Para el fomento de nuestras buenas relaciones con los pueblos latinoamericanos · Unidad 18 de 207
Unidad 18 · BUENAS RELACIONES CON LOS PUEBLOS LATINOAMERICANOS 19
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BUENAS RELACIONES CON LOS PUEBLOS LATINOAMERICANOS 19
particular a los asuntos americanos, siendo de lo más valioso el apoyo que pueden prestar al Instituto Americano. La tarea ulterior para llegar a la organización debe realizarse sin demora. Como dice Mr. Root en el párrafo final de su carta de instrucciones, los resultados que han de obtenerse no deben basarse en los términos de la vida individual, sino en los de la vida prolongada de las naciones, y de esto se dan perfecta cuenta nuestros amigos latinoamericanos ; pero debiéramos aprovechar la oportunidad que nos presenta el entusiasmo actual para obtener los servicios de estos hombres distinguidos en favor de la causa por la cual el Instituto Americano aboga. Los Síndicos, creo yo, no podrían- dedicar su actividad a una causa que estuviera destinada a producir resultados más fructíferos ni que apelara más poderosamente a las principales lumbreras de las Repúblicas suramericanas.
La proyectada Academia de Derecho Internacional de La Haya causó vivo interés. Creyóse que tal Academia, en donde se reunirán los principales delegados de los distintos gobiernos del mundo para el estudio del Derecho internacional bajo la dirección de profesores eminentes, ha de contribuir a una mayor uniformidad de opinión y a "normalizar", si se nos permite la frase, una ciencia que hasta ahora sólo se ha cultivado de manera productiva de opiniones diversas. No se hizo ningún esfuerzo para obtener que gobierno alguno se comprometiera a la proposición; el tiempo no se consideró oportuno todavía para ello. Mis instrucciones no tenían por objeto nada más determinado que indicar la atención de los distintos gobiernos hacia la oportunidad de participar en la proyectada Academia, pero estoy bien seguro, a juzgar por el interés general demostrado acerca de la materia y a juzgar por la aprobación expresada por los Ministros de Relaciones Exteriores, que cuando la proyectada Academia adquiera forma definitiva, los gobiernos de las cinco Repúblicas suramericanas que he visitado se aprovecharán seriamente de la oportunidad de participar en ella y que cada cual enviará a la misma uno o más representantes debidamente delegados.
En conversaciones sostenidas con los Ministros de Relaciones Exteriores de estos países, de acuerdo con mis instrucciones, promoví la cuestión del pronto nombramiento de comités nacionales para que discutan el programa de la próxima Conferencia de La Haya así como las ventajas que habrán de derivarse de la comunicación mutua de tales comités nacionales en América, a fin de que cuando se convoque la próxima Conferencia de la Paz los delegados puedan concurrir a la misma con mejor preparación y más unidos en sus opiniones acerca de los fines que hayan de realizarse que en la Segunda Conferencia de la Paz de La Haya. La índole de estas conversaciones privadas excluye la idea de darles apariencia pública, pero puedo decir que todos y cada uno de estos gobiernos aprecia la necesidad de que se proceda con prontitud.
La obra de la División de Economía e Historia de la Fundación formó parte del discurso principal pronunciado en cada ciudad y despertó mucho interés. Los historiadores suramericanos, que pueden prestar valiosos servicios a la División suministrándole datos a propósito de las causas y efectos de la multitud de guerras