Romance de lobos, comedia barbara · Capítulo real 9 de 18
ESCENA SEGUNDA
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
_Un poco más adelante, siguiendo por aquel camino humilde de verdes orillas, un paraje de álamos y de agua. El primogénito encuentra a su padre, que viene a pie entre la hueste de mendigos, y refrena el caballo haciéndose a un lado para dejar paso a todos. Don Juan Manuel no le reconoce hasta cruzar por su lado. Entonces le mira con altivez, pero sin cólera, desengañado, desdeñoso, triste_.
EL CABALLERO
¡Ah!... Eres tú, bandido.
DON PEDRITO
¡Yo soy!
EL CABALLERO
Al fin nos encontramos. ¿Te han dicho que tienes mi maldición?
DON PEDRITO
Sí, señor.
EL CABALLERO
¿Y no te importa?
DON PEDRITO
No, señor.
EL CABALLERO
La verdad es que una maldición no mata ni espanta.
_El caballero se coge la barba estremecida por la risa, una risa extraña, de viejo loco, desengañado y burlón. Don Pedrito requiere las riendas_.
DON PEDRITO
¡Déjeme pasar, padre!
EL CABALLERO
Antes dirás por qué no te importa mi maldición. ¿Te hace reir?
DON PEDRITO
No me hace reir....
EL CABALLERO
Pues a mí me hace llorar de risa verme lanzando excomuniones como el Papa.
DON PEDRITO
¡Deje paso, señor!
EL CABALLERO
A un hijo tan bandido como tú no se le maldice, se le abre la cabeza.
DON PEDRITO
Yo no soy su hijo, Don Juan Manuel.
_El Caballero aferra con una mano las riendas, mientras con la otra enarbola el bastón. El primogénito, doblándose sobre el borrén y corriendo espuelas encabrita el caballo, y el padre, sin soltar el rendaje, le apalea_.
EL CABALLERO
A un hijo tan bandido se le abre la cabeza. ¡Se le mata! ¡Se le entierra!
DON PEDRITO
¡No me encienda la sangre, que si me vuelvo lobo, lo como!
EL CABALLERO
Apéate del caballo, y verás quién tiene más fieros dientes. DON PEDRITO
¡No me tiente, señor!
EL CABALLERO
¡Apéate, para que sepas quién es el lobo!
_Trémulo, con los ojos ardientes, salta a tierra el primogénito y va contra su padre, que le espera en medio del camino con el bastón enarbolado. Detrás se extiende la hueste de mendigos, que tiemblan de miedo y de frío bajo sus harapos, al intentar interponerse_.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
Señor Don Pedrito, considere que es su padre, y que le ha dado la vida, y que puede quitársela. ¡El padre es como el Dios del Cielo!
EL MANCO LEONÉS
Muestre su noble sangre volviéndose atrás por el camino que traía, joven caballero.
DOMINGA DE GÓMEZ
Con un padre no hay que tener valentía.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
Un padre nos da disciplinazos, y cuando corra la sangre hemos de besarle las manos.
DOMINGA DE GÓMEZ
Quisiera yo, cuitada de mí, ver alzarse a mi padre de la cueva, aunque fuera para arrastrarme de los cabellos, que no tengo.
_Don Pedrito queda un momento suspenso en medio del camino, y siempre trémulo, mira cómo su caballo se huye al galope por una siembra, pisándose las bridas_.
EL CABALLERO
¿Por qué te detienes, mal hijo?
DON PEDRITO
Por ver si entre tanto misionero había alguno que fuese para alcanzarme el caballo.
EL CABALLERO
¡Y tú te llamas lobo!
DON PEDRITO
Lobo seré si mi padre vuelve a levantar su brazo sobre mi cabeza.
_EL CABALLERO siente la amenaza y adelanta hacia su primogénito. Don Pedrito ceja, se recoge, y con un salto impensado, arranca su bordón al leproso. Armado y, apercibido, hace con él un circulo en el aire que tiene un terrible zumbar. Cuando el padre y el hijo van a encontrarse, se interpone entre ellos la figura gigante y trágica del Pobre de San Lázaro_.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
El palo que a mí me sostiene por los caminos no ha de alzarlo contra su padre. Diómelo como una cruz Nuestro Señor Jesucristo.
DON PEDRITO
Apártate, leproso.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
Antes vuélvame el palo con que voy por el mundo, que si no me lo vuelve yo lo tomaré.
DON PEDRITO
¡Ay de ti si me tocan tus manos podridas!
_Con lento andar, de una humildad fuerte y solemne, avanza el Pobre de San Lázaro. El capote de soldado que le cubre parece aumentar la expresión trágica de aquella figura gigante y mendiga. Don Pedrito retrocede estremecido, y arroja el bordón lejos de sí. Detrás del pobre está la sombra de Doña María_.
DON PEDRITO
¡Ten tu cruz, hermano!
EL POBRE DE SAN LÁZARO
Gracias, noble señor.
DON PEDRITO
¿Tú no sabes dónde hallaré yo la mía?
EL POBRE DE SAN LÁZARO
No sé.... Eso nadie lo sabe hasta que una vez en la noche, durmiendo en un pajar o caminando solo por un camino, se aparece el ángel que nos habla en nombre de Nuestro Señor.
EL CABALLERO
¡Job, no digas tonterías!... Si te parece cambiaremos nuestras cruces....
_Ofrece su bastón al leproso el viejo linajudo, y recoge del sendero el palo del mendigo. El primogénito se aleja hablando solo, y atraviesa la siembra por cobrar el caballo que pace allá en el fondo arrastrando el rendaje. Monta, y al galope desaparece. El Caballero, ceñudo y sombrío, sigue su peregrinación entre la hueste mendicante que renueva, las voces de su planto cuando ve las torres de Flavia-Longa_.
LOS MENDIGOS
¡Era la madre de los pobres! ¡Nunca hubo puerta de más caridad! ¡Dios nuestro Señor la llamó para sí y la tiene en el Cielo al lado de la Virgen Santísima! ¡Era la madre de los pobres!
[Ilustración]