Reseña biográfica de los doctores en medicina mas notables de la República mejicana · Unidad 46 de 70
Unidad 46 · Apéndice: melanomas.
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Apéndice: melanomas.
C. Neoplasias del tipo de formas histológicas superiores.
a. Papilomas.
b. Angiomas.
c. N euro mas.
d. Adenomas.
Uno de los más importantes progresos clínicos es el de haber llegado á establecer que puede conocerse el carácter de un tumor atendiendo únicamente á la localidad anatómica topográfica en que se ha desarrollado.
La frecuencia preponderante de los cánceres én el labio superior, en la glándula mamaria de la mujer, y de los miomas y fibromas en el útero, es un medio auxiliar de diagnóstico. Con tal medio y algunos otros signos bastan para tener una opinión segura sobre la naturaleza del tumor.
Los dermóides son quistes propios de regiones
perfectamente determinadas, como la línea media de la cabeza, los alrededores del ojo, la región lateral del cuello, el testículo y los ovarios.
En la región del ángulo de la mandíbula se encuentran con los tumores llamados encondromas, que algunas veces tienen asiento subcutáneo; en otras se continúan con la parótida y raras veces con las glándulas salivales submaxilares.
En la región del agujero isquiático, debajo de la nalga, se hallan mixomas blancos, tumores que penetran fácilmente en el interior de la pelvis, se adhieren también al sacro y á veees se manifiestan en la forma de mixomas lipomatodes.
La región crural es notable por la frecuencia con que en ella se desarrollan los tumores.
La mayoría de los tumores deben juzgarse con arreglo al carácter de su fondo ó terreno matriz, y los tumores heterotópicos se hallan unidos principalmente á ciertas localidades.
Hay que tener en cuenta el desarrollo de los tu-, mores en las distintas épocas de la vida.
Los tumores del tipo del tejido conjuntivo se presentan en la primera edad hasta los treinta y cinco años próximamente, y los tumores epiteliales se observan después de esta época. Después de esa edad, es raro el fenómeno de tumores que no sean cánceres. El cáncer labial es propio de la edad avanzada.
El curso, la rapidez del crecimiento y la magnitud, del tumor, son importantes para el diagnóstico.
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Finalmente, el autor que hemos citado aconseja la siguiente marcha para el diagnóstico.
Convencido el médico de la existencia de un tumor y de haber fijado la atención en la clase de tumor que se presenta de preferencia en la localidad respectiva, practicará la inspección ocular y pasará al examen manual y á reconocer la transparencia, la consistencia, etc. Habiendo aplicado los medios del diagnóstico físico, examinará los síntomas subjetivos del paciente y procederá después al examen de los datos anamnésticos. A este grupo corresponde la herencia en primer término, la cual se ha observado hasta en varias generaciones, especialmente en los cánceres. Son de suma importancia la edad del enfermo, el curso, la forma y el desarrollo del tumor. Se dirigirá muy especialmente la atención á los irritantes locales, productores de los tumores. Los irritantes que actúan una sola vez, como por ejemplo, un golpe, lo mismo que los continuados, como la prisión, el roce y la irritación causada por productos agregados, son considerados como causa de los más distintos tumores, benignos ó malignos. El tejido irritado podía producir, habiendo predisposición general, la clase de tumor de que es capaz su naturaleza.
El diagnóstico quirúrgico de un tumor, fundado en principios seguros, facilita la decisión para llevar á efecto una operación peligrosa y hace que el cirujano intervenga con entera confianza. r-Hecha la ligera disertación anterior, pasemos á
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consignar los datos biográficos del Dr. Fortunato Hernández.
Nació en Durango el 22 de Febrero de 1862, siendo sus padres el Sr. Coronel Ignacio Hernández y Ja Sra. D? Juana Atinga de Hernández.
Hizo sus primeros estudios en el Seminario Conciliar de Durango, donde se hizo acreedor á los primeros premios en casi todos los exámenes y donde adquirió del eminente teólogo D. José de Jesús Coniferas las primeras nociones de la lengua griega, que cultivó después hasta lograr poseerla por completo. Obtuvo igualmente el primer premio y una medalla .en las clases de Anatomía y Botánica que cursó en el Instituto Científico del mismo Estado, y eso le valió que el Gobierno le concediera una pensión para que continuara sus estudios en la capital de la República.
En 1890 ingresó á la Escuela Nacional de Medicina, y durante sus estudios profesionales, que no fueron en zaga, por lo brillantes, á los que hizo en el Seminario de Durango, desempeñó los cargos de practicante interino del Hospital general de San Andrés, practicante del Municipio en el Distrito Federal y adjunto del Hospital de Jesús, cuya plaza obtuvo por rigurosa oposición, en la que dió una gran prueba de la solidez con que había hecho los estudios que le ameritaban para desempeñar la vacante disputada. j
Presentó examen general de Medicina, Cirugía y Obstetricia, siendo aprobado por unanimidad ei 24
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de Julio de 1886, presentando por tesis inaugural un estudio sobre Sonambulismo.
El ocultismo entregó sus secretos al Dr. Hernández, y éste hizo de él un intérprete de sus aspiraciones supremas. Llevado del afán de investigar causas y descubrir efectos, llegó ante el Jurado calificador descubriendo, según su criterio científico, ese velo misterioso que cubre las inmensidades del espíritu. Con justicia la prensa de aquellos días elogió dicha tesis y dió al Dr. Hernández la reputación que ya merecía en ios primeros días del profesorado.
Fue con su título á Chihuahua y allí le recibió la fama con sus glorias. Si en lo privado pronto se hizo de numerosas relaciones, de amigos íntimos y de clientes que hicieron de su saber ciega confianza, el Gobierno vió en él, acreditada personalidad para el profesorado, y le nombró Catedrático de español y literatura en el Instituto Civil del Estado.
En 1888, cuando su nombre era bien conocido en el país y fuera de él; cuando obtenía la recompensa de sus afanes en el estudio y de sus proezas en la enseñanza del idioma español y sus bellísimos tesoros literarios, hizo un viaje á los Estados Unidos del Norte, visitó las principales capitales y regresó á la patria en 1891 con la honra de haber obtenido el Diploma del Board of ex aminers de California.
Su permanencia en la vecina República sirvióle para enriquecer sus conocimientos médicos é ilustrar más su inteligencia privilegiada, como lo ha demostrado en los siguientes cargos que ha desempeñado:
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Médico del Municipio en Ciudad Juárez y después en Chihuahua; Inspector de Salubridad y Comisionado por el Supremo Gobierno en 1892, por haberse dado algunos casos de Cólera en Nueva York, para ir á la Frontera á establecer un cordón sanitario si llegaba á hacerse necesario.
Esta última comisión le valió los plácemes del Go-; bierno y los encomios de nuestros principales Médicos, por su trabajo sobre las medidas higiénicas y preventivas para evitar la invasión del Cólera .
Colaborador de varios periódicos científicos y literarios, dejó siempre en sus columnas artículos que daban nuevas luces en las conquistas médicas, líneas inspiradísimas en las que se reflejaba un alma de artista y un cerebro creador de esa poesía en prosa que es el lenguaje de. corazones sublimes.
Fué fundador, en compañía del malogrado é inteligente joven Lie. D. José Pastrana Neyra, del periódico “La Frontera,” cuya vida fué un testimonio de asiduidad, constancia y anhelo en el trabajo intelectual, que ha sido siempre para el Dr. Hernández su mejor ahinco, su única ambición.
Las importantes operaciones quirúrgicas que ha practicado, le han hecho ser reputado como especialista en ese ramo de la ciencia médica, y así ha llegado á ser la admiración de sus compañeros en la ciudad de Plermosillo, Estado de Sonora, que es donde actualmente reside.
Si las escabrosidades de la ciencia han cedido á las investigaciones profundas del Dr. Hernández, las
bellezas del arte le han ofrecido sus encantados dominios, en los que el alma, la soberana de la idea, recrea sus tendencias y enseñorea sus riquezas. Ama el idioma griego, que es la primitiva arca de los tesoros artísticos guardada en el Sancta Sanctorum del recuerdo clásico. Tiene predilección por la lectura virgen de todo amaneramiento y de toda afectación, y sin egoísmo, sin fatuidad y sin mal fundado orgullo, contribuye con la propaganda de su saber al saber de la juventud que de él aprende.
Encariñado con los frutos benéficos del periodismo bien entendido, tiene en alta estima á la prensa, la respeta como merece y no la emplea si no es para dejar en letras de molde una enseñanza nueva en la ciencia á las prácticas de moralidad en asuntos literarios.
Con tales dotes, el Dr. E'ortunato Hernández ha llegado á ser el maestro predilecto, el Médico modelo que llega á la cabecera del enfermo, no con la autoridad del sabio, sino con la sencillez de un benefactor y el propagandista infatigable de ciencia y arte.
Su pensamiento es fuego que calcina errores y fructifica realidades. Su sentimiento es bálsamo consolador, es dicha, es calma.