Pájinas de mi diario durante tres años de viajes : 1853.--1854.--1855 · Capítulo real 16 de 25
CAPITULO XXI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 8 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XXI.
Viaje por la Europa Central.^ Camino de fierro de Lyon^^La ciudad de Ly<m,— nuestro ciceroni, — Colina de Fourviérea. — Espíritu relijioso, — Fábricas de seda. — El Ródano,— - vinos del Ródano i la Borgoña, — Vienne, — Valence. — Camino de fierro de Marsella. — Coi ros de viaje, — Agricultura de la Provenza, — Movimiento agrícola de Europa, ^-^Desaguet gadon. — Canal de Marsella, — Marsella, — Visita al castillo de It'^E I puerto, — Za cii Charlatanismo provenzal, — Museo de pinturas, — Partimos para Niza, — Llanuras de Vidat
^ Valle del Muy, — Sierra de la Estrella. — Grasse. — Lord Brígand. — Dü^encias de la ooi CaiUard, — Frontera de Italia,
£n una hermosa mañana de primavera, (el 3 de abril de 1856) partía de, París en dirección a Marsella por el camino de ñerro de Lyon. Mi excelente amigo el señor don Nicolás de la Cerda, era mi compañero en este viaje en que nos proponíamos recorrer rápidamente los países mas interesantes de Ik Europa Central. Para el señor Cerda i para mí aquel proyecto tenia mas de aprendizs^e que de plaeer, era una fatiga mas bien que un descanso; nos proponíamos darnos una lección práctica de lo que ambos habíamos aprendido en liaros i en testos de enseñanza; habíamos cambiado los viejos cuadinios que antes nos prestáramos mutuamente- en nuestras tareas de colejio, por el gran IíInto en que íbamos a contemplar la historia i el presente de grande naciones. Concertado este programa, con^el espíritu bien dispuesto para realizarlo i contando como la mejor parte de nuestras correrías, nuestra alianza íntima i constante; contentos de ánimo, en fin, los músculos preparados para la actividad, con nuestro saco de aoclie en una mano i en la otra «1 excelente guia de Murray, entramos en el tren express que parte todas las mañanas a las % de París hacia Lyon. Nuestro excelente amigo Carlos Valdes nos dio ft« abruzo de despedida al estríbo del carro, la campana de adiós se hizo oír, la locomotiva despidió un agudo silvido i el express partió por llanuras i colinas ooD la celeridad del rayo Doce horas des-
pués el convoi se detenia, i nos enbODtn en la Gare de Lyon habiendo recorrí distancia de 127 leguas (507 kilómetros El camino de Lyon corre -desde Pf norte a sur con una considerable indi hacia el oriente, abriéndose paso a lo \i los valles del Sena» del rio Yonne, cuyai represadas i^ortei molinos que abundan orillas le dakMi el eepecto de una gra quia, i despvety por el mas pequeños mandón. Al temlnar éste^ el formidal nel de Blasy, cortado eu la roca viv) tiene 30 cuadras de largo i ha costai millones de pesos) sirve de portada a la te Borgoña. £1 pais^ie cambió aqui < proviso; a las blandas i verdes pradei las que el Sena se desliza mudo i modef tes de enseñorearse sobre París, suced cadena de salvajes i áspelas colinas, I meras que en la monótona llanura que la mayor parte de la Francia, me par< tener el aspecto selvático i atrevido de tros cerros. El camino ofrecía aqui una i peculiar que yo, h^o de las montañas, 1 seaba al pasar con mis recuerdos i mis c raciones. La varíedad de colores que ol las rocas por cuyo centro había sido ex4 el camino, ya graníticas i obscuras, ya reas de matizados colores blanco i rosi vista de los collados cubiertos de ai espinosos ; los frescos i húmedos valles <
vcTíIura' que apsreeian a veces oon- » con las áridas masas de rocas que n aquí en atrevidos picos o desceñios flancos de los rieles en rápidos j; la grandeza de las obras ejecutada la estension de este camino incomcortado en el corazón de la selvátiüa por la pólvora i el pico, i la rapidez ;1 expresa que no» conduela, haciendo \'í\3 gargantas i laderas con un aterido , todo formaba un espectáculo ^aces atractivos eran bastante podea distraer el tedio de los viajes en un e fierro.
i de la tarde habíamos llegado a Dirapital de los antiguos duques de en cuya catedral está la tumba de 1 atrevido, i de cuyas canteras nos uestras mejores piedras de molino, ui el país tomó otro aspecto, i recoos valles i faldas donde crecen los (ue producen el vino Borgoña, el mas :e en Francia despue del Burdeos, palas oraciones por los alderredores de i ciudad natal de Lamartine. Desde mos la ptimera vista del Saona cus azuladas ae estendian como una baña en la dilatada llanura. En la de Macón se encuentra el castillo de nt, la heredad querida de Lamartine, ia por su juventud i su amor i que rendido de4i]jue9 de la catástrofe de tumba de su madre entró acaso en el j de la última posesión de aquel jenio como poeta i tan débil i vano coco i hombre?. . . .
icho de la noche nos apeábamos del i la estación de Lyon, i cruzando el )re un puente de piedra, nos rnstalaHofet del Norte, situado a espaldas ide Tcrreanv, sin tener mas aventura »nizar nuestro cansancio de aquel dia, jiiinl prp^uiitíi que nos habían hecho eros del actroi de )a ciudad, al presen- 1 nuestros Srifos de noche eti la mano, alamos en ellos algún .««ié, viandc ou
:c (carne fresca o salada, legum-
) que son los artículos que pagan dereportACion a la ciudad, bre ciudad de Lyon, que pudiera llaseíTundo Paris de la Francia, jemelo le del gran Puris en todas las grandes ones, está situada como Nueva-York gosta lengua de tierra entre dos ríos, il O i el Ródano al £. Esta península las mismas proporciones que la de la 8, amerícona, pues sq estiende hacia lo
largo de los ríos por mas de legua i media siendo su parte mas ancha dé solo 15 cuadras de estension. La ciudad está dividida propiamente en tres grupos sociales, a saber, el famoso barrio de la Croix Rousse, que es el fjpiubourg Saint- Antoine del Mediodía, donde habitan 40,000 obreros; la ciudad propia, edificada al derredor de la plaza de Terreaux que sirve de centro al comercio, i por último, el desierto arrabal de la Perrache, formado poruña lengua de tierra arenosa, protejida por malecones, en la confluencia délos dosries. Posteriormente se han formado en la oiilla opuesta de ambos rios dos barrios bastante considerables, el de la Guiílotiére al otro lado del Ródano, edificado sobre una llanura pedregosa i que debe su fatídico nombre a la guillotina, a los degüellos i alas fusillades que se hacían durante la revolución, cuando 200 i mas condenados eran atados en colleras i muertos a la vez o solamente descuartizados i cubiertos con cal viva.... El otro barrio se levanta sobre el Saona en la pendiente i elevada colina de Fourviéres cuya cima corónala capilla de Notre-Dame de Fourvieresy la patrona de Lyon. Una enorme imagen de la santa, de madera dorada, colocada en luigar de cruz sobre la torre de la pequeña iglesia, bendice con su brazo estirado hacia adelante, la ciudad que se estiende a sus pies.
Instruidos de la accidentada topografía de la ciudad, pedimos a la mañana siguiente un ci*- ceroni que nos acompañara, i luego se nos pre^ sentó un viejo veterano de las guerras de Napoleón que se complacía ahora en mostrar las bellezas de su ciudad natal que por tantos años había abandonado. Era un entusiasta admirador de su pueblo, como lo son todos los ciceronis del Continente, i debe creérseles desde que ellos conocen cada poste de esquina i podrían daros cuenta del número de lozas que hai en cada vereda de las calles. "Esta es una valiente ciudad, decía el espiritual veterano, de trabajo i heroísmo, mientras Paris no es sino el purgatorio de los hombres, el paraíso délas mujere», i el infierno de los caballos^'. . . .
De estas rotras materias íbamos conversando (porque de que no os hablará un francés, i un francés meridional, i un francés cíceroni, i que ademas, como el presente, habia recorrido la Europa entera con espada en mano....) a la par que recorríamos los diversos distritos de la población. Ati'avesumos ia ciudad propia de altas i oscuras casas de piedra, de calles angostas i de veredas tan estremad amen te sucias que los orines corrían materialmente por nuestros pies, como pudiera decirse corre a veces el ciénago por las acequias centrales de las calles de San^
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tiago. Pasando de naevo el Saona subimos a la colina á% Fourviérss en cuya parte ma? encumbrada un especulador ha tenido la feliz idea de levantar un mirador en forma de torre, desde cuya balaustrada superior nos fue dado contemplar un magnífico panorama* De toílo saca partido el ávido jenio de la industria moderna, i cuando ya el arte ha agotado sus recursos, la naturaleza ofrece todavía un campo de esplotacion a la mecánica. Asi, para gozar de una vista dilatada de montañas, rios i llanuras, teníamos que pagar un franco a la puerta del mi^ rador, i harto barato me pareció esie precio de entrada cuando contemplaba desde la altura aquel teatro soberbio que tenia por actores, si puede decirse asi, a los Alpes i dos de los mas poderosos rios de Francia. En efecto, la perspectiva es grande i dilatada. Veíamos la ciudad a nuestros pies, desde una altura de mas de 200 varas, ceñida estrechamente per los dos rios sobre los que, como otros tantos lazos que ataran la ciudad a las opuestas riberas, contábamos mas de 20 puentes colosaleá) ios malecones, mucho mas vastos i mas sólidos que los del Sena en Paris, rebosaban de actividad, mientras la enorme plaza de Bellecour (reputada la mayor de Europa, pues mide tres cuadras cuadradas) sirve de punto céntrico al ojo que vaga por entre los accidentados contornos de esta población de 300,000 almas. Mas allá, hacia el Oriente, el panorama se dilata por las ricas llanuras del Delñnado, i siguiendo la huella claramente visible de los caminos tirados a cordel que las cruzan, se llega con la vista a las fdldas de los montes Juras que se alzan como sombras opacas a una distancia de 35 leguas. En los días claros, antes que el sol arranque a la tierru-sus vapores empañando la atmósfera, s*í alcanzan a columbrar tras de las cimas del J ura, los picos del San-Bernardo, el Monte-Blanco i el SanGotardo, cuyas albas frentes brillan en contraste con el fondo azulado del ciclo del Mediodía. En todas direcciones admirábamos bellezas de un jénero desconocido en la topografía jeueral de Francia, i ya seguíamos el curso de los rios hacia el Sud que reunidos se abren un ancho i rápido cauce al pié de elevadas colinas cubiertas de viñedos, ya volviendo la espalda a la ciudad divisábamos, teñidas todavía por la niebla matinal, las modestas montañas de la Auvernia, coronadas pur el pico del Puy. Por la estension de los detalles que abraz;i, pocas perspectivas podrían compararse en Europa a la que ofrece la colina de Fourvieres.
Descendimos de la altura por un tortuoso callejón, cuyas veredas ocupaban estduslvamentelos puestos de imájencs i ventas de reli-
quias consagradas a la milagrosa señora di Fourvieres, a la que los Lyoneses rinden la ma fervorosa devoción atribuyéndole el milagpro d haber preservado del cólera a Lyou, lo qaé aunque la santa no lo haya obrado, parece ei verdad un positivo milagro. Pero sin duda ha en esta gran ciudad un fondo de fé relüioH cuyos rasgos se observan a primera vista. Es tábamos en efecto, a fines de cuaresma i obaer vaba un gran movimiento entre los devotos di la población. Un considerable grupo de jenti esperaba, formando también cola, como pan entrar al teatro, a la puerta de la Catedral, ni viejo templo situado al pié de la colina d( Fourvieres, la hora de las distribuciones relijio sas; lus (seminaristas recorrían los malecone del Ródano en corporación i las campanas d< las iglesias advcrtian a los fíeles sus devocionei Un pueblo tan desgraciado, pensaba yo, n< puede menos de tener un sentimiento relüioü mui vivo. La historia de Lyon, e» la del mar tirio. Detras de la colina de Fourvieres n muestran todavía (dice el guia de Murray) la ruinas de la Iglesia de San-Ireneoy en cuyas ca tacumbas fueron sepultados 19000 cristiano que hizo degollar Marco Antonio. Aqainaci< Calígula^ i después Simón de Montfbrt, eiti Calígula feudal, estableció en Lyon su coarte jen eral contra los herejes Albgensea a quient esterminó hasta el último hombre. Los calvi nistas, cuya secta siguen en el dia unos 20001 habitantes, promovieron mas tarde una gneiri de relijion, la mas implacable i feroz asi como h mas estúpida i absurda de todas las discurJia entre los hombres. Después, durante lainsnr recclon de 1793, en que perecieron en las calle de la ciudad 80000 realistas, la Convención voU este decreto lacónico i terrible comoau volun tad. Li/on fVettplusü la parte de la ciudaí que la metralla . habia dejado en pié, fué arre sada por el pico del obrero ....
Hoi misino, apesar de que la Croix RouMtt la cuna de los tumultos populares, está barrida desde las espantosas insurreccioiKs de Ur>4 1840, por los fuegos de un fuerte que la reduüi ria a cenizas en pocas horas, Lyon es el ma negro espectro que sacude en los insomnios d la noche, las sienes del déspota de Francia, i n harían muchos meses, desde que el violeut mariscal Castellane, jefe militar de la plaza había tenido dos o tres dias la guarnición sobr las armas, amenazado por la actitud sombría d< pueblo. Sin embargo, el carácter principal d la tradición de este pueblo, es el espíritu frfí jioso, la historia de la fé i del fanatismo. JA moros mismos llegaron con sus cimltarri» cortar cabezas de creyentes» i aun se T0 »l P^
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de la altura de Fourviéres una tosca muralla, que ellos levantaron probablemente como un redacto. Yo he tenido ocasión de observar que una gran parte de los libros dogmáticos i de teolojia que se publicaban antiguamente en Eoropa, eran impresos en la relijiosa LugduMun. Hoi dia casi todos los grande ediñcio$> queezisten son antiguos conventos. Kl magnífico hospital del Hotel-Dieu cuya in^ponente fiíchada de piedra se levanta sobre el malecón del Ródano, i donde son asistidos 1$00 enfermos, era un antiguo claustro. £1 museo, donde se conservan muchas urnas cinerarias i baños de piedra de los romanos, ha sido establecido en el viejo convento de San-Pedro. El obispado es uno de los edificios mas considerable;* de Lyon, i el hotel mismo donde nosotros nos habíamos alojado fue en otro tiempo un tranquilo monasterio de monjas
La gran especialidad de Lyon, porque en cada pueblo iremos enco^itrando una especialidad, es, como es sabido, la fabricación de la teda, que en tanta abundancia produce el Me* I diodía de la Francia. Los tejidos no se hacen dft embargo en graudes fábricas, como se sulOttC; sino en telares de mano parecidos a los mtstros, i por obreros que trab^an en sus pro- |iii habitaciones. Los telares modernos, perteeionados por Jacquard, a cuyo jenio 1» ciudlide Lyon ha erijido una estatua en el centMdela plaza del Mercado, son de una admiaUe simplicidad i ahorran en el tejido de la \ toda la obra que antes se hacia a mano la aguja. Por una serie de cartones agujecorno arneros, pero con cierlias proporcíoiiesjeomé tricas, se regulan todos los dibujMde látela, aun los de rHieve como en las de las casullas que se trabajan aqui. El •teo con solo mover un pié va tejendo, ma« taido i bordando a la vez i como sin saberlo, porque el mecanismo está en los cartones. L;i perfección de este arte llega hasta el punto de |K se hacen retratos en seda con la mayor seV^anza, de modo que podría decirse que en I'TOB se trabajan retratos con el pié, por uode- ^^Vatadoi!..,,
Nosotros visitamos uno de los talleres de la "•iar Hmisse cuyos operarios componían una litfiíiiiilia de un hermano i dos hermanas. La *"*ria de estos desgraciados obreros contrasta ••los ricos artículos que producen; sus hara- 1*116 confunden con el terciopelo, los damas- •■•igroses que fabrican. Trabajan 12 a 15 ho- *• por dia, i nuestros tres operarios conaeguian ^iaialario de 3 pesos diarios. Los tejedores ; PP leda viven jeneralmente aglomerados en ■ ^Neieasas donde habitan 12 o 15 familias.
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Nosotros tuvimos que subir al sesto piso de un» de estas casas, que pudieran compararse a una colmena, i observamos que la falta de ventilación, el acumulamiento de las habitaciones, i mas que todo, el terrible trabajo mecánico del telar que embrutécela mente al paso que debilita el cuerpo, marcaba en las fisonomías de aquellos de.-graciados los síntomas de una prematura esteüuaciou. Todas las fisonomías tienen una pálida lividez i los músculos un caimiento jeneral; es muí raro en efecto el que los tejedores de Lyon vivan mas de 50 años.
Nosotros completamos nuestras escursiones de aquel dia cruzando el Ródano cuyas aguas cristnrmas i bulliciosas, arraptrando los guijarros de los Alpes oí'recian un contraste con la* del turbio, lento i cenagoso cause del Saona, formado, como el Loira, de los derrames de la» bajas colinas del centro de laJFrancia. El barrio de laGuillotiére edificado en la rivera pedregosa del rio, me traia a la memoria nuestra Chimba, haciéndome olvidar las fúnebres imájenes que inspiraba aquel sitio i aquel nombre. Esta parte de la ciudad es mui moderna i sus casa» pintadas de colores tienen una altura prodijiosa (7 i 8 pisos) mientras que la» calles forma» anchas avenidas plantadas de árboles. El viejo Lyon es al contrario triste i lúgubre en su conjunto, pero hermoso c imponente por sil situación i por su aire venerable de antigüedad. En todas partes encontrábamos recuerdos de los Romanos, i al admirar las primeras obras de aquel pueblo que veíamos en nuestro camino, mi compañero, olvidándole de las catacumbas de San-Ireneo donde la tradición cuenta están enterradas 19000 cabezas de fieles cristianos, esclamaba. '^Porque no irían los Romanos a Chile!! " Pero fueron los Españoles, decia yo para mí, i hartas cabezas de infieles cortaron desde Méjico a Arauco! ....
El 4 de aliril, mui de mi^drugada, entramos a bordo de uno d»' los VHpores del Ródano que eucoittráuios alraca<lo ul malecón. Ersf aquella eiubarcacion en estremo túeiu, vieja i la máquina parecía completamente desarreglada. Solo un rústico restaurant acomodado en el entrepuente i donde nos sirvieron un buen almuerzo de campo, nos podía hacer agradable aquella travesía. El paisaje del rio era monótono i estéril, rodando sus aguas comprimidas entre las bajas i agrestes colínas en que las sierras de Cévennes vienen a morirlsobre las planicies del Delfíuado. Estos collados, que a veces toman una considerable altura, como el pico de Pila» que se alza a 3,600 pie» sobre el nivel del rio i se nos presentaba ahora cubierto de nieve, ofrecen un aspecto agrio.
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(!stéril i seco. La tierra está cubierta de plantas espinosas! entrecortada por riscos que de cuan- <lo en cuando se aglomeran i forman atrevidos farellones que caen perpendicularmente sobre el rio, i otras se apartan dejando entre las riberas i las inclinadas faldas, pequeños valles cubiertos de árboles frutales que rodetin alguna solitaria cabana. Los manzunos i durasnos lucian ya sobre sus ramas las primeras flores de la primavera, pero su vista no tiene ni el brillo ni la exhuberancia de nuestras arboledas. En verdad, en el medio dia de la Francia de tan ponderada fertilidad, no encontré ninguna producción cuyo vigor pudiera compararse al ue nuestra naturaleza. Los ásperos ruUfS que ofrecen las pendientes del Ródano están sin embargo plantados de viñas, algunas de 1:ís qué, « como la del Hermitage i Saint-Peray producen famosos vinos. Probé uno i otro i me pareció aquel tan violento que bien pudiera comparársele al ron, i por esto, los vendimieros de Burdeos lo compran todo para dar cuerpo a los vinos lijerosde esa provincia que sin esta mezcla serian insípidos para ciertos mercados, como el de Inglaterra. El vino Saint-Peray, al contrario, es un delicioso champagne espumoso i naturalmente dulce sin la adición de azúcar candía que se emplea con el champagne lejítima; no diré ya con el preparado artificialmente, pues es sabido que en el puerto de Cette, vecino a Marsella, hai una fábrica de todos los vinos del mundo.
Las viñas del Ródano, como las de la Borgoña son podadas a raiz en el otoño i los rodri» gones, que son meras tabletas de palo, se saean i se conservan en pilas durante el invierno. Pero apenas asoma la primavera, el brote de la planta aparece con vigor i se vuelve a colocar el rodrigón hasta la cosei*ha. La calidad de los vinos depende mas del terreno i de la influencia del sol que del cultivo. No se riegan, ni se abonan por esto jamas, i solo se les aplica una o dos cavas a la raiz de la planta, i el terreno se mantiene suelto i limpio. £1 jugo vinoso es asi escaso, pero concentrado i de un sabor esquisito, mientras que nosotros (como lo ha dicho un eminente agrónomo M. Mohr en este último invierno (1856) en el Conservatorio de Artes i Oficios de Paris,) aguamos de tal modo la planta con los frecuentes riegos que tenemos solo un líquido débil c insípido, a))arente apenas liara formar nuestras amargas chichas i chacolis. £1 aspecto de las viñas de Francia no tiene belleza alguna, pareciendo los cías o viñedos solo una menuda tronqueriOf pero ciertamente yo cambiaría todos nuestros verdes pámpanos i nuestros bosques de parras i parrones, por los
humildes tronquitos de Burdeos i de Bo El dos o viña dé Vougeot, en la Borg( pertenecía al banquero Aguado, tiene 24 cuadras de estension pero produce riles de esquisito vino que vale 120 barril, lo que constituye una renta de 25,000 pesos, representando el doble et la venta at menudeo.
Las aldeas que encontrábamos en las del rio" tenían un aspecto antiquísimo, considerable de la ribera occidental de no es la de Gittors situatba en la emb del valle i rio de Gier sobre el Roda aunque no aummta en mucho el ca éste, contribuye al menos mas que i otra localidad de la ribera a darle- an mercgintil. El valle del Gier, en efe decía uno de mis compañ-eros a bordo sado por él carbón de piedra del vec trito de Saint-Etienne (donde se ene las mas ricas minas de este combas Francia)- sostiene muchas fábricas < cristalería, papel, acero, preparado con de S necia, etc. El carbón de Saint-Etie desciende al Mediterráneo por el Uód conducido también a Nantes, en el ot mo de la Francia sobre el Atlantic* Loira. El primer ferrocarril de Frahc tableció también en este districto pan cir el carbón de Saint-Etienne a Ly efecto, vrmos pasar varios convoyes ( por la orilla del rio.
A la una del dia nos detuvimos un n en el pueblo de Vienne, cuna del crist accidental i que se supone faé el puní que Aníbal 'cruzó el Ródano dirijiéi España a la Italia por los Alpes. Er mentó que nosotros llegábamos, partía por que llevaba dos batallones de los ci de la Guardia Imperial a la Crimea, E te, los mástiU's i las cojas de las ru buque, iban cubiertoí de alegres soldi yos brillantes uniformes i morriones brillaban heridos por el sol: Al jiasar lante del malecón del pueblo, los f contestaban a los saludos de los paíse entusiastas aclamaciones. Un mes desf misma tropa habla sido diezmada po tralla delante de Sebastopol .... En "^ un otro pueblo mas considerable de I oriental, volví a encontrar diferentes < ai)restos militares, pues aquí está la es artillerra de Francia i sacaban de su convoyes de carros cargados de bomb nadas. Vienne me había traidoala i el recuerdo de Aníbal, Valence me s de Napoleón, que se educó aquí, i U
^que divisaba por la primera vez, desde el embarcadero de eüte pueblo) se alzaban en el ho> rizotiU proclamando la g;loria de «sos jénios,
Jigaofes como ellos!
En Valonee toraanros el ferrocarril de Marsella, que un raes después estaba unido al de Lyoo. Asi Paris queda a 20 horas de distancia de Marsella i a dos dias ^e Roma, cuando Carlos-Mafíno empleaba medio año en «US viajes de ida i vuelta!.... Hoi pues está anticuado el refrán de Quien boca tiene a RoTna 4ieja i mas valiera que nosotros Santia guiños, doramos ^^Quien costillas tien« a Colina liep," salvo que se quede pegado en los Pasos úé Hveohuraba, ,^ , Pasamos l«eg;o por un costado del antiquísimo pueblo de Orange, cuyo Anñteatro Romano divisábamos al pasar como va torreen agujereado, i después por Avignon, la ciudad de los antipapas, cuyo palacio antipapal, coronado de una gran variedad de torreeillas, se levantaba en <;! centro de la ciudad, qaeuna elegante muralla de piedra rodea entoramente. Los ^Iderredores de Avignon $on ieUci«sos i el pueblo parece una granja ro- ; deada de arboledas. Al cerrarse el día nos detuun momento en el pueblo de Tarascón, éeode se divide el camino que va a Nimes i Ifontpeltier, kácia el occidente. £&te pueblo es heaiía deesa fábula católica del monstruo Ttamca que asolaba las riberas del Ródano coIriindose todas las niúas, i ile donde ha venido fMa todos los bocones se les llama tarascas [ue no se hayan comido a nadie. . « . A las Ide lia noche pasamos por los suburbios de A r- !■ 'Ma Roma de las Gallas'' notable hoi solo pir la suciedad de sus calles i la estremada bede sus mujeresj i recorriendo el desierto h la Camargue, pedazo de África arrojado en deentro de la Europa, i la llanura de la Crau, nibiada todavía de los peñascos €o;i que Hurles rompió la crisma a Ioa Ligurianos de Iteottade Italia, llegamos a las 10 de la noche íím alturas que coronan el puerto de Marsella, cu coya cumbre está situada la estación del de fierro de París. Fué desde -aquí, me í, de donde Alejandro Dumas dice, que él, como Colon i Vasco de Gama, descu- ^}Mimero que ningún otro, el antes miste- ^^ e inesplorado M editerráneo! .... Nosotros, modestos que el célebre nov€lista francés, Mi contentábamos con admirar la hermosa Wide Marsella que una espléndida luna ilu- £1 cielo meridional aparecía ya a vista con sus tintes peculiares, i los as- ^^ne nos eran familiares en el suelo natal con la luz de nuestra zona por la prives.
Subimos al pescante de uu ómnibus i nos instalamos en el Hotel de los Emperadores, en el centro de la mui afamada Canebiere, junto con una familia inglesa de dos señoritas i sus padres a qjiienes Imbiamos acompañado desde Valen - ce. Parecían unas excelentes personas, i el caballero solo hablaba maldiciones contra Lord Aberdeen, mientras la señora hacia el elojio de la economía doméstica que ella no pensaba abandonar en sus viajes porque llevaba su casa en el bolsillo del vestido, dentro de una bolsita de seda..,. Tuvimos también un otro compañero de carro que nos dejó en Tarascón; era uim) de esos individuos que andan siempre espantados con las revoluciones, i poniendo sus dos enanos en los bolsillos como quien hecha la llave a una caja de fierro, me contaba con liorror que en un alzamiento que había tenido lugar en Ninies después del golpe de Estado de 1862, en pocas horas, habían llegado a la ciudatT 8,000 briganes provistos torios de sacos para cargar el botín. Las revoluciones en la Provenza, no son sin embargo fiestas que puedan ser apetecidas. En Orange, en efecto, pueblo d« 9,000 habitantes, cuenta Mr. Murray, fueron dfgollidas en tres meses 300 personas en 1793. En Avignon el fumoso Jourdan perpetró sus mas horrendos crímenes antes de ir a degollar por tarea o al destajo en París. Napoleón escapó apenasen su travesía a la isla de Elba disfrazado de cochero, pero el veneralHe mariscal Bruñe fue arrastrado hecho cuartos por el populacho de Avignon. En verdad, v cuando se sondea de cerca la honda lla^ de las discordias civiles, la convicción i la virtud vencen al corazón irritado i se duda si es justo comprar el triunfo de la razón i la justicia a tan caro precio.... Las grandiosas narraciones qne nos han hecho de aquel cataclismo social Lamartine» Thiers, Mignet i Louis Blanc, palidecieron mucho en mi mente después de contemplar estas ti-^jedias en los sitios en que tuvieron lugar.
Como uno de los principales objetos al recorrer el Continente era ampliar mis nociones sobre la Agricultura europea, estudio que habla hecho durante año i medio en Francia i cu Inglaterra, tenía ocasión de fijaime de paso en los cultivos de la Provenza, país meridional cuyo clima es mas análogo al nuestro que el de los territorios del Norte en que había residido. El cultivo de la seda i el de )a grana son los mas jenerales en esta provincia. Los moreros sirven de cercado a los pequeños encto# o potreros, i asi producen venUgosamente sin ocupar terreno de mas. La grana, (garancc) que el señor Rosales ha recomendado tanto a Chile como uu precioso cultivo de esportacion, tiene
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rl inconveniente de dettiovatse tres años en -obtener su plena madurez i agota demasiado los jugos vejetales de la tierra, pues es la raíz la parte que se beneficia de esta plants. Estos xios cultivos son los mas jenerales en la rica llanura irrigada que se estiende desde t'^alence hasta Oran ge. Desde aqui ' comienza propiamente el cultivo del olivo que crece en lugares mas secos e ingratos, pero tiene una talla tan diminuta que algunas plantaciones parecen chácaras de repollos, porque los arbolillos se podan en forma de paraguas. La cosecha se hace a mano en estos diytrictos, pero hacia el Sud los árboles son mas grandes, i las aceitunas se cojen Ten canastas o remeciendo las ramas sobre sábanas ^stendidas en el suelo. El aceite de Aix, que se distingue por un color verdoso, es reputado el mejor de Francia. Vimos también en Vienne i Valence algunas muías-de una raza raui común en el medio dia de Francia i en el Norte de Italia. Tienen éstas la estatura, la cola i las itüas exactamente <íomo las de los caballos fr isones, i>€ro sus enormes •orejas traicionan luego su especie. Son estos brutos tan corpulentos i tan parecidos a los caballos, que en Jénova itos pusinws un dia a ■disputar «obre si era muía o caballo, uno de aquellos que tiraba un carro; i yo no rae hubiera convencido sin la respuesta que me dio el jornalero, repitiéndome entre enojado i sorprendido E mulo'SBignore! emuloí emulo!,^. En losdistrictos estériles de la Povenza como la C amargue se alimentan durante la primavera algimos rebaños que bajan de los Alpes i que para encontrar las escasas raices i delgadas hebras de yerva, tienen que dar vuelta con el hocico a las menudas piedras que cubren el campo. En los pequeños oasis que se encuentran en medio "de estos áridos terrenos, «e cultiva algún trigo i este se trilla en eras i con los caballos salvajes que abundan aqui. Esta práctica oriental introducida por los árabes en España i el Medio-día de Europa, la liemos recibido nosotros como una herencia que comenzamos a toirar con enojo desde que tenemos los excelentes trillos americanos e ingleses que comienzau a adoptarse en el pais.
En Francia hai en el dia 19 millones de cuadras de terreno sin cultivo, pero el aumento de la población i de las necesidades opera un gran movimiento en el sentido de ensanchar los terrenos cultivados. El mejoramiento de la Bgrícaltura es una cuestión de vida o muerte para todas los naciones de Europa. Sin el hua^ no del Perú por ejemplo, la Inglaterra se habria muerto de hambre. Este estraordinario fertili- "zante va llegando ya a los distritos centrales
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de Francia que '6on los peor cultívadi franceses dicen con razón que compra: es comprar trigo. Yo he dicho en otrap; se ha creado en los últimos tiempos i gunda vejetacion artificial, i en alguno de Europa, eomo la Escocía, i estoes tai que a un terreno que no vale sino 6 ] arriendo por acre (la 4. * parte de una se le aplica un valor de 10 pesos en al decir, que la vejetacion artificial cuesi ble i produce el doble también de lo q la tierra sola.
En Inglaterra, pais húmedo i lluv
habilitan terrenos por medio del deiagí
vegas i pantanos, i aun se sanean por r
costosos desagües subterráneos (dratn
terrenos que retienen una cantidad va
humedad qu« la absolutamente aecesa
la vejetacion. En el Sud de Francia al
tío, cuya sequedad de clima es anal
del nuesitro, la mejora de los terrenoi
sanchamiento de la producción se bus
entre nosotros por la irrigacioiti. Varioi
en actual construcción distribuyen las s
Ródano en las llanuras estériles de la
za. Pero el mas importante de éstos \
'se ha emprendido para proveer de aguj
sella, cuyos alderredores son tan sec
riles como los do Valparaíso. Esta obi
/emprendida por una compañía d€sde
costado 10 millones de pesos, tiene 4¿
(de lo« qué, el de la Taillade, áe^ó\ cu
costado 572,000 pesos) i varios acuedu(
' solo de los que, como p\ de la Rocheft
tres cuadras de largo, impoita a la <
750,000 ps* Este trabajo colosal toca i
clusion i luego Marsella tendrá una
diaria de 250 mil toneladas áe agua^ J
de los obstáculos allanados i de los ri
obtenidos, nos parecería justo esperar
paraíso, cuyo gran azote hljiénieo {es
esterilidad, el desaseo, la falta de sit
cfeos i de una vejetacion saludable) pr
la escasez de agua, se encuentre pron
de la que le brinda el rio de Aconca
transformaría sus agrias bolinas i que
otros tantos verjeles, permitiría la
de un bosque como el de Bonlogne e
nicte dé Playa-Ancha, i haría tatnbíc
majaderas Siete hermanas^ fueran siet
sos terrenos de chácaras i jardines. P
nal del Sr. Waddington^ esta obra im
sima de que nadie se acuerda, conf
esfuerzos de un solo individuo, ma
una tal lentitud que haría desconftart
clusion.
A la mañana siguiente de nuestra
— 21
Marsella, el 5 de abril de 1854 despertamos muí temprano, no por la salva de la fortaleza de Hidalgo.... sino por la charla i ruido de la Canebiereqae comienza a las 4 de la mañana, habiéndose apagado apenas a media noche. El dia estaba hermoso, i nos dirijimos a visitar al pufrto de la primera ciudad marítima de la Francia. Marsella es el núcleo del comercio del Mediterráneo. Velamos atracados a los malecones de sus diques numerosos buques que descargaban ya los trigos de Ejipto i déla iJerbelia, ya el algodón de Arjel, cuya producción el goliierno fiunenta en«:ra»i escala, ya los cueros del Seiicgal i la costa de África, ya las lanas merinas de Cataluña, etc. El trigo e-» conducido a granel i descargarlo sobre una torba, bajo de la que está la medida, i después es ensacado. Mientras lecorriamos los diques, dos viejos marineros seprt sentaron invitándonos' para lievarnos a viffltarel caslillo de //'que xMirabeaui Montecristo han hecho f miuso. Aceptanuis, i sa iendo diel puerto vieo, cuyo bassin es de 14 cuadras i contiene 1,*¿ÜÜ buques, por entre los casiillos de San-Juan i de Sau-Nicolas, avanzamos una • Billa mar afuera. Ei ca>tillo esta situado sobre I vnaroca calcárea i sus cimientos caen perpendiculannente sobre el agua. En el ¡)uente leTadizü nos recibió un portero de n-ala cara i los llevó a visitar los diferentes calabozos de •quella lúgubre prisión. **Aqui está, nos decia, dcalabozo donde jeniia la mi-teriosa Máscara de fierro cuyo secreto está pordescubrir^-e... . dee.'ta otra ceida se escapó vestido con el traje desu magniínima mujer el conde Lavalette, •dmiuiatradi»r jeneral de correos del Imp - rio. De alií salió Felipe Egalité a recibir en ParÍ4 la igualdad de la Guillotin:i, i en esíe OIro calabozo Mirabeau estuvo encerrado por ^8Mvai8e conduitv de la que se corríjió seducien-
^i escapándose con la mujer del alcaide!"
isi íbamos charlando i descorriendo cerrojos i tranzando por sombríos pasadizos, hasta que Segamos a uu calabozo largo i angosto en cuya . |iierta el carcelero det»-niéndose esclamó con iQt solemne *'Esta es la celda que ocupó MonIttristo en 1820, i ahí está todavía el hueco de h muralla por el que se comunicaba con el ifctte Faria, quien al morir le reveló lusriHMcas que la familia Spada de Koma habia jkyotfitado en la isla de Montecristo en la eostf^de Italia. Tor aquella tronera, añadió, los Irtdados de la guarnición echaron al mar el ^Mrpo del joven marino envuelto en la morta-
JMtMtínada al abate." Después nos señaló
llMca donde Montecristo se habia detenido
f.t«eipirar, i nos contaba todo con un gran aire
éb ptrtaacion como si Alejandro Dumas, el
5 —
mas grandísimo embustero de la edad moderna, fuera un clásico historiador. Pero Dumas es el gran jénio de las costureras i porteros, aunque en otros países sus novelas surcidas i bordadas por cien manos, tengan el primer honor de la traducción, del folletín i la.publicacion por entregas, para circular en la alta sociedad
El castillo de ¡fes una horrenda Bastilla i es de sorprenderse como sus muros no cayeron al agua al toque de la Marseillesa en 1793. En el verano, la refracción del calor en sus muros de cal viva parece ser desesperante mientras que en el invierno el, terrible mistral, o aquilón del Mediterráneo, debe convertirlo en una perfecta caga de hielo.
En 1848 fueron coníinados aquí 500 de esos franceses que tienen una barricada en lugar de cabeza i que habían sido tomados con las nrmas en la mano en las sangrientas jornadas de junio Eií atjuel momento encontramos una ^uarn'cion de 60 hombres, la mayor parte de los que dormían bajo bis oscuras bóvedas en una completa ii. acción mientras surcaban por enfrente dele stillo numerosos buques que transportaban tropas a la Crimea. A las 3 de la tarde de este dia habían salido de Mar-ella 4U buques, la mnyor parte de los que iban destinados a Sebastopol.
Regresamos por el puerto nuevo de la Joiiette entretenidos con la conversación de los dos viejos remeros pro^enzales. El que hacia de patrón habia sido herido en Tr.falgMl :i bordo del Bucentaure que montaba el Al miran le en jefe Villcneuve; i recordando la cobarde escapada de Dumanoir, el viejo i ardoroso Aíarselles empuñaba el rem«i i esclamaba con la indignación de un reciente suceso. Ah! cochon, cochon de Dumanoir!
El puerto de la Joliette es una de las oi»ras mas colosales de Europa en actual construcción. El malecón que se avanza mar adentro, por mas de 15 cuadras, es todo de cal i piedra i repo^ia sobre millares de trozos cuadrangulares de cimiento romano, cada uno de 1 s que ha costado 750 francos. A lo largo de estos enormes tajamares estaban anclados 25 a 30 vapores, la mayor pirte de guerra, car.;ando tropas i municiones para Sebastopol. Los soldados entraban alegremente, mochila a la espalda i el fusil al hombro, i lalvez pensando que ya marchaban a estrellarse contra los muros de Sebastopol, parecían olvidar que pisaban por la última vez el suelo de la Francia
Marsella en su conjunto me parecía una ciudad antipática como todo puerto de mar, aunque no tanto como Liverpool i los principales puertos de Inglaterra i Estados-Unidos.
— 2.16
Está sitmado en el fondo de una bahia arenosa i estéril, rodeada de colinas calizas a las qtte el viento arranca un menudo polvo insufrible en \oé dias de calor. Las casas, todas de piedra, ei^tán agriq^adas i las calles son tan ¡angostas que su perspectiva, con las persianas moriscas .1 las murallns piutadas de colores, me traía a. la imajinacion las descripciunes que había leído de las ciudades españolas. Sin duda la influencia árabe hubia penetrado hasta aqui en otros siglos. La parte mas mercantil de la ciudad me ofrecía también cierta semejanza con nuestra calle del Puente, pues en Marsella se fabrican muchas veías i javon, se curten muchos cueros i zuelas, se venden tocinos de Lyon i el aceite de Aix, productos todos lue se prt»gonan i se prueban mas por el olfato que con la vista... Losbiandos zéñros me libren en verd d de vivir en una ciudad que fuera toda como la calle del Puente de Santiago de Chile!.... La ponderada Canebiére, que lo Marselleses dicen de voz en cuello es el sitio mas lindo de Europa, no es sino una ancha calle de :)00 varas de largo sin mas belleza arquitectural que sus magníficos restaurante, como el del ílníversu, el de Francia i el Cafe turco que son verdaderamente una fábula oriental de primoroso lujo. El mas fumoso restaurant de París •¿cria solo digno de servir de cosina a estoo paJ <cios encantados de la gastronomía. El café de ^'rancia que era. el mas moderno i maunifíco, había sido construido por un hábil cosiuero italiano por acciones de 20 trancos las que él rescataba dando un valor de 35 francos en consumo. Esta especulación tenia por base el apetito i el estómago, i parecía dar muí buenos resultados a juzgar por la numerosa concurrencia que ahí encontramos. Muctio mas bonita que la Canebiére me pareció la recta calle de San Feréol, centro del comercio de lujo, i las avenidas de tilos i sicómoros que cruzan la ciudad i le sirven de pulm<me!^ para re^pirar un aire *rescoi vejeta 1. Ei Cours Bonaparte es la mas hermosa de estas aveniUaü.
Mar.se1la tiene también como toda gran población su especialidad, pero yo no me atrevería a indicarla, 8i los provenzales no faeran re- «ronocidos como la jentc mas vanidosa de la Kranciii; n« puede puc^ ser ésta especialidad \)tra que la charla^annria,.,. Yo no he visto una ciudad donde se meta mas bulla i donde se hable mas lijero. El francés de los Provenzales es rasí inintelijible por la precipitación con que lo ]>ronuncian i por un acento tan gutural que para decir hh-n gangean las sílabas hasta decir
ytcgno Figurémosnos ^olament.e que estos
ouenos Marstlleses han puesto al pié de una
estatua que han crujido a Homero esta inserip? cion. Im9 descendientes de los Foeios, a Humero, 1853!. . . . En el centro de una pequeña pibi que hai en una plazoleta al fin de la calle dé san-Feréol, vi una columna de dos varas d6 alto coronada por un pequeño anjelito de máf^ mol, pero en la base leí una pomposísima inscripcion dedicada a Urbnno V, al obispo Belzunce, a los munici pales CécAemiMJ de Marsella, a no se cuantos médicos, a 150 enfermeros, i eo fin, a todos los que murieron en la gran peste de .1720 que pasaron de 40,000!.... El arcodé triunfo que está a la entrada del camino de Pftris, que fué er\jido para Napoleón i consagrado" después a Luis XV III, tiene hoi dia esta ins» cripcion sobre su frontis. A Louis Napoleón, Marsfdllerectmnaismnte. Necia adulación de oírpueblo de especuladora», que no tiene ni el mérito de una ofrenda, pues ia lisonja no les ba costado mas que el precio de la brocha con qae pintaron la inscripción sobre la piedra. Pero asi eitá digna de su intención i de «u objetcil
La única curiosidad de un jéneio clásico que podía ofrecernos este puerto de mar Ma «i Museo de pintura en el que udmiranios na ! soberbio cuadro moderno que representa el' último banquete de los Jirón lino:» en el momento en que Vergniaud lesdirije sus sublhnei adioses. Todas las actitudes i los caracteres^ copiados de la gran historia de Lamartine, soa maestros en la ejecución. La batalla de Chalons i el paso de los Alpe^s por Cárlo-Magno» dos grandes cuadros modernos ocupan ambas testeras del salón. Notamos un cuadro que representa un episodio de la revolución de iMj regalo reciente que Napoleón III habla mandado al íMoseo. Un artesano construye coa un brazo el ataúd de su padre, que una balaba atravesado i que yace en el suelo, mientras st brazo izquierdo cubierto de sangre está atadOi con una benda. Ha suspendido un momento-- su tarea i sus ojos desencajados vagan del atattd* al cadáver i de su brazo herido a su familia qie lo rodea en la desesperación i en las lágrimas. La concepción de esta ñgura es digna sin dada* de la siniestra mente del donador
Visitamos tamiden el paseo de la Coloniie sobre una elevada colina cuya cima ocnpa la capilla de Nuestra Señora de la Oarde, lapi^ tr(»na de todos los marinos del Mediterráneo.' Algunas cálidas plantas como el aloe i la pal<* mera, formaba la única belleza de este ^tio, desde el que la ciudad aparece solo v miento de masas calcáreas como si las fueran otros tantos hornos para assr i jente. Efectivamente, Afarseliaes una hogoiK en los meses de junio i julio.
— 2T7
Ho habiendo ningún vapor que partiese pron • It^fMira las costas de Itnlia, nos resolvimos a ■«rcbanios por tierra lo que era mas largo pero m» agradable. £1 6 de abril por la tarde nos 'Cnrontrábamos en efeef o en el pescante de la tKnjencia de la 'compañía de Caillard, que en 16 boraH debía conducimos a Niza, en las fronteras de Italia, 60 leguas distante ríe Marsella. Por mas que estuviéramos bajo el cielo del Medio di:i, una noche panada en el pescante de roa dilijencia, no es de las que Morfeo envi- 4liaría, pues son estas un combate sostenido «itre el sueñ y señor déspota i regalón que le fwta estar tendido, í el fobrecito insomnio que va estrechamente sentado, sangolotaado i salpicado de lodo o empolv^ido con tierra ... So o ea las paradas que hacíamos on las plazoletas Aela» pequeñas aldeas del camino para dejar lacorreispondencia, nos era perraiti>lo cerrar los farfullad 'iSfior el ruido de lasoliturÍH fueiile, que árboles seculares obsoureeian ron su lombra en aquellas horas cailadus de la noche. A las pocas liorns de rnurclia dejamos a la dere- -cfaa el camino que coniuce a Tolón, por el que «edirijia un convoi de carros cargados de pólvora que can<iiiaba solo de noche, i luego entramos en la romántica selva de la Sambuque, •n la que el hio! hio! con que el portillón animaba lo» caballos iba a confundirle en el fondo de las agrestes quebradas con el ruido de los •froyos que las surcaban. A las 5 de lu müñana deiembocamos en la espicio^a llanura de Víitaavan, cubierta en toda su e9tenj*íon de un bosque <le olivos; i un sol que reflejaba los tintes del alb i de los Andes meridionale;», tan dulces a la vist"), nos sonreía después de las fatigas de )a jornada. Almorzamos en Draguignan, imeblo de acequias i árboles como una aldea ét Chile, en cuya posada, retrato de las de Coracavi, vi por la primera vez en Europa, una
Mcba acequia que atravesaba el patio
£l criado que nos servia era un joven italiano, ^ien interrogado por mi, me contó que había ridoun estudiante de Pavía, proscripto desde 1848 por haber tomado las armas contra el Austria. Cualquiera otro, me parecía a mi, no W habrá creído, pero al estrecharme la mano •quel desgraciado parecía decirme. **Vai8a ver Ki patria! Amadla como yo!...."
Cuando atravesábamos los elevados lomajes ienyopié está situado el pueblo de Draguignan i ^ae apesar de su esterilidad aparente, están eibiertos hasta la cima de una espesa plantaliMde olivos, encontrábamos grupos de aldeatls que venían al Mercado del pueblo cargalia «on los productos déla comarca. Observé ^ traian muchas cargas de pivja en chinQuillot
oomo kw ««estros i me-á^emn que valia «ólo 1 franco el quintal. Nos hito reiría ligara úe un vij^o abogado que se encaminaba al poético en un deteriorado birloohoiiqae manchaba su propia-cosinera. Era ésta una enorme vieja que llevaba en la cabeza un "sombrero de paja en euS^as desmesuradas alas, que iban en perpetuo loíovimieuto, parecía rebotar cada tranco del vifijo caballo que ella guiaba. Era todo aquel tren una verdi«deFa ruina en movimiento, seactr,
conductora, carruaje i caballo Descendimos
después al ricovalle del Muy en el que lo««noreros sirven de rodrigón a la viña i ésta esté entrelazada con los troncos de los olivos, mientras el trigt) i la alfalfa crecen al pié de las plantaciones, estimulados por el riego i el ardiente sol fiel Mediodía; de modo que la naturaleza, podría de irse, en es^te hermoso recinto brinda al hombre en cada vara cuadrada con los mas rieos productos de la agricultura meridional, el olivo, la seda, el v no, los cereales, las legumbres, pues todo estnba a la vez acumulado en un mismo es(»acío. ♦*£! departamento del Var, decia nuestro mayoral, produce ríos de vino i de
aceite mjis cándalo os que el Sena" Al
desembocar este delici*>so valle sobre el Mediterráneo, está el pequeño pueblo de Frejus por cuya única i sucia calle, rodó la dilijencia, i luego comenzamos a subir la cuesta <le la Sterella,la última proyección de los Alpes marítimos que van a morir a pocas millas de distancia en el Mediterráneo. Para aliviar a los caballos en laKubida, nos apeamos todos de la dilije cia i durante una hora subimos por los caracoles de la sierra marchando en grupos que charlaban alegremente. Yo iba reunido con un viejo ofícial que acababa de perderán hijeen la Crimea i un cura muí jovial que se había provisto en Draguignan de dos botellas de vino i auncomjirado un vaso de cristal en la posada, por beber desahogadamente en la travesía.... La montaña era áspera i estéril, solo algunos débiles pinos alzaban su copa empolvada en el fondo de las quebradas, o ya divisábamos algún pequeño oasis de verdura sobre el que estaban agachados, limpiando las malezas, algunos afanosos cultivadores, mientras que escasos rebaños de cabras trepaban sobre las rocas buscando su alimento. Aquel paisaje era una copi^ triste pero agradable de muchos otros que yo habia contemplado en mí país. Bajo unos frondosos árboles en la cima de la cuesta nos detuvo un vi(^o sárjente para visar nuestros pasaportes i practicado ésto, descendimos al galope la falda oriental de la sierra. Atravesamos después en toda su estension el encantador valle de Grasse, llamado con razón el jardin de la
21ÍÍ
Francia, i es en efecto todo aquel territorio un verjel de flores al que los Alpos i el Mediterráneo sirven de magníficos cercados. El camino pasa materialmente por el centro de potreras de rosales i bosquecillos de limoneros i naranjos entre los que el aloe i la palma dátil descuellan sus copas, mientras que en la diátancia, al pie de lask últimas ondulaciones de los Alpes queso ven desde aqui en toda su majestad, está suspendida entre rocas la :ildea de Grassp, blanca i olorosa como una mata de jiismin. En este valle en efecto es donde se destilan la mayor piarte de lí«8 esencias que consume i esporta la perfumería francesa.
A las 5 de la tarde pasamos por la playa en cuyo borde esta situado el puertecito pescador de Cannes i lue|<o entramos en la fortaleza de Antibes cuyos habitantes estaban en las puertas de las casas gozando de los últimas rayos del sol poniente que se hundia en el Mediterráneo.
Algunas de las calles de esta ciudad militar, eran tan angostas que las ruedas de ladilijencia iban propiamente sobre ambas veredas 1 no dejaban pasiir a persou i alguna. Entre Cannes i Antibes encontramos muchas lindas casas de campo entse las que sobresali.i la del excéntrico i viejo lord Brcmgham, a quien el conductor de ladilijencia llamaba e-piritualmente lord Bri-
gand En su jardín el estravagante lord
cultiva con esmero las flores de lis, símbolo de la lejjtim'dad real de Francia, pero en 1848 las mando arrancar todas i se presentó como candidato para la Asamblea Constituyente por el departamento del Var. Sin embargo, lord Brigand, decía el cochero, no sacó mas que un YOto, que fué el de su jarílinero, i ahora ha vueito a plantar las flores de lis.... La vida de este hombre raro i *íminente, esiá asi llena de contradicciones; defensor de la Reina Carolina, cubrió de los mas agrios ultrajes al trono i la nobleza de la que, después, convertido ya en Par ingles, fué uno de los mas enérjicos so»tenedores; partidario de la libertad de educación ha perseguido a muerte a los católicos irlandeses; favorito del pueblo ingles por su oríjcji i su elocuencia, pedia en 1845 que sus paisnno^ se murieran de hambre, resistiendo la aboücion dt 1 monopolio de los cereales. Pero ya el viejo lord está mui decrépito i pasa t(ídos los inviernos en este abrigado valle a orillas del jVIediterráneo, aparte de las ajitaciones políticas.
Desde Antibes hasta las orillas del rio Var que divide lu Francia de la Italia, bordeamos el golfo Juan tan célebre en la historia de Napoleón. Estas costas fueron siempre propicias • aquel gran jénio. En Tolón hizo sus primeros
ensayos, en Frejus desembarcó después de tu campaña de Ejipto i en este mismo sitio puso por la última vez su planta para hacer temblar la Europa después de su cautiverio en la isit" de Elba. Una columna con esta sola inscripción 1.0 de marzo de 1815 marca el sitio desa desembarco. En frente habia una venta sobre cuya puerta se leeia este letrero:
Ici se reposa le grand Napoleón Entrez, et buvez un verre en son noni.
Nos mostraron el bosque de olives en que se acampó la uuardia del Napoleón la 1.» noche de su desemb'^rco, puñado de bravos que como una avalancha irresistible rodando destle el Mediterráneo al mar del Norte, fue en e' espacio de 100 dias, a estrellarse i desaparecer en
Wíiterloo! El cochero que era un Corso de
sangre de fuego, partidario de la república r-ya i de la vendetta, nos contaba que él habia visto en aquella época a ISonaparte, i que su padre, (|ue entonces tenia el oficio de postillón, le habia vendido 5 caballos en aquel raismo sitio. Por lo demás amenizaba sus ancc«lotas con sus reniegos en la lengua provenzal que parece un-.i mízcla deí france>, italiano i español ; asi \os cliexmux eran chivaux; Dios, i?ioi no faltaba tampoco el ajo de Castilla en esta cálida tierra de Provenza! ....
E-te individuo me daba también alguno? detalles sobre la organización de la Compañía de dilijencias de Caillard, a cjue la que el raauejaLa perttjnecia. Esta sola compañia tenia 6,500 caballos que comprados a un precio medio entre 140 á 150 pesos valiui 2 millones de pesos. En las 57 leguas que separan a Mar>ella de Nit* mudamos en 18 postas; cada remuda, de4i5 caballos, anda poco mas de una hora o 3 leguas de distancia Los carruajes son enormes i pesan 50 qles., lo que se dobla con los pasajeros i equipjge. Están divididos en 4 cuerpos cada uno de los que tiene diferentes precios; la banquette, que es el pescante, es la mas barata; debajo está el cmipc que tiene ;i alientos I es d m:is caro, el ttentro lo forn}a el interieur i I)or último, airas está la rott-nde que tieue I* forma de un caj<m largo i aojáoslo; en todOf caben 18 pasajeros. En (10 lt';^uasel precio dd coupé es de 7 pesos i el dí^ I;» lianquette de ^^ la mitad. La empresa pa^a un 10 por lOO <^* sus productos al Esta<l.', lo que se invierte e* la refacción de los caminos. Este estaba «"^ buen estado i los cantoneros ocupados const®'** temente en asistirlo. Cada uno de éstos cuio* una legua de estension i gana 2 reales di»*^^ Apesar de esto no se evitan los accide0^^
— 219 —
¿O tiempo se había rodado en un bar-
a dil\jencia pereciendo la mayor parte
Bajeros.
, a las oraciones del 7 de abril, llega-
mos a la frontera de Italia donde los centinelas sardos ocupaban la salida del puente sobre el Yar mientras una guardia francesa visaba nuestro pasaportes a su entrada.
CAPITULO XXIL
Viaje en el Piamonte, — Niza, — Memig-plaiftirs cid los viajes modemea, el equipaje, el pasaporU,— Donde $e cuenta detalladamente la dolorida i verdadera historia de mi pasa porte. — MonotPmiñdt los viajes modernos — Partimos de Niza. —J^nova — Cristoval Colon, — Taller del escultor Vmi»
r — Hospitalidad italiana, el coronel Calloso i elmarqves Carlini, — Visita a los Jardines delpríih cipe Palavici.no. — Comino de ferro enir¿Tur'in i Jénova.- Turin. — El Palacio real. — Loi Mgotesde VictoHo Manuel. — Campo santo de Turin. — La Rixtori. — Estado actual de la Cerdm* — Joseüsmo. — El Clero. — Llanuras de M arengo. — Compañeros de viaje, eljeneral La^narmon i vi ministro francés. — Cordero sul de mi vuelta en el Albergo de Italia — Partimos par^ Civita Vecchia.
No sé porque aunque hnbia ya salvado la frontera de la Alta Italia i me encor:traba en Niza sobre las costas de la antip:ua Liguria, no me érela aun en la Italia verdadera, la patria del arte i de la historia. Me parecía aquella monótona población una fastidiosa antesala cuyos umbrales estaba imiiaciente por pasar. Niza, en efe«'to, cuyo «lima abrigado la ha hecho el hotpital de todos» los tíficos del Norte de Europa, a la par que a la baratura de ¿u mercado debe el ser una ciuda<l predilecta de las jentes •conómicas, e» mas bien que una población italiana, una colonia inglesa, pedazo frió i monótono de la nebulosa Albion engastado entre aquellas suaves colinas del Mediterráneo. Los trajes, el idioma jeneral, (que es el nizardo, un dialecto inintelijible,) el aspecto de todo lo que yo veía en aquella población era un mortifícante desengaño de mis ilusiones, hasta que al ñn me persuadí que no estaba en la Italia misma dentro de la Italia. ... No son los paires en efecto, lo que las conveniencias humanas hayan podido delinear; la Piovidencia ha marcado en su conñguracion, en su historia, en sus razas, el sello particular que los distingue, i que solo desaparece cuando el último hombre ha sido esterminado, cuando la postrer columna de las primitivas ciudades se ha huadido higo el polvo» La It^ilia será siempre el país que esta magnífica definición del poeta ha demarcado.
^'£1 bell paese que l'Apennin parte. £ la mar circondu erAlpe.**
Niza, cuya población de valetudinariot «e aumenta i disminuye de un modo irregular, tieM hoi dia algunos cuarenta mil habitantes qut vi* ven del comercio del Mediterráneo, delaagH* cultura meridi'tnal a que se prestan las h\i» occidentales de los Apeninos i particularmcott del servicio i hospedaje de los estraigeros. El torrente Pagli'ue divide la ciudad en dos Mitades, de las que, la ciudad propia i el peqtttio puerto formado de diques, quedan a orlllti del mar, i el barrio moderno de laCroeeds Mitrmol, habiíadocasi esclasivamente porta* gleses, en la ribera opuesta. Este tiene fmHi todo el aire de una pequeña población siQOaif triste i callada, mientras que la ciudad ymtl* ofrece tampoco ningún atractivo. Un pei|a€Íi i singular montículo se alza en el centro deli población coronada por un castillo como el 4l Hidalgo, de cuya cima la perspectiva delasoli* do Mediterráneo, que la isla de Córcega limÜi como una sombra en el lejano horiionte»il todo lo que puede intere^^ar al vinjero. LaC»- tedral de Santa- Reparata es como cualqalen iglesia entrepajada, fea i mal hecha da tiago.
Con todo esto i sin tener donde patar to agradable, porque en esta ciudad*] no hai pasatiempo alguno, excepto talvw élii
menterio a contemplar tnnta belleza , tanta juv€ntad<prematoramente troii'- >r el soplo de^ la muert«-i ... Hai aqui es liotelesf pero Iob oafé* doude ló9' pasan las noches fumando éus pipas 'O al billar, son>de mui mal jéner» i dé"- 1. NosolTO», sin embargo^' no9'entretfi^' in momento en* e\r Oafe Amerieane' tocar la flauta de- un: modt^^suigalari > gordo i colorado seaplictibatei»efi»e«" mntes del instvument» a> u«m*'dtt»iaBl-as de- la nari/., i Jadeando > laioobtaay i do cont'toda su fuerxa, ejecutaba* 'conle maestría M Sanna Up trompa inéré^ los Puritanos. Como'et*ta cancioii< ha hibidu en la Lombaidia desde la- revote Miliin, tal vea ' pasa coma un« contrautorizado por ¡la policía «I tooarla con- :e^; asi quizá no seria u-n digno grito
*a para la patriótica M^kín'
«ahora, no en. un diu, nos fastidiamos i sulo nos denior mosvueilaiido sobre' rijiriainos a Türin atravesando los Ap.— or e* Cul de Tenda, que aun' estaba » de nieve i no i odiamos pasar sino en un, o bien si liaríamos a pie' en tres -dios lo que va de NHaa a Jénova por las «osi Liguria i que es la ma^ bella travesia 1 , favorita por esto de los pedestres inPero ul fín nos decidimos por lo mas sspedito tomando nuestros pasajes en r Dante que debia llevarnos en 12 honova con la mas perfecta comodidad, tuvimos tal, sin embargo, en nuestro I hotel al embarcadero, porque es éste I los paises un Oóigota de- angustias, i desembolsaos entre aquellos porteros, s, remeros, marineros i pordioseros, famíos del bolsillo i de la paciencia.... » itineraria de Niza a Jénova de mas de is no tuvo mas accidentes -que el tranleño qne- disfrutamos en nuestros- camatero- el del embarcadero dé Niza, (jueeo un cuurto de hora, nos costó mil ad de alanés. S.iMeron, en- efecto, tras tro» dos porteros del hotel conduciendo » sacos de nocho en una. carretilla i esta •tfn primera estación dülorosa. Al lie* muelle (segunda dolorosa estación) se ■ron dos impávidos faquinoa o cargatomando las muletas detla carretilla, ron a Ios-remeros que nos esperaban en . Los faquinoa dieron un tranco- i nos' 1 uo franco . . . . Los remeros dieronc un m al- bote (tercera estación) i atracaron r, qoe estaba a unas cuantas brazas on- pulgadas del malecón, i nos cobnm'dos
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Aráñeos por el empellón! .... Luego dob ávidos marinero» dob vapor Dante se pnecipitavoif a* lilr-bordn para^subir' el \ equifii^fei;^. . . Pere^axlé» porteros' selles habite > olvidado un rollo' q«r contenia naesti^os chalet de-^viaje, sin» d«da»>iii>- tenrionatmenté''' . . . corren al * hotel, vuel^eiv jadeantes^i cabiertes de sudor cuando* las rnewdasdel Vapor están en movimiento'. .. . so'e»^ tfliilece^lá <^adena dé postaíi dé porteros, fAqin4- nosi remero», marineros i iwiestros^ bultos- ne»^ irégaw,i la cuarta- dt(>4óro9a estación* estraorifi naria*quedat:on9nmadá' para nnestros-'bolsiBo» i nuestnr paciencia; Pero lá mas dolorosar de todas las estaciones era que ^ nadie qnedatitercontento con lo que le dúbamos, aunque síes»* pre hicrmoruna regla de economía i de biet» estar, el darles' el doble- de* lo que cualquiera* otro. . . . Estas mismas esccn \%' se* repitieron «fr Jánovaala mañana siguiente, i tan cierta es» i tan T[)ro8aica la pintura de lo que dejo-Teferi** do que atmqtie por nuestros posftje* de Niza mJént)va habíamos pagado -por dos personas It' peftos, el acarr.'io de nuestros dos-sacos de noche^ que lievábamx>s jeneralmente m>S(»tros mismos ' suspcndidt>8 ?n el brazo, nos costó* 4 /^««os cahalea, ... I asi hai quien- tm vid re- lá suerte dé^ los mo<leriios viajeros, desgraciados entes aquienes un enjambre- de voraces sanguijuela», estruja noche i dia la bolsa i la paciencia! ...» Pero no^son 'os anteriores los únicos place^ res de cada" dra en los viajes modernos pore*- Continente. La entretención capital del feHx villero es la que le impone un librito de hojasblancas que yo veia llevar a todos i llevaba yo mismo en el bolsillo del chíaleco como una ye—
nerada reliquia Guantas- caras pálidasi
he visto yo cuando se ha echado de nrpiios en» la faltrif|ttera aquel poderosa talismán sin el^ que todas las puertas, excepto las de la cárcef^ están cerradas para ei caminante. Aquel mara-^ villoso tesoro, es aif esa hoja d« papel cubfert» de selto^ de todos colores, qne parecen otras tan-tas lacras dé dolor, ate:<tadH de ]etr«*ros i de símbolos, de costuras i remiendos, de do-
blesesi de revese» que se 1 fama />aiaporte/
Et pasaporte! grito terrible i constante qnr' tantas veces me ha dejada sordo 'de miedo cuando en lafronteraaustriaea, o francesa por ejemplo^ alg^n bigotado jendarmc esth^ndo el' brazo me ha interrogada sañudo porel/Kiscí^
porte' El paf«fM>r/tf/ cartilla del InAemtr
en que cada aduanvro lee con sus anteojos ver*( des la historia del mnrtirio del viajero, en don» de nació, quien fué su padre, de dondo vleaej: : adonde vs-, como se llama, de que color tieii«. el pelO) si-es retaco o gordo> si es fiato o niiri^ figon> desmolado o con' dientes, pues su rstfa»
CAPITULO XXIL
Viaje en el Piamonte. — Niza. — Memig-plaipirs d« los viajes modemea^ eleqftipaje, elpasaporU,— Donde $e cuenta detaUadamente Ja dolorida i verdadera historia de mi pasaporte. — Monotpniñd» los viajes modernos — Partimos de Niza. —J^nova — Cristoval Colon, — Taller del esmltor Vari
y — HospitaUdod italiana, el corontd Calloso i elmarqves CarVni, — Visita a los Jardines delpriih cipe Palavicino. — Comino dejierro entr¿ Turin i Jénova.- Turin. — El Palacio real. — £o« Mgotes de Victoria Manuel. — Campo sonto de Turin. — La Ristori. — Estado actual de la Cerdñ/Bu — Joseüsmo. — El Clero, — Llanuras de M arengo, — Compañeros de viaje, eljeneral La^narmen i il ministro francés. — Cordero sul de mi vuelta en el Albergo de Italia — Partimos parü Civita Vecchia,
No sé porque aunque hnbia ya salvado la frontera de la Alta Italia i me encor:traba en Niza sobre las costas de la antip:ua Liguria, no me creía aun en la Italia verdadera, la patria del arte i de la historia. Me pnrecia aquella monótona población una fastidiosa antesala cuyos umbrales estaba im|)aciente por pasar. Niza, en efe«'to, cuyo «lima abrigado la ha hecho el hotpital de todo!« los tís^icos del Norte de Europa, a la par que a la baratura de ¿u mercado debe el ser una ciuda<l predilecta de las jentes •conómicas, e» mas bien que una población italiana, una colonia inglesa, pedazo frió i monótono de la nebulosa Albion engastado entre aquellas suaves colinas del Mediterráneo. Los trajes, el idioma jeneral, (que es el nizardo, un dialecto ininfelijible,) el aspecto de todo lo que yo veía en aquella población era un mortificante desengaño de mis ilusiones, hasta que al ñn me persuadí que no estaba en la Italia misma dentro de la Italia. ... No son los paires en efecto, lo que las conveniencias humanas hayan podido delinear; la Piovidencia ha marcado en su configuración, en su historia, en sus razas, el sello particular que los distingue, i que solo desaparece cuando el último hombre ha sido esterminado, cuando la postrer columna de las primitivas ciudades se ha hundido bajo el polvo» La It^ilia será siempre el pais qu« esta magnífica definición del poeta ha demarcado.
"El be 1 1 paese que TApennin parte. £ la mar circonda eTAlpe."
Niza, cuya población de yaletudinaríos «e aumenta i disminuye de un modo irregular, tiene hoi dia algunos cuarenta mil habitantes qut ti* ven del comercio del Mediterráneo, delaagri* cultura mer¡di<>nal a que se prestan las &l<lti occidentales de los Apeninos i partlcularmenti del servicio i hospedaje de los estruDJerof. Bl torrente Pagli"ne divide la ciudad en dosni* tades, de las que, la ciudad propia i el peq«t&o puerto formado de diques, quedan a orillit del mar, i el barrio moderno de la Croceíi Marmol, habitado casi esclasivament* porto* gleses, en la ribera opuesta. Este tiene pMli todo el aire de una pequeña población si^|o«if triste i callada, mientras que la ciudad viíjtl* ofrece tampoco ningún atractivo. Un peqncfii i singular montículo se alza en el centro tteli población coronada por un castillo como el 4l Hidalgo, de cuya cima la perspectiva del «sal** do Mediterráneo, que la isla de Córcega liíatti como una sombra en el lejano horiioote»il todo lo que puede interesar al viajero. LaCt* tedral de Santa-Reparata es como coalqoleift iglesia entrepajada, fea i mal hecha da 9t¿r tiago.
Con todo esto i sin tener donde paear to agradable, porque en esta ciudadno hai pasatiempo alguno, excepto tolvM él 40
menterio a contemplar tanta belleza , tanta juv«ntad(prematoramente iyon^- >r el soplo de^ la muert*-; . • • Hai ^qui es hoteles^- pero los oafé* doude loa* pasan las noches fumando sus pipas O"
al billar, son>de mui maljóner» i dé*" . Nosotro», sin emburgoy nos-cntrctti— in momento en> el- Oafe- Amerieane' tocar la flauta de un: modt^'singalari ) g;ordo i colorado se apiictibBi«i»efiS'e«** mntos del inslvuinent» a>- u«in*'(liHiaB' las de- la iiari/, i aladeando 'la:oabtea^4 lo coni toda su fuerxa, ejecutaba»' con le maestría BL Sonna. Up trompa intré^
los Puritanos. Como'eHta canción* ha hibida en la Lombaidia desde la^revo» e Milán, talvefl' pasa cuma un< contrautorizado- por la policía «I tooarla con- ;ed; asi quizá no seria u-n digno grito
'a .para la patriótica M'íkín'
la hora, no en. un dia, nos fastidiamos i sulo nos denior mos vueilaiido sobre rijiriamos a Türin atravesando los Ap/- or e* Cul de Tenda, que aun' estaba
> de nieve i no i odiamos pasar sino en US, o bien si liaríamos a pie<en' tres -dios lo-que va de Niza a J-énova por lascosi Liguria i que> es la ma^ bella trarvesia 1, favorita por esto de los pedestres inPero al fin nos decidimos por lo mas sspedito tomando nuestros pasajes en r Dante que debia llevarnos en 12 bono va con la mas perfecta comodidad, tuvimos tal, sin embargo, en nuestro I hotel al embarcadero, porque es éste I h»s paises un Oólgota de angustias,
i desembolsaos entre aquellos porteros, s, remeros, marinerus i pordioseros, fa*- mIos del bolsillo i de la paciencia....
► itineraria de Niza a Jénova de mas de 18 na tuvo mas accidentes <iue el tranleña qne- disfrutamos en nuestros- camalera el del embarcadero dé Niza, (jue
en un cuarto de hora, nos costó mif ad de afknes. S.tlieron, en* efecto, tras tro» dos porteros del hotel conducienda » sacos de nocho en una carretilla i esta Btra primera estación dülorosa. Al lie* muellie (segunda dolorosa estación) se ■ron dos impávidos faquinoa o carga-
tomando las maletas deda carretilla, iTon a I os remeros que nos esperaban en •• Los faguinot dieron un tranco- i nos^ 1 uo- franco . . . . Los remeros dieroni un m al- bote (tercera estación) i atracaron r, qoe estaba a unas cuantas brazas oiii* pulgadas del maleeon, i nos cobnni'dos
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Aráñeos por el empellón! .... Luego dos ávidos marinero» áúV vapor'/>aii«« se pnecipitavonaf la^'borda para'subir' el ■ equif»i^t«u. . . Pero «kléa porten»' so«* les habite ■ olvidado un rolIo' q«r contenia naesti^os cHédet de^viaje, sin' d«da»>iii>>- tentMonahn««tév . . . corren ai ' hotel, vueUreiv jadeantes i cabiertes de sudor cuando' las -me»- das-del Vapor están en movimiento^. . . . so'e»^ tablece'1á<^ad«na dé- postas dé porteros', fáqni*- nosi remeros, marineros i imestros^ buftos-no»^ irégan^,i la cuarta- dOiOrosa estacion'estraorifi naria*queda consumada' para naestfos-'bolsiBd» i nuestrv paciencia; Pero la mas dolorosa de^ todas las estaciones era que ^ nadie qnedaiAr contento con lo que le debamos, aunque síes»* pre hicrmos-una regla- dé ecmiomia i de biet» estar, el darles' el dob;e= dé* lo que cualquieraotro. . . . Estas mismas esccn «s^ se* repitieron «ir Jánovaala mañana siguiente, i tan cierta e»» i tan prosaica la pintura de lo que dejoTefert* do que atinque por nuestros posHJes de Niza s Jénova habíamos- pagado por dos personas 11' pesos, el acarr.^o deiiuestros dos sacos de noche^ que llevábamx>s jeneralmente nrosotros mismot' suspendidos ?n el brazo, nos costó<4/7e«os ca-
haüs I asi hai quien' envidre lá suerte áé^
los motlernos vÍ!gett)8, desgraciados entes &' quienes un enjambre- de voraces sanguijuela^:, estroja noche i dia la bolsa i la pacienx;ia! ...» Pero no son 'os anteriores los únicos place^ res de cadadm en los viajes modernos por^t Continente. La entretención capital del feKx villero es la que le impone un librrto de hojas' blancas que 3ro veia llevar a todos i llevaba jr» mismo en el bolsillo del chaleco como una ye—
nerada reliquia Guantas- caras pálidas^
he visto yo cuando se ha ecirado de nrpnos en» la faltriquera aquel poderoso talismán sin el* que todas las puertas, excepto las de la cárcef;. están cerradas para el caminante. Aquel mara«- villoso tesoro, es aif esa hoja dé papel cubfert» de selfo^ dé todos colores, qne parecen otrac tantas lacras dé dolor, atestada de letr«*ros i de símbolos, de costuras i remiendos, dé dO»
blesesi de revese» «jue se irama /^oMiporte/
JEt pasaporte! grito terrible i constante que* tantas veces me ha dejado sordo ^ de miedo cuando en la- frontera austriaea, o francesa pot^ ejemplo^ alg^n bigotado jendarmc esth^ndo el' brazo me ha interroi^ndo sañudo por el ptrnaa*
porte! Bl ptuaporte! cbHIUví del inAemtr
en que cada aduunvro lee con sus anteojos ver^ des la historia del mnrtirio del ^iajeroj en don» de nació, quien fué su padre, de dondo viene; : adonde va, como se llama, de que color tiena , el pelO) si es retaco o gopdo> si es ñato o jamfh^ f^Uy desmolado o con* dientes, pues su
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to está hecho a pluma en el pasaporte.
El pasaporte! proceso de fariseos con el que os llevan de Herodes a Pilatos en cada aldea, en cada frontera i sobre el que todos los esbirros de cada pais hincan sus uñad afiladas, de/raman su bilis de reniegos i maldiciones, i después de plantaros como un poste, os rebuscan i os trastornan, i por fin, os trajinan los reales de la faltriquera, i os empujan a la calle, donde mientras os zumban aun los oidos con el grito de JElpasaporte! Elpasaporte! cuando bajáis de las oficinas de la policía, oís todavía por las veredas el eco de El pasaporte! El pasaporte! con que los porteros i ciceronis reclaman su propina. . . . Ah! pasaporte! cuantas vecí»s te arrojé a los pies i te maldije como a una horrible historia de sustos, trajines i aflicciones! Pero yo me vengaré de tí, yo contaré aqui tu desvergonzada historia. Narraré solo su niñez, desde su nacimiento en París, i su camino hasta Niza donde todavía yo lo manejaba. Dcade aqui el bribón se me reveló, i ya no fui sino su
esclavo hasta que dejé la Euiopa
Nació mi p-^isa porte en la ciudad de Paris, calle de San- Lázaro, número 31, en el escritorio del señor don José Marcó del Pont, cónsul de Chile, el 1. • tic abril de 1855 a las 9 de la mañana. Tuvo por padrinos a un cóndor i un huemul üe Chile, vestidos de colorado, que un dependiente estampo con un f-ello sobre su frente virjinal. Luego que su nacimiento fué ofii;ialmente i et'rendado, le di por nodriza a un encuadernador de libios de la calle de Bellas- Arles, un excelente muchacho que acababa de casarse con uua gri»eta del faubourg San-Denis, i que como aun no tenían fauíilia, prodigaron al tierno infante los mas obsequiosos cuidados, le plancharon todas las hoja:* como si fueran otros tantos pañales, i lo envolvieron, como en una abrigada maniiila, entre dos tapas de tafilete. Aderezado de esta manera llevé pacientemente a la delicada criatura a la Préfecture ae pólice donde después de muchos trámites i cuestiones, lo bautizaron i puéierun la confirmación sobre el rostro con no tan suaves manos que di^;amos, pues no eran aquellos jendarmes prelados mui ilustrísimos.... Hecho ya un fiel creyente, tuve que presentarlo en el Ministerio de Relaciones Eateriores, donde en su calidad de e&tranjero recibió gratuitamente los primeros rudimenios de su instrucción. . . . Cuando le creia ya en estado de recorrer el mundo i perfeccionar su educación que tantos labores, gastos i trajines me costaba (pues anduve dos días enteros callejeando a todo Paris, metido con él en un carruaje) emprendimos nuestro viaje a Lyon. Pero héteme aqui que sin mas ni menos me lo arran*
can de las manos al apearme en el Hotel del Norte i lo llevan en derechura a la cárcel donde sufrió su primer arresto de 24 horad. . . . Llegados a Marsella creia haber escapado asilándome en el consulado de Chile, pero nuestro señor represent-ante me cobró un duro por mi visita.... i transportaron mi pobre pasaporte a la Prefectura de policía donde lo detuvieron cerca^de dos dias... Esperando mejor suerte para aquel desdichado en otra tierra ma» hospitalaria, llegamos a la frontera de Italia, donde el bribón, que ya iba acostumbrándose a la vagancia i a la vida de las cárceles, me hizo una escapada de la que solo en Jénova volví a rescatarlo.
En efecto, despojado de él por los aduanemos franceses en la orilla del Var, pasó el infeliz a las cartucheras de los centinelas sardos que custodiaban la rivera opuesta.. Guardado después bajo de cerrojo en la policía <Ie Niza, fue entregado al capitán del vapor DantSj quien a su vez lo volvió a confiar a la Aduana, a la Sanidad i a la Policía de Jénova, una trinidad de todos los demonios, que anda siempre poniéndose delante de los apresurados posos del viajero para decirle — "Abra U. la maleta, por si lleva contrabando! Saque U. la lengua, por si está con el cólera! Dé vuelta U. sus botsillu» por sí trae cartas, pistolas o barricadas!"...» De la Aduana de Jéuova, luego que pusieron patas arriba nuestros sacos, nos llevaron a la | Sanidad i de aqui a la Policía, donde con el j mayor alborozo volví a ver, después de tn^f dias, mi caro pasaporte. . . . Pero ai! ya con el contajio de tanto tunante como andaba revuelto en su compañía, i pasando por tan reprobar manos, el infeliz se habia transformado en el
mas bellaco i atolondrado vago Ya no
volvió a presentarse a mi vista sino para ineomodarme con aus inagotables enrredos i desmines.... No hubo cárcel en toda Europa a laqce ; aquel mozalvete no fuera arrastrado. No bubu ■ Aduana, ni frontera, ni puerta alguna ét ciudad donde no fuera retenido i castigado con sellos i lacres hasta que mal de migni* do tenia que pagar su rescate en moneda efee*. . tiva, amen de los empeños, pechadas i em- = pujones que nos dábamos con los compii£eros««* - Cundió de tal modo su mala fama que ya ape*. ñas llegaba yo a una posada aun en las nMWii apartadas aldeas del Continente, caaodoeoa^ una profunda reverencia se presentaba el poi^r tero, i estirando la mano esclamaba *'«eiortS¡ déme U. su pasaporte" — *'Para qué?? — ^^Pmu^É llevarlo a la cárcel!".... i en efecto, el pobft^ diablo salía tiritando de mi bolsillo e Iba a pa-4 sar la noche bajo de la llave de la policía!.*.. 1
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ndaba en mi compañia aquel desgracia- > fiel camaroda, inseparable de mi pensai de mi faltriquera, porque ai de mí! si lo . perdido, pues para los señores gobier- £uropa el viajero no es sino un pasasi no tiene éste empastado i visado, i se- 0 visan a U.^i lo encuadernan i lo sellan tuatro paredes, como sucedió a un dis-
0 i desgraciado joven chileno en NápoPero fiel mui fiel me fué aquel aborre-
inque respetado compañero, i ahí está en un rincón de la mesa en que escribo i tapas todas roídas, sus hojas desencuaas i atestadas de sellos colorados i azules :he8 de lacre verde i amarillo i de letreodos colores, atestiguando en su mustia ?ñada fuz la calavera vida que llevó en ntud, saliendo de un calabozo para enotro i pasando de las manos de un veri las de otro mayor. Cuando el último vit como una maldición sobre su frente ya ta, yo doblé sus tapas, escribí su R. I. lí está en paz el pobre pasaporte en un
de mi escritorio! <. R. I. P.
calidad, el pasaporte constituye un sutan constante i tan repetido en los viael Continente, que se hace verdaderainsoportable. £n los carros de los camifierro, a bordo de ios vapores, en las e los hoteles, casi no se habla de otra ue de los pasaportes i de la policía que bstinada madrastra. Mi pasaporte solo, taba 10 pesos de gastos al llegar a Roma,
1 aun no hacia un mes a que habia dejairis! Ademas de todas las tramita-
legales, que cada gobierno se ha esmeI hacer mas odiosas á despóticas, tiene 'eces que luchar con los caprichos de los .dos subalternos. £n Civita Vecchianada , se les antojó decir a estos señores que ipañero, el señor don José Nicolás de la
era un francés porque habia firma-
•asaporte el Sr. Cazotte, en Santiago, i de nuestras protestas, tuvimos que ir a 1 pasaporte al consulado francés, cuyo er, mediante la módica suma de 5 fran- >tó a la Francia de un nuevo subdito que labia nacido en ella como en la península mchatka... Después, en Dresde, amo- >n severamente al mismo señor Cerda Ma estado en aquella capital el año anporque habia perdido un cordoncito de le ellos amarraron a su primer visa en el fie. . . . Estúpidas i necias prácticas de ¡jo despotismo! '^£1 asesino Pianori, que ^ dos pistoletazos a Napoleón III en ntró a Francia con un pasaporte eo regla,
porque me rehusáis desembarcar entonces a mi que no lo tengo?" decía en vano a los aduaneros de Boulogneun otro viajero chileno que llegaba de Inglaterra habiendo olvidado su pasaporte. £n efecto, nada es mas sencillo que obtener i viígar con pasaportes falsos. Que los entusiastas por la £uropa i sus placeres añadan pues a los encantos de su programa de deleites, el encanto i el deleite del pasaporte!
Creemos en efecto por acá, en nuestra tierra de Chile, que en £uropa todo es dulzura, como* didades, brillantes i fáciles pasatiempos, monumentos grandiosos i paisajesbellísimos, todos los que andan apresurados buscando ni viajero para ostentar sus atractivos i golpeándoles el hombro paní alhagarlos con su seducción Pero
que quien viaja por estudio i por investigación cuente la historia mecánica de sus correrías, i no será sino la historia del cansancio i del fastidio. De tal modo se hace monótona i ostigosa la operación de recorrer ciudades todas parecidas entre si i cuyos monumentos mas o menos tienen alguna inmediata analojia, que al fin fué para mi un verdadero placer el llegar a poblaciones donde, cuando apenas me sacudía el polvo del camino, al preguntar "Que hai que ver aquí? me respondían Nada! i yo esclamaba Nada! Nada! Gracias a Dios que no hai Nada! que ver aqui, i me echaba muellemente para atrás en alguna poltrona i me dormía sin tener que pensar en ir a ver la iglesia, el museo, la galería de pintura, el palacio tal, la estatua cual, el agujero en que tropezó tal rei cuando
iba ebrio i se rompió la crisma, etc., etc
Hai por supuesto impresiones grandiosas, pero el mecanismo diario se hace intolerable al fin. Que apunten pues los que creen que la Europa es una maravilla de goces i grandezas, i ChUe solo un terrón de adobes; que apunten pues todo lo que he ido diciendo sobre equipajes, pasaportes i monumentos, que allá alguu día si andan por mi camino, se acordarán de mi.. ••
En fin, a las 5 de la tarde del 9 de abril salíamos de Niza en el vapor Dante en el momento en que el sol se hundía en el Mediterráneo, inundado de luz sus tranquilas i azuladas aguas i las verdes colinas que dejábamos a nuestra espalda. Pasamos luego por la abrigada radita de Villa- Franca, que ofrece un mejor ancladero que el puerto de Niza, i pronto^ en pocos minutos, pasamos por enfrente del principado de Monaco, cuya capital i territorio de 7 leguas se nos presentaba de tal modo que abarcábamos todos sus confínes con la vista como si midiéramos un potrero de Chile.. •• Un espiritual italiano nos dec:u a bordo^ que requerido el príncipe do Monaco, por los AUa-
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dos para hacer la guerra a la Rusia, había mandado a Sebastopol una l8ncha de pescadores armada con un pedrero, i tan vieja estaba, anadia, la flota de Monaco, que este primer navio iiaufV&gó antes de salir del puerto. . . . Bate rid<ou1o principado ha sido abolido posteriormente, su principe indemnizado, i la capital, que está agradablemente situada a las orillas del mar como una casa de campo, ha sido ocupada por una pequeña guarnición sorda. Antes de obscurecerse admiramos también la singular aldeita de Esa situada en la cima de una roca que se alza perpendicular sobre el mar. Paroceria que los habitantes de aquella aldea, tienen alas para remontarse a aquel nido sobre el que en otro tiempo alguna familia de pescadorei hizo su nido para refujiarse cuando el frecuente i pavoroso grito de Moro» en la costa! llegara a sus oidos. . . .
A las 5 de la mañana siguiente, el 10 de abril, al salir sobre la cubierta del vapor Dantey Jénova "la snperba" estaba a la vista desplegando su grandioso panorama. Ninguna ciudad europea, ni Veucícia mi>ma, me ha causasado una impresión mas viva i nueva que la capital de la antigua Liguria. El mármol prodigado en sus editícios a la par con sus colores tñ. destemple, sus jardines suspendidos sobre lo» altOi^ barrancos, las cúpulas variadas de sus iglesias, las altas i atrevidas colinas que la iDdean coronadas de almenas i custillo;*, sus grandiosas Vicu en cernidas como sitios de encanto entre los mas curiosos laberintos de calles; la altura majestuosa de todas sus construccione!», su forma 8emicircular(]ue revela todas sui bellezas a la primera mirada, el recuerdo de su historia, la animación de su comercio i de su rada poblada de buques, el traje peculiar de sus habitantes, i el Mediterráneo en fin, azul e inmenso que va a morir sobre las gradas de mármol de sus palacios, todo contribuye a producir una impresión singular en que la majestad i la gracia están admirablemente combinadas.
Iba a decir talvez que Valparaíso se parece én su planta a Jénova, si Jénova como Venecia no me hubieran parecido únicas en *\ mismas, la una, sentada sobre su trono de colinas, reina opulenti del Mediterráneo, la otra, mecida en tus lagunas cual la lánguida i vaporosa sultana del Adriático. . . . £1 anfiteatro en que Jénova ha sido edificada presenta una serie de líneas Xmralelas que forman, por decirlo asi, las fkociones de aquel imponente conjunto. Por la cima de sus estériles colinas corren por mas de tres leguas las célebres murallos tras de lasque los iiUfvos republicanos de la edad feudal, guiadim»
por su capUasM del p^p^lo, resistieron i haaillaron a- los déspotas que se dividían la Italia^ i donde mas tarde Maasena hizo comer mi botasa:los franceses, antes que rendirse, i doo* de también, hace poco, la libertad itaüana vencida en Roma i en Novara,, dio sn últiiM. agonia, con la caicUi del jeneral A-vezsana. Sobit la2.a línea<que se diseña encima de laciadad, está el paseo de la Aqua-toluy amenísimo litis formado sobre una esplanada, jardín da aromt, bosque de frescura, cascada», fuentes iam^oa
' de agua, en que empapada la brisa, baja sobréis población como una ráfaga de salud, mientni que los naranjos i limoneros matizados de aaabar forman una corona sobre sus sienes .... Al rer esta maravilla, me preguntaba yo, porque as teníamos en Valparaíso un recreo semc^jante.
- No se cosecha el trigo i la alfalfa a un tiro dtt piedra de la plaza Je la Victoria sobre las coli* ñas adyacentes? Pero los ediles de la '^rfina dal Pacifico" prefirieron ornar su frente coa oiit funeral diadema, i en vez de la guirnalda de azahares de los naranjos i limoneros, vemos hoi en su mas bella colina, las blancas paredes dsft cementerio a cuyo pie crece el lúgubre ciprei.*. Bn la 3.» linea monumental de Jénova conea las tres famosas Vías que forman un anfiteatn de los mas magníficos palacios que hai en finropa. La Via Cario Felice comienza en la pisa principal de Jénova, i el teatro del mismo uonbre le sirve de portada, mientras la Via BeM va a terminar en la plaza Doria. La Via NmtM i Nuevisima quedan en el centro de émbaí,! en toda su línea se alzan los palacios PalaviciBi, Brignola, Spinola, Negroni, etc. £1 soberbio palacio de la familia Barbi está en frente del pilar cío de gobierno que el reí de CerdeiÁa ocupaiolo en sus ocasionale^s visitas a Jénova. Ambos mb de una belleza portentosa, aobre todo el prioiMO que se levanta por entre escalas i arquerías da mármol, tendido sobre la espalda de la coliM ostentando sus pabellones i sus juniinaaaaf pendidos, en una perspectiva que tiene algt de méjíco. Las Tullerias de Paria con su taeht potroso de pizarra, parecen bien ¡lOca cosa Mi comparación. Se conoce que Jénova fá6 nndlft la digna rival de Venecia i la- dueña de loa wa^ res que proveen la Europa de las riqueift dal
Oriente
Entre las Via» i la rada está la ciudad pMpia formando como el cuarto núcleo de aqocOi singular ciudad. Este es un dédalo incompiM» sible dé casas mui elevadas i callea tan chas que abriendo los bmsoa se van ambas veredas.... Son éstas oscura*» i el cielo no se ve sobre la cabeza del sino como ona cinta aaul que aerpgatea. fB
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I aleros de las caeas i queal^n-rayo^de ol matiza aqui i alli. Viven aoomula- !Sta parte de la ciudad los 290)000:faa-, que tiene Jénova, i tan enmarañado ^es erinto de callejuelas i pazadizos que en ana de residencia yo no pude comprenTo las Victs sirven de certera brújula al n todos sus movimientos. La bnhia esctamente cerrada por dos malecones tn una boca de 500 varas, i contiena I buques. La catedral de Jénova ofremer modelo de esas basílicas famosus i en que el mármol i el jaspe se levanrandiosas masas desde los cimientos a le. En esta templo severo e imponente [pleado ^o]o el mármol ue^o i el blanlados, lo que da al interior un aspecto La iglesia de la Anunciata es mas )davia en su esterior, pero su nave es ■dero portento. No vacilo en decir que isia no tiene rival en Europa por el articular que produce su belleza tan tan colorida; i si su arquitecto la hu- 'cho tan grande como San-Pedro de ada habría podido dar una mejor idea slo" que nos pintan los Salmos.... £1 > está en la arquitectura, sino ett los
en el traje, diremos, con que se ha » la construcción, porque lo que no es rmoles i jaspes es el mas esquiíito i
dorado o los frescos mas delicados i 3nc1uidos. La iglesia de San-Ciro es muí hermosa i una tarde que entré a >DCÍé una confirmación jeneral que el ) hacia a algunos centenares de niños.
de éstos estaban trepados sobre las nros i las comizas de las pilastras liastentacion de la mas irreverente curiosistí también a la procesión de Cuasie recorrió las Fias con el Santísimo »alio. En una anda que abría la proce- 'ában una gran urna de oro costosancelada, i como observara que los grunte se arrodillasen a su pa«o, me diiesra porque contenia las cenizas de San n embargo, esta procesión daba solo I idea de la pompa de nuestras cereelijioiaa.
algunos deliciosos dias en Jénova que engalanada i risueña, bañada por un imavera i las brisas del Mediterráneo, irdes nos paseábamos a lo Iirgo de las por sobre la magnífica azotea de la
que sostenida en arcos de pie ira se
por varias cuadras a orillas del mar. miif estuoso i la blanca tez de las jenoft-realza el velo blanco de gaza que IW-
▼an todas en forma de manto, cautivaba 'nuas^- tra mirada por entre el tropel de ^paseantes. •Diez a i)i»neetmil soldados 4q[ue marahoAmn^a la Crimea- aumentaban la animaeion esta vez. fii Gafé de la Concordia con su jardin, sus jEa«ftr tes, B\m*hotiqueéaáe Camelias (que vendían por jon real como en Ciúle por una onzaH^sus banr das de imú«iea,.nQs« ofirecia también un fagiadable pasatiempo. Por la noeiie asistíamos «I masiufico teatro P^tgenini queso imbia estrié nado en estos -mismos dios con el Rigoleita, ópera tan popular hoi en Buropu que no Imi ciudad nialdea donde noaO'Oiga a c tda instante la voluptuosa tonada de La donna e^nmvile,.. Los jenoveses poseían el teatso Garlo Pelkse^ quc'cs uno.de los nuia hermosostde Ha]ia,ipiero hoi han consagrado a -Paganini, <su ilustre paisano, un monumento digno de su jénioi(de su fama. Otros veces subíamos o la esplanada de la Aq^ta tola a recibir de lleno isl so]i}o húmedo del océano que las eras de flosos empapaban de aroma. Recuerdo que' unatar^ de estaban aquí, sentados en un rústico banco, algunos miairineros N. Ammeanosque conversaban animadamente. Al pasar por enfrente de ellos, percibí que criticaban el que nosotros i algunos buenos jenoveses, anduviésemos paseándonos en aquel jardin Se creían los
señores yankees con derecho positivo a hacer aquellas reflexiones? Si, por cierto, porque de quésitio en el ámbito del orbe no son olios según su doctrina los arbitros soberanos?....
Una mañana pedimos» permiso para visitar la casa de Cabildo de Jénova, i ios paisanos que montaban la guardia con su triare or^narío, (porque Jénova aunque anexa al Píamo»*- te conserva todavía muchas de las tradiciones i de las inmunidadesde su República^, nos recibieron con cortesía i nos mostraron todas las sacias del edificio. A la cabecera del salón de sesiones hai el busto mas auténtico que se conoce de Cristoval Colon. La ruda fisonomía del marino está marcada en los perfiles del mármol a la par que la espresion de su jenio. En un pequeño cofre embutido en la columna que soatioDC el busto, se conservan los dos únicos autógrafos que se conocen de Colon, son dos cartas < dirijidas a mercaderes de Sevilla por el Almirante de liis Indias, que sin duda sabia niaaejar con mas perfección el timón que la caUgrafla castellana. Los jenoveses levantan hoi al mas grande de sus compatriotas un espléndido monumento en la plaza Doria. Solo la base estaba concluida i tiene la forma de una cart^ fíela antigua. Visitamos también algunos de los palacios de la opulenta aristocracia de Jénova cuyas galerías de pintara i salones de baile se
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abren con la mayor liberalidad a los viajeros. £n el palacio Barbi, el lacayo que nos conducía porfiaba con nosotros, sobre que un gran bordado de lentejuelas e hilo de oro que representaba un pasaje de la Escritura, era obra de la mano de Miguel Anjelo, la mano que pintó el Juicio final de la capilla Sixtina, esculpió el Moisés de San-Pedro- Advincula i que fué el arquitecto de San- Pedro!.... Nos mostró también este sacrilego ciceroni un retrato inconcluso de una bellísima condesa de Barbi de quien el pintor se enamoró tan perdidamente que el señor conde tuvo a bien dejar solo bosquejada la frente de su hermosa dueña, a trueque de que el artista le dejara de.«pejada la suya. . . . £1 señor Luigi Vust, cóniul de Suiza en Jénova, un excelente i comedido caballero, para quien el señor Marcó del Pont me habia ofrecido una carta de introducción, nos acompañó una mañana a visitar los principales talleres de escultura de Jénova en los que han sido htbrados los principales mausoleos de nuestro Cementerio. La tumba del jeneral Freiré que tenia la forma de una capilla gótica se construía aqui. Los escultores de Jénova son mas propiamente comerciantes en mármoles que verdaderos artistas. £1 señor Vust nos introdujo al escultor Vari quien tan adelante llevaba sus pretensiones de maestro que por la figura de un ánjel orando, de solo una vara de alto, se hacia pedir 3,000 pesos; pero era aquel verdaderamente un esquisito trabajo. El S. Vari con su larga melena negra cubierta con el polvo ''el cincel) nos mostró todo su taller esplicándonos las diferentes operaciones de la estatuaria que realmente son harto difíciles. El modelo en primer lugar es diseñado sobre el papel; después con trapos i armazones de palo, se le da la forma de un busto; éste es en seguida modelado en greda, después copiado en yeso i por último cincelado sobre el mármol al que se aplican ciertas medidas jeométricas que se han fijado sobre el yeso. Los grandes escultores sin embargo, solo forman el dibujo sobie el papel i dan al mármol los toques finales todas las demás operaciones quedan confiadas a los • aprendices, i aun para ahorrar los fletes, las figuras vienen diseñadas desde las mismas canteras, por artistas especiales que, como en Carrara, viven de esta profesión. Cuando nos retirábamos el S. Varí quiso darnos una sorpresa de su arte preguntándonos que cuanto mas pequeña seria una figura reclinada que habia sobre una mesa respecto de otra del mismo modelo que temamos a la vista i que parecía mucho mas grande. Ocho veces! dijimos mi compañero i yo a la par, pero el escultor tomó
senriéndose un enorme compás d* fierro i midió los brazos i piernas de las dos figuras Eran lag proporciones de la mas pequeña, solo la mitad exacta de la otra!.... Pero tanto nos engaai la viiita en las comparaciones relativas, qae ¿quién puede ereer que un niño de 7 años tiene mas de la mitad de la estatura de un hombre
formado?
Nosotros estábamos hospedados en el ÁUergo de Italia, un suntuoso hotel formado, no en uno, sino en dos de los réjios palacios antiguos de Jénova. Pero nos habían remontado también, no a un tercero o cuarto piso, sino en un estremo del quinto. Sin embargo, la soberbit escala de 145 gradas de mármol que teníamos que subir era tan espléndida i tan espaciosa qoe constituía para mi el bajarla i subirla un plaeer como cualquiera otro. Pared por medio con nosotros vivía uno de nuestros compañeros de ntvegacion desde Niza, el conde Calloso, un viejo coronel de caballería que habia servido 18 años como instructor de tropas en Turquía i hablaba con perfección el español, i un español sabroso de soldado, aprendido en las guei ras de Crístínos i Carlistas en las que habia tomado parte, porque el Piamonte, como antes la Irlanda , i hoi la Polonia i la Hungría, han lanzado, despnes de sofocadas sus internas revoluciones, sus heroicos aventureros en todas direcciones. Este señor era en estremo obsequioso con nosotros i un día que nos habia invitado al Café de \k Concordia, nos introdujo a un joven oficial de bizarra figura que llevaba dos caponas tríangii^ lares sobre sus hombros. Lo creei al principio un himple capitán, i tenia ol porte i la franqnem de tal, pero luego supimos era el jeneral mar* quesde Carliui que partía al mando de una bri» gadapara la Crimea. '^VolveráU. al mando da una división señor jeneral . . . .w led\je yo. "Lo espero, me contestó el bÍ7.arro soldado, haeieado un oportuno calembour, si una bala de cañón no me divide primero a mi en dos mitades >j
El Sr. Rosales me habia obtenido tambiea entre otras cartas de recomendación, la de va señor príncipe Pió, de Milán, que sin dada uebia ser mui piadoso, pues hacia de miexelaa* tes recomendaciones, sin haberme visto Jamas la cara, a su amigo 1 pariente el príncipe PalaTlciño, reputado el mas rico de los nobles jeno» vese^, aunque Sil nombre quiera decir, rvbm-ml^ vecino. Poseía este stñor a dos leguas de Jéao* va un famoso jardín que todos los estrat^jefO^ acostumbran ir a visitar. Como los administia** dores del principe distribuían billetes paim tI-^ sitar los jardines, creei escasado presentar aA carta de recomendación^ i tan plebeyameaft^
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lalquier otro, nos dirijiínos a la Quinta ini por un camino cubierto de polvo i s cargadas que corre por la orilla del raneo i que es el mismo qus conduce Dejando nuestro billete en una portapiifícarite, entramos al patio de la cana que aunque edificada de mármol, no ran belleza, desde que el mármol es el e la Italia. Recorrimos después los jar- )ero aunque el príncipe en mas de 8 trabajos haya gastado algunos milloancos en embellecerlos, no luce mucho sto ni sus tareas, El jardín está en la te de una elevada colina de los Apenicae directaiJiente sobre el mar. «correrlo es necesario hacer una fatigosa »or las ondulaciones de nn camino borun doble ceto de mirto i laurel, que a la altura. Un rústico puente, algún »bel]on, u otra obra de es-ta especie es que distrae inmediatamente en el asunque también la vista dilatada del 'aneo cruzado de velas, i las agrestes i« de los Apeninos presentan un herntraste. En la cima de la colina nos 08 en una sala de armas adornada con stilo feudal, i después »)ue nos hubimos • un tanto, el guia nos hizo descender opuesto camino. Aqui debíamos entodo3 los atractivos que ofrecen estos le se encuentran tanto mas agradables Id sido fastidioso el desengaño esperien la subida. Una vertiente de agua i que brota en la colina ha sido en rijida por su falda serpenteando en mil Bas formas, i ya es un rápido torrente, (egado lago, ya se despeña formando ico ruido en alguna pintoresca cata- 1 riégalos bosques de camelias cuyos e mil colores tapizan el suelo, o ya, a por tubos i couipuerf ns, forma jueigua de los mas variados caprichos, de cruzar un puente i un cementerio bajo cuyas mutiladas lozas no habrían eas que las de algún canoro zapo, Hela entrada de una gruta a la que el invitó a bajar. Descendimos en efecto uantos escalones tallados en la roca, i itramos con sorpresa al bordo de un lerráneo .... Un remero mudo como »8 esperaba, i tomándonos la uuino, > a entrar en su embarcación .... Este «nia tanta novedad que realmente nos le aquellos caprichosos juguetes que »Derse niño un instante a los hombres B. El remero empujó su barca i naveI rato en la oscuridad i el silencio,
' pero luego al doblar el ángulo de una roca, la luz del día dulcemente re6ejada por el agua al través de la bóveda de la gruta, iluminó nuestra huella i pronto nos encontramos en medio de una laguna de verdes orillas. Un templo erijido a Diana ocuf^aba el centro de un pequeño islote, i un kiosko chinesco i un pabellón turco ocupaban otro sitio. Todo aquello tenia un maravilloso efecto, pero lo mas singular que me hicieron notar, era la perspectiva de las aguas del lago, que reclinado uno en tierra, le parecía ver unidas a las del Mediterráneo, de tal modo, que loslijeros pliegues que la brisa trazaba en la laguna no parecían sino el último envió de la ola que rodaba en el seno de los^ mares, i que albos velámenes surcaban en aquel
momento Después el guia se divirtió con
nosotros haciéndonos víctimas de las mil tra-^ mas con que están dispuestos los juegos de agua que ya reventaban a nuestros pies ya nos bau^ tizaban cayendo sobro nuestras cabezas por entrelas ramas de los árboles.... En un pabellón cubierto de verdura que tenia la forma de un baño de lluvia^ el agua caía eu tan tenues gotas que mas bien parecía aquel un baño de neblinas; |)ero el mas curioso de estws aparatos, me pareció, era un columpio cuyo asiento redondo tenia un agujerito en el centro, i al qué, el malicioí o jardinero con el semblante mas bonachón os invitaba a sentaros, i una vez que os colocabais ajustando cómodamente tedas vuestrasmedidas a las del asiento.... un violento chorrode agua se arrancaba por debajo i embocándose en el agujerito.. .. os hacia saltar en el airecomo si realmente hubierais sido víctima en aquel momento de un alevoso medicamento.... Con esto ya no nos quedaba mas que ver en estos célebres jardines que pudiéramos llamar el Peñalolen de Jénova, i regresarnos a la ciudad habiendo consagrado un dia a esta escursion. Después de una residencia de ocho dias en Jénova, partimos para Turin por el camino de fierro que el gobierno sardo i una compañia inglesa acaban de concluir con inmensos gastos, al través de los Apeninos. En efecto, apena» habíamos salido de Jénova, que está situada en la última pendiente de nquiíllas montañas, penetramos en el portentoso túnel de Busalla que hiende la cresta de los Apeninos i la atraviesa de parte aparte por cerca de una legua de estén siou. Tres poderosas locomotivas, construidas espresamente por el injeuiero Steven^ son, en Inglaterra, arrastran el pesado convoL bramando i arrojando espesas columnas de vapor que se confunden con l:i chispería que revienta desús calderas. De este mo.loen dos horas nos encontrábamos a media falda en loa
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Apeninos, habiendo partido de la plaza misma del Mediterráneo. £1 túnel de Busalla no está a una altura inferior a 3,000 pies, la misma que tiene nuestra cuesta de Prado que probablemente es también la altura respectiva de Tabón por donde pasa la proyectada línea del ferro-carril de Santiago a Valparaíso. Entre Yiena i Trieste yo he pasado mas tarde los Alpes Semeringuen en un camino de fierro cara^ coleado como nuestras cuestas; i si los injeBíeros europeos han conseguido salvar la cima de los Apeninos i de los Alpes, las dos montañas mus considerables de Europa, por qué trepidamos nosotros en escalar nuestros cerros de Tabón, Prado o la Dormida? Dejemos nuestro respeto para quien lo merezca e inclinemos la frente solo delante de los Andes!
Bigamos la falda oriental de las Apeninos con una rapidez asombrosa por entre gargantas i desfiladeros sin mas impulso que el que eldecliredel terreno daba ul convoi, puestas máquinas iban sin acción. El selvático paise^e que atravesábamos nos ofrecía un interés singular, por que nos parecía volar por entre quebradas, picos de rocas i farellones. De noche, cuando regresábamos después a Jénuva, la vista de estos mismos sitios que los faroles i las hornazas de ]a8 locomotivas iluminaban en el f>ilcncio i la obscuridad, ofrecian mil imájenes fantásticas, que pudiera decirse, eran la poesia de la industria Recorrimos después las dilatadas
llanuras del Piamonte i pasando a las oraciones por los alderredores de Alejandría, llegamos a Torín a las 7 de la noche después de 6 horas de viaje.
Solo do8 diat permanecimos en Turin porque esta ciudad, tiene la cualidad de ser una de lus mas bellas i a la vez mus fastidiosas capitales de Europa. Para ciertos gustos en verdad, Turin, como Berlín, pueden parecer las ciudades mas hermosas de Ruropa. Un agri^uensor gozaria-mas tal vez de e^tas calles paralelas i rectas i de los edificios uniforme** de estuque blanco que las bordan, pero yo prefiero a Jénova con sus caprichos de laberintos a la monotonía de los Í8oU$ o manzanas de Turin. Es una ciudad que tiene un espléndido golpe de vista, pero nada mus; carece de la variedad de detalles que sostiene i aviva la perspectiva; la monotonía sobreviene por consiguente en pocos minutos, í después de ver sucederse una callí» i otra calle, todas iguales, uno esclama fastidiado, deteniéndose en algún poste de esquina. ''Esta calle es toda la ciudad porque todas Hm calles son igunleb!" Este es el defecto de todas las ciu'Jades modernas. Turin que ha nacido, se puede decir, con el
siglo, tiene hoi día 150,000 habitantes. La ciudad se estiende en el centro de los llanos del Piamonte, entre el Pó que baja de los vecioos Alpes i es aquí un naciente riachuelo i el arroyo de Dora. Como ciudad moderna, sus espacios i proporciones son considerables; tiene ocho grandes plazas, algunas de las que, rodeadas de arqnerias cubiertas, presentan un efecto soberbio. Las principales calles, como la Aveiáéa del P6 que se desprende de la plaza del Caste- 11o i corre hasta la orilla del Pó, de poniente a oriente^ por mas de 10 cuadras, tienen tambieii por veredas estos elevados i anchos portales que forman la característica belleza i la principal comodidad de la población. Esta avenida i la calle de la Crossa d'oro son las principales arterias deTurin, i al estremo de la última, el ojo divisa el pico del Monte Rosa tan unido a la perspectiva de la ciudad que sus sábanas de nieve no parecen sino una alba cortina que sospendida de vereda a vereda limitaran el alcance de la vista. Los edificios son todas de doi o tres pisos i tienen el frente estucado i adornado á(^ molduras uniformes; algunos sin embargo, como el palacio Carignano, que sirve hoi de correo, i el mas considerable de Madanu en el centro de la plaza en el que se reúne el Congreso i donde visitamos un Museo de pintura que parecía insignificante, tienen todavía ím murallas de ladrillo sin adorno alguno.
Nosotros nos habíamos hospedado en el suntuoso hotel de Francia situado en un costado de la plaza del Castello en frente del palaelu real. Luego ñus dírijimos a visitar éste i sea dicho sin figura, entramos i lo recorrimos todo como si estuviéramos en nuestra propia casa. Cuando ya habíamos penetrado en uno de toa aposentos réjios sin que ninguno de los centinelas que encontrábamos a nuestro paso nos hubiera hecho la menor observación, se nos presentó un valet de pié de Su Majestad Sarda, que cortesmente se nos ofreció para mostramos otros departamentos interiores, por los que noi condujo mas como un guia que como un custodio. En uno de estos encontramos un grupo de mujeres pobres que parecían venir del campo i que estaban deleitadas en su libertad pan recorrer i observar todo en aquel gran palacio, pues todo el mundo tiene a él libre acceso. Pregunté a nuestro guia por los aposentos del vp!. i señalándome un tabique, me dyo con toda naturalidad. ''Está ahi detras, trabajando coi sus miniiitros. . . ." Recordaba yo entonces- qu para visitar las Tullerias, su advenedizo i peta* lante dueño nos había hecho arrear como oni recua de pavos, por encima de una tira de lien zo blanco!....
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£1 Palacio real ^s considerable, pero 8U8 idornos me parecieron de mal gusto, sobre todo iarecargasou de dorados de sus techos que contrastau con los d el i cad os ^ar^utf^A o pisos de mallera dibujados con los mas caprichosos i fíU08 mosaicos, porque en el norte de Italia se trabaja la madera con el mismo primor con que el mármol es labrado en la Italia merídioD>L Vimos algunas modernas pinturas que representaban las campañas del desventurado Carlos Alberto contra los Austríacos en 1848, i admiré también un grao cuadro de mui bella ejecución que representa al Mesias adorado por todos los pueblos. La actitud del Señor i la postura reveronte i variada de ios representantes de todos los pueblos antiguos i modernos aiú fi^rurailos, es mui imponente.
Vimos al salir, el pequeño oratorio de la reina cojas murallas tapizadas de espejos, la joven i devota archiduquesa habia hecho cubrir con eortiiias para no distraerse en sus oraciones. Esta excelente reina acaba de morir en la flor de su edad de una consuncion,^ i el pobre Victorio Manuel en menos de tres meses ha perdido ademas a su madre, su interesante hermano •I doque de Jénova i el último, hijo de tierna idad que le habia dejado su mujer. £1 rei tiene koi 36 años i es un hombre feo pero arrogante ide porte marcial al juzgar por sus retratos.. . . Itoo lo que caracteriza mas su fisonomía es ui enormísimo bigote, el rei de los bigotes de Boiopa puesto también en una cara réjia; áspifo, ancho i colorín, flota por ambos lados de bimcu illas a merced del viento. Tan enormes len en verdad estos célebres bigotes que yo los i desde la ventana del hotel, i digo esto sin Mideracion alguna, asomarse por uno de los «aligos (no digo por los dot postigos) del cofct real, mientras el rei cruzaba la plaza del SMtello. Yo no vi mas facción de S. M. I. que m bigafces, no vi al rei del Piamonte, pero vi
Imí de los mostachos
Kaestros paseos en Turin se limitaron a una ilila ai Campo Santo, situado a unas pocas ndnM de la ciudad, i que, como todos los üdemos cementerios de la Alta Italia es un ■Mbálera palacio de la muerte. Los cementeittIÍMrnafi quizá la primera pajina en que el kjw d€be leer la historia i estudiar el carácm de cada pueblo. Las pirámides de Ejipto •■ Imui revelado la grandeza de aquel pais i niiigan otro monumento, asi como las del Perú han sido los testimonios de la ¥ que han arrojado una mas clara luz Id poderío i creencias de los Incas. CuanRemanos estaban en la cima de su glo- 1% placaban lod sepulcros de sus grandes
hombres a la orilla de los caminos públicosi porque el homenaje tributado a la muerte i al pasado es el mejor símbolo de la vida i de) porvenir. Bajo estas influencias yo visitaba con preferencia los cementerios de las grandes capitales i encontraba mas que observar en ellos que en las plazas públicas. £1 Campo Santo de Turin es formado por tres o cuatro patios cuadrangulares rodeados de portales. Los sepulcros están bajo de éstos i enfrente de cada arco'hai una cavidad en la pared para colocar algún monumento o la lápida funeraria. El centro de los patios está consagrado a los mausoleos. Me era dulce viajar por entre aquellos bustos de mármol que me parecían sin embargo mas sensibles que los desconocidos que recorrían las veredas de aquellas ciudades que yo no debia ver sino como la tela de un panorama que se descorriera a mi vista. En vez de los codazos i pisotones del tropel, me encontraba solo i mas dueño de mi mismo en aciuellos claustros; i los votos de ternura i de fe que el cincel habia esculpido sobre el helado mármol,, me parecían tener un eco mas suave que el murmullo de la preocupada muchedumbre.
£1 símbolo que atrajo mas vivamente mi atención era el de la tumba de un joven Dubois muerto a los 20 años de edad. El mancebo habia caído exánime sobre una roca que su peso i su agonía, parecía hubieran trizado; i un anjel sosteniendo en una mano su frente moribunda le indicaba con la otra el camino del cielo. "Anjel de la vida que .el alma guias dulcemente al cielo, no eres tú también el anjel de la resureccion?" decia la inscripción de amor i fe que habia consagrado aquel recuerdo. No encontré la tumba de ningún hombre célebre, porque este cementerio es mui moderno, pero deben trasladarse luego aqui las cenizas de Silvio Pellico, "el hombre que ha hecho derramar mas lágrimas que un conquistador'' i que habiá to pocos meses antes en la vecina aldea de Moncaglieri.
En la noche asistimos al teatro Ca.ignanOy donde la hoi famosísima Ristori que los pari-^ sienses han proclamado en 1855 digna rlvul di? Rachel, representaba la Czarina, el último drama de Scribe i que yo habia visto muchas veces en Parií, pues fue hecho espresameute para la gran Rachel. El rol de la Ristori me pareció por supuesto en todo secundario, el lenguaje, el estudio, el tono, la figura. La Ristori era también para mi como su papel, una traducción de la célebre trájica francesa. Es una mujer hermosa, pero tiene en su fisonomía encendida i sin movilidad tanto en huesos i venas como lo qjue Rachel tiene en nervios. Ca-
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rece pues de la admirable fascinación que el tipo de esta mujer ejerce, aunque en los vaporosos i sentimentales dramas de la escuela italiana como la Mirra, de Alfieri i la Francesca di Rimini, de Silvio Pellico, la Ristori haya podido interpretar la poesía indefinida i mística de los maestros meridionales.
El Teatro real de Turin era una masa de dorados i molduras que deslucia la poca belleza que posee la raza piamontesa, cuya piel roja, ojos azules i cabello colorín, está representada por el tipo 'le la casa reinante de Savoya. Los teatros italianos son en estremo fastidiosos por el incesante cuchicheo de los espectadores que no cesa ni en los pasajes mas patéticos de la representación. El mérito de esta es también mui secundario, porque los grandes jénios de la pobre Italia están siempre a sueldo de las opulentas Cortes de los países del Norte. Son X>or esto también mui baratos i concurridos, por la entrada i asiento no cuesta sino dos reales en Jénova i Turin.
El Piamonte es hoi día uno délos mas felices, prósperos i libres Estados de la Europa. Es jp-ande la riqueza de su llanura central entre les Alpes i los Apeninos en que se cultiva la seda i el arroz ala pur de los cereales, mientras las faldas i valles internos de los Alpes i la Savoya subministran abundantes maderas i pastos para los ganados. Las pendientes occidentales de los Apeninos mas cálidas i abrigadas, se presten a otros cultivos mas delicados como la viña i el olivo. Su gobierno aleccionado por las catástrofes de 1848, reúne a un espíritu liberal i progresista la moderación tan esencial en las reformas radicales. La prensa es completamente libre. En Jénova se publican dos diarios republicanos bajo la inspiración de Mazziní, i ya se calculará como tratan al rei i a la Corte. En Turin yo compré en un puesto de la plaza del Casteilo, 13 diarios publicados en el dia, pequeños de forma i mui baratos de precio, pero cuyo carácter político, social o relijioso estaba enérjicamente sostenido. La gran cuestión que se debatía en aquel momento era la del Josefismo o la de la Independencia del Estado respecto de la Iglesia. Por el último censo del Piamonte, cuyos estractos publicaron los diarios ingleses, habían en este país de 3.900,000 de habitantes, no menos de 16,000 rel^jiosos; número asombroso que se comprenderá perfectamente cuando se sepa que en Chile, cuya población sin duda alguna alcanza u 2.()00,000 de habitantes, solo tiene mil sacerdotes escasos. De aquellos 0,000 eran clérigos, 7,100 frailes, 2,000 monjas i 1,000 dignidades eclesiásticas. Existían ademas en el país 488 conventos.
i el total de propiedades que poseía el clero te« nía un valor de 350.000,000 de francos- qae producen una renta anual de 12.000,OOG de francos. Estas cifras evitan comentarios qw para nosotros serian peligrosos.... £1 pueblo de Turin al menos había erijido en el centro de una de sus plazas una elevada pirámide de granito en cuyas cuatro faces estaban grabados los nombres de todos los pueblos de la Cerdeña i en la base esta inscripción tantas veces mal* decida, anatematizada, escomulgada, qué se yó! impregnada de exorcísimos para que vomite el diablo que encierra en sus entrañas. Abolitot!a legye 9 aprile 1850 ilforo ecleñastico. Popólo e municipio questo monumento po»ero 4 nuarz» 1853. La gran mayoría de los 16,000 clérigos i frailes piamonteses han sido dispersados por Europa i la América del Sur. Los últimos sobra todo, vendrán a Chile que parece La Casa grm^ de de todas las órdenes monacales estintas. Cuando tengamos 3.000,000 de habitantes, tendremos también 16,000 frailes!....
Cuando regresaban a Jénova nos detuvímoi en Alejandría por mas de dos horas, pues este mismo día el rei había pasado revista a la división sarda de 15000 hombres que partía paia la Crimea, i con este motivo había tanta COB" fusión i alboroto en la Estación del camino d0 fierro, que fué imposible continuar el viaje úa» yu cerrada la noche. La revista había tenido lugar en el campo de Marengo, el mismo qn» la mas bella victoria de Napuleon hainmortaK* zado. Nosotros lo cruzamos en toda au eateBsion porque la aldea de Marengo está solo » unas pocas cuadras de Alejandría. Marengo UA un combate de heroísmo i no una batalla éB estratejia, por esto tal vez se ha hecho tan p»--> pular en la historía como por los grandes fV sultados que prodi:go emancipando a la ItlBV» de la dominación austríaca. Napoleón luÉM puesto todo su jénio en la organixacion aquel puñado de veteranos, pues eolo 20000 hombres, había ensayado todos loa cursos de su audacia en el paso de los Al|i demostrado su consumada pericia colocáoi en frente de los austríacos que se retiralNUí toriosos i ufanos de Jénova. Pero en M( todo se confió a la espada i al cañoo. £ii lia llanura uníTorme no era posible otra tejía que la de morir o vencer a faena de vura. Napoleón había puesto su ejéretto escalones, a pocas cuadras de distancia entn Un héroe estaba al frente de cada divislOB» damme a la vanguardia, Víctor en la columna, Lannes en el centro, Champoni a la retaguardia, mientras fionaparte se la cabeza de la Guardia consular.
Kellerman se colocaba en les flancos balleria. Desaix había sido destacado ireccion con 6 mil hombres. Sale Meejundria con 40 mil hombres i 80 camientras la poderosa caballería de lando una vuelta, cae sobre los débiles e Kellerman, la infantería, avanzando tmino real, arrolla a Gardamme, enVíctor, i obliga al mismo Lannes a la ... El pecho del primer cóni^ul siente mera vez el pavor de la derrota, i ésta mpleta. **No reculemos mas, esclaordaos hijos mios que yo tengo la cosle dormir en el campo de batalla . - . . " as rotas columnas hiiian en desorden su voz. Chateaubriand dice en sus Mee Ultratumba que Napoleón conservó ima gran adhesión al jeneral Savary •le le vio llorar como un niño. . . .Pero laix con su división atraída por el rui'lo 1. Los Austriaros avanzan en confuiion ndo al enemigo. El viejo Mel.as se ha d su tienda i deja a su segundo Zash
di coniíluir su victoria Pero la
de DesaÍY aparece de improviso comrresisiibie sobre una colinaj des¡)legaea ron) pe un nutrido fuego, i los venoji.los de un súbito pánico vuelven cara seguidos.... La i)riniera bala disparada coiunnia de Desaix había atravesado -
n del héroe Lo demás es sabido. Al
iente Melas rindió su e-spada a Bona- , . Todo fue dramático i heroico en ornada.
?jandrla entró a nuestro carro el Jeneral [lora, cuya esposa, una señora inglesa ras muí corteses, había venido con no- 'sde Tuiín. El jeneral en jefe del Ejéro era un hombre de 45 años, alto, esmente flaco i (le un color de aceituna dijeron los diarios republicacos de Jéludándolo por su llegada al siguiente ígo entabló una conversación familiar personas que ahí íbamos, i abrumado aligas del día, se quedó profundamente . Iba también con nosotros el Minís- ?rancia en Cerdeña uno de esos relaipromáticos-hojarascas que parecen haistir toda su habilidad en lajesticulaidiada de su boca desdeñosa i de sus ojos eroS) ya dulzurosos. • . . Era tan ignoite ¿implóte, que al pasar por Novi o« republicanos franceses fueron comDte derrotíidos, bajo el joven i bravo Joabert que moribundo bobre su cabaiba todavía a sus soldados En avanty étí «fi avantl ) interrogado por La
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Marmora no supo contestar una palabra, i cuando éste le referia las hazañas de los franceses cuyas huellas el habia visto, el señor diplomático se contentaba con balbucear : Ah! Ah! como quien oyera grandes í estupendas noticias. Aquel señor ministro era un maricón de bellísima i jiganlesca talla; i sus monadas no me divertían menos que los ronquidos del jeneral Sardo que habría su boca cuan ancha era, mientras el maricón se la hacia lo mas chiquita posible para conversar con la miger
del dormido Jeneral
El 17 de abril partimos de Jénova para Lior" na. Al bajar la escala del Albergo de Italia tuvimos nosotros que trabar un nuevo Marengo con los sirvientes del hotel. Nos recibieron éstos en escalones a(»ot;tados en cada piso para recibir su buona-mano. Dos llegaron a nuestro cuarto con la cuenta, otros dos subieron a bajar nuestras maletas, que las recibieron otros dos porteros (porque nosotros eramos también dos viajeros i el «neraigo no quería presentarse con fuerzas desiguale?) al pié déla escala para llevarla al embarcadero; el mayordomo salía del comedor casualmente cuando nosotros pasábamos por la puerta, i la dueña que arreglaba todos los dias nuestro aposento, se encontraba tambiem por acaso en uno de los descansos de la escala. Era aquel un verdadero siti<», un corderito sal de mi vuelta, que rompimos solo por el empuje dei bolsillo.... Entramos en una chalupa cuyo republicano nombre era Bh! Napoleón el Grande, i tomamos nuestros camarotes en uno de los vapores de las Mensajerías imperiales de Francia. Después de haber oído los acordes de una serenata que nos ofrecía al partir una compañía de músicos que rodeaba el vapor en hus botes, i de estrechaT la mano del excelente señor Vust que tanto nos había obligado con su cordial hospitalídad,partímos aquel mismo día a las oraciones A las 12 de la noche "estábamos todavía sobre cubiirta respiíando, la suave brisa del Mediteráneo bajo aquel cielo estrellado i puro déla I la la que tantos han comparado ul nuestro. El faro jiratorio de Jénova nos enviaba cada minuto un golpe de luz que iluminaba nuestro puente, aunque estábamos a mas de 15 leguas de distancia. £1 día ¡siguiente, 18 dt abril , lo empleamos en recorrer a Liorna Pisa que debíamos volver a visitar mas tarde, i en la noche de este día continuamos nuestro viaje a Civíta Vechia. A media noche pasábamos a tiro de fusil de la isla de Elba que se nos presentaba como una sombría roen envuelta em la oscurídad, i al amanecer estábamos ya fOBdeados en la rada de Civita Vecchia.