Salamanca, Ávila y Segovia · Unidad 35 de 432

Unidad 35 · AVILAYSEGOVIA 6$

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AVILAYSEGOVIA 6$

Gil de Hontañón, y aparejador Juan Campero, con crecidos salarios los dos, corriendo de su cuenta el tomar los oficiales (i). Una lápida gótica en el ángulo derecho de la gran fachada recuerda que en i 2 de mayo de 15 13 se puso la primera piedra del templo (2) ; y no obstante de andar atareado en Sevilla Juan Gil con la reedificación del cimborio de la catedral, no parecían resentirse de sus frecuentes ausencias la dirección de la fábrica ni la actividad de los operarios. Los estribos, los muros, las tres puertas del astial (fachada) se elevaban á vista de ojos rápidamente. Á fines de 1520 se obligó á dar concluidas en dos años hasta el alto de la nave mayor las cuatro primeras capillas del costado del norte y su obra exterior, sin incluir las imágenes de la puerta del taller ó de Ramos, mientras que su compañero Juan de Álava tomó á destajo las tres primeras del lado de la torre (3). Cuantos eminentes constructores contaba entonces España, venían por su turno y anualmente casi á inspeccionar los magníficos trabajos, en 1 5 1 5 el maestro Martín de Falencia y Francisco de Colonia de Burgos, en 1522 el mismo Colonia y Juan de Badajoz, en 1523 Enrique de Egas de la familia de Antón Egas el trazador, Juan de Rasinas y Vasco de la Zarza,

(i) Al maestro se le señaló el sueldo anual de cuarenta mil maravedís ora ande la obra ora no ande, y el de cien maravedís por cada día que trabajase en ella; al aparejador veinte mil maravedís al año y dos reales y medio por jornal. El salario se pagaba por cuadrimestres, los jornales por semanas ; á uno y otro se exigieron fianzas por un cuento de maravedís. Estipulóse entre otras cosas que Juan Gil hubiese de residir en Salamanca al menos la mitad del año ínterin se desocupara de las obras que tenía pendientes en otros puntos, terminadas las cuales se domiciliara fijamente en ella hasta la conclusión de la catedral; que enmendara á su costa los errores que en ausencia suya se cometiesen y los perjuicios de paralizarse la fábrica, y que el aparejador en ningún tiempo pudiera marcharse sin licencia. No la había pedido Campero al cardenal Cisneros, de quien en el citado iníorme se titula maestro, para abandonar la construcción del convento de franciscanos costeado por aquél en Torrelaguna, y no evitó la prisión sino refugiándose á una iglesia, hasta entrar en arreglo con su ofendido protector cuya fundación llevó á cabo. Más adelante le hallamos empleado en Segovia.

(2) Dice así: Hoc templum inceptum est anuo á nativitate Domini millesimo quingeyítesimo ieriio décimo, die Jovis, duodécima viensis Maji.

(3) Por ellas se dieron á Álava 3 i 5 ,00o maravedís y los materiales necesarios, á Juan Gil 9 5 ,000 por cada una de sus capillas y 225,000 por la obra de fuera y torrecilla y caracol de la esquina.