Por mares, por tierras · Unidad 54 de 82

Unidad de lectura 54

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

música. La puerta del 2° vestíbulo a la sala donde figura la urna de los espíritus, es una joya primorosa; cada pequeño tablero de ella lleva sus incrustaciones i sus adornos cincelados, de bronce dorado. Esta sala u oratorio tiene diez columnas en los lados i frente del tabernáculo, doradas i pintadas con gusto en la elección de los tonos, lo mismo que los muros; estos ademas llevan esculturas por fuera i por dentro. Tuve el gusto de sentarme en la silla que ocupaba uno de los shógoun cuando asistia al templo ; la encontré cómoda. Pero lo mejor de aquel relicario para mí, es la urna de laca dorada de los espíritus, por sus admirables bajos relieves ; el tigre del panel izquierdo cuya figura apenas hace prominencia en la superficie, impresiona realmente i deja un recuerdo imborrable de la actitud de su elástico cuerpo i la espresion sujestiva de su rostro. En el medio, debajo de un dosel de encaje metálico, sobre una mesa de laca, figuran mil objetos, entre ellos cajas conteniendo varillas perfumadas para quemar, polvo de incienso (nos dieron un poco de cada cosa), libros sagrados i reliquias. A la izquierda del tabernáculo se ve una puerta de laca blanca de una finura estraordinaria i de un trabajo maravilloso, pues hasta los botones de los pasadores han sido cincelados.

Al dejar el templo donde también nos recibieron los sacerdotes vestidos de gala, nos mostraron, sacándolos de sus estuches, los rollos de pergamino que contienen en caracteres iluminados de inimitable caligrafía, hechos a mano, la doctrina de Buda. Las letras son como las de los misales ricos de nuestras iglesias.

Antes de salir de Niko hicimos otro paseo por sus alrededores, al otro lado del rio, el cual debia llamarse de «piedras corrientes». ¿Qué hacen ahí en el cauce i a donde van? Se desgranan, se quiebran, se reducen, se pulen, se vuelven a partir i se convierten por fin en arena, yendo a formar el muro que detiene las aguas de

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los mares en las costas. La última avenida, tras de lluvias torrenciales, se ha llevado un puente; nosotros pasamos por otro improvisado, casi tocando el agua; subimos al lado opuesto la falda que encauza el rio i entramos en una nueva selva. De la montaña bajaban aldeanos cargados con ramas de árboles llenas de flores, como para pintarlos. Luego nos insinuamos en una lengua de tierra i de su alta planicie vimos con una delicia estraña, a pesar de estar ya cansados de paisajes, la luz rara de aquellas comarcas, hecha por los reflejos eclécticos de todas las cosas; el verde con sus infinitos tonos i el rosa de las azaleas mitigado o exaltado según la distancia; el color de la tierra, del agua i de cielo, diferente del común i diario. Yo siento la necesidad de empaparme en este fluido de la naturaleza, dejarme penetrar, saturarme de su belleza en la escena misma, hasta convertir mis fugaces sensaciones, en marcas indelebles de estética crónica, constitucional, antigua, para no olvidarlas jamas. Tengo en frente las montañas vestidas como si les hubiera caido una lluvia de bosques i estuvieran derramando el exeso de sus árboles en el valle, i a mis pies, el torrente, a escape sobre su lecho de piedras prontas a levantarse i seguirlo metiendo un formidable ruido, apenas haya una fuerte lluvia. Entre tanto solo se oye la música del rio, del viento i aquella resonancia interna, sujetiva en apariencia, compuesta por los atómicos estallidos del juego de la vida, en mil seres invisibles. Los pájaros a veces alzan una gritería alegre, inmotivada hablando en su idioma, pues los animales a diferencia de los hombres, en todas las comarcas, en igualdad de raza, tienen la misma lengua; los veo volar de rama en rama, sin objeto i alejarse algunos pasando sobre los techos de los templos i las tejas rojizas de la estación i del hotel, en dirección a la selva de la otra banda o al límite de los deshielos, donde nacen los arroyos. . . ¡ Nemoto no entiende cómo un hombre práctico puede perder su tiempo en contemplar tales bagatelas!

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Mayo 11. — Volviendo de Niko nos detenemos en un punto cuyo nombre no recuerdo, para ver las fábricas de papel i de paños. Almorzamos en una chaia a la vista del público, sobre las tarimas colocadas en el gran corredor que sirve de fonda (restaurant). Luego pasamos a ver la fábrica de paños i vimos desde la descarga de los bultos de lana, hasta las piezas de jénero prontas para la venta, a saber: la materia prima lavada, hilada, tejida, teñida i el paño, su final transformación, doblado i almacenado. Guillermina por no perder el vicio, me hizo comprar una manta i consecuentemente regalar la mia a Nemoto, con gusto por un lado i con sentimiento por otro, pues la dicha manta me habia servido veinte años ( era de rayas rojas i negras de un lado, de color uniforme plomo, del otro i diferente tejido en las dos caras, hago su retrato para no olvidarla).

La fábrica de papel no ofrece particularidad alguna; solo hace ahora papel para diarios pero puede hacer de toda clase: fibroso, de seda, de comercio, de cartas. Es conocida la gran habilidad de los japoneses para la fabricación de este artículo.

La aldea donde están las fábricas se halla cerca de Tokio ; así, en vez de tomar el tren de nuevo, nos fuimos en rikshas por entre el bosque, siguiendo un camino precioso, lleno de jardines, casas de campo i chatas, ventas, fondas o como quiera llamárseles, donde dan de comer, sirven té, licores i cerveza esquisita, fabricada en el pais, tan buena como la mejor europea i por la cuarta parte del precio. Nos tomó una lluvia furiosa en viaje i para complemento de impresiones, ella comenzó cuando pasábamos en frente a un cementerio vasto i solemne, insólitamente triste, por contraste aquí donde todo es alegre i por el llanto del cielo gris. Felizmente llegamos pronto al parque Uyeno donde esperamos que calmara la borrasca.

Por mares i por iierras

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Mayo 13. — Asisto con Armani, dos italianos mas i un japones a una comida de estilo en una chaia. Tratándose de costumbres orijinales, un estranjero debe hacer por conocerlas i conociéndolas el lector no tomará á mal que el viajero se las muestre; sirva esta observación de disculpa por si encuentra en estas mis notas alguna información escabrosa.

La chaia presentaba un aspecto mui animado a la hora de la cena i eso a pesar de ser la noche de un dia 13. En casi todos los departamentos habia banquete japones característico i con tal motivo, gran afluencia de invitados, de bailarinas i musmés músicas. En el nuestro cada caballero era servido por dos preciosas jóvenes; la mesa era el suelo, el mantel, un rico tatami, los cubiertos, finos i limpios palitos, los vasos, tacitas microscópicas. Los platos fueron variados i numerosos. En los intermedios se bailó, se cantó i se rió en grande. Al final de la comida las musmés jugaron al chiri fuori} juego de prendas en el cual la musmé que yerra se despoja de una pieza de ropa, continuando así la diversión hasta que todas menos una, quedan completamente desnudas, como creo haberlo dicho en el curso de mis apuntes. La triunfadora, es decir la que conserva sus ropas es aclamada, obsequiada i cubierta de flores. Las otras se visten luego i la música i la jarana continúan.

Después poco a poco la concurrencia va disminuyendo por la ausencia de las parejas.

Así sucedió en nuestra cena; únicamente yo i Armani, yo por deberes estrictos i él por no dejarme partir solo, emprendimos la retirada a nuestras casas. Armani estaba algo apesadumbrado ; no sé por qué.

Mayo 14. — El gran maestre de ceremonias Sanomiya i el vice Tokugawa, nos invitan a una representación de antigüedades coreográficas i musicales en la escuela imperial de música, instituto incluido en la cintura del palacio. La escuela se compone de tres grandes piezas.

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abiertas en su frente, un sitio vacio delante, tras de este un gran salón con galerías laterales i en su tondo las habitaciones, aulas i dependencias del instituto. Los espectadores ocupan las tres primeras piezas i se hallan separados del escenario por el espacio vacio. Componíase el público este dia, de los dos grandes maestres, el conde Orfini ministro de Italia, el Director i profesor del establecimiento ( un alemán ) otro profesor japones, Nemoto, Dubufiet i nosotros. Nada mas" curioso he visto en mi vida. En el fondo del escenario estaban los músicos que tocaban en instrumentos raros algo mas raro, no desagradable, pero sumamente estraño, tanto que el oido acostumbrado a las armonías, melodías, tonos i medidas de la música actual, no podia seguir el hilo de lo que oia ni adaptarlo a réjimen alguno, ni hacerlo significar o espresar cosa determinada. Habia en medio del escenario un tambor sobre su sosten, antiquísimo i de gran valor según dijeron. Los que ejecutaban las danzas salieron del fondo por los dos lados, vestidos con trajes de 400 años atrás, de corte sacerdotal i telas recamadas, bordadas, tiesas de puro ricas i llenas de galones; no puedo describirlos por falta de punto de comparación, pues los tales trajes no se parecen a nada de lo que se usa ahora. Otro tanto digo de los bonetes que completaban el vestido.

La danza era una especie de cuadrilla metódica, solemne, complicada, monótona, interrumpida con numerosas cortesias ; los oficiantes daban largos pasos, se cruzaban, marchaban en procesión i volvían a separarse siguiendo las cadencias si las habia, de la música consagrada desde hace siglos a ese baile estereotipado que caracterizaba una tradición nacional. Después de espectáculo tan nuevo de puro viejo i de un cuarto intermedio durante el cual tomamos té, dulces i vino, la orquesta moderna, compuesta de profesores educados a la alemana, tocó varias piezas de Wagner, distinguiéndose los japoneses en la ejecución. El director fué muí felicitado.

Sanomiya habla muí bien ingles i es mui obsequioso ; la reunión no pudo ser mas agradable.

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La noche de este dia se pasó en la Legación de Francia. El Ministro Mr. Armand daba un gran baile de disfraz; todos los residentes estranjeros de cierta distinción estaban allí; habia también algunas damas i caballeros japoneses, a pesar del luto de la corte. No he visto jamas baile mas animado ; los disfraces eran todos característicos i algunos sumamente artísticos. El cotillón fué dirijido por la hija de Armand con muchísimo tacto. Llamaron la atención los preciosos objetos distribuidos después de las figuras. Yo conservo un alfiler de plata i una cartera. Las madres de familia aprovecharon para llevar a sus hijos juguetes propios i ajenos, debidos estos últimos a la galantería de los caballeros. Nadie se aburrió i eso es mucho decir ; por nuestra parte conocíamos a todas las señoras de las legaciones, a los ministros i secretarios i a casi todos los residentes estranjeros. Después de la /arándola, paseo en cadena por toda la casa, de vuelta al salón de baile, lo encontramos convertido en comedor; al rededor de cada mesa se colocaron los invitados sin distinción, buscando las simpatías o relaciones u obedeciendo a las circunstancias Un sol japones inmenso

entró derrepente por las ventanas, cuando todavía estábamos en la mesa; su aparición fué la señal de la partida; pero algunos incansables, respetando poco la fatiga natural de los dueños de casa, fueron todavía al jardín a pasear unos, a jugar el lawn tennis otros.

Al volver nosotros a nuestro hotel por las calles infinitas, tuvimos ocasión de ver a la divina Tokio en sus horas matinales, radiante de luz i de flores, de aire fresco i de perfumes.

Mayo 15. — Comida en casa del encargado de negocios de Béljica Mr. Cartier; muí buena; sirven todos los vinos al mismo tiempo i los platos con una precipitación poco distinguida; los sirvientes no lo dejan comer al invitado; apenas levanta este la vista de su plato se lo quitan, aun cuando no haya probado las viandas;

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imposible conversar. La culpa de esta furia no era del dueño de casa sino de la moda. Asistieron a la comida: una señora i una niña hijas de un profesor de química, el barón Foy, joven francés, Mr. May, belga, secretario de la legación i el encargado de negocios de Inglaterra.

Mayo 16. — Volvemos a Yokohama invitados a comer por Seus, Cueurs i Pravieux : mesa lujosa i conversación animada. Cueurs me da sus trabajos sobre el teatro japones, minuciosos i exactos.

Mayo 17 . — Ya nos quedamos en Yokohama hasta el dia de embarcarnos. Rene Dubuffet nos da la comida de despedida en su casa; asisten su socio Lagrange i dos de sus amigos; se pasa alegremente la noche i volvemos a pié al hotel a donde nos acompañan todos los invitados i el invitante.

Mayo 18. — Recibo una carta de W. Kahnweiler, aquel joven que conocimos en Túnez i a quien no esperaba ver en el Japón i tal vez ni en el mundo, tan enfermo estaba cuando nos separamos. Voi a buscarlo en el Gran hotel donde se aloja i tengo verdadero placer en encontrarlo sano en apariencia o a lo menos con su tisis estática.

El señor Arnold Dumelin, el rei de las sedas como le llaman en Yokohama, nos invita á tomar el tiffin, lunch, en ingles, las once, en español antiguo. Dumelin es el jerente de la gran casa Siber Breunval i O., vive con

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lujo, tiene una hermosa biblioteca cuyos libros nadie toca, ni el mismo dueño ya cansado de todo en la vida. El tiffin es notable; se sientan á la mesa les soyeux mas distinguidos dt^ la ciudad i los empleados de la casa. Dumelin regala a Guillermina un sai zuma precioso, antiquísimo.

Kahnweiler viene á comer con nosotros i trae de regalo i como recuerdo de viaje un riquísimo i viejísimo tapado chino de seda roja, bordado primorosamente con hilo de oro; lo ha obtenido con gran trabajo en Pekin.

Mayo 19. — Dumelin viene a buscarnos en su carruaje con Dubuffet i un señor Reiffinger, para dar un paseo por la bahia del Misissipi; tomamos hacia el mar i nos detenemos en una casa habitada solamente en la estación de baños; caminamos por la orilla del mar un rato i luego hacemos los debidos honores a los comestibles i al vino de Asti que Dumelin i su socio Reiffinger han llevado en una adorable canasta.

El marques Tokugawa viene a comer con nosotros al Club hotel. Hemos invitado también al ministro francés i su señora e hija, al vizconde Enemoto, a Carcer i señora, a Iñigo i señora, al señor Bain i su mujer i al señor Cartier,unos tras de otros, según recibimos las escusas de los que no pueden aceptar por cualquier inconveniente. Enemoto se halla enfermo y los demás están comprometidos para ese dia por celebrarse en él no sé que fiesta en una legación. En Tokio i Yokohama en la estación que precede a la huida de todos al campo i estamos en ella, para comer con alguno es necesario comprometerlo con una semana de anticipación. Viene pues solamente el

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marques, mas yo he pagado mi deuda de gratitud a todos por las invitaciones recibidas.

La comida preparada con especial cuidado por Mr. Sioen, ha sido liviana, delicadísima, esquisita; la conversación sostenida e interesante.

Refiero á Tokugawa la leyenda del pilar del pórtico blanco de Niko, ya conocida del lector, según la cual los dibujos que figuran invertidos están así por voluntad espresa del artista a estar a las guias, pues si no tuviera algún defecto la obra causaría envidia a los dioses quienes se vengarían de la familia Tokugawa por semejante irreverencia. Rióse mucho el marques de la leyenda que no conocia i a su vez i con motivo de la profusión de escudos tallados, pintados i cincelados en los mausoleos de su familia, nos refirió el oríjen de sus armas. « Uno de mis antepasados, dijo, que andaba en guerras (todos mis parientes han sido mui camorreros) recibió en cierta ocasión, en un aniversario de algo probablemente, como obsequio de parte de sus compañeros de campaña, viandas o frutas, alimentos en fin, puestos sobre tres hojas de aoni, arregladas en el fondo del plato en forma de trébol. Al dia siguiente hubo una batalla i el obsequiado de la víspera la ganó: creyóse entonces que la singular disposición del plato habia sido un buen augurio, un talismán i el vencedor adoptó como escudo las hojas de aoni acomodadas en la forma en que hicieron el papel de servilleta.

Después de la comida i previo el reposo de regla, lo acompañé á la estación del ferro-carril; pero no habia tren á esa hora para Tokio, sino solo un espreso que pasaba sin parar en Yokohama. Este incidente nos dio la ocasión de pasear una hora en coche, conversando, ya entonces con mas intimidad; me contó el marques cómo eran su mujer i sus hijos, cómo habían vivido en Paris; la facilidad con que su señora se habia acostumbrado al vestido i a los usos europeos i otros mil detalles. Conversamos también de política, de la estadística del Japón, de los propósitos de paz i de adelanto de su gobierno,

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de los recursos del pais i por fin de la posibilidad i necesidad de establecer relaciones con la república arjentina, pudiendu el Japón, a la menor iniciativa mandar un ájente.

Mayo 20. — Tiffin en lo del señor B. Walter, representante de la fuerte casa de comercio Jardin Matheson. La señora de Walter recibe mucho, como dicen aquí: La mesa está mui concurrida i el tiffin es rejio ; conocemos en esta casa a varias personas; entre ellas a una señora americana, la mujer de un almirante de Estados Unidos, de un gran talento i mucha gracia para narrar anécdotas; me cuenta la de un hombre distraído i me hace reír a morirme: « El señor Parker dice, era mui obsequioso, pero mui distraído, tanto que en una reunión en su casa le decia a un amigo suyo — « Venga usted, voi a tener el gusto de presentarle a madame.... a

madame a madame bah ! ¿ cómo diablos se

llama ? — ¿ Quien ? pregunta el amigo. ... — Mi mujer hombre .... madame ! . . . . — Parker. — Eso es ; a madame Parker ». Se habia olvidado de su propio nombre.

Mayo 21. — Tiffin en lo de Seus. Asisten el periodista de Cueurs i el cónsul Belga. Paseo en un faetón mui bien puesto, por la bahia del Misissipi, circo i otros parajes. El mismo dia comen con nosotros Dubuffet, Lagrange, socio de este, Kahnweiler i Armani. Yo estoi mui cansado i enfermo de influenza en una de sus formas raras i mas impertinentes i estravagantes, felizmente ya conocida por mí. (« Curada con tres dosis de quinina en tres dias a bordo » nota añadida al copiar mis apuntes posteriormente).

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Mayo 22. -- Nos embarcamos en el Coptic ; nos acompañan i despiden cariñosamente los mas de nuestros amigos de Yokohama i Tokio, estranjeros i japoneses i dejamos al comenzar la tarde con gran sentimiento, la adorable tierra donde hemos pasado dias tan felices.

Suspendo aquí el diario para completar mis observaciones sobre td Japón en capítulos de tema jeneral, independientes de cronolojias i de fechas.

Características Japonesas

(Este título es un plájio ; lo tomo de un libro de A. H. Smith sobre la China, por parecerme lacónico i comprensivo).

I — COSTUMBRES. — habitaciones — vida de familia —