Romance de lobos, comedia barbara · Unidad 6 de 19

ESCENA QUINTA

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

_La alcoba donde murió Doña María. Es el amanecer, uno de esos amaneceres adustos e invernales en que aúlla el viento como un lobo y se arremolina la llovizna. En la alcoba, la luz del día naciente batalla con la luz de los cirios que arden a la cabecera de la muerta, y pasa por las paredes de la estancia como la sombra de un pájaro. La lluvia azota los cristales de la ventana y se ahíla en un lloro terco y frío, de una tristeza monótona, que parece exprimir toda la tristeza del invierno y de la vida. La ventana se abre sobre el mar, un vasto mar verdoso y temeroso. Es aquella una de esas angostas ventanas de montante, labradas como confesionarios en lo hondo de un muro, y flanqueadas por poyos de piedra donde duerme el gato y suele la abuela hilar su copo. Dos mujeres velan el cadáver: La una, alta y seca, con los cabellos en mechones blancos y los ojos en llamas negras, es sobrina de la muerta y se llama Doña Moncha. La otra, menuda, compungida y melosa, con gracia especial para cortar mortajas, es blanca, con una blancura rancia de viejo marfil, que destaca con cierta expresión devota sobre un hábito nazareno: Se llama Benita la Costurera_.

BENITA LA COSTURERA

¿Quiere que amortajemos a la señora?

DOÑA MONCHA

¿Terminaste el hábito?

BENITA LA COSTURERA

Mírelo aquí... No le rematé los hilos de las costuras, porque, mi verdad, una mortaja tampoco requiere aquel cuidado que una falda para ir al baile. ¡Doña Monchiña de mi vida, mire qué guapa le va esta esterilla dorada!

_Doña Moncha aprueba con un gesto. Benita la Costurera dobla la mortaja y espabila los cirios con las tijeras que lleva pendientes de la cintura, y se balancean al extremo de una cinta azul que llaman hospiciana_.

DOÑA MONCHA

¡Pobre tía, parece que se ha dormido!

BENITA LA COSTURERA

Quedóse como un pájaro... ¡Ni agonía tuvo!

DOÑA MONCHA

Dios nos libre de tenerla igual... ¡Su agonía duró treinta años!

BENITA LA COSTURERA

Me parece que aún la estoy viendo el día que se casó, con su mantilla de casco... fué el mismo año y el mismo día que vino la reina... ¡Qué cosas tiene el mundo!... ¡Ayudé a coserle el vestido de novia, y ahora tócame hilvanarle la mortaja!

DOÑA MONCHA

Dos veces le has cosido la mortaja... Todo lo que tú coses son mortajas....

BENITA LA COSTURERA

¡Doña Moncha de mi alma, no diga eso! ¡Santísima Virgen de la Pastoriza, hay mucha gente mala, y si la oyen y dan en repetirlo! ¡Doña Moncha de mi vida, no me eche esa fama!

DOÑA MONCHA

Yo no me pondría una hilacha que hubiesen cosido tus manos... ¡Tienen la sal!

BENITA LA COSTURERA

¡Ay!... ¡No diga eso, Doña Monchiña!... Contésteme ahora: ¿Le parece que antes de vestirle el hábito lavemos y peinemos a la muerta?

DOÑA MONCHA

A mí esa costumbre me parece un sacrilegio.

BENITA LA COSTURERA

¿Por qué? ¿No va a comparecer en la presencia de Dios Nuestro Señor? Pues natural es que acuda a ella como a una fiesta, bien lavada y aromada. Nunca debimos haber dejado que el cuerpo se enfriase, Doña Monchiña. Ya verá cómo ahora cuesta más trabajo aviarle... Y conforme pase tiempo, más y más... Voy por agua templada, Doña Monchiña.

_Sale la costurera con un andar leve, como si temiese que la muerta se despertase. Doña Moncha reza en voz baja todo el tiempo que permanece sola, y la estancia oscura se llena de misterio con aquel vago murmullo de rezo que se junta al chisporroteo con que los cirios se derraman sobre los candeleros de bronce. Un gato empuja la puerta y llega sigiloso hasta la cama de la muerta, donde comienza a maullar tristemente, con largos intervalos. Tras el gato entra Benita la Costurera_.

BENITA LA COSTURERA

¡Doña Monchiña, ni agua caliente había! Tuve que encender unas pajas... Parece talmente que entraron aquí los facciosos. Como cinco lobos, los cinco hijos se están repartiendo cuanto hay en la casona, y los criados, a escondidas, también apañan lo que pueden. Dios me perdone el mal pensamiento, pero mismo parece que deseaban la muerte de la pobre santiña.

DOÑA MONCHA

Aún no había cerrado los ojos y estaban ya descerrajando roperos y alhacenas. Cayeron aquí como cuervos que ventean la muerte.

BENITA LA COSTURERA

¡Mire que es de judíos lo que hicieron con Doña Sabelita! ¡De la misma cabecera de la difunta la echaron a la calle arrastrándola por los cabellos! ¡Y con qué palabras, Madre de Dios! ¡Ni siquiera la dejaron abrir el arca de su ropa para ponerse una pañoleta de luto! ¡Como no se halló nada en la casona, sospechaban que la ahijada tuviese escondido dinero y alhajas!....

DOÑA MONCHA

No se halló nada, porque ellos ya se lo habían repartido todo antes de morir su madre.

BENITA LA COSTURERA

¡Y sin venir el Señor Don Juan Manuel! Dicen que los hijos juraban contra el capellán, porque hubo de mandarle un aviso. ¿Verdad que parece mentira, Doña Monchiña?

DOÑA MONCHA

A mí, todo cuanto se diga de esos malvados, me parece verdad.

BENITA LA COSTURERA

¡Jesús, qué Caínes!

_Benita la costurera moja una toalla en la jofaina que trajo llena de agua caliente, y comienza a lavar el rostro de la muerta. Entre los labios azulencos renace siempre una saliva ensangretada, bajo la toalla con que los refriegan aquellas manos irreverentes, picoteadas de la aguja, y la cabeza lívida rueda en el hoyo de la almohada_.

BENITA LA COSTURERA

Ya empieza a hincharse... ¿Doña Moncha, no tiene un pañuelo que le atemos a la cara para sujetarle la barbeta, que mire cómo se le cae desencajada? ¡Jesús, si parece que nos hace una mueca!

DOÑA MONCHA

¡Pobre tía!

BENITA LA COSTURERA

Luego que le hayamos vestido el hábito le pondremos un salero sobre la barriguiña.

DOÑA MONCHA

¿Para qué eso?

BENITA LA COSTURERA

Siempre contiene esta hidropesía de la muerte. Mire cómo tiene las piernas, Doña Monchiña.

DOÑA MONCHA

No la laves más.

BENITA LA COSTURERA

¡Si se ha ciscado toda! ¿Quiere que vaya así a la presencia de Dios? ¡Y qué cuerpo blanco¡ ¡Cuántas mozas quisieran este pecho de paloma!

DOÑA MONCHA

Déjala... Yo le vestiré el hábito.

_Seria y brusca, coge la mortaja y se acerca, apartando a Benita la Costurera. Con un brazo quiere incorporar a la muerta, y aquellas manos frías, cruzadas sobre el pecho, se desenredan torpes y caen flojas a lo largo del cuerpo, en tanto que la cabeza ya rueda sobre los hombros, ya se hunde en el pecho_.

BENITA LA COSTURERA

Yo le ayudaré, Doña Monchiña. Apártese.

DOÑA MONCHA

Corta la mortaja por detrás. Es lo mejor.

BENITA LA COSTURERA

No será preciso... Déjeme a mí. Apártese.

MONCHA

¡Acabemos, que ya no puedo más! ¡Córtala!

BENITA LA COSTURERA

¡Y no es un dolor, Doña Monchiña!

DOÑA MONCHA

Córtala, te digo. ¿Dónde tienes las tijeras?

BENITA LA COSTURERA

A su gusto. ¡Lástima de tiempo y de puntadas!

_Benita la costurera obedece con un gesto compungido, y después, graves y silenciosas, las dos mujeres amortajan el cuerpo de Doña María_.

[Ilustración]