Sangre de niños · Sección preliminar
Preliminares
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
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ColUflE ülitars
OM THE FUND
ESSORSHIP OF R.ICAN HISTORY AND ;CONOMICS
(UNA PAGINA DE CtlAPULTEPEC)
NOVELA HISTÓRICA
POR
JUAN A. MATEOS
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Primer Año del 8iglo X\
MÉXICO
Li}iioti|i(a de "ti Mundo" y "Cl Imlwirclal**
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SANGRE DE NIÑO»
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CAPITULO I.
El primer toque
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Estamos en plena guerra americaEl ejército de la Eepública ya. en retirada, despuéf* de las célebres batallas de Palo- Alto, la Besada y la 'Angostura, gloriosas para n-uestras armas.; pero infortunadas para la nación.
La majpor parte de las fuerzas rencedoras ha:blán sido quitadas al ejército del T&ylor j puestas á las ordénes de Scott, para invadir los puertos del Golfo mexicano.
La marcha por el interior def país traía un cúmulo de dificultades, y el punto objetivo era la toma de la capital.
Seott fué el General electo para consumar esa empresa y la marina americana se puso á sus órdenes para la toma de Veracruz, siguiendo el trayecto Hasta llegar á México, con js elennentoí de combate para lpI^esa.
escuadra estaba ya en nuestras
y anclaba en Antón Lizardo.
i noticia alarmó á la nación
^ que se aprestó para la lucha.
Vpracr.uz fué mayor la sensa-
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ció!
Las famflias de recursos, abandon naron el puerto, y se derramaron eoí las Villas, así es que la ciudad quedtí entregada verdaderaanente á sus defensores. . . .
Faltaban todos los elementos de guerra. ¿
^Ni San Juan de XJlúa estaba ar-« tillado, ni la plaaa ; se hacía, una de» fensa deficiente, miejitras el enemigo eontaiba con todo lo necesario pa* ra un sitio ; pero era forzoso defender él territorio nacional á costa de SÉun-» ' gre, y esa se derramaría á torrentes, el invasor entraría sobre eseombroflí y mojando sus pies en charcas ie , sangre.
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En Drizaba, la guardia naciónalr que ya estaba de marcha para Veracrúz," celebraba un *^día de campo-' en una finca de aquello^ preeiosoB contornos. '^
Las Jóvenes más bollas y vaporo-^ sas,, inundaban el salón.
La juventud, que se aprestaba para la gnorra, parecía beber en las copas el licor del combate, y en el aliento purísimo de las beldades, el espíritu de las batallas.
Todo 'era eniusiasmo, protestas y juraTn^ntos ; cuántos de aquellos jó-, ¡venes no volverían á«us hogares !
Era la hora del sacrificio y de la , patria^
En el saíón 4^ distingoía un .oficialito de muy pocos años, que se había empeñado en pertenecer & la . ,' guardia nacional, y protestado pelear como el más valiente de la expedición.
Casi niño, rubio, de ojos * claros, sonrisa perpetua en sus labios, y calavera por añadidura, i Todos los día^ había quejas y reprensiones ; pero 0I oficial salía airoso. ,
Era eü joven uno de los- más entusiastas, y se le había relegado á la última coonpañía del regimiento; pero él se creía un IsTapoleón con su traje de oficiaL Bailaiba, retozaba y no bebía; porque el oficial detestaba el licor, no soñaba más que en la, lucha contra los americanos; al siguiente día salla paxa Verajcruz con su cuerpo, y ya el negocio era muy ^erio. - "^
Allá en el fondo de la casa, había iun salón donde bailaban los soldaidoá y la gente del pueblo.
Muchachas bellísimas, con sus car bezas llenas de flores, i Entre ellas, había algunas "jaro- ¡chas" ron sus peinetas, sus ca-^iimlos y toda la poesía del traje veracnuano.
Como en ol salón principal, alií no se hablaba más que de pelear con los yankees, llovían las protestas y los juramentos sazonados con blasfe* mias.
^ El baile duraría ha?ta las cuatro ¡de la mañana, raí que se daría el primer toque de marcha.
Esta partida tenía «fligidas á las mucliaclííío.', pues toJos los novio? pertenecían á líi rr-uardia Njici v'.'c.l.
Hiabía entre aquella multitud un joven mny alto, pálido, ñe anchas espaldas, la cabeza cmbutidu en. el trcQCo, el pdo alborotado, m.ínos j pies deformes, y con tma voz tremenda, que «e ensanchaba hasta fuera del salón.
Como el joven tenía los ojos muy encamados, merced al licor y las desveladas, sus oamar.idas de cuartel lo señalaban con el apodo de "Jitomate," que 61 había ac»ptado sin importarle un comino.
"Jitomate" -le ayudaba al ofinalito en todas sus diabluras, y partía con él á la guerra.
-Entre «las muchachas había una . "jaroohita" de ojos negros orno la noche, labios de camelia roja, naris un tanto remangada, dientes blancos como la nieve, cintura de avispa y. pies y manos pequeñísimas.
iSe llamaba Eutiania, y era la adoración de tadoe.
''Jitomate^ se acercó á camelarla,
dicdéndole:
— Oiga, Doña Eutimía, me muero por usted, y soy capaz de traerle media docena de yankoes á que se hinquen á sus pies.
— Gracias, contestó Eutimia, tráigame mejor una docena de mis paisanos, y estaré más contenta.
-^No encuentro de los doce, más. que uno, que soy yo, y ya la estoj adorando.
— Gracias, yo no merezco. ...
— Merece usted, Doña Eutimia, hasta que estaque yo la zalea por una de sus miradas, sería yo el más f > liz de los hombres, si usted me c >- rrespondiera ; hace un año que la i •- go y la persigo, y sólo aflcaaizo de idenes de usted y maldiciones de j n aprecíable madre.
— Pero hombre, si usted no es • h
TÍO.
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' ' — Le juro á usted que no me vUBlivo á reír jiuiMja,
—•No es eso, es que usted no le Ha hablado i mi madre.
— Ay, Eutinaia, si no l^blándole me pone como al perico, si le hablara, no me dejaba un diente en la boca.
^N"o es el le6n como lo pintan.
— ¡ Ojalá estuviera pintado ! exclamó ^^Jitomate." Pero en fin, continuó el enamorado, ¿no me da usted íona esperanza? Y^ usted que me 7oy á hacer matar por los yaukees para quitarle todas las molestias,
Eutimia no respondió.
—Dígame usted una palabra^ usted es terrible, enérgica, voluntariosa, no se somete á nadie^ y su amor sería mi vida.
—Pero, cristiano, si mi amor ya lo tiene usted, lo que falta es que nos casemos.
— P^ío u^t§d por hecho, bellísima Eüíimia; al volver de Veracruz el cura nos €óha el garabato y asunto concluido!. .... jestory loco!. . . .^mi felicidad no tiene nombre, juro amarla mientras respire !
Bn aquel momento, resonó una terriMe bofetada, que descargando -en la mejilla de ^'Jitomate,^^ le hizo jcl|í un flanco á la derecha. • Ke^onó otro bofetón más tremendo, y volvió ^^Jítomate" al flanco izgaierdo.
— ¡Los de guardia, el enemigo 1 gritó "Jitomate;'' arrojando sangre por la§ narices y la boca.
La madre _de Eutimia, que había esi ,ñado las últimas pailabras^de "ti órnate,'' se había sublevado, y cei .ndo é su carácter belicoso, le hfi a propinado dos puñetazos magii "lea.
Vamonos, niña! gritó la vieja Eutimia se levantó pálijda al te ^ -arreando sangre á su novio.
."iTitoma^" se aguantó como un héroe, y luego, lanzando una bendición ©obre la vieja, gritó "jo te absuelvO; me la pagarán los americanos."
Un aplauso resonó en todo el sa^ lón, y siguió la danza, y el jal0Oi> hasta que se oyó el toque de diana.
III'
"Jitomate? dejó inmediatamente el salón y se fué en busca del oflcialito.
^-Mi jef C!, me han dado de bofetadas. .
-r-¿ Y de qué te sirve la bayoneta 8
—De nada, mi jefe; yo no sé herir mujeres, y ment)s si son las madres de las que me gustan.
El oficial soltó una carcajada.
— Sí, mi jefe, la madre de Eutimia me ha "confirmado'^ delante de todos.
7— Pues es necesario que te la robes.
— ¿A quién? ¿á la viej-a?
—No, á Eutimia, ahí tienes dos caballos, sales inimediatamente y nos veremos en Veracruz.
^Voy á proponérselo»
—Le dices qué allá s¡e' casarán y^ negocio coilduído.
-^¿ Y si me dan por desertor?
—No tengas cuidado, yo no doy, parte y en Veracruz nos vemos.
— Arreglado, mi jefecito.
-7— Limpíate la sangre, que pareces un "mal-ladrón.^'
—La vieja es la au/tora del atentado.
— 'Le daremos un disgusto, veremos si la enterramos.
— Así sea, mi jefe.
"Jitomate'' tomó el rumbo de la casa de Eutimia, que estaba á extra» muros, y silbó, anunciando su presencia.
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BIDUOTEOA' DB '*JSL MÜNDO'^
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"A pocos momentos apareció jm bulto en la ventena.
"Jitomate'^ se acercó tembalndo. — ' "kf parecía que iba á rogibir otraa bofet^dee.
*— ¿ Eres tú ? preguntó la voz dulce de una mujer.
— Sí/yo soy, dijo ^^Jitomate/^ que luengo en tu busca. ^
—¿Qué qftíwesf
— Tú has visto que me han huini- . liado y he sido objeto de la risa de to- ' do6.
— ^ verdad, dijo.Butimia.
^— Mira, tú no ine conoces, me has visto entre esa nube de perdidos, arqiaado escándalos y bullangas; pero ' yo soy otra co€fa^ por fuera río y por dentro estoy serio.
— -No ^e comprendo, observó la joven.
— Que toda esa vida no cuadra con ani carácter; pero soy solo, solo enteramente, huérfano y pobre, trabajo y eso no es suficiente, yo aspiro á otra cosa, y más desde que te conocí.
— ¡Pobre Si^bastián! exclamó la joven.
— ^Mira, Eutimia, voy á la guerra primero, por defender á mi patria, y después, por ascender, por tener otra posición ; la esfera en que estoy metido me repugna; yo no he nacido para esa vida,' pero mi suerte me empuja y no hago resistencia.
— ^Bien, muy bien. . j
— Sólo- tú me prestas aliento, te confieso que, como todos, le tongo miedo á la muerte ; pero que mis am-' bicioiies son más grandes que el miedo, y arriesgaré cien veces la vida
por llegar á donde voy que es
á tí.
— ¡ Sebastián, yo te amo ! i • "Jitomate'' besó ardientemente las manas de la joven.
— Oveme, continuó, la guerra es
larga, muy larga, haibrá cien comhtf- . tes¿ y si soy afortunado, me darte un alto grado, porque' yo voy á pe-, lear como un tigre, me alieaita tti amor, y no veo méfi que á tí, que ere» mi adoración. .
— Gráciae, Sebastián. ' V \
— 'Como la guerra va á. comenzar, y yo quiero estar seguró de tí. . . .. ;
— Habla, dijo Eutimia.
— ^Pues, yo deck . . . que nos f u€- rarfios á Veracruz; quedarás depositada én la casa de tu tío, y nos casaremos al momeaito. *
—Pero.....
— ^Resuélvete, y nada temas, yo soy, ^ honrado, có-nfíate á mí qii^íanto te " . quiero. ^ . «
— ^Sí, pero temo que nos alcancen;
— No, mi jefecito.me guarda las esjxildas, y nada nos sucederá; percr es necesario que te resuelvas, que ftcngo do6 buenos caballos y vencemos el camino violontamente, es ne- - cosario llegar á tiempo, porque estos n\^lditoe yaukees van á bombardear la pkza, y yo necesito estar CKisado, para que vuelvas con tus padres mientras, se concluye la guerra; mira, tengo mucJio dinero que he guardado para nuestro casamiento, .üquí e^tán quinientos pesos en oro, mientras que to mando más. -•^^
• — Está bien, ^ijo Eutimia, pues .vamos, y avisa á tu jefe.
— Si ya lo sabe. . ' '
— Entonces, espera.
— Espero, contes-tó Sebastián.
Eutimia se entró on su pieza, recogió su ropa y sus alhajitas, y con mucha precaución .salió de la casa.
— Bien, bien, decía "Jitomate'' ] toniáiijdo'la del b]''azo.. la llevó frente al cuartel, sacó los caballo?, se despidió del jefe y los dos anian.tes tomaron á escape el camino de Vemcruz.
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^ Odmenzaba á clarear ^ día, cuaaao 1a madre de.Eutimianotó su desaparición, y corrió al cuartel, donde encontró al oficialito.
-^--Caballero, dijo toda sofocada, Tengo por^i Jiija.
-^Aquí nó hay irfás quo s.oldjdoe, contestó el oficial. ^
• . — Es que ese infernal "Jitomate^ lae ba robado á Eutimia y aquí ha detestar.
I — ^Puede^usted buscarla si gustí. ' — Yo no conozco esta caaa^ ademáa,
' —No importa, '^Jitomate'* Tendrá, de lo contrario, se le tomarf* como á desertor, y se le pasaría por Isus annüaB.
— ^Eso) eso es lo qxxa yo quiero, que lo maten jlaae demedyan á mi hi^;
Pues le daremos á usted gusto. »
— Gracias, señor oficial^ /pw> cuando regresará ? ^ ,
— ^Inmediaitamente. 4
- —Pues eepero; usted dice que nd puede faltar. ;
~¡ Imposible ! arriesg^ía k rida. '
—Vale muy poco la de "Jitcmiu-» ve/*
. —Sí; pero es la unida que tiene. : —Es verdad.
ya d regimiento está en marcha.
-^Aguurde usted, señora,, dijo el . ^— Pues nos vemos, señora, porluno^ del oficial. "Jitomate" ya no qwe el cuerpo ha comenzado á á^t
0sti aquí.
r-.Mteerable, ¿y en dónde Ka ido?
—Fué con ima oomisián del CoroÉiel & Jalaifpa, saHió muy temprano; fero no debe ester muy lerjos.
—Yo quisiera, dijo la madre díe fEhitimia,' una orden para detenerlo.
—Fué 4 ún negocio importaaite> jr I^Bce que Teñir de precisión. \
-Bs que ustedes sé ma«ihaiL
Ni*
filar, ya nos vamos.
— ¿ Pero "Jitomate r' ]
■ — S^ presenitará al Jefe de la 'Haza, aguarde usted é mañaom. . ; — ^Voy á estjr firme como unia roca; y si le eoho la vista: encima;, se arpa la gorda, porque me lo como. —Buen provecho, dijo 'd oficialito, y sacando su espada, se pu«o frente á su compañía. ^^ . , '^
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