Poesias escogidas de Mariano de Jesús Torres : precedidas de su biografia · Unidad 22 de 154
Unidad 22 · EXV1TACÓN Á MIS FELIG-KESE&
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EXV1TACÓN Á MIS FELIG-KESE&
(I’or encsr^o del Señor C«rn de Fimnándiro.)
Venid, ovejas mías, presurosas, vuestro pastor os llama en este dia al aprisco feliz; dónele María os reserva sus gracias abundosas.
Trecl coronas de fragantes rosas, y entonando cantares de alegría, de aquella Virgen adorable y pía á los pies colocadlas presurosas.
Es ella nuestro plácido consuelo; ella nuestro refugio y esperanza; ella nos cubre con su casto velo;
Ella de Dios nuestro perdón alcanza; y ella nos abre, en fin, del alto cielo las puertas de la eterna venturanza.
COMPOSICIONES
EN HONOR DE LA SANTÍSIMA VÍRCEN
EN S'J CONCEPCION INMACULADA»
HIMNO.
¡Cuitn bella y agraciaba ere», oh amabilísima y deliciosísima princesa.
El Cantar i>k los Cantares.
¡Salce, salce, graciosa María!
¡Salce, oh Virgen excelsa y divina! rara ti regio trono destina en su alcázar magnífico, Dios.
Como el lirio que crece en los valles, del pensil cual la blanca azucena, de hermosura y de gracia eres llena, hija amada del gran Jehová.
La alba luna á tus plantas se humilla, las estrellas coronan tu frente,
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y el espléndido sol refulgente á tu Indo adornándote está.
II.
Eres bella: tu frente apacible no se ve por la culpa manchada, y es muy tierna la dulce mirada que tus ojos nos saben brindar.
Son de rosa tus suaves mejillas y tu labios de un rojo muy bello, es de cisne tu cándido cuello que las gracias supieron formar.
¡Sal ve, sal ve, &
Con el dulce licor de tu pecho al Dios mismo le diste alimento: tu regazo sirvióle de asiento, cuando niño inocente, al Señor.
El, por eso, á tu súplica tierna, modifica el furor de su ira, y del hombre el castigo retira, obsequiando tu ruego de amor.
IV.
Tu sufriste en el Gol gota horrendo el tormento más cruel y prolijo, cuando viste en la cruz á tu Hijo, entre angustias, doliente espirar.
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Y id tenerle después en tus brazos, y su cuerpo al cubrir con tu manto., de tus ojos raudales de llanto la amargura hizo entonces brotar.
¿Salve, salve, tí;
Como tórtola huérfana y triste que se queja en el bosque sombrío, tu dolor lamentastes impío que tu pecho infeliz destrozó.
Comprender nadie pudo tu duelo, que fué inmenso, sin par, infinito; mas de entonces el hombre proscrito una madre en tí sola adquirió.
VI.
¡Una madre! Decid: ¿es posible que aceptaras por hijos amados á los mismos que crueles, malvados, te causaran tan grande dolor?
¿Y benigna pudistes y tierna retornar tu mirada bendita á la turba insencible y maldita que la vida quitó al Redentor?
Si; que es grande, inmensísima, suma
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la bondad que en tu pecho reside, por lo cual al que humilde te pide que le auxilies, le sabes salvar.
Porque tú eres la fúlgida estrella que en los cielos sus luces derrama: y guiados doquier por su llama al buen puerto logramos llegar.
¡Salve, salve, <£r
Tú, Señora, con mano benigna, darnos sabes alivio y consuelo, si llorando nos ves en el suelo oprimidos por dura aflicción.
El refugio, el socorro, el amparo eres tú de la pobre criatura: para ella toda eres ternura, para ella es tu fiel corazón.
IX.
í Dulce Virgen, dirige á nosotros siempre así tu mirada divina; nuestros pasos prudente encamina por la senda directa del bien.
Como Reina, resguarda á tu pueblocomo Madre, á tus hijos ampara: como Hermana, benigna prepara á los hijos de Adam el Edén.
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Con tu luz nuestro espíritu alumbra, nuestro amor con tus rayos excita, y en tu llama ardorosa y bendita nuestros pechos incendia veloz.
Nuestras súplicas tiernas acoge, nuestras almas recibe bondosa, y preséntalas luego amorosa con tus manos sagradas á Dios.
CODO.
¡Salce, sale tr, graciosa María! ¡Salve, oh Virgen excelsa y divina! Para tí regio trono destina en su alcázar magnífico, Dios.