Por tierras de Portugal y de España · Unidad 104 de 127
Unidad 104 · 242 MIGUEL DE UNAMUNO
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242 MIGUEL DE UNAMUNO
dos y programas de que tanto gustan las gentes ahitas de sentido común y envanecidas de su salud y equilibrio mentales, equilibrio estable, como el' de una losa tendida. Aun cuando eso fuera luz, y suele serlo de luciérnaga, la luz no hace sino alumbrar el camino — que no es poco — , pero no da fuerzas ni es motor para recorrerle ; mejor camina y se abre paso un ciego vigoroso que no un paralítico con ojos de lince y un farol en la cabeza. Puesto á escoger, es de tomar antes el calor oscuro que no la luz fría, y parece como que esos conceptos forjados á lima de retórica tengan el fatal maleficio de helar cuanto tocan.
Es curioso ver que hayan dado en declamar contra el intelectualismo precisamente los más intelectualizados, los que han heredado esa garapiñera escolástica en que se congela en fórmulas los más entrañables anhelos del corazón, esa horrible construcción arquitectónica á la que no se permite la entrada á los profanos, que han de contentarse con la fe del carbonero. No ; no es el intelectualismo lo que temen, sino la buena nueva de la verdad sobrepuesta á la razón, de la verdad que no se congela en fórmulas, sino corre en flujo de vida y cambia y muda ; temen á los que nO' creemos que eso que ellos llaman ideas rija al mundo, como no creemos que las variaciones de la aguja del barómetro produzcan las tormentas.
i Felices los pueblos soñadores ! ¡ Felices los pueblos que guardan en el rescoldo de su alma alguna fe, aunque sin dogma alguno ! ¡ Felices los pueblos que no temen á las ideas, y saben jugar con ellas y tomarlas y dejarlas, según les convenga ! Cierto poso de escepti-
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cismo, que se hermana muy bien con la más profunda fe, es una garantía de vida. Los más intolerantes no son los más convencidos de lo propio, sino los más incapaces de salirse de sí y ponerse en el caso de los demás.
Y todo esto, ¿ qué relación tiene con Galicia ? Dispénseme el lector ; he ido pasando de una cosa en otra, y queriendo hablar de aquella tierra y de aquella gente, he hablado de la otra tierra y de la otra gente.
En Galicia hay tolerancia y hay ensueño, á que el país convida. ¿ Que no hay luz ? La luz ha a"baratado mucho, mucho más que el calor. Es más fácil hoy alumbrarse que no calentarse, sobre todo yendo de camino.
Empieza en Galicia la invasión minera ; mis paisanos se han metido ya en Lugo. Los capitales que vienen de América perderán al cabo su recelo, y habrá nueva vida. Aquellos puertos magníficos no prosperaron más por falta de hinterland, de una tierra á quien servir, pues el centro de la Península les cogía lejos y con penosos tránsitos á él. Pueden llegar á ser puertos de reexportación, en que se distribuya al detalle lo que al por mayor se reciba.
Pero estas son cosas técnicas, eso que llaman soluciones prácticas los congeladores de espíritu, los intelectualistas de escaso intelecto que se revuelven contra la inteligencia cuando no es tablero de ajedrez en que se ve desde luego cada pieza, bien torneada, y su posición respectiva. Y vuelvo sin querer al otro ; no puedo remediarlo.
Es que cuando fui á Galicia acababa de dejar una garapiñera que había estado escudri-
ñando, y al volver á Galicia oigo de nuevo, aunque á distancia, las voces rudas de los definidores, de los que aseguran no entender ni esto ni lo otro, y como no lo entienden lo declaran vacío y disparatado y retórico, ellos, ellos, hinchados de retórica y de lógica formal, que es cosa peor aún que la retórica. Doy por una metáfora todos los silogismos, con sus ergos correspondientes que se puedan garapiñar en la garrafa escolástica ; la metáfora me enseña más, me alumbra más, y sobre todo encuentro calor debajo de ella, pues la imaginación sólo á fuego trabaja. La falta, que no la sobra de imaginación, es lo que tan incapaces nos hace para el cultivo de las ciencias ; no sabemos ver. Una horrible sequedad de páramo, en que se llama imaginación á la facundia huera.
Me gustan, sí, estos austeros campos, estas llanuras á cuyo término se levantan rocosas entrañas de la tierra, este suelo ceñudo que nos despide al cielo, pero aquí recuerdo con saudade la femenina tierra gallega y sus humanos regazos y la dulce tolerancia en que me vi envuelto durante el trascurso todo de mi correría por Galicia. Dicen que á la larga adormece y endeblece el calorcillo del hogar hospitalario, pero á la larga ¿cómo se pasa en la garapiñera dogmática ? En medio de la sequía ambiente, ¿no se corre, acaso, riesgo de caer en la siesta y en el tresillo ?
Y usted, m ibuena amiga doña Emilia, usted, que me procuró ahí, en su tierra, días de regalo espiritual, rodeándome de cultura y de tolerancia, usted ha hecho una de sus más nobles obras acercando ^ la garrafa española