Poesías completas : con doscientas diez composiciones inéditas · Unidad 77 de 196

Unidad 77 · A LESBIA.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

A LESBIA.

Bien de mi vida, Lesbia adorada, Juró mi pecho morir por tí, Desde el instante que como Venus Ante mis, ojos brillar te vi; Pero el deleite que siente el alma Es inefable desde que oí Que pronunciabas aquel sagrado Una y mil veces dichoso Sí

La clara ¡una que ostenta Enero, La rosa bella del blondo Abril, Están distantes de compararse A tu precioso talle gentil. Estabas linda cual prado y cielo Cuando serena te conocí, Y ¡más que el cielo y el prado bella Eri el momento de darme el Sí.

poesías varias , 147

Como envidiosas miran las flores Triunfante alzarse dentro el jardin Laurel frondoso que halaga y besa Las áureas alas de un serafln; Así celosos hombres y genios De mi ventura sin igual, vi Que te observaban, divina Lesbia, En el momento de darme el Sí.

Te contemplaba de gozo absorto,

Y ofreció el alma que te rendí, Ser, mientras viva, fiel y constante,

Y si se ofrece, morir por tí.

No estaba en cielo, ni en mar, ni en tierra, Ni estaba... vamos, no estaba en mí.

Y hasta las penas tornaste en gloria En el momento de darme el Sí.

Hasta la tumba seré tu amante; Mientras notares constancia en mí, Jamás apagues el almo fuego Que en tus dos soles brillantes vi,

Y estos dos versos pondrá mi afecto Con esmeralda sobre rubí;

«Te amaré siempre cual te adoraba En el momento de darme el Sí.»

LA ÁTALA.

Cese el Sol de brillar, cese el prado De volar, ceíirillos ligeros,

Y la Luna y fulgentes luceros

No más vuelvan su luz á esparcir. Ronco silvo de Bóreas airado Suene, en vez de trinar los jilgueros,

Y en lugar de sus cantos parleros Fieros monstruos se sientan rugir.

Pues ha muerto mi Átala ¿Qué importa Que los astros despidan fulgores

Y se sequen las plantas y flores, O el mar quiera la tierra invadir? Mal los llantos mi pecho reporta: Gocé un tiempo ¡infelices amores!

Y hoy desdichas, tormentos, rigores, Sin mi Átala no puedo vivir.

Nunca ¡oh Dios! de mi alma se aparta La dichosa y fatal noche fuerte Que mis lazos cortó, ingrata suerte, Causa eterna de eterno gemir:

148 PLACIDO

¿Porqué tanta ¡ay de mí! pena harta Me costara su mísera muerte? Pues según el dolor me lo advierte, Sin mi Átala no puedo vivir.

Fué la hija de López, mi cielo, Cara amiga, dulcísima herma ua, Bella flor, que una sola mañana Vio la Aurora nacer y morir. Nada, nada me ofrece consuelo; En la tarde, en la noche tirana Crece más mi desdicha inhumana: Sin mi Átala no puedo vivir.

Simagán, mas quisiera haber muerto En el fuego voraz devorado, Que no ser por Átala librado Para tantos tormentos sufrir; Pero ya que en mitad del desierto Lloro un bien que perdí no gozado, Mi momento postrero es llegado: Sin mi Átala no puedo vivir.

Adiós, padre, mi cuerpo te queda, Haz que siga de Átala el sendero,

Y este breve epitafio ligero Manda tú en mi sepulcro inscribir: «Dios á Chaetas descanso conceda; Aquí yace un amor verdadero; Murió Átala su hechizo primero,

Y él sin ella no pudo vivir.»