Peregrinación de Alpha : por las provincias del norte de la Nueva Granada, en 1850-51 · Unidad 8 de 51

Unidad de lectura 8

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les, no parece sino que allí se han congregado los de toda la América, encontrando cada cual su clima y ali* mentos apropiados, desde las alturas en que el termómetro centígrado marca 12» hasta las ardientes márgenes del Minero y las fértiles vegas del Otromundo bañadas por un sol de fuego. Las industrias fundamentales de estos pueblos son la agricultura y la ceba de ganados, cambiándose entre sí los productos peculiares de sus respectivos climas. La base de los cambios son los tejidos, alpargatas, sombreros, hules y monturas que exporta q\ distrito de Chiquinquirá, con algún ganado en pie y sal de tránsito, y tal cual remesa de papas, arroz y otros granos que los distritos de tierra fría (Saboyá, Chiquinquirá y Caldas) hacen a los de tierra caliente, de donde reciben mieles y panela, y rara vez café y cacao, no obstante que se producen casi espontáneamente y de calidad superior, sobre todo en Muzo, cuyo café de grano grande y ensortijado encierra un aroma exquisito. El cambio de estos frutos se verifica en mercados que se tienen en cada pueblo un día en la semana, por lo regular el domingo, y el trasporte lo hacen a lomo de buey, único medio practicable en aquellos caminos fragosos y abandonados. El paciente animal, enjalmado y con un largo cabestro, atado al agujero que le abren en la ternilla de la nariz, marcha delante del conductor con dos grandes mochilas encima, y a veces una mujer o un muchacho por añadidura. Un grito o un movimiento del cabestro le hacen apresurar o detener el paso, dirigirse a derecha o izquierda, o subirse a los barrancos para dar paso al viandante que se encuentra con las cargas en los estrechos callejones por donde no es posible pasar sino en fila. De regreso del mercado, el buey sin carga se convierte en cabalgadura del amo, y contra todas sus habitudes trota o galopa de una manera grotesca que hace reír al que

por primera vez presencia el inusitado andar de aquellos caballos con cuernos, obedientes y mansos sobre toda ponderación, compañeros inseparables del indio y del labriego, y auxiliares que ningún otro reemplazaría en las faenas del campo y del tráfico.

Sería fastidiosa la enumeración de las riquezas naturales que guardan en su seno los interminables bosques de este cantón en los distritos de temperatura cálida. Maderas preciosas, resinas aromáticas, bálsamos y plantas medicinales de sorprendente eficacia se encuentran a cada paso, y a menudo al penetrar en la umbrosa espesura se aspiran ráfagas de brisa cargadas del aroma de la vainilla y caflafístola, o de un compuesto de olores alternativamente suaves y penetrantes, entre los cuales se siente a veces el de la canela, pero cuyo origen nadie sabe indicar. Allí el león, el tigre, el oso, enervados por la atmósfera de perfumes en que viven, saciados siempre con la fácil y abundante caza de ciervos, venados y muchedumbre de otros animales de carnes suculentas, olvidan su ferocidad y huyen delante del hombre, al cual sólo acosados y mortificados hacen frente. Por consiguiente, el naturalista puede recorrer sin peligro alguno las no exploradas selvas, y de seguro que el primero que lo haga encontrará tesoros inagotables y desconocidos; tesoros que, como le oí decir a nuestro sabio, modesto y malogrado compatriota Céspedes, hablando de las selvas del Carare, «son una exageración de la naturaleza en riqueza y en variedades infinitas».

Ahora, si del orden físico pasamos al orden moral del cantón en general, comenzando por la estadística de los delitos, comprensiva desde l.° de septiembre de 1848 hasta l.° de agosto de 1849, hallamos que los actos justiciables comprobados y juzgados fueron los siguientes: