Paisajes de España: Galicia y Navarra · Unidad 14 de 67
Unidad 14 · CARÁCTER DE LA RAZA — EL ESPÍRITU LÍRICO
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CARÁCTER DE LA RAZA — EL ESPÍRITU LÍRICO
Un pueblo con tal aptitud general para comprender, sentir y gozar la poesía, es necesariamente un pueblo bueno, dulce, cordial, efusivo. Y así veréis que esta condición espiritual del gallego trasciende a las demás esferas de la vida, al hogar y la familia, donde imperan la bondad y la ternura; a la amistad, que se mantiene por la mutua y constante actitud leal; a todas las relaciones humanas, en fin, pues el sentimiento poético de la vida abarca todos los elementos morales y afectivos del hombre.
Todos los poetas, así los antiguos como los modernos, tanto los que escriben en castellano como aquellos que cultivan la lengua regional, son popularísimos en Galicia. Desde las clases más cultas del país hasta las más inferiores en instrucción, saturado se halla su espíritu de poesía. A los mismos analfabetos oiréis recitar versos de Curros y de Rosalía, aprendidos de otros labios por repetición verbal. No existe en Galicia una sola criatura que no sepa decir un verso con entonación apropiada. Y es que todo invita al goce poético, desde el paisaje bellísimo, hasta las tradiciones y costumbres, tan típicas, tan originales; las leyendas, las graciosas supersticiones, el espíritu soñador de la raza, sus transiciones de la melancolía y el pesimismo a los ruidosos jolgorios de las romerías. El ánimo gallego pasa repentinamente, como el de los niños, del abatimiento, de la tristeza, a la más exaltada alegría. Este aspecto de su carácter debe ser un reflejo del medio geográfico, del paisaje. Andando por estas carreteras y sus collados y altozanos, tropezáis con un rincón triste, melancólico, silencioso; y, a los pocos pasos, otra atalaya os pone frente a un panorama risueño, florido, de una alegría exultante. Así es también el carácter de los moradores de esta tieri'a.
Y aquí quiero salir al paso de una leyenda absurda, nacida en el centro y el Sur de España y trasmitida a América. Me refiero a eso de la humildad del gallego. ¡ Qué error psicológico ! El gallego es naturalmente reflexivo y tiene un concepto muy claro de la economía en el esfuerzo. Y por ello sólo se rebela y revuelve cuando está seguro de contar con la fuerza necesaria para el triunfo en su empeño. Lo que en él parece humildad es preparación para la victoria. Cumple aquel axioma popular de los gauchos argentinos: **en la agachada está el alivio". El castellano, por ejemplo, pueda o no pueda, es soberbio. El gallego no incurre nunca en este error.
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Sólo es aquello que puede ser. Pero una vez que el gallego ha logrado atrincherarse en la riqueza, en la jerarquía o en el mando, tratad de humillarle, y ya veréis cómo al punto monta su orgullo en los mismos cuernos de la luna. Es hombre que condiciona su actitud espiritual con la situación que ocupa en cada grado de la evolución de su vida. Un gallego cochero, por ejemplo, es dócil y aparentemente humilde (la procesión anda por dentro) con aquel a quien conduce y le paga; pero no con otro cochero, a quien sacudirá un trallazo a la menor tomadura de pelo. Un gallego rico, frente a otro rico de cualquier otra parte, levantará su cresta al mismo nivel, si no más arriba, que la cresta contraria. Lo que no hará nunca el gallego es confundir las situaciones y adoptar actitudes que no pueda sostener. Y esto no es humildad, sino lógica y reflexiva consideración de la fuerza propia. Creo que esta definición del carácter gallego es la que más se ajusta a la verdad.
Pero hemos abandonado el tema poético por el psicológico. Tomemos al punto inicial. Los poetas que cultivaron la lengua regional son los más populares. Débese a que han llegado más profundamente al espíritu de la raza que aquellos ciue se expresan en castellano. El pueblo honra en diversas formas a sus escritores. Curros Enríquez tiene su estatua en Vigo, frente a la de Méndez Núñez ; Rosalía de Castro, además de llevar su nombre dos o tres teatros, tiene la suya en Santiago; en la Coruña se levantan las de Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán. Como se puede observar, la intelectualidad femenina española tiene su más alta representación €n Galicia.
La estatua de Rosalía es una obra admirable de sentimiento y de líneas. Y en ella se alude a América. De un lado está la admirable poetisa, en dulcísima actitud. Del otro, dos figuras que representan la despedida del emigrante. Los versos que se leen al pie pertenecen a una de las composiciones más populares de la inspirada escritora,
¡ Adiós gloria, adiós contento ! Deixo a casa onde nacín. Deixo a aldea que conozo Por un mundo que non vín.