Por mares, por tierras · Unidad 44 de 82
Unidad de lectura 44
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Ia y + 3- + y = 16 jg solamente. 2a El albacea no ha cumplido la voluntad del testador. 3a Ha favorecido mas al primer heredero, precisamente al ya mejorado por el padre. 4a Ha dispuesto de jg de camello sin autorización del dueño. Pero en apariencia ha hecho jenerosa justicia. ¡ Todo se resuelve en apariencias ! Así deberá ser !
A los cuantos dias de mi llegada escribí á Cañé por una fantasía en francés la carta que transcribo de cuyas condiciones gramaticales no respondo i cuyo contenido puede mirarse como continuación de este diario.
1897 le 25 mars — Yokohama-Japon.
Mon cher Cañé :
Oh! quel plaisir de voyager, de vivre un morceau de vie en Europe, dans le Far West ou l'Extréme-Orient, hors de chez soi! Jamáis je ne me suis senti plus heureux qu'aux Antipodes de ma bien-aimée patrie; ou mieux, si tu veux: Je ne me suis jamáis senti, loin de ma patrie, plus heureux qu'aux Antipodes. Je suis arrivé aprés une affreuse traversée, dans laquelle, jeme croyais déjá morí. Je débarque par un jour froid, gelé moi-méme, aprés six jours sans sommeil et presque sans nourriture; j'entre á Thótel et je trouve du feu au vestibule, desfigures agréables et un manager avenant. Je choisis mes chambres, je conviens du prix; tout tres bien. Je me repose un peu
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et je vais déjenner: les beefstake étaient tendres, les pommes biensautées, le beurre frais, les ceufs du jour, le vin francais, le café parfumé, le petit verre trop petit. Les jours suivants j'observe ! Les gareons aimables, prévenants, sans physionomie (remarque bien cela). Je demande une chose, je Tai tout de suite ; je ne demande rien j'ai aussi tout ce qu'il me faut, par la previsión d'une discipline accentuée : mon café, mon déjenner, mon feu, mon lit délicieusement tiéde duquel j'entends la pluie que j'aime tant, quand elle mouille les autres et pas moi. Point de lettres avec de mauvaises nouvelles ; des journaux peu politiques; une ou deux Revues illustrées, avec des gravures attrayantes; pas de visites á recevoir ni a faire; quelques invitations trés-acceptables ; une byciclette si Ton veut, voiture ou jinrikishas a volonté ! On est au paradis! Ni des parents, ni des intimes a Thorizon ! Quand vous avez besoin d'un ami sincere, dévoué, familier, vous le demandez au garcon; s' il ne peut pas vous l'envoyer a l'instant il a recours au concierge et si ce fonctionnaire n'est pas en fonds, lui, á son tour présente votre réquisition au gérant qui vous procure a la minute wwjirst cías, tout a fait desinteresé, a prix fixe, relativement réduit, vu son mérite, etréellement bon marché en comparaison de vos amis d'enfance et de vos condisciples, dont vous connaissez les trahisons et les inconséquences. Méme si vous étes garcon et vous désirez avoir une petite amie d'occasion, bien gentille, pas bavarde, une musmée avec un nom de fleur, jeune, jolie, qui vous aime pour vous-méme et pas pour votre argent¡ vous l'avez; question de payer un peu plus et c'est tout. On est tres bien en voy age, en Europe, dans le Far West ou a rExtréme-Orient. Je te remercie beaucoup, des lettres que tu m'as procurées; elles ont été trés-efficaces ; on nous traite a corps de roi, et, c'est en action de gráces que je t'expédie les paragrafes humoristiques et sceptiques que tu viens de lire. Tache d' étre bien heureux, au moins jusqu'á notre retour. — Au docteur Cañé son ami E. Wilde.
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Sin faltar nada en lo esencial al relato de mi viaje ni restrinjir observaciones importantes, intento hacer más liviano que el de China este mi trabajo, en beneficio mió i del lector.
En Yokohama nos alojamos en el Club-Hotel i encontramos en su jerente, el Sr. E. J. Sioen, a quien habíamos sido recomendados telegráficamente por Storni i sus compañeros, un distinguido caballero de alta sociedad. Fué a recibirnos a bordo i nos colmó de obsequios. Habia sido profesor en San Petersburgo de jóvenes de la nobleza i no pudiendo continuar por enfermedad en esa su profesión, se vino a Yokohama donde gana hoi honradamente su vida en la posición en que lo encontramos.
La disposición de la ciudad es parecida a la de HongKong; a la orilla del mar hai una planicie donde está ubicada la parte comercial de la ciudad ; dos canales la penetran i van a dividirla en varias direcciones, facilitando los transportes. Otra parte de la ciudad está en la colina o las colinas, llamadas Bluff, habitada por familias; estas viven en villas, casas de campo, diremos, con arboleda i jardín, en apariencia encantadoras; falta ahora saber si son cómodas por su situación i otros detalles. Las calles de Yokohama son en jeneral anehas i limpias; el piso es de macadam, con mucho polvo cuando no llueve i mucho barro cuando llueve; se ve en ellas mui pocos coches, numerosas bicicletas e incontables jinrikishas o curumas. Las casas japonesas son de madera, de dos pisos a lo mas i con techos mui gruesos i pesados ; las divisiones internas son hechas por tabiques o bastidores corredizos, con papel por vidrio, en algunas partes; el piso, cubierto de estera, es mui aseado. En jeneral tienen una sola entrada i esta es una tienda.
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La jente se viste a su modo; muchos hombres lo hacen a la europea; otros, los pobres, como pueden; llevan una manta, una blusa, un pantalón i cualquier sombrero, o ningún sombrero. Los sombreros en forma de taza invertida son mui comunes i en cuanto a capas las de paja son mui socorridas i pintorescas, no estando tejidas como esteras sino a modo de felpudos o pellones, dejando suelto uno de los estremos de cada hebra, como la de un fleco.
Los zapatos son unos banquitos de dos pies con un ángulo de cuerdas encima cuyo vértice entra en el espacio formado por el dedo grande del pié i el siguiente ; o bien una lámina gruesa de suela o madera o fieltro con un tejido finísimo de paja encima, i las cuerdas mencionadas; o por fin, el calzado de las jentes de distinción, mujeres principalmente, una planta de madera'con una hendidura en el medio i arriba la forma del estremo delantero, pero cuadrada, de un zapato nuestro. El vestido de las mujeres es tan conocido que no necesito describirlo ; de este lo mas estraño para mí es el promontorio que se colocan en su ancho cinturon, llamado obi, atrás á la altura de las vértebras lumbares; debió ser primitivamente el simple nudo posterior del cinturon o faja; después ha de haber ido creciendo, convirtiéndose en adorno por la costumbre de verlo i ahora es un verdadero atado de ropa, una carga cuyo volumen aumentan algunas jóvenes elegantes, rellenándolo con jéneros, papeles o con paja.
Las japonesas jóvenes son casi todas bonitas, graciosas, alegres, afectuosas; lo mas notable de sus atractivos físicos es el cuello, en seguida las manos i los pies. ¡El cuello! es una delicia ver sobre un fino tallo de flor una cabecita airosa que por el arreglo del pelo representa un pensamiento; el peinado japones no se atreve a ser netamente chino, pero recuerda el de las chinas. Intentaré una somera descripción de su forma, sujeta a mil variantes de detalle. Dividen el cabello en cuatro
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partes por dos líneas que van desde la frente hacia atrás i se juntan en la corona o vértice de la cabeza, dejando una sección fronto-centro-parietal i otras dos que bajan de la corona hacia las apófisis mastoides, separando así el resto del pelo en tres secciones, una occipital i dos témporo-parietales que se atan atrás i revueltas sobre sí mismas en un solo grupo, forman la parte mas elevada del peinado con la figura de un cilindro curvo solo o dividido en dos partes. La sección central delantera, pasa debajo de los laterales, se une con la parte posterior o cabello de la nuca, i se acomoda en disposición vertical debajo del gran cilindro, por medio de cordones de seda, horquillas i largos alfileres, añadiéndose algunas joyas según los gustos i los recursos.
El kimono abierto en el pecho i caido atrás deja ver el cuello estatuario. El kimono es una especie de túnica hecha de cualquier tela desde la mas rica hasta la mas barata ; con tres rectángulos de jénero se puede hacer un kimono; uno grande doblado, descubierto adelante i arriba en los lados, forma el cuerpo ; dos pequeños doblados en forma de bolsa, cosidos abajo i pegados a las aberturas laterales del grande, forman las mangas. Véase al márjen el dibujo que da una idea de la sencilla confección.
Primera forma de la tela
Segunda forma
después de doblada
i cocida
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Una de tantas noches voi al Yosivara o Yoshiwara de esta ciudad. Yosivara quiere decir plano de las cañas; ahora ¡ vaya uno a averiguar porque han dado a ese barrio semejante nombre ! probablemente porque en el sitio de ubicación del primer Establecimiento de casas crecían cañas silvestres. Allí están las casas de las cortesanas con su mostruario semejante a una jaula, donde en lugar de pájaros hai mujeres jóvenes, bonitas las mas, bien vestidas todas, honestas en apariencia, sonriendo amablemente i sin hacer cosa alguna impropia. El barrio entero está poblado por jente de vida alegre, tiene una lejislacion aparte i es en verdad un circuito de confinación. Los detalles de lo que pasa en esas casas serán dados en el capítulo concerniente a la prostitución en este país.
El 23 de marzo hicimos la indispensable escursion a Kamakuna, en tren, por un trayecto lleno de paisajes agradables, cuyo principal adorno es un sinnúmero de casitas campestres como juguetes. Por primera vez vemos el espectáculo que ofrece una estación de tren japonesa donde mil personas calzadas de zuecos caminan, trotan i corren, produciendo un ruido estraño compuesto, insoportable para los novicios.
Nos acompaña en nuestra escursion el comandante Armani Luigi, a quien también habíamos sido recomendados por Storni i compañía. El comandante Armani, es un verdadero comandante; manda siempre, manda aun mientras ruega i tiene un carácter entero. Ha venido al Japón por cuenta de la casa Ansaldo, de Italia, para proponer al Mikado construir los buques que necesite. Tiene mui buenas relaciones en el gobierno i es mui estimado en esta sociedad.
I a propósito de esto aprovecharé la ocasión para presentar al simpático capitán Mili ion, mi reciente i anti-
guo amigo, distinguido ex- oficial del ejército francés, inválido de un brazo por heridas, condecorado i con grandes menciones honrosas, que ha venido por cuenta de una casa francesa, constructora de cañones, rieles, locomotoras i máquinas, a ofrecer sus artefactos a la administración de este país.
Hacia un lado de la estación de Kamakuna a la izquierda, a poca distancia, entre el bosque, se encuentran los templos de Hachiman o sea unos galpones de madera en alto mas o menos complicados. A los lados de la puerta del santuario, tras de unas rejas de alambre se ve la imájen de los guardianes del templo, unas figuras grotescas, cubiertas de papelitos envueltos i pegados a su cuerpo ; estos papelitos provienen de los devotos ; cada uno escribe su pedido o solamente lo pone con el pensamiento en una pequeña hoja, que envuelve en seguida, moja con agua i la arroja al guardián para que la presente al Dios a quien va dirijida la petición; a veces el pedacito de papel mojado se pega en la reja de alambre; eso no importa; el guardián lleva el pedido como si lo recibiera en propia mano. A mas de esto o en vez de ello, para rogar a Dios en el Japón, los devotos se presentan personalmente en la -puerta del templo, echan su óbolo, una moneda de ínfimo valor i dicen su rezo o cuentan su necesidad; si se imajinan que Dios está distraido lo llaman con dos palmadas, i en grave duda, acuden a un cencerro colocado espresamente para este oficio. En el altar no se ve nada sino inscripciones tras de un enrejado, pero naturalmente las tabletas estarán dentro del tabernáculo. Anexo al templo hai un museo de armas antiguas, curiosidades relijiosas, imájenes de dioses, objetos de uso de hombres célebres i andas para pasear a símbolos del culto en las procesiones.
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Concluida la tarea ele ver el museo, saco un papel donde los señores Rossi ( Lorenzo i Teresio de Faenza Provincia de Ravena, compañeros de viaje en elPreussen) me habian apuntado algunas indicaciones, i leo: «Da Hachiman si puó andaré al Kamakuna Hotel, poi al Daibutsu in pochi minuti. Poi si prosegue in riksha fino al villaggio di Katase; si lascia il riksha e si va a piedi a Enoshima passando sopra un ponte di legno. Si ritorna a Katase ed in riksha si va a la stazione di Fujisava ove si prende il treno por Yokohama ». Como era temprano en vez de ir al hotel fuimos primero a ver el Gran Buda. Atravesamos una preciosa aldea situada a corta distancia a la derecha de la estación i llegamos al paraje donde se levanta la colosal estatua, al pié de una colina, en medio de un bosque de camelias altísimas i otros árboles, a poco trecho de pequeños valles cultivados que entran en la montaña i por cuyo fondo bajan arroyos de agua clara. Si el paraje no es digno de un Dios venga el Dios verdadero i haga otro. La estatua representa al Buda sentado con los pies cruzados; es en realidad un busto de bronce colosal. Por el tamaño i la idea hace recordar a la estatua de Baviera en Munich i por accidentes de situación i la espresion del rostro, a la Esfinje célebre de Ejipto. El autor del Daibutsu ha querido dar sin duda a la fisonomía del Dios la misma dulzura, suavidad, serenidad i esa espresion de conformidad i tristeza de la Esfinje de las pirámides. El Buda tiene un botón en la frente, signo de la intelijencia; apoya los brazos en los muslos; las manos están juntas tocándose los dos pulgares por sus estremos sobre los índices i demás dedos doblados, también en contacto, como lo muestra la figura del márjen; esto debe tener algún significado cuya averiguación recomiendo al lector. El retrato del Daibutsu está en todas partes. El busto es hueco i tiene en su interior dos altares, uno de ellos colocado en la cavidad correspondiente a la frente, sobre los ojos.
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El paraje es encantador con su plantío de bambús, los accidentes ya apuntados i la disposición de la tierra en montículos.
Dejando al Daibutsu entramos en una casita japonesa de madera; es un juguete, un dije por su distribución i su limpieza. Los bastidores, las persianas, los transparentes de papel, el piso, el techo, todo es de un trabajo acabado; todo ajusta, encuadra, corre o se abre a la perfección : muebles, puertas i ventanas. Da lástima pisar la finísima estera nueva, brillante de frescura. Añádase a esto la alegría de los moradores patente en su risa constante.
De ahí pasamos a ver la Canon, la mujer de Daibutsu (no sé como un dios puede tener la imperfección de ser casado); para ello atravesamos otra villita o la misma, no se bien, pues la limpieza i la animación no son nuevas para mis ojos. El templo está en un montículo i en el mismo un poco mas abajo hai otro pequeño con su Daibutsu chico, ostentando su nimbo, como nuestras imájenes de santos, i sus plantas figuradas de lotus, signo de la pureza. El templo es viejo i como muchos, un galpón de madera con estantes i altares i los dos guardianes a los lados cubiertos con los repugnantes papelitos ; hai muchas imájenes, bustos de dioses, por doquiera; en el fondo aparente, se ve mil inscripciones ; le llamo aparente por que es movible i tras de él se levanta la jigantesca estatua en pié, de la Canon, una mujer como nuestras vírjenes, pero de nueve o diez metros de alto a la vista i de madera dorada. En la mano derecha tiene un cetro del tamaño de un mástil, en la izquierda un vaso con la flor de lotus. No vi la estatua en su totalidad a mi satisfacción por la oscuridad del recinto, sin mas luz disponible que la de dos farolitos con su vela de sebo que un sacristán sube i baja por medio de cuerdas. Vi solamente bien la cara i las ropas; la cara corresponde a la idea de una matrona celestial; es linda a pesar de sus vastas
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dimensiones. Aquí también la mariolatría o \-&feminolairía es mui galante i hace mas lindos a los dioses del sexo femenino. Afuera del templo hai una gran campana en su campanario, no para llamar a orar sino para dar la hora a la comarca ; no tiene badajo, se la toca golpeándola por fuera con el estremo de un palo colgado horizontalmente por medio de dos cuerdas a distancia i altura adecuadas, que actúa como un ariete. También hai en este santuario un bosque de camelias i bambúes.
Vamos a almorzar al Hotel Kamakuna, un buen hotelito japones, donde sirven musmees (niñas) con los pies desnudos, limpios, rosados i chicos, calzados con una sandalia de fina paja. Después seguimos por la orilla del mar i costeando montes bajos, prudentes, no como esos que se le echan a uno encima, llegamos a la aldeita llamada Katase; allí dejamos las rikshas i a pié continuamos nuestro camino por un arenal i luego por un puente hasta la península o isla, según la marea, de Enoshima, donde hai otra aldea mui bulliciosa, animada i comercial, principalmente en artículos de cristal o hechos con productos marinos i piedras susceptibles de admitir un pulido perfecto. Esta aldea está en perpettia feria i a su bullicio se añade el rumor constante de las olas del Pacífico que en este paraje parece tomar entonaciones estrañas. El paseo preferido en esta isla es a una cueva situada en el estremo opuesto a la aldea; el camino es mui lindo por sus accidentes: subidas, bajadas, escaleras, casas de té, jardines, arboledas, jentes paseando, i en las rocas, abajo, ya tocando al mar, por el espectáculo de robustas japonesitas con las piernas i muslos desnudos hasta la ingle, ocupadas en recojer algas i conchas, siempre en presencia de infalibles espectadores europeos.
La cueva de Enoshima es una profunda escavacion con varias ramificaciones, hecha por el mar, semejante a las
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cuevas de Irlanda en las vecindades del Giant's Cosway ; se entra a ella por un puente de madera i una vez dentro puede uno entregarse a las delicias de adorar a los dioses en sus propios altares. Salimos, subimos hasta la mitad de la altura, tomamos té en una venta, hablamos en japonés (Ohio Ojayo, usted lo pase bien) i vamos a la mas próxima estación para volver a Yokohama.
El 26 de abril visito un taller de bordados : gran salón con su estera suave i blanda, sobre ella sentadas 20 muchachas bordando en largos bastidores proporcionados a la obra; en otra sección 20 mozos haciendo lo mismo. No hai una hilacha en el suelo ni una voz vuela por el aire. La introductora de los visitantes, provee de trabajo al taller i goza naturalmente de las consideraciones debidas. Por tanto la Directora le trae el té, todos los empleados le hacen el Kot'ow tres veces (reverencias con prosternacion tocando con la frente el suelo). La introductora ofrece a su vez el té a los visitantes.