Poesías completas de Ricardo Palma · Unidad 41 de 98

Unidad 41 · 134 RICARDO PALMA

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134 RICARDO PALMA

¿Y qué es la vida? Océano de tempestad atronante, y tú el náufrago constante, ¡oh corazón!

Flores y abrojos

En su capricho infantil ella las flores deshoja, y al instante las arroja burlando al viento sutil.

En tanto el tiempo volaba, la edad la llegó de amores, y en vez de jugar con flores, con corazones jugaba.

Vinieron luego otros años cubiertos de nubarrones. y presa de las pasiones acarició desengaños.

De una ilusión el encanto, á veces su alma divisa: más detras de la sonrisa asoma siempre su llanto.

Y si pide al labio chistes va con ellos el sarcasmo; porque él es el entusiasmo de los espíritus tristes.

¿Qué se hicieron peregrinas sus auroras encantadas? ¡Ayer flores perfumadas! Hoy, hojas secas y espinas!

Ondina de mis riberas, hurí de los negros ojos, que escuchaste sin enojos mis endechas lastimeras ;

Tú que del pobre proscrito al dolor brindas consuelo, y soñar lo haces del cielo con el halago infinito;

POESÍAS COMPLETAS 135

Maga de los labios rojos, esta historia, en conclusión, dice que las horas son mezcla de flores y abrojos.

En el álbum

Jt una amiga, tan bella como esquiva} que me pidió v»rMi en castellano antiguo

En la fabla deleitosa del señor de Hita é Buitrago, assumpto poetal te fago, fermosa, la muy fermosa. Probara á negarme yo,

feamente ; mas non digas que non só

complasciente.

Mormura por la cibdat dueña ya setentañona, que á tal la de tu persona non ovo en Lima beldat; que ningunt doncel te mire

¡mal pecado! sin que al momento sospire

namorado.

E disce cierto, mia fe, cá gentil á marabilla eres, cual otria en la villa bolliciosa non se vé; mas cuitado é sin ventura

el amador, que eres más que roca dura

en tu rigor.

Quien, si nasció é si te viera périas non le rinde ufano? Cá para el que es fiel ehristiano

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cruz eres codibciadora. E la lumbre de tus ojos,

filha, es tanta que, al vellos, fincan de hinojos.

Mari-sancta I

A las feridas que faces con tus desdenes tiranos, bien menguados zurujanos son los ornes lenguaraces. Para guarir al que invoca

melecina, ¿sonrrísos non há tu boca

porpurina ?

Connubio

Una alma á otra alma adivina; se buscan, se hallan y encienden; dos miradas se comprenden; y así dos almas se prenden de amor en la red divina.

Si en la desierta ribera al gran penacho flotante alza gentil la palmera, buscad, no estará distante su amorosa compañera.

Entre las alas del viento su fértil polen envía, beso que dá el sentimiento al ser lleno de ardimiento que es nuestra paz y alegría.

Junto á la mujer querida ¡qué bella es la luz del sol! Cuál se desliza la vida hallando otra alma fundida de la. nuestra en el crisol!

¡Ahí no es el mundo, por cierto, de las almas la prisión 1 Sólo el mundo es un desierto