Poemas viejos y nuevos · Unidad 27 de 211

Unidad 27 · 68 JOAQUÍN CASTELLANOS

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68 JOAQUÍN CASTELLANOS

Cortés para guiar a sus legiones,

sus naves quema, y la rojiza hoguera, del incendio enarbola por bandera,

y avanza con el trueno en los cañones sobre desconocidos hemisferios,

para morir o conquistar imperios.

Superando Pizarro

su espíritu inferior con hechos (grandes, quebró de la conquista bajo el carro

el cristal de la nieve de los Andes.

De la cristiana fe violando el rito piadoso, en nombre de su Dios hería

y el nombre de ese Dios leer no sabía sobre la uña de Atahualpa escrito.

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El despotismo vencedor convierte los pueblos en rebaños,

y su diluvio universal de muerte

a la América entera dejó inerte

por el espacio de trescientos años.

Era un mar de dolores, la existencia donde ese pueblo estaba sumergido; el cuerpo por los hierros oprimido

por el dogma oprimida la conciencia.

Manjar de soldadesca en sus placeres, las que pudieron ser madres de bravos, . siervas, de siervos, eran sus mujeres, máquinas viles de parir esclavos!

LA LEYENDA ARGENTINA 69

Pasó el tiempo y los pueblos despertaron

en torno la mirada dirigieron

y cuando en tanta esclavitud se vieron,

sin Dios, sin patria, y sin hogar se hallaron!

y aunque al salir de su mortal desmayo están desnudos, pobres, indefensos, lanzan de su alma electrizada el rayo y hace erupción de luz el sol de Mayo y la difunde en ámbitos inmensos!

Titánica contienda, duelo a muerte del pueblo niño y la nación pujante que ante el mundo renueva de esta suerte, la lucha de David con el gigante!

Como un astro que lleva vagabundo

un globo en formación en sus entrañas, ellos, de su alma en el afan profundo, llevando el porvenir de todo un mundo se dieron cita al pie de las montañas!

Y las montañas que hacia Dios empinan el patrio suelo en colosales moles, captan sol, floreciendo en arreboles.

En los Andes los cielos se argentinan.

Viejo petrificado mar profundo,

con quieta espuma en fijas olas grandes, los Andes se levantan sobre el mundo,

y el Tupungato audaz, sobre los Andes.

Guardián adusto que en las noches vela,

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y una armada legión viendo que avanza,

voces de alerta con el trueno lanza! porque es el centinela

que a su vanguardia colocó sombría

la Cordillera, ejército de montes,

para espiar los lejanos horizontes

en las mudas fronteras del vacío!

A la brumosa claridad morena, de un sol que hace chispear lanzas y cascos, entre el fragor con que el alud rellena los fosos del abismo con peñascos, y el áspero rugir de los terrentes que caen de las laderas, van las haces guerreras trepando las pendientes!

La tierra absorta, las miró con pasmo que por sus flancos la montaña asaltan sin pararse a contar en su entusiasmo cuantos tiranos que vencer les quedan ni cuantos pueblos que librar les faltan!

En vano las enormes cordilleras

su muro inmenso de granito oponen, que casi va del uno al otro polo; ellos, las rocas áridas que solo

los astros y las aguilas transponen, pasan y siguen su triunfante marcha; aunque la lluvia en nieve se condensa, superponiendo a la montaña inmensa otra montaña colosal de escarcha!

Y cuando un día en la mitad se hallaron de esa selva de montes colosales a medirse en su altura se pararon;

mas luego que miraron

el vuelo de las aguilas reales, diciendo, “¡Subiremos donde subes!” subieron como el águila a las nubes.

Hasta las tribus bárbaras salieron

del fondo del desierto y se acercaron,

y cuando el rumbo de su marcha vieron,

de nuevo al fondo del desierto huyeron, después de un grito de estupor lanzaron!

El formidable tráfago de guerra,

miró envidioso desde aguda cima

el cóndor, rey sapiente, que examina ' con ojo telescópico la Tierra.

Fiero erizando su plumaje entonce contempló con rival desasosiego

los cañones rodar, monstruos de bronce con un ojo de fuego.

Quiere en el cielo hacer presa de auroras, el cóndor hijo de la cumbre altiva,

que con tres metros de alas vibradoras de grandezas humanas precursoras,

es cumbre en movimiento, cumbre viva.

PY.