Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía · Unidad 13 de 15

Unidad 13 · § X. — LOS IDEALES HUMANOS.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

§ X. — LOS IDEALES HUMANOS.

Elaboración continua de ideales. — Un ideal es un hipotético arquetipo de perfección abstraído de la experiencia. — Condiciones de legitimidad de los ideales. — I^s ideales tienden a una progresiva universalidad.

Las ciencias psicológicas son normativas o pragmáticas, es decir, útiles para la vida. Mediante la experiencia lógica los hombres aspiramos a establecer preceptos que nos permitan investigar menos inseguramente la verdad; mediante la experiencia moral, preceptos que faciliten la práctica del bien; mediante la experiencia estética, preceptos que faciliten la comprensión de la belleza. Esas normas han sido en todo tiempo un resultado de la experiencia individual y social; las variaciones individuales, cuando han sido útiles, se han incorporado a la experiencia social, transmitiéndose hereditariamente de generaciones en generaciones.

Así se han formado y seguirán formándose — por un trabajo de la abstracción sobre la ex-

— 122 —

periencia — los numerosos ideales lógicos, morales y estéticos, que en cada tiempo han fijado normas prácticas a la verdad, al bien y a la belleza, constituyendo las transitorias "tablas de valores" de las diversas sociedades humanas. Ninguna ha sido permanente ni universal; ninguna lo será en los tiempos venideros. Resultados de la experiencia, variarán incesantemente mientras ella varíe; y los últimos metanthropos que pueblen este planeta, dentro de miles o millones de años, seguirán la elaboración continua de ideales lógicos, morales y estéticos.

La perfectibilidad infinita de la experiencia lleva a concebir que siempre existirán problemas que la excedan; para darles una solución, los hombres, excediendo a su experiencia, construyen hipótesis: las que se extienden a lo inexperiencial de las ciencias psicológicas — "morales" o "del espíritu" — suelen llamarse ideales.

Un ideal es, pues, un hipotético arquetipo de perfección abstraído de la experiencia, por un doble proceso: eliminación de las imperfeccio-

— 123 —

nes particulares y síntesis de las perfecciones generales. De esta manera se forman los idealeS: verdaderos cánones de la experiencia lógica, moral y estética; su perfección depende de que sus elementos estén coordinados conforme a sus relaciones naturales. El ideal tiende a expresar una perfección de lo natural; y aunque carece de realidad actual, porque es una hipótesis, todo lo que siendo real se le aproxima, lo consideramos más próximo a la perfección en su género. Un razonamiento, una acción, un poema, parecen tanto más perfectos cuanto más se aproximan a los ideales lógicos, morales y estéticos que nuestra imaginación construye excediendo a nuestra experiencia actual.

Las ficciones imaginativas que no han sido elaboradas sobre la experiencia, y que no representan una perfección posible de lo real, no son ideales, sino quimeras ilusorias (72).

(72) Nada más distante de los ideales humanos que aquel ingenioso "prototypon trascendental" de la razón pura, que después de algunas proezas dialécticas se resolvió en llamar Dios al ideal de la perfección absoluta, sin perjuicio de sustraerle todos los atributos con que los hombres suelen adornar a sus divinidades. Esta ingeniosa hipocresía de Kant trae a la memoria que el famoso filósofo fué en su juventud profesor de pirotecnia, lo que parece haber dejado algún rastro en su dialéctica.

— 124 —

¿En qué diferirán esas hipótesis metafísicas elaboradas sobre las ciencias psicológicas, de las hipótesis metafísicas elaboradas sobre las otras ciencias? No veo, francamente, ninguna diferencia. Tan hipótesis serán las unas como las otras, y su común carácter metaf ísico consistirá en que no tendrán, ni pretenderán tener, prueba posible en el campo de las experiencias respectivas (73).

Siendo los ideales hipótesis inexperienciales acerca de una perfección posible, las condiciones de legitimidad de los ideales son las mismas que las de todas las restantes hipótesis metafísicas; están, como ellas, condicionadas por la experiencia y evolucionan en función del medio experiencial. Los ideales son hipótesis meta morales, meta lógicas y metaestéticas, cuyo va-

(73) Todas las hipótesis metafísicas son creencias.

Lo importante es notar que el valor lógico que tienen las creencias está condicionado por la experiencia actualmente posible. Son creencias legítimas las que no la contradicen; lag demás son creencias ilegítimas.

Por eso no es lógicamente lo mismo creer en unas u otras hipótesis, ni tener unos u otros ideales.

— 123 —

lor como instrumentos de acción está proporcionado a su legitimidad; los ideales más legítimos son los que concuerdan con el devenir de la experiencia; son anticipaciones hipotéticas de la realidad que deviene.

Cuanto más saben los hombres menos inexactos son sus ideales. Por eso ciertas utppías de los hombres más ilustrados han sido sii^ples pronósticos de realidades venideras que los ignorantes no habrían podido concebir.

Creo que en el porvenir las hipótesis que llamamos ideales llegarán a formularse en perfecta armonía con las hipótesis que parten de todas las ciencias. Sólo así las hipótesis que intenten explicar lo inexperiencial dejarán de constituir dos géneros de verdades discordantes, una filosofía de la Naturaleza y una filosofía del Espíritu, readquiriendo la metafísica la unidad sintética que debe ser su aspiración más legítima.

Los ideales — como todas las creencias — no son universales. Cada individuo, grupo, clase, nación, raza, tiene una experiencia distinta y sobre ella elabora hipótesis de perfección necesariamente diversas.

— 126 —

Los ideales más legítimos sobreviven en la selección natural y son reconocidos como tales por los hombres que tienen una experiencia homogénea y elaboran sobre ella sus creencias comunes.

De allí nace el aspecto étnico, nacional, etc., que pueden revestir en ciertos momentos los ideales políticos, sociológicos y éticos: las creencias se inclinan en favor de ciertas hipótesis que se consideran más adaptadas al porvenir del grupo, es decir, más conformes con la experiencia futura, en cuanto ella puede inferirse de la presente.

Es a esto que — por extensión — suele llamarse filosofía nacional o pensamiento nacional; se trata solamente de los ideales colectivos, en su aspecto ético-político.

Habría evidente inexactitud en creer que pueden concebirse filosofías nacionales propiamente dichas, pues los problemas y las hipótesis metafísicas son necesariamente universales. Todo induce a pensar que, en la humanidad civilizada, los ideales tienden a una progresiva universalidad.

Por eso, más altos que los ideales políticos de grupo o nación, están los ideales éticos co-

— 127 —

muñes a los hombres más cultos de todas las naciones; éstos forman ya una sociedad sin fronteras, presagiadora, acaso, de la fraternidad que, como un ideal lejano, podemos concebir para la humanidad entera, cuando en ésta, por la selección de lo heterogéneo regresivo y la educación de lo homogéneo progresivo, llegue a constituirse un residuo de homogéneo nivel mental.

Señor presidente de la Academia:

Señores académicos:

Los hombres de cada generación somos eslabones de una serie infinita; cumplimos nuestra función si aprovechamos el esfuerzo de la precedente y si contribuimos a preparar el trabajo de las que vendrán. Nada ha comenzado ni terminará en nosotros; no dudo que las generaciones venideras, con una experiencia menos imperfecta, podrán ignorar menos que nosotros y mirar con visión más clara los problemas que llamamos enigmas. Tengo la esperanza — no el temor — de que dentro de un siglo algún nuevo académico, al ocupar mi sillón, podrá referirse con benévola ironía a mis pronósticos sobre la filosofía del porvenir, sorprendiéndose de que yo no me hubiese emancipado totalmente de ciertos residuos metafísicos medioevales. . . No me parece imposible.

— i;^o

Es común que los hombres dejemos de creer en la vejez lo que más firmemente hemos pensado en la juventud; al disgregarse nuestra personalidad, que es una variación individual, van reapareciendo entre los escombros esos fantasmas ancestrales que representan la herencia de la especie y la rutina de la sociedad. No teniendo certidumbre alguna de contarme entre las excepciones, siempre raras, permitidme, Señores Académicos, que me anticipe a la hora temida y exprese mi fe optimista en la incesante perfectibilidad humana. Como hombre, creo que la humanidad futura será mejor que la actual, por la extensión de la Justicia entre los pueblos; como argentino creo que la nacionalidad futura será más grande, por el incremento de la Solidaridad entre sus clases; como profesor, creo que las universidades tendrán un más libre empeño en la investigación de la Verdad; como padre, creo que nuestros hijos vivirán en un medio social más propicio al florecimiento de la Virtud.

Y a los jóvenes, que son la esperanza de la humanidad, de los pueblos, de la cultura, de los

— 131

hogares, creo deber decirles la última y más sincera palabra de mi juventud no estéril:

Respetad el pasado en la justa medida de sus méritos, pero no le confundáis con el presente ni busquéis en él los ideales del pon'enir: no es verdad que todo tiempo pasado fué mejor. Mirad siempre adelante, aunque os equivoquéis: más vale para la humanidad equivocarse en una visión de aurora que acertar en im responso de crespúculo. Y no dudéis que otros, después, siempre, mirarán más lejos; para servir a la humanidad, a su pueblo, a su escuela, a sus hijos, es necesario creer firmemente que todo tiempo futuro será mejor.