Poesias escogidas de Mariano de Jesús Torres : precedidas de su biografia · Unidad 116 de 154

Unidad 116 · LICIDAD Y

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LICIDAD Y

ESPERANZA

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¿Porqué será que el hombre busca en vano» cíe la felicidad el astro bello?

¿Porqué será que al extender su mano para tocar ese fantasma hermoso, se vé al punto burlado;, y desilusionado,

se entrega á escepticismo doloroso?

Cree que en el amor tal vez existe de la ventura la inexhausta fuente:

¿qué es lo que halla? ¡Desengaño triste! pues el ídolo hermoso á quien adora se ve, al fin convertido en monstruo fementido y tan cruel decepción entonces llora.

Después suena en los lauros de la gloria, creyendo que la gloria es lo que ansia; y en humo frágil , en inmunda escoria ve que se trueca su ambición gigante.

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¡Inútil tanto empeño: porque la gloría es sueño, y sueño de infeliz febricitante!

En la riqueza se* hallará sin duda, dice entonces sediento y entusiasta, sin ver que d oro en inquietud le muda de su inocente corazón la calma: que la avaricia impía le devora sombría, y en tortura constante tiene el alma.

¿Dó, pues, felicidad hallará? ¿En dónde? pues por doquiera que ávido la busca, se le escapa fugaz y se le esconde, ó ve que se le trueca en polvo vano, en vapor pasajero, en fantasma lijero

cuando asirla pretende con su mano.

Xo existe, es la verdad, y ni ha existido: osa ambición que al hombre martiriza jes fuego que el infierno ha encendido per darle al hombre bárbara tortura: es sed insasiable, es ilusión mudable, es de la humanidad una locura.

Mas si felicidad aquí no existe,

¿porque ese afán que nos devora el alma? ¿Porqué alentar en la existencia triste ese engaño funesto; y de tal modo

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que, con esfuerzo extraño, sin ver el desengaño, la buscamos, frenéticos, en tocio?

Si no existe ese oasis peregrino,

¿porqué siempre por áridos desiertos emprendemos durísimo camino, para al fin, de cansancio fatigados quedarnos sin aliento, con cruel desabrimiento, sintiendo que hemos sido fascinados?

No existirá, está bien; pero es tan grato soñar en tan fantástica ventura; y aun cuando nuestro esfuerzo sea insensato? y aun cuando el desegaño al fin deshace la óptica mentira, que loco el hombre admira, con tan dulce ilusión se satisface.

No existirá, es verdad; mas no es bastante de la cruel desepceión la prepotencia para arrancarle al hombre delirante la creencia dichosa que le halaga: que inefable consuelo le brinda aquí en el suelo, aunque, cual humo frágil, se deshaga.

Y por eso, tenaz, la va buscando, y por su ruta ignota va inquiriendo; á cada instante cree la va encontrando; y cuando desengaños sólo halla,

lanza triste gemido; más no muere vencido, pues sigue, infatigable, en su batalla.

Y es que la esperanza seductora con sus alhagos plácidos le alienta; ella vigor le presta á cada hora; y cuando ve que débil desfallece, le hace entrever distante felicidad brillante y su empeño otra vez rejuvenece.

Ese ángel ó demonio no abandona jamás al hombre aquí sobre la tierra; él ie promete fúlgida corona después de su martirio sin segundo: con promesa constante le hace andar adelante por el desierto lóbrego del mundo.

Esc ángel ó demonio le convida <mn tan dulce atractivo y tal encanto, que le hace hermosa la insufrible vida; que le convierte en bello paraíso ese voraz infierno invariable, eterno, á do traernos el destino quiso.

Ese ángel ó demonio que le sigue desde la cuna hasta el sepulcro frió; que aun al más yerto corazón consigue darle vigor, esfuerzo y grande aliento;

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es eternal bugia que le sirve de guíay que no lo abandona ni un momento..

Por eso al gran fulgor de la esperanza dtdee felicidad buscamos siempre: nunca, jamás nuestra ambición 3a alcanza nuestro constante afán vemos destruido; mas nunca nos cansamos de esperar, y buscamos siempre y doquier objeto tan querido.

Esperaremos, pues: quizá algún día tras largos, penosísimos afanes, esa felicidad que tanto ansia ét corazón,, al fin la encontraremos, y entonces tal ventura al gozar con locura, de nuestro batallar descansaremos.

Y el dia llegará; mas no del suelo brotará aquella flor tan deseada, que si nace, es nomás allá en el cielo; y así en el cielo gozaremos de ella: si allá nuestra esperanza á descubrirla alcanza, sigamos, pues, su refulgente huella.