Sainetes · Capítulo real 74 de 113

ESCENA V

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

BENITA, NIEVES, DAMIANA, HIGINIO _y el_ SEÑOR RAFAEL

RAFAEL.—Te has _ocecao_, Higinio; te has _ocecao_.

NIEVES (_Con ira._)—Ha metío la pata, dígalo usté claro.

HIGINIO.—No, señora.

DAMIANA.—Sí, señor; que si hubiese hecho algo malo aquí estaba su madre pa regañarla.

BENITA.—¡Ha hecho muy bien, muy bien y muy bien!

DAMIANA.—Cállate tú ahora.

HIGINIO.—Es que no podía más, Nieves; hazte cargo.

NIEVES.—Si toa la vida serás lo mismo; un celoso, un primo sin correa pa na.

HIGINIO.—Porque te quiero pa mí solo.

NIEVES.—Pues por éstas, que no me vuelves a poner en ridículo; hemos acabao.

HIGINIO.—¿Que hemos acabao?

NIEVES.—Hemos acabao, sí, señor, pero pa siempre, ¡por éstas! (_Besando la cruz de los dedos._) Hemos acabao.

RAFAEL.—¡Calma, hijos! ¡Válgame Dios!

HIGINIO.—¿Y qué he hecho yo pa esto, señor Rafael? ¿Qué he hecho yo pa esto? Quererla y na más. ¡Y luego dicen! Si debía ser uno como todos: un sinvergüenza pa las mujeres: esos tién suerte y no los primos como yo, que se cuelan de buena fe. ¡Maldita sea!

NIEVES.—Pues se acabaron los primos; puedes marcharte cuando te dé la gana.

HIGINIO.—¿Que me marche? Pero, ¿estás en lo que dices?

NIEVES.—No tengo más que una palabra.

HIGINIO.—Está bien. No me lo dirás dos veces. Me voy. Pero antes de irme, escucha una cosa, Nieves. No serás mía, pero de ese hombre tampoco lo eres. Mialás: jurao; al tiempo. (_Vase fondo izquierda._)

BENITA (_Aplaudiendo._)—Muy bien, muy bien y muy bien.

DAMIANA.—Pero, ¿quieres callarte y no agriarlo más, tonta del bote?

BENITA.—Pues no me callo y no me callo, porque tié razón; sí, señora, y sí, señora.

NIEVES (_Airada._)—¿Y de qué tié razón, vamos a ver?

BENITA.—De todo, sí, señora; que lo que hay es que tú quiés ser señorita y tener lujo y por eso despachas a Higinio, porque es un pobre, y en cambio te has enguirlotao con un tío pinturero que crees que te va a dar el oro y el moro; eso es.

NIEVES (_Contenida por sus padres._)—Pero ¿no es pa darla una bofetá?

RAFAEL.—Pero ¿qué estás diciendo ahí contra tu hermana?

DAMIANA.—Dejar a esa tonta.

BENITA.—Sí; tonta, tonta; porque las canto claritas. ¡El lujo, el lujo! ¡Eso, eso es lo que os pierde a muchas! El gabancito de moda, el zapatito de charol y la faldita estrecha y a pintarla por ahí andando a saltitos (_Remedando lo que va diciendo._) como pollos trabaos. Pues no señora; hay que agarrarse al jornalito y ayudar al marido y chincharse; esa es la obligación de una pobre. Y si hay que llevar un pingo, se lleva y se aguanta una, que después de todo, siempre será mejor llevar un pingo que serlo. Eso es.

NIEVES.—Pero ¿oye usté? ¡Desvengonzá! ¡Mala hermana! ¡Suélteme usté, que la arañe! (_Quiere pegarla pero sus padres la contienen, llevándosela poco a poco por la primera izquierda._)

DAMIANA.—¡Hija, por Dios, que vamos a dar un escándalo!

RAFAEL.—¡Entre hermanas, válgame Dios! ¡Vamos, vamos!

DAMIANA (_A Nieves._)—¡No llores, hija, no llores!

NIEVES.—Envidiosa, más que envidiosa. (_Mutis._)

BENITA.—¡El lujo!... ¡el lujo!... Eso, eso; que os da miedo ser pobres, ni más ni menos. (_Al quedarse sola, con gran energía._) Pues no señora: mi hermana, no. Ella pué que me arranque el moño, pero yo la juro que la quito de ese tío. Todo, antes que verla por esas calles sola y pintá de rubio, haciendo de reir a la gente. Mi hermana, no. ¡Por estas cruces! (_Se sienta en el tronco del árbol de la izquierda, llorosa y agitada, limpiándose los ojos con el delantal._)