Santander · Unidad 113 de 158

Unidad 113 · ESTOS TRES SEPULCROS QUE SEGUN LA TRA... ...DICION Y ANTIGUOS ESCRITOS CONTIENEN LOS

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ESTOS TRES SEPULCROS QUE SEGUN LA TRA... ...DICION Y ANTIGUOS ESCRITOS CONTIENEN LOS

CUERPOS DE D.A LEONOR DE LA VEGA, DE GON... ...ZALO RUIZ DE LA VEGA Y DE FRANCISCO DE 5 LA VEGA SS. DE LOS ESTADOS Y CASA DE LA VE... ...GA, FUERON TRASLADADOS EN SU FORMA PRI... ...MITIVA DEL CENTRO DE LA YGLESIA A ESTE PAN,.. ...TEON EL AÑO 1853 CON PERMISO DEL E.o S.'^ DUQUE

DE OSUNA Y DEL INFANTADO, POSEEDOR 10 DE DHA. CASA POR ESTE ULTIMO TITULO

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TORRELAYEGA.— Interior de la iglesia parroquial

'SANTAND.PZR

Panteón de los Garcilasos en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Consolación.

Allí con efecto, en aquella bóveda, á donde, para desembarazar la iglesia eran conducidos en la fecha memorada, — descansan los restos de aquella insigne doña Leonor de la Vega,

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nieta del Garcilaso muerto cruelmente por el rey don Pedro en Burgos el año 1351, esposa en primeras nupcias de don Juan de Castilla, sobrino de Enrique II, y en segundas del Almirante don Diego Hurtado de Mendoza, y madre por último del egregio Marqués de Santillana, honra de las letras españolas y gloria del siglo que ilustra don Juan II, el amador de toda gentileza; allí descansan, de la ímproba y agitada vida que llevó después de la muerte del Almirante, defendiendo el patrimonio de su primogénito, herencia de sus mayores en los valles de Santillana, «hasta apelar á la fuerza de las armas» (i), como descansan los de su último hijo Gonzalo Ruiz de la Vega, á quien sin duda la tradición confunde con el bravo montañés del mismo nombre, y mayordomo del infante don Fadrique, cuyo heroico ardimiento dió ocasión á la victoria del Salado, y que mandaba ser enterrado en Santa María de la Vega, según quedó insinuado arriba. Lugar aquel es por cierto, poco digno de la grandeza de los personajes cuyas cenizas guarda, y poco honor, en justicia, hace á la magnificencia de los duques de Osuna, herederos por el estado del Infantado, del de los señores de la Vega, quienes debían procurar para tales memorias más decorosa manera de ser perpetuadas.

Ruinas informes y descompuestas, son hoy todo lo que resta de la altiva y gallarda Torre señorial de la Vega, que dió nom-

(i) «No se apartó doña Leonor un punto de la def^^nsa y cuidado de su patrimonio: en 1426 requerían en su nombre Pero Gómez de la Lama y Alfón de la Vid á la familia de los Manriques, sobre la posesión de los Barros, San Maté y los Palacios, en el valle de Buelna (Arch. del Inf., caj. 9, leg. i , núm. 7): en 1428 rechazaba la usurpación que en el monasterio de San Salvador de Lariego hacía Diego de Arce, apoderándose de la cuarta parte de sus bienes, que eran del patronato de la casa de la Vega (Id., caj. iq, leg. 3, núm. 8); en 1429 solicitaba y obtenía cédula real para reservar del servicio de la guerra de Aragón cien fijos-dalgo de sus estados, con lo cual conquistaba su cariño y respeto (Id., caj. 9, leg. 3, número I 3); en Noviembre de 143 1 era requerida por el rey, á fin de que se apartase de todo debate con los Manriques sobre las merindades de Santillana, y despidiese la gente de guerra que tenía á punto, para defensa de sus contradichos derechos (Id., caj. 9, leg. i , núm. 5 r)» (Amador de los Ríos, Obras del Marqués de Santillana, pág. LV, nota).

bre á la villa: melancólico resto de las grandezas pasadas de aquel linaje exclarecido, aguarda sólo el momento en que, perdiendo el equilibrio al menor accidente, busque con estrépito descanso en la tierra. Alzase enhiesto aún y á pesar de todo, evocando recuerdos de tiempos fenecidos, entre las hierbas nacidas á la aventura sobre los escombros mutilados que la vegetación discreta, como con un sudario cubre con sus galas, habiendo visto desaparecer el noble Palacio, ya derruido, y cuya área se repartieron la iglesia, el humilde solar cerrado que aprisiona las ruinas, y el edificio que lleva título de Palacio de Saro que tiene el emplazamiento de la Torre propiamente dicha, y conserva aún dos de sus muros. Nunca con mayor propiedad pudieron ser aplicados aquellos sentidos versos con que Rodrigo Caro lloraba la desventura de la Colonia Italicense en su Canción famosa; nunca pudo decirse con mayor exactitud que

la casa para el César fabricada hoy yace del lagarto vil morada 1

Rojizos, corroídos y aun movidos están los sillares del muro que todavía subsiste, y que en su zona inferior perfora una ventana de arco florenzado, que lleva á pensar en los días de Enrique III, mientras en la zona superior se rasga otra ajimezada, de arquillos apuntados, tan desgastada toda y de carácter tan indeciso, que de igual suerte podría ser estimada como labor del siglo XIV ó como fruto del xv. A este último, sin embargo, debe ser referida la Torre^ aun supuesta indecisión semejante, tanto más cuanto que á ti y á nosotros, lector, nos constan ya por experiencia el prestigio y el arraigo que la tradición obtiene en la Montaña, y la dificultad, y aun la resistencia que podría decirse, opuso á recibir nuevas y desconocidas influencias por lo que al arte de construir se refiere, que es á lo que aludimos.

La iglesia reformada y las ruinas, es lo que queda ya ostensible de la Torre ó Palacio que engendró la villa, declarando

centro aquel lugar de los estados de sus señores; una y otras tienen enfrente espaciosa y alegre plaza, plantada de árboles, en la cual se hallan las Casas Consistoriales, erigidas en 1855 sobre porches, y en la esquina de aquel edificio, marmórea y negra lápida honra la memoria de uno de los hijos de Torrelavega, cuyo nombre ha recibido, con declarar en letras de oro y entre atributos marinos, que aquella es la