Rimas · Unidad 3 de 27
ADVERTENCIA DEL EDITOR — parte 2
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No estrañe que entre en estos detalles minuciosos sobre la cadencia poética en sus relaciones con la música y con la naturaleza humana, desde que ellos me sirven tan eficazmente al objeto que me he propuesto en esta carta. Ademas, como lo ha dicho Sismondi, «la estructura del verso, esta parte en cierto modo mecánica de la poesía, está ligada por acordes misteriosos y secretos, con nuestras sensaciones, con nuestras emociones, con todo aquello que habla á nuestro corazon y á nuestra imaginacion, y seria conocer muy mal el lenguaje divino de los poetas, considerarla solamente como una traba impuesta al pensamiento. Los versos no conmueven nuestras almas, no cautivan nuestras pasiones, sinó porque tienen algo de mas íntimo que la prosa, algo que se apodera de todo nuestro ser, encontrando mas directamente el camino del espíritu y de los sentidos, y trayéndonos impresiones mas completas que las que el lenguaje por sí solo y desprovisto de estos accesorios puede despertar.» Y mas adelante agrega: «La rima es una especie de llamamiento al recuerdo y á la esperanza, ella despierta una sensacion pasada y hace desear una nueva, realza la importancia de los sonidos, y dá en cierto modo una especie de colorido á las palabras.»
Nada de estraño sería que los poetas elogiasen su lenguaje, pero cuando los mas eminentes prosistas proclaman su superioridad, preciso es reconocer que hay en él algo de verdaderamente sublime, y que por lo menos, no se le debe juzgar sin haberle estudiado antes.
Si del lenguaje poético, considerado en sus relaciones con la música y con la organizacion humana, la mente se eleva hasta la contemplacion de la idea abstracta, y penetra en los dominios de la psicología, se verá que, siendo la poesía á la prosa, lo que el drama lírico es al drama recitado, ella no es otra cosa que el lenguaje á toda orquesta, la palabra que se acompaña con la música del ritmo y de la rima, que se impregna de ella, que la asimila á su ser, que funde en un todo compacto la idea y la armonía al fuego inestinguible de la inspiracion que arde en la cabeza del poeta. Así es como la poesía, á la manera de una onda sonora, penetra en lo mas hondo de la imaginacion y de la conciencia, apoderándose al mismo tiempo de los sentidos, despertando suavemente las emociones perezosas que dormitan, haciendo sentir al hombre la unidad de su ser, formando en el fondo del alma un acorde sublime, y dominando con su canto las emociones disonantes del corazon humano.
Suprimid la poesía, y las relaciones del hombre con la naturaleza quedan interrumpidas, mientras que nuestras facultades, funcionando aisladamente como en sueños, jamás producirán ese acorde sublime que es el resultado de la imágen, del sonido, del movimiento y de la abstraccion; que son las cuatro grandes manifestaciones de la vida, los cuatro principios constitutivos de las bellas artes, los cuatro elementos de cuya combinacion se forman todos los productos intelectuales, y que la poesía es la única que condensa y reduce á una sola fórmula.
La poesía es el puente misterioso que une al hombre físico con el hombre moral, y que pone en contacto todas sus facultades; por eso decia Schiller:--«Para filosofar, basta la mitad del hombre mientras que la otra mitad puede descansar: pero las musas lo absorben todo.» Para ser poeta, se necesita sentir y pensar á un mismo tiempo, y poner en ejercicio el poder de abstraccion á la vez que la imaginacion, porque lo que no conmueve y convence, no merece el nombre de poesía. Las ciencias y las artes no tienen alas para volar mas allá de las fronteras del mundo material, ni ojos para objetos que se hallen fuera del alcance del telescopio. La poesía ademas de tener alas y de tener ojos para recorrer el universo y contemplar en él cuanto hay de grande y de bello, puede lanzarse á los espacios infinitos de la creacion, penetrar en los dominios del mundo inmaterial, poner al hombre en relacion con Dios, y establecer entre el cielo y la tierra aquella cadena de oro, que segun los antiguos, ligaba á la criatura con su Criador.
Esto es la poesía, esto es el arte divino, del cual ha dicho Vd. que solo tiene sacerdotes entre los hombres incapaces de accion, esto es lo que Vd. ha llamado «monólogo sublime á veces, estéril siempre».
Una república prosáica, tal cual Vd. parece desearla, tendria mucha semejanza con aquella pálida mansion de los héroes de la antigüedad, que el Dante nos describe en su _Infierno_: imágen debilitada de la vida, en que las sombras vagan sin esperanzas de un bien mejor, llorando la pérdida de una felicidad que nunca conocieron. Sería un cuerpo sin alma; sería la bella estátua de Prometeo sin el fuego sagrado que la dió vida y movimiento. Desheredados de la poesía, ¿qué voz simpática responderia á las armonías secretas del corazon? ¿qué potencia sobrenatural nos elevaria á la contemplacion de lo infinito? ¿qué relámpago iluminaria con sus resplandores pasageros las profundidades de nuestro ser? ¿por qué medio se dirigirian los instintos, una vez quebrado el instrumento usual con que se forma y desarrolla el sentimiento y la inteligencia de lo bello? Preguntas son estas que pondrian en bárbaros aprietos al legislador en teoría de esa soñada república platónica.
No sé por qué me parece encontrar cierta analogía entre su idea y las asociaciones de las abejas, de las hormigas y de los castores. Hé aquí tres repúblicas que realizan el bello ideal de los positivistas, y que llenan todas las condiciones pedidas por Vd.: repúblicas de matemáticos, de ingenieros, de químicos y de industriales, que pasan la vida cavando la tierra, edificando y destilando, «aplicando al trabajo todas las fuerzas físicas sin «malgastar sus fuerzas intelectuales en ornamentaciones inútiles, ni en monólogos sublimes, pero estériles»; y deshojando las flores para arrojar sus perfumes en el gran alambique de la fábrica comunista! Hé aquí su bello ideal: el hombre menos la idea del progreso, menos la aspiracion á lo infinito, menos la condicion de la perfectibilidad; porque, desengáñese, sin la poesía bajo alguna de sus formas, el progreso, la abstraccion y la perfectibilidad son imposibles. Así se vé que los castores, las hormigas y las abejas fabrican sus casas, hacen sus provisiones, trazan sus exágonos y destilan la miel lo mismo hoy que al principio del mundo, lo mismo mañana que hoy, sin dar un paso adelante. ¿Por qué? Porque les falta la poesía que satisface á la aspiracion de lo mejor, de lo ideal, que es el resorte poderoso de la perfectibilidad humana. Su aspiracion prosáica me trae á la memoria en este momento los versos de un poeta español del siglo pasado:
Dura resolucion desesperada Labrarse un molde en qué vaciar la vida, Sin que se altere de la estampa nada.
Los espartanos pretendieron tambien estirpar la poesía del corazon, y lograron fabricar un molde artificial para dar una nueva forma á la naturaleza humana, ¿y qué consiguieron? destruir el libre albedrío, arrebatar á la inteligencia el atributo mas bello de la divinidad, despojar á la humanidad de sus amables virtudes, sin estirpar sin embargo esa poesía colectiva, á despecho del mismo pueblo que la rechazaba, que, como lo ha observado Tocqueville, es el signo característico de la poesía democrática. La república de Esparta no es, por otra parte, sino un engendro de la imaginacion poética de Licurgo, que concibió una asociacion en su cabeza, la formuló en un poema que llamó leyes, y fanatizado por su idea, como Saint-Simon y Fourrier en nuestros dias, dió su vida á trueque de ver realizada su teoría, hija mas bien de la fantasía que de la observacion de la naturaleza humana.
Apesar de tantas precauciones, la música y la poesía tenian un culto secreto en el corazon de aquellos austeros ciudadanos, dispuestos á morir por sus santas leyes; y la prueba de esto es, que allí fué donde se añadió una cuerda mas á la lira, lo que le valió un destierro perpétuo al inventor, bajo el pretesto de que tales armonías convidaban al pueblo á la molicie.
La lira se encargó de su venganza.
Años despues, los de Esparta en guerra con los Mesenianos, pidieron auxilio á Atenas. Esta República les envió por contingente un poeta armado de una lira. El poeta se llamaba Tirteo. Sus himnos guerreros encendieron el entusiasmo en todos los corazones y templaron la fibra viril del pueblo abatido por la derrota, que voló con decision á la batalla. Rotos los escuadrones de Esparta, los dispersos oyeron á su espalda la voz robusta de Tirteo, que se acompañaba con la lira encordada por los Espartanos, y volviendo caras, conquistaron de nuevo el lauro de la victoria, probando á sus enemigos que la poesía lejos de convidar á la molicie sabe exaltar lo que hay de mas noble y de mas sublime en el corazon humano. Por esto, el mismo Licurgo se vió obligado á confesar que el triunfo de Lacedemonia se debia á Tirteo. Los Lacedemonios, salvados por la poesía, que en vano habian procurado proscribir, dieron á Tirteo el título de ciudadano, y promulgaron una ley para que en adelante sus poesías fuesen recitadas á los ejércitos de la república, reunidos en torno de la tienda de campaña de sus Generales.
A Vd., á quien veo muy propenso á seguir el ejemplo del éforo espartano, puesto que, segun Vd., la poesía es hija de la impotencia y la pereza, bueno es predicarle con estos ejemplos elocuentes que echan por tierra todas sus teorías, que con la mayor seriedad llama cosas prácticas. Y ya que andamos viajando por la antigua Grecia no abandonaremos este pais encantador, cuyos laureles nos quitan el sueño, sin haber hecho otra escursion por su historia. En una carta que nada tiene de geográfica, son permitidos estos paseos caprichosos, en que la imaginacion gusta estraviarse por los senderos floridos que se abren ante sus pasos, aunque ignore á donde van á parar.
La palabra poesía deriva del griego, y si hemos de dar crédito á los filólogos, significa _crear_, _componer_, _fabricar_, _hacer_, _construir_, en fin, es una verdadera palabra enciclopédica, que representa dignamente á la potencia creadora por escelencia, que á la manera del Creador sobre el barro, sopla sobre una idea invisible, le dá forma y vida, y la inmortaliza por los siglos de los siglos, sin el auxilio de la reproduccion.
Marmontel pretende que allí donde esa palabra tuvo su orígen fué donde nació la poesía. La historia desmiente esta hipótesis: la poesía nació con el hombre, y el idioma rítmico fué el primero que vibró en su lábio balbuciente, como el gorjeo es el primer sonido que sale de la garganta de las aves. Si el hombre no fuese perfectible habria hablado eternamente en verso, como el pájaro que por no ser susceptible de aprender á hablar, se ha quedado con su lenguaje primitivo, sin poder alcanzar hasta la prosa, que es, como lo observa Michelet, la última forma en que se concreta el pensamiento humano. ¿Y quién nos dice que porque el pájaro no pronuncie palabras como el hombre no hay poesía en su canto? Qué otra cosa es la poesía sino la queja tierna ó dolorida, la vibración armónica de cada organizacion, las emociones ó las ideas íntimas que se convierten en sonidos al pasar por los lábios como el viento al pasar por las arpas eólicas? En este punto estoy de acuerdo con Calderon, que dice que el pájaro es poeta, susceptible de pensar y de sentir, y por lo tanto de hacerse comprender en el lenguaje que le es peculiar. Cito los versos en que así lo da á entender, porque son admirables y dignos de un gran poeta:
Y con acento suave Se queja una simple ave, Y en amorosa prision Así aliviarse pretende; Que al fin la queja se entiende Si se ignora la cancion.
Pero dejando aparte esta profunda cuestion fisio-ornitológica; de lo que no hay duda es, que el verso precedió á la prosa, y sus mas antiguos monumentos así lo atestiguan. Esto se prueba con la historia de los tiempos primitivos.
El Ejipto, cuna de la civilizacion del mundo, donde estudiaron la música Moises y Pytágoras, tuvo en su orígen cantos para todos los trabajos, calculados para reglar el movimiento de los trabajadores por médio del ritmo, pues sus habitantes como grandes observadores de la naturaleza habian descubierto ya el fenómeno fisiológico que se ha esplicado en nuestros dias, de como la música y las canciones hacen sobrellevar por mas largo tiempo la fatiga con menos cansancio del hombre. Este pueblo, que tenia sin duda el órgano de la simetría, y que sujetaba al ritmo hasta los trabajos de campo, las ceremonias religiosas y las revoluciones de los astros, no puede haber hablado en sus primeros tiempos otro lenguaje que el métrico; y aunque ni los Árabes ni los Griegos hagan mencion de sus poetas, esto no prueba que su modo de hablar dejase de ser cadencioso, como el de todos los pueblos primitivos pues de esto á lo que propiamente se llama poesía hay una gran distancia.
Los primeros civilizadores de la Grecia fueron músicos y poetas. Los sacerdotes, los sábios los médicos los filósofos y los matemáticos, fueron los primeros poetas griegos.
Anfion, por el poder irresistible de las armonías de su lira, segun cuenta la fábula, puso en movimiento las piedras y levantó los muros de la ciudad de Tebas.
Orfeo, que hizo parte de la espedicion de los Argonautas, cuyo viage es tan cierto como el de Colon, domesticó á las fieras con los blandos sonidos de su lira, segun cuenta la misma fábula. Aun cuando pueda ponerse en duda este milagro y el de Anfion, ahí están sus Himnos de Iniciacion para comprobar que antes de que hubiese prosa hubo un poeta. Ahí están para mayor abundamiento los mitos y las poesías Índicas, anteriores á las leyendas y á los himnos de Orfeo.
Homero y Hesiodo, su contemporáneo, que ennoblecieron el dialecto jónico, reasumieron en sus poemas toda la civilizacion de un mundo, concretaron todo un ciclo histórico, y ensanchando los límites del corazon y de la intelijencia, pusieron al hombre en relacion con todos los objetos de la naturaleza de que estaba rodeado.
Solo ochocientos años despues de Orfeo, y cuatrocientos años despues de Homero y Hesiodo, apareció por primera vez la prosa en Grecia, en el año 600 (antes de J. C.) Segun algunos eruditos, el honor de esta invencion corresponde á un indio llamado Bidpai; segun otros, á un esclavo frigio llamado Lokman, que no falta quien diga que es el mismo Esopo. Plinio sostiene que la gloria de la prosa corresponde al filósofo Pherecydes, y á Cadmo de Mileto la de la historia. Otros piensan con Strabon que deba darse la prioridad á Cadmo. Ambas opiniones encontradas convienen empero en un punto, y es, que tanto la prosa de Cadmo como la de Pherecydes, su contemporáneo, eran todavia una imitacion del lenguaje poético, consistiendo toda su innovacion en romper la medida del verso.
Pytágoras, la cabeza mas matemática que haya producido el mundo, sin escluir la de Pascal, continuó pensando en verso, y en verso continuó hablando á sus discípulos, que en sus _Versos Dorados_ nos han transmitido las lecciones de aquel gran maestro y de su inmortal escuela.
Hasta la época de Platon no se acreditó la prosa entre los filósofos griegos.
Los latinos no conocieron la prosa sino 307 años despues de la fundacion de Roma, en que con motivo de una arenga pronunciada ante el Senado por Apio Caecus, para exitarlo á que no hiciera alianza con Pyrro, se introdujo el uso de este lenguage en la vida civil.
Los Arabes no escribieron en prosa hasta el siglo VI de nuestra era, es decir, bajo la dominacion de Mahoma; y en Irlanda no se hizo uso de ella hasta el siglo XII.
Basta lo dicho para demostrar que la poesía precedió á la prosa, y que esta no es otra cosa en realidad, que el verso roto y descompuesto ajustado á otra cadencia mas grave y menos vibrante.
Aquí tiene Vd. como al descomponer los versos y ensartarlos unos tras otros, no ha hecho otra cosa que plagiar á los primitivos prosadores, repitiendo sin sospecharlo, uno de los pasos mas gigantescos que haya dado el lenguage universal, cual es la transicion del verso á la prosa.
Pero lo que en los antiguos era un progreso, en Vd. es un retroceso; y para demostrarle claramente esto que parecerá una paradoja, necesito entrar en algunos detalles técnicos sobre la versificacion.
En las edades primitivas era mas fácil hacer verso que prosa, porque el lenguage métrico era para el hombre lo que el canto para el pájaro, en razon de que, fundándose los idiomas primitivos sobre sonidos imitativos, eran mas sonoros, mas armoniosos, mas ricos en su pronunciacion, y todas sus palabras, á la manera de esas tres notas musicales que de cualquier modo que se combinen producen una melodía, de cualquier modo que se mezclasen, siempre daban por resultado un verso. Eran tambien, si así puede decirse, mas pintorescos, pues como lo observa un crítico español, "los sonidos prolongados mas bien que articulados, de que están llenas las lenguas salvages, parecen mas propios para conmover la imaginacion pintando, que para hablar al entendimiento definiendo." En tales idiomas, todo el artificio del verso--si es que artificio habia--consistia en la medida de las partes y en los tiempos de la pronunciacion. La inspiracion era todo: el verbo no se habia encerrado todavia--segun la espresion de Nodier--en el tubo de una pluma. Como entre los antiguos la música y la poesía estaban identificadas, pues segun dice Strabon, "hablar y cantar era lo mismo en otro tiempo", el ritmo gobernaba á la melodía. Cada sílaba tenia un sonido y una duracion determinada, y la division de las sílabas en largas y breves, habia asimilado completamente el ritmo poético al ritmo musical. Así es que en Grecia, el descubrimiento de un nuevo metro daba por resultado inmediato la invencion de una nueva música, y las escuelas musicales que conocemos con los nombres de _dórica_, _lidia_, _frigia_, _jónica_, y _eólica_, no estaban fundadas sino en la diversidad de metros, siendo los sonidos radicales exactamente los mismos. Cada verso estaba dividido en cierto número de compases, á que damos todavia el nombre de pies, y cuya pronunciacion, alternada dentro de tiempos iguales, producía la cadencia que venia á herir el oido periódicamente, cualquiera que fuese la diversidad de los sonidos. El movimiento alternado de las sílabas largas y breves ó vice-versa, y la combinacion armoniosa de los pies ó compases, era lo que producía la diversidad de metros, la cual fué prodijiosa entre los Griegos y Romanos. Debido sin duda á ese sentimiento de la armonía que se desarrollaba con el hombre, y que dejaba libre la imaginacion para remontar su vuelo, es que las edades primitivas hayan producido poetas tan sublimes como Homero y como Job, poetas que no serán igualados jamás, á menos que la humanidad no vuelva á encontrar la rica prosodia de los primeros tiempos.