Poesías completas de Rodulfo Figueroa · Unidad 47 de 61

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Después de la batalla, el pobre mozo Herido en la mejilla de un sablazo, Cambiaba su dolor en alborozo Porque su Capitán le dió un abrazo.

Sumiso y obediente A férreo yugo por demás pesado, Al cabo se avezó como ) valiente

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A la vida azarosa del soldado,

Y así como en la aldea

Sacaba en un instante la tarea,

El era sin disputa el que primero Entraba sin temor a la pelea Hasta salir ensangrentado y fiero.

Una vez, al ganar una victoria Que a la patria colmó de prez y gloria, Encontraron a Andrés entre los muertos Apretando el girón de una bandera Entre sus brazos yertos Cual si perderla con su honor temiera; Y cuando despertó ¡con cuánto asombro Miró, al abrir sus moribundos ojos, Un galón en su hombro . Y hermosa cruz en sus andrajos rojos! Y allí formado el regimiento entero Presentando las armas a su frente, Mientras decía el capitán severo: ““Hijo mío, muy bien....¡eres valiente!”

Entonces en sus labios extenuados Se formó una sonrisa de alegría Y brotó de sus ojos apagados Una lágrima ardiente..... [por María!

Cuando acabó la guerra Con un drama sangriento que no nombro, eel extranjero se largó a su tierra Pálido por el susto y el asombro, El buen Andrés, cubierto De heridas que ha ganado en la pelea, . Fué licenciado, y vacilante, incierto ' Se encaminó a la aldea.

Ya no era el bravo mozo Sombreado el labio de naciente bozo' Que conocimos en mejores días, . '

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Hoy los años tan largos que pasaron Llenos de nieblas y borrascas frías Sus huellas indelebles le dejaron.

Cuando con fé sencilla Vuelva al hogar el que partió muchacho Con honda cicatriz en la mejilla | Y en los labios magnífico mostacho; Cuando con uniforme tan flamante A sus viejos amigos se presente Ostentando una cruz limpia y brillante; Cuando llame otra vez a aquella puerta Que abandonó llorando en triste día Siempre a su amor y a su esperanza abierta, ¿Quién lo conocerá? ¡sólo María!

Pensando en estas cosas, triste y solo Proseguía hacia el pueblo caminando Como viajero que volvió del polo,

Y como siempre a solas murmurando: —'““Nada saben de mí. En tantos años

Ni una sola noticia pude darles

Para atenuar así los hondos daños

Que mi ausencia tal vez pudo causarles; Pobres! acaso sin consuelo lloran

Viendo que en mí la ingratitud se encierra, Yo no pude escribirles porque ignoran

Que es imposible hacerlo cuando hay guerra.

Hoy otra vez presentimiento oculto Vuelve a anunciarme la desgracia inmensa De que este amor que para mí es un culto El olvido tendrá por recompensa.

¿Será María como lo he soñado La mitad cariñosa de mi vida? Cuando vuelva a su hogar triste y cansado Aún podré ser felíz? ¡que Dios decida!”—

Y mientras piensa con mayor constancia En lo que el pobre corazón desea, Más y más se acortaba la distancia Que antes lo separaba de la aldea.

AJA está el co! Tan humilde y tan chico Sobre la falda azul de las montañas, Que con todo su ermita y sus cabañas Un pedazo de nieve que blanquea Parece desde aquí.... ¡bendito sea! —”

Al pronunciar sin odio y sin enojos Estas frases sencillas de cariño, Andrés, turbado, se limpió los ojos Porque lloraba tanto como un niño. A lo lejos miró, firme y enhiesto Como los centinelas en su puesto,

El monte oculto entre su densa bruma; Y en el confín lejano

Brillando con el sol el oceano

Como un velo magnífico de espuma, Y después vió la iglesia solitaria

Con sus altos y esbeltos cocoteros

De su santa oración y su plegaria

e mMmos mensajeros. 1.

¡Siempre el humo brotando de su lumbre, El mismo sol saliendo por la cumbre, El mismo mar en calma o muy bravío; La misma religión en la cabaña, El mismo solitario caserío Y el mismísimo pueblo en la montaña!

Cuando llegó junto a la cruz que estaba Cuidada siempre con cariño santo, Ay! y que más que nunca se ladeaba Sobre su pedestal de calicanto; Con su vieja creencia fervorosa El kepí se quitó por el sombrero, Se persignó con la mano temblorosa Y siguió caminando más ligero, Y caminando siempre, caminando Llegó al pueblo y cruzó muchas esquinas, Pensativo y absorto, dispersando Los concursos de gallos y gallinas,

B04 = XT!

; ] ¿ é - “Señora, por las señas que me dierofí Debo de dirigirme a aquella casa, He llamado y sus puertas no se abrieron, ¿Es allí donde vive ña Tomasa?

Lo miró la señora con fijeza Cual si evocara algún recuerdo incierto, Hasta que dijo llena de extrañeza: — ¿No sabe usted que ña Tomasa ha muerto? -—No!....dijo Andrés como una estatua yerto, Sintiendo el corazón despedazado, —Lo que me cuenta usted no lo sabía Porque vengo de lejos....soy soldado.... Pero....¿vive Maria? —¿ La mujer de 20 Chico? se fué al río Por lo que halló la casa abandonada, ¡Pobre! ¡qué genio tiene tan sombrío Desde que está casada! —¿ Podré esperarla allá mientras la hora Llega de su regreso?

+ HOP supuesto;

—Muchas gracias, señora, Dispense usted sí acaso la molesto. —No hay de qué; llegue usted hasta la casa Y allí espere sentado con paciencia, Pronto regresará si no se atrasa Y así terminará su penitencia— Y de nuevo a la casa se volvía Con paso reposado Cuando oyó a la mujer que le decía: -— Oiga, señor soldado, Usted que viene acaso de la guerra Y que sabe sin duda muchas cosas (Perdone mi pregunta y lo que encierra Más....¡somos las mujeres tan curiosas!) ¿No conoció un muchacho por ventura | Que de aquí fué a la guerra y que no ha vuelto, Que se llamaba Andrés, una criatura De corazón muy grande y muy resuelto ?—

206 =

Y la señora acarició la falda

Y el delantal, con el oído abierto,

Y el soldado esa vez le dió la espalda Diciéndole al partir: —¡Andrés ha muerto! — ¡Qué melitar tan guapo! — se decía Mirándolo alejarse pensativo,

—65S1 no fuera por eso, juraría

Que él es el mismo Andrés y que está vivo!

Miradlo: bajo el techo se ha abrigado Del suspirado hogar, su viejo amigo, Y sobre el mismo banco se ha sentado De promesas de ayer mudo testigo, Y otra vez a su frente está María Temblando de pavor como una muerta, Pálida ante ese espectro que venía. A cruzar importuno por su puerta. A pesar de encontrarlo tan cambiado A fuerza de vigilias fatigosas, Bajo aquel uniforme de soldado Vió al amante de edades más hermosas.

Andrés, midiendo su desgracia inmensa, Estuvo pensativo y cabizbajo, Hasta que, coordinando lo que piensa, Dijo con gran trabajo:

—Como usted lo verá, soy extranjero Que he venido de tierras muy distantes; Yo conocí en la guerra un compañero Que a mi lado pasó rudos instantes;

Su nombre usted lo sabe....en mi memoria Grabado está lo que me dijo un día...... ¡Ah! ¡cuántas veces me contó su historia

Y la de usted también...... ¡la de María! ¡Cuántas veces me hablaba en la velada

De tempestuosas noches invernales

De una promesa que hizo a su adorada

De llegar otra vez a estos umbrales!

m Bb

Aún me parece que su queja escucho!

Si muero díle que la quise mucho,

Que tú vas de mi parte hasta su nido Para contarle lo que yo he sufrido....... Díle que soy por ella desgraciado,

Que Dios tan sólo mi infortunio mide, Que olvide todo lo que me ha jurado,

Que en libertad la dejo y que me olvide.

¡Pobre Andrés!....una bala Le partió el corazón en dos pedazos...... «Hoy ya su labio ni una queja exhala Y sólo tierra estrecha entre sus brazos; Y yo, señora, aunque quizá os asombre Este rasgo de honor o de simpleza, He venido en su nombre A cumplir como bueno su promesa.

Perdonadme si lloro...... era un amigo Que'quisé tanto ma tánto, Fuí de tantas angustias el testigo... ¿Verdad que es justo y natural mi llanto? ¡Ah cuando el sol a declinar empiece - Por aquella montaña del desierto, Pensad que Andrés una oración merece.... ¡Le gusta tanto la plegaria a un muerto!

Y otra vez del hogar se fué alejando, Sintiendo siempre de la muerte el frío, Con sepulcral acento murmurando: ¡Ah! ¡no me quiso como yo, Dios mío!

Dicen las gentes que desde ese día Más huraña que nunca fué María, : Que la niña que fué toda sonrojos Agobiada por íntimos agravios; | Llevó siempre una lágrima en los ojos Y contraídos de dolor los labios,

Que tan pálida estaba y tan hermosa: Envuelta en sus crespones de tristeza,

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Que al pasar como virgen dolorosa

Todos se descubrían la cabeza;

Que ño Chico y Manuel no conocieron Aquel mal tan oculto que la hiere,

Y que al verla tan triste, se dijeron:

— “¡Si sigue así, Dios santo, se nos muere!”— Que al verla todos agostada y fría

Dijeron al pasar: -—-*“¡Pobre María!

¡Acaso llora porque Andrés ha muerto!”— Que tuvo desde entonces la manía

De mirar la montaña del desierto.