Sainetes · Capítulo real 51 de 113

ESCENA III

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

DICHOS _y_ CASILDO _puerta foro_

CASILDO (_Saludando con la mano desde la puerta._)—¡_Saluz_!

PRUDENCIO (_Radiante de satisfacción._)—¡Mirarle! ¡Mi Casildo! ¡Ahí lo tenéis! ¡Ese es el monumento _taurómaca_ más grande del porvenir!

PEPE.—¡Hola, pollo!

POLINIO.—¡Adiós, pollo!

PEPE.—¿Cómo estás, pollo? (_Casildo no contesta._)

PRUDENCIO.—¡Me se cae la baba! (_Casildo después de saludar parsimoniosamente a lo torero, con la mano, se acerca a un espejo, se atusa los tufos con un cepillo y vuelve a ponerse el sombrero con coquetería, estirándose la chaquetilla. Carpanta, al ver que Casildo no contesta, dice con voz más alta._)

PEPE.—¿Que cómo estás? (_Sigue el silencio._) (Este monumento es bastante mal educao.)

PRUDENCIO (_Sonriendo._)—No te ha oído. Estas notabilidades son así, chico; ¡no se fijan en na! (_Acercándose a su hijo._) ¿De aonde vienes, hijo mío?

CASILDO (_Con tono desdeñoso y sin mirar a su padre._)—Del mundo.

PRUDENCIO (_Sonriente y muy complacido._)—¡Qué manera de contestar! ¿eh?

POLINIO.—¿Ha madrugao?

PRUDENCIO (_Con asombro._)—¿Madrugar esa personalidaz? Que se marchó anoche a las diez y viene ahora. (_Aparte y sonriendo a los dos._) (¡Las mujeres que se lo rifan!)

POLINIO.—¡Ya, ya!

PRUDENCIO (_A Casildo._)—¿Vas a acostarte, hijo?

CASILDO.—¡Clarinete!

PRUDENCIO.—¡Oye, qué gracia! ¿Habéis oído? ¡Clarinete!

CASILDO (_A Prudencio. Secamente y sin mirarle._)—La petaca.

PRUDENCIO (_Dándosela._)—Toma, hijo mío.

CASILDO (_La vacía, se guarda los cigarros y la tira con desprecio sobre el velador._)—Cerillas.

PRUDENCIO (_Le da una caja._)—¡Ahí van!

CASILDO (_Se guarda la caja._)—¡Que no me se despierte hasta que yo avise! (_Saluda con la mano y se va contoneándose primera izquierda._)

PRUDENCIO (_Siguiéndole hasta la puerta._)—No tengas miedo. ¡Ah, oye! Ciérrate por dentro, no te sorprenda tu mamá en el primer sueño.

POLINIO.—¿Por qué le dices eso?

PRUDENCIO (_Sonriendo._)—¡Por na! ¡Que anoche se le llevó un mantón a su madre y se conoce que lo ha empeñao!

PEPE.—¡Angelito! ¡Qué monada de criatura! (_Riendo._)

PRUDENCIO.—Y como la Feliciana no reflexiona que a estas grandes figuras hay que aguantarlas sus genialidades, me temo un _esasbruto_.

POLINIO.—¡Natural!

PRUDENCIO.—Y qué, ¿habéis visto qué hechuras de torero tiene? ¿Se le da un aire al Conejito, _verdá_?

PEPE.—¡Sí, tiene algo de _Conejito_... sino que más en gazapo!

POLINIO.—Güeno; y volviendo a lo de _enantes_, respective al chico, na tengo que _ojetarte_, porque se ve que cuidándolo pué llegar a ser _Gordito_, pero por lo que toca a la chica, ¿tú crees que servirá pa _chanteuse_, Prudencio?

PRUDENCIO.—¡Amos, hombre! ¿Que si servirá?... Vaya, ahora que estamos solos, ¿queréis verla y oirla pa que veais que no es pasión de padre cuando digo que es una maravilla?

POLINIO.—¡Sí, hombre!

PEPE.—¡Con mucho gusto!

PRUDENCIO.—¡Pues quitarse las telarañas! (_Llamando._) ¡Acacio!

ACACIO (_Acercándose._)—Mande usté.

PRUDENCIO.—Ponte a la puerta, y si viene la señá Feliciana nos avisas, no sea que nos sorprenda.

ACACIO.—Güeno. (_Vase a la puerta a vigilar._)

PRUDENCIO (_Yendo a la puerta primera izquierda y llamando._)—¡Antoñita!... ¡Antoñita!

ANTOÑITA (_Dentro._)—¿Mande usté?

PRUDENCIO.—Sal un momento, haz el favor.

ANTOÑITA.—Voy.

PRUDENCIO.—Ya está aquí. ¡Veréis qué prodigio!