Practica de partos · Unidad 14 de 35

Unidad 14 · OBSERVACIÓN 23.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

OBSERVACIÓN 23.

Posición intermidiaria del vértice de la cabeza,

Una serrana llamada Ignacia González, que vivia en la calle de polvos azules numero 312, habia parido tres veces con mucho trabajo en su pais, sin lograr la dicha de conservar uno siquiera de sus hijos; lo que la obligó á venir á Lima en su cuarta preñez, para proporcionarse los socorros posibles. En efecto, me hizo llamar en el momento mismo en que se declararon los dolores del parto, y eran las once de la noche.

El tacto me dio á conocer un principio de dilatación en el segmento de la matriz, como también su blandura y la formación de las bolzas de las aguas. La cabeza de la criatura estaba colocada sobre el estrecho superior, pero inaccesible á los dedos. Dos horas después practiqué otro tacto, y entonces me fué fácil reconocer, que la frente tiraba á encajarse en una postura viciosa. Previne á los que la asistian, que cuando la dilatación del segmento del útero se completase, rectificaria la mala posición en que se encontraba la cabeza de la criatura: asi fue, y como á las diez de la mañana habiéndose verificado dicha dilatación, rompí las membranas, y empujé la frente de la criatura con mi mano izquierda, hasta lo alto de la sinfisis

sacro-iliaca derecha, y el occipucio bajó por esta maniobra tras la cavidad cotiloyde izquierda. Llegada a la excavación de la pelvis hice dar á la cabeza un movimiento de rotación, el occipucio salió entonces bajo la arcada del pubis, y la cara corrió por la concavidad del sacrum del cóccix y del perineo, ejecutando un movimiento de elevación. En este momento se concluyó el parto que fué de una ñifla muy robusta.

La salida de la placenta fué feliz, y pocos dias después nuestra serrana volvió á su pais, llevando á su hija, considerándola como un trofeo.

La interesante serrana materia de esta observación no ha podido lograr mas que un solo hijo al fin de cuatro prefiezes todas felices. Confieso que rae hubiera sido bien difícil penetrar la causa de semejante succesion de accidente, si ella misma no me hubiese refeiido con las lagrimas 1 en los ojos todas las toipes extravagancias ejercidas por esas miserables recibidoras en el momento en que debe llenarse una de las funciones mas naturales de la esppcie humana, cual es el parto. Tales crueldades son bien lamentables, pues ellas solas deben asolar mas familias que el azote mismo de la guerra.

Mas, al lejislador es a quien corresponde pintar semejantes males, elevando la voz con enerjia contra esta clase de costumbres que envilecen la razón, sujetando los progresos de las ciencias y las artes por muchos siglos a errores bere» ¿titanos y funesto» a la humanidad,