan amada hija aya intentado algun delicto de liuiandad como moça; y avida toda la possible relacion de los criados e donzellas de casa no he hallado indicio por donde deua con razon castigar la como culpada, porque pública e secretamente sus exercicios son de donzella illustre e honesta e bien mirada, sin que aya alguno que en ella aya visto señales de hembra apassionada.

_Theoph._--Amiga Florinarda, yo doy credito a tus palabras y assi confio ser verdad, pues nuestra generacion tan noble jamas admitio macula ni discolor de infamia, pero siempre te encomiendo no te descuydes en su guarda e zeloso miramiento. Porque si dizes que no la has visto hablar con alguno, e con esto tomas alguna confiança, hago te saber que los que de ueras se aman, cosidas las bocas, se hablan con los coraçones. Yo no te he dicho que nuestra hija es mala, sino que mires por ella, porque con el aparejo puede dexar de ser buena. Oyes, Siluerio, di a Pamphilo que me traiga mi libro, y entretanto que es hora de çenar visitaré mis hortelanos y allí rezaré mis acostumbradas deuociones.

_Pamph._--Señor, vamos, que a punto está todo.

_Theoph._--Venid vosotros comigo, que os quiero hablar aquí en esta huerta.

_Mach._--Hola hola, Polidoro. Cara acá viene nuestramo cargado de mas cordojos que tiene hojas vn mançano.

_Polid._--O cuerpo de la casa sancta, qué desmaginatiuo viene.

_Mach._--Prissa prissa, porque si viene sañudo no quiebre en mosotros ell enconia. Echa por esse tablar del colino e yo desmollire las godenes, que es fructa apazible para viejos.

_Theoph._--Aun me parece, Machorro, que estos arboles quieren más labor.

_Mach._--Agora, mi padre señor nuestramo, dom'a Dios que en todo el dia dexa hombre ell açada de la mano. Ellos mi fe son de mal vidueño; que no les cunde cosa que hombre les haga, que en lo al no a que her.

_Polid._--Si su mecé otease acos fructales que alcançan mejor terruño, e avn son vn cacho más castizos, cuydo que viesse bien lo que hombre afana.

_Theoph._--Estos çidrales estan roidos, e siempre he temido que andan animales que de noche los estragan. Vosotros dormis a sueño suelto. Si no les poneys remedio camino van de perderse.

_Mach._--Los canes abondarien si algo de esso anduuiesse en la huerta, que en toda la sancta noche con su ladrido no escampan: yo desmagino que algunos holgazanes dende afuera tiran piedras a las mançanas, segun que los alanos ventean.

_Theoph._--La jaula deste leon me paresce que está desclauada; en vn rato que ande fuera tened cuydado de echarle vn buen clauo.

_Polid._--De las mientes me ha salido que no haria daño soltar de noche esta alimaña por la huerta, que al menos no andarian raposas ni sabandijas donde él anduuiesse.

_Theoph._--Si no fuesse dañoso para la ortaliza, no me paresce mal tu consejo, porque en estas cercas parescen señales de auer entrado por ellas.

_Mach._--A todo hará prouecho si el leon anda de noche suelto, que aunque mosotros andemos con él no ayas miedo que él resciba pabura.

_Theoph._--Ora, pues ansi os paresce, tened cuydado de soltarle en siendo de noche, e dexad abierta la caxa para que entre y salga quando quisiere, que al leon no hará daño e la huerta rescebira prouecho.

_Mach._--A buena huzia, nuestramo, que ello se haga a plazer.

_Theoph._--Prissa prissa, que yo por aquí me quiero apartar a rezar vn poco.

_Polid._--Vaya a salud su meçé.

_Theoph._--Pamphilo é Siluerio hijos, despues de aquel penoso razonamiento entre nosotros passado, ni yo he tenido lugar ni vosotros cuydado para auisar me si en aquel negocio aueys sentido algun indicio o señal de lo que yo temo. Tengo el coraçon tan leuantado y el entendimiento tan sin libertad para gouernar me, que algunas vezes consiento con la voluntad en cosas muy escandalosas e con la pena las pondria en effecto, si el zelo de mi fama no tuuiesse la rienda a mi desseo. O canas ya caducas. O años desdichados. O pobre viejo, para qué veniste al mundo, pues toda la vida mia no es sino vn curso de miseria, e vna hedad de cuydados y vn tiempo semejante al tránsito de la muerte! qué haré? Si descubro lo que siento y lo quiero castigar, poco castigo es que esta ciudad se abrase. Pues si lo dissimulo por quitar los paresceres del vulgo, vendra en términos mi honrra que se acabe con mi vida. O mis fieles criados, dezid me qué haga o tomad este puñal e dad con él fin a mis dias.

_Pamph._--Señor, muy delicadamente siento tu pena, porque con agudo sentimiento traspassas mi coraçon. E segun lo que de tu plática se puede collegir, deues auer rescebido alguna penosa relacion, pues tales effectos produzes. Con astucia auemos mirado lo que como a criados nos mandaste, e hasta agora no auemos hallado en Philomena tu hija indicio que malo sea. Aunque estas contractaciones que esta vieja nueuamente ha trabado en esta casa bastan a engendrar todo género de sospecha. Este dia passado passó por la puerta de casa, e dió a Siluerio encomiendas para todos. No ay otra cosa de que se pueda formar malicia.

_Theoph._--O padres, no deuiades de nascer los que hijas mal inclinadas aueys de engendrar. Qué bien tiene quien de honrra caresce? pues qué honrra tiene quien liuiana hija ha criado? pues vn hombre deshonrrado, cómo biuira sossegado? Ora, mis fieles criados, el principio de mi remedio consiste en que esta vieja muera para que por la rayz se comience a curar mi dolor, e despues como esto succediere, tomaremos nueuo consejo.

_Siluerio._--Señor, veo te tan penado, que en qualquier peligro pondre mi vida por ver la tuya libre de tristeza, e si en solo esto que mandas que hagamos consiste tu contentamiento, y eres seruido que a su casa vamos e la saquemos el alma, alli la daremos tal muerte con que tú, señor, quedes satisfecho.

_Theoph._--Todas las cosas arduas quieren maduro consejo. Mejor es que aguardeys a acometer en vuestra casa, que no yr a la agena de donde vengays offendidos y no satisfechos.

_Pamph._--Señor, pues en este caso puedes perder cuydado, que nos sabremos dar a buen recaudo.

_Theoph._--Ansi confio de vuestra fidelidad. Vamos, que me paresce ya hora de çenar.

_Siluerio._--Vamos, señor, que ya estará aparejado.

_Theoph._--Florinarda amiga, no se haze ora para que çenemos?

_Flor._--Sí, mi señor, todo está adereçado.

_Theoph._--Pues yo voy. Vosotros, hijos, tened cuydado de mirar entretanto por lo que os tengo encomendado.

_Pamph._--De muy buena voluntad. Qué sientes, hermano Siluerio? quán lleno está nuestro amo de cuydosos pensamientos!

_Siluerio._--El coraçon tan triste como está agora el suyo, es impossible no dar señales de passion.

_Pamph._--O qué lastima tan grande es verle sus lagrimas derramadas por su faz tan venerable. Y cómo procura soledad por no descubrir su pena.

_Siluerio._--O hembras hembras, que de tantos enojos soys causadoras. O vieja Claudina, Dios te trayga a nuestras manos para que rescibas el pago de tus pisadas. Mira, Pamphilo hermano, esta vieja es cobdiciosa, e ha de venir agora a cobrar de Philomena vn anillo que acá tiene, porque ansi está entre mi y ella concertado. Estemos sobre el auiso, e aparejemos tales leños que al primer leñazo no haya menester segundo. Por aqui por la puerta de abaxo suelen ser sus venidas secretas. Yo te digo, Pamphilo, que no tarda mucho en venir.

_Pamph._--Por las reliquias de Roa que o yo me engaño o es ésta que por aqui abaxo desciende haldeando.

_Siluerio._--Ella es, cierto. Mira, hermano Pamphilo, que todos la demos a vna, e no arrojemos golpe sino fuere sobre las tocas.

_Pamph._--Ora dexala llegar. Oye qué rallo trae.

_Clau._--Es possible? es mi Siluerio? es el que yo quiero como a hijo? Jesu, Jesu, aosadas, putico, que no digo yo en balde que eres tu enamorado. A qué hora de la noche está a la puerta el gallito!

_Siluerio._--Y tú mira[582], madre vieja, en qué andas a tal hora con tus haldas luengas que paresces estantigua?

_Clau._--Hijos, mal peccado, la necessidad es carrera de perdicion. Cómo estan tus señoras vieja e moça? yo te asseguro, hijo[583] Siluerio, que no tuuiste memoria de lo que te dexé este dia encomendado?

_Siluerio._--Por cierto, madre, sí tuue, y a mi señora Philomena hablé en secreto de tu parte e holgó mucho en saber de ti.

_Clau._--Huelgue se Dios con su merced. E di me, hijo Siluerio, no rescibiria yo de ti tanta gracia que ella supiesse como está aqui la Claudina?

_Pamph._--O mala vieja, e qué cuentas tienes tú de aueriguar con ella a tal hora?

_Siluerio._--Dala, Pamphilo hermano.

_Clau._--Jesus sea comigo.

_Pamph._--Y avn rebullis?

_Clau._--Confession.

_Siluerio._--Confesion o qué? O puta vieja.

_Pamph._--Dala dala, que avn todauia rebulle. Siete almas tiene como gato.

_Clau._--Conffession.

_Siluerio._--Aun rebulles, puta vieja, canas de infierno? pues espera que con este leñazo yo asseguraré la honrra de muchos con acabar tu mala vida.

_Pamph._--Mira, Siluerio, si rebulle.

_Siluerio._--A mí me paresce que ya está muerta, pero dala otro leñazo para que pierdas la dubda.

_Pamph._--Ora, hermano Siluerio, este negocio es concluso. Las tinieblas de la noche encubren esta obra pia que auemos hecho, porque Dios ha tenido por bien que tan maldictos años sean acabados. No es razon que a la puerta de Theophilon aya rastro de tan mala muerte. Arrastrando o como quiera la lleuemos hasta la puerta de su posada para que putas e rufianes la den honrrada sepultura.

_Siluerio._--Ten de esos pies, Pamphilo hermano.

_Pamph._--O puta vieja, e cómo pesas, qué cargada deues yr de pecados!

_Siluerio._--Mejor dixeras que los pecados van cargados con ella.

_Pamph._--Aqui junto a su puerta la pongamos para que quien primero entrare pueda lleuar las nueuas.

_Siluerio._--Allá quedarás, vieja falsificada, que no es mucho que coman el cuerpo los perros, cuya ánima se lleuaron los diablos. Mira, Pamphilo hermano, aunque nuestras manos se hayan mostrado sangrientas, e con crudos coraçones este caso ayamos acabado, mayor es el bien que la republica rescibe con la muerte desta hechizera que el mal que nosotros hezimos en darla tan mala muerte: ya sabes, hermano, quánto es necessario que vna puta vieja muera, porque las famas e honrras de tantos buenos no perezcan.

_Pamph._--Ora a nosotros perdone Dios, pues; a la Claudina se llevó el diablo.

NOTAS:

[582] En el original, _mirad_.

[583] _Hijos_, en el original.

ARGUMENTO DEL XXVII ACTO

Palermo e Piçarro van a casa de la Claudina para traer a su estancia a Parmenia e Libertina, e llegados a la puerta de la vieja, la hallan en la calle, que avn pide confession: metenla dentro en su casa, donde manda que llamen a Celestina e la dexa por tutriz de sus hijos e tenedora de sus bienes, lo cual hordenado e por la vieja Celestina aceptado, da el ánima al diablo e dexa el cuerpo á los gusanos.

PALERMO. PIÇARRO. CLAUDINA. PARMENIA. LIBERTINA. CELESTINA.

[_Pal._]--Hermano Piçarro, ya ues que nuestra pobreza no quiere tanta dilacion en lo que cumple al roço quotidiano. Si te paresce que demos vna buelta por casa de aquella puta vieja e traygamos aquellas piel de ouejas al rancho, ya sabes que no podemos hazer viaje que más sano sea.

_Piç._--O hermano, hermano, cómo te hiede la vida. Despecho de la casa de Pilatos si tú no me hiedes a muerto. Estas son vnas marcadas rameras, que cada qual tiene vna dozena de amigos, e sobre todo: estos moços de Policiano son mucho de aquella casa, y aun por milagro es quando de allá salen; no pensemos yr por las pellejas e dexemos allá los pellejos.

_Pal._--O pese a la fe de Tremeçen con hombre diuino, vamos, despecho de la condicion, y siquiera lo lleue todo el diablo.

_Piç._--Veo te tan enojado que no cumple dar te consejo, mas descreo del puerto del Muladar si no estoy temblando como vn azogado. Qué armas te paresce que lleuemos para que no caygamos en falta?

_Pal._--Espadas e capas y aun no muy costosas, pues no estamos ciertos de lo que nos ha de acaescer.

_Piç._--Lo que yo te sabre dezir, no es más de que si en la posada ay varon no entraré allá más que en el Infierno. E avn que si tomo las viñas vn cauallo no me alcance. Mira, hermano Palermo, por sí o por no, haz como yo hiziere e yo pagaré por ti si murieres mal logrado.

_Pal._--O, despecho de la peña camasia con tan pocas fuerças como tenemos. Pues si para este embaraço es menester algun desgarro, o hazer vn repiquete de broquel, o algun golpe de pomo, no llegaremos a un amigo que vaya con nosotros?

_Piç._--Donoso estás, leydo has donde yo. Maldito seas, hermano; si hauemos de huyr, no vale más solos que con testigos? Más honrradamente haremos el salto peligroso yendo solos que muy acompañados. Toma, hermano, tu follosa e ata te la bien al cinto, porque al huyr no se te cayga, e si mal te succediere, assientalo a mi cuenta.

_Pal._--Ora vamos, e Dios nos libre de traydores, que yo temeroso voy deste camino.

_Piç._--Mira, hermano Palermo, cuerdo eres. No te pongas en auentura, sino en viendo me huyr aliuia tras mí, que sé muy bien los atajos.

_Pal._--Por aqui por esta callejuela es más cerca e sin peligro.

_Piç._--Cerca llegamos. Mas dime, hermano Palermo, no te paresce que vees vn bulto negro hazia la puerta de la vieja?

_Pal._--Por el passo en que vamos que creo que dizes verdad. Lleguemos vn poco más adelante.

_Piç._--A vn en ora mala acá venimos si auemos de quedar esta noche por estos cantones. Ora está atento, veamos si se menea.

_Clau._--Ay, ay, que me fino.

_Pal._--Escucha, que boto a tal que habla no sé qué ay.

_Clau._--Confession.

_Piç._--Huye, huye, Palermo. Huye, que vienen tras nosotros.

_Pal._--Detente, Piçarro, detente que no es nada. Ha, Piçarro, buelue acá que no viene nadie, pese a la peña de Francia.

_Piç._--O hermano mio, e cómo se me auia elado la sangre. Viste bien lo que era? certificaste te no fuesse alguna traycion?

_Pal._--Calla, cuerpo de la vida mala, que lo que alli está ni se menea ni puede.

_Piç._--Ora lleguemos allá, Dios e nuestra Señora nos guien. Quién va ay?

_Clau._--Confession.

_Pal._--Despecho de tal si no es la madre Claudina. Ha, madre señora, eres tú?

_Clau._--Que me fino. Confession.

_Piç_--Ella es, e descreo de tal si de su casa la han visto. Hola, damas.

_Par._--Quién llama?

_Pal._--Abri, descreo de la media nata que está aqui la madre vieja cuasi a punto despirar.

_Par._--Jesus, e qué es esto que veo? Eres tú mi madre? Justicia de Dios, señores, que me han muerto a mi madre. Madre mia, madre de mi alma. Mirame acá, señora.

_Clau._--Que me fino.

_Lib._--Madre, mira me acá. Buelue a mí los ojos. Quieres algo, madre de mis entrañas?

_Clau._--A mi comadre Celestina. Que me fino.

_Par._--Libertina, amiga mia, por la passion del que se puso en Cruz, que tú vayas corriendo hasta casa de Celestina, y la digas lo que passa, que tome luego su manto, porque mi madre la quiere ver para siempre.

_Lib._--Gentiles hombres, uno de vosotros se vaya en mi compañia.

_Piç._--Vamos, señora, donde tú seas seruida.

_Par._--Madre de mi coraçon, por qué no me quieres mirar? Di me lo que te ha acontescido. Cuenta me tan gran desuentura. Qué dizes, madre?

_Clau._--Que me fino. A Celestina.

_Pal._--Ya, ya, madre vieja, ya viene la madre Celestina. Quieres algo que se haga en tu seruicio?

_Clau._--A Celestina.

_Par._--Ya viene, madre mia.

_Cel._--Paz sea en esta casa.

_Par._--Ay, tia de mi coraçon, mira mi desdicha grande, mira mi madre y mi bien todo; mira su cabeça hecha pedaços. Justicia, señores.

_Cel._--Paciencia, hija mia, paciencia. Qué es esto, comadre de mi alma? qué mal tan grande fue el tuyo? alça los ojos, señora Claudina, mira que soy venida a ver lo que mandas.

_Clau._--Comadre, yo me voy a dar cuenta a Dios de la vida passada. Llegado es el remate de nuestra tan larga amistad. E como en la vida te aya sido leal amiga, maestra e compañera, quiero en este tránsito que sepas el amor que te tengo: lo primero para que fuiste llamada será encargar te esta casa con los muebles y aparatos della, donde hallarás muchos instrumentos e materiales a nuestro arte necessarios, de los quales en esta mi vltima voluntad te hago libre e perfecta donacion. Especialmente te pongo en la possession de vn arca mia, donde hallarás las cosas siguientes: quatro botes grandes de olio serpentino, e otros dos pequeños de sangre de abubilla, vna caxuela llena de dientes de ahorcado y otra caxa grande de tierra de vna encruzijada; redomas para azeytes, porque son en quantidad no tengo memoria de las differencias dellas, pero de todas, con lo que dentro está, te hago libre donacion. En vn pellejo de gato hallarás embuelto seys dozenas de agujas para costuras de virgos, y en vna caxa pintada todo el aparejo junto. De todo esto, comadre, tomarás la possession en el punto e hora que mi ánima salga desta carcel. Otra cosa que deues estimar en más que todo te quiero agora dar de mi mano á la tuya. Cata aqui, comadre, vna matricula e memorial en que hallarás ciento e quarenta e dos moças que a mí estavan encomendadas, e setenta e ocho despenseros a quien estaua obligada a proueer, e veinte e cinco virgos que tengo de remediar. Todo esto e a todos éstos te encomiendo, comadre mia, que les hagas tal tractamiento que ninguno dellos sienta mi falta. Mi hijo Parmenico, ya sabes, comadre, quánto ha que está absente. En qualquier tiempo que venga le tendras por hijo[584] adoptiuo, e hasta que sea de hedad será[s] tutriz de su hazienda. Esta mochacha ya queda en hedad para ganar de comer, pero si como moça anduuiere errada, en tu consejo e auiso la encomiendo. Muchas cosas se me offrescen a la fantasia para dezirte, pero ya mi turbada lengua no me da lugar. Hija Parmenia, ven acá, abraçame.

_Cel._--Comadre, ha comadre señora Claudina. Jesus, Jesus. Sancta Pascua fue en domingo.

_Par._--Madre mia, madre de mis entrañas.

_Cel._--A esotra puerta, hija Parmenia; ya puedes dezir que no tienes madre.

_Par._--Ay, madre mia. Ay, entrañas mias. Cómo me dexays tan sola? Cómo quedo desamparada? Ay la desdichada. O pérdida grande. O mal sin medicina. O arrebatada muerte. O salteado tránsito. O madre, mi solo remedio.

_Lib._--Ay, mi agradable compañia. Ay, tia de mis entrañas, qué será de nosotras? Adónde yremos en tu absencia? Quién cubrira nuestras faltas? Con qué honrra sabremos entre nuestras yguales?

_Par._--Ay, señora Celestina, ayudame a llorar mi angustia grande. Siente comigo mi perdimiento.

_Cel._--Hijas de mi alma, no desmayeys, tornad en vosotras, aparejad de dar sepultura al cuerpo de mi madre, que aunque la pérdida fue grande, biuiendo os Celestina no biuireys desamparadas. Y aunque los coraçones lastimados pocas vezes admiten consejo, especialmente quando la pena está reçiente, como agora la nuestra, las personas cuerdas y experimentadas en trabajos a toda aduersidad hallan medicina. Para esto nascimos, para tornar a la tierra lo que della rescebimos. La dilacion de la muerte, el deffecto quotidiano de nuestra corrupcion que de dia en dia se dilata, no es otra cosa sino vna muerte prolixa e vn continuo estar boqueando. El termino de nuestros dias por el soberano acto[585] del uniuerso está determinado, y éste no puede passar el más fuerte de los que biuen. Esta ventaja nos lleuan los que en morir nos preceden, porque al fin, hijas mias, todos a este rigoroso tránsito estamos obligados, y a pagar a la muerte este tributo, qualquier hidalgo es tan pechero como quien mayor pecho paga. Poned, hijas, vuestra voluntad con la de aquel que a mi comadre crió para lleuarla, que aunque hagays, como dizen, de la necessidad virtud, con esta conformidad no perdeys vuestro galardon; e ya, pues esta desdicha es acaescida, no podemos los que biuimos tener la rueda a la fortuna que no ruede como e quando quisiere. E tú, hija Parmenia, no çiegues ni atormentes tus ojos llorando, ni te aflijas por lo que perdido es e yrrecuperable. Pon, hija mia, essas alhajuelas en recaudo, e tomad ambas vuestros mantos e vamonos a mi posada, que mientra yo biuiere y tú de mi compañia holgares, no te faltaré ni echarás menos a tu madre.

_Pal._--Damas, muy pesantes somos desta desgracia acontescida; por lo que a vuestra gentileza se deue os somos muy obligados si algo a vuestro seruicio tocare, ya sabeys el estancia, e nos podeys embiar a mandar. E pues la madre vieja os lleua a su posada, allá acudiremos para ver lo que os cumpliere.

_Piç._--A Dios, a Dios, hermosas, y él consuele vuestra tristeza.

_Cel._--El os guie, hijos; andad acá, moças; cubrid bien las cabezas, que muy presto somos en casa.

NOTAS:

[584] _Hijos_, en el original.

[585] _Sic_, probablemente _actor_ ó _auctor_.

ARGUMENTO DEL XXVIII ACTO

Policiano con sus criados va a gozar de los amores de Philomena. Y entrado en la huerta sale el leon de entre los arboles, e sin que dél se pueda defender, le haze pedaços. Y luego viene Philomena al lugar determinado, donde halla a Policiano muerto. E despues de hazer su llorosa lamentacion, con la espada de Policiano da fin a sus dias.

POLICIANO. SOLINO. SALUCIO. MACHORRO. POLIDORO. PHILOMENA. DOROTEA.

[_Pol._]--O noche bienauenturada. O nocturno curso de mí tan desseado. O nocturnas tinieblas, lustrosas e llenas de claridad. O escuridad apazible, quánta alegria das a mi coraçon tan vfano. Los dias me son tan aborrescibles quanto las noches agradables, porque estoy ya tornado aue nocturna que con la claridad pierdo la vista, y en tinieblas estoy muy claro. Oyes, moço.

_Sal._--Señor.

[_Pol._][586].--Adereçad mis armas, para que vamos a ver a aquella hermosa diana con quien mi vida tiene luz de bienauenturada alegria.

_Sal._--Señor, todo está aparejado, vamos quando fueres seruido.

_Pol._--Oyes, Siluanico, ve delante, mira no hallemos alguno en el camino de quien seamos conoscidos.

_Sol._--Señor, dónde mandas poner el escala?

_Pol._--Por esta parte más secreta, e aguardadme con el silencio possible, pues no está en más mi perdimiento que en auer señales públicas de mis amores secretos.

_Sal._--Puesta está el escala, sube y los angeles vayan contigo.

_Sol._--Buen pelo trae nuestro amo. Encaramada anda la Luna sobre el horno.

_Sal._--Todas las cosas puede el oro. Todos los hedificios soberuios allana, e avn los coraçones remontados abate. Dadiuas en fin, hermano, dizen que quebrantan peñas.

_Sol._--Es verdad. Pero el coraçon de Philomena crey yo ser de vn diamante. Vn inexpunable castillo e vn rio caudal sin puente, todo lo ha batido, todo lo tiene aportillado, todo lo ha destruydo Policiano con dineros, e la Claudina con conjuros.

_Sal._--Pulilla es que consume, cançer que carcome, ladron que en poblado saltea, la vezina mala junto a la casa virtuosa.

_Pol._--Mi señora no deue ser venida, muy temprano fue mi camino. Pero entre estos arboles deleytosos esperaré a la reyna de mi vida. Jesus sancto, Dios sea comigo. O, qué animal tan feroz.

_Mach._--N'os digo yo? Huera aqui, Bardino. To, to, to.

_Pol._--Jesus, muerto soy.

_Polid._--Huera aquí, Manchado. Qualque raposa deue de andar retoçando con el leon de nuestramo, segun que se assombran estos canes.

_Pol._[587].--O cómo soy burlado. O mi señora, cómo muero sin ver te. Confession. Confession.

_Mach._--El diabro veo que tienen esta noche estos allanos.

_Polid._--Estan despauoridos con acotra[588] alimañaza; no escamparán de ladrar en toda esta mesada. Mas no has, Machorro, emaginado qué diabros de cudados le toman a nuestramo con esta su huerta? Que dende estotra semana no sel cueze el pan mirando cada dia las almenas de la cerca. Creo que sospecha que le hurtan la ortaliza.

_Mach._--Ande se pues a essas, que yo te juro, Polidoro, que vale más vna traspuesta que dos assomadas. No busca él quien le hurta las berças, son que sospecha que ésta su hija anda en qualque pel damor, e reçela se no se entren los enamorados por estas paredes.

_Polid._--Valate el diablo cara de asno. Pues por aquella paredaza tan grande se auie de entrar nenguno, aunque huesse el Gigante de cuerpo criste?

_Mach._--Poco sabes de garçonia. Pues para alli tienen estos escoderotes vnos diablos de escalones de soga, con vnos garauatos que suben con ellos hata la torre de sancta Maria.

_Polid._--El diablo me lo daua. Quiera ella, la zagala, que no ha menester nada de essos armandijos.

_Mach._--Ora, durmamos vn cachuelo, pues que los perros han parado.

_Phil._--Çe, çe, Dorotea, muy quedo porque no seamos sentidas, te leuanta y escucha si en el aposento de mi señora ay algun rumor o alguno está por dormir.

_Dor._--Señora, todo está sossegado. Leuantate, que no tienes de qué temer.

_Phil._--O cómo creo que nos auemos tardado. Pues si Policiano mi señor es venido e cansado de esperar se me ha tornado, no será más mi vida.

_Dor._--Passito, señora, no sientan estos hortolanos nuestra venida. Tú mi señora te ve sola, e yo daré vna buelta por estas ventanas, e miraré si paresce alguno de sus criados.

_Phil._--Ve, amiga, e si yo no te llamare no vengas donde yo estuuiere, que no quiero que impidas mi gozo tan desseado. O mal grande. O desastre sin segundo, qué es esto que veo? qué puede ser tan desastrado caso? Eres tú, mis amores? Eres tú, mi Policiano? Eres tú el que dauas luz a mi coraçon? Impossible es que la hermosura de tu cara aya afeado algun género de muerte. Quierome certificar, e si tú eres Policiano mi señor, no ay razon para que yo biua angustiada muriendo tú despedaçado. O desdicha sin comparacion. Mi plazer es consumido. Mi gloria es acabada. Mi vida desuanescio como humo. O la más triste[589] de las tristes. O mi Policiano e mi descanso: dónde está la lindeza de tu hermoso rostro? dónde está tu esfuerço e gentileza? O dolores que este mi coraçon atormentays, por qué no le rasgays por medio? para que mi alma acompañe en la muerte a aquel que tanto quise en la vida. Mas bien acertada fuera la furia deste animal sangriento en mí, que quedo para morir con dolor, que en ti, mi vida, que començauas a gozar de los premios del amor. O animal[590] sin conoscimiento. O sanguino furor, cómo pudiste executar tu saña en el origen de la mansedumbre? Gran sinrazon haria yo, coraçon mio, a tus angustias, por mi padescidas, a tus sospiros con tanta fidelidad continuados, a tus encerramientos de dia e a tus vigilias de noche, e finalmente a morir tú por mí, si en la misma moneda no te pagasse, muriendo yo por ti; e pues biuiendo con tanta voluntad te segui, justo es que en la muerte te siga, sin tener compassion de mí. O mi Policiano, espera me que quiero morir consolada con derramar las possibles lagrimas, e dar los postreros gemidos con que se hagan tus lastimosas obsequias. E no me incuses de hembra desconoscida, diziendo que me llamas para la sepultura, e me quiero yo alçar con la vida, porque bien conozco que sin ti el biuir es muerte prolixa, mar de tempestades que fortuna remueue, e que tu sepultura e mia son el puerto de nuestro reposo, y que a quien fortuna quiere ser fauorable, junta en la sepultura a quien juntó en las afficiones. O muerte dichosa, que tú sola me pondras en la possession de aquel que en la vida me nego ventura. Tú das morada perdurable e amorosa a los que biuiendo no gozaron de los premios del amor. En ti no moran cuydados, tú ya no me darás vanas esperanças. Crueldad grande es la que hago con mi viejo padre, e mayor la que executo con mi querida e amada madre. Pero mayor la haria comigo, si con la vida de acá me priuasse de seguir a quien me está allá esperando. Mucho quisiera dar cuenta desta mi repentina muerte, a lo menos a esta mi fiel secretaria; pero porque no impida este mi forçoso camino, me será forçado el silencio. Ella dará cuenta de mi muerte a mis viejos padres, pues sola ella queda por coronista de mis amores. O espada de aquel cuyo esfuerço ponia a los mortales ánimo y osadia, que tú serás oy verdugo de mi tardança en morir, e salario de lo que yo meresci con amar. Padres mios, quedad con Dios. Madre mia, perdona me si contigo soy cruel. Dorotea, mi fiel criada, la breuedad de mis dias no me da lugar para gratificar tus seruicios: perdona me por amor de aquel que a todos perdonó en la Cruz, y a él encomiendo mi ánima, y el cuerpo acompañe en la muerte a aquel que no pudo gozar en la vida.

_Sil._--Mucho se detiene esta noche Policiano. No sé qué me sienta de su tardança.

_Sol._--Yo juraré que está él agora tan embeuido en la señora, que ni se acuerda que tiene moços que le esperan, ni avn de sí creo que no tiene memoria.

_Sal._--Canta, Siluano, vn poquito, e acudira la moça al chillido, sabremos della qué mundo corre.

_Sil._ Rio verde, rio verde, más negro vas que la tinta; entre ti e sierra bermeja murio gran caualleria[591].

_Dor._--No puede ya mi suffrimiento darme espacio para dexar de gozar de tu angélica conuersacion. E pues el tiempo perdido me causa congoxa, sin razon seria perder la resta si ganar se puede.

_Sil._--O ángel mio, cómo has salteado mi turbada melodia, nascida de mi desseo, e continuada con el esperança que de mayor gloria me queda. Plega a Dios, Dorotea, si en mi remedio pusieres dilacion, que presto se acabe mi vida.

_Dor._--Passo, passo, Siluano, que no meresce tu fe ser pagada con el oluido. Plega a Dios Policiano e mi señora por el presente, no impidan nuestro gozo, que lo que de mi parte se te deue tienes de mí muy ganado. Dexa me dar vna buelta por este jardin e veré si estos nuestros enamorados están en lugar donde puedas entrar por el escala sin ser visto, que yo te auisaré de lo que hazer se pueda.

_Sil._--Pues mi señora, en tus piadosas manos encomiendo las penas mias.

_Dor._--Valame Dios, tan grande es el silencio destos enamorados que en toda la huerta no rebulle criatura? A dónde estarán? Sancto Dios, qué es esto que veo? Señora mia, señora, oye me. Mira que soy Dorotea. O grande mal. O incomparable desdicha. O caso más que desdichado. O casa desuenturada llena de tan crudas muertes. O Philomena, Philomena, dechado de hermosura. Cómo pudo la muerte destruyr la cosa más estimada de la vida? O espada sangrienta, que de vn golpe tantos coraçones trauessaste. Heriste el de aquel viejo triste cuya luz oy es escurecida. Ensangrientaste las entrañas de la desdichada madre, que en esta hija como en espejo se miraua. Lastimaste a esta sin ventura que a todos excede en sentimiento. Mejor emplearas, muerte rauiosa, tus mortales sañas en mí, que a pocos diera dolor con mi acabamiento, que en aquella que tantos ojos alumbraua con su acatamiento. O Policiano, Policiano, quán desastrado fin tuuieron tus amores. Sola la muerte pudo darte lo que tan difficultoso hallaste en la vida. O amor mundano. O loco mundo. O variable mundo, lleno de tantos desatinos. Loco es quien en ti confia. Vario el que te cree. Sin seso quien tus pisadas sigue. No das vn momento de plazer sin mil años de sobresaltos. Muchos en ti confiaron y a todos dexaste burlados. A todos prometes descanso e nadie lleua de ti sino tristeza. Plega a Dios, amor, que a quien te creyere lo mejor de la vida le falte. Tú eres ciego: pues a quién puedes guiar en camino que se salue? Vete amor, vete mundo, vete Siluano, que quien vanamente ama, vanidad es su salario. Yo quiero agora dissimular este desastre e tornar me al aposento, que al fin el tiempo descubre sus obras.

NOTAS:

[586] Falta aquí en el original el nombre de Policiano.

[587] _Polidioro_, en el original.

[588] Forma villanesca del compuesto _aquesotra_. Ya anteriormente hemos visto, hablando estos mismos rústicos, _aco_, _aca_, _acos_ y _acas_, por _aquello_, _aquella_, _aquellos_ y _aquellas_.

[589] En el original, _treste_.

[590] En el original, _amimal_.

[591] También impresa como prosa esta cabeza de romances.

ARGUMENTO DEL XXIX ACTO

Theophilon, muy cuydoso de la liuiandad de Philomena, habla con Pamphilo e Siluerio, los quales le cuentan la muerte de la Claudina, y estando en el regozijo de ver acabada su mala vida, entra Machorro el hortolano a dezirle que Philomena su hija está bañada en su sangre en la huerta, e con el llanto de Theopilon se acaba esta tragedia.

THEOPHILON. SILUERIO. PAMPHILO. DOROTEA. MACHORRO. FLORINARDA.

[_Theoph._]--Oyes, Siluerio, alça vn poco essa antepuerta, veamos si es de dia, que todo esta noche he tenido el coraçon tan desassosegado, que en mi pena no he hallado vn momento de reposo; qué sientes de mi honrra, Pamphilo?

_Pamph._--Señor, más deue ser al presente lo que ymaginas con el recelo, que lo que a tu hija passa por el pensamiento. No te fatigues, señor, ni con la ymaginacion penosa des fin a tus pocos dias, que no ay cosa que tanto duela que el tiempo no le dé su remedio, y para principio del tuyo, te hago saber que Siluerio e yo nos hallamos la noche passada a la puerta falsa con la vieja Claudina, e la hezimos tan buen tractamiento, que la embiamos a çenar al otro mundo. Y esto se hizo no tanto por la culpa que en ella hallamos quanto por cumplir lo que tú como señor nos mandaste.

_Theoph._--Agora mis penas son acabadas. Ya mi congoxa tendra sossiego. Ya no temeré que con ocasiones malas mi hija tan querida será liuiana. O mis fieles criados, yo os prometo de gratificar vuestro seruicio como vosotros meresceys, e con él me aueys obligado.

_Mach._--Hola, señor nuestramo, yergue te dende malora para todos nosotros acá donde esta madrugada nascimos.

_Sil._--Qué es esso, Machorro? qué mal es el que te ha acontescido?

_Mach._--Qué, señor? que nuestrama la moça Dios prega es finada e alli esta patitendida en medio de acos tablares, que es mal dolor de otealla.

_Theoph._--Vienes por ventura loco o hablas entre sueños? qué dizes? mi hija no está en su retraymiento?

_Mach._--Aora de cas de mi madre la garrida. Yergue te day priado, que ni caté si está comida dell alimaña ni si murio de qualque dolencia; que alli vide tanto del sangradero, que vengo medio pasmado.

_Theoph._--Oyes, Dorotea, Dorotea, no me oyes?

_Dor._--Señor.

_Theoph._--Ven acá, dónde está mi hija?

_Dor._--Señor, no sé si ha madrugado a coger el frescor de la huerta, que no está a mi parescer en su cama.

_Theoph._--O dia triste. O dia aziago. O dia de mi fin desuenturado. Vamos, Siluerio, a ver este desastrado caso para mi.

_Dor._--Yo voy a la huerta e vere si a lo fresco de algun limon mi señora está dormida. Ay dolor grande. Ay mal sin remedio. Ay lástima sin segunda. Ay desdichada sola. Ya no tengo quien me mire, ya no tengo quien me halagure, ya fenescieron mis fabores. Ay casa desdichada. Corre, señor, verás las arras de tus caducos años. Anda, verás la lumbre de tus ojos eclipsada, verás a la hija que engendraste bañada en arroyos de sangre que de su coraçon salieron. Corre, señor, rescibe el dote que la muerte te embia en el fin de tus antiguos dias.

_Theoph._--O lastimada vejez. O canas mal fortunadas. O mi hija, lumbre de mis ojos, baculo de mi vejez cansada. Qué caso tan inopinado fue, hija mia, el que a ti trauessó el coraçon y a mi cortó el hilo de la vida?

_Flor._--Qué es esto, señor mio? qué gemidos tan sin consuelo son los tuyos? Dime la causa de tus penas e sentirlas he como mias.

_Theoph._--Ay dolor grande. Ay muger tan amada. Cata aqui mis reçelos, para mientes [en] mis temores. Cata aqui mis castigos no acostumbrados. Cata aqui la hija que tú pariste, su coraçon hecho pedaços. Cata aqui nuestra casa deshonrrada, y sola de la compañia para mi vejez mas agradable. O gentes que lastimas excessiuas aueys gustado, mirad si ay a mi dolor otra pena que se le yguale. O amor, amor, pues me priuaste oy de la cosa que en esta vida más amaua, pues te llamas amor a tuerto o a derecho, a quién has cometido que mitigue mis ansiosos cuydados? qué remedio pones a mi dolor tan estraño? quién aliuiará la cuydosa carga de mi vejez trabajada, pues me lleuaste oy en flor la fructa que para mi enferma senectud Dios e naturaleza me auian prestado. Pero aunque me la dieron prestada, no para tan poco tiempo: dexaras amor desamorado que mi hija començara a conoscer se para que te conosciera, e como de cossario ladrón se apartara de ti. Armaste le el lazo de tus amargos dulçores en la hedad más sin cautela para que menos te resistiesse, e más presto en tus escondidas trampas cayesse. Dime, amor tramposo, mal pagador de seruicios, quándo te offendi yo tanto que meresciesse tan crudo castigo? pues si por demeritos mios, amor falso, me castigaste, executaras tus sangrientas rauias en mis caducos años y en mi faz arrugada, e no me lastimaras en esta juuentud hermosa y en esta moçedad tan delicada. Si comigo tuuiste el enojo, por qué diste tan cruel açote a la ynocente? O amor loco. O amor desatinado. Maldigo tus pensamientos vanos, maldigo tus palabras fingidas, maldigo tus passatiempos lisongeros, maldigo tus enojosos plazeres, maldictas sean tus açucaradas çaracas, e tus deleytosos enojos, tus apassionados deleytes e los instrumentos de tus prisiones; que otros prenden para soltar, y tú captiuas el coraçon para matar. Mataste oy a la joya más acendrada que entre los mortales fue nascida. Lastimaste con mortal dolor a este triste viejo, cuyo fin á mi puerta está dando aldabadas. Pusiste en términos la vida de aquella madre desconsolada que alli veo entre aquellas yerbas medio muerta. Pues si a todos matas, e matar los hombres tienes, amor, siempre por officio, muerte rauiosa te llamen de aqui adelante y no amor halagueño. Porque si halagas es para mejor lastimar, e si lastimas, no más de para matar. Pues, mortal amor, no me puedes hazer ya mayor mal del passado, seguro estoy ya de tus ondas reboltosas, e de tus amargos desconciertos. En lo vltimo de potencia has executado comigo tu rigor; lastimado me dexas los pocos dias que en el mundo biuiere. Pues quien mi lástima tan grande supiere, no es possible sino que de ti se guarde. Si con tiento me hirieras, e tan adentro no me tocaras, mi pérdida no fuera tan grande, e siendo mi mal tolerable, mi quexa fuera templada, pues si yo de ti no me quejara, muchos en tus trampales cayeran. Ya, amor falso, de aqui adelante, porque a ninguno como a mi maltrates, todos huyran de tus sabores[592], con nadie tendras crédito, ni abrá quien de ti se fie. Amor falso malauenturado, tus fabores son humo, tus plazeres no son durables, e al fin fin amor. _Omnia pretereunt preter amare Deum._

ACABOSE ESTA TRAGEDIA POLICIANA A . XX . DIAS DEL MES DE NOVIĒBRE, A COSTA DE DIEGO LOPEZ, LIBRERO, VEZINO DE TOLEDO. AÑO DE N[=R]A. REDĒMPCION DE MIL E QUINIENTOS E QUARENTA Y SIETE.

_Nihil in humanis rebus perfectum._

NOTAS:

[592] Acaso _fabores_.

COMEDIA DE EVFROSINA TRADVCIDA DE LENGUA PORTUGUESA EN CASTELLANA POR EL CAPITAN DON FERNANDO DE BALLESTEROS Y SAAVEDRA

AL SERENÍSIMO SEÑOR INFANTE DON CARLOS

_Con privilegio. En Madrid, en la Imprenta del Reyno. Año de 1631. A costa de Domingo Gonçalez._

SVMA DEL PRIUILEGIO

Tiene Priuilegio de su Magestad, Don Fernando de Ballesteros Saabedra, para imprimir por diez años este libro, intitulado _la Eufrosina_, como parece por su original. Despachado en el Oficio de Francisco de Arrieta, Escriuano de Camara, y firmado de Iuan Lasso de la Vega. Dado en Madrid a diez y seis dias del mes de Diziembre de mil y seiscientos y treinta.

SUMA DE LA TASSA

Los Señores del Consejo tassaron este libro, intitulado _la Eufrosina_, a quatro marauedis cada pliego en papel, el qual tiene veinte y dos pliegos, que a los dichos quatro marauedis monta ochenta y ocho marauedis. Dada en Madrid a onze dias del mes de Agosto de mil y seiscientos y treinta y vno.

FE DE ERRATAS

Este libro intitulado _la Eufrosina_ está bien y fielmente impresso con su original. Dada en Madrid a veinte y quatro dias del mes de Iulio de 1631 años.--_El Lic. Murcia de la Llana._

APROVACION DEL M. IOSEPH DE VALDIUIELSO. CAPELLAN DE HONOR DEL SERENISSIMO SEÑOR INFANTE Y CARDENAL DE ESPAÑA.

M. P. S.

En la comedia llamada _Eufrosina_, que me mandó ver V. A., que traduxo de la lengua Portuguesa a la Castellana Don Fernando de Ballesteros y Saabedra, no hallo cosa no conforme a la verdad Catolica de nuestra Sagrada Religion, ni contraria a las buenas costumbres. Está traducida con acierto y con dicha, por la dificultad de las frases de ageno Idioma. La Fabula es sentenciosa y exemplar, despierta auisos y auisa escarmientos: deuerá al traductor Castilla estos diuertimientos y Portugal estos honores. Este es mi parecer. Saluo, etcétera. En Madrid en veinte y nueue de Otubre de 1630.--_El Maestro Ioseph de Valdiuielso._

APROVACIÓN DE D. LORENÇO VANDER HAMMEN, DE LAS OBRAS DE FRANCISCO DE LA TORRE[593].

Las obras que escriuio en verso castellano Francisco de la Torre, y pretende dar a la estampa D. Francisco de Queuedo (raro ingenio deste siglo) he visto atentamente, y no sólo las juzgo por merecedoras de comunicarse a la luz comun, sino por dignas de ladearse con las de aquellos celebres varones que veneramos por Principes de la Poesia castellana. Estan escritas con la verdad, propiedad y pureza que pide nuestra lengua, cosa singular en estos tiempos, mas escriuieronse en aquellos en que se sabía más bien y se hablaua mejor, y assi no hay mucho que admirar. Esta verdad no la confessarán los que aora la ignoran, pero importa poco su juyzio, sientan lo que quisieren. Padecieron esta misma desdicha que oy aflige a España casi todas las naciones, y en especial la Hebrea. Hablo della primero que de otra alguna por ser su lengua madre y principio de todos los lenguages, y la postrera y vnica en el mundo. Introduxeronse pues en ella por la larga antigüedad, por los cautiuerios, por el descuido de dexar oluidar las vozes propias, y por la permision en el vsar de vocablos estraños, algunos tan obscuros, que los mismos maestros y naturales de las sinagogas despues los desconocian. Esto que vemos en el Idioma Hebreo y que confiessa S. Geronimo, hallamos en la lengua Latina, con ser tanto más nueua y más continuamente cultiuada y sin estas caidas. Y assi se quexa Tulio de que a vezes encuentra con muchas vozes en ella que no conoce, aunque las vsaron Marco Varron, Caton y otros. Lo mismo pudiera dezir de la nuestra, porque casi hemos hecho de los vocablos tantas mudanças como de la ropa, y podriamos hazer dos lenguajes tan diferentes, que el vno al otro no se entendiessen, porque nos damos tanta priessa a inuentar vocablos (o por dezirlo como ello es) a tomarlos prestados de otras lenguas, que por enriquezerla hemos de venir a desconocerla. Esto nace de parecerles a algunos ignorantes deste tiempo que es humilde el lenguaje Castellano, si no le ponen estos afeytes de vozes nueuas y le pintan con este colorido, y no aduierten que el bueno y casto, como dize Ciceron, ha de ser el que nos enseñaron nuestras madres y el que hablan en sus casas las castas matronas y mugeres bien criadas.

En esto, pues, está escrito este libro, aunque exornado con todo lo que permite el arte. Trabajo desigual a menor ingenio, y en que no hallo cossa dissonante a nuestra Santa Fee, o a las buenas costumbres. Tiene muchas imitaciones Italianas y Latinas, hermosas figuras y sentencias, y muy delgados conceptos, y assi puede vuessa merced, siendo seruido, mandar se dé la licencia que se suplica. Este es mi parecer. Madrid y Setiembre diez y siete de 1629 años.--_D. Lorenço Vander Hammen y Leon._

APROVACION DEL MAESTRO BARTOLOME XIMENEZ PATON

El libro intitulado _Eufrosina_, traducido en lengua Castellana de Portuguesa, por el Capitan Don Fernando Ballesteros y Saabedra, Regidor desta Villa-Nueua de los Infantes, que me cometio el señor Don Florencio de Vera y Chacon, del abito de San Tiago, Iuez ordinario, Vicario y Visitador general deste partido, he leydo con toda atencion y cuydado vna y más vezes, no he hallado en él cosa que contradiga a las de nuestra Santa Fee Catolica y buenas costumbres: antes con apacible estilo se notan y censuran muchos vicios, porque aunque Fabula, es de muy delicada corteza, con sustancia y copia de sentencias y consejos, de que me parece es justo todos participen, y el ingenio y trabajo de su segundo autor quede premiado imprimiendose. En este Estudio de Villa-Nueua de los Infantes a veinte y quatro de Iulio de mil y seiscientos y treinta años.--_El M. Bartolome Ximenez Paton._

Bien pudo la modestia del autor desta Comedia ser hazañosa en quitarse la gloria que de auerla escrito le resultará en los siglos. Mas si su noticia se adelantara a entender mereceria venir a las manos de V. A., tengo por cierto que por tan esclarecida ambicion dexara tan rigurosa templança. De mi caudal solas ofrezco á V. A. la habla Castellana y la eleccion del amparo; deuerame en esto mas que a si propio qualquiera que fue inuentor desta obra; pues si fue su alabança el hazerla buena, es su felicidad el emplearla tan altamente. Guarde Dios la serenissima persona de V. A., etc.--_D. Fernando de Ballesteros y Saabedra._

DON FRANCISCO DE QVEVEDO VILLEGAS, CAVALLERO DE LA ORDEN DE SAN TIAGO, A LOS QUE LEYEREN ESTA COMEDIA.

Esta Comedia _Eufrosina_, que escríta en Portugues se lee sin nombre de autor, es tan elegante, tan docta, tan exemplar, que haze lisonja la duda que la atribuye a qualquier de los mas doctos escritores de aquella nacion. Muestra igualmente el talento y la modestia del que la compuso, pues se calló tanta gloria que oy apenas la conjetura halla sujeto capaz a quien poder atribuirla.

Mañosamente debaxo el nombre de Comedia enseña a viuir bien, moral y politicamente, acreditando las virtudes y disfamando los vicios con tanto deleyte como vtilidad, entretiniendo igualmente al que reprehende y al que alienta; estraña habilidad de pluma, que sabe sin escandalo ser apacible, y prouechosa condicion que deuen tener estas composiciones. Assi lo juzgó Seneca, Epistola 115. Refiere que en vna Tragedia de Euripides, Beleforonte, que era la persona que hablaua, dixo tales palabras: Dexa que me llamen maldito, como me llamen rico; pues todos preguntamos si vno es rico, no si es bueno. No preguntan por qué y de dónde, sino quánta hazienda posee. En toda parte es cada vno tanto como tiene. Preguntas qué cosa nos está mal tener; respondo que nada, y quiero viuir rico, y si soy pobre, morirme; bien muere quien muriendo gana algo. Si en la cara de Venus resplandece cosa como la riqueza y el oro, con raçon enamora a los hombres y a los Dioses.

En acabando de pronunciar estas palabras postreras, todo el pueblo se leuantó con impetu a apedrear al representante y a los versos, hasta que Euripides mismo se leuantó entre todos, pidiendo que aguardasen a ver qué fin tenia en la Tragedia este Idolatra del oro. Oyeronle, y Beleforonte en la Fabula tenia el castigo que merecia su insolencia.

Hasta aqui son palabras de Seneca, que aprouando la buena composicion y exemplar de Euripides, preuino desde entonces aplauso y alabanza á nuestra _Eufrosina_, donde estan distribuidas las ruynas y las afrentas sobre los vicios, y los premios sobre las virtudes y meritos. No quede sin alabança aquel vulgo que se amotinó en el teatro contra la insolencia de las palabras quando no se lee de los Iueces y Magistrados algun enojo.

Con grande gloria de la virtud y buen exemplo se han escrito en España con nombre de Comedias, fuera de las Fabulas, historias y vidas que a la virtud y a el valor enseñan y mueuen con mas fuerça que otra alguna cosa. Como se ve con admiracion en las de Lope de Vega Carpio, tan dignas de alabança en el estilo y dulzura, afectos y sentencia, como de espanto por el numero, demasiado para vn siglo de ingenios, quanto más para vno solo, a quien en esto siguen dichosamente muchos que oy escriuen este entretenimiento decente a soberanas ocupaciones; que el ocio de los Reyes tiene estatutos de magestad, y no deue admitir alibio que no sea calificado. Por esto tiene lugar en los oydos de los Principes este de las Comedias, a quien han dado su atencion contra la proligidad de los cuydados los más y mejores Monarcas del mundo, sin que a esto ofenda lo que algunos malician, para reprouar los ingenios que dichosamente se ocupan en esta composicion, ni el entretenimiento, que es gustoso, y docto, y exemplar, y limosnero por el socorro frecuente con que alimenta los espitales. Pocas Comedias ay en prossa de nuestra lengua, si bien lo fueron todas las de Lope de Rueda. Mas para leydas tenemos la _Seluaga_, y con superior estimacion la _Celestina_, que tanto aplauso ha tenido en todas las naciones. En portugues ay vna de Camoes, dos del doctissimo Corte Real y esta EVFROSINA, de que careciamos, porque su original no cerzenado por Lobo es dificil por los idiotismos de la lengua y los Proueruios antiguos, y que ya son remotos a la habla moderna.

Don Fernando de Ballesteros y Saabedra con suma diligencia le ha traducido, de suerte que hablando Castellano no dexa de ser Portugues, ni deseó de verse cómo nació, donde empieza aora a viuir. Merece D. Fernando grande alabança en auer hecho que tenga Castilla parte en obra tan grande y digna de encarecida estimacion.--_Don Francisco de Quevedo y Villegas._

NOTAS:

[593] Esta _Aprobación_ de las obras de Francisco de la Torre nada tiene que ver con la _Eufrosina_, pero se encuentra en todos los ejemplares que hemos visto, y no hemos querido defraudar de ella á los lectores, en obsequio á la integridad del libro, aunque seguramente se introdujo en él por descuido.

COMEDIA DE EUFROSINA

CARIOFILO, _cortesano_. ZELOTIPO, _cortesano_. FILTRIA, _tercera_. ANDRADE, _criado_. VITORIA, _moça de cantaro_. ESTUDIANTE. DUARTE, _oficial_. SILUIA DE SOSA, _donzella_. ANDRESA, _moça de cantaro_. EUFROSINA, _dama_. GALINDO, _cortesano_. POLONIA, _moça de cantaro_. DON CARLOS, _cauallero_. DOCTOR CARRASCO, _legista_. COTRIN, _criado_. FILOTIMO, _ciudadano_.