Poesias escogidas de Mariano de Jesús Torres : precedidas de su biografia · Unidad 19 de 154
Unidad 19 · MARÍA EN SU DOLOR
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
MARÍA EN SU DOLOR
SONETOS.
Mirad cuán afligida y dolorosa esa Virgen se encuentra en este instante, al contemplar á su Hijo agonizante, pendiente de una cruz ignominiosa.
Calculad el dolor que hoy le destroza con agudo puñal su pecho amante, y ved cuál se conturba su semblante por la angustia en que su ánima rebosa.
Mas en medio de tanta desventura que la tiene oprimida y torturada, dando tregua un instante á su amargura,
De heroico amor sintiéndose inspirada, á los hombres contempla con ternura y de Madre les manda una mirada.
II.
Ex medio del terrible cataclismo que del gran Mártir sucedió á la muerte, estaba una mujer sufrida y fuerte allá en la cumbre del Calvario mismo.
Jamás se llegó á ver tanto heroísmo; cualquier criatura habría quedado inerte; pues el trastorno aquel fue de tal suerte que conmovióse hasta el profundo abismo.
Fue su dolor tan grande, sin segundo, que otro dolor no ha habido semejante en todos los dolores de este mundo.
Hirió con su cuchilla penetrante ¡ay! en lo más sensible y más profundo de aquel sencillo corazón amante.
¿Porqué tan triste y pálida y llorosa, del Calvario en las rocas escarpadas, conmovida dirijes tas miradas de ese sepulcro á la terrible fosa?
¿Porqué en tu faz bellísima, graciosa, lágrimas puras ruedan agrupadas,
(pie ni enjugan tus manos delicadas, pues te abisma el dolor que te destroza?
Es que el hijo querido que tuviste, y que sufrió martirio sin segundo, entre dolores espirar le viste;
Mas tu dolor cruelísimo, profundo, y la muerte de aquel que ya perdiste, hoy han salvado para siempre al mundo.
LA SOLEDADDE MARÍA.
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Madre infeliz, que triste y desolada Junto al sepulcro de tu hijo lloras, y al verte sin consuelo, abandonada, piedad al ciclo gemebunda imploras.
¡Cuál otra estabas en mejores dias,
(| uando en tus brazos reposando el Niño, al verle sonreír tú sonreías, besándole con plácido cariño!
Tu frente entonces apacible y pura no la anublaba la mortal tristeza, ni al peso de tan grande desventura llegó á inclinarse tu gentil cabeza.
Ora dispersos vagan tus cabellos á discreción del intranquilo viento, y en esos ojos, cual ningunos bellos, se pinta ¡oh Madre! tu sin par tormento.
Tu frente palidece,, y abatido fu rostro celestial se inclina al suelo, de tus labios escápase un gemido que oye el Eterno desde el alto cielo.
¡Pobre paloma que en el bosque umbrío, y del sauz en las desiertas ramas, ai fuerte golpe del dolor impío, piedad al cielo gemebunda clamas!
¡Flor infeliz que en el vergel nacida, y por céfiros blandos arrullada, boy eres por ios vientos abatida y por su fuerte impulso destrozada!
Nave que surcas por los mares sola, y sin timón, sin remo, sin piloto, al rebramar la tempestad, la ola te azota cruel y te arrebata el noto.
¿Porqué no alzas, María, la alba frente, esa frente purísima y serena: y porqué no ríes hoy dulcemente de intensa dicha y de ventura llena?
¿Porqué en tu faz se pinta el sentimiento que á tu sensible corazón destroza, y allá en la soledad de tu aislamiento doliente yo te veo y pesarosa?
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; Ah! gimes con razón: el dulce hijo que era de tu vida el solo encanto, ya lo perdiste, y tu dolor prolijo por eso expresas con amargo llanto.
Le viste ante sus jueces calumniado, hecho el escarnio del feroz judio, y su cuerpo miraste destrozado por los azotes del verdugo impío.
Y viste cuando á gritos su cabeza con furor á Pilatos le pidieron,
y viste cuando todos su fiereza descargaron sobre él y. le escupieron.
Y le miraste en el fatal camino débil caer al suelo polvoroso,
y allí estampar su rostro peregrino, aquel rostro, modelo por lo hermoso*
Y viste cuando crueles le ultrajaron el populacho infame y los sayones, cuando su cuerpo santo maltrataron, llenándole de insultos y baldones.
Y al verle así burlado de la gente, ¿qué tu pecho de madre sentiría?
¡Cuál destrozado el corazón latiente en aquellos momentos quedaría!
En vano tú quisiste consolarle y beber de su cáliz la amargura, y en tus brazos amantes estrecharle, y sufrir con su misma desventura.
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Que el pueblo y los soldados no dejaron acercarte en la masa del gentío, y airados é insolentes te apartaron con insolencia y con ultraje impío.
Y, por fin, en el leño suspendido le viste suspirar agonizante, y al exhalar su postrimer gemido, palidecer su lívido semblante.
Entonces ¡ay! tu corazón sensible, por supremo dolor despedazado, sintió el golpe más cruel y más terrible que á humano corazón ha destrozado.
Tu alma sujeta á sin igual tortura estalló de infinito sentimiento, y apuraste la copa de amargura en toda la extensión del sufrimiento.
Después, al ver en tus amantes brazos su cadáver exánime, sin vida, las manos y los pies hechos pedazos, su faz abofeteada y escupida.
Le estrechaste á tu pecho con ternura, tus labios en sus labios imprimiste, y de Jesús sobre la frente pura tus amorosas lágrimas vertiste.
Mas ¡ay! de tu regazo le quitaron, en el hondo sepulcro le pusieron, por siempre de tu vista le apartaron, á tus ojos por siempre le escondieron.
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Ahora sola sobre aqueste suelo, y á merced de. tu pena dolorosa, uo tienes otro alivio, otro consuelo, sino triste llorar sobre su losa.
Llora, María, que natura entera te acompaña en tu acerbo sentimiento: el sol radioso eclipsa su lumbrera, y de luto se cubre el firmamento.
Vela entre nubes la argentina luna su luminosa disco trasparente, y al rizar el cristal de la laguna, tenue suspira el céfiro doliente.
En las campiñas las gallardas flores inclinan sobre el tallo sus corolas, y los mares deponen sus furores, y con tardo vaivén mueven sus olas.
El ruiseñor parlero y el canario suspenden de sus trinos el acento; mas la tórtola en sauce solitario, tu agustia llora y tu fatal tormento.
Tan solo el hombre miserable v necio, por quien tu hijo tanto padeciera, ve tu dolor supremo con desprecio, y desoye tu queja lastimera.
Y en vez de consolarte, Madre mía, te insulta en tu presencia soberana, mas tú piadosa, bondadosa y pía, sabrás mirarle y con amor mañana.
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Mañana que recurra arrepentido, piedad clamando en su terrible duelo, escucharás benigna su gemido, y con tu mano le abrirás el cielo.
Mas, entretanto, desolada gime de tu amado Jesús junto á la fosa, y sola y triste en tu dolor sublime, con llanto riega tu mejilla hermosa.