Rimas · Capítulo real 6 de 11
LIBRO TERCERO
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
POESÍAS DIVERSAS
I
EL VALZ
Le valz bondit dans son sphérique empire.
_Alfred de Vigni._
Del valse los acordes Cual aves voladoras, Batiendo alas sonoras El aire hacen vibrar; Y á sus alegres notas Los grupos se estremecen, Como los vientos mecen Las flores de un rosal.
Ya la armonia Con freno de oro, Gobierna el coro Puesta de pié: Su alada planta Traza ligera Mágica esfera Que nadie ve.
Unamos El brazo Con lazo Tenaz, El pecho Sintiendo Latiendo A compas.
Y en rápidos Giros Suspiros De amor, La brisa Se lleve Con leve Rumor!
Ya cruzan las parejas Y alegres se suceden, Y todos se preceden Girando sin cesar, Como se balancean Las matinales brumas, Ó cándidas espumas Del agitado mar.
Oh, valz, imágen De la armonia! Tú de alegria Sabes llenar, El alma triste De los dolientes Que en tus corrientes Pueden flotar.
Tú eres la imágen de nuestra vida, Cuando con giros precipitados Por tus cadenas aprisionados A tus cautivos miras correr.
Así del hombre giran las horas Encadenadas por el destino, Y en torno suyo cual torbellino Pasan.... mas nunca se ven volver!
Cada giro presenta un aspecto Como faro que brilla y se eclípsa: Ya es un rostro con grata sonrisa, Ya una frente que anubla el dolor.
Así el hombre mezclado á la danza De las horas con paso ligero, Mira el rostro radiante ó severo Que entristece ó que llena de amor.
Mas veo que mi alma su vuelo levanta! Reclina en mis hombros tu cándida sien, Que el círculo breve que ocupe tu planta Será mi universo, mi mágico Edén.
Yo quiero cautivo vivir en tus brazos, Yo quiero á tu ritmo mi paso arreglar, Y unido á tu vida con mágicos lazos Mirando tu rostro por siempre valsar!
II
DESESPERACION
(CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)
Todos se alejan de mí Como de un hombre maldito, Que lleva en su frente escrito Signo de reprobacion. Corazon! Triste estás y solitario, Como vaso funerario En túmulo de expiacion.
¡Oh mundo! á la playa estéril Me lanzaste de tu seno, Cual deposita en el cieno Su hirviente espuma la mar; Y al trazar Mi oscuro nombre en la arena Tu planta allí me condena A ver mi nombre borrar.
Peregrino en tus hogares Viviendo en perpétua guerra Llena de espinas la tierra Bajo mi planta sentí... Ay de mí! A la fuente de la vida Por el mundo bendecida Solo llanto y sangre dí!
Una llama celestial Ardió una vez en mi pecho, Velando junto á mi lecho Un ángel consolador... Era amor Que los dolores suaviza! Mas se convirtió en ceniza Aquel sueño encantador!
Pedí consuelo al saber, Y sus ardientes misterios Eran horribles cauterios A mi atormentada sien; Y al vaiven De las olas de la duda Mi inteligencia, desnuda Quedó de esperanza y bien.
Con la sonrisa en el labio Y con la miel en el alma Un dia tuve de calma Al presentir la amistad. Falsedad! Sus manos estaban frias, Yertas quedaron las mias Y volví á la soledad.
Culto á la patria rendí, Y por conquistar un nombre Que lustre diese á mi nombre Combatí por su pendon. Ilusion! Alcancé lauro bastardo, Y una corona de cardo Fué todo mi galardon.
Azoten mi sien tus alas! Que tus cordeles me amarren, Que tus uñas me desgarren Sombrío genio del mal! Que un fanal Alza otro genio divino, Alumbrándome el camino Que cruza el alma inmortal!
III
EN LA TUMBA DE UN POETA
(FRAGMENTOS)
I
Poeta, que cual sombra fugitiva Cruzaste por el valle mundanal, Duerme, mientras un hombre á tu sepulcro Llega á entonar un himno funeral.
¡Leve te sea el polvo! mis acentos No vengan tu reposo á perturbar..... Que ensalzando tu genio y tus virtudes Alta leccion al pueblo quiero dar.
Que aunque yaces helado en ese lecho, Aun vive aquí tu espíritu inmortal, Como un perfume que la vida impregna Y pasa de una edad hasta otra edad.
Y la musa que vela en tu sepulcro En medio de la negra tempestad, Aun hace estremecer tu dulce lira Agitando sus alas al pasar.
II
Como una flor purísima y hermosa Nacida en estancado cenegal, Así vivias tú, genio sublime, En medio de este páramo glacial; Y cual se eleva del pantano infecto De su perfume grata suavidad, Así tu acento se elevaba puro A la mansion de la eternal bondad.
¡Pobre poeta! Ni un hermano tierno Llegó tu mano cándida á estrechar, Mientras que en tu volcánica cabeza Germinaba la idea fraternal, Que debian los hombres agruparse En torno de un pendon universal, Y ayudándose todos como hermanos Conquistar la anhelada libertad. Hoy sobre el yerto polvo que te cubre Nadie su llanto viene á derramar, Porque proscripto por feroz tirano Moriste lejos del pais natal... Y al estrangero muerto en el destierro Nadie llega su ofrenda á tributar.
Jamás escelso circundó tu frente El lauro hermoso que la patria dá, Y que en la sien augusta del poeta Semeja una aureola celestial. La corona de espinas del martirio Ensangrentó tu macilenta faz, Como á Jesus clavado en el madero Porque dijo: «vivimos para amar». Ignoto y melancólico pasaste Para volar al cielo á descansar; Porque el genio es un pobre jornalero Que fecunda la tierra con afan, Y la hace producir sabrosos frutos Que no es dado á sus labios el gustar.
¿Quién como tú sembró, noble poeta, Esa semilla fértil y vivaz, Que en los hermosos dias venideros Ha de regenerar la humanidad? Republicano de alma incontrastable Cantaste á la divina libertad, Con una voz tonante y poderosa Que los tronos podia hacer temblar, Y estremecer las masas populares Cual las furiosas olas de la mar, Y despertar el alta inteligencia Que al cielo remontaba en vuelo audaz, Mientras tranquilo el mundo contemplando, Como estátua sobre alto pedestal, Podias con los ojos del espíritu Ver los hombres y dias de otra edad!
Y te arrojó la patria de su seno Porque rendiste culto á la verdad! No la patria, los monstruos que su cuello Oprimieron con planta criminal. Errante por el mundo con tu lira Fuiste sus infortunios á cantar. Ora en las ruinas de la antigua Roma Do se asienta la inercia y liviandad, Evocando la sombra de los Gracos En las tumbas te vieron meditar: Que impelida del soplo democrático Midió el mundo con paso colosal, Pero cayó sin fuerzas cuando airada Su escudo le quitó la libertad, Que deserta las glorias de los pueblos Si la virtud su apoyo no le dá.
Saludaste las playas de la Grecia Libre del torpe yugo musulman; Que un pueblo si desplega su bandera Guiado de omnipotente voluntad, Ó muere cual Leonidas en Termópilas, Ó triunfa cual la Grecia en nuestra edad. En las montañas de la fresca Helvecia En la voz del torrente y huracan, Creiste sentir el silvo de la flecha Con que á su patria, Tell, dió libertad; Que la naturaleza habla á los hombres Para los grandes hechos recordar.
Bajo el arco grandioso de la Estrella, De estéril gloria monumento audaz, Pensaste en los principios fecundantes Que al mundo reveló la libertad, Y en la palabra que batia en brecha Cuatro tablas que alzó la vanidad. Desde ellas el coloso de este siglo La libertad del hombre quiso ahogar, Pero tendiendo su ala abrasadora De su labio brotó la tempestad, Y lo estrelló en la roca solitaria Que es á la vez su túmulo y altar.[7]
En el solar de nuestra madre patria Te miraron su historia interrogar: Do quier hallar la religion y gloria, Sin encontrar jamas la libertad: Flor que ostenta del iris los colores Sin el perfume que la rosa dá.
Te vieron de Albion en los umbrales Esa fábrica altiva contemplar, Donde se quema incienso á la justicia Y se ensancha la esfera intelectual... Pero al llegar al interior del templo Y doblar la rodilla ante el altar, Viste el becerro de oro entronizado Y minado en su base el pedestal, Que no es cimiento sólido de un pueblo La opulencia sin pública moral.
Pero al volver los ojos á tu patria Era tu pecho de esperanza un mar, Que al través de la niebla de los siglos El porvenir quería iluminar, Mirándola ceñida con la oliva Brindar al mundo el néctar de la paz, Derramando el bautismo de la ciencia Y alzando las virtudes del hogar, Ensalzando del hombre los derechos, Y tributando culto á la verdad.
Las creaciones fecundas de los genios De su frente mirabas irradiar, Y veias en su zona luminosa A la espada civil sobre el altar; Mudo el cañon, que en los presentes dias Al mas potente la justicia dá, Y alumbrando este cuadro de ventura Del cristianismo el fúlgido fanal. Dulce era entonces el mirar la patria, Que era tu canto de la fé raudal, Y daba aliento al corazon cobarde Para esperar los dias que vendrán!
Tú nunca renegaste la esperanza Y á su manto te asiste con afan: Ella fué tu constante lazarillo En medio de la densa oscuridad, Y siguiendo su huella luminosa Decias:--«Yo te veo ¡oh libertad! «Fija en el horizonte nebuloso «Como el astro del polo en alta mar: «Te veo por el orbe peregrina «Vestida con el rústico sayal, «Pero el báculo fiel de la esperanza «Me indica que tú vas á descansar «En las hermosas playas de mi patria, «Mas hermosas el dia que entre palmas «Te reciban con cántico triunfal.» Si, poeta, algun dia nuestra patria Los himnos de la union entonará Y entonces en la plaza y la tribuna De un gran pueblo la voz se escuchará, Y sus nobles instintos dirigidos Nos darán la comun felicidad; Porque libre, pacífico y virtuoso Residirá su fuerza en la moral.
Esperemos los dias venideros: El rocío la flor fecundará, El sol relucirá tras negra noche, Y el cielo nos dará la libertad!
Un himno fué tu vida, que la muerte Hizo en tus dulces labios espirar, Como espira el sonido de una cuerda Que la tension obliga á reventar. Moriste, y en tu lecho de agonía Perdió la patria un lauro divinal Con que adornar su hermosa cabellera En los benditos dias de la paz; Perdió el pueblo la luz que lo guiaría En medio de la negra tempestad, Y lo llevase al linde del camino Que el dedo del Señor marcando está. Mas el mundo, poeta no veia De tu génio la excelsa potestad: Como luz encerrada en vaso opaco Que llena el interior de claridad, Sin que perciba el ojo indiferente La misteriosa lumbre que allí está, Así resplandecia tu alma pura Bajo el opaco cráneo del mortal. Y por eso tu estátua no erigieron, De pié, sobre marmóreo pedestal, Ni entonaron el himno funerario Los poetas en coro universal... Mas qué importan las pompas de la tierra Que no mira en su necia vanidad, Que mientras honra la corteza fria El alma noble en el empíreo está!
En tu fosa los hombres colocaron Pobre inscripcion en tabla sepulcral:-- «Aquí yacen los restos»... mas abajo:-- «Que murió de veinte años á la edad!» ¡Veinte años! cuando el pié aun vacilante Ponías de la vida en el umbral, Cuando para tomar aliento nuevo Te sentaste un momento á reposar... Y reposaste en ese frio lecho En que se acuesta el mísero mortal, Con la cabeza de la fé en la almohada Y en brazos de la inmensa eternidad. Oh tú, que en esa mente generosa Abrigaste una utopia celestial, Antes que ver los infortunios nuestros En tu lecho de tierra duerme en paz!
III
Era una chispa de la luz divina Que en una noche descendió del cielo Para alumbrar tu mente peregrina, Y que al brillar la estrella matutina Se oscureció en el suelo.
Era una nota del celeste coro En los espacios del Señor perdida, Que al encontrar tu corazon sonoro Lo hizo vibrar, como á la urna de oro Por el acero herida.
Era una gota de divina esencia Por un ángel en tu alma derramada, Emanacion de la alta providencia Que impregnando tu rígida conciencia Dejóla perfumada.
Se oscureció la luz pura y radiante, Se apagó la suavísima armonía, Se evaporó el perfume penetrante... Todo se encierra tíbio y palpitante Bajo esa tumba fria.
IV
Descansa de tu fatiga En esa tierra enemiga, Trovador; Descansa, cual virgen pura En sus sueños de ventura Y de amor.
Descansa en esa almohada Con la frente coronada De laurel; Y no te importe que el hombre No haya gravado tu nombre Con cincel.
Porque un dorado letrero Se compra por el dinero Con baldon; Mas no se compra la gloria, Ni en el templo de la historia La mansion.
Tú has dejado tus canciones Que á nuevas generaciones Pasarán, Y que ante el génio postrados Nuestros hijos estasiados Leerán.
Tus páginas inspiradas Relucirán salpicadas De dolor, Sin que se estrellen tus ecos En cráneos y pechos huecos Sin amor.
Que si este mundo inclemente Puso en tu pálida frente: ¡Maldicion! Al dejar el frio suelo Estampara en ella el cielo ¡Bendicion!
Poeta, mi lira gime, Pero ni un canto sublime Viene á mí, Que solo, el genio divino, Que arrastra cual torbellino, Te dió á tí.
Cubre mi frente sombría Capúz de melancolía, Funeral, Y trae hasta mí el viento De la campana el acento Sepulcral.
Pronto en el negro horizonte De nubes inmenso monte Se alazará: El Señor que las concita El relámpago vomita ¡Hosaná!
V
Yo sobre la cruz pondré Una purísima flor, Y por tí derramaré En una gota de fé La esencia de mi dolor.
Del crepúsculo á la luz En la tumba funeraria, Al pié de cristiana cruz, Levantaré la plegaria Que hizo en el clavo Jesus.
Yo quisiera con mi lloro Este sepulcro regar, Poeta que tanto adoro, Sin que de tu sueño de oro Te pudiese despertar.
La muerte es sueño profundo Descanso del viajador: Cuando yace moribundo, Durmiéndose en este mundo Despierta en otro mejor.
En el albor de la vida Es muy hermoso vivir, Porque su senda florida Nos dá la imágen querida Del puerto á que hemos de ir.
Pero esas horas benditas Pasan con velocidad, Y envueltas en negras cuitas Nos quedan rosas marchitas Que arrastra la tempestad.
Y con su manto de hielo La eternidad nos envuelve, Y en ancho mar de consuelo Se sacia el ardiente anhelo Que la existencia revuelve.
La muerte es un don bendito, Porque el Maestro celestial Solo castigó el delito De aquel Judio maldito Con una vida eternal.
VI
Como antes de la victoria Suele caer el guerrero, Tú caiste, jornalero, Sin concluir tu mision; Y como aquel, que tranquilo Sobre sus armas espira, Caiste sobre tu lira Con noble resignacion.
Pero tu nombre no ha muerto: Él vivirá en la memoria, Y será eterna la gloria Del poeta popular; Que en el corazon del pueblo Cuando algun poeta gime, Su canto noble y sublime Siempre se oye resonar.
Y sus ecos se difunden, Y se escuchan con encanto, Llenando al pueblo de espanto O haciéndole conmover: Que el vate en su inspiracion Nuestros sentidos sujeta, Y con su brazo de atleta Postra y alza nuestro ser.
Cual vorágine furiosa Todo arrastra en su carrera, Cual las pajas de la hera Que arrebata el huracan; Y del genio poseido, Rie, llora, nos encanta, Y atrevido nos levanta En sus hombros de titan.
Tus cantos serán oidos En el pueblo americano, Como el nombre de Belgrano, De Bolívar, San Martin, Como se oyó en otros dias La corneta atronadora, Y la armonía sonora De Chacabuco y Junin.
VII
Ayer el almendro cargado de flores Estaba, mas vino furioso huracan, Y hoy roto y marchito, sin flores, sin hojas, Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer á mi patria miré que gozaba Los bienes preciosos de paz é igualdad, Y hoy veo que esclava, y en sangre revuelta Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer un tirano con saña decia:-- «¡Yo soy el que mando, y esclavos serán!» Y hoy roto en pedazos su trono sangriento Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer un guerrero cubierto de gloria Hollaba altanero su carro triunfal... Mirad ese polvo... su humilde sepulcro, Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer un poeta cantaba inspirado, Mas vino la muerte con soplo letal, Y hoy frio y vacío su cráneo potente Se ofrece á los rayos del gran luminar.
VIII
En este lecho de silvestre grama No te vendrá á turbar ningun mortal, Ni el eco torpe que al tirano aclama, Ni el rumor de la orgía mundanal.
Alguna vez al apagarse el dia Oirás sonar mi fúnebre laud, Y arrodillado ante tu fosa fria, Decir al polvo del dolor ¡Salud!
¡Nunca te turbe el grito del hermano Que cae herido del furor tenaz, Y al abatir sobre esta cruz mi mano Puedas, poeta, dormitar en paz!
IV
PLEGARIA
PARA ADORMECER Á UNA SONÁMBULA
I
Espíritu invisible, que enajenas Las potencias del alma, y con cadenas Atas la voluntad: Tú que gobiernas la imantada barra Cuando el manto del cielo se desgarra: Ven á ensayar aquí tu potestad.
II
Y tú, mujer, bañada en mi creencia, Recibe en tu alma su impalpable esencia Cual vaso de eleccion: Sé tú de la verdad sacerdotiza, Y ciñe como nueva pitonisa La aurëola que dá la inspiracion.
III
Duerme, mas no por siempre inanimado. El sueño por mis manos derramado, Angel de castidad; Como la flor que en noches del estío Se adormece con gotas de rocío, Y se despierta al ver la claridad.
IV
Reclínate en el ala misteriosa Del imantado sueño, niña hermosa, Para soñar de amor; Que la mujer que sueña es como el ave, Que oculta su cabeza en ala suave Blanca como los velos del pudor.
V
Permite que á tus ojos ponga venda, Y que en el fondo de tu mente encienda La antorcha de la fé, Para que pueda ver tu inteligencia Los mundos que se ocultan á la ciencia, Y lo que el hombre al despertar no ve.
VI
Tu cuerpo cercaré de espesas nieblas, Para que tu alma brille en las tinieblas Cual faro celestial; Y se estiendan las alas de tu alma, Para volar á la region de calma Donde se olvida el mundo terrenal.
VII
Vuela á ese mundo do el error no existe, Do la verdad magnética se viste Con casta desnudez: Y cuando el manto de la fé te cubra, Dínos lo que tu vista allá descubra, Y desde lo alto de ese mundo ves.
VIII
Duerme en un lecho de azuladas nubes Para ir á despertar entre querubes En la region de luz, Cual ave peregrina que se ausenta Donde la noche el negro trono asienta Para buscar regiones sin capuz.
IX
Duerme de ignotas flores coronada Entre el aura por Dios magnetizada Cual ángel infantil, Para entreabrir tu vista adormecida Al soplo embalsamado de la vida, Que refresque tu cuerpo juvenil.
X
Mas allá de ese sueño hay otra vida, Que como flor á todos escondida Te dá tu emanacion: Nueva tierra de América ignorada, Que en alas de la brisa perfumada Anuncia su existencia á otro Colon.
V
UNA LÁGRIMA DE AMOR
CANCION ARREGLADA Á MÚSICA
«Cuando sus alas opacas Cual la noche oscura y fria, Apagando mi alegría Tiende el sombrío dolor; Yo me siento consolado Al contemplar tu belleza, Y disipa mi tristeza Una lágrima de amor.
«Como una estrella brillando En la bóveda del cielo Llena el alma de consuelo Y de amor el corazon, Así en medio de la noche Admiro tus bellos ojos, Y disipa mis enojos Una lágrima de amor.
«Esos ojos que derraman Amores y poesía Consuelan el alma mia, Mitigan mi cruel dolor. De esos astros de mi cielo Sobre mi frente marchita Caiga una gota bendita, Una lágrima de amor.»
De su guitarra al compás Esto un poeta cantaba, Y bajo un balcon estaba Del objeto de su amor: Caer sintió sobre su frente Una gota suave y pura, Una gota de ternura, Una lágrima de amor.
VI
Á LA MUERTE DE ADOLFO BERRO
POETA ORIENTAL
That live to weep, and sing their fall.
Grey, oda X.
Yertos están sus labios generosos Sellados por la muerte y la quietud; Mudos están sus ecos dolorosos. Mudo tambien su armónico laud.
Mústios están los ojos que abatia Al contemplar un libro amarillento, Buscando en él como en la fuente fria Saciar su sed el viajador sediento.
Marchita está su frente luminosa Sellada por el genio del dolor, Pero aun brilla la chispa misteriosa Que estampó con su dedo el Hacedor.
Y en vano bramarán las tempestades En alas del furioso vendabal, Ha de arder al través de las edades La llama de su genio celestial.
* * *
Llorad, llorad en torno de la fosa Del bardo fiel que su mision llenó, Y que las plantas de su Patria hermosa Con versos aromáticos bañó.
Llore tambien el mísero mendigo, Y el desvalido en miserable lecho, Cayó sin vida el que con voz de amigo Defendiera su pan y su derecho.
Llorad, llorad, poetas orientales, Al que cantó las penas del Esclavo, Al que en la Cruz, con versos celestiales Cantó, pendiente del sangriento clavo;
Que como Job sobre la piedra dura Inflamado de espíritu inmortal, Brillaba su alma transparente y pura Tendido sobre inmundo lodazal.
* * *
Pasagero en el valle de la vida Clavó su tienda en medio del desierto, Y en busca de una linfa apetecida Cruzó animoso el arenal incierto.
Y al percibir en su cabeza ardiente Del genio de la muerte helada brisa, En su rostro de luz resplandeciente Brilló inefable y plácida sonrisa.
Y era porque su mente se adormia Sobre la almohada de la eterna fé, Y era que el desterrado sonreia Al estampar sobre su patria el pié.
Y al apagarse en su fulgor naciente La purísima aurora de su edad, Brilló sobre su tumba, refulgente, La aurora de la inmensa eternidad.
* * *
Envuelto por el humo del combate Su canto fué de paz y bendicion, Y de la lucha entre el feral embate Puro permaneció su corazon.
El genio le ciñó con sus espinas, Su herencia fué una lágrima de hiel, Pero de sus creaciones peregrinas, Brotan torrentes de armonía y miel.
Descendió como un mártir á la arena Atleta de la Paz y la Igualdad: Destrozando del hombre la cadena Dió consuelo á la triste humanidad.
Con la osadía del apóstol fuerte De la verdad la antorcha reanimó, Y al caer en el abismo de la muerte Encendida á su borde la dejó.
VII
AL VIOLINISTA CAMILO SIVORI
IMPROVISADO DESPUES DE UN CONCIERTO
Muda el alma de asombro en tu presencia Cuando vibraba el arco palpitante, Con eco penetrante Sintió la cuerda armónica llorar.
Una lágrima tibia brotó de ella Que se mezcló á tus blandas armonías, Y en dobles simpatías Vibró al compas el arco y corazon.
Al eco misterioso de los bosques Uniste al trino puro de las aves, Y en melodías suaves Brotó tu inspiracion como raudal.
El ángel de las santas armonías Cubrió tu frente con sus alas de oro, Y en tu violin sonoro De Paganini el alma suspiró.
El pueblo que en silencio te escuchaba Ante tu genio doblegó la frente, Y escuchó reverente De tu arco la inmortal revelacion;
Que si al pisar la corte de los Reyes Una joya te dió de sus coronas, De América en las zonas Al pueblo soberano diste ley.
VIII
¡ADIOS POR SIEMPRE!
I
Triste es cruzar el mundo peregrino Para encontrar en medio del camino Una flor que nos llene de embriaguez, Y continuar su marcha fatigosa Dejando atras aquella flor hermosa Que ya no encontraremos otra vez.
Así al cruzar el valle de la vida Te miré y admiré flor bendecida, Caida de la corona de mi Dios, Y seria feliz al contemplarte Si no tuviese pronto que dejarte Y decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
II
Mas si el dejarte es triste y doloroso Recordarte será muy deleitoso Si una dulce memoria he de llevar; Porque el recuerdo es la perenne esencia Que perfuma del hombre la existencia Y en el tiempo pasado hace gozar.
Y por eso en la copa de amargura Que en este trance el seco labio apura, Encuentro algunas gotas de dulzor, É inclinando ante tí la frente mústia Comprendo que aun en medio de la angustia Hay consuelo en decirte: ¡Adios! Adios!
III
Como árbol que dió sombra en el desierto, Cual la estrella guiadora en viage incierto, Como las horas de la verde edad, Como agua clara al viajador sediento, Cual pan sabroso para el labio hambriento, Así recordaré yo tu beldad.
Como la lumbre en noches del invierno, Como el recuerdo de un afecto tierno, Como el acento de la amada voz, Así, tú serás grata á la memoria Del que al darte una ofrenda transitoria Te dice entristecido: ¡Adios! Adios!
IV
Las personas que viven siempre unidas Suelen á veces contemplar caidas Las hojas del amor y del placer; Hojas que de la espléndida guirnalda, Bajan de la belleza hasta la falda, Y el viento del dolor viene á barrer.
Mas nunca lloran su ilusion perdida Los que se van en medio de la vida Para encontrarse en brazos de su Dios, Porque siempre se miran en la mente Como cuando esclamaron tristemente Al dejarte por siempre: ¡Adios! Adios!
V
Solo puede dejarte mi cariño Esta guirnalda que á tu frente ciño Adornada con flores de amistad; Flores del alma que brotaron bellas Al calor de esos ojos que destellas Iluminando el alma en su mirar.
¡Adios! Adios! no quede ya perdido Entre la negra noche del olvido, Y que el recuerdo sea de los dos; Y cristaliza en tu alma aquesta gota Que tibia y pura de mis ojos brota Al decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
IX
¡COMO TÚ!
ESCRITO Á ORILLAS DEL QUEGUAY
Es el Queguay[8] un rio trasparente Cual urna de purísimo cristal, Cuyo fondo se ve puro y tranquilo Como el fondo de tu alma angelical.
Quieta es la superficie de sus aguas Si el viento no la agita con furor, Como tu frente es cándida y serena Si no la agita el soplo del amor.
En el lecho pedroso do descansa Se deslizan sus aguas con quietud, Como tus horas corren no sentidas Por el sendero fiel de la virtud.
Los sauces que coronan sus riveras Hunden su verde copa en el Queguay, Cual tu frente en mi seno cariñoso Blando se inclina envuelto con un ¡ay!
Los ubajais[9] ocultan en sus ramas Pájaros bellos, raros en matiz, Como tu mente abriga mil ideas Que hace brotar la inspiracion feliz.
Del Uruguay[10] dos gigantescos brazos Oprimen su cintura en derredor, Como tu talle esbelto y delicado Circuye en torno el brazo del amor.
Esconde la rivera entre sus guijas Las perlas con el nacar y el coral,[11] Como atesora tu alma rica y bella De angélicas virtudes un caudal.
La brisa de la noche entre sus hojas Hace brotar suspiros de dolor, Cual de tus labios ecos misteriosos El delirante beso del amor.
La selva umbría que lo guarda en torno Impide ver sus ondas de cristal, Cual del pudor el velo misterioso Sombrea tu semblante sin igual.
La blanca aurora rompe el denso velo Que sobre sus espaldas se ve ondear, Cual tú, graciosa, al despertar apartas El pelo de oro que robó tu faz.
En sus ondas azules se reflejan Del cielo la bonanza y tempestad, Cual tus ojos azules reproducen De otros ojos la sombra y claridad.
Sus linfas puras entre fango nacen Mas cristalinas caminar se ven, Cual tú nacida de la tierra impura, Pura te miro caminar tambien.
X
DESPEDIDA
Adios, mujer nacida para inspirar amores, Nacida como nacen en el jardin las flores, Para esparcir en torno su misterioso olor; ¡Adios! palabra amarga que sale de mi seno, Y que mis labios quema como letal veneno, Cuando en mis ojos brilla la gota del dolor.
Adios, mas no por siempre: un mundo hay mas hermoso, Y cuando al seno vueles del Todo-Poderoso Volverte á ver espero tan bella como aquí; Pero si en el inmenso celeste paraiso A tí no te encontrase, mi celestial hechizo, Los celestiales goces tristes serán sin tí.
Adios, vuelvo á decirte, adios ángel divino, A quien pusiera el cielo delante mi camino Para calmar mis horas de doloroso afan; Desde el momento mismo que pude contemplarte, Mi corazon ardiente tan solo supo amarte, Como en la vida se ama, solo una vez no mas.
Adios, sueño querido, que me halagó un instante Cuando soñé demente que un corazon amante Latia sobre el mio con férvido afanar, Adios, visiones vagas que atormentais mi pecho ¡Oh no volvais ya nunca á visitar mi lecho, Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar!
Adios, adios por siempre, celestes fantasías Que al corazon tranquilo, y en mas serenos días, Brindaron halagüeñas, dichoso porvenir, Pasad engañadoras visiones peregrinas: En vez de frescas rosas tan solo piso espinas, Y el sol de mi esperanza no veo ya lucir.
¡Adios!... mas no es posible dar un adios eterno A tu divina imágen y á tu recuerdo tierno, Que mi inmortal memoria no olvidará jamas; Delante de mis ojos siempre estarás presente, Y en mi alma, y en mi pecho y en mi abrasada mente Tu imágen deliciosa se gravará tenaz.
Yo sentiré en la brisa tu perfumado aliento, Tu voz consoladora traerá á mi oido el viento, Y te veré en las nubes cruzar como vision; Yo sentiré tus pasos en medio á las tinieblas, Y al ver cubrirse el aire de transparentes nieblas, Tus blancas vestiduras veré yo en mi ilusion.
Oh, si el destino crudo de tí no me apartara, Si de los patrios lares ¡ay Dios! no me arrojara, Mi porvenir entero se cifraría en tí! Porque al mirar tu rostro tan cándido y divino Veo que mi destino se liga á tu destino; Veo que para amarte tan solo yo nací.
Entonces tú serías la refulgente estrella, Que iluminases pura la fatigosa huella Que el hombre en este mundo tiene que atravesar; Entonces tú serías el sol de mi existencia, Entonces estasiado de amor en tu presencia De amor entre tus brazos quisiera yo espirar.
Entonces por tus gracias celestes inspirado La lira del poeta pulsára entusiasmado Y á tí te dedicára mis cánticos de amor. Oh, tú me inspirarias canciones inmortales, Y al oirlas estasiados, del orbe los mortales, Tu nombre repitieran con alta admiracion.
Entonces fuera grande, por tu esplendor guiado; Con el laurel del genio me viera coronado Para arrojar coronas de glorias á tus piés... Qué digo de coronas de gloria en mi delirio? Yo siento la corona del perennal martirio Clavando sus espinas en mi marchita sien.
Adios, de nuevo os digo, sueños encantadores, Dejad en mis oidos de susurrar amores, Que aunque soñar es dulce, muy triste es despertar: Posaos sobre la almohada de la mujer que adoro, Llevadle algunas gotas de mi amoroso lloro, Para que en medio al sueño me pueda recordar!
XI
TU ESTRELLA
(CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)
En medio de la noche Al contemplar tu estrella, En su fulgente huella Mi alma te busca á tí; Y pienso que al mirarla Brillando placentera En celeste esfera, Te acordarás de mí.
Ausente de tu lado Mirando ese astro bello Creeré ver un destello Emanacion de tí; Y esclamaré con ansia:-- Tal vez la hermosa mia En medio á la alegría Se olvidará de mí!
Cuando de tí me aleje Y á los combates vaya, En medio á la batalla Me acordaré de tí, Y esperaré la noche Para calmar mi anhelo, Interrogando al cielo:-- ¿Se acordará de mí?
¡Adios! nunca me olvides, Y que tu estrella amiga Siempre á tu mente diga Que estoy pensando en tí: Y si en el campo caigo Por la metralla muerto, Mira ese rayo incierto Y acuérdate de mí.
XII
NADA DIRÉ
La belleza se ciñe la corona Que entretege el amor y la amistad, Arrancando una flor á cada zona, Tomando un pensamiento á cada edad.
Y la contempla el mundo entusiasmado, Coronada, de pié sobre el altar, Sobre el altar de joyas incrustado, Cubierto de jazmines y azahar.
Por eso guardo mi modesta ofrenda Que es la silvestre y solitaria flor, Que á tu corona, de las gracias prenda, Dar no puede fragancia ni esplendor.
Yo que no tengo cortesano genio Nada quiero decir ante tu altar, Cuando otros mil las flores de su ingenio Á tus plantas vendrán á derramar.
Nunca con alabanzas fementidas Incensaré las luces de tu faz, Solo palabras tiernas y sentidas En vez de incienso mentidor tendrás.
No en la trípode de oro del poeta Belleza celestial te cantaré, Pero tendrás mi admiracion secreta, Y poseerás del corazon la fé.
No te diré si es bella tu cabeza, Ni si tienes de Fidias el perfil, Ni si tu frente, cielo de pureza, Está cubierto con estrellas mil.
No te diré si tu alma resplandece Como diamante en urna de cristal, Ni si tu seno blando se estremece Como la niebla al soplo matinal.
No te diré si el labio que enamora En sus palabras desparrama miel, Ni si al caer, cual perlas del aurora, Hacen brotar las flores del vergel.
No te diré si tus hermosos ojos Son dos astros que Dios dejó caer, Para alumbrar los púdicos sonrojos Que tus mejillas suelen encender.
No te diré si tus cabellos rubios Que circundan tu frente cual capuz, Llamas son de magnéticos efluvios Que de tu mente vuelan á la luz.
No te diré si tus airosos brazos Los gajos son de madreselva en flor Si se entreabren para dar abrazos Y al pino añoso visten con amor.
Solo diré:--«Jamas á tu cabeza Falte la eterna flor de la virtud, Ni la sonrisa falte á tu belleza, Ni al corazon le falte su quietud.»
XIII
EN EL ÁLBUM
DE LA HIJA PÓSTUMA DE UN COMPAÑERO DE ARMAS
En el libro inmortal de nuestra historia Busco un nombre que guarda mi memoria Y tu filial amor, Y al encontrar la página enlutada La veo al mismo tiempo señalada Por una fresca y perfumada flor.
XIV
VERSOS
(EN UNA CORONA DE LAUREL)
Si faltase una hoja á tu corona Y colocarla fuese dado á mí, Sea ese lauro que á tus sienes falta La admiracion que te consagro á tí.
XV
UN RETRATO SIN NOMBRE
Quiero hacer tu retrato, mujer bella Mirando de tu rostro la hermosura, Que irradia en torno suyo la luz pura Como desde los cielos una estrella...
Mas no tengo un pincel con que pintarte, Que el cielo me ha negado el don precioso Que al lienzo dá trasunto primoroso, La inspiracion uniendo con el arte.
Y el mas hábil pintor nada podría No teniendo del iris los colores, Y los varios matices de las flores, Que en tu persona brillan á porfía.
Cómo pintar tu rostro de azucena Sin combinar los cándidos jazmines Al brillo de la nieve en los confines Alumbrada por luz blanca y serena?
¿Cómo pintar tu rubia cabellera Que en ondas de oro baja de tu frente, Sin las hebras de luz del sol ardiente Cuando espléndido brilla en alta esfera?
Sin el sereno azul del firmamento ¿Cómo pintar de tu ojo la dulzura, Y esa mirada cariñosa y pura Que hace olvidar al hombre su tormento?
Sin las rojizas nubes de occidente ¿Cómo dar vida á tus purpúreos labios, Que hacen borrar del mundo las agravios Cuando al hablar se entreabren dulcemente?
¡Oh, jamas! del artista la paleta Esas tintas tendrá para pintarte! Y si alguno pudiera retratarte Seria en su entusiasmo algun poeta!
Ven á mis manos, armoniosa lira: Quiero cantar la gracia y la belleza, Que el entusiasmo que arde en mi cabeza Manda que cante á la beldad que inspira.
No encuentro nombre que darle Y mi ardiente fantasía No tiene la poesía Que esa imágen tiene en sí. Cantaré sus perfecciones Mucho mas bellas al verlas, Mas si quereis comprenderlas A contemplarlas venid.
¿La conoceis? es un ángel Bajado del alto cielo, Para verter el consuelo Del hombre en el corazon: Es una cosa sin nombre Como una luz misteriosa, Como vision vaporosa, Como un acento de amor.
Es blanca como la luna, Es pura como una estrella, Es tan cándida y tan bella Cual la primer luz del sol, Como esa luz que se mezcla A los tintes de la aurora, Y el verde campo colora Con espléndido arrebol.
Es una cosa sin nombre Entrevista en un ensueño, En que se mira el diseño Y no se puede esplicar, Ó cual los ecos sin nombre Que en mágica melodía De la noche en la armonía El alma suele escuchar.
Es una cosa sin nombre Cual las quejas del amante, Cuando suspira anhelante De la música al compas; Como el perfume que exhala El cáliz de una flor pura, Que inspira amor y ventura, Y alivia el dolor tenaz.
Como el sol en el ocaso Cuando moribundo arde, Cual la estrella de la tarde En la calma celestial; Como el canto de las aves En la enramada florida, Ó cual sílfide vestida De vaporoso cendal.
Es una cosa sin nombre Como esas blancas visiones, Que en largas meditaciones Pasan con vuelo fugaz; Ó como el blando murmullo Que se oye en la selva umbría, Cuando de la noche fria Sopla la brisa fugaz.
Sol, estrella, luna, flor, Aurora, sílfide, brisa, Que alumbra con su sonrisa Y alumbra con su mirar, Es original sin tipo Que encierra en sí al universo, Y que no es dado, ni al verso, Ni al pincel el retratar!
La lira cae de mi cansada mano, Y me siento vencido en tu presencia: Perdóname si quise en mi demencia Tu candorosa imágen retratar. No es dado á los pinceles ni á la lira Ofrecer de tus gracias una idea, Y todo aquel que tus encantos vea Admirarlos podrá, mas no copiar.
No vivirás en mármoles, ni en lienzos, No robarán tus formas los cinceles, Ni colores darás á los pinceles Para causar al mundo admiracion, Por eso yo, tu rostro contemplando, Hice un bosquejo en vez de tu retrato, Mas me consuela el pensamiento grato Que tu retrato está en mi corazon.
XVI
NOCHES DE DICIEMBRE
En esas noches serenas De Diciembre delicioso, Cuando entregada al reposo La tierra parece estar, Y cuando la blanca luna Cruza el ancho firmamento, Absorto en mi pensamiento Yo me complazco en vagar.
Miro brillar en el cielo Las estrellas encendidas, Letras de luz esparcidas Por la mano del Creador, Que en inefables palabras Revelan nuestro destino, Y señalan el camino Del audaz navegador.
Miro la onda agitada, Que corona leve espuma Y entre misteriosa bruma Melancólica gemir; Y en la playa solitaria Estenderse blandamente, Y bajo otra ola rugiente Desfallecida morir.
Miro del árbol sombrío Como se ajita el ramaje, Mientras el verde follaje A compas se oye vibrar. Como si un aéreo coro En él tuviese su nido, Para recrear el oido Con misterioso cantar.
Miro cruzar por el aire Mil fantasmas vagarosas, Cual las sombras vaporosas Que en sueños vemos pasar, Y por la mente, alumbrada Con el reflejo del alma, Las miro en plácida calma Lijeras atravesar.
Entonces mi alma estasiada Se desprende de este suelo, Y se remonta hasta el cielo A contemplar la creacion; Y desplegando sus alas Como el águila altanera, Vuela de esfera en esfera En rápida sucesion.
Si por acaso una voz Dulce, tierna y melodiosa, Una cancion armoniosa A lo lejos hace oir, La música me figuro De la danza de las horas, Que con sus plantas sonoras Hacen el aire crujir.
Si á la vez, la mansa brisa Que á los jazmines halaga Y entre su copa se embriaga, Viene mi rostro á besar, Creo que alguna sílfide Que cruza por el ambiente Toca mi pálida frente Con sus alas al pasar.
Y si una mujer hermosa De blanca tela vestida, Ante mi vista abstraida Pasa como aparicion, En éxtasis arrobado Bajo influjo de un hechizo, Creo que del paraiso La puerta abre una vision.
Pero el aire de la noche Mis pensamientos enfria, Y apaga cual lluvia fria De la mente el resplandor: Que así el vapor de la tierra Se desprende en forma leve, Y luego en forma de nieve Debilita su calor.
XVII
DOS PENSAMIENTOS
Como una estrella fugaz Que luce en la noche umbría, Brilló un instante María En el valle del dolor: Era una vírgen, tan pura Cual de la tarde la brisa, Cuya mágica sonrisa Reflejo era del amor.
Se marchitó como rosa Que su perfume derrama, Como fosfórica llama Un solo instante vivió; Porque faltaba á su alma El aire puro del cielo, Y tomando raudo vuelo Otra atmósfera buscó.
Un dia que en un jardin Ivamos juntando flores (Emblemas de los amores Que en la tierra puso Dios) Un pensamiento la di, Y ella me dió un pensamiento, Y animada de contento Formó un ramo de los dos.
Aquellos dos pensamientos Su vida simbolizaban, Ó quizá identificaban Su vida, su alma y su ser, Porque apenas en su pecho Hallaron tibia guarida, Pálida y desfallecida Bajó la marchita sien.
Sobre el lecho de agonía Cayó, como flor tronchada Por el viento deshojada, Y su frescura perdió; Y cual se exhala el perfume Del cáliz de lirio hermoso, De su cuerpo primoroso Su alma angélica voló.
Antes de cerrar sus ojos Y dar el último aliento, Con blando y lloroso acento A su lado me llamó: Su bello rostro cubría La palidez de la muerte, Y con mano casi inerte Dos pensamientos me dió.
Y me dijo:--«Dulce amigo, «Solo en el mundo te dejo: «Del valle triste me alejo, «Y no te veré ya mas, «Y hasta que llegue el instante «De oir de Dios los acentos, «Guarda esos dos pensamientos, «Y no me olvides jamas!»
Esos pensamientos mústios Dados de muerte en el lecho, Yo los conservo en mi pecho Como sacro talisman, Porque se hallan impregnados Del espíritu invisible Del alma pura y sensible, Que calma mi triste afan.
Yo que profeso en el alma La religion de la muerte, Sobre su sepulcro inerte, Llanto y flores derramé, Y entre las fúnebres flores Lágrimas puse á millares, Y entre blancos azahares Pensamientos coloqué.
Y al pié del mústio sepulcro De la cándida María, Mis ojos vieron un dia Dos pensamientos brotar, Y luego ví el huracan Llegar con vuelo violento, Deshojar un pensamiento... Y uno tan solo dejar.
XVIII
EL VELO
La mies se corona de espigas doradas, Y el cielo se esmalta con nubes de azul, Las flores se envuelven con hojas variadas, Y en gajos flexibles el verde abedul.
Se ciñe el guerrero con palma triunfante, El rey con diadema circunda la sien, La falsa coqueta prefiere un diamante, Que á par de ella, muchas prefieren tambien.
Se ciñen los montes coronas de hielo, De blancas espumas las olas del mar, De fresco rocío las plantas del suelo, De llamas rojizas la esfera solar.
Mas hay una bella que dulce y modesta Ni flores, ni nubes, ni llamas buscó, Y en vez de la joya que adorno le presta, Con diáfano velo su frente ciñó.
* * *
Si fuese al combate, colgára en mi lanza Con lauros de triunfo su leve crespon, Y altivo, animado de doble esperanza Seria de guerra mi sacro pendon.
Si fuese marino, colgára ese velo Por vela á mi buque, por toldo á su iman, Y en calma mirando los astros del cielo Las iras burlára del negro huracan.
Si fuese poeta, mi armónica lira Podria al amparo del ténue cendal, Y al son de la brisa que mansa suspira Le diera inspirado su acorde final.
Si fuese viajero deseara una palma Que sombra tranquila me diese á su pié, Como esa que el velo, con plácida calma, Derrama en la frente que el ojo entrevé.
* * *
Feliz el que pueda del cándido velo Alzar el estremo que cubre la sien, Porque ese, olvidando las penas del suelo, La luz habrá visto del mágico Eden.
Feliz el que pueda con él envolverse Y dar estasiado su espíritu á Dios, Y ver á la tierra de vista perderse, Cual ave que asciende con ala veloz.
Feliz el que pueda colgar á su estremo La escelsa corona de rosa y laurel, Cual símbolo hermoso del genio supremo Que indique á la reina de todo el verjel.
Feliz el que pueda mezclar sus despojos Al polvo impalpable que el viento alzará, Cuando esa belleza con llanto en los ojos Desgarre ese velo que sombra le dá.
* * *
Mas esto es muy triste, tal vez distraido Su frente he podido de nieblas cubrir, Y al velo que lleva solo es permitido Con nubes lijeras su frente circuir.
Él es como nube que cruza su frente, Cual cruza los cielos la bruma fugaz, Realzando en el fondo su rostro esplendente Que adornan matices del iris de paz.
Yo soy como un ciego que canta á la puerta Deseando al que me oye placeres y amor, Deseando que nunca se mire cubierta La gaza, con perlas que borde el dolor.
¡Mas no soy tan ciego! pues miro en el cielo Brillar las estrellas con tibio fulgor, Y luego eclipsarse si entreabre su velo Mostrando dos ojos que irradian amor.
XIX
LA AGONÍA DEL POETA
¡Oh juicio divinal! Cuando mas ardía el fuego Echaste el agua.
MANRIQUE.
Genio, inspiracion divina, Fuego devora mi mente, Y siento en el alma ardiente Una llama circular... Mas ¡qué importa! si á la tumba Pronto caerá el genio mio, Como el torrente bravío Que vá á morir en el mar!
Ya del carro de la vida Los corceles fatigados Caen al suelo postrados Con anheloso estertor; Y ya el genio de la muerte Gira en torno á mi cabeza, Cual ave que de su presa Va volando en derredor.
Como el náufrago se abraza De las astillas flotantes, De las horas vacilantes Me abrazo con ansiedad; Pero en vano, que la urna De mis años, agotada, Sobre el abismo inclinada Se vé, de la eternidad.
Qué importa morir, si solo, He vivido en este mundo, Donde corre un aire inmundo Que no puedo respirar: Si mis lágrimas cayeron Confundidas en el cieno, Sin bañar el tibio seno Del amor á la amistad!
Qué importa morir, si nunca Los hombres me han comprendido, Si ninguno me ha tendido Una mano fraternal: Si cual la flor del desierto Que en soledad se consume, He dado al viento un perfume Que nunca sintió el mortal!
Mis ecos se han confundido Con la música lejana, Que se alza cada mañana Del seno de la creacion; Y entre el canto de las aves, Y el aroma de las flores, Del valle de los dolores Han subido á otra mansion.
Como las nubes de mirra Que perfuman el sagrario, Y brotan del incensario De las brazas al calor, Al fuego del entusiasmo De mi cabeza han brotado Los cantos, que he consagrado A la Patria y al Señor.
Jamas prodigué alabanzas A un miserable tirano, Ni del pueblo soberano Las banderas deserté: Fija la vista en el cielo, Nutrido de amor intenso, A Dios y al Pueblo el incienso Del corazon consagré.
La libertad fué la musa De los cielos mensagera, Que llenó mi alma severa Con su espíritu inmortal; Y en las negras tempestades Seguí con paso valiente, Su antorcha resplandeciente Y su faro celestial.
Oh, Dios, inspírame un himno, Ó una fúnebre elejia! Que baje á la tumba fria Cantando á la libertad! Permite que adorne un lauro Mi cadáver macilento, Y que no muera mi acento Cual voz en la soledad!
¡Pero ya es tarde! la mano Que marca la última hora, Se levanta aterradora Y vuelca el reló fatal; Y las cuerdas de mi lira, Como nervios doloridos Producen tristes sonidos Una á una al reventar.
En vano aplico el oido: Enmudece la memoria, Y á mis cánticos de gloria No responde el porvenir; Que al descender al abismo La corteza de mi alma, No se verá ni una palma Sobre la frente lucir!
Oh musa, vuelve otra vez A tu celeste morada, Que el abismo de la nada Pronto me va á devorar; Pero antes, rompe las flechas De mi carcax no vacio: Mi brazo perdió su brio, Y el arco se va á quebrar!