Pedagogía social · Unidad 45 de 85
Unidad 45 · PEDAGOGÍA SOCIAL 121
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
PEDAGOGÍA SOCIAL 121
iguales razones, en los Estados Unidos la mujer tiene en sus manos la casi totalidad de la educación infantil. Pero hay otro recurso ensayado allí con admirables resultados : el permitir que la mujer ocupe puestos directivos. No sólo el ofrecerle la conquista de la dirección de establecimientos docentes sino el hacer accesible, en igualdad de condiciones, al hombre y a la mujer, las inspecciones, las vocalías, las presidencias de los consejos de educación.
Una ojeada sobre la denigrante posición actual de la mujer que solicita trabajo como maestra o como catedrática hará resaltar la mejora moral, la dignificación que importara al magisterio el arribo de la mujer. a esos puestos directivos. Pensar tan sólo que son casi exclusivamente mujeres las que solicitan y que son exclusivamente hombres los que conceden y se hallará la causa fundamental del descrédito en que ha caído la palabra "maestra".
Para el magisterio reclamamos, entonces, una orientación que arribe al personal mixto, la dignificación de esa carrera al establecer la ley orgánica del profesorado y el escalafón escolar que permita a cada maestro la posible conquista de los puestos directivos. Complemento lógico de tal ley, será el establecer, como condición previa para ocupar cualquier cargo docente o directivo, que el candidato sea "maestro" en el más amplio concepto del término.
Mixta la escuela, mixto el personal docente,
KAQ'
la din /a que orienta ;
bierna, el ciclo de la com-
pletará y se perfeccionará a intríi de propia y Legítima ion, y
no eztri artificiales como ahí
HERENCIA SEXUAL
Desde hace veinticinco años goza la mujer norteamericana de los mismos privilegios educacionales que los hombres: "Ya pesar de ello las universitarias no han dado más que resultados dudosos y contradictorios, sin que hasta el presente pueda decirse que se haya producido un Tolstoi, un Gorki o un Nietzsche femenino'', proclaman admirados nuestros hermanos del norte.
Han existido y existen muchas mujeres inteligentes, reconoce Ferri, pero no hay ni hubo nunca mujer genial, sin que ésto pueda atribuirse al largo cautiverio femenino, a un estado de casi esclavitud, pues el genio, producción especial de la vida, puede brotar en cualquier ambiente social y no es posible admitir una casualidad, providencial siempre para los hombres de genio, desfavorable siempre para la mujer que hubiera podido ser genial.
Muchos, aún hoy, hallarán razón al agustino fray Benito Feijóo cuando nos narra en su "Defensa de las mujeres" que, yendo de camino un hombre y un león, se les ofreció disputar quienes eran más valientes, si los hombres, si los leones:
Cada uno daba La ventaja a bu especie hasta que m;i fuente de muy buena estructura advirtió el fa que en la coronació
figurado en mármol un hombre haciendo pedazos un león. Vuelto e a su competidor, en tono
convencido, como quien había hallado conti un argumento concluyente, 1" dijo: "Acabarás de desengañarte de que Los * son más va-
3, pues allí mir opri-
■ y rendir La vida de un León d I • los
brazos de un hombre". "Bello argumento me ipondió el León. tatúa «'1 hombre
la hú orno Le
estaba bien a su i te prona si un
León la hubiera hecho, «''1 hubiera vuelto la tortilla y plantado el León sobre el hombre haciendo de «'-1 para su pial
Al caso: Hombí >n los que escribieron
libros en que se condena por inferior a la mujer...
Y con beatífica expresión, concluye el pi jóo: "Lo cierto es que ni ellas ni nosotros podemos en este pleito ser jueces porque somos partes; y asi se habrá de fiar la sentencia a los án< que, como no tienen sexo, son indiferentes".
Sin remontarnos tan alto, fiemos la sentencia a un juez de la tierra. Oigamos la opinión del doctor Carlos Octavio Bunge sobre el tan meneado asunto. En uno de sus dictámenes, el número XXII, si no me equivoco, plantea el asunto de la menor responsabilidad penal de la mujer. Sin es-