Poesías completas : con doscientas diez composiciones inéditas · Unidad 59 de 196

Unidad 59 · LA INOCENCIA.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

LA INOCENCIA.

Cuando por el sol de Julio

Allí contempla tranquila

Agostadas las sábanas

El elemento que tala

La menor chispa de fuego

Los campos que le circundan,

Forma horribles llamaradas;

Y en la opuesta orilla para;

Sin oposición alguna

Así brilla la inocencia

El incendio se dilata

De la vida en las borrascas,

Y aniquila cuanto encuentra

Ni el fuego de las pasiones,

Llevado del viento en alas;

Ni la ambición la anonadan;

Mas en medio de un arroyo

Porque duerme en su conciencia

Pequeño islote se alza,

Y siempre que la amenazan.

Vestido de enredaderas

Cual manantial cristalino

Y coronado de palmas.

La cerca la Virtud Santa.

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ÜN CONSEJO A LAS BELLAS.

Sé que es arriesgado asunto Decir mal de las mujeres,

Y por eso en cosas tales He jurado no meterme;

Mas es bueno criticarlas Ciertas manías que tienen, Que son malas para ellas,

Y para los hombres, siempre. • Verbigracia, cuando niñas

Ningún galán las merece, Unos son malos por flacos

Y esqueletos les parecen, Los otros son despreciables

Por bajos y regordetes, Estos, por ser desdentados Los otros, por muchos dientes.

Aquél, por hablar con todas, Por ser muy callado, éste, El último, es mudo y tonto, El primero, desvanece;

En fin, ninguno les gusta,

Y si alguna vez sucede Que correspondan á tal, Por amor ó entretenerse;

Allí tiene usted los celos Hasta del agua que beben, Donde quiera, á cada instante, Lo acribillan á billetes.

Si el pobre al fin se fastidia,

Y toma el unto de vete; - Se avispan y se alborotan Como las brujas en viernes.

Para llamar su atención No saben dónde ponerse,

Y si es de los de alma blanda, Segunda vez se convierte;

Entonces es cuando ellas La mano tal vez aprieten; — «No quiero satisfacciones, No señor, no se moleste,

Vaya donde está Fulana, Que es á la que usted más quiere.

Y el mentecato le sufre Razones, muecas, desdenes,

Y se le cae la baba En presencia de su Hebe; Hasta que pasan los chicos Cuando de la escuela vuelven,

Y ven aquel hombre allí Llorando como un muleque,

Y le cercan entre todos

Y le gritan —«¡Huye, Pepe!...»— Entonces Pepe se escapa

Más ligero que una liebre, Con tres ó cuatro pedradas;

Y ella, asomándose á verle, Se rie con los chiquillos

Que en coro exclaman — «¡A ese!..»-

Y alegres como unas pascuas Gritan también — «¡Huye, Pepe!..»-

El tal Pepe, escarmentado, No verla jamás resuelve, Llega otro, y la galantea,

Y así sucesivamente

Van cortejando á la niña Hasta quince ó veinte Pepes; Pero ya la niña va Pasando los veinte y siete,

Y en su interior, de sí misma Un triste fastidio siente

Los treinta llegan, y pasa Llorando el tiempo que pierde.

Los cuarenta se avecinan ¡Mala la hubisteis, franceses! Ya las arrugas y canas En pos de Madama vienen.

Ya va caminando á mona,

Y de tal pelaje al verse, Por no quedar para tía

Se casa con cualquier Pepe.

Por supuesto, es el peor De cuantos la amaron fieles; Mas cual suele el que se ahoga Asirse á un hierro caliente,

Así llega cierta edad Que echan mano las mujeres, De hombres que en su juventud Habrían tenido por duendes,

¿Pues no es más juicioso, niñas, Ver que es rosa que amanece Entreabierta, la hermosura, Y cerca del cáliz tiene

La vejez, que sobre ella A marchitarla desciende, Si antes no es la tempestad Que su corola disuelve?

¡Ay! dejad esas manías, Desterrad esos desdenes, No' sea que cuando estéis Más allá de los dos veintes,

Os pese haber malgastado La existencia inútilmente; Porque hasta los condenados. Lloran el tiempo que pierden.