Santander · Unidad 116 de 158

Unidad 116 · 670 SANTANDER

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670 SANTANDER

Pasa la memoria revista involuntariamente á aquella gloriosa centuria, y como si algo faltase al cuadro, — fuera del camino, y produciendo efecto sorprendente en esta tierra, tan acaudalada y rica en grandezas de todo género, que cerca de Santander se

QUEVEDA, — Palacio llamado de D. Belthán de la Cueva, entre Torrelavega

Y Santillana

enorgullece con ser patria de Velarde en Muriedas, de los Acebedos en Hoznayo, de Juan de la Cosa en Santoña, y por no hacer mención de más hijos insignes de la Montaña, del linaje de Quevedo en Bejorís, del de Lope de Vega en la Vega de Pas, del de Garcilaso en Torrelavega, y aquí en la bahía de Oreña del de don Pedro Calderón de la Barca, — en el humilde pueblo de Queveda se levanta suntuoso Palacio al que la tradición une el nombre del famoso don Beltrán de la Cueva. Coronado en su

fachada lateral por la exuberancia de hojosas plantas trepadoras, — mientras su aspecto es por extremo pintoresco, muéstrase erguido aún, con sus tres cuerpos principales de sillería, su frontón almenado y en el medio de la tercera zona ó cuerpo de la fachada, el señorial blasón, que nunca falta en los edificios de esta especie por toda la Montaña, y en el cual hacen oficio de tenantes dos leones. Ventanas de medio punto, hoy tapiadas, flanquean las armas y corren por la fachada lateral, y por bajo de este cuerpo, en el segundo, sombreada por saliente penacho de verdegueantes parietarias, avanza volada reja, con cuadradas y reducidas ventanas que por toda esta zona se dilatan, resultando en su conjunto la fábrica de muy agradable romántica entonación, por más que no sea dable ni mucho menos referirla á la época del personaje á quien como solar es atribuida, y presente por el contrario caracteres por los cuales acredita ser fruto de la XVI. ^ centuria.

Pero dejando á un lado estas memorias, si interesantes no exiguas en la Montaña, y prescindiendo de cuanto pueda detener por más tiempo nuestra ansiedad por conocer á Santillana, que de la Mar se intitula, — habrás, lector, de perdonarnos pues ya te la hemos dado á conocer (i), que no te invitemos á visitar en Vispieres la Cueva de Altamira^ con sus controvertidas pinturas, su aspecto imponente, sus medrosos recintos y sus restos de edades remotas, que puedes apreciar por ti propio hoy entre las colecciones de los tiempos primitivos en el Museo Arqueológico Nacionaly donde son conservados. Hay además otra razón, y no despreciable, para ello: los desprendimientos de las bóvedas obstruyen el paso, y son tan frecuentes, que es peligroso el intento de penetrar en la Cueva^ donde nada nuevo hallarás, sin duda, sobre lo que arriba quedó consignado. Así pues, hagamos parada en el pueblo, situado á la derecha de la carretera; y mientras á la sombra de los copudos álamos esperas impaciente

(i) Véase el cap. III.

con nosotros más que el momento de fortalecer el estómago, cuyas tiranías son irresistibles, el de visitar la famosa Colegiata^ — no llevarás á mal que recordemos algo de la historia de esta localidad interesante, pero cuyo aspecto, desde el punto en que nos encontramos, ni ofrece nada de particular, ni tampoco incita y convida, como si dentro de sí no guardase un mundo de memorias, grande, de verdadero mérito y de importancia.

No falta con efecto quien, seducido por la similitud fonética del nombre de la villa, y arrastrado por el ambiente de la época, haya dado al olvido sin cautela ni razón la historia de aquella, para suponer que en este paraje existió cierta población llamada Castra Atilianay de donde le viene el nombre á la presente (i); tampoco falta quien, como Argáiz, recurra al de «Concana^ referido por Ptolomeo en los Cántabros»; pero esto nada nos importa, ni es cierto, ni merece siquiera ser discutido: porque lo que resulta verdadero, y como indiscutible puede ser aceptado, es que inmediato á Santillana, es decir al santuario devotísimo de Santa Juliana, Virgen y Mártir de Nicomedia en Bitinia, aun en el siglo xi perseveraba una villa apellidada Planes «por estar en plano ó llano», y que distando «de la iglesia de la santa un cuarto de legua», con el crecimiento de «lá devoción, y fama del santuario», «el vecindario se fué pasando» á éste; y despoblándose aquella, empezó «la actual con nombre de Santillana^ abreviado por el de Santa Juliana, que pronunciaban Santa lllana (y más compendiado Sant Illana), al modo que abreviaban el nombre de Julián en Illán» (2), como es notorio.

(1) Pedro Juan Núñez, «en los Comentarios que escribió en el 1562 sobre Dionisio Africano », según expresa el P. Mtro. FIórez, añadiendo éste: «pero no dice en qué Autor halló tal nombre, ni yo me acuerdo de haberlo leído ». « Antonino nos da un lugar llamado Atiliana (sin Castra), pero estaba entre Briviesca y Agreda: cosa que no puede acomodarse á Santillana, que es de la Región de los Cántabros, en la cual nadie mencionó á Castra Atiliana» {Esp. Sao-r., t. XXVIl, pág. 400).

(2) Flórez, Op. y tomo cits., pág. 40 i .