Poesías escogidas. Nueva y unica edición ilustrada autorizada por el autor y aumentada con varias composiciones inéditas · Unidad 20 de 128
Unidad 20 · 66 JUAN DE DIOS PEZA
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
66 JUAN DE DIOS PEZA
Cuyo labio balbuciente No pudo decir «adiós».
Piensa en el alma abatida Por la ausencia y el dolor, Tan amante y tan sufrida; Piensa mitad de mi vida, En mis promesas de amor.
Quizá una lágrima bella Mi recuerdo te arrancó, Y dulce, amorosa estrella, Sentiste brotar con ella Lo que ausente sufro yo.
Tti, mi amor; tú, mi alegría, Mientras yo vuelo hasta ti... Guárdame en tu fantasía... Vida de la vida mía, Siempre, siempre, piensa en mí.
XXX.
Alzada en una pradera Toda luz, vida y amores. Cuyas sempiternas flores Siempre están en primavera;
Junto á las frescas orillas De un arroyo cristalino Que refresca en su camino Jacintos y maravillas;
Frente á hondonadas y lomas, Siempre hermosas, siempre bellas, Porque sólo se oye en ellas El cantar de las palomas;
Envuelta en blancos jazmines, Sobre los cuales volando Pasan de tarde cantando Bandas de colorines...
Está una humilde mansión Tan sosegada y tan quieta, Que es una imagen secreta De la paz del corazón.
POESÍAS ESCOGIDAS 67
Entre nubes blanquecinas Se alza pura en las mañanas Cuando sobre sus ventanas Se arrullan las golondrinas.
Es un palacio de amor Donde halla quietud el alma, Sin que perturbe su calma La tempestad del dolor.
Viven en ellas tranquilas Almas buenas é inocentes, Allí están limpias las fuentes
Y serenas las pupilas.
Su campo está sin rumores, Sus habitantes sin duelo, Muy transparente su cielo
Y muy hermosas sus flores. Le dan sus brisas ligeras
Besos que están perfumados; Tiene esa mansión tejados De mirtos y enredaderas.
Amor y melancolía Allí sus voces levantan, Cuando los pájaros cantan Al primer rayo del día. ^
De la corte los engaños Nunca empañan sus auroras... ¡ Qué dulces pasan sus horas
Y se deslizan sus años! Allí entre goces suaves
Las almas dichas apuran, Mientras las fuentes murmuran Lo que repiten las aves.
¡ Qué soledad tan dichosa ! ¡Qué quietud tan bendecida! ¡Qué lenta pasa la vida En esa mansión hermosa !
AJlí las penas no abruman, Ni los dolores espantan,
68 JUAN DE DIOS PEZA
Todos los pájaros cantan, Todas las flores perfuman.
Siempre que la noche llega Deja más dichas soñadas, Pues son sombras adoradas Las sombras que en ella riega.
Allí se vive contento, Allí se duerme con calma, Sin que nada enlute el alma Ni entristezca el pensamiento.
Cada flor cierra su broche, Cuando el sol apenas arde; Allí es muy dulce la tarde
Y es muy callada la noche. Durante el sueño, bajando
Dios á ese hogar, lo bendice;
Y es el zenzontle el que le dice Las horas que van pasando.
Y si la luz se avecina Despierta naturaleza... Calla el zenzontle y emipieza A cantar la golondrina.
Despiertan los labradores, Todo rebosa alegría,
Y se alzan cantando el día Almas, pájaros y flores.
En ella tendrán abrigo Dos almas que lo han soñado. Si allí te viera á mi lado ¡Qué feliz fuera contigo!
De nuevas dichas en pos Brillarían nuestras auroras; Allí caen á todas horas Las bendiciones de Dios.
XXXI.
¡ Oh, tú ! mi lirio blanco, mi virgen poderosa, A quien adoro ciego, con férvida pasión, Cuando te miro y te hablo, mujer la más hermosa, No sé qué aliento mágico me quema el corazón.
¡ Perdóname ! ¡ te amo ! ningún ser de la tierra, Podrá adorarte tanto como te adoro yo
Y esta pasión sagrada que mi existir encierra Al conocerte ¡ oh virgen ! en mi alma despertó.
¡ Perdona ! yo me duermo soñando en tu ternura. Despierto y me enajena tu mágico esplendor. A ti se acerca eJ alma, como la linfa pura Se acerca á la ribera para besar la flor.
Amor es el que llena las horas de* mi vida, El que mi ser transforma en culto de pasión, El que en mi pecho deja tu imagen bendecida, El que hace de tu nombre mi canto y mi oración.
Mañana, cuando al soplo airado de la suerte Los dos nos separemos sin darnos un adiós, Mañana que el olvido, imagen de la muerte, Derrame sus tinieblas en medio de los dos,
Evocaré tu sombra, soñando en tu existencia, Evocaré tíi imagen, amándote cual hoy,
Y haré menos amargas las horas de la ausencia,
Y haré florido el campo por do cruzando voy.
¡ Mujer de mis recuerdos ! mitad del alma mía. Mañana no te olvides de quien te adora así ; Yo quedo como un mundo á quien le falta el día. Un mudo de pesares que acabará sin ti.
No olvides nuestros sueños de dichas y de amotres, La tierra á tu presencia me pareció un edén. Tu velo vaporoso, tu hogar entre las flores, Tus horas de deliquio ; recuérdalas también.