Romancero del destierro · Sección preliminar
Prólogo y preliminares
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
ROMANCERO DEL DESTIERRO
tDITORlAL "A'.BA
BUENOS Ali ES Iníp. ARAU.TO Hnos. - Rivadavia 1731
' PROLOGO
Un libro de poemas, y sobre todo de poemas en verso, no debería en rigor llevar prólogo, que es algo lógico, conversacional. Al canto le precede un preludio, pero no un prefacio o prólogo. Mas ¿son estos poemas canto en palabras?, ¿no contienen un elemento lógico y por lo tanto literario? Lo que nos llevaría a la cuestión de lo que acaban de dar en llamar poesía pura. Cuya purera no he llegado a comprender, como ni tampoco los que de ella hablan. Los cuales son, por lo demás, tan avisados como para admitir poesía pura hasta en poemas didácticos. Y es que la lógica no excluye la estética. Por lo cual hago este prólogo.
Entre otras cosas para explicar el título de esta colección: Romancero dkl destierro que propiamente no se podría aplicar más que a los dieciocho romances octosílabos con que termina, escritos los dieciocho aquí, en Hendaya, e inspirados en la triste actuali-
PRÓLOGO
dad presente política de mí pobre España. Mas aun las otras poesías, hechas las primeras d'C ellas en París, están más o menos inspiradas en esa misma actualidad y algunas de ellas podrían ser llamadas políticas.
Durante mi confinamiento en la isla hispano-africana de Fuerteventura escribí unos cuantos sonetos que con otros escritos en París en ¡os primeros meses de mi destierro allí y acompañados de notas intercaladas entre ellos compusieron mi libro De Fuerteventura a París que en esta ciudad me publicó la casa editorial ''Excelsior", Tampoco todos aquellos sonetos son de circunstancias politica^ aunque todos ellos, hasta los que se podría llamar religiosos, y aun místicos, están inspirados por la actualidad política de mi España.
Actualidad política! La actualidad política es eternidad histórica y por lo tanto poesía. Y nada -más actual que lo circunstancial cuando se le siente en eternidad. Las obras más duraderas — se ha dicho mil veces — son las de circunstancias.
Primero actualidad y actual. Por encima del pasado, el presente y el futuro, cerniéndose sobre ellos y envolviéndolos concebimos la eternidad, pero por debajo de ellos —
PRÓLOGO
en metáfora — yaciendo y juntándolos y sustentándolos la actualidad. Lo actual es lo que del pasado queda en el presente y va al futuro. Y ¿no es lo mismo que lo eterno? Pero lo eterno es acasfo del orden natural, pertenece a la naturalei^a, y lo actual del orden histórico, pertenece a la historia. En la naturaleza no hay actualidad y en la historia lo eterno es lo actual. El Dios natural, el aristotélico, el primer motor inmóvil, el de las pruebas lógicas es el Dios eterno, pero el Dios histórico, el cristiano, el Padre del Hijo del Hombre, de Jesús, el de la experiencia íntima es el Dios actual. Y por eso decía Leopoldo de Raiike, el gran historiador alemán, que cada generación humana está en la presencia inmediata de Dios. Sentimiento que no concuerda con ese pobre concepto mecánico, naturalista, del progreso que han dado los evolucionistas aristotélicos. Concepto muy poco helénico. Un griego de la casta espiritual de Tucídides, el que dijo que escribía la historia de la guerra del Peloponcso para siempre, se sonreiría ante esa pobre concepción naturalista del progreso. El para siempre de Tucídides está en la misma cumbre — o abismo si se quiere — de concepción histórica, actualística, que lo de que cada genera-
PRÓI^OGO
cióli humana está en la presencia inmediata de Dios de su hermano y sucesor Ranke.
Y uno y otro, Tncidides y Ranke — dos máximos poetas, creadores — concibieron la historia politicamente. Para ellos la historia era política, era historia civil. Como era para San Agustín que escribió su Ciudad de Dios, Civitas dei. Y ya el Cristo mismo, el Cristo de San Agustín y de Ranke, al decir que su reino no era de este mundo, supuso reino o sea ci-udad, o sea política. N'i es la religión otra cosa que una política a lo divino.
Actualidad, pues, y actualidad política.
Y en ella historia viva y en la historia poesía o sea creación.
Con lo que creo justificar este prólogo. No porque con él me proponga decir lo que voy a hacer, que esto lo estimo absurdo. Detesto todo manifiesto programático. Al que me viene diciendo: ''z^oy a hacer esto o lo otro'' le digo: '^haga no más lo que sea, y déjenos de cuentos" . Los manifiestos programáticos se los dejo a los futuristas, ultraistas, vanguardistas y demás artesanos de escuela. No expongo aquí doctrinas que precedieron a mis poemas y me guiaron en hacerlos sino el ámbito íntimo mental en que jue brotaron. Mental digo porque la mente
PRÓLOGO
es visión, sentimiento y voluntad, Se ve, se siente y se quiere con el entendimiento.
Y ahora sólo me queda añadir que en cuanto al orden de colocación de estos poemas he procurado seguir el cronológico, que es el histórico.
Al final del libro he puesto unas Notas que pueden muy bien saltar los que sólo de poesía pura, o puramente de poesía sola, se cuiden. Aunque tal vez a ellos mismos les ayuden en algo.
Y no más prólogo.
Hendaya, 28 julio 1927.
Si caigo aquí, sobre esta tierra verde mollar y tibia de la dulce Francia, si caigo aquí donde el hastío muerde celado en rosas de sutil fragancia, si caigo aquí, oficina del buen gusto donde sólo el olvido da consuelo llevad mi cuerpo al maternal y adusto páramo que se hermana con el cielo. Llevadlo a la jugosa enjuta roca que avara da sus frutos d-e secano, tape su polvo mi sedienta boca que en sed de amor se ha consumido en esta boca de Dios con que he maldito 1)endiciendo a mi patria envilecida, esta boca en que Dios me puso el grito que ha sido toda el alma de mi vida ;
este cráter que al fuego de mi entraña le da respiro de aire y clara lumbre, fuego que del abismo de mi España trepó a mi boca como a altiva cumbre. Tape su polvo allí, entre los rastrojos, donde matan el hambre pordioseros, tape su polvo con piedad mis ojos de escudriñar las tristes sombras hueros. El polvo de mi roca, santo velo, al sueño de mi duelo guarde en sombra y no me hiera fiera luz del cielo de ese Dios de Jacob que no se nombra Tape mis pies su polvo, pies cansados de recorrer mi España, peregrino, sin su pulso sentir, pies destrozados por las cruces de tumba del camino. Tape su polvo mi rendida mano que aró febril a España con la pluma c impida que al besarla algún hermano la manche de su bilis con la espuma. Tape su polvo mi abatido pecho donde tu mar entró. Fuerte ventura ; con él de roca sempiterno lecho mi polvo se haga poso de la hondura. Raíz mi corazón, polvo de roca, se haga del santo páramo ermitaño, del páramo que al otro, al cielo, toca para juntos parir feliz engaño.
R0:MANCKR0 DEI, DKSTIKRRO
Cubra su polvo, terrenal ceniza, mi frente al sol curtida y el memento del cielo de la noche que agoniza me quite dando paz a mi tormento. Tape su polvo mis pobres orejas heridas del silencio de mi casta, sólo mi sangre me daba sus quejas en mi concha de mar ; sólo Dios basta. Tape su polvo las vergüenzas tristes con que hice carne en tierra de verdugos, ¡ ay mi carne española, la que vistes hambre de siglos y hambre de mendrugos ' Yazga sobre su roca, fiel regazo, la caña de mi tuétano, que guarda de su tuétano sales, mi espinazo que nunca soportó castrense albarda. Envolvedme en un lienzo de blancura hecho de lino del que riega el Duero, y al sol de Credos luego se depura — soy villano de a pié, no caballero — no en ese roto harapo gualda y rojo — bilis y sangre — que enjuga a la espada ; honra y no honor, estoy libre d-e antojo ; embozo de verdugo no es mi almohada y apisonen mi tierra las escarchas del invierno ceñudo y que no dejen pasar vivas ni olés ni reales marchas, ni de Cádiz, que el asco me remejen.
Si caigo aquí, sobre esta baja tierra, subid mi carne al páramo aterido, por Dios, por nuestro Dios, el de la guerra, mas no de los ejércitos, lo pido. Subidme allá, se hará mi carne roca y allí, en el yermo, clamará su credo, daré al desierto de mi patria boca de gritar a los sordos por el miedo.
París.