Rosario de sonetos líricos · Unidad 27 de 31

Unidad 27 · DAMA DE p]NSUENO

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DAMA DE p]NSUENO

(iénesis, cap. XXXII, 24-30, Quijote. Parte I, cap XXXV. Tp\; S' r|£pa t'j'I/í oaOeiav ¡liada XX, 446.

Dama de ensueño es más terrible dama que la de carne; el pobre anacoreta rendido, al alba, encuéntrase en la cania solo, sin el amor y el alma inquieta.

Cuando enemiga soledad le aprieta triste consúmese en la fría llaniM de infecundo deseo, amor no enceta y está gastado pt)r que sueña qvie ama

sin amar. Así tú que tu rescate buscas en las tinieblas; el combate de Jacob con el ángel desafío

con pellejos de vino que te abate cual si lucharas de verdad; tu brío gastas y qiiien lo traga es el vacío.

S. 21 XIl 10.

24;?

IRREQÜIETUM COR

Recio Jesús ibero, el de Teresa, tú que en la más recíuidita morada del alma mueres, cumple la promesa que entre abrazos de fé diste á la amada.

(ioz(') dítlor sabroso, (iuijotesa á lo «livino, que dej(') asentada nuestra España inmortal vxxyn es la empresa: S(')lo existe lo eterim; Dios ó nada!

Si él se hizo hombre para hacernos dioses, mortal para librarnos de la muerte, qué mucho osado corazón, que así oses

romper los grillos de la humana suerte y que en la negra vida no reposes bregando sin cesar por poseerte?

S. 26 XII 10.

A CLARÍN

Dios te guarde butVm (]o la tragedia, tú (|ne yeldas el llanto Cdii la risa; cuando la muerte al corazón asedia la frente nos enjuga fresca hrisa,

tu alegre aliento (¡ue el pesar remedia siquiera por un rato y rn tal guisa cabe vivir, pues que sin tí la aeedia acabaría con el alma :\ ]>risa.

Eres, bufón, la sal de la congoja, gracias á tí perdura el alimento que es de la vida espiritual sustento;

sólo dispara el arco que se afloja; para poder vivir, sufrir, reimos, riamos, pues, ya que á sufrir nacimos.

S. 29 XJI 10.

A LA ESPEKANZA

á... TcoX'juXayxTo; e),it! SÓKOCLRS. Antlgona 616.

Esperanza inmortal, genio que aguardas al eterno Mesías, del que sabes que nunca llegará, tú la que guardas

á tu hija la fé con siete llaves

y (lUc ante la raziui no te acobardas si no haces á los corazones aves para volar sobre las nubes pardas de la f(^sca verdad, ya «mi mí no cabes,

Esperanza inmortal, ave divina! que es mi alma para tí harto mezquina y te ahogas en ella, y por tal arte

huérfano me he quedado de tu abrigo, y ahora lucho sin tí por si consigo luchando así, á las ciegas, olvidarte.

S. 30 XII 10.

Pero no, tú, inmortal, por siempre duras pues vives fuera de nosotros, Santo Espíritu, de Dios en las honduras, y has de volver bajo tu eterno manto

á amparar nuestras pobres amarguras, y á hactr fructificar nuestro quebranto; sólo tú del mortal las pensis curas, S(jlt) tú das sentido d vuestro llanto.

Vo te espero, sustancia de la vida; no he pasar cual sombra desvaída en el rondón de la macabra danza,

pues para algo nací; con mi flaqueza cimientos echaré á tu fortaleza, y viviré esperándote, Esperanza!

S. 6 I 11.