Pedagogía social · Unidad 21 de 85
Unidad 21 · BAQUB] i \M \Ñ \
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seria orgánica, a ser un desequilibrado, un degenerado?
Y pasando a Las más responsables, a las madres •lo las clases pudientes: ¡Cuántas costumbres
cíales no dan por resultado la excesiva mortalidad infantil o los alumbramientos antes de tiempo! Y esos niños que nacen antes de que las células nerviosas de la médula espinal, sobre todo en la región anterior, hayan adquirido un desarrollo conveniente, antes de que el haz piramidal se haya mielinizado, están sujetos, casi fatalmente, a la diplegia infantil, a ataques espasmódicos o a bajo las garras de la epilepsia.
¿Saben las madres orgullosas y felices que en Buenos Aires el número de abortos provocados es desalentador? ¿Han oído hablar de cierto comercio muy lucrativo, del transporte de angelitos a la vecina orilla, para poblar la "Cuna" de Montevideo con los hijos sin madre de la ciudad que pretende prohijar extranjeros? ¿No se sienten culpables por no saber inculcar en sus hijos, unido al respeto sagrado hacia la procreación, el primero de todos los deberes: — "No harás daño", mucho más práctico y útil que el utópico : -- '"Ha ras bien?".
Bajo la influencia de impresiones fuertes, los vasos sanguíneos se contraen, la composición de la sangre se altera. Por eso las penas, las emociones, las crisis nerviosas, los golpes, el estado habitual de irritación, de mal humor, un no importa que haga sufrir a la madre un instante, puede
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condenar, por toda una vida, al hijo en formación.
Y si la madre que pudo evitar o prevenir cualquiera de esas emociones se considera responsable de las consecuencias posibles, ¿cómo no debe sentirse única causa de los males que aflijan a su hijo, la mujer alcoholista, sifilítica o tuberculosa, que cometa el crimen social de procrear?
La pobre calidad o la poca cantidad de la sangre trae como consecuencia un desarrollo imperfecto del sistema circulatorio — la función hace al órgano. — Y esos hijos mal nutridos ab-initio padecerán de una detención del crecimiento, traerán lesiones cardíacas congénitas incurables o predisposiciones al raquitismo, a la tuberculosis, a la degeneración mental o moral.
¿Conócese, acaso, hasta qué punto se envenena la sangre materna bajo la influencia del trabajo exagerado, violento, en actitudes fatigantes, en un medio atmosférico malsano, contaminado por el exceso de trabajadores en el taller o por las emanaciones y residuos de los materiales empleados?
"La alteración de la sangre de la mujer madre", he ahí, desde el punto de vista de la salud pública, con lo que el progreso industrial ha contribuido a la degeneración de la raza humana.
¿Cuándo será un hecho el deseo de G-ladstone: — "El más grande benefactor de su país será aquél que llegue a inventar una industria que per-