Santander · Unidad 11 de 158
Unidad 11 · CAPÍTULO II
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CAPÍTULO II
La provincia de Santander. — Su fisonomía. — Sus producciones
quieres, lector, gozar de un solo golpe de vista el especKZ? táculo de la Montaña, «como en lienzo panorámico», no faltará quien á ti y á nosotros diga: — «Subid á los picos de Sejos y especialmente al que la tradición llama Peña-labra»... «Desde allí, si queréis admirar la Naturaleza en todo su salvaje esplendor, tenéis enfrente, — nos hará observar, — las rocas siempre nevadas en que salta la gamuza, más abajo el verde oscuro de los robledos, y después el claro de las hayas; en fin, el profundo oasis liebanense, donde la vid y el olivo vegetan al aire libre, como en Andalucía; como en Rioja y Aragón, cuyas cumbres
divisáis por el otro lado, siguiendo la ondulante marcha del Ebro». «Si miráis al Norte, — añadirá, — no se detiene vuestra vista hasta nuestro mar, hasta el Cantábrico tremebundo, que también lame plácido algunos rincones en que el naranjo ostenta su dorado fruto, como en los verjeles de Valencia». «En fin, si miráis al Mediodía, — proseguirá, — la inmensa y severa planicie de la Vieja Castilla parece en harmonía con la abierta fi'anqueza y constancia castellanas, sin límite alguno á sus empresas, como no le hallan los ojos á sus miradas».
«Hermosa cátedra, para una lección de Historia montañesa; libro siempre abierto para el que le sabe leer», — continuará diciendo.— «Aunque lejos, se distinguen la roca tajada que permite cerrar con una portilla el puerto de Aliba y el despeñadero en que vino á concluir la oleada mahometana rechazada de Covadonga». «En esta hoyada montuosa se forjó el rayo de la resistencia que, asomando de Liébana á Pernia, dió principio en la peña de Tremaya á los castillos de los Beni-Gómez, de los Condes de Saldaña y Carrión, unas veces aliados, otras enemigos de los de Castilla; algunos, bien quistos de las hermanas de Alfonso el Casto y Alfonso el Bravo; otros, no tanto de las hijas del Cid». «Y al cabo de muchos siglos, en este mismo que acaba, fué Liébana otra vez refugio de los montañeses independientes, y núcleo del 7.° ejército, que venció en San Marcial, y pagó en Tolosa la visita de Napoleón á Madrid ; la presurosa marcha de su más hábil teniente Soult, por estos montes».
«^Veis al Este, después de Reinosa y de la pantanosa llanura de la Vilga, donde las aguas parece que estuvieron indecisas hacia dónde habían de correr, una montaña bruscamente cortada como por la mano de un titán, dejando aislada una puntiaguda cumbre?» «Aquel es el cuerno de Bezana, y á su mismo pie hay otras dos maravillas naturales: la cueva de Sotos-cueva, cuyo fin nadie ha tocado, porque probablemente acaba en maravilla mayor; en inmensa bóveda y subterráneo lago, donde se hunden las aguas de todo aquel valle, al pie de la cueva, de un mo-
lino, y de la montaña, de donde las aguas parece que debían salir, en vez de entrar». «Allí hubo otra batalla como la de Covadonga, y en aquel mismo siglo; aunque no fué tan celebrada, porque los moros cordobeses fueron vencedores y probablemente las profundidades de la cueva albergan multitud de mártires de nuestra independencia y fe, en cuya memoria y honor se celebra allí misa con frecuencia, se hacen todavía las Juntas de aquella antigua merindad, hoy municipio, y se congrega el 1 1 de Junio una multitud, que á campo raso oye la misa, escucha un sermón, para el que se buscan pulmones más que ciencia, y después se traban otras lides más agradables, en ligereza y gracia, donde Pas y Espinosa de los Monteros, nombres gratos á la Montaña y conocidos en cabañas y palacios, manifiestan otras bellezas no menos admirables que la cueva, donde con ellas quisiera verse cualquier pecador, como Eneas con Dido».
«Al pie de esa otra sierra que se desprende hacia el Sur y vuelve al Este, encadenando al Ebro, está Brañosera y poco más abajo Aguilar de Campóo ; la manida de osos y el nido de águilas, principio de otro raudal de hombres no menos fieros, que, después de asolar al mando de Alfonso I los campos Góticos, fueron repoblándolos lentamente de castellanos, como dijo Fernán González:
« Villas y castillos tengo ; todos al mi mandar son ; de ellos me dejó mi padre, de ellos me ganara yo.
«Ese otro que se ve muy cerca, en el fondo del valle de Campóo, junto á la villa de Argüeso, ya no es de aquella época; es un castillo frontero de los Mendozas, dueños también de la Torre de la Vega y del castillejo de Potes, contra los Manriques, Marqueses de Aguilar». «Unos y otros, descendientes de reyes y rivales en su servicio y favores, derramaron su sangre juntos en Aljubarrota; tuvieron por abuela común á la hija del último Garci-Laso, y pelearon sobre su herencia».
«Pero no toda belleza es natural, ó antigua, en este país; algunas hay modernas y debidas á la mano del hombre». «Desde aquí se ve cruzar su espíritu de fuego tajando el cerro donde estuvo Julióbriga, horadando montañas como el rayo; y, siguiendo con la vista su penacho de humo, que ondula y desaparece por los valles como entre las olas del mar, se divisa en la playa el fin del viaje; el non plus ultra de la actividad humana, en aquellos altos palacios y mansiones flotantes que con ellos quieren competir». «Es Santander, son las casas del Muelle y los vapores trasatlánticos» (i).
De esta suerte, con efecto, se presenta á las amantes miradas de sus hijos la Montaña, y no de otra debe ofrecerse á las nuestras, aunque no haya oreado nuestra cuna el sano aliento de la brisa que va de cumbre en cumbre y de valle en valle recogiendo el aroma de los alisos, de los avellanos, de las cajigas, de los castaños, de los olivos y de cuantas especies arbóreas crecen allí lozanas al amparo de las corrientes cristalinas que surcan por todas partes bulliciosas el territorio. Así debemos verla los españoles, y en especial los castellanos : corr»» á Madre cariñosa, pues no hay en realidad y como es notorio, apellido famoso en alguna forma, que no tenga aquí en la Montaña su solar conocido, pregonando de tal manera no sólo su importancia, sino también los vínculos que estrecha y sólidamente la unen, á despecho quizás de los montañeses actuales, con las regiones que se dilatan de una y otra parte en lo que fué patrimonio de Castilla, hasta el Mediterráneo, el estrecho de Gibraltar y el Océano Atlántico.
Qué importa, que envanecida consigo propia, arrastrada en aquel linajudo torbellino que parece apoderado del mundo y particularmente por lo que nos interesa, señorea la España de los Felipes desde el siglo xvi hasta fines del pasado, — se ofrez-
(i) p. Angel de los Ríos y Ríos, art. de Introducción al álbum, ya citado, De Cantabria, y pub. en Santander el año de 1890.
ca aun hoy desdeñosa á nuestros ojos, dándonos en ellos á cada paso con el emblema heráldico de las glorias conseguidas y de las hazañas realizadas por sus hijos de otros tiempos, y como dividiendo en castas la humanal especie, si precisamente ha de darnos esta singularidad la nota característica de la Montaña en todas las edades ! Proclamando el predominio absoluto conseguido en ella por el sentimiento individualista que en todo momento la distingue, más que por su propia configuración, por la naturaleza originaria de sus pobladores ; aquel sentimiento que incitaba al cántabro á procurar su medro personal lejos y fuera de la patria, que le mantuvo apartado de sus hermanos, congéneres y afines, y que, en medio de la general ruina en la cual hubo al postre de perecer España á los golpes reiterados y certeros de la prepotente Roma, le decide á cruzarse de brazos sin cautela, y á abandonar « á suerte lamentable » « aquel egregio puñado de valientes y generosos españoles», por quienes se eterniza ante Escipión el nombre de Numancia, — ora, con efecto, en la cima de pequeñas eminencias pobladas de verdura, que dominan el valle, ora en el fondo del alegre valle mismo, ya recostadas en las estribaciones y laderas de los montes, ya ocultas entre las quebradas del terreno ó entre las copas frondosas de los árboles, ya asomándose al mar en la zona extrema del septentrión de la provincia, — ultrajadas por el tiempo, afligidas por las vicisitudes y el lapso de los siglos, azotadas sin compasión por las lluvias persistentes, combatidas sin tregua por el viento, y no pocas reedificadas con dineros logrados en América, ó remozadas modernamente, — con sus parlantes escudos tallados en la dura piedra de la enhiesta portalada, con sus empresas y divisas hiperbólicas muchas veces, se alzan sombrías, matizando el paisaje, las blasonadas señoriales torres, aún miradas con religioso tradicional respeto por las sencillas gentes montañesas.
« De Norte á Sur, de Este á Oeste, por cualquier camino que se marche en esta Montaña, siempre encontrará el viajero»
monumentos de semejante especie, « de amplia solana y portalada ostentosa», pareciendo como que se recorre las páginas de un libro de linajes, en las cuales se halla la historia de la vanidad, significada y escrita de todas maneras y en todas las formas conocidas ; y sin embargo, aquellos montañeses graves, serenos, enfáticos, roídos por la soberbia que les hacía rivales unos de otros con tanta frecuencia, realizaron proezas incontables : ellos, ó por mejor decir, los ascendientes de aquellos que erigieron altares á su orgullo, fueron los primeros en lanzar el grito de independencia contra los vencedores del Guadalete ; ellos, los que al lado de Alfonso I, y aprovechando sagaces y enérgicos la situación de la España muslime, dilataron las fronteras de la naciente monarquía asturiana hasta llevarlas á las márgenes del Mondego y del Henares ; ellos, los que al frente de sus mesnadas y de las huestes reales, avanzaron paso tras paso, tenaces é inconmovibles, para arrollar delante de sí las falanges de los islamitas, rescatando la patria. Por eso, no hay linaje castellano con verdad, que no haya nacido en la Montaña; por eso, repetimos, el extravío de aquellos que erigieron como templos de la fama propia sus solares blasonados en ella, merecen disculpa á nuestros ojos, revelando á la par y como nota común la del individualismo que conservaron y aún conservan en mucha parte sus hijos de nuestros días, al clamar como claman no sin énfasis lastimoso por el regionalismo.
Hermosa es la Montaña ; pintorescas sus alturas y sus valles ; nobles, valerosos y enérgicos sus habitantes ; pero « pobre y estéril la madre tierra » á despecho de todo, y contra lo que las apariencias pregonan, «no puede subvenir á las necesidades de sus hijos ; los sudores con que [éstos] la riegan, no la fecundan de modo bastante para que á todos pueda sustentarlos, y de ella se separan » hoy como en remotos tiempos, « y marchan sin rumbo fijo á buscar mejor fortuna, y en todas partes, y en las más apartadas latitudes, se halla algún montañés, que lucha sin descanso, que trabaja sin sosiego, animado y sostenido por
el ansia de volver á la tierruca que nunca olvida y en la que desea vivísimamente que descansen sus despojos mortuorios cuando deje la vida» (i). Poseídos del mismo sentimiento que aquellos desterrados de Felipe III, — al abandonar la patria, llevan consigo la llave de su modesta vivienda ; guardan siempre en el fondo del alma aquel cariño inmenso é inagotable hacia el lugar en que nacieron, la tierra ingrata que cultivaron, el paisaje cercado de montes que recreaba sus ojos en la infancia, afecto que no es privativo de ellos solamente ; y en todas partes, lo mismo en las estrecheces de la miseria que en los esplendores del lujo, la nostalgia del pai's les domina, y les hace volver hacia él los ojos, como los musulmanes vuelven en su tumba el rostro hacia Medina, donde reposan los mortales restos del Profeta!
Desde las guerras púnicas á nuestros días, emigra el montañés ansioso de fortuna: muchos quedan allá, abandonados, obscuros, vencidos, y mueren en lejanas tierras con el espectro de la propia grabado en la vidriada retina; otros, halagados por las sonrisas de la veleidosa suerte, tornan á la amante patria; y ora cubiertos de botín y de laureles engalanan con uno y otros el solar de que salieron, levantando el blasón donde luzca á todas las miradas y pregone sus triunfos, y ora cargados con el fruto de su labor, logrado afanosamente, hacen ostentación inusitada de su buena estrella, y procuran dejar memoria de su persona para lo futuro. — Todos, pues, recuerdan la patria : el que vuelve triunfador, «hace por sí algo en beneficio» de ella, y el que no vuelve, pero también ciñe á sus sienes la divisa del afortunado, «deja órdenes para que se haga en su nombre; y en todas partes, y en todas las villas, y en las más pobres aldeas, y en el más corto caserío, — se ven recuerdos del indiano, ó del jándalo, pero recuerdos útiles é imperecederos. »
« El que al salir de su casa no sabía leer ni escribir, y tuvo
(i) D. José Zumki^zu , La beneficencia en la Montaña, pá^. S i del álbum De Cantabria.
que luchar con las primeras nociones, — para evitar idéntico trabajo á los que le sigan, funda una escuela; el que sufrió enfermedades y se sintió solo y desamparado y comprendió el dolor amarguísimo del pobre..., levanta un hospital; aquel que á fuerza de fatigas y ya en edad más que juvenil se vió precisado á aprender teneduría de libros, ó economía política, ó lenguas extrañas á la suya, dejó mandado que en su pueblo se enseñen tales materias; quién, que vió á los pobres campesinos sin medios materiales ó pecuniarios, dota doncellas ; uno deja dinero para misas, otro quiere que se paguen ciertos tributos, de su cuenta, todos en fin, ansian y ambicionan dejar grato recuerdo suyo, todos procuran mejorar las condiciones de sus pueblos, todos quieren hacer un beneficio.» «Por esto es tan rica la tierruca en fundaciones piadosas ; por esto abundan tanto en ella las escuelas y hospitales, y por esto no hay en ella punto ninguno en que no pueda mostrarse un recuerdo del desprendimiento y abnegación de sus hijos» (i).
La tierra es pobre, y esto explica con las emigraciones, «el poco apego que sus naturales muestran á las faenas agrícolas, dedicándose con preferencia á las artes de ingenio», y la razón con que el pasiego, «más quiere vacas y praos, que sembrar y coger», siendo así «que vacas y prados y sembrar y coger, no puede ser», como expresa el adagio. Y sin embargo: «aunque la mayor parte de la provincia se halla situada en la región de los pastos, caracterizada por la producción espontánea de varias especies forrajeras que sirven de base á la alimentación de distintos animales domésticos», ni el terreno es en toda ella igual, ni los productos son en absoluto los mismos, bien que «las condiciones climatológicas, agrológicas y las deducidas de la Economía rural, no permitan, en la inmensa mayoría de los casos, otro aprovechamiento racional de los terrenos que ocupan esta provincia, que las plantas espontáneas ó producidas que se ob-
(l) ZUMF.LZU, loco Cit.
tienen de ellos, y que sirven de base á la alimentación del ganado vacuno, que es su principal riqueza». Dividen en consecuencia el ter^feno en diversas suó-regzones , y conformándonos con ellas, habremos de estimar en primer término, y como la más importante, la Sub-región de ctiltos intensivos muy productivos^ la cual «comprende los ayuntamientos de Santander, Astillero y Santa Cruz de Bezana, próximos á los grandes centros de consumo, en donde los productos de la agricultura y sus derivados obtienen precios excepcionales, superiores á los del resto de la provincia, haciendo posible, en su consecuencia, el cultivo intensivo de huerta y jardinería».
Saltando del extremo oriental al centro, la Sub-regió?i de cultivos menos productivos «abarca los ayuntamientos de CastroUrdiales, Laredo, Santoña y Torrelavega» , y sus productos «tienen fácil salida en mercados próximos de alguna importancia, haciendo posible también el cultivo intensivo, aunque con menos utilidad que en la sub-región» precedente. Extensa y desarrollada por la Montaña entera, como dándole realmente carácter, la Sub regiófi denominada de las praderas «comprende el mayor número de ayuntamientos de la provincia, situados en valles, con buenas vías de comunicación, en donde la producción forrajera es la principal, no obstante producirse también el maíz, alubias, nabo, y algunas otras plantas». Figuran en esta subregión el «Alfoz de Lloredo, Ampuero, Arenas, Argoños, Arnuero. Arredondo, Bareyo, Bárcena de Pie de Concha, Bárcena de Cicero, Cabezón de la Sal, Camargo, Cartes, Castañeda, Cayón, Colindres, Comillas, Corvera, Corrales de Buelna, Entrambasaguas, Escalante, Gurriezo, Hazas en Cesto, Herrerías, Liendo, Limpias, Liérganes, Marina de Cudeyo, Mazcuerras, Medio Cudeyo, Meruelo, Miengo, Molledo, Noja, Ongayo, Penegos. Piélagos, Polarpco, Puente Viesgo, Ramales, Rasines, Reocín, Rionansa, Riotuerto, Rivamontán al Mar, Rivamontán al Monte, Rúente, Ruiloba, Ruesga, San Felices de Buelna, Santiurde de Toranzo, Santillana, San Vicente de la Barquera, Saro,
Selaya, Solórzano, Valdáliga, Val-de-San-Vicente, Valle de Cabuérniga, Villaescusa, Villacarriedo, Villafufre, Villaverde de Trucíos, Voto y Udias».
Más al mediodía de la anterior, márcase la Sub-región de los pastizales^ hallándose en ella los ayuntamientos de «Anievas, Cieza, Lamasón, Los Tojos, Luena, Miera, Pefiarrubia, Polaciones, San Pedro del Romeral, San Roque de Río Miera, Soba, Tresviso, Tudanca y Vega de Pas, todos los cuales poseen terrenos altos, accidentados, y con pocas, malas ó ninguna vía de comunicación fácil». En el límite de la provincia, y lindando ya con la inmediata de Palencia al SO., aparece la calificada como Sub-región de cereales de invierno, en la cual se cuenta «los ayuntamientos de Campóo de Yuso, Enmedio, Hermandad de Campóo de Suso, Pesquera, Reinosa, Las Rozas, San Miguel de Aguayo, Santiurde de Reinosa, Valdeolea, Valdeprado y Valderredible», siendo «la característica de esta sub-región», «la producción del trigo, centeno, cebada y avena». Excepción en todo el territorio jurisdiccional santanderino, allá en la comarca más occidental del mismo, preséntase la sub-región de la vid, y en ella se encuentran inscriptos «los ayuntamientos de Cabezón de Liébana, Camaleño, Cillorigo, Pesaguero, Potes y Vega de Liébana, en donde la riqueza vitícola es la más importante entre las varias producciones á que se presta» el suelo (i).
Bien que no falta quien crea «que los ganados, y muy particularmente el vacuno» no son «el principal elemento de riqueza rural en este distrito, al menos en las condiciones en que se halla actualmente» (2), hay que confesar sin embargo que constituyen el más granado é importante, no pareciendo en realidad sino que de propósito la misma naturaleza determina y marca
(1) LÓPEZ ViDAUR, Disertación sobre la manera de fomentar los principales elementos de riqueza de la provincia de Santander ^ pTQmidiáa. en los Juegos Florees celebrados en Santander el año i 888.
(2) Odriozola, Disertación sobre el mismo tema, premiada con el accésit en los referidos Juegos Florales.