Por mares, por tierras · Unidad 14 de 82
Unidad de lectura 14
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
— Sombrilla verde en jueves! ni loca que estuviera; ponme la otra de cabo de carei.
— Esa que parece desteñida?
Desteñida? es la última moda; se llama fraise ecrasée.
— Entonces la fricasé la pongo, con el crema i . . . .
— I la jaquette; ¿le has pegado los botones a la jaquette ?
— Sí, le saqué los viejos i le puse los de ojo de gato ; así parece otra.
— Está bien ¡ la cosa es que parezca otra !
— I le puse también en el cuello como blonda el encaje de la sombrilla negra; nadie la conoce ahora !
(. . . Silencio. . . después de un rato, la mucama, que es tan informada como cualquiera señora, continua):
— Sabe que la mucama de las niñas de Garrapata come tres veces ?
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— Cómo es eso ?
— Sí; se hace servir aquí temprano, diciendo que no puede ir al comedor; después vá, come i dice que la comida está mala i pide un fiambre en su cuarto.
— Estará mui gorda.
— Qué! flaca como un hilo; no sé que hace con lo que come.
— :Han salido ya las de Garrapata ?
— No señora, les están planchando las blusas ; ya sabe usted que no tienen sino dos mudas.
— Yo no sé tal cosa!
— Pues todos lo saben !
En la playa la concurrencia es numerosa i animada; se ve señoras gordas i flacas, frescas o maduras i niñas elegantes airosas, bien vestidas; jeneralmente bonitas i mas atractivas aun cuando dejan su traje de playa i toman el de baño, con el cual muestran esa agradable desproporción de las mujeres entre el grueso de la cintura i los demás diámetros.
Si yo en vez de ser un humilde sirviente, fuera una ola o una sección de la playa donde se baña ese enjambre de bellezas, podria dar detalles mas minuciosos i tal vez mas interesantes. Desgraciadamente no soi ni ola ni playa.
Variados grupos de mozos, de señores respetables i de niños, se forman sobre la rambla o en la arena a la orilla del mar, donde las familias antes del baño, se reúnen en círculo a mirar las olas crespas, quebradas, espumosas, que embisten inútilmente el límite puesto por la naturaleza para enfrenarlas.
Los jóvenes elegantes, vestidos de blanco, con sombrero blanco, saco blanco, pantalones blancos, zapatos blancos, algunos hasta cerebro en blanco, no se arriesgan en avances peligrosos; cuidan sus zapatos como si no fueran hechos para andar con ellos en la arena, sometiéndose a la lei de su destino, la misma de los guantes de gamuza, cuya íntima naturaleza consiste en estar sucios.
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Faltan muchas cosas a la playa de Mar del Plata para parecerse a las de Europa: un poco menos de rijidez en las costumbres, un poco menos de miedo de hacer lo que es natural, sencillo i propio del sitio i del objeto de la estadia, menos aislamiento, menos separación entre los sexos, menos temor de tratarse i de conversar. En Europa un joven acompaña a una niña lejos o afuera en el mar, nadando, sin que nadie lo note i después .del baño, hombres i mujeres, con su túnica blanca, se sientan en la arena a secarse al sol, comiendo ostras o tomando refrescos. Aquí no hai ostras, ni refrescos, ni reuniones en traje de salida. Verdad es que la playa no se presta para las escursiones a nado mar afuera i que el temor de la crítica paraliza toda tentativa de franca familiaridad.
A pesar de eso esta playa es mui agradable i los baños son deliciosos.
Dentro de algunos años, cuando haya botes salvavidas i la bahía esté cerrada al sud por un rompe olas, la naturaleza, con las facilidades que brinde sin peligro para los bañistas, cambiará las costumbres i Mar del Plata será el grande atractivo del verano para toda la República.
Como todos los concurrentes están desocupados, cualquiera cosa les llama la atención; una ola grande, una tonina que asome su cuerpo negro, rollizo i repugnante, una ballenera de pescador, son incidentes que reclaman serios i grandes comentarios.
El otro dia Pedro Pardo, ese mozo que parece la fuerza misma, tuvo un síncope después del baño; gran alarma, gran reunión ; cada uno proponía un remedio ; hubo juntas de calafates i diagnósticos marítimos como si se tratara de un buque; por fin a un orijinal se le ocurrió buscar un médico; el doctor Wilde andaba por ahí vestido de druida; lo llamaron, se acercó, reconoció al enfermo que estaba como un cadáver, i dijo con la calma que todos le conocen: No-se-ha-de-mo-rir, Par-
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dito. — Por qué, preguntaron varios— Porque eso estaria contra el refrán.
— Yo no estoi contra ningún refrán! contestó Pardo abriendo los ojos; i se acabó el síncope, con gran contento de los amigos que lo rodeaban.
Como en toda reunión de ociosos, en Mar del Plata unos se divierten con los otros, prodigándose recíprocamente burlas amistosas.
José Luro, a pesar de su aire adusto, es preferido para ese juego por su carácter bondadoso i por ser considerado como la encarnación de Mar del Plata. Es el pacha de estas comarcas i no ocurre accidente alguno que no suscite en los bañistas por asociación de ideas, el nombre de Luro.
Llueve, Luro tiene la culpa; hace buen tiempo, Luro se ha conducido bien ; hai tierra, ¿i qué hace Luro? se preguntan todos; la sopa está fria, es necesario quejarse a Luro ; i Luro no pudiendo resistir a la corriente, ha consentido ya tácitamente en ser responsable de todo i toma como caso personal, cualquiera alteración de la atmósfera, que él trata de cohonestar o mitigar, anunciando que al dia siguiente el tiempo tal vez sea mejor.
Aquí pasan ahora la temporada muchos abogados, médicos, diputados, jueces, rentistas i comerciantes, con sus familias. Todos parece, han convenido en ser corrientes i estar de buen humor, cambiándose las burlas mas picantes. El otro dia se bañaba el doctor Saavedra, miembro distinguido de nuestra majistratura; un abogado amigo se le acerca i le dice: Un juez que nada, es el mejor nadador. Ya entiendo, replica éste, porque lleva su conciencia.
En esto una ola los echó a la playa.
Naturalmente, Luro fué el responsable del suceso.
A un joven médico que sale a cazar, le dice Cu'.len, por rivalidad: ¿no tiene usted bastante con sus clientes de la ciudad ? (Estos clericales son mui atrevidos).
Daireaux se acerca a Seeber i le dice: seguramente
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usted escribirá una memoria retrospectiva de Mar del Plata ? Seeber no se enoja i se prepara a escribir la memoria.
En estas conversaciones u otras análogas se pasa el tiempo, cuando no en escursiones a la gruta descubierta por Egaña, el compadre de Avellaneda, o al faro que está admirablemente bien tenido (no parece cosa nuestra) o al campo simplemente, a respirar aire puro, fresco i perfumado.
En el comedor del Bristol, a la hora del almuerzo, después del baño o a la noche, antes del concierto, el espectáculo es magnífico: el salón tiene a simple vista como 180 J metros cuadrados i está cubierto de mesas casi totalmente ocupadas por una sociedad distinguida i elegante, en la cual naturalmente, el gran atractivo es la belleza de las mujeres (como yo soi sirviente no hago distinción entre señoras, señoritas i chiquilinas).
Después de la comida i del café tomado en la galería, sintiendo la brisa del mar i oyendo el rumor de las olas incansables, la concurrencia femenina acude al salón de conciertos, tan vasto como el comedor, i la masculina, al Casino, a jugar.
Este arreglo es un verdadero contrasentido; así toda sociedad queda destruida.
Las señoras i las niñas se aburren en el salón i los hombres se arruinan o se ponen tontos en las mesas de juego.
Hace poco le oia criticar esto a un señor que hablaba con mi patrón. « No es que falten atractivos en el salón, decia. para todos estos jóvenes i aun para los hombres de edad que andan huyendo de él. He conversado con la señorita de Paz hace poco, i me he quedado maravillado de su injenio, de su talento i de su instrucción, aparte de su belleza que anadia un nuevo encanto a sus palabras. He hablado con la señora de Oyuela i no he estrañado ni el naipe ni la ruleta mientras la oia discurrir ; he tratado a la señora de Pardo cuya suavidad i
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sencillez me han cautivado, i hablando con la niña de Aguirre, sin tocar tópicos banales, como usted comprende, he pasado una hora entretenido i lamentando que a nuestros jóvenes no los atraiga el simple placer de la conversación. Lo mismo puedo decir de las señoras de Chas, de Arias, de Escalante, de la señora de Saavedra i de su preciosa cuñadita, i de tantas otras niñas que se encuentran aquí, sin contar entre las ventajas la de que la conversación de una niña inocente, sencilla i linda, es mas agradable que la de un académico, pues mientras ella habla, usted la mira i sus sentimientos estéticos, si los tiene, quedan halagados».
¡ Cuándo habrá sociedad en nuestro mundo elevado, siquiera en las playas de baños, de las cuales debia desterrarse la tirantez inútil i la etiqueta tan fuera de oportunidad i de sitio !
Nota — Señor director: Si esta correspondencia le parece larga, córtela; si le parece tonta, no la publique; pero si la publica hágame el favor de correjir las frases en francés, de cuya ortografía no respondo.