Poesía del mar · Unidad 13 de 38
Unidad 13 · LOS "BUSIS"
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LOS "BUSIS"
Llaman en Cádiz busis á unos botes pequeños, en los que apenas caben, con uno ó dos viajeros, los chavales que bogan, con viejísimos remos.
A veces, marchan muchos desperdigados, sueltos; tan menudos y alegres, tan libres y ligeros; t>ien por allá cruzando, trien por aquí bullendo... Y á veces, se congregan sobre la mar, á cientos; reposan muy tranquilos,
sosiéganse muy quietos, y al son del agua prueban la paz de largos sueños...
Oh, busis, camaradas de mi niñez, tan buenos; que, sin haber crecido, llegáis por fin á viejos ; que, sin haber gozado, siempre vivís risueños : con qué placer, tan vivo, despiertan mis recuerdos; con qué profundo gozo sobre la mar os veo, cuando á mi Cádiz, — ¡ Cádiz, ah, cuán ingrato !, — vuelvo.
¡Oh, los busis! Mil veces fui por el mar en ellos... Más que á gustar del vasto panorama, soberbio, con que la gran bahía sorprende en todo tiempo;
más que por ver, curioso, tantos buques diversos, mercantes ó de guerra, magníficos y nuevos, por disfrutar, á solas, en tales gratos senos, de un placer que es ventura y es salud; tan intenso, que es de los pocos gustos que á gusto saboreo... El placer inefable de infiltrar en mi pecho el aire que enriquece la mar con sus alientos ; el buen aire marino, francote, volandero, lleno de olor á sales, y como el mar tan bueno.
Siempre que pude, siempre,, cobré salud con ello. Por gozo tal suspiro siempre que el mar contemplo,, siempre que el agua cruzo de aquel amigo puerto...
Grato olor de los mares, tan sanos, tan inmensos: por tu favor, evoco mis más dulces recuerdos. ¡ Oh, mis hermosos días ! ; Oh, mis alegres tiempos ! Ay, era niño entonces... ¡y ya voy para viejo!
EN LAS ROMPIENTES
Desde pardas, firmes peñas, por gracia del Sol risueñas, que al mar airado quebrantan; grandes rocas, ribereñas, que sobre el mar se levantan,
miro á las olas llegar, decididas á saltar; las miro, después, romperse, y al fin, deshechas, cernerse, ya en espumas, sobre el mar.
Vienen, á cientos; hinchadas, vanidosas ; adornadas
con leves crestas de plumas ; que tal parecen, rizadas, sus blanquísimas espumas...
Llegan, con ansias crecientes; pavorosas, imponentes ; con alientos de titanes, ¡ como con locos afanes ! , ¡en contra de las rompientes!...
Las asaltan, sin temor, ganosas de acometer; con frenético temblor, con desatado poder, con tremebundo furor...
Y al ver que sus furias locas en las rocas se deshacen, — por sus aristas y bocas, — rugiendo se satisfacen, ; mientras las rasgan las rocas !
Mis penas fuesen así. Sus furias, al dar en mí, quebrantaran sus rigores; como las olas mayores y más terribles, aquí.
Dios Santo : mi voz te invoca. Termine mi vida loca. Dame, al fin, dichas serenas. ¡ Dame corazón de roca, donde se estrellen las penas !