Poesías completas de Ricardo Palma · Unidad 91 de 98

Unidad 91 · 292 RICARDO PALMA

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292 RICARDO PALMA

la nieve tus mejillas que el cura besó leve. De flores en el cielo Dios quiso una guirnalda, y te arrancó para ella de la materna falda.

A un desleal

No me abraces. La perfidia palpita en tu corazón, lodo en que tiene mansión el gusano de la envidia.

Está visto

que me mientes : tus besos son descendientes del que dio Judas á Cristo.

Perogrullada

Ultima vanidad que tiene el hombre: un epitafio en el que esté su nombre.

Traducciones é imitaciones

(En una calavera)

De dos enigmas solución sabida tienes ya ¡oh trozo de materia inerte! — ¿Dónde acaba el enigma de la Vida? ¿Dónde empieza el enigma de la Muerte?

En esto de temblar ante el peligro sólo un distingo encuentro: cobarde es el que tiembla para afuera, valiente es el que tiembla para adentro.

POESÍAS COMPLETAS 293

Si en la humanidad hay lógica es lógica bien extraña: reniega contra las moscas y persigue á las arañas.

Todo hombre de talento tiene su cuarto de hora de jumento.

La muerte es el cuchillo que Dios usa para partirnos por la hipotenusa.

¿Las perlas y las lágrimas quisieras saber en lo que tienen semejanza?

Puestas en la balanza falsas son unas, y otras verdaderas.

Para humillar el orgullo del talento, hizo Dios á los tontos, y no al jumento.

Desde Cristo, á todo hombre extraordinario dan corona de espinas y Calvario.

La moral es un corsé que, en ciertos ratos, usamos; pero en otros lo colgamos de un clavo... y Dios guarde á usté.

294 RICARDO PALMA

Tanta sangre en tu nombre, cristiana religión, se ha derramado que ella, en la Cruz, las huellas ha borrado de la sangre preciosa del Dios-hombre.

Una virginidad vilipendiada : la de una limpia espada. Si al cielo va con su amo,

sin duda alguna dirá San Pedro: — pase,

la once mil una.

En la enguantada mano lleva el devocionario y póstrase contrita, ante el confesionario, la misma que fué anoche de los salones gala y oyó de los galanes palabras familiares : ¿si querrá ser, cual otra María de Magdala, liviana en las alcobas y santa en los altares?

Eres tan pedigüeña, vida mía, que cuando Dios te llame para el cielo, por pedir, en la misma portería, pedirás á San Pedro un caramelo.

A la tumba de todos los maldicientes en busca de ponzoña van las serpientes.

Para ascender con adular te basta: la lisonja es jabón que no se gasta.