Poesías completas de Rodulfo Figueroa · Unidad 25 de 61
Unidad 25 · FAA ADAN IR QA QA
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Me figuro que siente mis abrojos Y que llora mis muertas alegrías; Que al ver de mi esperanza los despojos, Esa lágrima inmóvil de sus ojos Está brotando por las penas mías.
Y se destaca junto a mí, confusa Su alba silueta de contornos tersos, Y ella es entonces la doliente Musa De cabellera espléndida y profusa Inspiradora de mis pobres versos.
Y me parece que a mi estancia llega Su arrulladora voz como un preludio, Y ella es el astro que en su luz me anega Cada vez que mi espíritu se entrega A las arduas fatigas del estudio.
Oh! cómo alumbra mi horizonte estrecho Esa hermosa visión que me acompaña! En ausencia la llevo dentro el pecho Y regreso a mi estancia satisfecho Porque se que un cartón jamás engaña!
Se que esa imagen que extasiado admiro Allí estará con su eternal belleza, Que al volver fatigado a mi retiro Hallaré a la beldad por quien suspiro Edulzando, cual siempre, mi tristeza.
Sin conocer los negros desengaños Viéndola mi alma en su pasión se abisma, Del mundo esquiva los traidores daños Y aunque trascurran fatigosos años Para mi corazón slempre es la misma.
Y llenando de luz a cada instante Mi existencia angustiosa y fatigada, Allí está frente a mí, pura y radiante, Adornando mi cuarto de estudiante, La imagen celestial de mi adorada!
ESTUDIANDO
Es inútil mi afán! Cuando despierto De ese mundo en que vivo de ilusiones, La frente inclino sobre el libro abierto Y se explaya mi vista en sus renglones.
Y mi espíritu entonces más se empeña En acercarse a tu caliente abrigo, Y no comprendo lo que allí se enseña Porque mi pensamiento está contigo.
Oh! cómo en vano por borrar batallo Tu amoroso recuerdo que me acosa, Si tras de cada página te hallo Cada vez más radiante y más hermosa! : Y al final de esta lucha en que me inmolo, pues querer olvidarte es la agonía, Se que he aprendido a pronunciar tan sólo Yu dulcísimo nombre, amada mía! |
FuGAGcas
¿Sabes lo que pensé la vez primera | Que te ví tan hermosa y sonriente? | Oue eras una visión, una quimera, Un delirio de tantos de mi mente,
Y a pesar de que muchas, muchas horas Te he vuelto a ver desde tan fausto día, De que en la tierra con nosotros moras No puedo convencerme todavía!
Cuando al término llegue de este viaje Que en la aridez de mi existencia emprendo, Y al fin mis tristes y cansados ojos Duerman el sueño eterno;
Antes de que a llevarse mi cadáver
Llegue el sepulturero,
Antes de que la tierra generosa
Me recoja en su seno,
Antes de abandonarme para siempre. ¡Llamad, llamad, por compasión al médico!
Decidle entonces que me rompa el cráneo, Que me arranque el cerebro,
Que tome la cuchilla y lo reduzca A menudos fragmentos;
Que someta los últimos pedazos Por largo tiempo al fuego, do Gueden sólo las cena mea espatza al viento. ¿ON ¿
No vaya a suceder que todavía Del sepulcro en el seno,
Presa de las miserias de esta vida, Perdure trabajando el pensamiento;
Y yo me llevaré tantas tristezas,
Tan ingratos recuerdos,
Que al llegar a rendir esta jornada Emprender otra igual me causa miedo, Y olvidar, olvidar es lo que ansío, Descansar para siempre es lo que quiero!
Es más blanca, más blanca y más pura Que la nieve triunfal de la altura, Que la espuma flotante del mar; e Yo quisiera besarle la frente y Pero el beso que tengo es ardiente Y la pueden mis labios quemar.
Es más negra su real cabellera Que la noche imponente y austera, Que la tumba que guarda el ciprés; Yo quisiera besársela ciego, a Pero el beso que tengo es de fuego Y en cenizas la cambien tal vez. ñ
Son más rojos sus labios delgados Que las flores que dan los granados, - Que la sangre que doy por su amor; Yo quisiera besarle la boca,
Pero tanta pasión me provoca, Que de ahogarla me espanta el temor.
Por besarle su cutis tan terso, Recojer su cabello disperso Y libar de su boca la miel; Si la fama a su altar me transporta, Por besarla una vez ¡qué me importa De la efímera gloria el laurel!
¡Qué me importan los duelos tiranos Si enlazadas por fin nuestras manos Por el mundo cruzamos los dos!
¡Es tan blanca su límpida frente,
Su cabello tan negro y luciente
Y sus labios tan rojos, gran Dios!