Poesías (1880–1885) · Capítulo real 3 de 5

XXIII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

XXIII.

¡Un héroe que se casa ! ¡Vaya un cuento ! i Qué queréis, yo bien sé que es más hermoso Un Manfr«do en el monte pavoroso. Dominando los genios con su acento ! Pero mi musa en el vacío flota; No tiene ni una misera Carlota, Ni una vie;a Verónica, y, exhausto Mi numen, en verdad estrafalario, No ha sabido llevar al holocausto Un mártir del amor... celibatario !...

XXIV.

¡Oh 1 ¡qué triste es la lluvia ! Silba el viento» Rechinan en las torres las veletas,

366 Cantos y poemas.

Pasan luces fantásticas é inquietas En el fondo del cielo ceniciento. Baja la lluvia lentamente, baja! La neblina semeja una mortaja. Como un ladrón, el viento se desliza Rozando las paredes. Su eco incierto. Parece la canción de una nodriza Que quisiera arrullar al mundo muerto.

XXV.

El fuego conservaba todavía Un reHejo vivaz. La llama ardiente Se levantaba rápida, inclemente,

Y entre el rojo carbón resplandecía.

Y Alberto, con la barba sobre el pecho. Tendido en su sillón como en un lecho, Abismado en sus sueños de amargura, Sondeaba los misterios del destino, Enigma aterrador, visión oscura

Que arrebata un eterno torbellino (...

Lavinia. 267

XXVI.

De pronto vaciló. Sobre su hombro Sintió un golpe nervioso y agitado, Y, al dar vuelta de súbito, azorado, Retrocedió con inquietud y asombro: «¡Lavinia!»— dijo.— Era ella. Temerosa Levantaba su faz esplendorosa,

Y fijaba sus ojos encendidos

Por lágrimas de fuego, en su mirada. Sus cabellos flotaban desprendidos Cayendo ensortijados en cascada !

XXVH.

¡Oh! ¡qué bella, qué bella en su tristeza Se ostentaba de nuevo ante su amante I ¡Con qué luz centelleaba su semblante

Y brillaba en la sombra su cabeza ! Sus labios puros, vividos y rojos; El fuego concentrado de sus ojos;

Su cuello, de su seno el movimiento,— Todo era encantador. Su vista hería

a68 Cantos y poemas.

De amor y admiración el pensamiento, Como el sol llena de fulgor el día . . .

XXVIII.

— «¿ Es cierto?— preguntó.— ¿ No me engañaba? »¡ Ah! no es posible, no es posible, Alberto! »¿ Acaso, dime, tu conciencia ha muerto, »0 tu alma vive del rencor esclava ?... »>¡ Por piedad, por piedad! ¿ Ves? he llorado. »¿ No te he dado mi amor? ¿No he marchitado »Las esperanzas de mi pecho puro? »I Me has hundido frenético en el lodo, «>Y hoy que llamo á tu amor, encuentro un muro; JoY hoy, lejos de ese amor, me falta todo !...

XXIX.

»Yo esperaba, esperaba todavf?... ji>No podía creer que en tu memoria ^Muriera como imagen transitoria »M¡ pasión. ¡Cuántas horas de alegría »Has pasado á mi lado I ¡Cuántas horas, »Mintiéndome palabras seductoras, »Reposabas tu sien sobre mi pecho,

Lavinia, 269

»Ca]maba tus eternos desvarios, »Te entrelazaba en un abrazo estrecho >;Y cerraba tas labios con los míos!...

XXX.

«Soy la misma, y ¿me ves? ] Aún más ama ntel »¡ Oh! vivir á tu lado eternamente, »Posar mis labios en tu triste frente »\rrull<indo tu espíritu anhelante... »¡ Ese es el porvenir que me arrebata»! »Yo te he dido mi vida, y tú me matas. »Vaelve otra vez. Nb ha muerto mi cariño, »Ni el odio ha envenenado mi abandono. »¿No oyes que te amo ? Vén, eres un niño. »;Yo que he debido odiarte, te perdono!...»

XXXí.

Alberto tibubeó. Clavó sus ojos En Lavinia, y con voz indiferente, Le dijo lentamente, lentamente: >-«Puesto que quieres exhumar despojos, »Hablemos. No te exaltes. Es bien cierto »Que te he amado una vez. Mi pecho yerto

370 Cantos y poemas,

»Se reanimó á tu lado. Mi existencia »Recobró un día su perdida calma, »Y esa calma voló. Bebí tu esencia, »Sequé tu juventud, le robé el alma.