Poemas · Capítulo real 1 de 1
Poemas
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BLASONES.
Tu cuarteto es cuadriga de águilas bravas que aman las tempestades, los Océanos; las pesadas tizonas, las férreas clavas, son las armas forjadas para tus manos.
Tu idea tiene cráteres y vierte lavas; del Arte recorriendo montes y llanos, van tus rudas estrofas, jamás esclavas, como un tropel de búfalos americanos.
Lo que suena en tu lira lejos resuena, como cuando habla el bóreas, o cuando truena. ¡Hijo del Nuevo Mundo! la humanidad
oiga, sobre las frentes de las naciones, la hímnica pompa lírica de tus canciones que saludan triunfantes la Libertad.
Rubén Darío.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN XXV
II.
Porque un latir de selva y un rumor de avalancha dialogan en la hondura de tu predio sonoro, donde un río raptor se descoge y ensancha — limosnero de estrellas — sus harapos de oro.
Porque siembra horizontes la audacia de tu vuelo, y el salvaje rezongo del mar rueda en tu grito; porque tus alas rútilas — fieles a sol y cielo — reposadas en cumbres se azulan de infinito.
Porque tu gloria, aislada, como la luna sube floreando el abismo de la onda y de la nube, vientos largos empujan tu nombre en los crestones
solemnes de esta América. En gemelas montañas, curvas recias encinas con Leopoldo Lugones, junto a Darío —el último rey de las dos Españas.
Rafael López.
PRIMERA ÉPOCA.
¡AVE MARÍA!
¡Ave María! ¡Llena de gracia! Tienes tres lustros, ojos de antílope, mirada de astro, sonrisa de ángel, boca de perlas y de rubíes, tez de durazno que incita el diente con sus pelusas y sus carmines, barba de hoyuelo, crenchas de oro, frente de musa, cuello de cisne, pechos de estatua que el tul descubre altos, redondos, blancos y firmes: una belleza pagana y procer y en ella el lampo de una alma virgen. Los que se arrastran no te conocen; eres estrella, no ames reptiles, que la hermosura, florón glorioso, triunfal corona, botín sublime, debe ser lauro de la grandeza: ¡llámese genio, virtud o crimen!
DATE LILIA
¡Clava en mí tu pupila centellante en donde el toque de la luz impresa brilla como una chispa de diamante engastada en una húmeda turquesa!
¡Deja que ruede libre tu cabello como la linfa que desborda el cauce, para que caiga en torno de tu cuello como el follaje al rededor del sauce!
¡Para que flote resplandor de aurora sobre tu rostro que el sonrojo empaña, como esas tintas con que el sol colora la nieve que circunda la montaña!
¡Para que el soplo de mi aliento vuele, y tu ígneo labio, cuya esencia adoro, ría a través, cual la amapola suele roja y vivaz en el trigal de oro!
¡Habla! ¡Mas sólo de placer! ¡Exhala el arrullo nupcial de la paloma! ¡Fuera el temor! ¡La rosa de Bengala no tiene espinas, mas tampoco aroma!
¡Tu acento de sirena me embelesa.., tu palabra es miel híblea derramada,
tu boca, que cerrada es una fresa, se abre como se parte una granada!
Pero guardas silencio y te estremeces, ¿por qué te aflige la mundana insidia? Consuélate pensando que los jueces que nos condenan, nos tendrán envidia.
¿No me oyes? ¿Cuál ha sido nuestra falta? ¿Es culpable la sed que apura el vaso? ¿Comete un crimen el raudal que salta cuando halla un dique que le corta el paso?
¿Por qué triste y glacial como la muda estatua del dolor bajas la vista, mientras tu mano anuda y desanuda las puntas del pañuelo de batista?
¿Por qué esa gota en que expiró un reproche corre por tu mejilla ruborosa como un hilo de aljófar de la noche por un tímido pétalo de rosa?
¿Por qué tu pecho en que el candor anida
tiembla con ansia cual batiendo el vuelo
palpita el ala de la garza herida,
que pugna en vano por alzarse al cielo?
Vamos, ¡ya está! que cese tu quebranto
¡Alza tu bella cabecita rubia, quiero ver tu sonrisa entre tu llanto como un rayo de sol entre la lluvia!
4 CULTURA
La palma vuelve su cogollo espeso a aspirar aire con gentil donaire, y ebria de amor en el íestín del beso estalla en flores, perfumando el aire.
¡Imita al árbol del desierto! Sacia tu afán de dicha, y que tu canto vibre ave María, en plenitud de gracia, ¡joven, hermosa, idolatrada y libre!
A EVA.
La pena que te consume revela una dicha; pues una espina sólo es el indicio de un perfume!
Tu mal fulgura y orea, hay en tu pesar intenso algo que trasciende a incienso y resplandece y gorjea.
El ala del ángel brilla sobre la faz trastornada de la oración enlutada y mustia que se arrodilla.
La efusión de los dolores es el rocío que hiende
la noche azul, y desciende de las luces a las flores.
Las lágrimas, esos rastros, vienen del cielo, y han sido cosas puras que se han ido de las almas a los astros.
Esas gotas son radiantes pavesas y fueron glorias: hay perlas que son escorias, carbones que son diamantes!
Vierte la escarcha bendita de tu infortunio sagrado: si el hielo refresca el prado, la verdura resucita.
Caiga la nube deshecha, y brotará la mies rubia: donde no hubo nunca lluvia jamás pudo haber cosecha.
Tu juventud, que atesora la glacial melancolía, y ofrece una frente fría a los besos de la aurora,
es como el volcán que apiña el aljófar que se cuaja y luego se funde y baja a fecundar la campiña.
Que tu razón desconfíe del destello que alboroza: Dios sabe si quien solloza es más feliz que el que ríe!
Hay tristezas que levantan y júbilos que desdoran, hay regocijos que lloran y sufrimientos que cantan!
A MARGARITA.
¡Qué radiosa es tu faz blanca y tranquila bajo el dosel de tu melena blonda! ¡Qué abismo tan profundo tu pupila pérfida y azulada como la onda!
El fulgor soñoliento que destella en tus ojos donde hay siempre un reproche, viene cual la mirada de la estrella de un cielo ennegrecido por la noche.
Tu rojo labio en que la abeja sacia su sed de miel, de aroma ) embeleso, ha sido modelado por la gracia más para la oración que para el beso.
Tu voz que ora es aguda y ora grave, llena de gratitud suena en mi oído
como el saludo arrullador del ave al sol naciente que despierta el nido.
La palabra mordaz y libertina, en tu boca, que el ósculo consume, es una flor de punzadura espina — - pero que tiene mágico perfume.
Tu discurso es amargo, licencioso y repugnante; pero — ¡extraño ejemplo! tu acento es dulce, arrullador y suave como el canto del órgano en el templo.
Y tu voz a cuyo eco me emociono lastima al mismo tiempo que recrea; es el canto de un ángel por el tono, y el habla de un demonio por la idea.
Tu mano esconde un cetro: el albo lirio; y fué tallada con primor no escaso, más para la limosna y para el cirio que para la caricia y para el vaso.
Tu cuerpo. . . . ¡qué a menudo la locura rasgó ante mí sus hálitos discretos!
Y tu estatuaria y lúbrica hermosura me reveló sus íntimos secretos.
¡Cuántas veces a la hora del tocado penetré hasta tu estancia encantadora!
Y en un tibio misterio plateado por una claridad como de aurora,
te hallé al salir del agua derramando un rocío de líquidos cambiantes: escultura de nieve, comenzando a deshelarse y a verter diamantes.
Y vi a la sierva que te adorna y peina, ajustar con destreza cuidadosa tu magnífica túnica de reina a tu soberbia desnudez de diosa.
¿Qué miseria, qué afán o qué flaqueza te arrojó del edén, Eva proscrita? ¿Qué Fausto asió tu virginal belleza y la arrojó en el fango, Margarita?
Inexplicable suerte, buena o mala, la que a tí me llevó y a tí me trajo; nuestro insensato amor es una escala y por ella tú asciendes y yo bajo.
Oculta y sola mi pasión huraña crece en mi corazón herido y yerto, ;oculta como el cáncer en la entraña, sola como la palma en el desierto!
MUDANZA.
Ayer, el cielo azul, la mar en calma, y el" sol ignípotente y cremesino, y muchas ilusiones en mi alma y flores por doquier en mi camino.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 9
Mi vida toda júbilos y encantos, mi pecho rebosando de pureza, mi carmen pleno de perfume y cantos y muy lejos, muy lejos la tristeza.
Ayer, la inspiración rica y galana llenando mi cerebro de fulgores; y tú sonriente y dulce, en tu ventana, hablándome de dichas y de amores.
Ayer, cuanto era luz y poesía, las albas puras y las tardes bellas henchidas de sutil melancolía, y las noches pletóricas de estrellas
Y hoy La sombra y el ansia y el desierto,
perdida la esperanza y la creencia, y el amor en tu espíritu ya muerto, y sembrada de espinas la existencia.
OJOS VERDES.
Ojos que nunca me veis por recelo o por decoro, ojos de esmeralda y oro, fuerza es que me contempléis: quiero que me consoléis, hermosos ojos que adoro: estoy triste y os imploro puesta en tierra la rodilla.
I O CULTURA
¡Piedad para el que se humilla, Ojos de esmeralda y oro!
Ojos en que reverbera la estrella crepuscular, ojos verdes como el mar, como el mar por la ribera; ojos de lumbre hechicera que ignoráis lo que es llorar, ¡glorificad mi pesar! ¡No me desoléis asi! ¡Tened compasión de mí, ¡ojos verdes como el mar!
Ojos cuyo amor anhelo porque alegran cuanto alcanza, ojos color de esperanza con lejanías de cielo. Ojos que al través del velo radian bienaventuranza, mi alma a vosotros se lanza en alas de la embriaguez, miradme una sola vez? ojos color de esperanza.
Cese ya vuestro desvío, ojos que me dais congojas, ojos con aspecto de hojas empapadas de rocío. Húmedo esplendor del río
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I I
que por esquivo me enojas, luz que la del sol sonrojas y cuyos toques son besos, derrámate en mí por esos ojos con aspecto de hojas.
CONSONANCIAS.
Tu traición justifica mi falsía, aunque lo niegues con tu voz de arrullo; mi amor era muy grande, pero había algo más grande que mi amor: mi orgullo!
Calla, pues. Ocultemos nuestro duelo, la queja es infecunda y nada alcanza; agonicemos contemplando el cielo, ya que el cielo es nuestra única esperanza.
No creas que este mal decrezca y huya: cada vez menos parco y más despierto, imperará en mi vida y en la tuya "como reina el león en el desierto'7.
Los años rodarán en el abismo sin que recobres la perdida calma: tú siempre llevarás como yo mismo un cadáver en lo íntimo del alma!
El tiempo no es el médico discreto que por medio del fórceps del olvido;
12 CULTURA
saca del fondo de la entraña el feto muerto allí como el pájaro en su nido.
COPO DE NIEVE.
Para endulzar un poco tus desvíos, fijas en mí tu angelical mirada, y hundes tus dedos pálidos y fríos en mi oscura melena alborotada.
Pero en vano, mujer! ¡No me consuelas! ¡estamos separados por un mundo! ;Por qué si eres la nieve, no me hielas? ;Por qué, si soy el fuego, no te fundo?
Tu mano espiritual y transparente, cuando acaricia mi cabeza esclava, es el copo glacial sobre el ardiente volcán cubierto de ceniza y lava!
EN UN ÁLBUM.
Alma, florece y canta, mas sepulta en la sombra tu música y tu broche; como florece la violeta: oculta, y como canta el ruiseñor: de noche.
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Esconde el ideal de esos deseos a cuyo sacro fuego te consumes: hay ojos que interrumpen los gorjeos y manos que arrebatan los perfumes.-
Conserva siempre intacto, nunca visto, el frágil bien que con afán escudas: un amor como el tuyo, es ¡ay! un Cristo que tiene en cada confidente un Judas.
A BERTA.
Ya que eres grata como el cariño, ya que eres bella como el querub, ya que eres blanca como el armiño, sé siempre ingenua, sé siempre tú! El torpe engaño que el vicio fragua nunca se aviene con la virtud. Sé trasparente como es el agua, como es el aire, como es la luz! Que tu palabra, dulce armonía que tu alma exhala como un laúd, como una alondra que anuncia el día. presa en la sombra que flota aún, sea un arroyo sereno y puro do; al inclinarme como un sauz, mire las guijas del fondo oscuro y las estrellas del cielo azul!
AM.
¿Detenerme? ¿Cejar? ¡Vana congoja! La cabeza no manda al corazón. Prohibe al aquilón que alce la hoja, no a la hoja que ceda al aquilón!
Cuando el torrente por los campos halla de pronto un dique que le dice: atrás, podrá saltar o desquiciar la valla, pero pararse o recular jamás!
¿Por qué te adoro y a tus pies me arrastro? ¿Por qué se obstinan en volverse así la aguja al norte, el heliotropo al astro, la llama al cielo y mi esperanza a tí?
EN UN ÁLBUM.
Dicen que el nauta que frecuenta el hielo del yermo boreal, venciendo el frío, recibe a veces de ignorado cielo una olorosa ráfaga de estío.
¡Qué beso el de tal hálito de paso! ¡Qué fruición! ¡Qué delicia! ¡Qué embeleso! ¡Sólo un beso de amor produce acaso mayor placer que semejante beso!
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Pues bien; yo experimento a tus miradas lo que en el polo el peregrino siente, cuando una de esas brisas perfumadas va de otro clima a acariciar su frente.
En mi noche invernal, Dios ha querido que el resplandor de tus pupilas fuera un efluvio de rosas difundido en un rayo de sol de primavera.
A PIEDAD.
Llegas a mí con garbo presumido, tierna y gentil — ¡Cuan vario es el orgullo! Ostenta en el león crin y rugido, y en la paloma, tornasol y arrullo.
Brillas y triunfas, y a carnal deseo cierras la veste con seguro alarde; y en el fulgor de tu mirada veo sonreír el lucero de la tarde.
Hay minutos de gracia que suspenden el dolor, con alivio soberano; que de la paz divina se desprenden para cruzar el infortunio humano.
Virtud celeste a la miseria mía viene contigo y en el antro asoma,
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y entra y cunde como una melodía, como una claridad, como un aroma.
Al triste impartes como buena maga tregua feliz, y en dulce desconcierto, bendigo por el bálsamo la llaga y amo por el oasis el desierto.
Y me vuelvo a mi cítara y la enfloro, y la pulso, y el son que arranco a ella se va, tinto en la púrpura y el oro del puesto sol a la primera estrella.
A GLORIA.
No intentes convencerme de torpeza con los delirios de tu mente loca: Mi razón es al par luz y firmeza, firmeza y luz como el cristal de roca!
Semejante al nocturno peregrino, mi esperanza inmortal no mira el suelo; no viendo más que sombra en el camino, sólo contempla el esplendor del cielo.
Vanas son las imágenes que entraña tu espíritu infantil, santuario oscuro. Tu numen, como el oro en la montaña, es virginal, y por lo mismo, impuro.
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A través de este vórtice que crispa, y ávido de brillar, vuelo o me arrastro, oruga enamorada de una chispa, o águila seducida por un astro.
Inútil es que con tenaz murmullo exageres el lance en que me enredo: Yo soy altivo, y el que alienta orgullo lleva un broquel impenetrable al miedo.
Fiado en el instinto que me empuja, desprecio los peligros que señalas. «El ave canta aunque la rama cruja: como que sabe lo que son sus alas.»
Erguido bajo el golpe en la porfía, me siento superior a la victoria. Tengo fe en mí: la adversidad podría quitarme el triunfo, pero no la gloria.
¡Deja que me persigan los abyectos! ¡Quiero atraer la envidia, aunque me abrume! La flor en cjue se posan los insectos es rica de matiz y de perfume.
El mal es el teatro en cuyo foro la virtud, esa trágica, descuella; es la sibila de palabra ele oro; la sombra que hace resaltar la estrella.
¡Alumbrar es arder! — ¡Estro encendido será el fuego voraz que me consuma!
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La perla brota del molusco herido y Venus nace de la amarga espuma.
Los claros timbres de que estoy ufano han de salir de la calumnia ilesos. Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan ... ¡Mi plumaje es de esos!
¡Fuerza es que sufra mi pasión! — La palma crece en la orilla que el olaje azota. El mérito es el náufrago del alma: vivo, se hunde; pero muerto flota!
Depon el ceño y que tu voz me arrulle! Consuela el corazón del que te ama! Dios dijo al agua del torrente: bulle! y al lirio de la margen: embalsama!
Confórmate, mujer!— Hemos venido a este valle de lágrimas que abate, tú, como la paloma, para el nido, y yo, como el león, para el combate.
VERSOS DE UN CLÉRIGO. I.
Religiosa peregrina que rezando vas y vienes, y que por el traje tienes aspecto de golondrina/
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Mientras mi cuerpo se inclina, mi pensamiento te abarca: Dios para él sólo te marca, y mi amor, en su heroísmo, se cierne sobre el abismo, cual la paloma del arca.
Harto sé que te importuna mi sacrilego carino: tu candor, como el armiño, no soporta mancha alguna. Infeliz desde la cuna haces que el triste te adore .... ¡Es fuerza que el cielo llore para que el iris fulgure y el ambiente se depure y la pradera se enflore!
Blanca, limpia, incorruptible, diamantina y sublimada, como la nieve inhollada sobre el monte inaccesible, vestiste el sayal horrible que doma las tentaciones- . . . ¡Del orco de las pasiones saliste incólume y fiel, como el profeta Daniel del antro de los leones!
20 CULTURA
Nadie más casta que tú: ni la Virgen que te hospeda y de cuya alba de seda besas la orla de tisú. El miedo de Belcebú te inspira piedad tan rara, que nunca vuelves la cara, aunque Jesús es tu escudo, al Cristo casi desnudo que veneras ante el ara.
De noche sueles soñar, cautiva de un estro ardiente, y despertar de repente y acongojarte y llorar. . . . Y si entonces, por azar, rompe una nube cargada, piensas, convulsa y turbada, que el lelámpago bermejo es el sangriento reflejo de una flamígera espada.
Todo en tí parece muerto, menos la íe: ni un instante muestras al sol el semblante que llevas medio encubierto. Jamás visitas el huerto en tus momentos perdidos.
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Recelas de los sentidos y el huerto te causa sustos, porque en el huerto hay arbustos y en los arbustos hay nidos.
Sufro tormentas extrañas; y a ratos, fuera de mí, dejo escapar ante tí el grito de mis entrañas. . . . Y digo que son patrañas las leyes que te condenan; y mis palabras atruenan celda, nave, coro, altar. , . . ¡y no alcanzo a quebrantar los votos que te encadenan!
El mar ondea en tropel en su cárcel de granito: contemplando el infinito,
bir a él
pugna por suoir a
pero — ¡desengaño cruel! —
se siente a la postre falto
de aliento para ir tan alto,
y a pesar de su ansia suma,
cae, deshecho en espuma,
cada vez que emprende un salto!
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II.
El alma tiene en verdad, como el mundo que la asombra, un hemisferio en la sombra y el otro en la claridad. En mi amarga soledad, mi propia ciencia me daña: dudas henchidas de saña hostigan mi pensamiento .... Las nubes que arrastra el viento se agrupan en la montaña.
La naturaleza vela y clama dentro de mí, y en este Getsemaní la piedad no me consuela .... La carne se me rebela; la razón mina el sostén de cuanto en aras del bien he venido consagrando. . . . ¡El Cedrón bate bramando el pie de Jerusalén!
Leo, y las letras se estiran, se agitan y se desbandan, y son hormigas que andan y escarabajos que giran
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Oro, y las preces me inspiran una repugnancia atroz. . . . Duermo, y ardiente y veloz,
mi fantasía se enciende
¡y Ruth desnuda se extiende en el lecho de Booz!
Hay en cada creación, en cada forma que alienta, un futuro que fermenta, queriendo hacer explosión; un trabajo de expansión ordenado o inconexo; un afán simple o complexo que con sus sordas porfías engendra las simpatías que empujan el sexo al sexo.
Esta avidez, que resume el deleite y el dolor, y da a la planta el color que desparrama el perfume, este impulso, que consume y glorifica en secreto; este Mesías inquieto es, en la noche en que está, un sonámbulo que va firme y seguro a su objeto.
24 CULTURA
El feto siente llegar la hora del parto, y se mueve, y a su ciego esfuerzo debe, más que al materno, el brotar. Arrojada a germinar, la simiente del sauz revienta bajo el capuz en que el vegetal se fragua, \y la raíz halla el agua y el tallo encuentra la luz!
La oruga, exenta de galas, forja el Tabor de su anhelo, y al cabo levanta el vuelo con dos pétalos por alas. Así, por varias escalas, y entre horizontes en fuga que un mismo arcano subyuga, cumplen los fines distintos de sus diversos instintos feto, simiente y oruga!
¡Virtualides de vida que tempestuosas y oscuras llenáis de fiebres impuras mi existencia infanticida! ¡Sangre de Isaac, vertida en el fondo de mi ser!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 25
¡Propensiones al placer! ¡ímpetus de un porvenir que, condenado a morir, anhela siempre nacer!
¡Oh potencias! Los abismos guardan vuestros hondos rastros. Sois atracción en los astros y amor en los organismos. Estalláis en cataclismos, removéis el duro suelo, fundís montañas de hielo, sacáis del hoy el mañana ¡y os oprime una sotana y os estrelláis en un velo!
CLEOPATRA.
La vi tendida de espaldas entre púrpura revuelta. . . i estaba toda desnuda aspirando humo de esencias en largo tubo escarchado de diamantes y de perlas.
Sobre la siniestra mano apoyada la cabeza, y cual el ojo de un tigre
un ópalo daba en ella vislumbres de sangre y fuego al oro de su ancha trenza.
Tenía un pie sobre el otro, y los dos como azucenas, y cerca de los tobillos argollas de finas piedras, y en el vientre un denso triángulo de rizada y rubia seda.
En un brazo se torcía como cinta de centella, un áspid de filigrana salpicado de turquesas, con dos carbunclos por ojos y un dardo de oro en la lengua.
Tibias estaban sus carnes, y sus altos pechos, eran cual blanca leche vertida dentro de dos copas griegas, convertida en alabastro, sólida ya, pero aun trémula.
¡ Ah! hubiera yo dado entonces
todos mis lauros de Atenas por entrar en esa alcoba coronado de violetas, dejando con los eunucos mis coturnos a la puerta.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 2J
¿QUE ES POESÍA?
¡La poesía! — pugna sagrada; radioso arcángel de ardiente espada, tres heroísmos en conjunción; el heroísmo del pensamiento, el heroísmo del sentimiento y el heroísmo de la expresión!
Elor que en la cumbre brilla y perfuma, copo de nieve; gasa de espuma; zarza encendida do el cielo está; nube de oro vistosa y rauda; fugaz cometa de inmensa cauda; onda de gloria que viene y va.
Nébula vaga de que gotea, como una perla de luz la idea; espiga herida por la segur; brasa de incienso; vapor de plata; fulgor de aurora que se dilata de Oriente a Ocaso, de Norte a Sur!
Verdad, ternura, virtud, belleza, sueno, entusiasmo, placer, tristeza; lengua de fuego, vivaz crisol;
28 CULTURA
abismo de éter que el genio salva; alondra humilde que canta el alba; águila altiva que vuela al sol!
Humo que brota de 1h montaña; nostalgia obscura; pasión extraña; sed insaciable; tedio inmortal; anhelo tierno e indefinible; ansia infinita de lo imposible; amor sublime d ■ lo ideal!
REQUIESCAT IN PACE.
Ante el despojo inerte del hombre de virtud, yo no maldigo,
sino aplaudo la muerte!
¡Celébrela conmigo quien a sensible corazón dé abrigo!
Sí, en esta cruel guerra el justo anhelará de polo a polo
dormir bajo la tierra,
ya que sobre ella sólo reina la fuerza y predomina el dolo!
{Cuándo habrá mar en calma para el esquife en que, mirando al cielo, boga y suspira el alma?
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 2Q.
La fe se encoge ¿oh duelo! como ave a punto de emprender el vuelo.
La prestigiosa orilla esplende allá como fulgor que brota;
mas la frágil barquilla
que la tormenta azota, no llegará sino desierta y rota:
No vertáis ¡oh perversos! de irrisorio dolor estéril jugo.
¿No ayer fuisteis adversos
al vivo como os plugo? {Plañe acaso a la víctima el verdugo?
No para tal asiento compre el cincel fastuosa cantería,
tardo remordimiento.
Esa corona fría no fuera gloria, no, sino ironía!
¡A qué serán honores las que en ónice y mármol sobre huesas
fija el arte labores.?
¿A qué a vanas pavesas en triste soledad ricas empresas?
¡Oh tímido y profundo espíritu, que siempre huíste el ruido y la pompa del mundo!
30 CULTURA
Logres lo que has querido; no eterna fama, sino eterno olvido.
A tí fuera desdoro lo que es presea en nuestros circos fieros:
lo que obtienen del coro,
triunfantes y altaneros, los más audaces y los más arteros!
«Piedad» fué tu divisa, «Amor sin esperanza» fué tu emblema; pasaste cual la brisa que sobre el mar que trema viene a la costa cuando el sol más quema.
¡Sabio quien busca y halle a la sombra del árbol, paz cumplida
en apartado valle,
cabe limpia y dormida corriente, imagen de su nueva vida.
No cultivéis ¡oh buenos!
más tierra que la tierra. El barro humano vale a vosotros menos que el que nutre el gusano
y da una planta a quien le arroja un grano!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN XI
RIMAS.
El día con su manto
de vividos colores, inspira cosas dulces:
la risa y la ilusión. Entonces la mirada
se inclina hacia las flores... ¡Las flores son los versos
que el prado canta al sol!
La noche con su sombra
que deja ardientes rastros, inspira cosas graves:
la angustia y la oración... Entonces la mirada
se eleva hacia los astros... ¡Los astros son los versos
que el cielo canta a Dios!
¡Que pliegue su ala de oro
la tarde en el vacío! ¡Que pasen por mi mente
las ondas del Cedrón! ¡Que caiga de la nube
la gota de rocío! ¡Que radien ks estrellas!
¡Que trine el ruiseñor!
32 CULTURA
PRELUDIOS.
Los árboles, al sentir la ráfaga, se doblegan, y tal parece que bregan por desprenderse y huir! Caos de plata y zafir que la vaga niebla esfuma, — las olas entre la bruma hierven, se encrespan, batallan, y son volcanes que estallan en explosiones de espuma.
Fulgurante culebreo que rasga el negro capuz, — trémula grieta de luz que simula un parpadeo; - repentino centelleo que fascina y amedrenta, — el relámpago revienta, y, a los ojos del pavor, es un gesto de furor en la paz de la tormenta.
Desde el fondo del follaje plañidera algarabía
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 33
responde, en la sinfonía del viento y del oleaje, al trueno, fragor salvaje que rueda, retumba, aterra, cual si en formidable guerra titanes de férreos brazos rompieran en mil pedazos el cielo sobre la tierra!
II.
Al influjo creador el firmamento es abismo, el planeta cataclismo y el espíritu es dolor! En mí y a mi alrededor, palpita el estro que hiere — . y, voz de cisne que muere, mi acento crepuscular canta y llora, y es al par Te-Deum y Miserere!
Soy la larva que procura en su cárcel azarosa, convertirse en mariposa y esmaltar el aura pura. Soy la linfa siempre obscura que ama el sol canicular, porque quiere arder, brotar, del pantano que la estanca,
34 CULTURA
trasformarse en nube blanca, ser espléndida y volar!
Soy la cumbre cuyo anhelo es mover un cráter roto, y, en medio de un terremoto, lanzar su erupción al cielo! Soy el aterido suelo en que el nuevo abril germina! Soy la rama que se inclina, mientras un pájaro en ella mira con ansia una estrella y despliega el ala y trina!
III.
En las garras del dolor, el hombre, que es polvo vil,
se eleva como el reptil
asido por el cóndor! El fuego exterminador trueca la arena en cristal, y, de la goma oriental, — áspera y acre resina, — hace la esencia divina que perfuma el ideal!
El numen, — virtud suprema que el mundo insulta y aclama, es una llama, y la llama resplandece, pero quema!
SALVADOR DÍAZ MIKON 35
Bajo un sublime anatema, el genio, foco y crisol, sube, envuelto en su arrebol, hasta el zenit de la gloria, y, luminar de la historia, sufre el tormento del sol!
IV.
Seres-faros que, al lucir, tenéis por fuerza que arder cumplid con vuestro deber: alumbrad hasta morir! Luchad por el porvenir, alzaos sobre la insidia, que no triunfa quien no lidia ni es grande el que se levanta sin sentir bajo su planta el pedestal de la envidia!
No hay en el campo una flor que, sin un huésped voraz, sea, en el aura fugaz, el aroma y el color! Agresivo mediador que ese doble halago hechiza el insecto se desliza. . . . y, en su misión errabunda, devora, pero fecunda; mata, pero inmortaliza!
3.6 CULTURA
El iris, claro dosel, tras la borrasca violenta; después de la lid sangrienta, la corona de laurel! Oh Humanidad! Oh Israel! el bien prometido es cierto! Mas Canaan es un huerto adonde no ha de llegar quien no sepa atrevesar el Mar-Rojo y el desierto!
p:l ARROYO.
No descansas jamás ... y alegre y puro, murmurador y manso, corriendo vas sobre tu cauce duro. . . . Yo también como tú corro y murmuro, yo también como tú jamás descanso! Yo camino al vaivén de mis dolores, tú con ala de céfiro caminas, tú feliz más que yo, por entre flores, yo helado más que tú, por entre espinas! Tú pasas como sombra por el suelo, siempre en eterno viaje; vas a la mar con incesante anhelo, vienes del cielo en volador celaje y en un rayo de sol vuelves al cielo.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 37
Yo voy. . . .¿dónde? No sé . voy arrastrando
mi fe perdida y mi esperanza trunca,
sombra de una alma entre la luz temblando
y sin poder iluminarse nunca!
Tú cumples con pasar .... Yo, si te imíto,
no cumplo con vivir. . . .por eso lloro,
y en el infierno de mi afán me agito,
cuando ilumina con visiones de oro
las sombras de mi lecho, el infinito;
en mi delirio ardiente,
sueño a mis pies el pedestal: la gloria;
me envuelve con su luz, y mi alma siente
el fuego del aplauso en la memoria
y la frialdad del túmulo en la frente!
Y luego, al despertar de mi locura,
al volver de mi ardiente desvarío,
desesperado en realidad obscura
y agonizante de dolor me río!
Mas ¿qué importa? Sigamos, arroyuelo; el aura guarda para tí su anhelo si la borrasca en mi cerebro zumba. . . . Tú eres zureo de cielo y yo surco de tumba! A veces me imagino que en tu arrullo la voz de un ángel invisible canta; a veces me imagino que en mi orgullo la eternidad del genio se levanta!
38 CULTURA
Delirios, ilusión de mis querellas, el último eco morirá en mi lira; yo paso como tú fingiendo estrellas, átomo pensador que a todo aspir. !
Nacer, pensar, morir. Oh suerte! oh suerte! Para qué tanto afán, si en ese abismo de tinieblas polares, en la muerte, se ha de abismar el pensamiento mismo! Nacer, pensar, morir! Y en la existencia divinizada la impotente duda, y en el labio entreabierto de la ciencia una palabra muda!
Oh gentil arroyuelo cristalino! quisiera, en tu camino, ser una flor abandonada y sola; rambla de arena en tu brillante cauce. Sombra de un cisne, atravesar en tu ola, o en tu orilla temblar, sombra de un sauce; quisiera ser tu brisa lisonjera, ser no más una gota de tu lodo, un eco de tu voz .... porque quisiera, menos alma que piensa, serlo todo!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 39
TOQUE.
¿Do está la enredadera, que no tiende como un penacho su verdor oscuro sobre la tapia gris? La yedra prende su triste harapo al ulcerado muro.
¿Do está el césped gentil, que no tapiza la tierra en torno del desierto albergue? Cual ralo vello que el pavor eriza, salvaje esparto en derredor se yergue.
¿Do está el árbol simbólico y risueño que un tiempo fué para el lacerto jira, para el ave palacio, para el sueno canción de arrullo y para el viento lira?
Tronco desnudo, bajo el doble azote de la lluvia y del ábrego, se eleva: aguarda aún que de su costra brote arrollada y derecha la hoja nueva.
Y abierto en cruz como en señal de duelo, semeja en medio de la hierba lacia un esqueleto que levanta al cielo sus secos brazos, implorando gracia.
¡Oh linfas gratas al sauz doliente! ¡Cuan lentas, cuan mermadas, cuan distintas,
zj-O CULTURA
cuan lánguidas os miro al sol poniente de cuyas luces reflejáis las tintas!
¡Cuál se arrastra en el fondo del barranco vuestra corriente por las piedras rota, bajo el vapor que, como el humo blanco del perfumero en el santuario flota!
¡Oh infausta soledad, que eres ejemplo de mudanza y dolor! ¡Con qué sombrío, con qué punzante júbilo contemplo ¡ay! que tu cambio corresponde al mío!
UMBRA.
Como un rey oriental, el sol espira envuelto en una púrpura que arde; se hunde en la sierra transformada en pira en medio de la gloria de la tarde!
La luna surge de la selva oscura derramando un albor como de duelo, y, blanca y libre, como el alma pura de un mundo muerto se remonta al cielo.
Ronco clamor que por el aire corre, atribulando al justo y al precito, el toque de oración suena en la torre, índice que señala el infinito!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 4 I
El mar salmodia sus perennes quejas
batiendo sus riberas rumorosas
y el hombre piensa en afecciones viejas, en seres idos y en pasadas cosas!
Como el velo de un ángel, como espuma lanzada hasta el zenit por una ola, una nube, una ráfaga de bruma, cruza el espacio, nacarada y sola.
Y en su veloz y Caprichoso viaje al través de la pompa vespertina, miente una fuga de astros.... El paisaje se estremece en la pálida neblina.
Las palmas gimen con solemne acento formando un vago y religioso coro, y son plumeros que oscilando al viento barren el éter empolvado de oro.
La esperanza y la le se magnifican, la inmensa escala de Jacob se extiende, el lucero y la flor se comunican, el rayo baja y el perfume asciende!
Cae una lluvia de sutiles gotas y —flauta oculta en el follaje espeso — el ruiseñor con palpitantes notas canta a la estrella la canción del beso.
Resuenan en los hálitos que giran murmullos como de ánimas que imploran,
42 CULTURA
voces como de sombras que suspiran.,., ayes como de espíritus que lloran.
Como un cohete de fulgentes rastros súbita exhalación arranca y brilla y el numen — mariposa de los astros — despierta y bulle en su prisión de arcilla.
Todo es quietud: el constelado piélago, el campo triste y la callada estancia; Satanás con sus alas de murciélago, se cierne sobre el sueño de la infancia!
La virgen vierte en su apacible lecho un aliento de mágicos olores, cual si tuviera en lo interior del pecho un ramillete de celestes flores.
Y hambriento y fatigado y aterido, el mendigo dormita sobre el atrio, y se imagina que se encuentra henchido de un inefable sentimiento patrio!
Es la hora en que el párpado se cierra y en que — fragancia que abandona el broche la fantasía desligada yerra sobre el túmulo negro de la tierra, en la capilla ardiente de la noche!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 43
RITMOS.
Cuando vienen a mí esos recuerdos, cadentes efluvios de abi il y de aurora; al sentir ese fresco rocío de gotas de cielo, yo sufro en mi sombra lo que acaso padece en la suya el tétrico sauce, guirnalda mortuoria, cuando un grupo de vividos pájaros festivo y cantante se esparce en su copa!
Como la ola, al romper en la orilla, corona de espuma la peña en que choca; como el sol abrillanta la nube con un arco-iris de tintas radiosas; como el árbol fragante perfuma el viento de otoño que arranca sus hojas, el poeta, ese mártir del genio, consagra su angustia con himnos de gloria.
Inmortal pensamiento de pena que llevo en la frente corno una aureola, sal del labio en corrientes de música y alienta y cautiva las ansias que lloran..
44 CULTURA
¡Así el hielo que ciñe la cumbre,
do nunca se mecen matices ni aromas,
baja en crespos raudales de plata
y cubre de flores los campos que borda!
Pero no! ¡Permanece en tu cima! ¡Oh escarcha! oh tristeza! ¡no brotes! ¡no es horl ¡no desciendas! ¡No quiero que seas, — en vez de la linfa que esmalta y abona — la bola de nieve que crece en su curso y es luego avalancha que aplasta y arrolla!
ESTANCIAS.
Bienaventurados los que lloran.
¡Oh! los infortunados de la vida son felices aún! El sufrimiento es la palpitación del ala herida, el ansia déla fuerza comprimida, la más alta expresión del sentimiento!
El fuego del dolor es cual la llama del vaso en que la mirra se consume: purifica y eleva y embalsama; trueca el acíbar áspero que inflama en delicado y celestial perfume!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 45
El pesares poeta y es creyente; las lágrimas son gotas de rocío; la tristeza es el nimbo de la frente, es el vuelo del ángel esplendente por encima de féretro sombrío.
La pena es el Calvario milagroso; la prueba y la virtud de la grandeza; el buitre inseparable del coloso; el piélago salobre y espumoso de donde surge la inmortal belleza.
Padecer es gozar de una ventura; seguir la inabordable lontananza;
la fe perdida o la ilu?ión futura
la dicha, que se ignora mientras dura, no es más que la memoria o la esperanza.
La desgracia es la madre macilenta de los hombres sublimes de la historia; el genio es una nube de tormenta: destroza él corazón en que revienta, mas deja un frío postumo: la gloria!
{Por qué insultas los fúnebres despojos de tus extintas horas apacibles, y con un rayo irónico en los ©jos dices que los recuerdos son abrojos y las aspiraciones imposibles?
¡Venera tu aflicción, alma sencilla! ¡Consagra el ataúd de tus amores!
46 CULTURA
Los muertos radian cuando el cirio brilla, cuando el duelo enlutado se arrodilla ante la huesa para echarles flores!
Bendice la inquietud de tu destino. Reverencia el pañal como el sudario. Tu afán es el augusto peregrino y al fin de las fatigas del camino, resplandecen las puertas del santuario.
No te arredres, oruga, por la fosa en que hoy como un cadáver te despeñas; no te aterres mañana, mariposa, porque toques la espina de la rosa, porque te quemes en la luz que sueñas!
EL DESERTOR.
Allí junto al viejo muro
entre la hierba escondido! ¡Y el campo, alegre y florido! ¡Y el cielo, impasible y puro!
¡Cuadro que tuve delante y que hoy como entonces veo! Ante un pelotón el reo; en un flanco el comandante.
— ¡Cesen tus ruegos prolijos! {Por qué huíste a la montaña?
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 47
— Señor, porque en mi cabana estaban sin pan mis hijos.
— ¿Por qué trocaste el arado por el fusil? Fué imprudencia. — Señor, ha sido violencia:
la leva me hizo soldado.
— ¡Basta! ¡Arrodíllate luego! La disciplina es un yugo
Yo no soy más que el verdugo .... ¡Preparen! ¡Apunten! ¡Fuego!
¡Allí . . junto al viejo muro entre la hierba escondido! ¡Y el campo alegre y florido! ¡Y el cielo, impasible y puro!
ASONANCIAS.
vSé de un reptil que persigue la sombra rauda y aérea que un ave del paraíso proyecta sobre la tierra, desde el azul en que flota, iris vivo de orlas negras!
Conozco un voraz gusano que perdido en una ciénaga,
48 CULTURA
acecha una mariposa que, flor matizada y suelta, ostenta en un aire de oro dos pétalos que aletean.
¡Odio que la oscura escama profesa a la pluma espléndida! ¡Inmundo rencor de oruga! ¡Eterna y mezquina guerra de todo lo que se arrastra contra todo lo que vuela!
LOS PARIAS.
Allá en el claro, cerca del monte, bajo una higuera como un dosel, hubo una choza donde habitaba una familia que ya no es. El padre, muerto; la madre, muerta; los cuatro niños, muertos también: él, de fatiga; ella, de angustia; ellos, de trío, de hambre y de sed!
Ha mucho tiempo que fui al bohío y me parece que ha sido ayer. ¡Desventurados! Allí sufrían ansia sin tregua, tortura cruel. ¡Y en vano, alzando los turbios ojos, te preguntaban, Señor, por qué;
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 49
y recurrían a tu alta gracia, dispensadora de todo bien!
¡Oh Dios! las gentes sencillas rinden culto a tu nombre y a tu poder: a ti demandan favor los pobres; a ti los tristes piden merced; mas como el ruego resulta inútil, pienso que un día — pronto tal vez — no habrá miserias que se arrodillen, no habrá dolores que tengan fe!
Rota la brida, tenaz la fusta, libre el espacio, {qué hará el corcel? La inopia vive sin un halago, sin un consuelo, sin un placer. Sobre los fangos y los abrojos en que revuelca su desnudez, cría querubes para el presidio y serafines para el burdel!
El proletario levanta el muro, practica el túnel, mueve el taller; cultiva el campo, calienta el horno, paga el tributo, carga el broquel; y en la batalla sangrienta y grande, blandiendo el hierro por patria o rey, enseña al procer con noble orgullo cómo se cumple con el deber!
50 CULTURA
Mas ¡ay! ¿qué logra con su heroísmo? ¿cuál es el premio, cuál su laurel? El desdichado recoge ortigas y apura el cáliz hasta la hez. Leproso, mustio, deforme, airado, soporta apenas tan dura ley, y cuando pasa sin ver al cielo, la tierra tiembla bajo sus pies!
ASONANCIAS.
Sabedlo, soberanos y vasallos,
proceres y mendigos: nadie tendrá derecho a lo superfluo, mientras alguien carezca de lo estricto.
Lo que llamamos «Caridad», y ahora
es sólo un móvil íntimo, será en un porvenir lejano o próximo el resultado del deber escrito.
Y la Equidad se sentará en el trono
de que huya el Egoísmo, y a la ley del embudo, que hoy impera, sucederá la ley del equilibrio.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN SI
DE UN LIBRO,
Que como el perro que lame la mano de su señor, el miedo ablande el rigor con el llanto que derrame; que la ignorancia reclame al cielo el bien que le falta. . - . ¡Yo, con la frente muy alta, cual retando el rayo a herirme, soportaré sin rendirme la tempestad que me asalta!
No esperes en tu piedad, que lo inflexible se tuerza: ¡Yo seré esclavo por fuerza, pero no por voluntad! Mi indomable vanidad no se aviene a un ruin papel. ¡Humillarme! ¡Ni ante aquél que enciende y apaga el día! ¡Si yo fuera ángel, sería el soberbio ángel Luzbel!
El hombre de corazón nunca cede a la malicia.
52 CULTURA
¡No hay más Dios que la justicia, ni más ley que la razón! ¡Resignarme a la presión del levita o del escriba! ¡Doblar la cerviz altiva ante torpes soberanos! ¡Yo no acepto a los tiranos ni aquí abajo, ni allá arriba!
NAPOLEÓN.
Surge ante la opresión y el desenfreno para ser a la par ímpetu y valla.
Acomete, fulmina y avasalla
es un coloso de diamante y cieno!
Lleva el fuego de Dios dentro del seno cual prenda de victoria, a la batalla; y semejante al nubarrón que estalla, vierte la luz con el fragor del trueno.
Sirve a la libertad con la conquista; a la Revolución de que es hechura quiere cavar sepulcro y abre pista.
Cumple su alta misión por fuerza obscura,
y entonces de la mano del artista
cae el cincel al pie de la escultura!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 53
LA NUBE.
¿Qué te acongoja mientras que sube del horizonte del mar la nube,
negro capuz? Tendrán por ella frescura el cielo, pureza el aire, verdor el suelo,
matiz la luz!
No tiembles. Deja que el viento amague y el trueno asorde y el rayo estrague
campo y ciudad;
tales rigores no han de ser vanos
¡Los pueblos hacen con rojas manos
la Libertad!
JUSTICIA
Fuerza es convenir en ello: Todo hombre es un pecador: No hay nadie que en su interior no esté con la soga al cuello. Anónimo.
Cefíudo y calenturiento, sacudo la frente fiera, como si así consiguiera arrojar el pensamiento!
54 CULTURA
Pero, altivo en mi tormento,
miro el tiempo que pasó
que las faltas en que yo — frágil como hombre — incurrí, podrán afligirme, sí; pero avergonzarme nó!
Dicen que todo mortal, hasta el que lleva una palma, es, por fallo de su alma, un condenado al dogal. Mas no tienen suerte igual la púrpura y el andrajo: cuando el culpable no es bajo, es menos vil su sentencia .... Por eso yo en mi conciencia reclamo el hacha y el tajo!
AL CZAR DE LAS RUSIAS. (Nicolás II)
Ya fuiste bendecido y coronado, esplendorosamente consagrado en medio de una pompa sin igual; óyeme, pues, escucha los consejos de quien fué sin tu venia a los festejos: ¡Yo soy la Libertad!
Tú mandas cien millones de lacayos; diez mil cañones que vomitan rayos rompen en truenos a tu voz triunfal; cuatro mares, esclavos de tu acero,
besan tus plantas imperiales, pero
¡Yo soy la Libertad!
Sé bueno y justo porque Dios se irrita, ama a ese pueblo que a tus pies se agita con latentes hervores de volcán: no me persigas más, dame la mano,
tiéndemela, si nó tiembla, tirano,
¡Yo soy la Libertad!
A LOS HÉROES SIN NOMBRE.
Milicias que en las épicas fatigas caísteis, indistintas e ignoradas, cual por la hoz del rústico segadas, en tiempo de cosecha, las espigas;
que moristeis a manos enemigas, fulgentes de entusiasmo las miradas, tintas hasta los puños las espadas y rotas por delante las lorigas.
Oscuros Alejandros y Espartacos, la ingratitud de Vuestro sino aterra la musa de los himnos elegiacos.
56 CULTURA
En las cruentas labores de la guerra, sembradora de lauros, fuisteis sacos de estiércol ¡ay! para abonar la tierra.
A LAS PUERTAS.
Al fulgor ensangrentado de una hornaza nunca extinta, junto al yunque en que el ardiente hierro herido arroja chispas, levantando y abatiendo el martillo que fatiga, sudoroso y atezado un Vulcano está a tu vista.
Esta atmósfera de infierno, roja a fuerza de encendida, en que el cíclope trabaja como en una pompa olímpica, bien pudiera sofocarte con su fuego y sus cenizas
¡Que de ti no entre aquí más que la luz de tus pupilas!
No penetres en el antro, no busques idolatrías en este taller, panoplia de tantas sagradas iras.
SALVADOR DÍAZ MIRüN ' 57
Yo amo la belleza, es cierto, mas no a la manera antigua: vastago de esta centuria voy a donde ella me guía.
Y no para honrar los templos la moderna gracia artística, sobre los pechos de Helena modela copas divinas; ni el nuevo genio ateniense mira con ansias lascivas en la cadera de Aspasia el contorno de su lira.
Ni la estética en su arena premia como antes solía el más melódico beso aplicado a una mejilla; ni en los litigios famosos, que dirime la justicia, la desnudez de Frinea es hoy razón decisiva.
Tu lugar no está en mi fragua, ¿qué te importa la obra mía? Yo no labro joyas de esas que alas mujeres cautivan: ¡Forjo armaduras, escudos, cascos, espadas y picas, para todos los derechos que combaten por la vida
58 CULTURA
BOEDROMION.
¿Gemís? ¿No hallaron entre rojas piras y a través de las bárbaras saetas claros laureles vuestras justas iras?
Coronados de adelfas, los poetas cantan fausto loor, digno de liras hechas a celebrar triunfos de atletas.
La griega sangre que purpura el suelo por la lucha convulso y escarbado es propicia a la patria y grata al cielo.
¡Gloria eterna al que ardiente y arrojado se adelanta en la lid con noble anhelo y en la primera fila es inmolado!
Para el que torna invicto y satisfecho al dulce hogar, la admiración curiosa saie a la puerta y se encarama al techo.
Y bajo el casto peplo de la hermosa virgen, el puro y culminante pe^ho hinche y erige su botón de rosa.
¡Cejar, descolorida la mejilla, turbia la vista y erizado el vello, en la pugna viril es gran mancilla!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 59
¡Indeleble baldón pone vil sello al que, cual manso buey, tiende y humilla al tiránico yugo el dócil cuello!
El que al abrigo de cerrado muro se quede atrás cuando la hueste fiera parta en bélico alarde al trance duro;
el que sensual o tímido prefiera al riesgo heroico, el bienestar seguro, ¡viva de oprobio y de vergüenza muera!
No os lamentéis. ¡La combatida nave «echa al airado mar todo un tesoro» para salvarse en la tormenta grave!
¡Corred al templo en jubiloso coro y dejad sobre el dórico arquitrabe en honra al dios las égidas de oro!
A LAS COSAS SIN ALMA.
Cosas sin alma, que os mostráis a ella y la servís en muchedumbre tanta, temblad! La móvil hora no adelanta sin imprimiros destructora huella.
De la materia resistente y bella tomad lo que más dura y más encanta; si sois piedra, sed mármol; si sois planta, sed laurel; si sois l'ama, sed estrella.
6o CULTURA
Mas no esperéis la eternidad. El lodo se disuelve en la onda que lo crea; Dios y la idea por diverso modo,
pueden sólo flotar en la marea del objeto y del ser; ¡Dios sobre todo, y sobre todo lo demás la idea!
DONES FATÍDICOS.
Palma: no te enorgullezcas de superar en altura a los laureles y almendros sobre cuyas copas triunfas. La tempestad se avecina, y cuando el rayo fulgura, las frentes menos enhiestas, son las que están más seguras.
No te ensoberbezcas, rosa, porque brillas y perfumas y en el jardín y en el prado reinas, excedes y ofuscas. Esmalte y aroma en flores
son signos de desventura
manos vendrán que te arranquen o insectos que te destruyan.
SALVADOR DÍAZ MlkON 6l
Dulce flauta de la selva, cantor que esponjas la pluma y abres el pico y exhalas chorros de perlas de música! No te envanezca el gorjeo, calla: los hombres lo escuchan, y trinos aprestan redes al ave que los modula.
Tierra: no envidies al astro que te calienta y fecunda y que surgente u occiduo prodiga el oro y la púrpura. Tamaña magnificencia
nace de inmensa tortura
¡El resplandor de un incendio te vivifica y alumbra!
¡Cuan caro pagas, espíritu, el nimbo que te circunda! Tener ingenio y renombre es tu verdadera culpa. De rencores a tu gloria es cómplice la fortuna, y pereces lapidado con montanas de imposturas.
02 CULTURA
LA CONMEMORACIÓN.
Espectros Épicos.
¿A dónele, con los griegos melenudos, va por el golfo insigne tanta nave? Al compás de la tibia, que en agudos tonos imita la canción del ave, himno de acentos bélicos y rudos
suena, confuso y grave.
¿Es el Pean? — Guerreros espolones amagan en las proras esculpidas; y la flota triunfal lleva festones de rosas y relámpagos de egidas, y argenta de espumosos borbotones las olas divididas.
El vSol entre arreboles resplandece, como broquel de orco que a indistinto dios vestido de púrpura guarece; y el húmedo cristal, a trechos pinto de reflejos de múrice, parece
en sangre persa aun tinto.
SALVADOR DÍAZ MIRoN 63
PRELIMINAR DE ''MELANCOLÍAS Y CÓLERAS."
A Chucho Valenzuela el eximio poeta.
Al chorro del estanque abrí la llave; pero a la pena y al furor no pude ceñir palabra consecuente y grave.
Pretendo que la forma ceda y mude; y ella en mi propio gusto se precave, y en el encanto y en el brillo acude.
Afeites usa y enjoyada viene. . . . ¡Sólo a esplender y a seducir aspira, como en la noche y en el mar Selene!
!Es coqueta en el duelo y en la ira
del supremo rubor! ¡No en vano tiene
curvas y nervios de mujer la lira!
¿Qué mucho, pues? A encono y a quebranto dejo el primor que les prendí por fuera; y en la congoja y en la saña el canto
resulte gracia irónica y artera: el iris en el glóbulo del llanto y la seda en la piel de la pantera.
64 CULTURA
REDEMPTIO.
Llegué a desesperar ¿A dónde iba
por el rudo peñón cortado a tajo? Miré al cielo, y estaba muy arriba!
La cima con su vértigo me atrajo; torné la faz a la traspuesta hondura, vi la tierra, y estaba muy abajo!
Y a la mitad de la pendiente dura do el fragoroso alud bota o resbala, dudé entre la vergüenza y la locura.
Y un gran buitre al pasar me hirió con su ala; y oré, sabiendo que el incienso sube
a excelsitudes que el cóndor no escala.
Imploré con fervor .... y me detuve observando con pasmo que mi ruego se condensaba alrededor en nube.
Y algo como una lágrima de fuego brilló en ese vapor, germen de estragos, y dijo a mi dolor convulso y ciego:
«Yo soy el numen de tus sueños vagos; yo soy la llama de la zarza ardiente; yo soy la estrella de los reyes magos:
SALVADOR DIAZ MIRÓN 65
Yo soy la Redención.» Y eco rugiente se levantó del valle, y parecía
como rumor de mar Y alcé la frente
y puse el pie en la nube que partía.
A BYRON.
Eras a un tiempo el ángel y el vestiglo; el astro y el espectro en el cometa; todo un siglo hecho hombre; todo un siglo de befa y de pasión hecho poeta.
Te calumniabas con insigne dolo; y bello y tentador y altivo y fiero, fuiste un Don Juan que se cantaba solo, un Luzbel trovador y aventurero.
Trataste al mundo como el monstruo a Edipo; pasmaste con enigmas la fe ciega; te pusiste la máscara de un tipo, como el actor de la tragedia griega.
Del fango impuro a tu soberbia frente subió un vapor que oscureció tu juicio; te dejaste arrastrar por la corriente, y diste pompa y esplendor al vicio.
Y tu numen fué entonces un mal hado, nutrido y lleno de impiedad sangrienta; para cada fanal tuvo un nublado, y para cada vela una tormenta!
66 CULTURA
Llegaste a las supremas ironías, como cediendo a impulsos espontáneos: profanabas la tumba en tus orgías, bebiendo el vino del placer en cráneos.
Tus lúgubres acentos repitieron el grito aterrador, el grito mismo que los bajeles de Tiberio oyeron bajo una tempestad, sobre el abismo.
Sombra y desolación eran la suerte: vino tu genio, codiciaba palmas, y fué el corcel en que montó la Muerte en ese apocalipsis de las almas.
Trágico, taciturno, sobrehumano, entre tanta ceniza y tanto escombro, pasaste con tu cítara en la mano, como un verdugo con su hierro al hombro!
Cual de una nube de borrasca y guerra, y en medio de una convulsión catete: pisaste ortigas al tocar la tierra, y la cruzaste claudicando y triste.
Afán de emigración, jamás extinto, te arrojó sin cesar sobre las naves: errar de clima en clima es un instinto en ciertos genios como en ciertas aves.
Las olas te atraían; y mostrabas vivo placer a las riberas solas,
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 67
cuando— soberbio nadador — rasgabas desnudo y ágil y tenaz las olas.
Igual al mar por tu doblez extraña, reflejabas el cielo a que tendías; y audaz y atronador y hecho montaña, te alzabas hasta él y lo escupías.
No envidiabas al piélago sus dones: tú tenías también ímpetus, brumas, trombas, brillos, honduras, explosiones, monstruos, perlas, vorágines y espumas!
¿Fuiste un loco?— Tal vez; pero esplendente! El sentido común, razón menguada, nunca ha sido ni artista, ni vidente, ni paladín, ni redentor. . . .ni nada!
¡Cuan grandes fueron tus postreros días! ¡Cuan excelsos tus últimos anhelos! Eras Manfredo en el Jung-Frau: querías caer; pero caer desde los cielos!
¿Por qué llevarte a la natal ribera? ¿Por qué robarte a Missolonghi? ¿Acaso fué nunca tierra para tí extranjera la tierra del Olimpo y del Parnaso?
La británica orilla en vano oprime tu ilustre polvo con su arena recia: Grecia guardó tu aparición sublime; tu verdadero monumento es Grecia.
68 CULTIRA
Duerme. Tu gloria crecerá entretanto mientras palpite el corazón de un hombre. Descansa en paz. Las ondas de Lepanto eternamente cantarán tu nombre!
Y cuando la razón fría y adusta dispare un dardo a tu azarosa vida, la heroica sombra de tu muerte augusta interpondrá su redentora egida.
VOCES INTERIORES.
A F. D.
Bruto partiendo el corazón de César; Espartaco asolando la Campania; Tell rechazando con el pie el esquife; Cromwell ante el suplicio de un monarca; Mirabeau en el Tabor de las naciones; Bolívar con tres pueblos a la espalda; Hidalgo predicando el exterminio y Grant blandiendo su invencible espacia, fueron volcanes que estallaron; fueron llagas contra cilicios sublevadas; fueron rayos forjados en las nubes formadas lentamente por las lágrimas que, convertidas en vapor, habían subido al cielo a demandar venganza!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 69
De tierras que han sufrido convulsiones de cráteres y vómitos de lavas, surgieron siempre a deleitar los ojos las flores de hermosura más gallarda. Sobre odios y desastres y congojas, sobre estragos y cóleras y ansias, sobre aras y temblores y tinieblas, Dios puso el ideal y la esperanza. El Nilo desbordado y tormentoso inunda con violencia la comarca, y es invasión de fangos por doquiera; pero en esas arenas calcinadas esa invasión de fangos es la vida, y esa invasión de fangos es sagrada!
¡Oh rayos que os forjáis entre las nubes formadas lentamente por las lágrimas! ¿Cuándo fulminaréis a los sayones que oprimen y envilecen el Anáhuac? ¡Oh Nilo desbordado y tormentoso que inundas con violencia la comarca! {Qué primavera enflorará el desierto, cuando retires tus impuras aguas? {Qué incubación de proceres palpita entre tanta abyección y tanta infamia? ¿Qué paladines purgarán la tierra, en donde sólo en los escudos de armas hay águilas que triunfen de serpientes y no serpientes que extrangulen águilas?
yo CULTURA
¡Silencio! ¿Quién responde a mis acentos? ¿Es la voz de los muertos por la patria? No: la voz de los muertos fuera triste y no causara sensación tan grata. Oigo un coro celeste cuyos tonos ensordece y confunde la distancia, y me parece cual canción de alondra que anuncia el claro amanecer del alba. Ese dulce murmullo que me alegra, ese vago rumor que me entusiasma, brota quizá de los fecundos senos
de las mujeres que a lo lejos pasan
¡Cada una lleva un nimbo en la cabeza y acaso un redentor en las entrañas! ¡Oh hermano de adopción, que eres mi orgullo! ¡Tú, cuya vida sin doblez ni tacha puede ostentar la cohesión suprema de los diamantes de esplendor sin mancha! ¡Tú, que firme y erguido en la tribuna, como el peñón en donde el faro radia, sabes cumplir con tu deber de antorcha sobre este mar en que el honor naufraga! ¡Tú, que has ungido tu conciencia indúctil con la lustral e imperceptible grasa que revelan las plumas de los cisnes, cuando del cieno de la inmunda charca, cuando de la onda corrompida y turbia emergen secas y resultan blancas!
salvador Díaz mirón 71
¡Tú, que sin arte ni dolor prefieres al vil favor la inmerecida sana, al oro espurio la miseria altiva y al vicio enhiesto la virtud hollada! Si no es una ilusión de mis deseos este concierto que a mi oído canta; si entre los claustros maternales bulle el porvenir que nuestro afán aguarda, ¡dichosos si vivimos para entonces! Ambos iremos a la lucha santa, y unidos moriremos combatiendo, cual los saldunas de la antigua Galia. ¡De la honda de David saldremos juntos yo que soy guija y tú que eres montaña!
VÍCTOR HUGO.
(Qué palabra mejor que la que canta? ¿Qué timbres de más prez que los que encierra ese rey triunfador a cuya planta es un mezquino pedestal la tierra? ¿Qué fuerza más divina que la de ese Titán que escala el cielo, desafiando al rayo, — que fulmina todo lo que se empina sobre este bajo y miserable suelo: espíritu y volcán, torre y encina?
72 CULTURA
¡El cóndor gigantesco de los Andes, el buitre colosal de orlado cuello, no ha batido jamás alas tan grandes, ni ha visto de tan cerca un sol tan bello! El poeta es el antro en que la oscura sibila del progreso se revuelve; el vaso en que la vida se depura, y, libre de la escoria, se resuelve en verdad, en virtud y en hermosura! ¡No hay gloria de más claros arreboles que la de ser, en la penumbra inmensa, uno de esos crisoles en que la luz del alma se condensa, como el luego del éter en los soles!
El vidente está allí, noble y sereno: si los hombres lo afligen porque es bueno y en en su yerma heredad siembran la ortiga, él los consuela, y del terruño ajeno recoge el cardo, como Ruth la espiga! ¡Árbol que el viento del otoño hiere en la hoja, en la flor, en el retoño! ¡Árbol que al viento del otoño muere y qué perfuma el viento del otoño! Todo el vapor que del pantano sube miasmático y sombrío, se cuaja arriba en tormentosa nube, pero desciende en bienhechor rocío!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 73
¿Qué importa que el sublime Prometeo,
bajo el chispazo que su frente atrae,
muerda el polvo en la lid, si, como Anteo,
se endereza mayor siempre que cae?
La ráfaga que zumba
no ha de apagar la estrella.
¡Dejad que al fin el trovador sucumba!
¡La luz de su estro, como nunca bella,
brotará por las grietas de su tumba!
¡Oh soñador excelso! — Yo te he visto tocar el cielo, en el batido estuario, ara de tu ideal! — Tú, como Cristo, completaste el Tabor con el Calvario! Misionero de luz propicio al ciego, tu genio, semejante a un meteoro, llovió desde el cénit lenguas de fuego y abrió en la inmensidad surcos de oro!
No es cierto que tu espíritu esté falto de esa unidad espléndida y bruñida que constituye el mérito más alto de un libro, de un diamante y de una vida; pero pagaste el natural tributo: primero, el huevo, y en seguida, el ave! Es fuerza que la flor preceda al fruto y el hombre empiece donde el niño acabe! Roja y azul, la sangre que te anima hizo de ti la aurora que refleja
74 CULTURA
la púrpura del sol que se aproxima
y el zafir de la noche que se aleja.
Tu frente audaz, que el pensamiento arruga,
puede alzarse sin mancha! Dios te impele.
Nadie reprocha a la rastrera oruga
que se convierta en mariposa y vuele!
Envueltos en su túnica inconsútil,
tus veinte años de destierro gimen
El crimen te absolvió ¡Pero fué inútil!
¡Tú no absolviste al crimen! Y allí, de pie sobre tu peña sola, nueva Pathmos, ceñida por la ola; allí, vuelto a los reprobos distantes, y en tu lengua de hipérboles y elipsis, lanzaste, nuevo Juan, los fulgurantes relámpagos de un nuevo Apocalipsis!
Y tú no fuiste el único en el duelo,
en la pena, en el Gólgota, en la injuria
Cuanto era cumbre o remontaba vuelo sufrió el embate de la misma furia.
Mas ¿cómo pudo ser? ¿qué fuerza extraña, qué ingente cataclismo decapitó de un golpe la montaña, aventando sus crestas al abismo? ¿Qué tempestad de tenebrosos rastros, qué estallido de horno rompió el volcán, bajo su nimbo de astros, arrojando sus águilas en torno?
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 75
¡Profanado el augusto tabernáculo
y erguidos y triunfantes los protervos!
¡Apagada la zarza en el pináculo
y allí agrupados en festín los cuervos!
¡El pueblo subyugado por la tropa;
el pueblo audaz que con ardor fecundo,
dando su sangre en holocausto a Europa,
reivindicó la libertad del mundo!
¡Radiante y vencedor el culto falso!
¡La virtud perseguida con encono!
¡El deber espirando en el cadalso
y la infamia sentándose en el trono!
¡Oscurecido el sol! ¡La Francia esclava!
— ¿En dónde estaba Dios, que no veía, puesto que así dejaba prevalecer la noche sobre el día?
¡Oh poeta! Tu espíritu enamora: Es cual la estatua que el egipcio estulto honraba por sonora: Tiene el supremo pedestal: el culto, y la suprema inspiración: la aurora! Sin rival cuando canta y cuando gime, tu voz reina en el duelo y en la fiesta; tus versos son la música sublime, no de una lira, sino de una orquesta! No hay nota por tu acento no emitida;
?6 CULTURA
tan grande en la inquietud como en la calma,
tocas todo el registro de la vida,
recorres todo el diapasón del alma!
Siempre con igual éxito, tu numen
brota en odas, idilios y elegías;
y es que en tí se completan y resumen
Píndaro, Anacreonte y Jeremías!
Tu genio no es el bólido infecundo
que en vano estalla en el celaje incierto:
Es la columna que dirige al mundo,
camino del Edén, por el desierto!
El ideal que el porvenir reserva
y que hace ahora su primer ensayo,
saldría de tu frente, cual Minerva
surgió de la cerviz del dios del rayo!
Angeles que combaten con vestiglos
y que alcanzan victoria tras victoria,
tus himnos brillan como el sol! — La historia
no ha producido en los mayores siglos
gloria que pueda superar tu gloria!
¡Contemplad al coloso! Ved cómo lucha y lucha y no desmaya; cómo pisa radiante y magestuoso, el más alto crestón del Himalaya:
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 7J
Cómo allí, — puesto en Dios el pensamiento, —
revela un nuevo mundo en cada grito
¡Atlas en que se apoya el firmamento! ¡Atalaya que explora el infinito!
SURSUM.
A J. S.
¡Cuan grata es la ilusión a cuyos lampos tienen perenne vida los amores, inmarcesible juventud los campos y embriagadora eternidad las flores! ¡Cuan vivido es el iris que colora, magia oriental, la suspirada orilla, y a cuyo hermoso resplandor de aurora radia hasta el fango que después mancilla! La verdad, si engrandece la conciencia, devora el corazón, nunca sumiso: es el fruto del árbol de la ciencia, y siempre hace perder el paraíso. Mas aunque el bardo mate la quimera, y desvíe y aparte de sus ojos el prisma encantador, y por doquiera mire sombras y vórtices y abrojos, ha de cantar !a redentora utopia, como otra estatua de Memnón que suena,
/ 8 CULTURA
y ser, perdida la esperanza propia, el paladión de la esperanza ajena!
Cuando el mundo, ese Tántalo que aspira en vano al ideal, se dobla al peso de la roca de Sísifo, y espira quemado por la túnica de Neso; cuando al par tenebroso y centellante imita a Barrabás y adora al Justo, y pigmeo con ansias de gigante se retuerce en el lecho de Procusto; cuando gime entre horribles convulsiones, para expiar sus criminales yerros, mordido por sus ávidas pasiones como Acteón por sus voraces perros; cuando sujeto a su fatal cadena arrastra sus desdichas por los lodos, y cada cual, en su egoísta pena, vuelve la espalda ala aflicción detodos; el vate, con palabras de consuelo, debe elevar su acento soberano, y consagrar, con la canción del cielo, no su dolor, sino el dolor humano!
Sacro blandón que en la capilla austera arde sin tregua, como ofrenda clara, y consume su pábilo y su cera por disipar la lobreguez del ara;
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 79
vaso glorioso en donde Dios resume cuanto es amor, y que para alto ejemplo gasta y pierde su llama y su perfume por incensar en derredor el templo; sublime Don Quijote que ambiciona caer al fin entre el fragor del -rayo, torcida y despuntada la tizona y abierto y rojo por delante el sayo; ave fénix que en fúlgidas empresas aviva el fuego de su hoguera dura, y muere convirtiéndose en pavesas de que renace victoriosa y pura . . . ¡Eso es el bardo en su fatal destierro! Cantar a Filis por su dulce nombre, cuando grita el clarín: ¡despierta, hierro! ¡Eso no es ser poeta, ni ser hombre!
Mientras la musa de oropel y armiño excecra el polvo por amarla nube, y hace sus plumas con la fe de un niño y hacia un azul imaginario sube; mientras Ofelia, con el pecho herido por Hamlet y sus trágicos empeños, marcha a las ondas del eterno olvido, cogiendo flores y cantando sueños; el numen varonil entra en la arena, prefiriendo al delirio y al celaje la ciudad con sus ruidos de colmena y el pueblo con sus furias de oleaje;
8o CULTURA
y contempla la tierra purpurada, y toma y alza, con piedad sencilla, un montón de esa arcilla ensangrentada. . . . y ese montón de ensangrentada arcilla adquiere vida entre su mano estoica, vida inmortal y fulgurantes alas, y en él respira una belleza heroica, como en la estatua de la antigua Palas!
Guardar silencio y poseer la trompa, la recia trompa a cuya voz no exigua vendría a tierra, con su estéril pompa, el muro hostil de la ciudad antigua; ser un Aquiles que a la lid prefiera recordar a Briseida en el retiro,
aunque Patroclo batallando muera
¡Eso es mentir a Dios! ¡Pero qué miro!
Cual la crin de un raudal que de alto arranca,
tus cabellos se agitan .... ¡Oh maestro!
{Por qué sacu les la cabeza blanca,
cual s¡ quisieras arrojar el estro?
¿Por qué no te alzas a la faz de Harmodio,
y no repeles, cuando Atenas grita,
esa montaña de calumnia y odio
que sobre tu hombro de titán gravita?
Tu Etna será para tu fuerza flojo;
confía en ti y a tu misión no faltes,
que al hado cruel que lapidó tu arrojo
irá el volcán cuando debajo saltes!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 8 I
¡Rompe en un himno que parezca un trueno! El mal impera de la choza al solio; todo es dolor o iniquidad o cieno; pueblo, tropa, senado y capitolio. ¡Canta la historia al porvenir que asoma, como Suetonio y Tácito la escriben! ¡Cántala así, mientras en esta Roma Tiberios reinen y Seyanos priven! ¡Abre la puerta al entusiasmo ausente; mueve de un grito el desusado gonce; y como a chorros de fusión ardiente, vierte en los mimbres el vigor del bronce! ¡Derrama el verbo cuyos soplos crean la íe que anima y el valor que salva, y que a tu acento nuestras almas sean como tinieblas que atraviesa el alba! Para el poeta de divina lengua nada es estéril, ni la misma escoria. Si cuanto bulle en derredor es mengua, sobre la mengua esparcirás la gloria!
DE LASCAS.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 85
A MIS VERSOS.
Insensibles a fiestas y grimas y con alas de luz de centellas, pero esquivos a cautas doncellas, difundios por gentes y climas.
No sois gemas inmunes a limas y con lampos de fijas estrellas, sino chispas de golpes y mellas y ardéis lascas de piedras de simas.
Pero hay siempre valer en las rimas. {Por qué duran refranes? Por ellas, y no suelen llevarlas opimas.
Id, las mías, deformes o bellas: inspirad repugnancias o estimas, pero no sin dejar hondas huellas.
ECCE HOMO.
Sé que la humana fibra a la emoción se libra, pero que menos vibra al goce que al dolor.
86 CULTURA
Y en arte no me ofusco
y para el himno busco la estética del brusco estímulo mayor.
Mas no en aleve audacia demando a la falacia la intensa y cruda gracia, como un juglar sutil. A la verdad ajusto el calculado gusto, bajo el pincel adusto y el trágico buril.
Y el daño es tema propio a mí, que bebo en opio el sueño, y hago acopio de lágrimas de hiél. Estudio y peso y mido; y al rudo esfuerzo pido un bálsamo de olvido y un ramo de laurel.
Fatiga y pena ignotas soltaron acres gotas, que son espumas rotas al pie del bogador. ¡vSondad en mi «lirismo», como en el ponto mismo, un vasto y fiero abismo de llanto y de sudor!
SALVADOR DÍAZ MIRoN Sy
¡Oh fe y piedad radiosas, que al polvo de las fosas ponéis alas hermosas con que poder volar! ¡Oh dulces manos bellas, que al son de las querellas venís de las estrellas a ungir y acariciar!
Ni el santo influjo vuestro suaviza mi siniestro destino, donde un estro enrosca y alza luz. Y a empuje por caída, avanzo más la vida, maltrecha y abatida como arrastrada cruz.
Mi gloria está en la nube que por el cielo sube, llevando, no un querube sino una tempestad, y en el fulgor que anima la yerma y blanca cima, ¡a cumbre que sublima tristeza y soledad!
88 CULTURA
A UNA ARAUCARIA.
¡Bien hayas, himno verde, que sublimas en estrelladas y soberbias rimas triunfante numen, y a cantar animas!
En la punta prolífica y derecha de tu plumada y elegante flecha, mirlo garrulador plañe una endecha.
Y abro el ala parnáside, y al crudo viento del agrio Cofre la sacudo,
y con bárbara trova te saludo.
Corvas uñas, que amagan como en rabos de incógnitos a mí reptiles bravos, echas por hojas en alternos cabos.
Y si la llama del rencor me ciñe corazón y laúd, la nota riñe
y el verso es garra que la sangre tiñe.
¡Cuan peregrina con tus frondas nuevas! Imán y encanto a las miradas pruebas en las guirnaldas que a las nubes llevas.
Extraño soy también, y más atraigo con prez que ostento y con baldón que raigo, y de mayor encumbramiento caigo.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN OC
A mirífica lumbre te abandonas, e iridiscentes lágrimas temblonas adiamantan y emperlan tus coronas.
Y ardo en estro de amor, y no hay rocío como el que cubre las que a Dios envío ansias de que me cure el ángel mío.
¡En ti mi nombre que grabé se mezca! ¡Tal vez lo guardarás de que perezca! ¡Sólo así podrá ser que dure y crezca!
Xalapa, Septiembre de 1,896.
A UN JORNALERO.
Lírica gracia exorna y ennoblece ¡oh proletario! tu mansión mezquina: el tiesto con la planta que florece, la jaula con el pájaro que trina.
Sospechoso el tugurio no parece, cuando hay en él como señal divina, el tiesto con la planta que florece, la jaula con el pájaro que trina.
¡Lúgubre la morada que guarece miseria que no luce, por mohína, el tiesto con la planta que florece, la jaula con el pájaro que trina!
9<3 CULTUR \
¡Siniestro el pobre que de hogar carece, o a su triste refugio no destina el tiesto con la planta que florece, la jaula con el pájaro que trina!
ENGARCE.
El misterio nocturno era divino. Eudora estaba como nunca bella, y tenía en los ojos la centella, la luz de un gozo conquistado al vino.
De alto balcón apostrofóme a tino; y rostro al cielo departí con ella tierno y audaz, como con una estrella. - . ¡Oh qué timbre de voz trémulo y fino!
¡Y aquel fruto vedado e indiscreto se puso el manto, se quitó el decoro, y fué conmigo a responder a un reto!
¡Aventura feliz! — La rememoro con inútil afán; y en un soneto monto un suspiro como perla en oro.
Veracruz. Julio de 1900.
SALVADOR DIA2 MIRÓN
PEPILLA.
Como viste ropaje tan leve, me da pesadumbres, pues él filtra y enseña vislumbres de la carne de rosa y de nieve. ¡Y qué andar! La mocita se mueve con garbo de chula. Viene y va, y en la marcha modula un canto de líneas; y en las formas, apenas virgíneas, una gracia de sierpe le undula.
Como el sándalo emite una esencia, la chica rebosa
acre aroma de opima y jugosa pubertad en febril abstinencia. Se revuelve con mucha violencia y a veces me humilla. Bien aprecia su gran pantorrilla; y así, no le importa que propulse la falda ya corta y eche a vuelo por alto la orilla.
Con sus ojos de ardiente demonio, que ven al soslayo, quebrantara de un golpe de rayo la virtud de cualquier San Antonio.
gi CULTURA
En la espuma del mar sacro al jonio,
deidad menos bella
sacudió, remedando una estrella,
el suelto y profuso
y dorado borlón, cuando impuso
con el iris al nácar la huella.
Si en celoso y colérico ensayo increpo y rezungo, por traer al misterio del hongo flor triunfal en su pompa de mayo, — la doncella me tira del sayo y a veces me aguisa; pero no sin mostrarse insumisa y osada y segura, y con timbre de plata murmura, entre granas y perlas de risa:
«Hembra linda no pierde la gloria por macho importuno: debe ser a los más, y no a uno, esplendor y delicia y memoria. La hermosura inhonesta y notoria contenta el Destino; que quien hace con mágico tino labor esmerada, no la tiene para una mirada y un placer en el breve camino».
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 93
GRIS DE PERLA.
Siempre aguijo el ingenio en la lírica; y él en vano al misterio se asoma a buscar a la fior del Deseo vaso digno del puro Ideal. ¡Quién hiciera una trova tan dulce, que al espíritu fuese un aroma, un ungüento de suaves caricias, con suspiros de luz musical!
Por desdén a la pista plebeya, la Ilusión empinada en su loma quiere asir, ante límpidas nubes, virtud alta en sutil material; pero el Alma en el barro se yergue, y el magnífico afán se desploma, — y revuelca sus nobles armiños en el negro y batido fangal.
La palabra en el metro resulta baja y fútil pirueta en maroma; y un funámbulo erecto pontífice lleva manto de pompa caudal; y si el Gusto en sus ricas finezas pide nuevo poder al idioma,
aseméjase al ángel rebelde que concita en el reino del mal! ¡Quién hiciera una trova tan dulce, que al espíritu fuese un aroma, un ungüento de suaves caricias, con suspiros de luz musical!
EL PREDESTINADO.
Bajo el ronco motín que grita muerte, el sagrado bajel cruge de suerte que semeja reír. - El genio es fuerte;
y aun ante indicios de locura o dolo, no culpa de falaz a Marco Polo, y se obstina en creer, inmenso y solo.
94 CULTURA
Su fe suele medrar cuando vacila — . ¡Así la llama del hachón oscila al viento, y es mayor por intranquila!
En el ignoto piélago la nave sigue al azar el ímpetu de un ave. ; A dónde va? ¡Ni el Geno vés lo sabe!
Ala esperanza el mísero se aferra, como a la tabla el náufrago que yerra en la furia del mar. — La noche cierra.
Bien luego magnifica su corona. . . . ¡Y es (jue Dios con su soplo hincha la lona, desde los astros de la nueva zona!
Voz que nace al timón sube a la caña. ¡El ponto bulle con cadencia extraña y parece que dice: ¡viva España!
Colón, en pie sobre la prora, mira. . . ¡Y en el cordaje un hálito respira y canta, como un estro en una lira!
Franja de luna por el agua riela — . jY al grande hombre simula rica estela, rastro de victoriosa carabela!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 95
EJEMPLO.
En la rama el expuesto cadáver se pudría, como un horrible fruto colgante junto al tallo, rindiendo testimonio de inverosímil fallo y con ritmo de péndola oscilando en la vía.
La desnudez impúdica, la lengua que salía, y alto mechón en forma de una cresta de gallo, dábanle aspecto bufo; y al pie de mi caballo un grupo de arrapiezos holgábase y reía.
Y el fúnebre despojo, con la cabeza gacha, escandaloso y túmido en el verde patíbulo, desparramaba hedores en brisa como racha,
mecido con solemnes compases de turíbulo. Y el Sol iba en ascenso por un azul sin tacha, y el campo era figura de una canción de Tíbulo,
EXCELSIOR.
Conservo de la injuria, no la ignominia; pero sí la marca. ¡Sentíme sin honor, cegué de furia, y recogílo de sangrienta charca!
g6 CULTURA
Y hórrido amago suena .... ¡Así la racha en el desierto zumba, cuando en crecientes vórtices de arena corre a ceñir al árabe la tumba!
¡Infames! Os agravia que un alma superior aliente y vibre; y en vuestro miedo, trastrocado en rabia, vejáis cautivo al que adularais libre.
Cruel fortuna dispensa favor al odio de que hacéis alardes.
Estoy preso, caído, sin defensa
¡Podéis herir y escarnecer, cobardes!
Al mal dolos procuren fuerza y laurel que la razón no alcanza. ¡Aun sé cantar; y en versos que perduren publicaré a los siglos mi venganza!
Sobre la impura huella del fraude, la verdad austera y sola brilla, como el silencio de una estrella por encima del ruido de una ola.
Cárcel de Veracruz. Julio de r,<
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 97
LA ORACIÓN DEL PRESO.
SEÑOR, tenme piedad, aunque a ti clame sin fe! Perdona que te niegue o riña y al ara tienda con bochorno infame!
Vuelvo al antiguo altar. No en vano ciña guirnaldas a un león y desparrame riego que pueda prosperar tu viña!
Líbrame por merced, como te plugo a Bautista y Apóstol en Judea, ya que no me suicido ni me fugo!
Inclínate al cautivo que flaquea; y salvo, como Juan por el verdugo, o como Pedro por el ángel, sea!
Habito un orco infecto; y en el manto resulto cebo a chinche y pulga y piojo; y afuera el odio me calumnia en tanto!
{Qué mal obré para tamaño enojo? El honor del poeta es nimbo santo y la sangre de un vil es fango rojo!
Mi pobre padre cultivó ei desierto. Era un hombre de bien, un sabio artista, y le vergüenza y de pesarla muerto!
98 CULTURA
¡Oh mis querubes! — Con turbada vista columbro ahora el celestial e incierto grupo que aguarda, y a quien todo atrista!
Y oigo un sordo piar de nido en rama, un bullir de polluelos ante azores; y el soplado tizón encumbra llama!
Dios de Israel, acude a mis amores; y rían a manera de la grama, que hasta batida por los pies da flores!
Cárcel de Veracruz. Septiempre ole 1,895.
LA CANCIÓN DEL PAJE.
Tan abierta de brazos como de piernas, tocas el harpa y ludes madera y oro. Dejo al mueble la plaza por el decoro, y contemplo caricias a hurgarme tiernas.
A tu ardor me figuras y subalternas en la intención del alma que bien exploro, y en el roce del cuerpo con el sonoro y opulento artefacto que mal gobiernas.
Y tanto me convidas, que ya me infiernas; y refrenado y mudo finjo que ignoro, para que si hay ultraje no lo disciernas.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 99
Por fiel a un noble amigo pierdo un tesoro. Tan abierta de brazos como de piernas, tocas el arpa y ludes madera y oro.
CANCIÓN MEDIOEVAL.
¡Oh tú la de crin rubia, luenga y rizada, que caída en torrente barre las losas, y que volando incita las mariposas, porque así luce aspecto de llamarada!
Linajuda Regina que, por taimada, finges al viejo duque modelo a esposas, y de sus canas dices honestas cosas, más dignas de la espuma de una cascada!
Ven y place al que tiene la voz dorada, y perennes ortigas y eternas rosas, y en el talón espuela y al cinto espada!
No ignores que los himnos hacen las diosas ;oh tú la de crin rubia, luenga y rizada, que caída en torrente barre las losas!
MÚSICA DE SCHUBERT.
Crin que al aire te vuela, rizada y bruna, parece a mis ahogos humo en fogata; y del harpa desprendes la serenata divinamente triste, como la luna.
IOO CULTIRA
Y del celo ardoroso despides una fragancia de resina; y él te dilata ojo que resplandece con luz de plata, como en la sombra el vidrio de la laguna,
Mas tu marido llega, con su fortuna, nos dice dos lisonjas, va por su bata, y al dormido chicuelo besa en la cuna.
Y mientras que te tiñes en escarlata, crin que al aire te vuela, rizada y bruna, parece a mis ahogos humo en fogata.
MÚSICA FÚNEBRE.
Mi corazón percibe, sueña y presume. Y como envuelta en oro tejido en gasa, la tristeza de Verdi suspira y pasa en la cadencia fina como un perfume.
Y frío de alta zona hiela y entume; y luz de sol poniente colora y rasa, y fe de gloria empírea pugna y fracasa, como en ensayos torpes un ala implume!
El sublime concierto llena la casa; y en medio de la sorda y estulta masa, mi corazón percibe, sueña y presume.
Salvador Díaz Míron íoí
Y como envuelta en oro tejido en gasa, la tristeza de Verdi suspira y pasa en la cadencia fina como un perfume.
Diciembre de 1,899.
VIGILIA Y SUENO.
La moza lucha con el mancebo, — su prometido y hermoso efebo, — y vence a costa de un traje nuevo.
Y huye sin mancha ni deterioro en la pureza y en el decoro,
y es un gran lirio de nieve y oro.
Y entre la sombra solemne y bruna, yerra en el mate jardín, cual una visión compuesta de aroma y luna.
Y gana el cuarto y ante un espejo, y con orgullo de amargo dejo, cambia sonrisas con un reflejo.
Y echa cerrojos, y se desnuda,
y al catre asciende blanca y velluda, y aun desvestida se quema y suda.
Y a mal pabilo, tras corto ruego, sopla y apaga la flor de fuego,
y a la negrura pide sosiego.
102 CULTURA
Y duerme a poco. Y en un espanto, y en una lumbre, y en un encanto, forja un suceso digno de un canto,
¡Sueña que yace sujeta y sola en un celaje que se arrebola, y que un querube llega y la viola!
NOX.
No hay almíbar ni aroma
como tu charla
¿Qué pastilla olorosa y azucarada disolverá en tu boca su miel y su ámbar, cuando conmigo a solas ¡oh virgen! hablas?
A la nocturna gloria vuelves la cara, linda más que las rosas de la ventana; y tu guedeja blonda vuela en el aura y por azar me toca la faz turbada. . . .
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 103
Un cometa en la sombra prende una cabala. Es emblema que llora, signo que canta. El astro tiene forma de punto y raya: representa una nota, pinta una lágrima!
En invisible tropa las grullas pasan, batiendo en alta zona potentes alas; y lúgubres y roncas
gritan y espantan
¡Parece que deploran una desgracia!
Nubécula que flota, que asciende o baja, languidecida y floja, solemne y blanca,
04 CULTURA
muestra señal simbólica de doble traza: finge un velo de novia y una mortaja!
Junto al cendal que toma figura mágica, Escorpión interroga, mientras que su alfa es carmesí que brota,
nuncio que sangra
¡Y Amor y Duelo aprontan distintas armas!
¡Ah! Si la Tierra sórdida que por las vastas oquedades enrolla su curva esclava, diese fin a sus rondas y resultara
desvanecida en borlas de tenue gasa. . . . !
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 105
El mar con débil ola tiembla en la playa, y no inunda ni ahoga pueblos, ni nada. Del fuego de Sodoma no miro brasa, y la centella es rota flecha en aljaba.
¡Oh Tirsa! Ya es la hora. Valor me falta; y en un trino de alondra me dejo el alma. Un comienzo de aurora tiende su nácar, y Lucifer asoma su perla pálida.
DEA.
Recio y amplio edificio, que no brilla por la elegancia y el primor del arte. Eué convento y capilla y es hospital. Elévase a la orilla del mar, hacia la parte de Oriente, por la cual hay un baluarte,-
OÓ CULTURA
de dos que duran a evocar memoria
de antiguos tiempos de tumulto y gloria.
Junto a rispida rampa de granito, roña de ruinas y despojos muerde restos de la muralla de circuito, que son postrer vestigio que se pierde; y entre la playa bruna y el amparo de los pacientes míseros, un claro borda en rústico alarde alfombra verde.
Al Norte, lecta y espaciosa vía, que a un lado y otro del arroyo cría y a despecho del régimen propaga mantos de zacatillo y verdolaga; y que a un extremo y a cerrar el fondo tiene un médano gris, enhiesto y mondo.
Al Sur, y herboso como inculto predio, un parquecillo ruin en cuyo medio un zócalo mezquino espera en vano, con una obstinación que infunde tedio, la estatua de un grande hombre mexicano.
He ahí mi asilo y el contorno. — Cruda flegmasía me trajo de mazmorra a celda en que perezco de modorra y que, quizá por imitarme, suda. Compasivo guardián me imparte ayuda; y cuando halla ocasión, me da permiso de visitar un rato el paraíso.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 107
Y a frescos y desnudos corredores, que rodean en cuadro un patiezuelo, salgo a ver sonreír frondas y flores, y a mostrar a la fe de mis dolores
un pedacito del azul del cielo.
Y de gracia mi espíritu se viste;
y entonces me pregunto si la suerte
hará otra miel como la paz del fuerte
y otro esplendor como el placer del triste.
Holgábame una vez en tal encanto; y una moza, con rostro de delirio, pasó, blanca y derecha como un cirio, lírica y turbadora como un canto, odorífera y procer como un lirio. Parecía ilusión de la mirada. Iba con paso cadencioso y lento, y alba ropa de lino almidonada, y un susurro de brisa en enramada, y cual fuego la crin volando al viento. Era de tarde, por abril que adoro, y en un silencio perturbado apenas; y efluvios de azahares y azucenas desleían al sol ámbar en oro.
Quédeme absorto y lúgubre. Sufría présaga desazón — ¡Oh imagen pía! ancha y tersa la frente sin pecado, helénica nariz, boca de fresa,
()8 CULTURA
zarco el ojo de antílope asustado, elación y decoro de princesa y un secreto de angustia en un nublado: ¡así te llevo en el sensorio impresa!
Costumbre de inquirir, sabia y notoria, a la que rindo y pagaré tributo, movióme a interrogar. Y oí una historia. ¿A quién? A un servidor del instituto, a un cubano feraz en viles tretas, a un practicante crapuloso y pigre, a un mancebo de sórdidas chancletas, facha de orangután, gesto de tigre. Pero atended. Su relación incluye un imán de rumor de agua que fluye.
«La doncella gentil se llama Dea. Su padre, Juan Falot, vino de zuavo; y aquí, como en Italia y en Crimea, ganó prez en las lides como bravo. Herido y preso en Camarón, no pudo seguir, camino a Francia, el regimiento; y ya en salud y en libertad, a rudo trabajo demandó noble sustento. Cansado de labrar y con su ahorro, adquirióse un tenducho y un ventorro. Y casó con la reina del poblacho, una mujer de singular trapío, modesta y cauta sin ficción ni empacho, y enemiga mortal de todo lío.
SALVADOR DÍAZ MIR< N 109
Y los meses corrieron; y la esposa engordaba, soñando con querubes; y una chica nació sana y hermosa, con un cutis de pétalos de rosa y un olor como de astros y de nubes.
«¡Qué suplicio el del parto! ¡Cuál estreno! Fruto de humano amor cumple lo escrito: no se desgaja sin romper un seno y no respira sin lanzar un grito! Fausto auroral surgió del horizonte; y a la sangrienta luz que despuntaba, y en el aroma del cercano monte, y en las perlas de un trino de sinsonte, ¡ay! la madre infeliz agonizaba. Por hemorragia sucumbió al puerperio. El cadáver cayó bajo el imperio de la Química, numen de las cosas; y es en el más humilde cementerio polvo siempre fecundo en tuberosas. Pero alma de valer, limpia y cristiana, yergue aliento que nunca se consume; y aquélla se fué a Dios como un perfume, disuelta en el carmín de la mañana.
«El pobre viudo encaneció en un día. ¡Cuan tierno y delicado a la pequeña el que antes, por su indúctil ardentía, resultaba feroz bajo la enseña!
O CULTURA
Arrapiezo el «bebé», y en la dulzura del mimo, y al alcance de la mano, campó sin probar gota de amargura. ¡Frágil y bullidor, lindo y ufano colibrí del vergel de la ventura! Su aspecto de pictórico angelito, su in\entiva, su charla, su despejo, aliviaban con bálsamo exquisito el ulcerado corazón del viejo.
«¡Precoz muchacha! con presteza suma se adiestraba en su hogar, según crecía; y llegó con el medro de la espuma a la nubil y sacra lozanía. Y en gusto y dignidad honró penates, y en cuidar su conducta puso esmero; y escuchando episodios de combates, retempló su virtud como un acero. Jamás anduvo en triscas de festines; y sola con sus caras aficiones, vivió en intimidad con sus jazmines y hablábase de tú con sus gorriones. Su pensamiento, si salvaba el muro, era de fijo en el espacio, allende, como el soplo sutil, cimero y puro que por alto pinar vibra y trasciende».
Al estro el narrador detuvo el giro, y luego continuó, tras un suspiro.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I I I
«Al destino la dicha es una injuria y el oasis un tósigo al desierto. El anciano «enfermó» de albuminuria y con la virgen transladóse al puerto. Arriba está. Malísimo, por cierto, y de congoja convertido en furia. La bella y santa joven, — que reside no lejos, en unión de unas beatas, — acude con frecuencia y lo decide a someterse a pócimas y natas. Y bebe horrible hiél en vasta copa; y con firme palabra y sin misterio, dice que pronto marcharáse a Europa a gemir su orfandad a un monasterio. Musca jerga y nevada muselina ofrecen a la mártir hechicera disfraz de prodigiosa golondrina, palma en inmarcesible primavera »
Veracruz. Hospital de San Sebastián. Mayo de 1,895,
CLAUDIA.
Con hermana y cuñado veranea en quinta señoril, sobre un ribazo, asiento y gracia de salubre aldea.
112 CULTURA
Y no para en el rústico regazo; y es como una paloma que aletea por eludir o quebrantar un lazo.
¡Un amor doloroso e inconfeso que le punza la sien como una espina, y que le sella el labio como un beso; y que no es como un fruto que se inclina en débil fibra, por el grave peso, y cae a la primera ventolina!
Como helénica estatua, por la suma corrección de la forma; tez morena; negror y lustre de corvina pluma en la rizada y pródiga melena; y ojos que afectan, en su gris de bruma, transparencias de linfa sobre arena.
¡Y qué voz! ¡Cómo vibra en cada nota! Cambia de timbre y tono en un instante. Emperlada y sutil fluye y borbota, cual por lecho de guijas onda errante; y en transición violenta rompe y brota con aristas que hirieran el diamante.
¡Hermosura infeliz! Arrostra y huella fiero cráter; y a guisa de aureola, ciñe y carga en la frente una centella. A un deber sacratísimo se inmola; y arde con el sigilo de una estrella en los nublados indistinta y sola.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I I 3
Prueba coraza en donde sufre injuria; halla en su doble ser ímpetu y traba; y hervorosa de honor y de lujuria, y a un mismo tiempo meritoria y prava, muestra el pesar, la humillación, la furia de una deidad que se sintiera esclava.
Huye del trato y se resiste al brillo; y busca en el encierro una quimera: la paz del corazón puro y sencillo. ¡Como si por milagro consiguiera, al golpe de la puerta en el pestillo, burlar sus cuitas y dejarlas fuera!
En pequeño batel hiende la rada, rigiendo con primor caña y escota; y dice a la tormenta: «camarada»! Y en el peligro y sin temerlo flota; y de todo su afán no arroja nada en su curso y su grito de gaviota!
¡Pobre mujer! Al rayo de la Luna, pasea su desvelo y su histerismo, lamentando el rigor de su fortuna. Conversa con un faro del abismo; y a los misterios de la noche aduna su secreto, su oprobio, su heroísmo.
¡Admirable' amazona la doncella! Pide un corcel, y en el sillín se planta, nerviosa y ágil, cimbradora y bella;
114 CULTURA
y parte con un nudo en la garganta;
y compele y fustiga y atropella
¡y a su cruel torcedor no se adelanta!
Porta en alto su nombre, como el lirio su estambre, la palmera su verdura, su airón el casco, su fulgor el cirio, la íe su emblema y el volcán su albura, y a veces los antojos de un delirio infiernan a la extraña criatura.
Y en el espasmo súbito que al vuelo de la colgante y columpiada soga muerde y crispa las carnes del chicuelo, - Claudia, gime, se increpa, se desfoga,
y a pezones erguidos mira el cielo, y aun osa blasfemar, porque se ahoga.
Y luego ante una efigie se arrodilla;
y ¡av! no logra en la espuma del torrente aferrarse a la rama de la orilla. Plañe y ora, confusa y penitente; dase a Dios, azorada y amarilla; y en un vértigo va por la corriente!
¡Ciega y tenaz la religión del triste que demanda mercedes que no alcanza y en adorar por obtener insiste! ¡Cándida y portentosa confianza en una Providencia que no existe en otra inmensidad que la esperanza!
SALVADOR DIA2 MIRÓN I 1 5
# *
Cabe un lago de múrice, — como radial corona, o escudo excelso y nítido, el Sol occiduo esplende; y por el claro piélago inflada y sesga lona resbala, con un ósculo del astro que desciende.
El mísero casucho y la soberbia granja ostentan igual fausto, bermejo al par que blondo, y entre plomizas nubes aurina y crespa franja corta de Oriente a Ocaso el curvo y zarco fondo.
¡Mirífico el paisaje! Cromáticos vapores ruedan en copos fúsiles, que un hálito desliga; y de arrebol purpúreos los bueyes aradores surcan los mondos predios y mugen de fatiga.
En áspera y herbosa ladera que dilata sus pliegues en profuso y ameno desarrollo, lanuda grey blanquea, como bullente plata que sobre ponto glauco revela oculto escollo.
En el confín las cumbres, cubiertas de celajes, suspenden y subliman la extremidad agreste. Así en pos de una procer las manos de los pajes levantan y sustentan la fimbria de la veste.
El fango en la hondonada resulta pedrería; los pájaros gorjean en tumultuario coro; y oblicuo el trapo túrgido, el barquichuelo estría un mar que arruga en rasos el índigo y el oro.
IIO CULTURA
Pero por amplio rumbo, abajo abierto adrede, la nave se rellena de líquido salobre. La tarde se destiñe y a la penumbra cede y el magno dombo asume la pátina del cobre.
Obscuro y vago aspecto de lira se dibuja al Noroeste; rachas con lúgubre harmonía llegan; y el agua es cólera que gruñe y salta y puja y con fragor voltea nevada serranía.
Y cual humoso aroma venido por encanto desde una catacumba que la piedad inciensa, una melancolía de iglesia y campo santo
se añade augusta y fúnebre a la borrasca intensa.
Sentada en el esquife, y con sayal de luto, y sueltos en dos alas convulsas los cabellos, y al firmamento el rostro, ya cárdeno y enjuto, la joven ve apagarse los últimos destellos.
Y en su ánimo y su orgullo, que de temblaría eximen, se forja en la catástrofe patrañas prodigiosas: figúrase que reina en el horror de un crimen
tan grande, que perturba el orden de las cosas.
Rabia y estruendo y caos. Ni un plácido reflejo. Ni rútilos encajes, ni sábanas carmíneas. ¡Hostil y enorme cúpula, como de bronce viejo, arquea, parda y próxima, sus implacables líneas!
¡Hora siniestra y larga, fatídica y suprema! El bote combatido e hidrópico se hunde;
y cual de miedo loca, la vela en jiras trema en las silbantes ráfagas; y la tiniebla cunde.
¡Ola que airada y túmida y resonante meces en tus agruras íntimas el trágico despojo: ten lástima y resérvalo al hambre de los peces, o recogido y grávido publicará un sonrojo!
AVERNUS.
El es un recio astur, que se reputa claro y puro y tenaz como un diamante; y ella una montañesa, — diminuta como todo primor, — suelta y picante.
Y en una quiebra, convertida en huerto, habitan, por azares, un casucho, con un mozo andaluz, guapo, despierto, y en corromper a las labriegas ducho.
El marido es feliz. Tiene por Norte el propio ensueño en la fortuna extraña: conservar el amor de la consorte, y con él y un caudal volver a España.
•Oh ilusión, rica y tenue como un halo! Eres gracia y piedad y no ironía. El dios propicio, que sucumbe al malo, te insufla, porque brega todavía!
O CULTURA
¡Espantoso el temblor, que de improviso cambia el curso a las linfas, y despeña la roca y el alud, y agrieta el piso, y torna el pobre hogar montón de leña!
El campesino acude; y en acento que al mismo pedernal abriera estría, arroja como un dardo al firmamento un nombre de mujer: el de María.
¡Luto y desolación! ¡Ruina y tortura! — El mísero patán busca y remueve; y, tras larga faena, se figura que percibe un albor como de nieve.
Escombra con afán y se aproxima. . . . ¡Y ve dos cuerpos cual de mate yeso, desnudos, enlazados, uno encima del otro, muertos en la flor del beso!
El Poniente descoge su escarlata; y, como signos de crudeza y lloro, Selene muestra su segur de plata y Véspero su lágrima de oro.
¡Desdichado Ginés! Odia la vida, y arma la diestra con agudo acero - - ¿En dónde los despojos del suicida? En sepulcro sin cruz y sin letrero.
En fosa que la grama disimula, al pie de un árbol que resulta emblema,
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I I 9
pues parece un dolor que gesticula en una contorsión brusca y suprema.
Del zafio, cuya forma ya no existe, el espíritu aun es; — y con sus celos, igualmente inexhaustos, vaga triste y colérico y solo por los cielos.
Y con voz de retumbo de caverna lanza en la sombra pavoroso grito: «¡Maldición para el alma, por eterna, ¡ay! porque su tormento es infinito!»
NOTA. — En un periódico, cuyo título no recuerdo, leí, en la «sección de variedades», una prosa anónima, una relación primorosamente lúgubre. — Un hombre joven, hermoso, noble y rico, habitaba en Italia un campestre palacete, en unión de su esposa, a quien adoraba, y de la cual creía ser muy querido. La mujer era bellísima; pero pérfida contóla onda. Un terremoto sacudió la comarca, y echó abajo la opulenta mansión rústica. El marido estaba ausente. A su vuelta, dio con las ruinas de su casa y de su felicidad;— y, haciendo enormes esfuerzos, sacó de los escombros
dos cadáveres desnudos y enlazados: el de la cónyuge y el de un amante desconocido. Y perdióla razón. —
Mi «Avernus» procede de ahí. Tomé el fondo de la narración, puse otras circunstancias, y jugué con la idea de la inmortalidad del alma.
I ¿O CULTURA
CINTAS DE SOL.
La joven madre perdió a su hijo, se ha vuelto loca y está en su lecho. Eleva un brazo, descubre un pecho, suma las líneas de un enredijo.
El dedo en alto y el ojo fijo, cuenta las curvas de adorno al techo, y muestra un rubro pezón, derecho como en espasmo y ardor de rijo.
En la vidriera cortina rala tensa y purpúrea cierne curiosa lumbre, que tiñe su tenue gala.
Y roja lengua cae y se posa y con delicia treme y resbala en el erecto botón de rosa!
Cerca el marido forma concierto: ofrece al torpe fulgor del día desesperada melancolía; y en la cicuta prueba el desierto'
¡Ah! Los olivos del sacro huerto guardan congoja ligera y pía.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 12
El hombre sufre doble agonía: la esposa insana y el niño muerto!
Y no concibe suerte más dura; y con el puño crispado azota la sien, y plañe su desventura.
Llora en un lampo la dicha rota; y el rayo juega con la tortura y enciende un iris en cada gota!
Así la lira. — ¿Qué grave duelo rima el sollozo y enjoya el luto, y a la insolencia paga tributo, y en la jactancia procura vuelo?
¿Qué mano digna recama el velo y la ponzoña del triste fruto, y al egoísmo del verso bruto inmola el alma que mira el cielo?
La poesía canta la historia; y pone, — fértil en pompa espuria, — a mal de infierno burla de gloria!
Es implacable como una furia, y pegadiza como una escoria, e irreverente como una injuria!
122 CULTURA
BEATUS ILLE
¡Oh paz agreste! ¡Cuánto a quien se acoge a ti brindas provecho!
¡Con qué divino encanto
llenas de olvido el pecho ¡ay! a torturas y a furores hecho!
De la candida oveja que a sombra trisca en hondonada bruna,
o la cabra bermeja
que asoma en alta duna su hocico rojo de carmín de tuna, —
ubre sana y henchida regala el apetito, aquí no escaso,
con leche que, bebida,
vale a dormir al raso y deja untado y azuloso el vaso.
¡Mesa digna de un justo ¡oh Gay! la tuya, que de carne y vino
te guarda exento el gusto,
y no a perder el tino es ocasión, ni a víctimas destino!
Égloga virgiliana abre y radica en tu heredad el seno, y de tu boca mana
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 23
en trasunto sereno y con almíbar oloroso a heno.
Antigua prez no humilla claro vestigio a torpe muchedumbre:
él en tu ingenio brilla,
como postrera lumbre de occiduo sol, en levantada cumbre.
¡Plácidos ios que orean mi frente, que a baldón opone orgullo,
hálitos que menean
las frondas, con murmullo grato al reposo, cual materno arrullo!
Mas no Favonio engríe el deifico laurel. Zozobras calma,
y susurrando ríe
de la ceñida palma, con un desprecio que perfuma el alma!
¡Oh paz agreste! ¡Cuánto a quien se acoge a ti brindas provecho!
¡Con qué divino encanto
llenas de olvido el pecho ¡ay! a torturas y a furores hecho!
A la culta o salvaje corriente del vivir marcas y ahondas
recto y seguro encaje,
que por arenas blondas al mar la lleva en sosegadas ondas.
124 CULTURA
Sobre anónima huesa árbol piadoso y tétrico derrumba «guirnalda que le pesa», pompa que treme y zumba y caricia y plañido es a la tumba.
La madre tierra es leve al cadáver que allí se desmorona, que sólo a un sauce debe, — en los palmos que abona, — copioso llanto y liberal corona.
¡AUDACIA!
Basta de timidez. — La gloria esquiva al que por miedo elude la pelea y con suspiros lánguidos rastrea, acogido a la sombra de la oliva.
Sólo una tempestad brusca y altiva encumbra la pasión y la marea, y en empinados vórtices pasea el abismo de abajo en el de arriba!
;Oh rebelde! Conquista la presea; goza de la hermosura inebriativa y horror a los demás tu dicha sea!
Arrostra por la gracia la diatriba, y en empinados vórtices pasea el abismo de abajo en el de arriba!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 12^
A TI.
Portas al cuello la gentil nobleza del heráldico lirio; y en la mano el puro corte del cincel pagano; y en los ojos abismos de belleza!
Hay en tus rasgos acritud y alteza, orgullo encrudecido en un arcano; y resulto en mi prez un vil gusano que a un astro empina la bestial cabeza!
Quiero pugnar con el amor; — y en vano mi voluntad se agita y endereza, como la grama tras el pie tirano!
Humillas mi elación y mi fiereza; y resulto en mi prez un vil gusano que a un astro empina la bestial cabeza!
Xalapa. El 25 de mayo de 1,901.
A ELLA.
Semejas esculpida en el más fino hielo de cumbre sonrojado al beso del Sol, y tienes ánimo travieso, y eres embriagadora como el vino!
126 CULTURA
Y mientes: no imitaste al peregrino que cruza un monte de penoso acceso, y párase a escuchar con embeleso un pájaro que canta en el camino.
Obrando tú como rapaz avieso, correspondiste con la trampa el trino, por ver mi pluma y torturarme preso!
No así el viandante que se vuelve a un pino y párase a escuchar con embeleso un pájaro que canta en el camino.
Xalapa. El 27 de mayo de 1,901.
dup:lo.
Llego entre dos esbirros, que no dudan de que a un monstruo feroz guardan y aquietar Gritos desgarradores me saludan y brazos epilépticos me aprietan.
Suspenso en el umbral callo y vacilo Alto y grueso blandón muestra y agrava con lampo incierto el espantable asilo.
La llama treme al soplo, sesga y flava
¡Pugna por arrancarse del pabilo y huir de penas que ilumina esclava!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 27
Sobre mezquino y enlutado lecho, y en negro traje que semeja extraño, y las manos unidas en el pecho, y al vientre hielo y en la faz un paño, el cuerpo yace inmóvil y derecho.
Y ante la forma en que mi padre ha sido, lloro, por más que la razón me advierta que un cadáver no es trono demolido, ni roto altar, sino prisión desierta.
¿Qué amigo que no acuda y me acompañe? La turba, que penetra sin permiso, rodea el c?tre funeral y plañe; y en el cercano templo el bronce tañe lento y lúgubre adiós al manumiso.
Al pueblo el bardo es gracia y no carcoma. Es como el floripondio de la linde que candido y triunfal surge y asoma, y al polvo de la senda torna y rinde el noble cáliz y el piadoso aroma.
¡Oh ingenio que subiste, que arribaste al eminente y suspirado extremo! ¿Por qué de la fortuna te quejaste en los acentos del dolor supremo?
¡Ay de mí, que rabioso en un erío y a mitad de la ruta estoy parado; que anhelo y lucho por cruzar un río y no hallo puente, ni batel, ni vado;
128 CULTURA
y miro allá, por campo labrantío la fausta meta en el opuesto lado, y el Sol morir, con victorial decoro, bajo un dosel de púrpura y de oro!
Oigo decir de mi destino a un chusco: «Talento seductor; pero perdido en la sombra del mal y del olvido — . Perla rica en las babas de un molusco encerrado en su concha y escondido en el fondo de un mar lóbrego y brusco . . . . »
En sublime absorción hurgo la mente: medito con asombro en ese paso de todas las estrellas a un Ocaso
que allende una ilusión resulta Oriente
Y me inclino arrobado y reverente.
Veracruz. El 4 de enero de 1,895.
EL FANTASMA.
Blancas y finas, y en el manto apenas visibles, y con aire de azucenas, las manos — que no rompen mis cadenas
Azules y con oro enarenados, como las noches limpias de nublados, los ojos — que contemplan mis pecados:
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 29
Como albo pecho de paloma el cuello; y como crin de sol barba y cabello; y como plata el pie descalzo y bello,
Dulce y triste la faz; la veste zarca Así, del mal sobre la inmensa charca, Jesús vino a mi unción, como a la barca.
Y abrillantó a mi espíritu la cumbre con fugaz cuanto rica certidumbre, como con tintas de refleja lumbre.
Y suele retoñar; y me reintegra
la fe que salva y la ilusión que alegra; — y un relámpago enciende mi alma negra.
Cárcel de Veracruz. El 14 de diciembre de 1,893.
PINCELADAS.
Pardas o grises, donde no musgosas, tres tapias; y cuadrando el vergelillo, reja oculta en verdor florido en rosas, que son como de un ámbar amarillo. —
Césped. — Un pozo con brocal de piedra. Lirios. — Nardos. — Jazmines. — Heliotropos. Un copudo laurel que al sesgo medra, con telarañas como grandes gropos. —
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Un firmamentü rubio. — Vésper brilla, a manera de lágrima que brota y que creciente y única se orilla para efundir o evaporar su gota. —
Bien lejos, y en un arco de horizonte, rica y negral vegetación abunda; y excediendo los pliegues de tal monte, y en símbolo de tierra tan fecunda,
volcán enhiesto y cónico alardea, como en robusta madre teta erguida que se vierte de túmida y albea medio empapada en su licor de vida!
Como tenue labor, hecha con vaga nieve ideal por manes de chicueios, y que lenta fusión merma y estraga en la sublime curva de los cielos, —
un trasunto se borra en una nube: el de un ángel monstruoso por deforme. - Gloria. Silencio. Paz. — La Luna sube del término del mar, flava y enorme.
Asciende y disminuye y palidece; y en el cerco irisado que la inviste como de sacra majestad, — parece la cabeza de un dios enfermo y triste.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 131
Y su místico imán turba la calma, y prende una ala torpe al grave anhelo, y suscita en el ponto y en el alma ciego y estéril ímpetu de vuelo.
IDILIO.
A tres leguas de un puerto bullente que a desbordes y grescas anima, y al que a un tiempo la gloria y el clima adornan de palmas la frente, hay un agrio breñal, y en la cima de un alcor un casucho acubado, que de lejos diviso a menudo, y rindiéndose apoya un costado en el tronco de un mango copudo.
Distante, la choza resulta montera con borla y al sesgo sobre una mollera.
El sitio es ingrato, por fétido y hosco. El cardón, el nopal y la ortiga prosperan; y el aire trasciende a boñiga, a marisco y a cieno; y el mosco pulula y hostiga.
La flora es enérgica para que indemne y pujante soporte la furia del soplo del Norte,
132 CULTURA
que de octubre a febrero no es rara,
y la pródiga lumbre febea,
que de marzo a septiembre caldea.
\i\ Oriente se inflama y colora, como un ópalo inmenso en un lampo, y diíunde sus tintes de aurora por piélago y campo. Y en la magia que irisa y corusca, una perla de plata se ofusca.
Un prestigio rebelde a la letra, un misterio inviolable al idioma, un encanto circula y penetra y en el alma es edénico aroma. Con el juego cromático gira, en los pocos instantes que dura; y hasta el pecho infernado respira un olor de inocencia y ventura. ¡Al través de la trágica Historia, un efluvio de antigua bonanza viene al hombre, como una memoria, y acaso como una esperanza!
El ponto es de azogue y apenas palpita. Un pesado alcatraz ejercita su instinto de caza en la fresca. Grave y lento, discurre al soslayo, escudriña con calma grotesca, se derrumba cual muerto de un rayo, sumérgese y pesca.
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 33
Y al trotar de un rocín flaco y mocho, un moreno, que cine moruna,
transita cantando cadente tontuna de baile jarocho.
Monótono y acre gangueo, que un pájaro acalla, soltando un gorjeo.
Cuanto es mudo y selecto en la hora, en el vasto esplendor matutino, halla voz en el ave canora, vibra y suena en el chorro del trino!
Y como un monolito pagano,
un buey gris en un yermo altozano mira fijo, pasmado y absorto, la pompa del orto.
* #
Y a la puerta del viejo bohío que oblicuando su ruina en la loma se recuesta en el árbol sombrío, — una rústica grácil asoma,
como una paloma.
Infantil por edad y estatura, sorprende ostentando sazón prematura: elásticos bultos de tetas opimas; y a juzgar por la equívoca traza, no semeja sino una rapaza que reserva en el seno dos limas!
34 CULTURA
Blondo y grifo e inculto el cabello, y los labios turgentes y rojos, y de tórtola el garbo del cuello, y el azul del zafiro en los ojos. Dientes albos, parejos, enanos, que apagado coral prende y liga, que recuerdan, en curvas de granos, el maíz cuando tierno en la espiga. La nariz es impura, y atesta una carne sensual e impetuosa; y en la faz, a rigores expuesta, la nieve da en ámbar, la púrpura en rosa, y el júbilo es gracia sin velo y en cada carrillo produce un hoyuelo.
La payita se llama Sidonia. Llegó a México en una barriga: en el vientre de infecta mendiga que, del fango sacada en Bolonia, formó parte de cierta colonia y acabó de miseria y fatiga.
La huérfana ignara y creyente busca sólo en los cielos el rastro; y de noche imagina que siente besos ¡ay! en los hilos de un astro. ¿Qué ilusión es tan dulce y hermosa? Dios le ha dicho: «sé plácida y bella; y en el duelo que marque una fosa pon la fe que contemple una estrella»!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 35
¿Quién no cede al consuelo que olvida? La piedad es un santo remedio; y después, el ardor de la vida urge y clama en la pena y el tedio y al tumulto y al goce convida. De la zafia el pesar se distrae, — desplome de polvo y ascenso de nube. ¡Del tizón la ceniza que cae y el humo que sube!
La madre reposa con sueño de piedra. La muchacha medra.
Y por siembras y apriscos divaga con su padre, que duda de serlo; y el infame la injuria y estraga y la triste se obstina en quererlo. Llena está de pasión y de bruma, tiene ley en un torpe atavismo,
y es al cierzo del mal una pluma .
¡Oh pobreza! ¡Oh incuria! ¡Oh abismo!
Vestida con sucios jirones de paño, descalza y un lirio en la greña, la pastora gentil y risueña camina detrás del rebano.
Radioso y jovial firmamento. Zarcos fondos, con blancos celajes
136 CULTURA
como espumas y nieves al viento esparcidas en copos y encajes.
Y en la excelsa y magnífica fiesta, y cual mácula errante y funesta, un vil zopilote resbala, tendida e inmóvil el ala.
El sol meridiano fulgura, suspenso en el Toro; y el paisaje, con varia verdura, parece artificio de talla y pintura, según está quieto en el oro.
El fausto del orbe sublime rutila en urente sosiego; y un derribo de paz y de fuego baja y cunde y escuece y oprime.
Ni céfiro blando que aliente, que rase, que corra, que pase.
Entre dunas aurinas que otean, — tapetes de grama serpean, cortados a trechos por brozas hostiles, que muestran espinas y ocultan reptiles. Y en hojas y tallos un brillo de aceite simula un afeite.
La luz torna las aguas espejos; y en el mar sin arrugas ni ruidos
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 37
reverbera con tales reflejos, que ciega, causando vahídos.
El ambiente sofoca y escalda; y encendida y sudando, la chica se despega y sacude la falda, y así se abanica.
Los guiñapos revuelan en ondas. . . . La grey pace y trisca y holgándose tarda . .
Y al amparo de umbráticas frondas la palurda se acoge y resguarda.
Y un borrego con gran cornamenta y pardos mechones de lana mugrienta, y una oveja con bucles de armiño, — la mejor en figura y aliño, -
se copulan con ansia que tienta.
La zagala se turba y empina ....
Y alocada en la fiebre del celo, lanza un grito de gusto y anhelo . . . ¡Un cambujo patán se avecina!
Y en la excelsa y magnífica fiesta, y cual mácula errante y funesta,
un vil zopilote resbala, tendida e inmóvil el ala.
138 CULTURA
ÓPALO.
A la vieja necrópolis me arrimo; y en el tumulto del desborde rimo
la postrera canción, no conforme a la Lógica y al Arte, sino según el verso brinca y parte
del mismo corazón!
Así surgida de la oculta vena el agua pura se levanta y suena
en curva de cristal; y al extremar la iridiscente ojiva, toca en tierra y se alarga fugitiva,
caprichosa y triunfal!
¡Cuál voy! — El hombre labra su fortuna, como el río su cauce; mas la cuna
y el medio siempre son arbitros ¡ay! para las dos corrientes, pues que dan a las linfas y a las gentes
impulso y dirección!
Si resulté raudal turbio de cieno y espumante de cólera en un trueno,
en un fragor de alud, — la margen verdeció, y un espejismo puso en mí, como prez, el otro abismo: el de la excelsitud!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 139
Entro.— Hierbas y nichos y pendientes: ponto con arrecifes y rompientes! —
Alzo de polvo un lar: un caracol cuyo tortuoso hueco reproduce al oído, como un eco,
el murmullo del mar!
Ando en maleza vil donde no hay rutn; y el temor a una víbora me inmuta,
cuando aventuro el pie. — Una virtud suprema y exquisita baja del firmamento y precipita
la zozobra en la fe!
Lleno de la esperanza de la gloria, y arrostrando la inquina, y en la escoria,
vuelvo al éter la íaz, miro esplender la eternidad del cielo, y reporto a mis lágrimas consudo y a mis enconos paz!
Mi espíritu de bronce con acíbar se torna cera que desprende almíbar.
D'Annunzio dice bien: la sazón lleva plácido atributo, y dulcifica el alma, como el fruto,
aunque mina el sostén!
Con los jaspes del ónix mexicano, la tarde brilla en el inmenso vano, en la veste de Ormuz; —
HO CULTURA
y el pobre y aflictivo cementerio refleja en su abandono y su misterio la policroma luz!
Un adiós, hecho turba de colores, como el de triste madre suelto en flores
a muerto chiquitín, radia en el dombo, que prepara luto y luminaria, por el Sol hirsuto
que cayó en el confín!
Al rin?ón venerable llego al cabo. Hurgo la herida con el propio clavo,
memoro trance cruel; y ante un espectro gemebundo y bronco, reclino intenso afán en firme tronco
de cercano laurel!
Trepadora vivaz orna la tumba, que al estrago del tiempo se derrumba,
exenta de inscripción; y en la cruz una ráfaga menea follaje que parece que chorrea
lastimero festón!
Laúd solemne, sensitivo y pulcro, enmudeció a la orilla del sepulcro
que atesta olvido tal
A ti mi libro fiel ¡oh poesía, honrada solamente por la mía
y la de un vegetal!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 4
Y a vos, dama gentil, soberbia y dura, que guardáis en desdén y en hermosura
un cadáver de amor! Planto y riego distinta enredadera para que gane cumbre más severa,
ídolo superior!
ÚLTIMOS POEMAS
SALVADOR UIAZ MIRÓN r 45
A UN PESCADOR.
En buen esquife tu afán madruga: el firmamento luce arrebol; grata la linfa no tiene arruga; la blanca vela roba en su fuga visos dorados al nuevo sol.
Pero prorrumpes en canturía que inculta y pobre mueve a llorar: oigo la ingenua melancolía del que inseguro del pan del día surca y arrostra pérfido mar!
Tímida y mustia por los recelos tu mujercita dirá: — «Señor, une las aguas, limpia los cielos: cuida y conduce, por los chicuelos, la navecilla del pescador!»
ADOPCIÓN.
Acojo al recién nacido, al polluelo cuyo nido se perdió en la tempestad.
146 CULTURA
No vacilo irresoluto;
y el pobre huérfano es fruto
de dulce perversidad.
En el humus, que prodiga fuerte savia, la boñiga estuvo en fermentación. No temo por el infante, porque miro en el diamante el progreso del carbón.
¡Cuan obscuro el atavismo! Hay quien cobra del abismo piedad, ingenio, salud. En la cópula el pecado, como el fimo en el sembrado, pone a veces gran virtud!
Antes y después y ahora, suerte insegura y traidora, y hermano de Abel Caín: prole que gallarda y fea traza curva que serpea del demonio al serafín!
Montes y valles en fuga — , Un piélago que se arruga al soplo del huracán, y que tímido y aleve hace con índigo y nieve cumbres y fosos que van!
SALVADOR DÍAZ MIRoN I 47
Leyenda pueril o estulta la raza que no resulta varia en sejo y corazón, y que libre, no resbala procer, húmil, buena y mala, camino del panteón!
El río labra su lecho; y torcido y no derecho asocia, en curso de azar, detritus, piedras, hervores, tersuras, brillos y flores; y rueda con todo al mar!
EN FUGA.
Arrostrando la ventisca, la noche obscura y arisca, huellas campo de labor, y andas en brega por gusto, menos contrita de susto que temeraria de amor.
Y oblicua en tenaz esfuerzo contra el impulso del cierzo y en dos alas el pendil, mientes enorme lechuza que razando el suelo cruza soledad negra y hostil.
14^ CULTURA
Recóndita magia puebla de fantasmas la tiniebla; y por hórrida virtud, el objeto más tranquilo asume torvo sigilo y formidable actitud.
Grave protesta palpita. Solemnidad infinita parece bajar de Dios. Vuelves a un ruido la cara, y ver una forma rara que viene y amaga en pos.
Y haces la cruz y con signo tan milagroso y benigno resguardas culpa soez; y al punto doblas tu audacia, y a percudir otra gracia das voz a tu avilantez.
Mascullas la letanía como una bestia cabría muerde inseguro rosal; y en el rigor de un misterio caminas al adulterio prendida en lumbre carnal!
Empero recapacito. La piedad en el delito augura la redención:
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 49
es duelo, rubor, espanto, y con el flujo del llanto purga y limpia el corazón.
¿Y qué mucho que a las preces recurras, cuando padeces pavura en tu frenesí? El barco perdido asoma
un mástil, una maroma
y el nauta se sube allí!
DE "TRIUNFOS."
Venus refulge plácida y sola, y un sueño pío decora el mal. Así la bruna y errátil ola súbitamente se tornasola, viniendo al brillo de algún fanal.
Hosco el recuerdo que no conjuro, que como en llama prende raíz! Tal en la roña del viejo muro la hiedra clava, con brote duro, el postrimero y agrio tapiz.
Dios dijo al astro: «Revela un poro, un intersticio de mi capuz; muestra un diamante de mi tesoro; y en la pupila turbia del lloro hinca una flecha de doble luz.»
150 CULTURA
Fiero el albatros obre cual hizo, guste procelas como antes yo, y en ellas triunfe gozando hechizo, y surto al aire parezca un rizo que de la espuma del mar saltó!
Freno seguro mi arrojo tasca, y arrumbo estoque, lanza y arnés. Toda una vida, que fué borrasca, fenece y cruje con la hojarasca que oprimo y rompo bajo los pies!
A nobles luchas nada me incita; conculco y mancho laurel de pro: el bardo sufre tremenda cuita, echando menos la tortolita que al aura obscura se le voló!
Gélido el río reposa y calla,- y no se funde para su bien. Aspiro el soplo de la batalla, y a veces vibro y el ocio estalla . . . y aquí la burla y allá el desdén!
Sauce de fosa mudo y tranquilo que, por impulsos del vendaval, vuelva el agobio, frustra el sigilo, plaga de acentos el sordo asilo, besa con tumbos el polvo igual!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 151
Hoyo impasible que un labio sella, y remembranza que incluye horror. . . . Y el alma busca distinta huella en el puntito de cada estrella mística y dulce para el dolor!
DENTRO DE UNA ESMERALDA.
Junto al plátano sueltas, en congoja de doncella insegura, el broche al sayo. La fuente ríe, y en el borde gayo atisbo el tumbo de la veste floja.
Y allá, por cima de tus crenchas, hoja (jue de vidrio parece al sol de mayo, torna verde la luz del vivo rayo, y en una gema colosal te aloja.
Recatos en la virgen son escudos; y echas en tus encantos, por desnudos cauto y rico llover de resplandores.
Despenas rizos desatando nudos: y melena sin par cubre primores, y acaricia con puntas pies cual flores.
I =¡2 CULTURA
PAISAJE.
et la Iune apparut sanglante,
et dans les cieux, de deuil envelcpée je regardai rouler cette tete couppée.
Víctor Hugo. — Les Chatiments.
Viejas encinas clavan visibles garras en la riscosa escarpa de la montaña: parecen vastas y desprendidas patas de inmensas águilas.
Sueño que sobre rasa mole, tamañas falcónidas pugnaban por arrancarla y al batir alas perdieron las hincadas piernas con zarpas.
Un arroyuelo baja deshecho en plata: resulta filigrana que corre y pasa, que gime y canta,
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 53
que semeja que arrastra risas y lágrimas.
En planicie lejana gramosa y glauca, reses vacunas pastan y a trechos braman, diseminadas por la gula y enanas por la distancia.
El crepúsculo acaba, y el cielo guarda matiz como de gama de luz en nácar. La luna salta, como sangrienta y calva cabeza humana!
A través de las ramas sube con pausa: su expresión es bellaca, burlona y sabia. Oh! qué sarcástica la roja, la macabra testa cortada!
Al cinto la canana y al hombro el arma, cruzo con poca maña maleza brava,
154 CULTURA
que me señala encuentros, con uñadas en las polainas.
La sombra se dilata parduzca y áurea, con transparencias de ágata sutil y extraña: asume trazas de humareda que apaga tintas de llamas.
El ábrego, con ráfaga fina y helada, sopla, y una fragancia mística y agria cunde; y en marcha sigo, con tumefacta y urgida planta.
Murmullo de plegarias confusas vaga, y una tristeza trágica me llena el alma. Oh! qué sarcástica la roja, la macabra testa cortada!
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 155
ASPECTO.
Luna clara resplandece. Cándido y mustio su brillo pule al naranjo las hojas, entra por los intersticios, y tan roto se derrumba, que al polvo llega en añicos, en trozos desparramados, que resultan convulsivos si un soplo de aura menea las frondas del árbol mismo.
\l insensata pena suíro: los fragmentos de albor místic se me antojan el estrago de fúlgido ensueño mío, que se fué abajo, y quebróse por caer de un alto espíritu! Así en redor del arranque del tronco, el suelo está pinto de nácar y sepia, como la piel de un jaguar mirífico!
56 CULTURA
ODA MÍNIMA.
Un quídam sube hacia crestón celeste; y del rútilo sol, que ya declina, sesga el aspa de luz encarnadina me sonrosa la veste.
A posar en altura el necio corre. {Qué mucho? La cigüeña sin empacho corona de risible mamarracho la punta de la torre!
Sirvo a deidad que avilantez inmuta que sólo a genio y a virtud convida al esplendor de mejorar la vida y embellecer la ruta.
Prendas hay en mi espíritu y lo exploro; y de buzo trabajo por cojerlas: y logro al fin desentrañar las perlas, y las engarzo en oro.
Irgome luego con encanto justo, y arrojo grito en que mi fe se parte: primero Jove, y en seguida el Arte, flor del Sentir y el Gusto!
ALVADOR DÍAZ MIRÓN IS
EL INGENIOSO HIDALGO.
Después de leer el bello libro de Francisco Navarro Ledesma.
El manco en un rincón gime y ayuna; y. digno de pisar bicorne luna, encorvóse a escribir en hambre y duelo.
Y su historia proclama duro al cielo, e incapaz de rubor a la Fortuna.
Pero doy con fantasma que me deslumhra y pasma.
En rocín, que presumo que no piensa, un loco se apercibe a la defensa.
Y triste la figura se renombra;
y oblicuo el rayo la proyecta en sombra
¡Oh hundido sol! tus lumbres quedan fijas en cumbres.
vindicativa, inacabable, inmensa
A cimas eminentes que recamas, descubro tintes a través de ramas de vivido laurel; gualdas y rojos, penétranme, sorbidos por los ojos, y al numen llevan su matiz de llamas! Quien por justicia lucha demanda encierro y ducha.
58 CULTURA
¡Ay del que a malandrines y follones embiste con aceros o baldones, y demuestra virtud y obra jactancia! ¡Un Quijote no inspira tolerancia sino exclusivamente a los leones!
Y al insano saludo,
pues que soylo a menudo.
Así, calzado de coturno griego, rebusco gloria conculcando fuego! Si hermosura y prestigio alientan alma, se brindan a ocasión de riesgo y palma, y exhiben el trasunto del Manchego! Ahora el bardo habita heredad como ermita.
Y el tránsito del tiempo me consume entre mirra floral y tiorba insume. Y en predio propio versifico y planto: que reputo divino el son del canto y precioso el silencio del perfume. No creáis que amortiguo el ardimiento antiguo.
Siempre que procer o tumulto amaga • resiento injuria en escozor de llaga: tornóme paladín, y alzo en palestra lírico gusto, como armada diestra, rútilo grito, como fiera daga!
Y luego, como en nube, reveo a un querube. . . .
SALVADOR DÍAZ MIRÓN I 59
El lloro en la pestaña se le irisa: gotuela pudibunda e indecisa, trémula y sin rodar, última y sola; y un estremecimiento de corola trunca en su labio la postrer sonrisa!
Válida y noble musa,
no ya sigas reclusa!
Linfa desborde y en raudal se vierta! No por suburbio de escondida huerta, y muy abajo en el profundo pozo, agua que del azul refleja un trozo pudra su vidrio de mirada muerta!
Onda, sal a llanura
y brilla émula y pura!
Levanta, campeón! Ve peregrino y próvido a los lances del camino; mas no barruntes, por febril y entero, gigantes en las odres del ventero, colosos en las aspas del molino! Grieta como de tumba silba, y el aura zumba. . . .
Apártate, neblí, que un cóndor vuela! Punta de mofa pasa mi rodela; y no dirá que de soberbia chusco parangono Himalaya con pedrusco y comparo con Sirio lentejuela!
I 6o CULTURA
A UN PROFETA.
Santa la poesía que a los parías anuncia el nuevo día y es tan consoladora! A tu ensueño de bardo el sol ya sube: el astro por vecino enciende aurora, y desde abajo del confín colora de topacio la nube.
Mas encorvas el pecho y abates la cerviz. Nunca derecho en surco el labrador que siembra el grano! Creyérase que inclinas los tributos, parecido al banano, que dobla la cabeza con los frutos y muere por servirlos a la mano!
Al ciego y al insano brindas luz y razón, y al hombre a veces multiplicas los panes y los peces. ¡Y lloras amargura! ¡E imprecas y te corres! ¡Y elevas los dos brazos, en figura de templo que sublima un par de torres!
Y estímulos de pena fecundan más la vena:
SALVADOR DÍAZ MTRON I 6 I
ondas acuden a la sed que abrasa; tienen un surtidor en cada herida; y no al flujo de vida fierezas ponen con injurias tasa: el río bulle y se desborda y pasa!
Virtud o vicio el estro saca del corazón dulce o siniestro, e induce al himno deleitable o torvo. Brisa cambiante que del medio asume el hálito en el sorbo! De mecer un jardín toma el perfume y de rasar un lodacero el morbo.
¿Laureles? No de iluso los demandes: ascensiones comienzan por caídas para las desmedidas envergaduras y los pesos grandes.
Así de cresta de tajada loma el buitre de los Andes brinca, y por un momento se desploma!
Buena lid, si al cabo en el broquel del bravo la gloria brilla hirsuta de saetas; y propicio el volcán del horizonte, si nevadas y grietas, para linfas y vetas, dañan la cumbre y el estribo al monte!
Pero no de la ira, traigas a la canción chispa que prenda en la turba tremenda furor que acuse de maldad la lira. No al árbol de la senda, no a la encina sagrada el trueno enrosque llama que cunda por el viento al bosque!
En obscura contienda la bronca Rebeldía pugna con la implacable Tiranía. Oh! que tu alma en su prez, hijo de Apolo, se ostente al mundo cual antorcha pía; y en la batalla de la fe y el dolo, arda y no queme, sino alumbre sólo!
AL BUEN CURA,
Hidalgo! no por ducho excito el estro; que a tu noble hazaña adeudo un himno; y en el habla lucho por hacerlo con mana; y concierto mi voz, que ni con mucho parece digna de ocasión tamaña!
Y el río bulle por la glauca vega, tímido, si cargado de coronas
SALVADOR DÍAZ MIRÓN 163
A menudo con ira ronca y ciega
el Atlántico brega
y ruge al recibir el Amazonas!
Místico y tributario, vengo a tu insigne majestad que asusta, a rendir, cual aroma, prez combusta en el oro de un fuego de incensario!
Hay crisis en que un hombre, ávido de justicia y de renombre, sirve a trocar la suerte; y entonces riñe a muerte combate de querube con vestiglo; y hoy una libertad, hija de un fuerte, consagra un esplendor que cumple un siglo!
Dios a veces agrava tribulación que abruma y que, tremenda por piadosa y brava, eleva inquina como el mar espuma, el monte hielo y el abismo lava!
Belígeras historias, que leíste por útiles memorias, junto a moreras o arrimado a vides, tuvieron en tus pugnas rica parte; ¡iban como sirenas a cantarte laureles de famosos adalides!
164 CULTURA
Pasión de íe se muda en brío y arma como encuentre ayuda. Bien que de linda rosa, que ríe apenas en hirsuta rama, la esencia de por sí cunda olorosa, mas lumbre que reposa mustia o discreta en el tizón, reclama soplos a urgir y a promover la llama!
Y sacerdocio te avivaba empeño: que cálices y píxides y cruces pedían en las aras a tu ensueño cuchillas y cañones y arcabuces!
A poco estabas listo, cual guerrero de Cristo, al sangriento y precioso apostolado; y en la noche oportuna traías en la veste como untado el brillo de la gloria y de la luna!
¡Goza palmas! No sierpe de diatriba se te atreva y enrosque! No un ave fugitiva arrojó por acaso, desde arriba, grano deyecto que produjo el bosque!
Revuélvome al pasado y miro y oigo a un hado ea horrísono tumbo de centella;
SALVADOR DÍAZ MIRÓN ló^
y respondo entusiasta y engreído
a fulgor y estampido:
oh tempestad propiciatoria y bella!
Ah! oero no en irreflexiva furia reverdezcáis antigua y seca injuria en contra del hermano, que de virtud rebosa: no intentéis percudir, como a tirano, al espíritu hispano, que siempre será cosa firme y enhiesta, principal y hermosa.
¿Mueras? A la desidia! La república envidia, como larva en capullo el ámbito del vuelo y del orgullo. . . . Y los patriotas en los negros tramos urdimos, trabajamos!
Procer! fausta crudeza cual de verdugo amigo, te puso por cabeza de nación que con dúplice testigo, su fértil orden, su inicial grandeza, acredita de sabia tu proeza!
Tinta de ala de aurora prende carmín cual de sonrojo en nube cárdena y turbadora
I 66 CULTURA
Esperemos en paz el sol que sube,
y alondras trinen por la nueva gracia,
en la dulce clemencia de la hora. . - .
¡Salve a Nuestra Señora
la Virgen Democracia,
que al ceño, a la inquietud y a la fatiga
llega en el resplandor de una cuadriga!
1 6 de Septiembree d 1910'