Sangre nueva : impresiones de un viaje á la America del Sud · Sección preliminar
Preliminares
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
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HARVARD COLLEGE LIBRARY
THB GIFT OF
CHARLES HOMER HASKINS
Gumey Professor of History and Political Sdence.
SANGRE NUEVA
raDERICO JÍAHOLA
SANGRE NUEVA
IMPRESIONES
un VIAJE Á LA AMÉRia DEL SUD
BARCELONA
Típogrrafía **La Académica", de Serra hermanos y Russell
Ronda Universidad, 6t Teléfono 86 í J905
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A José Pttigdollers Maciá
Sin tu voluntad sugestiva no hubiese llevado á término aquel viaje^ que me parece todavía un sueño*
Acepta la dedicatoria de este libro ^ en agradecimiento de haberme lanzado al otro mundo, del que volví afortunadamente para reiterarte mi cordial afecto*
Federico Rahola
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PREFACIO
ADA existe como el mar para templar el cuerpo relajado por la excesiva labor intelectual ó sacudido por intensas emociones. En estos tiempos, en que no podemos sustraernos al apresuramiento de la vida, la presión forzada de la acción y el cúmulo de incesantes impresiones consumen el fluido vital en proporción superior á la reposición normal ó fisiológica. Este es el mal de nuestra época, mal físico que se traduce en pesadumbre moral; agotamiento nervioso que se acompaña de desequilibrio mental y de sufrimiento psicológico. El hombre moderno, en posesión de medios que le erigen en dominador del espacio y de la materia, no pone imites á su actividad y abusa de su emoción,
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Hoy, álos treinta años, el hombre ha viajado, ha visto y ha producido mucho más de lo que habían realizado en el campo de la acción cuatro hombres juntos en los tiempos de sus abuelos. Por esta razón, el esfuerzo que ha llevado á cabo, si no equivale al de aquellas cuatro hombres, representa cuando menos el derroche de una energía que nunca se imaginara, aplicada por !un solo individuo.
Tenemos en contra nuestra agentes de renovación muy inferiores á los de nuestro^ antepasados, porque, viviendo en las grandes ciudades con preferencia al campo, carecemos de la fuerza regeneratriz de los aires puros, y luchamos con la potencia destructora de las mortales sofisticaciones. Nos falta oxígeno en la atmósfera y nos sobra química en la alimentación. Sólo así se explican los grandes déficits que soporta la economía humana, obligada á rendir un interés que excede de sus haturales frutos.
El cable transmitiéndonos las penas y dolores que dan la vuelta al mundo; la Bolsa manteniendo en inquietud constante á los más previsores ; la prensa dándonos la preocupación diaria de los graves problemas que agitan á las naciones y á los individuos; el gran sentimiento de solidaridad humana, constantemente pregonado por los hechos que extienden los males humanos y ligan los más apartados intereses, bastan y sobran para que vivamos en un ambiente corrosivo, al choque de no interrumpidas sensacjo-
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neSj pequeño si se quiere, pero que, como la gota de agua, por su labor incesante, acaba por dejar huella en el corazón más endurecido.
Bajo otro aspecto, las exigencias de la vida en todos los órdenes son tan imperiosas y exageradas; el hombre de estudio debe leer tanto si quiere estar al corriente de cuanto se publica dentro de su especialidad; el hombre de negocios viene obligado á trabajar con tal ímpetu para resistir los ruinosos golpes de la competencia; el industrial á velar tan sin sosiego para lograr el valor económico del producto; el artista debe alcanzar un refinamiento tal para producir la emoción estética en las almas distraídas ó fatigadas; en una palabra, la lucha es tan fuerte doquiera, que á todos alcanza y hace mella en toda§ las energías por vigorosas que sean. Dentro de su esfera, cada hombre es un pródigo que no repara en la fuerza derrochadora que le deja demasiado pronto exhausto de medios.
Para remediar este saldo desfavorable, la generalidad, en vez de acudir al ahorro, echa mano del empréstito. Ahí están los venenos que el hombre descubre, y luego falsifica también, para infundir transitoria energía al organismo agotado ; los falsos fluidos vitales que renuevan aparentemente la salud, dando otra vez bríos á la prodigalidad. Ahí están las azules llamaradas del alcohol, las tóxicas dulzuras de la morfina, el forzado sueño del doral, prestando fu-
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gaces alientos al organismo agotado al par que^ mantienen sn nerviosidad consuntiva. Todos somos víctimas, en medio de la fiebre que nos agita, de esa terapéutica moderna que no repara en la eficacia destructora del agente con tal de conseguir el alivio momentáneo ó la reparación pasajera. Tarde ó temprano, todos tocamos los efectos de las bruscas sacudidas y violentas contracciones que se logran á fuerza de excitantes y narcóticos.
Pocos, muy pocos, para salvar el déficit, huyendo del empréstito ruinoso para los pueblos y para los organismos gastados por el despilfarro, saben acudir á la economía y al ahorro, que son los medios naturales de la reposición.
Cuando la neurastenia, que es la dolencia en que se manifiesta el desequilibrio, impone la restauración de la fuerza nerviosa, el reposo absoluto es el remedio más eficaz y el más poderoso reconstituyente.
Muy difícil es, sin embargo, poderlo conseguir por lejos que se vaya de nuestras ciudades. El diario os persigue hasta el rincón más ignorado de una aldea, siendo heroica empresa resistir á la tentación, tan fuerte como para el alcohólico la de una copa de Ucor al alcance de la mano; la carta y la tarjeta postal os salen al paso; el telégrafo está demasiadq próximo para perdonaros el descanso; el cinematógrafo, por añadidura, os presenta la imagen de los sucesos, por dolorosos que sean, ocurridos á enormes
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distancias ; todos los estremecimientos de la vida contemporánea llegan á vuestros sentidos para sacudir los nervios y mantener el agotamiento.
Los ingleses, que son gente práctica, han dado en el clavo: un viaje por mar, una travesía larga es la única manera de conseguir para el cuerpo y para el espíritu la abstención que reclama una consunción prolongada. El hombre de negocios que, hostigado sin cesar por el afán de lucro y por el temor del desastre, sufre las consecuencias de la anormalidad nerviosa; el político cansado en el batallar incesante y traidor de la escena parlamentaria; el artista ó el literato que padecen el cansancio de ima producción intensa, en pleno mar encontrarán la morfina sana, el alcohol inofensivo, el doral benéfico.
Todas las preocupaciones poco á poco van desapareciendo. En la larga travesía, sin escalas, la prensa t)s deja en paz; el correo y el telégrafo no funcionan para vosotros, y el cerebro se somete á la dieta indispensable para recobrar la perdida fortaleza. El espectáculo incomparable del mar, Proteo el más asombroso, os quita las ganas de leer, mientras los ojos, acostumbrados á la perspectiva limitada de las calles y de los salones, ganan en poder tendiendo ;ü mirada al inmenso círculo del horizonte. Los mlmones aspiran el aire purísimo que sólo es ^.ple alcanzar en las enhiestas alturas, sin su-
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frir la molestia del cansancio ni del enrarecimiento. Aun el mareo, si os hace su presa, acaba por produciros efectos beneficiosos, sustrayéndoos á todas las preocupaciones morales, templando vuestros nervios y estimulando la sangre. El mismo pavor que infunden los grandes temporales, concentra en el ansia de vivir todas las inquietudes y despierta en el alma el sentimiento enaltecedor de lo sublime.
En aquella tranquilidad inefable que produce el íntimo* y permanente coloquio con la naturaleza, de sobras olvidada en el seno de las ciudades, viviendo entre las dos grandes inmensidades, el cielo y el mar, el descanso nos reporta sana acumulación de fuerza. El cerebro renace, y se siente materialmente como se repara el desgaste, de igual modo que se nota la cicatrización de una herida.
Todo esto será posible hasta el día, que ya se acerca, en que la telegrafía sin hilos nos acose implacable en medio de la soledad augusta de los mares. En tanto, aprovechémonos.
Enamorado ferviente del mar, y aquejado por la fatiga de una labor continuada, acepté con fruición la grata coyuntura que se me brindó de realizar un viaje á América, tanto más cuanto que, á la dulce perspectiva del reposo y á los saludables efectos del gran tónico, se juntaba la posibilidad de hacer algo en provecho de mi país, pudiendo así realizar lo que constituye un ideal, el bien propio con el bien colectivo,
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Confíeso con sinceridad que me producía cierto rubor la idea de no haberme movido del Viejo Mundo á mis años, pensando que, siendo tan pequeño el planeta, no vale el permanecer clavado en un solo sitio, por cariño que uno le tenga á su tierra. Con suma razón se ha dicho y repetido que, así los que escriben para el público como los que intervienen directamente en el gobierno de los pueblos, debieran estar sometidos á un largo viaje obligatorio. Viendo otros países se aprende á conocer y á apreciar el propio, se descubren y juzgan sus defectos, se abren nuevos horizontes á la vista del viajero, que se siente transformado. Las emigraciones políticas, al devolvernos á los hombres rehechos en el suelo extranjero, han marcado siempre un avance. Creo que la emigración económica, la que impulsa á los individuos hacia el bienestar, al devolvernos hombres formados por su propio esfuerzo y que han adquirido temple en el ardor de la lucha, es uno de los medios llamados á cambiar nuestra manera de ser.
Por esto, en América, he admirado el valer de muchos españoles que hubieran sido inútiles ó nocivos en nuestra patria, viéndolos allí convertidos en hombres de provecho, ayudando á la cultura y al progreso de una nación que figurará en la historia de los grandes pueblos. Una vez Tiás el dicho de Gracián se ha confirmado, cuanto decía que los españoles trasplantados son nejores.
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Durante mi viaje he recobrado la fe en nuestra raza, convenciéndome de que tan sólo procede transformar el ambiente en que actualmente respira para hacer resurgir sus cualidades ingénitas. Aunque resulte paradoja, después de haber visto cómo muchos que aquí fracasaron allí triunfan y prosperan, tengo el convencimiento de que, si fuera posible llevar á todos los españoles lejos de España una temporada, estableciendo la emigración obligatoria, renovaríamos la sangre y transformaríamos el medio.
La emigración, con su reflujo fecundante, puede aportarnos capitales é ideas, medios materiales é iniciativas, que es lo que se requiere para acabar con nuestra pobreza física y nuestra anemia moral.
Al vaciar en este libro mis impresiones de escritor, las notas pintorescas de mi viaje sugeridas por la varia belleza del mar y por la observación de las cosas y de los bombines que he contemplado á mi paso, me he impuesto el deber de la sinceridad.
No he echado en olvido lo que me dijo un argentino ilustre al darme el abrazo de despedida: « Cuando hable usted de nosotros, aun cuando tenga usted que decir algo desagradable, no se detenga, porque estamos necesitados de que se nos diga la verdad. Los que vienen de fuera distinguen á veces cosas que nosotros desde cerca no podemos apreciar. Quien dice la verdad á un amigo, le presta un señalado favor ».
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Si algo digo que resulte desagradable á fuerza de sincero, viene compensado por lo mucho que puedo alabar en esos pueblos jóvenes, que he contemplado en la aurora de su futura grandeza.
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