Por mares, por tierras · Unidad 81 de 82
Unidad de lectura 81
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
Una nueva sensación se tiene al mismo tiempo, dentro de la bruma: la del aislamiento absoluto.
El viandante, a fiarse solo en su vista, se creeria suspendido en los espacios siderales, sin horizonte, sin zenit i sin nadir. Pero la ilusión se destruye i se forma sucesivamente con la aparición i desaparición de coches, jentes, animales, luces, letreros, muros i edificios que salen de la nada para cerrar el paso i se pierden luego en el humo del ambiente universal, reproduciendo el aislamiento en el vacio.
Voces, gritos, crujidos, castañeteo de latigazos, trote de caballos, ruidos de frenos actuando en las ruedas de los ómnibus, de cascabeles, de cadenas i mil otros estraños o conocidos, se oye entretanto, i a su favor nace cierta zozobra en el alma del observador.
La brusca transición de la soledad en un medio insondable a la repentina población de millones de seres vivos i de objetos que brotan, no ya de la tierra pues no se ve tierra, sino del aire mismo convertido en nebulosa; la salida de fantasmas, la sombra de los guias de a pié cuando la bruma se condensa, solícitos para dar rumbo a los vehículos donde no se percibe ruta ni dirección, dan oríjen a una serie de impresiones angustiosas para la jeneralidad, raras, recientes, novedosas i agradabilísimas para mí!
A la noche una brisa lijera barrió la atmósfera i la luna nueva, como un medio paréntesis de plata, se diseñaba en los cielos i hoi el sol radiante ha traido un tiempo de primavera a los habitantes de este centro del mundo.
Mi amigo Edwardes^entra con guantes negros a mi cuarto. — ¿Qué sucede? le digo ¿por quién está de luto ? — No estoi de luto, me contesta; el fog de ayer ha hecho el milagro; estos guantes eran gris perla hace dos dias ; ahora, como usted lo vé, son del negro mas refinado e indeleble
— 666 —
Tomo el tren de las once de la mañana [jara Paris i hago un viaje en sociedad de puros desconocidos conversando, no obstante, con la mas grande familiaridad.
Averiguado que soi médico cada uno me pide un consejo; la mas i mejor aconsejada fué una joven recien casada que llamaba papá a su marido i no obstante se quejaba de ser tratada por este como una criatura. — ¿I por qué no como dos? pregunté yo. La joven quedo suspensa; luego entendió i se dignó ponerse colorada.
Noviembre 2. — París. « Salón pour la coupe des cheveux» se ve en la muestra de una peluquería de la rué Saint Honoré (el salón tiene tres metros por costado). En el interior sobre un espejo figura esta leyenda: «Coupe des cheveux Fs. 0.75; barbe 0.25.
Me hago cortar el pelo i la barba; el mozo que me sirve enciende en el gas un palillo i viene hacia mí con su tea en la mano.
— Qué es eso? pregunto.
— Voi a quemar las puntas del pelo para fortificarlo! responde.
— Mire mozo, déjese de farsas conmigo!
— Bien señor ¿lavaremos la cabeza con un poco de champouin ?
— No lavará usted nada. —Una fricción, entonces ? -No.
— Agua de rosa. . .?
-No.
— Un poco de brillantina para el bigote? (Me
pongo en pié fastidiado i le digo ).
— He venido a hacerme cortar el pelo i la barba i a nada mas ¿entiende?... Cuanto es? (Interviene el patrón)
— Dos francos, señor.
( Yo me planto delante del espejo i leo en alia voz):
— «Coupe des cheveux Fs. 0.75; barbe 0.25.
— 667 -
(El patrón furioso dirijiéndose al oficial). —No hai fricción?
(El mozo menea la cabeza). — ¿Por qué no ha hecho fricción?
— «Porque yo no he querido», replico en vez del mozo.
— Debia haber hecho fricción !
— Aun cuando yo no quisiera?
— La fricción es lo que nos salva ; sin fricción no se corta el pelo.
— Pero hombre ¿cómo puede usted obligar al público a dejarse hacer lo que a usted se le antoja ?
— Monsieur sin la fricción no ganamos nada.
— Entonces para qué ha puesto este letrero.
— Está bien, pero la fricción es nuestra única ganancia.
— ¿I el letrero?
(El patrón próximo a desmayarse calculando que tal vez se le escaparia la ocasión de cazar un franco uraño sin lejítimo derecho, me conmueve profundamente i al verlo en tal estado: «Bueno, le digo, no se desespere, no se muera, aquí tiene sus dos francos; otro dia me hará fricción, me echará agua de rosa i me tratará usted como a un imbécil; es decir como se trata a los estranjeros en Paris ». El patrón revivió al mirar los dos francos. Sin embargo este infeliz no es tan descarado como su colega i vecino de la calle Castiglioni, orijinalísimo barbero i peluquero quien afeitando a un cliente lo dejó a media barba hecha i se salió a la calle a probar una bicicleta que le ofrecían en venta (no es invención, es relato de un incidente):
Noviembre 10. — Asisto a una conferencia de Francisco Sarcey sobre Stendall (Enrique Bell). Sarcey es un erudito ; cada frase suya representa una familia de conocimientos almacenados. Sus digresiones, quiza de-
— 668 —
masiado frecuentes ¡ largas, sirven sin embargo para mostrar su estensa información sobre hombres i datos conexos con sus tópicos. lis un orador sencillo que enseña i agrada. Sus medios no son en tanto, nuevos : la narración, la biografía i la parca descripción de épocas i caracteres que constituyen los resortes de su oratoria, son modos de fácil manejo i siempre eficaces para cautivar la atención. Me parece deficiente, a pesar de su brillo i variedad, su bagaje literario: todas sus comparaciones son con escritores franceses i sus referencias no salen de las fronteras de su tierra sino en pos de un autor nacido en ella, ni aun en casos en que la comparación i la referencia están reclamando nombres de afuera.
Sobre Stendall nada nuevo dijo ; no obstante ciertos comentarios fueron presentados con orijinalidad i gracia siendo la conferencia toda un modelo de literatura familiar.
Comparando los romancistas de otra época con los actuales ha hecho observaciones felices; la mas novedosa i fundamental de ellas se ha basado en un fino detalle, perceptible solo para ojos perspicaces: ;:El medio, dice, enjendra el romance, pero es necesario que lo haga sin dejarlo sentir.
« El literato que como Zola, Taine u otro autor de nota, va en busca de copia (material será) al sitio donde ha de hallarla, ya sea Lourdes o Italia, un barrio de Paris o cualquier punto del globo, hará si tiene talento, pajinas de mano maestra, pero diferentes de las de un escritor de raza que viviendo en un paraje i mirando desfilar los acontecimientos, se empapa en ellos, se satura de la atmósfera local i derrama después sin pretensión alguna, el caudal acumulado en su mente por la naturaleza, sin participación activa de la voluntad de inquirir, averiguar, preparar i trasladar al papel las impresiones solicitadas a propósito.
«Por eso Stendall viviendo en Italia lleva consigo la Italia entera i la pinta mejor que Taine, quien fué a mirarla para copiarla.
- 669 —
«Las aventuras que el narrador ha encontrado sin buscarlas dan lugar a obras espontáneas con bellezas características; los romances de ahora, con plan preconcebido, sobre situaciones provocadas, se resienten de las deficiencias de una época en la cual ya no hai aventuras, por cuanto la regularidad de la vida las ha hecho escasas o imposibles».
No pretendo reproducir sus frases testualmente ; bástame dar su sentido. El auditorio ante el cual habló el amable disertante, era compuesto casi esclusivamente de señoras.
Noviembre 15. — Estamos ya en vísperas de partir para Buenos aires, i mui ocupados con los últimos toques a nuestros deberes sociales.
Durante los dias anteriores hemos andado de teatro en teatro, de fiesta en fiesta i de comida en comida. Desde Trouville donde nos encontramos con la familia de don Francisco Soubercasseaux, esta no ha dejado de hacernos atenciones a las cuales quedamos mui gratos. Aquí nos ha invitado varias veces a su palco en la Gran Opera i a comidas en su casa, entre ellas a una dada en obsequio de nuestros amigos Francisco Pinto i señora.
Conocimos también en Trouville dos familias chilenas mas: la de Blest Gana, ex-ministro de Chile en Europa i la de Mate otro ex-ministro mas reciente. Blest Gana nos presentó a su señora i a su preciosa hija Blanca casada con un centro-americano. Mate tiene una hija llamada Rebeca; mui interesante niña que conversa mui bien, con sumo juicio i vasta información sobre cualquier tema social; estudia escultura i ha obtenido en sus cursos diversos premios.
Blest Gana acaba de publicar una novela sobre temas chilenos, de verdadero valor literario e histórico titulada «Durante la reconquista». Me ha regalado un ejemplar
— 670 —
de ella i me ha prestado dos grandes volúmenes sobre el Japón, escritos por un colega suyo; esta obra llena de datos históricos i de informaciones serias, tiene el defecto de contener diseminados a lo largo de sus mil pajinas, datos correspondientes a determinados capítulos, reunidos en un solo título hechos de diverso jénero, i los del mismo, puestos en sitios diferentes. Así, consultar cualquier cosa se hace mui difícil e incómodo i por tanto la obra es menos útil de lo que debiera ser, dado su abundante material. Felizmente no recuerdo el nombre del autor i no cargo mi conciencia con rebajar el mérito de persona señalada.
Un señor Jarislowski casado con una norte-americana buena moza i padre de dos criaturas intelijentísimas, maravillosas, a mi juicio, por efecto de su educación; el mismo que nos procuró cartas de recomendación para Hong Kong, Shanghai i Yokohama en virtud de las cuales fuimos tan bien atendidos, no ha cerrado todavía la llave de sus atenciones i nos ha dado una gran comida para presentarnos a sus amigos i amigas, jentes todas mui distinguidas.
Concurrimos también al banquete que dio el señor Mate en honor de su colega Francisco Pinto. Yo estuve en la mesa mui bien colocado entre la señora de Pinto i otra chilena llamada Mercedes. No importa el apellido, casada con un señor Peña. Esta joven, madre de una docena de hijos, era un modelo de belleza, i bajo este punto de vista, mui superior a su marido.
Merece figurar en mi diario parte de nuestra conversación, relativa a un tópico siempre tratado i nunca concluido en sociedad, por ser un resumen de muchos argumentos.
Después de hablar con la señora Mercedes i con Teresa de Pinto sobre la guardia nacional i la patria real de los hijos de estranjeros, temas adecuados al caso i a las personas, como lo ve cualquiera, no sé cómo vino la cuestión de las infidelidades en el matrimonio. La señora Mercedes declaró al llegar a los postres, que ella no perdonaría la menor irregularidad a su marido. Yo critiqué su resolución. Insistió ella sobre su derecho i la
- 671 —
injusticia de la opinión de los hombres acerca de las faltas propias i las de sus mujeres. Yo entonces tomé mas a pecho el asunto i con las interrupciones naturales, propias del sitio, del acto, del auditorio i de los interlocutores, establecí mi tesis, marcando las diferencias entre la infidelidad respectiva de la mujer i del marido, en términos cuyo resumen puede ser la siguiente serie de artículos:
Artículo 1° La diferencia quedaria sancionada con solo recordar que la convención social la ha establecido hasta hacerla pasar a las costumbres; pero no nos limitemos a eso.
La razón fundamental de su existencia está en las causas, los móviles, los fines i las consecuencias.
Art. 2° Cuando un hombre comete infidelidad no lo hace llevado por causas graves ni necesita el impulso de ellas. Cuando una mujer la comete lo hace impelida por el amor o la necesidad, pues para que una mujer se decida a librarse a un estraño, se requiere la acción de una fuerza poderosa ; si lo hace por amor en eso solo ya establece la ruptura de todo vínculo con su marido ; si lo hace por necesidad, llámese lujo, amor propio o hambre, el vínculo está roto de antemano.
Art. 3° Para un hombre una infidelidad es un acto sin la menor importancia. Para la mujer es un acto grave que necesita causas eminentes i decide en absoluto de su porvenir.
Art. 4o Un hombre no tiene propósito de ofender, ni cree herir a su mujer cuando le es infiel, si bien se da cuenta de que el hecho una vez conocido lastimará el amor propio de esta. Una mujer sabe antes mientras i después que su acto ofende profundamente a su marido i lo hiere en lo mas íntimo.
Art. 5° La infidelidad del marido no trae la desconsideración pública sobre la mujer ; la de esta por el contrario deshonra al marido, arruina su reputación i señalándolo al público como un ente ridículo, llega hasta inhabilitarlo para desempeñar en la sociedad el papel a que tal vez le dan derecho sus conocimientos i sus méritos.
— 672 -
Art. 6o La inicial de la infidelidad de un marido parte mil veces de la noción de un deber social; la de una mujer parte, desde el primer momento, de la noción de una falta. Me esplico : Muchos hombres se creen mal vistos en una visita si no dirijen una galantería a las señoras con quienes conversan. Stendalí según nos ha dicho Sarcey, en su conferencia, se habia impuesto como regla el hacer una declaración de amor dentro de los cinco minutos de conversación a solas con una señora hermosa i se creia ridículo i desgraciado si no la hacia. Stendalí exajeraba sin duda sus deberes, pero ustedes mismas señoras hermosas, no encuentran bien que un hombre pase con ustedes largo rato sin mostrarles su admiración en alguna forma. Mientras tanto, toda mujer que oye, tolera, acepta o provoca una galantería comienza ya a pecar. Asi el comienzo de la infidelidad del hombre es un deber ; el de una mujer una falta.
Art. 7o La esposa infiel es una adúltera i si exajera sus favores, una cortesana ; el marido infiel es un caballero afortunado, un hombre de mundo, si sus conquistas valen algo.
Art. 8° Los móviles de una infidelidad del marido son insignificantes; muchas veces comete una inconsecuencia adventicia por no perder la ocasión, por galantería ; los de una esposa son siempre de cierta importancia i afectan mas hondamente a la familia.
Art. 9o Por último las mismas mujeres confirman de hecho i de palabra las diferencias : De hecho, porque ni aun la mujer mas honesta desprecia, o muestra al menos su desprecio si lo tiene, en su trato con el marido infiel de otra mujer; entre tanto condena, escarnece, aisla i vilipendia a la esposa adúltera, escluyéndola de su trato i mirándola como una relación deshonrosa. De palabra, porque aun las esposas irreprochables i cautas, hablan en sociedad con toda llaneza de la posibilidad o probabilidad de las faltas de sus maridos; «yo creo que mi marido me engaña » dice una señora i se queda mui serena; pongan ustedes semejantes palabras en la boca de un marido respecto a su mujer i digan si no pasaría
— 673 —
por el cínico mas degradado i el hombre mas indigno, semejante sin vergüenza !
Ahora, he aquí la razón moral, a mi entender de las diferencias señaladas en las precedentes consideraciones: La infidelidad de la mujer puede introducir un exótico en la familia, un parásito, un falso hermano para los hijos lejítimos, un heredero fraudulento, puesto a cargo del pobre marido quien lo mantendrá i lo educará no debiendo hacerlo ; la falta del marido no introduce a nadie en el hogar a menos de consentirlo la esposa; no añade por lo tanto al pecado, el detalle cobarde, el engaño i la perfidia como en el caso de la mujer. Finalmente; hasta la naturaleza ha hecho la diferencia imponiendo a la mujer la desventaja de quedar con el cuerpo del delito, como una prueba de él ; en tanto que el hombre se sale cantando: la donna é mobile, etcétera.
Solo en un caso la diferencia se borra i es cuando el marido crea una familia espúrea al lado de la lejítima, porque entonces las razones militantes son tan graves como las que actúan para determinar a la esposa a ser adúltera; aquí los casos se igualan.
La señora Mercedes no se convenció (las mujeres son inaccesibles ala convicción) pero ni siquiera se quedó sin réplica (como no necesitan razones para replicar, jamás dejan de hacerlo) a pesar de ser en mi opinión incontestables las fórmulas espuestas, consagradas ya, casi estereotipadas en la conciencia de todas las sociedades llamadas civilizadas.
NOTA. — Correjia yo esta pajina i la dejé un momento ; en esto entró una señora amiga a mi escritorio i le añadió: «la mujer no tiene derecho a faltar porque su marido sea malo ». La confirmación de mis teorías por una mujer les da mayor autoridad. Marzo 3 de 1899. Buenos Aires.
Noviembre 16. — Viene Robert Loevy a almorzar con nosotros; se queda todo el dia i nos cuenta interesantes •detalles de su vida, mostrándonos una confianza que solo puede inspirar la simpatía i el aprecio de los interlocu-
JPor mares i por tierras 43
— 674 —
tores. A las 4 de la tarde vamos con él a una conferencia de Laboulvene en la Facultad de Medicina. Habla el profesor primero sobre los colegas muertos durante el precedente año escolar i luego sobre Laenec, objeto real deladisertacion. Una concurrencia numerosa aplaude al maestro al comenzar i al terminar su lección ! A mi juicio los aplausos estuvieron de mas. Laboulvene es concreto i sin embargo pesado, por la falta absoluta de novedad i de brillo en su discurso; no hai en él oasis, ni paradas, ni paisajes alegres, ni sitios amenos, ni episodios orijinales. Espende su material en detalle sin animación i se lo ve desperdiciar las ocasiones de comunicar aliento a su tema i magnificar los pasajes salientes. Pudo dar vida al cuadro cuando espuso el modo como Laenec llegó a establecer las leyes de la auscultación ; nada hizo, su relato fué pálido i en todo el curso de su conferencia se le vio preocupado de no echar en olvido ninguna de sus notas, precaución que amortigua infinitamente la vi\ acidad de toda oratoria. Las cabezas de algunos párrafos salieron mui grandes para el cuerpo i los períodos resultaban así hidrocéfalos. Al hablar del antagonismo entre Dupuitren i Laenec, i entre este i Broussais, pudo hacer paralelos vigorosos i retratos llenos de fuerza i de vida; en vez de eso hizo referencias frias i comparaciones banales, sin novedad. La magnitud de los protagonistas no podia sin embargo ser mas sujestiva; era diré colosal i como para inducir a cualquier orador siquiera fuera mediocre a perfilar la triple silueta con tonos cálidos levantando su figura.
Diciembre 15. — Buenos aires. — Salimos de Paris para Burdeos, el 18 de noviembre pasamos la noche en esta ciudad i el 19 nos embarcamos en el vapor La Plata de las Mensajerías marítimas, un exelente vapor con un comandante inmejorable, un comisario modelo de compla-
— 675 —
cencía i un servicio admirable. No se movió sin embargo el gran buque hasta el 20 a causa de la bruma. El comandante aseguró no obstante que llegaríamos el IÜ de diciembre a Buenos aires a pesar del retardo i así sucedió. Copio
al márien las millas recorrí